Una Nilo
Textos: Esther Villanueva
Ilustración: Montse Adell
Edita:
¿Habías visto alguna vez a este pájaro? ¿A que es muy bonito? Es una garza y vive en lugares donde hay mucha agua. ¿Ves ese pico tan largo y curvado? Le sirve para pescar pececillos que viven en las orillas de ríos o lagos.
La garza de nuestra historia vivió hace mucho, mucho tiempo en un río que se llama Nilo, en Egipto.
Nuestra garza había salido de pesca.
Caminaba con mucho cuidado, levantando bien las patas, para no remover el agua y así no asustar a los peces que iban a ser su merienda.
Pero eso que flotaba suavemente entre los juncos no era un pez. Ella ya había visto alguna de esas cestas en las cabezas de los humanos llenas de pescado. ¿Estaría esa cesta llena de peces? ¡Seguro! ¡Humm! ¡Qué ricos! Si conseguía empujar la tapa, tendría un montón de peces para ella sola.
La garza se acercó y la golpeó con su pico. Dentro de la cesta se oyó un ruido muy raro. ¡Buaaa! ¡Pero ese ruido no lo hacían los peces!
Entonces una niña salió de detrás de unas hierbas y agitó los brazos. -Vete, déjalo en paz. No lo toques -dijo la niña.
La garza no se asustó. Era Miriam, una niña hebrea. Solía jugar con sus amigas en la orilla del río. Ellas nunca molestaban a los animales que vivían allí, incluso algunas veces les echaban algunas migas de pan.
La garza sentía mucha curiosidad. ¿Qué habría dentro?
Volvió donde estaba la cesta y la empujó otra vez. De nuevo volvió a oírse aquel extraño sonido que salía de dentro de la cesta. -¡Vete! ¡No lo toques! ¡Que lo van a oír! -dijo de nuevo Miriam, esta vez mucho más preocupada.
¿El qué van a oír? ¿Por qué Miriam se enfadaba con ella? ¿Qué es lo que había dentro de la cesta?
En ese momento, se empezaron a oír voces y risas. Miriam dio un salto y se volvió a esconder. Se acercaba un grupo de mujeres que conversaban y reían. Iban muy bien vestidas y llevaban hermosas joyas doradas. La garza las había visto varias veces.
Era una princesa que bajaba al río a bañarse con sus criadas. Ellas tampoco la molestarían. Así que volvió con la cesta y esta vez empujó con más fuerza. Entonces la tapa se abrió. ¡Buaaa!
La garza dio un salto, abrió las alas y salió volando hasta un arbusto que sobresalía del río.
¡Era un bebé!
Ahora entendía porqué Miriam estaba tan preocupada. Miriam estaba escondiendo a su hermanito porque un rey malvado, el faraón, había ordenado matar a todos los bebés hebreos.
- ¡SShh! Calla, chiquitín, que nos van a oír -susurró Miriam.
Pero el salto de la garza había llamado la atención de la princesa y de sus criadas.
¡Buaa!
Ya era demasiado tarde. Una de las criadas corrió hacia el río, cogió la cesta y la llevó hasta donde estaba la princesa.
¡Qué triste estaba la garza! Si hubiera hecho caso a Miriam no habrían encontrado al bebé. ¿Qué pasaría ahora? ¿Se lo darían a los soldados?
La garza se quedó muy quieta. Vio cómo la princesa lo cogía en brazos y lo acunaba. El bebé dejó de llorar. -Yo te cuidaré. -dijo la princesa.
Nadie
te va a hacer daño.
-Pero,
princesa, -le respondió una de sus criadas- ¿cómo lo vas a alimentar? Necesita leche de su madre.
Ese sí que era un problema.
Necesitaba a una mujer que tuviera leche en el pecho para que le diera de mamar.
La garza vio cómo Miriam salía de su escondite y se acercaba a la princesa. Hizo una reverencia.
-Princesa, -le dijo muy valiente- yo conozco a una mujer que tiene leche y que podría alimentar al bebé.
-¡Qué bien! Vamos, vé a buscarla -respondió la princesa.
Miriam salió corriendo hacia su casa a buscar a su madre. ¡Su hermanito
estaba a salvo! La princesa había dicho que nadie le haría daño.
La garza no se quería perder el final de la historia, así que se quedó allí, viendo cómo la princesa y sus criadas le hacían mimitos y jugaban con el bebé.
Pronto llegó la madre de Miriam. La princesa dejó que lo cogiera en brazos. ¡Cómo lo abrazó y lo achuchó! Tenía a su bebé en los brazos y ya no tendría que esconderlo más.
-Toma a este bebé. Se llama Moisés porque lo he sacado del agua -le explicó la princesa- Tú cuídalo hasta que sea grande. Yo te pagaré para que no le falte de nada, y cuando crezca, quiero que lo lleves al palacio para que viva conmigo, como un príncipe.
Cuando la princesa volvió al palacio, Miriam y su madre se abrazaron y agradecieron a Dios que hubiera protegido a Moisés. La garza, en medio del río, se sentía feliz; estiró las alas y las agitó con fuerza.
Parecía que aplaudía. Miriam la miró desde la orilla y le guiñó un ojo. Al final todo había salido bien.
La garza salió volando de un salto. Moisés crecería con la mejor compañía y el mejor cuidado: con su hermana.
¿Y
tú? ¿Cuidas de tus hermanos y de tus amigos tan bien como Miriam cuidó de su hermanito? ¿Cómo les puedes demostrar todo lo que les quieres?
Este relato:
• Se recomienda para niños y niñas de 3 a 6 años.
• Forma parte de la colección
LOS ANIMALES DE LA BIBLIA
• Tiene como objetivo suscitar el interés de los niños y niñas por el relato bíblico.
• Va acompañado de una guía didáctica con actividades y recursos para desarrollar el tema en el entorno familiar, iglesia y escuela.
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