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Revista de ideas éticas del Centro por la paz de Arantzazu

Septiembre de 2009

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Fanatismo y mediación

Conferencia de Jonan Fernandez Sevilla, 16 de abril de 2009


Instituciones colaboradoras:

Baketik 8 Edita: Baketik (Gandiaga Topagunea - Arantzazu - 20567 Oñati) Impresión: Antza (Industrialdea 2. pab. - 20160 Lasarte) Depósito Legal: SS-789-2007 septiembre de 2009

Esta publicación ha recibido subvención de:


Septiembre de 2009

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Revista de ideas éticas del Centro por la paz de Arantzazu

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Fanatismo y mediación Introducción

Este monográfico recoge la conferencia titulada «Fanatismo y mediación» impartida por Jonan Fernandez en el XI Seminario de las Tres Culturas sobre «Fanatismo en las tres culturas» celebrado en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla el 16 de abril de 2009.

Los organizadores de este encuentro sobre Fanatismo en las tres culturas me han pedido que participe con una ponencia sobre fanatismo y mediación, y que lo haga desde una perspectiva experiencial y no tanto en un formato académico que sería más propio de este foro. No me cuesta hacerlo así porque mi trayectoria está más pegada a la investigación de la experiencia práctica que a la investigación académica. Durante trece años fui coordinador de Elkarri, un movimiento social que trabajó en la mediación por la noviolencia, el diálogo y el acuerdo en el conflicto vasco. Desde hace tres años dirijo Baketik un centro por la paz, radicado en el Santuario de Arantzazu que desarrolla dos ejes principales de trabajo: la divulgación del aprendizaje en la elaboración ética de conflictos y la búsqueda de puntos de encuentro en el diálogo interreligioso, intercultural e interconviccional. Esta es mi experiencia y a partir de la misma voy a tratar de exponer lo que me ha enseñado sobre fanatismo y mediación. Me permito adelantar en esta introducción los ejes que resumen su contenido. Primero. El fanatismo no es un fenómeno extraordinario que ocurre en contextos específicos de excepcionalidad y que afecta solo a personas con algún nivel de desestructuración psicológica. En todos los contextos conflictuales podemos encontrar manifestaciones de fanatismo. Podríamos decir que todos llevamos dentro un fanático durmiente que puede despertar en cualquier momento 3


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dependiendo de las circunstancias y condiciones exteriores, y del trabajo humano y personal interior que hayamos hecho con nosotros mismos a lo largo de la vida. Segundo. La mediación es una herramienta adecuada para abordar los fenómenos de fanatismo político o religioso. Podemos encontrar tres formas de desarrollarla: una mediación principalmente basada en la firmeza de posicionamientos, una mediación principalmente basada en la negociación de intereses y una mediación principalmente basada en la búsqueda de un consenso ético. Tercero. La propuesta que desarrolla Baketik es una combinación de todas ellas. No abandonar la firmeza ni la negociación pero poner el acento principal en la búsqueda de un consenso ético universal para una nueva ciudadanía global. Concretamente, tratar de avanzar en esta dirección buscando compartir lo más específicamente humano mediante una serie de aprendizajes básicos. Es una línea de trabajo que no garantiza resultados rápidos ni seguros a corto plazo. Pero, en cualquier caso, lo cierto es que, ante los conflictos destructivos, es decir, con manifestaciones de fanatismo, no hay fórmulas mágicas, seguras o rápidas. Solo se pueden crear condiciones de transformación. Esta es la tesis que voy a tratar de desarrollar en esta ponencia. Como ya he dicho es el resultado de una experiencia; pero además tiene carácter de sugerencia abierta. No representa una propuesta cerrada y acabada sino un conjunto de reflexiones que se ponen encima de la mesa para que en el contraste con otras se complete y modifique. Mi experiencia me enseña que no hay propuestas perfectas y acabadas, todo lo que creamos tiene un carácter inacabado. Surge de aportaciones inacabadas que

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otros nos han legado y da lugar a nuevas reflexiones también inacabadas que crearán otros.

1. Fanatismo 1.1. Definición y construcción mental del fanatismo Si recurrimos al diccionario encontraremos que la definición de fanatismo es «tenaz preocupación, apasionamiento del fanático». Buscamos la voz fanático y obtenemos algo más de información. Agrega «que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento, creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas», o también: «preocupado o entusiasmado ciegamente por una cosa». Estas definiciones nos sitúan en un terreno ambiguo. Parcialmente, contienen aspectos y se refieren a comportamientos o actitudes que entran dentro de la racionalidad y que incluso pueden valorarse positivamente. Tenacidad, preocupación, apasionamiento, entusiasmo… son valores socialmente aceptados como un activo para la vida y la convivencia. Sin embargo, estas definiciones intercalan adjetivaciones como desmedida (tenacidad) o ciegamente (entusiasmado) que se adentran en el terreno de la irracionalidad. Esta ambigüedad conduce a diferentes comprensiones sociales del fanatismo. Algunas más benevolentes y otras más inquietantes. Aceptamos, con alguna prevención, que una persona pueda ser fanática de la música, del arte o del deporte y encontramos que en ello pueda haber aspectos positivos, aunque intuimos que cualquier exceso puede tener efectos secundarios. Sin embargo, cuando aplicamos el concepto de fanatismo al terreno político o religioso, entrevemos inmediatamente peligro.

