SUFRIMIENTO Y ESPIRITUALIDAD :: SI TÚ SUFRES, SUFRIMOS TODOS ::
EL CRISTIANO ANTE EL SUFRIMIENTO DE LA CREACIÓN ::
COMUNICACIONES DE LA XXXVIII CONVENCIÓN AEGUAE ::
¿POR QUÉ CREO EN DIOS? DIÁLOGOS ACERCA DE LO TRASCENDENTAL ::
Diciembre de 2012
Nº 25 Nueva Época
A • U 7 L • A
Nº 25 Nueva Época – Diciembre de 2012
PUBLICACIÓN DE LA ASOCIACIÓN DE ESTUDIANTES Y GRADUADOS UNIVERSITARIOS ADVENTISTAS DE ESPAÑA
Consejo Directivo de AEGUAE
Presidencia :: Alexandra Mora
Vicepresidencia :: Sarai de la Fuente, Silvia Palos
Secretaría :: Juan Manuel Gracia
Tesorería :: Marc Gelabert
Vocales :: Álvaro Doladé, Ramon Carles Gelabert, Marta Llorca, Javier Palos, Sonia Pedrosa, Ferran Elavoko Sabaté, Vocales UAE :: Daniel Bosqued, Juan Antonio López
Edita Aula7activa
editora digital de AEGUAE
Revista Aula7
Redacción :: Ramon-Carles Gelabert, Sarai de la Fuente
Aula7 está abierta a todo tipo de colaboraciones. Los artículos publicados expresan exclusivamente las opiniones de sus autores.
:: Sumario
5 Editorial :: Alexandra Mora Angomás
6 Buscando sentido en medio del dolor* :: Roberto Badenas Sangüesa
11 Sufrimiento y espiritualidad* :: Santiago Gómez Hernández
16 Si tú sufres, sufrimos todos* :: Ana Llorca Cardeñosa
19 El cristiano ante el sufrimiento de la Creación* :: Andrés Villà Henriksen
21 Comunicaciones* :: Varios autores. XXXVIII Convención AEGUAE
27 ¿Por qué creo en Dios? Diálogos acerca de lo trascendental :: Samuel Gil Soldevilla
34 Monogamia, el proyecto de identidad relacional :: Carlos Chimpén López
37 Miguel Servet, médigo y teólogo de la Reforma :: Ferran Sabaté Casellas
40 Cómo nos venden la moto :: José Álvaro Martín Menjón
44 Aula7activa cumple 10 años :: Mercè Gascón Pomar y Ramon-Carles Gelabert Santané
47 Informe Aula7activa
50 Convenciones AEGUAE
*Dossier de la XXXVIII Convención AEGUAE: «El cristiano ante el sufrimiento»
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NUESTRAS REVISTAS
Revista editada en inglés originalmente por el Seminario Teológico de la Universidad Andrews.
A • U 7 L • A
Publicación anual coincidiendo con la Convención AEGUAE y tratando la temática propuesta.
Revista editada en inglés originalmente por el Geoscience Research Institute (GRI)
SECCIÓN INFANTIL
* Promueve el estudio de la Biblia en los niños hispanoparlantes de 3 a 12 años.
* Facilita la enseñanza de la asignatura de religión o Biblia en las escuelas.
* Crea un espacio de participación y encuentro intercultural donde los niños pueden colaborar mediante sus dibujos, historias, juegos, fotografías... y donde los educadores aportan sus experiencias.
La leona enjaulada
Edita: Aula7activa
Revista editada en 9 idiomas por la Asociación Internacional para la Defensa de la Libertad Religiosa.
RELATOS BÍBLICOS
* Dirigidos a los más pequeños (3-6 años).
* Textos e ilustraciones originales.
* Se acompañan de una guía. didáctica de actividades.
* Material de soporte didáctico para docentes, maestros de escuela sabática infantil y padres.
Textos: Esther Villanueva Ilustración: Montse Adell
:: Editorial
Alexandra Mora Presidenta de AEGUAE
Graduada en Ingeniería de la Edificación. Estudiante de Grado en Estudios Ingleses.
Mi primer editorial. Los nervios me invaden al intentar transmitirte, a ti, lector, lo que nos mueve a compartir contigo este nuevo número de la revista Aula7. Todo empieza con la elección del tema de lo que sería la XXXVIII Convención AEGUAE. Como equipo, tenemos claro el ponente principal: Roberto Badenas, un hombre cuya trayectoria no hace falta reproducir, un profesor con quien con toda seguridad aprenderemos, un cristiano cuyo ejemplo nos gustaría imitar. Y nos propone él lo que es sin duda un tema relevante para los tiempos en los que vivimos: «El cristiano ante el sufrimiento». Por doquiera miramos encontramos las indelebles huellas del sufrimiento... en nuestra familia, con nuestros amigos, en nuestra comunidad, en países lejanos. El dolor, el desengaño, el desamor, la enfermedad, la pobreza... Nadie avanza por la vida sin encontrarse con alguna situación dolorosa. Hace poco escuchaba en las noticias cómo una señora, al saberse víctima del desahucio, no supo más que interrumpir su vida lanzándose al vacío desde su ventana.
La primera reacción ante estas situaciones desesperadas podría ser preguntarse cómo un Dios de amor puede permitir tanta injusticia y sufrimiento. En palabras de José Luis del Barco, «¿Cómo conciliar la existencia de un Ser bondadoso y omnipotente con la realidad del dolor?» No pretendo arribar a una respuesta, pero sí quiero compartir algunos textos que pueden servir de inicio a la reflexión. «El dolor tiene un sentido profundo. Lleva al hombre a preguntar sobre el significado de su vida y le ayuda a “crecer en hondura”.»1 Lewis observa que «lo realmente satisfactorio para nosotros sería un Dios que dijera de todo cuanto nos gustara hacer: “¿Qué importa lo que hagan si están contentos?”» Sin embargo, «la mera benevolencia no se ocupa como tal de si su objeto se hace bueno o malo. Se conforma con evitarle sufrimiento. [...] Solo para personas que no nos preocupan exigimos felicidad a toda costa. Con nuestros amigos, personas queridas o nuestros hijos, en cambio, somos exigentes, y preferiríamos con mucho verlos sufrir antes que verlos disfrutar de una felicidad despreciable y alienante.»2
Por otro lado, hace unos días escuchaba a un joven reflexionar sobre cómo nos habíamos insensibilizado a las noticias tristes
1 José Luis del Barco, en el Prólogo a El problema del dolor. Lewis, C. S. (2006) El problema del dolor. 8ª Ed. Madrid: Ediciones Rialp.
2 Lewis, C. S. (2006) El problema del dolor. 8ª Ed. Madrid: Ediciones Rialp. p. 47, 48
que vemos tan a menudo en los medios de comunicación. Nuestros abuelos lloraban al conocer las desgracias de los demás mientras que nosotros permanecemos a veces impasibles ante semejantes nuevas.
Cabe preguntarse si como cristianos debemos enfrentar el sufrimiento de un modo distinto, si nuestro caminar con Cristo debe ayudarnos a posicionarnos ante el mismo de cierta manera.
Y así regresamos al título con el que empezábamos: «El cristiano ante el sufrimiento». A lo largo de estas páginas leerás distintas experiencias y enfoques alrededor del sufrimiento, textos que te llevarán a reflexionar y a hacerte preguntas acerca del tema. Se añade a esto la inclusión de los abstracts de las comunicaciones que se ofrecerán en la convención gracias a la participación de un buen número de colaboradores que darán su particular visión sobre el tema (y podrás tener acceso a todo ello en nuestra página web). –Dicho sea de paso que añadimos hacia el final de la revista algunos textos que aunque no están directamente relacionados con el tema pueden resultar de tu interés.–
Pero no queremos que esta convención se quede en mera teorización y diálogo. Queremos que te inspire a marcar la diferencia en el entorno en el que te encuentras. A que te preocupes, y nos preocupemos, tú y yo, por los que tenemos a nuestro alrededor, de ofrecer una mano amiga al necesitado, de mostrar empatía ante el sufriente, de no permitir que el dolor nos deje indiferentes.
Innumerables textos nos recuerdan la importancia de amar y cuidar a los demás. «El que no ama no conoce a Dios , porque Dios es amor.»3 «Esta es la religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre: asistir a los débiles y desvalidos en sus dificultades y mantenerse incontaminado del mundo.»4 «Se te ha hecho conocer lo que está bien, lo que el Señor exige de ti, ser mortal: tan solo respetar el derecho, practicar con amor la misericordia y caminar humildemente con tu Dios.»5
En cierta medida, de nosotros depende el ayudar a aliviar el dolor en este mundo, mientras mantenemos la esperanza de que Dios algún día «enjugará toda lágrima de sus ojos y ya no habrá muerte, ni llanto, ni sufrimiento, ni fatigas, porque todo lo anterior ha pasado.» 6
3 1 Juan 4: 8 BLP
4 S antiago 1: 27 BLP
5 Miqueas 6: 8 BLP
6 Apocalipsis 21: 4
:: Buscando sentido en medio del dolor
Roberto Bademas Sangüesa Licenciado en Filosofía y Letras (UV). Doctor en Teología Bíblica (Andrews University, Michigan, USA). Profesor de la Facultad Adventista de Teología (Sagunto, València), de la Andrews University (Michigan, USA) y otras. Autor de diversos libros y artículos.
Reflexiones sobre un texto de Viktor Frankl: El Hombre Doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia
Contrariamente a lo que sostuvo Sigmund Freud, para Viktor Frankl, lo más profundo en el hombre no es el deseo de poder ni el deseo de placer, sino la voluntad de encontrar sentido a la existencia. Todos nos preguntamos: ¿Por qué sufrimos? ¿Por qué me pasa esto? Yo creo que esta necesidad de sentido es todavía más verdad para el cristiano. El sentido de la existencia lo encuentra en su integración personal en lo que hemos dado en llamar “el plan de la salvación”.
Viktor Frankl entiende la neurosis como una forma obsesiva de buscar poder o placer, como si fueran fines en sí y no meros medios de acción de la voluntad de sentido. Para él la búsqueda del placer como motor de la vida psíquica, es una desviación patológica. Para el cristiano eso es lo propio del pecado: perseguir el placer o el poder dejando de lado el sentido.
Una de las preocupaciones obsesivas del ser humano hoy es la realización personal, que se suele buscar a través del poder o del placer. Pero el ser humano solo se realiza al trascenderse a sí mismo y encontrar un sentido satisfactorio para su vida. Vivimos en una época en la que abunda la “frustración existencial”. Muchos jóvenes se sienten frustrados en su voluntad de sentido, sobre todo en tiempos de crisis, en los que abundan los ninis, es decir, jóvenes que, por las razones que sean, viven vidas vacías, ya que les falta lo que les daría sentido: el estudio, el trabajo o –desde una perspectiva cristiana– la fe, es decir, el integrar su vida en un gran proyecto transcendente. La sensación de “vacío existencial” no es más que la experiencia de la falta de contenido en sus vidas –causa de tantas neurosis–, fruto de una vida sin propósitos, sin dirección o pobre de metas. Por eso se sienten tan desgraciados. Porque «la puerta de la felicidad –nos dice Kierkegaard– se abre hacia fuera; quienes intentan empujarla hacia dentro, se la cierran más todavía».
El materialismo reduccionista, resultado del evolucionismo –somos fruto del caos– está detrás de la pérdida de sentido de un gran número de personas que piensan que la ciencia tiene la última palabra sobre la existencia. Si «la vida no es más que un proceso de combustión», si «los valores no son más que mecanismos de defensa y formaciones reactivas», pocos estarán
dispuestos a vivir solo por sus mecanismos de defensa ni a morir por sus formaciones reactivas.
Pretender que «el hombre no es más que una computadora», pretender reducirlo a unos cuantos procesos bioquímicos, es como pretender que el Quijote de Cervantes es reductible a las letras del alfabeto que se usaron para imprimirlo. Esta forma de pensamiento unidimensional nos priva de la posibilidad de hallar un sentido a la existencia. Porque el sentido no es reductible a los elementos materiales (las letras del alfabeto empleadas para redactar un libro o los procesos de combustión que tienen lugar en la vida orgánica) sino que pertenece a una dimensión más elevada: la dimensión espiritual.
El sentido de los acontecimientos no es algo que nosotros proyectamos en ellos, sino algo que está por encima de los acontecimientos, aunque solo lo entendamos como un enigma. El mundo esta inmerso en un misterio, cuyo sentido los creyentes intentamos detectar, descubrir y explicar. Una hormiga que se pasease sobre un cuadro de Velázquez no vería más que manchas y sombras sin sentido. Pero no porque el cuadro no lo tenga, sino porque a la hormiga le falta la perspectiva necesaria para ver su sentido. La razón de ser del cuadro no tiene que inventársela ella, porque ya está. Ella solo tendría que descubrirla.
Los seres humanos no somos como la hormiga, porque con la debida perspectiva somos capaces de vislumbrar el sentido. Pero para ello necesitamos aceptar, tanto por fe como por lógica, que lo que nos parece caótico y absurdo tiene sentido.
La voluntad
Los seres humanos, dotados de inteligencia por nuestro Creador, no somos como esas ratas que, al insertarles electrodos que estimulaban sus zonas de placer sexual y saciedad alimentaria, pueden dejar de comer y de buscar pareja. Podemos dejar de comer y de buscar pareja por voluntad propia, sin necesidad de electrodos. Porque estamos dotados de voluntad.
Con la generalización de una cosmovisión materialista, tras la caída de las ideologías y el descrédito incluso de las religiones
como transmisoras del sentido de la existencia, la educación hoy debería ser ante todo educación de la voluntad para la responsabilidad y la elección. La educación tendría que ayudar a encontrar sentido, y no partir ya del a priori de que el sentido no existe.
No se trata como dicen los neofreudianos de realizar nuestras posibilidades, sino de realizar «las posibilidades que hagan falta». Si tenemos en cuenta la responsabilidad moral del ser humano, la pregunta a plantearse no es solo: ¿qué posibilidades tengo?, sino también: ¿cuáles de mis posibilidades son dignas de ser realizadas? Para el creyente: ¿cuáles son las que responden a la voluntad de Dios? Es decir, cuáles responden al ideal divino o a los valores que Dios nos propone.
Hoy se sostiene el mito de que el educador, el psicólogo, el terapeuta buen profesional « no deben transferir sus valores o ideales». Pero esto es imposible, y por eso ocurre todo el tiempo, inconcientemente. Por ejemplo, un experimento ha demostrado que hasta los “hummm...” y los silencios del terapeuta refuerzan la incidencia de ciertos pensamientos y orientaciones en el discurso del paciente. El educador, el psicólogo y el terapeuta transfieren inconcientemente al paciente o al educando, su propia cosmovisión, la imagen que tienen del hombre y de la realidad. Y hoy vemos que la mayoría están transfiriendo la imagen de un hombre rebajado al nivel de un animal movido por instintos, que reacciona con el único fin de apaciguar las tensiones de su “aparato psíquico”.
Pero Frankl, al igual que en la Biblia, entiende que el hombre, sufriente o no, es libre y responsable de realizar sus posibilidades pasajeras, de ser coherente con el sentido de su vida personal y de integrar en él sus situaciones concretas. Realizar algo, es salvarlo de la caducidad, integrar lo perecedero en « mi historia», guardarlo y protegerlo. Una de las tareas terapéuticas con personas que sufren o han sufrido mucho es la de dar significado a los acontecimientos vividos como un fracaso, a través del reencuentro con una «historia con sentido ».
El creyente ve en todas sus vivencias, incluidas sus reacciones a la desgracia, al sufrimiento y al dolor, tanto propio como ajeno, oportunidades para el cumplimiento de una misión. Cada momento comporta una ocasión de construir algo que vaya en la dirección de una vida plena, en lugar de dejar que las circunstancias lo arrastren hacia una vida vacía... El creyente sabe, a diferencia de los que se guían por el llamado “pensamiento unidimensional”, que más importante que labrarse una vida placentera, que evita cualquier situación penosa, más importante que una vida de éxito –y no fracasada, a los ojos de los materialistas,– es construir una vida que tenga sentido, es decir, una vida que encaje dentro del plan divino. Para el creyente la mayor o menor duración de una vida pierde relevancia ante la cuestión de su contenido y de su dirección.
Desde esta antropología bíblica, multidimensional, la vida puede conservar su sentido aun en medio del dolor y en medio de la tragedia. La vida de Jesús sigue teniendo plenamente sentido, e incluso cobra mayor sentido, en medio de su proceso, y en el suplicio de la cruz. Porque mediante la voluntad –y sobre todo, la sumisión a la voluntad divina– hasta de los aspectos más negativos podemos extraer lecciones y conseguir algo positivo. Así, como Jesús, el creyente, gracias a la ayuda divina, es capaz de transformar el sufrimiento en servicio, la situación de culpa en ocasión de progreso, de cambio y de crecimiento personal, y la expectativa de la muerte en incentivo para actuar con mayor responsabilidad.
El sufrimiento del homo patiens puede beneficiar a otros, al poner en marcha lo que Frankl llama un “reciclaje existencial”. Quien solo piensa en sí mismo, se encierra en sus cosas, o es victima de la reflexión obsesiva, difícilmente encontrará razones para hacer de su existencia una vida digna de ser vivida. Quien no se interesa exclusivamente por sus “estados internos” (el no neurótico), está volcado hacia las cosas y hacia sus semejantes en el mundo, y no los ve como simples medios para un fin, para satisfacer su sexualidad o descargar su agresividad, por ejemplo. Es falsa la teoría freudiana que dice que el ser humano solo busca descargar su tensión en todo lo que emprende. Esa es una visión materialista muy reduccionista. El cristiano en cambio, sabe que todo ser humano necesita de una tensión cualificada en su vida, que su vida tienda hacia algo superior, sumamente valioso, que dé sentido a todas sus acciones (Romanos 12: 1-2). La conversión le lleva a no conformarse a los esquemas mecanicistas del mundo, y a cambiar de manera de pensar, intentando descubrir la voluntad de Dios para su vida.
Frankl observó en Auschwitz, que la posibilidad de supervivencia aumentaba exponencialmente en aquellas personas que deseaban profundamente volver a encontrarse con alguien fuera del campo de concentración, o tenían una meta, un futuro digno por el cual luchar o sufrir. En cambio, aquellas personas cuya vida carecía de aliciente por no tener a nadie que esperar o ningún plan que realizar, caían –según su temperamento- en alguna de las tres grandes derivas de las vidas sin sentido: la depresión, la agresión (violencia) o la adicción (formas de evasión).
Los adictos a las drogas y al alcohol, se suelen quejar de que su existencia carece de sentido. Su recuperación es mucho menos difícil cuando aceptan plantearse la cuestión del sentido de sus vidas, y aceptan buscarlo en aquellas áreas en las que los seres humanos lo encontramos: a) en el trabajo, entendido como una realización personal o una vocación: «Dios puso a Adán en el huerto del Edén para que lo trabajara y lo guardase» (Génesis 2: 15);
Roberto Badenas Sangüesa
Buscando sentido en medio del dolor
b) en el amor, entendido como motor de nuestros actos: «Puedo ser un gran científico, un gran teólogo, un gran filántropo… si no actúo por amor, de nada me sirve» (1 Corintios 13: 1-3); c) en la fuerza espiritual que da la comunión con Dios: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4: 13).
El ser humano es capaz de encontrar un sentido independientemente de su sexo, su cociente intelectual, su formación, su carácter, su medioambiente, e incluso de sus creencias religiosas. Pero es evidente que estas pueden ayudarle de modo significativo. No importa cuán dura sea la situación que vivan, muchos más de los que así lo creen son capaces de transmutar su tragedia personal en triunfo. Porque nuestra serenidad proviene del equilibrio y de la paz que surge del diálogo que sostiene nuestra dimensión espiritual con lo corporal y lo psíquico.
La logoterapia
Según Frankl, la eficacia de la logoterapia, que es su método de tratamiento, está precisamente en hacer comprender a sus pacientes que son libres frentes a sus mismos “determinantes” fisiológicos, ambientales o psicológicos, ya que su libertad es ante todo de naturaleza espiritual. En cuanto seres dotados de capacidad espiritual, todos somos capaces de entrar en diálogo, en cualquier momento, incluso en los más duros, con nosotros mismos, con nuestro cuerpo y nuestra mente. Nuestra realidad es multidimensional, y sería un error fatal pretender reducir sus dimensiones a una sola.
El error del nihilismo materialista es creer que el ser humano no es “nada más que...” un animal. Cuando la ciencia rechaza de entrada el mundo espiritual, se vuelve desconocedora de sus límites: la biología degenera en biologismo, la psicología en psicologismo, la antropología en antropologismo. Pero si intentamos resolver nuestro sufrimiento moral, o nuestra angustia ante los grandes problemas de la vida solo con química, o con psicofármacos, lo que hacemos es alejarnos de nuestro yo más profundo, de nuestro fondo espiritual. En el lenguaje freudiano diríamos que con la solución química «el yo sigue como estaba, solo que el ello lo deja de momento en paz.»
Es cierto que el hombre es cuerpo, que el soporte corporal esta ahí, y hay que atenderlo. Pero los cromosomas, los factores hereditarios, los factores psicofísicos, son mera dotación, algo que uno recibe, simple material para la realización de la existencia. Como constructores de nuestra persona, dependemos del material de que disponemos, pero podemos usar libremente de él. Ni la psicología ni la fisiología son capaces de explicar ni de reconocer plenamente la realidad de la libertad. El científico, como tal, cree que no puede ser más que determinista. El cristiano sabe que lo psicofísico condiciona al espíritu humano, pero no lo produce ni determina.
La libertad radica en nuestra posibilidad de tomar posición frente al entorno natural (el universo), el entorno social y nuestras propias reacciones psicofisiológicas. La libertad es la posibilidad de decirles “no” a estos condicionantes. El yo posee una capacidad incondicional para decir NO a los instintos. El ser humano no siempre es conciente de su libertad y su sabiduría para decirles no a los instintos, pero nuestro deber como educadores cristianos es ayudar a tomar conciencia de ellas y de sus enormes posibilidades de decisión. La logoterapia que propone Viktor Frankl apela a esta libertad una vez que logra hacerla conciente.
La libertad se vuelve así en nuestra capacidad de no sucumbir a ninguna situación o predisposición, por negativa que sea, de estar por encima de ellas, o de sobreponernos a nuestros problemas para actuar libremente en cualquier circunstancia. La libertad es el motor de nuestra resiliencia, es decir, de nuestra capacidad de hace frente al dolor y a la adversidad.
En este sentido, los creyentes podemos entender al ello de Freud como un “ya no yo ”, como un yo superado, como el ser resultante de un conjunto de decisiones convertidas en hábitos y posturas. El ideal del yo en cambio, sería el “aún no yo”, mis metas, el yo en el que me quiero convertir. Como dice Pablo: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2: 20).
Frankl llama “fatalismo neurótico” al estado de ciertos pacientes que tienden a hablar de su persona, de su modo de ser, como si se tratase de algo inamovible, y a actuar como si este modo de ser implicase un “no poder ser de otra manera”. El primer paso para su curación es que aprendan a decir: «Hasta ahora, fui de este modo. Pero no necesito seguir así. Me he propuesto cambiar.» A esta actitud mental la Biblia la llama “conversión” (metanoia significa “cambio de manera de pensar”).
Esto significa que nuestra persona (o personalidad) es libre, incluso frente a nuestro carácter o temperamento. Podemos calcular o predecir el temperamento (por ejemplo, calculando «cómo se comportaría un melancólico en esta situación»), pero jamás podemos predecir lo que una persona determinada es capaz de hacer con su carácter en esa situación. Porque podemos, en última instancia, optar por decidir en contra de nuestro carácter o al margen de nuestro temperamento a la hora de afrontar un determinado problema.
Cuando uno actúa contra sus disposiciones naturales en miras a un objetivo elevado, o utiliza su libertad para ser de otro modo, eso supone que pone por encima de sí mismo una escala de valores, que en el caso del creyente, son las directrices divinas. La logoterapia que propone Frankl funciona en esa dirección, como modo de lucha contra el fatalismo neurótico. Los neuróticos apelan a su carácter para descargarse de sus responsabilidades: «¿Qué quieres que haga, si yo soy así?» «Yo es que me deprimo enseguida, no hago nada bien...», etcétera. Usan su temperamento y su carácter como “chivo expiatorio” o excusa para no ejercer su libertad en la dirección del cambio que necesitarían. Otras veces los inmaduros se excusan de su irresponsabilidad, con pretextos parecidos al «y tú más», apelando a casos similares: «Pues el Dr. X es médico y también fuma»; o presuntas “estadísticas”: «todo el mundo lo hace», etcétera.
