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No. 3

m a r zo - m a y o d e 2 0 1 3 I w w w . a r c h i vo b ogo t a .gov. c o


SECRETARÍA GENERAL


CONTENIDO

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Editorial

Gustavo Adolfo Ramírez Ariza

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Hacia un nuevo marco normativo archivístico en Colombia

Carlos Alberto Zapata Cárdenas

Myriam Astrid Loaiza Ríos

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Aportes de la conservación para la permanencia de los archivos

Bicentenario de la independencia de Cundinamarca

Nicolás Pernett Cañas

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Informe especial

La ciudad es mujer

23 Soledad Acosta de Samper: una mujer cosmopolita y enciclopédica

Jacquin Strouss de Samper

Carolina Alzate

27 41

Configuración de un sujeto autobiográfico femenino en la Bogotá de los 1850

Las mujeres en la independencia de Colombia

Nicolás Pernett Cañas

Germán Mejía Pavony

Carlos Vidales

45 49 54

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66

La ciudad recordada. Notas de Josefa Acevedo y Gómez sobre Santafé en 1810

Literatura, mujer e independencia

Sara González: difusora de la memoria Bernardo Vasco Bustos Del punto de cruz al punto aparte. 150 años de historia Dora Lucía Betancur Ángel Bogotá, Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe

María Cristina Suaza Vargas

73

Iluminancia en el sitio de trabajo

Liliana Mejía Hoyos

77

81

Fondo Junta Asesora y de Contratos Patricia Pecha Quimbay Gráfica, obra gráfica y memoria

Óscar Cerón

87

Eventos

96

Publicaciones

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EDITORIAL

FOTO: BLANCA DUARTE - ARCHIVO DE BOGOTÁ

E

n sus diez años de vida institucional, el Archivo de Bogotá ha desarrollado una importante función de cara a la preservación, organización y difusión del patrimonio documental de la ciudad, implementando un modelo de gestión documental, orientado la normalización de procesos archivísticos, estructurando un marco normativo acorde con las exigencias de una política nacional de archivos, promoviendo la cualificación permanente del personal responsable de los archivos de las entidades distritales y acompañando el proceso de implementación del SIGA, amén de contar con una infraestructura física dotada con las condiciones técnicas y funcionales propias para la conservación de la memoria documental de Bogotá.

l a i r o t i Ed

No obstante, en el contexto de una sociedad globalizada, fuertemente influenciada por el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, permeada por la democratización del conocimiento, el acceso a la información y la transparencia de las acciones de gobierno, la inclusión social y la participación ciudadana, el Archivo de Bogotá fija nuevos retos orientadores de la función archivística distrital, a partir de la formulación y adopción de una política distrital de archivos, que propenda por la modernización de los archivos de la ciudad y una nueva institucionalidad archivística para Bogotá.

Gustavo Adolfo Ramírez Ariza Director Archivo de Bogotá


3 En este horizonte, el Archivo de Bogotá, como organismo rector de la actividad archivística del Distrito Capital, adelanta, dentro de un escenario colaborativo y participativo, el desarrollo de iniciativas dirigidas al reconocimiento político, social y cultural de los archivos como garantes de los derechos constitucionales, centros de información al servicio de las agencias del gobierno, instrumento para la lucha contra la corrupción, aliados para la generación de conocimiento, fuente para la historia y estrategia para lograr una sociedad más informada e incluyente. El Archivo de Bogotá considera prioritario avanzar hacia la consolidación de una institucionalidad archivística de ciudad, dotándola, de conformidad con la reglamentación existente, de una capacidad administrativa y operativa que le permita fungir como verdadera instancia rectora de la función archivística distrital y coordinadora del Sistema Distrital de Archivos. Este proceso de modernización indudablemente pasa por la formulación, adopción y desarrollo de una política archivística que establezca las directrices y acciones encaminadas a la definición de elementos estratégicos (misión, visión, valores, principios) de una estructura organizacional y de ejes metodológicos que posibiliten la modernización de la función archivística distrital hacia la definición y reglamentación de un Sistema Distrital de Archivos, la implementación del Subsistema Interno de Gestión Documental y Archivos, SIGA, como un elemento del Sistema Integrado de Gestión de la Secretaría General de la Alcaldía Mayor de Bogotá, la adopción de estándares que faciliten la comunicación e interoperabilidad de la información contenida en los archivos, a través de la Red Distrital de Archivos, la actualización del referente normativo, el fortalecimiento de las relaciones intra e interinstitucionales para la realización de proyectos archivísticos de cara a la preservación y difusión del patrimonio documental y el reconocimiento y apropiación de la memoria diversa e incluyente, entre otras pretensiones. En esas estamos...

PORTADA: SOLEDAD ACOSTA DE SAMPER. Óleo sobre lienzo de Rafael Díaz Picón. Cortesía academia colombiana de historia

ALCALDÍA MAYOR DE BOGOTÁ D.C. Gustavo Petro Urrego Alcalde Mayor de Bogotá D.C. María Susana Muhamad González SecretariA General Gustavo Adolfo Ramírez Ariza Director Archivo de Bogotá Julio Alberto Parra Acosta SUBDIRECTOR SISTEMA DISTRITAL DE ARCHIVOS César Alirio Hernández Zárate SUBDIRECTOR TÉCNICO

DE MEMORIA Comité editorial Gustavo Adolfo Ramírez Ariza Myriam Astrid Loaiza Ríos Bernardo Vasco Bustos Nicolás Pernett Cañas Dora Lucía Betancur Ángel Myriam Astrid Loaiza Ríos Editora DE NÚMERO Blanca Duarte Dirección DE ARTE y Diseño Mónica Liliana Reyes DIAGRAMACIÓN Nicolás Pernett Cañas CORRECCIÓN DE TEXTOS Subdirección Imprenta Distrital - D.D.D.I. Impresión ISSN 2322-7265


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FOTO: ARCHIVO DE BOGOTÁ - FONDO FOTOGRÁFICO HERNÁN DÍAZ


ANÁLISIS

Hacia un nuevo marco normativo archivístico en Colombia

C Carlos Alberto Zapata Cárdenas Director Archivo General de la Nación

olombia ha tenido en las últimas dos décadas un desarrollo significativo en materia archivística, promovido principalmente por una política normativa moderna, basada, en primer lugar, en la profesionalización de la actividad archivística del país, con la creación del programa de Bibliotecología y Archivística de la Universidad de la Salle en 1971, y en segundo lugar el apoyo del Gobierno Nacional durante la administración del presidente Virgilio Barco, a instancias del doctor Jorge Palacios Preciado, quien logró convocar a diferentes sectores de la sociedad para unirse al proyecto legislativo que culminó con la creación del Archivo General de la Nación y el Sistema Nacional de Archivos, mediante la promulgación de la Ley 80 de 1989, piedra angular de la política archivística colombiana. Algunos años después, y también bajo el liderazgo del doctor Palacios Preciado, el gobierno nacional logró convocar un grupo de expertos internacionales quienes, con el aval del Consejo Nacional de Archivos, trabajaron con expertos nacionales en la redacción de la Ley General de Archivos, la cual vio la luz pública en el año 2000, dotando a nuestro país de un marco jurídico moderno, superior incluso al de leyes expedidas en países más desarrollados. Sin duda, la expedición de la Ley 594 de 2000 marcó un hito para el Estado, al convertir a la función archivistita en un eje fundamental en la consolidación de nuestra democracia.

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ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN / FOTO: mónica reyes - archivo de bogotá

Con el paso de los años, en especial durante el periodo comprendido entre 1998-2010, la necesidad de archivistas se fue acrecentando, lo cual derivó en la creación de nuevos programas de formación en diferentes instituciones y niveles de educación, y en una demanda de profesionales en nuestro campo. Paralelamente surgieron nuevas iniciativas gubernamentales y del sector privado, promovidas por este marco normativo, que contribuyeron a modernizar el sistema archivístico colombiano. La creación de nuevos archivos públicos como el Archivo de Bogotá, la construcción o adecuación de edificios para archivos, con características técnicas y arquitectónicas apropiadas, la consolidación del papel de los archivos en la sociedad, la profesionalización de las plantas de personal con funcionarios de diferentes campos del saber, la adopción de tecnologías para la administración de archivos y la gestión documental y el desarrollo de un sector de servicios amplio, atraído por la necesidad de las entidades públicas de cumplir con la normatividad expedida por el Archivo General de la Nación, marcaron los últimos 15 años de la archivística pública en nuestro país.

A partir del año 2011, el Archivo General de la Nación inicia un proceso de articulación con otras entidades del Estado. A pesar de los avances, en este mismo período también se evidenciaron dificultades en la aplicación de las normas del AGN, en particular en los entes territoriales, en donde el constante cambio del personal responsable de administrar los archivos, los cambios mismos en la administración pública territorial, la baja asignación de recursos económicos y tecnológicos, los desastres naturales, la corrupción y el conflicto armado, ocasionaron un declive en el desarrollo archivístico del país. La reducción en los indicadores de cumplimiento de la Ley General de Archivos y la prácticamente nula modernización de la política archivística, principalmente en el periodo comprendido entre 2004 y 2010, generó un estancamiento en nuestro desarrollo archivístico, cuyos indicadores negativos son visibles; a pesar del crecimiento del sector de servicios archivísticos y de las millonarias inversiones en proyectos de archivo, no se logró visibilizar un avance en la modernización de los


ANÁLISIS archivos públicos ni la implementación del Sistema Nacional de Archivos. Hacia el año 2008, se comenzaron a dar algunos cambios significativos, inicialmente al interior del ente rector de la política archivística, mediante un trabajo de planeación estratégica de largo plazo, basados en el desarrollo de las TIC, y posteriormente, gracias al apoyo de los entes de control como la Contraloría General de la República y la Procuraduría General de la Nación, se comienza a evaluar objetivamente el desarrollo de la función archivística en las entidades de la administración pública, identificando las debilidades que tenían en materia archivística. El fortalecimiento de la facultad de inspección y vigilancia del AGN fue el punto de partida para lograr un reconocimiento del papel de los archivos en la modernización de la administración pública y la transparencia. A partir de los informes de inspección y vigilancia, la Procuraduría General de la Nación incluyó a la Ley General de Archivos en el Índice de Gobierno Abierto – IGA, como una de las normas consideradas claves en la lucha contra la corrupción. De manera complementaria, los avances en materia de tecnologías de la información y

las comunicaciones, la consolidación del Gobierno En Línea – GEL, como una estrategia gubernamental para promover la transparencia del Estado y la formulación de políticas públicas en materia de tecnologías de la información. A su vez, la asignación de nuevas funciones al Archivo General de la Nación, el bajo cumplimiento de la normatividad archivística, especialmente en los entes territoriales, y el crecimiento de problemáticas asociadas a la gestión documental electrónica, así como la vulnerabilidad de los medios electrónicos, lo cual pone en riesgo el patrimonio documental del país, alerta al Gobierno Nacional sobre la necesidad de modernizar las política de archivos y gestión documental.

A partir del año 2011, el Archivo General de la Nación inicia un proceso de articulación con otras entidades del Estado, con el fin de lograr una mayor coordinación interinstitucional que permitiera mejorar el desarrollo de la función archivística del Estado, alrededor de procesos de modernización de otras políticas públicas y otros sectores de la administración. El primer avance en este dirección fue con el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, a través del Programa – GEL, debido al impacto que el desarrollo de las TIC tiene en la gestión documental. En segundo lugar, se fortaleció el vínculo con la Procuraduría General de la Nación, buscando avanzar en indicadores cualitativos de cumplimiento de la Ley General de Archivos, superando el formalismo de las normas y pasando a un modelo de impacto. Un tercer avance fue establecer un canal de comunicación y un trabajo mas

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8 articulado con la Presidencia de la República, el Departamento Administrativo de la Función Pública, el Departamento Nacional de Planeación y los territorios, representados tanto en la misma administración pública territorial, como en los Archivos Generales Territoriales y los Consejos Departamentales y Distritales de Archivos, instancias claves para lograr un mayor nivel de cumplimiento de la normatividad archivística. A partir del análisis de la problemática descrita anteriormente, el AGN se dio, desde mediados del año 2011, a la tarea de proponer a las instancias competentes la formulación de un nuevo marco normativo, teniendo como eje la Ley 594 de 2000, que permitiera, por un lado, eliminar algunos de los obstáculos que impedían un mayor avance en la función archivística del Estado, y por otro lado, modernizar la gestión documental pública, a partir de los avances del país en materia de tecnologías de la información. El nuevo marco normativo propuesto, se basa en cinco principios:

1.

Asignar una mayor responsabilidad a las instancias del Sistema Nacional de Archivos, en particular a los Comités Internos de Archivos, los Archivos Generales municipales, distritales y departamentales que se creen y los Consejos Departamentales y Distritales de Archivos. 2. Fortalecer la función patrimonial del

Archivo General de la Nación y de los Archivos Generales Territoriales, responsabilizando a las entidades del Estado en su propia función archivística.

3.

Visibilizar las actuaciones de la administración pública a partir de la publicación de los documentos e información pública, que no esté sujeta a reserva.

4.

Reorientar a las instancias ejecutoras del SNA hacia el acompañamiento, control y seguimiento de la función archivística en su ámbito institucional o jurisdiccional.

5.

Ampliar la cobertura de las normas a las entidades y sectores que pese a ser sujetos obligados, no cumplen con la Ley General de Archivos y sus normas reglamentarias.

Un aspecto relevante del nuevo modelo normativo es que sean las entidades las responsables de su propios patrimonios documentales, asumiendo el impacto de las decisiones que tomen en materia archivística y de gestión documental, así como el cambio en el papel que deben cumplir los Archivos Generales Territoriales y los Consejos Departamentales y Distritales de Archivos, dentro del Sistema Nacional de Archivos y como líderes del proceso de modernización archivística en sus respectivas jurisdicciones. De otro lado, la nueva normatividad pretende incluir en el ámbito de aplicación a los documentos electrónicos, de forma que las nuevas normas que se expidan consideren esta nueva realidad de la función archivística y de la gestión documental, extendiendo su obligatoriedad a estos nuevos soportes. Igualmente, se busca que desde la facultad de inspección y vigilancia que tiene el Archivo General de la Nación, se mejore la articulación con los organismos


ANÁLISIS

Mayor responsabilidad instancias SNA Protección del patrimonio documental

Cubrimiento de la función archivística en el Estado

Ley 594 2000

Mayor transparencia

Acompañamiento, control y seguimiento

de control, concertando actuaciones más coordinadas y que resulten en beneficios reales para los archivos y las entidades, o se tomen medidas sancionatorias para las entidades y los servidores públicos que no cumplan con las normas de archivo; incluyendo la obligación para el sector de servicios de cumplir con la normatividad archivística, cuando sus servicios se presten a entidades públicas o privadas que cumplen funciones públicas. En adición a lo anterior, las nuevas normas que se expidan se fundan en la recuperación de la esencia de la doctrina archivística implícita en la Ley General de Archivos, en particular en cuanto al respeto de los principios archivísticos, la preservación de le evidencia y la transparencia; la simplificación de los procesos de la función archivística; y la reducción de los costos en la fase histórica de los documentos, asignando a las entidades la carga económica que les corresponde por ser los responsables de la gestión documental. Finalmente, y con el fin de abordar el desarrollo de los archivos privados, las normas que se expidan en adelante incluirán a las entidades privadas, para lo cual se les da un papel activo a los ministerios y superintendencias encargadas de vigilarlas, de forma que el país logre después en el corto plazo normalizar la función archivística y la gestión documental, tanto en el sector público como en el sector privado

DE ORI GEN DE LOS DOC UM ENTOS ivo APOYO. Den tro de los docu men tos de arch es:

clas prod ucidos por una enti dad exis ten tres que los son que es, onal misi los sust anti vos o s ncia pete com de o cici ejer dan cuen ta del un ; dad enti la de as cífic y func ione s espe litadores segu ndo grup o de docu men tos faci com une s s ione func de o rroll gen erados en desa able s, cont ntos ume (doc es a toda s las enti dad grup o er terc un y ) onal pers pres upu esta les, de o. apoy de an ider cons se de docu men tos que gen erados Los docu men tos de apoy o son ofic inas o s por la mism a ofic ina o por otra seri es sus de inst ituc ione s, y no hace n part e el para dad docu men tale s, pero son de utili cum plim ient o de sus func ione s. conc luye Ana lizad a la ante rior defi nici ón, se a los orm conf que ón taci que la docu men en las rá stra regi se no o docu men tos de apoy ón no ucci prod su ue porq n, tabl as de rete nció de ias prop s ione func de o obed ece al ejer cici que y , caso n segú dad enti o la dep end enci a blec er un para su adm inis trac ión se deb e esta o. proc edim ient o clar

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De Archivos

POR: ROSA MARGARITA CALA

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FOTO: ARCHIVO DE BOGOTÁ - FONDO FOTOGRÁFICO VIKI OSPINA


TALLER

E

Aporte conser vs de la para la ación perma

nencia chivos

de los a r

n el campo de la administración de documentos, el propósito es llegar a la homogenización y normalización de los procesos archivísticos, la promoción del desarrollo de centros de información, la salvaguarda del patrimonio documental y la supervisión de la gestión archivística, por medio de un trabajo que combine diferentes áreas del conocimiento. Por definición, la interdisciplinariedad es lo que se realiza con la cooperación de varias disciplinas, y para que una disciplina haga parte del sistema que brinde soluciones efectivas a los problemas específicos desde su propia experticia necesita reconocerse a sí misma como aportante particular en un mar de conocimiento.

Myriam Loaiza Ríos Conservadora y restauradora

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12 La conservación de archivos procura contribuir al objetivo de lograr la perdurabilidad en el tiempo de los documentos de archivo en las mejores condiciones, desde que son concebidos hasta que se decide su disposición final. Su aporte como disciplina, que a la vez se vale de otras ciencias y profesiones, como la química, la biología, la microbiología, el diseño, entre otras, está relacionado con el estudio de los materiales que componen los documentos y su comportamiento en diferentes condiciones ambientales. Desde el archivo de gestión, la conservación trabaja de la mano con la archivística y otras disciplinas como la ingeniería industrial, la historia, el derecho, para procurar que la cantidad de documentos producidos por una entidad sean los estrictamente necesarios y de esta manera garantizar la perdurabilidad de aquellos que

desde su concepción son de valor histórico. Utilizar materiales de buena calidad en los documentos definitivos, racionalizando el uso del papel y tintas en documentos originales, almacenar en carpetas con algún tipo de tratamiento, erradicando el uso de material altamente ácido y de AZ, normalizar la utilización de ganchos plásticos cuando es necesario tener unido un grupo de documentos, manipular adecuadamente un expediente, tener un espacio de almacenamiento que cumpla con condiciones mínimas y la reproducción mínima y necesaria de los documentos son algunas premisas que permiten ahorrar hasta un 30 % de los recursos de la entidad en un plazo muy corto.