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Esta exposición trata de esta última acepción. El fanatismo político o religioso está asociado con la idea de estar dispuesto a lo que sea por una creencia o convicción. O dicho de otro modo, implica poner esa causa por encima y por delante de todo, de forma ciega y desmedida. La definición del fanatismo político o religioso está por ello muy conectada al dogmatismo. Pudieran incluso considerarse sinónimos. El dogmatismo explica el fanatismo en su vertiente política y religiosa. Señala el origen de la ceguera y la desmesura que lo caracterizan. El dogmatismo político o religioso es la presunción de quien se considera en posesión de la verdad y de la razón absoluta. El fanatismo político o religioso representa el comportamiento de quien está dispuesto a hacer lo que sea por una creencia o convicción percibida como una verdad absoluta y que lo sitúa por encima y por delante de todo. El dogmatismo desemboca casi siempre en fanatismo, pero ¿cómo nos introducimos en el dogmatismo? Para responder a esta pregunta debemos abrir la puerta a un tercer concepto: la absolutización. La absolutización de una idea, creencia o convicción. La absolutización es un mecanismo por el que de un modo prácticamente imperceptible, el ser humano en determinadas circunstancias puede otorgar un valor absoluto y totalizante a una causa u objetivo determinado. La absolutización produce la certeza de encontrarnos con la verdad y la razón inconcusa. No somos nosotros/as quienes nos adherimos a una idea, es esa idea la que se apodera de nosotros/as convirtiéndonos en instrumentos a su servicio. La película Vencedores y vencidos describe magistralmente cómo una persona tan justa, recta y sensata como el juez Ernst Janning puede verse apoderado y totalizado por una idea tan perversa y fanática como la que encarnaba el régimen nazi y llegar a cometer terribles atrocidades. En definitiva, la definición de fanatismo político y religioso está vinculada a la adjetivación de desmesura y ceguera, y su construcción mental se inicia con la absolutización de una causa, idea, objetivo o creencia. Esta conduce a una actitud guiada por el dogmatismo que, a su vez, puede desembocar en el fanatismo en los comportamientos políticos o religiosos. Lógicamente, este proceso

mental no es ajeno al contexto exterior. Podrá encontrar condiciones y circunstancias personales, sociales, mediáticas, políticas, religiosas o de otro tipo que lo reforzarán o lo debilitarán, pero sobre eso trataremos más adelante. 1.2. Identificación del fanatismo en los comportamientos Empecemos por romper esquemas instalados en la percepción social. El fanatismo no es un comportamiento extraordinario y aislado en contextos excepcionales y referidos a personas con una estructura psicológica perturbada. Todos/as somos capaces de fanatismo. Todos/as y cada uno/a de nosotros/as. ¿Por qué? Porque somos limitados, imperfectos, transitorios y mortales, y nos resistimos a aceptar nuestra limitación. Tenemos una enorme nostalgia de seguridad y de plenitud. Por eso, aunque sepamos que son imposibles nos pasamos la vida buscando fórmulas definitivas de seguridad que nos hagan olvidar nuestra realidad inexplicablemente finita e imperfecta. El proceso que encadena absolutización, dogmatismo y fanatismo nos ofrece ese sistema de garantía de plenitud frente a la limitación. Nos es muy difícil resistirnos a la tentación de abrazar un sistema de seguridad ya sea mediante ideas, creencias, convicciones, causas, objetivos e incluso ilusiones o ensoñaciones de cualquier tipo que nos permitan palpar interiormente la sensación de lo absoluto, definitivo, perfecto y pleno. Buscamos la autosuficiencia para ocultar nuestra insuficiencia. Por eso, somos potencialmente capaces de absolutización, dogmatismo y fanatismo. No debemos olvidar, por otra parte, que la absolutización y el dogmatismo que conducen al fanatismo producen grandes rendimientos psicológicos y existenciales. Principalmente, nos dan un sentido englobante a la vida, secuestran las preguntas de la existencia, dividen el mundo entre buenos y malos y, por supuesto, nos sitúan en el lado de los buenos y justificados. La causa que motiva nuestro fanatismo se convierte en un absoluto ideológico, en una especie de religión de sustitución, en un dios que podemos instrumentalizar a la medida de nuestras necesidades de seguridad ideológica y existencial totalizadora. Todos/as somos capaces de fanatismo. Afortunada-

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mente, no todas las personas actúan de modo fanático. Las circunstancias y condiciones que rodean nuestra vida pueden contribuir a una cosa o a la otra: la biografía, la educación, la familia, las injusticias… Pero cometeríamos un error si tendiésemos a pensar que fanáticos son solo personas fundamentalistas, grupos terroristas o quienes recurren a métodos explícitamente violentos. Estos desde luego lo son, pero no son los únicos. Agazapados en cualquier forma de poder o posición de ventaja y disfrazados de normalidad se esconden muchos comportamientos fanáticos. Yo lo he visto en el conflicto vasco. Lo he visto en las Instituciones, en los partidos, en los medios de comunicación, en los grupos sociales, en la policía, en los discursos políticamente correctos, en quienes demonizan cualquier forma de disidencia, en quienes en una supuesta defensa de las víctimas solo aceptan una solidaridad que les dé la razón, en quienes promueven la justicia penal del enemigo, en quienes legitiman el «todo vale» contra el terrorismo, en los tribunales que no miran a las pruebas sino a las prejuicios mediática y políticamente establecidos… Se puede observar también en los comportamientos religiosos inquisitoriales que todavía perviven aunque con formas mucho más sofisticadas y sutiles. En todo caso, la principal paradoja en este terreno, una paradoja que da cuenta de la fuerza del dogmatismo y el fanatismo también entre las religiones, es la incapacidad de estas de alcanzar un consenso ético universal que sitúe el bien de Dios para el mundo y para el ser humano por delante del interés particular de cada religión. ¿Cuándo sabemos que ha penetrado el fanatismo en la religión? Cuando el absoluto del amor de Dios es puesto a la misma altura, o incluso sustituido por el falso absoluto de la estructura sectaria o religiosa. Pero la creación de falsos absolutos no se reduce solo a los absolutos religiosos, políticos o ideológicos. También están los absolutos de la vida cotidiana. El individualismo, el consumismo, el protagonismo, el status, el dinero, la seguridad, el poder, el egoísmo… pueden también convertirse en la causa de una absolutización que propicia el dogmatismo de la insolidaridad y que puede desembocar en comportamientos fanáticos y deshumanizadores. Tal vez, lo más grave de los comportamientos fanáticos en los conflictos es que son contagiosos. Tienden a reproducirse entre los diferentes actores de un conflicto. Lo que legitima mi comportamiento dogmático es el victimismo. «Lo que hacen ellos es peor que lo que yo hago y además no me dejan otra alternativa». Este tipo de argumentos tan eficaces son los que nos hacen sentirnos autojustificados moralmente para emplear medios no éticos en una situación de conflicto y dejarnos deslizar por la senda del fanatismo. 1.3. El fanatismo en las ideologías La ideología, cuando no es encubridora de intereses espurios, puede definirse como el conjunto de ideas fundamentales que define el pensamiento de una persona, una colectividad, una época, o de un movimiento cultural, religioso o político. Las ideologías, por tanto, siempre que