La dimensión espiritual como fuerza transformadora
Aquí llamamos “dimensión espiritual” a la capacidad de guiarnos por criterios superiores a nosotros mismos, a nuestra capacidad de distanciarnos en nuestro comportamiento de los determinismos psicofísicos. Aunque no lo reconozcan muchos científicos, esta dimensión es la más humana de todas, la que más nos distingue de los animales. La logoterapia de Frankl recurre precisamente a la “capacidad de resistencia” que tiene esta facultad del espíritu de contraponerse a nuestras propias disposiciones, para hacerles frente y superarlas. La puesta en marcha de esta capacidad de distanciamiento y resistencia, es lo que puede llevarnos a una esfera de comportamiento superior. Esto, que hace efectiva a la logoterapia, se puede conseguir tam-
bién a través de la ayuda divina, mediante la oración y siguiendo las pautas de la Biblia.
Cuando hablamos de lo psicofísico nos referimos a un conjunto de facultades humanas que incluye: los instintos, el temperamento, el carácter, la capacidad de sufrimiento moral, los sentimientos (placer, angustia, ira, tristeza, etcétera). El hombre “tiene” instintos, pero no es solo instinto, “tiene” un dolor, pero no es solo dolor. Sufrir con sentido significa tomar posición frente al propio dolor, lo que equivale a estar “por encima” de él. Los condicionamientos humanos en general, y el dolor o el sufrimiento en particular, no son un mero dato fáctico, sino un reto al espíritu. Todo lo humano está condicionado, pero es propiamente humano solo aquello que es capaz de superar sus propios condicionamientos, trascendiéndolos.
Frankl califica de “neuróticas” a muchas reacciones o tomas de posición ante el sufrimiento, del tipo: «no lo puedo hacer porque me pone muy nervioso»; «no puedo porque estoy deprimido»; «no puedo porque me da miedo»; «no puedo porque no me siento capaz»; «no lo hago porque me va a doler»... Estas reacciones al final acaban en desesperación por la tristeza, angustia por la propia angustia, y dolor por el dolor. Estas actitudes van de la pasividad malsana del que se deja arrastrar por sus neurosis, a la actividad desacertada del que en su empeño por luchar contra sus síntomas solo consigue que estos acaparen su atención o incluso se agraven.
Frente a estas actitudes, nuestra libertad interior nos da la posibilidad de escoger actos de resistencia, profundamente espirituales, por ejemplo, los del prisionero que es torturado horrendamente y que, sin embargo, no delata a sus compañeros. El poder de resistencia del espíritu es increíble, el cuerpo puede caer desmayado o muerto, pero la tortura no logra quebrar al espíritu.
La persona que se enfrenta con su dolor de modo espiritual nunca se deja aplastar por las circunstancias; siempre es capaz de “distanciarse” de su situación, de tomar posición –y de rebelarse o someterse, según los casos– frente a la realidad dolorosa. La persona espiritual se plantea su libertad partiendo de esta distancia, y solo desde su libertad espiritual puede decidirse en favor o en contra de una reacción o actitud, dejando rienda suelta a algún rasgo de su carácter o reprimiendo una predisposición instintiva, porque solo desde esta libertad espiritual se puede afirmar o negar un instinto.
Solo en virtud de su libertad espiritual, es capaz el que sufre de no “sucumbir” a su situación, de “estar por encima” de ella, y actuar, comprometerse o, eventualmente, adaptarse a la situación en aras de algo que tiene por más valioso que su propio bienestar o su propia vida. La predisposición psicofísica (amputaciones, invalidez, vejez, ansiedades, miedos, ira, tristeza...),
Roberto Badenas Sangüesa
juntamente con el factor social (ser pobre, rico, expresidiario, negro, diferente al resto...), condicionan la actitud natural de una persona; pero no son el factor decisivo. El factor decisivo es la libertad espiritual, la actitud personal frente a las circunstancias. La cuestión decisiva ya no es el miedo o cualquier otro sentimiento ante el dolor, sino la postura que adoptamos frente a tales sentimientos. Esa postura podemos elegirla nosotros libremente. En eso reside nuestra libertad espiritual. Aunque no nos demos cuenta, el sentido que le damos a la vida y nuestros valores son las razones por las que adoptamos nuestro comportamiento. La psicología cerrada a lo espiritual sigue ciega ante esta realidad. Por eso no consigue entenderla ni explicarla. No reconoce que es de acuerdo con nuestras convicciones que somos capaces de decidir resistir o ceder a las presiones. Para el creyente, tomar posición frente al dolor significa más o menos de esto: «tengo esta enfermedad, pero yo no soy mi enfermedad». No sirve para nada buscar un culpable de mi patrimonio genético, porque yo soy a fin de cuentas el responsable de afrontarlo con nobleza y realismo. Al igual que con mis talentos heredados, el mérito no está en tenerlos sino en lo que yo haga con ellos. «El hombre puede disponer de sus disposiciones».
Frente a la psiquiatría y las psicologías que presentan al hombre como un títere de sus instintos, de su ambiente, de su química, de su complejo de Edipo, de su carácter o de sus complejos de inferioridad, la logoterapia valora lo incondicionado en el hombre. Recuerda que este es libre de lo psicofísico para actuar según los valores que dan sentido a su vida. Mientras que los instintos me empujan, mis convicciones espirituales y los valores que se desprenden de ellas me atraen. El psicologismo ignora lo espiritual, lo reduce a síntomas neuróticos.
Frankl reconoce que su concepto de la logoterapia surgió de ciertos condicionantes históricos:
1. El sufrimiento de una generación judía en los campos de concentración, reorientó la terapia a la tarea de «enseñar a sufrir y a asumir el dolor».
2. La mayor cosificación del ser humano de todos los tiempos, el campo de concentración, reorientó la crítica contra la manipulación del hombre por la psicoterapia. Oponiéndose a reducir al hombre a la dimensión de objeto de estudio, la logoterapia rescata la libertad, la dignidad y responsabilidad humana.
3. Frankl ve el poder psiquiátrico sobre todo como el poder de reducir al ser humano al nivel de mero “caso”: de paranoia (pa), de trastorno obsesivo compulsivo (toc) o de parálisis progresiva (pp). El hombre desaparece detrás de los complejos, como mero juguete de estos, o soporte de síntomas. Tal poder descalificador, denota una voluntad inconsciente (o inconfesada) de devaluar al ser humano. ¡Qué contraste con la actitud
de Dios «que tanto amó al mundo que le ha dado su hijo…para que nadie se pierda sino que tenga vida eterna» (Juan 3: 16)!
El rechazo de lo espiritual por parte del psicologismo, hace que se concentre en lo patológico. Así, llegamos a oír cosas tales como que: Jesús sufría de una crisis hebefrénica juvenil o de una psicosis megalomaníaca. Para explicar a Kierkegaard se invoca su grave neurosis de angustia y su odio reprimido a la figura paterna... Cuando se ignora la trascendencia que da al ser humano su dimensión espiritual, la realidad del que sufre pierde su carácter personal, y se deshumaniza.
La terapia de la biografía
La toma de conciencia de la responsabilidad que cada uno tenemos de nuestra propia situación, requiere una aceptación del carácter histórico de la existencia humana, y rompe con la noción estática que todo lo reduce a determinantes psicofísicos, o a un determinismo social. Para conseguir esta toma de conciencia Frankl solía pedir a sus pacientes que imaginasen estar al final de su vida, hojeando su biografía y abriendo el capítulo que trata del momento presente. Se trata de imaginar que, milagrosamente, tienen ahora la posibilidad de decidir cual será el próximo capítulo, es decir, la posibilidad de introducir cambios en un capítulo decisivo de su historia personal aún no escrita. Esto responde a la máxima de la logoterapia: «Vive como si vivieras ya por segunda vez, y como si la primera hubieras hecho las cosas tan mal como estás a punto de hacerlas ahora.»
Cuando asumo el sufrimiento que me sobreviene, cuando lo hago mío, crezco, me hago más fuerte. La enfermedad o la desgracia las vivo como una tarea, no solo como una fatalidad: yo debo decidir qué hago con ellas. Al descubrirme a mí mismo como homo patiens aprendo a utilizar mi sufrimiento como una ocasión de crecer, de obrar y de madurar, como una ocasión de enriquecimiento de mi propia personalidad.
Mi última libertad inalienable es la de asumir la actitud que yo decida ante mi sufrimiento. Pero para afrontar cualquier adversidad, debo trascenderla, porque se puede soportar cualquier penalidad más fácilmente si tiene un sentido nuestra resistencia, es decir, si lo hacemos por algo o por alguien. Por eso el sufrimiento con plenitud de sentido se presenta a menudo como un sacrificio. Esto es lo que ocurre, aunque de modo supremo, en la pasión de Cristo. La logoterapia de Frankl busca convertir, en la medida de lo posible, el sufrimiento en sacrificio, asociándolo a una buena causa que lo transforma en algo elevador, algo que da sentido a la experiencia, por terrible que esta sea. Una posibilidad única y suprema, que puede hacer de cada vida, aun de las más duras, una aventura digna de ser vivida.
[Bibliografía: FRANKL, Viktor. El hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia. Barcelona: Herder, 1990.]
Buscando sentido en medio del dolor
:: Sufrimiento y espiritualidad
TDoctor en Física (Universidad de Valencia). Profesor del Colegio Adventista
y
la
odo ser humano, en mayor o menor medida, conoce lo que es el dolor por experiencia propia. Y sin embargo, paradójicamente, el conocimiento empírico del mismo no garantiza –ni siquiera facilita– su comprensión. Vivimos en un mundo en el que, por desgracia, el sufrimiento nos puede sorprender en cualquier momento y, a veces, se trata solo del principio de una cadena de desgracias de la que no conseguimos otear el último eslabón… y nos vemos abocados a soportarlo sin poder encontrar una explicación que dé un significado coherente a la realidad que nos oprime y destruye.
Es cierto que, a veces, nosotros mismos labramos nuestro propio dolor como consecuencia de decisiones erróneas personales. En estos casos, la persona puede llegar a asumir su responsabilidad y aceptar su condición de sufriente, reconociendo su situación como el resultado de su propia siembra. Pero muchas, muchas veces, nos topamos con el dolor sin haberlo buscado, sin ser responsables –directos o indirectos– del mismo, teniendo que soportar las consecuencias de la necedad de otros; incluso puede ocurrir que no sea posible achacar a ningún ser humano la responsabilidad de lo que nos esté aconteciendo...
En este artículo vamos a intentar encontrar respuesta a dos preguntas: ¿Hasta qué punto nuestro grado de relación con Dios, nuestra experiencia espiritual cotidiana, puede influir a la hora de afrontar el sufrimiento? Y, a la inversa, ¿hasta qué punto el sufrimiento puede influir en nuestro desarrollo espiritual?
En un primer acercamiento al tema, lo abordaremos desde un punto de vista general. Luego, tras clasificar los distintos tipos de dolor, analizaremos cada caso particular.
1. Relación entre sufrimiento y espiritualidad: planteamientos generales
Aunque la desgracia golpee cruelmente, hay creyentes que consiguen conservar su confianza en Dios. Pero también se observa, en determinadas circunstancias adversas, que el creyente llega a vaciarse de su fe. Incluso puede llegar a blasfemar su Nombre, manifestando abiertamente su rebeldía a la supuesta “voluntad divina”. Por otra parte, si se trata de un no creyente,
lo más probable es que reafirme fríamente su posición agnóstica, pretendiendo dejar por sentado, “ante lo evidente”, la inexistencia de un Dios todopoderoso y bondadoso.
Víktor Frankl (psicólogo) y Pinchas Lapide (teólogo), ambos judíos, razón por la cual fueron internados en campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Años después de su liberación tuvieron una serie de encuentros donde disertaban sobre este y otros temas. Como resultado de dichas conversaciones, se publicó el libro Búsqueda de Dios y sentido de la vida; diálogo entre un teólogo y un psicólogo, del que he extraído el siguiente párrafo:
«[…] hay ateos que se han hecho tales “después de Auschwitz”, como Rubinstein y otros. […]. Pero también puede uno conservar su fe […]. Son muchos los que dicen que en Auschwitz la mayoría de la gente perdió la fe. Eso no es cierto. No dispongo de estadísticas, pero mis experiencias me permiten afirmar que, en Auschwitz, recuperó su fe más gente y la fortalecieron más personas […] que cuantos allí la perdieron. Por tanto, habría que dejar definitivamente de recurrir con ligereza a la fórmula “después de Auschwitz” en el contexto de la posibilidad de creer, y comenzar a hablar de una fe “a pesar de Auschwitz”.» (Frankl y Lapide, op. cit . págs. 81-82).
Frente al sufrimiento, por tanto, parece que hay dos resultados posibles: rebelarse contra Dios y dejar de creer, o creer con mayor intensidad. Darle la espalda a Dios, o acudir a sus brazos en busca de consuelo… ¿Qué es lo que puede determinar que un ser humano reaccione de una u otra forma? El mismo Víktor Frankl –que perdió a todos sus seres queridos en los campos de exterminio en los que vivió durante tres largos años– parece tenerlo claro: «Creo poder decir que, en Auschwitz, la fe débil se apagó, pero la fe fuerte, la verdadera fe, sin duda se volvió más fuerte.» (Frankl y Lapide, op. cit. pág. 110).
¿Será que nuestro grado de relación con Dios, nuestra experiencia espiritual cotidiana, puede influir a la hora de afrontar el sufrimiento? Parece lógico que una experiencia espiritual profunda con Dios, basada en la adquisición del conocimiento que de Él dan las Santas Escrituras y en la interacción con Él mediante la oración frecuente, puede ser clave en la pre-
Santiago Gómez Hernández
de Sagunto (Sagunto, Valencia)
de
Universidad Jaume I (Castellón).
Sufrimiento y espiritualidad
servación de la fe cuando el dolor nos sacude. Por otra parte, nuestros conceptos erróneos acerca de Dios, bien recibidos de otros o bien generados por nuestra mente finita e imperfecta, pueden poner en peligro nuestra fe. Incluso muchos teólogos han tenido que replantearse sus concepciones acerca de Dios, tal como expresa el citado teólogo Pinchas Lapide:
«[…] preguntas cómo, ¿por qué tolera Dios esto, por qué permite esto o lo otro? Son antropomorfismos no menores que los de toda la teodicea. En el fondo, Dios sería así el supremo gendarme del cielo que puede tolerar y prohibir, permitir y aprobar. Considero que estas imágenes de Dios, propias más bien de la infancia de la humanidad, han muerto en Auschwitz, y no sé si he de guardar luto por ello. […] Considero que Auschwitz nos ha ayudado a purificar nuestras imágenes de Dios.» (Frankl y Lapide, op. cit. págs. 85-86).
«[…] un Dios de amor que quiere lo bueno y me da libertad también para lo malo es un Dios que puedo aceptar y en el que puedo creer. […] Dios es suficientemente grande para hacerse pequeño, suficientemente omnipotente para anonadarse, suficientemente libre para ligarse a nosotros y compadecerse de sus criaturas. Así, sufrió en Auschwitz al lado de sus judíos […] no solo puedo reconocer a Dios como Creador, sino también como un Dios que camina a mi lado, […] por el valle de la muerte, para hacerse en mí más humano que el hombre. Quizás sea esta una imagen de Dios que, después de Auschwitz, podría llevarnos más lejos en la línea de nuestra maduración de las imágenes de Dios.» (Frankl y Lapide, op. cit. págs. 94-95).
De manera que un concepto adecuado del carácter de Dios –obtenido a través de la Revelación y experimentado a partir de una estrecha e intensa relación con Él– puede ser la garantía para preservar nuestra fe en medio del sufrimiento.
A la inversa, ¿hasta qué punto el dolor puede influir en nuestro desarrollo espiritual? La historia de los campos de exterminio revela que muchos presos se lanzaban a las alambradas para electrocutarse y dejar así de sufrir; otros decidían no tomarse tal molestia, y simplemente se abandonaban esperando que los llevaran pronto a la cámara de gas… A la luz de estos hechos, es obvio que no podemos concluir que el dolor, en sí mismo, pueda ser algo bueno y positivo. Sin embargo, hay muchos que sostienen que Dios lo permite –algunos, incluso, podrán manifestar que lo provoca– con el fin de purificarnos, para facilitar nuestro crecimiento espiritual y fortalecer nuestra fe. ¿Qué hay de todo esto?
En su libro El enigma del Sufrimiento, Georges Stéveny escribe: «¿Habría inventado Dios el sufrimiento para mejorar a su criatura? No puedo admitirlo. [...] Al leer los Evangelios impresiona la solicitud de Jesús para aliviar siempre todas las penas. Sanar a los enfermos era uno de sus objetivos. Si Dios hubiera deseado
el sufrimiento para conducir al hombre a la santificación, Jesús no hubiera tenido que combatirlo, sino aceptarlo y justificarlo. […] ¿Cómo admirar y amar a un creador todopoderoso que habría elegido deliberadamente recurrir a la enfermedad, las guerras y la muerte, a menudo cruel, para modelar al hombre a su imagen? ¿Sería el mal la condición del bien?» (Stéveny; op. cit., pág 40) El fin no justifica los medios, y estoy convencido de que Dios respeta este principio. Dios no induce a nadie al pecado. Las Escrituras lo dicen muy claro: «Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios, porque Dios no [...] tienta a nadie.» (Santiago 1: 13).
No puedo creer en un Dios que induzca a otras personas a hacerme daño con el objetivo de que, con ello, yo pueda crecer. Es más, no puedo creer en un Dios que provoque el sufrimiento. Simplemente, sería contrario a su carácter.
Ellen G. White, en su libro El camino a Cristo escribe todo un capítulo para desvelar cuál es «El secreto del crecimiento». Ahí se insiste una y otra vez en que el secreto del crecimiento cristiano estriba en estar unido a Cristo como el pámpano está unido a la vid. No menciona, en ningún momento, que el dolor forme parte de ese proceso. Es más; parece expresar justo todo lo contrario, cuando refiere: «...Satanás se esfuerza constantemente por mantener la atención apartada del Salvador [...] valiéndose de los placeres del mundo, los cuidados, perplejidades y tristezas de la vida [...]» (White, El Camino a Cristo, pág. 71).
Es decir, Satanás provoca nuestro sufrimiento con la intención clara de alejarnos de Dios e impedir que crezcamos espiritualmente. Si fuera verdad que el dolor produce de forma automática nuestro acercamiento a Dios, Satanás trataría por todos los medios de evitar que sufriéramos, y no es eso, precisamente, lo que parece que ocurre... Si una y otra vez Satanás nos sumerge en el dolor, debe ser porque, por desgracia, con frecuencia consigue que las personas se rebelen contra Dios en esas circunstancias.
Siguiendo esta línea de pensamiento, Dios no puede ser el provocador del dolor, pues se arriesgaría a perder a la persona, y estoy seguro de que Dios no toma riesgos inútilmente. Afirmar que Dios provoca el dolor, es hacerle responsable de la pérdida de la fe en muchas personas, que luego se expresan como en cierta ocasión pude contemplar en una pintada en la universidad: «Soy ateo gracias a Dios». Estoy convencido de que el dolor surge contra la voluntad de Dios. Pero si la persona se aferra a Dios, Él le llenará de consuelo, paz y esperanza, y la persona se sentirá más dependiente del Cielo y dejará que Él llene su vida y transforme su carácter.
Así pues, a tenor de lo tratado hasta ahora, podemos entender que, en función del grado de desarrollo espiritual que tenga la persona afectada por el dolor, esta podrá reaccionar de dos formas:
1. Un grado débil de fe previo a una experiencia dolorosa puede llevar a la rebelión contra Dios, llegando incluso a negar su existencia, y la separación completa de Él, generando la muerte espiritual de la persona.
2. De forma opuesta, un alto grado de fe previa a una experiencia dolorosa llevaría al creyente a aferrarse más aún a Dios, como el pámpano a la vid, y de esa forma poder seguir experimentando crecimiento espiritual.
Concluimos, entonces, que la causa de nuestro fracaso o desarrollo espiritual no estaría en el sufrimiento, sino en nuestro grado de fe previo al mismo. No es gracias al sufrimiento que crecemos espiritualmente, sino que a pesar del sufrimiento, existe la posibilidad de seguir creciendo. Esta idea me conmueve, al darme cuenta de cómo Dios ha previsto que, a pesar de una situación dolorosa –que Él nunca hubiera querido para nosotros–, podamos seguir afirmando nuestra fe. Esa es la forma en que, en mi opinión, debe ser entendida la muchas veces referida expresión bíblica: «A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan para bien» (Romanos 8: 28).
2. Descendiendo a lo particular:
Una clasificación necesaria
Hasta aquí hemos estado tratando de forma general el problema del dolor y su relación con el desarrollo espiritual del individuo. Ahora bien, llegados a este punto, es necesario darse cuenta de que no todos los tipos de sufrimiento tienen el mismo origen, y por tanto no podemos tratarlos a todos de forma conjunta. Es necesario pasar de lo general a lo particular. Para ello precisamos establecer una taxonomía del dolor, a partir de la cual podremos analizar las características de cada tipo de sufrimiento y sus implicaciones sobre el creyente.
Santiago Gómez Hernández
2.1. Dolor de 1ª especie: Es el dolor que yo provoco en mí mismo o en quienes me rodean, derivado de mis decisiones erróneas.
Es el dolor más fácil de comprender. Se trata, sencillamente, del resultado de una relación causa-efecto. Es la ley de la siembra y la cosecha. Es de sentido común explicar que el sufrimiento que me afecta o afecta a los que están próximos a mí, es el resultado de mi necedad, mi torpeza, mi negligencia o mi egoísmo.
En el libre ejercicio de su voluntad, el ser humano puede decidir hacerse daño a sí mismo o hacer daño a sus prójimos. Dios no nos lo impide, en aras de respetar nuestra libertad. Pero confía en que aprendamos –puro empirismo– al experimentar las consecuencias de nuestros errores. Los seres humanos somos tan cerriles que, a veces, la única forma en que logramos descubrir la falacia del mal es experimentando sus consecuencias. Visto de esta manera, el dolor de primera especie puede ser un feed-back, un test mediante el cual el pecador puede recapacitar y volverse a Dios.
«Cuando los hombres deciden seguir su propio sendero sin buscar el consejo de Dios, o en oposición a su voluntad revelada, les otorga con frecuencia lo que desean, para que por medio de la amarga experiencia subsiguiente sean llevados a darse cuenta de su insensatez, y a arrepentirse de su pecado.» (White. Patriarcas y profetas, pág. 656).
De esta forma la persona tendrá la oportunidad de razonar: «si elimino la causa (el pecado) eliminaré la consecuencia (el dolor)», y con ello, libremente, pueda rectificar su conducta, pedir perdón a Dios y a quien haya podido perjudicar, y así progresar en su experiencia espiritual.
Por otra parte, si yo soy la causa del dolor generado, me corresponde a mí la responsabilidad de tratar de restituir el daño causado. La reflexión que debo realizar es: ¿Soy suficientemente humilde como para dar esos pasos que Dios me solicita, reconociendo mi error y asumiendo todas sus consecuencias, o me dejo llevar por el orgullo y la autojustificación? ¿Mantengo una actitud humilde y conciliadora ante aquellos a los que he perjudicado, aunque no hayan sido capaces de perdonarme? ¿Soy consciente de que el alma a quien he ofendido necesita tiempo para curar sus heridas y le ofrezco una y otra vez mi mano tendida ofreciéndole amistad, o pienso que, después de haberle pedido disculpas, el problema es suyo y entonces me desentiendo?
2.2. Dolor de 2ª especie: El provocado en mí por decisiones erróneas ajenas a mí.
Sin duda alguna, este tipo de dolor es más difícil de aceptar y de comprender que el anterior. Fácilmente hacemos responsable
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a Dios: «Señor: ¿por qué has permitido…?» Pero Dios no ha dado permiso a nadie para que nos hiciera daño, sino que, en el libre ejercicio de su voluntad, los seres humanos a veces siembran el dolor por donde pasan. Con frecuencia, incluso, podemos encontrarnos con personas que, aunque se den cuenta de que nos han hecho daño, no serán capaces de reconocerlo ni moverán un dedo para compensarnos por el sufrimiento generado en nosotros.
Entonces, ¿en qué sentido este tipo de dolor, no provocado ni deseado por Dios, puede redundar positivamente en nuestra vida espiritual? Personalmente pienso que podemos tomárnoslo como un test mediante el cual analizar nuestro nivel de comprensión del plan de Dios para las relaciones humanas. Porque la reacción natural, humana –indudablemente inspirada por Satanás–, ante el sufrimiento que nos provocan otros, es la de odio, resentimiento y venganza. Obviamente, si diéramos lugar a la venganza, podríamos estar multiplicando el dolor indefinidamente, y nunca lo resolveríamos. Los principios de conducta que Dios nos aconseja en su palabra, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, tienden a resolver de una forma mucho más sabia el problema del dolor de segundo ámbito:
«Si encontrares el buey de tu enemigo o su asno extraviado, vuelve a llevárselo. Si vieres el asno del que te aborrece caído debajo de su carga, ¿le dejarás entonces desamparado? Sin falta le ayudarás con él a levantarla.» (Éxo. 23:4-5)
«Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber.» (Prov. 25:21; Rom. 12:20)
«...Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.» (Lucas 6:27-28)
Sorprendente, ¿verdad? Dios va mucho más allá de la no-venganza. Desea que nuestra mente acepte que la persona que nos está haciendo daño también es un hijo de Dios, a quien Dios ama, y a quien quiere salvar, y desea que colaboremos con una actitud adecuada que facilite el arrepentimiento de nuestro enemigo: siendo bondadoso con él, ayudándole, si está en nuestra mano, y orando para que el Espíritu Santo logre derretir su corazón y su vida cambie drásticamente.
