Skip to main content

¿PROSELITISMO O MISIÓN? - Varios autores

Page 1


øProselitismo o misiÛn?

Cuando la evangelizaciÛn afirma el respeto por el otro

VersiÛn en espaÒol editada por:

Ponencias del II Coloquio de la Facultad Adventista de TeologÌa

Collonges-sous-SalËve - Francia 26-28 de abril 2002

øProselitismo o misiÛn?

Cuando la evangelizaciÛn

afirma el respeto por el otro

Ponencias del IIColoquio de la Facultad Adventista de TeologÌa

øProselitismo o misiÛn?

Cuando la evangelizaciÛn afirma el respeto por el otro

Ponencias del IIColoquio de la Facultad Adventista de TeologÌa

Collonges-sous-SalËve - Francia 26-28 de abril 2002

TraducciÛn: Daniel Bosch Queralt

DiseÒo gr·fico y maquetaciÛn: Esther AmigÛ Marset

Aula7activa-Aeguae

Garcia i F‡ria, 57-59, 4 , 2™ 08019 Barcelona

Tel.: +34 933 032 646

Fax: +34 933 032 693

E-mail: info@aula7activa.org

Web: www.aula7activa.org

Todos los derechos reservados. Se permite la impresiÛn de las publicaciones de www.aula7activa.org sÛlo para uso personal. No est· autorizada la reproducciÛn total o parcial de esta publicaciÛn por cualquier medio o procedimiento para su difusiÛn publica, incluidos la reprografÌa, el tratamiento inform·tico y su difusiÛn por Internet, asÌ como la distribuciÛn de ejemplares mediante alquiler o prÈstamos p˙blicos, sin la autorizaciÛn previa y por escrito de los titulares del copyright. Los archivos inform·ticos de las publicaciones electrÛnicas no pueden ser manipulados bajo ning˙n concepto.

Aula7activa no se hace responsable de las opiniones expresadas en esta obra. Los textos publicados expresan exclusivamente las opiniones de sus autores.

© 2003, Facultad Adventista de TeologÌa, Collonges-sous-SalËve (Francia) © 2004, Aula7activañAEGUAE, en espaÒol para todo el mundo

DepÛsito Legal: B-21816-2004

SUMARIO

6

Prefacio a la ediciÛn francesa

Bernard Sauvagnat

8

Prefacio a la ediciÛn espaÒola

Los editores

9

Proselitismo y libertad religiosa

John Graz

16

El respeto por las culturas

Gottfried Oosterwal

27

°Ay de mÌ, si no anunciara el evangelio!

John Graz

36

CaracterÌsticas de la Iglesia que anuncia el Evangelio en una Francia posmoderna

David Brown

55

Algunos modelos de misiÛn cristiana del pasado para afrontar mejor el futuro

Roland Minnerath

69

Evangelizar a la manera de Cristo

Carlos Ham

86

´Et maintenant, que vais-je faire?ª

Karl Johnson

PREFACIOALA

EDICI”NFRANCESA

El sociÛlogo alem·n Max Weber definiÛ la pluralidad de sistemas de valores presentes en la sociedad mediante la expresiÛn ´politeÌsmo de los valoresª. Con este concepto deseaba poner de relieve que los valores no se fundamentan sobre datos cientÌficos incapaces de apoyar juicios, sino sobre elecciones metafÌsicas libres. De esa constataciÛn Weber deducÌa que existe una ´guerra de diosesª porque es inevitable que tales sistemas de valores entren en conflicto.1

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 pusieron de actualidad la reflexiÛn sobre esa ´guerra de diosesª, pues fueron percibidos, sin lugar a dudas, como las manifestaciones de un conflicto entre sistemas de valores antagÛnicos. Los terroristas isl·micos se oponen al sistema de valores occidental, pues consideran que busca imponerse por la fuerza econÛmica o militar.

Esos acontecimientos tr·gicos reavivaron la teorÌa de Samuel Huntington, profesor en Harvard, que trata del ´choque de culturasª.2

Los enfrentamientos entre seres humanos, en el futuro, corren el riesgo de convertirse en enfrentamientos entre culturas y sistemas de valores. Ahora bien, todo sistema que se pretenda universal puede caer en la tentaciÛn de imponer sus valores y, por lo tanto, provocar nuevas formas de guerra.

Actualmente los cristianos son f·cilmente asimilados a la cultura occidental, tecnolÛgica, econÛmica y militarmente potente. Es urgente, pues, que reflexionen concienzudamente sobre su comportamiento frente a los otros seres humanos, las otras culturas y los otros sistemas de valores. Es lo que se ha pretendido con la realizaciÛn de este Coloquio.

Para empezar, me referirÈ al dominico Fray BartolomÈ de las Casas, un cristiano espaÒol escandalizado por los crÌmenes cometidos por sus compatriotas durante la colonizaciÛn de AmÈrica. Entre 1523 y

1 VÈase MESURE, Sylvie y RENAUT, Alain. La guerre des dieux. ParÌs: Grasset, 1996.

2 VÈase BOULET-GERCOURT, Philippe. ´La prophÈtie de Samuel Huntingtonª. En: La guerre de Dieux, Le Nouvel Observateur (n˙mero extraordinario), enero 2002, p. 26-29.

1527 escribiÛ un tratado titulado Del ˙nico modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religiÛn. Estaba convencido de la verdad del cristianismo; verdad que debÌa ser difundida, pues guardarla solo para sÌ mismo hubiera sido egoÌsta. Sin embargo, apoy·ndose en los Evangelios, escribiÛ: ´Cristo no autorizÛ a los discÌpulos para que forzaran a escucharles a aquellos que no querÌan, ni a castigar a aquellos que los echaban de sus ciudadesª. Los dos ˙nicos medios que consideraba a la vez aptos y admisibles para evangelizar eran la persuasiÛn y el testimonio: la persuasiÛn porque el ser humano es un ser racional y debe consentir al Evangelio; y el testimonio porque las seguridades anunciadas deben ser apetecibles por ellas mismas. Las Casas puso por ejemplo a AgustÌn de Canterbury y sus compaÒeros, que fueron enviados por el papa Gregorio el Grande para evangelizar Inglaterra. Esos hombres fueron admirados por todos porque su misiÛn consistÌa en plegarias, ayunos y predicaciones. ´La misiÛn que hemos recibido ñescribÌa Las Casasó, no nos eleva por encima de los otros hombres, ni nos da poder alguno sobre ellosª.3

DeberÌamos responder al desafÌo que planteaba Albert Camus: ´No hay vida sin persuasiÛn, y la historia de nuestros dÌas no conoce m·s que la intimidaciÛn.ª

Bernard Sauvagnat Decano de la Facultad Adventista de TeologÌa

3 VÈase DELSOL, Chantal. ´Le risque du dÈsaccordª. En: La guerre des dieux, Le Nouvel Observateur (n˙mero extraordinario), enero 2002, p. 56-57.

PREFACIOALA

EDICI”NESPA—OLA

La libertad individual se encuentra por encima de otras consideraciones, incluso de cualquier religiÛn o creencia, por muy ´verdaderasª que uno pueda considerarlas, puesto que no pueden imponerse a nadie que no las desee aceptar. …ste fue el secreto del mÈtodo de evangelizaciÛn apostÛlico y de su Èxito, el ˙nico mÈtodo aceptable, ya que el respeto por el prÛjimo ha de convertirse en la base de cualquier intento de compartir la propia fe o creencia.

La presente traducciÛn, correspondiente al II Coloquio organizado por la Facultad de TeologÌa de Collonges-sous-S‡leve, tiene especial interÈs para el p˙blico hispano, tanto de AmÈrica Latina, donde el enfrentamiento entre distintas denominaciones cristianas est· a la orden del dÌa en m·s de un paÌs por el crecimiento espectacular de muchos grupos evangÈlicos, como en EspaÒa, donde los recientes atentados del 11 de marzo de 2004 han puesto en cuestiÛn el enfrentamiento entre dos culturas y sistemas de valores como la occidental y la isl·mica.

Los mÈtodos para compartir una fe o creencia son el centro del presente volumen, a travÈs de las ponencias de representantes de diferentes denominaciones, siempre con la idea del respeto por el prÛjimo como principal objetivo.

LOSEDITORES

Aula7activa 8

Proselitismo y libertad

r eligiosa

PresentaciÛn del texto de la ComisiÛn de Expertos de la AsociaciÛn Internacional para la Defensa de la Libertad Religiosa

John Graz1

La idea de un encuentro de expertos de la AsociaciÛn Internacional para la Defensa de la Libertad Religiosa surgiÛ en el transcurso de la visita a Washington del Director de Asuntos Religiosos del Gobierno espaÒol. øCu·l serÌa el tema a tratar?

El tema del proselitismo y la libertad religiosa nos pareciÛ el m·s adecuado, øPor quÈ? En primer lugar porque la misma palabra proselitismo ya es fuente de confusiones; al igual que la palabra secta, raramente se utiliza con objetividad. En segundo lugar, el proselitismo es objeto de discordia entre los cristianos y, por ende, entre las religiones. Algunos gobiernos, sometidos a la presiÛn de la mayorÌa religiosa, han aprobado leyes contra el proselitismo; otros deben enfrentarse a proyectos de ley hostiles al proselitismo.

En enero de 2002, tras la reuniÛn de AsÌs, durante su entrevista con el Papa, monseÒor Hillarion, representante del Patriarca de Mosc˙, subrayÛ dos puntos de discordia con Roma: los uniatas y el proselitismo. Cuando me encontraba en Roma, discutiendo con monseÒor John Radano y el futuro cardenal Kasper las relaciones entre catÛlicos y protestantes en general, apareciÛ de manera natural en la con-

1 John Graz es pastor adventista y ha ejercido su ministerio en Francia y Suiza. Actualmente es Secretario General de la AsociaciÛn Internacional para la Libertad Religiosa, con sede en Washington (Estados Unidos).

versaciÛn el tema del proselitismo. Entonces Èramos el centro de todas las miradas. Pero en febrero de 2002, cuando el Vaticano decidiÛ elevar las administraciones apostÛlicas al estatus de diÛcesis, la reacciÛn del patriarcado de Mosc˙ fue extremadamente enÈrgica. Lo que solo pretendÌa ser un reajuste administrativo se convirtiÛ en un serio incidente. El acto fue entendido por las autoridades ortodoxas como una especie de justificaciÛn y aliento al proselitismo. En su respuesta, el cardenal Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la PromociÛn de la Unidad de los Cristianos, criticÛ la ´herejÌa eclesiolÛgicaª consistente en ´no reconocer a la Iglesia CatÛlica su dimensiÛn misionera en nombre de un concepto de proselitismo excesivamente amplio en su significadoª (Roma, 14 de marzo de 2002, APIC/APD 15/03/2002; vÈase tambiÈn ZENIT/APD 15/03/2002). TambiÈn sabemos que el proselitismo es un punto de tensiÛn entre los ortodoxos y el Consejo Mundial de Iglesias.

Algunos ejemplos bastar·n para ilustrar la dificultad para alcanzar un consenso sobre la definiciÛn de proselitismo. Un protestante o un catÛlico prestar· m·s atenciÛn al mÈtodo utilizado para propagar su fe. El catÛlico ver· proselitismo en toda tentativa de convertir a un catÛlico. El protestante hablar· de mÈtodo apropiado o inapropiado. En el lado opuesto, un ortodoxo insistir· en el concepto de territorio canÛnico. Puesto que los paÌses de tradiciÛn ortodoxa son considerados como territorios canÛnicos, est·n bajo la responsabilidad de la Iglesia Ortodoxa por voluntad divina. Dicho de otro modo, Dios ya tiene su iglesia en esos territorios y no hay necesidad alguna de introducir otras. En lugar de enviar misioneros a esas regiones, los cristianos no ortodoxos deberÌan ayudar y sostener a la iglesia tradicional. Para las otras religiones, la conversiÛn es el elemento clave. Todo aquello que pueda representar la conversiÛn es proselitismo. Para los extremistas hind˙es la Madre Teresa de Calcuta hacÌa proselitismo. Los defensores de los derechos humanos no tienen ninguna comunidad que defender o proteger. La competiciÛn entre religiones no es una amenaza en ella misma si se inscribe en el marco de la libertad de expresiÛn. El proselitismo solo es condenable en la medida en que no respete los derechos humanos. Esta diversidad de apreciaciÛn y acercamiento al proselitismo constituyÛ el trasfondo sobre el que tuvo lugar nuestro encuentro.2

ENCUENTROS DE EXPERTOS

Invitamos a 25 expertos para reflexionar sobre la relaciÛn entre el proselitismo y los derechos humanos de modo general, y la libertad religiosa en particular. El primer encuentro tuvo lugar del 13 al 17 de mayo de 1999 en San Lorenzo de El Escorial, cerca de Madrid, (EspaÒa). TenÌamos un excelente grupo compuesto por miembros de paÌses y horizontes religiosos e ideolÛgicos muy diferentes. øCÛmo Ìbamos a ponernos de acuerdo en un texto que fuera susceptible de ser aceptado por judÌos, musulmanes, ortodoxos, catÛlicos y, por supuesto, protestantes? El hecho de haber llegado a una declaraciÛn ya fue, en sÌ mismo, un Èxito.

El encuentro estuvo dirigido por el Presidente de nuestra AsociaciÛn, Gunar Stalsett, obispo luterano de Oslo, que tambiÈn es presidente de la ComisiÛn Internacional de Oslo para la Libertad de ReligiÛn y Creencia. La profesora Rosa MarÌa MartÌnez de Codes y el que suscribe asumimos la organizaciÛn de ese primer encuentro. Fue necesario un segundo encuentro para acabar de perfilar el documento. Tuvo lugar en Las Navas del MarquÈs (£vila, EspaÒa), del 27 al 30 de enero de 2000. Se invitÛ a un grupo de 15 expertos. El Informador Especial de las Naciones Unidas para la Libertad de ReligiÛn y Creencia, el profesor Abdelfatha Amor, quien tambiÈn es vicepresidente del ComitÈ de Derechos Humanos, asistiÛ a los debates en calidad de observador. Estuvo acompaÒado de su ayudante, Patrice Gillibert.

El resultado de esos dos encuentros fue la publicaciÛn del documento titulado ´Principios directores para la propagaciÛn responsable de una religiÛn o una creenciaª. El texto habÌa sido preparado pre viamente por el profesor Roland Minnerath y Bert B. Beach, vicepresidente de la AsociaciÛn Internacional para la Libertad Religiosa.

ELDOCUMENTO

2 VÈase Fides et Libertas. Silver Spring (Maryland), 1999, 2000, 2001.

En su pre·mbulo, el documento subraya el hecho de que la libertad religiosa es un derecho reconocido oficialmente. No se trataba, pues, de poner en tela de juicio ese derecho. Afirmarlo era, adem·s, uno de los objetivos del encuentro. Al mismo tiempo, era preciso reconocer que los mÈtodos de propagaciÛn de la religiÛn no son siempre responsables. Aveces provocan reacciones que ponen en peligro la paz y la armonÌa de una sociedad o un paÌs. Esto es lo que recriminan muchos dirigentes polÌticos.

Para evitar malentendidos, los autores de la declaraciÛn no emplearon el tÈrmino proselitismo

Los principios

Se enumeran catorce principios. Deben leerse cuidadosamente, sin olvidar que han sido aceptados por expertos de sensibilidades muy distintas. Est·n precedidos por un pre·mbulo de seis p·rrafos que permite que el lector entienda el texto y su razÛn de ser.

Los principios obedecen a las siguientes ideas:

1. La libertad religiosa es un derecho humano.

2. Si la libertad es un derecho, las religiones deberÌan sentir la necesidad de vivir en paz. ´Para hacerlo, el di·logo deberÌa sustituir al enfrentamiento.ª

3. Los mÈtodos recomendados y aquellos que deberÌan ser proscritos.

Si bien el documento apela a la responsabilidad de las religiones y los gobiernos, ante todo es una especie de cÛdigo deontolÛgico.

Las consecuencias

Ese cÛdigo o guÌa tuvo buena acogida. Lo presentamos al Consejo Administrativo de la AsociaciÛn General de la Iglesia Adventista, que puso de relieve el buen trabajo de la ComisiÛn. Fue el origen de una declaraciÛn oficial sobre el proselitismo. Del mismo modo, enviamos el texto a:

ï La ComisiÛn de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

ï La ComisiÛn Americana para la Libertad Religiosa en el Mundo.

ï Las distintas iglesias representadas en la Conferencia de Secretarios Generales de las Comunidades Cristianas Mundiales.

Aunque ninguna iglesia o instituciÛn adoptÛ oficialmente el documento, se discutiÛ durante la reuniÛn de la ComuniÛn Cristiana Mundial en Johannesburgo, el octubre de 2000. Varias revistas universitarias han publicado el texto, entre otros en inglÈs, francÈs y alem·n.3

3 Fides et Libertas, 2000, p. 96-98; Conscience et LibertÈ, n. 59 (1.er semestre 2000), p. 131-134; Gewissen und Freiheit, n. 54, (1.er semestre 2000), p. 147-150.

Los principios son el fruto de un consenso entre expertos de religiones y creencias distintas, pero todos est·n adscritos a la libertad de religiÛn y creencia. Se inscriben en el marco del artÌculo 18 de la DeclaraciÛn Universal de los Derechos Humanos. Representan una contribuciÛn positiva y nada negligible al debate sobre el proselitismo. Debate que dista mucho de estar agotado.

TEXTO:4 PRINCIPIOS ORIENTADORES PARALAPROPAGACI”N RESPONSABLE DE LARELIGI”N O LAS CREENCIAS

La creciente globalizaciÛn y el aumento de la rivalidad entre las religiones y las ideologÌas obliga a establecer una relaciÛn constructiva entre las religiones. Para tratar estos temas, la AsociaciÛn Internacional de Libertad Religiosa organizÛ reuniones y conferencias de expertos, que se celebraron en Estados Unidos, el Reino Unido y EspaÒa en 1999 y a principios del aÒo 2000, y ha adoptado por consenso la siguiente declaraciÛn sobre determinados puntos de este acuerdo:

La libertad de religiÛn o de creencias es un derecho humano fundamental. Apesar del fuerte respaldo que se ha dado a este derecho universal durante los ˙ltimos cincuenta aÒos por medio de diversos instrumentos internacionales, empezando por la DeclaraciÛn Universal de Derechos Humanos de 1948, y siguiendo por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y PolÌticos de 1966, la DeclaraciÛn para la eliminaciÛn de todas las formas de intolerancia y discriminaciÛn fundadas en la religiÛn o las convicciones de 1981, y la DeclaraciÛn de derechos de las personas pertenecientes a minorÌas nacionales o Ètnicas, religiosas y ling¸Ìsticas, de 1992, a˙n siguen extendiÈndose las violaciones de este derecho, que deben ser deploradas.

La libertad de religiÛn o de creencias comprende el derecho a manifestar y comunicar su propia fe o creencias a los dem·s. Las religiones tienen diferentes concepciones sobre el modo de propagar sus creencias. Es inevitable que la cuestiÛn del ´proselitismoª o de hacer conversos afecte a las relaciones entre las religiones. Ahora bien, el tÈrmino ´proselitismoª tiene diversos significados y connotaciones. Para evitar ambig¸edades, en lo sucesivo no emplearemos dicho tÈrmino en este documento.

4 Este texto ha sido publicado con el tÌtulo ´Principios orientadores para la propagaciÛn responsable de la religiÛn o las creenciasª en la revista Conciencia y libertad, n. 12 (2000), p. 62-65.

Aceptando la creciente realidad del pluralismo religioso y con el fin de reforzar la libertad religiosa, la tolerancia, el di·logo y el respeto para con los derechos iguales de todos, la Conferencia de Expertos sugiere los siguientes principios orientadores de la propagaciÛn responsable de la religiÛn o creencias. Estos principios poseen ante todo un car·cter Ètico y facilitan criterios para guiar a los individuos y comunidades en sus relaciones con los dem·s. Asimismo tienen importancia para las relaciones entre las comunidades religiosas y los estados. Estos principios est·n basados en la dignidad de la persona humana y en su libertad para seguir la voz de la conciencia. Los participantes en la Conferencia esperan que todos los individuos y comunidades religiosas tengan en cuenta estos principios a la luz de sus propias creencias y pr·cticas, y los hagan suyos, comprometiÈndose de este modo plenamente con el mandato divino o los altos ideales en los que creen.

PRINCIPIOS

1. La enseÒanza, la manifestaciÛn y la propagaciÛn de la religiÛn o creencia propia es un derecho humano reconocido. Todos tienen derecho a intentar convencer a los dem·s de la verdad de su fe. Todos tienen derecho a adoptar una religiÛn o creencia y a cambiarla sin coacciÛn, conforme a los dictados de su conciencia.

2. Conscientes de sus responsabilidades comunes, las comunidades religiosas deberÌan establecer relaciones mediante contactos y conversaciones, manifestando sus creencias con humildad, respeto y sinceridad. El di·logo debe sustituir a la confrontaciÛn. Al dar testimonio ante otros o al programar la actividad misionera, la inviolable dignidad de las personas destinatarias exige que se considere su historia, sus creencias, su modo de vida y sus expresiones culturales.

3. La religiÛn, la fe o las creencias se difunden mejor cuando el testimonio de la vida personal es coherente con el mensaje que se anuncia, llevando a su libre aceptaciÛn por aquellos a quienes se dirige.

4. Al difundir la fe o las creencias, se debe ser veraz y honrado con otras religiones o creencias. Ello exige comparar los ideales de la propia comunidad con los ideales de las dem·s y no con sus pretendidos defectos.

5. Al propagar la religiÛn o las creencias, deben protegerse tanto los derechos de la mayorÌa como los de la minorÌa, de acuerdo con los Convenios Internacionales de Derechos Humanos que condenan todas las formas de discriminaciÛn e intolerancia.

6. Al referirse a otras comunidades religiosas y de fe, deberÌa emplearse una terminologÌa respetuosa y no ofensiva.

7. Las actividades sociales y humanitarias no deberÌan vincularse a la propagaciÛn de la fe o creencias de un modo que explote a las personas pobres y vulnerables, ofreciÈndoles incentivos econÛmicos o materiales de otro tipo, con el fin de inducirles a conservar o cambiar de religiÛn o creencias.

8. Ala vez que se reconoce el derecho a profesar y manifestar las creencias religiosas y las convicciones, deben evitarse las contiendas interreligiosas, el odio y la rivalidad antagÛnica entre religiones, y ser sustituidas por un di·logo dentro del verdadero respeto mutuo.

9. Nadie deberÌa hacer a sabiendas falsas afirmaciones sobre cualquier aspecto de otras religiones, ni denigrar o ridiculizar sus creencias, pr·cticas u orÌgenes. Siempre es de desear una informaciÛn objetiva sobre estas religiones para evitar que se extiendan juicios sin fundamento y prejuicios generalizados.

10. La propagaciÛn responsable de la fe o creencias deberÌa respetar la libertad de la persona a quien se dirige, de elegir o rechazar una religiÛn o una creencia sin coacciÛn fÌsica o psicolÛgica, no debiendo obligar a dicha persona a romper los lazos naturales con su familia, que es la cÈlula fundamental de la sociedad.

11. El empleo del poder polÌtico o econÛmico o la expansiÛn del mismo disfrazado de fe o creencia religiosa es algo inapropiado y que debe rechazarse.

12. La propagaciÛn responsable de la fe o creencia religiosa debe aceptar que se puede fortalecer la fe de las personas y los grupos a los que se dirige o bien llevarles a elegir libremente otra afiliaciÛn religiosa.

13. Teniendo en cuenta sus responsabilidades para con el bien com˙n de la sociedad, las comunidades religiosas, siempre que sea factible y en armonÌa con sus convicciones, deberÌan unir sus esfuerzos para fomentar la justicia y el bienestar, asÌ como la paz entre los pueblos y naciones.

14. Cuando surjan conflictos sobre la propagaciÛn de la religiÛn o creencia, las comunidades afectadas deberÌan considerar la posibilidad de iniciar un proceso de conciliaciÛn.

AsociaciÛn Internacional para la Libertad Religiosa

Madrid, enero de 2000

Las Navas del MarquÈs (£vila, EspaÒa)

CapÌtulo 2

El respeto por las culturas

Nuevo paradigma en la misiÛn adventista

Entre las nuevas directrices que reciben los misioneros adventistas que se preparan para su misiÛn en la actualidad se pone el mayor Ènfasis en ´el respeto por la culturaª. …sta no es solamente una nueva Ètica en la misiÛn adventista; se trata de un cambio de paradigma.

DE UN PARADIGMAAOTRO

Durante un siglo, la misiÛn adventista estuvo centrada en la Iglesia y orientada hacia su mensaje. Mediante la proclamaciÛn y el servicio, el culto y la construcciÛn de la comunidad, el Evangelio eterno era propagado por el mundo entero seg˙n los mismos modos, formas, sÌmbolos y estilos fundamentales que reproducÌan los modelos europeos y americanos de conversiones, iglesias, organizaciones e instituciones sin tener en cuenta las condiciones culturales que determinaban la vida y los modos de pensar de las personas. Cuando se compartÌa el Evangelio, que reconcilia al mundo con Dios y lo une en (nuevas) comunidades de fe, surgieron algunos conflictos entre nuestra cultura occidental, portadora del Evangelio, y los valores y estructuras tradicionales que las personas debÌan abandonar, cambiar o desplazar radicalmente. La misiÛn presuponÌa la desintegraciÛn de las culturas en las que penetraba.

1 Gottfried Oosterwal naciÛ en PaÌses Bajos, es etnÛlogo y misiÛlogo adventista. Fue director del Instituto para las Misiones Mundiales de la Iglesia Adventista.

Los misioneros respondÌan a las crÌticas de aquellos que los acusaban de destruir la cultura de los pueblos indicando todo el bien que habÌan llevado con el proceso de cambio social y cultural: se edificaban escuelas, dispensarios mÈdicos y hospitales; se desarrollaban nuevas formas de asistencia social y mÈdica; se ofrecÌan a la agricultura nuevos medios y mÈtodos m·s productivos; se introducÌan normas de vida m·s sanas; se proponÌan nuevas tecnologÌas y nuevos modelos m·s democr·ticos, y se ponÌa un nuevo acento en la conciencia y la responsabilidad individuales. Con estos cambios las misiones contribuÌan a la paz, al progreso y a la prosperidad. La verdadera conversiÛn, a largo plazo en la misiÛn, requiere siempre un cambio de cultura, no sÛlo en el ·mbito personal, sino tambiÈn en el ·mbito comunitario. Respetar la cultura ñen el sentido de dejarla sin cambios o permitirle amoldar sus propias formas de culto y de vida de iglesia, sin hablar del servicio mismo como vehÌculo del mensajeñ era considerado como algo impensable, un anatema. HabrÌa dificultado mucho el progreso del Evangelio y el crecimiento de la iglesia; habrÌa diluido el mensaje de la iglesia, a la vez que amenazarÌa la unidad de la iglesia mundial.