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su contenido no sea racista, xenófobo, violento, o aliente cualquier tipo de explotación o discriminación de unas personas contra otras, pueden jugar un papel social y personal constructivo. Pero las ideologías, también las aparentemente normalizadas, pueden ser armas de doble filo. El dogmatismo puede colarse a través de ellas. Alientan o ahuyentan el fanatismo según cómo sean abrazadas por cada persona. Todo va a depender de que la ideología adquiera un valor instrumental o absoluto. Si ocurre lo primero, la ideología será una herramienta que nos ayude a entender, interpretar y actuar conforme a una serie de convicciones. Si ocurre lo segundo, si adquiere un valor absoluto, la ideología nos estará encaminando hacia procesos de absolutización, dogmatismo y finalmente fanatismo. Se trata de comprobar si la ideología está al servicio de la persona o al revés. Algunas pistas para reconocer qué tipo de relación mantenemos con nuestra ideología pueden ser las siguientes: ·Si tiene carácter instrumental, sabremos que, por delante de nuestra ideología, está el valor de la persona, tendremos consciencia de no ser dueños de toda la verdad, tendremos alguna duda y estaremos dispuestos a que pueda evolucionar o incluso reformularse según las experiencias que nos toca vivir. ·Si tiene un valor absoluto, sentiremos que está por encima y por delante de todo, en el fondo de nosotros/as —aunque no lo expresemos así— nos sentiremos con toda la razón de nuestro lado, percibiremos esa ideología como inmutable y, sobre todo, nos dará mucha seguridad e incluso un sentido a la vida. En este segundo supuesto, la ideología se convierte en un acompañante fatal que, en el caso más extremo, puede llevarnos a cometer atrocidades en defensa de unas ideas absolutizadas y, en el supuesto más habitual, nos robará la libertad porque ordenará nuestra vida en la seguridad de la jaula en que se transforma empujándonos a actuar ciega y desmedidamente. Esta forma de identificación ideológica es mucho más habitual de lo que podemos imaginar. El individualismo, por ejemplo, tiene múltiples formas ideológicas para ordenar la vida cotidiana. Ocurre incluso que muchas personas religiosas, reducen su fe a una mera adhesión ideológica a unas creencias y a unas ideas. Abrazan, de este modo, un esquema de seguridad pero despojan su vivencia y su práctica religiosa de cualquier dimensión de apertura espiritual. Paradójicamente, hay muchas formas de vivir las ideologías que parecen religiosas y muchas formas de practicar la religiones que parecen ideológicas. 1.4. Causas y prevención del fanatismo El fanatismo tiene, al menos, cuatro causas que lo propician y que prefiguran algunos campos de acción educativa para su prevención: ·Una insuficiente conciencia de limitación de la condición humana. Si una persona está dispuesta a lo que sea, incluso a matar, por una creencia o una convicción, solo lo puede hacer si se siente en posesión de


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una verdad absoluta. Es decir, si ha olvidado que es limitado e incapaz de ser poseedor de la razón total. La prevención del fanatismo tiene mucho que ver con una educación que recuerde constantemente nuestra limitación y la integre como parte de lo más específica y universalmente humano. ·Una incapacidad de identificar, valorar y agradecer lo bueno. El recurso a medios y a comportamientos extremos está asociado al diagnóstico de que no hay nada que hacer. No hay otra alternativa, no hay ninguna oportunidad para lograr lo que me propongo si no es utilizando medios destructivos. La prevención del fanatismo está directamente relacionada con el desarrollo de las capacidades para identificar, valorar y agradecer lo que es bueno y positivo en cada circunstancia de la vida, de los conflictos o de las dificultades. Si somos capaces de identificar las oportunidades, encontraremos medios éticos y humanos para seguir luchando por nuestra causa. ·Un hábito de escucha superficial de nuestra conciencia. Salvo patologías, nuestra conciencia siempre tiene en su nivel más profundo una propuesta justa y ética a nuestra disposición. El problema es que escuchamos poco, mal o nada a nuestra conciencia. Nos conformamos con las respuestas que encontramos en sus niveles más superficiales. Por ejemplo, entre estos se encuentra la conciencia de fidelidad a la causa o al grupo en que nos sentimos representados. No profundizamos en la escucha de la conciencia y moldeamos a conveniencia una conclusión que nos permita actuar con buena conciencia. Los comportamientos fanáticos se justifican en un ejercicio de escucha superficial de la conciencia. Su prevención necesita recuperar un aprendizaje de escucha profunda y honesta de la conciencia. ·Una débil interiorización del sentido de la dignidad humana. El fanatismo necesita olvidar que la persona es un fin en sí mismo, con capacidad de elegir, y sujeto de derechos que no es un mero instrumento o medio. El fanatismo subordina el valor de la persona a la creencia, objetivo, causa o convicción que lo

