Este cuento nace del deseo de silenciar el ruido de fondo al que nos hemos acostumbrado y que impide escuchar lo esencial. En la sociedad actual hemos perdido la capacidad de mirar a los ojos y atender a quien tenemos al lado. Aprender a escuchar sin prejuicios, con atención plena y consciente, hace que la otra persona se sienta tan importante que no necesite gritar para ser escuchada. Así se construye un respeto mutuo que abre nuevos horizontes.