Un vistazo, aunque sea superficial, al mapa misionero nos lo confirmar·: las misiones prosperaron y las iglesias crecieron y se desarrollaron con fuerza allÌ donde las culturas tradicionales se transformaron radicalmente, allÌ donde los medios locales y los valores fueron reemplazados por modelos e instituciones euroamericanos.

Por el contrario: el mismo mapa muestra que en todos aquellos lugares donde las culturas permanecÌan intactas o experimentaban una renovaciÛn, o incluso un renacimiento, resultado del trabajo de las misiones occidentales, el cristianismo tiene una presencia casi nula, solo est· arraigado entre las minorÌas y las subculturas m·s pequeÒas. Esto es asÌ desde JapÛn y China hasta el mundo musulm·n, pasando por el budismo y el hinduismo en Asia.

Por consiguiente, ødeberÌamos continuar con el paradigma heredado de la misiÛn: orientado por el mensaje y la Iglesia? No, al contrario. Debemos ser m·s respetuosos con las culturas e interesarnos por el modo particular de pensar, de establecer relaciones y de comportarse de los pueblos. Ese es un excelente principio, basado en las Escrituras, que promete una nueva y r·pida progresiÛn del Evangelio eterno en el siglo XXI.

De hecho, una de las razones del escaso progreso misionero en las regiones con culturas vivas y resistentes es, precisamente, ese viejo paradigma misionero que insiste en el cambio radical y el desplazamiento cultural. Necesitamos un nuevo paradigma que aliente un

profundo respeto por la cultura y la utilice como vehÌculo y fuente de progreso para el Evangelio. Esto es aplicable, tambiÈn, a las culturas secularizadas de la Europa Occidental. Puesto que el proceso de secularizaciÛn es, en sÌ mismo, el signo del desarrollo de una nueva cultura, una nueva manera de pensar, de comportarse y de establecer vÌnculos, el Evangelio se debe dirigir a ella como si de una cultura extranjera se tratase. Al mismo tiempo, el principio de respeto por la cultura es un excelente acercamiento para la misiÛn en muchas regiones a˙n hoy sin alcanzar. No obstante, con el fin de determinar tanto las ventajas como las limitaciones y los inconvenientes, es preciso que se clarifique y se someta a una nueva comprensiÛn crÌtica por lo que a sentido y utilizaciÛn se refiere. Yeso empieza por el concepto de cultura.

ELCONCEPTO DE CULTURA

Aunque la misiÛn recibe su mandato de la fe que trasciende todas las culturas, siempre se da en una situaciÛn cultural determinada que condiciona sus formas y sus mÈtodos, asÌ como sus modos y sus organizaciones. AsÌ pues, debemos prestar una atenciÛn particular al modo en que entendemos la cultura y cÛmo se religa a la fe y la misiÛn. La cultura es aquello que distingue a los seres humanos del resto del mundo animado. Cuando Dios nos creÛ a su imagen, nos dio la condiciÛn de seres culturales: creadores de cultura y su producto. La cultura es lo que hace que seamos humanos: nuestra manera de pensar y comportarnos, de sentir y creer, y de comunicar y mantener relaciones con nuestro entorno cultural y social. Las distintas culturas del mundo son, de este modo, las m˙ltiples expresiones de nuestra humanidad que responde a la iniciativa divina (Gn 2,15). Son expresiÛn de la voluntad de Dios y forman parte de su creaciÛn. Dentro de los grandes espacios culturales del mundo existen varias subculturas en las que pequeÒos grupos de personas comparten las mismas formas de comportamiento, pensamiento, sÌmbolos, emociones, instituciones y organismos. Entre las distintas culturas ninguna puede pretender que es la cultura ideal y la mejor expresiÛn de la humanidad; ni siquiera la nuestra. Todas las culturas, sin embargo, tienen algo para compartir con las otras. Ytodas las culturas, a su vez, tienen tambiÈn necesidad de ser enriquecidas, cuestionadas y, si es preciso, corregidas por las dem·s; incluida la nuestra.

AquÌ es donde radica el respeto por las distintas culturas: en primer lugar, en tomar conciencia de que el propio modo de pensar,

de comportarse, de creer y de establecer relaciones no es el ˙nico ni el m·s perfecto de convertirse en un ser humano y de reflejar la imagen de Dios; en segundo lugar, en aceptar la posibilidad de aprender de los dem·s y utilizar los medios culturales de los otros pueblos como instrumentos y fuentes de progreso para el Evangelio, para la reflexiÛn teolÛgica y como los mejores mÈtodos de ministerio en un entorno cultural determinado.

Es cierto que las culturas son fenÛmenos complejos y multidimensionales, tienen distintos niveles y est·n constituidas por una diversidad de elementos. Algunos se refieren al aspecto material o tÈcnico de la vida; otros a las creencias, a las emociones, a los valores, a los postulados, a las relaciones y a la visiÛn del mundo. Entre estos distintos niveles existe una clara jerarquÌa de importancia, una jerarquÌa que, al igual que la cultura tomada en su globalidad, jam·s es est·tica. Siempre est· en un proceso de desarrollo y, por ende, de cambio, incluso en las sociedades m·s est·ticas y cerradas.

Otro aspecto crucial de la cultura ñadem·s del modo de vida y el comportamiento adquiridos por un grupo de personas, compartidos con otros, din·micos y en cambio constanteñ es su naturaleza integradora. Los distintos niveles y elementos de la cultura no est·n compartimentados. No son como granos de arena en la playa. Desde la economÌa hasta la tecnologÌa, desde los modelos de matrimonio hasta las estructuras familiares, desde los sistemas de creencias hasta los modelos de autoridad, todos y cada uno de los elementos de la cultura est·n engarzados en un todo integrado y funcionan como una parte de ese todo.

AsÌ, el cambio en un aspecto de la cultura, incluso en el ·mbito m·s superficial y menos importante, conlleva siempre el cambio en otros elementos y otros niveles. La introducciÛn de las hachas de acero en las culturas de la Edad de Piedra de Nueva Guinea llevÛ a cambios inesperados en las relaciones entre los sexos, en las estructuras familiares y en la vida social y econÛmica. La apertura de escuelas y dispensarios, la perforaciÛn de pozos o la introducciÛn de nuevos mÈtodos agrÌcolas ha implicado cambios imprevistos en las relaciones sociales, en los sistemas de autoridad, en los sÌmbolos de comunicaciÛn y en los sistemas de creencias. La introducciÛn de nuevos valores y sÌmbolos que resulta de la evangelizaciÛn misionera ha conducido a cambios radicales en el fundamento mismo de los presupuestos culturales, de los valores y de la visiÛn del mundo; en el modo en que las personas ven el pasado, el presente y el futuro, y cÛmo perciben la realidad y establecen una relaciÛn con el tiempo, el espacio y el trabajo.

Las reacciones, a menudo involuntarias, de las personas, ante esos cambios van desde los intentos conscientes de fortalecer y reanimar su cultura ancestral y la resistencia al cambio hasta el rechazo de sus propias tradiciones y la aceptaciÛn de la nueva cultura, pasando por la asimilaciÛn y un largo abanico de opciones: nativismo, revivalismo, sincretismoÖ

El respeto por la cultura exige, siempre, que la misiÛn sea holÌstica, global. No puede limitarse a una simple proclamaciÛn o al desarrollo de una medicina asistencial. Siempre debe integrar la totalidad de la vida, los pensamientos, las acciones y las creencias de los pueblos. Sin embargo, el respeto por la cultura exige a todos aquellos que est·n comprometidos en la misiÛn y el desarrollo que comprendan minuciosamente la cultura como un todo y la consideren una competencia para inculturar el Evangelio en todas las situaciones humanas. Las personas tienen el derecho de escuchar el Evangelio seg˙n su propio esquema de pensamiento, con la concurrencia de sus propios sÌmbolos de comunicaciÛn, y vivir su impacto y sus promesas en el marco de su cultura como un todo integrado. Es cierto que el Evangelio trasciende todas las culturas. Pero para convertirse en una parte de la experiencia y de la comprensiÛn cotidiana de las personas, debe llegar a ser la expresiÛn del modo de cultura que les es propio. La doctrina bÌblica de la encarnaciÛn no nos deja otra elecciÛn. AsÌ como Cristo fue uno con la cultura del pueblo judÌo de su tiempo, asÌ como el apÛstol Pablo aspirÛ a ser uno con los pueblos y las culturas de su tiempo (1 Cor 9,19-23; Ga 1,2), asÌ debemos ser nosotros uno con las personas a las que servimos y hacer que el Evangelio viva en el marco particular de su cultura. Es evidente que todo ello no se puede cumplir m·s que bajo la direcciÛn del EspÌritu Santo y con la cooperaciÛn de las personas (los creyentes) de dicha cultura.

ELPARADIGMADEL RESPETO POR LACULTURA

Por m·s que en el pensamiento y en la estrategia de la misiÛn el concepto de respeto por la cultura sea reciente, tiene una larga historia de antecedentes, desde la iglesia primitiva hasta los siglos XIX y XX Lo que impedÌa que esta visiÛn de la misiÛn propugnada por unos pocos fuese m·s com˙n en el pensamiento y la pr·ctica misioneros no era sÛlo la ignorancia de las culturas de los otros pueblos y el modo en que conformaban sus valores, sus actitudes y sus modos de comunicaciÛn. Tampoco era el sentimiento de superioridad de la cul-

tura occidental en su condiciÛn de herencia social de los misioneros. La razÛn principal era y sigue siendo de orden teolÛgico. La revelaciÛn de Dios era vista ˙nicamente en tÈrminos exclusivistas. Adem·s, entonces no se hacÌa ninguna distinciÛn clara entre el significado de la verdad y sus formulaciones, entre ´el mensaje de Dios para este tiempoª y los ´envoltoriosª culturales euroamericanos. Las culturas de los otros pueblos eran ´paganasª, su estado de ´cegueraª era el resultado de la rebeliÛn y del pecado, y el signo de la depravaciÛn de la cultura humana. Algunos admitÌan que, en algunas culturas, habÌa a˙n algunos ´destellosª de bondad y verdad que podÌan servir de ´puntos de contacto con los que identificarseªo ´puentes de comunicaciÛn del Evangelioª. Sin embargo, siguiendo el m·s puro darwinismo social, las otras culturas eran vistas fundamentalmente no sÛlo como inferiores (salvajes, b·rbaras) sino como impregnadas por el pecado, el mal y las fuerzas demonÌacas. Por lo que a la cultura occidental se refiere, era vista como superior y se consideraba el instrumento escogido por Dios para vehicular la verdad; por lo tanto, era supracultural y universalmente v·lida. No habÌa surgido pr·cticamente ning˙n pensamiento teolÛgico, si es que llegÛ a aparecer alguno, que demostrase que esta cultura tambiÈn est· impregnada por el pecado, el mal y las fuerzas demonÌacas y, por ello, se ve sometida al mismo juicio divino que las dem·s. Adiferencia de las otras, la cultura occidental era considerada implÌcitamente como cristiana. Sus formas, sus instituciones, sus valores y sus sÌmbolos, que habÌan modelado tanto las formulaciones teolÛgicas como la vida de la iglesia, las formas de culto y las organizaciones, se convirtieron en una parte del cuerpo de la verdad adventista destinada a ser compartida universalmente.

El respeto por la cultura ñconocido como acomodaciÛn, indigenismo, adaptaciÛn o contextualizaciÛnñ era entendido, fundamentalmente, como una concesiÛn por parte de la iglesia occidental hacia los conversos de Asia y £frica, que les permitÌa utilizar ciertos elementos de su cultura para expresar su fe reciÈn adquirida. Pero esos elementos debÌan carecer de valor religioso o ´connotaciÛn paganaª. Mientras esta visiÛn teolÛgica no cambie, la misiÛn no podr· desarrollar el respeto por la cultura, nociÛn que est· arraigada en las nuevas directrices para los misioneros.

Para que se produjera este cambio en la comprensiÛn teolÛgica han intervenido varios factores: la apariciÛn y el crecimiento de la iglesia en los campos de misiÛn tradicionales y el relativo declive de la iglesia en los paÌses occidentales ñen el adventismo actual, la proporciÛn se cifra alrededor de diez a unoñ; el incremento del nacionalismo cul-

tural en varios paÌses y la nociÛn ñaceptada en la actualidad, de modo generalñ del pluralismo cultural; la madurez de las llamadas iglesias de misiÛn y el paulatino acceso a la direcciÛn eclesi·stica de los miembros autÛctonos de £frica, Asia y LatinoamÈrica en sustituciÛn de los dirigentes occidentales; la nueva visiÛn de que la verdad revelada est· condicionada culturalmente desde los tiempos bÌblicos hasta nuestros dÌas y la nueva insistencia ñigualmente teolÛgicañ sobre las iglesias locales y el papel de los laicos en la misiÛn y la evangelizaciÛn. Todos estos factores han allanado el camino a lo que se conoce como el principio misionero de inculturaciÛn, el nuevo paradigma de la misiÛn, que requiere una traducciÛn del Evangelio eterno en los tÈrminos, modos y formas propios de las culturas. El informe Willowbank2 era un gran paso en esa direcciÛn, porque optaba por ´la equivalencia din·micaª en el modelo de inculturaciÛn. Pero, sea cual sea el modelo ñhay muchosñ, el paradigma de inculturaciÛn de la misiÛn est· caracterizado por una nueva insistencia en escuchar al EspÌritu Santo en el contexto de las iglesias locales y regionales, por el Ènfasis en una nueva cooperaciÛn entre los teÛlogos y los laicos, por la comprensiÛn profunda y completa de la cultura y por el redescubrimiento de la doctrina bÌblica de la encarnaciÛn como fundamento de toda misiÛn. Esta dimensiÛn del Evangelio, de la verdad de Dios hecha presente, viva y activa, incorporada, encarnada en un pueblo y su cultura, es un modelo muy distinto al que estuvo en boga durante siglos en la misiÛn. En este paradigma la iglesia no busca sÛlo extenderse, sino al mismo tiempo ´renacerª constantemente en todos y cada uno de los contextos culturales, incluyendo en ellos tambiÈn las secularizadas culturas occidentales.

La inculturaciÛn sugiere, entonces, un doble movimiento: por un lado, la inculturaciÛn del Evangelio eterno en la nueva cultura local o cambiante; por otro, la cristianizaciÛn de esa cultura en su conjunto. Por un lado, el Evangelio ofrece a la cultura el conocimiento de las promesas de Cristo y, por otro, ayuda a las personas para que, a partir de su tradiciÛn de vida, produzcan los frutos del Evangelio seg˙n nuevos esquemas de pensamiento, comportamiento y relaciones. AquÌ es aplicable la met·fora bÌblica de la semilla plantada para producir fruto seg˙n la naturaleza y la condiciÛn del suelo.

2 The Willowbank Report : Report of a Consultation on Gospel and Culture held at Willowbank, Somerset Bridge, Bermuda, From 6th to 13th January 1978 / Sponsored by the Lausanne Theology and Education Group. Wheaton (Illinois): Lausanne Committee for World Evangelization, 1978.

LIMITACIONES DELNUEVO PARADIGMA

Apesar de que el Evangelio pueda ser inculturado en cualquier situaciÛn humana, es imperativo que tambiÈn nos acordemos que trasciende todas las culturas. No est· circunscrito por ninguna cultura humana. La verdad y sus expresiones culturales jam·s son plenamente equivalentes. Esto es asÌ en las culturas de Europa y Occidente como en las de £frica, Asia y AmÈrica Latina. Durante demasiado tiempo, el trabajo de misiÛn ha estado identificado con la occidentalizaciÛn, lo que hacÌa que el Evangelio se mostrase in˙til y extraÒo, para las otras culturas, en especial las asi·ticas. Amenudo, la palabra ´conversoª o ´cristianoª en las lenguas y culturas asi·ticas es ´extranjeroª u ´occidentalª (kala, massuk Belanda, etc.). No obstante, en sentido estricto el Evangelio es extranjero a todas las culturas y, por lo tanto, el proceso de inculturaciÛn debe llevar a la transformaciÛn de la cultura, incluida la nuestra. Entonces, el objetivo de la misiÛn no es ´trasplantarª las iglesias, las organizaciones y las formulaciones de Occidente a Oriente y de Norte a Sur, sino la siembra de semillas y la estimulaciÛn de su crecimiento y floraciÛn en el nuevo campo. Pero es cierto que esta semilla siempre est· envuelta por la cultura de quien la siembra. El Evangelio jam·s penetra en una cultura de forma pura. La fe ya inculturada insistir· en algunas caracterÌsticas del mensaje y silenciar· otras. Para que tenga lugar la inculturaciÛn, quien evangelice deber· dejar que la Palabra y el EspÌritu Santo hablen a las personas desde el interior de su cultura y aprender con ellas a separar el grano de la paja, a distinguir quÈ es esencia y quÈ envoltorio cultural.

En un lapso de tiempo tan corto no se pueden dar respuestas totalmente satisfactorias a las preguntas suscitadas por este acercamiento. Existen distintos modelos para este paradigma misionero que responden de modo distinto a esas cuestiones que, a su vez, plantean otras nuevas. Adem·s, han surgido debates internos sobre lo que realmente es, teolÛgica y pr·cticamente, el corazÛn mismo del ´Evangelio eternoª.

Un aspecto que a menudo es pasado por alto en el proceso de inculturaciÛn es el hecho de que la fe siempre necesita situarse por encima de y frente a la cultura en la que echa raÌces. Las situaciones m·s evidentes son aquellas en las que la cultura sanciona las injusticias m·s flagrantes (derechos de la mujer, de las minorÌas, de los inmigrantes, etc.). En este caso, la fe debe tomar una posiciÛn profÈtica y hablar alto y claro contra la injusticia. O bien, allÌ donde ciertas pr·cticas sociales y morales son nocivas para las personas y la

sociedad, a la luz de la revelaciÛn divina ñy no sÛlo desde otro punto de vista culturalñ. La fe debe asumir entonces un papel m·s autÛnomo en el proceso de inculturaciÛn.

AsÌ pues, el respeto por la cultura puede apelar a una mayor identificaciÛn con las pr·cticas y las creencias culturales en ciertos casos y, en otros, a una crÌtica autÛnoma de la cultura. Es preciso, no obstante, entender que ninguna crÌtica de la cultura podr· ser eficaz sin una identificaciÛn previa con ella. Sin esto, la voz del Evangelio es sentida por las culturas como un simple sonido extraÒo, sin vÌnculo con la realidad. Los fracasos de varias misiones en el pasado provienen de esta incapacidad para identificarse en primer lugar, como asÌ ha sido en el caso de Asia.

Por otra parte, la identificaciÛn con la cultura sin espÌritu crÌtico es una identificaciÛn vacÌa. En ˙ltima instancia, el Evangelio pone de relieve la metanoia: conversiÛn y cambio. No desear que una cultura crezca y cambie significa que no se le tiene aprecio. El cambio pertenece a la esencia misma de todas las culturas. Los compromisos m·s profundos de la iglesia parecen apelar, a la vez, a una profunda identificaciÛn, modelada por la encarnaciÛn de Cristo, y a una transformaciÛn, modelada por su vida y sus enseÒanzas.

CONCLUSI”N

El Evangelio pone de relieve la metanoia: conversiÛn y cambio. En consecuencia, si el Evangelio penetra en una cultura nueva o en proceso de cambio y nada cambia en las personas o en la sociedad, no ha tenido lugar ninguna inculturaciÛn.

En segundo lugar, una cultura no puede homogeneizar el Evangelio; dicho de otro modo, la cultura no puede estar autorizada para determinar quÈ partes del Evangelio silenciar· (involuntariamente). Las culturas deben conocer todo el Evangelio y no quedarse sÛlo con la parte que les resulta m·s cÛmoda. Esto se desprende del principio seg˙n el cual el Evangelio trasciende todas las culturas y no puede ser domesticado por ninguna de ellas, incluida la nuestra.

En tercer lugar, el paradigma de la inculturaciÛn conlleva un riesgo, pero un riesgo necesario. Sin este riesgo la fe no puede arraigar. Con este riesgo, en cambio, se desarrollan nuevas perspectivas en relaciÛn con el Evangelio y sus significados, para nosotros, hoy y en nuestra situaciÛn. Es un proceso continuo. No hay theologia perennis (teologÌa eterna). SÛlo es eterno el Evangelio. Las teologÌas siempre

est·n en proceso de perfeccionamiento, incultur·ndose en circunstancias culturales y condiciones humanas nuevas y siempre cambiantes. Esta perspectiva tiene consecuencias importantes: todas las teologÌas, ya vengan del pasado o del presente, de Occidente o de Oriente, del Norte o del Sur, se necesitan unas a otras. Se influyen, se enriquecen y se corrigen mutuamente. Las viejas dicotomÌas ñpasado y presente, histÛrico y contempor·neo, blanco y negro, europeo y asi·ticoñ se trascienden de este modo por lo que se llama la interculturaciÛn.

La interculturaciÛn impedir· igualmente que el proceso de inculturaciÛn sea orientado de modo demasiado local o regional. DespuÈs de todo, hay una iglesia y un mensaje universales que trascienden todas las culturas. Los adventistas pertenecientes a Èpocas y culturas distintas tomar·n conciencia de su posiciÛn particular. Pero, al mismo tiempo, descubrir·n un Evangelio ˙nico y eterno en la diversidad de las culturas.

PARAPROFUNDIZAR

øCu·l serÌa la naturaleza de la unidad de la iglesia a la luz del nuevo acercamiento multicultural de la misiÛn y el crecimiento de la iglesia? PiÈnsese en las formas de culto, los modos de comunicaciÛn del Evangelio y en las reflexiones teolÛgicas sobre las verdades reveladas.

øCÛmo cambiarÌa el nuevo paradigma de la misiÛn la evangelizaciÛn adventista en las culturas vitÌvinicolas de EspaÒa o Chile? øLa llegarÌa a cambiar?

øCÛmo modelarÌa el nuevo paradigma de la misiÛn el acercamiento adventista a las personas con otras creencias, especialmente en Asia, donde la iglesia tiene escasa o nula presencia?

øCu·les son algunos de los criterios mediante los que se deberÌan juzgar las pr·cticas sociales como aceptables, temporalmente aceptables, inaceptables, ˙tiles como medio o susceptibles de cristianizaciÛn o cambio?

øCu·l podrÌa ser la contribuciÛn del nuevo paradigma para resolver las viejas, y menos viejas, divisiones en la iglesia? PiÈnsese en los debates sobre el ·rbol de Navidad, el uso de la alianza en los matrimonios, la familia, el matrimonio; en la instituciÛn de la dote y la poligamia, el lenguaje en £frica meridional, las estructuras administrativas y la diversidad cultural, etcÈtera; en la m˙sica y las formas de culto, los temas del sermÛn y la escuela sab·tica, y tantas otras cosas.

BIBLIOGRAFÕA

ARBUCKLE, G. A. Earthing the Gospel: An Inculturation Handbook for the Pastoral Worker. Maryknoll (Nueva York): Orbis, 1990.

BOSCH, D. J. Transforming Mission: Paradigm Shifts in Theology of Mission. Maryknoll (Nueva York): Orbis, 1991.

ELMER, D. Cross-Cultural Conflict: Building Relationships for Effective Ministry Downers Grove (Illinois): IVP, 1993.

GREINACHER, N. y METTE,N. (eds.). Christianity and Cultures. Maryknoll (Nueva York): Orbis, 1994.

HIEBERT,P. G. y HIEBERTMeneses E. Incamational Ministry. Grand Rapids (MÌchigan): Baker, 1995.

HUNSBERGER, G. R. y VAN GELDER, C. (eds.). Church Between Gospel and Culture. Grand Rapids (MÌchigan): Eerdmans, 1996.

INCH, M. A. Doing Theology Across Cultures. Grand Rapids (MÌchigan): Baker, 1982.

SHORTER,A. Toward a Theology of Inculturation. Maryknoll (Nueva York): Orbis, 1994.

STOTT, J., y COOTE, R. T. (eds.). Gospel and Culture. Wheaton (Illinois): LCWE, 1979.

WESSELS,A. Images of Jesus : How Jesus is Perceived and Portrayed in Non-European Cultures. Grand Rapids (MÌchigan): Eerdmans, 1996. The Willowbank Report: Report of a Consultation on Gospel and Culture held at Willowbank, Somerset Bridge, Bermuda, From 6th to 13th January 1978 / Sponsored by the Lausanne Theology and Education Group. Wheaton (Illinois): Lausanne Committee for World Evangelization, 1978.

CapÌtulo 3

°Ay de mÌ,si no anunciara el Evangelio!

1 Corintios 9,15-18

John Graz1

øEs posible decir hoy: ´°Ay de mÌ, si no anunciara el Evangelio!ª, sin ser tenido por fan·tico, sin evocar un imperialismo desfasado y sin alentar el proselitismo?

LARESPUESTADELAP”STOLPABLO

Dos mil aÒos de historia nos separan del apÛstol Pablo. Dos mil aÒos durante los cuales el cristianismo se ha impuesto a veces por la fuerza de las armas, con el terror de la InquisiciÛn, a travÈs de la colonizaciÛn de los pueblos y con la fuerza del dinero. El cristianismo se ha expandido a veces con desprecio a las culturas, las tradiciones y las religiones. Los gobiernos lo han utilizado como ideologÌa de Estado. Cuando hoy se habla de evangelizaciÛn y misiÛn se evoca lo mejor y lo peor de la experiencia humana.

Pablo no tiene ese problema. Es un hombre de Dios, un discÌpulo de Cristo, un profeta, un exiliado de paso hacia el reino de los cielos. Su misiÛn es anunciar la salvaciÛn para todos. Es actor en una historia extraordinaria que acaba de comenzar.

øPor quÈ es tan expeditivo?

En su tiempo, algunos cristianos se preguntan sus verdaderos motivos. øPor quÈ tanto entusiasmo, tantos viajes, tantas energÌas gastadas en 27

1 John Graz es pastor adventista y ha ejercido su ministerio en Francia y Suiza. En la actualidad es Secretario General de la AsociaciÛn Internacional para la Libertad Religiosa, con sede en Washington (Estados Unidos).

compartir su fe? øQuÈ se esconde detr·s de un compromiso asÌ?

øDinero? øAnsia de poder? øCu·les son sus planes, sus objetivos?

Siempre resulta difÌcil entender que alguien escoja abandonarlo todo por una causa. En especial si se trata de individuos excepcionales, que tienen un futuro en la sociedad. Las especulaciones no se hacen esperar.

Pablo responde sin dudar: ´Sin embargo, al anunciar el Evangelio, no tengo de quÈ gloriarme, porque me es impuesta necesidad. °Ay de mÌ, si no anunciara el Evangelio!ª (1 Cor 9,16).