motiva. Por eso, la prevención del fanatismo precisa una fuerte inversión en la ética de la dignidad humana. Solo puede superar el fanatismo quien encuentra una causa superior a su propia causa. Una causa incondicional que representa el principal proyecto del ser humano en la conducción de su vida social y comunitaria, la causa de la dignidad humana. La prevención del fanatismo necesita enseñar a descubrir en nuestra propia dignidad humana la de los demás, y encontrar en esa confluencia profunda el valor supremo y trascendente de la persona que está por encima y por delante de todo. Una prevención eficaz del fanatismo requiere un abanico de medidas de todo tipo. Liderazgos de referencia ética; condiciones sociales justas; modelos políticos democráticos y participativos; una política internacional basada en el multilateralismo, Iglesias, doctrinas y teologías centradas en el primado del amor; medios de comunicación sensatos; modelos educativos humanistas y humanizadores; sistemas judiciales de garantías… Todo esto es necesario y, junto con ello, también y con un carácter básico tener presente que, para evitar la tentación del fanatismo, la formación humana de la persona necesita asentarse en la conciencia de limitación, en la capacidad de identificar lo bueno, en el hábito de la escucha de la conciencia y en la interiorización del sentido de la dignidad humana.

2. Mediación La mediación es el conjunto de iniciativas que se desarrollan en una situación de conflicto o disputa para tratar de favorecer un entendimiento o una solución acordada ante un problema. Prácticamente, cualquier acción que logre ese objetivo de arreglo consensuado forma parte de una estrategia mediadora. En el terreno que nos ocupa podríamos hablar de tres grandes estrategias de mediación ante el fanatismo: (a) una mediación principalmente basada en la firmeza de principios, (b) una mediación principalmente basada en la negociación de intereses y (c) una mediación principalmente basada en la búsqueda de un consenso ético. Desarrollaremos a continuación brevemente su contenido y ejes principales:

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2.1. Una mediación principalmente basada en la firmeza de principios Muchas veces, en los conflictos destructivos el fanatismo se manifiesta de un modo intratable y hermético ante cualquier posibilidad de diálogo. En estos casos, la mediación debe asentarse en dos bases: -la definición de un conjunto de principios básicos, sólidos y firmes que enmarquen las posibilidades y el método para un acuerdo negociado. -la disposición a la apertura del diálogo en cualquier momento. (Atiéndase al diferente tratamiento que reciben diálogo y negociación. El diálogo es posible en cualquier circunstancia, la negociación necesita un marco de principios y garantías para la reciprocidad.) Esos principios firmes en estos casos afectan principalmente a las garantías de procedimiento y normalmente giran en torno a cuatro compromisos: no-violencia y respeto a los derechos humanos, voluntad de diálogo y acuerdo, respeto al pluralismo y respeto a los principios democráticos y a las voluntades sociales mayoritarias. En los conflictos intratables la filosofía o la estrategia de la mediación se concentra en torno a un concepto inventado en la época de Elkarri: insitencialismo. Insistencialismo en la defensa de esos principios e insistencialismo en la predisposición al diálogo. No todos los conflictos tienen solución a corto plazo, algunos ni siquiera a lo largo de toda una vida. Esos conflictos crónicos, intratables, destructivos y con manifestaciones de fanatismo no encuentran una fórmula mágica que permita superarlos cuándo y cómo quisiéramos. En estos casos, la alternativa de la mediación no es otra que la de crear condiciones que hagan posible una solución desde el insistencialismo en los principios y en el diálogo. 2.2. Una mediación principalmente basada en la negociación de intereses Algunos conflictos evolucionan inesperadamente o gracias al trabajo realizado previamente. Otros no han alcanzado un grado de enfrentamiento e incomunicación tan intratable. En estos casos, es posible para la mediación desarrollar una estrategia basada principalmente en la negociación de intereses. Probablemente, las partes de ese conflicto ni están, ni se van a poner de acuerdo en el diagnóstico del problema, ni tampoco compartirán probablemente los mismos fines o ideales. Sin embargo, coincidirán en que es mejor para sus respectivos objetivos buscar un acuerdo que continuar profundizando en un enfrentamiento destructivo. Si se dan estas circunstancias, es posible abordar una mediación que trate de encontrar un acuerdo beneficioso para los intereses de las partes y que regule las condiciones que pongan fin a las hostilidades y a cualquier comportamiento violento, dogmático o fanático en el futuro. Este proceso podrá tener, al menos, teóricamente, tres grandes etapas: preconciliación, conciliación y reconciliación. En la preconciliación se busca el acuerdo para el cese de las hostilidades, el respeto a los derechos humanos y las garantías metodológicas para negociar en condiciones 8 baketik 8