No hay otra receta mejor para combatir el mal que el facilitar el desarrollo espiritual de la persona que nos está dañando. Porque la estrategia de Dios no solo tiene como objetivo liberarnos del resentimiento –inútil y perjudicial para nosotros–, sino también lograr la redención de aquel que ha provocado nuestra desgracia.
Así pues, este tipo de sufrimiento nos puede servir de test para evaluar el grado de desarrollo espiritual que hemos alcanzado, analizando los sentimientos que invaden nuestro corazón cuando otros seres humanos nos hacen daño: ¿Siento amor en
lugar de odio? ¿Perdón en lugar de rencor? ¿Piedad en lugar de venganza?
2.3. Dolor de 3ª especie: Dolor provocado por “causas naturales” difícilmente achacables a la voluntad humana (desastres naturales, enfermedades congénitas…)
En este caso aún es más fácil hacer responsable directo a Dios de nuestra situación, ya que no encontramos ningún culpable humano. Sin duda es el tipo de sufrimiento más difícil de entender y de aceptar. Solo a la luz de la visión bíblica del gran conflicto entre el bien y el mal podemos llegar a vislumbrar una respuesta: Vivimos en un gran paréntesis en la eternidad, una circunstancia excepcional, durante la cual el mal tiene que ser desenmascarado por sus resultados; El príncipe de este mundo controla las fuerzas de la naturaleza y las leyes de la genética y de la enfermedad, e intenta hacer el mayor daño posible, porque –tal como hemos dicho antes– sabe que con ello puede alejarnos de Dios. Pero, al final, el mal será erradicado y con él todo tipo de dolor.
Podemos considerar el sufrimiento de este tercer tipo como un test que nos permite analizar nuestro nivel de comprensión y aceptación de la realidad espiritual que trasciende a la realidad humana. ¿Comprendo que lo que me ocurre es consecuencia de una lucha titánica entre el bien y el mal? ¿Poseo la segura esperanza de que un día Dios erradicará el dolor para sieme? ¿En qué medida tengo la certeza de que Dios comparte mi desgracia?
Por otra parte, una situación así puede constituir una ocasión para mi testimonio, provocando la reflexión en otras personas: «Mediante el sufrimiento, nuestras virtudes y nuestra fe son probadas. [...] se nos dan las oportunidades para confesar nuestra fe ante el peligro y en medio del pesar, la enfermedad, el dolor y la muerte...» (White, Mensajes selectos, t.1 págs. 137-138).
Y no podemos olvidar que en este tipo de sufrimiento corresponde –aún más que en los dos anteriores– a la acción solidaria hacia aquellos que están pasándolo mal. Debemos ayudar al que está experimentando sufrimiento de primera especie, aunque se lo haya provocado él mismo. Debemos ayudar al que es víctima del sufrimiento de segunda especie, aunque no hayamos sido nosotros quienes se lo hayamos provocado. Pero, sin duda, estamos moralmente más obligados ante el sufrimiento de tercera especie, pues en ese caso no hay ningún ser humano que tenga la responsabilidad directa de restituir al afectado. ¿Siento compasión por quien está sufriendo, o pienso que «cada cual aguante su vela»? ¿Comprendo la intención de Dios de que paliemos al máximo el sufrimiento de nuestros próximos, al enseñarnos que dar un vaso de agua a un sediento es como si se lo diéramos a Él mismo (Mat. 25: 34-40)? ¿Estoy dispuesto a desprenderme de
lo que me sobra –¡al menos!– poniendo en práctica la religión «pura y sin mancha» (Sant. 1:27)?
3.4. Dolor de 4ª especie: Dolor provocado por el prejuicio y el fanatismo religiosos.
En este caso, el objeto del dolor ya no es cualquier ser humano: está restringido a los hijos de Dios. Es la consecuencia de pretender servir fielmente a Dios. Si yo quiero ser fiel a mi conciencia, y vivir de acuerdo con lo que mi Padre celestial pretende de mí, corro el riesgo de padecerlo. Sin duda alguna, es la estrategia más cruel de Satanás en el gran conflicto entre el bien y el mal, porque, incluso, la persecución se realiza muchas veces, y paradójicamente, en nombre de Dios.
De nuevo, solo a la luz del gran conflicto entre el bien y el mal podemos llegar a vislumbrar una respuesta. Satanás es capaz de manipular las mentes de los seres humanos, incitándoles a hacer el mal, haciéndoles creer que están haciendo el bien. «...Satanás recurre constantemente a la violencia para dominar a aquellos a quienes no puede seducir de otro modo. [...] obra por medio de las autoridades religiosas y civiles y les induce a que impongan leyes humanas contrarias a la ley de Dios.» (White, El conflicto de los siglos, pág. 649).
De manera que este tipo de sufrimiento constituye un test mediante el cual podemos confirmar nuestra fe. A través de él podemos percibir en nosotros mismos que esa lucha encarnizada entre Dios y Satanás es real, y que ¡estamos en el bando vencedor! Para quienes llevan una vida de comunión íntima con Dios, el sufrimiento derivado de la intolerancia religiosa será una confirmación de que están peleando la «buena batalla» entre el bien y el mal, sabiendo que tienen garantizada la victoria. Por ello sentirán gozo en esa situación. Las Escrituras lo anticipan de forma clara:
«En el mundo tendréis aflicción; mas confiad: yo he vencido al mundo.» (Juan 16: 33).
«Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos.» (Mateo 5: 11-12).
«Carísimos, no os maravilléis cuando sois examinados por fuego [...] antes bien, gozaos en que sois participantes de las aflicciones de Cristo [...]. Si sois vituperados en nombre de Cristo, sois bienaventurados.» (1 Pedro 4: 12-14).
Es en el contexto del sufrimiento por causa de la fe como tenemos que entender muchos pasajes bíblicos como este último. Por supuesto, una experiencia de estas características también puede constituir una ocasión para el testimonio, provocando la reflexión en quienes nos observan y quizá su conversión. La pluma
Santiago Gómez Hernández
inspirada declara: «Por el oprobio y la persecución que sufren sus hijos, el nombre de Cristo es engrandecido y se redimen las almas. Grande es la recompensa en los cielos para quienes testifican por Cristo en medio de la persecución y el vituperio.» (White, El discurso maestro de Jesucristo, pág. 32).
Pero en lo que al creyente respecta, es una ocasión para plantearse: ¿Soy capaz de percibir la lucha cósmica que hay detrás de esta situación por la que atravieso? ¿Puedo ver con los ojos de la fe el fin de este conflicto? ¿Sé distinguir entre dar mi vida por Cristo o vender mi alma al príncipe del mal?
Tengamos siempre presente que este último tipo de sufrimiento proviene más allá de «carne y sangre». Proviene de las «fuerzas espirituales malignas que hay en las regiones celestes. Por lo tanto, poneos toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo, podáis resistir hasta el fin con firmeza.» (Filip. 6: 12-13, NVI).
Conclusión
Ojalá sepamos vivir cada día aferrados firmemente a Cristo, creciendo constantemente en la fe. Es la mejor forma de poder encajar cualquier tipo de sufrimiento que, sin previo aviso, puede llegar a sacudir con fuerza nuestra vida. Solo así podrá hacerse realidad el pensamiento del apóstol Pablo: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? [...] Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquél que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades [...] ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios...» (Romanos 8:35, 37-39).
FRANKL, V., LAPIDE, P. Búsqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo. Barcelona: Herder, 2005.
STÉVENY, G. El enigma del Sufrimiento. Barcelona: Aula7activ@-AEGUAE, 2004.
WHITE, E. El Camino a Cristo. Academy Enterprises, Inc. Harrah, U.S.A., 1995.
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WHITE, E. Mensajes Selectos. Tomo 1. Academy Enterprises, Inc. Harrah, U.S.A., 1995.
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WHITE, E. El Discurso Maestro de Jesucristo. Academy Enterprises, Inc. Harrah, U.S.A., 1995.
:: Si tú sufres, sufrimos todos
La tristeza profunda de no haber llevado una vida auténtica, sino la vida que otros querían fue el lamento que más oyó Bronnie Ware durante los ocho años que cuidó y acompañó a cientos de personas en el camino de la muerte dedicándose a aquello que los profesionales llaman “cuidados paliativos”. Esa afirmación, que al principio fue tan solo un párrafo en su blog Regrets of the dying (<http://www.inspirationandchai.com/ Regrets-of-the-Dying.html> [Consulta: 19 noviembre 2012]), se convirtió en el pilar de su libro The top five regrets of the dying La segunda tristeza común entre los pacientes de Ware fue la frustración de haber trabajado mucho y haber compartido poco. Esa tristeza, dice en su libro, fue casi exclusiva de los hombres. Todos ellos lamentaban haber pasado demasiado tiempo en su lugar de trabajo y haberse perdido la infancia de sus hijos y la compañía de sus esposas. El tercer lamento de las personas a las que acompañó en sus últimos días fue no haber sido capaces de expresar sus sentimientos. Quizás por no herir a otras personas, o quizás por no empeorar la situación, pero todos ellos referían haber enfermado por la amargura y dolor arrinconados en su interior.
Y ese punto tiene mucho que ver con los dos que le siguen, «ojalá hubiera mantenido el contacto con mis amigos» y «ojalá me hubiese permitido ser más feliz». Un punto en común en todas las personas con las que contactó fue la sensación de echar de menos a sus amigos, a la gente que habían ido perdiendo por el camino.
Bronnie nos invita, por medio de los pesares que la gente compartió con ella, a ser valientes para asegurarnos de que no llegaremos al final de la vida cargando esos mismos lamentos.
Y la pregunta es: ¿cómo podemos establecer una relación de ayuda ante el sufrimiento, la enfermedad y la muerte?
Para comenzar tendríamos que conceptualizar el término ayuda. Podría consistir en ofrecer recursos a una persona para superar o afrontar sanamente una situación difícil o para dar un paso al frente en su camino de crecimiento humano. La relación de ayuda se basa en la aceptación incondicional desde el no juicio con los pensamientos y sentimientos del otro.
Todos sabemos que la vida y la muerte son interdependientes, es decir, existen simultáneamente y no consecutivamente. Pero
al enfrentar al ser humano a la muerte, este huye, escapa, niega esa realidad. Esto es debido a la inaceptabilidad de la no-vida a nivel inconsciente, a la falsa percepción humana de invulnerabilidad y al tradicional alejamiento de la muerte de la familia –lo habitual es que el paciente acabe los últimos días de su vida en un hospital o en una institución alejada del ambiente familiar o del hogar–.
La medicina paliativa tiene como objetivo la atención integral del ser enfermo (física, emocional, social y espiritualmente), incorporando a la familia su estudio y estrategia, promocionando el principio de la autonomía y dignidad de la persona enferma y promoviendo una atención individualizada y continuada.
El sufrimiento puede definirse como un estado de malestar inducido por la amenaza de la pérdida de integridad o desintegración de la persona, con independencia de su causa. Los profesionales sanitarios, nos enfrentamos día a día al sufrimiento y la muerte. Pero como seres humanos que establecemos relaciones con otros seres humanos, nos vemos obligados a intervenir ante el sufrimiento. Pero, ¿cómo hacerlo?, ¿cómo podemos establecer una relación de ayuda con el que sufre?
Jesús Madrid Soriano, en su obra Relación de ayuda y comunicación nos regala las siguientes palabras:
«La idea fundamental que subyace en todo proceso de relación de ayuda, especialmente dentro de la corriente humanista, es la de facilitar el crecimiento de las capacidades secuestradas de la persona en conflicto. El fundamento que sustenta toda relación de ayuda debe ser una visión positiva de las capacidades de la persona para crecer y afrontar positivamente sus conflictos. […]
La relación de ayuda, pues, es una experiencia humana privilegiada que ofrece el marco adecuado para facilitar el desarrollo de las capacidades bloqueadas.»
En el libro Relación de ayuda: En el ministerio del dolor de José Carlos Bermejo (religioso camilo, doctor en Teología Pastoral Sanitaria, profesor del Instituto Internacional de Teología Pastoral Sanitaria de Roma y director del Centro de Humanización de la Salud y de la Escuela Pastoral de Salud de Madrid) se nos facilitan una serie de recursos mediante los cuales podremos ayudar a
Ana Llorca Cardeñosa Licenciada en Medicina y Cirugía (Universitat de València)
una persona que está viviendo una situación de sufrimiento de manera más eficaz y gratificante. Los parafraseo a continuación:
1. El silencio en la relación de ayuda: «Escucha lo que no digo»
Un silencio de calidad es tan complicado de conseguir como un discurso de calidad. Es un arma compleja pero poderosa; compleja porque ni siquiera somos capaces de manejar nuestro silencio interior y porque es difícil leer el discurso mudo que alguien que sufre nos transmite con su silencio. Pero no debemos olvidar que ya en Eclesiastés se nos avisa de que hay tiempo para hablar y también tiempo para callar.
Demasiado a menudo violamos el silencio empachándolo de palabras vacías cargadas de buenas intenciones que se nos escurren entre los labios producto de nuestra voluntad de aliviar al que sufre. En la Biblia, Job, que vive una serie de catástrofes y desgracias encadenadas, recibe la visita de amigos que tratan de consolarlo con sus palabras. El pobre, agotado más por sus amigos que por el sufrimiento de las pruebas, llega a tener que decirles: «¿Hasta cuándo atormentaréis el alma mía y con palabras me acribillaréis?» (Job 19:2).
De nuevo en las páginas del libro de Bermejo encontramos que « escuchar lo que el otro no dice es el arte de leer el mundo interior sin juzgar, sin interpretar más de lo debido y en humilde y sencilla actitud de acogida y observación atenta de la elocuencia del lenguaje no verbal».
2. Deseos inconfesables: Personalizar en la escucha
Desde que somos pequeños cuando aprendemos a relacionarnos con los demás diferenciamos claramente qué tipo de cosas de las que nos pasan o sentimos se pueden contar y cuáles es mejor mantener encerradas dentro de nosotros por miedo a que, cayendo en manos de alguien desalmado, sean usadas en nuestra contra. Aprendemos también que las personas fuertes o duras, son las que resuelven sus propios problemas, las que no muestran su debilidad. Es por eso que a veces, aun cuando nos sentimos a morir porque esas cosas que nunca nos hemos atrevido a contar nos van estrangulando, no encontramos la manera de vencer al yo fuerte que hemos construido para mostrar al otro nuestra fragilidad, la desnudez de nuestros sentimientos en carne viva. Resulta imprescindible crear un clima de confianza para que la persona que sufre sienta que puede abrir sus pensamientos más íntimos a nosotros y casi tan importante ser capaces de personalizar en la conversación. Lo lograremos si somos capaces de abstenernos de juzgar el contenido y la forma de todo lo que
Ana Llorca Cardeñosa
oímos y vemos. Debemos preocuparnos de la persona, no usar frases que generalicen, ocuparnos del significado único que lo que oímos tiene para quien lo pronuncia. El que personaliza, que escucha verdaderamente, inspira confianza para que la otra persona abra el lugar interior en el que encadenados se apelotonan los pensamientos que nunca se atrevió a contar por miedo a ser juzgado. Cuando logramos que el otro se vacíe, lo ayudamos realmente porque hay veces en que al contarnos, nos curamos a nosotros mismos, porque hacemos el esfuerzo de poner orden, de poner palabras a cuanto nos habita. Además, añade Bermejo, «Abrir la puerta del propio espíritu, airear aquellos rincones donde menos ha dado la luz, aquellas heridas o pequeños tumores que se nos van haciendo por incomprensiones, conflictos, roces, malos entendidos, agresividades no controladas, miedo a la verdad, aquellos agujeros vacíos que nos hacen experimentar algunas encendidas carencias, puede ser un buen gesto de coraje, un buen signo de salud.»
3. Las manos pueden hacer milagros: Tocar en la fragilidad
Tocar es en ocasiones algo incómodo. Podemos acoger tocando y también descargar de la misma manera. Acoger la fragilidad del que sufre y descargar afecto, amor, comprensión, etcétera. La incomodidad que conlleva el contacto en el ser humano es algo que casi viene de serie. Cuando tocamos nos sentimos vulnerables porque el contacto nos acerca con otro ser humano, nos obliga a comunicar, nos deja desprotegidos. A veces incluso, como si de magia se tratara, al tocar a alguien que sufre, parte de su angustia y la impotencia ante el sufrimiento, pasan a nosotros.
A veces, las palabras se quedan cortas para mostrarle a una persona enferma o que sufre, que le acompañamos en su dolor. Nada mejor en estas ocasiones que cogerle de la mano, quizás acariciársela incluso. El silencio y la profundidad de este gesto tan sencillo podría equivaler a un «aunque no sé cómo decirte lo que siento, porque no tengo palabras, estoy cerca de ti, comparto tu dolor».
4. Mirar y no mirar: Cómo usar la mirada en el encuentro
Hay ocasiones en que demostramos el amor que sentimos por otra persona no mirándola, porque de este modo le liberamos de la tensión que supone saberse observada, sentirse ridícula. Sin embargo una mirada bien dirigida, en su justa medida, bien combinada con el resto de gestos de la cara y del cuerpo puede provocar un efecto reconstructor en la persona hundida.
Es necesario entrenar nuestra mirada. Liberarla de su carácter curioso y con tendencia al juicio; es duro, pero debemos aprender a mirar.
Debemos usar nuestra mirada en la conversación utilizando los ojos en actitud de escucha y comprensión a la persona con la que nos relacionamos, dirigiendo nuestra mirada a los ojos del otro, relajar la musculatura que rodea los ojos, evitar la impresión de que miramos para investigar o interpretar lo que el otro cuenta, evitar gesticular como consecuencia del juicio que emitimos a lo que oímos, saber desviar la mirada del otro cuando este hace lo mismo o cuando percibimos que hemos llegado a un punto en la conversación en que se ha mostrado algo con lo que el otro puede sentirse incómodo.
5. Dime que me entiendes: La respuesta empática
Ponerse en la situación existencial del otro, captar sus emociones, sus sentimientos, meterse en su experiencia y comprenderlo desde su punto de vista. Eso es empatía.
Más que aconsejar a veces, se trata de trata de conseguir que el otro se sienta sostenido por nuestra comprensión libre de juicio, lo que le facilitará en la búsqueda de sus propios recursos para superar las dificultades o manejar sanamente sus emociones.
¿Cómo podemos comunicar comprensión en el diálogo? Primero intentar captar realmente la experiencia del otro, escucharlo atentamente, intentar expresar con nuestras propias palabras lo que hemos entendido que el otro vive (reformular), abundar en el uso de palabras que se refieran a sentimientos que nosotros captamos y que reflejan bien lo que el otro está experimentando, etc.
6. El coraje de hablar: La confrontación en la relación de ayuda
Tanto la escucha como la palabra dada en su justa medida, tienen poder terapéutico. La palabra sana es aquella que comprende y nace de la escucha atenta, pero también la que es capaz de poner al otro frente a sus propias contradicciones, debilidades y recursos para que los reconozca y pueda permanecer en ellos o movilizarlos. « Confrontar es hacer ver a quien se desea ayudar las posibles incoherencias entre lo que dice y lo que hace, entre lo que quiere y lo que vive, entre sus valores y sus comportamientos, entre sus sentimientos y su comunicación, entre la realidad y la percepción que de ella tiene.» Nuestra motivación al confrontar siempre debe ser nuestro deseo de ayudar, nunca reprochar.
7. Acoger al extraño: La aceptación incondicional
Acoger incondicionalmente significa abrirse a otra persona y permitirle, sin juzgarla, que sea ella misma, impactando en nues-
tro ser de manera única y exclusiva. Esto requiere de madurez personal, porque hay que superar el deseo interno de que todos sean como nosotros mismos.
En la Biblia se nos repite incansablemente que debemos amar a los demás como a nosotros mismos. No se nos dice simplemente que les amemos, no nos dice que les tengamos pena, no nos dice que les ayudemos como podamos ni tampoco que sea una labor exclusivamente de un pastor, un psicólogo o de un profesional sanitario… Dice exactamente que derramemos sobre ellos los sentimientos del mismo modo que fluyen en nosotros. Todos nosotros sentiríamos dolor si muere un ser querido; todos nosotros sentiríamos pánico si nos diagnosticaran un cáncer, al menos en un primer momento; todos nosotros nos sentiríamos solos al ver que la vida de la gente que nos rodea continua cuando la nuestra acaba de ser sentenciada a un fin doloroso al que una enfermedad nos conducirá irremediablemente. De nuevo en la Biblia se nos pide que suframos con el que sufre, que lloremos con el que llora, que nos riamos con el que es feliz, que nos preocupemos cuando el que está próximo a nosotros se preocupa.
Sin embargo, la vida nos ha enseñado que para no sufrir es mejor protegerse, es mejor ver el sufrimiento ajeno desde la distancia. De este modo nos parece que podemos mantener nuestra integridad y estado de bienestar pase lo que pase.
Ya preocupado por este problema Jesús una vez dijo: «Un nuevo mandamiento os doy, que os améis los unos a los otros, como yo os he amado.» (Juan 13: 34). Yo quiero cumplir los mandamientos y por eso repito que Si tú sufres, sufrimos todos. Y mientras nos sostenemos unos a otros, quiero agradecer a los que a lo largo de mi vida han sufrido cerca de mí porque van a evitar que llegue al final del camino con sus mismos lamentos. Es por eso que quiero vivir una vida auténtica, y no la que otros han querido y planeado para mí. Quiero compartir mucho y trabajar lo suficiente. Quiero expresar mis sentimientos. Quiero mantener siempre la relación con la gente a la que quiero y, sobre todo y con ayuda de Dios, permitirme ser feliz. ¿Y tú, qué quieres tú?
Regrets of the dying [en línea]. <http://www.inspirationandchai.com/ Regrets-of-the-Dying.html> [Consulta: 19 noviembre 2012].
BERMEJO, José Carlos. Relación de ayuda: En el ministerio del dolor. Madrid: Editorial San Pablo, 1996.
MADRID SORIANO, Jesús. Relación de ayuda y comunicación. En AA.VV. Hombre en crisis y relación de ayuda. Madrid: Editorial Asetes, 1986, pp. 195-196.
Si tú sufres, sufrimos todos
:: El cristiano ante el sufrimiento de la Creación
«Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto.» Romanos 8:22 (NVI)
El sufrimiento no es exclusivo del ser humano. Los animales y plantas, la naturaleza y la Tierra, en general, padece no solo las consecuencias del pecado, sino que también sufre la sobreexplotación, el abuso y mal uso que hacemos del “huerto” que Dios nos dio el honor de cuidar.
Los cristianos generalmente afirmamos que nos gusta la naturaleza, pero normalmente no nos afanamos en protegerla, ni nos involucramos con grupos o actividades ecologistas. Y no solo eso, sino que también ignoramos cómo nuestro estilo de vida destruye sistemáticamente nuestro planeta. Aunque esa ignorancia, pasividad e indiferencia no es exclusiva de círculos cristianos, sino que es la norma general en nuestra sociedad.
Pero antes de seguir con el tema, cabe hacerse unas preguntas, que con seguridad alguna vez hemos escuchado o incluso pensado.
1. ¿Por qué hemos de pensar en el sufrimiento de la naturaleza?
¿No sufrimos ya lo suficiente los seres humanos como para pensar también en animales y plantas?
2. ¿No nos mandó Dios gobernar la Tierra y dominar a los animales?
3. ¿No vino Jesús a salvar a la humanidad solamente?
4. ¿Para qué preocuparse por la Tierra si pronto será destruida y Dios hará una Tierra Nueva?
Si no tenemos una respuesta clara en favor de la Creación, sería inútil continuar hablando sobre el tema. De modo que a continuación presentamos brevemente algunos argumentos, con notaciones bíblicas, sobre por qué nos debe importar el sufrimiento de la Creación.
Considerando la primera pregunta, tan solo hace falta comprender que si ensuciamos y destrozamos nuestra propia casa, necesariamente implicará consecuencias directas sobre nosotros mismos. Tampoco hay que olvidar la empatía natural que sentimos o deberíamos sentir por todo lo creado.
Dios creó la Tierra y todo lo que hay en ella y «... contempló todo lo que había hecho, y vio que era bueno en gran manera.» (Génesis 1: 31). De hecho, Dios sigue cuidando y preocupándose de todo lo creado (ver Mateo 6: 26,30). Por lo tanto, ¿qué derecho tenemos
a destruir, o tan siquiera ignorar, el regalo que el Creador nos ha dado y que con tanto amor cuida? ¿Tan superiores nos creemos que eso nos da derecho a maltratar el resto de la Creación? Todos somos seres creados, los animales incluso durante el mismo día que nosotros. Es más, el sabio Salomón nos recuerda lo semejantes que somos a los animales, que incluso todos tenemos el mismo aliento de vida (ver Eclesiastés 3: 18-20). Por supuesto los humanos somos superiores a los animales y las plantas (ver Salmos 8: 3-8), pero eso no nos da ningún derecho particular a ignorar el sufrimiento de la naturaleza.