Los motivos de Pablo

Me gustarÌa subrayar seis razones que justifican la declaraciÛn de Pablo.

Fue llamado

El apÛstol se presenta a los cristianos de Roma de este modo: ´Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apÛstol, apartado para el Evangelio de Diosª (Ro 1,1). Estas son su misiÛn y su identidad: llamado, ´apartadoª para el Evangelio. Afortunados aquellos que pueden enunciar en pocas palabras su identidad, su funciÛn y su misiÛn.

Reconoce el origen divino del Evangelio

El apÛstol escribe a los cristianos de Galacia: ´Os hago saber, hermanos, que el Evangelio que ha sido anunciado por mÌ, no es de hombres; pues ni lo recibÌ, ni lo aprendÌ de ning˙n hombre, sino por revelaciÛn de Jesucristoª (Ga 1,11-12). La buena nueva que predica sobrepasa las barreras culturales porque viene de Dios.

Para Èl el Evangelio es poder de salvaciÛn

Un poder que ha visto actuar en su propia vida. YasÌ lo dice: ´perseguÌa sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba.ª (Ga 1,13). Pero el Evangelio ´es poder de Dios para salvaciÛn a todo el que creeª (Ro 1,16). Pablo experimentÛ ese poder que hizo de Èl un apÛstol. El perseguidor se transformÛ en discÌpulo.

SufriÛ por el Evangelio

A los cristianos de Corinto les escribe: ´Tres veces fui azotado con varas. Una vez apedreado. Tres veces naufraguÈ. Una noche y un

dÌa pasÈ a la deriva en alta marª (2 Cor 11,25). Yfinalmente fue decapitado por fidelidad al Evangelio.

Sabe que el Evangelio es Cristo

Cristo es omnipresente en la vida del apÛstol. Le detiene en su camino hacia Damasco y le confÌa su misiÛn. Le acompaÒa, le protege y le da aliento. Anda con Èl por los caminos y las ciudades. Est· a su lado en la c·rcel.

Por eso puede exclamar: ´Porque para mÌ, el vivir es Cristoª (Flp 1,21). Puede definir su motivo principal en pocas palabras: ´Porque el amor de Cristo nos apremiaª (2 Cor 5,14). Ya que Cristo es el centro de su vida, acepta que otros prediquen tambiÈn la buena nueva.

No tiene la exclusividad del Evangelio

El Evangelio es mayor que el evangelista. Quien ha recibido la misiÛn de predicar es servidor y no agente exclusivo. No es el propietario de la buena nueva, sino su portador.

Cuando al apÛstol le indican que otros anuncian el Evangelio con motivos discutibles, Èste responde: ´Pero, øquÈ importa? Lo importante es que, por pretexto o por verdad, Cristo sea anunciado.ª YaÒade: ´Yesto me alegra y me seguir· alegrandoª (Flp 1,18).

No creamos ser los ˙nicos llamados a cumplir la misiÛn o los ˙nicos elegidos. En 1927, la AsociaciÛn General de la Iglesia Adventista publicÛ la siguiente declaraciÛn: ´Reconocemos las organizaciones que elevan a Cristo ante los hombres como parte integrante del plan divino para la evangelizaciÛn del mundo, y tenemos en gran estima a aquellos cristianos, hombres y mujeres, en otras comuniones que est·n comprometidos en la tarea de ganar almas para Cristo.ª 2

Anunciar el Evangelio es la misiÛn de todos los discÌpulos. °Ay de nosotros, si no cumplimos con esta misiÛn! Pero, entonces, øquÈ diremos del proselitismo?

ELPROSELITISMO NO ES LAMISI”N

øDÛnde se encuentra la frontera entre misiÛn y proselitismo?

2 Statements, Guidelines & Other Documents . General Conference, 1996, p. 118119.

øMisiÛn o proselitismo?

Reconozco que si se quiere ser objetivo la distinciÛn no es demasiado evidente. La palabra ´proselitismoª se ha usado, a menudo, como el tÈrmino ´sectaª, para descalificar a un adversario. Raras son las ocasiones en las que se ha empleado objetivamente. Dicho de otro modo, se va m·s all· del diccionario, que define ´proselitismoª: como la acciÛn de ganar a alguien para una opiniÛn, una doctrina o una iglesia.

En realidad, todos nos esforzamos en promover nuestra propia definiciÛn de acuerdo con nuestra propia sensibilidad. Por ejemplo, para los defensores de los derechos humanos, el proselitismo no es un problema en sÌ mismo. Lo que sÌ es un problema es, m·s bien, el mÈtodo utilizado para transmitir las creencias. Por eso se puede hablar de proselitismo ´impropio o inapropiadoª.3

Para la Iglesia CatÛlica, la concepciÛn del proselitismo es sensiblemente distinta. MonseÒor Roland Minnerath escribe: ´En la literatura catÛlica, hacer ìproselitismoî es un concepto que se ha convertido en sinÛnimo de mÈtodo injusto y moralmente inaceptable para propagar la fe cristiana.ª4 El profesor JosÈ Camilo Cardoso informa de un encuentro entre el pastor Fanini y Denton Lotz, presidente y secretario general de la Alianza Bautista Mundial respectivamente, con el papa Juan Pablo II en Argentina, hace ya algunos aÒos. Juan Pablo II habÌa pedido a los bautistas que excluyeran AmÈrica Latina de sus esfuerzos de evangelizaciÛn porque es un continente catÛlico. Fanini respondiÛ que, de hecho, en AmÈrica Latina hay un gran n˙mero de no creyentes y que tienen necesidad de escuchar el mensaje de Jesucristo.5 Si para los catÛlicos el mÈtodo y el objetivo marcan la diferencia entre proselitismo y evangelizaciÛn, tampoco se olvida del todo la nociÛn de territorio protegido. Para los ortodoxos el territorio es el punto primordial. Si un cristiano no ortodoxo predica el Evangelio en un paÌs ortodoxo, sin la autorizaciÛn de las autoridades, est· haciendo proselitismo. øPor quÈ? Porque el territorio es canÛnico. Resumiendo: eso significa que Rusia y el pueblo ruso han sido confiados por Dios a la Iglesia Ortodoxa ru-

3 HARO SABATER, JosÈ MarÌa. ´Constitutions and Proselytismª. En: Fides et Libertas, 2000, p. 24.

4 MINNERATH, Roland. ´An Ethical/Catholic Perspective of Proselytismª. En: Fides et Libertas, 2000, p. 43.

5 CARDOSO, JosÈ Camilo. ´Latin American Perspectives on Religious Liberty: Pluralism and Proselytismª. En: Fides et Libertas, 2000, p. 60.

sa. Ylo mismo ocurre en Rumania, Grecia, Serbia, Ucrania, etc. Protestantes y catÛlicos son acusados a menudo de hacer proselitismo en territorio ortodoxo. Cuando en febrero de 2002 el Vaticano tomÛ la decisiÛn de crear cuatro diÛcesis en Rusia, la Iglesia Ortodoxa volviÛ a acusar a Roma de invasiÛn y proselitismo.6 El cardenal Kasper respondiÛ: ´La Iglesia CatÛlica no quiere hacer proselitismo en Rusia.ª7

Para la mayorÌa de las otras grandes religiones, cualquier acciÛn que conduzca a la conversiÛn es proselitismo. Me gusta la opiniÛn del profesor Cardoso cuando escribe: ´Si una gran organizaciÛn comparte su fe, a eso se le llama ìevangelizaciÛnî o ìactividades misionerasî. Pero si eso mismo es llevado a cabo por un pequeÒo grupo, entonces se le acusa a menudo de ìproselitismoî.ª8

M·s all· de las palabras

Para mÌ hay mÈtodos de propagaciÛn de la fe que reniegan de los valores mismos del Evangelio. Son los mÈtodos que se interesan principalmente por los resultados, por los n˙meros. Cuando se deslumbra a las personas con ventajas materiales concedidas a los nuevos conversos; cuando se abusa de la confianza de las personas; cuando se recurre a la mentira para descalificar al adversario; cuando se recurre a la fuerza del Estado para impedir o forzar las conversiones; entonces, se est· en el error. Todo aquello que conduce al menosprecio de las otras culturas y religiones, todo lo que niega a la persona humana el derecho de elecciÛn es contrario al Evangelio. El individuo, criatura de Dios, no es propiedad de una organizaciÛn, ni siquiera de una iglesia, sino que tiene el derecho de seguir sus propias creencias en el respeto por la libertad ajena.

Un adventista tiene el derecho de convertirse a otra religiÛn. No olvidemos que hay conversiones en todas las religiones. Cito un comunicado de prensa del 20 de octubre de 2001: ´Seg˙n diversas fuentes, casi 500 pastores reformados se han unido recientemente a la Iglesia CatÛlica y durante el aÒo 171.000 adultos han entrado en la Iglesia romana en los Estados Unidos, mientras que en Francia 9.000 adultos se preparan para el bautismo. [Ö] 293 sacerdotes y 9 obispos han abandonado tambiÈn la comuniÛn anglicana.ª9

6 Keston News Service, 25 febrero 2002.

7 APD, 20 febrero 2002.

8 CARDOSO, JosÈ Camilo. Op. cit., p. 61.

9 Infocatho, 20 octubre 2001; APD, 23 octubre 2001.

Si se prohÌben las conversiones porque pueden traer cambios en el mapa religioso, øno deberÌamos, del mismo modo, prohibir la inmigraciÛn, los matrimonios interreligiosos y todo aquello que aleje a los creyentes de sus comunidades? SerÌa un grave atentado contra la libertad; todo el mundo est· de acuerdo.

øES TODAVÕANECESARIALAMISI”N?

Muchos de nuestros contempor·neos responder·n sin dudar que no. Comparten la idea de Gandhi cuando decÌa: ´Las religiones son como caminos convergentes hacia un mismo punto. No importa si tomamos itinerarios distintos si llegamos al mismo fin.ª

Durante siglos el cristianismo ha moldeado la cultura occidental. Este no es el caso de nuestro tiempo. Amenudo el cristianismo desempeÒa el papel de chivo expiatorio. Es culpable de todos los males. En este contexto, la imagen que de la misiÛn nos devuelve la sociedad es negativa. MisiÛn, evangelizaciÛn, proselitismo, todo se mete en el mismo cajÛn de sastre y se considera como una agresiÛn y un imperialismo disfrazado.

Los efectos del posmodernismo

La profesora Sharon Linzey escribe: ´Quienes se toman en serio la orden de Cristo son acusados de ìetnocentrismoî y ìsectarismoî no sÛlo por antropÛlogos y sociÛlogos, sino, lo que es peor a˙n, por la gente de la calle. Hoy no est· bien visto ìimponerî la propia religiÛn a los dem·s.ª10 El resultado es que muchos cristianos ya no saben a ciencia cierta si la evangelizaciÛn sigue formando parte de su misiÛn. ´Durante el siglo XX, la poblaciÛn global del Islam ha pasado del 12,3% en 1900 al 21%. Sin embargo, solo el 6% de los misioneros cristianos trabajan entre los musulmanes.ª11

La indiferencia de la sociedad hace que el cristiano europeo se interese poco por sus hermanos y hermanas perseguidos en India, Turkmenist·n, Sud·n, Indonesia, Arabia SaudÌ... Pierde la visiÛn de comunidad universal. Cuando estaba en Indonesia me contaron la historia de un pastor adventista que fue secuestrado por extremistas. Lo torturaron y arrojaron su cuerpo a la calle, delante de su iglesia.

10 LINZEY, Sharon. ´Multiculturalism and Missionsª. En: Fides et Libertas, 2000, p. 25. 11 Christianity Today, 4 febrero 2002, p. 26.

øDe cu·ntos asesinatos y violaciones cometidos bajo el paraguas de la religiÛn son vÌctimas los cristianos? Sin embargo, los medios de comunicaciÛn de masas, incluidos los nuestros, informan de muy pocos.

De este modo se llega a situaciones contradictorias. Por ejemplo, algunos paÌses musulmanes, budistas u otros practican la intolerancia religiosa y, al mismo tiempo, envÌan misioneros a Occidente, sin que nadie se escandalice. El Dalai Lama se opone a la presencia de misioneros cristianos en Asia. Todo el mundo en Occidente lo aplaude y nadie se da cuenta del hecho de que el Dalai Lama es el mayor misionero budista en Europa y AmÈrica. Arabia SaudÌ construye mezquitas por todas partes, pero prohÌbe construir un solo lugar de culto para no musulmanes en su territorio. °Menuda contradicciÛn! Y, sin embargo, pocos defensores de los derechos humanos la destacan.

LAMISI”N YLAEVANGELIZACI”N

El apÛstol Pablo, hace dos mil aÒos escribÌa: ´°Ay de mÌ si no anuncio el Evangelio!ª (1 Cor 9,16). øDebemos llevar todavÌa el Evangelio, aun a riesgo de ser mal entendidos y ser tomados por sectarios? Roland Minnerath responde: ´Tenemos el deber de anunciaros a Cristo y su salvaciÛn. Sois libres de seguirle o no.ª øPor quÈ tenemos ese deber? Porque para nosotros la autoridad en esta materia no es la sociedad; la autoridad no es el Estado; la autoridad es Cristo. YCristo resucitado nos da esta orden: ´Por tanto, id y haced discÌpulos a todas las naciones, bautiz·ndoles en el nombre del Padre, del Hijo y del EspÌritu Santoª (Mt 28,19).

La misiÛn viene del corazÛn de Dios y es la expresiÛn de su amor por los pueblos. Dios, que enviÛ a los profetas, y tras ellos a su Hijo y los apÛstoles, envÌa ahora a la iglesia y para guiarla envÌa al EspÌritu Santo. ´Porque de tal manera amÛ Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigÈnito, para que todo aquel que en Èl cree no se pierda, mas tenga vida eternaª (Jn 3,16). Ellen G. White escribe: ´Atodos los que reciben la vida de Cristo se les ordena trabajar por la salvaciÛn de sus semejantes. La iglesia fue establecida para esta obra, y todos los que toman sus votos sagrados se comprometen por ello a colaborar con Cristo.ª12

12 WHITE, Ellen G. El deseado de todas las gentes. Mountain View (California): Pacific Press Publishing Association, 1955, p. 761.

El centro de nuestra misiÛn es el anuncio de la salvaciÛn mediante la predicaciÛn, el servicio y las obras sociales, siempre que se ajuste a los valores del Evangelio. El discÌpulo de Cristo est· motivado por el amor y el amor le empuja a compartir la buena nueva de la salvaciÛn. Estamos llamados a cumplir nuestra misiÛn. Tenemos que hacerlo, respetando las culturas y la libertad individual, sin abusos de poder.

CONCLUSI”N

Cuando considero los problemas de nuestro mundo: la guerra, la violencia, la injusticia, la pobreza, etc.; cuando me doy cuenta de que a˙n hoy hay 250 millones de esclavos y una gran parte de ellos son niÒos; cuando leo que en £frica hay 12 millones de huÈrfanos a causa del sida y 25 millones de seropositivos; cuando pienso en todas las vÌctimas inocentes de los conflictos armados o del fanatismo religioso, y en todos aquellos que han pedido la esperanza, quiero decir con el apÛstol: ´°Ay de mÌ si no anuncio el Evangelio!ª. Cuando tengo en consideraciÛn el poder de transformaciÛn que opera el Evangelio en la vida de los individuos y las sociedades: alcohÛlicos, drogadictos, prostitutas que recobran la libertad y la dignidadÖ Entiendo al apÛstol Pablo cuando escribe: ´°Ay de mÌ si no anuncio el Evangelio!ª.

Hoy como ayer el Evangelio marca la diferencia. En los primeros siglos de la iglesia cristiana, los padres apologistas hablaban a menudo de los cambios provocados por el Evangelio en la vida de los conversos. Justino escribe: ´Am·bamos por encima de todo el dinero y el beneficio de nuestros bienes, ahora, aun lo que tenemos lo ponemos en com˙n, y de ello damos parte a todo el que est· necesitado; los que nos odi·bamos y mat·bamos, y no compartÌamos el hogar con nadie de otra raza que la nuestra, por la diferencia de costumbres, ahora, despuÈs de la apariciÛn de Cristo, vivimos juntos y rogamos por nuestros enemigos.ª13

Hoy el poder del Evangelio sigue obrando. Poco antes de regresar con su Padre, Jes˙s prometiÛ a sus discÌpulos que regresarÌa.

Les dio una misiÛn: ´Me serÈis testigos en JerusalÈn, en toda Judea, en Samaria y hasta lo ˙ltimo de la tierraª (He 1,8). Esa misiÛn sigue

13 JUSTINO. ApologÌas (I, 14).

estando de actualidad y lo estar· hasta su regreso. No es negociable. Puede suceder que, a veces, la misiÛn se desnaturalice. Ese es un peligro que no deberÌamos subestimar. No estamos seguros de estar a salvo.

´°Ay de mÌ si no anuncio el Evangelio!ª El Evangelio es la buena nueva, la luz que brilla en las tinieblas. Es el anuncio de un reino de paz y justicia. Es la esperanza del SeÒor que regresa.

CapÌtulo 4

CaracterÌsticas de la iglesia que anuncia el Evangelio en una Francia posmoderna

Para abordar mejor el tema que me ha sido propuesto, el esquema de esta intervenciÛn ser· simple: desarrollarÈ el tÌtulo, pero de atr·s hacia delante.

LAPOSMODERNIDAD

øQuÈ es la posmodernidad? Reconozco de antemano que no hay unanimidad al respecto. Algunos prefieren hablar de ultramodernidad, otros de baja modernidad y hay quienes hablan de modernidad tardÌa o modernidad consciente. En esencia lo realmente importante es entender el mundo en el que vivimos, los lÌmites de la sociedad actual. Personalmente, tengo la impresiÛn de que estamos en un contexto totalmente distinto al de hace ya algunos aÒos, por lo que prefiero la palabra posmodernidad. El mundo ya no es lo que era cuando empecÈ mi ministerio de implantaciÛn de iglesias en 1976. Para situar mejor la posmodernidad, es preciso volver al perÌodo precedente, designado como modernidad. Lo que caracterizaba el pensamiento moderno era el lugar central que se le concedÌa a la razÛn humana. Esa concepciÛn del mundo hunde sus raÌces en el Renacimiento y la Reforma. Los textos de la Antig¸edad, redescubiertos por aquellos movimientos paralelos, autorizaban al ser humano para que pensara por sÌ mismo, mientras que en la Època ´premodernaª era preciso doblegarse a la autoridad de la Iglesia.

36 1 David Brown es pastor evangÈlico. Ha ejercido su ministerio en el Reino Unido y en la actualidad lo realiza en Francia. Es autor de Une Èglise pour aujourdíhui. Expression nouvelle sur un fondement immuable. Marne-la-VallÈe: Farel, 2001.

Sin embargo, en la actualidad la posibilidad de basarlo todo en la razÛn humana est· puesta en tela de juicio. La definiciÛn m·s cÈlebre de posmodernidad es la el filÛsofo Jean-FranÁois Lyotard: ´Simplificando al m·ximo, se considera ìposmodernaî la incredulidad ante los metarrelatos.ª Con el tÈrmino ´metarrelatoª debemos entender toda ´gran teorÌaª de la que se ha dotado el ser humano para explicar el porquÈ de las cosas y para indicar quÈ le es preciso para cambiarlas.

´He aquÌ algunos ejemplos: la historia de la emancipaciÛn humana por la razÛn y la ciencia (es el gran relato de la IlustraciÛn), por el proletariado (autor: Karl Marx), por la evoluciÛn de la especie (firmado: Charles Darwin) o por el descubrimiento del subconsciente (Sigmund Freud dixit); y, cÛmo no, aquella absolutamente increÌble que el cristianismo se obstina en proponer desde hace siglos. Puesto que tienen la intenciÛn de transmitir una revelaciÛn universal, esos grandes relatos apelan al consentimiento general. Ahora bien, para JeanFranÁois Lyotard y sus colegas eso es del todo insoportable; el ser humano debe poder pensar por sÌ mismo, es preciso que acabe lo antes posible con esas historias que le aterrorizan y le inhiben.ª2

Se entiende porquÈ el escritor Zigmunt Baumann define esta Època como ´la modernidad sin ilusionesª. No sÛlo no hay una explicaciÛn del mundo, sino que si se propone una es para conservar mejor el poder. Para los filÛsofos posmodernos, el poder serÌa el motivo ˙ltimo de los metarrelatos, se trate de un polÌtico hablando de la Rep˙blica o de un pastor invocando la Biblia.

Para la filosofÌa posmoderna ya no hay respuestas ˙nicas y v·lidas para todos, ya no hay verdades universales ñni tan siquiera la RazÛnñ. Tanto m·s cuando en las grandes ciudades ya hay tantas religiones y culturas distintas que todos somos sensibles al car·cter relativo de nuestras propias cultura y creencias. Un amigo mÌo ha llegado a ver en ParÌs un graffiti que rezaba: ´Si la vida no tiene sentido es porque quiz·s tiene varios.ª

Todo esto explica porquÈ pocas personas creen en una gran causa por la que darse en cuerpo y alma. El Mayo del 68 fue uno de los ˙ltimos momentos cumbre en los que se manifestÛ dicha convicciÛn, de que para conseguir un mundo mejor era preciso imponer a los dem·s el propio modo de ver las cosas. En la modernidad se querÌa cambiar el mundo mientras que en la posmodernidad sÛlo se desea

2 Paul AppÈrÈ, en una conferencia para la Association …vangelique dí…glises Baptistes (AsociaciÛn EvangÈlica de Iglesias Bautistas) realizada en Evian (Francia), en 1998.

cambiar el mundo personal. Por consiguiente, para un posmoderno la ˙nica verdad que permanece es la verdad personal. Lo ˙nico que cuenta es aquello que permite que uno mismo y los allegados puedan crecer y expandirse; respetando, eso sÌ, el derecho a la diferencia y de los dem·s a hacer lo mismo. La tolerancia es el valor por excelencia de la posmodernidad.

øCu·les son las consecuencias de esta filosofÌa adoptada m·s o menos conscientemente?

1. La desconfianza con respecto a la razÛn, en particular en sus aspectos cientÌficos y tecnolÛgicos. Es verdad que todos pueden sacar provecho del progreso, pero las cuestiones relevantes como la ingenierÌa genÈtica o la clonaciÛn humana inquietan profundamente a nuestros conciudadanos.

2. La primacÌa de los sentimientos y las emociones en el desarrollo y la expresiÛn de la persona. De ahÌ el auge extraordinario del ocio en nuestra sociedad, asoci·ndolo a veces a situaciones lÌmite con el fin de descubrir las propias potencialidades. El sentimiento tiene una dimensiÛn ´mÌsticaª ñlos estadios de la espiritualidad se toman al asaltoñ, pero el misticismo tambiÈn puede dar un giro hacia lo misterioso y lo claramente terrorÌfico ñla colecciÛn de relatos infantiles que m·s Èxito ha conocido en los ˙ltimos aÒos se llama Pesadillas.

3. La desconfianza frente al triunfalismo. Esto es muy visible en el discurso polÌtico, que se adapta a los sondeos y los deseos de los electores en lugar de proponer una visiÛn global para la sociedad.

4. La desconfianza hacia las instituciones por miedo a ser pisoteado por una apisonadora impersonal.

5. El impacto de los medios de comunicaciÛn de masas: a) al primar la inmediatez frente a la perspectiva histÛrica; b) con el gran peso de las im·genes frente a la palabra; c) con la pÈrdida de nitidez de la frontera entre lo real y lo virtual (ya no se puede decir ´ver para creerª).

6. La toma de conciencia de la existencia de otras religiones (en la aldea global, pero tambiÈn a la vuelta de la esquina). El contacto cotidiano conlleva un relativismo no sÛlo intelectual sino tambiÈn visceral puesto que el individuo se ve enfrentado, en la calle o en el trabajo, con personas que profesan otras religiones. Adem·s, con esto se favorece la mentalidad del ´supermercado de las religionesª en el que cada uno se fabrica su propio credo. Jean Vernette, experto en nuevos movimientos religiosos, describe el bricolage religioso actual del hombre posmoderno de este modo: ´Toma de aquÌ y de all·, y se pasea con total libertad entre los es-

tantes del supermercado de las religiones. Cada uno construye su propia religiÛn a la carta; una religiÛn ìblandaî, para tener un mejor bienestar interior, del mismo modo que hay medicinas blandas. Se salta de una tradiciÛn religiosa a otra en una especie de ir de compras espiritual m·s o menos comprometido: un poco de budismo, un pellizco de psicotÈcnica, una pizca de reencarnaciÛnÖª3

En una palabra, el tÌtulo de un programa de la televisiÛn francesa: Cíest mon choix (Yo elijo) resume a la perfecciÛn el pensamiento posmoderno. Esto abre muchas posibilidades a las iglesias que se encuentran en la lÌnea de un ´cristianismo por conversiÛnª, retomando el tema utilizado a menudo en un congreso reciente sobre los protestantes evangÈlicos organizado en ParÌs en el marco del CNRS ( Centre National de la Recherche Scientifique , Centro Nacional de InvestigaciÛn CientÌfica de Francia).

LAFRANCIAPOSMODERNA

Paso a la siguiente palabra: Francia. Es preciso que contextualicemos nuestra reflexiÛn. La posmodernidad no se vive del mismo modo en todas las culturas. Hay matices y colores especÌficos que no pueden ser ignorados.

Una de las mejores formulaciones de la contextualizaciÛn se encuentra en el Pacto de Lausana (1974), que en su p·rrafo 10, dedicado a la evangelizaciÛn y las culturas, dice asÌ:

´El desarrollo de la estrategia para la evangelizaciÛn mundial requiere imaginaciÛn en el uso de mÈtodos. Con la ayuda de Dios, el resultado ser· el surgimiento de iglesias enraizadas en Cristo y estrechamente vinculadas a su cultura. La cultura siempre debe ser probada y juzgada por las Escrituras. [Ö] El Evangelio no presupone la superioridad de una cultura sobre otras, sino que eval˙a a todas las culturas seg˙n sus propios criterios de verdad y justicia.ª

Teniendo en cuenta el tÌtulo del coloquio, me ceÒirÈ a un sÛlo aspecto de la contextualizaciÛn: la percepciÛn de la religiÛn por el Estado en el marco de la legislaciÛn sobre la separaciÛn entre Iglesia y Estado de 1905 y lo que de ella se sigue; especialmente la cuestiÛn de las sectas y el proselitismo.

3 VERNETTE, Jean. Citado en: TINCQ, Henri. ´La mÈtamorphose de Dieuª. Le Monde, 26 noviembre 1999.

øPor quÈ la ley de 1905? El objetivo era regular las relaciones entre los poderes p˙blicos y las instituciones religiosas, en especial la Iglesia CatÛlica, que gozaba de gran prestigio por su larga historia en el territorio francÈs y tenÌa un gran peso en la vida p˙blica. La separaciÛn entre la Iglesia y el Estado permitÌa a ambas instituciones que ejercieran su poder en dos ·mbitos bien diferenciados; el Estado en el ·mbito p˙blico y polÌtico, y la Iglesia en el ·mbito de la regulaciÛn de la fe y las pr·cticas religiosas.