de igualdad y reciprocidad. En la fase de conciliación se desarrolla el proceso de negociación para alcanzar un acuerdo que concilie los diferentes intereses de las partes. En la fase de reconciliación, se intenta reparar el dolor de las víctimas, reconstruir lo destruido y tomar las medidas preventivas necesarias para que no vuelva a repetirse lo sucedido en el pasado. Lógicamente, esta es una guía teórica ideal para la intervención mediadora en conflictos maduros. En la práctica, será menos sencillo y requerirá desplegar una infinidad de recursos que la pericia del mediador deberá saber emplear. 2.3. Una mediación principalmente basada en la búsqueda de un consenso ético Hemos dicho anteriormente que el fanatismo solo se supera de manera razonablemente definitiva cuando se descubre que la ética de la dignidad humana es una causa superior a la causa que motiva ese fanatismo y cuando esta puede sublimarse como el principal proyecto del ser humano en la conducción de su vida social y comunitaria. Este diagnóstico nos empuja a pensar en una intervención mediadora preventiva, estratégica y de largo plazo. Ante la absolutización, el dogmatismo y el fanatismo en los contextos conflictuales no hay fórmulas mágicas. Ni la mediación basada en la firmeza de principios, ni la mediación basada en la negociación de intereses nos ofrecen garantías de solución definitivas. El fenómeno de los comportamientos fanáticos puede seguir reproduciéndose e incluso puede rebrotar después de una desaparición transitoria. Por eso, es necesario trabajar la dimensión preventiva y estratégica de este fenómeno. Aunque sepamos que tampoco esto es garantía definitiva. La prevención del fanatismo está directamente vinculada con el impulso y comprensión de una nueva ciudadanía global. Esa nueva ciudadanía debe asentarse en un consenso ético mundial. Es un consenso de contenido ético y de dimensión planetaria el que nos puede otorgar la condición de ciudadanos/as globales porque si no es ético, no es universal sino restringido; y si no es planetario, es solo de los nuestros y no global. Es un consenso de este estilo el que puede crear condiciones para prevenir los fanatismos haciendo posible un marco creíble para un tratamiento de conflictos que regule las vías transitables y las no transitables. Esto lógicamente es difícil de alcanzar, pero ello no debe impedirnos avanzar en esa dirección. Creemos, en Baketik, que lo que nos puede permitir caminar hacia ese consenso ético global es profundizar en las potencialidades de aquello que es más específica y singularmente humano, aquello en lo que todas las personas somos iguales por encima de cualquier diferencia de religión, cultura, convicción o identidad. Nuestra hipótesis es que la búsqueda de lo más específicamente humano puede favorecer el encuentro en lo más universal. Y que esto tiene un efecto preventivo sobre los comportamientos fanáticos en la política, en la religión y en la vida cotidiana. ¿En qué somos todos iguales? En que somos limitados, en que, a pesar de todo, nos rodean realidades buenas y positivas que nos permiten vivir y merecen agradecimiento, en que tenemos conciencia, y en que tenemos una


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misma dignidad humana. Es precisamente una falta de conciencia sobre todo esto, sobre lo más específicamente humano, lo que constituye la causa del fanatismo y el campo de la acción educativa para su prevención como hemos podido ver en el apartado «1.4. Causas y prevención del fanatismo». Como se recordará, estas causas son una insuficiente conciencia de limitación de la condición humana, una incapacidad de identificar, valorar y agradecer lo bueno, un hábito de escucha superficial de nuestra conciencia y una débil interiorización del sentido de la dignidad humana. La prevención del fanatismo requiere en consecuencia impulsar una pedagogía global en torno a estos déficits: un aprendizaje de la limitación de la condición humana, un aprendizaje del sentido del agradecimiento para valorar lo bueno y positivo, un aprendizaje de la escucha de la conciencia y un aprendizaje del significado de la dignidad humana. Trabajar en esta dirección en el diálogo interreligioso, en la política internacional para la alianza de civilizaciones, en cada conflicto con manifestaciones de fanatismo, en la educación en nuestras escuelas y en nuestras familias es una tercera opción mediadora. En nuestra opinión, es una prioridad urgente e importante. Esta tercera opción mediadora no excluye las otras dos. Todas ellas son complementarias. Pero, tal vez, por el déficit que hay en este campo de la prevención me interesa poner el acento con más intensidad en la tercera estrategia. El punto siguiente desarrolla con detalle la propuesta que Baketik viene impulsando en esta línea.

3. Resumen de la propuesta de Baketik: «De Asís a Arantzazu» 3.1. Punto de partida Un acuerdo ético global de carácter interreligioso, intercultural e interconviccional es una necesidad para la paz y la convivencia en el mundo, tanto en el nivel más internacional y planetario como en el más local y cotidiano. No partimos de cero, son importantes los pasos dados hasta la fecha. Los encuentros interreligiosos de Asís, las

reuniones del Parlamento de Religiones, el proyecto Ética Universal de Hans Küng, la Alianza de Civilizaciones o innumerables iniciativas locales y de base, son una buena muestra de todo ello. En estos procesos se ha podido comprobar que, como punto de partida, todas las religiones comparten la que se denomina Regla de oro de la ética de la reciprocidad: «No hagas a nadie, lo que no quieras que te hagan a ti». Existe también el convencimiento ampliamente compartido de que ese acuerdo ético global y transversal a las diferentes identidades tiene que plasmar un entendimiento en torno a la primacía normativa de una serie de aspiraciones humanistas como son (1) la paz, la noviolencia, el respeto a la vida y a la dignidad de todas las personas, (2) la solidaridad para hacer un mundo socialmente justo centrado en el prójimo y en los más necesitados; (3) el respeto a la diversidad y el pluralismo y (4) la defensa de la igualdad en todas sus expresiones. Del mismo modo se considera que la Declaración Universal de los Derechos Humanos constituye un avance histórico indudable aunque no suficiente. Estos son los activos con que cuenta la búsqueda de ese acuerdo ético global. Los problemas y dificultades de todo tipo son mayúsculos. Lograr el objetivo no es fácil; pero eso no debe significar que no se puede avanzar en esa dirección. Nos corresponde a todos crear condiciones que hagan probable lo que hoy se antoja imposible. No sabemos si podemos lograrlo, sí sabemos que podemos poner los medios para posibilitarlo. Con expectativa modesta centrada en la idea de crear condiciones, Baketik observa dos obstáculos concretos que considera que pueden ser sorteados de cara a crear mejores condiciones para ese entendimiento ético universal. Aquí se sitúa la propuesta «De Asís a Arantzazu». Su forma de afrontar esos dos obstáculos define las dos primeras claves para entender el sentido y el objetivo de esta propuesta. 3.2. Primera clave de la propuesta «De Asís a Arantzazu» El primer problema está relacionado con la enorme dificultad que plantea el carácter normativo del acuerdo 9