Si reconocemos a Dios como el Creador, no podemos olvidar el resto de lo creado.
Pero, ¿no nos mandó Dios gobernar la Tierra y dominar a los animales (ver Génesis 1: 28)? Algunos cristianos creen que eso les da derecho a tratar a la Tierra en general, y a los animales en particular, como les da la gana. Simplemente, esas personas no conocen a Dios. Porque si Dios es amor (ver 1 Juan 4: 8), ¿cómo va a querer Dios que maltratemos y abusemos de su Creación? Además, no hay que olvidar que ese fue un mandato que el Señor dio a Adán y a Eva antes de que conocieran el pecado, por lo que sería impensable que ellos hubieran entendido que eso les daba derecho a abusar y explotar la naturaleza para nuestro egocéntrico provecho. Gobernar y dominar son palabras que entendidas en un contexto sin pecado, solamente pueden significar tratar con amor, del mismo modo que Dios gobierna y domina a la humanidad. Si seguimos leyendo el texto, más adelante usa términos más acordes a “tratar con amor” desde el concepto actual que tenemos de las palabras. Cuidar y cultivar (ver Génesis 2: 15), son palabras que todavía no han perdido el trasfondo de amor que requieren.
Además, en Job 12: 7-10, como en muchos otros textos, leemos cuánto se puede aprender de la naturaleza sobre nuestro Creador. Por lo tanto, ¿cómo vamos a aprender de la naturaleza acerca de Dios si nuestro gobierno y dominio la destruye y explota?
Dudo mucho que a Dios le agrade que hagamos lo que nos venga en gana con la naturaleza, sobre todo cuando somos conscientes de la tendencia continua que tenemos al mal.
Andrés Villá Henriksen MSc Ingeniería de Biosistemas (Aarhus University, Dinamarca)
Jesús murió por la humanidad solamente, porque fue únicamente el ser humano quien se alejó del Señor y pecó. Sin embargo, la naturaleza entera sufrió las consecuencias. La Tierra fue maldita por nuestra causa (ver Génesis 3: 17) y no será liberada hasta que nosotros también seamos liberados (ver Romanos 8: 19-22). La culminación de la Salvación incluye una Tierra Nueva, libre de la maldición que la humanidad le impuso.
Entonces, si la Tierra ha de ser destruida y Dios creará una Tierra Nueva (ver Isaías 65: 17 y Apocalipsis 21: 1), ¿por qué hemos de preocuparnos y hacer algo por la Tierra y lo que contiene?
Del mismo modo uno puede preguntarse: ¿Para qué voy a cuidar de mismo si voy a morir igualmente? Pues por el simple hecho de disfrutar de lo que Dios nos ha dado, tanto de la vida como de la naturaleza. Es más, en Apocalipsis 11: 18 el Señor nos dice que vendrá a juzgar y a « destruir a los que destruyen la Tierra ».
A Dios no le agrada que estemos destruyendo el gran regalo que nos hizo en la Creación, la Tierra, y lo tendrá en cuenta, queramos aceptarlo o no, en el juicio final. No tenemos excusa alguna para ignorar el sufrimiento de la naturaleza, sobre todo cuando somos nosotros mismos la causa mayor de ese sufrimiento.
A mi parecer, los cristianos olvidamos constantemente nuestro deber con la naturaleza. Estamos, por lo general, tan centrados en nosotros mismos y, con un poco de suerte, también en nuestro prójimo, que apenas tenemos pensamientos para el resto de la Creación de Dios. Parece que creamos que los alimentos aparecen por generación espontánea, que la basura que generamos desaparece por arte de magia y que los recursos naturales son ilimitados porque “la materia ni se crea ni se destruye, solo se transforma”.
Por lo tanto, ¿qué podemos hacer respecto al sufrimiento de la Creación?
La respuesta no es fácil, porque seamos o no conscientes de ello, solamente por el hecho de haber nacido en un país “desarrollado” estamos contribuyendo en gran manera a destruir
el planeta y los seres vivos que en él viven. Nuestra sociedad de consumo de lujo ha roto completamente el equilibrio natural del planeta. Usamos demasiados plásticos y otros derivados del petróleo, demasiado papel, demasiados metales, tenemos demasiadas cosas, producimos demasiada basura, demasiados contaminantes… Si todos los habitantes del mundo vivieran como vivimos en los países “desarrollados”, no habría materiales suficientes para abastecer nuestra lujuria. La sociedad de consumo nos ha hecho creer que necesitamos muchas cosas y que éstas son indispensables. Pero si lo pensamos dos veces, nos daremos cuenta de que mucho de lo que poseemos y compramos, no sólo es prescindible, sino que apenas le vamos a dar uso real. No nos hace falta el último modelo de esto o aquello, si el modelo anterior que ya tenemos sigue funcionando bien. No nos hace falta comprar ropa nueva porque la que tenemos ya no está de moda. No nos hace falta comprar algo, solo porque es muy barato. Podemos reutilizar muchas cosas viejas que ya tenemos y así evitar comprar algo nuevo. Y como estas, muchas otras cosas podemos hacer para reducir nuestro impacto sobre la Tierra. Ahora bien, aunque dejemos de conducir coches, aunque nos volvamos vegetarianos y comamos solo productos ecológicos, aunque reciclemos todos nuestros residuos, lo queramos o no, de algún modo u otro seguiremos contribuyendo al sufrimiento y destrucción de la naturaleza. Ese es un pensamiento inquietante, pero que no debe quitarnos el sueño. Dios comprende que vivimos en un mundo de pecado y que gran parte de nuestro impacto se nos escapa de las manos. Dios sabe que no podemos cambiar el mundo. Pero nosotros debemos ser conscientes de la huella que supone sobre el medio ambiente nuestro estilo de vida, y debemos tomar decisiones al respecto, para reducir dentro de nuestras posibilidades la destrucción de la Tierra.
Si usamos a Jesús como ejemplo, él iba haciendo bien por donde pasaba, pero era consciente de que pobres, siempre habría en la Tierra (ver Marcos 14: 7). Del mismo modo nosotros debemos aceptar que no podemos salvar por completo el medio ambiente, pero sí que podemos hacer el bien por donde vamos.
Son muchas las costumbres y acciones que podemos cambiar en nuestro estilo de vida. Y cada uno ha de encontrar su equilibrio sobre qué quiere y qué puede cambiar en su día a día para no caer en negligencia e indiferencia respecto al resto de la Creación.
El cristiano ante el sufrimiento de la Creación
XXXVIII CONVENCIÓN AEGUAE
Comunicaciones
Título: «Comunidad anti-crisis»
Autor: Carlos A. Chimpén López
Datos académicos/profesionales: Doctor en Psicología Clínica y de la Salud y Master en Intervenciones en Psicoterapia por la Universidad de Salamanca. Profesor de la Universidad de Extremadura. Presidente de la Asociación Española de Terapia Narrativa.
Introducción: Sufrimiento, dificultad, dolor, trauma, … existen muchas palabras para referirse a experiencias disruptivas en las vidas de las personas. La pregunta que siempre surge es: cómo superar esas experiencias.
Objetivos: El objetivo del presente trabajo es mostrar la necesidad de abandonar la independencia y el aislamiento que nos sugiere la sociedad actual y unirse en comunidad, en especial, cuando nos enfrentamos al trauma.
Metodología: La metodología utilizada es la propia de la práctica colectiva narrativa, donde se expone la importancia de realizar aportaciones a otras personas o comunidades como una forma de dar sentido al sufrimiento. Hay que desarrollar habilidades de doble escucha que harán posible el desarrollo de testimonios de doble historia. Estos serían testimonios que incluyen tanto la historia de los efectos del trauma como la historia de resistencia, reclamo, curación, de honra…
Conclusiones: Necesidad de cuestionar el modelo modernista de tratamiento del trauma
Necesidad de fortalecer los lazos de unión entre personas de la misma comunidad
Necesidad de crear y sentir un sentido de identidad con esa comunidad
Importancia de compartir la historia de una forma que enriquezca la vida propia y la vida de los que la escuchan
Bibliografía:
CHIMPÉN, C.A. Lo que necesitas saber para entender la terapia narrativa. [En línea] <http://psyciencia.com/tag/terapia-narrativa/> [Consulta: 29 noviembre 2012].
DENBOROUGH, D. Raising our heads above the clouds: The use of narrative practices to motivate social action and economic development. The work of Caleb Wakhungu and the Mt Elgon Self-Help Community Project. Adelaide (Australia): Dulwich Centre Foundation International, 2010.
DENBOROUGH, D. Collective narrative practice: Responding to individuals, groups and communities who have experienced trauma. Adelaide (Australia): Dulwich Centre Publications, 2008.
WHITE, M. Reescribir la vida: entrevistas y ensayos. Barcelona: Gedisa, 2002.
Título: «Sufrimiento de los niños en el Tercer Mundo»
Autor: Miguel Gracia
Datos académicos/profesionales: Licenciado en Medicina por la Universidad de Valencia. Pediatra y médico puericultor. Alergólogo Pediátrico Europeo por la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica. Cooperante en situaciones de emergencia sanitaria con la ONG ADRA (Ruanda 1994, Honduras 1998, Marruecos 2009 y 2012, Haití 2010). Actualmente jefe clínico de la Unidad de Alergia Infantil del Hospital Universitario Doctor Peset de Valencia y profesor asociado del Departamento de Pediatría y Obstetricia de la Universidad de Valencia.
Introducción: En los niños la sensación de dolor es la inmediata, la presente. Ellos sí que cumplen la máxima bíblica de «basta al día su afán». Afortunadamente no prolongan su angustia, su sufrimiento, con la sensación de un futuro doloroso. De ahí que la imagen habitual que tenemos de un niño sea jugando y riendo.
Pero los niños del Tercer Mundo viven en unas condiciones de vida en muchas ocasiones poco propicias a juego y risas.
Comunicaciones
Basta seguir las noticias del mundo, indagar un poco en las condiciones de vida en muchos países del Sur en donde se acumulan desastres naturales, el desplazamiento de gran número de personas, guerras frecuentes… para que se haga evidente todas esas situaciones en las que el niño, por su fragilidad y, en ocasiones, poca consideración, se vea abocado a la miseria y al sufrimiento.
Objetivos: Definir la pregunta: ¿por qué sufren los niños de los países pobres?
Por el hacinamiento provocado por la elevada natalidad. Por la escasa asistencia sanitaria. Por el difícil acceso al agua potable. Por sus frecuentes enfermedades.
Por las dificultades de escolarización. Por su situación de refugiado. Por su frecuente secuestro. Por el hambre. Por la esclavitud.
Aportar un mensaje de esperanza.
Metodología: Exposición de diapositivas. Experiencia propia de cooperación en países del Tercer Mundo.
Conclusión: La sociedad olvida con frecuencia las palabras del Maestro: «El que recibe en mi nombre a un niño…, me recibe a mí». Y muy frecuentemente, solo la ayuda humanitaria de las organizaciones no gubernamentales, puede paliar, aunque sea de forma incompleta y provisional, parte de los problemas de los niños, consiguiendo, más rápido de lo que se podría esperar, devolverles su sonrisa y volver a ser «los niños que se sientan a jugar en las plazas».
Título: «El sentido de la vida dolorosa»
Autor: Isaac Llopis Fusté
Datos académicos/profesionales: Doctor en Física por la Universidad de Barcelona. Profesor de física en la UNED. Estudiante de Ciencias Religiosas, Instituto de Ciencias Religiosas de Barcelona. Introducción: Somos humanos, y para vivir con ilusión todos tratamos de dotar de explicación nuestra vida. Tendemos a generar una sucesión de micro-sentidos que nos dan sentido eventualmente, pero con el transcurso de los días requerimos otros micro-sentidos para caminar con ilusión por la vida. Este sentido utilitarista choca con los grandes misterios de la vida, con la realidad profunda: somos seres sufrientes y mortales. Y aunque duele, a la larga, el sufrimiento genera gran parte de tu identidad, da el sentido de tu vida.
Objetivos: Reflexionar en algunas citas controvertidas respecto al sufrimiento como base del sentido de la vida. Transmitir que el sufrimiento genera madurez interior. El mismo Cristo constituyó su sentido vital a través de parámetros de sufrimiento, del suyo y del de las personas que tenía alrededor.
Metodología: Vídeo de noticias con un trato habitual de las guerras y hambres del mundo. Somos immunes a toda la sensibilidad e intimidad de personas sufrientes.
Exponer el hecho que requerimos dar sentido en nuestra vida, y el sufrimiento es nuestro mejor enlace con el sentido trascendente. Citas para generar reflexión: Emmanuel Lévinas, Emmanuel Mounier, Martin Heidegger y Francesc Torralba. Enfatizar que es necesario afrontar sufrimiento y muerte para dar sentido real a nuestros días.
Conclusión: Tendemos a huir de la verdad que define nuestra realidad, nos sobrepasa, nos produce sufrimiento y preferimos centrarnos en aquello liviano y controlable. Sin embargo, buscamos sentido en esta vida, y ya el hecho de preguntarse por ello es un indicio de trascendencia.
Bibliografía:
TORRALBA, Francesc. El sentit de la vida, Badalona: Ara Llibres, 2008.
FRANKL, Viktor. El hombre en busca de sentido, Barcelona: Herder, 2001.
LEVINAS, Emmanuel. Dios, la muerte y el tiempo, Madrid: Cátedra, 1994.
HEIDEGGER, Martin. Ser y tiempo, Madrid: Fondo de Cultura Económica, 2000.
Título: «Si tú sufres, sufrimos todos.»
Autora: Ana Llorca Cardeñosa.
Datos académicos/profesionales: Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universitat de València.
Introducción: Según la autora Bronnie Ware, dedicada al acompañamiento de personas al final de la vida, los principales motivos de tristeza profunda que observó en su trabajo con enfermos paliativos eran principalmente tres: no haber llevado una vida auténtica, haber trabajado mucho y compartido poco, y no haber sido capaces de expresar sus sentimientos.
Objetivos: ¿Cómo podemos establecer una relación de ayuda ante el sufrimiento, la enfermedad y la muerte?
Metodología: Conceptualizar los términos: ayuda, muerte y sufrimiento. Describir diferentes recursos mediante los cuales podemos ayudar a personas en situación de sufrimiento de forma eficaz y gratificante: silencio, personalizar la escucha, tocar en la fragilidad, mirada de encuentro, respuesta empática, confrontación y aceptación incondicional.
Conclusión: La Biblia nos insta a amar a los demás como a nosotros mismos (Jn 13:34) y ese mandamiento se cumple con la máxima “si tú sufres, sufrimos todos”.
Bibliografía:
Regrets of the dying [en línea]. <http://www.inspirationandchai.com/Regrets-of-the-Dying.html> [Consulta: 19 noviembre 2012].
BERMEJO, José Carlos. Relación de ayuda: En el ministerio del dolor. Madrid: Editorial San Pablo, 1996.
MADRID SORIANO, Jesús. Relación de ayuda y comunicación. En AA.VV. Hombre en crisis y relación de ayuda. Madrid: Editorial Asetes, 1986, pp. 195-196.
Título: «El cristiano y el sufrimiento en las crisis humanitarias»
Autor: Pere Llorca Contel
Datos académicos/profesionales: Doctor en Medicina y Cirugía. Médico especialista en Medicina Interna y Aparato Digestivo Máster en Salud Pública, Nutrición y Educación Sanitaria.
Introducción: El ser humano desde que nace entra en contacto con el sufrimiento. Este es un fenómeno universal.
Objetivos: Establecer una comparación entre la forma de reaccionar frente al sufrimiento en creyentes y no creyentes.
Metodología: Análisis observacional del comportamiento humano en catástrofes humanitarias.
Conclusiones: Existe un patrón distinto de conducta y aceptación de los hechos en relación a la espiritualidad de las personas.
Título: «El sufrimiento como ausencia de dolor.»
Autor: Antonio López Postigo
Datos académicos/profesionales: Graduado Social por la Universidad de Cádiz. Maître en Théologie (Exégèse du Nouveau Testament) Faculté Adventiste de Théologie – Collonges. Doctor en Teología por la Facultad de Teología de Valencia. Profesor de Teología Sistemática y vicedecano de la Facultad de Teología de Sagunto.
Introducción: El hedonismo forma parte de nuestro estilo de vida. La sociedad que nos alberga, en la que nos desarrollamos y nos define (negativa o positivamente) ha sido construida sobre los cimientos del llamado Estado del Bienestar y el paternalismo social penalizando la autonomía de los individuos. Se nos ha enseñado a ver el sufrimiento como un gesto, como una expresión gráfica de lo feo y lo rechazable. Términos honorables como “sacrificio” y “esfuerzo” se han convertido en rémoras y obstáculos en la proyección hedonista occidental cuya larga sombra alcanza a todo el mundo. Hay millones de sufrientes atrapados en un mundo sin dolor, anestesiado y ciego. El sufrimiento es, hoy más que nunca, degradación, destrucción y muerte con independencia de su expresión gráfica y de la manifestación inmediata de dolor.
Objetivos: Concienciarnos de las perspectivas poliédricas del sufrimiento y en especial aquella que se manifiesta en forma de placer o de insensibilidad, y cómo el cristianismo nos ayuda a identificar con claridad cualquier forma de sufrimiento.
Metodología: Exposición del tema y entrega de preguntas por grupos de trabajo. Reflexión e identificación de estados de sufrimiento, y que por lo tanto implican degradación, en los que no se manifiesta el dolor como característica principal e inmediata.
Conclusiones: Nuestra sociedad propicia formas negativas de sufrimiento que quedan camufladas desde un planteamiento existencialista no resuelto. La Biblia, sobre todo, los libros de Job, el Qohelet y las Lamentaciones y las teologías paulina y joánica, nos ayudan a comprender todas las dimensiones del sufrimiento, permitiéndonos discernir más allá de conceptos culturales heredados y la dimensión sensible asociada exclusivamente al dolor.
Bibliografía:
CORTINA, A. Ética sin moral. Madrid: Tecnos, 2008, pp. 239-297.
COX, G. Cómo ser un existencialista. Barcelona: Ariel, 2011.
GARRIDO, J. J. Pensar desde la fe. València: EDICEP, 2005, pp. 183-222.
GELABERT, M. Cristianismo y sentido de la vida humana. València: EDICEP, 1995.
KÜNG, H. El Cristianismo, esencia e historia. Madrid: Trotta, 2007, p. 655 ss. MESSORI, V. Hipótesis sobre Jesús. Bilbao: Mensajero, 2008, pp. 288-306.
NOGUÉS, M. N., Dioses, Creencias y Neuronas. Barcelona: Fragmenta, 2011, pp. 13-26; 38-44; 101-110; 184-191.
XXXVIII Convención AEGUAE
Comunicaciones
Título: «Sufrimiento, crisis económica e información financiera: Herramientas para entender los mecanismos subyacentes.»
Autor: Elmer Teodoro Rodríguez Mendoza.
Datos académicos/profesionales: Licenciado en Econometría, Msc. Economics, MRes. Financial Economics.
Actualmente Consultor en Mercado de Capitales
Introducción: El sufrimiento humano está ligado inherentemente a las condiciones económicas presentes y perspectivas futuras. Nuestro mundo está interconectado por multitud de decisiones que los agentes económicos realizan y tendrán una repercusión en el equilibrio o desequilibrio de la economía mundial, por ende del nivel de bienestar de la sociedad. Las decisiones se basan en la información de la que disponemos, es vital hacer un esquema riguroso de los mecanismos subyacentes de la economía, ceteris paribus, para entender mejor lo que pasa en un contexto de crisis como el actual y lo que podría pasar en el futuro.
Metodología: Utilizando argumentos basados en la teoría de juegos, la teoría de la información y las finanzas comportamentales abordaremos el problema del sufrimiento y la crisis financiera secuencialmente desde un punto descriptivo que busque identificar los mecanismos subyacentes a la crisis y el cómo las personas individualmente se pueden reconocer en el entramado complejo de relaciones estratégicas que la han ocasionado. En un segundo momento intentaremos dar herramientas que ayuden a mantener un visión objetiva de lo que está ocurriendo y las consecuencias para el futuro.
Objetivos: La impresión de no entender las grandes decisiones económicas, políticas y financieras juega un papel preponderante en las expectativas de las personas. La apuesta que hacemos es proponer desde un punto de vista científico cómo la información es el punto neurálgico para encontrar respuestas a nuestras dudas e inquietudes.
Conclusión: De la misma manera que la Biblia es la fuente de información primera y nos sirve como manual para nuestras decisiones, entender los juegos estratégicos de “transmisión de la información” puede ayudar a posicionarnos mejor con respecto a nuestro futuro económico con una dosis de esperanza y optimismo desde una perspectiva cristiana.
Bibliografía:
BOTOND, Koszegi; RABIN, Matthew. Choices, situations, and happiness. Journal of Public Economics 92 (2008): 1821-1832.
CAMERER, Colin F. The behavioral challenge to economics: Understanding normal people. [en línea], Working paper HSS 228-77 Caltech (Pasadena, California). <http://www.bos.frb.org/economic/conf/conf48/papers/camerer.pdf> [Consulta: 19 noviembre 2012].
KAMALODIN, Shahin. Asset bubbles, financial crises and the role of human behavior. Economic Research Report (2011), Rabobank. KODRES, Laura E.; PRITSKER, Matthew. “A Rational Expectation Model of Financial Contagion.” Journal of Finance 57, n.º 2 (2002): 769-799.
LEVINE, D. Neuroecomics. International Review of Economics (2012), LO, Andrew W. Fear, Greed, and Financial Crises: A Cognitive Neurosciences Perspective. [en línea], Working paper (2011) MIT Economics. <http://www.argentumlux.org/documents/Lo__2011__-_Fear__Greed__and_the_Financial_Crisis-_A_Cognitive_Neurosciences_Perspective.pdf> [Consulta: 19 noviembre 2012].
REINHART, Carmen M.; ROGOFF, Kenneth S. From Financial Crash to Debt Crisis. American Economic Review 101 (2011): 1676-1706
REINHART, Carmen M.; ROGOFF, Kenneth S. This Time Is Different: A Panoramic View of Eight Centuries of Financial Crises. [en línea], National Bureau of Economic Research Working Paper 13882 (2008). <http://www.nber.org/papers/w13882.pdf> [Consulta: 19 noviembre 2012].
SHILLER, Robert J. Finance and the Good Society. Princeton University Press, 2012, p. 304.
TIROLE, Jean; FUDENBERG, Drew. Game Theory. MIT Press, 1991, p. 608.
TVERSKY, Amos; KAHNEMAN, Daniel. “Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases.” Science New Series 185, n.º 4157 (Sep. 27, 1974): 1124-1131
Título: «Resiliencia ante el sufrimiento»
Autora: María José Roth
Datos académicos/profesionales: Trabajadora social y maestra de música
Introducción: «Habilidad para afrontar la adversidad, adaptarse, recuperarse y salir fortalecido». Esta es una de las definiciones más conocidas del concepto “resiliencia”. No se nace resiliente, nuestro entorno y capacidades personales ayudan o no a que lo seamos. Ser resilientes nos ayuda a librarnos del dolor y nos empuja a alcanzar nuestro máximo potencial.
Objetivo: Con la intención de conocer la naturaleza real y aplicable de este concepto, surge la pregunta, ¿es resiliente quién vive de los residuos que recolecta de un basural?
Metodología: A través del método cualitativo, entrevistas en profundidad y un año de visitas semanales, nos acercamos a la vida de siete familias con niños que, durante el 2005, vivían en el basural a cielo abierto de la ciudad de Diamante, Argentina.
Conclusiones: Su forma de vida parecía ser una estrategia resiliente para afrontar la creciente pobreza del país, sin embargo, la adaptación a esta realidad reveló una pobreza estructural de generaciones.
Bibliografía:
MANCIAUX, Michel et al. La resiliencia: resistir y rehacerse. Barcelona: Gedisa, 2003.
MELILLO, Aldo; SUÁREZ OJEDA, E. Néstor. Resiliencia: Descubriendo las propias fortalezas. Buenos Aires: Paidós, 1999.
MUNIST, Mabel; SANTOS, Hilda; KOTLIARENCO, María A; SUÁREZ, Elbio N; INFANTE, Francisca; GROTBERG, Edith. Manual de identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes [en línea], Santiago: Organización Mundial de la Salud, 1998. <http://resilnet. uiuc.edu/library/resilman/resilman.pdf> [Consulta: 19 noviembre 2012].
ROMERO, S. Resiliencia: ¿Enemigo o aliado para el desarrollo humano?, Santiago: Centro de Investigación y desarrollo de la Educación, 1998. SUÁREZ OJEDA, E. Néstor. Resiliencia comunitaria, Buenos Aires: Paidós, 2001.
THEIS, Amandine. La resiliencia en la literatura científica, Barcelona: Gedisa, 2003.