Esa ley surgiÛ tras m·s de un siglo de relaciones tensas entre ´las dos Franciasª: la de los filÛsofos y los revolucionarios de un lado y la de los conservadores y la Iglesia del otro. La imagen emblem·tica es un pueblo de provincias francÈs del siglo XIX, distribuido alrededor de dos polos: uno entorno al sacerdote y el otro entorno al maestro de escuela. Para media Francia, la religiÛn era considerada como una especie de ´patologÌaª de la que era posible curarse con el progreso del saber y de la ciencia.

Curiosamente, en ese contexto, las dos principales instituciones enfrentadas por la ley de 1905 se parecen por su organizaciÛn y jerarquÌa territorializada: departamento y diÛcesis, prefecto y obispo, presidente y arzobispo, etc. Es cierto que hay desconfianza mutua entre la Rep˙blica Francesa y la Iglesia CatÛlica; aunque, al mismo tiempo, existe forzosamente una cierta facilidad de sintonizar con el funcionamiento del otro, es decir, cierta complicidad.

Pero los tiempos han cambiado mucho. Ycomo ya hemos seÒalado, la individualizaciÛn de las creencias se erige hoy como vencedora en el aspecto institucional: ´Contrariamente a lo que se nos dice, lo que caracteriza nuestras sociedades no es la indiferencia creyente; es el hecho de que esa creencia escapa al control de las grandes iglesias y las instituciones religiosas. [Ö] El aspecto m·s decisivo de esa ´desregularizaciÛnª aparece, sobre todo, en la libertad que se otorgan los individuos de ´fabricarseª su propio sistema de credo, a parte de cualquier referencia a un cuerpo de creencias validado institucionalmente.ª4

Por consiguiente, el acercamiento a la laicidad supuesta por la ley de 1905, que pone el control del hecho religioso bajo la responsabilidad de la instituciÛn religiosa, ya no funciona. La religiÛn est· ´descontroladaª, se encuentre en el seno de la Iglesia CatÛlica o en las otras grandes corrientes (protestantismo, islamismo, etc.) o se manifieste en lo que se ha convenido en llamar las ´sectasª. YaquÌ lle-

4 HERVIEU-L…GER, DaniËle. Le pËlerin et le converti: la religion en mouvement (Champs 486). ParÌs: Flammarion, 2001, p. 42-43.

gamos al n˙cleo del tema propuesto: ´Proselitismo o misiÛnª. Porque la cuestiÛn de las sectas es un tema que levanta pasiones en Francia. Se supone que la existencia misma de las sectas es un atentado a la libertad individual. En realidad, nos damos cuenta de que el debate p˙blico se hace difÌcil por el lenguaje de los informes parlamentarios o de la ley About-Picard (Ley n. 2001-504, de 12 de junio para reforzar la prevenciÛn y represiÛn de los movimientos sectarios que atenten contra los derechos humanos y las libertades fundamentales), porque el discurso est· anclado en la lÛgica de combate del siglo XIX, propia de la modernidad, que no est· en sintonÌa con las vivencias de la posmodernidad.

DaniËle Hervieu-LÈger atrae la atenciÛn de los lectores hacia este fenÛmeno:

´Existe en Francia, sostenido con fuerza por los medios de comunicaciÛn de masas, un amplio consenso para convertir la lucha contra las sectas en una dimensiÛn necesaria de la protecciÛn de las libertades individuales y considerar que esa lucha debe primar, en ˙ltima instancia, sobre el derecho de las personas a la libertad de creencia. Vista desde el extranjero, esta conmociÛn francesa, que une a la opiniÛn p˙blica y los poderes p˙blicos comprometidos en combatir las sectas, aparece poco menos que sorprendente. [Ö]

ªEsta lÛgica caracterÌsticamente francesa que reconoce el pluralismo religioso dentro de los lÌmites del sistema confesional, asociada paradÛjicamente a la afirmaciÛn universalista de la igualdad asegurada de jure para todos los cultos, a menudo resulta difÌcil de entender para los observadores extranjeros. [Ö]

ªNuestra cultura polÌtica dista mucho de haberse liberado del temor ñforjado por la historiañ ante el car·cter liberticida de la religiÛn. [Ö] La ìlucha contra las sectasî iniciada por la MILS (MisiÛn Interministerial de Lucha contra las Sectas) se parece, en muchos aspectos, a una campaÒa de salud p˙blica. [Ö]

ªLa visiÛn de la adhesiÛn sectaria que trasciende de esta proposiciÛn de ley [ley About-Picard] est· profundamente marcada por la idea de la vulnerabilidad de las personas, sometidas contra su voluntad a la influencia deletÈrea de las sectas, del mismo modo como podrÌan ser vulnerables a las emanaciones de un gas tÛxico o la diseminaciÛn de un virus. ìProteger mejor a las vÌctimasî es el santo y seÒa que ha suscitado [Ö] la unanimidad de los polÌticos.ª5

5 HERVIEU-L…GER, DaniËle. La religion en miettes ou La question des sectes. ParÌs: Calmann-LÈvy, 2001, p. 16, 30, 55-58.

El texto que acabo de citar nos ayuda a entender mejor la razÛn por la que la comisiÛn parlamentaria de investigaciÛn sobre las sectas ha llegado a hablar de las iglesias histÛricas que constituyen ´religiones reconocidasª. Ante la sorpresa de muchos observadores extranjeros, porque la ley de 1905 afirma en su artÌculo segundo que ´La Rep˙blica no reconoce, remunera o subvenciona culto alguno.ª øEs posible que la explicaciÛn a esta menciÛn extraÒa pueda encontrase en la constataciÛn de que el modelo catÛlico da inevitablemente la definiciÛn laica de una ´religiÛn normalª?

Sin embargo, me parece que nuestra concepciÛn evangÈlica de una religiÛn por conversiÛn, es decir por elecciÛn, no sÛlo es correcta desde el punto de vista teolÛgico sino que est· mucho m·s en sintonÌa con el pensamiento posmoderno que con las religiones institucionales. En opiniÛn de quien suscribe, lo que est· desfasado con respecto a la espera de la libre elecciÛn es el discurso de la ´manipulaciÛn mentalª; pero esta idea tiene escaso apoyo en Francia. Por lo tanto, es preciso que las iglesias de profesantes trabajen las relaciones con los poderes p˙blicos y los medios de comunicaciÛn, tanto en el ·mbito nacional como en el local, de modo que puedan explicarse y tranquilizar a la opiniÛn p˙blica. Estoy convencido de que las relaciones p˙blicas, que nuestra implicaciÛn en la vida de la sociedad ha hecho visibles, nos dar·n una credibilidad como nunca antes hemos conocido en Francia como evangÈlicos.

ELANUNCIO DELEVANGELIO

El Evangelio es una ´buena nuevaª. Un cristiano convencido del valor normativo de los escritos apostÛlicos no discute su autenticidad. Pablo lo resume bien en 1 Corintios: ´Adem·s os declaro, hermanos, el Evangelio que os he predicado. [Ö] Que Cristo muriÛ por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;que fue sepultado y que resucitÛ al tercer dÌa, conforme a las Escriturasª (1 Cor 15,1-4). Por eso los apÛstoles invitaron a sus audiencias a que ´cambiaran de menteª, es decir, que ´se arrepintieranª, seg˙n el tÈrmino tÈcnico empleado a menudo para traducir metanoia, y creyeran en la buena nueva del reino.

Pero es preciso que sea una buena nueva para quien la escucha y no algo que se percibe como un discurso religioso incomprensible o, lo que es peor, como una presiÛn insoportable para cambiar de religiÛn. Es cierto que contamos con el EspÌritu Santo para convencer de la verdad ñde pecado, de justicia y de juicio, seg˙n Juan 16,8ñ.

Pero eso no nos libera del esfuerzo de encontrar puentes de comunicaciÛn hacia los dem·s. El apÛstol Pablo nos da ejemplo en el libro de los Hechos. Sus distintos acercamientos en las sinagogas, en Listra o Atenas nos autorizan a reflexionar sobre el modo de encontrarnos en el universo de las personas que nos rodean, con sus dudas y sus preocupaciones. ´Atodos he llegado a ser todo, para que de todos modos salve a algunosª (1 Cor 9,22).

AsÌ pues, øcu·les son los puentes de comunicaciÛn con nuestros contempor·neos insertos en la posmodernidad? Nos aparecen dos: nuestra humanidad y nuestra espiritualidad. En ambos puentes hay un punto en com˙n: se trata de relaciones ñcon nuestros prÛjimos y con Diosñ. DespuÈs de todo, es el centro de nuestra fe porque es el sentido de los dos mandamientos mayores (Mc 12,30-31).

Nuestra humanidad

øQuiÈn soy? øQuiÈnes somos? Todos nos planteamos estas preguntas. El ser humano pasa mucho tiempo examin·ndose para intentar comprenderse ñviendo pelÌculas en la televisiÛn, leyendo novelas y revistas, discutiendo con los amigos, consultando a psicÛlogos, etc.ñ. La cuestiÛn de la identidad no se plantea siempre en estos tÈrminos aunque el cuestionamiento sea real. Por ejemplo:

ï øCu·les son los valores por los que se serÌa capaz de dar la vida? La pregunta es real desde el 11 de septiembre de 2001. øPor una jornada laboral de 35 horas semanales? øPor un acceso a Internet de banda ancha? øPor el derecho a tener decenas de canales de televisiÛn en casa?

ï øCu·les son los lÌmites de la tecnologÌa con respecto al ser humano?

ï øCu·l es su identidad sexual? De ahÌ los debates apasionados sobre la homosexualidad, el papel del hombre y la mujer, el derecho a cambiar de sexo, etc.

He aquÌ el extracto del discurso del alcalde-diputado de Blanc-Mesnil con motivo de la inauguraciÛn de nuestra sala de culto:

´El mundo cambia. Hace algunos aÒos el escepticismo se oponÌa casi siempre a la afirmaciÛn de valores espirituales. SÛlo importaban el dinero, la carrera y el Èxito social. Quienes osaban levantar la voz para defender otra concepciÛn de la persona humana, de la fraternidad, de la libertad de conciencia o incluso del progreso personal, eran tildados a menudo de ilusos soÒadores o utÛpicos. [Ö] Hoy son muchos los que sienten la necesidad de intercambiar y con-

frontar su opiniÛn para descubrir un sentido a los temas importantes, que, a priori, son difÌciles. [Ö] Muchos se dan cuenta de que la televisiÛn no basta para forjarse una opiniÛn, que es urgente profundizar en los debates. [Ö] La espiritualidad protestante, asÌ como la de las otras confesiones, tiene un papel a tener en cuenta en la b˙squeda individual y colectiva. Pero quiz· disponga de m·s bazas. Los protestantes protestan y ese nombre los describe bien.ª

Todo esto me reafirma en la convicciÛn de que las respuestas que pueden aportar los cristianos sobre la verdadera identidad del ser humano constituyen un excelente puente para la evangelizaciÛn de nuestros contempor·neos. Sin entrar en un desarrollo teolÛgico (dejo a otros ese privilegio), Èstas son las grandes lÌneas:

ï Los seres humanos fueron creados a imagen de Dios (Gn 1,26-27).

ï El pecado entrÛ en el mundo y deteriorÛ esa imagen (Gn 3,6,5-7). Ello nos permite comprender al ser humano, capaz de lo mejor y de lo peor, a la vez creado a imagen de Dios, por consiguiente, no hay que menospreciarlo y pecador, por consiguiente no hay que idealizarlo. Ya que este es el aÒo Victor Hugo, me permito citar Los miserables para dar un ejemplo de idealizaciÛn del ser humano:

´°Ciudadanos!, el siglo XIX es grande, pero el siglo XX ser· feliz. [Ö]

Ya no deberemos temer como hoy el hambre, la explotaciÛn, la prostituciÛn por necesidad, la miseria por el paro. [Ö] Casi podemos decir: ya no habr· acontecimientos porque seremos felices.ª

ï La respuesta de Dios es una doble encarnaciÛn: Jesucristo y su iglesia.

1. Jesucristo

´ADios nadie le ha visto jam·s; el Dios ˙nico que est· en el seno del Padre, Èl le ha dado a conocerª (Jn 1,18). Varios textos apoyan la idea de que mediante la encarnaciÛn Dios hace que le conozcamos a travÈs de Jes˙s, su imagen, como 1 Juan 1,1-4; 2 Corintios 4,4-6 (pues predicamos a Cristo); Colosenses 1,15; Hebreos 1,3. Podemos acercarnos a nuestros contempor·neos habl·ndoles de Jes˙s, que nos ayuda a entender quiÈnes somos, que nos da el ejemplo de una vida autÈntica y revela al todopoderoso, al inefable, tomando forma humana y poniÈndose a nuestro nivel y medida.

2. La iglesia

´Nadie ha visto a Dios jam·s. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotrosª

(1 Jn 4,12). De nuevo varios textos apoyan la idea de que Dios se revela al mundo por su cuerpo, la iglesia (1 Cor 12; Ef 4,16). Es la nueva encarnaciÛn en otra naturaleza, especialmente visible por el amor de su pueblo: ´En esto conocer·n todos que sois mis discÌpulos, si tenÈis amor los unos por los otrosª (Jn 13,35). Ya˙n m·s, el concepto de la imagen reaparece varias veces: Romanos 8,29, es la razÛn de nuestra redenciÛn; Colosenses 3,10; 2 Corintios 3,8, la imagen est· en el futuro porque la santificaciÛn es progresiva.

Existe en Francia una cadena de hipermercados cuya divisa es ´La vida. La de verdadª. De hecho esa deberÌa ser la divisa de la iglesia. Los cristianos encarnan en el mundo la imagen de Dios, una imagen renovada desde su nuevo nacimiento.

El gran desafÌo es vivir esa nueva humanidad entre nosotros y con los que no creen. Los cristianos estamos llamados a ser los m·s humanos de los hombres. Mi deseo es que nuestros contempor·neos vean cÛmo vivimos y digan: ´siempre quise ser as̪, por la autenticidad de nuestras vidas; que nuestra vida, en las acciones y en las relaciones con los dem·s sea verdadera; que nuestro modo de vivir, incluso ante los problemas y el sufrimiento, sea el testimonio de nuestra relaciÛn con Dios, el reflejo de nuestra confianza y no el de un triunfalismo fuera de lugar que no es creÌble en nuestra Època. Esto me lleva al segundo puente.

Nuestra espiritualidad

Cada vez m·s se habla de espiritualidad. Recientemente, durante el descanso de un partido de f˙tbol, vi en la televisiÛn la publicidad de un CD titulado ´Une invitation ‡ la spiritualiȪ (´Una invitaciÛn a la espiritualidadª), mientras se veÌa desfilar por la pantalla las palabras paz, tolerancia, armonÌa y esperanza. Este fenÛmeno fue al origen de la reflexiÛn de un participante en una mesa redonda que en noviembre de 2001 tuvo lugar en el centro evangÈlico de Lognes. En el transcurso del debate dijo: ´Hoy hay menos necesidad de evangelistas que de hombres y mujeres que sepan iniciar a nuestros contempor·neos en la vida espiritual.ª Suscribo esta frase en la medida en que se entienda que ese es el papel de un evangelista de nuestro tiempo.

1. Nuestros contempor·neos est·n buscando ´espiritualidadª

Hasta 1970, el 80-90% de los franceses reconocÌa que practicaba una religiÛn. Pero esta cifra ha caÌdo hasta el 57% actual. Por otra parte,

en 1970 el 11% se definÌa como ateo mientras que en la actualidad esta cifra no ha crecido apenas y se sit˙a en el 14%. Se constata, pues, que muchas personas creen en ´algoªÖ mientras se mantienen fuera de cualquier religiÛn. En un mundo materialista, los sociÛlogos hablan del deseo de ´reencantarª el mundo.

øPero cu·l es la espiritualidad de nuestros contempor·neos? Estas son las palabras clave:

ï Busca el bienestar (relajaciÛn, budismo, zen) porque el mundo visible y materialista es decepcionante.

ï Lo busca con inmediatez e intensidad

ï Tiene un objetivo ˙nicamente personal; es preciso aprender a ser uno mismo.

ï No se ocupa m·s que de esta vida (otro mundo y no el otro mundo).

ï Es sincrÈtico (ya que sÛlo cuentan los resultados), combina el misticismo con lo misterioso y lo artÌstico.

2. La espiritualidad bÌblica

En el lado opuesto, la espiritualidad bÌblica que estamos llamados a vivir es, ante todo y esencialmente, relacional adem·s de estar inserta en un verdadero metarrelato.

a. El aspecto relacional

A diferencia de la espiritualidad posmoderna que busca ante todo el propio interÈs, la espiritualidad bÌblica busca el crecimiento en las relaciones reales.

1. La relaciÛn con Dios. ´Yesta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el ˙nico Dios verdadero, y a Jesucristo a quien t˙ has enviadoª (Jn 17,3). ´Dios es espÌritu; y es necesario que los que le adoran, le adoren en espÌritu y en verdadª (Jn 4,24). Esta es la razÛn por la que las personas no responden muy positivamente a las presentaciones simplistas del Evangelio. Todos saben que el mundo es complejo. Entonces, Dios lo tiene que ser a˙n m·s. La adoraciÛn no se puede reducir a algunas pr·cticas desprestigiadas, y la evangelizaciÛn no se puede reducir a unos ´mÈtodosª. Para el que ha nacido de nuevo esa relaciÛn pasa por la obediencia de sus mandamientos y la confianza en sus promesas; es decir, est· basada en la Palabra de Dios.

2. La relaciÛn con los hermanos y hermanas acept·ndolos en su diversidad. La posmodernidad pone por delante la aceptaciÛn de las diferencias. Esta es, precisamente, una de las caracterÌsticas

de la iglesia. Cristo querÌa ´crear en sÌ mismo ña partir de los judÌos y los no judÌosñ un solo hombre nuevo, haciendo asÌ la pazª (Ef 2,15).

3. La relaciÛn volcada al prÛjimo, a quien se desea amar y servir.

b. El metarrelato

Sin embargo, esta espiritualidad cristiana pasa tambiÈn por el redescubrimiento de nuestro metarrelato bÌblico. Si el pensamiento posmoderno es ´la incredulidad ante los metarrelatosª, tal como ha sido indicado en la primera parte de esta exposiciÛn, el pensamiento cristiano est· volcado resueltamente hacia el metarrelato. Nuestra filosofÌa es en realidad ñy no sÛlo de modo simbÛlicoñ un vasto relato, que transcurre desde el inicio de la CreaciÛn hasta la gloria eterna.

En el lugar de culto de la Iglesia Protestante EvangÈlica de BlancMesnil, de la que es pastor quien les dirige la palabra, hay un fresco sobre este tema pintado por una joven artista bretona. En el reverso de la carta que lo presenta escribÌ el siguiente texto:

´Hoy en dÌa, en Europa, pocos de nosotros creen en una gran explicaciÛn filosÛfica de la vida, en un metarrelato si empleamos la expresiÛn de un filÛsofo francÈs contempor·neo.

ªLa Biblia presenta un metarrelato que nos permite encontrar el sentido de nuestra vida insert·ndolo en el proyecto que Dios tiene para la humanidad. Este es el tema del fresco.

ªEmpezando por la izquierdaÖ La CreaciÛn: el universo no existe por puro azar. Dios lo pensÛ y vela su increÌble complejidad. Entrada del mal en el mundo: nuestros primeros padres se separaron de Dios y la humanidad tiene tendencia a seguir su ejemplo, por un reflejo de autosuficiencia, viviendo como si Dios no existiese. La redenciÛn: en el centro de la historia se levanta la cruz de Cristo. Dio su vida para perdonarnos el deseo de independencia y liberarnos de sus consecuencias. La vida de los cristianos: para los que creemos en Jes˙s Èl ya es nuestro SeÒor y Salvador. Sin embargo, el mal todavÌa existe. AsÌ pues, buscamos vivir al servicio del prÛjimo confiando en Dios. La eternidad : la artista se inspira en el simbolismo del libro del Apocalipsis y nos recuerda que la ˙ltima etapa de la vida de los cristianos, aquella que se abre tras la muerte, es eterna.ª

Cuando nuestra espiritualidad evangÈlica se sit˙a sin vacilaciones en el metarrelato bÌblico, podemos aportar respuestas m·s pertinentes a los cuestionamientos de las personas:

ï Nos ponemos a salvo de la idea de que nuestras pr·cticas no son m·s que preferencias personales: ´Me gusta el f˙tbol. Pedro prefiere la pesca.ª

ï Podemos explicar m·s f·cilmente la diferencia entre la fe cristiana y las otras religiones sin entrar en polÈmicas sobre las pr·cticas o los detalles de la creencia.

ï Damos una respuesta concreta a los posmodernos que viven en un presente permanente con la obsesiÛn de que la historia sÛlo existe para que pueda reiniciar sus ciclos en la nostalgia y que el futuro no es m·s que una serie de tendencias y probabilidades.

LAS CARACTERÕSTICAS DE LAIGLESIA

Hace 25 aÒos que quien les dirige la palabra est· implicado en el ministerio de implantaciÛn de iglesias, primero en Nancy y m·s tarde en la regiÛn de ParÌs, y a menudo he tenido ocasiÛn de reflexionar sobre el desafÌo que representa el anuncio del Evangelio en la Francia posmoderna. Finalmente ha puesto por escrito el fruto de esas reflexiones. El libro se publicÛ en 2001 por la editorial Farel. Su tÌtulo es Une …glise pour aujourdíhui (Una Iglesia para hoy) y lleva por subtÌtulo Expresions nouvelles sur un fondement inmuable (Nuevas expresiones sobre una base inmutable). La cuarta parte de esta exposiciÛn est· extraÌda de Èl.

En el ˙ltimo capÌtulo se propone una ´carta de intencionesª para las iglesias locales. La iglesia de Blanc-Mesnil la ha adoptado y est· colgada a la entrada del salÛn de culto. Quien lea esas normas se podr· hacer una idea de los lÌmites que debe tener una iglesia que se afirme en el respeto por el otro, retomando los tÈrminos utilizados en el programa de este coloquio.

Carta de intenciones de la iglesia

ï Nos comprometemos a acogerte con respeto hacia tu persona y permitiÈndote avanzar hacia la fe a tu ritmo.

ï Nos comprometemos a explicar la fe cristiana seg˙n la Biblia, de modo que te ayude a ver su pertinencia para tu vida.

ï Nos comprometemos a acogerte cualquiera que sea tu minusvalÌa y a hacer todo lo que estÈ en nuestras manos para tenerla en cuenta en el acondicionamiento de nuestros locales.

ï Nos comprometemos a acoger a tus hijos y a darles una enseÒan-

za bÌblica adaptada a su edad y a su desarrollo psicomotriz, velando por la buena moralidad de monitoras y monitores.

ï Nos comprometemos a escucharte y a orar por ti, si asÌ nos lo pides.

ï Nos comprometemos a combatir la desgracia en sus mil caras, convirtiÈndonos en colaboradores de una red de solidaridad que comprenda a los organismos p˙blicos, a los servicios especializados y a las estructuras de asistencia.

ï Nos comprometemos a garantizar la transparencia total de las finanzas de la iglesia.

ï Nos comprometemos a respetar la libertad individual que tienen todas las personas de unirse a las actividades de la iglesia, asÌ como de abandonarla sin sufrir presiones de ning˙n tipo.

ï Nos comprometemos a hacer que nuestros conciudadanos conozcan mejor sus derechos y sus deberes para con la sociedad, y para con Dios, que puede liberarlos de la culpabilidad y el poder del pecado por la fe en Jesucristo, seÒor y salvador.

CUATRO CARACTERÕSTICAS DE LAIGLESIAQUE ANUNCIA

ELEVANGELIO EN LAFRANCIAPOSMODERNA

El texto siguiente est· basado en el libro Une …glise pour aujourdíhui (Una Iglesia para hoy).

La iglesia como lugar de descubrimiento de la propia identidad

Para construir una identidad, una personalidad, es preciso un modelo, alguien a quien tomar como referencia. Nadie puede construirse a sÌ mismo de modo independiente. …ste fue el drama de Narciso en la mitologÌa griega: no hacÌa m·s que mirar su propio reflejo y el espejo no le devolvÌa una imagen de alteridad que le permitiese vivir. …sta es una de las razones por las que los cristianos tienen necesidad de progresar en la vida cristiana: servir de modelo a aquellos que son m·s jÛvenes en la fe. La exhortaciÛn de Pablo ´Sed vosotros imitadores de mÌ; asÌ como yo lo soy de Cristoª (1 Cor 11,1) no ha perdido ni un ·pice de actualidad. Se puede comparar el papel de los veteranos de la fe al del entrenador de un equipo que anima, que da indicaciones, pero que debe dejar que sean los jugadores quienes salten al terreno de juego.

Sin embargo, la relaciÛn m·s importante debe seguir siendo aquella que tenemos con el SeÒor. Dicho de otro modo, y es el punto esen-

cial del capÌtulo, una identidad autÈntica pasa por la relaciÛn... con Dios y con los otros.

El cristiano buscar· pues vivir relaciones autÈnticas en la iglesia. Es su lugar de aprendizaje de la vida cristiana; el Nuevo Testamento lo subraya en cada p·gina.

Las reuniones no deben ser momentos en los que unos se esconden de otros detr·s de bellas palabras. Quiz· serÌa recomendable anular todas esas ´reunionesª y sustituirlas por momentos de verdadero encuentro. Los cristianos se quejan a veces de estar cansados, de sufrir de ´reunionitisª. Pero las personas que van a tomar una copa por las tardes, a la salida de la oficina, øse quejan de esas ´reunionesª en el cafÈ? No, pues es un momento de convivencia en un mundo impersonal.

Encontrarse con los dem·s no significa la confesiÛn perpetua de la propia vida delante de los dem·s. Significa, por lo menos, que se quiere evitar la hipocresÌa. El origen de la palabra ´hipÛcritaª se remonta al teatro de la Grecia antigua, en el que se llevaban m·scaras para parecer feliz o triste. El ·nimo del comediante no tenÌa que estar en armonÌa con la m·scara durante la representaciÛn. Pero los cristianos est·n llamados a ser y no a parecer.

En la iglesia las relaciones se construyen semana tras semana, mes tras mes, con las personas tal como son y no como se desearÌa que fueran. Dicho de otro modo: respetando a los dem·s. Mi hermano no es una oveja que se manipule o se utilice. Estamos lejos del espÌritu que caracteriza a las sectas, en las que no hay respeto fundamental por la persona.