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que se persigue. Tenemos que tener en cuenta que cada una de las identidades religiosas, culturales o conviccionales va con una mochila cargada con su historia, biografía y circunstancias, sus limitaciones y contradicciones, sus sufrimientos, humillaciones, injusticias o despechos acumulados, sus potencialidades, sueños, aspiraciones, objetivos y derechos incumplidos, y sus convicciones o creencias. En el contacto directo y personal, podemos experimentar lo fácil que puede ser convivir entre sensibilidades diferentes, porque en lo fundamental todos/as somos muy parecidos; pero también podemos comprobar lo difícil que puede ser ponerse de acuerdo en torno a una ética compartida, porque somos parte de realidades extremadamente complejas y contradictorias. El objetivo es necesario; pero muy difícil. Alcanzar un acuerdo en torno a una ética normativa y global es un objetivo al que no se debe renunciar por complejo que parezca; pero, siendo conscientes de las enormes dificultades que plantea, tal vez para lograrlo sea más propicio empezar por buscar una meta intermedia con un listón más bajo que permita crear mejores condiciones para seguir avanzando hacia ese objetivo más ambicioso. Esta es la primera clave para entender el sentido de la propuesta «De Asís a Arantzazu»: no busca en primera instancia un acuerdo normativo, sino un consenso básico en torno al desarrollo de cuatro bases educativas que representan lo más especifica y universalmente humano y que todas las identidades podrían compartir. 3.3. Segunda clave El segundo obstáculo tiene que ver precisamente con la eficacia educativa del acuerdo normativo que se quiere alcanzar. Queremos que las personas, la sociedad, la escuelas, los agentes sociales, las religiones, la política o las instituciones asuman que es mejor, por ejemplo, la paz que la guerra, el diálogo que la imposición, la solidaridad que el egoísmo, la igualdad que la discriminación… En el fondo lo que se pretende es una inmensa tarea educativa que fije unas pautas mínimas para vivir y convivir en paz y justicia. La pregunta es ¿cómo abordamos ese reto educativo para demostrar y convencer de la primacía normativa de estas aspiraciones humanistas? Lo que hacemos habitualmente, también con la búsqueda de ese acuerdo ético global, es establecer un conjunto de consignas o preceptos sobre el primado de la paz, el diálogo, la igualdad o el respeto a la dignidad humana. Tratamos de que el niño o la niña, el/la ciudadano/a, las instituciones, las religiones, los medios de comunicación y el conjunto de la sociedad los acepten y cumplan creándose así un espacio ético global, normativo y compartido. En definitiva, tratamos de educar en unos aprendizajes de consignas o preceptos. Esto es, sin duda, necesario y positivo. La cuestión es si es suficiente y eficaz. La sociedad en su conjunto es el educando de este proyecto. Queremos que acepte estas consignas. «Es mejor ser solidario que individualista», por ejemplo. Pero el educando puede preguntar ¿por qué, simplemente porque alguien me lo diga? Los impulsores de este empeño trataremos de demostrar que es mejor lo uno que lo otro con argumentos de ética, legitimidad, consecuencias o utilidad. 10 baketik 8

El educando tiene que fiarse del precepto que se le ofrece. En muchos casos, se producirá ese crédito de confianza con eficacia, en otros tal vez no. De todas formas, el receptor de estos aprendizajes tendrá que enfrentarse en la vida a poderosas circunstancias que refuercen lo opuesto, e incluso a acontecimientos y voces que digan con gran eficiencia exactamente lo contrario: vale más para la vida y la supervivencia ser impositivo, egoísta, violento, discriminador… La pregunta que cabe hacerse es si existe alguna manera de transmitir a la sociedad el valor normativo y prevalente de estas aspiraciones humanistas sin que esté solo basada en consignas y preceptos. ¿Existe alguna forma educativa que permita a una persona comprobar por sí misma y a través de su propia experiencia y vivencia que el diálogo es mejor que la imposición o que la solidaridad es mejor que el egoísmo. La tesis de Baketik es que esto es posible. Es posible si a los aprendizajes de consignas y preceptos les añadimos cuatro aprendizajes básicos que pudiéramos compartir entre diferentes identidades religiosas, culturales o conviccionales. Los aprendizajes básicos son aquellos que fundamentan los aprendizajes de consignas o preceptos humanistas o humanizadores, los que permiten responder desde la propia experiencia vital a sus porqués, los que permiten entender desde uno/a mismo/a que es mejor el diálogo que la imposición, la paz que la guerra o la solidaridad que el egoísmo. «No solo entiendo que el diálogo es mejor que la imposición porque me lo dice una autoridad moral o de otro tipo, sino también porque lo puedo comprobar en mí mismo/a, en mi propia experiencia y vivencia» Este es el objetivo de los aprendizajes básicos y esta es la segunda clave para entender las propuesta «De Asís a Arantzazu». 3.4. En qué consiste la propuesta «De Asís a Arantzazu» La propuesta «De Asís a Arantzazu» sugiere impulsar un acuerdo interreligioso, intercultural e interconviccional en torno a la promoción de cuatro pedagogías básicas: el aprendizaje de la limitación de la condición humana, el aprendizaje del sentido del agradecimiento, el aprendizaje de la escucha de la conciencia y el aprendizaje de la dignidad humana. Estos cuatro aprendizajes se basan en cuatro características comunes a todos los seres humanos: nuestra limitación, nuestra transcendencia, nuestra conciencia y nuestra dignidad humana. Tienen un enorme potencial de experiencia personal para confirmar en nosotros/as mismos/as la primacía normativa de las consignas y preceptos humanistas y humanizadores como el derecho a la vida, la solidaridad social, el respeto a la dignidad humana o la igualdad. Esta propuesta pretende facilitar un acuerdo intermedio y posibilitador de una ética normativa y compartida en el futuro. En su formulación abierta sugiere un camino que cada opción religiosa, cultural o conviccional puede recorrer sin renuncia de su identidad más singular. Puede ayudar a empezar a caminar juntos. Nos ponemos de acuerdo en que para trabajar conjuntamente por una ética compartida, por la paz, la igualdad, la solidaridad o la justicia podemos promover cada uno/a en nuestro ámbito estos cuatro aprendizajes básicos.


