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Guía para Buscadores de Arroyos

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Guía para buscadores de arroyos

Son las aguas las que hacen a la ciudad.

- Cayo Plinio Secundo - Plinio el Viejo

La identificación en superficie de muchos de nuestros cursos de agua urbanos es una tarea digna de sabuesos y detectives, ya que la gran mayoría se halla enterrada debajo de capas históricas de hormigón, asfalto y suelo.

Es por ello que dedicamos este capítulo a recopilar varias claves prácticas, para que los lectores puedan encontrar algunos de los numerosos arroyos y ríos subterráneos que forman parte de la trama secreta de las ciudades.

Las siguientes fuentes de información son, casi siempre, valiosas y certeras:

• Bibliografía especializada

• Mapas y planos antiguos (preferiblemente, anteriores a 1950 y con escala 1:50.000, o mejor)

• Imágenes y notas de viejos diarios o revistas

• Álbumes de fotos familiares

• La voz de la experiencia, de algún pariente, conocido o vecino, que nos indique con cierta precisión que estamos pisando un arroyo invisible

Lamentablemente, datos como éstos rara vez están disponibles, y deberían cuidarse, registrarse y difundirse, cuando se consiguen.

Una anécdota del Maldonado en Ramos Mejía, que enviaron a Arroyos Libres.

¡Estás pisando un arroyo!

1968. Desembocadura del arroyo Medrano (Gentileza Antonio Kruk).

Por lo tanto, pasamos a detallar las pistas que hemos identificado, basándonos en la década de averiguaciones sobre el tema que llevamos en nuestras espaldas.

TOPOGRAFÍA

Comenzamos por los desniveles topográficos notables a simple vista, que son indicadores de la presencia invisible del agua.

Las zonas de barrancas, en general, constituyeron en su tiempo el límite de las tierras con el río, en el cual suelen desembocar múltiples arroyos.

En otros casos, esa barranca puede ser el valle que contenía al mismísimo curso de agua.

¡Estás pisando un arroyo!

La Barranca de Belgrano, en la visión del artista R. Von Steiger (1912)

Encontrarnos una calle con pendiente abrupta, nos da la pauta de que el arroyo pudo haberse deslizado corriente abajo por allí, hace no tanto tiempo...

TRAMA URBANA

Continuando con características de las calles y avenidas, observamos que en las ciudades con un clásico trazado en damero (y aquí, las urbes latinoamericanas se llevan los primeros premios), a los arroyos se los reconoce en arterias que, precisamente, escapan a ese diseño.

Por lo tanto, hay que enfocar nuestra atención en los bulevares, cortadas y pasajes (en estos últimos, más que nada si estamos cerca de una barranca y/o de un río) y en los caminos curvos, zigzagueantes o diagonales.

Debajo de este tipo de calles, probablemente se encuentre un arroyo.

Coincidencia entre bulevar y Arroyo Cildáñez, en Mataderos.

¡Estás pisando un arroyo!

pisando un arroyo! | 55 Coincidencia

¡Estás
entre bulevar y Río Itororó, en San Pablo – Brasil (Gentileza Geopizza)

INUNDACIONES

Otra pista importante son las zonas inundables: si la lluvia provoca que lugares de tu barrio se inunden con frecuencia, son altas las posibilidades de que haya un curso de agua bajo tus pies.

Esto se debe a que los ríos y arroyos se hallan encauzados en valles, que no son otra cosa que depresiones del terreno.

El agua tiende a viajar de los puntos más altos hacia los más bajos de la geografía, por lo cual termina acumulándose en lo que otrora fuera su cauce.

1912. Inundación en la calle Republiquetas, cuenca del Medrano (Archivo General de la Nación).

pisando un arroyo!

Lo antedicho resulta menos válido en calles que se han repavimentado docenas de veces, agregando múltiples capas de asfalto sobre el empedrado primigenio, y dejando su nivel actual absurdamente más alto que el de las veredas.

Con un diseño tan pobre, el agua de lluvia encuentra un camino más fácil hacia el interior de los hogares, que al de los desagües.

Las zonas costeras del Gran Buenos Aires tienen un “villano” recurrente: las sudestadas.

Durante este fenómeno meteorológico, gran cantidad de agua del Río de la Plata se apila contra los tramos finales de los cursos de agua que deberían salir a él, impidiéndoles desagotar adecuadamente.

Así, no resulta extraño que el flujo se revierta, procediendo a visitar la superficie, sin discriminar lo lujoso que sea el establecimiento al que accede.

Inundación en Avellaneda (Autor: Marcelo Quercetti).

PUENTES

Nuestros ancestros necesitaban pasar de una orilla a otra para trabajar, comerciar, visitar conocidos, o simplemente para ver qué pasaba al otro lado del río.