Estos versÌculos siguen siendo de tremenda actualidad en un contexto posmoderno. ´ConsiderÈmonos los unos a los otros para estimularnos al amor y a las buenas obrasª (Heb 10,24). ´Apacentad el rebaÒo de Dios que est· a vuestro cargo, cuid·ndolo no por la fuerza, sino de buena voluntad seg˙n Dios; no por ganancias deshonestas, sino de corazÛn; no como teniendo seÒorÌo sobre los que est·n a vuestro cargo, sino como ejemplos para el rebaÒoª (1 Pe 5,2-3).

La iglesia en la sociedad posmoderna est· llamada a dar una verdadera identidad personal a todos aquellos que se sienten a la deriva en un mundo sin puntos de referencia. Gracias al Evangelio, todos aquellos que se vuelven hacia Jesucristo, seÒor y salvador, podr·n empezar a reconstruir su vida porque al fin, en su doble relaciÛn de hijos de Dios y hermanos en Cristo, habr·n descubierto quienes son. ´Vosotros en el tiempo pasado no erais pueblo, pero ahora sois pueblo de Diosª (1 Pe 2,10).

La iglesia como lugar de orientaciÛn hacia la fe

øQuÈ atenciÛn debemos dispensar en la iglesia al grupo de los ´no miembrosª? Estamos convencidos de que solo son miembros de la iglesia aquellos que profesan una fe personal en Jesucristo. Formalmente, los miembros son los ˙nicos que toman parte en las decisiones, las orientaciones y los compromisos de la iglesia. Por otra parte, convertir a la iglesia en un refugio puede conducir al ensanchamiento de la ´zona de choqueª entre los ´miembrosª y los ´de fueraª, ya que est· formada por personas que est·n en camino hacia la fe.

Esas personas tienen, a veces, una orientaciÛn errÛnea, con actitudes o situaciones de vida muy alejadas de los ideales cristianos (problemas de drogadicciÛn, cuestiones Èticas, situaciones conyugales complicadas, etc.). øQuÈ actitudes debemos adoptar? Es necesario que les acompaÒemos con una gran comprensiÛn, pero øhasta quÈ lÌmites? øEn una iglesia puede medirse con distinto rasero a cristianos y a no cristianos? øQuÈ incidencia puede tener esto sobre la educaciÛn de los niÒos y los jÛvenes en el seno de la iglesia? øYsobre el testimonio de la iglesia? No podemos evitar cuestiones imperiosas, que tienen que ver con cuestiones sensibles.

Siguiendo la lÌnea de estas reflexiones, se pueden proponer algunas fÛrmulas para describir el rostro de la iglesia:

ï La iglesia como ´espacio de encaminar, de orientarª o como ´espacio de feª.

ï La iglesia como un lugar de compromisos progresivos.

ï La iglesia como lugar donde se manifiesta la ´paciencia de Diosª.

ï La iglesia como lugar en el que el respeto permite que cohabiten normas de vida distintas bajo una afirmaciÛn clara de los principios bÌblicos.

Hay una firme decisiÛn que como iglesia debemos tomar al respecto de una sencilla pregunta: ønuestra iglesia tiene el deber de priorizar la firme defensa de las normas de vida bÌblicas y su estricta aplicaciÛn en la vida de sus miembros?, o bien, øsu principal misiÛn es ser testigo de la gracia de Dios, que nos toma tal como somos y nos ayuda a acercarnos al m·ximo a las normas bÌblicas? Frente a este dilema una elecciÛn plenamente consciente se impone a todas y cada una de las iglesias, para poder vivir la acogida, el ser refugio. Si se elige la gracia y el encaminar, el orientar eso no quiere decir que la gracia vaya barata, a granel, sino que se entra en la ´escuela de la graciaª en el sentido de Tit 2,11-12. Seguir en la direcciÛn correcta implica que la iglesia recuerda claramente las normas hacia las cuales se encamina. (Texto de Thierry Huser)

La iglesia como un lugar de testimonio p˙blico

Existen algunos paÌses, quiz·, en los que la instituciÛn religiosa tiene una percepciÛn p˙blica tal que los grupos de car·cter marginal (iglesias del hogar, por ejemplo) pueden ejercer cierta fascinaciÛn o atracciÛn sin provocar sentimientos de desconfianza. Pero parece que eso no es tan posible en Francia. La historia centralizadora, primero de la monarquÌa y luego de la Rep˙blica, otorga al Estado un papel de ·rbitro del pensamiento del que es difÌcil escapar. Quiz· exista alg˙n paÌs en el que eso no sea asÌ. Pero nuestra tarea es la implantaciÛn y el desarrollo de iglesias evangÈlicas impregnadas de civilizaciÛn francesa en una cultura laica fuertemente influida por el catolicismo y en la que la Rep˙blica es el garante de las libertades individuales; una cultura en la que, por ser evangÈlicos, la legislaciÛn sobre asociaciones culturales nos va como anillo al dedo. AsÌ las cosas, tenemos el m·ximo interÈs en que nuestras iglesias estÈn integradas tanto como sea posible en ese modo de pensar. En una palabra, que sean lugares que formen parte de la vida p˙blica. Eso implica cierto n˙mero de reflejos que tendremos que desarrollar:

ï Establecer relaciones con las autoridades civiles de nuestra ciudad. En el peor de los casos, la cortesÌa nos llevar· a esa comunicaciÛn. En el mejor de ellos, el reconocimiento del papel de las autoridades ñpapel difÌcil que exige nuestras oraciones (1 Tim 2,1-2)ñ. Pero es m·s que eso, es la necesidad de ser testigos de Cristo en todos los ·mbitos de la vida.

ï Establecer relaciones con el mundo asociativo y religioso de nuestra ciudad. Participando en la vida de la ciudad matamos dos p·jaros de un tiro: nos aseguramos la mejor polÌtica imaginable de relaciones p˙blicas y obedecemos al SeÒor que nos ordena ser la sal de la tierra y la luz del mundo (Mt 5,13-14). No se trata en ning˙n caso de renegar de nuestras confesiones de fe. Sino que existen muchos ·mbitos en los que podemos conjugar nuestros esfuerzos con los de otros. Al mismo tiempo, eso nos permitir· conocer a los habitantes de la ciudad y contribuir· a derribar las barreras y los prejuicios. Nuestro objetivo final, sostenido por la oraciÛn es que las personas puedan llegar a pensar que es tan normal entrar en nuestro lugar de culto como al supermercado de la esquina. DespuÈs de todo, si sucede que unos y otros no invocan al SeÒor para pedir la salvaciÛn, que sea en razÛn del esc·ndalo de la cruz, de la locura de la cruz (1 Cor 1,23) y no sÛlo a causa de los a priori referentes a nuestras Iglesias.

ï Conseguir que el lugar de culto sea f·cil de encontrar y acogedor. En otros tiempos, entrar en un templo protestante o una sala evangÈlica el domingo por la maÒana estaba considerado una traiciÛn hacia la Iglesia CatÛlica. Sin embargo, el espÌritu de tolerancia de nuestra sociedad posmoderna ha demolido en gran parte esa barrera, no en vano el protestantismo goza de cierta credibilidad frente a las sectas. Ir a la iglesia el domingo por la maÒana todavÌa forma parte de la memoria religiosa de los franceses, aunque estÈ medio olvidada. Actualmente es m·s f·cil invitar a alguien al culto dominical que a una reuniÛn ´especialª durante la semana. El culto se ha convertido en la puerta de entrada a nuestras comunidades.

La iglesia multipista o la iglesia a la carta

øCÛmo ser· la iglesia a la carta? La respuesta es sencilla: no lo sabemos. Porque no hay un ˙nico modelo ya que el lugar de implantaciÛn de la iglesia, sus locales, su composiciÛn y sus objetivos son todos ellos factores de diferenciaciÛn. Esto es asÌ tanto para las iglesias pequeÒas como para las grandes. Yllegamos a la creatividad. Los cristianos no deberÌan ir a la zaga por lo que respecta a la creatividad respecta. Adoramos a un Creador que ha puesto mucha variedad en el mundo. øPor quÈ tanta variedad en la creaciÛn? øPor quÈ Dios creÛ a la vez las rosas, los lirios, las amapolas, los botones de oro y los junquillos? øPor quÈ creÛ los carboneros, las golondrinas, las gaviotas, los mochuelos y las ·guilas? øPor quÈ los seres humanos son tan distintos entre sÌ: altos, bajos, rubios, castaÒos, extrovertidos, tranquilos? La creatividad al servicio de Dios nos permitir· salir de los caminos trillados de la tradiciÛn.

Y vuelvo a mi pregunta: øcÛmo ser· la iglesia a la carta?

1. Varios cultos todos los fines de semana

La existencia de varios cultos puede permitir estilos de adoraciÛn distintos. Un culto moderno en el que el rap se codear· con el pop-rock con influencias de jazz, o un culto deliberadamente contemplativo en el que se pueda restablecer el silencio frente al torrente de palabras que sufrimos diariamente por parte de los medios de comunicaciÛn de masas.

2. Un culto con los jÛvenes el domingo a las 12:30 h

Hace dos aÒos, un minisondeo hecho entre algunos jÛvenes referente a la hora ideal para el culto revelÛ que la mayorÌa de ellos respon-

dÌa que el ideal serÌa encontrarse el domingo por la maÒana a la hora del cafÈ y los bollos, antes de celebrar juntos el culto. De este modo la iglesia no serÌa un obst·culo para su vida social normal del s·bado noche.

3. Un ciclo de conferencias sobre la Biblia y la historia o la Biblia y el arte

No existe forma artÌstica en la que no se planteen las cuestiones esenciales y existenciales. Aprovechemos el centro de interÈs de las personas para invitarlas a una reflexiÛn profunda sobre los temas bÌblicos a partir de conocimientos adquiridos.

4. Un culto con varios temas de predicaciÛn distintos

En lugar de una predicaciÛn ˙nica, si la iglesia dispone de locales que se lo permitan, se pueden proponer varios grupos de estudio antes o despuÈs del momento de adoraciÛn en com˙n.

5. MultiplicaciÛn de grupos pequeÒos

Todos se van a poder integrar en un grupo que corresponda a su evoluciÛn espiritual y, a la vez, van a desarrollar una comuniÛn fraterna con un n˙mero reducido de hermanos, lo que facilita tambiÈn la integraciÛn en la iglesia.

CONCLUSI”N

No se puede separar la evangelizaciÛn de la vida de la iglesia. Cuando en su seno hay el respeto por el otro, habr· el respeto por el otro en su sentido m·s amplio. Toda la vida cristiana reside en asumir la tensiÛn entre nuestra solidaridad humana y nuestras convicciones teolÛgicas. Pero, a fin de cuentas, amar al prÛjimo y respetarlo debe incluir el deseo de que se salve. Es demasiado valioso como para que callemos la buena nueva.

Algunos modelos de misiÛn cristiana del pasado para afrontar mejor el futuro

La misiÛn cristiana a lo largo de la historia se ha revestido con una sorprendente diversidad de formas, condicionadas por el tipo de relaciÛn que prevalecÌa entre el cristianismo y su entorno cultural y polÌtico. La misiÛn es una forma de transmisiÛn, de ´tradiciÛnª en el sentido paulino del tÈrmino. El apÛstol transmite lo que ha recibido ( cf. 1 Cor 15,3). Hay un emisor y un receptor. La legitimidad de la evangelizaciÛn reposa en el hecho de que los discÌpulos son enviados a la misiÛn por el SeÒor glorificado (cf. Mt. 28,19). ´Como me ha enviado el Padre, asÌ tambiÈn yo os envÌoª (Jn 20,21; cf. 17,18). La primera epÌstola de Clemente (42,1-2) ya entendÌa la misiÛn apostÛlica como la prolongaciÛn de la misiÛn del hijo. El apÛstol est· llamado para hacer que el resucitado sea presente y activo, para suscitar una comunidad de creyentes entorno a Èl, para implantar la iglesia. La orden de evangelizar es un imperativo al que los discÌpulos no pueden sustraerse (cf. 1 Cor 9,16). Evangelizar no es un acto cualquiera. El EspÌritu Santo es su agente principal (cf. He 1,8; 1 Te 1,5; 1 Cor 2,4; 1 Pe 1,12). El Nuevo Testamento ñpreferentemente el apÛstol Pabloñ utiliza el verbo keryssein (proclamar) o predicar para significar el acto de transmitir el Evangelio. La proclamaciÛn o predicaciÛn tiene por objeto central el acontecimiento pascual ( cf. 1 Cor 15,11-14). …ste es un punto esencial: el cristianismo no es una gnosis; se enraÌza en un acontecimiento que tuvo lugar en la historia e interpela a todos los hombres y mujeres de cualquier cultura o religiÛn. De acuerdo con este acontecimiento ´vistoÖ oÌdoÖ y anun-

1 Mons. Roland Minnerath es obispo de la Iglesia CatÛlica y enseÒa Historia de la Iglesia en la Facultad de TeologÌa CatÛlica de la Universidad Marc-Bloch, en Estrasburgo (Francia).

ciadoª por aquellos que fueron sus testigos (cf. 1 Jn 1,1-3), los oyentes deben tomar partido. El objetivo de la proclamaciÛn es la metanoia , la conversiÛn del corazÛn (arrepentimiento) que lleva a la fe. ´°ArrepentÌos y creed en el Evangelio!ª (Mc 1,15). ´La fe es por el oÌr, y el oÌr por la palabra de Cristoª (Ro 10,17). La fe es una iluminaciÛn interior (cf. Ef 1,18; 5,18; Heb 6, 4) que conduce a reconocer que ese acontecimiento sucediÛ para mÌ. La fe siempre es una decisiÛn personal que normalmente lleva al bautismo ( cf. He 2,41), a la incorporaciÛn en el cuerpo de Cristo resucitado ( cf. Ro 6,4-5; Cor 2,12).

Este proceso supone que se cumplan dos condiciones: que el emisor, aquel que anuncia el Evangelio, sÛlo anuncie el Evangelio. Tiene que poner al receptor en relaciÛn con el Verbo que salva. El evangelizador no debe actuar con otras intenciones distintas de aquella; tiene que ser transparente al mensaje que transmite y que tambiÈn recibiÛ. En segundo lugar, el receptor debe ser libre de escuchar o no la palabra que le es propuesta. Debe poder decidir seg˙n le dicte su conciencia y no por motivos externos al Evangelio.

Estas dos condiciones, que parecen obvias, como veremos no siempre han sido observadas a lo largo de la historia. La evangelizaciÛn, cuanto m·s ligada ha estado a otros proyectos como la conquista, la colonizaciÛn y las luchas hegemÛnicas, tanto m·s se ha manchado con factores que la hacen ambigua, al menos a nuestros ojos. Y esto es asÌ porque, aunque hoy podamos contemplar la misiÛn cristiana seg˙n los criterios imperecederos de la era apostÛlica, no debemos olvidar que nosotros tambiÈn estamos inmersos en la historicidad. Nuestra historicidad nos permite vivir de nuevo en unas condiciones de transmisiÛn de la fe prÛximas a las de los primeros cristianos, prÛximas al menos porque hemos salido de la era de la Ûsmosis entre la polÌtica y la religiÛn que marcÛ el mundo cristiano desde el siglo IV hasta el XVIII , sino m·s all·. Dicho esto, hoy nos enfrentamos a otros desafÌos como la indiferencia religiosa generalizada o las formas nuevas de lucha anticristiana.

ELMODELO APOST”LICO

La iglesia apostÛlica desarrollÛ ante todo una misiÛn en un medio judÌo como continuaciÛn de la predicaciÛn de Jes˙s. De ello dan testimonio los cinco primeros capÌtulos del libro de los Hechos, el Evangelio seg˙n Mateo y la epÌstola de Santiago. Alos judÌos no se les pedÌa que rompiesen con las pr·cticas judÌas, sino que considerasen el

Evangelio como el cumplimiento y la superaciÛn de la ley (cf. Mt 5,17).

La fe en la resurrecciÛn de Cristo hace del judÌo creyente un judeocristiano. Alos judÌos, Pablo les dice que la ley es como un pedagogo que debe llevar a Cristo (cf. Ga 3,24-29). ´Porque el fin de la ley es Cristoª (Ro 10,4).

La misiÛn se volviÛ luego hacia los paganos, no sin provocar discusiones y disensiones sobre el hecho de la admisiÛn del bautismo de los paganos sin nada m·s que la fe ( cf. He 11,17-18; 15,7-11; Ga 2,2-3). El Evangelio es anunciado a los griegos como ´locura de la cruzª (1 Cor 1,18), pero la filosofÌa griega, en el famoso discurso de Pablo a los atenienses, escrito por Lucas, ya es vista como una preparaciÛn para recibir el Evangelio. ´Aaquel, pues, que vosotros honr·is sin conocerle, a quien yo os anuncioª (He 17,23).

Durante casi tres siglos la iglesia primitiva evangelizÛ principalmente el mundo mediterr·neo, en medio de las sospechas generales de la poblaciÛn y la hostilidad del poder romano. Aun en la mayor de las precariedades, la preparaciÛn de los catec˙menos era hecha con sumo esmero, tal como lo muestra ya la TradiciÛn apostÛlica atribuida a HipÛlito de Roma hacia 230 d.C., o la Didascalia siria de Època similar.

Evidentemente no habÌa personal misionero especializado. Las familias cristianas propagaban el Evangelio de barrio en barrio y de ciudad en ciudad. Los cristianos de Lyon venÌan de Asia Menor, seg˙n lo atestiguan los nombres griegos de muchos de ellos.2 Eran comerciantes. Fueron vÌctimas de denuncias populares y entregados a los juegos del anfiteatro en 177 d.C. Esos pequeÒos grupos de cristianos se nutrÌan ˙nicamente del medio pagano. Abrazar la fe exigÌa de los paganos que rompiesen con las pr·cticas idol·tricas o inmorales anteriores.

Uno de los testimonios m·s esclarecedores de las relaciones de los cristianos del siglo II con el mundo que los rodeaba se nos da por la EpÌstola a Diognetes , fechada hacia el 130 d.C. En palabras de su autor: ´Aquello que el alma es para el cuerpo, lo son los cristianos para el mundo.ª No se distinguen de los dem·s por signo externo alguno, sino porque evitan ciertas pr·cticas paganas. Atraen a los dem·s por su modo de vida, que hace que amen incluso a sus enemigos.3

2 VÈaseEUSEBIO. Historia eclesi·stica V, 6-61.

3 VÈase EpÌstola a Diognetes, 6.

ELMODELO PATRÕSTICO

DespuÈs de que en 313 d.C. el edicto de Mil·n, resultado de los acuerdos entre Constantino y Licinio, concediera la libertad a la iglesia, los cristianos recibieron por primera vez un reconocimiento legal que va m·s lejos que el estipulado por el edicto de Galera, dos aÒos antes. El texto de 313 es una notable victoria pÛstuma de Tertuliano, el gran apologista africano de fines del siglo II d.C.

El documento contiene una teorÌa de la libertad religiosa novedosa en el derecho romano. La libertad de religiÛn se justifica como un derecho inherente de todos los individuos. Ese derecho se ejerce en comunidad y la comunidad de los cristianos es reconocida como persona jurÌdica que puede poseer bienes. Por lo que al Estado se refiere, ya no se identifica con un ˙nico culto, como el culto de Roma y de Augusto que habÌa sido impuesto a todo el Imperio; el Estado invita a todas las religiones para que invoquen a su modo a la suprema divinidad, que cada uno nombra seg˙n sus creencias, para que proteja el Imperio.4

Las disposiciones tomadas por Constantino estuvieron vigentes, a grandes rasgos, hasta Teodosio. …ste, mediante el edicto de TesalÛnica de 380 d.C., proclamÛ que el cristianismo conforme a la doctrina trinitaria del Concilio de Nicea serÌa a partir de ese momento la religiÛn oficial del Imperio. Desde entonces el paganismo fue molestado y luego perseguido, al igual que los grupos herÈticos. Con Teodosio da inicio un largo perÌodo de Ûsmosis entre el poder polÌtico y el cristianismo, entre el Imperio y la Iglesia. Los predicadores del Evangelio se convertir·n de modo paulatino en agentes de la cultura helÈnica y la dominaciÛn del Imperio Romano. Durante la Època de esplendor de la patrÌstica y los concilios de los siglos IV y V, la iglesia pudo desarrollar una catequesis centrada a˙n en la conversiÛn y la libre adhesiÛn al Evangelio de salvaciÛn. Las obras de Cirilo de JerusalÈn (Catequesis bautismal, Catequesis mistagÛgica) y Ambrosio de Mil·n (Sobre los sacramentos, Sobre los misterios) o de Juan CrisÛstomo (Las catequesis bautismales) sobre la formaciÛn de los catec˙menos durante tres aÒos antes del bautismo, y luego de los neÛfitos tras el bautismo, muestran hasta quÈ punto las iglesias se tomaban en serio el mandato de evangelizar. Los candidatos al bautismo eran invitados a recorrer un verdadero itinerario de conversiÛn. La comunidad entera los tomaba a su car-

4 VÈase LACTANCIO. De la muerte de los perseguidores, 48.

go y los acompaÒaba en su avance erigiÈndose en garante de sus motivaciones. Todos los catec˙menos eran apadrinados por un miembro de la comunidad. Se ponÌan a trabajar los distintos ministerios de adoctrinamiento, sin olvidarse del exorcismo. El futuro bautizado recibÌa el sÌmbolo de la fe, el Credo, que debÌa recitar en el momento dado. Durante la vigilia pascual recibÌa el bautismo, la crismaciÛn (confirmaciÛn) y la eucaristÌa. Una vez ´iluminadoª, ya podÌa recibir una instrucciÛn dogm·tica m·s profunda. Cirilo de JerusalÈn llama a esta enseÒanza ´catequesis mistagÛgicaª.

TambiÈn se puede decir que la Època patrÌstica constituye el gran ejemplo de la inculturaciÛn efectiva de la fe. La cultura griega se transforma desde el interior por el cristianismo, a la vez que proporciona a la teologÌa cristiana, encarnada en esa cultura, los conceptos b·sicos que precisa para explicar la fe. Los grandes concilios trinitarios y cristolÛgicos son la prueba. La teologÌa patrÌstica atestigua asÌ que la misiÛn cristiana pasa por la evangelizaciÛn de la cultura. El cristianismo es tambiÈn un orden del conocimiento. Fe y razÛn natural, distintas e irreductibles una a la otra, se necesitan mutuamente para desarrollarse.

LAEVANGELIZACI”N DESDE LAC⁄PULA

Debemos evaluar el cambio que tuvo lugar entre este modelo y el que ya le hacÌa la competencia, susceptible de ser llamado el modelo de evangelizaciÛn desde la c˙pula. Ya a fines del siglo III d.C. se habÌa asistido a la conversiÛn de todo un pueblo, que se pasÛ al cristianismo siguiendo a su jefe. Se trata de Armenia, primer reino cristiano, convertido por la predicaciÛn de Gregorio el Iluminador, originario de Capadocia, que convirtiÛ al rey TirÌdates II. Con los godos en el siglo IV se asiste a un fenÛmeno parecido. Esas tribus al norte del mar Negro habÌan sido evangelizadas por el obispo Ulfila, marcado por el arrianismo. La religiÛn era su principal elemento de unidad. La responsabilidad de escoger los dioses m·s favorables al grupo recaÌa sobre el rey. De ese modo, los godos se convirtieron siguiendo a sus jefes, que creÌan que el Dios de los cristianos, que les habÌa sido mostrado, les darÌa la prosperidad y la victoria. Esto ya no tiene nada que ver con las conversiones individuales motivadas y largamente preparadas, sino con bautismos colectivos precedidos, en el mejor de los casos, de una preparaciÛn sumaria. Varias ramas de esas tribus godas se desplegar·n con fuerza una y otra vez sobre Occidente. Ostrogodos, visigodos, v·ndalos, suevos, burgundios son todos arrianos.

Los francos, cuando descienden hacia la Galia romana, tienen un comportamiento idÈntico. SÛlo que a˙n son paganos. Clotilde, esposa del rey Clodoveo, persuade a su esposo a que abrace su fe catÛlica. Clodoveo es bautizado en 496 y, seg˙n dicen las fuentes, sus oficiales lo fueron con Èl, asÌ como una gran parte de la multitud del pueblo franco. El pueblo seguÌa lo que decidÌa el rey. No surgÌa ning˙n problema de conciencia. Las razones de Clodoveo eran turbias. El Dios de los cristianos es bueno si da la victoria. DespuÈs de derrotar a los alamanes, Clodoveo ya no tuvo dudas. El esquema es, pues, el conformismo del pueblo frente a la elecciÛn religiosa de su soberano. Cu·l era la visiÛn que los francos, bautizados antes de ser evangelizados, podÌan tener del cristianismo, esa ya es otra cuestiÛn.

Carlomagno, durante sus campaÒas contra los sajones, se caracteriza por recurrir a la violencia para convertir a sus enemigos. OfreciÛ a los sajones que eligieran entre el bautismo o la muerte. Su consejero, el monje Alcuino, se lo reprochÛ. Nadie puede ser forzado a creer ni a recibir el bautismo. Por lo que se refiere al tiempo de preparaciÛn necesario, Alcuino estima que cuarenta dÌas pueden ser suficientes y, si es preciso, se podrÌa admitir que fueran ocho. °QuÈ diferencia con la iglesia primitiva!

LAS ESFERAS DE INFLUENCIA

En la Alta Edad Media, la evangelizaciÛn se llevÛ a cabo desde los grandes imperios Carolingio y Bizantino. Uno y otro asocian la evangelizaciÛn a la extensiÛn de su esfera de influencia. El modelo germ·nico se repite con la conversiÛn de los pueblos eslavos en los siglos IX y X . Un ejemplo flagrante es el de Bulgaria. El rey Boris acababa de descubrir la ventaja que representaba la pertenencia al cristianismo, lo que le permitÌa participar de la brillante civilizaciÛn encarnada por Bizancio. SolicitÛ el bautismo y lo recibiÛ en Constantinopla de manos del Patriarca; el Emperador fue su padrino. Apresuradamente, Boris obligÛ a sus s˙bditos a que se bautizaran y empleÛ la fuerza con los recalcitrantes. Eso era una ofensa inadmisible. El papa Nicol·s I le enviÛ un mensaje, la Responsio ad Bulgaros , hacia 865, que es una referencia para las concepciones misioneras de la Època. En ella se lee que no se deberÌa forzar a nadie a que abrace la fe, que el recurso a los mÈtodos de intimidaciÛn invalida el bautismo y que la fe debe preceder al bautismo y no al revÈs.

