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¿El caracol está corriendo? o de cómo el involucionismo patriarcal se va abriendo paso en la justicia Nuria Cruz. Abogada Asociación para la Convivencia Aspacia Noviembre 2013

Desde hace ya un tiempo estoy observando con alarmante preocupación la involución que se está abriendo paso en el ámbito jurídico de la violencia de género. En esta materia hubo ya hace diez años diversas reformas legislativas que revolucionaron la tipificación delictiva y por consiguiente sus penas. Estábamos por entonces en una situación en la que, entre otras cuestiones, las víctimas no ejercían la acusación particular ni el ministerio fiscal acudía a los juicios y las agresiones se juzgaban como juicios de faltas; por aquel entonces, los maltratadores decían: “me ha salido la paliza por diez mil pesetas”. Asistimos entonces, como digo, a diversas reformas y entre las más importantes (además de la regulación de la orden de protección) fue que las antiguas faltas de lesiones pasaron a considerarse delito (artículo 153 del Código Penal) con imposición de penas de prisión o de trabajos en beneficio de la comunidad y se debía imponer obligatoriamente una pena de alejamiento. Estábamos en el año 2003. ¿Cuál fueron las repercusiones principales de esta reforma, a mi entender?:

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Se empezaron a considerar la mayoría de los malos tratos encuadrados en este tipo delictivo y se condenaba a los maltratadores con una pena de prisión y accesoria de pena alejamiento.

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Se dejó de profundizar en la habitualidad del maltrato (antiguo tipo penal existente), ya que al introducir ese nuevo delito la pena de prisión, los jueces simplificaron la instrucción de los delitos y prefirieron dar prioridad a la inmediatez, condenando entonces sólo por el hecho más reciente.


A partir de entonces por parte de un sector de la sociedad empezó una lucha silenciosa para combatir dichas reformas que, a pesar de todo, habían supuesto un avance para las víctimas. Debo precisar que cuando hablo de avances o retrocesos para las víctimas hablo de avances y retrocesos para la sociedad en general y para mi en particular. Cuando se avanza en los derechos de las víctimas se avanza en la salvaguarda de los derechos humanos, construimos una sociedad desde los cimientos reales y no desde la discriminación; esto es una lucha que nos afecta a todos y todas, cuando “ganan” las víctimas ganamos todos y todas, pues estamos ganando en construir una sociedad basada en los derechos humanos. Pues bien, el primero paso de esa “lucha silenciosa” fue plantear cuestión de constitucionalidad a las reformas legales, por considerarlas discriminatorias. Pero todavía entonces seguía persistiendo el aire renovador para las víctimas (e insisto, la sociedad en general) y el Tribunal Constitucional no aceptó las cuestiones planteadas. En cualquier caso, siguieron con su carrera silenciosa, paso a paso...Dado que no se había conseguido a través del Tribunal constitucional, determinados sectores comenzaron a esgrimir al poco tiempo el argumento de que las mujeres denunciaban falsamente a fin de conseguir ayudas públicas, beneficios en el orden social y en el ámbito de los procesos de familia. Los que utilizan estos argumentos parecen desconocer (o más bien quieren desconocer) que las denuncian falsas no llegan ni al 1% de las denuncias interpuestas, según datos del Observatorio de Violencia de Género; también parecen desconocer (o quieren desconocer, insisto) en que no existen prácticamente ayudas públicas ni otras ganancias secundarias por denunciar. Siguió un avance en este carrera en lo que yo llamo “proteccionismo al maltratador”: penas bajas, suspensión de las penas, obviar las denuncias por quebrantamientos... Pues bien, en lo últimos tiempos, y si me apuran en el último año, es horripilante la involución que está existiendo y por eso me planteo que sus pasos están dejando de ir al ritmo del caracol, o éste está aprendiendo a correr. Dejo las siguientes muestras:


Casos que se condenaban antes con penas de prisión, ahora lo son con trabajos en beneficio de la comunidad (que a veces no se llegan ni a realizar).

Han vuelto a considerarse que determinadas acciones son faltas y no delitos (faltas de vejaciones injustas o falta de coacciones).

Se aplica un subtipo del artículo 153 en casos en los que por ejemplo ha habido un solo golpe, considerándolo un hecho menor, aislado y de poco gravedad. Se le impone entonces una mínima pena.

El Tribunal Supremo ha establecido que si sólo hay maltrato de obra o lesión que no constituya delito, no conlleva obligatoriamente una pena de alejamiento.

Sentencias que establecen penas de alejamiento pero no de comunicación.

Pues eso, esa es mi pregunta: ¿está corriendo el caracol?, si es así, por favor unámonos todos y todas para ponerle freno...aunque haya que ponerle la zancadilla.


El caracol está corriendo: involucionismo patriarcal en la justicia española