Otro tema del cual se ocupa la conservación en el archivo de gestión es la consecuencia del uso de espacios mixtos; es decir, espacios donde está almacenada documentación y que además son sitios permanentes de trabajo. A través de las mediciones de factores ambientales físico-químicos, como la humedad relativa, la temperatura, la intensidad lumínica, la cantidad de polvo y material particulado proveniente de industrias y vehículos, la conservación puede dar recomendaciones frente a la permanencia de los archivos y frente a la salud de los trabajadores. El programa de monitoreo de carga microbiana, que está destinado a medir la cantidad de población de hongos y bacterias que se encuentra en un espacio de archivo, y su posterior saneamiento, hace que los espacios de archivos y oficina tengan un ambiente sano para los trabajadores y para los documentos. Para los archivos centrales, donde se llevan a cabo procesos de organización, consulta, conservación y disposición final de documentos que no han perdido la vigencia administrativa, la conservación permite dar lineamiento sobre la forma de consultar, almacenar y disponer físicamente la documentación. El programa de inspección de espacios permite evaluar los sitios destinados para archivos, evitando que se sobrepase la capacidad de almacenamiento de estantería y estructuras arquitectónicas. A la vez, orienta acerca de las condiciones mínimas que deben cumplir los sitios de almacenamiento de acuerdo con la normatividad vigente. La construcción o adecuación de un espacio para almacenamiento de archivo central depende del volumen documental de la entidad, el nivel de organización del archivo, la frecuencia de consulta y, sobre todo, del crecimiento del archivo de acuerdo con los parámetros archivísticos que establezcan los procesos de retención y valoración documental, en un permanente trabajo conjunto entre el conservador, el archivista y el historiador.


investigación aplicada

La disciplina de la conservación aporta decididamente a la forma cómo se guarda, interviene y pone al servicio todo tipo de documentos. En un trabajo interdisciplinario, donde se toman en cuenta los diferentes puntos de vista. Desde la conservación se diseñan e implementan programas de monitoreo y control de condiciones ambientales, capacitando al personal para que detecten y erradiquen fuentes de contaminación o variación ambiental al interior de los espacios; se orienta sobre la presencia de microorganismos o plagas que pueden afectar la documentación almacenada, entrenando al personal para efectuar programas de prevención; a la vez, se diseñan y llevan a cabo programas de almacenamiento aplicados específicamente al tipo de documentación que maneja el archivo: de prevención de desastres; de seguridad, transferencia, control y condiciones de reproduccion, préstamos y consulta; entre muchos otros. Estos programas están orientados a que la documentación que está transitoriamente en un archivo central continúe en las mejores condiciones de conservación y prepararla para su conservación permanente, selección o eliminación, de acuerdo con la TRD de la entidad. Cuando la documentación ha cumplido su vigencia administrativa y es declarada de interés patrimonial y de importancia para el conocimiento de la historia y la cultura del país, la conservación documental juega un papel importante. Es en el archivo histórico donde se ven las consecuencias de las medidas tomadas en los archivos de gestión y centrales y, a la vez, es donde se toman las decisiones definitivas que resultarán en la conservación permanente de la documentación. Es en esta instancia donde el trabajo interdisciplinario realizado durante la vida del documento rinde

sus frutos y donde se requiere el consorcio y la inversión de recursos para garantizar el derecho del ciudadano a estar informado y a hacerse a su propia idea sobre el devenir histórico. La disciplina de la conservación, en los archivos de documentos con valor histórico o patrimonial, aporta decididamente a la forma cómo se guarda, interviene y pone al servicio todo tipo de documentos. En un trabajo interdisciplinario, donde se toman en cuenta los diferentes puntos de vista, se decide los métodos que se pondrán en práctica para que el usuario tenga acceso a la información contenida en los documentos. La reprografía -microfilmación o digitalización-, los sistemas de almacenamiento de diferentes formatos y diferente tipo de soportes, la intervención a nivel de conservación o restauración, la organización de documentación desagregada, con la consecuente referencia cruzada y la separación por técnica y formatos deben realizarse pensando en un archivo histórico, que busca no solo mantener la integridad de los documentos, sino la conservación de los mismos, tomando como base la forma como fueron concebidos y sus particularidades técnicas desde lo material, para así garantizar su permanencia. Tomar como referencia un solo punto de vista, en lo que respecta a la administración en archivos, en cualquier etapa del documento, significará reinversión de recursos humanos y físicos en un corto tiempo. Los archivos requieren el concierto de las disciplinas que se sientan con la capacidad para aportar elementos que lleven a la organización definitiva de los fondos documentales producidos y por producir y esto debe hacerse en un plano interdisciplinario, donde se debe evaluar la pertinencia de llevar a cabo uno u otro método. Una decisión unilateral, un método aislado y no concertado, una imposición de un punto de vista particular puede llevar a la pérdida irrecuperable de información

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FOTO: ARCHIVO DE BOGOTÁ - FONDO FOTOGRÁFICO SADY GONZÁLEZ


CRÓNICA HISTÓRICA

la e d o i r e a d n e t a n ci

Bice enden rca ma dep

in undina C

Nicolás Pernett Cañas Historiador

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E

n el año 2010 se conmemoró con gran pompa el bicentenario de la Independencia con actos en toda Colombia y en la mayoría de los países latinoamericanos. En ese año se vieron grandes ceremonias y la aparición de numerosas publicaciones dedicadas al tema. Lastimosamente, las celebraciones acabaron muy pronto y para 2011 ya no se escuchaba hablar de bicentenarios sino en muy pocos lugares de la geografía nacional. Sin embargo, hay que recordar que lo que se conmemoró en 2010 fue el inicio del proceso de independencia que se empezó a concretar en 1810 con la instalación de juntas de gobierno en numerosas provincias del Nuevo Reino de Granada -notablemente en Santafé el 20 de julio-, y se prolongó durante varios años de azarosas batallas, trascendentales decisiones políticas y grandes gestos de heroísmo, por lo menos hasta la Batalla de

JURAMENTO DE ANTONIO NARIÑO EN LA IGLESIA DE SAN AGUSTÍN / FRANCISCO ANTONIO CANO . 1926 . MUSEO NACIONAL DE COLOMBIA.


16 Ayacucho en diciembre de 1824. Así que de aquí al año 2024 estaremos recordando continuamente momentos estelares de nuestra historia que cumplen doscientos años de sucedidos. Este “bicentenario extendido” bien podría ser una ocasión de continuar la reflexión (o por lo menos la recordación) histórica de lo que significó para Colombia e Hispanoamérica su separación del Imperio español, y cuál ha sido el balance al cabo de dos siglos. Momentos tan importantes como las constituciones del Socorro de 1810, o la de Cundinamarca en 1811, pasaron en gran parte inadvertidos a pesar de haber sido los primeros precedentes constitucionales en América Latina. Con más interés se festejó el bicentenario de la independencia de Cartagena en noviembre de 1811, por haber sido la primera ciudad colombiana que declaró su independencia absoluta de España -si no contamos la declaración de independencia de Mompox, el 6 de agosto de 1810, y que sí alcanzó

colombo-venezolanos por Bolívar, Santander y Páez, y su avance hacia la Nueva Granada, en 2018. Y en febrero de 2019 se cumplirán dos siglos del momento que tal vez sea el más importante de la historia de Colombia como República: la instalación del Congreso de Angostura, momento en que el Libertador se inventa un país llamado Colombia, con nombre, símbolos y fronteras, aun antes de conseguir el triunfo militar en las batallas del Pantano de Vargas y el Punte de Boyacá en agosto de 1819. Antes de todo esto, es importante recordar que en este 2013 la atención de los bogotanos y de todos los habitantes del país se vuelca a la conmemoración del bicentenario de un suceso definitivo de nuestra historia: la declaratoria de la independencia absoluta del Estado de Cundinamarca por parte de Antonio Nariño, el 16 de julio de 1813. Este fue el momento en que se empezó a hablar definitivamente de la eliminación de todos los vínculos de sometimiento

Este “bicentenario extendido” bien podría ser una ocasión de continuar la reflexión histórica de lo que significó para Colombia e Hispanoamérica su separación del Imperio español. a ser incluida en los festejos de 2010-. Pero en un alarmante olvido han pasado los bicentenarios de otras provincias o de acciones tan definitivas de la historia de Colombia como el inicio de nuestras guerras civiles, con las batallas de Ventaquemada y San Victorino, entre los centralistas y los federalistas, el 2 de diciembre de 1812 y el 9 de enero de 1813, respectivamente. Otros bicentenarios que se avecinan, por lo menos de hechos ocurridos en la actual Colombia, serán la derrota y captura de Antonio Nariño en la Campaña del Sur, en mayo de 2014, la reconquista de Pablo Morillo en Cartagena, en 2015, la muerte de los patriotas a manos de los españoles en Santafé, en 2016, la formación de las guerrillas independentistas en los llanos

con España, después de que la revolución del 20 de julio de 1810 solo había alcanzado a constituir un nuevo gobierno local fiel al rey Fernando VII, sin animarse a romper los lazos con la corona, y que la Constitución de Cundinamarca de 1811 había ratificado este estado de dependencia monárquica. El camino que llevó a la independencia absoluta se inició cuando Antonio Nariño llegó a la presidencia del Estado de Cundinamarca en septiembre de 1811, después de haber provocado la caída del gobierno de Jorge Tadeo Lozano con la publicación en su periódico La Bagatela del artículo “Noticias muy gordas”, en el que denunciaba el grave estado de la nación, y en donde exigía un nuevo gobierno para hacer frente a la posibilidad de una reconquista española. Después del revuelo que


CRÓNICA HISTÓRICA causó esta publicación, y con la ayuda de José María Carbonell y del pueblo de Santafé que se volcó en su apoyo, Nariño asumió la presidencia del Estado de Cundinamarca y lo llevó a una nueva etapa. Se redactó a comienzos de 1812 una nueva constitución, que reemplazó a la de 1811, y en la que Nariño reordenó la administración, pero sin llegar todavía a declarar la independencia del Estado. Pero los azares de la política interna se interpusieron en estos aires de libertad. A finales de ese mismo año, el gobierno de Nariño se vio enfrentado a la hostilidad del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, que empezó sesiones en Santafé pero rápidamente se trasladó a Tunja ante la resistencia de Nariño a apoyar una organización federalista del país. Las diferencias políticas pronto se convirtieron en enfrentamientos armados y las dos ciudades entraron en guerra durante los últimos días de 1812 y los primeros de 1813. La predicción de Nariño se hizo realidad y las fuerzas realistas fieles a la administración española, fuertes en Quito y en Santa Marta, ganaron terreno y amenazaron por igual al proyecto de Camilo Torres, asentado en Tunja, como al gobierno de Nariño, asentado en Santafé. Por eso el año 1813 fue un año en el que la lucha independentista se radicalizó. A mediados de ese año, por ejemplo, Simón Bolívar lanzó el decreto de “guerra a muerte”, en el que sentenciaba a morir a todos los peninsulares residentes en territorio americano, y pocas semanas después Nariño decidió llegar a algún tipo de acuerdo con los federalistas para enfrentar juntos la amenaza realista. En un gesto análogo al de Bolívar, Antonio Nariño proclamó el 16 de julio de 1813 la independencia de Cundinamarca, en la que se dejó asentado que, ante el abandono del rey de España de sus reinos y la necesidad de asumir una posición definitiva frente al inminente arribo de tropas leales a España, una larga lista de notables adictos a la causa de Nariño declara que “de hoy en adelante, Cundinamarca es un Estado libre e independiente, que queda separado para siempre de la corona ANTONIO NARIÑO / JOSÉ MARÍA ESPINOSA . 1825 / MUSEO DE LA INDEPENDENCIA - CASA DEL FLORERO.

El camino que llevó a la independencia absoluta se inició cuando Antonio Nariño llegó a la presidencia del Estado de Cundinamarca en septiembre de 1811.

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DETALLE BATALLA DE LOS EJIDOS DE PASTO - JOSÉ MARÍA ESPINOSA . 1845 - 1860 . MUSEO NACIONAL DE COLOMBIA.

y gobierno de España y de toda otra autoridad que no emane inmediatamente del pueblo o de sus representantes” y “que toda unión de dependencia con la Metrópoli está rota enteramente”. Pocos días después, esta declaración fue ratificada por el Colegio Electoral de Cundinamarca y se procedió a una serie de acciones simbólicas que recalcaron el final del dominio español y el comienzo de la autonomía política de la ahora llamada República de Cundinamarca. Entre ellas se vio la quema de la bandera de los reyes Borbones y la destrucción de todos los blasones de esa casa que todavía se encontraran en Santafé y su reemplazo por un nuevo escudo y bandera que el propio Nariño diseñó. Después de haber dado ese paso fundamental en la orientación independentista del proyecto neogranadino y de ser envestido como dictador de Cundinamarca, una medida extrema para asegurar la rápida toma de decisiones, Antonio Nariño se erigió como la cabeza visible de los patriotas y por eso fue él el llamado a encabezar la Campaña del Sur, expedición militar destinada a arrancar Pasto y Popayán del dominio español, al mismo tiempo que Simón Bolívar se tomaba Caracas en el norte. Si esta campaña hubiera tenido éxito, lo más probable es que el territorio de la actual Colombia hubiera alcanzado su independencia de España mucho más temprano

y se la hubiera debido fundamentalmente a Antonio Nariño. Sin embargo, la Campaña de Nariño en el Sur fracasó por motivos que todavía hoy son motivos de controversia, y el Precursor fue nuevamente apresado en mayo de 1814. Al final, la República de Cundinamarca, como experimento soberano e independiente tuvo una corta vida, pues a finales de 1814 tropas leales al gobierno de Tunja, comandadas por Simón Bolívar, se tomaron Santafé y la sometieron al proyecto federalista; y a comienzos de 1816 entraron en la capital las huestes de Pablo Morillo para poner fin a cinco años de uno de los procesos políticos más intensos de nuestra historia. La historia terminó por demostrar que en esa coyuntura decisiva eran necesarias las posiciones enérgicas y radicales de Simón Bolívar y Antonio Nariño, quienes en lugar de tratar de acomodarse a los vaivenes de la política peninsular, tuvieron claro desde el comienzo que el único camino era la libertad sin condiciones. Por ello, la declaratoria de independencia del Estado de Cundinamarca se establece como uno de los sucesos más importantes de la historia de Colombia. A pesar de que nadie puede negar la importancia de los sucesos del 20 de julio de 1810, el 16 de julio de 1813 es la fecha en que por primera vez se empezó a hablar de independencia real y de poder emanado en su totalidad de la soberanía popular en el centro del país. Bogotá y toda Colombia se deben volver a vestir de Bicentenario para festejar esta importante fecha


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MUJERES

Me estremeció la mujer del poeta, el caudillo siempre a la sombra y llenando un espacio vital me estremeció la mujer que incendiaba los trillos de la melena invencible de aquel alemán. [ ... ] Me estremeció la mujer que parió once hijos en el tiempo de la harina y un kilo de pan y los miró encurecerse mascando carijos me estremeció porque era mi abuela, además. [ ... ] Me estremecieron mujeres que la historia anotó entre laureles y otras desconocidas gigantes que no hay libro que las aguante. Me han estremecido...

Silvio Rodríguez Cantautor cubano, nacido en Santiago de los Baños, 1946. Del Lp MUJERES, de 1978.


INFORME ESPECIAL

FOTO: ARCHIVO DE BOGOTÁ - FONDO FOTOGRÁFICO JORGE SILVA

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La ciudad es mujer

E

n Bogotá viven aproximadamente 3.820.000 mujeres, las cuales representan el 52 % de la población total de la capital. Todos los días, estas mujeres construyen la ciudad y el país con su trabajo y su ejemplo. En esta edición de la revista De Memoria, el Archivo de Bogotá quiere rendirles un merecido homenaje a las mujeres, del presente y del pasado, que han hecho de Bogotá lo que es. Bogotá tiene nombre de mujer y, si seguimos la leyenda muisca sobre el nacimiento de la vida en la sabana, todos sus habitantes vienen de una diosa madre creadora. Por esas razones se puede decir que la ciudad es mujer. Pero no creemos que se deba hablar únicamente de “la mujer” en singular, sino de las “mujeres”, pues cada una de ellas ha jugado y juega un papel particular dentro de la sociedad. Las ha habido que trabajan en política e industria, que escriben y que pintan, que salen a la calle todos los días a buscarse el sustento o que sostienen un hogar cumpliendo tareas más tradicionales. Encasillar en una única naturaleza y en un único papel a todas las mujeres sería igual de inexacto a hablar de una única manera de ser hombre, por ejemplo, o de una única manera de asumir la sexualidad. Las que existen y han existido en el mundo son mujeres, en plural. Por ello, en este Informe Especial, repasamos la historia de grandes mujeres que han roto con el molde y han dejado un legado en la cultura y

la vida social de Colombia. Desde las mujeres, conocidas o anónimas, que contribuyeron con la gesta de la Independencia, hasta las que siguen trabajando por el feminismo y la memoria histórica a comienzos del siglo XXI, pasando por dos mujeres destacadas en el siglo XIX colombiano por despuntar como pioneras en la tarea de darle la pluma al género femenino: Josefa Acevedo y Gómez y Soledad Acosta de Samper. Esta última, fallecida en 1913, se recuerda con especial interés en este 2013, pues todo el país se ha unido para hacerle un gran homenaje en el centenario de su muerte. El Archivo de Bogotá también desea honrarla por su vida dedicada a la literatura y a la historia, y por su profunda reflexión sobre el papel y posición de las mujeres en nuestro país. En nuestra habitual sección de entrevistas, la socióloga Sara González rememora su papel como artífice y gestora de la cultura del documento en el país y ofrece un acercamiento al devenir histórico de la archivística en Colombia. Para todas las mujeres que han hecho historia y para las que la historia ha olvidado, para las que han asumido su condición femenina como un motivo de reflexión y de lucha y para aquellas que tal vez sin saberlo han cambiado el mundo, y también para todos los hombres que han sabido valorar y aprender de su contraparte en la vida, la revista De Memoria ha preparado esta edición especial


INFORME ESPECIAL

: r e p m a S e d a t s o c A d a d Sole smopolita

o c r e j u m una ciclopédica y en

Jacquin Strouss de Samper Presidenta de la comisión para la conmemoración del centenario de Soledad Acosta de Samper

soledad acosta de samper cortesía: biblioteca luis ángel arango

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C

onocí a doña Soledad cuando empezaba mi maestría de Historia en la Universidad de los Andes y, como muchas de sus seguidoras actuales, quedé prendada de ella, de su trayectoria, de su escritura multifacética, del acento precursor de sus escritos dirigidos hacia la mujer y de su inagotable capacidad de trabajo. La excelente educación recibida y legada por su padre, el general Joaquín Acosta, su vida al lado del político José María Samper Agudelo y lo prolífico de su obra, movieron mi curiosidad hacia el redescubrimiento de Soledad como historiadora por su riquísimo trabajo intelectual. Sesenta años de producción conformada por cuentos, novelas, traducciones, crítica literaria, crónicas periodísticas, novelas históricas, biografías, además de artículos y manuales de historia dirigidos hacia la mujer de su tiempo, justifican por sí solos la conmemoración y visibilización de una mujer que se destacó con sus escritos durante la segunda mitad del siglo XIX. Recuerdo la anécdota fascinante según la cual Soledad y José María pasaban su noviazgo en veladas donde competían jugando para ver quién hacia el soneto más preciso, el discurso más bonito o la evocación musical más romántica. Realicé un retrato imaginario de lo que podría ser su gabinete de estudio en la biblioteca de la casa de su padre, situada en la Calle del Teatro 1º al Sur, No 24, donde vivió la mayor parte de su vida. Lo primero que me encuentro en ese gabinete es el manuscrito de su diario, donde narra su noviazgo dos años antes de casarse. Vislumbro las dotes de escritora de la

joven Soledad. En efecto, enmarca su relato con la Guerra Civil de 1854, la participación en ella de su novio José María Samper con comentarios políticos y sociales no muy propios de un diario de amor.

Sesenta años de producción literaria justifican por sí solos la conmemoración y visibilización de una mujer que se destacó con sus escritos durante la segunda mitad del siglo XIX. Veo encima de un escritorio de madera sus notas de viajes en distintos idiomas, los cuadros costumbristas suspendidos en el tiempo de sus recuerdos y uno que otro ejemplar de la revista La Mujer, dirigida por ella, y del periódico El Domingo donde, en 1898, por primera vez publica unos apartes de la biografía de su padre. Con la angustia que nos produce a los historiadores saber que los hechos de hoy tal vez se pierdan en los vientos y las nubes de las redes virtuales, veo también en ese escritorio las cartas de su correspondencia con Emilia Pardo Bazán, Menéndez Pelayo, Miguel de Unamuno y Rafael Pombo. La observo compartiendo con Rafael Núñez ilustraciones fantásticas sobre historias de piratas del Caribe y, al lado de una taza aún humeante de chocolate, encuentro las cartas cruzadas con el peruano Ricardo Palma defendiendo los americanismos en el Congreso Hispanoamericano de 1892.


INFORME ESPECIAL

“Benignísimo Dios de infinita caridad que tanto amasteis a los hombres...”. Y estarán, porque no podían faltar, los manuscritos, con huellas de lágrimas, de su obra de teatro sobre las mujeres víctimas de la guerra, tal vez la misma guerra cuyo fin hoy se está negociando.

exposición cien años de soledad acosta de samper aRCHIVO DE BOGOTá. FOTOS: MONICA LILIANA REYES.