Los moravos fueron evangelizados por los frailes Cirilo y Metodio, enviados por Bizancio a peticiÛn del prÌncipe Ratislav, hacia 860. Con ellos nos encontramos ante una empresa de evangelizaciÛn que no recurre a la coerciÛn, sino que engendra una mutaciÛn decisiva. De ese modo, asÌ como Ulfila lo habÌa hecho con los godos, los dos frailes crean un alfabeto, el eslavo antiguo, a˙n en vigor en la liturgia rusa, fue la primera lengua eslava escrita. Tradujeron la Biblia y los libros lit˙rgicos al eslavo antiguo; por lo que su aporte a la cultura eslava es inconmensurable. Desde entonces se entiende que para ciertos pueblos eslavos el despertar al cristianismo y el despertar a la cultura nacional hayan estado estrechamente ligados. Este vÌnculo sigue siendo una componente esencial de su identidad nacional.

El pueblo ruso, que tomaba forma en el siglo IX, conociÛ el cristianismo gracias a los contactos comerciales establecidos por los varegos escandinavos que circulaban entre el B·ltico y el Volga por una parte y el B·ltico y el mar Negro hasta Constantinopla por otra. Olga, la princesa de Kiev, se convirtiÛ al cristianismo en 957, pero no consiguiÛ imponerlo. M·s tarde, el prÌncipe Vladimir tendrÌa m·s Èxito. La leyenda cuenta que enviÛ emisarios para saber cu·l de los pueblos vecinos tenÌa la religiÛn m·s sublime: los musulmanes, los j·zaros (que eran judÌos), los cristianos francos y los bizantinos. Regresaron deslumbrados por el esplendor de las ceremonias de Bizancio. El prÌncipe de Kiev decidiÛ recibir el bautismo en 989, y con Èl una gran parte de su pueblo.

Durante este perÌodo apareciÛ otro nuevo factor: la evangelizaciÛn por personal misionero especializado. Mientras que en la Antig¸edad el cristianismo se propagaba por contagio natural en las ciudades, en el siglo VII vemos que aparecen monjes misioneros que procedÌan de Irlanda o de Roma. Estos ˙ltimos son los benedictinos que Gregorio el Grande enviÛ para que evangelizaran a los anglos. Por lo que se refiere a los irlandeses, como Columbano, ejercieron la misiÛn en el continente y reimplantaron el cristianismo que las sucesivas invasiones habÌan barrido de una gran parte de Europa. Los monasterios fundados por los irlandeses tenÌan vocaciÛn misionera.

Durante los siglos XV y XVI, la evangelizaciÛn de las costas de £frica, del Nuevo Mundo y de las Indias Orientales est· unida indiso-

ciablemente a la colonizaciÛn espaÒola y portuguesa, que se comprende como un servicio prestado a la expansiÛn de la cristiandad romana. El jurista espaÒol Sep˙lveda sostenÌa que Dios habÌa ofrecido el derecho sobre esas nuevas tierras al Emperador cristiano para que se hiciera cargo de cristianizarlas. De hecho, el papado estuvo estrechamente vinculado a la empresa. El Papa habÌa reconocido el derecho de Portugal para ocupar pacÌficamente las tierras descubiertas en £frica desde 1454. En 1493 y luego en 1494, Alejandro VI habÌa delimitado las respectivas esferas de influencia de EspaÒa y Portugal encomend·ndoles que ´condujeran a la fe cristiana a los pueblos que habitan esos continentes y esas islasÖ y envÌen hombres rectos y sabiosÖ capaces de instruir a los indÌgenas en la buena moral y la fe catÛlica.ª

Huelga decir que la evangelizaciÛn se debÌa hacer por medio de la instrucciÛn, no con coerciÛn, pero sÌ con la ayuda de la fuerza colonial. De hecho, los reyes de EspaÒa y Portugal se otorgarÌan amplios derechos ´de patronazgoª sobre las tierras conquistadas y dirigirÌan el progreso de las misiones catÛlicas a su antojo. En el sur de la India, los portugueses habÌan encontrado una antigua iglesia de tradiciÛn nestoriana que pusieron bajo la jurisdicciÛn nominal del Papa de Roma aunque, en realidad, quedÛ bajo control del padroado portuguÈs.

El balance de la evangelizaciÛn del Nuevo Mundo es m·s bien escaso. El celo de los misioneros franciscanos y jesuitas siempre entrÛ en conflicto con la aspereza de los colonos, que pr·cticamente redujeron la poblaciÛn indÌgena a la esclavitud por el sistema de la encomienda . En 1537, el papa Pablo III tuvo que intervenir para prohibir la esclavitud de los indios precisando que eran seres humanos. El dominico BartolomÈ de las Casas contribuyÛ a alertar a las autoridades europeas acerca de la explotaciÛn desvergonzada a la que estaban sometidos los indÌgenas. Los jesuitas, creando las reducciones del Paraguay, consiguieron sustraer de la dominaciÛn colonial a las poblaciones de esos territorios en una empresa excepcional que apresurÛ la supresiÛn de la orden en 1767. La Iglesia Romana intentÛ retomar la direcciÛn de las misiones del Nuevo Mundo y de las Indias y en 1622 creÛ la congregaciÛn de propaganda fide para coordinarlas. Sus instrucciones son esclarecedoras. PedÌa a los misioneros que no se comportaran como portavoces de sus respectivas naciones de origen, sÛlo del Evangelio.

Las misiones modernas se caracterizan por el papel de primer orden desempeÒado por las nuevas Ûrdenes religiosas misioneras, em-

pezando por los jesuitas. Uno de los primeros compaÒeros de Ignacio de Loyola, Francisco Javier (1506-1552), quiz· la mayor figura de las misiones catÛlicas modernas, se lanzÛ a evangelizar primero India y despuÈs JapÛn. HabÌa salido con mandatos oficiales del rey de Portugal y del Papa. Obtuvo Èxitos considerables en Goa y entre la casta de los intocables Barata: hubo bautismos en masa. Asistido por intÈrpretes tamiles, enseÒaba los rudimentos de la fe, organizando su catequesis alrededor de los Diez Mandamientos, del Credo y del Padre Nuestro, que hacÌa aprender de memoria.

En 1548, saliÛ de India y, pasando por Malaca, entrÛ en JapÛn no sin antes haberse informado minuciosamente sobre la mentalidad y las costumbres del paÌs. Cuando entrÛ en contacto con esa cultura, Francisco Javier cambiÛ su mÈtodo misionero. Ya no consideraba, al contrario de la mayorÌa de sus colegas, que tenÌa que partir de cero para evangelizar ese pueblo. Le sorprendÌa la importancia que los japoneses daban al razonamiento; comprendiÛ que la inculturaciÛn era precisa. JapÛn vivÌa entonces un perÌodo de desintegraciÛn feudal, lo que le llevÛ a dirigirse preferentemente a los potentados locales. Tras veintisiete meses, Francisco Javier dejÛ tres grupos de conversos. De ese modo se inaugurÛ un nuevo mÈtodo misionero: el estudio previo de la civilizaciÛn abordada, la adaptaciÛn a su mentalidad, el acompaÒamiento progresivo de las personas influyentes y su eventual conversiÛn. No hay interferencia alguna de demandas externas o coerciones de poder.

La misiÛn de Francisco Javier coincidÌa con la conquista de la India por los mogoles. El emperador Ajbar querÌa saber m·s del cristianismo y en 1580 llamÛ a unos sabios jesuitas a su corte. Pudieron mantenerse hasta el siglo XVIII. La estrategia jesuita era la evangelizaciÛn desde la c˙pula: ganar las familias reinantes y la aristocracia.

Siguiendo la lÌnea de Francisco Javier, debemos citar a Matteo Ricci (1552-1610), que consiguiÛ acercarse al emperador de la China. Se ganÛ el respeto por sus conocimientos en matem·ticas y astronomÌa. Ricci entendiÛ que es preciso distinguir entre los ritos de homenaje a los antepasados y su significaciÛn politeÌsta. Poco despuÈs de Èl, Roberto de Nobili (1577-1656) se hizo brahm·n en India y compartiÛ completamente el modo de vida de la poblaciÛn. Empieza la desafortunada ´querella de los ritosª. En Roma, en 1715 y 1742, se prohÌbe que los nuevos conversos practiquen sus ritos ancestrales; da lo mismo que sean chinos o malabares. SerÌa preciso esperar hasta 1939 para que al fin se distinguieran de su significaciÛn religiosa.

LACOMPETENCIAMISIONERA

En los siglos XVII y XVIII, ante el avance de las colonizaciones brit·nica y holandesa, las misiones catÛlicas conocen un retroceso. Desde entonces, las misiones catÛlicas ceden el paso ante las misiones protestantes, apoyadas por sus estados respectivos. Aparece un nuevo fenÛmeno: el de la competencia misionera entre confesiones cristianas. Los misioneros europeos se esfuerzan en convertir para su iglesia, tanto a otros cristianos catÛlicos como a paganos indÌgenas. Tal es el caso de los holandeses en Indonesia, Ceil·n, Formosa, y los territorios abandonados por los portugueses. Los misioneros holandeses dependÌan estrechamente de su soberano. …l se hacÌa cargo de su remuneraciÛn y recibÌan una bonificaciÛn por persona bautizada. Adem·s, a los candidatos al bautismo se les ofrecÌan ventajas materiales.

Destaca particularmente la obra que el pastor presbiteriano John Eliot (1604-1690) llevÛ a cabo en AmÈrica, donde aprendiÛ iroquÈs e intentÛ sedentarizar a las tribus indias. Para ellas tradujo la Biblia al mohicano. Es de destacar que las imaginaba descendientes de las antiguas tribus dispersas de Israel. M·s tarde llegarÌan las primeras sociedades misioneras. AsÌ, la Anglican Society for the Propagation of the Gospel (1704) tiene el objetivo de convertir a los indÌgenas. En las colonias inglesas de AmÈrica, los grupos confesionales inconformistas viven una Època mesi·nica. Se trataba de establecer el reino de Dios en ese mundo nuevo, libre de la tutela de las monarquÌas europeas y su alianza con una religiÛn oficial. Los hombres serÌan libres e iguales y la autoridad p˙blica no impondrÌa ninguna religiÛn oficial. La democracia moderna y el aprendizaje de la tolerancia en el pluralismo inician su larga carrera. La libertad religiosa, que en la segunda mitad del siglo XX serÌa reconocidas como un derecho de la persona por las iglesias y los estados, debe mucho a la experiencia de las comunidades inconformistas autogestionadas de AmÈrica. Todo el siglo XIX est· marcado por la colisiÛn entre la colonizaciÛn occidental y la evangelizaciÛn, agravada por el ascenso de los nacionalismos. En el mundo protestante anglosajÛn se asistiÛ a un despertar evangÈlico que empujaba a los laicos para que fundaran sociedades misioneras e hicieran frente al desafÌo de la evangelizaciÛn. Durante mucho tiempo esas sociedades fueron independientes de las iglesias a las que se afilian. Sobre el terreno, toman conocimiento de las dificultades inherentes a la divisiÛn de los cristianos. R·pidamente se dan cuenta de que, m·s que com-

petir, deben cooperar unas con otras. Varias serÌan interdenominacionales como la London Missionary Society, creada a finales del siglo XVIII , y la American Board of Commissioners for Foreign Missions .

LAREACCI”N ECUM…NICA

El hecho misionero de mayor importancia que tuvo lugar a inicios del siglo XX fue la reacciÛn que se dio en los medios protestantes contra la competencia entre misiones cristianas y a˙n m·s contra la divisiÛn de los cristianos. Esa reacciÛn salutÌfera toma cuerpo en el mismo momento en que los estados europeos se impregnan cada vez m·s de nacionalismo agresivo. La Conferencia Universal de las Misiones, que en 1910 tuvo lugar en Edimburgo, dio el impulso decisivo al movimiento ecumÈnico. Los delegados de las sociedades misioneras protestantes que trabajaban en Asia y £frica declararon que la unidad de la iglesia de Cristo es una exigencia para la credibilidad de la misiÛn.

De esa conferencia surgieron el Consejo Internacional de las Misiones y la Conferencia sobre Fe y ConstituciÛn (Faith and Order). El primer organismo tenÌa como fin la promociÛn de la unidad de acciÛn misionera entre denominaciones hasta entonces rivales. Siguiendo su ejemplo, el Consejo Mundial de Iglesias, creado en 1948 por la Conferencia de £msterdam, incluyÛ en sus objetivos la ayuda mutua que deben darse las iglesias en la acciÛn misionera. Ese trabajo est· supervisado por una Oficina de las Misiones y la EvangelizaciÛn, adscrito al secretario general. Desde entonces, evangelizaciÛn y ecumenismo est·n ligados.

En todas las iglesias, la investigaciÛn antropolÛgica del siglo XX, que precediÛ al reciente fenÛmeno de la globalizaciÛn, ha provocado una revoluciÛn copernicana respecto a la idea de misiÛn. Se ha visto que desde la era moderna la misiÛn se asociaba a la colonizaciÛn. Dicho de un modo m·s preciso: se acompaÒaba de la exportaciÛn pura y simple de las concepciones teolÛgicas occidentales sin que de un buen principio se haya pensado en encarnar el anuncio de la fe en las culturas y las estructuras locales. Actualmente la situaciÛn es distinta, pero los ·nimos tambiÈn son m·s recelosos. Una acciÛn misionera que se mostrase prepotente ya no serÌa aceptada. En la actualidad, los medios de poder se esconden tras formas m·s sofisticadas que los ejÈrcitos de colonizaciÛn o las grandes compaÒÌas comerciales. Incluyen Internet, las tÈcnicas de lavado de cerebro o la infil-

traciÛn en las empresas y las administraciones. La misiÛn debe volver a ser el anuncio de Cristo liberador de los hombres y revelador de quiÈn es Dios y quiÈn el ser humano.

DESPU…S DELCONCILIO VATICANO II

Por lo que a la Iglesia CatÛlica se refiere, en el Concilio Vaticano II ampliÛ su comprensiÛn del mandato misionero recibido de Cristo. La misiÛn no puede ser reducida a una actividad especializada en el interior de la organizaciÛn de la Iglesia que ejercen, por ejemplo las congregaciones religiosas que se consagran a esa actividad. La misiÛn es una dimensiÛn de toda existencia cristiana. Cada uno de los bautizados recibe el mandato fundamental de evangelizar con el testimonio de su vida. Al mismo tiempo, la visiÛn que distingue entre paÌs cristiano y paÌs no cristiano que hay que evangelizar ha perdido su validez. En la actualidad la misiÛn empieza delante de nuestras puertas. La misiÛn entre los no cristianos ha sido repensada en tÈrminos de inculturaciÛn del Evangelio. En el pensamiento catÛlico ya no existe el proyecto de convertir iglesias enteras, de hacer que regresen al redil. El di·logo ecumÈnico apela al reconocimiento mutuo de los dones del EspÌritu y a un testimonio com˙n. Los cristianos deben profundizar su fe en Cristo salvador para purificarse de las escorias del pasado y acercarse en la fidelidad a su fundador.

DespuÈs del Concilio Vaticano II la Iglesia CatÛlica ha profundizado la tem·tica misionera en varios documentos, entre los cuales la exhortaciÛn Evangelii nuntiandi del papa Pablo VI (1975) y la encÌclica Redemptoris missio de Juan Pablo II (1990). El imperativo misionero resurge con una imagen renovada, de acuerdo con las exigencias de la libertad religiosa para todos y el respeto por las distintas culturas. Volvemos a lo que la evangelizaciÛn no deberÌa haber dejado de ser jam·s, una proposiciÛn de fe, despojada de doble intenciÛn y encaminada a desarrollar y purificar, y no a demoler, la experiencia religiosa o el rumbo filosÛfico de las personas a las que va dirigida.

En la pr·ctica catÛlica posconciliar no se pueden disociar dos actitudes complementarias. Por un lado, la Iglesia proclama el derecho que todos los seres humanos tienen a la libertad en su comportamiento religioso; derecho que consiste en la inmunidad ante toda coerciÛn por parte de cualquier poder o de un tercero. Este derecho es inherente a la naturaleza de los seres humanos y debe ser reivindicado por todos ante cualquier sistema polÌtico. Por otra parte la

Iglesia reivindica el derecho de todas las organizaciones religiosas a difundir su fe o sus convicciones por cualquier medio que respete la libertad de las personas. La Iglesia supone que todos y cada uno de los seres humanos creados por Dios lleva en sÌ mismo el deseo de encontrar la verdad sobre el sentido de su vida, sobre el origen y el fin de todo. Ese deseo puede ser ahogado por las ideologÌas o las pr·cticas materialistas, pero renace bajo formas distintas. El anuncio del Evangelio viene a llenar ese vacÌo. Hace que entremos en comuniÛn con Cristo, el verbo de Dios, que lleva nuestra condiciÛn humana hasta su m·xima expresiÛn. Nadie puede ser llevado a la fe contra su propia voluntad, decÌa san AgustÌn. Nadie puede tampoco ser privado del anuncio del Evangelio.

El imperativo misionero contin˙a siendo interpretado de modo divergente por una o por otra iglesia. Por un lado, algunas grandes iglesias han llegado a un acuerdo de base para distinguir cuidadosamente entre misiÛn y proselitismo, entendiÈndose este ˙ltimo tÈrmino como sinÛnimo de recurso a medios deshonestos de coerciÛn psicolÛgica o fÌsica.5 Estas iglesias, que desde entonces mantienen un fecundo di·logo ecumÈnico, incluso llegan a aceptar la cooperaciÛn misionera.6 Insisten en el testimonio com˙n que consiste en reconocer los dones espirituales que act˙an en los dem·s y dar testimonio de lo que es com˙n. Ese testimonio debe llevar al Evangelio y no a comparar unas confesiones con las otras. AsÌ se explica la 3.a ComisiÛn Conjunta del Consejo Mundial de Iglesias y la Iglesia CatÛlica. Otras iglesias, no obstante, a menudo de origen m·s reciente, intentan convertir a otros cristianos y arrancarlos de su comunidad de origen. En el mundo ortodoxo, sobre todo en Rusia, prevalece otra concepciÛn; es la del territorio canÛnico. Seg˙n esta concepciÛn heredada del pasado, sobre un territorio tradicionalmente ortodoxo no deberÌa existir otra confesiÛn cristiana. La Iglesia Ortodoxa califica de ´proselitismoª el hecho de que algunas fracciones de cristianos orientales se hayan unido a Roma durante los ˙ltimos siglos y que la Iglesia CatÛlica, mediante el establecimiento de diÛcesis, intente suplir las necesidades espirituales de las minorÌas catÛlicas en ese paÌs. En 1995, en Patmos, los patriarcas ortodoxos condenaron lo que llaman el proselitismo catÛlico y protestante sobre el territorio de sus iglesias nacionales. Si se considera seriamente el derecho de toda persona a la libertad religiosa, ese punto de vista parece de difÌcil justificaciÛn.

5 Concilio Vaticano II, Dignitatis humanÊ 4; Ad Gentes 13.

6 Unitatis redintegratio 12.

Las iglesias independientes y los nuevos movimientos evangÈlicos, que ante todo desconfÌan del movimiento ecumÈnico y las grandes iglesias histÛricas, conocen un auge considerable, en especial en £frica. Dan a sus fieles una sensaciÛn de proximidad que las grandes iglesias a˙n no saben suscitar. No se cargan de doctrina ni tampoco se esfuerzan por evitar el escollo del fundamentalismo bÌblico o la denigraciÛn de los competidores. Por consiguiente, no evitan el proselitismo. Sin embargo, son portadores de un dinamismo que recuerda el fervor de la misiÛn en sus orÌgenes.

CONCLUSI”N

A˙n hay estados que consideran que deben defender a sus ciudadanos contra las influencias religiosas procedentes del exterior. Es el caso de numerosos paÌses isl·micos y algunos estados de la UniÛn India. El cristianismo es considerado como un producto de importaciÛn incompatible con la cultura nacional, por lo que hay que eliminarlo. Huelga recordar que la libertad de las personas incluye tambiÈn el derecho a abrirse a otras visiones del mundo distintas de la que es tradicional en su paÌs. Proponer la fe cristiana en esos paÌses es una empresa con un cierto riesgo. Algunos paÌses de £frica o Asia acusan a los misioneros occidentales, catÛlicos o protestantes, de acudir con medios de persuasiÛn que rayan el lÌmite de las pr·cticas proselitistas porque llegan con una organizaciÛn u Ûrdenes religiosas misioneras, se comprometen en el trabajo social, fundan escuelas, etc. Contra ellos los pobres no pueden oponer resistencia. Aunque sean ganados por la persuasiÛn, aunque se adhieran libremente al cristianismo, la partida no est· igualada. Estas precisiones interpelan a la misiÛn, que no debe proponer ventajas indirectas ni dar cobertura a proyectos econÛmicos o polÌticos. En pocas palabras, la misiÛn est· llamada a ser de nuevo lo que fue en sus inicios: el anuncio del acontecimiento pascual, la llamada a la conversiÛn libre, el reconocimiento de los valores y las semillas de verdad que existen en todas las culturas, la inculturaciÛn y la encarnaciÛn de la fe.

Evangelizar a la manera de Cristo

Ante todo, permÌtanme expresar mi m·s sincera gratitud a la Facultad Adventista de TeologÌa. Para mÌ y para el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) es un verdadero honor que nos hayan invitado a participar en este Coloquio y compartir esta exposiciÛn. Para nosotros el proselitismo y la misiÛn, motivo por el cual se ha iniciado este coloquio, es un tema de gran importancia pues es uno de los m·s pertinentes cuando juntos intentamos llevar a cabo la misiÛn de Dios.

Cierto es que este no es un asunto nuevo ni para los adventistas del sÈptimo dÌa ni para el movimiento ecumÈnico; sino que se inscribe en una larga tradiciÛn. En un folleto publicado hace ya casi treinta aÒos con motivo de los intercambios entre esta Iglesia y el CMI se establecÌa claramente que los adventistas del sÈptimo dÌa: ´rechazan oficialmente cualquier tentativa de proselitismo tal y como se define en el documento del CMI sobre El testimonio cristiano, el proselitismo y la libertad religiosa, y creen que la conversiÛn no puede venir m·s que de una fe sincera y sin coerciÛn.ª2

El reverendo Philip Potter, exsecretario general del CMI, afirma que ´el desafÌo de la misiÛn entendido como la totalidad de la iglesia con todo el Evangelio para la totalidad de la persona en todo el mundo no ha sido suprimido.ª3 Y yo aÒadirÌa que uno de los mayores desafÌos para el testimonio de esta misiÛn es el testimonio com˙n. La primera

1 Carlos Ham, pastor reformado, es originario de Cuba. Es miembro del equipo MisiÛn y EvangelizaciÛn del Consejo Mundial de Iglesias, en Ginebra, Suiza.

2 So Much in Common. Documents of interest in the conversations between the World Council of Churches and the Seventh Day Adventist Church. Ginebra: 1973, p. 67.

3 POTTER, Philip A. En: Dictionary of the Ecumenical Movement, Geneva World Council of Churches. Grand Rapids (MÌchigan): Eerdmans, 1991, p. 695.

pregunta que me viene a la mente es la siguiente: ødebemos cumplir esta misiÛn bendiciendo a los dem·s u ofendiÈndoles?

En el documento Mission and Evangelism, an Ecumenical Affirmation, aprobado por el ComitÈ Central del CMI en 1982, encontramos la afirmaciÛn siguiente: ´El movimiento ecumÈnico actual naciÛ de la convicciÛn de las iglesias de que la divisiÛn entre los cristianos es un esc·ndalo y un obst·culo para el testimonio de la iglesia. En nuestro tiempo, la sensibilidad en el seno de las iglesias con respecto de la relaciÛn inextricable entre unidad cristiana y llamado misionero, y entre ecumenismo y evangelizaciÛn, es cada vez mayor.ª4

Seg˙n el documento Mission and Evangelism in Unitiy Today , el CMI declara que ´la misiÛn vehicula una comprensiÛn holÌstica que incluye proclamar y compartir en el mundo la buena nueva del Evangelio por la palabra ( kerygma ), la acciÛn ( diaconia ), la oraciÛn y la adoraciÛn (leiturgia) y el testimonio cotidiano de la vida cristiana (martyria); la doctrina como un medio de desarrollo y fortalecimiento de la persona en su relaciÛn con Dios y los semejantes; y la cura [de almas] como plenitud y reconciliaciÛn en la koinonia ñcomuniÛn con Dios, con las personas y con la creaciÛn en su conjuntoñ. Por m·s que la evangelizaciÛn no excluye ninguna de las distintas dimensiones de la misiÛn, pone su acento en la proclamaciÛn explÌcita e intencional del Evangelio, incluida la invitaciÛn a una conversiÛn personal y a una nueva vida en Cristo.ª5 En consecuencia, tal como indica el primer objetivo de este coloquio, la evangelizaciÛn no es una opciÛn de la fe cristiana, constituye toda la esencia y la razÛn de ser de cualquier iglesia cristiana.

Esta invitaciÛn, seg˙n el reverendo Emilio Castro, otro exsecretario general del CMI, ´es siempre alegre y jam·s abrumadora, jam·s es una obligaciÛn; la invitaciÛn se hace del mismo modo en que lo hacÌa Jes˙s, en contraposiciÛn con el proselitismo ñno compramos la lealtad de las personas con una gracia baratañ, les ofrecemos unirse a Jes˙s, seguirlo en la disciplina del reino y la toma de conciencia de nuestra realidad, compar·ndola precisamente con la vida que nos damos cuenta de que est· en Cristo.ª6

4 POTTER, Philip A. Speech to the Roman Catholic Synod of Bishops. Roma, 1974, citado en: Mission and Evangelism, an Ecumenical Affirmation: a Study Guide, aprobado por el ComitÈ Central del CMI en 1982. Ginebra: World Council of Churches, 1983, ß 1.

5 Mission and Evangelism in Unity Today, 1997, p. 2.

6 CASTRO, Emilio. Lectures on Evangelism at the Ecumenical Institute in Bossey 2001, p. 9.

El esfuerzo de evangelizaciÛn tiene pues una doble tarea. Primera, incluye la proclamaciÛn, por medio de la palabra y de la acciÛn, de la buena nueva de la gracia de Dios y la vida abundante, prometidas y demostradas en Jesucristo. Y, segunda, implica la invitaciÛn y el llamado de las personas para que se arrepientan, para que respondan a la gracia de Dios confesando a Jesucristo como seÒor y salvador mediante una fe personal en Èl; para que se comprometan activamente en la comunidad cristiana, y para que cumplan un servicio de obediencia (testimonio, compromiso y modo de ser discÌpulo) en el mundo.