Es así que, desde los primitivos troncos volcados sobre el cauce, hasta los más sofisticados artificios levadizos o pivotantes, mucha agua ha corrido bajo las distintas categorías de puentes.

Cuando, hoy en día, notamos puentes que se encuentran muy cerca de la calzada, tenemos la clave de que allí se debió sortear el “obstáculo” que representaba un cauce.

Pequeño puente ferroviario en la cuenca del Medrano, en el Partido de San Martín.

¡Estás pisando un arroyo!

Puente ferroviario de escasa altura en Cramer y Elcano, cuenca del Arroyo Vega (X: Belgranohisto).

Si un puente parece tener 100 años o más, con seguridad no fue construido para facilitar el (escaso) tránsito automotor por debajo, sino para que un medio de transporte más añejo (el tren) pudiera pasar por encima de unas aguas turbulentas y llegar a destino.

Por lo tanto, si detectan un puente ferroviario (en especial, aquellos de escasa altura), presten especial atención: es muy probable que por allí debajo se encuentre un entubamiento.

Pequeño puente ferroviario en calle Jean Jaures, cuenca del Radio Antiguo.

¡Estás pisando un arroyo!

2013. El “Puente negro” de calle Ruiz Huidobro, en cuenca del Arroyo Medrano, durante la inundación del 2 de abril.

¡Estás pisando un arroyo!

ESCALONES Y COMPUERTAS

¿Hay que subir muchos escalones para poder ingresar a un lugar?

¿Existen desniveles que requieren certificado de escalador para, simplemente, pasar de la calle a la vereda?

Es probable, entonces, que haya un arroyo cerca.

Similarmente, si notamos la presencia de compuertas, guías metálicas en puertas o ventanas, y algún tipo de barricada, es señal de sufridos propietarios, que intentan proteger viviendas y comercios, frente al ingreso del agua que se desborda.

Y eso, estimados, es producto de un curso de agua que supo andar a cielo abierto.

Altas veredas en el barrio de Barracas.

AGUA DOMESTICADA

Los lagos y lagunas, aunque nos pueda engañar su actual aspecto artificial (con lecho de adoquines o cemento, y formas geométricas salidas de libros de escuela primaria), suelen estar ubicados en sitios que otrora tuvieron brazos no muy caudalosos de cursos de agua.

“FAROLITOS”

Las columnas de ventilación existentes en numerosos puntos de la Capital Federal, el conurbano y otras localidades (Mar del Plata, por ejemplo), indican la presencia de un curso de agua cercano, bajo el asfalto.

Columnas de ventilación (“farolitos”). De izquierda a derecha: Núñez, Mar del Plata, La Boca y Palermo.

pisando un arroyo!

Corte de columna de ventilación de un arroyo entubado (Julio Vela Huergo).

Compensan presiones y sirven para evacuar gases del conducto de entubamiento.

Su elegante diseño arquitectónico disimula la función de ventilación permanente y purga del aire que pudiera quedar encerrado en la parte superior del entubamiento, en caso de llenarse.

La columna se comunica con el conducto mediante una cañería, que conecta con la parte superior del mismo.

Por su aspecto, muchos de quienes reparan en ellas, las conocen como “farolitos”.

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TESTIGOS ARQUITECTÓNICOS

Una tarea agradable para colegas del rubro de la construcción e historiadores, es la identificación de estilos arquitectónicos y curiosidades relacionadas con los edificios antiguos.

Aquellos que fehacientemente estén datados de épocas con los arroyos a cielo abierto (anteriores a 1930, digamos), pueden depararnos agradables sorpresas.

Ingreso al Pabellón del Centenario, con el Maldonado bordeado por la baranda en primer plano (c. 1930).

Una investigación no muy profunda, más las fuentes adecuadas resulta, en ocasiones, en el descubrimiento de que estas construcciones han sido vecinas de un arroyo.

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AGUAS INDUSTRIALES

Muchas fábricas y primitivas industrias requerían, como insumo indispensable para su producción, y para el descarte de residuos y efluentes, la presencia cercanísima de un curso de agua.

En el Gran Buenos Aires, tenemos el triste ejemplo de los siglos de contaminación a los que fue sometida la pobre cuenca Matanza-Riachuelo.

Y los arroyos porteños no se quedaron atrás…

¡Estás pisando un arroyo!

Desde el establecimiento de las primitivas industrias de la carne (mataderos, saladeros y graserías), hasta otras más elaboradas (curtiembres y textiles), las aguas del Maldonado, Medrano y Cildáñez, sufrieron al ser empleadas como un recurso más de las fábrica.

1895. Fábrica Nacional de Calzado, en Villa Crespo. Puentes sobre el Maldonado en Corrientes, Warnes y San Martín (Gentileza Claudio Salvador).