En la vieja mesa, dentro de una caja con moño, habrá también comprobantes de contabilidad, cuentas de cobro a sus editores como don Juan Valera, órdenes de compras de botones y cintas para su mercería, su último manuscrito sobre la soberanía de la mujer en la casa, suscripciones anuales de cien pesos de su Biblioteca de Historia, las proclamas para defender a Nariño y los lamentos sobre la pérdida de Panamá. Y habrá por ahí en algún papel algunas líneas garrapateadas de la Novena de Navidad adaptada por su hija Bertilda en el convento de la Enseñanza:

En ese escritorio enciclopédico de doña Soledad queda su imborrable imagen de mujer cosmopolita, adelantada a su tiempo y geografía, viviendo en una ciudad que no pasaba de 60.000 habitantes en una época en que los partidos, como siempre, eran facciones de guerra, y las mujeres tenían que pedir permiso a sus esposos para hacer públicas sus ideas. La figura de ese escritorio repleto de ideas, palabras y sueños, oloroso a linotipo y a plantas de hierbas aromáticas, en medio de una sociedad pacata y violenta, es la mejor imagen que se me ocurre para justificar el estar presidiendo esta comisión del centenario que me honra y compromete. Dedicaré todas mis capacidades para la culminación exitosa de todos los eventos a realizar durante este año

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FOTO: ARCHIVO DE BOGOTÁ - FONDO FOTOGRÁFICO HERNÁN DÍAZ


n u e d n ó i c Configuraobiográfico sujeto auetn la Bogotá femenino de los 1850 *

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Carolina Alzate Docente e investigadora Universidad de los Andes

S

oledad Acosta de Samper, nacida en 1833 y muerta en 1913, es la escritora colombiana más importante del siglo XIX y se encuentra dentro de los más relevantes escritores de su generación, hombres y mujeres. Aunque es referencia obligada en las historias de la literatura colombiana fue muy poco estudiada antes de la década de 19801. Emprender la búsqueda, edición y estudio de un Diario íntimo (Alzate, 2004) suyo significa estudiar lo marginal dentro de lo marginal. La escritura autobiográfica masculina es abundante, respetada y apetecida a lo largo de todo el siglo XIX, y en Colombia e Hispanoamérica existe en la forma de memorias. Sin embargo, para las mujeres de la época hablar de sí mismas era aun más difícil que emprender una carrera literaria y hacer pública su producción (Kirkpatrick, 1989). Como sabemos, la descripción genérica que se hacía entonces de las mujeres hacía muy difícil que ellas pudieran constituirse en sujetos autobiográficos, dado que la escritura de este tipo

de textos niega, entre otros rasgos, la condición de abnegación (autonegación) fundamental del sujeto femenino decimonónico. Nuestras escritoras del siglo XIX parecen no escribir memorias, el género autobiográfico más prestigioso. Cuando emprenden la autoconfiguración de un yo que les permita redescribirse con respecto al orden patriarcal lo hacen en la forma de cartas o de diarios, siendo el diario un subgénero marginal dentro de la autobiografía. O lo hacen de manera indirecta, y tal vez en la mayoría de los casos que se conservan, a través de los personajes de sus novelas, heterogéneos, variados y contradictorios. Las memorias suelen presentarse como crónica del mundo hecha por un personaje excepcional que protagonizó acontecimientos fundamentales de las historias nacionales. En contraste con estos rasgos, el diario se percibe como narración de segundo orden y por tanto prescindible: relato de asuntos privados e individuales sin trascendencia sobre lo público y lo colectivo, que se presenta de manera evidente más como texto que como obra cerrada y acabada,

* Una versión más extensa de este artículo fue publicada bajo el título “El Diario íntimo de Soledad Acosta de Samper: configuración de una voz autorial femenina en el siglo XIX”, en la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, Lima-Hanover, 31.62 (2005): 109-123.

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28 y que en esta medida carecería del valor literario que se les asigna a las autobiografías ‘propiamente dichas’. El yo exaltado, egocentrado y protagonista que requiere la escritura autobiográfica con mucha dificultad podía ser ocupado por una identidad femenina de mediados del siglo XIX (Smith, 1991). Los textos autobiográficos femeninos de esta época son, pues, escasísimos en América Latina, y en Colombia los creíamos inexistentes hasta el hallazgo de este Diario. Lo que se impone, entonces, en la lectura y presentación del diario de una mujer del siglo XIX, es una redefinición de la historia y de la literatura con respecto al paradigma romántico contemporáneo al cual fue escrito, que curiosamente parece todavía ejercer cierto dominio sobre los estudios históricos

y literarios. Una redefinición de la historia que admita lo que tradicionalmente se percibía como pequeño y prescindible. Una redefinición de la literatura como producto no ya de un yo plenamente autoconsciente y autosuficiente que se vuelca en su obra sino de un yo en proceso y plural que se gesta en el texto mismo. Se trata de dar entrada dentro de la memoria social consciente, dentro de nuestros relatos históricos y literarios, a un texto que permite mirar nuestro colectivo en un momento importante de su definición.

Soledad Acosta de Samper Superando la inmensa dificultad que significaba para las mujeres del momento emprender una escritura pública, Soledad Acosta se convirtió en una de las más importantes escritoras hispanoamericanas de su momento y en uno de nuestros más prolíficos escritores, en un grado solo superado por su marido, José María Samper. Este hecho solo puede explicarse conociendo su historia personal. La autora fue hija única de Joaquín Acosta, militar de la lucha de Independencia, historiador, geógrafo y diplomático, y de Carolina Kemble, natural de Nueva Escocia. Su padre, personaje destacado de la escena cultural del momento, se empeñó en darle a su hija una educación que no era del común de las niñas de la época, apoyado en ello por su esposa y su herencia cultural sajona. Su esposo, José María Samper (1828-1888), poeta, novelista y destacado político, fue también propicio al desarrollo de la carrera intelectual de la autora, de manera que Acosta pudo disfrutar, aunque no sin dificultades, de un entorno familiar excepcional para el desarrollo de sus aspiraciones intelectuales.

Soledad Acosta de Samper, hacia los 22 años. Cortesía Carolina Alzate.

En todo esto la ayudó sin duda el haber pasado en París varios años fundamentales en su desarrollo: allí vivió con sus padres entre los trece y los diecisiete años (1846-1850) y recibió su educación formal, después de vivir un año en Halifax (1845), Nueva Escocia, en casa de su abuela materna.


INFORME ESPECIAL Esta experiencia la expuso a contextos diferentes al colombiano tanto en términos literarios como genéricos: le permitió crear imágenes alternativas para su propia subjetividad femenina y literaria en un país en el cual el analfabetismo en las mujeres, aun dentro de la clase alta, no era extraño (educadas básicamente para desempeñar labores de madres y esposas, y esto de manera muy elemental). Por otra parte, sus años en París sumaron el conocimiento del idioma francés al del español y el inglés, las lenguas de sus padres. Soledad Acosta comenzó su carrera pública en 1858 como correspondiente en París, y luego en Lima, de dos de los periódicos literarios más importantes de la época: El Mosaico y la Biblioteca de Señoritas. Desde Europa fue también correspondiente de El Comercio de Lima. En su “Revista parisina” hacía reseñas de modas y costumbres, pero también publicaba traducciones suyas y comentaba lo que acontecía en el escenario literario y musical. Había llegado a París en 1858 con su esposo (se casaron en 1855), su madre y las dos hijas que tenían entonces. Permanecieron allí hasta 1863, año en el cual pasaron a residir el Lima por algunos meses para luego regresar a Colombia, ahora con sus cuatro hijas (Alzate, 2003). De regreso en Bogotá comenzó a publicar relatos breves en periódicos literarios y novelas por

Según la escritora, el amado sabe reconocer este rasgo suyo, y esto es muestra clara de la simpatía que los une. Él, como su padre, la conoce y, más importante aun, la reconoce. entregas (la primera de ellas en El Mensajero: Dolores. Cuadros de la vida de una mujer, 1867, el mismo año de María). Su primer libro, Novelas y cuadros de la vida suramericana, aparece en 1869. Los intereses de la autora comienzan luego a moverse hacia la novela histórica con la publicación de José Antonio Galán. Episodios de la vida de

los comuneros, en 1870. Incursionó también en el teatro con dramas como Las víctimas de la guerra (1884) y en la última fase de su carrera emprendió su trabajo de historiadora, el cual se inaugura con la Biografía del General Joaquín París (1883). Fundó y dirigió varios periódicos a lo largo de su vida. A ella debemos el primer periódico latinoamericano redactado exclusivamente por mujeres (La mujer, 1878-1881)2. Su trabajo ensayístico es también prolífico y de enorme relevancia. Buena parte de sus ensayos se encuentra recogida en su libro La mujer en la sociedad moderna (París, 1895) (Ordóñez, 1988). A lo largo de toda su obra los temas de la patria y de la mujer se entretejen y son protagonistas: como la generalidad de los escritores de su generación, está comprometida y ocupada con el tema de la fundación de la Nación a través de la escritura, entendida esta como una labor política de primer orden. Pero a diferencia de la mayoría de ellos, le interesa también explorar la manera en que las mujeres pueden y deben involucrarse en esa fundación, no solo como madres y esposas sino también en términos intelectuales más ambiciosos y en último término políticos. Vayamos entonces a su diario íntimo, escrito entre 1853 y 1855.

El Diario íntimo, 1853-18553 Por la forma en que se conserva la colección de manuscritos podemos suponer que este no fue el primer diario que la autora escribió pero sí el único que decidió conservar. Dentro del texto hay referencias a un diario anterior, escrito mientras era estudiante en París, cuyo paradero desconocemos. Los manuscritos del Diario están compuestos por setecientas cincuenta páginas. Son papeles de varios tamaños y colores, cocidos, sueltos, recortados. Atados por manos cuidadosas con cintas de colores. Papeles manuscritos, con dibujos, escritos

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INFORME ESPECIAL de arriba abajo sin dejar casi un espacio. Papeles escasos tal vez en Bogotá, ciudad en la que podía dejar de circular por varios días un periódico por “falta de papel en la plaza” según los propios redactores. Se trata básicamente de un diario de amor. Soledad Acosta comienza a escribirlo en septiembre de 1853 en Bogotá, cuando acaba de conocer en Guaduas al hombre del que se enamorará perdidamente, y lo termina en mayo de 1855, en la víspera de su matrimonio (y de su cumpleaños). A lo largo de esos veinte meses la autora conoce todas las incertidumbres del amor, va de momentos de dicha a los de mayor tristeza. También a los de mayor angustia: durante ocho de esos meses Colombia vive una de sus guerras civiles del siglo XIX, la desencadenada a partir del golpe de estado del general José María Melo y que se desarrolla entre abril y diciembre de 1854. Su amado (poeta y miembro del Congreso) huye de Bogotá, se une al gobierno constitucionalista provisional que funciona desde la ciudad de Ibagué y luego lucha dentro del ejército que

ILUSTRACIóN: IVáN GóMEZ - ARCHIVO DE BOGOTÁ

toma de nuevo el control de la capital y restablece el orden constitucional. De tal manera, si bien el hilo que conserva el Diario de comienzo a fin es el del desarrollo de la relación amorosa, este se entreteje con el relato de los hechos que precedieron el golpe de estado y con la narración de los sucesos y del ambiente político y militar de Bogotá y de la Colombia en guerra. Hay que señalar que ya en este texto temprano se encuentran los temas que van a ocupar a la autora a lo largo de su carrera intelectual: el de la patria y el de las mujeres. La joven Acosta de veinte años se compromete políticamente con el momento en que vive y desde una perspectiva muy consciente de sus circunstancias de género sexual evalúa el espacio dentro del cual las mujeres pueden moverse tanto en términos amorosos como políticos y comienza ya a criticar lo restringido de ambos. Su Diario podría estudiarse siguiendo al menos tres hilos conductores: el de la autobiografía, el de la historia nacional y bogotana de esos años y el de la vida cotidiana4. Por supuesto los tres son inseparables, pero el énfasis no puede hacerse en todos ellos simultáneamente. Desde el punto de vista de la historia y de la vida cotidiana, el Diario es un documento de gran valor como testimonio de una mujer bogotana que vivió desde esa ciudad momentos cruciales de nuestra historia decimonónica y su misma cotidianidad. Sin embargo, con todo lo interesante que puede resultar asumir el análisis desde alguna de estas dos perspectivas, me interesa aquí mirar en su Diario esencialmente el asunto autobiográfico: la manera en que una mujer colombiana que se convertirá en una de nuestras más importantes escritoras va delineando para sí un tipo de subjetividad y de historia que le permitirá constituirse en el personaje que conocemos. La autora narra la desazón de los días anteriores al golpe, los días subsiguientes en los que los hombres más involucrados con el gobierno constitucional se ocultan o huyen de la ciudad y

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32 en los que las señoritas, Soledad Acosta incluida, se refugian en un convento temiendo atropellos que nunca ocurren. De esos meses tenemos retratos de falta de abastecimiento en la ciudad, de mujeres indígenas y campesinas llorando el reclutamiento forzoso por el cual van a perder a sus hijos o maridos, la pintura de las monjas de clausura, todo por supuesto narrado desde una subjetividad particular que le da unos contornos muy característicos. Al final de la guerra nos enteramos de calles bogotanas por las que corre sangre, de balcones desde los que con catalejos se ven los sucesos de Bosa, de Las Cruces, de Santa Bárbara, de la Plaza de Bolívar. Esos ojos de veinte años nos dejan asomarnos también a la manera en que se concebían las relaciones de pareja, las interfamiliares y las sociales. Y vamos con ella a los bailes, y a las visitas. También a algunas huertas y jardines, y de paseo por Fucha o por San Diego. Pero la verdad es que como más la vemos es sola: cree que su nombre, Soledad, Solita, es lo que mejor la caracteriza. De sus dos amigas recordamos apenas los nombres, porque ella se imagina sola, singular, incomprendida y quizá sin ningún espíritu con el que pueda compartir alguna simpatía, como diría el romanticismo de la época.

La escritura del Diario El Diario que se conserva, y que decide conservar según creemos, comienza hablando de sí mismo: Me he decidido a escribir todos los días alguna cosa en mi diario, así se aprende a clasificar los pensamientos y a recoger las ideas que una puede haber tenido en el día. Estuvimos hoy adonde el Dr. Cardoso que vino de Tocaima ya bueno, se habló de la casa de Guaduas y se repitieron las mismas cosas que se dicen mil veces en visitas, los mismos cumplimientos, las mismas contestaciones. ¡Cuántas veces escondidos debajo de sonrisas y alegres

conversaciones el corazón está desgarrado de tristeza y aprehensiones!, ¡cuántas veces, si se pudiera levantar el velo que cubre nuestros verdaderos sentimientos, se asustarían al conocer las ideas que se encuentran al fondo de nuestra mente! Cuántas sonrisas forzadas, cuántas veces he sentido más deseos de llorar que de contestar a un alegre repartie. Sin embargo, sin esta seriedad artificial no se puede vivir cuando una se ha acostumbrado a ella. [...]¿Por qué es que mi carácter es tan desigual, por qué estoy un momento triste, otro alegre, siempre incierta? Nunca tengo una idea fija. ¿Cómo conquistarme, cómo haré para ser igual en todo?[...] Algo me falta pero no se qué […] Dicen que es ridículo pensar que a uno no lo comprenden [...] [14 de septiembre de 1853. Énfasis mío].

La escritora quiere destinar un momento al final del día para poner en el papel sus percepciones y reflexiones, o más bien para ayudarse a reflexionar sobre lo que han sido sus días y darles un sentido. Quiere tratar de entender su carácter, el cual describe como melancólico y caracteriza en contraste con el de las mujeres que la rodean, de quienes dice carecen de vida interior y viven no más que en el presente (25 de junio de 1854). La autora comienza su Diario con una escritura insegura y entrecortada que de pronto, y sin saber bien cuándo, empieza a fluir sin demasiados obstáculos. Me atrevo a decir que en su Diario aprende el oficio de la escritura a la vez que se mira escribiendo y se concibe desarrollando ese oficio. [Q]ué agradable [sería] tener el espíritu con orden: mejor es tener poca imaginación pero las ideas arregladas y en su lugar, que una multitud de ideas que nunca vienen cuando se necesitan y están allí cuando no se quieren. Tal es el retrato de mi mente. Sin embargo encuentro que he mejorado mucho desde que empecé a escribir lo que pienso. Así no solamente se aprende a escribir con claridad y precisión sino que pensando mucho se encuentran en el fondo de nuestra mente ideas que aunque estaban allí no se sabía que existían porque no había necesidad de que se mostraran antes. Yo no recuerdo


INFORME ESPECIAL literaria (como lo describe en la entrada del 19 de diciembre de 1854). Así, en varios fragmentos la autora se ocupa de las características de su diario: ¿Para qué estas ideas locas algunas veces, tristes casi siempre y dudosas generalmente? [...] [T]odo lo cubren las palabras sin sentido y simples frases. ¡Al mismo tiempo cuánta vanidad! Cuántos caprichos infantiles se encuentran pôle-mêle con pensamientos sublimes. [15 de octubre de 1854].

adónde he leído que mientras más se escribe más ideas se encuentran y que el espíritu humano es un fondo inagotable. Sacando mucho de la mente se aumentan las ideas y mejora el modo de expresarlas. Esto he encontrado yo. Ahora puedo hablar o escribir sobre cualquier materia con mucha más precisión, más claridad, y mis pensamientos los puedo vestir de palabras más escogidas. [27 de marzo de 1854].

La autora titubea, tacha, en ocasiones recorta incluso partes de las páginas. En algún momento hace borradores de sus días. Por momentos se ensaya también como narradora de ficción y seduce al lector, juega con anticipaciones y con expectativas, crea suspenso (como ocurre con la narración de agosto de 1854 de las fiestas de Guaduas ocurridas un año antes, o con la historia de amor de una mujer, narrada el 14 de marzo de 1854). El texto nos deja al final con alguien que sabe escribir y que teje en su escritura misma la autoridad para hacerlo. A partir de algún momento comienza a pensar su Diario como “composición”

Se pregunta también por el estatuto de su texto con respecto a las expectativas del diario como género literario: ¿Y esto se puede llamar diario? Diario sí, pero de mis pensamientos interiores, de mis esperanzas, de mis penas secretas, diario de las ideas que pasan por mi mente, del llanto que me baña las mejillas, de la agitación en que se halla continuamente mi corazón… ¡Es diario no de lo que hago ni de lo que sucede, sino de lo que pienso!…[11 de mayo de 1854] .

Sin embargo, reflexiones como estas las hace con frecuencia para introducir inmediatamente la relación de los desarrollos políticos y de la guerra, por ejemplo, asunto también de su Diario. O para relatar la simple cotidianidad: Nada de particular, ¿qué puede haber digno de escribirse en la monotonía de la vida? Esta tarde hubo una especie de guerrilla por allá abajo en el llano y aprestáronse los soldados para en caso de necesidad. Nosotros fuimos adonde las Vélez: ¡pobres señoras, siempre una misma rutina, siempre enfermedades, siempre tener que aguantar muchachos molestos, exigentes, bravos, sin esperanza de cambiar esta vida sino con la muerte! Y están resignadas y felices tal

Manuscrito original del Diario íntimo de Soledad Acosta de Samper. Cortesía Instituto Caro y Cuervo.

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34 vez, a su modo; ¡lo que es la costumbre!, si yo tuviera que vivir así, antes de poco moriría de desesperación. Acaba de pasar la retreta. Hoy hizo un mes que también estaba oyendo música, pero bailaba al compás de sus acordes. [15 de septiembre de 1853].

El diario es un interlocutor que se busca y cuyo texto se percibe como “valoración circunstanciada” de eventos o de sentimientos: Por fin, mi fiel diario, te vuelvo a hallar. ¡Oh!, ¡cuántas desgracias, cuántas penas he sufrido en estos pocos días! [...] Mis ojos pesados por las veladas pasadas me agobian la pupila. Mañana escribiré [...] mañana haré una valoración circunstanciada de los graves acontecimientos que han pasado en estos días ... [20 de abril de 1854. Énfasis mío].

En ocasiones la escritora hace manifiesta la dificultad de la escritura, a veces por razones de falta de elocuencia, a veces por lo angustioso de unas situaciones que parecerían excluir la escritura: Ahora que me encuentro sola, aunque sea por un momento, voy a escribir todo lo que ha acontecido en estos días pasados [...] ¡Ay de mí!, cómo puedo hablar de esto, mi cabeza está agobiada por mil terribles angustias y en mi espíritu hay un caos que no comprendo casi, no entiendo lo que ha sucedido, lo que ha pasado […] [21 de abril de 1854].

El Diario es pues testimonio y práctica de un esfuerzo escriturario dirigido a la exploración de su interioridad y del mundo que la rodea, al trabajo sobre la complejidad del oficio y al ensayo y búsqueda de sus temas. Es una escritura dirigida, en términos de lo que aquí nos interesa, hacia la autofiguración romántica de un yo femenino que escribe.

Autofiguración romántica de un yo femenino que escribe El rostro que se da Soledad Acosta en su Diario es plenamente romántico y su amor es el de quien

busca un alma gemela a través de la cual pueda en último término amarse a sí misma y tal vez a partir de allí comenzar a escribir. Es romántico porque se caracteriza en la soledad de las noches durante las cuales escribe: es incomprendida, finge constantemente una alegría que no siente porque prefiere ocultar su naturaleza melancólica por temor a la incomprensión. Siente demasiado, sufre, y ese sufrimiento de nuevo alimenta su sensibilidad exquisita. Dedica sus horas al estudio y a la traducción y se siente tonta cuando por alguna frivolidad resta horas a estas

Soledad Acosta cierra su Diario en la víspera de su matrimonio. Lejana, del cuento de Julio Cortázar, hace lo mismo y afirma, sin explicarlo, que una mujer o se casa o escribe un diario. ocupaciones. Es pálida, de imaginación ardiente y le gustan las novelas. Puede ser irónica y en ocasiones divertida. Sin ser lo que consideraban en la época una mujer hermosa, no falta quien la pretenda y satisface su vanidad en las fiestas. Es entusiasta, aunque el tedio la visita con alguna frecuencia. En todos estos rasgos es enfático el relato: son rasgos que se subrayan y se repiten. Tiene además un gabinete donde puede leer y escribir y una biblioteca con una cantidad importante de volúmenes. Esta subjetividad romántica de la autora se va delineando en la interlocución con varios actores que elabora en el texto y entre los cuales se destacan el diario mismo, su padre y su amado. El diario es el primero de sus interlocutores: Mi Diario es como un amigo a quien no se conoce bien al principio y al que una no se atreve a abrirle enteramente su corazón pero [que] a medida que se conoce más se tiene más confianza y al fin le dice cuanto piensa. [29 de noviembre de 1854].


INFORME ESPECIAL En esta interlocución el texto mismo quiere ser un espejo que articule en el lenguaje la propia subjetividad: una figura que le permite a Soledad Acosta auto-delinearse y darse un rostro reconocible inicialmente para sí y luego para otros. En la soledad de la noche, Soledad en la noche, encuentra con quien hablar: consigo misma. Pero el Diario tiene otros dos interlocutores. Obtiene la interlocución del amado cuando gana alguna certidumbre acerca de su amor. Para referirse al amado, la escritora inicialmente utiliza un símbolo parecido a la Z que en la edición hemos reemplazado con tres asteriscos. Este símbolo luego empieza a alternar con un él subrayado y luego, mucho después, se lo reemplaza con las palabras mi bien, mi trovador, mi amado. Ya comprometidos en matrimonio, en el libro de 1855, aparece como Pepe (al comienzo sólo P.),

sin dejar de ser, por supuesto, amado, bien, ni trovador. La interlocución del amado también sufre una evolución: cuando comienza a hablarle lo hace de manera figurada y sin la intención de darle realmente acceso al texto. Posteriormente, en el diario de 1855, habrá un intercambio real de diarios entre los amantes y así una conversación escrita, la cual parece no tener espacio durante las visitas o los paseos: la autora por cierto se queja del silencio que se apodera de ella en los momentos en que más quisiera ser capaz de hablar, en sus paseos bajo la luna. Otro interlocutor hay, y este último siempre en ausencia: la figura de su padre, fallecido en 1852. Resulta interesante que sus interlocutores sean figuras masculinas. Interesante pero parece que no extraño: según muestra Mercedes Arriaga en su libro Mi amor, mi juez (2001),

Casa donde vivió Soledad Acosta de Samper con José María Samper Agudelo. FOTO: bernardo vasco - Archivo de Bogotá.

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36 las mujeres autobiógrafas suelen configurar sus subjetividades en relación con personajes masculinos. Esta elección puede deberse al tipo de figura del cual quieren dotarse: los hombres son los intelectuales y quienes escriben, y hacerlo no va bien con los rasgos femeninos definidos por la época. Su correlato es pues difícil de encontrar entre las mujeres, y sobre todo difícil de legitimar. La autora tiene dos amigas, una de ellas prima suya. Afirma que las llama amigas solo en el sentido común de la palabra, ya que nunca ha sentido una simpatía real entre su espíritu y el de ellas. La relación con su madre es mínima: no hay con ella conversación, siente que no la comprende, que no simpatizan, y con frecuencia esta figura materna aparece en el texto como antagonista con respecto a su amor y a sus sentimientos más delicados, si bien al final se reconcilia con ella.

Después de tantos años, después de tantos acontecimientos morales y físicos, no la puedo olvidar. ¡Pobre Teresa! Yo creía haber encontrado en ella un alma entusiasta como la mía, bien su talento, una simpatía con mis ideas. [28 de mayo de 1854].

La segunda es una mujer mayor que ella y por esto solo mirada desde lejos. Hay que añadir que se trata de una figura de rasgos identificados en la época como masculinos y que la autora considera admirables y dignos de imitar:

A la palabra simpatía debemos darle aquí toda su significación dentro del romanticismo: la simpatía implica una comunidad de sentimientos, significa padecer con, afectarse exactamente con lo mismo, ser uno solo en el mismo sentimiento. Si el diario es su espejo, los personajes del padre y del amado se construyen de manera que ellos mismos también lo sean. Ha habido figuras femeninas en su vida por las que ha sentido una inclinación muy particular y su devoción por ellas es caracterizada literalmente como amor. Con una de ellas, compañera de estudios en París, la relación no es posible porque la autora creyó encontrar simpatía en quien no la había: ¡Thèrese Leroux! ¡Por qué aquel nombre todavía es amado de mi corazón, cuál era la secreta causa del amor tan grande que por ella sentía! [...] Una palabra de cariño pronunciada por ella me precipitaba en un loco gozo, hubiera yo dado mi vida por hacerle un bien. ¡Sin embargo ella nunca me pudo comprender! Estampilla de Soledad Acosta de Samper, 1997 - Adpostal (Contiene un error en la fecha de nacimiento)


INFORME ESPECIAL Otro recuerdo de mi primera infancia: Carolina Elbers. [...] Recuerdo que yo admiraba secretamente sus proverbiales locuras, sus paseos a caballo vestida de hombre y su completa independencia. [...] Repentinamente Carolina desaparece de mi memoria [...] A mi vuelta de Europa la encontré ya señorita y reina de las fiestas a que asistía, en tanto que yo era todavía una niña reservada y poco comunicativa. Como sucede siempre Carolina me encantó y durante un paseo que hice con ella a la quinta de Fucha de

su tía, me cautivó tanto que a mi regreso pensaba en ella con tanta ternura y admiración como lo hubiera hecho un enamorado. [Memorias íntimas, 1875].

Dentro del romanticismo el sentimiento real de amistad entre personas de un mismo género se considera como el primer presentimiento del amor, y una reproducción de esa forma de amistad es la que se busca en la relación con el amado. Acosta parece no haber conocido una relación de este tipo, aunque sí la quiso y la buscó. De esta manera la concepción del amor en el texto parece moverse desde el amor de la subjetividad hacia sí misma hacia el amor entre iguales: entre yo y mi otro yo, primero del mismo sexo y luego del contrario. El amado, y de cierta forma también el padre, se caracterizan en el Diario como interlocutores ideales, como formas alternas del yo. Recordando a su padre afirma: Sí, sólo él me conocía profundamente [...]¿Qué diría la sombra de mi padre al saber mis pensamientos, de lo que se ocupa mi corazón?... Esta pregunta me la hago sin cesar... ¡Nadie me contesta, nadie sabe cuáles eran sus miras sobre mí! ¡Ay!, cómo me amaba, sólo yo estaba en su pensamiento siempre. [4 de mayo de 1854. Énfasis mío].

[Él era] la única persona que sabía lo que era yo porque me parecía en sus sentimientos, en el genio. [Cuando murió sentí] que el apoyo se me había ido y que estaba sola. Mi madre estaba ahí, pero ella no me comprende, no toma interés en mi instrucción, en mi espíritu. Su amor hacia mí es grande, pero no me conoce…. [18 de noviembre de 1854. Énfasis mío]. Respecto del amado, hay un momento similar y de gran trascendencia en el cual la autora se da cuenta de que él reconoce su melancolía y de que sabe comprenderla. En una formulación similar a la que usa al hablar de su relación con el padre, la escritora afirma: “Me dijeron una vez que mi

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38 fisonomía siempre expresaba una melancolía permanente. Sólo él ha sabido comprender mi fisonomía. Él me dijo que era melancólica” (14 de diciembre de 1854). Este concepto de melancolía, como el de simpatía, tampoco puede tomarse a la ligera: es también fundamental dentro del romanticismo. La subjetividad romántica es por esencia melancólica. Esto le implica tener una mirada distanciada con respecto al entorno: el romántico, y la romántica, siempre está y no está, mira desde lejos, parece ir detrás de los hechos que presencia y de las conversaciones, demorarse en lo que no es evidente. Por eso su mirada es crítica y con frecuencia ausente, y puede parecer triste. Según la escritora, el amado sabe reconocer este rasgo suyo, y esto es muestra clara de la simpatía que los une. Él, como su padre, la conoce y, más importante aún, la reconoce. La admiración de la autora por su amado incluye el saberlo patriota,

Es una escritura dirigida, en términos de lo que aquí nos interesa, hacia la autofiguración romántica de un yo femenino que escribe. buen poeta, pensador político y de sensibilidad exquisita. Genio, como su padre. Ella desea que él la comprenda y la ame, y el momento el que se convence de que es así significa un momento de autoafirmación. Si ella se parecía en sus sentimientos y genio a su padre, y el genio del amado simpatiza también con ella, de alguna manera los tres son uno solo. En esas figuras masculinas, y sobre todo en la relación que establecen con ella, la autora se mira y se configura. Ellos son sensibles y brillantes. El amado ama la poesía y la patria, y la ama a ella. A través del amado la autora construye y legitima sus propias capacidades intelectuales. A través de él incluso vive los sentimientos de honor y de ambición, los cuales señala como propios a pesar de que no estén previstos como femeninos por el orden establecido (7 de febrero de 1855).

Con todo, hay aun otros interlocutores: lectores que no conoce, sin rostro todavía pero que prevé. Simultáneamente a la escritura de su diario ella lee las memorias de otros autores, Chateaubriand entre ellos. Tal vez se mira leyéndolas y eventualmente piensa que lo suyo podría ser también, hipotéticamente, leído. Esos lectores son señalados en un momento particular en el cual, comentando un texto que está traduciendo, afirma: Deseando adelantar en mis estudios sobre filosofía [...] quise traducir una obrita adonde se encuentra todo lo necesario para aprender a vivir con más felicidad sobre la tierra. [...] Creyendo que tal vez algún día pueda servirle a otro este cuaderno que a mí me ha hecho tanto bien, puedo asegurar que debe siempre ser el compañero de cualquier alma pensadora. [27 de marzo de 1854. Mi énfasis].

En esta invitación a la lectura de otra obra creo ver a ese interlocutor más amplio, a un lector anónimo pero que puebla una comunidad intelectual más amplia a la que la autora siente pertenecer. La caracterización de cierta forma masculina de su subjetividad que hemos presentado va de la mano con la manera crítica en que percibe la descripción genérica femenina de su momento. Como sabemos, una cosa es el sexo y otra diferente el género. El sexo es una marca física. El género lo constituyen los rasgos y comportamientos que determinada cultura en un momento dado percibe y prescribe como femeninos o como masculinos. La descripción femenina patriarcal del momento seguía la descripción hecha por Rousseau, quien afirmaba que dado que la naturaleza había hecho a la mujer inherentemente diferente del hombre, dotándola física, moral e intelectualmente para la tarea primaria de la reproducción, su educación, su actividad, su lugar en la sociedad debían reflejar esta diferencia canalizando los instintos naturales femeninos dentro de una domesticidad civilizada. (Kirkpatrick, 1989, p. 7).


INFORME ESPECIAL La supuesta sensibilidad femenina, que dotaría a las mujeres de manera ejemplar para desempeñarse como escritoras dentro del romanticismo, no les garantizó tal cosa sino después de un trabajo muy arduo de redescripción de su feminidad: una cosa era tener la dulzura necesaria para garantizar el ambiente apropiado para el hogar, y otra muy diferente pasar de ese espacio privado al público a través del ejercicio de la escritura. Soledad Acosta a lo largo de toda su carrera sufrió las diversas barreras que el orden establecido trató de imponer a su producción intelectual y buena parte de su escritura reflexionó acerca de este hecho y argumentó por su modificación. En el Diario se encuentran ocasionalmente comentarios antipatriarcales que tomarán forma luego en su narrativa y en sus ensayos: [F]uimos a donde María G. pero no la vimos. Anoche a las dos de la mañana le nació una niñita, lo que sienten mucho. Deseaban que fuera hombre, pero así sucede: siempre nos reciben a las pobres mujeres en el mundo malísimamente. Y tienen razón, que es la suerte de las esclavas. [31 de mayo de 1854]. ¡[C]uán pocas veces podemos decir lo que sentimos!…. Dicen que las mujeres no son sinceras, que no hablan casi nunca lo que verdaderamente sienten. ¿Sin embargo qué otra cosa podemos hacer? Todo lo que hacemos, lo que decimos y aun lo que pensamos es causa de crítica para los demás. ¡Y decimos que hay en el mundo libertad! Adonde está la libertad si siempre nos hallamos esclavas de la sociedad, sin esperanza de poder huir de ella jamás. [11 de septiembre de 1854].

Y comentando los sucesos bélicos señala: Mañana o pasado mañana será la batalla [...]¡Y tener que quedar inmóvil, y tener que pasar en calma aparente estos días terribles! ¡Y esperar aquí quieta que se decida la suerte de mi Patria ... y tal vez la

mía! ¡Sin poder dar un paso para detenerla! Y a esto estamos destinadas las mujeres, tenemos que estar sin movimiento, tenemos que esperar a que nos traigan las noticias. ¿Por qué esta esclavitud?… ¡El bello sexo! Las cadenas en que nos tienen las doran con dulces palabras nuestros amos. Dicen adorarnos y nos admiran mientras humildes les obedecemos… [25 de octubre de 1854].

Seguramente en estas formulaciones le ayudan las lecturas de Mme. de Staël que menciona en su Diario, así como en su autofiguración como escritora romántica entreteje los poemas del amado y sus lecturas de los románticos europeos, cuyas citas aparecen de manera constante a lo largo del Diario: Byron, Moore, Goethe, Schiller, Heine, Lamartine, Chateubriand, en un texto pleno de intertextualidad. A sus poemas acude para elaborar sentimientos ante la vida y la muerte, la noche, la separación de los amantes. En los sentimientos expresados por estos poetas reconoce ella los suyos propios y los autoriza, se hace también poeta. Además de De Staël y otras escritoras europeas menos conocidas hoy, cita textos de dos mujeres colombianas: Josefa Acevedo, de la generación anterior, y Agripina Samper (Pía Rigan) poeta contemporánea suya. A partir del recorrido que hemos hecho por el Diario podríamos afirmar, pues, que la autora se teje de textos que escribe sobre otros (el padre, el amado) y de textos escritos por otros. Todo ello dentro de una actitud escrituraria común en las autoras del romanticismo, para quienes las marcas culturales de la vida que vivimos resultan evidentes y vivir es entonces reescribir lo que se lee. Soledad Acosta cierra su Diario en la víspera de su matrimonio. Lejana, del cuento de Julio Cortázar, hace lo mismo y afirma, sin explicarlo, que una mujer o se casa o escribe un diario. Acosta explica su determinación: [D]e hoy en veinte días seré tu esposa [...] ¡Veinte días no más faltan, mi diario, para decirte adiós! [...]

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40 Yo no tendré nada que contarte entonces a ti, fiel compañero de mi amor, depositario de mis secretas penas y alegrías, pues todo lo que te digo a ti se lo diré a mi Trovador. [15 de abril de 1855].

Y más adelante: ¡Adiós, mi diario, adiós!… Llegó por fin el día en que me despido de ti después de haberme acompañado diariamente por un año y ocho meses. [...] Sólo en él tendré la confianza que tuve contigo. [4 de mayo de 1855]

La última frase del diario es un saludo lleno de promesas: “¡Hasta mañana, mi novio amado!”5. Si el amado es el destinatario último y a través suyo se dibuja un lector ideal, esa promesa no va sólo sobre ese cinco de mayo de 1855: se abre hacia nuestro propio momento invitando a la relectura de su obra y de nuestra historia

Entre las pioneras en los estudios contemporáneos de la obra de la autora se encuentran Montserrat Ordóñez y Flor María Rodríguez-Arenas. En 2005 se editó el libro Soledad Acosta de Samper. Escritura, género y nación en el siglo XIX, edición de Carolina Alzate y Montserrat Ordóñez, Madrid-Frankfurt: Iberoamericana Editorial /Vervuert.

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Debo a Flor María Rodríguez esta información cronológica

Los manuscritos que componen el Diario pertenecen a la colección de la Biblioteca Rivas Sacconi del Instituto Caro y Cuervo, localizada en Yerbabuena (vereda del municipio de Chía, Cundinamarca). 3

4 Carmen Elisa Acosta, en su libro Lectores, lecturas y leídas: historia de una seducción en el siglo XIX, hace una muy completa caracterización de la Bogotá del momento. Bogotá: ICFES, 1989.

Puede resultar de interés señalar que la autora no habla en su Diario de los preparativos de la boda ni de su vestido, cosa que, como ahora y entonces, según sus novelas, era importante para las novias. 5

Acosta, Carmen Elisa. (1989) Lectores, lecturas y leídas: historia de una seducción en el siglo XIX. Bogotá: ICFES. Alzate, Carolina (Ed). (2005) Diario íntimo y otros escritos de Soledad Acosta de Samper. Bogotá: Instituto Distrital de Cultura y Turismo. Alzate, Carolina. (2003) Soledad Acosta de Samper. Una historia entre buques y montañas. Bogotá: Colciencias. Arriaga, Mercedes. (2001) Mi amor, mi juez. Alteridad autobiográfica femenina. Barcelona: Anthropos. Ordóñez, Montserrat (Ed). (1988) Soledad Acosta de Samper. Una nueva lectura. Bogotá, Fondo Cultural Cafetero. Kirkpatrick, Susan. (1989) Las románticas. Berkeley: U. of California Press. Smith, Sidonie. “Hacia una poética de la autobiografía de mujeres”, en La autobiografía y sus problemas teóricos. Edición de Ángel Loureiro. Barcelona: Suplementos Anthropos.

jose luis acosta h. - director (E) instituTo caro y cuervo. ENTREGA DEL ORIGINAL DEL DIARIO ÍNTIMO en LA EXPOSICIÓN CIEN AÑOS DE SOLEDAD ACOSTA DE SAMPER EN EL ARCHIVO DE BOGOTÁ. FOTO: Fernando Arciniegas


INFORME ESPECIAL

POLICARPA SALAVARRIETA MARCHA AL SUPLICIO / ANร“NIMO / CA. 1825 / MUSEO NACIONAL DE COLOMBIA

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Las mujeres en la Independencia de Colombia Nicolรกs Pernett - Historiador


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o fue sino hasta hace muy poco que la historiografía colombiana empezó a reconocer el fundamental papel que jugaron muchas mujeres durante el proceso de independencia del Imperio español. Hasta finales del siglo XX, las mujeres de comienzos del siglo XIX eran recordadas principalmente como “las compañeras” de los grandes hombres que habían hecho la independencia y no como protagonistas por su propia cuenta. De modo similar, en la reciente telenovela La Pola, se continuó con la tradición de enfatizar el aspecto romántico de la vida de Policarpa Salavarrieta, como lo decía la frase de presentación de cada programa: “el amor la hizo libre”. Aunque es imposible negar el lado sentimental en la vida de cualquier persona, del presente o del pasado, este tipo de lecturas que privilegian el carácter enamoradizo de las mujeres en la Independencia le quitan luz a sus posiciones y acciones políticas revolucionarias que fueron las que realmente las hicieron libres. La Pola no solo debería ser recordada por el hombre que amó (ni tampoco por la marca de cerveza que la inmortalizó en la recordación popular como sinónimo de la bebida), sino por sus valientes acciones como espía y guerrera a favor de la causa de la libertad. Igual fortuna ha corrido la famosa Manuelita Sanz, que cualquier persona reconoce fácilmente como “la amante de Simón Bolívar”. Nuevamente, el reconocido y apasionado romance que hubo entre la quiteña y el caraqueño es más recordado que las propias acciones de Manuelita, quien no solo fue compañera incondicional pero incondicionada de Bolívar hasta el final de sus días, sino que fue una luchadora por la libertad de las colonias españolas desde antes de conocer al general venezolano, al punto que José de San Martín le concedió la Orden del Sol del Perú en 1821 por su apoyo a la campaña independentista en este virreinato. La

SANTA LIBRADA / ANÓNIMO / S. XVIII / MUSEO DE LA INDEPENDENCIA CASA DEL FLORERO.


INFORME ESPECIAL aguerrida Manuelita también fue reconocida por su carácter desatado y autónomo. Aunque en su época fuera vilipendiada por su espíritu libre, su apoyo a Bolívar y hasta su costumbre de vestir con pantalones de hombre, con los siglos, la figura de Manuelita se ha erigido como símbolo de la emancipación femenina por su decisión al escoger ella misma la vida que prefería. Primero al lado de un marido inglés al que fue entregada por su padre pero que abandonó sin ningún remordimiento por seguir a Simón Bolívar, y después cuando se volvió a casar tras la muerte del Libertador, sin dejar de venerarlo ni de luchar por preservar su legado, sobreviviendo precariamente con el trabajo de sus manos en la población de Paita, mientras seguía siendo instigada por los antibolivarianos.

No solo tuvieron que defender las ideas de independencia mientras Nariño pagaba los muchos años de cárcel que le tocó pagar en su vida, sino que la propia Merceditas llegó a empuñar las armas y dar los primeros disparos en las batallas dirigidas por su padre. Aunque se ha reconocido el papel que cumplieron las mujeres en la guerra de Independencia al acompañar a los ejércitos, preparar sus comidas y curar a sus heridos, una labor tan importante como la de cualquier general, son pocos los que recuerdan que muchas mujeres dispararon y enfrentaron las balas en las batallas, y que algunas llegaron a tener altos rangos militares, como la tunjana Evangelista Tamayo que llegó al rango de capitana y peleó

Otras mujeres que también han sido recordadas como esposas, madres o hijas de próceres, merecen ser valoradas por sus propios méritos. Por ejemplo, Francisca Pietro Ricaurte, esposa de Camilo Torres, fue impulsora de una de las tertulias santafereñas de los años previos al estallido del 20 de julio de 1810, en la que se discutían los temas de actualidad en la política local e internacional y se empezaba a incubar el deseo de independencia. También albergaron en sus casas a las mentes inquietas de su tiempo mujeres como Manuela Santamaría, Catalina Tejada y Andrea Ricaurte. Si nuestra historiografía reconoce a Antonio Nariño como precursor de la Independencia por traducir un documento que no leyeron más de una docena de personas, ¿por qué no hacer lo mismo con estas mujeres que incentivaron las ideas y el libre fluir de las palabras, condiciones necesarias de cualquier libertad? A propósito de Nariño, también es oportuno recordar la denodada labor que cumplieron su esposa y su hija, Magdalena Ortega y Mercedes Nariño, en las campañas políticas y militares del primer héroe colombiano. MANUELITA SÁENZ / JOSÉ MARÍA ESPINOSA / CA. 1828 / MUSEO DE LA INDEPENDENCIA CASA DEL FLORERO.

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44 junto a Bolívar en la Batalla de Boyacá. En esta misma batalla, los españoles llegaron a pensar que eran muchas más las mujeres que luchaban con el bando de los patriotas porque muchos soldados vestían ropas femeninas, después de que las mujeres que los acompañaban les prestaran sus trajes al quedar los uniformes de campaña destruidos en el paso por el páramo de Pisba. Además del puñado de mujeres que hoy recordamos con nombre propio por su participación en las batallas y acciones de emancipación política, hubo miles que actuaron con valentía y arrojo sin que nadie después le hiciera una estatua de reconocimiento. Sin embargo, se sabe que estuvieron allí: enfrentando los cañones de la artillería española en las calles de Santafé el 20 de julio de 1810, moviéndose con las guerrillas independentistas en llanos y selvas del país, conspirando contra los gobernantes españoles en las ciudades y peleando contra el imperio y las precariedades de la guerra en el período 1816-1824. Sin embargo, como les pasó a los indígenas y a los esclavos, las mujeres vieron su protagonismo disminuido después de que se consiguió la emancipación política. La vida en la República va a ver repetidos muchos de los comportamientos hacia las mujeres que venían desde los años de la Colonia, y si los convulsionados años que va de 1810 a 1830 vieron a las mujeres salir de sus casas y participar activamente en la vida política, las décadas posteriores van a verlas retornar hasta a sus papel subyugado y hogareño, hasta que en las primeras décadas del siglo XX, un nuevo ciclo de acciones emancipadoras volvieron a poner a las mujeres en el centro de los procesos nacionales

POLICARPA SALAVARRIETA EN PRISIÓN / ANÓNIMO / CA. 1880 / CONCEJO MUNICIPAL VILLA DE GUADUAS.


INFORME ESPECIAL

La ciudad r e

cordada. Notas de Josefa Acevedo y Gómez sobre Santafé en 1810 “Yo por mi parte no quiero que se olvide lo que fue en otro tiempo el país de mi nacimiento” Josefa Acevedo y Gómez Germán R. Mejía Pavony Director del Archivo Histórico Javeriano

A

penas de diez años cumplidos cuando se organizó en Santafé la Junta Provisional de Gobierno en la noche del 20 de julio de 1810, los hechos de esos años, unos alegres y optimistas y otros tristes y tormentosos, marcaron sin duda la vida de quien es hoy reconocida como la primera mujer escritora de la época republicana de nuestra historia, Josefa Acevedo y Gómez. A pesar de ser muy niña para participar de manera activa en la independencia, la vivió muy de cerca pues su padre fue el “Tribuno del Pueblo”, José Acevedo y Gómez. De esta manera, los primeros años de doña Josefa estuvieron marcados inicialmente por una época de vida holgada pues los negocios de comercio de su padre así lo permitieron; luego, por los meses gloriosos en los que don José fue reconocido como líder del movimiento separatista y por ello centro de todas las miradas y consejas de la pequeña capital de un virreinato que comenzaba a desaparecer; y más adelante en el proceso de independencia pero todavía muy pronto en la vida de la niña, por los años aciagos del terror impuesto por Pablo Morillo, que significaron la huida de su padre hacia las selvas del Caquetá y la salida de su JOSEFA ACEVEDO Y GÓMEZ . s. XIX / COLECCIÓN BANCO DE LA REPÚBLICA.

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Es una gran escritora, marcada profundamente por los años iniciales de la República, la que decide iniciar la historia de su padre recordando la ciudad que vio nacer a don José y a su hija, doña Josefa.

familia de Santafé en busca de refugio y ayuda de los amigos en pueblos y haciendas alejados de la capital. Con el triunfo final sobre las tropas españolas, la madre de Josefa, ella, y sus hermanos, regresaron a la ciudad que desde septiembre de 1819 comenzó formalmente a ser llamada Bogotá. Ya al final de su vida, en 1860, escribió una biografía de su padre. Este breve escrito fue incluido poco después de su muerte en 1861 en una obra titulada Cuadros de la vida privada de algunos granadinos. En este texto, que los críticos califican como uno de los mejores de los muchos que escribió, doña Josefa narra la vida de su padre desde que este tenía 35 años de edad, pues el comienzo de la biografía de don José la hace coincidir con los preámbulos del 20 de julio de 1810. Ella se detiene a narrar los detalles del 20 de julio y de los días posteriores, así como de los difíciles tiempos que se siguieron por la división entre Cundinamarca y las Provincias Unidas, que significaron el empobrecimiento de la familia en razón de la interrupción del comercio por los enfrentamientos entre las provincias; además, significaron la salida de la casa de su hijo mayor, Pedro, primero para enrolarse en los ejércitos de Nariño, esto es de Cundinamarca, y luego en el de los federales, como se hacían llamar las provincias que hicieron de Tunja su ciudad principal. Pero es particularmente detallada la narración de los hechos que tuvo que enfrentar su padre luego de su salida de Santafé escapando de Morillo. Esta parte de la biografía se basa enteramente en las noticias que dio a su familia Pedro, el mencionado

hijo mayor, quien lo acompañó en su viaje al Caquetá y lo vio morir, y en las notas que sobre lo sucedido tomó el coronel Anselmo Pineda cuando fue prefecto del Caquetá. Es, pues, una gran escritora, marcada profundamente por los años iniciales de la República, la que decide iniciar la historia de su padre recordando la ciudad que vio nacer a don José y a su hija, doña Josefa.

Santafé y Bogotá

Es la misma ciudad, ciertamente, pero mucho había cambiado entre 1810 y 1860. Por ello añora en su vejez lo que vivió de niña: “Santafé! Este nombre es muy querido; encierra muchos recuerdos para los habitantes ancianos de la antigua capital del virreinato de la Nueva Granada. Santafé!”. ¿Y cómo la recuerda? Dejemos que sea la memoria de ella la que nos permita vislumbrar la capital del virreinato de la Nueva Granada en 1810. Comienza doña Josefa dándonos unas pocas noticas sobre la fundación y tamaño de la ciudad, pues nos dice que “esta ciudad, fundada hace más de tres siglos por Gonzalo Jiménez de Quesada, se asegura que tenía cerca de 40,000 habitantes en el año de 1810”. Sigue con una interesante descripción del interior de las viviendas de los más pudientes de Santafé: Sus casas, sólidamente construidas, ofrecían espacio y comodidad a los que moraban en ellas, lo que según la opinión de muchos puede valer tanto como lo que se llama elegancia y buen gusto


INFORME ESPECIAL moderno. Macizos balcones, en cuya formación no se había economizado la madera; gruesas ventanas guarnecidas con espesas celosías que daban escasa entrada a la luz y al aire que circulaba por espaciosas salas colgadas de un papel lustroso en donde ordinariamente se representaban paisajes y flores; altos y duros canapés con cerco dorado forrados en filipichín o damasco de lana o seda, cuyas patas figuraban la mano de un león empuñando una bola; cuadros de santos con anchos marcos labrados y sobredorados y algunos retratos de familia, al oleo, ejecutados por Figueroa y colocados lo más cerca del techo que era posible; enormes arañas de cristal; mesas pesadas con caprichosos recortes; cómodas barnizadas de negro con tiraderas doradas; escritorios con cien cajones embutidos de carey y concha de perla; enormes camas con espesas cortinas de lana o algodón, que corrían sobre varillas de hierro produciendo un ruido agudo y metálico; espejos ovalados colgados oblicuamente sobre las paredes, y sillas de brazos altos, forrados en terciopelo o damasco, cuya clavazón hacia comúnmente un dibujo poco variado. Tales eran los adornos comunes de la mayor parte de las casas de los nobles santafereños.

Pero la escritora no puede dejar de señalar que ya en 1810 algunos cambios podían observarse en las viviendas de la ciudad. Al respecto anota que, No es esto decir que no hubieran habitaciones invadidas por modas más modernas, paredes adornadas con láminas de esquicito [sic] gusto, muebles más elegantes y ligeros, y balcones y ventanas de hierro con delgados balaustres que daban entrada libre al aire y a la luz; asientos menos altos y más blandos, camas de diversas formas con blancas colgaduras de muselina recogidas con grandes y vistosos lazos de cinta encarnada o celeste. Pero aquí no se trata de las excepciones, porque en tal caso este cuadro no tendría fin.

El tema siguiente es el de las costumbres de los santafereños de entonces, las cuales dice la autora eran por supuesto cristianas. Sin embargo, a renglón seguido, anota que en esto también había excepciones pues ellos no “dejan de ser abundantes en la grande población de una ciudad que es capital de un extenso y rico virreinato, que encierra, aunque en menor escala, los mismos elementos para el mal que se encuentran en Roma, en París, en Londres, en Madrid y en todas las viejas capitales de la civilizada Europa”. Luego de señalar

esta situación, doña Josefa detalla los ritmos de la vida en la ciudad. Primero los propios de los días de trabajo, esto es, de lunes a sábado: Los santafereños oían misa todos los días y después se ocupaban de su almuerzo y de sus negocios. Comían de las doce a la una del día, y durante las horas de sus comidas hacían cerrar cuidadosamente las puertas de sus casas. Por las tardes paseaban por la Alameda o el Aserrío, y a la oración se retiraban a sus casas a refrescar [sic] dulce y chocolate (orden en que se servía entonces este refresco y que después se ha invertido con escándalo de los amantes de los antiguos usos). Luego se rezaba el rosario, se hacía o recibía alguna visita o se conversaba en familia hasta las 9 o 10 de la noche, hora ordinaria de la cena. Despachada ésta, que siempre era abundante, se acostaban los buenos santafereños a dormir con tranquilidad para recorrer al día siguiente un círculo igual de quehaceres, paseos, comidas y conversaciones.

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Es evidente, en la memoria de los bogotanos, que muchos años después escribían sobre 1810, estaba labrada profundamente la queja contra todo lo que pensaban les fue impuesto por la Metrópoli. El domingo y las grandes festividades, nos avisa la autora, eran distintos. Esos días, Se almorzaba precisamente tamales [sic]. El padre de familia visitaba y era visitado; la madre se adornaba para ir donde las señoras de la alta aristocracia española, es decir, las esposas de los empleados públicos. Los criados y los niños iban por las tardes al Guarrus de las Aguas o de Fucha, y casi todo lo mejor de la población paseaba por San Victorino, donde se veían pasar los tres únicos coches que había en la ciudad, a saber: el del virrey, el del arzobispo y el de la familia Lozano, llamado comúnmente el de las Jerezanas. Algunas piezas dramáticas, casi siempre mal ejecutadas, uno que otro baile en que figuraban la compasada contradanza, el grave minuet, la fría alemanda, el elegante y gracioso bolero, y por remate, en casos de buen humor, el alegre semipianito; una que otra reunión de amigos en que se jugaba ropilla y las anuales fiestas de Egipto y San Diego, en que se cenaba abundantemente y se jugaba con escándalo al pasadiez y al bisbís, tales eran las diversiones ordinarias de los hijos de la capital. Más, en circunstancias notables, en los días grandes y de larga recordación, había fiestas reales, es decir, una misa solemne con Te Deum [sic] y asistencia del virrey y los tribunales, cuadrillas ecuestres a imitación de juegos árabes, carreras de sortija, corridas de toros, salvas de artillería, besamanos o visita de ceremonia en casa del virrey y dos o tres bailes de tono [sic] en que no dejaban de ostentarse lujosos trajes bordados de oro y magníficos uniformes de oficiales reales y de coroneles en guarnición, bailes, en verdad, más a propósito que los de ahora para lucir las damas su agilidad, airosos movimientos, fino oído, paso acompasado y gracioso, que en el perpetuo brincadito a la indígena y en los trotes y carreras fatigantes de nuestros días. Pero sigamos. Todas estas funciones nocturnas se terminaban por un suntuoso y abundante ambigú, en que hacia sus habilidades de repostero algún liberto de casa grande [sic] que vestía también en estas ocasiones una gran casaca azul forrada con tafetán blanco. Pero ¿cuáles eran esas ocasiones singulares solemnizadas con tales fiestas? Voy a decirlo: cuando llegaba un nuevo

TIPOS DE MUCHACHOS DEL PUEBLO, BOGOTá ilustración: RAMÓN TORRES MÉNDEZ

virrey, cuando se publicaba la Bula de la Santa Cruzada, cuando nacía un príncipe o se casaba una infanta de España. Había también solemne función religiosa y lúgubre cuando moría un Pontífice o algún individuo de la real casa de Borbón.

Resulta inevitable, con todo, que la autora concluyera del anterior listado de días célebres en la ciudad, que “así, todas nuestras esperanzas y alegrías, todos nuestros duelos y regocijos nos venían del otro lado del Océano. ¡Nada era nacional para nosotros!”. Eran días de crítica a España, a pesar de la añoranza. Es evidente, en la memoria de los bogotanos, que muchos años después escribían sobre 1810, estaba labrada profundamente la queja contra todo lo que pensaban les fue impuesto por la Metrópoli. Es por esto que Josefa Acevedo de Gómez termina la descripción de su tan amada Santafé con una diatriba contra España: Hasta las telas y alimentos se llamaban de Castilla cuando tenían alguna superioridad. De allí nos venían los virreyes, los oidores, los empleados de hacienda, los canónigos, los alcaldes y los soldados. De allá recibíamos las ropas y también los víveres que no produce el país. De allí nos venían las indulgencias, las reliquias, la salvación del alma. ¡Pobres colonos! Nada teníamos! ¡Ni aún el sentimiento del amor patrio que había dormido trescientos años en nuestros fríos y esclavizados corazones!


INFORME ESPECIAL

Literatura, mujer e independencia

Carlos Vidales Escritor, periodista e historiador

* Esta es una versión resumida de “Escritoras y periodistas colombianas en el siglo XIX”, II Coloquio Internacional - Literatura escrita por mujeres en el ámbito hispánico y portugués, Estocolmo, 11-13 abril, Departamento de Español, Portugués y Estudios Latinoamericanos, Universidad de Estocolmo, en colaboración con la Institución de Lenguas Románicas, Universidad de Lund. La versión íntegra puede está disponible en formato PDF en: http://es.scribd.com/doc/72959324/Escritoras-yperiodistas-colombianas-en-el-siglo-XIX y también en: http://www.academia.edu/2129866/Escritoras_y_ periodistas_colombianas_en_el_Siglo_XIX.

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n 1888, el escritor liberal español Juan Valera, en sus célebres Cartas Americanas, se manifestaba sorprendido ante la gran cantidad de mujeres colombianas que sobresalían en la poesía y la literatura. Luego de analizar, en términos elogiosos, los versos de la poeta Agripina Montes del Valle, cuyo poema ”Al Salto del Tequendama” le parecía superior en calidad y belleza al de su contemporáneo José Joaquín Ortiz, comentó:

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50 No es Agripina Montes la única poetisa de nota que el Parnaso Colombiano nos da a conocer. Hay otras que llaman mucho la atención y se ganan el aprecio de los lectores. Yo me figuro que en Colombia no deben de ocurrir las varias causas que en España, y sobre todo en Madrid, influyen para que las mujeres no escriban versos. Nuestros padres y abuelos, hartos de los discreteos, latines y tiquis-miquis de las damas de Calderón, condenaron el saber en las mujeres, denigraron a las mujeres sabias con los apodos de licurgas y marisabidillas, y pusieron el ideal femenino en la más crasa ignorancia. (3 de septiembre de 1888, p. 203)

Desde los tiempos en que Valera escribió estas líneas se ha avanzado mucho en el estudio de la presencia femenina en la literatura y el periodismo colombianos. Durante las últimas dos décadas del siglo XX, nuevas perspectivas y enfoques han abierto el camino hacia una mejor comprensión sobre la situación de la mujer colombiana en la sociedad, en general, y en los campos de la creación intelectual, en particular. Los nuevos estudios han superado ya la primera fase de la investigación de género en Colombia. Ahora ya no se trata simplemente de sacar a la luz nombres olvidados o discriminados, ni de enumerar más y más mujeres ilustres. Mucho menos se trata de confeccionar elogios ”políticamente correctos”

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hacia las escritoras que se estudian, con amables alusiones a la hermosura física de dichas damas. Si bien todo esto puede parecer encantador, hoy el investigador se encuentra frente a nuevas y más complejas tareas que lo obligan a revisar la sociedad en su conjunto: las estructuras políticas y de clases, la legislación, la historia de las mentalidades, la evolución de las relaciones en el seno de la familia, el desarrollo de la educación y la dinámica de las relaciones interétnicas e interculturales, son algunos de los más importantes campos de estudio. El proceso de la independencia y de la formación de las nuevas naciones hispanoamericanas fue largo y complejo. Las grandes rebeliones populares de 178083 y las conspiraciones criollas que inquietaron la vida colonial durante las dos últimas décadas del siglo XVIII contribuyeron fuertemente al surgimiento de grupos intelectuales que cuestionaban todo el sistema de dominación español. La sociedad en su conjunto era, y continuó siendo durante mucho tiempo, patriarcal y católica. Pero en su interior crecían grupos y sectores ideológicamente opuestos a los valores tradicionales. Tales grupos fueron inicialmente pequeños y necesariamente secretos. La documentación que se conserva sobre su existencia y formas de vida consiste principalmente en los papeles relacionados con los procesos a que fueron sometidos los conspiradores y rebeldes, y en la correspondencia familiar de los presos, perseguidos y desterrados. Es allí donde encontramos las primeras piezas de una literatura femenina auténticamente nacional, pues con frecuencia las esposas, novias, hermanas, primas y sobrinas informaban en ellas a sus parientes masculinos sobre el estado político de su provincia o región, sobre el estado de ánimo de la población y sobre las medidas represivas tomadas por el régimen contra las nuevas ideas. Se conservan también


INFORME ESPECIAL las peticiones jurídicas o representaciones hechas por las esposas o hermanas de los rebeldes presos, pidiendo el perdón para sus maridos o hermanos o solicitando una reducción de los castigos. Son con frecuencia documentos largos, escritos con mucho detalle y cuidado. Por ellos podemos constatar que esas mujeres pertenecían a un grupo social minoritario, constituido esencialmente por criollos (blancos descendientes de españoles, nacidos en el país) sin títulos de nobleza y pertenecientes al estado medio, es decir, al estrato social de los comerciantes, letrados, profesionales, secretarios y empleados de la burocracia colonial.

caso de nuestras escritoras y periodistas. La muy repetida explicación de que “la mujer es más conservadora que el hombre” me ha parecido siempre muy superficial. En el catolicismo de las escritoras y periodistas colombianas del siglo XIX, muchas de ellas hijas de próceres anticatólicos, me parece ver una reacción humanista contra la intolerancia antirreligiosa y una manera de ejercer la libertad de conciencia que esos próceres predicaban, aunque no siempre respetaban.

De este grupo social salieron las ideas más radicales y los proyectos ideológicos más avanzados de la Independencia. Y este fue también el grupo más castigado durante las terribles guerras libradas entre 1810 y 1820. La mayor parte de sus hombres notables, y no pocas de sus mujeres, fueron sacrificados en las carnicerías de la Reconquista (1814-1816) y en los combates que siguieron hasta la consolidación de la independencia nacional. Muchas mujeres de este estrato social quedaron viudas durante este sangriento período y debieron hacerse cargo de los negocios de la familia y del cuidado de los hijos. Las leyes y decretos de pensiones vitalicias dictadas por la república en favor de estas mujeres fueron un factor determinante para su supervivencia, en muchos casos, y para asegurarles una situación económica que les permitía una participación más abierta y menos condicionada en la sociedad de su tiempo. Es un hecho comprobable que las mujeres nacidas en las familias masónicas más radicales de ese período fueron, sin excepción, católicas y firmes defensoras del sacramento matrimonial. Este es el colección libros patrimoniales - archivo de bogotá

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52 Al producirse la caída en desgracia del vicepresidente Santander (1828) y la dictadura del Libertador Simón Bolívar, son anuladas las reformas educativas, restituidos los privilegios de la Iglesia

Es un hecho comprobable que las mujeres nacidas en las familias masónicas más radicales de ese período fueron, sin excepción, católicas y firmes defensoras del sacramento matrimonial. Católica y reafirmada la autoridad patriarcal en el seno de la familia y de la sociedad. El Libertador, en este momento oscuro y trágico de su existencia, recurre a los “pronunciamientos de padres de familia” para sostener su autoridad dictatorial, anulando de esta manera la todavía débil opinión pública, que apenas daba sus primeros pasos con sus asambleas populares, sus grupos políticos y sus publicaciones periódicas. Un patriarcalismo doctrinario y militarista se impone como fórmula sustitutiva de las consultas populares. La muerte de Bolívar (1830) abrirá en cambio el camino a una fanática reacción antibolivariana con injustas persecuciones y odiosos ajustes de cuentas. Este es el período de “los Caudillos y sus guerras civiles” (1831-1845), durante el cual el país se va a sumir en la violencia y los enfrentamientos regionales, y durante el cual la condición de literato, político y señor de la guerra estará encarnada en una sola persona, el jefe del poder provincial o local. Surgirá una multitud de periódicos en cada una de las regiones en conflicto, pero serán publicaciones puestas al servicio de las guerras civiles. En tales condiciones habrá poco espacio político para la expresión de literatura femenina y periodismo de mujeres. Las escritoras formadas y crecidas en aquella época se van a expresar entonces en la poesía mística o en narraciones costumbristas, principalmente. La mayoría de esas escritoras

van a publicar sus producciones en los períodos subsiguientes. Entre 1845 y 1860 la nación colombiana vive el período de la formación de los partidos históricos. Por primera vez comienzan a ser publicados poemas, relatos y otros escritos producidos por mujeres. La fundación de la Sociedad Literaria (1845), creada por un grupo de jóvenes estudiantes de Derecho, será el punto de partida de una gran cantidad de clubes, asociaciones y sociedades culturales en los cuales comienzan a participar las mujeres, apoyadas y estimuladas por los grupos liberales más avanzados. La sociedad presentaba entonces un cuadro contradictorio: en todas las clases sociales imperaba todavía un tradicionalismo patriarcal y se consideraba que la mujer no debía tener otro oficio que las labores del hogar, pero al mismo tiempo, una minoría intelectual ilustrada, muy ruidosa y muy entusiasta, difundía en innumerables publicaciones las más atrevidas ideas y daba espacio en sus páginas a las mujeres escritoras. Un visitante extranjero que hubiese querido conocer a Colombia por aquellos años y solamente se hubiera guiado por la lectura de la prensa, habría pensado seguramente que se

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INFORME ESPECIAL encontraba en el país más avanzado del mundo. La realidad social, sin embargo, era muy diferente. El triunfo del liberalismo, consagrado por el ascenso de José Hilario López al poder y la victoria constitucionalista en la guerra civil de 1860, había sido precedido por una gran ofensiva ideológica de las fuerzas más radicales de ese partido. En este punto debe anotarse que el liberalismo colombiano tenía entonces dos corrientes ideológicas muy claramente definidas: una corriente doctrinaria, ortodoxa, que defendía sobre todo los principios del librecambio y de la absoluta libertad de comercio, es decir, los postulados económicos del más puro liberalismo de Manchester; y otra corriente, humanista y radical, que defendía los postulados sociales y políticos de la Ilustración, los Derechos Humanos, la defensa de las clases trabajadoras y el mejoramiento de la condición de la mujer. Florecieron los centros de poder regionales y surgieron innumerables periódicos y publicaciones en cada centro provincial. Las pequeñas élites intelectuales de esas provincias, hasta entonces obligadas a depender de la vida cultural de Bogotá, pudieron expresarse y fortalecerse, al mismo tiempo que participaban como detentadoras del poder en sus respectivos Estados Soberanos. Comenzaron a ser conocidas, en consecuencia, muchas escritoras, poetas y periodistas de provincia. Se multiplicaron las publicaciones dirigidas a la mujer. Más de la mitad de ellas fueron fundadas y redactadas por hombres y las demás realizadas íntegramente por mujeres, como Soledad Acosta de Samper, Agripina Montes del Valle y Mercedes Flórez. En todo caso, en los casi ochenta años transcurridos desde los tiempos sombríos de la Reconquista, en los inicios del siglo, hasta el fin de la Regeneración, las mujeres intelectuales del país habían logrado inmensos avances y aportado con muy valiosas creaciones a la cultura nacional. Probablemente por eso lograron ellas resistir los años terribles que vendrían. La guerra civil de los Mil Días (1899-

1902) fue otra de las hecatombes monstruosas en que la sociedad colombiana se hunde, con trágica frecuencia, desde la fundación de la República.

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El nuevo siglo se abrió con un baño de sangre y Colombia perdió el territorio de Panamá, por su propia mezquindad y estupidez y por la inteligente rapacidad de la potencia norteamericana. Soledad Acosta de Samper se habría de distinguir durante aquellos días luctuosos, movilizando a la opinión pública en defensa de la paz y de la soberanía nacional. Esta es, probablemente, la mejor manera de recordar hoy a esta mujer admirable, cuando Colombia –otra vez– vive una orgía de sangre y de violencia y cuando la gran potencia del Norte se apresta a sacar ventajas de esta guerra feroz

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FOTO: ARCHIVO DE BOGOTÁ - FONDO FOTOGRÁFICO VIKI OSPINA


Sara González: difusora de la memoria

INFORME ESPECIAL

Bernardo Vasco Periodista del Archivo de Bogotá

Con una vasta experiencia en el mundo de los asuntos archivísticos, esta socióloga está considerada como un referente en la gestión documental del país. Exdirectora del Archivo General de la Nación y hoy directora de la Maestría en Gestión Documental de Archivos de la Universidad de la Salle, Sara González pone los puntos sobre las íes en un oficio no exento de crítica.

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a cita es en su oficina, en una tarde cualquiera; el propósito es entrevistar a una de las mujeres más importantes en la historia reciente de la archivística colombiana y gestora de valiosos proyectos en el Archivo General de la Nación, en donde trabajó de la mano con el doctor Jorge Preciado Palacios, fundador de la entidad en 1989 y a quien se considera como el padre del oficio en el país. Sara González es enfática: “lo primero que quiero decir es que yo no soy archivista, soy socióloga”.

fotos: bernardo vasco - archivo de bogotá

Durante dos horas hablará con pasión de una vida dedicada no solo a la archivística: rememorará su época de “publicista” al lado de “gurús” como Jorge Sánchez Mallarino, Gonzalo Mesa y Julián Arango. De sus épocas de docencia en las universidades Jorge Tadeo Lozano y Central; de su inolvidable estancia de doce años en Europa con su esposo, Henry Luque Múñoz, en los tiempos cuando él fue miembro de la Comisión de Cultura del Consejo Mundial por la paz. De su trabajo en las casas patrimoniales de Chejov, Pushkin, Tolstoy y Dostoievski. “Ver el sofá donde nació

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56 Tolstoy y el lugar donde nacieron sus trece hijos, ver la libreta de apuntes médicos que tenía Chejov con sus pacientes, todo ello sensibiliza mucho y ahí empecé a comprender la importancia de los documentos. Y no solo los documentos escritos sino todo lo que rodea a los escritores”, acota. Del paso por la antigua Unión Soviética quedaron varios libros hechos con su esposo: Hacia los clásicos rusos y Dos clásicos rusos, mismos que dieron a conocer por estos lares a escritores como Turgueniev y Saltykov-Shhedrin. “Tuvimos la suerte de ser invitados en Moscú a un evento en el que estaba Gabriel García Márquez, por allá en el año 86, y me atreví a preguntarle si era cierta la influencia que había ejercido en su obra El maestro y Margarita, el texto fundamental de Mijaíl Bulgávok, y nos dijo con desparpajo: “les juro que nunca antes lo había leído”. Hoy, Sara González, quien además tiene una maestría en Investigación Social Interdisciplinaria, lidera la Maestría en Gestión Documental en la Universidad de la Salle. ¿Cómo pasó de la sociología a la archivística? ¿Cómo llegó a ser directora del Archivo General de la Nación? Hace una pausa ante las primeras preguntas: “fui invitada a la inauguración del edificio del Archivo General de la Nación y quedé fascinada con la obra, con el edificio diseñado por Rogelio Salmona y con el propio proyecto del Archivo. Había conocido al doctor Palacios Preciado en los pasillos de la Biblioteca Nacional, donde yo trabajaba, y siempre que tenía oportunidad nos tomábamos un cafecito y le mostraba joyas bibliográficas de la entidad. Así que cuando él me invitó a trabajar al AGN no lo dudé, a pesar de que Ramiro Osorio, por entonces director de Colcultura, me invitó a continuar en la biblioteca, con el siguiente argumento:. `Usted no se puede ir de la Biblioteca porque usted es el contacto con los escritores´. Y a renglón seguido me preguntó: ¿Y cuánto le va a pagar Jorge? No tengo idea, le dije. ¿Y qué va a hacer allá?, no, tampoco tengo idea, riposté”.

La decisión ya estaba tomada y Sara González se fue con sus corotos al edificio del AGN, antes Archivo Nacional que funcionaba en los pisos altos de la Biblioteca Nacional. “Entré a colaborar en el programa del Sistema Nacional de Archivos, que es el vínculo del AGN con el resto del país y al poco tiempo pasé a ser la asistente del doctor Palacios. Fue una experiencia magnífica; con él aprendí los conceptos fundamentales de la archivística. Con él aprendí el valor de escuchar; era una persona que dejaba hablar a todo el mundo, animaba la conversación y al final intervenía; claro ya tenía toda la información para poder tomar una buena decisión”. Tras una gestión encomiable reconoce que enfrentó momentos difíciles, como cuando estuvo a punto de hundirse en el Congreso la Ley General de Archivos. “A pesar de que el doctor Palacios le dió mucho impulso al proyecto muchos no entendían cuál era el propósito. Entonces, aprovechando un informe que le rendí al ministro de Cultura, Juan Luis Mejía Arango, le manifesté que lo peor que podía ocurrir era que no aprobaran el Proyecto. Dados su reconocido interés y compromiso con los archivos y la memoria, en diez minutos revivió el proyecto y animó su aprobación”. De otra parte, logramos que el gobierno nacional expidiera el decreto presidencial 3666 de 2004, que consagra el 9 de octubre como Día Nacional de los Archivos y de quienes trabajan en ellos.

DE MEMORIA recoge algunos apartes de la entrevista sostenida con Sara González. ¿Cuál es el legado que le dejó su paso por el AGN? Creo que todos los que trabajamos en el AGN con el Dr. Palacios aprendimos de él lo que significa el compromiso con la sociedad, con la memoria y la administración y el manejo del poder cuando se trata de guiar los grandes proyectos, porque el poder no se impone, se conquista. También lo que yo denominaría la pedagogía del ejemplo, es


INFORME ESPECIAL decir, ser consecuente con lo que dice y se hace. Otro aspecto importante, también heredado, es el respeto por las diferentes profesiones para lograr la multidisciplinariedad en una labor que tanto la requiere como es el trabajo en los archivos. Estas fueron las bases estratégicas que impulsaron la creación de la institución, la concepción arquitectónica del edificio y su posterior desarrollo. El compartir experiencias y conocimiento, es algo fundamental para el avance de un proyecto institucional. Usted fue secretaria general y posteriormente presidenta de la Asociación Latinoamericana de Archivos... Sí, en 1995, cuando el doctor Palacios fue nombrado presidente de la organización, fui encargada de la Secretaría de ALA. Fue un trabajo muy agradable porque dos años antes habíamos empezado a publicar la Revista ALA, que se constituyó en un hito en el tema de los archivos. De hecho, fue una revista muy elogiada, entre otros, por el escritor mexicano Juan Manuel Herrera Huerta, quien

había sido su editor y siempre resaltó no solo la calidad de la edición colombiana sino sus propios contenidos. Ahora se está editando en Brasil, en formato digital, yo soy la editora en español. Fui presidenta de Ala, durante los años 2003-2005. Colombia, un referente de la archivística... Por supuesto, el país era un referente en los diversos procesos archivísticos, en particular en restauración porque el proyecto del AGN era de excelencia para América Latina, lo lideraban Gloria Mercedes Vargas, Ernesto Jaimes, Clemencia García y otros excelentes profesionales. El tema de la conservación preventiva, para la que la misma construcción del edificio del archivo estaba preparada, así como las propuestas de intervención, fueron aspectos consentidos por el doctor Palacios. De igual forma lo fueron, el proyecto de digitalización de imágenes con la implementación del programa ArchiGES_ ArchiDOC, -desarrollado por el Archivo de Indias de Sevilla, la Fundación Ramón Areces e Informática del Corte Inglés-, y programas de descripción, clasificación y puesta al servicio de los fondos documentales del AGN, mediante numerosos catálogos e índices. No se descuidaba la capacitación para lo cual especialistas del AGN dictaban cursos, no solo a estudiantes nacionales sino que la convocatoria se extendía a nivel internacional y se acompañaba de cartillas y guías de los diferentes procesos archivísticos. Ello hizo del AGN de Colombia un archivo muy importante y referencial. Usted también coordinó las publicaciones del AGN. Con el apoyo del doctor Palacios diseñamos y desarrollamos un fondo editorial bastante sólido, al punto de que llegamos a tener unas 150 publicaciones sobre distintos temas: Catálogos e Indices, la Revista MEMORIA, publicaciones didácticas como cartillas, guías y manuales, así como ensayos basados en investigaciones de los fondos del AGN. Creo que me gané varias

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58 enemistades por mi exigencia para lograr la mayor claridad de los textos (risas), pero las cosas salían bien porque siempre intentamos que los artículos fueran didácticos, que estuvieran al alcance de la comprensión de todo el mundo, este es un claro legado de mis trabajos en publicidad. Así mismo iniciamos la publicación de piezas publicitarias del AGN, como reproducción de documentos, juegos, calendarios, etc. Igualmente promoví la participación el AGN en las Ferias de Libros con talleres didácticos y para hacer cada vez más evidente la relación que existe entre literatura y archivos. Cuando se habla con la nueva generación de archivistas, casi sin excepción, todos resaltan la figura del doctor Palacios Preciado... Sin duda. Era un verdadero humanista convencido del poder de los documentos para la administración y la memoria, de su valor para el avance del conocimiento y el ejercicio de la democracia. Defortunadamente enfermó muy pronto y en el Seminario del Sistema Nacional de Archivos, en 2004, quizás presintiendo su final, hizo su despedida. Agradeció a quienes le habían acompañado en el desarrollo del AGN sus aportes y pidió disculpas a quienes “con alguna palabra o gesto desobligante pudo haber ofendido”. Fue muy dura esa experiencia. La ministra de Cultura, Consuelo Araújo, me pidió encargarme del AGN. Resultó muy difícil y doloroso reemplazar al doctor Palacios en esas circunstancias. Más de veinte años después de la creación del AGN, ¿cree usted que desde la perspectiva del Estado hay suficiente conciencia sobre el valor de la memoria? La creación del Archivo General de la Nación en el año 1989 y de la Ley de Archivos en 2000 fueron pasos muy importantes en el establecimiento de una política de organización, difusión y preservación de los archivos, que se afianzó luego con la fundación del Archivo de Bogotá. El hecho

fue muy importante y se lo debemos, en primer lugar, al presidente Virgilio Barco, quien como buen tecnócrata y humanista tenía una visión de futuro fincado en el pasado. Sin embargo, el problema de los archivos es que no han logrado alcanzar un reconocimiento y quizás los gobiernos no reparan en su importancia. En todo caso, uno de los propósitos que compartimos con el doctor Palacios era crear fuertes nexos entre los archivos y la sociedad y por eso participé en la creación de la Asociación de Amigos del AGN. También apoyamos a las Asociaciones de historiadores, de restauradores, de archivistas... Pero falta mucho por hacer. Recordemos también que participé en la creación de la Asociación de Amigos del Archivo de Bogotá, asociación que tuve el honor de presidir y cuya revitalización y renacimiento serían de gran importancia. Puede ocurrir que este es un país joven, que aún no tiene un sentido de apropiación de la memoria, ni local ni nacional... Claro, quien no conoce el pasado puede ser objeto de cualquier intervención fácil. Si yo no conozco de dónde vengo, no tengo referentes que me hagan sentir confianza y fortaleza, y también aparecen entre nosotros los sentimientos de inferioridad. En Rusia, por ejemplo, la gente sabe quiénes fueron sus antepasados, se sienten orgullosos de que hayan sido un cosaco, un usar o un mujic. Aquí, en cambio, todos queremos ser de origen español neto, sin raíces indias ni negras y es vergonzante. También impera ese deseo de olvidar el pasado, de no recuperar experiencias positivas del ayer. Ahora, desde el punto de vista archivístico, el oficio del archivista se entiende como un asunto de técnicos, cuando, por ejemplo, en Francia el director del Archivo Nacional, que por lo general

Si hay tanta corrupción y tanta alteración en documentos físicos, imagínense este mismo asunto en documentos electrónicos


INFORME ESPECIAL siempre ha sido un gran humanista, tiene un rango casi ministerial, por su capacidad para entender la sociedad, valorar la información, participar activamente en las propuestas gubernamentales de diferentes instancias y vislumbrar un futuro para el país. En ese orden de ideas, ¿comparte usted la apreciación de que la archivística tiene que apuntar a ser un oficio interdisciplinario? Evidentemente, si los archivistas no se preocupan por profesionalizarse, por ampliar sus perspectivas y conocimientos, por actualizarse, sus funciones en la sociedad de la información y del conocimiento lo desempeñarán como está ocurriendo, con relativo éxito, ingenieros de sistemas, industriales, abogados, economistas e historiadores, quienes tienen una visión amplia del uso de la información, de su importancia y perspectivas. Y desde ese nuevo concepto de que los archivos ya no son depósitos de documentos viejos, porque ahora también participan en los procesos de socialización de la memoria, ¿cómo ve la perspectiva de archivo? Por definición, archivo es el conjunto de documentos organizados para su consulta; es decir, si hay un conjunto de documentos y no están organizados, no se puede recuperar la información, no existe el archivo. Pero hay otra función, la difusión y valoración, que haré visible con un ejemplo: la anterior directora del Archivo Nacional de Cuba –Belarda Salabarría- una historiadora y gran administradora le “vendió” a Fidel Castro la idea de que para una cumbre de jefes de Estado y de gobierno que se realizaría en la isla Margarita, llevara como obsequio a sus homólogos, la publicación de una investigación sobre cubanos que hubieran aportado al desarrollo de países iberoamericanos e iberoamericanos que hubieran aportado al desarrollo de Cuba en el siglo XIX. Eso es hacer memoria, saber utilizarla,

difundirla y los archivos son memoria. Por otra parte, en algunos los archivos administrativos, persiste un problema y es que cuando un director solicita una información, casi nunca se encuentra el dato preciso, en el momento oportuno y por lo general, se le suministra información que no necesita: Esto se debe a la mala organización de los archivos, a que no se prioriza lo fundamental, a que se hace todo mecánicamente. Y entonces qué papel juegan las instituciones que están formando archivistas, ¿el pénsum apunta a un archivista con una formación humanística, multidisciplinar? Por lo general, las mallas curriculares de estas carreras son muy antiguas. En nuestra universidad, el programa que ha sido un referente para los estudios de archivística y bibliotecología en el país cumplió 40 años y las modificaciones no han sido significativas. Se está estudiando el redimensionamiento curricular, para ello también

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60 es necesario lograr el cambio en la mentalidad de los profesionales y en el estereotipo que se tiene en la sociedad de los profesionales en el área. Considero que hay que trabajar fuerte en un cambio integral, evidenciando la importancia de la disciplina, su impacto para la sociedad, siendo mucho más exigentes con los profesionales, tanto desde la perspectiva académica como ética y personal. Qué importancia le da usted al hecho de que el Archivo de Bogotá tenga, por ejemplo, una Unidad de Memoria y Derechos Humanos... El conflicto debe quedar registrado, pero bien registrado y esa memoria debe servir para no repetir la confrontación que afecta al país desde hace décadas. Sin embargo, me preocupa ahora que haya varias instancias que recopilan documentos del conflicto porque podría ocurrir no solo la dispersión de la información sino generarse pérdida de documentos, alteración de los mismos, y que la gente no sepa a dónde dirigirse cuando solicita que se cumplan sus derechos de restitución o de reivindicación. Cuando se iniciaron las conversaciones de paz en el Caguán en el gobierno de Andrés Pastrana el ministro de Gobierno, doctor Horacio Serpa Uribe, una persona muy cercana al AGN, presidente del Consejo Directivo de la entidad, consideró que en ese proceso debía participar un archivista para la organización de la información. La dirección del AGN designó para esa importantísima labor al historiador y archivista William Martínez, quien durante muchos años se desempeñó como jefe de la división y clasificación de la entidad. La documentación se organizó según los requerimientos técnicos emitidos por el AGN y debe estar en el Ministerio de Gobierno. Pero ha sido el único caso de interés del Estado por el Archivo. ¿Las dificultades que tiene la archivística no tienen que ver más que con el Estado, con el hecho que somos un país sin memoria? Si hubiera una apropiación de la memoria eso

podría generar unas mejores políticas para la conservación de los archivos? Sí, así es. De una parte la sociedad no exige registros de su memoria para el conocimiento real del pasado; la información para la toma de decisiones administrativas no es relevante, muchas veces por intereses personales y los ciudadanos no exigen información para participar activamente en la democracia. De otra parte, si a los archivos se le asignaran más recursos, se podrían optimizar y modernizar los procesos técnicos; brindar una mayor capacitación al personal, hacer grandes campañas de difusión y se crearía la conciencia de que los archivos son valiosísimos para una sociedad. Se hicieron intentos ante algunos alcaldes municipales para que vincularan alguna información histórica, por ejemplo en las fiestas de los pueblos, que difundieran algún documento, alguna foto, pero resulta que esos eventos son patrocinados por empresas de licores a quienes no les interesa el patrimonio, ni la memoria. Es muy difícil convencer a la administración acerca de la importancia de los documentos para la toma de decisiones y para la lucha contra la corrupción.

Si no vamos cambiando simultáneamente al ritmo de la educación, de las comunicaciones, de la tecnología, si no nos vamos adecuando, los archivos pueden fallecer. En el AGN se insistió en la importancia de los documentos administrativos, porque si no se organizan los documentos administrativos no va a quedar memoria para las futuras generaciones quienes no conocerán la verdadera historia, las administraciones carecerán de memoria y los casos de corrupción irán en aumento, quedando los involucrados en la total impunidad. Se insistió tanto que en 1992 se emitió la Ley de liquidaciones


INFORME ESPECIAL y fusiones de entidades y le asignaron al AGN la función de recibir toda la documentación de esas entidades del Estado, eso significa miles de kilómetros de documentación completamente desorganizada y en pésimas condiciones... ¿Qué piensa de esa llamada instrumentalización política de los archivos desde el punto de vista de la memoria? Se dice que los archivos son la memoria de los vencedores, pero la memoria de los vencidos ¿dónde está? Pues está en los archivos orales, en otro tipo de soportes que no abordan los archivos estatales. Ahora, la memoria del conflicto que se está guardando es la memoria oficial, pero la memoria de las víctimas, ¿dónde está? Esa memoria también debe ser recuperada por los archivos. Por eso, me alegra también la creación del Centro de Memoria Histórica, del Distrito. Por otra parte, cuando el archivo se politiza ello causa un enorme problema. Lo digo porque siempre me ha preocupado muchísimo el proceso archivístico de valoración, y entre otras por la siguiente razón: aunque la Ley dice que esa valoración la debe hacer un comité integrado por archivistas, historiadores, abogados, administradores, etc,. en la práctica eso no se cumple. Si bien la objetividad no existe, guardar todo cuanto se produce crea tal acumulación de documentos que la información fundamental no se encuentra. Pero dejar la valoración de los documentos en manos de unas personas sin conocimientos interdisciplinarios y, en ocasiones, con intereses muy particulares, resulta muy peligroso. ¿Usted comparte los esfuerzos de entidades como el Archivo de Bogotá, que tienen una política para divulgar y socializar la memoria colectiva? Comparto plenamente y me alegra mucho que directores del Archivo de Bogotá, entre ellos Gustavo Ramírez, el actual director, hayan tomado la decisión tan acertada de hacer una labor pedagógica

de la memoria que, reitero, debe ser ejemplo para los demás. No nos podemos limitar a foliar los documentos perfectamente, a conservarlos en las mejores condiciones y a establecer programas electrónicos. Porque es necesario conocer a fondo la documentación para saber su valor y poderla difundir. Quienes trabajamos en los archivos debemos ser los mejores vendedores, los más informados, los más proactivos, no esperar a que la persona solicite información, es preciso ofrecerla, saber suministrársela. Y más ahora con la llegada de las tecnologías de la información... ¿Y sí le ve futuro a las políticas del gobierno electrónico? Eso implica un proceso muy largo de capacitación de la sociedad y de quienes los administran, de apropiación. Me preocupa particularmente lo relacionado con la conservación y protección de los documentos electrónicos. Si hay tanta corrupción y tanta alteración en documentos físicos, imagínense este mismo asunto en documentos electrónicos, que ya sabemos se pueden alterar fácilmente y la recuperación de la información requiere de altísimos costos por su pronta obsolescencia. Habría que implementar sistemas de seguridad altísimos, prever en los presupuestos la transferencia de tecnologías y sobre todo fortalecer los valores éticos y de compromiso social en quienes los manejan. El problema es que los soportes digitales, donde se guarda ahora la información, tienen una vida muy breve mientras un papel puede perdurar mil años.... Ese es otro tema, se cree que los problemas de los archivos se solucionan con la digitalización y el empleo de tecnologías. A ellos se suman el alto costo de las transferencias y actualizaciones de tecnologías electrónicas y los siempre reducidos presupuestos que se les asignan a los archivos. Pero ese es el reto que se debe enfrentar con profesionalismo, conocimiento, imaginación y...

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¿Cómo ve los archivos del mañana? ¿Qué nos espera en el futuro? Si quienes trabajan en los archivos no se actualizan, si no demuestran la riqueza de la información que tienen a su cargo, van a “morir en el intento”. Si los archivos no se modernizan, si no se enmarcan en redes de información compartida, si no conservan los documentos patrimoniales percibo un escenario difícil. Pero la actualización o modernización no quiere decir solamente adoptar políticas de los documentos digitales. Tenemos, es cierto, una gran tradición de documento en papel, pero ¿qué va a pasar con eso? Si no vamos cambiando simultáneamente al ritmo de la educación, de las comunicaciones, al ritmo de la tecnología, si no nos vamos adecuando, los archivos pueden fallecer. Y es preciso recordar que los archivos son entidades integrales, tienen

que ser el eje de las decisiones administrativas, de la lucha contra la corrupción, del reconocimiento de los logros del pasado, de la memoria y la identidad. El Dr. Palacios siempre repetía la máxima de que “archivos desorganizados son fuente de corrupción administrativa”. ¿Y la imagen de que el archivo es el lugar donde envían al funcionario como castigo sigue siendo parte del imaginario sobre el oficio? Sí. Y sigue siendo así porque algunos archivistas no demuestran su profesionalismo, no crean conciencia sobre la importancia de la información para la administración y la memoria, no hacen reconocer su labor al más alto nivel, con los máximos valores de éticos y morales y la mayor creatividad y compromiso CAPILLA UNIVERSIDAD DE LA SALLE


INFORME ESPECIAL

Dora Lucía Betancur Ángel Filósofa

Del punto de cruz al punto aparte. 150 años de historia

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ace algunos años el Archivo de Bogotá realizó dos exposiciones en las que los documentos y fotografías que hacían parte del acervo documental de las familias bogotanas fueron presentados a la ciudadanía. En las exposiciones del Álbum Familiar y en la de Tesoros Gráficos de las familias bogotanas, se encontraron verdaderas alhajas, como la foto de la bisabuela, la receta de cocina escrita por ella y la carta de amor que había enviado a su prometido de entonces. Estas joyas documentales se conjugan hoy con los libros antiguos adquiridos por el Archivo en los que se puede encontrar y rastrear una historia particular de la educación de la mujer bogotana en el siglo XIX. La experiencia de buscar en los anaqueles de un archivo histórico, o en una “mesa de noche, baúl, armario, cómoda, caja y cajón” de una habitación,

da como resultado la creación de un collage, de un montaje o instalación; ante esta variopinta búsqueda solo aparece una pregunta que sesga la mirada ¿cómo se educaron las mujeres en Bogotá antes y después del grito de Independencia? En el momento en que llegan al Centro de Documentación del Archivo de Bogotá algunos ejemplares de los libros, revistas y periódicos escritos en el siglo XVIII y XIX y se empieza a hojear sus contenidos, aparece una ciudad donde se reunía una mujer con un grupo de personajes en una tertulia, otra mujer que decide crear un colegio para mujeres, la fundación de un colegio oficial para mujeres, una revista quincenal de nombre La Mujer “exclusivamente redactada por señoras y señoritas” dirigida por Soledad Acosta de Samper y las historiadoras que nos cuentan acerca de los contenidos propios de la enseñanza a las mujeres en aquellas épocas.

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De la transmisión de conocimientos morales y prácticos para la vida cotidiana por vía materna al ingreso a la escuela, la educación inicial de las mujeres en Bogotá estaba influenciada por las costumbres españolas y el interés era que las mujeres “aprendieran a leer, a contar, a coser, a tejer, a bordar y a rezar” como lo dice la profesora Patricia Londoño. “Lomillo, cadeneta, dechado en punto de cruz” y economía doméstica. En los estantes de los archivos se encuentra la mención a una escritora de un relato autobiográfico, la madre Jerónima religiosa Clarisa de Santafé (1669-1727), luego aparece Manuela Sanz de Santamaría, naturalista y literata, con su tertulia del Buen Gusto, hasta encontrar la historia de la señora Clemencia de Caycedo y Vélez, quien dedica todos sus bienes a la fundación de un convento para educar a mujeres de altos y bajos estratos, convento que será el colegio La Enseñanza de Bogotá, que en palabras de la profesora Patricia Londoño: “En abril de 1783 fue inaugurado el colegio, con 75 alumnas distribuidas en dos secciones: pensionado y externado”. Luego viene la fundación en 1832 del colegio La Merced, el primer colegio oficial para la educación de las mujeres en Bogotá, en el que por ordenanza no se admitían más de cuarenta niñas internas, se prohibía la admisión de niñas externas y se enseñaba “escritura, costura i labor en blanco, dibujo linear i de flores i paisajes, bordado, elementos de aritmética aplicados a los usos más comunes de la vida, gramática castellana i francesa, jeografía, historia, moral cristiana, economía doméstica, urbanidad i música instrumental i vocal.” Este primer encuentro de las mujeres bogotanas y colombianas con la educación escolar está determinado de manera profunda por la religión cristiana que dominaba en la época los contextos tanto familiares como educativos y sociales, hasta el punto en el que se prohibía la enseñanza de la “mitolojia”.

Los diversos matices que se presentan al preguntarse por la educación de las mujeres desde 1780 hasta 1930 en Bogotá dan cuenta de un camino trazado, que recorremos desde la casa al archivo y desde la escuela a la universidad y en el que hemos ganado libertad y realización personal.

En la clase de historia se les enseñará la sagrada para que comprendan el orijen divino i progresos de la relijion que profesan, desterrándose la enseñanza de la mitolojía.

Otro aspecto a resaltar lo constituye la advertencia que se hace acerca de las clases de aritmética porque estas deben limitarse a operaciones sencillas, útiles para el manejo de la economía doméstica y no a cálculos más complejos. […] la enseñanza de la aritmética se limitará a aquellos conocimientos que más necesarios pueden ser a las mujeres en nuestra sociedad, excluyéndose por consiguiente los cálculos que pertenecen a la parte superior de la aritmética, extracción de raíces, &c.


INFORME ESPECIAL

Rodeando este ámbito educativo surge el “Tratado sobre economía doméstica para uso de las madres de familia y las amas de casa” escrito por Josefa Acevedo de Gómez en 1848, donde se refuerza la idea del aprovechamiento del tiempo y del uso modesto del dinero y los bienes, como enseñanzas que deben aprender y transmitir las mujeres en sus familias. Sigue girando la rueda del tiempo y aparecen las escuelas vocacionales y de artes y oficios y la formación de maestras, hasta llegar a la década de 1930 donde la mujer bogotana puede estudiar bachillerato e ingresar a la Universidad. Los diversos matices que se presentan al preguntarse por la educación de las mujeres desde 1780 hasta 1930 en Bogotá dan cuenta de un camino trazado, que recorremos desde la casa al archivo y desde la escuela a la universidad y en el que hemos ganado libertad y realización personal

Acevedo de Gómez, María Josefa. (1848). Tratado sobre economía doméstica para el uso de las madres de familia i de las amas de casa. Bogotá, Imprenta de José A. Cualla. Acosta de Samper, Soledad. (1879). La Mujer. Revista quincenal. Londoño Vega, Patricia. (1996). “Educación Femenina en Colombia, 1780 – 1880” en Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 37. Volumen XXXI.

Recopilación de las Ordenanzas Provinciales Vijentes en la Provincia de Bogotá el 31 de Agosto de 1847 i de los Decretos de la Gobernación dados en su ejecución. pp. 6 y 7. (1847) Bogotá. Imp. por Vicente Lozada. Vergara y Vergara, José María. (1867). Historia de la Literatura en la Nueva Granada. Parte Primera. Desde la Conquista hasta la Independencia (15381820). Capítulo X. pp. 255-258. Bogotá, Imprenta de Echeverría Hermanos.

LA ENC ICL OPE DIA DE MU TIS

1808 , Al falle cer, el 11 de sept iemb re de gran José Cele stin o Mut is no sólo dejó una nte orta imp más , sino aria repu taci ón liter acio nes aún , dece nas de trab ajos e inve stig casi nte dura as ulad acum cien tífic as, s. nica botá nes acio stig inve de cuar enta años r 850 0 Su espl énd ida bibl iote ca lleg ó a tene nces . En volú men es, cifra extraord inar ia ento ta de la opin ión del más imp orta nte natu ralis hab ía époc a, Alex and er von Hum bold t, no hist oria otra que la sup erara en asun tos de ks, en Ban de la de n pció natu ral, a exce en la Lond res. Sus libro s se encu entran hoy Bibl iote ca Nac iona l de Colo mbi a.

LA SABANA DE BOGOTÁ, UN ANTIGUO MA

R

cado La Sab ana de Bogotá es el lech o dese se hoy que rior inte mar de un anti guo án alem ta ralis natu el , ldt” den omin a “Hu mbo os del que visit ó a la ciud ad haci a com ienz rtir adve en ero prim el fue n sigl o XIX y quie ese de os rest Los a. ógic geol esa cond ició n en los mar inte rior pue den vers e todavía nas lagu las y en sist sub aún hum edal es que en o ecad (des án Gait Lago de Timi za y del io barr el r niza urba para ta los años cinc uen el sca, Mui nda leye la ún hom ónim o). Seg de los dios Chib chac um cast igó los peca dos luego pero na, saba la do dan abor ígen es inun azul es, Boc hica –otro dios mist erio so de ojos pod er el con có dese la teiden veni do de Occ tení a, que ema nab a de una vara mág ica que ama . tras lo cual surg ió el salt o de Tequ end

El puente de Aranda

José de En 1792 , dura nte el virre inat o de del enos terr Ezpe leta , se cons truy ó en los de te den occi espa ñol Juan de Aran da, al que illo ladr Bogotá, un peq ueñ o pue nte de tano sos serv ía para atravesa r los terr enos pan A pesa r ad. que cub rían ese sect or de la ciud olido dem fue de que era Mon ume nto Nac iona l, ntes pue s erno en 1978 para dar paso a los mod de conc reto .

NOTA: Gran parte de la información contenida en este artículo pertenece al material del Centro de Documentación y la Hemeroteca del Archivo de Bogotá. POR: BERNARDO VASCO

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Bogotá, s Encuentroede del prime r Latinoame Feminista y del Cari ricano be María Cristina Suaza Vargas Bibliotecóloga - Documentalista

...un encuentro feminista no es un evento como los demás. Es una experiencia interior y al mismo tiempo una experiencia exterior, ambas, profundamente políticas. El primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe

D

el 18 al 21 de julio de 1981 se realizó en Bogotá, el primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe. Se esperaban entre 150 y 200 mujeres feministas y llegamos 280. ¿De dónde llegamos? De México, Perú, Brasil, Venezuela, Argentina, Chile, Ecuador, República Dominicana, Puerto Rico, Curazao, Holanda, España, Francia, Italia, Canadá, Estados Unidos y, por supuesto, de todos los rincones de Colombia. MARCHA DíA DE NO VIOLENCIA CONTRA LA MUJER . 2011 FOTO: ANDREA MEJíA


INFORME ESPECIAL

¿Por qué nos encontramos? La década de los años setenta se caracterizó por el avance del feminismo no solo en Estados Unidos y Europa, sino también en América Latina y específicamente en Colombia, en donde se gestaba un movimiento feminista, autónomo de los partidos políticos, pero asociado a ellos frente a la progresiva militarización de los gobiernos en la región. También fue importante la realización de la segunda Conferencia Mundial sobre la mujer promovida por Naciones Unidas y realizada en Copenhague en 1980. Ya entonces existía el interés de muchas feministas latinoamericanas que vivían o estudiaban en Europa y querían realizar un encuentro en Venezuela. Pero las venezolanas se encontraron con problemas económicos y políticos que hacían imposible realizarlo allí, y entonces propusieron a Colombia,. Se comunicaron con grupos independientes y de izquierda, quienes habíamos logrado realizar actividades conjuntas, en pos de un proyecto de vida que transformase a la mujer y con ello su vida social y familiar.

