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Utopía y revolución Autor/a: C.S. Lawliet

Utopía, un término referido a una sociedad idílica. Deseable, pero a la vez difícil de alcanzar. Un término que etimológicamente significa “lugar que no existe”, pero que también deriva de “eutopía” (“buen lugar”). Por lo tanto, un término referido a un espacio social que no existe, pero que puede llegar a existir. Evidentemente, existen diversos tipos de utopía, entre ellas económicas, políticas, sociales o educativas, pero podemos considerar la global como una combinación de todas.

La idea de utopía es inconcebible sin tener en cuenta dos aspectos clave: la insatisfacción y el progreso. Por un lado, la utopía surge de la indignación, del desacuerdo con la realidad existente, del inconformismo. Por ello, uno de los objetivos de la utopía alude a la idea de una sociedad igualitaria donde no haya distinción entre clases superiores o inferiores, donde se apueste por el conocimiento y contra la ignorancia, por la resolución pacífica de problemas de diversa índole, etc. En definitiva, una sociedad moralmente correcta.

Asimismo, de la insatisfacción nace la voluntad del cambio, la necesidad de progreso. La realidad tiene la posibilidad de mejorar y esto debemos concebirlo como un objetivo a largo plazo, pero para ello es necesario ser críticos y tener la suficiente iniciativa y determinación para cambiar aquellos aspectos que estén alejados de la visión utópica del universo. Por lo tanto, la función principal de la utopía es la superación de lo existente. Una vez alcanzada esta utopía, ya no habría necesidad de cambio, pues la sociedad habría alcanzado un óptimo de felicidad.

Por lo tanto, y como hemos mencionado de forma breve anteriormente, esto sugiere que para alcanzar la utopía es imprescindible contar con un núcleo ético universal. En caso contrario, habría malentendidos entre el código ético de unos individuos y otros. Cualquier sociedad para ser justa debe contar con unos valores mínimos que incluyan la igualdad, solidaridad, el respeto al medio ambiente… en definitiva, los derechos humanos. 1


Ahora nace la siguiente cuestión, ¿cómo es posible alcanzar la utopía? ¿Cómo es posible progresar?

Las revoluciones han sido las que siempre han movido el rumbo de la historia, con el objeto de mejorar aspectos frente a los que la sociedad estaba insatisfecha. Por ende, no hay revolución sin utopía, y del mismo modo tampoco es posible alcanzar la utopía sin revolución. ¿Quiere esto decir que la revolución es el instrumento más adecuado para alcanzar la utopía? La respuesta a esta cuestión reside en el propio concepto de revolución.

Podríamos dividir las revoluciones en pacíficas y no pacíficas, pero remontándonos al pasado, las revoluciones del segundo tipo siempre han demostrado ser las más efectivas para alcanzar el objetivo perseguido, pero también son las que han acabando costando vidas humanas. Hablar de las nociones de revolución y utopía conlleva reflexionar acerca de la esencia misma de Occidente y del propulsor del desarrollo histórico, social y cultural del mundo moderno. La inmensa mayoría de las revoluciones han negado los principios humanistas de los que surgieron, de modo que las generaciones presentes en ese momento se vieron obligadas a sufrir restricciones en beneficio de una humanidad futura. En este sentido, el medio para alcanzar la utopía se basa en alimentar la distopía presente, que es justo lo contrario a lo que se pretende alcanzar.

Por lo tanto, debido a motivos históricos el término revolución está plagado de connotaciones negativas, al relacionarse con la violencia a la hora de llevar a cabo las reformas. Sin embargo, un rasgo común de las revoluciones es que se realizan con el apoyo del pueblo y con la intención de conseguir progreso, libertad y justicia social. Esto genera un gran debate, ya que se pretende alcanzar un fin correcto y beneficioso para la sociedad, pero para ello se usa en la mayoría de los casos un medio incorrecto, la violencia. Entonces, ¿el fin justifica los medios siempre que nos estemos refiriendo a las revoluciones? Resolveremos esta cuestión más adelante, pero para ello primero vamos a conocer un poco más acerca de las revoluciones y alternativas a las mismas.

