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Los ríos son caminos que andan, y que nos llevan hacia donde deseamos ir.
- Blaise Pascal.
Hubo un tiempo en que el campo y la ciudad compartían nuestro territorio.
La red fluvial porteña sumaba unos 300 kilómetros, y sus márgenes bravías albergaban abundantes usos y disfrutes, y daban refugio y sustento a numerosos personajes.
Aquellas épocas no tan remotas, fueron impactadas por un conjunto de procesos, que las arriaron a su extinción.
Desde principios de 2020, el proyecto Arroyos Libres investiga la faz subterránea de las ciudades, especializándose en lo relativo a sus cursos de agua enterrados, y convertidos mayormente en servicios a la población, tales como desagües, redes pluviales y cloacas.
Ha sido propio de muchas civilizaciones humanas reducir a la servidumbre a los arroyos y ríos. Principalmente, se los emplea como recurso y como vertedero de residuos y efluentes.
Pero, también, forman parte del sistema pluvial y, en los peores casos, quizás por algún mal karma que arrastran sus aguas, han sido obligados a conformar el sistema cloacal.

Una razonable advertencia, en el arroyo Los Berros.
Volviendo a Arroyos Libres, el proyecto comenzó recabando y publicando información sobre la ciudad de Buenos Aires.
Pero, al poco tiempo de iniciado, se fue ampliando notablemente.
Esto sucedió al notar que, entre fines del siglo XIX y principios del XX, la mayor parte del planeta aplicó la misma solución (el ocultamiento), ante el “problema” autoinflingido de tener molestos cursos de agua, que reaccionaban tras ser violentados por el aterrizaje de un pueblo encima, con escasa o nula planificación urbana.
Los diversos hallazgos, fotos, anécdotas, mapas e historias fueron siendo goteados, de modo disperso y no demasiado metódico, en redes sociales, con mayor preponderancia en las cuentas de Instagram y de X (en ambos casos, con el usuario @arroyoslibres).
¡Estás pisando un arroyo!

Una serie de artículos, publicados en el boletín del Consejo Profesional de Ingeniería Civil de Argentina, tuvieron su edición como libro digital, bajo el ingenioso título “Arroyos de Buenos Aires. Enterrados, pero vivos”. En 2023, una versión corregida de ese volumen, logró plasmarse en una tirada impresa.
El reconocimiento a los relatos y visibilización que Arroyos Libres aporta a temas que no contaban prácticamente con divulgación, la buena recepción del libro anterior, y la recopilación e investigaciones llevadas a cabo durante los últimos 4 años, nos dieron abundante material para arribar al ejemplar que usted hojea entre sus manos, en este preciso instante. Si bien este volumen es bastante más extenso que su antecesor, y se ha organizado en más capítulos temáticos interrelacionados, los lectores pueden sumergirse en sus páginas en el orden que les plazca.

Bucólica imagen del recuperado
Parahiku Stream.
El libro no es un laberinto, las tramas no son rebuscadas, y no se perderán personajes ni hechos cruciales si andan saltándose capítulos.
Esperamos que el bonito objeto que tienen entre manos, amorosamente ensamblado, desde la fantástica ilustración de tapa (inspirada por Fábrica de Estampas), hasta la selección de imágenes y textos que lo componen (los textos ajenos, principalmente), sea de su agrado.

El autor del libro, posando con una creación de Fábrica de Estampas.

Si hay magia en este planeta, está contenida en el agua.
- Loren Corey Eiseley
Los seres humanos estamos conformados por un porcentaje de moléculas de agua, que varía entre el 70 y 80 para bebés y niños, hasta algo menos del 50% en ancianos.
Una medusa es un 95% agua. Una manzana, 84%. Y 60% un elefante.
En ríos, arroyos y otros cuerpos de agua, aunque se encuentren altamente contaminados, el porcentaje de H2O es prácticamente 100.

Porcentaje de agua presente en algunos organismos.
pisando un arroyo!
Según algunos investigadores, pasar tiempo cerca del agua es esencial para lograr un nivel de felicidad elevado y sostenido. Esto puede darse, inclusive, tan solo con escuchar el rumor del líquido.
Las bondades de tener agua cercana incluyen: reducción del estrés y la ansiedad, una sensación general de bienestar, disminución de la frecuencia cardíaca y respiratoria, estimulación de la creatividad y hasta una mejora en la calidad de las conversaciones.
Parece ser que la proximidad al fundamental líquido inunda el cerebro con hormonas para sentirse bien, como la dopamina y la oxitocina.
A su vez, los niveles de cortisol, la hormona del estrés, disminuyen.
Y no se trata de estar solamente cerca del mar: los efectos benéficos de un cuerpo de agua se manifiestan tanto si se trata de ríos, arroyos, lagos, embalses, cascadas o el líquido que citan los autores como “agua domesticada” (las piscinas y afines).
El sonido también ayuda. “Ya sea golpeando contra un bote, las olas rompiendo en la playa o el gorgoteo de un arroyo. Es un ruido que no exige tu atención, pero llama tu atención. Los psicólogos lo llaman Fascinación Suave.”
La presencia de cuerpos de agua en nuestras ciudades ayuda a reducir la contaminación acústica, debida al tráfico o a la construcción.
Una superficie notable de agua absorbe o desvía las ondas sonoras, reduciendo así el ruido; además, brinda el efecto tranquilizador que mencionamos anteriormente.
Los beneficios físicos, ecológicos, económicos, cognitivos, emocionales, psicológicos y sociales de los océanos, vías fluviales, arroyos y parientes depende, en gran medida, de que las aguas sean seguras, limpias y saludables.
Súmenle a esto que, con agua más o menos limpia y la vegetación adecuada, empiezan a convocarse especies animales que hacen sonidos bastante agradables, como zumbidos, trinos, graznidos y otros.
¡Estás pisando un arroyo!

En otro orden de cosas, es abundante la literatura que asocia el rumor del agua en movimiento con la libertad.
Tomando casos extremos, la recurrente vandalización de instalaciones sanitarias en espacios públicos, nosocomios y cárceles tiene una motivación que pareciera estar arraigada en esa sensación de libertad que proporciona el rumor del agua en movimiento.
Hasta aquí, un poco de teoría.
Pero, la realidad de los ríos y arroyos del AMBA dista bastante de un cúmulo de bonitas palabras e investigaciones.
En general, la provisión de agua potable proveniente de ríos y arroyos, fue determinante para que se establecieran y desarrollaran las primeras colonias sedentarias de humanos. Esto fue, en efecto, lo que sucedió en la fundación de la primitiva Buenos Aires, con el Río de La Plata y el Matanza-Riachuelo como principales cursos de agua cercanos.
Ríos y arroyos eran disfrutados como sitios de recreo, para pescar, nadar, lavar ropa y para proveernos de agua potable. Hace menos de un siglo, prácticamente todos los cursos de agua del conurbano bonaerense cumplían aún todas esas funciones.

pisando un arroyo!
Balneario de Costanera Sur, en 1936, por Horacio Coppola.

Adicionalmente, los arroyos se empleaban para transportar las basuras domiciliarias: al estar dotados de un buen caudal durante los días lluviosos, los vecinos los aprovechaban para que transportaran los residuos lejos de sus casas, en tiempos en que no estaba siquiera pensado un sistema eficiente de recolección.
Al establecerse las primitivas industrias relacionadas con el ganado vacuno (mataderos y saladeros), y luego otras más sofisticadas (textiles y curtiembres), el agua comenzó a ser usada como insumo, y para descarte de efluentes.
Así fue que, a medida que la urbanización crecía, y por el mero hecho de “vivir” en una ciudad, la mayoría de los cursos de agua tuvieron que ponerse a trabajar.
¿Y qué mejor trabajo para ellos que hacerlos formar parte de las conducciones pluviales, cloacales o como mágicos desaparecedores de residuos?

La intervención humana, fabricando inundaciones (@arvoreagua)
pisando un arroyo!
Si bien no está permitido ingresar a las modernas redes de desagües pluviales nada más que agua de lluvia, no es extraño que existan conexiones clandestinas y derivaciones de piletas de cocina, duchas, inodoros, comercios barriales, estaciones de servicio y, por supuesto, algunas industrias. Todo esto se convierte en una mezcolanza contaminante, difícil de tolerar para un cuerpo de agua.
Por otro lado, todo lo que tiramos o diluimos en una zanja, en las calles o en las veredas, tiene como destino la alcantarilla o boca de tormenta más cercana, cuyos conductos descargan (o son) un arroyito.
Luego, esas basuras son entregadas a un río y, eventualmente, al mar.
Ya no existen dudas de que esas grandes cantidades de contaminantes antropogénicos, orgánicos e inorgánicos, desestabilizan los ecosistemas de los cuerpos de agua urbanos y afectan su calidad. Un aspecto sensorial muy notable, quizás el que más nos afecta a los humanos, es el mal olor que presentan muchos de los ríos y arroyos que tenemos hoy en nuestras ciudades.
Despreciamos los cursos de agua, una vez contaminados (A cidade e o rio, de Carolina Nunes)

pisando un arroyo!
El azufre, nitrógeno y carbono son tres de los elementos que más contribuyen a generar olores desagradables, debido a la formación de compuestos cuyos deliciosos aromas varían desde el amoníaco a los cadáveres en descomposición, debido a la acción de microorganismos.
Las bacterias y otros organismos consumen materia orgánica y respiran oxígeno para producir energía, modificando la presencia y distribución del mismo. El oxígeno disuelto en el agua es absolutamente esencial para la supervivencia de todos los organismos acuáticos y con su correcto balance es mucho menos probable encontrar aguas apestosas.
Por otra parte, el chocante oscurecimiento de las aguas suele ser aportado por otros elementos, como el hierro y el manganeso.
Estas condiciones empeoran al tener entubado a un arroyo (casi seguro, porque lo contaminamos tanto, que provocamos su mal olor y el oscurecimiento de su curso).
Convengamos que estar confinado dentro de un caño, no ayuda en nada a que las aguas tengan contacto con el sol, puedan airearse razonablemente, y recuperar algo del oxígeno disuelto perdido.
Todo lo anterior es un cóctel que da como resultado una importante pestilencia en nuestros cursos de agua urbanos y que, además de dañar sus funciones ecológicas, afecta a la salud física y mental de quienes residen en sus márgenes y de aquellos que los visitan.
El Informe de Calidad del Agua del Riachuelo, publicado en Junio de 2023 por la Agencia de Protección Ambiental (AprA) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, presentó los resultados de muchos parámetros medidos en las 3 estaciones que tiene la Capital en su curso (en los puentes Alsina, Nicolás Avellaneda y La Noria).
El líquido que corre por allí, si bien sigue siendo agua, ya no es tan mágico como citaba la frase de Loren Eiseley.
A menos, claro, que busquemos transformar mágicamente a un organismo sano, en uno enfermo.
¡Estás pisando un arroyo!

Agua no demasiado potable.
¡Estás pisando un arroyo!
De las numerosas mediciones efectuadas por la APrA, hemos seleccionado 3 parámetros:
1) PH: El menor valor se dio en el Destacamento de PNA-Transbordador Nicolás Avellaneda. Todas las estaciones presentaron PHs cercanos a 8 (buena noticia: se hallan dentro de los límites normativos).
2) Hidrocarburos de petróleo y nitratos: Los números cumplieron con el estándar para la utilización en actividades recreativas pasivas (esto es, que se realicen SIN contacto con el agua)
3) Oxígeno Disuelto (OD): En Puente Alsina se registró el mayor valor promedio (1,8 mg O2/L) y el mínimo fue en Puente La Noria (0,8).
Estas concentraciones no permiten un desarrollo de la biota adecuado: las condiciones para sustentar vida acuática comienzan a ser favorables a partir de tenores de Oxígeno Disuelto del orden de 4 a 5 mg/L.
La penosa y compleja situación del Riachuelo ha mejorado sensiblemente los últimos 15 años, por las acciones que la Autoridad de Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) ha realizado en este curso de agua, para intentar recomponer el daño ambiental que ha sufrido durante siglos.
En lo que respecta a los arroyos porteños, las investigaciones acerca de la contaminación de sus aguas no son precisamente abundantes, ni mucho menos están disponibles al público. Por eso, es destacable el trabajo que realizó la Licenciada en Ciencias Biológicas Cornelia Witschi, quien hace pocos años desarrolló su tesis sobre este tema.

Trío de Chironomidae.
¡Estás pisando un arroyo!
En su trabajo, se analizaron comunidades de macroinvertebrados bentoníticos. Se trata de seres con tamaños lo suficientemente grandes como para lograr ser vistos sin el uso de microscopios (miden generalmente más de 0,5 mm de largo), que suelen habitar ecosistemas acuáticos.
A estos pequeñines se los utiliza, con frecuencia, en estudios relacionados con la contaminación de los ríos, como indicadores de las condiciones ecológicas o de la calidad de las aguas.
Los análisis se realizaron estacionalmente durante un año, en las desembocaduras a cielo abierto de los arroyos Cildáñez, Raggio, Medrano y Ugarteche, para evaluar cambios en la presencia, estructura y composición de estos animalitos, y relacionarlos con la polución del líquido.
Los 4 arroyos mencionados están mayormente entubados, y 3 de ellos reciben líquidos cloacales, con fuerte carga de materia orgánica. Las aguas también son receptoras de efluentes industriales, siendo el arroyo Medrano el más afectado por descargas de fábricas textiles.
Se identificaron organismos con diferentes tolerancias conocidas a la contaminación, para evaluar la calidad biológica del agua, utilizando el índice IBPamp (índice biótico para arroyos Pampeanos).
En general, se obtuvieron valores bajos de dicho índice, lo cual representa un estado de los arroyos definido como “muy contaminado”.
La Lic. C. Witschi, en plena toma de muestras.

¡Estás pisando un arroyo!
El IBPamp se determina en un rango de 1 a 13, en función de la presencia de grupos de macroinvertebrados, y se clasifican los cuerpos de agua entre “No contaminados” (de 10 a 13), y “Muy contaminados” (1 a 3).
Existen marcadas diferencias entre los cursos de agua analizados, en cuanto a la diversidad específica y la abundancia de los ejemplares que se hallaron durante el estudio de referencia.
Al ser el Raggio el más diverso y abundante, puede considerarse como “moderadamente contaminado”, en una variante del índice. Este “mérito” logra que el contacto con sus aguas sea tolerable para la salud, aunque no se recomienda una exposición prolongada.
El Cildañez, el Ugarteche y el Medrano no escapan a la categoría “muy contaminado”, siendo únicamente recomendadas las actividades recreativas pasivas (contemplación) en sus inmediaciones.
El orden citado en el párrafo anterior es el que mantienen los arroyos, luego del Raggio, en cuanto a una diversidad y abundancia descendente de macroinvertebrados bentoníticos, hasta culminar en el que se encuentra en peores condiciones: el Medrano.
Justamente fue en este último curso de agua sobre el cual, en 2019, la Municipalidad de San Martín realizó un muestreo en 5 puntos de su cuenca, que se halla totalmente entubada en este partido de la Provincia de Buenos Aires.
Los puntos de medición se determinaron en el límite con Tres de Febrero, en Villa Lynch y en Villa Maipú.
Allí se registraron altos valores de pH, Oxígeno Disuelto, Conductividad, Sólidos Disueltos Totales, Nitritos, Nitratos, Amonio, Fósforo, Cloruro, DBO, DQO, y Bacterias Coliformes Totales.
En líneas generales, y salvo unas pocas excepciones, todas las mediciones superaron los parámetros establecidos por las normas.
¡Estás pisando un arroyo!

y análisis en el Municipio de San Martín.
Como consecuencia casi obvia, en el hipotético caso de decidir recuperar algún tramo de este arroyo a cielo abierto, sin tratar sus aguas, sólo deberían permitirse actividades recreativas pasivas.
¡Estás pisando
arroyo!
Amigos míos: no se vuelvan adictos al agua. Se adueñará de ustedes y se molestarán con su ausencia.
- Immortan Joe (Película “Mad Max: Fury Road”)
Cuando hablamos de “Buenos Aires” a quienes no son naturales del país, o no tienen demasiado conocimiento sobre el tema, es adecuado aclararles que existe una ciudad de Buenos Aires y, también, una provincia de Buenos Aires.
Los locales generalmente nos limitamos a distinguirlas, simplemente, como “Capital” y “Provincia”.
La falta de originalidad en los nombres es fuente de confusiones, pero llevamos casi 150 años así, y a nadie parece importarle.
La actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires se constituyó como Capital Federal de la República Argentina el 6 de diciembre de 1880, fecha en que fue promulgada por el presidente Julio Argentino Roca la Ley 1029, de Federalización.
Ello acarreó la separación entre la ciudad de Buenos Aires y la provincia homónima.
Los cambiantes límites porteños.

pisando un arroyo!
Hasta ese momento, y desde el primer asentamiento de colonos españoles en 1536, la aldeapueblo-ciudad había tenido límites imprecisos y cambiantes.
No sabemos todavía en dónde se situó aquel primer emplazamiento, ya que no hay hallazgos arqueológicos ni pistas claras.
El soldado y escritor Ulrico Schmidl, que participó de aquella expedición y la describió en una crónica, solamente menciona que se creó una población en la desembocadura de un cierto río, en el Río de la Plata.

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Las mutaciones y varianzas continuaron desde la Fundación del 11 de junio de 1580, cuando la expedición de Juan de Garay estableció la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre.
Es decir, que la metrópolis que hoy conocemos, tomó su nombre de lo que empezó siendo su puerto.
El asentamiento que fundó Garay se desarrollaba entre los bordes norte y sur que determinaron dos arroyos: el Tercero del Norte – Zanjón de Matorras (con desembocadura en el Pasaje Tres Sargentos y Avenida Leandro Alem) y el Tercero del Sur – Zanjón de Granados (que desembocaba entre las intersecciones del Pasaje San Lorenzo y calle Chile, con la Avenida Paseo Colón).
Los arroyos porteños presentaban las características propias de los cursos de llanura: cortos, con bajos caudales permanentes (agigantados en tiempos de lluvias), recorridos irregulares y amplios valles de inundación.

Niveles de susceptibilidad a inundaciones.
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En época de la colonia, donde estaba emplazado el Fuerte (hoy, Casa Rosada), la barranca era particularmente abrupta, sobre todo en su lado norte.
Dado que faltaban varias décadas para tener muelles competentes, los carruajes de la época accedían por la actual Avenida Belgrano, para poder descender a la playa y realizar el transbordo de pasajeros desde embarcaciones menores. De lo contrario, tenían que trasladarse más allá de la Av. Córdoba.
La barranca es el principal accidente geográfico porteño, seguida por las llanuras de inundación de los arroyos, aunque sólo un puñado de ellas tenían alguna notoriedad dentro del paisaje.
IMAGEN 6 1883 Rio de La Plata Balcarce y Alsina
En épocas de arroyos y ríos a la vista, eran varias las profesiones que se desarrollaban dentro del agua y cerca de ella.
Desde el siglo XVII y casi hasta fines del siglo XIX, proliferaron en el Río de la Plata los clásicos aguateros y las lavanderas.
Los aguateros eran proveedores de agua potable a domicilio, que se aprovisionaban a pocos metros de la costa.

Costa del Río de la Plata en 1883 (Balcarce y Alsina) – AGN
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Algunas de esas orillas eran compartidas por las lavanderas de ropa, que generalmente eran esclavas, aunque, con el tiempo, se volvió una labor cuentapropista.
En el gran río existió, por muchos años, el oficio de cochero de carretas, fundamental para embarcar y desembarcar personas y mercaderías. Los porteños (de Buenos Aires) no tuvieron un puerto decente, prácticamente hasta 1900.
Otro empleo menos conocido fue el de junquero: esto es un recolector de juncos, en las desembocaduras de algunos arroyos (el Vega tuvo su Puerto Churrinche, que comerciaba con el del Tigre).
La aldea-ciudad se expandió muy lentamente, entre sus bordes de barranca y zanjones: partiendo de unos 300 pobladores iniciales, en 1580, los sucesivos censos arrojaron 24.000 personas en 1779 y unas 45.000 en 1810, año del primer gobierno patrio.
Al norte del casco histórico, se encontraba el arroyo porteño más famoso, muy caudaloso en tiempos de lluvias, y que resultaba una restricción casi insalvable.
El impetuoso arroyo de La Maldonado fue límite oficial capitalino hasta 1887, cuando se anexaron como barrios los pueblos de Belgrano y Flores.
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Pero, por la intransitabilidad que daba a Palermo y Villa Crespo durante sus crecidas, continuó materializándose como una frontera por varias décadas más.
Faltaría casi medio siglo para que fuera totalmente entubado, por las obras que se desarrollaron entre 1929 y 1933.

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Como curiosidad, existió (al menos en los papeles) una megalópolis en dimensiones, aunque casi sin habitantes: tanto en 1826, como en 1853, una Buenos Aires grandilocuente definió sus territorios entre el Río de Las Conchas (actual Reconquista), al norte, y el Río Santiago (hoy, en la ciudad de La Plata).
Esta ciudad gigante se adentraba en las aguas del Río de la Plata, e incluía entre sus dominios a la Isla Martín García.

Una mega Capital Federal, nunca materializada.
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Pero los arroyos no respetan límites jurisdiccionales: de hecho, el Medrano, Maldonado y Cildáñez nacen fuera de la actual Avenida General Paz y sus cuencas respectivas abarcan Capital y Provincia. Cuando la autopista de circunvalación porteña era un proyecto, que inclusive llegó a tener interesantes opciones de ser una vía fluvial, los cartógrafos podían brindarnos preciosos documentos, por ejemplo, del Medrano y sus afluentes luciendo sus meandros sin preocuparse por el cambio de municipio.
Hacia fines del siglo XIX se presentaron algunos interesantes proyectos que, mediante canalizaciones y sistemas de esclusas, buscaron adaptar algunos de los impredecibles arroyos porteños.
Buscaban convertirlos, de red fluvial semisilvestre, a un sistema de vías navegables que vinculara el Río de La Plata y el Riachuelo.
Hacia 1882, los ingenieros franceses Alfred Ebelot y Paul Blot elaboraron su “Canal de Circunvalación de la Ciudad de Buenos Aires y Puerto de Cabotaje”. Canalizarían el Maldonado, entre su desembocadura y el partido de Ramos Mejía, y lo dragarían, para mantener una profundidad acorde a la navegación comercial de la época, con un mínimo de 2,5 metros.
Se planeaban dos reservorios de agua (lagunas Norte y Sur), que permitirían almacenar los excedentes producidos por las crecidas del Río de La Plata. Con el agua así recogida, se mantendría la viabilidad del canal en épocas de seca.
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Un canal secundario, construido entre el Riachuelo y el río de las Conchas abastecería el depósito de agua correspondiente al tramo final del Canal de Circunvalación.
Para la época, existían instalaciones en los precarios muelles levantados, en la boca del Maldonado, durante la época de Rosas. Los ingenieros franceses planeaban la construcción de un puerto superador de éstas (Portalis), con dársenas, depósitos, almacenes y talleres para reparación de buques.
Adicionalmente, se construiría un muro de defensa entre la desembocadura del Maldonado y la Dársena Norte (Fábrica de gas), el cual sería el límite para nuevas tierras ganadas al río, que se iban a generar con la tierra movilizada por las excavaciones de los canales.
Hubo un proyecto similar, que llegó más lejos: en el año 1889, el Honorable Congreso de la Nación Argentina votó la Ley N° 2676, la cual señalaba en su articulado lo siguiente.
Autorízase á los Sres. Wenceslao Villafañe y Cía, para hacer un puerto de abrigo en el Arroyo Medrano, y construir dos canales de navegación, uno que partiendo de la desembocadura del citado Arroyo Medrano, termine en el Paso de las Piedras en el Riachuelo de Barracas; y otro por el Arroyo Maldonado, que arrancando del puerto Portalis en Palermo, venga á empalmar con el anterior en un punto cerca de Ramos Mejia.
El canal previsto tendría de 20 a 30 metros de ancho y de 2 a 5 metros de profundidad.
La ley incluía la apertura de dos avenidas laterales “de 5 metros de ancho empedrada y otra de 15 metros de ancho macadamizada”, más un boulevard de césped, con canteros para tres hileras de árboles.
Se completarían las obras con un sistema de tranvía, teniendo la precaución de liberar terrenos en un ancho de “136 metros que quedan sujetos a expropiación, midiendo desde el centro del canal y comprendidas en esta extensión los terrenos necesarios para los Canales, Ribera, y Avenidas.”
Ninguno de estos proyectos logró avanzar, debido al colapso económico argentino de 1890 (“La crisis de Baring”).
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Se trató de una crisis machaza, que hizo quebrar al Banco Nacional y al Banco de la Provincia de Buenos Aires, y a la cual el historiador Felipe Pigna denomina “el primer default argentino”
La última oportunidad que tuvo este tipo de iniciativas fue en 1924.
El concejal Remigio Iriondo, contrario al entubamiento del Maldonado, presentó un proyecto de ley similar a los antedichos, ante el Concejo Deliberante de la Municipalidad de Buenos Aires.
En su versión, los anchos previstos eran menores (35 m de zona ribereña), y el concejal declaraba al respecto:
Abrir un canal navegable, que pusiera en comunicación Palermo con el Riachuelo es procurar para la ciudad uno de los mejores espectáculos de belleza, e incorporar a su economía un elemento de mayor y positivo beneficio. Aparte del abaratamiento de los productos que de esa manera llegarían directamente al consumidor, permitirá establecer una verdadera justicia en cuanto al valor de la propiedad se refiere.
Algunos medios de la época, para fomentar el ocultamiento bajo tierra, hablaban del Maldonado como “el arroyo de juguete”.
Denominación que se volvió necia con los años, cada vez que una tormenta considerable hacía que las aguas reclamasen el territorio que habían poseído.
Lógicamente, una convivencia con los arroyos urbanos habría cambiado de manera notable la fisonomía de la ciudad que hoy transitamos.
Por supuesto, esta permanencia de las aguas se enmarcaría en el paradigma predominante en su tiempo: una naturaleza tolerada dentro de la urbe, a la cual la raza humana podía “domesticar”, produciendo “prolijidad” y “belleza” en el paisaje.
De estar presentes esos canales, hoy en día podrían ser rediseñados y mejorados, según criterios actuales.
Pero ninguno de estos proyectos se materializó y, en nuestros días disponemos de muy pocos vestigios en superficie de los arroyos y ríos urbanos de la ciudad de Buenos Aires.
Las excepciones a esto son el Riachuelo y el Río de la Plata.
En el nombre del Riachuelo advertimos, bien sea el desprecio de antigua data que los porteños tenemos a los cursos de agua, o bien que el Río de la Plata torna insignificante a cualquier competidor.

¡Estás pisando un arroyo!
La ciudad tiene esa doble costanera, y la ha negado doblemente: el Río de la Plata y el Riachuelo han sido menospreciados y contaminados durante siglos, y tan solo en los últimos años se aprecian voluntades y tareas que están consiguiendo una tímida recuperación de sus márgenes, para el disfrute de los habitantes.
Si bien 5 barrios porteños tienen una costanera sobre el Riachuelo, y otros 7 la poseen sobre el Río de La Plata, prácticamente ninguno de ellos puede presumir de tener una vista, ni un acceso privilegiados a esas aguas.
Luego de la federalización de la ciudad de Buenos Aires, se truncó la posibilidad de expandirse ilimitadamente hacia la Pampa infinita.
Por ello, las acreciones de terreno útil se efectuaron con rellenos sucesivos de la costa del Río de la Plata, que continúan hasta nuestros días.

Etapas de rellenos costeros (R.E. Pérez García. Adaptado de P. Tarás Holocwan)
pisando un arroyo!
Esta práctica adicionó casi un 15% a la superficie original de Capital Federal, pero logró conseguir que la costa fuera, paradójicamente, más accesible desde el agua, que desde la llanura, para la gran mayoría de sus vecinos y visitantes.

Algunas desembocaduras de arroyos en la costa del Río de la Plata, superpuestas a la línea costera de 1895.
El plan Buenos Aires Costa ha facilitado algunos accesos al gran río, a partir del año 2023, y tiene previsto desarrollar un esquema de parques costeros de 75 hectáreas, que sumarían 25 kilómetros de frente acuático, disponibles para la población, aunque sin contacto permitido con el agua.
¡Estás pisando un arroyo!
En el caso del Riachuelo, pese a existir avances en el desarrollo de un paseo costanero a ambas márgenes, los visitantes no suelen acercarse en cantidades (con la excepción de Vuelta de RochaCaminito), principalmente por los olores nauseabundos que persisten en casi todo el curso. Es admirable el esfuerzo del Club de Regatas de Avellaneda que, con sede en la orilla de Provincia, desarrolla actividades de remo.
En cuanto al Río de la Plata, estamos por cumplir 50 años desde que se dictó la prohibición de sumergirse en él.
La Ordenanza Municipalidad N° 32.716, de 1975, declaró la emergencia sanitaria y prohibió bañarse en sus aguas.


Actividades prohibidas en la Reserva Ecológica Ciudad Universitaria.
Art. 1. Declárase zona de emergencia sanitaria a las playas ubicadas en la ribera del Río de la Plata y delimitadas por las avenidas Costanera Norte y Sur.
Art. 2. El Departamento Ejecutivo tomará los recaudos pertinentes, con fines de no permitir el acceso del público a las aguas del río, instalando un cordón sanitario y leyendas que establezcan la prohibición de tomar baños en dichas aguas.
Art. 3. El Departamento Ejecutivo, asimismo, llevará a cabo una campaña de esclarecimiento público, haciendo conocer las razones de la prohibición y los peligros que para la salud pública significa no acatar estrictamente lo establecido en los artículos 1° y 2°.
Art. 4. Exclúyese de las normas indicadas el uso de playas y lugares aledaños para su recreación y esparcimiento.
Cabe destacar que, aún en la actualidad, no está debidamente resuelta la frontera acuática de la ciudad sobre el Río de La Plata.
Según indica en el Artículo 8 de la Constitución de CABA, del año 1996:
Se declara que la ciudad de Buenos Aires es corribereña del Río de la Plata y del Riachuelo, los cuales constituyen en el área de su jurisdicción bienes de su dominio público.
Tiene el derecho a la utilización equitativa y razonable de sus aguas y de los demás recursos naturales del río, su lecho y subsuelo, sujeto a la obligación de no causar perjuicio sensible a los demás corribereños.
(…)
Todo ello, sin perjuicio de las normas de derecho internacional aplicables al Río de la Plata y con los alcances del Artículo 129 de la Constitución Nacional.
Veamos ahora qué fue sucediendo con las principales vías fluviales del AMBA.
Hasta mediados del siglo XX, la calidad de las aguas de los ríos Matanza-Riachuelo, Reconquista y Luján era relativamente buena.
Las orillas de estos cursos de agua eran sitios de esparcimiento para las familias, vecinos y visitantes, quienes los disfrutaban para bañarse, nadar y hacer deportes.
Durante las décadas de 1940 y 1950, diversas circunstancias sociales promovieron una intensa migración desde el interior de las provincias, hacia la periferia de las grandes ciudades (Capital Federal, especialmente).
Numerosas industrias se asentaron entonces en las inmediaciones de los ríos del Conurbano Bonaerense, aprovechando la conjunción de varios factores altamente favorables:
• Terrenos de bajo precio.
• Proximidad a la Capital.
• Existencia de una densa red de transporte público, con varios ramales ferroviarios.
• Presencia de cursos de agua para volcar los efluentes.
• Falta de control sobre las operaciones inmobiliarias, que lotearon terrenos ubicados dentro de los valles de inundación, surgiendo barrios y pueblos en sitios donde nunca se deberían haber permitido viviendas.

Cuenca del Río Reconquista, con mancha urbana y localización de industrias.
Captura y remoción de algunas basuras del Reconquista.
Así, en pocas décadas, los ríos pasaron de un estado aceptable a una situación de enorme deterioro.
De hecho, algunos sectores figuran entre los más contaminados de América del Sur (y del mundo).

Y las inundaciones en los barrios se convirtieron en imágenes tristemente célebres, que pudieron haberse evitado con una adecuada planificación urbana.
Una de las frecuentes inundaciones en Nueva Pompeya (1912).

¡Estás pisando un arroyo!
Fue así que muchos de nuestros arroyos y sus afluentes, convertidos en chivos expiatorios, fueron entubados y condenados a formar parte de la red de desagües pluviales.
Con la aparición de los entubamientos, se generó una nueva profesión: los buscadores de tesoros subterráneos.
Esos “técnicos-cirujas” u “hombres sapo” de los pluviales porteños conocían la red de cañerías, tanto como los ingenieros de Obras Sanitarias que las construyeron, y eran sumamente hábiles.

Los “mudlarks” londinenses, que serían simples “cirujas” criollos.
¡Estás pisando un arroyo!
Practicaban pozos en el fondo de los conductos, para que los objetos no rodaran y quedaran depositados ahí.
Su trabajo consistía en ir, días más tarde, a verificar los elementos que habían quedado en esos huecos.
Estaban asociados en una cofradía, para repartirse el botín, y antiguamente tenían su campamento de concentración cerca de las desembocaduras de Palermo (Maldonado) y Belgrano (Vega).
Retornando a las obras realizadas, la infraestructura, si bien es importante, resulta una medida paliativa para mitigar el problema de las inundaciones.
Son escasos en el mundo los sistemas de desagüe que puedan evacuar una precipitación de 50 milímetros en una hora, que hoy en día no es infrecuente en Buenos Aires.

Paso bajo nivel de calle Yatay, en la “Lluvia del siglo”, de 1985 (Roberto Ruiz).
pisando
La red pluvial actual estaría en condiciones de desagotar 60 mm/h, contra los 30 de capacidad que se disponía en 2007. Hablamos de poder evacuar una lluvia de esas características, siempre y cuando las alcantarillas se encuentren libres de basura y los conductos subterráneos estén desobstruidos y puedan funcionar a sección plena.
Es importante destacar el incremento observado en las precipitaciones máximas en las últimas dos décadas y en la intensidad de las mismas en períodos breves.
Si bien las lluvias en la ciudad se mantienen en torno a los 1.250 milímetros anuales, 8 de los 12 meses con precipitación máxima histórica se han producido a partir del año 2000. En tanto que 4 meses, desde dicho año, han obtenido el récord de precipitación máxima diaria.

Museo Casa de Yrurtia, a orillas del entubamiento del arroyo Vega (2012).
Las obras civiles clásicas que podrían evitar inundaciones, con lluvias así, son técnicamente realizables, pero antieconómicas. Sería razonable implementar soluciones complementarias, vinculadas a la naturaleza, las cuales vienen desarrollándose con buenos resultados en otras naciones.
¡Estás pisando un arroyo!