WALSH, F. “El concepto de resiliencia familiar: crisis y desafío.” Sistemas Familiares, año 14, nº 1 (1998).
Título: «Imagen y sufrimiento»
Autor: Miguel Roth
Datos académicos/profesionales: Comunicador social. Posgrado en Economía Social. Fotoperiodista freelance. Trabajador humanitario. Trabaja en Fuseres.org.
Introducción: En la actualidad, más que en cualquier otro momento histórico, predomina lo audiovisual, el deseo constante de conexión, estados de infoxicación, superficialidad y confusión. Y esta cultura del espectáculo se erige en un nuevo modo de ejercer el poder con características que permiten figurarla como falsa religión: una religión espectacular que atenta nuestra relación con el otro y nuestro vínculo con Dios.
El culto a la celebridad, la extimidad y la persistente presencia de la imagen, son algunas de las características paradigmáticas que, unidas al contexto geopolítico y económico actual, limitan la colaboración, el compromiso con los demás y la entrega, al tiempo que se generan –consciente o inconscientemente– mecanismos mentales en los que olvidamos o reseteamos de la memoria con más velocidad y menos cargo de conciencia.
Objetivos: En el presente trabajo se pretende plantear ciertas inquietudes para abrir el diálogo y concretar acciones superadoras, en un escenario vertiginoso y ante una cuestión compleja y desbordante: La problemática de la imagen, el sufrimiento y la mirada cristiana.
Metodología: Investigación bibliográfica y periodística. Ensayo fotográfico.
Conclusiones: Sin embargo, frente a este escenario, existen miradas cristianas alternativas y propuestas activas. En el encuentro y el diálogo habrá posibilidades de vislumbrarlas y comenzar a practicarlas.
Bibliografía:
DEBORD, Guy. La sociedad del espectáculo. Valencia: Pre-textos, 2000.
DEBORD, Guy. Comentarios sobre la sociedad del espectáculo, Barcelona: Anagrama, 1999.
BARTHES, Roland. La Cámara Lúcida. Paidós Ibérica. 2009.
BENJAMIN, Walter. La obra de arte en la época de su reproducción mecánica, en Discursos Interrumpidos I. Buenos Aires: Taurus, 1989.
SONTAG, Susan. Ante el dolor de los demás. Buenos Aires: Alfaguara, 2003.
SONTAG, Susan. Contra la interpretación y otros ensayos, Barcelona: Debolsillo, 2007.
SONTAG, Susan. Sobre la Fotografía, Barcelona: Debolsillo, 2009.
FERRER, C. Cabezas de tormenta. La Plata: Derramar, 2005.
Investigación periodística en diferentes plataformas de fotoperiodismo en Internet.
XXXVIII Convención AEGUAE
Comunicaciones
Título: «El arte del sufrimiento»
Autor: Guillermo Sánchez
Datos académicos/profesionales: Profesor de Geografía e Historia en Enseñanza Secundaria
Introducción: Recorrido por las distintas concepciones del dolor y el sufrimiento a través de una selección de obras de arte de todos los tiempos.
Objetivos: Reflexionar sobre la transmisión de valores humanos y espirituales a través del arte, y constatar las diversas concepciones del ser humano en diferentes sociedades.
Metodología: Exposición de diapositivas mediante PowerPoint.
Conclusiones: Como cristianos, aprendemos sobre nosotros mismos y sobre Dios a través de las grandes creaciones artísticas.
Bibliografía:
MOSCOSO, Javier. Historia cultural del dolor. Taurus, 2011.
¿TE CREES MEJOR QUE YO?
Por un diálogo abierto con la ética secular
¿Te crees mejor que yo? Por un diálogo abierto con la ética secular
No es fácil tomar conciencia de que la dimensión ética de la crisis en la que estamos inmersos nos afecta también a nosotros. La tremenda responsabilidad que sin duda tienen en esta situación la rapacidad de los mercados, la ineptitud de ciertas políticas, la corrupción de demasiados gobernantes y la irresponsabilidad de millones de votantes, hacen perder de vista, incluso a los creyentes, un factor profundo que nos atañe a todos personalmente. El título provocativo de esta breve obra, ¿Te crees mejor que yo?, nos lanza sin transición a un diálogo abierto con la ética secular. Y nos interpela con preguntas tan impertinentes –o tan pertinentes– como estas: ¿Podría ser superior la ética de los sin Dios a la de los creyentes? Y las personas que no son religiosas, ¿pueden ser espirituales?.– ROBERTO BADENAS. NOTA: Quien desee el libro en papel puede solicitarlo a Editorial Safeliz, e-mail: info@safeliz.com
La vindicación de la obra y del carácter de Dios, encarnado en su hijo Jesucristo, como ejemplo humano para todos, ha constituido la base de pensamiento de Georges Stéveny (ya fallecido), pastor, teólogo, filósofo, y ante todo, testigo fiel de su Señor. Nos deja en herencia una rica producción con la que intenta contagiar su amor por Dios y transmitir el amor de Dios que sentía actuar en su vida diaria.
El sufrimiento es uno de los temas que más preguntas provoca en creyentes y no creyentes, y al tiempo una de las bases que muchos utilizan para cuestionar el verdadero amor de Dios. Con este libro, Georges Stéveny despeja muchas de esas dudas y muestra realmente el verdadero carácter de Dios.
Con este libro, esperamos que las dudas queden disueltas.
Samuel Gil Soldevilla Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas. Graduando en Teología. Masterando en Nuevas Tendencias y Procesos de Innovación en Comunicación. Director del proyecto de evangelismo “YO PENSABA QUE...”.
Nasrudín llegó a ser primer ministro del rey. En cierta ocasión, mientras deambulaba por el palacio, vio por primera vez en su vida un halcón real. Hasta entonces Nasrudín jamás había visto semejante clase de “paloma”.
De modo que tomó unas tijeras y cortó con ellas las garras, las alas y el pico del halcón. «Ahora pareces un pájaro como es debido», dijo. «Tu cuidador te ha tenido muy descuidado».
Qué difícil es mirar otras opciones cuando estas no encajan con nuestros esquemas mentales. Qué complicado es aceptar cosmovisiones diferentes a las de uno mismo. Temor. Desconocimiento. Prejuicios. El miedo es muchas veces el causante de cortar alas o limar picos... El miedo a quedar prendado por una forma de vivir que implica nadar a contracorriente. El miedo a enamorarse de Alguien que nos sobrepasa y cuya propuesta se encuentra tan alejada de lo común y tan fuera de lo establecido que nos parece increíble. «¿POR QUÉ?» fue un evento donde volar entre halcones reales,
palomas y cisnes negros; donde compartir ideas y dialogar acerca de lo trascendental. Una búsqueda apasionante… Inusual.
1. Sentido de trascendencia
Bruce Hood, profesor de psicología de la Universidad de Bristol (Inglaterra), realizó el siguiente experimento1 durante un Festival de la Asociación Británica de Ciencias en Norwich. Delante de un auditorio lleno de científicos, Hood levantó un jersey azul y ofreció diez libras esterlinas a cualquier persona que quisiera ponérselo. Se alzaron muchas manos en el salón. Tras esto, Hood dijo a los presentes que el jersey había pertenecido a Fred West, un asesino en serie quien había asesinado brutalmente a doce mujeres jóvenes y a su esposa. Inmediatamente después, prácticamente todos bajaron sus manos. Cuando los pocos voluntarios finalmente se probaron el jersey, Hood observó que los demás miembros del auditorio se apartaban de ellos. El autor del experimento confesó que la prenda no había pertenecido a Fred West, pero eso era lo de menos. Lo importante fue que la simple noción de que el jersey había pertenecido al asesino se convirtió en razón suficiente para que los científicos evitaran el contacto. Era como si “el mal” se hubiese manifestado físicamente dentro de la prenda y la hubiese poseído. Racionalmente o no albergamos creencias
sobrenaturales, incluso si no somos totalmente conscientes de hacerlo, tratamos de darle sentido a las cosas y al mundo, aunque sea a través de explicaciones que van más allá de lo natural. Bruce Hood señala que «desde el principio, los humanos hemos tenido una mente preparada para lo sobrenatural», «nacemos con cerebros que infieren fuerzas y estructuras ocultas en el mundo real; […] razón por la cual no podemos atribuir toda la responsabilidad de la propagación de las creencias sobrenaturales a las religiones y las culturas. » 2
Un elevado número de científicos y académicos, desde Oxford, Harvard y otras prestigiosas universidades, hasta la American Psychological Association y diversas instituciones, han estudiado las bases neurofisiológicas de la espiritualidad y del hecho religioso –no buscando a Dios, sino tratando de entender la actitud espiritual del ser humano–, ese anhelo constante de lo trascendente que parece estar en nosotros desde la génesis de la humanidad, independientemente del tiempo o lugar que ocupe a lo largo de la historia. A su vez, ha aflorado una gran cantidad de artículos desde el campo de la actual –y omnipresente– neurociencia, argumentando, como dice el genetista Hamer, que «la espiritualidad responde a un mecanismo biológico comparable al que rige el canto de los pájaros, si bien mucho
¿Por qué creo en Dios?: Diálogos acerca de lo trascendental
más complejo y matizado: tenemos una predisposición genética para las creencias espirituales ».3 Wilson también dirá que «la predisposición a las creencias religiosas es la fuerza más poderosa y compleja en la mente humana y con toda probabilidad, una parte inextirpable de la naturaleza humana » 4 Con esta base y reconociendo que todo ser humano posee esta capacidad de fe (Romanos 12: 3), este sentido de trascendencia, la pregunta que surge es: ¿cómo lo satisfacemos?, ¿de qué manera saciamos esta parte inextirpable de nuestro ser que nos lleva a creer en algo más?
2. Nuevas formas de religiosidad
No parece cumplirse el pronóstico de la Ilustración, según el cual el proceso de Modernidad configuraría un modelo de sociedades en las que las religiones serían –a lo sumo– residuos de un mundo precientífico y premoderno, «poniéndose en marcha el llamado desencantamiento del mundo, en expresión de Max Weber, una vez la razón y los medios técnicos han sustituido a la magia como instrumento de dominio sobre el mundo».5 Por el contrario, más bien, asistimos no solo a la pervivencia de lo religioso, sino a la producción de formas modernas de religión y sacralidad. En esta línea, se sigue la tesis del sociólogo francés Durkheim según la cual la religión está llamada a transformarse más que a desaparecer 6Existe un imperativo religioso en las sociedades humanas –algunos autores definen al hombre como un ser esencial y constitutivamente religioso, un homo religiosus–.
Hoy en día la religión, espiritualidad y sentido de trascendencia no se encuentran solamente en la iglesia, el templo, la Biblia (u otros libros sagrados), ni en todo aquello que solemos etiquetar como “religioso”; sino que también reside y se manifiesta en la economía de mercado, en la
política –los emperadores eran hijos de los dioses y Obama iba a ser el Mesías de EEUU según titulaban muchos periódicos–, en el consumismo, en la ética, en la ciencia, en la producción de discursos audiovisuales, en la divinización de artistas, deportistas, tradiciones, cultos, y un largo etcétera (a continuación veremos algunos ejemplos que pueden ilustrar esto). En ocasiones no nos damos cuenta, pero estamos rodeados de actitudes, dogmas y tradiciones más profundamente religiosas que la propia religión.
La espiritualidad que hoy vivimos permite un callejeo no comprometido y al gusto de cada uno. Asistimos a un panorama de floridas propuestas trascendentales desde todo tipo de perspectivas, desde la New Age hasta los nuevos guateques multitudinarios del yoga –que son la última moda en Buenos Aires, donde las discotecas se llenan con cientos y miles de personas que no consumen alcohol ni drogas para bailar, sino para hacer meditación y poner en armonía cuerpo y alma– (curiosa moda occidental de adoptar tradiciones espirituales de Oriente). Muchos dicen: «no soy religioso», «no tengo fe», «no creo en...», o incluso algunos reconocen «soy espiritual pero no religioso », desligándose así de cualquier institución; pero al fin y al cabo, las personas que supuestamente desarrollan esa espiritualidad individual siempre la practican en algún tipo de grupo y siempre está mediada por diferentes entidades.7 Huimos de lo “religioso” por las connotaciones negativas que soporta el término, pero no podemos negar nuestra espiritualidad, ni podemos dejar de crear dioses provisionales tratando de llenar nuestra necesidad humana de lo trascendente, de conexión con lo sublime, con ese algo o Alguien más.
Así, cuando hablamos del ser humano, hablamos de mucho más de lo que nuestros ojos llegan a ver. Hablamos de sentimientos, experiencias, emociones, momentos, proyectos, ilusiones, historias,
tristezas, alegrías, heridas, vida; y también de trascendencia y espiritualidad. La realidad tiene una dimensión más profunda. Somos algo más. Necesitamos saber que, como diría un Principito, lo esencial es invisible a los ojos . 8 La pregunta no es si tienes fe o no, si crees o no, sino en qué tienes fe o en qué crees: ¿qué dios sacia tu sentido de trascendencia?, ¿en qué ríos de nuevas formas de religiosidad bañamos nuestra fe?, ¿dónde ponemos nuestras esperanzas e ilusiones?, ¿en qué lugar encontramos sentido y propósito para nuestra vida?, ¿quién o qué nos ofrece trascendencia?
3. Los dioses y religiones del ser humano
3.1. Divinización: san Casillas y «hago lo que predica Lady Gaga»
Un día estaba viendo la televisión y vi un programa de fanáticos religiosos (en realidad eran tribus africanas); parecía que todos estaban locos –bueno, pensarías que estaban locos si no entendieses su cultura y religión–. Tenían ídolos y todo era extremo: se pintaban los cuerpos, vestían disfraces ridículos de colores, cantaban himnos, bailaban, saltaban, gritaban, alzaban sus manos, hacían fuegos de colores, ¡incluso niños participaban!, ¡hasta construían templos enormes para alabar a sus dioses y parecía que todo se enfocase hacia un solo escenario, un acto grandioso de culto!
Quizás no nos sentimos identificados con estas tribus africanas. Probemos de nuevo:
Un día estaba viendo la televisión y vi un programa de fanáticos religiosos (en realidad eran aficionados de un famoso equipo de fútbol –o de “estrellas”, como ellos les llamaban–); parecía que todos estaban locos. Tenían ídolos y todo era extremo: se pintaban los cuerpos, vestían disfraces ridículos de colores, cantaban himnos,
bailaban, saltaban, gritaban, alzaban sus manos, hacían fuegos de colores, ¡incluso niños participaban!, ¡hasta construían templos enormes para alabar a sus dioses y parecía que todo se enfocase hacia un solo escenario, un acto grandioso de culto!9
Un amigo me contó la siguiente experiencia de la que fue testigo: Un joven fue al estadio del Real Madrid, el Santiago Bernabéu, con una camiseta del F. C. Barcelona y una chica se le acercó y le dijo: «¿Qué haces aquí con eso –la camiseta, además, era de Messi–? ¡Este lugar es sagrado!» A lo que el joven le respondió: «Es sagrado porque Messi con su juego lo hizo sagrado… »
Puede parecernos una situación graciosa, sin trascendencia; pero para otras personas eso es una gran falta de respeto. «¡L os colores se sienten, se viven! ¡Esto es mucho más que fútbol!», dicen muchos aficionados que no faltan a su misa (del fútbol) los domingos. Un artículo periodístico que leí recientemente decía: «Miles de muertes donde el fútbol es religión».10 Las cifras de heridos y fallecidos por enfrentamientos entre hinchadas de diferentes equipos a lo largo de la historia son abrumadoras. Parece que, para algunas personas, lo importante no solo es participar,
o hay mucho más en juego que una victoria o una derrota deportiva. El profesor Joseph Price, del Whittier College, quien estudia los paralelos entre el mundo de los deportes y la religión, ha comparado la Super Bowl con una peregrinación religiosa. No solo los deportes y los jugadores son puntos de devoción desde donde emergen figuras heroicas y míticas. Tan solo hay que ir a Youtube y poner en su buscador «fans Lady Gaga» o «fans Justin Bieber ». No hay mucha diferencia entre las reacciones de estos seguidores y las de cualquier devoto de un paso en Semana Santa. El fervor religioso es semejante o igual, sea el objeto de devoción un santo o Shakira. Colas interminables, penurias y sacrificios personales solo para ver a su diva, tatuajes, símbolos, plegarias, estados místicos en conciertos, desmayos, lágrimas, gritos, pasión, frases como : «¡le he tocado el abrigo!», «les daría todo», «son la razón que me motiva a vivir», «yo confío en ellos », «es lo mejor que me ha pasado», «hago lo que predica Lady Gaga» y un largo etcétera. Podemos pensar que son fruto de histéricas adolescentes, pero la realidad es que el fenómeno “famoso-divinidad” es vivido por todo tipo de personas, independientemente de su edad, sexo o contexto. En la antigua Roma, las familias
guardaban estatuillas de sus dioses en sus casas, donde los adoraban, ponían velas y rezaban. Hoy en día podemos ver una representación similar al entrar en la habitación de un o una fan de cualquiera de los grupos musicales antes citados o astros deportivos: pósters con imágenes de sus ídolos, discografías o camisetas objeto de culto, y todo tipo de artículos y chismes. Se divinizan ciertas personas, colocando en ellas nuestras esperanzas, deseos y sentido vital, dotándolas de súper- dones o características espirituales que van más allá de lo que nos podemos imaginar.
3.2. Consumismo: la espiritualidad de la tarjeta de crédito
Otro camino a través del cual muchos satisfacen su sentido de trascendencia son las marcas. Naomi Klein aplica esta idea en su conocidísimo libro NO LOGO al decir que «las marcas son vendedoras de significado, no de artículos de consumo [...]. En el nuevo modelo, el producto siempre es secundario respecto al producto real, que es la marca, y la venta de la marca integra un nuevo componente que solo se puede denominar espiritual.» 11 El gurú internacional del marketing Martin Lindstrom añade que «en realidad, estas
Samuel Gil Soldevilla
¿Por qué creo en Dios?: Diálogos acerca de lo trascendental
astutas marcas no están vendiendo comida, ni perfume, ni maquillaje; están vendiendo pureza, espiritualidad, fe, virtud y, en algunos casos, expiación» 12 Vivimos en un constante culto a la marca. ¿Por qué?
Como dice Bauman: «la principal atracción de la vida de consumo es la oferta de una multitud de nuevos comienzos y resurrecciones » 13 Todos necesitamos creer, y «los consumidores de hoy tienen tanta necesidad de creer en sus marcas como los griegos en sus mitos » 14 Por eso cuando hablamos del propósito de las marcas –por supuesto no de todas–, ya no se trata de seducir o convencer, sino de producir un efecto de creencia. El objetivo ya no es responder a necesidades, ni siquiera crearlas, sino hacer converger visiones del mundo.
Algunos eslóganes televisivos ilustran esto a la perfección: Los egipcios adoraban a la diosa Bastet para tener una vida feliz, y hoy consumimos Coca-Cola para ser capaces de « destapar la felicidad ». Los griegos invocaban al dios Eros para tener éxito sexual, y hoy nos rociamos con el poder de Axe porque « hasta los ángeles caerán ». Los romanos buscaban el favor de la diosa Venus para encontrar la belleza, y hoy usamos también a Venus y sus productos divinos para « descubrir
a la diosa que hay en ti ». No nos importa poner en nuestro rostro « crema Babaria, veneno de serpiente» ni untarnos en «baba de caracol» con tal de alcanzar la eterna juventud (símbolo de trascendencia por excelencia). Con Adidas «impossible is nothing». Nespresso no es solo una bebida estimulante, es «café, cuerpo y alma». Hasta con las Galletas Príncipe descubrimos que « la fuerza está en ti », o con Red Bull «si realmente crees en ello, cualquier cosa es posible » –véase, curiosamente, el mensaje de Marcos 9: 23: «Para el que cree, todo es posible»–.
Martin Lindstrom realizó un estudio de resonancia magnética funcional y determinó que al ver las imágenes asociadas con las marcas fuertes –el iPod, la Harley Davidson, el Ferrari y otras-, el cerebro registraba exactamente los mismos patrones de actividad que se producían con imágenes religiosas. Las reacciones de los voluntarios frente a las marcas y a los símbolos religiosos no solo fueron parecidas, sino casi idénticas sin diferencias discernibles entre sus formas. 15
Algunas noticias son extremos de la realidad que vivimos, pero nos hacen ver hasta qué punto ciertos artículos de consumo son importantes, y los sacrificios que algunas personas están dispuestas a
hacer: « La locura por las nuevas zapatillas de Nike provoca disturbios en todo EE.UU.», «Una joven china ofrece su virginidad a cambio de obtener un iPhone 4» o «Doy un riñón por un iPad». 16
Buscamos llenar nuestro sentido de trascendencia a través del consumo de ciertas marcas y creemos en sus poderes salvíficos mediante los que alcanzamos la eterna juventud o somos capaces de destapar la felicidad. Promesas caducas con apariencia de trascendencia , que mueren aquí con el surgimiento de otro producto “mejor” o una nueva temporada. El ser humano no puede huir de su necesidad de trascendencia y lo que no es espiritual, lo “espiritualiza”. La publicidad no es ya un mero instrumento del capitalismo, es un vehículo de trascendencia, «medio portador de un metamensaje» como diría el catedrático José Luis León, dotando al producto físico de alma, y consiguiendo que esa “trascendencia” nos haga superiores, capaces, aptos. Da la casualidad de que el consumismo también promete la felicidad, y además la promete para aquí y ahora y en todos los ahoras siguientes: es felicidad instantánea y perpetua. Pero son intentos caducos, anestésicos fugaces y engañosos –serpientes que nos susurran
que consumir «tal fruto/producto » nos convertirá en dioses–.
En la antigüedad, y hasta hace no tantos años, las ágoras y las plazas de pueblos y ciudades eran los centros neurálgicos de actividad y riqueza. Hoy, estos lugares se han trasladado a los centros comerciales, donde se encuentran los productos de consumo y marcas, y donde ofrendar nuestro dinero a cambio de conseguir el favor de los nuevos dioses. Las marcas dan sentido a la realidad y construyen significado; nos hacen partícipes de una comunidad y articulan nuestro mundo interior.
Envolvemos de carácter sagrado y sublime a ciertos objetos y personas. La trascendencia que desconocemos o mal conocemos de Dios –lo cual nos lleva a su rechazo–, la buscamos en lo que nos rodea.
3.3. Supersticiones: mi bolígrafo para hacer exámenes
Un amigo me dijo que «no era supersticioso » mientras buscaba un trozo de madera para tocarlo cuando vio un coche funerario. Muchas personas se declaran ateas pero guardan un bolígrafo con el que únicamente hacen sus exámenes, y si no lo tienen, les invade un miedo terrible y real ¡que les lleva a suspender!; hay quienes no pronuncian el número 13, incluso hay una patología llamada triscaidecafobia cuando alguien tiene miedo al número 13, en la fórmula 1 se omite ese número, algunas calles y hoteles no tienen el portal o piso 13, etcétera; o nunca se les ocurriría pasar por debajo de una escalera o romper un espejo; o son lectores usuales del horóscopo –conozco al menos una persona que cumple cada una de estas supersticiones y que se declara atea o agnóstica–. Hood apunta que más de un 73% de los adultos estadounidenses cree al menos en uno de estos fenómenos: percepciones extrasensoriales, casas encantadas,
fantasmas, telepatía, astrología, comunicación con los muertos, brujería, reencarnación y posesión espiritual. Estas cifras no han cambiado casi durante los últimos quince años. 17
3.4. Otros rituales y formas trascendentes
El viernes y sábado noche es para muchos un momento santo o sagrado de la semana «que nadie me lo quita porque es la liberación que necesito». La espera a esas noches desde el mismo lunes por la mañana, los rituales de preparación, ungüentos, maquillajes y ropas de gala. Las discotecas, la música, el baile trance, luces, colores, éxtasis y emoción, una canción con la que cierras los ojos y elevas tus manos, cantas, el grupo, la comunidad… El consumo de drogas y bebidas espirituosas (desde sus orígenes su uso ha estado relacionado con la conexión con espíritus y rituales) para entrar en otra dimensión, en busca de esa experiencia que trascienda (hoy en día se conoce como out-of-body experience) y un largo etcétera.
El dinero, el poder, ascender, el control, el capital, el culto al cuerpo y el yo son otras formas de fervorosa entrega y sacrificio, de iluminación y superación, de esperanzas y sentido, anhelos y fe.
En definitiva, nuevas formas de religiosidad y trascendencia –en mayor o menor grado–; politeísmo cultural, social y económico; panteísmo emocional y experiencial. Al parecer, hoy en día unos creen en Dios, otros en el horóscopo y otros en Apple, Coca-Cola o Justin Bieber.