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3.5. Contenido resumido de los cuatro aprendizajes básicos A continuación se ofrece una versión resumida del contenido de estos cuatro aprendizajes. Una versión más amplia se puede encontrar en www.baketik.org y la formulación completa de los mismos en el libro Vivir y convivir, Cuatro aprendizajes básicos (2008, Alianza Editorial). 3.5.1. El aprendizaje de la limitación de la condición humana Significa educarnos y educar en la conciencia de nuestra realidad limitada. Todas las personas somos transitorias, imperfectas y ni lo sabemos todo, ni lo podemos todo. Sin consciencia de nuestra limitación radical nos situamos fuera de la realidad. Es mi propia limitación la que me permite entender la de «los otros». Es mi propia realidad la que se convierte en plataforma para acceder al significado profundo de la solidaridad o la dignidad humana. Sin la humildad de la propia limitación, la empatía, el amor o la generosidad son expresión de soberbia o sentimiento de superioridad. La humildad de la limitación es requisito indispensable de la empatía. Algunos ejemplos como los siguientes nos ayudan a entender el sentido práctico de este aprendizaje: ·¿Quién puede estar dispuesto a quitar la vida a otra persona? Solo quien se siente dueño/a de toda la verdad, quien no ha tomado consciencia de su condición limitada. ¿Cómo combatir el dogmatismo si no se profundiza en la conciencia de limitación? ·¿Cómo puedo convivir si no soy capaz de entender a través de mi limitación la de los otros? ¿Por qué hay que dialogar? Porque dialogar significa aceptar que mis perspectivas son siempre incompletas. ¿Por qué son incompletas? Porque soy limitado/a. ·¿Por qué tengo que ser solidario/a, generoso/a, perdonar o reconciliarme? Porque mi conciencia de limitación me recuerda que yo he necesitado muchas veces que otros sean solidarios/as o generosos/as conmigo o que me perdonen o se reconcilien conmigo. ·¿Cómo puedo abrirme a la espiritualidad, a lo que me transciende, si me considero autosuficiente, si

pienso que lo tengo todo en mi y en lo que controlo? Ser consciente de mis límites es lo que me abre a lo que me supera, es presupuesto de la espiritualidad. 3.5.2. El aprendizaje del sentido del agradecimiento Significa educarnos y educar en la conciencia de nuestra realidad trascendente. Somos limitación; pero no somos solo limitación, somos también trascendencia, capacidad de creatividad ilimitada. Somos capaces de amor, amistad, solidaridad, creación, de dar vida, de apreciar la belleza de la naturaleza o del arte… Estamos rodeados/as de dones y regalos que nos desbordan, sobrepasan y merecen nuestra expresión consciente de agradecimiento. No podemos acercarnos a la comprensión de la ética de la dignidad humana sin la voluntad de encontrar en lo que nos rodea y en los que nos rodean lo mejor de la condición humana. ·¿Cómo lograr una vida razonablemente feliz sin capacidad de valorar todo lo bueno y positivo que nos rodea? El agradecimiento sana personal y psicológicamente. ·¿Cómo convivir con los otros si solo observamos sus defectos y limitaciones, si no somos capaces de identificar y agradecer todo lo positivo que atesoran? ·¿Cómo resolver cualquier conflicto de convivencia si no desarrollamos la capacidad de identificar dónde está lo bueno, lo positivo lo que nos une? ·¿Cómo vivir cualquier forma de espiritualidad sin sensibilidad para reconocer y agradecer los dones que me trascienden y sobrepasan, si pienso que todo es derecho adquirido o merecido que se da por descontado? 3.5.3. El aprendizaje de la escucha de la conciencia Significa educarnos y educar en la conciencia de que todos los seres humanos tenemos conciencia para elegir actuar éticamente. Saber que, salvo patologías, la conciencia siempre tiene a nuestra disposición y en cualquier circunstancia una propuesta ética. Saber que tenemos diferentes niveles de conciencia y que la respuesta ética se encuentra en el nivel más profundo. Saber que a menudo nos hacemos trampas al escuchar 11