La revolución permite alcanzar la utopía de una forma más inmediata; es decir, adelanta los objetivos. Sin embargo, la rapidez con que se suceden los acontecimientos en los fenómenos revolucionarios conduce con demasiada frecuencia a que la acción prime 2


sobre las ideas y el pensamiento, produciéndose efectos contrarios a los que en un principio se pensaba. Frente a este proceso revolucionario surge como alternativa la vía reformista. Sin embargo, el problema de esta vía reside en las promesas vacías del sistema y la desconfianza del pueblo frente a esta situación. De este modo, el sistema puede llegar a absorber el proceso, sin llevar a cabo un cambio real, lo que provoca un nuevo descontento en la sociedad.

De los problemas que plantean ambas alternativas se deduce que no es fácil una toma de postura anticipada. Será cada individuo, cada situación, cada pueblo, el que se incline hacia un lado u otro en función de sus circunstancias.

También se debe tener en cuenta que el hecho de que la utopía sea posible no garantiza automáticamente su obtención. A lo largo de la historia se han conseguido “pequeñas utopías o micro-utopías”; es decir, pequeños logros que han conseguido que nos acerquemos más a una utopía global, como la lucha por el sufragio femenino. Si pensamos en otras grandes revoluciones, como la revolución industrial o la revolución francesa, podemos ver los distintos cambios que se lograron. Por ejemplo, en la revolución industrial introdujeron la máquina de vapor y en la revolución francesa se logró introducir otra forma política diferente a la monarquía absolutista.

Sin embargo, la conclusión que se extrae de las revoluciones que han acontecido a lo largo de la historia es el trabajo y el sufrimiento que ha costado a cientos, miles e incluso millones de personas. Luchas políticas, sindicales, de científicos, de mujeres, que han costado vidas, destierros y violencia de todo tipo contra los que luchaban por alcanzarlas. Todo lo que se ha conseguido ha sido gracias a esas personas que han dedicado su esfuerzo a ello. Por lo tanto, la utopía no es fácilmente alcanzable, sino que requiere de la colaboración y el esfuerzo de la sociedad.

Volviendo a una de las cuestiones anteriormente planteadas: ¿justifica el fin los medios? Una sociedad descontenta tiende a la distopía, y si no se hace nada por solventar esa situación entonces seguiría siendo distópica hasta el fin de los tiempos. Si una sociedad descontenta decide enfrentarse a aquello que la hace imperfecta y lucha por ello, quizás tengan que soportar meses, años o siglos de sufrimiento, pero finalmente se alcanzará la realidad utópica que buscan. Naturalmente, la forma ideal de mejorar todos aquellos 3


aspectos que nos alejan de la utopía sería a través de revoluciones pacíficas, y de hecho hay aspectos que se pueden mejorar de esta forma actualmente. Por ejemplo, la tauromaquia, la defensa del medio ambiente o la educación igual para todos. Sin embargo, hay otras situaciones prácticamente imposibles de tratar rápidamente y de forma pacífica debido a la extrema gravedad del asunto y el impacto que causa a nivel humano. Un ejemplo de ello es el terrorismo. Por lo tanto, el fin no justifica los medios de forma general pero la existencia de situaciones insostenibles e intratables a través del diálogo o de reformas en el sistema hacen que el fin parezca justificar los medios a largo plazo.

A modo de breve conclusión de las ideas desarrolladas a lo largo de esta disertación, debemos destacar que la utopía y la revolución son dos caras de una misma moneda, la utopía implica progreso y este solo se puede alcanzar a través de un proceso revolucionario. Asimismo, estas tres variables (utopía, progreso y revolución) son esenciales en la explicación de la historia del pensamiento humano y demuestran que el fin puede llegar a a justificar los medios en situaciones de extrema gravedad.

Para finalizar, una cita del escritor Oscar Wilde resume exactamente la idea principal que se pretende transmitir en esta disertación: “un mapa del mundo que no incluya a Utopía no merece siquiera la pena mirarse…”. Porque, en definitiva, ¿a qué se hubiera visto reducida la sociedad actual si no hubiera sido fruto del progreso?

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Utopia jorge montenegro navarro 2ºbct  

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