4. Sufrimiento, muerte y maldad: marcas, famosos y objetos… ¿Ahora qué?
Seguir a un equipo de fútbol, admirar a un cantante o comprar artículos de marca no es idolatría. El problema sobreviene cuando esos sentimientos trascienden y
las personas que admiramos o los objetos que consumimos se convierten en ídolos, y les ofrecemos nuestro tiempo, energía y vida; poniendo en ellos nuestras esperanzas e ilusiones, nuestros motivos para vivir. No es difícil darse cuenta de que hemos creado y confiado en dioses a imagen y semejanza de nuestros caprichos. Hemos dado carácter sagrado a los objetos y en vez de poseer cosas, las cosas nos poseen a nosotros. La riqueza material no nos ha traído la prosperidad que esperábamos. Hemos confundido el tener con el ser. Sin darnos cuenta tratamos de llenar nuestro ser con el tener; pero necesitamos entender que para ser completamente, no es necesario tener más. Esos dioses provisionales no pueden salvarnos ni satisfacer al corazón humano; lo material se desgasta, la polilla y el óxido lo destruyen, los ladrones entran y roban.
Tratamos de llenar algo intangible con cosas. Buscamos colmar nuestro sentido de trascendencia con objetos que se pierden en el tiempo. Es inevitable. No podemos satisfacer lo inmaterial de nuestro ser con lo material del tener. Erich Fromm dice: «Los ídolos de hoy son los objetos de una codicia que se cultiva constantemente: la codicia de dinero, poder, lujuria, fama, comida y bebida. El hombre adora los medios y los fines de esta codicia: la producción, el consumo, el poderío militar, la industria y el Estado. Cuanto más fuertes hace sus ídolos, tanto más se empobrece él, tanto más vacío se siente. En vez de gozo, busca agitación; en vez de amar la vida, ama un mundo mecanizado de aparatos; en vez de su propio desarrollo, busca riquezas; en vez de querer ser, su interés está en tener y consumir ». 18 Estos dioses son estériles. Inoperantes. Placebos. De usar y tirar (a los que podríamos llamar de trascendencia clínex). Y existen tres problemas que no han sido todavía resueltos: el sufrimiento, la muerte y la maldad.
Recuerdo la emoción y la alegría que inundaba el corazón de mi hermano mayor
Samuel Gil Soldevilla
¿Por
qué creo en Dios?: Diálogos acerca de lo trascendental
cuando me llamó por teléfono para decirme que mi preciosa sobrina Emma ya había llegado al mundo. Sana. Gritando vida. En los pasillos del hospital había alegría. Unos días después una pareja de amigos me comunicaba que el bebé que estaban esperando no podía sobrevivir. Perdieron a su pequeña criatura. En los pasillos del hospital había silencio. La alegría en una mano de una vida que acababa de nacer y dos días después el sufrimiento de una familia que esperaba algo que finalmente nunca llegó. Estamos hablando acerca de lo trascendental pero hablamos del ser humano, de ti y de mí, de lo que vivimos y experimentamos cada día. ¿Qué satisfacción te dan las marcas o la tecnología cuando te sientes en tierra de nadie, caminando por los pasillos desolados del hospital? ¿Qué estrella va a solucionar este profundo sufrimiento?
El verano pasado recibí una llamada que nunca habría imaginado. Un compañero con el que había compartido mis años de instituto y bachiller estaba en coma en el hospital. Cincos días después mi amigo falleció. Muerte súbita. Tenía 22 años. ¿Quién le iba a decir que su vida se iba a acabar tan pronto? ¿Cómo responden los dioses que creamos ante la muerte?
5. El único Dios que trasciende: fe, esperanza y amor
No necesitamos más dioses. Necesitamos a Dios en mayúscula. El ser humano está diseñado para una realidad superior de la que está viviendo. Tenemos la capacidad de creer, de desarrollar una fe que nos permite ver más allá. Este Dios no lo hemos creado, ¡ha irrumpido directamente en la historia y ha marcado un antes y un después en la humanidad! Ha venido para liberarnos. Reconectarnos. Trascender nuestro sufrimiento, maldad y muerte. Responder. Asombrarnos. Amarnos. Creo en Dios
Porque a través de la Biblia me regala un mensaje relevante y actual para mi vida. Cada día hay problemas y dificulta-
¿De qué sirve poner nuestros esfuerzos en conseguir el último iPad? ¿Qué esperanza queda? ¿Qué sentido tiene todo esto? Parece que el ser humano no está preparado para la muerte, y mucho menos para que unos padres entierren a su hijo. Por otro lado, ¿de dónde viene la maldad del hombre? No necesitamos ver los informativos para darnos cuenta del dolor y crueldad que existen en el mundo, basta con mirarnos a nosotros mismos. El problema de la corrupción, del hambre o de las necesidades básicas no cubiertas de muchos países no es que no haya dinero o no se sepa cómo hacer el bien. El problema es que no queremos hacerlo. Entonces, ¿por qué hacemos las cosas que hacemos? ¿De dónde sale el racismo y la guerra? El problema no es tener un color de piel u otro, el problema está en la persona que mira; el problema no es la tecnología, está en quien la usa. ¿Cómo hemos podido enamorarnos de nosotros mismos y odiar a nuestro vecino? ¿Por qué hemos conquistado el espacio exterior pero no hemos sido capaces de gobernar nuestro corazón? Como dijo Martin Luther King: «hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos » Hay algo deteriorado en nosotros que debe ser restaurado. El ser humano necesita ser transformado. Recreado. Devuelto a una vida trascendente y llena. ¿Te imaginas vivir considerando a las personas como más importantes que uno mismo? ¿Cómo sería amar incondicionalmente a tu prójimo? ¿Una vida sin “ego” y narcisismo? ¿Compartiendo nuestro alimento y vestido? Esto merece una reflexión personal seria porque nada va a cambiar en las guerras del Congo «hasta que tú y yo averigüemos qué anda mal con la persona en el espejo» 19 ¿Qué dios es capaz de cambiar el corazón del ser humano?
des que superar, pero su Palabra me da la seguridad de que no habrá nada a lo que Él y yo juntos no podamos hacer frente. Me ofrece una guía útil y revolucionaria que me muestra el camino para avanzar seguro y crecer de forma plena, de manera personal y en comunidad, dejando de mirar nuestro ombligo y buscando siempre el bien del prójimo.
Porque ningún autor podría construir un personaje de las características de Jesús. Su personalidad no cabe en la imaginación humana. Fue real, respiró y vivió en esta tierra. Y es que «lo que ese hombre decía era, sencillamente, lo más impresionante que jamás haya sido pronunciado por ningún ser humano». 20
Porque me da un sentido, un origen, un propósito y un por qué.
Porque ante la maldad del hombre, me dice que ha venido para transformarme, liberarme y « darme un nuevo corazón» (Ezequiel 36:26); nuestra vida puede ser diferente aquí y ahora porque sus «planes son de bien y no de mal», «Olvida el pasado, –dice el Señor–. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, estoy abriendo un camino en el desierto y ríos en lugares desolados» (Jeremías 29:11 e Isaías 43:18-19).
Porque ante la muerte me dice que la vida no se acaba aquí, que justo acaba de comenzar cuando acepto una esperanza que se extiende y cumple en un futuro muy próximo con una tierra nueva donde «Él enjugará toda lágrima de los ojos y ya no habrá más muerte, ni llanto ni dolor, porque las primeras cosas pasaron» (Apocalipsis 21:4). Creer en esto es «contar con una esperanza que nunca será destruida» (Proverbios 23:18).
Porque ante el sufrimiento me susurra que Él conoce mi dolor: «No temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré. […] Porque te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra» (Isaías 41:10 y 43:4).
Porque Dios todavía se revela a través de la vida de las personas que me rodean,
y a pesar de las desigualdades y el sufrimiento, aún es posible ver vislumbres divinas en el cariño, el perdón, el amor y la bondad de muchas personas hacia los que lo necesitan.
Porque Dios supera cualquier probeta y se escapa del más grande de los laboratorios. Nos sobrepasa. Al fin y al cabo, « el tercer por qué encadenado o consecutivo de un niño de seis años se resiste a la respuesta del más agudo científico.» 21
Porque las religiones y diversas formas espirituales adoran a sus dioses o ideas, pero solo nuestro Dios nos ama a nosotros. Por eso Dios no es solo religión, Él es amor. Por eso no es el hombre el que se hace valer ante Él, sino que es Él el que nos hace valer a nosotros. Así nos llena de fe, esperanza y amor.
Porque la fe no es un sentimiento que proyecta a un Dios imaginario, sino una decisión que nace de un encuentro.
Hace algún tiempo leí el siguiente relato: « Una día, a cuatro rabinos se les concedió el privilegio de ver la Rueda de Ezequiel. En su descenso a la tierra, uno de los rabinos, tras haber contemplado semejante esplendor, perdió el juicio y vagó echando espumarajos por la boca durante el resto de sus días. El segundo rabino era extremadamente cínico: – he visto en sueños la Rueda de Ezequiel. Eso es todo. No ha ocurrido nada en realidad –. El tercer rabino, obsesionado, no paraba de hablar sobre lo que había visto, de lo que significaba, de cómo estaba construido… hasta que al final se extravió y perdió su fe. El cuarto rabino, que era un poeta, utilizó esa inspiración para escribir las canciones más bellas del mundo »
Quizás también ante la idea de Dios puedes tomar una de estas actitudes. Como el primer rabino, puedes volverte loco y pensar que es algo tan grande que llegue a paralizarte el resto de tu vida. O como el segundo rabino, puedes ignorarlo, no darle importancia, vivir como si nada hubiese ocurrido, negar su existencia y
su posibilidad, no atreverte a conocerlo, a descubrir realmente qué significa y qué ofrece para tu vida. También puedes, como el tercer rabino, emborracharte de la idea de Dios hasta el punto de que las palabras te pierdan y cuanto más hables menos hagas, escapándose toda tu energía por la boca sin vivir realmente lo que has llegado a ver, construyendo normas y listados, encasillando lo que te sobrepasa y no dejando a otros que lo perciban más allá de lo que tú mismo les puedas decir. O en cambio, puedes hacer como el cuarto rabino. Aceptar a Dios, dejando que su visión te inunde, reconociendo quién es, acogiendo su propósito para tu vida, prolongando hacia los demás lo que tú recibes de Dios, abriendo el mismo espacio de vida que Dios te abre.
Jesús dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14: 6). ¿El camino? ¿Él es la verdad? ¿La vida? Es un mentiroso. O un loco. O es verdaderamente quien dice que es. Por fe, creo en él y creo que ha venido a transformar nuestros corazones, a iluminarnos con su esperanza y a regalarnos su amor incondicional. «Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios ha manifestado en Jesús » (Romanos 8:38-39). No te conformes con creerlo, estás llamado a vivirlo.
1 Leído en LINDSTROM, M. Compradicción: verdades y mentiras de por qué las personas compran. Bogotá: Editorial Norma, 2009, p. 103.
2HOOD, B. Sobrenatural: por qué creemos en lo increíble. Bogotá: Sefira, 2009, p. 50 y 27.
3 Leído en NOGUÉS, R. M. Dioses, creencias y neuronas: una aproximación científica a la religión. Barcelona: Fragmenta Editorial, 2011, p. 153.
4RUBIA, F. J. El cerebro nos engaña. Madrid: Temas de Hoy, 2000, p. 281.
5LEÓN, J. L. Mitoanálisis de la publicidad. Barcelona: Ariel, 2001. p.63.
6Resumen del libro La lucha de los dioses: Del monoteísmo religioso al politeísmo cultural, de Rafael Díaz-Salazar, Salvador Giner y Fernando Velasco.
7Agradezco a Rubén Sánchez, amigo de reflexiones, por compartir ideas y pensamientos sobre estos temas.
8 El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, es un libro magnífico que se adentra en temas tan profundos como el sentido de la vida, la amistad y el amor.
9Mira el vídeo en: http://www.youtube.com/ watch?v=GsZKL5ihFfI
18 FROMM, E. El humanismo como utopía real. Barcelona: Paidós, 2007, p. 107.
19MILLER, D. Tal como el Jazz. Nashville: Nelson, 2006, p. 24.
20LEWIS, C. S. Mero Cristianismo. Madrid: Rialp, 2007, p. 68.
21NOGUÉS, R. M. Dioses…, op. cit., p. 38 y 105.
22Cuento extraído del libro Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola.
Samuel Gil Soldevilla
:: Monogamia, el proyecto de identidad relacional
Doctor en Psicología Clínica y de la Salud y Máster en Intervenciones en Psicoterapia · Universidad de Salamanca Profesor de la Universidad de Extremadura, España Presidente de la Asociación Española de Terapia Narrativa
La cultura transmite muchos mensajes que afectan nuestra identidad, en ocasiones contradictorios y en la mayoría de los casos ambivalentes. Un ejemplo es lo que ocurre con los roles de género. El hombre “ debe ” ser fuerte, rudo y no demostrar mucho su vulnerabilidad.
La mujer “ tiene que” adoptar un papel más regresivo, más infantil, necesitando una protección especial, siendo más débil y “no debiendo” mostrar mucho sus fortalezas.
De esta forma, aparecen ambivalencias en la creación de identidades como hombres o como mujeres no sabiendo si deben mostrar sus fortalezas o sus debilidades, si pueden o no ser tiernos. La cultura crea ciertas construcciones de la masculinidad y de la feminidad que afectan a la creación de nuestra identidad. Por otro lado, la sociedad occidental actual promueve el individualismo y la competitividad mientras que la Biblia sugiere un modelo centrado en lo relacional y en la cooperación («…sea el mayor entre vosotros como el más joven y el que dirige como el que sirve» Lucas 22: 26). La identidad se forma en relación a los otros significativos y es muy importante lo que otros piensan de mí, lo que me transmiten y lo que yo pienso que los otros piensan de mí. Se ha demostrado que la pareja permite que mi identidad se vaya co-construyendo. Si esto es así, la sexualidad también crea identidad y surgen varias preguntas: ¿cómo afectan las relaciones sexuales con diversas personas a la identidad de cada uno? ¿Es posible que afecte negativamente? Desde la Biblia estas preguntas
son fáciles de contestar pero ¿hay alguna forma de demostrarlo basándonos en posturas científicas?
Bases teóricas
Humberto Maturana (1988) es un biólogo y neurofilósofo chileno que propuso una teoría general de la cognición donde planteaba que la mente surge a través de la interacción humana y del empleo del lenguaje. La premisa básica en la cual se basa es que la mente no está en el cerebro sino que surge de la interacción lingüística que se establece entre los actores humanos. De las ideas de Maturana podemos realizar dos deducciones muy interesantes para lo que estamos tratando en este artículo:
1. La conciencia es algo social y no bioquímico.
2. Las relaciones sociales crean identidades.
Michael White (1994), autor australiano cofundador de la terapia narrativa, afirma que «la vida de las personas está modelada por la significación que ellas asignan a su experiencia, por la situación que ocupan en estructuras sociales y por las prácticas culturales y de lenguaje del yo y de su relación.» También sacamos conclusiones de esta cita de Michael White:
1. La iglesia es una estructura social que participa en la creación de identidades, de ahí el consejo bíblico: «Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y
tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca» (Hebreos 10: 24-25)
2. Las personas con unas ciertas creencias religiosas dan significados diferentes a las experiencias de vida que aquellas que no tienen esas creencias. Nuestra identidad, por tanto, se crea por procesos interactivos con otras personas, pero a la vez, cada individuo debe saber construir su propia identidad en el grupo social en el que se mueve.
Finalmente, otra base teórica importante a tener en cuenta es la denominada teoría del apego que vamos a explorar en el siguiente apartado.
El amor como creador de identidad
Los niños necesitan que se les exprese amor. Ante la falta de cuidados, de atención y de expresión de cariño el desarrollo de la identidad se ve afectado negativamente, algo demostrado por la teoría del apego y sus diferentes tipos: inseguro, ansioso, evitativo y seguro. La explicación de cada uno de estos estilos excede el propósito de este artículo pero cabe decir que se necesita un tipo de relación determinada para tener un estilo de apego seguro, caracterizado por poseer una idea positiva de sí mismo y una idea positiva de los demás (Yárnoz y cols., 2001).
Es de resaltar que el apego no es algo que solo se produce en la infancia, sino que es una conducta que se mantiene activa a lo largo de todo el ciclo vital (Ainsworth, 1989, Bowlby, 1969; 1988).
Carlos Chimpén
Una de las principales manifestaciones del apego es el amor, el cual tendría tres elementos como proceso de creación de identidad (Díaz Morfa, 2003):
1. Dos componentes conductuales: dar y recibir cariño.
2. Dos componentes cognitivos: ver lo positivo y bueno del otro y perdonar.
3. Un componente emocional: la intimidad. «La pareja es un lugar primordial para sostener la identidad por medio del interjuego entre lo que nos decimos que somos, lo que nos han dicho que somos y lo que nos confirman los contextos.» Está sostenida por ambos miembros a través de:
a) La definición que cada uno se da a sí mismo y le da al otro.
b) La definición que cada uno tiene del otro.
c) La definición que cada uno recibe del otro.
La construcción relacional en pareja es una permanente interacción entre sus miembros, entre sus expectativas, las de sus contextos de origen y las actuales, sus contradicciones, sus confirmaciones y desconfirmaciones, todo lo cual crea identidad.
La pareja de la posmodernidad es la de un mundo cambiante donde los valores inmutables han caído, se instaló la incertidumbre, con menos idealización,
más perentoria y menos tendente a la eternización. De esta manera, cuando alguien piensa en formar una pareja estable surgen temores y dudas: miedo a las ataduras, a la pérdida de identidad o de la libertad, miedo a separarse de la familia, miedo al compromiso, miedo a crecer, miedo a las obligaciones. Estos miedos se instauran en nuestra identidad.
¿Quién transmite este tipo de miedos? ¿Quién transmite el miedo de que una pareja estable sea mala o negativa? ¿Quién transmite el miedo de que el matrimonio se vaya a deshacer rápida e inevitablemente?
La respuesta a estas preguntas es clara. La propia sociedad/cultura genera estos miedos que finalmente son internalizados por las personas y plasmados en conductas contrarias a la creación de una identidad estable, o al menos, libre de miedos.
La pareja crea identidad, cuanto más estable sea mi pareja más cimentada estará mi identidad en un contexto de seguridad donde puedo expresar tranquilamente mis vulnerabilidades. Solo en una pareja estable puedo crear un vínculo emocional que canaliza necesidades innatas de seguridad, protección y contacto. «Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro… Uno solo puede ser ven-
cido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!» (Eclesiastés 4: 9-12; NVI).
La sexualidad como creadora de identidad
Como consecuencia lógica de todo lo expuesto anteriormente, se sabe que la sexualidad participa de la creación de identidad. La Biblia lo expresa del siguiente modo: «Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno» (Marcos 10: 7-8), con esto se manifiesta que aparece una identidad diferente a la que se poseía antes de la unión entre hombre y mujer.
Sin embargo, esto se refiere al contexto del matrimonio. ¿Qué ocurre con las relaciones esporádicas?
La sexualidad es el acto íntimo por excelencia. ¿Pero qué es la intimidad? y ¿por qué el tener relaciones sexuales por el hecho de pasar solo un “buen rato” afectaría mi identidad?
La intimidad es definida por Díaz Morfa (2003) como «la capacidad de ponernos en el lugar del otro y tomar contacto con sus sentimientos». Este mismo autor habla de que la intimidad necesita del mantenimiento de la propia individualidad y de que solo aquel que tiene una confianza en su identidad puede involucrarse en una relación envolvente. También afirma que el tener una relación sexual con otra persona a la cual utilizo como un objeto para satisfacer una necesidad física no es un acto íntimo ya que es necesario compartirme, darme yo en ese encuentro y compartir mis sentimientos, para que a través de la conducta sexual pueda haber intimidad. Es decir, que el tener relaciones sexuales esporádicas, sin compromiso o relaciones sexuales monógamas encadenadas (estar con una misma persona durante un tiempo indefinido con relaciones sexuales,
Carlos Chimpén López
Monogamia, el proyecto de identidad relacional
pero sin compromiso para romper fácilmente la relación, y volver a establecer otra relación con otra persona en las mismas condiciones) haría que nuestra identidad se viera afectada por, entre otras cosas, el conflicto que se produce en la intimidad.
De nuevo, la sexualidad como un contexto seguro de creación de identidad donde pueda expresarme tal y como soy y donde pueda crecer como persona, se ve invadido por miedos internalizados.
Son diversos los temores que impiden la intimidad, todos ellos relacionados con nuestra vulnerabilidad, nuestra necesidad y nuestra identidad. Díaz Morfa (2003) cita los siguientes:
1. El miedo a exponerse, a descubrirse.
2. El miedo al abandono.
3. El miedo al ataque agresivo.
4. El miedo a la pérdida de control.
5. El miedo a nuestros propios impulsos destructivos.
6. El miedo a la pérdida de nuestra propia individualidad o el miedo a ser absorbido.
La teoría del apego contempla el amor entre adultos como un vínculo emocional que canaliza necesidades innatas de seguridad, protección y contacto con otros significativos. Vivimos en pareja para dar y recibir afecto y por ello buscamos una prolongada relación íntima. Si tengo múltiples parejas esta seguridad y esta necesidad de afecto e intimidad se verá afectada.
«El apego forma una base segura de la identidad, una fuente de protección y contacto íntimo que alivia la tensión y facilita la adaptación positiva y el bienestar» (Hofer, 1984). Esa «base segura» está caracterizada por la confianza en la disponibilidad y la respuesta del cuidador y un sentimiento de sí mismo como valioso de ser cuidado y amado. ¿Se puede tener esta «base segura» en la relación de una noche? ¿No se pierde esa confianza al pensar que la relación que tengo solo es sexo?
Conclusión
«La construcción y el mantenimiento de la identidad está íntimamente conectada al proceso de apego» (Guidano, 1991), por eso, una relación segura es la arena natural para reintegrar aspectos del sí mismo que han sido negados o rechazados o nunca formulados. La base de la intimidad es el compartir la vulnerabilidad emocional (L’Abate y Sloan, 1984). Una relación íntima positiva y segura facilita el crecimiento y la integración de la identidad a lo largo de toda la vida.
«Alégrate con la mujer de tu juventud … Y en su amor recréate siempre» (Proverbios 5: 18-19).
Es hora de replantearnos si queremos eliminar los temores que la sociedad nos impone y, de esa forma, busquemos un mejor proyecto de creación de identidad.
AINSWORTH, M. D. S. “Attachments beyond infancy.” American Psychologist , 44 (1989): 709-716.
BOWLBY, J. Attachment and Loss. Vol. I. Attachment . London: The Hogarth Press, 1969/1982.
BOWLBY, J. “Developmental psychiatry comes of age.” American Journal of Psychiatry, 145 (1988): 1-10.
DÍAZ MORFA, J. Prevención de los conflictos de pareja. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2003. HOFER, M. A. “Relationships as regulator: a psychobiological perspective on bereavement.” Psychosomatic medicine, 46 (1984): 183-198.
GUIDANO, V. F. Affective change events in a cognitive therapy systems approach, en: Edit. Safran y Greenberg, Emotion, Psychotherapy and change. Nueva York: Guilford, 1991, pp. 50-81.
L’ABATE, L. N.; SLOAN, S. A. “A workshop format to facilitate intimacy in married couples.” Family relations, 33 (1984): 245-250.
MATURANA, H. R. “Ontologia del conversar.” Terapia Psicologica, 10 (1988b): 15-23.
WHITE, M. Guías para una terapia familiar sistémica. Barcelona: Gedisa, 1994.
YÁRNOZ, S.; ALONSO-ARBIOL, I.; PLAZAOLA, M.; SAINZ DE MURIETA, L.M. “Apego en adultos y percepción de los otros.” Anales de psicología, vol. 17, nº 2 (diciembre 2001): 159-170.
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:: Miguel Servet, médico y teólogo de la Reforma
Miquel Servet y Conesa (15111553) fue un relevante médico y teólogo del Renacimiento, poco conocido, porque sus ideas radicales no fueron aceptadas, ni por los católicos ni por los protestantes, que lo persiguieron hasta matarlo en la hoguera, intentando silenciar sus ideas, quemando también sus libros.
Nacido en el territorio de la antigua Corona de Aragón, es un fiel exponente del movimiento cultural europeo del siglo XVI, conocido con el nombre de Humanismo. La cultura del Renacimiento prescinde del legado del medioevo –el escolasticismo–, y hunde sus raíces en la antigüedad clásica. Los humanistas se interesan y toman como modelo la literatura y la ciencia grecorromanas. Aprende las lenguas originales, con la finalidad de descubrir, sin intermediarios, los orígenes. Otra característica de este período, es la revalorización del individuo, como ser racional y centro de la Creación. Todo esto, en un clima de descubrimientos geográficos y cambios técnicos, sociales, económicos y religiosos.
El siglo XVI es una época de transición entre la Edad Media y la Moderna. De cambio de mentalidades. Se produce el descubrimiento de nuevas tierras, la imprenta, las armas de fuego, el comercio internacional, la aparición de los estados y la reforma de la religión dominante.
En este contexto europeo, aparece la figura de Miquel Servet, hombre polifacético y apasionado, que se entrega sin
reservas a investigar y difundir las ideas que le parecen genuinas y justas.