Jonan Fernandez

nuestra conciencia y nos conformamos con lo que encontramos en los niveles más superficiales. Saber que se puede aprender a escuchar honestamente a nuestra conciencia. ·Decenas de veces al día tenemos que decidir actuar de forma más solidaria o egoísta. En el último momento antes de decidir nos quedamos solos con nuestra conciencia. ¿Cómo actuar éticamente sin escucharnos honestamente? ·¿Por qué pueden cometerse atentados o terribles atrocidades con buena conciencia? Porque en los niveles más superficiales de esta se encuentra la conciencia de fidelidad al grupo o causa en que nos sentimos integrados y eso nos da buena conciencia. ·Somos relación y somos conflicto. Nuestra vida es una marejada de tensiones ¿Cómo responder éticamente a los desafíos de la convivencia, cómo buscar la igualdad, la justicia, la solidaridad sin una escucha auténtica de nuestra conciencia? ·Ni Dios, ni ninguna espiritualidad es garantía de infalibilidad ética. Actuar éticamente forma parte de nuestra libertad y de nuestra responsabilidad. ¿Cómo hacerlo sin atender con rigor a nuestra conciencia? 3.5.4. El aprendizaje de la dignidad humana Significa educarnos y educar en la conciencia de que todos los seres humanos, sin excepción ninguna, tenemos una misma dignidad humana. Nos permite vernos y mirarnos no como meros instrumentos sino como fines en sí mismos porque tenemos capacidad de elegir. Somos merecedores de respeto y sujetos con capacidad para los mismos derechos. El aprendizaje de la dignidad humana implica entender la conexión profunda entre la experiencia de mi propia dignidad y la del resto de seres humanos. La dignidad humana nos permite entrever lo mejor de la persona y nos acerca a su realidad trascendente, nos hace comprender el sentido profundo de nuestra identidad y nos enseña a respetar la de los otros. ·¿Cómo mantener la esperanza en lo mejor del ser humano si hacemos juicios o sentencias morales definitivas que olvidan su dignidad humana? ¿Cómo anteponer el respeto a la persona frente a cualquier etiqueta colectiva si ignoramos su dignidad? ·¿Cómo luchar contra el racismo, la discriminación, la desigualdad o la exclusión sin una profunda toma de conciencia y experiencia en la dignidad humana de todas las personas? ·¿Cómo entender la primacia normativa de la paz, la noviolencia, la justicia social o la solidaridad con el prójimo o con los más necesitados sin un aprendizaje sostenido de la dignidad humana? ·Si el espíritu de Dios está en cada ser humano, ¿cómo encontrarnos con la realidad trascendente que hay en cada persona sin la conciencia de dignidad humana que compartimos todos los seres humanos?

3.6. Comentarios finales Cabe preguntar por qué estos y no otros aprendizajes. Baketik no hace cuestión de su formulación. Los plantea 12 baketik 8

como una sugerencia abierta a ser mejorada, modificada, reducida o ampliada. En todo caso, tiene la convicción de que estos son cuatro aprendizajes básicos por, al menos, las siguientes razones: ·Desvelan. Estos aprendizajes son vivencias que toda persona puede reconocer en sí misma. No son lecciones, consignas o preceptos exteriores. Son realidades que ya están dentro de nosotros/as. Con ellos no enseñamos, ni inventamos nada, desvelamos lo que ya está dado en cada persona. ·Fundan el resto. Pueden cumplir la misma función que los colores primarios en la pintura, porque fundan el resto. ¿Cómo entender la necesidad de la paz, la solidaridad, la empatía, el respeto, la reconciliación… si esta no se funda en mi propia experiencia de limitación, de lo que me supera, de mi conciencia o de mi dignidad humana? ·Suelo y subsuelo. Los aprendizajes básicos son el suelo en el que prenden los demás. Por debajo de ese suelo los creyentes encuentran un subsuelo de fe; pero, incluso en ese caso, la búsqueda de sentido ético de la existencia normalmente necesita atravesar el suelo de estos cuatro aprendizajes. ·Compartibles. Todos/as los podemos compartir. En ellos, encontramos lo más genuinamente humano. No son incompatibles con las respectivas identidades. El acuerdo ético se construye desde la propia identidad en apertura a la identidad de los otros. Consenso ético e identidad no son enemigos son aliados que se posibilitan. ·Permanentes. No se aprenden en un solo momento, no se agotan. Son fuentes a las que retornar una y otra vez. Su enseñanza progresa con la experiencia. Cada nueva vivencia nos permite volver a ellos y a nuevas perspectivas, horizontes y caminos que recorrer para vivir y convivir mejor. Finalmente, para que esta propuesta y sus cuatro aprendizajes básicos sirvan al objetivo de preparar un consenso global entre identidades religiosas, culturales y conviccionales, es necesario tener en cuenta un requisito. La ética de la dignidad humana debe ser sublimada como un valor humano y espiritual supremo, como el principal proyecto del ser humano en la conducción de su vida social y comunitaria. La ética debe poder ser vivida desde nuestra capacidad de espiritualidad. La propuesta «De Asís a Arantzazu» sugiere que la ética puede ser una espiritualidad compartida en nuestro tiempo. Una ética prerreligiosa y preideológica. Una espiritualidad previa, laica, interreligiosa y complementaria con las distintas opciones espirituales o religiosas. En definitiva, la tesis de Baketik es que esta asociación de ética y espiritualidad, mediante estos cuatro aprendizajes, puede servirnos para vivir mejor, para convivir mejor, para educar mejor y para hacer posible un acuerdo y un entendimiento social humanista por la persona y la convivencia, tanto en el marco cercano y local como en el internacional o global.

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Fanatismo y mediacion. Conferencia de Jonan Fernandez. Sevilla, 16 de abril de 2009.

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