Para desarrollar mi tema, me gustarÌa trabajar el paradigma bÌblico del di·logo de Jes˙s con la mujer samaritana (Jn 4,1-41). Gail R. Oíday, especialista en el Nuevo Testamento y en particular en Juan, dice de este texto que ´desde el comienzo hasta el fin, transforma las convenciones y desafÌa al statu quo. El contexto de esta narraciÛn, que tiene lugar en Samaria, es un esc·ndalo que quiz· haya perdido su fuerza para los lectores modernos. Jes˙s, en este texto, desafÌa abiertamente dos fronteras y las destruye: la frontera entre el ìpueblo escogidoî y el ìpueblo rechazadoî y la frontera entre el hombre y la mujer. [Ö] Jes˙s inicia el contacto con una samaritana pidiÈndole que preste atenciÛn a sus necesidades (v. 7). DespuÈs ofrece a la mujer samaritana el regalo de Dios (v. 10) y le revela su identidad (v. 26). Trata a la mujer samaritana ñy m·s tarde a los habitantes de la ciudadñ como un ser plenamente humano, un recipiente digno de la gracia de Dios, y no como un enemigo menospreciable del que se teme la contaminaciÛn.ª7 Para hablar de ´la evangelizaciÛn a la manera de Cristoª en el contexto de la misiÛn global de la iglesia y en el respeto por el prÛjimo, quisiera subrayar los puntos siguientes, tomando en consideraciÛn el paradigma bÌblico que acabamos de describir.

LACUESTI”N DE LACOMPETICI”N

En el texto, los fariseos observan y comparan el n˙mero de discÌpulos bautizados por Juan y Jes˙s. PermÌtanme plantear una primera pregunta: øevangelizamos con espÌritu de competiciÛn o colaboramos unos con otros? Pienso que debemos admitir que una razÛn muy importante por la que muchos no creen en Cristo es porque, como

7 OíDAY, Gail. En: The New Interpreterís Bible. Nashville: Abigdon Press, 1994, vol. IX, p. 571.

evangelistas, a menudo intentamos trabajar por nuestra propia cuenta y, finalmente, hacemos proselitismo en lugar de evangelizar, en lugar de propagar nuestra fe religiosa y nuestras creencias con responsabilidad como declaran claramente los ´Principios directoresª.8

Por esta razÛn no podemos abordar ninguna cuestiÛn relacionada con la evangelizaciÛn independientemente de la unidad. Porque sin evangelizaciÛn la buena nueva no se comparte y sin unidad el mensaje no es creÌble.

Con el paso de los aÒos, toda la cuestiÛn del proselitismo se ha convertido en un problema tan preocupante para las iglesias que en 1997 el ComitÈ Central del CMI tuvo que publicar el documento Hacia un testimonio com˙n. Llamado para establecer relaciones responsables en la misiÛn y renunciar al proselitismo

´La presente declaraciÛn tiene el objetivo de: 1) hacer que las iglesias y los cristianos sean conscientes de la dura realidad del proselitismo en la actualidad; 2) invitar a las personas implicadas en el proselitismo para que reconozcan los efectos desastrosos que tiene sobre la unidad de la iglesia, sobre las relaciones entre cristianos y sobre la credibilidad del Evangelio, de modo que renuncien a Èl; 3) alentar a las iglesias y a los organismos misioneros para que eviten la competencia de cualquier clase en el terreno de la misiÛn y se impliquen de nuevo en el testimonio en la unidad.ª9

El documento declara que ´el testimonio com˙n es el testimonio que dan todas las iglesias unidas, a pesar de las divisiones existentes a˙n entre ellas, y en particular cuando unen esfuerzos y manifiestan todos los dones divinos de verdad y vida que viven y comparten ya unas con otras.ª10

´Un testimonio com˙n autÈntico presupone el respeto y la comprensiÛn frente a las otras tradiciones y confesiones.ª11

El documento contin˙a diciendo lo siguiente, lo cual es ciertamente apropiado y pertinente para el tema de este coloquio.

´El tÈrmino ìprosÈlitoî designaba originalmente a aquella persona que se convertÌa en miembro de la comunidad judÌa adhiriÈndose a la fe de Yahweh y observaba la ley de MoisÈs. M·s tarde, en los

8 VÈanse p. 14-15.

9 Vers un tÈmoignage commun. Un appel ‡ Ètablir des relations responsables dans la mission et ‡ renoncer au prosÈlytisme, documento recomendado a las iglesias por el ComitÈ Central del CMI. Ginebra: 1997, p. 2.

10 IbÌdem, p. 5.

11 IbÌdem, p. 6.

inicios de la era cristiana, se utilizÛ para designar a los adeptos de otras religiones que se convertÌan al cristianismo. Con el transcurso de los siglos, el tÈrmino ìproselitismoî tomÛ un sentido negativo siguiendo los cambios de contenido, de motivaciÛn, de mentalidad y de mÈtodo que experimentaba la evangelizaciÛn.

ªActualmente se habla de ìproselitismoî para designar el hecho de animar a los cristianos, considerados como miembros de una iglesia determinada, para que cambien su pertenencia confesional con medios que est·n en contradicciÛn con un espÌritu de amor cristiano, violan la libertad de las personas y debilitan la confianza que se pueda tener en el testimonio cristiano de la iglesia. El proselitismo es una corrupciÛn del testimonio. Asimple vista puede parecer una actividad misionera autÈntica y entusiasta. Algunas de las personas que se entregan a Èl son cristianos verdaderamente comprometidos y convencidos que trabajan en una misiÛn conforme a Cristo. Pero el objetivo, el espÌritu y los mÈtodos empleados en tales actividades las convierten en proselitismo.

ªAlgunos rasgos caracterÌsticos permiten distinguir netamente entre testimonio cristiano autÈntico y proselitismo. Son los siguientes:

ï El hecho de criticar de manera desleal o caricaturizar las doctrinas, creencias y pr·cticas de otra Iglesia sin intentar comprenderlas o entrar en di·logo sobre tales cuestiones con esa Iglesia. Ciertas personas que veneran iconos son acusadas de adorar Ìdolos; se pone a otras en ridÌculo por su pretendida idolatrÌa hacia MarÌa o a los santos, o se les juzga porque ruegan por los muertos.

ï El hecho de presentar a la propia Iglesia o confesiÛn como ìla verdadera iglesiaî y su doctrina como ìla verdadera feî y ˙nica vÌa de salvaciÛn, de rechazar el bautismo de otras iglesias como no v·lido y de persuadir a las personas para que se bauticen.

ï El hecho de presentar a la propia Iglesia como poseedora de una moralidad y una espiritualidad superiores, en contraste con las debilidades y los problemas que sufren las dem·s.

ï El hecho de sacar provecho de los problemas que pueden existir en otra Iglesia y utilizarlos con fines desleales para ganar nuevos miembros para la propia Iglesia.

ï El hecho de ofrecer ayuda humanitaria o posibilidades de formaciÛn para incitar a las personas a convertirse en miembros de otra Iglesia.

ï El hecho de usar medios de presiÛn polÌticos, culturales y Ètnicos o de recorrer a argumentos histÛricos para ganar miembros para la propia Iglesia.

ï El hecho de aprovecharse de la ausencia de instrucciÛn o educaciÛn cristiana en personas desarmadas para conseguir que se adhieran a otra Iglesia.

ï El hecho de recurrir a la violencia fÌsica o moral o a medios de presiÛn psicolÛgica para empujar a las personas a que cambien de pertenencia eclesial. La utilizaciÛn de tÈcnicas medi·ticas que presentan a una Iglesia determinada de manera que se excluya, desacredite o denigre a sus adherentes, el agobio con visitas a domicilio repetidas, las amenazas de orden fÌsico o espiritual, y la insistencia en ensalzar la vÌa de salvaciÛn ìsuperiorî que ofrece otra Iglesia son ejemplos de ello.

ï El hecho de explotar la soledad, la pobreza o incluso la decepciÛn experimentada con respecto a su Iglesia por ciertas personas para ìconvertirlasî.

ªEl testimonio com˙n es constructivo: enriquece, cuestiona, fortalece y construye unas relaciones y una comunidad cristiana sÛlidas. Por medio de la palabra y la acciÛn expone a la luz la pertinencia del Evangelio en el mundo contempor·neo. El proselitismo es una perversiÛn del testimonio cristiano autÈntico; por lo tanto es un contratestimonio. No construye, sino que destruye. Es causa de tensiones, esc·ndalos y divisiones y por ello constituye un factor de desestabilizaciÛn de la iglesia de Cristo en el mundo. Siempre es una herida infligida a la koinonia y no crea comuniÛn, sino que incita al antagonismo.

ªSin embargo, es preciso admitir que algunas personas pasan de una a otra Iglesia empujadas por una convicciÛn real, sin haber sufrido presiÛn o manipulaciÛn causada por el proselitismo, sino por una decisiÛn libre, determinada por su experiencia de la vida y el testimonio de otra Iglesia. Las iglesias deben interrogarse sin cesar sobre el modo en que viven, para saber si son responsables de algunas de las causas que empujan a las personas a cambiar de pertenencia eclesial.ª12

Para el reverendo Konrad Raiser, el actual Secretario General del CMI, en el contexto de la rearticulaciÛn del llamado misionero como mensaje de paz y reconciliaciÛn, el problema del proselitismo es particularmente pertinente en la actualidad. Indica que los evangÈlicos tienden a dar gran importancia a la conversiÛn porque ven a Jesucristo como el ˙nico y exclusivo medio de la salvaciÛn. Pero, dice: ´tengo una Ìntima confianza de que Dios trabajar· con medios de salvaciÛn incluso m·s all· de los lÌmites de la comunidad cristiana visibleª.

12 IbÌdem, p. 7-9.

Raiser hace una distinciÛn entre la evangelizaciÛn, como ´proclamaciÛn del Evangelio con la palabra y la acciÛnª, y el proselitismo, cuya sola finalidad es la conversiÛn. ´Creo que el espÌritu del Evangelio nos pide un testimonio para Cristo que es a la vez un testimonio de paz y reconciliaciÛn.ª 13

Esta declaraciÛn es particularmente pertinente en el marco del programa del CMI Decade to Overcome the Violence (DÈcada para Vencer la Violencia) y el tema que la ComisiÛn de la MisiÛn y la EvangelizaciÛn Mundiales ha escogido para la prÛxima Asamblea Mundial de la MisiÛn de 2005: ´Llamados en Cristo para ser comunidades de reconciliaciÛn y curaciÛnª. …ste es, sin lugar a dudas, uno de los grandes desafÌos de la misiÛn de Dios y, por consiguiente, de las iglesias actuales: efectuar un ministerio de compasiÛn, solidaridad, inclusiÛn, respeto mutuo y aceptaciÛn.

LAEVANGELIZACI”N DE LOS MARGINADOS

La evangelizaciÛn es contextual y se orienta principalmente hacia los menos privilegiados, los rechazados y los marginados. Juan nos cuenta que Jes˙s volviÛ a Galilea, la regiÛn rechazada por los judÌos, el pueblo religioso ´puroª. Era el paÌs de la marginalidad, de la exclusiÛn. Ese fue su ´terreno de misiÛnª, incluso despuÈs de la resurrecciÛn. Es muy interesante notar que cuando las mujeres fueron temprano por la maÒana a la tumba el ·ngel les dijo: ´No est· aquÌ, porque ha resucitado, asÌ como dijo. [Ö] E id deprisa y decid a sus discÌpulos que ha resucitado de entre los muertos. He aquÌ va delante de vosotros a Galilea. AllÌ le verÈis. He aquÌ os lo he dichoª (Mt. 28,6-7).´El misterio de la evangelizaciÛn, ñdice el reverendo Castroñ es precisamente el misterio de Cristo resucitadoª,14 y me atreverÌa a aÒadir del Cristo resucitado que nos precede a Galilea con un mensaje y una praxis de esperanza, restauraciÛn y liberaciÛn. Ese hecho es ya muy evidente cuando Jes˙s se acerca a la mujer desconocida (su nombre ni siquiera es mencionado en el texto bÌblico), rechazada y marginada principalmente por dos razones: porque es mujer y porque es samaritana. Un tercer factor que causaba el rechazo de esa mujer, asÌ como la obstinaciÛn del SeÒor por hacer justicia, se explica en Juan 4,16 y siguientes. Jes˙s le dice: ´ìVe, llama a tu marido y ven ac·.î RespondiÛ la mujer y le dijo: ìNo tengo

13 RAISER, Konrad. The Newsroom-online service, 4 junio 2001.

14 CASTRO, Emilio. Op. cit., p. 5.

maridoî. Le dijo Jes˙s: ìBien has dicho: ëNo tengo maridoí; porque cinco maridos has tenido, y el que tienes ahora no es tu marido. Esto has dicho con verdad.îª

La mujer no sÛlo no tenÌa un marido ´oficialª, que daba un estatus social, sino que habÌa tenido varios, por lo que tenÌa una pÈsima reputaciÛn. Jes˙s se acerca y ofrece el agua de vida a esa mujer que se encuentra en una situaciÛn desesperada.

Otra cosa que me impresiona es el hecho de que Jes˙s hable con una persona que conoce muy bien. Conoce incluso su vida privada, tal como hemos visto anteriormente, y la samaritana lo afirma en su testimonio de fe ante los otros samaritanos, al final del pasaje: ´Me dijo todo lo que he hechoª (v. 39). Eso nos hace reflexionar, sin duda. øHasta quÈ punto conocemos a nuestro interlocutor sin antes haber iniciado un di·logo para proclamar el Evangelio? Muchos conflictos interreligiosos tienen su raÌz en la ignorancia y las presunciones hechas sin un verdadero conocimiento del otro.

LAEVANGELIZACI”N POR ELDI£LOGO

La evangelizaciÛn se hace a travÈs del di·logo. Seg˙n nuestra condiciÛn de evangelistas, somos constructores de puentes. Jes˙s tomÛ la iniciativa de acercarse a la mujer samaritana y desarrollÛ un di·logo enriquecedor adem·s de un intercambio de ideas y opiniones muy profundo. Cuando evangelizamos siguiendo el modelo de Jes˙s no somos vasos llenos de toda la verdad y el conocimiento, a punto para verter todo el contenido en los recipientes ´objetoª de nuestro trabajo. Ante todo, estamos inmersos en un proceso continuo en el que compartimos el mensaje, en el que damos y recibimos, y de enriquecimiento mutuo. La mujer samaritana intentaba encontrar todas las excusas del mundo para no tener que hablar con Jes˙s, para crear las barreras y los obst·culos que impidiesen el di·logo. Dijo: ´øCÛmo es que t˙, siendo judÌo, me pides de beber a mÌ, siendo yo una mujer samaritana?ª A Jes˙s le habrÌa sido f·cil abandonar pero insistiÛ una y otra vez, hasta que ganÛ su confianza, pues su objetivo era superar su miedo estableciendo un di·logo. Como iglesia, como comunidad de discÌpulos de Jes˙s, estamos llamados a ser un espacio de seguridad, de aceptaciÛn y de hospitalidad para con todos, en el que todas las personas son aceptadas, deseadas, abrazadas y escuchadas, cualesquiera que sean su origen, su etnia, su sexo, su edad, su ideologÌa, etc.

TambiÈn somos constructores de puentes entre la ´comunidad de los santosª y la comunidad ampliada, la sociedad. Somos los cons-

tructores de puentes entre las iglesias del Norte y Occidente y las del Sur y Oriente.

Alo largo de los siglos, las iglesias que nos han precedido evangelizaron a las siguientes, pero debemos admitir que, en general, la estructura, la liturgia y la eclesiologÌa de las iglesias histÛricas del Norte se han vuelto ´prehistÛricasª. RecibirÌan mucho si fuesen reevangelizadas por las iglesias del Sur, que no son ˙nicamente las que crecen con m·s rapidez, sino que son tambiÈn, en general, comunidades de hombres y mujeres que intentan vivir su fe con esperanza y equidad en una economÌa de supervivencia; hombres y mujeres de fe que, dÌa tras dÌa, experimentan en su propia vida el significado de vivir por la gracia de Dios.

Quisiera mencionar un ejemplo que conozco muy bien, puesto que se trata de mi propia iglesia. En Cuba hay actualmente una fuerte demanda para compartir la buena nueva. En Cuba se vive un kairos muy especial, un momento en el que las iglesias desempeÒan un papel muy importante en la sociedad; no sÛlo gracias a un clima m·s abierto de libertad religiosa concedida por el Estado marxista, sino tambiÈn porque tras una larga crisis econÛmica, causada por el s˙bito colapso de los paÌses socialistas europeos y la UniÛn SoviÈtica, asÌ como el endurecimiento del embargo de los Estados Unidos y nuestros propios errores, muchas personas frecuentan las iglesias. Esas condiciones crÌticas generan una crisis de valores Èticos y morales. Muchas personas que frecuentan iglesias cristianas ñcomo asimismo otras religionesñ buscan una respuesta, no solo para sus necesidades existenciales y espirituales, sino tambiÈn para sus necesidades materiales. Para nosotros, sin embargo, uno de los mayores desafÌos es el modo en que compartiremos con humildad esas experiencias de crecimiento pujante de la iglesia, cuando otras iglesias en el Norte est·n en proceso de cierre o son vendidas. Del mismo modo, tambiÈn somos constructores de puentes con las otras confesiones. Con ese propÛsito, me gustarÌa recordar la conocida cita de la Conferencia de San Antonio sobre la MisiÛn Mundial y la EvangelizaciÛn (1989): ´No podemos mostrar otra vÌa de salvaciÛn que Jes˙s; y al mismo tiempo no podemos poner lÌmites al poder salvador de Dios.ª15 ´Somos muy conscientes de que esas creencias y el ministerio de testimonio est·n en una situaciÛn de tensiÛn con lo que hemos afirmado en referencia a que Dios est· presente

15 The San Antonio Report: You Will Be Done: Mission in Christís Way. Conference on World Mission and Evangelism (1989, San Antonio, Texas). Ginebra: World Council of Churches, 1990, ß 26, 32.

en las personas de otras confesiones y trabaja en ellas; somos sensibles a esa tensiÛn y no pretendemos resolverla.ª16 Evangelizar construyendo puentes significa respetar a los dem·s y, a˙n m·s, trabajar con ellos para construir un mundo mejor, a favor de la justicia, la paz y la integridad de la creaciÛn. Esta nociÛn se afirma en Juan 4:38, donde Jes˙s dice a sus discÌpulos: ´Yo os he enviado a segar lo que vosotros no habÈis labrado. Otros han labrado, y vosotros habÈis entrado en sus labores.ª La evangelizaciÛn en la unidad consiste en sembrar y segar, en segar y sembrar juntos, es un proceso continuo. Por eso aprecio mucho lo que declara el decimotercer p·rrafo de los Principios orientadores para la propagaciÛn responsable de la religiÛn o las creencias: ´Teniendo en cuenta sus responsabilidades para con el bien com˙n de la sociedad, las comunidades religiosas, siempre que sea factible y en armonÌa con sus convicciones, deberÌan unir sus esfuerzos para fomentar la justicia y el bienestar, asÌ como la paz entre los pueblos y naciones.ª17

Mi colega en las relaciones interreligiosas del CMI y en el equipo de di·logo, Hans Ucko, dice en ese contexto, citando otra declaraciÛn de San Antonio: ´Creemos que una evangelizaciÛn que en su comunidad no estimule una buena relaciÛn con los otros cristianos tiene que ser cuestionada irremisiblemente.ª18 Ucko aÒade que quiz· tengamos que esperar a˙n para que se produzca una declaraciÛn del movimiento ecumÈnico precisando: ´Creemos que cualquier evangelizaciÛn que en su comunidad no instigue una buena relaciÛn con los otros creyentes tiene que ser cuestionada irremisiblemente.ª19

RefiriÈndose al modelo Missio Dei, Ucko dice: ´Como cristianos podemos celebrar nuestro conocimiento de Dios a travÈs de Cristo y seÒalar a otros esa puerta, pero proclamar que la recreaciÛn total de la humanidad est· confinada a la vÌa en la que nosotros lo experimentamos serÌa presuntuoso. Con un modelo como Missio Dei las personas que pertenecen a otras creencias no deben ser consideradas ˙nicamente como objetos de conversiÛn. DeberÌamos haberlo entendido desde hace ya mucho tiempo. Un cristiano sensible e in-

16 IbÌdem, ß 29, 33.

17 ´Principios orientadores para la propagaciÛn responsable de la religiÛn o las creenciasª. Conciencia y libertad, n. 12, 2000, p. 62-65.

18 Reports of the Sections, Section I, II: 14. ´The living God calls us to unity in missionª. En: The San Antonio Conference, International Review of Missions, 78: 311-312, julio-octubre 1989, p. 348.

formado ya no puede rechazar moral e intelectualmente la fe de las grandes comunidades religiosas de nuestro planeta, ya no la puede rechazar como no divina, ya no la puede ignorar. Los otros creyentes son los colaboradores posibles de los cristianos y no deben ser reducidos a la categorÌa de meros objetos.ª20

Si nos acudimos a la etimologÌa de la palabra ´religiÛnª, cuyo origen se remonta al latÌn del siglo XIII, religare significa, entre otras cosas, volver a ligar, volver a unir, juntar o atar en un bloque. Es muy triste y desalentador que a travÈs de los siglos, y con toda seguridad tambiÈn actualmente, en muchas situaciones y lugares, en lugar de servir para unir el mundo, las religiones hayan sido un factor violento que ha contribuido a fragmentar, fracturar y hasta matar, por no decir que detr·s de esos conflictos se esconden causas polÌticas y econÛmicas.

Este mismo fin de semana, ha habido cincuenta personas muertas por la violencia sectaria entre hind˙es y musulmanes en la India occidental. Desde febrero han muerto m·s de 850 personas. En Pakist·n han muerto varios cristianos, han muerto a consecuencia de atentados con bomba durante los servicios religiosos. Recientemente, tambiÈn en Pakist·n, en una mezquita han muerto ocho mujeres. Tras los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 parece que en los Estados Unidos se intensifican los conflictos entre religiones. El Instituto EcumÈnico de Bossey organiza el prÛximo mes de junio la Quinta Consulta en Memoria del Dr. Willem Adolf Visserít Hooft, en la que se abordar· este asunto urgente. Uno de los principales organizadores, el profesor Julio de Santa Ana, declara en un documento de toma de posiciÛn: ´Considerando, dentro de la comuniÛn de las iglesias miembros del CMI, el compromiso para vencer la violencia y buscar el desarrollo de una cultura de la paz, los organizadores de la Consulta entienden que en este perÌodo de nuestra historia com˙n es imperativo que convoquemos una reuniÛn para iniciar un proceso de di·logo y reflexiÛn crÌtica sobre el papel positivo de las familias religiosas en el desarrollo de una cultura de la paz. Adem·s, en la medida que somos m·s conscientes del modo en que nuestras sociedades se vuelven multirreligiosas y moralmente plurales, es preciso que una consulta de este tipo sea un acontecimiento interreligoso. No obstante, no estamos interesados ˙nicamente en afirmar nuestro objetivo com˙n por la paz. Es evidente que es imposible olvidar la participaciÛn de distintas familias religiosas en los violentos conflictos actuales. En el terreno religioso se produce una sorprendente coexistencia de amor y violencia, de afirmaciÛn de inclusiÛn y pr·cticas de exclu-

19 UCKO, Hans. ´Rethinking Misson in a Pluralistic World. Implications for our understanding of mission in a world of religious pluralityª (artÌculo escrito en 1995), p. 1. 20 IbÌdem, p. 5.

siÛn violenta. Debemos reflexionar sobre la funciÛn ambivalente de las religiones.ª21

ELEVANGELIO DALAVIDA

El contenido del Evangelio es el de un ´don de vidaª. En un mundo roto y fragmentado, el mensaje de la ´buena nuevaª, como el agua que Jes˙s ofreciÛ a la mujer samaritana, da la vida.

´El agua del pozo de Jacob podÌa satisfacer la sed fÌsica, pero Jes˙s ofrece un agua de naturaleza distinta. Un agua que satisface la demanda profunda del corazÛn humano. El lenguaje es existencial. SÛlo aquellos que han experimentado la sed en el desierto pueden comprender que el agua es el regalo m·s precioso, un sÌmbolo de la ˙nica cosa que puede satisfacer plenamente a un ser humano.ª22

Esta sensaciÛn de plenitud que proporciona esa agua que ´da la vidaª no es de los que hacen que las personas se sientan satisfechas de sÌ mismas; principalmente convierte y cambia sus vidas. No obstante, seg˙n el reverendo Emilio Castro, la evangelizaciÛn ´no busca la satisfacciÛn de las personas, sino su transformaciÛn. No las llamamos para que se sientan felices de ser como son. Ellos y nosotros somos llamados a fijar nuestra vista en la promesa de una vida abundante; es decir, la vida bajo la cruz a la que Jes˙s nos llama.ª23

La vida que Jes˙s ofrece a la samaritana es una vida de plenitud y abundancia, una vida que nos compromete como evangelistas. Volvemos de una consulta sobre misiologÌa organizada en Londres hace algunos dÌas sobre el tema ´Por una plenitud de vida: las relaciones intercontextuales en la misiÛnª. El informe final resume lo que intentamos decir: ´La plenitud de la vida es el objetivo de la Missio Dei. Esta visiÛn de vida abundante inspira ahora nuestro llamado y nuestro compromiso en el mundo. La misiÛn de la iglesia es recibir, celebrar, proclamar la plenitud de la vida en Cristo y trabajar por ella. En Cristo somos llamados a ser comunidades de reconciliaciÛn y a llevar un mensaje de curaciÛn y plenitud a un mundo roto; a compartir la vida del mundo como pueblo de Dios en medio de todos los pueblos de Dios; a recibir los dones de todos los pueblos y todas las culturas y tradiciones religiosas; a resistir a los poderes de la muer-

22 Comentario de la Biblia Lit˙rgica, Madrid: Paulinas, 1976, p. 1.459.

23 CASTRO, Emilio. Op. cit., p. 7.

80 21 SANTAANA, Julio de. Documento de toma de posiciÛn preparatorio para la consulta.

te que todavÌa mata, dispersa y destruyeª.24 Hace algunos aÒos, el reverendo Philip Potter compartÌa esta visiÛn con estas palabras: ´la ˙nica tarea del movimiento ecumÈnico es cooperar con Dios para que la oikoumene sea un oikos, un hogar, una familia de hombres y mujeres, de jÛvenes y viejos, con dones, culturas y posibilidades diversas, en la que reinen la apertura, la confianza el amor y la justiciaª.25

ELCONTENIDO DE LAEVANGELIZACI”N

La evangelizaciÛn est· impregnada de mensaje bÌblico y tradiciÛn. El teÛlogo reformado suizo Karl Barth decÌa que para ser un testigo del SeÒor resucitado deberÌamos sostener la Biblia en una mano y el diario en la otra. Ya hemos visto que el esfuerzo de evangelizaciÛn es contextual representado en esta met·fora por el diario, pero tambiÈn textual, en el sentido de que est· impregnado por el texto bÌblico. En el versÌculo 12 de nuestro pasaje, la mujer se refiere a las Escrituras cuando habla del pozo de Jacob, utilizado por Jes˙s como punto de partida para ofrecer el agua de la vida eterna. Ese es un procedimiento constante en el ministerio de Jes˙s desde su infancia. Se pueden citar varios documentos del movimiento ecumÈnico en general, y de las iglesias miembros del CMI en particular, que hablan de la importancia y la autoridad de la Biblia. Sobre este punto me gustarÌa recordar la posiciÛn de la mayorÌa de los participantes provenientes del CMI en el di·logo con los adventistas del sÈptimo dÌa mencionado m·s arriba:

a) Se entiende que la Biblia es la fuente principal por la que los hombres tienen acceso a la revelaciÛn divina. Es inspirada, en el sentido de que conduce potencialmente al encuentro de Dios en su EspÌritu. Pero, ni en el pasado ni en el presente, Dios se ha limitado a sÌ mismo teniendo a la Biblia como el ˙nico mediador de su revelaciÛn. Por lo tanto, aun a pesar de su car·cter inspirado, no se entiende que la Biblia, por ella misma, sea normativa.