A los 17 años –en el curso 1528-1529–, fue enviado por su padre –que era notario en la villa de Sijena– a Tolosa de Lengadòc, para estudiar leyes y seguir la profesión paterna. Allí entro en contacto con estudiantes de otras partes de Europa, donde ya se había iniciado el movimiento de la Reforma Protestante. También tuvo acceso a la lectura de la Biblia en los idiomas originales, así como a la incipiente literatura teológica de los promotores de la Reforma.
También en Tolosa tuvo ocasión de leer el libro Theologia Naturalis. Liber creaturarum o Liber de homine, del catalán Ramon de Sibiuda, que había sido profesor de medicina y teología, y rector de la Universidad de Tolosa en el siglo XV. En su libro, este autor dice que: «Dios nos ha dado dos libros para nuestra guía: uno es el libro universal de las cosas creadas o el libro de la Naturaleza. El otro, son las Sagradas Escrituras. El primero fue dado al hombre desde el principio, cuando fue creado el mundo; el segundo es para completar y resolver las dificultades encontradas.»
Esta estancia en Tolosa –con sus lecturas y conversaciones– marcó profundamente al joven Servet, y cambiaron radicalmente el rumbo de su vida y su orientación profesional. En 1529 regresa a Barcelona y seguidamente parte con el sequito del rey Carlos V hacia Bolonia, para asistir a su coronación como Emperador, por el papa Clemente V. De esta experiencia, escribió lo siguiente:
«He visto, con mis propios ojos, llevar al Papa sobre los hombros de los príncipes, con toda su pompa, haciéndose adorar a lo largo del recorrido por el pueblo arrodillado. Todos aquellos que habían conseguido besar los pies o sus sandalias, se consideraban más afortunados que los demás, y proclamaban que habían obtenido numerosa indulgencias, gracias a las cuales les serian reducidos años de sufrimientos infernales. ¡Oh la más vil de la bestias! »
La contemplación de la ostentación del papado, le reafirmaron en la necesidad de una profunda reforma religiosa. A partir de este momento, acude a la Dieta de Augsburgo (julio 1530), donde, probablemente, conoce a Melanchton. De allí se dirige a Basilea, donde será alumno y huésped del reformador Ecolampadio, y publicará su primera obra: De Trinitatis Erroribus, que causó un gran revuelo, tanto entre católicos como protestantes. En esta obra afirma que, la idea trinitaria es ajena al cristianismo bíblico primitivo, y que esta doctrina fue añadida en el Concilio de Nicea, procedente de la filosofía pagana griega. Servet no aceptaba la división de la divinidad y consideraba que las personas de la Trinidad son formas o manifestaciones. Al año siguiente publicó Dialogorum de Trinitate libri duo, en que matiza las afirmaciones del primero y hace una vehemente defensa del libre albedrío del cristiano, lamentándose de la falta de libertad dentro del movimiento de reforma, y tachando a sus dirigentes como «tiranos de la iglesia».
Ferran Sabaté Casellas Doctor en Medicina. Profesor de la Universitat de Barcelona
A partir de aquí, iniciará una peregrinación por diferentes centros de la Reforma: Estrasburgo y Alemania. Sintiéndose inseguro, se traslada a París, ejerciendo de profesor de matemáticas. Allí entró en contacto con Juan Calvino por primera vez; y acordaron celebrar una reunión para exponer sus opiniones sobre la Trinidad, cita a la cual no acudió Servet, probablemente por el clima de inseguridad e intolerancia reinante en la ciudad.
En 1532 Servet abandonó París en dirección a Lyón, centro intelectual y editor importante en esta época. Allí cambió su nombre por el de Michael de Villeneufve o Villanovanus, con la intención de pasar desapercibido. Entró a trabajar como corrector de pruebas en la imprenta de los hermanos Trechsel. Su conocimiento de lenguas y erudición, hace que le encarguen la revisión de la Geografía de Ptolomeo, que él corrige y enriquece con numerosos comentarios y actualizaciones de geografía física y humana.
En Lyón entró en relación con un destacado humanista: Champier, que era médico, teólogo y filósofo, y del cual realizó las correcciones de un libro de botánica. Aconsejado por él, en 1536 Servet se trasladó a Paris para estudiar medicina.
En la Sorbona, fue condiscípulo de Vesalio, creador de la anatomía moderna. Allí practicó la disección, para aprender del libro de la Naturaleza. En 1537 Servet publicó el texto más extenso sobre un tema estrictamente médico, el Syruporum universa ratio. Un tratado terapéutico donde estudia la digestión, que obtuvo un gran éxito, con cinco reimpresiones en diez años. En todo este escrito, Servet muestra su convencimiento en el poder curativo de la Naturaleza. En él recomienda el uso de «los jugos recién exprimidos en los cuales está la máxima e íntegra virtud». También afirma: «Nadie con un cuerpo con achaques puede tener un alma luminosa y otras facultades intelectuales. Es necesario tener cuidado del cuerpo, si queremos que el espíritu funcione normalmente».
Servet se convirtió en el hombre de moda en Paris. Impartió un curso de matemáticas y otro de anatomía, en la misma Facultad de Medicina. En la Escuela de los Lombardos uno de meteorología y otro de astronomía, donde predijo un eclipse de Marte por interposición de la Luna, para el 13 de febrero de 1538. Tanta fama, despertó la envidia de algunos profesores, que le acusaron de astrólogo y agorero ante el Parlamento de París, pidiendo que fuese quemado en la hoguera, basándose en los versículos de Isaías 47.
Ante estas perspectivas, huyó de París y se estableció en una pequeña población Charlieu (cerca de Lyón), con el nombre de Miquel de Vilanova, ejerciendo la medicina y colaborando con los impresores de Lyón como corrector. En esta etapa interviene en la publicación de la Biblia de Santes Pagnini en 1542, y en 1545 la Biblia sacra cum Glosis, traducida de los idiomas originales hebreo y griego.
Entre 1541 y 1552 Servet vivió en Vienne del Delfinado donde ejerció de médico durante doce años, sin dejar de escribir y publicar. En 1542 apareció una segunda edición de la Geografía de Ptolomeo,
dedicada a su discípulo y protector el arzobispo Pedro Palmier, Primado de Francia. En 1546 hizo una edición anotada del libro de botánica de Dioscórides Materia Médica en que pone de manifiesto sus amplios conocimientos de esta materia. Aquí también publicó Declarationes Iesu Christi filli Dei, libri V, donde expone su visión cristológica de Jesús como «hijo del Dios eterno» y no como «el eterno hijo de Dios». En 1546 restableció la correspondencia con Juan Calvino y le envió el manuscrito de su obra Christianismi Restitutio, que posteriormente Calvino usó en su contra.
En 1549 Servet obtuvo la ciudadanía francesa, y entre 1550 y 1552 fue elegido Prior médico de la ciudad, con la responsabilidad de atender gratuitamente a los enfermos pobres del hospital.
Christianismi Restitutio es la obra fundamental de Miquel Servet, en donde condensa todo su pensamiento teológico. En ella aparece la primera descripción impresa de la circulación pulmonar de la sangre. La obra tiene 734 páginas, y apareció publicada en enero de 1553, con una edición de 1.000 ejemplares, en una imprenta clandestina de B. Arnoullet, cerca de Vienne.
El proceso de gestación de la obra fue lento, de unos diez años, desde su estancia en París en 1536, donde entró en contacto con los reformadores franceses, hasta 1546 en que la obra empezó a circular de forma manuscrita.
Las ideas religiosas de Servet se enmarcan en la denominada Reforma Radical, que pretende restituir el cristianismo a la pureza primitiva de los tiempos apostólicos. La Reforma Radical tenía un espíritu antiautoritario, igualitario, iconoclasta. Mientras el catolicismo enseñaba que la iglesia se iba perfeccionando progresivamente, la Reforma Radical sostenía que se había producido un progresivo alejamiento de la pureza original,
Miguel Servet, médico y teólogo de la reforma
por una contaminación y perversión de la doctrina.
La decadencia habría empezado en tiempos del emperador Constantino, cuando el poder político se unió al religioso, y las doctrinas paganas con el Evangelio. Por esto creía necesario que se produjese una restitución o restauración de la doctrina primitiva.
Servet negaba que la tradición acumulada por la cristiandad a lo largo de los siglos pudiese ser equivalente a las Escrituras. Consideraba que la Iglesia de Roma era la nueva Babilonia por la introducción de la idolatría. Rechaza el papado, que lo identifica con el Anticristo, es decir, un poder opuesto a las enseñanzas de Cristo. Era contrario a la alianza entre la Iglesia y el Estado. Considera que la verdadera iglesia cristiana es la reunión libre y voluntaria de los justos. Anuncia un reino milenario de los justos (premilenarista). Cree que, el alma separada del cuerpo por la muerte queda dormida esperando la resurrección final. Entiende el bautismo como la muerte al pecado y la resurrección espiritual a una nueva vida, la cristiana; y esta decisión solo la pueden tomar los adultos y por inmersión.
Para él la Biblia es la única regla de conocimiento y creencia, y en ella se encuentra todo el saber, y lo que allí no se encuentra le parece vanidad y mentira. Solo admite tres «ministerios del apostolado» (sacramentos): la predicación, el bautismo y la eucaristía. Conocedor de las profecías bíblicas de Daniel y Apocalipsis, escribió sobre la proximidad del fin del mundo y del retorno inminente de Cristo. Basado en la profecía de los mil doscientos sesenta días-años, que fija su inicio en el año 325, en el Concilio de Nicea, y su cumplimiento en 1585, con el establecimiento del reino milenario de Cristo.
Pero, por lo que es más conocido Servet es por la descripción de la circulación pulmonar de la sangre, y por la defensa de la libertad de conciencia.
La descripción de la circulación pulmonar de la sangre no aparece en un libro de medicina, sino de teología. En el capítulo 5 del Christianismi Restitutio, entre las páginas 168 a 173, hablando del Espíritu de Dios escribió:
«El espíritu divino está en la sangre y el espíritu divino es él mismo la sangre o el espíritu sanguíneo, como nos enseña Dios mismo en el Génesis 9, Levítico 7 y Deuteronomio 12… El espíritu vital se genera en los pulmones, de una mezcla de aire inspirado, con sangre sutil elaborada, que el ventrículo derecho del corazón transmite al izquierdo. Sin embargo, esta comunicación no se hace a través de la pared media del corazón, como se cree corrientemente, sino que por medio de un magno artificio, la sangre sutil es impulsada hacia delante, desde el ventrículo derecho, por un largo circuito a través de los pulmones .» Servet hace esta aportación basándose en su experiencia y conocimiento anatómico, obtenido a través de las disecciones practicadas en la Facultad de Medicina de París. Fiel al libro de la Naturaleza, basa su afirmación en el notable calibre de la arteria pulmonar. Pero Servet también describe claramente el proceso de la hematosis o intercambio gaseoso que se produce en la sangre «la mezcla tiene lugar en los pulmones, el color rojo dado a la sangre lo ha sido en los pulmones y no en el corazón».
El asesinato de Servet despertó una reacción en contra en los humanistas de la época. Sebastián Castalión, pedagogo y teólogo en Suiza, escribió De non comburendis haereticis (No quemar a los herejes), donde censura que los cristianos se enzarcen en disputas acerca del libre albedrío, la Trinidad o el bautismo, que no son esenciales para la salvación; y sintetiza la idea de la tolerancia diciendo al respecto de Servet: «Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre.»
A lo largo de su vida, Servet defendió clara y solidamente el principio de la libertad de conciencia. Su muerte sirvió para plantear el problema de la libertad religiosa, la libertad de pensamiento y la libertad de expresión, ideas que, pese a las medidas coercitivas, se abrieron paso de manera inexorable, hasta desembocar en las declaraciones sobre los derechos del hombre, en el siglo XVIII.
AIGUADER, J. Miquel Servet. Barcelona: Editorial Teide, 1981.
TRUETA, J. “The contribution of Michael Servetus to the scientific development of the Renaissance.” British Medical Journal, 1954, August 28: 507-510.
TRUETA, J. “Michael Servetus and the discovery of the lesser circulation.” Yale J. Biol. Med., 1948: 21, 1-15.
VALTUEÑA, J.A. Proceso y rehabilitación de Miguel Servet. Madrid: Historia Hispana, 1994.
ZWEIG, S. Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia. Barcelona: Acantilado, 2001.
Una vez Calvino tuvo constancia de la edición de Christianismi Restitutio en 1553, inició una ofensiva contra Servet. Lo denunció a las autoridades religiosas de Lyón (Inquisición). Fue encarcelado, pero logró escapar. En su huida hacia Italia –Nápoles o Venecia–, pasó por Ginebra, donde fue reconocido y encarcelado. Acusado de hereje y blasfemo por sus ideas teológicas heterodoxas. Se le incoó un proceso criminal y fue condenado a muerte por el tribunal de la República, fuertemente influido por Calvino, que años antes ya había manifestado que «Servet no saldría vivo, si osaba venir a Ginebra». Finalmente, fue quemado junto con los ejemplares de su último libro.
Ferran Sabaté Casellas
:: Cómo nos venden la moto
José Álvaro Martín Menjón Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, sección Filosofía Pura. Profesor de ‘Pensamiento Filosófico’(CEAS).
Investigador de la ‘Teología de la Esperanza’ propuesta por J. Moltmann y el ‘Mesianismo Judío’ del siglo XX.
¿Las religiones afirman siempre cosas incomprobables? o, por el contrario, ¿nos invitan a evitar cuidadosamente todo engaño?
Lo sabemos. La publicidad, los medios de comunicación, las redes sociales..., ocultan intereses personales, comerciales y políticos, que falsean, sistemáticamente, la realidad. Así, buscan seducirnos, con el fin de domesticarnos y convertirnos en un rebaño, bobaliconamente, sumiso.
Pero los creyentes no nos libramos. Es tal nuestra ingenuidad que nos pasamos la vida hablando de cosas que no se ven –Dios–, de hechos extraordinarios que no pueden comprobarse –milagros–, de revelaciones que solo unos pocos conocen –en el fondo, la Biblia ha sido escrita por un limitado número de hombres–, hacemos continuamente afirmaciones ilógicas –el Dios eterno se hace hombre y muere–, o describimos, finalmente, cambios vitales que solo nosotros experimentamos –los humoristas argentinos del grupo Les Luthiers , han parodiado hasta la saciedad estas conversiones, en el sketch titulado El camino de Warren Sánchez.
A fin de cuentas, la religión puede ser un engaño más, basado en cierta fraselogía incomprobable y absurda, que aspira a controlar, a conseguir una plácida integración de los ciudadanos en el ya citado rebaño. Lo resume magníficamente el poeta León Felipe:
«Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, que los huesos del hombre los entierran con cuentos, y el miedo del hombre… ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos… y sé todos los cuentos.»1
¿Vendemos, efectivamente, humo? ¿Creemos real, algo que solo es virtual? ¿Sobrevivimos engañados e intentando difundir el engaño? ¿Nos movemos entre cuentos ingeniosos, pero, al fin y al cabo, simples cuentos?
¿Son las creencias religiosas un timo?
Resulta curioso observar cómo el análisis anterior choca con el hecho de que, tanto el judaísmo, como el cristianismo, constituyen religiones vinculadas a sucesos históricos. Los hebreos abandonan la esclavitud egipcia, porque Yahvé apuesta por liberarlos, por interrumpir su dolor. Estamos, pues, ante un Dios que actúa en la historia, se implica en ella y en los problemas que esta plantea. 2
Frente al relato mítico, aquí todo sucede en un lugar y tiempo concretos:
«Israel es un pueblo que proclama su fe, contando su propia historia. No lo hace enunciando conceptos filosóficos, definiciones dogmáticas o verdades abstractas sobre la esencia divina, sino recordando una secuencia de acontecimientos pasados en los que... ha experimentado la intervención liberadora de Yahvé.»3
Además, esos sucesos invitan a contemplar el futuro con esperanza, todo puede cambiar, todo puede ser distinto y nuevo: «frente a otros pueblos que concebían [esa] historia como un ciclo parecido al de las estaciones... Israel descubre que [la citada] historia tiene un comienzo y se encamina hacia un final donde Dios cumplirá plenamente sus promesas.»4
Y este cumplimiento no soluciona los problemas en un más allá celestial, sino en el tiempo histórico real del que venimos hablando (donde el sufrimiento está efectivamente presente y donde debe ser eficazmente combatido):
«En el Israel bíblico nos encontramos con un pueblo que parece incapaz de dejarse consolar o calmar por mitos o ideas [fantasiosas]... no ha creído ni pensado a su Dios salvador como ultramundano, como el más allá del tiempo, sino como el final limitador del tiempo.» 5 Únicamente si se toma en serio
el sufrimiento que recorre la historia, debe hacerse algo para interrumpirlo, para ponerle límite en el tiempo real. Así los hebreos no solo encuentran a su Dios actuando, en los sucesos cotidianos de sus vidas, sino que esperan una solución al dolor y a la injusticia, que debe darse exclusivamente en el acontecer de su propio tiempo, y no en un hipotético más allá. Yahvé va a interrumpir la historia.
Otro tanto sucede con el cristianismo. Dios comparte nuestra existencia temporal en Jesús de Nazaret («Él es capaz de comprendernos, pues ha enfrentado nuestros mismos problemas...» Hebreos 4: 15).6 Según lo atestiguan las múltiples fuentes romanas y judías –es decir, extrabíblicas y muy críticas, por cierto, con su figura–, nos encontramos ante alguien plenamente humano, plenamente histórico.7
La arqueología también confirma muchos datos referidos a su vida: desde inscripciones que llevan el nombre de Poncio Pilato o Caifás, hasta localizaciones como, por ejemplo, del palacio perteneciente a Herodes el Grande.8
Tal y como lo describen sus seguidores, Jesús vive plantándole cara al mal (es decir, actuando de forma muy concreta, en la vida real de personas auténticas): «los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan curados, los sordos oyen.» (Mateo 11: 5). Pero, según los expertos más críticos, son especialmente fiables, aquellas palabras o actuaciones descritas en los evangelios que cuestionan los prejuicios vigentes en la época.
Así, resultan verdaderas sus objeciones a la obsesión por el «qué dirán»: «no actúes como hacen los hipócritas... para que la gente los alabe» (Mateo 6: 2); «¡Ay de vosotros cuando todos os alaben!» (Lucas 6: 26); a las jerarquías sociales: «Padre, te doy gracias porque has ocultado todo esto a los sabios y entendidos para mostrárselo a los sencillos.» (Mateo 11: 25; Lucas 9: 48); al afán por conseguir poder: «en-
tre vosotros si alguno quiere ser grande, que se ponga al servicio de los demás...» (Mateo 20: 26); a las falsas comprensiones de la divinidad: «Dios hace que el sol salga sobre buenos y malos» (Mateo 5: 45); o a la violencia: «Sabéis que se dijo: “ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo os digo: no recurráis a la violencia contra el que os haga daño...» (Mateo 5: 38-39). Frente a una lógica de la equivalencia: yo te devuelvo lo mismo que me has hecho; aparece otra de la gratuidad o sobreabundancia: «Amad a vuestros enemigos y haced el bien a quienes os odian. Bendecid a los que os maldicen y portaos bien con quienes os injurian...» (Lucas 6: 27-28).9
Estos especialistas críticos coinciden, pues, en que, cuando las citadas palabras, rompen los esquemas simplificadores vigentes en su sociedad, pueden considerarse correctamente transmitidas (Cristo las pronunció efectivamente). Es el caso también de las parábolas –¿cómo se puede alabar el comportamiento de un administrador que falsea las cuentas y engaña a los acreedores? (Lucas 16: 1-12)– o de actuaciones tales como las comidas realizadas con publicanos y pecadores (Mateo 9: 10-11).
Hasta su misma muerte, rompe con lo pensado por sus contemporáneos, Así, para los judíos es ajusticiado por ser un blasfemo; para los romanos, un revolucionario y, para el resto, alguien abandonado, incluso, por Dios.10
Igualmente relacionados con actuaciones históricas, se encuentran fenómenos como el de la resurrección. Así, después de morir, todos los discípulos pasan de la decepción y el abandono, a la defensa apasionada del proyecto sugerido por Jesús. Ese cambio solo puede darse si la muerte de Cristo no es el último episodio de su vida:
«¿Qué ha ocurrido para que [estos seguidores] abandonen la seguridad de Galilea [a donde han huido] y se presenten de nuevo en Jerusalén, un
José Álvaro Martín Menjón
lugar realmente peligroso donde pronto serán detenidos y perseguidos por los dirigentes religiosos? ¿Quién los ha arrancado de su cobardía y desconcierto? ¿Por qué hablan ahora con tanta audacia y convicción? ¿Por qué vuelven a reunirse en el nombre de aquel a quien han abandonado al verlo condenado a muerte? Ellos solo dan una respuesta: “Jesús está vivo. Dios lo ha resucitado”. Su convicción es unánime e indestructible. La podemos verificar, pues aparece en todas las tradiciones y escritos que han llegado hasta nosotros.» 11 Estamos, pues, ante elementos relacionados con lo sucedido dentro del tiempo real, que no se mueven en el terreno de las simples fantasías, sino en el de lo ocurrido históricamente. Pero, lo más apasionante del cristianismo, es que constituye una religión que apuesta continuamente por realizar su propia crítica, por cuestionar todos los engaños (especialmente si están vinculados a lo religioso), y desnudar todo ídolo que falsee lo verdadero. Veámoslo con algún detenimiento.
¿Contiene la religión elementos críticos respecto a sí misma en el Antiguo Testamento?
Un autor tan poco sospechoso de credulidad ingenua como Karl Marx (18181883), encuentra buen número de textos bíblicos, donde se nos invita a dejar de creer en falsos dioses.12 Así, por ejemplo, el Salmo 115: 4-8, describe a esas divinidades como «obra de manos humanas/tienen boca y no hablan, ojos pero no ven». Otro pasaje decisivo es el de Isaías 44: 9-20: «El carpintero... planta un pino, que crece con la lluvia... usa una parte para calentarse/o también para cocer pan./Pero fabrica un dios y lo adora,/hace una imagen y la reverencia.»13 Aunque el propio Marx identifica ese ídolo con el dinero –«no podéis servir a Dios y al dinero», (Mateo 6: 24)–, deidad a la que, en esta crisis, estamos entre-
gando fervientemente todo lo que somos y tenemos..., sin embargo, los textos bíblicos, sitúan la denuncia en un contexto religioso. No se trata solo de no idolatrar nuestro sistema económico, los mercados, nuestro trabajo, nuestras tecnologías de la información y comunicación (TIC), nuestra imagen personal,14 nuestra inteligencia, popularidad, sexualidad, cultura o dieta... Evidentemente todos estos elementos, convertidos en falsos absolutos, acaban esclavizándonos... Pero el problema radica en que son especialmente nuestras propias prácticas religiosas, las que pueden llegar a dominarnos. Los textos indican claramente que el esquema resulta siempre similar: construimos cosas que se vuelven contra nosotros, que nos perjudican, que nos roban la libertad o la dignidad. Es lo que Marx llama alienación: lo hemos hecho nosotros mismos, pero se convierte en algo extraño, algo que se nos opone y nos daña. Todo el Antiguo Testamento incluye continuas invitaciones a ser libres de estos elementos esclavizantes, especialmente si forman parte de contenidos religiosos.
¿Contiene la religión elementos críticos con respecto a sí misma en el Nuevo Testamento?
La actitud de Jesús, aquí, parece indudable: «cambiáis los mandatos de Dios por seguir tradiciones humanas» (Marcos 7: 8). Así, por ejemplo, si el sábado semanal es un tiempo propuesto para vivir sin jefes, sin ricos o pobres, sin deber producir siempre más o sin deber zancadillear siempre mejor al “trepa” que amenaza con superarnos...
Si es un tiempo de descanso para la naturaleza –que deja de sufrir nuestro dominio explotador–15 y para los consumidores –deprimidos, porque la crisis, les ha limitado su felicidad tarjetera–...
Si es un tiempo, finalmente, de descanso incluso para los insaciables mercados
–cuyas exigencias nunca se colman, cuya extorsión nunca se emplea con suficiente contundencia–...
Entonces, ese intervalo, ese paréntesis, no puede pervertirse hasta esclavizarnos, no puede arrancarnos, a mordiscos, la dignidad. Por eso Jesús lo recuerda: el sábado se hizo solo y exclusivamente para el hombre (Marcos 2: 27).
Lutero (1483-1546) entendió perfectamente la cuestión. Ningún catecismo con dogmas magníficamente explicados, ninguna respetadísima tradición o brillantísima predicación, ninguna declaración completísima de creencias fundamentales, puede permitirnos conocer a Dios. Solo su Palabra nos lo muestra, solo en ella sale, Él, a nuestro encuentro – Sola scriptura –...