Prácticamente, ya no existen este tipo de industrias en la Capital Federal. No obstante, encontrarlas en mapas, publicidades y fotos antiguas, o como resto arquitectónico viviente, nos da una pista más de la cercanía de un arroyo.

1909. Fábrica Dell’Acqua, en Thames y Corrientes. Cuenca del arroyo Maldonado (AGN).

pisando un arroyo!

ARROYONAUTAS

No muy numerosas, pero que valen la pena como pistas, son las actividades náuticas que podamos encontrar en las ciudades.

En general, clubes de remo, clubes náuticos y negocios de artículos de pesca.

Un ejemplo notable es el Club Náutico Buchardo, ubicado en el barrio de Núñez, a orillas del Arroyo Medrano y cerca de su antigua desembocadura en el Río de La Plata.

1930. Club Náutico Buchardo, sobre el Arroyo Medrano (X: Paisajeante).

El Buchardo se encuentra allí desde 1907, aunque el arroyo esté entubado hace casi 90 años. Por supuesto, tiene otra sede donde sí hay facilidades para navegar, en San Isidro.

¡Estás pisando un arroyo!

SPOILER 1

El trío que conforman los cementerios, estadios de fútbol y basurales a cielo abierto (que suelen ser complementados con quema de residuos), en la gran mayoría de los casos implica terrenos bajos, anegadizos y con presencia de cursos de agua.

Hemos dedicado capítulos del libro, para intentar llevar luz sobre estas conjunciones tan particulares de industria-entretenimiento-necrópolis y agua.

SPOILER 2

También hay abundantes pistas en variadas formas de arte: pintura, música y poesía rescatan el nombre, la historia y describen el entorno de varios ríos y arroyos que ya no están en superficie. Avanzaremos sobre esto, en capítulos posteriores del libro.

VEGETACIÓN

La presencia de árboles, principalmente nativos y añosos (sauce, tala, ceibo, aguaribay, etcétera) nos muestra la vida que supo manifestarse en las orillas de un arroyito silvestre, que ahora corre subterráneamente.

Suelen ser buenos indicadores de los afluentes, que son casi imposibles de cartografiar.

Esto se debe a que los arroyos de llanura llevan poca agua en temporada seca, creciendo desmesuradamente en época de lluvia.

Por lo tanto, sus afluentes en tiempos de caudal ordinario, son apenas perceptibles.

1914. Añoso ceibo en la desembocadura del Maldonado (Revista Fray Mocho).

Localización de sauces, superpuesta con zonas susceptibles de anegamiento (Gentileza Paula – IG: pauli.mpe).

Localización de ceibos (web Arbolado Urbano).

¡Estás pisando un arroyo!

VIDA ACUÁTICA

Otra interesante clave de presencia de afluentes que hemos conocido y que linda con lo bizarro, es el hallazgo de uno de los pocos peces documentados que viven en entubamientos: se trata de bagres ciegos, que logran escabullirse a algún subsuelo, desagüe o pozo de ascensor de edificios.

SEÑALIZACIÓN EN VÍA PÚBLICA

Es muy agradable enterarnos de que, en algunos casos y afortunadamente, el nombre de la calle evoca al río o arroyo que alguna vez la ha recorrido.

Algunas ciudades preservan, al menos en las denominaciones urbanas, la presencia que tuvieron varias añejas vías fluviales.

Asimismo, existen monumentos y placas que señalan la presencia de aguas enterradas y puestas a “dormir”, en conductos subterráneos.

Señalizaciones en Belo Horizonte (Brasil, por Entre Rios E Ruas), Auckland (Nueva Zelanda, Eke Panuku Development) y VareaLogroño (España, por el CEIP Varia)Paula – IG: pauli.mpe).

Hemos detectado un par de hitos solitarios, de las décadas de 1930 y 1950, que celebraban las “Obras de desagües pluviales de la Capital Federal” (así se nombraba a los entubamientos entonces).

El primero de ellos, a falta de un mejor nombre, lo hemos denominado Monumento A Los Arroyos. Pasa casi desapercibido, en la elegante esquina de Avenida Del Libertador y Comodoro Martìn Rivadavia, del Bajo Belgrano - Núñez.

Es un monolito, cuya tonalidad original sería un gris cemento, y que actualmente se encuentra intervenido con los colores rojo y negro (del team Defensores de Belgrano) y con pintadas peronistas.

El “Monumento a los arroyos”, en 2023 y 2013.

¡Estás pisando un arroyo!