24 Toward the Fullness of Life: Intercontextual Relationships in Mission. Report of a Missiology Consultation held in London (April 14-19, 2002), organizado por el CEVAA, CWM, EUM y CWME-CMI, p·g. 1.

25 DURAISINGH, Christopher. Mission as ReconcilationñBeyond the Clash of the Centripetal and Centrifugal. Londres: 2002, p. 5. Cita a: SMOLIK, Josef. ´One Aspect of Philip Potterís Ecumenismª, en: Communio Viatorum XXVIII, 1985, p. 67ss.

b) En virtud de su inspiraciÛn y en su calidad de libro santo, la Biblia no est· disociada de la historia humana. Fue escrita por escritores humanos que participaban de las circunstancias histÛricas de su Època particular. Sus escritos representan en un primer momento su testimonio a su comunidad particular y toda interpretaciÛn actual deber· tenerlo en consideraciÛn.

c) AsÌ pues, se insiste fuertemente sobre el papel de la comunidad en el proceso de interpretaciÛn y testimonio. Puesto que el testimonio bÌblico no es entendido como normativo, el testimonio presente debe emanar de la participaciÛn en el proceso de testimonio desde los tiempos bÌblicos.26

TambiÈn se debe resaltar que todos los participantes estaban de acuerdo sobre la primera parte, ´en la convicciÛn de que la Biblia es inspirada y que su estudio lleva ñal menos potencialmenteñ a encontrar el EspÌrituª.27

ELESTADO DE £NIMO DELEVANGELISTA

Nuestra condiciÛn de evangelistas no nos otorga la categorÌa de jueces. Una de las actitudes m·s molestas, cuando intentamos compartir la buena nueva, es adoptar una actitud de enjuiciar. No pretendo juzgar aquÌ a los que juzgan, pero podrÌa ser enormemente ˙til que sobre este punto extrajÈramos algunas lecciones acerca del mÈtodo que Jes˙s empleÛ en su encuentro con la mujer sorprendida en flagrante delito de adulterio. Le preguntÛ: ´ìMujer, ødÛnde est·n? øNinguno te ha condenado?î Yella dijo: ìNinguno, SeÒorî. Entonces Jes˙s le dijo: ìNi yo te condeno. Vete y desde ahora no peques m·sîª (Jn 8,10-11).

´La mujer samaritana jam·s es juzgada como una pecadora. Al contrario, es descrita como un modelo de fe creciente.ª 28 De hecho, ´Jes˙s la trata como un interlocutor digno de ser tenido en cuenta, la primera persona que se menciona a quien hace una audaz revelaciÛn de su propia persona.ª29 Cuando evangelizamos, ´no estamos lla-

26 So Much in Common. Documents of interest in the conversations between the World Council of Churches and the Seventh Day Adventist Church. Ginebra: 1973, p. 111.

27 IbÌdem, p. 110.

28 OíDAY, Gail. Op. cit.

29 IbÌdem, p. 572.

mados a ser jueces, estamos llamados a ser testigosª, dice el reverendo Emilio Castro.30

Cuando evangelizamos apelamos a la metanoia: al arrepentimiento, a la conversiÛn, a la transformaciÛn, al abandono de algo y a la orientaciÛn hacia algo. Las diferencias han sido resueltas progresivamente y al final llega el clÌmax de la historia: la revelaciÛn de Jes˙s mismo como hemos visto m·s arriba. ´Yo soy, el que habla contigoª (Jn 4,26). …ste es el punto de partida para comprender mejor lo que sigue:

ï su comida era hacer la voluntad del Padre (v. 34). Es el medio de acceder a la vida eterna;

ï estamos en el tiempo de la siega, que es un sÌmbolo normal en el judaÌsmo para designar el juicio, no en el futuro sino en el presente;

ï algunos siembran y otros siegan. Es la actividad misionera de la iglesia;

ï la fe en Cristo nace del testimonio y del encuentro personal con Èl;

ï finalmente, Jes˙s es percibido como el MesÌas, el salvador del mundo.31

Como evangelistas, nosotros tampoco somos el mensaje; somos sus canales, estamos llamados a conducir a las personas hacia un encuentro personal con Jes˙s. Favorecemos ese encuentro sin interferir ni obstaculizarlo, dando ´razÛn de la esperanza que hay en vosotrosª (1 Pe 3,15).

En el texto, Juan nos habla tambiÈn de la participaciÛn de los discÌpulos, no muy alentadora, por cierto. Como hemos visto m·s arriba, al inicio del di·logo entre Jes˙s y la samaritana, no estaban presentes. Llegaron m·s tarde ´y se asombraban de que hablara con una mujerª (Jn 4,27). Por otra parte, se inquietaban por sus necesidades materiales y le pidieron que comiera algo (v. 30) y les respondiÛ: ´Mi comida es que yo haga la voluntad del que me enviÛ y que acabe su obraª (v. 34).

Le habÌan acompaÒado durante mucho tiempo y conocÌan el tipo de persona que era. Sin embargo, pareciera que no lo conocÌan bien y que sÛlo se interesaban por sus propios asuntos. Los discÌpulos a los que Jes˙s llama son gente corriente, como nosotros. Son personas con escasa visiÛn, con sus propios valores, como los discÌpulos, como nosotros. Pero Jes˙s tiene poder de transformaciÛn, convierte nuestros errores en energÌa positiva para evangelizar. Lo vemos constantemente con los discÌpulos y la samaritana. Los envÌa ña

30 CASTRO, Emilio. Op. cit., p. 8.

31 Biblia Lit˙rgica Op. cit., p. 1.460.

nosotros tambiÈnñ como siervos fieles para que prosigan la obra de redenciÛn que ha empezado. Este llamamiento reaparece en varios documentos del CMI, en particular en Mission et ÈvangÈlisation. Une dÈclaration úcumÈnique (MisiÛn y evangelizaciÛn. Una declaraciÛn ecumÈnica): ´ìComo me ha enviado el Padre, asÌ tambiÈn yo os envÌo a vosotrosî (Jn 20,21). La manera en que Cristo proclamaba la buena nueva era haciÈndose servidor, despoj·ndose a sÌ mismo, viviendo entre las personas, compartiendo sus esperanzas y sufrimientos, dando su vida en la cruz por toda la humanidad. Como discÌpulos, estamos llamados a seguir el mismo camino. ìEl siervo no es mayor que su seÒor, ni tampoco el apÛstol es mayor que el que le enviÛî (Jn 13,16).ª32

De vuelta a la ciudad, la mujer evangelizada se convirtiÛ en evangelista. DespuÈs de haber hablado con Jes˙s, la samaritana estaba tan motivada que sentÌa la necesidad de compartir con los dem·s (v. 28) el tesoro que habÌa descubierto en Jes˙s, aunque Èl no le habÌa pedido que lo hiciera. TomÛ la iniciativa, sentÌa que no podÌa guardar el ´agua de vidaª para ella sola. AquÌ vemos claramente lo que el papa Pablo VI describiÛ en su exhortaciÛn apostÛlica Evangelii Nuntiandi como un movimiento ´del Cristo evangelizador hacia la iglesia evangelizadoraª.33 La llamada consiste en ser consciente del ´yaª y a la vez del´todavÌa noª del reino. La tarea consiste en acabar el trabajo que el SeÒor empezÛ.

Esta nociÛn de una evangelizaciÛn dirigida a cumplir el ´todavÌa noªdel reino est· subrayada claramente por el reverendo Mortimer Arias, que cree que ´evangelizar es hacer visible el reino de Dios, a travÈs de los gestos, las palabras y las acciones que invitan a seguir a Jesucristo. La evangelizaciÛn es liberadora cuando el anuncio de la buena nueva bajo la acciÛn del EspÌritu Santo invita a convertirse y a ser discÌpulos, provocando procesos de cambio hacia estilos de vida humanizantes para los individuos, los grupos, los sistemas y las estructuras.ª34

Al final de este pasaje leemos: ´Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en Èl a causa de la palabra de la mujerª (Jn 4,39). ´Ymuchos m·s creyeron a causa de su palabraª (v. 41). La sama-

32 Mission and Evangelism, an Ecumenical Affirmation: a Study Guide, aprobado por el ComitÈ Central del CMI en 1982. Ginebra: World Council of Churches, 1983, ß 28.

33 Pablo VI. EvangelizaciÛn en el mundo moderno. ExhortaciÛn apostÛlica Evangelii Nuntiandi. Roma: 1975.

34 ARIAS, Mortimer. ´Renacer a la Esperanza Vivaª. ArtÌculo ´La misiÛn del CLAIª, Report of the Latin American Council of Churches, III Assembly, 1995, p. 56.

ritana no impuso la conversiÛn, sÛlo compartiÛ la experiencia de su metanoia, de su transformaciÛn.

CONCLUSI”N

Me gustarÌa citar uno de los pensamientos m·s ˙tiles sobre la teologÌa de la evangelizaciÛn; me adhiero a Èl. Procede de David Bosch. ´La evangelizaciÛn es esa dimensiÛn y esa actividad de la misiÛn de la iglesia que, en palabra y en acciÛn y a la luz de unas condiciones y un contexto particulares, ofrece a todas las personas y a todas las comunidades, en todo el mundo, la ocasiÛn pertinente de ser llamados directamente a una orientaciÛn radical de su vida, una reorientaciÛn que implica cosas como la liberaciÛn de la esclavitud del mundo y sus poderes; la aceptaciÛn de Cristo como salvador y seÒor; la posibilidad de ser un miembro vivo de la comunidad, la iglesia; el compromiso con su servicio de reconciliaciÛn, paz y justicia en la tierra; la implicaciÛn en el objetivo de Dios de situar todas las cosas bajo el reino de Cristo.ª35 Puesto que nos comprometemos de nuevo como evangelistas respetuosos con los dem·s, me gustarÌa invitarles a que me acompaÒen en una oraciÛn cuyo texto procede de la comunidad de la isla de Iona:

Por todo lo que Dios puede hacer en nosotros, por todo lo que Dios puede hacer sin nosotros, alabemos al SeÒor.

Por todos aquellos en los que antes que nosotros viviÛ Cristo, por todos aquellos en los que junto a nosotros viviÛ Cristo, alabemos al SeÒor.

Por todo lo que puede darnos el EspÌritu, por los lugares adonde puede enviarnos el EspÌritu, alabemos al SeÒor.

Escuchad, Cristo prometiÛ estar con nosotros en el mundo y en nuestra adoraciÛn. AmÈn. °Le serviremos!

Que nuestro SeÒor Jesucristo, inspirador y fuente de la comunicaciÛn de la buena nueva del Evangelio nos guÌe mientras intentamos ser evangelistas fieles en un mundo roto, pero tambiÈn lleno de oportunidades.

35 BOSCH, David J. Transforming Mission: Paradigm Shifts in Theology of Mission Maryknoll (Nueva York): Orbis, 1991, p. 420.

CapÌtulo 7

´Et maintenant, que vais-je faire?ª

Gilbert BÈcaud cantaba Et maintenant, que vais-je faire? (´Yahora, øquÈ hago?ª). DespuÈs de estos tres dÌas de reflexiones pertinentes, que nos interpelan, despuÈs de este coloquio tambiÈn podemos ñme atreverÌa a decir que debemosñ plantearnos esa misma pregunta: ´Et maintenant, que vais-je faire?ª (´Yahora, øquÈ hago?ª).

Me atrevo a pensar que para todos nosotros la evangelizaciÛn es una misiÛn, una necesidad. Con el apÛstol Pablo decimos: ´Soy deudorª, ´°Ay de mÌ si no anuncio el Evangelio!ª (1 Cor 9,16). ´Id y predicadª, dice Cristo. Es una orden, un imperativo. Soy deudor. La evangelizaciÛn es una deuda; no con Dios que borra nuestras deudas, sino con nuestro prÛjimo.

´Tanto a griegos como a b·rbaros, tanto a sabios como a ignorantes soy deudorª (Ro 1,14). Predicad la buena nueva ´a toda naciÛn, raza, lengua y pueblo.ª Cuando se tiene una deuda, debe ser saldada. En caso contrario se es un ladrÛn. Como cristianos, somos deudores del Evangelio. Sin ninguna duda, el aforismo popular ´quien paga descansaª cobra todo su sentido en el ·mbito de la evangelizaciÛn. Hemos seguido muchos seminarios y cursos de evangelizaciÛn. Seguro que tambiÈn habremos organizado o dado. En general giraban entorno a los mÈtodos, las tÈcnicas y las estrategias de evangelizaciÛn. El objetivo de este coloquio ´øProselitismo o misiÛn?ª era otro. El fin, el objetivo era, ante todo, reflexionar sobre la mentalidad, las disposiciones y el espÌritu de la evangelizaciÛn. En un marco preciso, un contexto bien definido: el del pluralismo religioso, del di·logo interreligioso, del ecumenismo en su sentido amplio. En ese marco, øes posible afrontar la necesidad o la posibilidad de la evangelizaciÛn? La cuestiÛn es crucial. Es fuente de inquietud, confusiÛn y ambig¸edad.

86 1 Karl Johnson es pastor adventista. Ha ejercido su ministerio en las islas del ocÈano Õndico, Camer˙n, TahitÌ y Canad·. Actualmente es profesor de TeologÌa Pr·ctica en la Facultad Adventista de TeologÌa, en Collonges-sous-SalËve.

El cardenal Francis Arinze, presidente del Consejo Pontificio para el Di·logo Interreligioso, presenta la problem·tica de este modo:

´Podemos preguntarnos si la pr·ctica del di·logo interreligioso es compatible con el derecho que cada creyente tiene para proponer su religiÛn a otros con la intenciÛn de que la abracen. øLa cortesÌa del di·logo interreligioso no pondr· freno a la voluntad de hacer que los otros compartan la propia religiÛn? øEsa duda no pondr· en peligro el compromiso misionero? øNo equivaldr· esa mentalidad a decir a los misioneros que se muestren amistosos hacia los dem·s creyentes sin querer incrementar el rebaÒo? [Ö]

ªEmpecemos por afirmar que por muy fuerte que sea nuestra voluntad de promover buenas relaciones interreligiosas, tenemos que reconocer el derecho que todos los creyentes tienen para proponer su religiÛn a los dem·s con la esperanza de que la acojan, la abracen y se adhieran. De un creyente que ha interiorizado su religiÛn se espera que la ame y viva seg˙n su fe. Del mismo modo, y como consecuencia, se puede esperar que quiera compartir su religiÛn, su fe y su modo de vida con otras personas. Nadie deberÌa reprobarnos por albergar dudas sobre un creyente que no desee compartir su fe con los dem·s. Las preguntas nos vendr·n a la cabeza espont·neamente. øEsa persona est· realmente convencida? øConsidera que la religiÛn es algo bueno? Yen ese caso, øconsidera que esa religiÛn es v·lida para todos o se trata de un patrimonio familiar o hereditario?2

La argumentaciÛn del cardenal es di·fana. Pero se apresura a aÒadir:

´No podemos pues negar a nadie el derecho de esforzarse por que los otros compartan su religiÛn. Para eso, no obstante, algunas condiciones son aceptables y otras noª.3

El ´proselitismoª, en su reflexiÛn, es puesto en tela de juicio si ese tÈrmino se entiende como mÈtodos inaceptables, mÈtodos de presiÛn, de explotaciÛn y de hostigamiento. La religiÛn debe fluir libremente del corazÛn. Debe ser propuesta, no impuesta. Incluso a veces, cuando los mÈtodos son nobles, honestos y respetuosos, no escapamos a la acusaciÛn de proselitismo. Siguiendo su pun-

2 ARINZE, Francis. ¿ la rencontre des autres croyants: le dialogue interreligieux, un engagement et un dÈfi. ParÌs, MontrÈal (Quebec): Mediaspaul, 1998, p. 71-73.

3 IbÌdem, p. 73.

to de vista, el cardenal Arinze concluye: ´AsÌ pues, es negativo que los creyentes que pertenecen a la mayorÌa religiosa de un paÌsdeclaren que las otras religiones est·n fuera de la ley y consideren que todas las iniciativas de propagaciÛn de la fe son proselitismoª.4 ´Et maintenant, que vais-je faire?ª (´Yahora, øquÈ hago?ª).

La evangelizaciÛn no es una aventura inocente. Implica un esfuerzo de comprensiÛn sin dimisiÛn, la comunicaciÛn de las propias convicciones sin diluirlas ni comprometerlas. Yeso requiere una gran apertura de miras que permita descubrir quÈ hay de bueno en los dem·s. ´No he hallado tanta fe en ninguno en Israelª (Mt 8,10), dijo Jes˙s a sus discÌpulos refiriÈndose al centuriÛn. Tener una mente abierta no es algo que se dÈ naturalmente. Es infrecuente; porque, como dice Jean Vernette, ´una actitud tal no es espont·nea entre los cristianos de nacimiento. En el corazÛn de todo creyente duerme un inquisidor presto a extirpar la herejÌa por cualquier medio.ª5

Jaques Duquesne introduce asÌ su reflexiÛn sobre la tolerancia: ´El azar quiso que hojeando un diccionario para buscar su definiciÛn hubiese visto primero el tÈrmino terrorismo . Con la tolerancia sucede como con muchas otras virtudes: sÛlo cuando observamos su contrario, la intolerancia y el terrorismo, descubrimos su verdadero valor.ª6

Se han cometido verdaderas masacres, se ha torturado y quemado por intolerancia. Evangelizar respetando a los dem·s era otra formulaciÛn del tema de nuestro coloquio. La tolerancia se basa en el respeto por los dem·s. Es difÌcil, siempre ha sido difÌcil, que las religiones o los individuos que piensan estar en posesiÛn de la verdad lo admitan. øAcaso tolerar otra creencia no es tolerar el error? øCÛmo se puede dejar que otros vivan en el error?Ö He aquÌ la justificaciÛn de las guerras justas, de las persecuciones por amor, de las coerciones y de las manipulaciones para salvar a la mayorÌa.

´Et maintenant, que vais-je faire?ª (´Yahora, øquÈ hagoª).

Bien, continuarÈ la reflexiÛn a partir de mÌ mismo. ReflexionarÈ sobre mi evangelizaciÛn y me preguntarÈ si me he interpelado sinceramente, si me he examinado. Me pregunto: ødÛnde estoy en mi evangelizaciÛn? O si no: ødÛnde est· Dios en mi evangelizaciÛn? EmpezÛ una obra en mÌ que todavÌa no est· acabada. Esa obra es mi evan-

4 IbÌdem, p. 75.

5 GIRAULT, RenÈ y VERNETTE, Jean. Croire en dialogue (Croire). Limoges: DroguetArdant, 1979, p. 435.

6 DUQUESNE, Jacques. Le bonheur en 36 vertus, ParÌs: Club France Loisirs (con autorizaciÛn de …ditions Albin Michel), 1998, p. 225.

gelizaciÛn y lo tendr· ocupado toda mi vida. Soy muy feliz de que me dedique tiempo, de que me evangelice con tacto, paciencia, tolerancia y respeto por lo que soy. Tiene en cuenta mis momentos de euforia y mis horas de des·nimo, mis fuerzas y mis flaquezas, mis desviaciones, mis rechazos y mis obstinaciones. Es amable, flexible y no le fatiga evangelizarme. Est· convencido de que mi evangelizaciÛn ser· perfecta. Quien quiera evangelizar debe dejarse evangelizar, debe evangelizar como Dios evangeliza. øNuestra evangelizaciÛn sigue adelante? øEst· fosilizada? øSe ha inmovilizado? Quiero dejarme evangelizar. Evangelizar del modo en que Dios me evangeliza. SÌ. Yahora, øquÈ hago?

En su ˙ltimo libro Au nom de Dieu. Les guerres de religions díaujouríhui et de demain, Joseph Yacoub, profesor de relaciones internacionales en la Universidad CatÛlica de Lyon, recuerda que el 11 de septiembre de 2001 el horror marcÛ el primer acto del nuevo mundo. Esa fecha se convirtiÛ en un punto de referencia. Durante los debates que siguieron a ese dÌa aparecÌan una y otra vez las nociones de fundamentalismo, integrismo, extremismo, etc. La religiÛn ha sido puesta en tela de juicio constantemente. La palabra religiÛn pr·cticamente no aparece en el texto bÌblico. Evangelizo en un marco, a partir de presupuestos, a partir de un terreno y un sistema de pensamiento que es mi religiÛn. Las personas se identifican por su religiÛn, que tiene un nombre. El ser humano sediento de trascendencia, angustiado ante la existencia, a la b˙squeda de un absoluto, de armonÌa, de vÌnculo y de un sentido, es religioso por definiciÛn, cualquiera que sea su forma de religiosidad.

øPero quÈ es el hecho religioso, cu·les son los elementos que rodean la religiÛn? Joseph Yacoub responde: ´Adem·s de la relaciÛn con lo divino y la eternidad, hay dimensiones cuyo ·mbito de actuaciÛn son la identidad, la naciÛn, la etnia, la tribu y el clan.ª7 Y se podrÌa aÒadir la polÌtica, la historia y la lengua. Eso explica las divisiones, las subdivisiones y las guerras de todo tipo. Ninguna religiÛn escapa a ello. En el momento en que Dios se revela y su revelaciÛn toma el aspecto de religiÛn, o la religiÛn tal como se la entiende habitualmente se convierte en portadora de Dios, el rostro de Dios se desfigura. La religiÛn no goza de buena prensa. En los sondeos populares es la causa de los males de la sociedad. Es preciso que yo evangelice la religiÛn, que evangelice mi religiÛn. Nos parece paradÛjico; pero recordemos que Cristo vino a los suyos y los suyos no lo

7 YACOUB, Joseph. Au nom de Dieu! Les guerres de religions díaujourdíhui et de demain. ParÌs: Jean-Claude LattËs, 2002, p. 25.

recibieron. Con toda seguridad no fue reconocido por los suyos; es decir, en la religiÛn de los suyos.

A veces, o a menudo, hay un abismo entre la evangelizaciÛn y la iglesia o las iglesias. La iglesia, sin embargo, es el producto de la evangelizaciÛn. Pero cuando la iglesia se convierte en religiÛn produce una evangelizaciÛn que, con su espÌritu y sus mÈtodos, desnaturaliza y caricaturiza a Dios. Convierte el becerro de oro en una fiesta en honor del SeÒor. Evangelizar la religiÛn o la propia religiÛn en cuestiones muy precisas, fundamentales, es una necesidad absoluta.

Y ahora, øquÈ hago?

En los conflictos entre religiones, en los conflictos en los que la religiÛn se pone en duda, la idea de Dios es secuestrada y el nombre de Dios es usado a diestro y siniestro y recuperado por grupos que se oponen. DespuÈs del 11 de septiembre, un periodista decÌa que la idea de Dios, vistas las masacres cometidas en su nombre, es una mala idea. Otro titulÛ su artÌculo: ´El Dios criminal de los monoteÌsmosª. Como consecuencia del primer atentado al World Trade Center, la revista Time escribÌa: ´°En nombre de Dios! øQuÈ pasa cuando los creyentes abrazan el lado oscuro de la fe? Esa es la paradoja del amor de Dios como fuerza vital, la m·s profunda compasiÛn, pero capaz de transformarse en poder de muerte. La fe, es decir, el refugio y el consuelo m·s dulces, puede endurecerse a causa de milagros perversos y convertirse en una espada, una lanza, una antorcha o una ametralladora.ª.8

El pastor Paolo Ricca, en un seminario titulado ´Evangelizar toda Franciaª recuerda:

´En la Biblia, el gran combate no se da entre la fe y la incredulidad, sino entre la fe y la idolatrÌa. La alternativa no est· entre Dios y la nada, sino entre Dios y el Ìdolo. øQuÈ es el Ìdolo? Es el dios que fabricamos seg˙n nuestras medidas, el dios que nos corresponde y proyectamos. Si soy terrorista, me fabrico un dios terrorista y, por ejemplo, le doy el nombre de Al·. Si soy un guerrero, lo llamo el Dios de los ejÈrcitos. Si soy occidental, me fabrico un dios democr·tico, liberal y pluralista y le llamo Dios de los cristianos. No es el verdadero Dios, es mi Ìdolo, el dios de mi tribu, el dios domÈstico, el dios domesticado. Es preciso evangelizar la idea de Dios. øQuÈ dices cuando dices ´Diosª? Pero el hecho m·s sorprendente, dirÌa

8 Time, 15 marzo 1993.

casi el m·s abrumador, el m·s espantoso, como dirÌa Calvino, no es solo que el corazÛn humano es una f·brica de Ìdolos, sino que tambiÈn podemos transformar en Ìdolo a Dios mismo. Podemos ser idÛlatras de Dios. Es el colmo de la idolatrÌa, la paradoja absolutaª.

EvangelizarÈ la idea de Dios. Parece sencillo porque tenemos un texto, una copia, un modelo. La buena nueva de la evangelizaciÛn cristiana es que Dios se revelÛ en Jesucristo. Nos dibujÛ un plano. Un plano para entender bien, articular bien y vehicular bien su gran plan de redenciÛn. Cristo dice: ´El que me ha visto, ha visto al Padreª (Jn 14,9), ´nadie viene al Padre, sino por m̪ (Jn 14,6). La evangelizaciÛn consiste, simplemente, en ´mostrar a Cristoª sin artificios. YaquÌ, concluyendo, abordamos la cuestiÛn esencial de la evangelizaciÛn. øQuÈ es el Evangelio? La respuesta es simple. El Evangelio es Jes˙s. …l es su n˙cleo, su centro; es la esencia de la evangelizaciÛn. Sin lugar a dudas, hay una fe esencial y una fe secundaria; un mensaje central y varios mensajes perifÈricos. øCÛmo formular el mensaje central en relaciÛn con los mensajes perifÈricos? He perdido muchas horas de sueÒo pensando en ello. Ala pregunta de cu·l es el mensaje fundamental del Evangelio, el cÈlebre teÛlogo Karl Barth respondÌa con una simplicidad infantil: ´Jes˙s me ama, lo sÈ porque la Biblia lo diceª. ViviÛ, muriÛ, resucitÛ, intercede y regresar· por mÌ.

www.aula 7 activa.org

Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook