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la rara

revista literaria

año 2013. número 3

Artíc ulos : José Sánchez Sanz, Carlos Serrano, Angelita F.M, Esther Benavente

Re latos: Domingo López, Lara Moreno, F. Lefer

Poesía: Ana Patricia Moya, Yolanda Ortiz, Marcos Binder, Sonia San Román, Miguel Saporta, María Monjas, Isabel Tejada, Rakel Rodríguez, José Pastor y la colaboración de Pedro Juan Gutiérrez

Ilustraciones: María Torres, Daniella Querol, Juárez, Julio Lebrato

Fracaso y Literatura


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Ilustraci贸n: Julio Lebrato (blog: http://albergadesiertos.blogspot.com.es)

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Ilustración: Julio Lebrato (blog: http://albergadesiertos.blogspot.com.es)

Ilustración de Portada y Contraportada: El Pulque, de Daniella Querol Impreso en: Imprenta Salvador. Tíjola. Almería ©de los autores

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Si quieres que te la mandemos a casa, ponte en contacto con nosotros: edicionesraro@yahoo.es


la rara3 Sacar una revista en papel a día de hoy no es imposible. Pero no es fácil. Es mucho más sencillo ubicarla en los medios virtuales (esta también lo estará) y que sea gratis, que cualquiera pueda leerla. ¿Pero en realidad el hecho de que sea gratis, otorga más lectores? ¿es prueba concluyente de que la gente va a leer más, preocuparse más por los textos o por la poesía? Lo dudo mucho. Por eso (y otras razones) seguimos editando en papel. Los libros y también esta revista son una mínima muestra de lo que se hace, una pequeña selección de gente que escribe, que ilustra o hacen viñetas con un humor que deja una sonrisa arrasada en los labios, gente, en definitiva, que tiene algo que decir. Y tiene su magia hacerlo en una revista que aunque sea barata, tiene un precio. Porque también es importante valorar las cosas y por muy fantástica que sea una tableta, no puede compararse a la sensación de tocar un papel, darlo la vuelta, arrugarlo para leerlo con los brazos en alto, desde la cama, en el sofá, en una roca al borde de un precipicio, en cualquier sitio. Chuparse un dedo y deslizarlo por la hoja, para pasarla suavemente... sensaciones que quedan grabadas en nuestra piel. Mientras podamos, seguiremos editando a papel.

Ilustración: Juárez (blog: http://delirios-falconeti.blogspot.com.es)

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NDICE:

Artículos:

- El ojo público - El lector inactual (José Sánchez Sanz) - Literatura y Fracaso (Carlos Serrano) - La educación no es inocente (Angelita F.M) - La piel tiene memoria (Esther Benavente)

Relatos:

- F. Lefer “Un día en la piscina” - Lara Moreno “La indulgencia” - Domingo López “En todos los cines”

Poesía:

- Ana Patricia Moya - Yolanda Ortiz - Marcos Binder - Sonia San Román - Miguel Saporta - María Monjas - Isabel Tejada - Rakel Rodríguez - José Pastor - Pedro Juan Gutiérrez

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El ojo público Rakel RaRo Yo quería hablar del fracas. porque da mucho juego y tiene muchos matices que conviene recordar. Yo quería hablar de ese fracaso, tan vilipendiado y demonizado, del que renegaban especialmente quienes querían el éxito a toda costa, muchas veces confundidos por lo que significaba esa palabra éxito. Una palabra en la que se pretendía englobar las ilusiones de alguien y hacerle creer que sus aspiraciones económicas eran las mejores aspiraciones (por no decir las únicas). Eso ya era y es un fracaso para quienes teníamos otras aspiraciones mucho más altas y mucho más pobres. Quería hablar de ese fracaso que consiste en buscar en tu vocación y luchar por lo que te gusta y hacer de ello tu forma de vida, mantenerte a flote y seguir. Eso implicaba muchos problemas y dificultades en el día a día, pero también un estado de viveza y de alerta máximas. No había lugar para el acomodo, había que mantener algo mucho más importante: la ilusión, la necesidad por eso que te sujetaba a este mundo. Porque de no ser por ESO (llamadlo literatura, llamadlo equis) ¿qué había de interés en este mundo que ya no entendías antes y sigues sin entender ahora? Todo eso que para unos era un fracaso, para otros era todo lo contrario, no llegaría a tanto como decir éxito pero sí algo que te hacía sentir que de algún pequeño y extraño modo estabas haciendo lo que tenías que hacer porque lo deseabas, aunque no tuvieras para irte de copas, ni para comer ni cenar en restaurantes ni para viajar por el mundo. Entonces tal vez no lo sabíamos, pero eran nuestros principios y una forma de vida. Y luego el mundo pasó por encima. Y los que habían tocado el éxito nos jodieron la vida. Y por eso este número, porque ahí detrás, hay mucha gente viviendo de otra forma y luchando para cambiar las cosas (no volver a lo mismo, sino cambiarlo todo). Y por eso hacer un número sobre ese fracaso que enseña, del que aprendes a levantarte, al que le buscas las cosquillas y sacas a bailar, con grandes canciones como “The magic moment” de Lou Reed o “Feeling good” de Eels o te lo lees de un tirón como ese librazo, “Hambre” de Knut Hamsun, maravilloso, o uno cualquiera de John Steinbeck (es tan bueno, que puedes elegirlo al azar). O te partes de risa con un buen cómic como cualquiera de los de Guy Delisle o de dolor con los de Joe Sacco o te recitas una y otra vez los versos de tus poetas favoritos como Miguel Hernández o Fonollosa o Gloria Fuertes. Todo eso.

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El lector inactual José Sánchez Sanz 3. Lomos cortados y falsos cosidos. "¡Es lamentable! Es deprimente!" El Lector Inactual se irrita cada vez que, en la librería, se encuentra un libro guillotinado. Se va imponiendo el uso editorial de poner portada a un montón de hojas sueltas encoladas y vender eso como libro. "¡Práctica funesta! ¡Sacrifican el cuadernillo! ¡Los libros ya no pueden encuadernarse dignamente!" Si un libro está constituido por cuadernillos cosidos o por hojas sueltas engomadas es algo que puede verse a simple vista, mirando el lomo por la parte superior o inferior. Pero la industria editorial ha desarrollado procedimientos perversos para ocultarlo. Ya hace tiempo que hay libros cubiertos con una tapa dura que da la apariencia de encuadernación, pero que no están cosidos, sino con ese pegado deficiente que encoleriza al Inactual. Últimamente, cada vez más, algunas editoriales, conscientes de tal vileza, la disimulan con otra aún mayor: fingen la apariencia de cosido dejando en las partes superior e inferior de sus libros una curvatura que da la impresión de ser la de los cuadernillos cosidos, aunque en realidad no hay tales cuadernillos. Para no dejarse engañar por esta argucia hay que proceder a una verificación más detenida: abrir el libro y comprobar si en el centro de los supuestos cuadernillos se ve o no el hilo que los cose. El Lector Inactual se ha propuesto eludir este fraude sometiendo cada editorial a un severo escrutinio y revisando todo libro con una rigurosa verificación. Su empeño no deja de ser un entretenimiento, un deporte, pero esa discriminación le sirve como criterio firme de selección: "Libro no cosido, ¡a la mierda!". Este lector es a las veces un tanto energúmeno. ¡Bien está! 4. Lingua Latina

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Entre los libros que todavía conservan una dignidad de factura, he aquí uno que reclama la atención de un Lector Inactual. Y eso a pesar del estigma que desacredita el libro: un adhesivo que afea su portada y tacha la obra de Best Seller. Pero el título atrae la curiosidad: El latín ha muerto. ¡Viva el latín! ¿Qué puede haber más inactual que una lengua muerta? Y su autor, ¡un señor que habla latín como un nativo y que se hace llamar Valahfridus! Wilfried Stroh es su nombre alemán. Profesor de la Universidad de Munich ya jubilado, y uno de los más reconocidos impulsores del renacimiento de "la reina de las lenguas". En este libro Stroh sostiene, entre otras, la tesis de que, si una lengua muere cuando deja de cambiar, enton-


ces el latín murió en tiempos de Cicerón y de Augusto. Sin prejuicio de que posteriormente siguiera viviendo, muerta y todo. Otra tesis del libro es la ya mencionada: que el latín es, para Stroh sin ninguna duda, la reina de las lenguas. El latín ha muerto. ¡Viva el latín! dedica sus trescientas páginas a explicar lo primero y a intentar demostrar lo segundo. Y eso, recorriendo en orden cronológico la historia de esta lengua desde sus orígenes conocidos hasta nuestros días; un final abierto, por lo tanto. Entre medias están, por supuesto, Cicerón y Horacio, pero también San Jerónimo, que cristianizó el latín, Petrarca, que lo hizo renacer tras el paso por el medievo, Erasmo y Comenius, que lo convirtieron en la lengua de Europa, Lutero, que lo sabía muy bien, pese a que protestaba también en alemán, Karl Marx que pasó su examen de acceso a la universidad (en latín, por supuesto) con buena nota, y muchos más, en un relato que no desaprovecha línea, sin abandonar la de la amenidad. (Este texto es una continuidad del publicado en el número 2 de La RaRa)

José Sánchez Sanz, (Madrid, 1959). Licenciado en Filología Clásica en la Universidad de Salamanca y en Filología Alemana e Historia por la Universidad de Valladolid.

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Literatura y fracaso Carlos Serrano

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Fracaso y éxito son antagonistas, como tales complementarios y por tanto, difícil de concebir el uno sin el otro. Son esenciales y recurrentes en la vida, anhelo y decepción, y por tanto elementos imprescindibles en cualquier expresión artística; en su origen, el acto de crear, y en su final, la creación. La literatura como expresión artística es a lo largo de la historia un claro ejemplo de éxitos y fracasos, de autores fallidos y autores ensalzados y de obras triunfadoras y otras relegadas al olvido. Hay una literatura explícita del fracaso, donde éste es el núcleo de lo escrito, ya sea poesía, narrativa o teatro. Del mismo modo que hay una literatura que muestra implícitamente el fracaso; a veces sin proponérselo. La obra más importante de la literatura, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, es paradójicamente un exponente del fracaso. Una obra concebida para ridiculizar y desprestigiar a los libros de caballería, en particular al Amadís de Gaula, que acabó convirtiéndose en el libro de caballería por excelencia. Aunque como resulta obvio es más que una novela de caballería y como puede constatarse su éxito llega hasta nuestros días. Otra obra universal, la de la ballena Moby Dick, de Herman Melville, reúne en su protagonista, el capitán Ahab, ambos elementos. El fracaso como camino hacia el éxito; un armazón básico sobre el que edificar la perseverancia, pero también la senda que conduce a la obstinación, a los territorios de la obsesión. Y el éxito como resultado de superar el fracaso, pero también como un fracaso en sí, pues va aparejado a la autodestrucción. El propio Melville, del que nadie cuestiona hoy su éxito como autor, murió 30 años después de escribir Moby Dick siendo aduanero, sin saborear en vida las denominadas mieles del triunfo y sin imaginar siquiera que su obra se convertiría en un referente literario. Decía Borges que los dos, fracaso y éxito, son unos impostores. Y es creíble que sea así, pues lo que algunos contemplan como un fracaso para los ojos y entendederas de otros es un éxito; mientras lo que ellos entienden como éxito es para aquellos el más estrepitoso de los fracasos. A fin de cuentas algunos sitúan en la actualidad el éxito en el reconocimiento social y otros, en la lista de ventas; por lo que no es extraño que hoy sean considerados autores de éxitos aquellos escritores que firman un best-seller, sin importar que su calidad literaria sea cuestionable y por supuesto, que la obra no trascenderá más allá del tiempo que figure en un lugar de privilegio en la lista de superventas y que sólo será recordada en el caso de ser adaptada al cine, siempre y cuando la adaptación sea memorable, y al hacer balance de la recaudación editorial. Resultaría ímprobo elaborar una relación de obras literarias donde el fracaso esté presente bien como cen-


tro de la obra, bien como una parte de ella. Además sería, como cualquier relación similar, arbitraria e incompleta. Y aún así asumiendo la arbitrariedad y sin intención de confeccionar listado alguno, no concebiría la misma sin la presencia de un autor como Juan Carlos Onetti y me atrevería a incluir en ella a un personaje como Antonio Balduino, personaje central de la obra Jubiabá del escritor brasileño, Jorge Amado. Y por supuesto, sin dudarlo, reservaría sitio para El pianista, de Manuel Vázquez Montalbán. A aquellos que desconozcan esta obra del fallecido maestro barcelonés les recomiendo que la adquieran sin demora y se deleiten con su lectura. Y a aquellos otros que la leyeran en su día les aconsejaría la relectura de la misma. El pianista es una certera radiografía de un país y una sociedad en un momento histórico determinado (la España de primeros de los 80, con una breve mirada al tiempo precedente), pero es también un relato sobre el fracaso y el éxito, encarnados en los dos pianistas protagonistas de la obra, Alberto Rosell y Luis Doria. Fracaso y éxito en lo personal y en lo profesional, o lo que es lo mismo, en lo vital y en lo social. El triunfador frente al que se queda en el camino por causas del azar o del destino. Es sabido que el fracaso siempre se asocia a los perdedores, aunque el perdedor alcance el éxito de levantarse una y otra vez ante los obstáculos de la vida. Y sin embargo, no es menos cierto que en el interior del triunfador hay algo que siempre le hace mirar a aquel que pudiendo haber alcanzado su mismo éxito profesional no lo logró. ¿Dónde reside el éxito? ¿Dónde habita el fracaso? La literatura lleva siglos aventurándose en la respuesta. Pero me atrevería a asegurar que como en tantos otros aspectos de la vida no existe una única respuesta. De modo que depende del cristal a través del que se mira o de la propia existencia.

Carlos Serrano (Madrid 1965) es escritor y periodista. Su blog: http://elcallejondelgato-carlos.blogspot.com.es

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La educación no es inocente Angelita F.M.

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Lejos quedan los días de colegiala con la falda tableada y muy uniformada, lejos los muros de las aulas donde estudiaba una adolescente cabreada…. Pero con el filtro de los recuerdos, se asoman a la memoria aquellas clases de filosofía, aquellos esfuerzos de la más extravagante profesora por enseñar la diferencia entre el materialismo y el idealismo, así de claro lo decía, el mundo se divide entre los materialisIlustración sacada de la página web educablog.es tas y los idealistas. Pasaban sus clases entre películas, debates, grupos de trabajo colaborativo,…. vamos, una serie de extravagancias educativas para aquellos tiempos en los que la norma se daba por clases magistrales de profesores–loros y alumnos–loritos. Aquellos dilemas éticos y morales, encerrados durante demasiado tiempo en los muros académicos de aquel instituto de los 90, salen al encuentro por los caminos que me llevan al extrarradio de la Educación. en plena crisis del siglo XXI. Me convierto en Educadora de los excluidos y de los que todavía lo serán mas, de los invisibles, de los que no suben el P. I. B. y nunca lo subirán, de los que no saben estudiar, de los que no saben para qué estudiar, de los abocados al cajón de los No Aptos, desechados en la participación de un mundo diseñado para la competencia y eficacia mercantilista. No es inocente educar en competencias, dentro del sistema educativo, término con alto contenido económico y capitalista….No, claro que no, la palabra ha de ser ¿competencia?, ¿competir?, ¿ser más?…. Yo gano, tú pierdes. Hemos avanzado mucho en teorías y prácticas educativas positivas con muy buenos efectos, que no resultados, pero ¡alguien de estos expertos, en “reformas educativas”, ha oído hablar de lo que es educar!, educar en la cooperación, en la colaboración, en el diálogo, en la construcción de conocimiento colectivo…. Yo gano, Tú ganas, Ganamos Todos. El uso de la tijera para el diseño de la nueva reforma educativa, los 3.000 millones menos en la ya mermada e infravalorada partida educativa pública (que no en la privada o concertada), deja asomar algo más que la precariedad laboral de los trabajadores de la educación, que ya es; algo más que la intencionada devaluación de la educación pública en beneficio de la privada, que también es y mucho. Se les ve el plumero alto y claro, en el intento de re-cortar cualquier brote verde de pensamiento crítico, de apagar cualquier conato de pedagogía transformadora, cuando afirma en sus intervenciones mediáticas que los centros educativos son para instruir, y que en otros centros debemos españolizar. Ambos verbos usados por altos cargos políticos y que denotan su idea de educación. Vamos a detenernos en el verbo instruir, quizás el que pueda tener más aceptación o menos alboroto mediático. Instruir, en la R. A. E: 1. Enseñar, doctrinar. 2. Comunicar sistemáticamente ideas, conocimientos o doctrinas. 3. Dar a conocer a alguien el estado de algo, informarle de ello, o comunicarle avisos o reglas de conducta. 1. Nunca puede ser doctrinar semejante a una educación integral de la persona que haga resurgir sus potencialidades y pueda manejar su vida con total libertad. 2. Nunca puede ser educar una comunicación sistemática de ideas, pues aunque lo parezcan, si te fijas bien, los alumnos no son loros vacíos de contenidos.


Ilustración: Julio Lebrato (blog: http://albergadesiertos.blogspot.com.es)

3. Nunca informar es educar, si no, nos bastaría con los mentirosos telediarios y periódicos. Por esto: No es inocente quitar “contenidos controvertidos e ideológicos” (literalmente Wert sobre Educación para la Ciudadanía), para qué debatirlos, para qué construir espacios de diálogo, para qué enseñar en el respeto a la diversidad, para qué hacer partícipe al alumnado en lo único certero que se va a encontrar cuando salga de los muros, la diversidad social en constante cambio que dará lugar a más diversidad. No es inocente jerarquizar los contenidos, devaluando cada vez más las ramas de humanidades, para qué las quieren si eso solo nos enseña a pensar. Digo pensar con lo peligroso que es, mejor seguimos evaluando las capacidades a los alumnos–loritos con nuestra verdad como única respuesta acertada, bien instruidos para que solo salga de la jaula con las coordenadas bien apretadas. Lo de aumentar la ratio por aula un 20% llegando a 30 o 35 almas por clase y justificarlo por la mejora en la socialización de ese alumnado, no deja de parecer un chiste malo que insulta la inteligencia de cuanto profesional del ámbito educativo lo escucha, y de cuanta persona sea capaz de pensar, que ya no sé cuánta quedará. Por eso el significado de los recortes y reformas en la tarea educativa es mucho más que el materialismo económico, es mucho más que apretarnos el cinturón como hacen otros sectores, es mucho más que precariedad en infraestructuras, es, sobre todo, un intento de no dejar salir a las servidumbres de las masas idiotizadas, de bloquear los ideales, de no tener dilemas, de formarnos en seres de consumo y consumidos por las doctrinas anacrónicas.

Angelita F.M (Almería 1977) es Educadora Social.

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La piel tiene memoria Esther Benavente "Curioso país Paraguay, que no deja a una de sus juristas ejercer la ciudadanía" Serafina Dávalos (1883-1957)

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Como en la canción de Sabina, la vi en un paso de cebra pero no llamaba con el bolso al autobús. Hablaba por su celular acordando con alguien una hora para verse en la Plaza de Armas, donde habría una nutrida manifestación en protesta por la matanza de Curuguaty y el orquestado golpe de estado institucional que se estaba perpetrando contra Lugo. Yo acababa de llegar a Paraguay y me dio su número con la generosidad de los desconocidos, insistiéndome en que la llamara cuando quisiera. No hizo falta. Desde entonces, como una auténtica “ángela” de la guarda, se ha ido cruzando en mi vida contándome su historia, la de su país, la de su familia, y Malena caracterizada como uno de sus personajes “Frauderico, presidente golpista”, en Paraguay. Foto: Ale Fierro sus historias, sus anhelos y sus frustraciones. Sueña con viajar a Europa y visitar Cerdeña, para aprehender los lugares por los que un día paseó su admirado Gramsci, y Roma, para dejar unas flores sobre su tumba. Es una activa luchadora por los derechos de los pueblos indígenas, por la soberanía campesina, ha superado una leucemia, es una mujer fuerte. Su punto débil tiene cinco años y se llama Yerutí (en guaraní, nombre de una especie de tórtola). Olivia nunca quiso ser madre y renunciar a su libertad pero una noche de fiesta le dejó algo más que una mala resaca. En una pirueta sincrética que sólo puede darse en Latinoamérica, su militancia comunista se mezcla con una fe que no le permitió, ni siquiera, plantearse abortar. Ahora lleva como puede la experiencia de ser madre soltera. Con cansancio, pese a que durante la semana son su hermana y su pareja lesbiana quienes se hacen cargo de la pequeña, y bastante culpa, porque cree reconocer en su incapacidad maternal los mismos errores que cometiera su madre con ella. Uno de tantos días en que la encontré por la calle, atribulada por las purgas que el nuevo gobierno golpista estaba haciendo en la administración, insistió en que debía conocer a su amiga Cristina. Me recibió en la sede del Colectivo 25 de Noviembre, un veterano movimiento que, desde las postrimerías de la dictadura stronista, ha recogido el testigo de las mujeres que levantaron el país en épocas anteriores. Ocupa la planta alta de una casa solariega en el centro de Asunción. Hay una sala de informática en la que, durante los dos últimos años y gracias a la cooperación extremeña, se ha desarrollado un proyecto de alfabetización en nuevas tecnologías. En la salita central la luz entra a través de un ventanal y un ojo de buey sin cristales por el que también se cuelan los ruidos de la calle y una suave brisa. Cristina es psiquiatra y acaba de despedirse de una paciente. Redes de pesca decoran las paredes color pastel y un liviano mobiliario de madera y mimbre brindan un ambiente propicio para dar rienda suelta a las intimidades. Ella ha sido la coordinadora de


este Colectivo -a punto de cumplir los veinticinco años de andadura- que ahora pasa por horas bajas. La militancia tiene que conciliarse con la vida profesional y personal de cada cual y, a veces, alguna de estas facetas arrasa con todo lo demás. Cristina también fue madre soltera siendo ya una profesional liberada. Vive con su hija María, de veintisiete años -la misma edad a la que Cristina quedó embarazada-, y su madre, quien tuvo que sacar adelante, con solitaria resignación, a las hijas que le fue engendrando -en las visitas esporádicas y clandestinas que el exilio y la cárcel le permitieron- el revolucionario en que devino el buen partido de Olivia en Plaza de Armas el día previo al Juicio Político marido con quien se había desposado. Al tercontra Fernando Lugo. Foto: Esther Benavente minar sus estudios secundarios como una de las egresadas con mejores calificaciones Cristina fue recibida en audiencia por Stroessner. Son los detalles con que se complacen a sí mismos los tiranos para convencerse de su magnanimidad. Tenía claro cuál sería su pedido. Transcurridos quince días de aquella recepción su padre fue puesto en libertad. No tuvo tiempo de disfrutarla, con una salud maltrecha por el aislamiento y las torturas, apenas dos meses después falleció. Cristina, como muchas mujeres de su generación, se hizo adulta todavía en dictadura y no puede separar su militancia feminista de la lucha por la democracia. Tras algún affaire más o menos serio, un día decidió que su sino no estaba al lado de un hombre del que tendría que ser, además de compañera, amante y amiga, madre. Pero no puede escapar de su vocación de cuidadora y se ocupa devotamente de esa abuelilla a la que la senilidad ha convertido otra vez en niña, decantando con deleite el cariño que su carácter hosco le hurtó a destiempo, se ocupa y preocupa por una hermana a la que la vida le ha pasado por encima -como un tren de mercancías- en forma de locura, y aún le llega el cuero para andar pendiente de amigas venidas de lejos. Sólo le falta un tiempo propio. Y sin embargo, saca fuerzas para generar las inercias que hicieran posible un reencuentro tras veinticinco años de lucha. La misma sala en que me recibió está hoy repleta de mujeres. Chiquita Barreto es escritora y va desgranando, con esa voz de melaza de quien gusta de contar historias y se sabe con el don de la palabra, la historia del Colectivo y los avances del feminismo en el país. Cuando en 1961 se aprobó el derecho al voto de la mujeres hubo un debate en las filas feministas paralelo al que en España sostuvieron Clara Campoamor y Victoria Kent en la Segunda República y por idénticos motivos, hasta qué punto esa conquista no vendría a legitimar el régimen, estando como estaban las mujeres sometidas a sus resortes. Ya en democracia, las feministas paraguayas fueron testigos del trasvase de mujeres a las filas liberales -en una suerte de institucionalización de la igualdad-, del nacimiento de la Liga de Mujeres Paraguayas -el brazo del partido colorado para afianzar los roles tradicionales de la 'madre-esposa' abnegada-, o de las discrepancias con los movimientos de mujeres indígenas y campesinas, que veían en el denostado término de 'feminismo' una herramienta de división de sus luchas. Graciela, otra de las veteranas, comparte con Cristina la mítica de un padre ausente, encarcelado y torturado, tras su participación en la truncada Revolución del 47. Para ella, la gran aportación del Colectivo fue visi-

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bilizar la violencia hacia las mujeres como una violencia estructural, dotarles de asistencia y abordar el complejo tema de la culpa, ese 'impuesto revolucionario' que el patriarcado cobra a las mujeres coartándoles el goce de la subversión. De ahí la importancia de un grupo de acción cultural y político, un colectivo que ha servido de terapia a mujeres que, como Betty, un día cruzaron la frontera argentina sin más bulto que el de sus tres hijas, huyendo -ella misma alude al cuento de Cortázar- de su particular 'casa tomada'. Un movimiento que ha tejido redes -como las que hoy cuelgan de sus paredes- con sindicatos, movimientos LGTB o trabajadoras del sexo. Y que ha reivindicado el humor como elemento de transformación. Malena es el claro ejemplo de ello. Vinculada al mundo del teatro, armoniza la seriedad de quien regenta una escribanía con los personajes en que ha desdoblado su personalidad desde el pasado 22 de junio. 'Frauderico, presidente golpista' y el 'Narcopolítico' se han convertido en performances habituales en los escraches públicos a los que son sometidos Federico Franco -actual presidente ilegítimo de Paraguay- y Horacio Cartes -candidato de Honor Colorado a las elecciones y cuya saga familiar está conectada con cárteles de la droga-, respectivamente. En la sala hay más mujeres, Agustina, Sunia, Mirtha, Teresa, Lourdes, Alicia, María, Carmen..., todas ellas jóvenes y con ganas de tomar el relevo. Sobrevuelan dudas. Tras años de activismo hay quien se pregunta si las mujeres saben 'un carajo' de feminismos y género. Tal vez, sólo tal vez, habría que pararse a reflexionar un poco. Y ver por dónde se quiere ir, sin perder la mirada política, y decidir con quién se trabaja -sobre todo, después del golpe- por las mujeres y la democracia. Un apunte positivo es la quiebra generacional manifiesta en la visión del hombre, de casi un enemigo ha pasado a ser el necesario aliado. Y el dichoso empoderamiento, esa especie de conjuro que nadie sabe definir pero que tan necesario es por dentro y por fuera. Todas ellas tienen historia e historias. Los cuerpos no olvidan la violencia pero tampoco borran las huellas de la ternura. Estas mujeres arrastran generaciones de un dolor macerado en la sumisión. Son las herederas de los placeres y las dichas de sus antepasadas. Todas ellas asumirán con gusto sus decisiones y con valentía sus renuncias. Todas ellas llevan inscrita en su piel una genealogía escondida.

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Esther Benavente (Valladolid, 1973) especialista en Medio Ambiente. Actualmente vive y trabaja en Paraguay Su blog: http://notasdelparaguay.blogspot.com.es


relatos 17


Un día en la piscina F. Lefer Hace un calor insoportable en la capital de nuestro país. Mariano e Inés están jodidos. No sólo están en el paro, sino que ni siquiera entre los dos conocen a alguien con un apartamento de tercera fila en la costa o un simple chalecito en la sierra. No tienen un duro y está atrapados en el flamígero verano mandrileño. Gracias al cielo, Inés tiene un bono municipal para la piscina de su barrio. Esto constituye una ventana abierta al aire fresco, una escapatoria húmeda que Mariano no deja escapar. — Pues nos vamos tú y yo, como dos príncipes, a refrescarnos y tomar un poco el sol. Y allí van. Han logrado aparcar el coche a sólo tres manzanas de la entrada de la piscina. Mariano está preocupado porque la ventana de su coche no cierra bien y teme que le puedan robar su radiocassette, así que decide llevárselo consigo, incrementando un poco más la carga que ha de transportar hasta la soñada pileta. — Pero quién iba a querer llevarse esa antigualla. –reprende tímida Inés. — Sí, sí, antigualla…un pioner ifi, joder Inés, ¿en qué mundo vives?

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Mariano chancletea pesadamente por encima del hirviente asfalto. Va cargado como una acémila: toallas, gafas de bucear, una colchoneta hinchable, la nevera con la comida… Inés avanza como un pajarito a unos diez metros por delante de él. Es obvio que siente vergüenza. Ella sólo porta un bolso de plástico marrón en el que le cabe todo. Finalmente llegan a las taquillas. Ante ellos se desparrama una larga cola formada por adolescentes peleones, señoras de barrio indecentemente ataviadas, jubilados en la antesala de un golpe de calor y unos cuantos ñetas. — Cuidadín con ese que se te cuela… –advierte Mariano, ojo avizor.– Inés está harta –pero harta–de que Mariano, con lo tonto que es, le dedique constantes regañinas, pero lleva ya un tiempo optando por pasar de él y de sus comentarios. — ¿Lo ves? Ya se te coló. Mira que te lo estaba diciendo Inés. Mira que te lo estaba diciendo… La cola va acercando a la taquilla a nuestros héroes del INEM. Finalmente logran plantarse frente a un mal encarado taquillero vestido de blanco que no deja a Inés ni posar su bono en la repisita de la ventanilla —No se pueden pasar ni colchonetas, ni gafas de buceo ni neveras de pin-ni. Lo dice muy clarito el cartel. –Grazna el taquillero desde su cueva– Inés clava su mirada en Mariano. Si ya se lo había dicho. Se lo había dicho mil veces. —¡Pues menuda mierda de normas! –acierta a rebuznar Mariano mientras recula empujando a la gente con la colchoneta hinchable– —Vamos al coche Mariano, lo dejamos todo ahí y ya está –calma Inés– —Sí, pero toda la cola que nos hemos chupado ¿qué? ¿eh? ¿no nos irán a hacer repetir la cola por lo menos, no? —escupe Mariano hacía la taquilla por encima de los empujones cada vez más fuertes de Inés– —La cola es la cola y las normas son las normas, caballero –se escucha recitar al oscuro taquillero– Mariano al fin renuncia y, precedido por Inés, se encamina de nuevo al coche. Al desandar la cola, un ñeta le pincha la colchoneta quemándola con un encendedor. Mariano lo ve, pero calla y chancletea tras Inés que ya le precede en casi una treintena de metros. De nuevo en el coche, Mariano, inasequible al desaliento, declama; —Los chinos dicen que hay que sacar provecho de las dificultades. Por eso ganaron a los americanos en la jungla contra todo pronóstico. Vamos a hacer lo mismo: voy a colocar la colchoneta tapando la ventana… mmmmpppf…..mmmmpppfff….así ¿ves? Perfecto. El día sólo está empezando e Inés ya no puede más. Ahora empieza a ver cómo Mariano abre la nevera portá-


til y revuelve dentro. Triunfante, saca un paquete de jamón de York y se lo camufla dentro del ya ajustado bañador. — A ver si se atreven a revisar aquí. ¿eh? A ver si se atreven. Ya está. Por lo menos no tendremos que gastarnos tanto en el chiringuito de dentro ¿quieres un poco ahora? Yo me voy a comer un poco de la ensaladilla… Inés se aleja despacio del coche hacia la cola. El calor aprieta y sólo sueña con darse un bañito y dormir tranquila en alguna sombra. —Sí, ve pillando sitio en la cola –le grita Mariano con la boca repleta de ensaladilla rusa– yo ya voy. Pasadas la cola y la taquilla, los dos enamorados irrumpen en el paraíso municipal. Hay varias piscinas, alguna incluso con trampolín. Inés lo ve y se echa a temblar… Pide al Dios de las piscinas que impida que Mariano lo utilice. Se separan para entrar en los vestuarios, de donde salen algo después con sus respectivas fichitas de guardarropa. Inés encuentra una pequeña sombra vacía dentro de la abarrotada instalación y extiende su toalla. —Pero Inés, ¿te vas a poner a la sombra? Pero si así no nos vamos a poner morenos ni nada. Mira, vamos allí, dice señalando un pequeño recuadro de césped amarillo vacío junto a la parte honda de la piscina. Inés se rinde. Ahora sólo quiere que el día acabe cuanto antes para volver a casa con su madre y su hermana. Mariano chancletea entusiasmado hacia el lugar señalado. Inés no quiere ni pensar en el jamón de York que lleva metido en el bañador, pero las miradas de algunas personas con las que se cruzan, le delatan cuán llamativo es a la vista para los demás. —¿Ves? –dice Mariano extendiendo su toalla del Real Mandril– aquí nos vamos a broncear de lo lindo y además estamos al lado del agua. ¡En primera línea de playa! ¿quieres un poquito de jamón? La verdad es que podríamos venir todos los días ¿no? Inés se tumba boca abajo y sueña con que el césped municipal la trague para siempre. Comienza a relajarse cuando un chorro de agua proveniente de la piscina la empapa del todo. Son los ñetas de antes, que se tiran a bomba cerca de ellos para mojar a Mariano. Este no dice nada. Se levanta y pregunta ¿un bañito? Inés acepta con voluntad de zombi ¿qué más puede pasar? Se juramenta a sí misma para abandonar a este imbécil en cuanto le sea posible. Le sigue hasta el borde… —Yo fui campeón de braza en Matalascañas dos veranos seguidos. Les ganaba a todos sólo con el impulso de cuando me tiraba, ¿sabes? –ilustra Mariano– consiste en saber rebotar en el agua. Como las piedras cuando se hacen ranas… Mariano, en cuclillas al borde de la piscina, va metiendo las manos en el agua y se va mojando el cuerpo. Inés se dirige hacia la ducha —Bueno, y luego la capacidad pulmonar que tengo, que es inusitada, mira, mira… Mariano se hincha como un pollo enfermo delante de Inés que ya no sabe qué decir o hacer. Intenta meter su tripa todo lo que puede y un trozo de jamón de York se le escurre por la entrepierna. —Pero no te duches tía, eso es de viejas..¿qué pasa, que ya no eres joven?... Bueno, yo me meto… Las garras de aguilucho de un Mariano ya erguido se aferran al borde de la pileta. Su semblante adquiere la concentración del de un campeón olímpico. Otea con su serio mirar las aguas que va a recorrer. Es un atleta en estado máximo de concentración. Muestra de nuevo su capacidad pulmonar, flexiona ridículamente extendiendo los brazos hacia atrás y salta como si hubiese oído un pistoletazo de salida. Cae en estrepitosa plancha a una triste distancia del punto de partida. El planchazo ha resonado en toda la instalación municipal. Muchos, contando a los ñetas, han presenciado el doloroso espectáculo. Mariano se echa a nadar ahogando el intenso dolor que siente. Da unas brazadas, pero pronto rompe a toser y debe parar. Se gira hacia Inés que, ya duchada, se sumerge lentamente por la escalerilla.

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—¡Inés! ¡Aquí! Aquí! –grita– Un silbato resuena por encima de los gritos y chapoteos y éstos enmudecen. Todos miran al socorrista mientras éste le grita a Mariano: —¡Caballero! ¡Salga del agua! ¡Caballero! ¡Sí usted, salga inmediatamente de la piscina! Mariano obedece –el socorrista está muy, muy enfadado- y se presenta sumiso ante él. -¿Es que usted no sabe que hay que ducharse antes de meterse en el agua? ¿No ha leído los carteles? ¡Un poco de educación caballero, que ya es usted mayorcito! Inés nada por el otro extremo de la piscina fingiendo no reparar en la humillación de Mariano. Éste se dirige cabizbajo a la ducha y se asea escuchando todavía la bronca del socorrista y las risas de los ñetas. Pero Mariano lo supera. El lo supera todo. Así que se tira de nuevo al agua, esta vez de pie, y nada, con afectación olímpica, hacia su Dulcinea. Inés chapotea tranquila cuando Mariano, que se acerca por detrás, la coge por la cabeza y la sumerge violentamente. Ella forcejea inútilmente entre los blancos brazos de Mariano. Al fin, éste la suelta y le grita; ¡aguadilla, aguadilla! Inés ha tragado bastante agua y, a pesar de estar profundamente indignada, no puede hablar para decirle a Mariano cuán imbécil piensa que es. Dándole la espalda se dirige al borde y salta fuera del agua. Mariano le mira el culo y piensa que no está mal, que le gustaría más estar con otra tía con más tetas, rubia y que fuera muchísimo más guarra, pero que no está mal. Se regodea pensando en hacer alguna guarrada más tarde con Inés. Estos pensamientos se le cuelan de tal manera que tiene una erección. Afortunadamente está sumergido en el agua hasta el pecho y nadie puede verla. Esa impunidad le encanta a Mariano, que comienza a pasearse andando por dentro de la piscina como en el paseíllo de un torero. Va mirando a todas las mujeres reunidas en torno a la charca municipal. Imaginando, imaginando…fantástico Mariano, grande ahí...-se dice- la vida es bella Mariano… Mientras, Inés ya está tendida en la toalla. Empieza justo a relajarse cuando se le acercan dos antiguas amigas que se sientan con ella a charlar. Inés está aterrorizada ante la perspectiva de que sus amigas vean y conozcan a Mariano. De lejos ve a éste de espaldas, como paseando su mirada por un tendido imaginario que Inés no acierta a sentir. No sabe qué demonios se trae ahora entre manos, aunque sabe que será inevitablemente decepcionante…. Una de las amigas interrumpe la grave meditación de Inés; — ¿Qué miras tía? ¿has venido sola? ¿y esta toalla de Cristiano Ronaldo de quién es, eh? — Eso, eso, azuza la segunda amiga– ¿te has traído a alguien? Inés escucha sonar la banda sonora de Tiburón dentro de su cabeza. Mariano se ha girado y la ha visto acompañada de sus amigas. Ve cómo éste se zambulle con ademanes pretendidamente atléticos y comienza a bracear ruidosamente hacia ellas. Pronto estará ahí. Las amigas reparan en el rostro de Inés, que delata que algo se acerca. Se giran y ven una ruidosa espuma que se gana terreno hacia ellas por el agua. No aciertan a ver cómo es, aunque la primera impresión ya es lastimera por el contraste del brillo de la calva y los bracetes blancos de Mariano. Haciendo un esfuerzo, éste cubre los últimos dos metros buceando hasta el borde donde están las chicas e irrumpe a su lado moviendo la cabeza como si quisiera sacudir la humedad de una melena que no existe. Consciente de cada uno de sus movimientos, Mariano permanece en la pileta apoyando sus brazos en el borde, de forma que sus blancos bíceps se aplasten contra éste, dando la impresión –así lo cree él- de una poderosa musculatura. Por lo demás, se comportará como un perfecto caballero, no exento de una cierta picardía elegante y un saber estar digno de un hombre de mundo como él. —Él es … os presento a … —Mariano –interrumpe éste con seguridad desde su trinchera acuática– encantado de conoceros chicas… ¿venís mucho por aquí?


Ilustración de María Torres

Las amigas de Inés miran al suelo y reprimen unas risas. Inés lo nota, pero no se explica muy bien el motivo. La verdad es que sus amigas aún no han visto nada y la presentación de Mariano, sin ser la de un James Bond, no ha sido de las peores que cabría esperar. —Nosotros es la primera vez que venimos, pero lo estamos pasando fenomenal, ¿eh kari? así que creo que vendremos todos los días ¿vosotras también? Ahora Inés repara en que a Mariano le cuelga un enorme moco verde de la nariz. —La verdad es que uno se siente renacer aquí –comenta Mariano soñador–un poco de deporte, aire libre, buena compañía –guiña un ojo a las chicas-. A mí desde luego no me pillan en un Benidor o un Matalascañas…esto es mucho mejor y al lado de casa ¿no? Las amigas de Inés ya no saben dónde meterse. Inés, por su parte, nota cómo la grima que siente se convierte ya en un dolor físico que le afecta al estómago. —Mariano… la nariz… la…. nariz –le susurra Inés– —¿Qué? ¿la nariz, qué? –Contesta Mariano mirándose los bíceps– Bueno qué, ¿os metéis?

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— No, no, gracias. Íbamos al bar a comer algo –se escaquean las chicas– —Ah pues, ¿vamos todos, no kari? Tenemos un poco de jamón de York ¿queréis? —Nno, no..es que hemos quedado en el bar y llegamos tarde... Bueno Inés, ya nos veremos … —Pero si me seco en un momento. Venga, vamos para allá. Inés, dejamos las toallas para que no nos quiten el sitio. La comitiva es terrible. Delante, a una cierta distancia, van las dos amigas de Inés, cuchicheando entre si. El siguiente es Mariano, que chancletea mirándolas el culo y aún va con su enorme moco verde. Y detrás, bastante detrás, les sigue Inés, rota, superada por la vida y deseando volver a su casa. Ya en el chiringuito, Mariano vocifera porque ha encontrado una mesa libre. Entre sus voces y su enorme y ya seco moco, atrae la atención de toda la gente. Embarcadas sin quererlo, las tres chicas acuden a su llamada y se sientan. Mariano, caballeroso, les pregunta qué quieren ofreciéndose a ir a buscarlo. Antes de ir por el encargo, deja el jamón de York en la mesa. —Inés, ¿estás bien? –le pregunta una de las amigas. — ¿Eh? –disimula Inés–. Mariano regresa con unas bebidas y anuncia orgulloso que están todas invitadas. Inés le dedica una mirada de odio porque le jode que se haga el espléndido con sus amigas cuando normalmente es un miserable. Él no repara en la mirada y, triunfante, se pone a comer del jamón de York. —Bueno, nosotras nos vamos ya. Gracias por la cocacola —Pero, ¿ya os vais? —Déjalas Mariano, tienen que irse –reprende Inés ya violenta–. —Vale, pero mañana podríamos quedar otra vez ¿no? —Caballero: No se pueden traer meriendas al bar. Lo dice el cartel. –irrumpe reprendiendo un camarero joven con aspecto de retrasado–. —¿Qué dice? ¿qué merienda dice?, pero si he comprado cuatro cocacolas … —Son las normas caballero. No se pueden traer meriendas al bar. –El retrasado no puede evitar mirar fijamente el moco seco de Mariano–. —Pero si es un poco de jamón de York —Adiós Inés –se alejan las amigas–. — ¡Y qué hago con el jamón ahora? ¿eh? ¿Qué hago yo con este jamón ahora? El joven retrasado se encoge de hombros. En el cursillo no le explicaron esa respuesta. Además el moco de Mariano le fascina de tal manera que ha quedado como en trance. Se acerca un alto cargo del bar y amenaza con la policía y la expulsión. Mariano arrampla con el jamón que queda de un solo bocado. Aunque lo intenta, ahora no puede hablar y casi, por el moco seco, ni respirar. El alto cargo del bar le dice que se vaya y avisa a seguridad. Unas señoras mayores de la mesa de al lado se asustan y se levantan. Los ñetas, sin embargo, hacen corro en torno a la escena. Inés se tapa la cara con la mano y mira al suelo. — Qué…¿qué es esto? –se horroriza Mariano descubriendo su moco–. —Caballero se le ha dicho por activa y por pasiva que abandone el recinto del chiringuito– insiste, elegante pero firme, el alto cargo del bar. Mariano escupe la bola de jamón de york medio masticado encima de la mesa y el joven retrasado parece salir del trance de golpe. Hay también muchos niños mirando. Unos jubilados reprueban la escena moviendo sus cabezas. Inés ya está casi en posición fetal encima de su silla con ambas manos cubriéndose la cabeza. Se va acercando el socorrista que antes reprendió a Mariano por lo de la ducha. —Pero Kari, ¿cómo no me dices que tengo un moco en la cara? –pregunta Mariano reparando en el escándalo.


El joven retrasado comienza a recoger los vasos de cocacola sin consumir. Mariano se enzarza con él para que no se los lleve. Más y más gente se arremolina en torno a ellos. A lo lejos, un señor comienza a hacer aspavientos gritando que no-hay-derecho-hombre-no-hay-derecho. A lo lejos se ve una pareja de policía municipal hablando con el funcionario de la taquilla que les señala hacia el chiringuito. —¡Menudo pieza esta ud. hecho, caballero! –reprende severo el socorrista atenazando con su manaza el hombro de Mariano-. —¡Oiga oiga, déjeme que yo he comprado cuatro cocacolas! ¡quiero mis cuatro cocacolas! —No se resista, que será peor –advierte el socorrista arrastrando a Mariano hacia la salida–. —Pero¿no ha visto que el imbécil ese se ha llevado mis cocacolas? Inés, dile algo hombre… Inés se ha levantado. Mira la escena como abstraída. Se da la vuelta y comienza a alejarse. Llegan los municipales y prenden a Mariano. Los ñetas se alejan prudencialmente. Los niños acompañan a la comitiva policial hacia la salida. Todos miran a Mariano pensando las peores cosas de él. —¡Inés! ¡Inés! –grita Mariano entre la maraña de brazos que lo aprisionan—¡coge mi toalla Inés, que es de CR9! —Vamos hombre, no ponga las cosas aún más difíciles –aconseja el poli bueno.– —¡Mi chancleta! ¡que se me ha caído una chancleta oiga! ¡Inés, espérame en el coche! ¡Ineeeeees! —¡No complique más la situación! Finalmente Mariano es arrojado al suelo y reducido como si fuera un terrorista internacional. Algunos ciudadanos lamentablemente ataviados aplauden a las fuerzas de orden. El socorrista, crecido, advierte a todos que sigan disfrutando de las instalaciones municipales, que ahí no hay nada que ver. Mariano musita respetuosamente desde el suelo invocando su derecho constitucional a cuatro cocacolas y a su chancleta. A Inés ya ni se la ve. Los niños comienzan a ser apartados por sus preocupadas madres y los ñetas toman nota de los métodos policiales desde prudente distancia. Los ruidos de la piscina vuelven a cobrar protagonismo. En pocos minutos todos olvidan el episodio. Ya al anochecer, durante el turno de limpieza de la instalación municipal, un operario que lleva al hombro una toalla de Cristiano Ronaldo producto del botín de la recogida diaria, encuentra una chancleta tirada en el suelo. Se pregunta que cómo es posible que alguien olvide una de sus dos chancletas y se vaya a su casa con un pie calzado y el otro no. Se responde que la gente es gilipollas.

Fernando Rodríguez Cruz (Madrid, 1967) es periodista y escritor. Su blog: http://pescayblues.blogspot.com

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La indulgencia Lara Moreno Parecen un matrimonio japonés de los que salen en las novelas contemporáneas. Comen callados y con la espalda recta los alimentos que ella ha preparado. Se supone que tienen sentido del humor, un sentido del humor absurdo y sin gracia que nadie entiende, ellos menos que nadie. Deberían hablar de algo. Lo sienten así, especialmente ella, porque para eso comen en la cocina, para no estar mirando el televisor y poder hablarse. Ella cuenta una anécdota tonta que le ha ocurrido por la mañana, con un punto de ternura. La ternura, por supuesto, solo puede notarla ella. Él la escucha y sonríe pero al contestarle cualquier cosa se equivoca: hace una broma tangencial en vez de seguir la conversación. Entonces a ella se le agrieta la voz, y ya se permite relajar la espalda y poner su codo izquierdo sobre la mesa para apoyar la sien en la mano porque ha Ilustración: Daniella Querol llegado el momento de la desesperación y de montar el número. Mientras continúa comiendo, revolviendo la sopa con la cuchara de Ikea, dos lagrimones arenosos cumplen su obligación puntuales, saliéndole de los ojos fruncidos. Tras esos dos vendrán otros dos, y así hasta el final. La boca sigue sorbiendo sopa y de vez en cuando hace un puchero y gime para que él no se olvide de la angustia. Nunca podemos mantener una conversación normal, se queja. En realidad no me prestas atención, se queja. No sé cómo hemos llegado a esto, nos llevamos tan mal. Él la mira, rellena ambos vasos de agua, solo le tiembla el pulso un poco, consigue no derramar nada. Todavía no sabe qué decirle. Es mejor cuando se pone llorica que cuando se pone iracunda. En los dos casos, su voz suena patética, antisexual. Si le hubiera dado por gritar, él tendría que hacer más esfuerzos, interrumpir su almuerzo y obligarla a callarse y a parar con los insultos. Intenta concentrarse en partir los tasajos de manzana equilibradamente, evitando mirarla a la cara. La cara de ella, deforme y roja, contrasta con los azulejos blancos de la cocina, con el frigorífico y etc. La molicie de la cara de ella. La molicie. Él sabe que todo esto parará. Parecen un matrimonio tardoeuropeo, víctima de sí mismo, de los que acuden juntos a los actos culturales y se besan en público, a veces con lengua. La historia los ha traicionado una vez más: qué fácil era antes, cuando nadie tenía vergüenza de reconocer que es mejor la tiranía a la soledad.

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Lara Moreno (Sevilla, Huelva, 1978) licenciada en Periodismo, es narradora y poeta. Su blog: http://nairobi1976.blogspot.com.es


En todos los cines hay una butaca para náufragos Domingo López

Cuando oyó el teléfono pensó que ella debía de haber terminado la jornada de rodaje, que sin lugar a dudas se había escapado y desentendido del gran Billy Wilder, que evidentemente había salido apresurada en busca de una cabina para llamarle y susurrarle con su voz de seda que sí, que con absoluta seguridad lo amaría siempre. La carrera agónica desde el sofá hasta el auricular fue para él gordo, asmático y torpe- la única prueba atlética de su vida. Y en el transcurso de esos seis metros de distancia tuvo tiempo, a pesar de sus zancadas inauditas, de imaginarla en sus brazos, entregada a la pasión de sus labios y a las palabras irresistibles que durante años y aplicadamente había aprendido de los galanes de cine en las desiertas sesiones de tarde del Cine Apolo. Tuvo tiempo incluso de recordar pormenorizadamente todos los sueños en los que ella había aparecido para asaltarle de improviso y de mil maneras el corazón y dejárselo en el suelo rendido de amor, allá en su pequeño dormitorio de hombre solo y triste. El ring-ring sonaba ansioso, insistente desde el viejo aparador repleto de cintas de películas y de manoseadas revistas de papel cuché. Y cuando llegó por fin hasta el teléfono y lo agarró como si se asiera al salvavidas de la ilusión fue cuando notó con estremecimiento que el sol de la mañana se llevaba un dedo a los labios, solicitando silencio, atento el mundo entero a una conversación que expendería a los afortunados hablantes las entradas a una dicha hollywoodiense y sería admirada como un clásico entre los futuros guionistas del séptimo arte. Y asfixiado, jadeando levantó el auricular una décima de segundo después de que sonara el último timbrazo y al ponérselo en la oreja expectante reconoció angustiosamente el sonido insoportable del encefa-

Ilustración: María Torres

Para N., desde la isla de siempre

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lograma plano de la monotonía de sus días, de su vida alimentada de romances de celuloides y fotos glamorosas y supo, volviéndolo lentamente a colgar, que tampoco en esa ocasión llegaría a ser protagonista de la felicidad, aunque el timbre volviera otra vez a sonar enarbolando una segunda oportunidad, la última, para despabilarlo de una vez y aunque lo que tuviera en la mano no fuera un teléfono sino el despertador abollado de todas las mañanas que desagradablemente le advertía que eran las ocho y que debía levantarse para dejar caer una lágrima en el café donde mojaría otro día más la cruda realidad, para apostarse luego en la equina de siempre a vender sus baratijas, para esperar anhelante la tarde y la sesión de las cuatro y media en el cine amenazado por la voracidad de las excavadoras, de las constructoras e inmobiliarias . Y también, menos mal, le avisaba puntualmente que Marilyn Monroe, desde el póster de la pared, seguía afortunadamente allí, preciosa, guiñándole solo a él un ojo cómplice.

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Domingo López (1967, Sanlúcar de Barrameda, Cádiz) es narrador y poeta. Sus blogs: http://lacosaquearde.blogspot.com.es/ y http://poemarioblues.blogspot.com.es/


poesía

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Ana Patricia Moya Ana Patricia Moya (Córdoba, 1982). Directora y editora de la amenaza digital Groenlandia y cofundadora de la editorial independiente andaluza Origami. Sus poemas y relatos han aparecido en distintas publicaciones digitales e impresas, de España e Hispanoamérica, así como en blogs, páginas Web y antologías literarias. Para más información: http://elblogderevistagroenlandia.blogspot.com y www.revistagroenlandia.com

Recién licenciada. Pluriempleada. Joven y mujer. Mano de obra barata. Sin opción a hipotética hipoteca. Atea apolítica. Escéptica amorosa. Maestra de todo. Aprendiz de nada. Cartilla en números color rojo pasión. Anónima, invisible, desconocida. Científica de emociones. Filósofa urbana. Lloro desgracias ajenas. Lloro por mí. Y me dicen que no sea tan radical cuando escriba…

La lección que ninguno quiere aprender: para llegar al corazón de una mujer no hay que buscar el acceso por el coño.

Masticaste mi corazón lentamente y los despojos son tu medalla Soy incapaz de pronunciar tu nombre -la fortaleza de la herida amputa el recuerdo amargo-, por eso te vomito en estos rincones sórdidos, entre renglones torcidos. Te extraño, te odio.

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Identidad Ésta soy yo: la insomne que oculta la humedad de su almohada, la gilipollas que escribe poemas tan patéticos como éste, la miserable infeliz que se arrastra por escuchar respuestas de tu voz. Ésta soy yo: la estúpida enferma que tuvo la desfachatez de exponer sus latidos desnudos, la que no tiene coño de admitir que está suplicando, miserablemente, por tu cariño. (De Material de Deshecho)

Ataúd y licor de uva para el amor frustrado. Problema: que existes. Circunstancias: que me dueles. Solución temporal: vino y limón, tiritas y vendas alcohólicas para la conciencia. Solución definitiva, imposible, deseada e indeseada: que te mueras. (De Bocaditos de realidad)

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Yolanda Ortiz Yolanda Ortiz Padilla (Jaén, 1981). El libro de poemas El cordón umbilical, ganador del XVIII Premio para Escritores Noveles de la Diputación Provincial de Jaén, es su primera y única obra publicada.

ADOPTO el lenguaje protocolar, hipócrita, grandilocuente necesario para retrasar mi partida. Escribo cartas con ruegos y súplicas ilustrísimas que agujerean el papel. Inicio un vía crucis de funcionarios ineptos, mordiéndome el insulto a cada paso para no hacerles perder la compostura. Desoriento el calendario. Reorganizo la cartografía. Me ato a tus sábanas. Espero. Espero. Espero siempre una respuesta en la que confirmen que tus ojos no van a dejar de devorarme ni un solo día. (Del poemario Manotazos al aire)

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I Busco alimentos ricos en litio para dejar de llorar.

Suena el despertador y acaricio mi vientre, escucho mis pezones, acepto mi olor, reconciliándome con esta mañana, en la que me odio un poquito menos, tolero la vida un minuto más y morir supone una pérdida. Aunque aún no lo suficientemente grande.

VII Amanece tu cuerpo dormido. Te sacudes fuerte sobre las sábanas vuelcas la cabeza, limpias tus tobillos, del eco que queda entre las manos te salvas y, libre ya de todas mis caricias, desayunas, hoy sí, sin desearme.

VIII Tu boca articula un número número infinito de palabras por segundo en angustiosa angustiosa carrera contra el silencio. Yo te escucho, fumo, y mi boca se llena de una profunda, espesa, tristeza. (Del poemario El cordón umbilical) 31


Marcos Binder Marcos Binder, Bilbao 1977. Tiene el blog: http://catstories.blogspot.com

Carla Mi primera novia Carla como soy muy tópico me dejó marcado sí, Carla tenía 15 años quería probarse a sí misma quería causar una reacción para observar su existencia, o tal vez esto sea una tontería. Me dejó marcado Carla, aún la odio todavía un poquito.

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la nariz los ingleses de esta comunidad se creen casi se saben el centro de la normalidad precisamente esta misma idea la detesto profundamente. y mientras protesto las moscas se beben mi cerveza.

La sinceridad compromete, y eso es una buena raz贸n para quit谩rtela de encima, para empezar a disimular.

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Sonia San Román Sonia San Román (Logroño 1976). Ha publicado los libros de poemas De tripas, corazón (Ediciones del 4 de agosto, 2004), Planeta de poliuretano (Asociación cultural Crecida, 2005) y Punto de fuga (Editorial Eclipsados, 2008). Ha participado en numerosas antologías nacionales e internacionales. Su blog: http://soniasanroman.blogspot.com.es/ Odio Peores son los odios ocultos que los descubiertos. SÉNECA

Dicen que si deseas algo malo a tu prójimo ese algo se multiplica y vuelve como un bumerán hasta su origen. Soy consciente de esto y aún me arriesgo a desearte todas las desgracias, todo el dolor y las enfermedades, la soledad más honda e infinita, y la basura más hedionda servida en los platos de tu mesa. Quizá se vuelva contra mí, pero seguro que ni imaginas el disfrute que en mi sufrimiento sentiré al ver cómo te pudres.

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Plazo de devolución Vivo sola, hago café, ya no fumo, tengo coche, no trasnocho, plancho, friego, hago la compra a diario. Mis amigos ya no rompen, simplemente se divorcian, tienen hijos, hipotecas y dos catarros cada otoño. Y cuantos más años cumplo y más cosas tengo y más vida vivo, más me doy cuenta de que sigo siendo una niña que imagina que cocina, que hace la casa, que viaja,


que tiene hijos de plástico, que no comen ni mean, y que la vida es distinta a como nos la vendieron hace casi treinta años unos charlatanes. Cuando fui ayer a la tienda a descambiarla había caducado la garantía.

A quien corresponda Iros todos a tomar por culo ROBERTO INIESTA.

Mido 1,50 pero cada día más os empeñáis en recordarme que soy aún menor de lo que dice el metro, que debo de tener cara de imbécil, cara de golpe fácil y de rápido perdón. Cara de ganas de que me quieran, cara de pringada, cara de chica para todo, cara de culo, cara de O.N.G., cara de esclava, cara de criada, cara de perro ladrador sin dientes. Y golpeáis mi mejilla y os lo devuelvo, porque no soy tan tonta, pero me quedo con tu bofetada, y con la tuya y con la vuestra también para hacer un estúpido álbum de fotos de caras mustias con dedos marcados. La mujer de 1,50 llora. Cada vez es más vieja pero más niña. Cada vez es más mala pero más triste. Cada vez es menos vuestra y más suya porque os odia.

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Miguel Saporta Miguel Saporta (Valencia, 1976) ha publicado tres libros de poemas. Dos en español: Oficio de huésped. Premio Bartolomé Llorens de Poesía, Valencia, Editorial Mainel, 2000 y Ciudades en la boca, Premio Federico García Lorca de Poesía de la Universidad de Granada. Ediciones U. de Granada, 2005. Y uno en catalán: Vint-i-quatre paraules escrites en una porta, Premi Marc Granell de poesia. Edicions 96, 2010. Estos poemas pertenecen a su libro hasta ahora inédito Cruzar en rojo.

Aplausos Es un hermoso truco hacer desaparecer un conejo blanco dentro de un sombrero de copa. La inocencia que resucita es parecida a caminar llevado de la mano. En las primeras filas un coro oscurecido de ojos observa ilusionado. A su espalda, otro coro igual de ilusionado alarga el cuello sin perder detalle, esperando una mínima distracción para hacerse con un puesto algo más adelantado. Es un hermoso truco hacer desaparecer un conejo, un elefante, un bosque, un barrio de casas modernistas, la nómina de dos mil empleados, algún derecho fundamental y hasta la mitad de un coro dentro de un sombrero de copa. Al final, siempre hay aplausos.

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Maniquí En el reflejo del escaparate hay alguien que quiere aparentar que ha vivido. Tenemos los dos la imaginación novelada por el miedo y de igual manera metemos tripa y nos arreglamos el pelo cuando nadie mira, quizá también los dos aprendamos cosas a cuenta de nuestra propia imagen repetida. Hay algo que nos separa. La inercia de ser Yo evita que finja la vida que me acecha.

Cerca Las cucarachas emiten señales para sus congéneres con sus antenas, es un principio básico de comunicación casi perfecto. Las señales son cálidas y esperanzadas cuando hallan alimento o indefensas y desgarradoras ante el peligro. Nunca hay que matar de un golpe a una cucaracha. Hay que hacerlas sufrir, todo esfuerzo es poco para que reciban y entiendan el mensaje de que no las queremos cerca. No hay que olvidar que las cucarachas son, probablemente, los animales más resistentes de la tierra y que, por eso, viven con nosotros.

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María Monjas María Monjas Carro (Valladolid, 1974). Colabora con el Fanzine Ramalazo y Dolores, revista chica de poesía contemporánea. Tiene varios relatos y poemas publicados en diversas antologías. Háblame de la lluvia (Huerga&Fierro, 2012) es su primer poemario y al que pertenecen estos poemas:

La mala educación (a Alicia, por enseñarme a saber que se puede.)

Aprendemos pronto a caminar (un pie detrás del otro). Luego vienen las palabras y si hay suerte, los cuentos (antes de dormir). Nos enseñan los números, los ríos y la cantidad de huesos que tiene el cuerpo humano (206 y el fémur mide casi 50 centímetros). Una vez crecidos somos capaces de elegir una carrera (con o y sin meta) de buscar un trabajo (con un buen salario) de encontrar el amor (el de nuestra vida, por supuesto). Da gusto convertirse en el ser social por excelencia.

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Luego, algún día, quizá cuando rondes los 80 y te duelan los 206 huesos y los sueños aprendas que los deseos eran para intentar cumplirse.


Despecho El miedo a la muerte produce avaricia. La avaricia produce urticaria. Ojalá nos rasquemos un día y nos salgan flores rojas. Y nos muramos del susto.

El otro lado Cuando hayas desaprendido a esperar, te enseñaré a querer. Séneca

Espero. Te espero con furia, con urgencia, con ardor, con recelo. Espero tus manos, tu sonrisa, tu deseo de viento. Espero verte llegar con tus besos, con tus enigmas, con tus palabras. Te espero tanto, tanto y tanto Que olvidé por completo caminar hacia ese otro lado en el que tú, quizá, me estés esperando.

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Isabel Tejada Isabel Tejada (Babel) (1973). Autora inédita de los poemarios Más Allá de las Noches Incendiadas (2008 2011), El alma Irreversible (2011), Manual para nadie (2011-2012), Los sitios Conocidos (2011-2012) y Como los gatos (2012). Los tres primeros poemas pertenecen al libro La Sonrisa del Camaleón (2011) publicado recientemente por Monosabio (2012) y el cuarto al Alma Irreversible (2011) Publica asiduamente en su blog http://susurroypienso.blogspot.com/

No Puedo Dormir Tengo la cama deshecha de tanto buscarle un cuerpo al silencio La vagina repugnantemente seca Pienso en masturbarme Buscar en la ranura el poema Pero tengo por cada dedo dos osos polares que caminan lentos lentos lentos hacia la pereza que da exterminarse para acabar siendo sólo el olor que queda en las manos

Malas Hierbas De tanto frecuentar la distancia me ha crecido en el sexo una barba de ortigas.

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Atente a las Consecuencias Cuando piensas en miniatura incubas una muerte disponible.

Yo pertenezco. a este bosque enfermo a esa raza de mujeres signo que deambulan de aquí para allá restándose posibilidades de forma gratuita Con la garganta hecha un nudo y un nido de grutas por dentro Atesorando erosiones de su corazón en grúa Curvadas de tristeza Varadas de tanto intentar estar a la altura de su peso Solas por rezagadas a fuerza de desasistirse y dudar Hijas del desierto sin nada que perder A nosotras no nos queda nada No tenemos nada salvo nuestra herida Somos las candidatas perfectas para la lucha

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Rakel Rodríguez Rakel Rodríguez (1971). Lleva adelante la pequeña editorial Ediciones RaRo. Su último libro publicado se titula Personajes que caminan por mis sueños (relatos, Ediciones RaRo, 2012) estos poemas pertenecen al poemario Y si no hay viento, habrá que remar (Ediciones RaRo, 2013) www.edicionesraro.webnode.es y http://rakelraro.blogspot.com

Tú y tu blablabla Tú hablas de cómo sí y cómo no y por qué las cosas son como son o no. Tú hablas mientras otros limpiamos tu mierda y te sacamos la basura y no pensamos en esos porqués en esos cómos, en todo ese blablabla que te gastas. Los aguantamos adentro. Cuidado.

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La gente La gente, dices, es imbécil, cerda, idiota, sin conciencia, sin educación, sin principios, etc, etc, etc. La gente, dices, excluyéndote de ese plural. Pero. La gente de la que hablas gratuitamente y sin vergüenza, la gente a la que insultas íntimamente y a distancia, esa gente, acuérdate, también soy yo. Y me acuerdo. Y no me olvido de algunas cosas.


Una pena Cuando me observas creyendo que no te veo. Cuando me miras con cara de no entender mi reacción ni mis respuestas, pienso si te das cuenta por un puto instante de lo simple pequeño y cobarde que es tu corazón. Una pena.

Otra cosa que no te va a gustar Y luego me dices que tengo mala leche que me tomo las cosas muy a pecho. La próxima te lo diré de otra forma. Y no te va a gustar.

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José Pastor González José Pastor González, J.P.G., (1967), ha publicado el libro de poemas El ruido de los cuerpos al caer con la editorial digital Groenlandia. También colabora con distintas revistas. Estos poemas pertenecen al libro Alguien tiene que limpiar la mierda (Ediciones RaRo, 2013) Su blog: http://librosyaguardientes.blogspot.com.

lecciones de jardinería nos estáis echando tanta mierda encima que estáis abonando nuestro odio

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barrer para casa mi madre estuvo durante tres años todos los sábados limpiando la casa y el bufete de un afamado y rico matrimonio de abogados vallisoletanos estos para asegurarse de la eficacia y honradez de mi madre escondían monedas de veinticinco pesetas como si las hubieran perdido involuntariamente en rincones inverosímiles junto a la fotocopiadora, bajo el revistero de la sala de espera, entre las macetas de la terraza, detrás del televisor... monedas que mi vieja solo encontraría si se esmeraba al barrer, fregar o limpiar el polvo mi madre que siempre ha limpiado a conciencia daba con ellas y las dejaba honradamente en un cenicero que había en la enorme mesa del salón, haciendo cuentas (50 sábados al año por 3 años por veinticinco pesetas) le deben tres mil trescientas cincuenta pesetas y unas disculpas.


fotos: RaRo

vejestorios siempre que veía una treintañera con un viejo de más de 50 años que podría ser su padre no lo entendía no entendía qué podían encontrar aquellas preciosidades en aquellos vejestorios ¿seguridad?, ¿dinero?, ¿amor?, ¿experiencia? no lo entendía y sentía envidia envidia de la buena de la malsana y rastrera ahora que soy ese vejestorio acompañado de una hermosa treinteañera sigo sin entenderlo y comprendo a esos jovencitos que me miran con envidia con envidia de la buena de la malsana y rastrera y solo pido que esto dure lo más posible y que termine cuando empiecen los achaques y necesite de alguien que me limpie el culo.

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Pedro Juan Gutiérrez Pedro Juan Gutiérrez (Matanzas, Cuba, 1950) Poeta y narrador. Vive en La Habana. Ha sido traducido a diferentes idiomas y publicado en distintos países. Sus relatos y novelas lo ubican entre los más reconocidos escritores latinoamericanos contemporáneos; entre ellos Trilogía sucia de La Habana, El rey de La Habana, Animal tropical o Corazón Mestizo (este último, su visión particular de la isla que lo vio nacer). Tiene varios libros de poesía publicados en Cuba como La realidad rugiendo; Lulú la perdida y otros poemas de John Snake o Espléndidos peces plateados. Tiene dos libros de poesía inéditos y también una novela.

La Noche De vez en cuando necesito quedarme despierto hasta la madrugada violar mis eficientes horarios exponerme al sueño dislocado y dibujar un caracol sin rumbo que camina lentamente

Los que hablan solos Yo siempre he hablado solo por las calles desiertas. (Fayad Manis)

por el contrario de lo que suponemos muy pocos tenemos valor para enfrentarnos y hablar a solas

(Estos poemas pertenecen al libro La realidad rugiendo, 1987, Cuba)

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En la boca del lobo Algunos de mis amigos mejores los más honrados y honestos se suicidaron. No resistieron la avalancha Algunas de mis mujeres las más dulces y suaves ahora son ácidas y corrosivas Estoy en la boca del lobo y no sé qué hacer intento ganar tiempo Será el instinto de conservación El fantasma de Kavafis los influjos de la luna Escucho los cantos gregorianos en el crepúsculo con un vaso de ron en la mano y un tabaco y miro al mar El asco y la mierda se disuelven en la luz dorada Y mi mujer que limpia la casa alejada de todo me dice no bebas solo prepárame un trago ponle limón y miel de abeja. (Este poema pertenece a la plaquette La serpiente roja, con fotos de Carles Mercader)

El artista debe ser irresponsable, infiel y desleal. Es el único modo de romper todas las barreras y enfrentar al lector a situaciones límites. El arte y la literatura son los únicos espacios de libertad de pensamiento que nos quedan. Los políticos lo tienen todo bajo control. Y son mucho más cínicos que nosotros. Son implacables. No se detienen. Hay que ser un kamikaze. Además, los personajes te chupan la sangre y te matan poco a poco. En mi caso, al menos, mis personajes me están matando. Me inoculan veneno. Directo a la yugular. Yo no sé que hacer ¿dejar de escribir? ¿retirarme a un monasterio? (…) (Este fragmento pertenece al libro Pobre diablo (escrito entre 2004 y 2005, inédito) 47


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la rara

revista literaria

año 2013. número 3

A rtícu los: José Sánchez Sanz, Carlos Serrano, Angelita F.M, Esther Benavente Rel atos: Domingo López, Lara Moreno, F. Lefer Poesía: Ana Patricia Moya, Isabel Tejada, José Pastor, Marcos Binder, María Monjas, Miguel Saporta, Yolanda Ortiz, Sonia San Román, Rakel Rodríguez y la colaboración de Pedro Juan Gutiérrez Ilustraciones: María Torres, Daniella Querol, Juárez, Julio Lebrato

Fracaso y Literatura


la rara revista literaria

aĂąo 2013. nĂşmero 3

Ya en la calle, ya en los bares, ya a la venta


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