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Lita, la guardiana del Faro

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Noemí García Mota

Lita, Lita,del faro

la guardiana Ilustrado por JudithT


1º CAPÍTULO EL RESCATE DE LITA

Era primavera, ese algodón blanco llamado vilano procedente del chopo, flotaba en el aire. Tras una ventana desde un pequeño apartamento del centro de la ciudad de Palma de Mallorca, Celeste observaba cómo volaban los vilanos por todas partes. No lo hacía sola, pues vivía bien acompañada por su fiel y compañera amiga, Lita. Una perrita blanquita con manchas marrones, muy extrovertida y cariñosa, eran uña y carne. Nunca se separaban, ni cuando Celeste tenía 9


que viajar en alguna ocasión, incluso se la llevaba siempre con ella. Celeste, a sus cuarenta años de edad, era una chica de carácter tímido, pero sabía desenvolverse muy bien en el día a día. Muy trabajadora y luchadora, había vivido muchas experiencias duras en su vida que la habían hecho ser una mujer fuerte y valiente. Su madre había fallecido cuando ella tenía veinte años y su padre, que era muy mayor, vivía junto a una hermana que tenía en Barcelona, así que ella sola se había desenvuelto muy bien todos esos años, con su trabajo y responsabilidad. A su padre y hermana los veía dos veces al año, una en Navidad y otra en Semana Santa cuando ella viajaba a Barcelona para verles. Celeste trabajaba como administrativa en la recepción de una empresa en un polígono industrial de su ciudad, aunque no era el trabajo de su vida, ya que ella tenía un sueño que quería hacer realidad, y era ser escritora. 10


Su gran hobby era escribir, pues tenía mucha imaginación que le encantaba plasmar en historias para niños. El trabajo en esa empresa sabía que sería pasajero, pues en el fondo de su corazón imaginaba que su sueño muy pronto se haría realidad. Un día saliendo del trabajo vio correr un perrito blanco que se metía entre los coches, no lo dudó y fue enseguida a mirar qué estaba pasando. De repente se dio cuenta de que había escondido un perrito detrás de un contenedor de basura, muy asustado, estaba temblando. Celeste, que tenía comida en el túper que se llevaba al trabajo, decidió ofrecer al pequeño un poco para ver si podía acercarse a él. Se agachó y puso a su altura para que el perro no pensara que quería atacarle, entonces el perro al ver que Celeste tenía comida en su mano se acercó a ver qué era, y Celeste comenzó a acariciarle. El perro se fue cal11


mando poco a poco, pero al pasar un camión haciendo mucho ruido por la zona salió corriendo de allí. Celeste se sintió muy mal pensando en el pobre animal, que estaría asustado corriendo por ahí, en ese polígono lleno de camiones y coches, con tantos peligros a su alrededor. «Pobrecito, dónde se refugiará», pensó. No le quedó más remedio que volver a su casa. No pudo dormir en toda la noche pensando en el perrito, y en cómo estaría. Rezaba y pedía a su mamá que estaba en el cielo que lo protegiera, para que no le pasara nada. Al día siguiente, Celeste volvió al trabajo, muy cansada, pues no había dormido a penas en toda la noche. Eran las doce de la mañana, Celeste hizo una pausa en el trabajo para ir a comer. Como todas las mañanas antes de ir a la cocina miraba por la ventana de la recepción para ver un poco el pai12


saje y relajarse, entonces, ocurrió el milagro, no se lo podía creer. Ahí estaba el perro sentado en la acera de la nave industrial donde trabajaba, mirando fijamente hacia la puerta. Celeste, corriendo, abrió la puerta de la oficina, se agachó y le hizo una señal al perro para que fuera hacia ella, el perro enseguida se incorporó y fue caminado temeroso a su encuentro. Al parecer, había olido a Celeste y la había seguido hasta su trabajo. Celeste le dejó pasar dentro de la oficina, y por fin pudo tener a su lado al perrito, le puso una cuerda que tenía en la nave, para que no se escapara, entonces lo acarició y pudo comprobar que era una perrita. Se notaba que la perrita estaba agradecida con ella por haberle ofrecido comida y haberle dado cariño. Sin duda alguna, un gran milagro, Celeste sabía que su mamá desde el cielo la había protegido de los peligros del polígono. 13


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Cuando terminó su jornada laboral se llevó a la perrita a un veterinario para ver si tenía chip y comprobar que no pertenecía a nadie. El veterinario le hizo una exploración. Según la dentadura, dijo que tenía unos dos años, tenía muy poquito pelo, se notaba que había pasado hambre, pues estaba delgadita, y no llevaba chip, así que la habían abandonado a su suerte en el polígono. Celeste quiso quedársela, pues no estaba dispuesta a dejarla sufrir en ninguna perrera ni refugio, sabía que vivía en un pequeño apartamento de tan solo cuarenta metros, pero no le importaba, había sitio para las dos. Así que le dijo al veterinario: —¿Le puedes poner el chip? Quiero ser su dueña para siempre. El veterinario le preguntó: —¿Y qué nombre quieres ponerle? —Lita —dijo Celeste, mi mamá se llamaba Angelita, y en su honor quiero llamarla con el diminutivo Lita. 15


Celeste vive en un apartamento en plena ciudad, acompañada por su inseparable perrita Lita. Trabaja en una oficina, pero su gran sueño es convertirse en escritora. En busca de un cambio de aires que despierte su inspiración, decide mudarse a un faro y comenzar una nueva vida allí.La vida en el faro transcurre con calma. En ese rincón junto al mar, Celeste y Lita conocerán a entrañables personajes con los que forjarán una bonita amistad, como Chispas, un conejito algo miedoso, o Mario, un niño que sueña con convertirse en capitán de barco.

Valores implícitos Perseguir los sueños con esfuerzo es uno de los grandes mensajes de este libro. A través de la historia, los más pequeños aprenderán a superar el miedo a la oscuridad y descubrirán que los monstruos solo viven en nuestra imaginación. También se fomenta el respeto hacia todas las personas, recordando la importancia de incluir y valorar a los niños con necesidades especiales. Además, se destaca el papel fundamental de los animales en terapias emocionales y su capacidad única de brindar amor incondicional.

ISBN 979-13-88050-28-2

MERI MERI

9 791388

050282


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