Ningún sacrificado esfuerzo por agradar al Padre, ningún meticuloso cumplimiento de la ley, ni siquiera nuestros abundantísimos donativos o la asistencia puntualísima a la iglesia, tienen poder para conseguirnos el favor de Dios. Todo lo que Él nos da, resulta gratuito, es pura gracia. Su amor incondicional precede a todas nuestras buenas acciones – Sola fides–. Así, nuestro valor resulta de ese amor y no de cómo somos, cómo actuamos, el sueldo que ganamos o el atractivo de la pareja con la que convivimos... Por último, ningún respetadísimo o prestigiosísimo dirigente religioso; ningún eficacísimo intermediario entre Dios y los hombres; ningún consagradísimo o piadosísimo clero... deben divinizarse, llegando a ser considerados como algo absoluto. Lo que somos o nos rodea, no es ni ilimitado, ni infinito. ¿Por qué engañarnos atribuyéndoles rasgos de los que carecen? Así, nada resulta sagrado (ni sacerdotes, ideologías, marketings, deudas públicas, entrenadores de fútbol, gurús de la autoayuda o nacionalidades), salvo Dios, que está más allá de nuestra realidad, para que no la divinicemos, para que la consideremos profana –Solus Deus–.
Pero Lutero sabe que todo esto se olvida. Por eso nos invita a reflexionar continuamente sobre lo que, como cristianos, hacemos, afirmamos o creemos – Ecclesia semper reformanda –, siguiendo, en ello, al apóstol Pablo.
Este último, ve en la cruz de Jesús una crítica a todo lo que nos parece importante o prestigioso: «Dios ha escogido lo que el mundo tiene por necio, para poner en ridículo a quienes se creen sabios; ha escogido lo que el mundo tiene por débil, para poner en ridículo a quienes se creen fuertes; ha escogido lo que según el mundo no tiene importancia, lo despreciable, lo que nada cuenta, para anular a quienes piensan que son algo.» (1 Cor. 1: 27-28). De esta forma, la cruz libera de los falsos ídolos que tanto nos esclavizan: nuestras falsas sabidurías, fortalezas o valoraciones. Incluso lo hace en relación con las dependencias que albergamos como creyentes:
«El ansia religiosa de fama, poder y autoconfirmación, se hace ciega frente al dolor –propio y ajeno–, por hallarse enamorada del éxito... Quien reconozca a Dios en la bajeza, debilidad y muerte de Cristo, no lo hace en la supremacía y divinidad soñada por el hombre...[Se] destruye [así, la] anhelada semejanza [humana] con Dios, que lo convierte en un monstruo, y le hace volver a su humanidad, [asumida] por el verdadero Dios.»16
De este modo, Lutero observa en esa cruz una invitación a abandonar nuestras engañosas omnisciencias, omnipotencias u omnipresencias. Si Dios se hace hombre ¿por qué pretendemos nosotros convertirnos en delirantes dioses? Así, la revisión, la crítica, la reforma y el cambio, deben pertenecer a la vida cotidiana del cristianismo. Gracias a Dios y desde lo propuesto por el propio Dios, todo debe estar sometido a una decidida y continua renovación.
Cómo nos venden la moto
Conclusión
Hemos observado que, tanto judaísmo como cristianismo, no transmiten propuestas alejadas de lo real, basadas en elementos incomprobables o ilógicos. Su vínculo a la vida efectiva de los hombres y a su historia, parece innegable.
Pero también hemos señalado que esas mismas creencias incorporan una continua llamada a no dejarse engañar dentro de ningún ámbito, incluyendo, por supuesto, el ocupado por las afirmaciones religiosas.
No es de extrañar, pues, que autores como Max Weber (1864-1920), Friedrich Gogarten (1887-1967) o más recientemente, Marcel Gauchet (1946), subrayen que el cristianismo critica continuamente todos los falsos dioses construidos por el hombre: «es [...] la religión de la salida de la religión».17
Esto resulta ser especialmente así, para quienes esperan cielos nuevos y tierra nueva (Apocalipsis 21: 1). El estado actual del mundo no es perfecto, no es sagrado, puede mejorar radicalmente. 18 Creerlo equivale a rebelarse contra un presente demasiado teñido por injusticias, violencia o sufrimiento inocente. Cuando se pierde esa esperanza, comienzan las distintas formas de acomodación ante lo que hay. Cuestionar y transformar, solo es posible desde la posibilidad de un futuro nuevo. Olvidarlo únicamente nos puede conducir a una religión integrada en el sistema, incapaz de descubrir las idolatrías que la esclavizan, conformada a la dictadura de lo presente, encubridora de toda posibilidad crítica. « El que espera en Cristo no puede ya conformarse con la realidad dada, sino que comienza a sufrir a causa de ella, a contradecirla. Paz con Dios significa discordia con el mundo, pues el aguijón del futuro prometido punza implacablemente en la carne de todo presente no cumplido...Si Pablo llama a la muerte el “último enemigo” (1 Cor. 15: 26), también hay que proclamar... que el Cristo resucitado... es el enemigo de la muerte y de un mundo que se conforma con ella.»19
Una religión centrada en espiritualismos irreales, que olvidan la vida efectiva de los hombres... 20
Una religión que renuncia a cuestionar sus propios ídolos o los ídolos de su entorno, tan inevitablemente presentes...
Una religión que ahoga toda su fuerza transformadora, para acomodarse a lo que hay...
Una religión que esclaviza, en lugar de liberar...
Acaba manchada de complicidad culpable, hacia esas ataduras que, apenas, tiene el valor de rechazar...
2Para el rabino A. J. Heschel, los profetas de Israel no se preocupan tanto de predecir el futuro, como de subrayar que Dios padece por el dolor que experimenta su pueblo, al practicar la injusticia y la violencia (vid., Los profetas, vol. I, II, III, Paidós, Buenos Aires, 1973).
3 ABAJO, F. et al., Dios actúa en la historia (1). Guía para una lectura comunitaria de la historia de la salvación. Antiguo Testamento, La Casa de la Biblia - Verbo Divino, Estella, 2010, p. 25.
4 Id.; Cf. MOLTMANN, J. Teología de la esperanza. Salamanca: Sígueme, 7ª ed. 2010.
5METZ, J. B. Memoria passionis. Una evocación provocadora en una sociedad pluralista. Santander: Sal Terrae, 2007, p. 132.
TAUBES, Jacob. Escatología Occidental. Madrid: Miño y Dávila, 2010.
6 «No existe soledad ni rechazo que Él no haya cargado sobre sí en la cruz...». MOLTMANN, J. El Dios crucificado. La cruz de Cristo como base y crítica de la teología cristiana. Salamanca: Sígueme, Salamanca, 3ª ed. 2010, pp. 320-321. Para Pablo, esa identificación permite que seamos rescatados de la condena a la que nos somete la ley (Gálatas 4:5).
7PANNENBERG, W. La revelación como historia. Salamanca: Sígueme, 1977. THEISSEN, G. et al. El Jesús histórico. Salamanca: Sígueme, 1999.
8PAGOLA, J. A. Jesús. Aproximación histórica. Madrid: PPC, 2007, pp. 491-495.
9RICOEUR, Paul. Amor y justicia. Madrid: Caparrós editores, 1993, p. 28 y ss.
10MOLTMANN, J. El Dios crucificado, pp. 156-184.
11PAGOLA, J. A. op. cit. Madrid: PPC, 2007, p. 412.
12DUSSEL, E. Las metáforas teológicas de Marx, Estella: Editorial Verbo Divino, 1993, pp. 40 y ss.
13También cita otros muchos textos: Éxodo 32:31; Isaías 40:18-29, etcétera.
14«Cuando Dios no supone el centro de nuestras vidas, otros dioses toman posesión de nosotros. Entonces nos importa, [por ejemplo], lo que otros piensan de nosotros...Empezamos a depender de su opinión, de su aprobación, de su entrega...» GRÜN, Anselm. Los diez mandamientos. Camino hacia la libertad. EstellaMadrid: EVD-San Pablo, 2007, p. 35.
15 Aunque resulta muy conocido, conviene recordar cómo, para el pensador judío Abraham J. Heschel, mediante el Sábado, Dios nos propone celebrar el tiempo, porque es precisamente aquello que no podemos dominar (imposible quitarnos años o regresar a la infancia): «Es en este dominio del tiempo en el que la meta... no es poseer sino dar, no controlar sino compartir, no someter sino estar de acuerdo. La vida tiene un sentido equivocado cuando el control del espacio, la conquista de las cosas del espacio, se convierte en nuestra única preocupación.» HESCHEL A.J. El shabbat. Su significado para el hombre de hoy. Bilbao: Desclee de Brouwer, 1998, pp. 9-10.
16MOLTMANN, J. op. cit., pp. 243, 244.
17 GIRARD, R.; VATTIMO, Gianni, ¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo. Barcelona: Paidós,2011, p. 10.
GAUCHET, M., El desencantamiento del mundo. Una historia política de la religión, MadridGranada: Trotta - Universidad de Granada, 2005, p. 10.
18Para el materialista Ernst Bloch: «Donde hay esperanza, allí hay también religión...» BLOCH. E. El ateismo en el cristianismo. La religión del éxodo y del reino. Madrid: Taurus, 1983, p. 16. 19MOLTMANN, J. Teología de la esperanza. Salamanca: Sígueme,1989, p. 27.
20 «Convertirnos es “liberar la vida” eliminando miedos, egoísmos, tensiones y esclavitudes que nos impiden crecer de manera sana y armoniosa. La conversión que no produce paz y alegría no es auténtica.» PAGOLA, J. A. El camino abierto por Jesús. Marcos. Bilbao: Desclee de Brouwer, 2011, p. 33.
José Álvaro Martín Menjón
:: Aula7activa cumple 10 años
Entrevista a Mercè Gascón Pomar 1 y Ramon-Carles Gelabert Santané2 1Licenciada en Pedagogía. Diplomada en Enfermería. Coordinadora de gestión Aula7activa 2002-2010 2Doctor en Medicina. Licenciado en Filología Hebrea. Profesor en la Universidad Adventista de Chile. Coordinador de redacción Aula7activa 2002-2010. Vocal de publicaciones de AEGUAE desde 2010.
Aula7activa está de aniversario. En sus 10 años de existencia, esta biblioteca digital cristiana ha ofrecido una amplia colección de libros, revistas, artículos, trabajos universitarios y relatos bíblicos infantiles y actividades formativas, entre otros, de excelente calidad y con una extraordinaria respuesta por parte de lectores de todo el mundo.
Con motivo de esta celebración entrevistamos a Mercè Gascón y Ramon C. Gelabert, coordinadores de gestión y redacción de Aula7activa respectivamente durante el primer período de su historia.
¿Cómo surgió el proyecto de esta biblioteca digital?
La idea del proyecto surgió de forma casual en una conversación entre amigos. Uno de nuestros amigos tenía un dinero ahorrado para financiar un proyecto de evangelización, pero no quería que se destinara a ningún ministerio independiente. A otro amigo se le ocurrió que dado que AEGUAE, tenía publicaciones propias muy interesantes (revista Aula7, documentos, convenciones, etcétera) por qué no difundirlas. Como AEGUAE es una asociación que pertenece a la Unión Adventista Española, si ambas entidades aceptaban nuestro proyecto, el problema quedaba resuelto.
Ahora nos enfrentábamos a otros problemas. Primero: necesitábamos que autores adventistas nos cedieran sus publicaciones de forma gratuita. Segundo: Debíamos decidir si las ediciones serían en papel o en formato digital. Gracias a la insistencia del financiador optamos por crear una página web donde poder colgar todas las publicaciones. Tercero: Nuestro proyecto debía ser aceptado por la Junta Directiva de AEGUAE y posteriormente por la Unión Adventista Española.
¿Qué motivaciones e ideales persigue?
El objetivo general de Aula7activa es promover el estudio riguroso, creativo e innovador de la Biblia y la lectura de literatura cristiana adventista. Para ello nos planteamos lo siguiente:
• Editar una página Web de acceso libre y gratuito, dirigida a la población hispanoparlante. Dicha página debería contener libros, publicaciones periódicas, documentación, estudios, textos, noticias, foro y otros elementos que favorecieran la consecución del objetivo general, y que aportaran líneas de pensamiento y reflexión cristianas adventistas que en ocasiones no tienen posibilidad de ser editados y distribuidos
por editoriales adventistas de habla castellana por falta de recursos.
• Crear un espacio de participación y encuentro no solo para los estudiantes y graduados universitarios adventistas sino para toda aquella población que estuviera interesada en el adventismo y el cristianismo en general.
• Fomentar la colaboración de estudiosos de la Biblia, estudiantes de teología, teólogos, científicos, profesores, autores de literatura adventista y cristiana…
• Facilitar la divulgación de aquellas publicaciones e investigaciones de autores adventistas (apuntes de estudio, artículos e investigación de estudiantes, profesionales y profesores) que no tenían canales de difusión de su trabajo.
• Trabajar conjuntamente con organizaciones e instituciones adventistas creando una red que facilitara la consecución de los objetivos.
¿Por qué gratuita?
Porque el precio de la literatura religiosa generalmente es limitativo para los estudiantes que, al estar en período de formación, son los más necesitados de disponer de literatura de calidad. El costo puede también ser determinante para la población hispanoparlante de ciertos países que tienen un bajo poder adquisitivo.
Recuerda
En http://www.aula7activa.org puedes encontrar una biblioteca digital cristiana con descargas gratuitas.
¿Cómo fue posible el inicio y la puesta en marcha?
Elaboramos el proyecto y fue aprobado por la Junta Directiva de AEGUAE y la Unión Adventista Española. Lo más sorprendente fue la generosidad de los autores al cedernos los derechos de autor de forma gratuita. Algo que nunca se nos olvidará fue como el Pastor G. Stéveny firmaba, pocos días antes de su muerte, en la Unidad de Cuidados Intensivos, la cesión de los derechos de autor de toda su obra.
Disponíamos de respaldo financiero, de personal voluntario, del apoyo institucional y sobre todo de la dirección del Señor, que día a día, nos mostraba el camino y nos ayudaba a vencer las dificultades que iban apareciendo.
Durante los dos primeros años nuestro trabajo se centró en la elaboración de la página web; en la recopilación, traducción, corrección,… de los contenidos; en la localización de los autores de las publicaciones de AEGUAE para que firmaran los contratos pertinentes; en la firma de convenios con otras instituciones adventistas, en la búsqueda de voluntariado… Finalmente, en el año 2004 inauguramos la página web.
¿Qué dificultades hubo que afrontar (si las hubo)?
Dificultades muchas, aunque aparentemente lo teníamos todo, o casi todo. La primera, fue el tenernos que enfrentar a nuestra propia ignorancia. La gestión de este tipo de proyectos era algo desconocido para nosotros y necesitamos asesoría de todo tipo.
En primer lugar la asesoría jurídica, ya que al ser un proyecto de una Asociación de Estudiantes sin ánimo de lucro todos los recursos necesarios (económicos, materiales, humanos) debían gestionarse como un usufructo. Teníamos claro que debíamos actuar siempre en un marco legal. También necesitábamos redactar los contratos de cesión de los derechos de autor en términos legales, conocer la legislación sobre las páginas web, etcétera.
Dificultades a nivel del diseño y gestión informática de la página. Dificultades a la hora de encontrar traductores con la preparación necesaria que se adecuara a nuestro tipo de literatura. Dificultades para encontrar voluntariado que cooperara de forma regular.
Finalmente llegó la crisis económica, nuestro financiador no pudo asumir los gastos del proyecto. Actualmente la página se sostiene con pequeñas aportaciones particulares y con voluntariado, lo que ha enlentecido la edición de nuevos contenidos.
¿Qué tal funciona la consolidación del proyecto?
Mientras exista AEGUAE y recursos económicos para el mantenimiento del servidor de la página web, el proyecto seguirá existiendo. Como mínimo mantendremos los contenidos actuales de la biblioteca digital. Que el proyecto vaya creciendo
depende de la implicación de los voluntarios y de los donativos obtenidos.
¿Cómo valoráis la respuesta de los lectores/navegantes?
Nunca llegamos a imaginar que conseguiríamos los resultados obtenidos. En los 8 años de existencia de nuestra Biblioteca Digital, 4.591.196 de personas han visitado nuestra página y 1.230.913 se han descargado alguna de las publicaciones. Dado que no se ha hecho ninguna campaña de publicidad de la página y lo que realmente ha funcionado ha sido la promoción “boca a boca”, estamos gratamente sorprendidos.
¿Cuáles han sido las temáticas/libros que han despertado mayor interés? ¿Por qué pensáis que ha sido así?
En estos 8 años de existencia de nuestra página los contenidos de la sección infantil han sido los más demandados (286.311 descargas), seguidos por los libros (276.226 descargas), las revistas (221.226 descargas), los documentos (201.132 descargas) y los trabajos de investigación (118.111 descargas). Las descargas de cada una de las secciones restantes han sido inferiores a 50.000 por sección. Se ha de tener en cuenta que no contabilizamos las descargas de los sumarios ni las imágenes y que los usuarios que tienen conexión a internet continuada, acostumbran a leer
¿Cuál creéis que ha sido la clave del éxito?
El tipo de literatura que ofrecemos, que nos diferencia del resto de páginas web existentes en el mercado digital, y la descarga gratuita de dichos contenidos.
¿Qué necesidades aporta o suple en la comunidad de AEGUAE y en la propia iglesia?
Como hemos mencionado inicialmente, el objetivo del proyecto es ofrecer recursos para satisfacer la necesidad de profundizar en el estudio de la Biblia de forma creativa e innovadora que tienen, tanto los estudiantes y graduados universitarios como cualquier persona cristiana. A través de nuestras publicaciones nos gustaría suscitar el interés por la lectura y el estudio profundo de la Biblia, que nos lleve, no solo a incrementar nuestros conocimientos teológicos sino a relacionarnos con Jesús.
Con motivo de satisfacer la demanda de instituciones, iglesias y padres adventistas se creo la sección infantil, mediante la cual se pretenden cubrir las mismas necesidades pero en edades tempranas.
Mercè Gascón Pomar y Ramon-Carles Gelabert Santané
Aula7activa cumple 10 años
Después de 10 años ¿cómo valoráis la trayectoria pasada, presente y futura de A7a?
La trayectoria pasada, presente y futura tienen algo en común: la ilusión, la esperanza y el trabajo desinteresado. Una lección que hemos aprendido es que simplemente somos instrumentos en manos de Dios y que en cada momento, Dios ha hecho posible que su obra continúe a pesar de todos los problemas que han ido apareciendo. El pasado nos ha servido para aprender muchas cosas que desconocíamos. El presente para «retener lo que tenemos», a pesar de la situación de crisis en la que vivimos. El futuro no depende de nosotros sino de todos los jóvenes y adultos que quieran implicarse en el proyecto, que quieran darle un toque innovador y adaptado a las necesidades de los universitarios y de la iglesia de nuestros tiempos.
¿Qué retos afronta Aula7activa en los próximos años?
Aunque la respuesta más fácil pudiera ser el conseguir nuevos financiadores para actualizar el diseño de la página web, ampliar de forma más rápida y eficaz los contenidos, etcétera, el reto más importante es conseguir ilusionar cada día más a nuestros colaboradores voluntarios. Si el proyecto existe y va creciendo es gracias a personas que trabajan desinteresadamente en sus
casas traduciendo, corrigiendo, elaborando contenidos, efectuando trabajos de secretaría y de gestión,… Así pues nuestro gran reto es el incremento de las personas colaboradoras, porque a lo largo de estos años, hemos aprendido que los más beneficiados al trabajar en este proyecto hemos sido nosotros mismos. Parafraseando Hechos 2: 47 estamos convencidos que: «Cada día el Señor añadirá a este proyecto a los que sean necesarios para contribuir al estudio y a la divulgación de su palabra».
Una necesidad urgente es conseguir ilustradores de literatura infantil. Como podemos apreciar en los datos ofrecidos, existe una gran demanda de recursos educativos para la enseñanza de la Biblia a los niños. Actualmente, tenemos a nuestra disposición materiales escritos que no hemos podido publicar porque necesitan ser ilustrados, por lo que precisamos un ilustrador que ofrezca su trabajo de forma altruista.
Con todo lo que implica este hermoso proyecto es evidente que sobran motivos de profundo agradecimiento a nuestro Dios y, como el profeta, podemos afirmar con total seguridad: «Hasta aquí nos ayudó el Señor.» (1 Samuel 7:12).
Es el ferviente deseo de AEGUAE y Aula7activa proseguir hacia adelante, compartir, aprender, sumar más años y más publicaciones, en definitiva, servir al Señor hasta que Él venga.
Este año 2012 celebramos el 10º aniversario de Aula7activa. Ha sido un proyecto grandemente bendecido, y en el transcurso del año, ¡hemos contado con más de un millón de visitas a la página web!
Creemos que ya es hora de darle un nuevo aire a la página. Así que uno de los proyectos de AEGUAE para el 2013 es la renovación de nuestras dos páginas web: www.aula7activa.org www.aeguae.org
Si quieres obtener más información al respecto, escríbenos a info@aeguae.org
Y si estás interesado en colaborar con el proyecto Aula7activa económicamente o con tus talentos, así como con AEGUAE, escríbenos: info@aeguae.org
:: Informe Aula7activa.org
A continuación se presentan los datos correspondientes al número de descargas de las publicaciones de Aula7activa.org durante el período 2004 a 2012.
Gráfico 1 :: Número de descargas por año
Gráfica 2 :: Número de visitas
Gráfica 3 :: Número total de descargas según el tipo de publicación (1.10.2011-30.9.2012)
Libros Revistas
Documentos Artículos
Sección infantil [1]
Noticias
Boletín AEGUAE
Rincón del lector
Rincón del investigador
* En 2004 y 2009 sólo se contabilizan 10 meses. [1] La apertura de la sección infantil se efectúa el 1 de noviembre de 2007.
:: Convenciones
Año
1974 Sta. Cecília de Montserrat Creación o evolución
1975 Sagunt
J. Flori y otros
Ferran Sabaté
El joven adventista en la sociedad actual varios Antolín Diestre
1976 S. Lorenzo del Escorial La no violencia
1977 Jaca La filosofía cristiana de la historia
1978 Salou
1979 Peníscola
Los determinantes históricos del nacimiento de la Iglesia Adventista
Filosofía de la educación cristiana
1980 S. Lorenzo del Escorial Antropología bíblica
1981 Gilet Psicología y religión
1982 Cervera
El significado del derramamiento y los dones del Espíritu Santo
1983 Poio La cruz fuente de vida
1985 Benidorm El santuario
1986 Navacerrada La función de la ley en la teología de la gracia
1987 St. Feliu de Guixols El espíritu de profecía
1988 Pilas La justificación por la fe en mi vida diaria
1989 Laredo La naturaleza de Cristo
1990 Guardamar del Segura Las parábolas: Una clave para vivir la fe
1991 Lloret de Mar
G. Stéveny y otros
Conrad Recha
S. Schwantes y otros Félix Valtueña
C. Puyol y otros
P. Copiz, J. Navarro
J. Zurcher
M. Fernández y otros
J. Mager
G. Stéveny
Ferran Sabaté
Joan Sabate
Roberto Ouro
Miguel A. Roig
Ramon C. Gelabert
J. Zurcher Luis González
R. Badenas
R. W. Olson
R. Badenas
J. Zurcher
Ferran Sabaté
Pedro Aguerri
Antonio Polo
R. Badenas Raquel Aguasca
El sufrimiento humano y el silencio de Dios R. Badenas
1992 Guardamar del Segura El sábado
1993 Guardamar del Segura Nueva Era
1994 Palma de Mallorca
S. Bacchiocchi
M. Fernández
La esperanza adventista: 150 años de historia, 1844-1994 R. Pöhler
1995 Arnedo El diluvio
1996 Baños de Montemayor Sexualidad: Una perspectiva cristiana
C. F. Steger y otros
M. Fernández y otros
1997 Alcossebre La seguridad personal de la salvación M, Venden
1998 Oropesa de Mar El evangelio de los últimos días
C. Goldstein
1999 Lloret de Mar La Biblia y la cultura mediterránea varios
2000 S. Lorenzo del Escorial La mujer y la iglesia. El racismo en la iglesia F. Guy, H. Williams
2001 Tarragona El postmodernismo y el cristiano V. Fantoni y otros
2002 Oropesa de Mar Adventismo: ¿Iglesia, denominación, secta...? J. Gallagher
2003 Tortosa El cristiano ante el cine F. Henriot y otros
2004 L’Ametlla de Mar
2005 Lekarotz
Bioética varios
Creer en Dios después de Auschwitz J. Doukhan
2006 Los Yébenes ¿Vale la pena esperar la Segunda Venida? V. Fantoni, J. A. Martín
2007 Tortosa
Alfred Quiles
Ferran Sabaté
Alfred Quiles
Ferran Sabaté
Joel Amigó
Antonio Polo
Eva Basterra
Isaac Llopis
El Sello de Dios para un nuevo orden mundial M. Fernández, Sarai de la Fuente
2008 Gandía ¿Y qué hay más allá de todo esto? A. López, J. A. Martín
2009 Alborache
2010 Alborache
2011 Benicàssim
La música en la vida del cristiano W. Bucknor, A. Calvo, A. Perera
El laberinto moral:
Afrontando los dilemas éticos del s. XXI
Amor en tiempos de tregua
J. A. Álvarez, J. Gil
V. Armenteros, C. Chimpén
2012 Sant Salvador, El Vendrell El cristiano ante el sufrimiento R. Badenas y otros