Allí se exhibe un relieve de la Capital Federal y sus más importantes cursos de agua, pudiéndose apreciar al Maldonado, el Medrano, el Cildáñez y el Vega, como se veían en el año 1937. En las caras del monolito, se recuerdan la Ley 11.744 y los decretos del Poder Ejecutivo de 1936 y 37, que permitieron avanzar con el plan de Obras Sanitarias de la Nación (cuyos inicios teóricos databan de 1919).

Ley N. ° 11.744, Octubre 7 de 1933. — Relativa a ejecución de obras de desagües pluviales en la Capital Federal [Entubamientos en el Nuevo Radio: los arroyos localizados fuera del casco histórico].

Artículo 1 — Autorízase al Poder Ejecutivo para proceder a la ejecución de las obras de desagües pluviales de la Capital Federal, de acuerdo con el proyecto y presupuesto aprobados por decreto de 19 de septiembre de 1919, debiendo iniciarse los trabajos de conformidad al plan parcial aprobado por decreto del Poder Ejecutivo de 25 de septiembre de 1925 (...)

Art. 11 — Las obras se comenzarán dentro de los cuatro meses, contados desde la promulgación de la presente ley [6/8/1937, según el monumento], y deberán quedar terminadas a los cinco años de comenzadas.

El segundo monumento que hemos observado, es una placa situada en inmediaciones del Monumento a El Resero, en el barrio de Mataderos, territorio del arroyo Cildáñez. El bronce señala los trabajos de entubamiento de esas aguas, que en su momento fueron muy importantes para el desarrollo de la zona.

Complementariamente, y desde hace pocos años, son varios los gobiernos municipales u organizaciones locales que han avanzado en el reconocimiento de los cursos de agua, mediante su demarcación con diversos tipos de letreros en sus caminos.

Señalización del asfalto en Comodoro Martín Rivadavia (arroyo Medrano).

¡Estás pisando un arroyo!

Algunos de los carteles oficiales, que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires colocó en 2022.

En particular, la ciudad de Buenos Aires ha generado, en año 2022, señales sobre el asfalto y carteles informativos circulares, fijados a postes y localizados aproximadamente a 2 metros del nivel de vereda.

Stickers de Arroyos Libres, que señalaron algunos cursos de agua, en 2020 y 2021.

En los mismos, resumen características y localización de 6 cuencas porteñas (Medrano, White, Vega, Maldonado, Ugarteche y Cildáñez).

A escala mucho más modesta, el proyecto Arroyos Libres fijó afiches (diseñados por Fábrica de Estampas) y pegó stickers en los recorridos de algunos arroyos, durante 2020 y 2021.

¡Estás pisando un arroyo!

PROFESIONES EN EXTINCIÓN

La rabdomancia o radiestesia es la sensibilidad especial para captar ciertas radiaciones, utilizada por los zahoríes para descubrir manantiales subterráneos, venas metalíferas, etcétera.

Es una antigua pseudo-ciencia, principalmente empleada en la detección de vertientes de agua que yacen debajo de la tierra.

La palabra “Zahorí” es de origen árabe. Significa “geomante” y proviene del nombre con el que conocían a Venus.

Se consideraba a estos especialistas como astrólogos o adivinos de las tierras.

El zahorí o rabdomante es una persona que asegura tener una sensibilidad especial o “poderes” que le hacen ser capaz de encontrar el agua que se halla bajo tierra, de “detectar lo que está oculto”.

Suelen desempeñar sus tareas con la ayuda de una varilla, en general una rama de sauce (¿será por ser vecino de arroyos?), avellano o fresno, o bien de alambre, en forma de horquilla o “Y griega”.

La presencia de un rabdomante, entonces, podría ser de utilidad para la detección de arroyos enterrados.

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD

Para concluir, es necesario aclarar que los puntos aquí cubiertos son una guía empírica, y no mandamientos escritos en piedra.

Habrá ocasiones en que, aún siguiendo obedientemente uno de los ítems propuestos, concluyamos que nunca existió allí un curso de agua.

Por ejemplo, podemos hallar tentadoras calles curvas que deben sus formas, no a un meandro, sino a un ramal extinto del ferrocarril.

¡Estás pisando un arroyo!

Falso arroyo en la calle Coronel Susini (falso, pues se trataba del ramal de un tren).

Falso afluente del Maldonado en las calles París-Porcel de Peralta; era el antiguo tren a Estación Versalles.

¡Estás pisando un arroyo! |

O la coqueta calle Arroyo, por la cual jamás pasó curso de agua alguno.

Si bien, a priori, estamos cumpliendo con alguna de las condiciones propuestas, la realidad nos marca otro rumbo.

No obstante ser perfectible, nuestra Guía Para Buscadores de Arroyos proporcionará momentos de sana diversión y notables hallazgos.

¡A no desanimarse, y a seguir buscando!

¡Estás pisando un arroyo!

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