Nada sucede a no ser que lo hagamos posible
La comunidad, unida por primera vez, cuestiona por qué Holcim no da más puestos de trabajo a los barrosenses. También hay quejas por la retirada de las chimeneas de la fábrica, vistas como símbolo local. Algo debe hacerse para impulsar la sociedad, fortaleciéndola y mejorando la relación entre la fábrica y la comunidad.
¿COINCIDENCIA? ¿SUERTE? ¿DESTINO? Edgar viaja a São Paulo, la ciudad más grande del país. En su agenda para la capital del Estado de São Paulo, tiene una reunión especial: visitar a su amigo y colega de los tiempos de Universidad en Suiza, Carlos Bühler. Después de 30 años de graduados, los dos amigos, que han seguido caminos completamente diferentes, se reencuentran. Carlos aún no sabe que la población de Barroso, a poca distancia, prepara una carta para la casa matriz en Suiza. Hay un intercambio de ideas. Carlos está afligido.
En 2002, Holcim Brasil crea el Instituto Holcim, asociación sin fines de lucro para coordinar y dar una visión más estratégica a la inversión social de la empresa.
— Estamos con problemas en la fábrica que tenemos en Minas Gerais, Edgar. Despedimos a mucha gente. El problema es grave. Tenemos que ayudar a esta población. Estoy preocupado por el futuro de esta comunidad. Mientras hablan en São Paulo, la carta es firmada en Barroso y enviada a la sede de la empresa en Zurich. Viene la respuesta, cordial, pero con un agravante factor: la única manera de garantizar la continuidad de la industria en la ciudad es reducir los puestos de trabajo. ¿Y los trabajadores? ¿Y ahora? Barroso está en ebullición. Edgar recuerda de pronto su proyecto de ciudad correcta. — Tengo algunas ideas... — ¿Ideas, mi amigo? ¡Por favor! Edgar revela su audaz proyecto. Se acuerdan de La Empresa como un Sistema Social, el libro que estudiaban juntos de otro lado del océano, aquel que enseñaba la forma sistémica de hacer frente a problemas. Carlos, hombre de visión, le gusta la idea y pronto ve el potencial completo de la propuesta.
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