¿Para qué nos encontrábamos? El objetivo del Encuentro fue: “[…] Reunir a mujeres comprometidas con la práctica feminista para intercambiar experiencias, opiniones, identificar problemas y evaluar las prácticas desarrolladas, así como planear tareas y proyectos hacia el futuro”. Los temas planteados en la agenda, fueron los siguientes: feminismo y lucha política, mujer y trabajo; sexualidad y vida cotidiana; mujer, cultura y comunicación. En cuanto a la metodología, se propuso que fueran talleres y foros, agrupados según los temas y las ponencias inscritas con anterioridad. La dinámica fue cambiando, y se formaron dos grandes bloques: sexualidad y política, aunque se realizaron foros de los otros temas, como trabajo y cultura, y además surgieron espontáneamente otras posibilidades: música, danza, rituales improvisados

en los que se juntaban todas las energías, talleres de salud, y conversaciones sobre temas prohibidos o satanizados: lesbianismo, aborto, espiritualidad, doble militancia y autonomía. ¡Una de las cosas más particulares para algunas y cómica para otras fue que nos presentamos una a una durante un día entero! Estar en el Encuentro fue como sobrevolar el continente, encontrarme, o simplemente escuchar a una variedad tan grande de mujeres de todas las edades, de todos los colores y que hablaban en tantos idiomas, que sinceramente puedo decir que, como a casi todas las participantes, nos cambió la vida, pues, prácticamente por primera vez, hicimos lo que quisimos con un espíritu libertario, alegre y descomplicado. El primer encuentro en Bogotá sobrepasó los límites de los “problemas de mujeres” y logró ser un acontecimiento político para las feministas latinoamericanas. Fueron muchos los “mandatos” inmediatos, pero quiero resaltar dos: la decisión de escoger el 25 de noviembre como día especial para protestar contra la violencia ejercida sobre las mujeres, y la continuidad de los encuentros cada dos años y en diferentes países.

No a la violencia contra las mujeres El 25 de noviembre de 1960, en Santo Domingo, República Dominicana, durante el régimen del dictador Rafael Leonidas Trujillo, fueron torturadas y finalmente asesinadas las hermanas Mirabal: Minerva, María Teresa y Patria, activistas políticas, mujeres valientes, libertarias, que con sus esposos estaban en abierta oposición a la dictadura reinante.

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68 Ese día Minerva y María Teresa habían ido a visitar a sus esposos a la cárcel, presos políticos, en compañía de su hermana Patria, cuando fueron interceptadas en el camino por agentes del Servicio Militar de Inteligencia. Conducidas a un cañaveral próximo, fueron objeto de las más crueles torturas antes de ser víctimas de lo que se ha considerado el crimen más horripilante de la historia dominicana. Cubiertas de sangre, destrozadas a golpes, estranguladas, fueron puestas nuevamente en el vehículo en el que viajaban y arrojadas a un precipicio con la finalidad de simular un accidente. Este hecho de violencia y sus repercusiones fue retomado en el Primer Encuentro. Allí dos compañeras dominicanas solicitaron que se declarara el 25 de noviembre como Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, lo cual fue aprobado en plenaria por unanimidad1. Desde entonces, el 25 de noviembre no solo se ha celebrado en la mayoría de los países, sino que, además, la OEA lo incluyó como tal en la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. Y así ha sido en Colombia en pueblos y ciudades y en todos los ámbitos, públicos y privados, independientes e institucionales. En Bogotá, por ejemplo, en 2011, el desfile del 25 de noviembre coincidió con el XII Encuentro y contó con la participación de las entidades distritales y organismos nacionales e internacionales como Naciones Unidas, con hombres y mujeres, niñas y ancianas de la comunidad en general. Fue un evento multitudinario y diverso que llenó la Plaza de Bolívar y terminó con el concierto reivindicatorio de Andrea Echeverri Arias.

Lo que vino después Fueron muchos los efectos del Encuentro tanto en Colombia como en América Latina y el Caribe: surgieron nuevos grupos y se fortalecieron algunos ya existentes, pero especialmente nacieron las ONG, muchas de las cuales existen todavía. En Bogotá se creó la Casa de la Mujer, se fortaleció Cine Mujer y nació el Grupo Mujer y Sociedad, en la Universidad Nacional, quienes lideraron una iniciativa académica que dio origen a la Escuela de Estudios de Género actual.

Documentación para las mujeres En la reunión de clausura del Encuentro se habló de la necesidad de organizar los materiales que


INFORME ESPECIAL

MARCHA DíA DE NO VIOLENCIA CONTRA LA MUJER . 2011 / FOTO: ANDREA MEJíA

habíamos llevado las asistentes y que estuvieron expuestos en el evento; se propuso impulsar la creación de un centro de documentación feminista, con el fin de reunir y organizar información y documentación sobre los grupos y movimientos feministas en América Latina, y establecer los mecanismos necesarios para que esta información fuera utilizada y difundida. Conservé y aún conservo en mi archivo personal buena parte de los documentos que reunimos, otros fueron a la Casa de la Mujer, a la Universidad Autónoma de México y a algunas investigadoras interesadas en el tema. Sin falsa modestia afirmo que mi archivo es uno de los más completos pues, además de reunir toda clase de documentos, textuales, gráficos,

audiovisuales, digitales, ha servido como fuente para la exposición del XII Encuentro en Bogotá y para diferentes investigaciones. Pero fue en otros espacios donde se crearon varios centros de documentación, uno de ellos es el de la Escuela de Género de la Universidad Nacional de Colombia, quien conserva el archivo fílmico de Cine Mujer y pertenece a la Red de Centros de Documentación en América Latina.

El 25 de noviembre ha sido declarado como Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer.

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XII ENCUENTRO FEMINISTA EN BOGOTá . 2011 / FOTO: ANDREA MEJíA


INFORME ESPECIAL

XII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe de nuevo en Bogotá: Desatar, Desnudar y Reanudar Hasta la fecha, se han realizado doce encuentros feministas en diversos países: Perú, Brasil, Argentina, México, Chile, El Salvador, República Dominicana, y Costa Rica. Por considerarlo una forma de conmemorar los 30 años de realizado el primer encuentro, se escogió de nuevo a Colombia como sede, el cual se llevó a cabo en Bogotá, del 22 al 26 de noviembre de 2011. Asistimos 1.200 mujeres feministas y no tan feministas: negras, blancas, mestizas, indígenas, jóvenes, viejas, católicas, laicas, protestantes, ateas, transexuales, bisexuales, lesbianas, heterosexuales, prostitutas, intelectuales, artistas, políticas, independientes, libertarias, socialistas, militantes y simpatizantes de las feministas no solo de América Latina y el Caribe, sino de Estados Unidos, Canadá, España, Inglaterra, Francia y por supuesto de Colombia. Esta vez se dedicó al examen del camino recorrido para desatar los nudos que se han ido amarrando, desnudar los sueños, los problemas y proyectos acumulados, reanudar los debates y las tareas pendientes. De ahí su lema: Desatar, Desnudar y Reanudar. Se hizo énfasis en la historia y la memoria, pero también en lo que podemos llamar “Nuevos feminismos, nuevas identidades”.

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INFORME ESPECIAL En fin, a pesar del paso del tiempo, o gracias a él, los temas, las asistentes, la metodología y las características de la sede de los Encuentros han cambiado, pero en el imaginario del movimiento feminista sigue existiendo Bogotá como un referente perdurable, pues como dice Julieta Kirkwood, feminista y teórica chilena, sobre este Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe: En Bogotá percibo un sentido descubridor. Es la posibilidad de una primera vez, una primera apertura al mundo desde el feminismo latinoamericano. Es narrar la utopía revivida para nosotras y para las demás [...]. En fin, en Bogotá ha sucedido que un gran número de mujeres, parió una idea, la echó al mundo… y ya la criatura no nos “pertenece”. Adquirió vida propia. Bogotá es el primer planteo —en grado de Continente— cuestionador y radical de las instituciones patriarcales. Es la primera revelación de aquellas que pública y socialmente se rebelan; primera apertura de conciencia en comunidad donde no importan los porqués ni los cómos. Es por ello, un primer momento [...]. Bogotá marca el tiempo de la recuperación del espacio para las mujeres. De un espacio muy especial: lo internacional (...). Bogotá marca el momento de un desordenado asalto al orden; el tiempo de trabajo se hace canto y fiesta, la razón es desacralizada y puesta en su lugar […]

Los temas planteados en la agenda, fueron los siguientes: feminismo y lucha política, mujer y trabajo; sexualidad y vida cotidiana; mujer, cultura y comunicación.

MARCHA DíA DE NO VIOLENCIA CONTRA LA MUJER . 2011 FOTO: ANDREA MEJíA

Me detengo un poco sobre este punto porque a pesar de que este día se ha convertido en un evento mundial, no se conocen sus orígenes, del cual las feministas estamos orgullosas. Generalmente solo se hace referencia a la Resolución de Naciones Unidas que lo instituyó.

1

Comisión Coordinadora Estratégica. (2012) Memorias 12 Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe. Bogotá. Kirkwood, Julieta. (1986) Ser política en Chile. Las feministas y los partidos. Santiago: FLACSO, Santiago.


investigación aplicada

Iluminancia en el

sitio de trabajo

C

ualquier espacio que habita el hombre requiere de la incidencia de luz para que este pueda Mg. Sistemas Integrados de Gestión de Calidad interactuar con su entorno; la intensidad lumínica condiciona desde la eficiencia con la que hacemos las tareas, la forma como percibimos las texturas de los objetos, hasta nuestro estado de ánimo. El ojo humano, al captar la luz, transforma las hondas lumínicas irradiadas por los objetos y las convierte en energía que es la información que llega al cerebro. Liliana Mejía Hoyos Química

Estudios avanzados en salud ocupacional califican los niveles de iluminación como uno de los principales factores relacionados con la productividad física e intelectual del trabajador. Sin embargo, no cualquier tipo de iluminación es adecuada para cualquier tipo de espacio; esta debe ser escogida teniendo en cuenta las características del trabajador, el tamaño de los objetos que le rodean y la distancia que hay entre ellos y la persona. Entre los principales riesgos que se presentan cuando la iluminación es deficiente se encuentran los accidentes provocados por una mala percepción del entorno, errores en los productos, fatiga visual, enfermedades oculares, dolor de cabeza, cansancio, irritabilidad, mal humor, entre otros. Está demostrado que en las oficinas se debe procurar un confort mínimo que resultará, a muy corto plazo, en una buena salud de los trabajadores y, por lo tanto, en la eficiencia en sus labores.

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74 En las áreas de trabajo hay muchos factores que hay que tener en cuenta para garantizar el confort visual de las personas que realizan las diferentes actividades en la jornada laboral; por lo tanto, es necesario que la iluminación: • Se adapte a las características de la actividad que se efectúe en ella de acuerdo con las exigencias visuales de las tareas desarrolladas. • Garantice al máximo la seguridad y salud de los trabajadores, teniendo en cuenta condiciones de visibilidad en las áreas de circulación. • Sea uniforme en toda el área, garantizando así que las personas puedan realizar sus tareas sin correr riesgo alguno. El trabajo de oficina, como hoy lo conocemos, es una necesidad que surgió a finales del siglo XIX y su iluminación estaba limitada a una bombilla que colgaba del techo o a una lámpara de pie sobre la superficie de trabajo. La vida útil de estos bombillos era corta y las luces intermitentes eran tan comunes como la cantidad de pequeños espacios utilizados improvisadamente como oficinas. Con la construcción de grandes edificios viene una nueva conciencia sobre la iluminación y su incidencia sobre el trabajo que se hace en interior. Aparece entonces la lámpara incandescente (bombillo redondo de luz amarilla), que se combinaba con la luz natural. Sin embargo, esta mezcla de luz natural y artificial no duró mucho: en poco tiempo se imponían los espacios compactos y cerrados donde era común encontrar a un oficinista que tenía sobre sí un bombillo colgante y una visera en la cabeza a modo de pantalla. Desde los años cincuenta se impone la luz fluorescente -tubo largo de luz blanca- que al principio quedaba a la vista en las construcciones. Tenía grandes ventajas sobre la luz incandescente, entre ellas que permitía iluminar un espacio muy grande de forma pareja y muy

económica y, lo más importante, no cambiaba el color de los objetos. La luz blanca, expedida por la lámpara fluorescente, se asemejaba con la luz día o luz natural, y los objetos eran percibidos por el ojo humano casi sin ninguna alteración de color o de texturas. Sin embargo, “el deslumbramiento” presentaba un problema: el gas utilizado para la dispersión de la luz en el interior del tubo era muy inestable y explotaba súbitamente, provocando en el interior de los espacios un gran destello de luz, que hacía que las personas estuvieran unos minutos a ciegas y llegaran a tener problemas oculares mucho más graves. Este problema fue solucionado con el cambio del gas del tubo e instalando conexiones eléctricas mucho más estables. Este sistema fue aprovechado para innovar en diseños que sobreviven en nuestros días, desde la tradicional caja que contiene dos tubos, hasta lámparas empotradas en el techo, casi imperceptibles. Las ventajas de la luz blanca fueron aprovechadas posteriormente, en los años setenta, con la invención de la luz halógena, también conocida como luz fría. Estos pequeños bombillos, a la vista de cualquier espectador, imitaban las hondas lumínicas de la luz del sol, brindando un ambiente interior muy agradable y sofisticado. Sin embargo, tenían un grave problema de diseño: el calor expedido por la parte posterior del bombillo subía la temperatura de las conexiones eléctricas que lo sostenían y los cortos circuitos con sus consecuencias se volvieron rutinarios entre los oficinistas. La década de los noventa llegó no solo con la masificación de la informática, con la consecuente luz del ordenador, sino con el concepto de ergonomía visual. Desde esa época se piensa en espacios inteligentes que brinden a los trabajadores periodos largos de concentración y confort visual,


investigación aplicada

ÁREAS TÉCNICAS - ARCHIVO DE BOGOTÁ / FOTO: LILIANA MEJÍA - ARCHIVO DE BOGOTÁ

combinando luz artificial dispuesta de forma adecuada, luz de ordenador y luz natural. Los tipos de iluminancia que se imponen en nuestra era –led, difusores, etc.- están pensados para que la persona pueda permanecer largos periodos de tiempo sin sufrir cansancio o enfermedades de salud ocupacional. A pesar de los avances en la tecnología, los espacios de oficina presentan algunos problemas que son estudiados por expertos en salud de trabajadores. Inspección de espacios, monitoreo en bioseguridad, mediciones de intensidad de luz, son algunas rutinas que se han impuesto para garantizar que las personas que laboran en espacios cerrados tengan un sitio de trabajo agradable. Está comprobado que no es posible imponer un tipo de luz para lograr el confort, es necesario que la luz natural y artificial estén combinadas armoniosamente. Pero no solo los niveles de intensidad lumínica influyen en el comportamiento humano; una

consecuencia de la luz, el color, tiene efectos psicológicos que también son estudiados por expertos de salud ocupacional. La escogencia del color de las paredes y elementos arquitectónicos y de los accesorios como cortinas, persianas y mobiliario, tiene un efecto en el comportamiento y la eficiencia en las labores cotidianas. Entender el color como una sensación permite comprender los efectos de los tonos cálidos o fríos frente a la energía para elaborar un trabajo y al rendimiento laboral. Una de las clasificaciones más comúnmente aceptada es: • Colores cálidos: rojos, naranjas y amarillos. • Colores neutros: blancos y grises. • Colores fríos: azules y verdes. En las oficinas es preferible el uso de colores neutros, pues estos permiten disminuir la fatiga y resaltar los elementos más importantes del entorno, captando la atención adecuadamente. En los espacios de circulación y poca permanencia, el

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76 color saturado contribuye al bienestar de las personas y a eliminar los efectos de sensación de monotonía. La siguiente tabla muestra los efectos psicológicos de los colores: Color

Distancia

Temperatura

Efecto psíquico

Azul

Lejanía

Frío

Relajante

Verde

Lejanía

Moderadamente frío

Muy relajante

Rojo

Proximidad

Calor

Muy estimulante

Naranja

Muy próximo

Muy caluroso

Excitante

Amarillo

Próximo

Muy caluroso

Excitante

Marrón

Muy próximo y efecto de claustrofobia

Neutro

Violeta

Muy próximo

Frío

Agresivo, agitación y fatiga

En espacios de oficina, donde predomina el uso del papel y de los computadores, debe haber una gran afluencia de luz natural, y la luz artificial –fluorescente- debe ayudar, únicamente, a lograr una iluminación mucho más pareja al interior de los espacios. En las bodegas donde solo se almacena documentación de archivo es preferible el uso de temporizadores; es decir, luces que se encienden cuando perciben movimiento y se apagan automáticamente después de la ausencia del mismo. Esto ahorra energía y permite un control mucho más efectivo de ambiente al interior de los depósitos. El uso adecuado del color en los elementos arquitectónicos y de la mezcla armoniosa de luz artificial y natural contribuyen al bienestar del trabajador, al uso eficiente de los recursos físicos y financieros de las entidades y, sobre todo, a la eficiencia en las labores. Un ambiente adecuado, entre otros aspectos, disminuye la fatiga, levanta el ánimo, saca de la monotonía y contribuye a resultados mucho más acordes con lo esperado Guía Técnica Colombiana GTC8. (17 de Agosto de 1994). Electrotecnia. Principios de ergonomía visual. Iluminación para espacios de trabajo en espacios cerrados. Bogotá, Colombia. Instituto Colombiano de Normas técnica y certificación (ICONTEC). Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Evaluación y Acondicionamiento de la iluminación en los puestos de trabajo. Madrid (España): Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo.

Comite técnico AENC/CTN 72. (2002). Norma Española UNE- EN 12464 -1. Iluminación de los lugares de trabajo parte: Lugares de trabajo en interiores. Madrid, España: AENOR. ISO CIE 8995. (15 de Mayo de 2002). Ligthting of Indoor Work Places . International Organization for standardization (ISO).


ARCHIVO A FONDO

Fondo Junta Asesora y de Contratos Patricia Pecha Quimbay Historiadora

L

as juntas interinstitucionales se caracterizan por ser espacios en los cuales concurren competencias funcionales de varias entidades; que coordinan esfuerzos para cumplir procesos administrativos. Estas juntas no aparecen integradas a las estructuras orgánicas de las entidades, sin embargo, por su conformación y características de las funciones cumplidas, son muy importantes para la administración. De acuerdo con su objeto, las juntas interinstitucionales pueden ser de tres tipos: administradoras, reguladoras y asesoras.

trascendentales para la ciudad, durante más de cincuenta años. Creada mediante el Acuerdo 39 de 1934 (Concejo de Bogotá, 1935, pp. 144-145), esta Junta estaba compuesta por un concejal, el presidente y el vicepresidente del Concejo, el alcalde y los secretarios de gobierno, hacienda y obras públicas. El personero, el tesorero y el contralor del municipio asistían a las reuniones de la Junta sin derecho a voto. Según lo estableció el

Las administradoras son aquellas que tienen la facultad de recaudar dinero y ejecutar presupuestos; las reguladoras ejercen control sobre funciones administrativas; y las asesoras acompañan las decisiones que se deben tomar (Rodríguez y Galarza, 2008, p. 17). Entre estas últimas se encuentra la Junta Asesora de la Administración Municipal, que constituyó el apoyo principal del alcalde de Bogotá, en la toma de decisiones secretaría general alcaldía mayor. serie: actas de junta asesora. del acta n o . 1 de 10/01/36 hasta la 65 de 18/12/36. archivo de bogotá.

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La Secretaría General de la Alcaldía Mayor de Bogotá realizó la transferencia de 62 tomos de actas generadas por la Junta Asesora de Contratos, entre 1934 y 1986, al Archivo de Bogotá. alcalde mediante decreto reglamentario (Alcaldía de Bogotá, 1934, f. 250), estas personalidades públicas se reunían dos veces por semana con el objeto de “asesorar al ejecutivo municipal en los asuntos que éste le sometía a consideración”. Al secretario auxiliar de la Alcaldía, antecedente del secretario general, le correspondió, citar a reuniones, preparar el orden del día, hacer las actas, despachar correspondencia, comunicar resoluciones y llevar el archivo, en su condición de secretario de la Junta Asesora.

Según las dos normas mencionadas, las juntas de Hacienda, Crédito Público e Higiene y Asistencia Pública fueron incorporadas en la Junta Asesora de la Administración Municipal, por lo que esta última debió asumir sus funciones; sin embargo, solo con la expedición del Acuerdo 115 de 1942 (Concejo de Bogotá, 1943, pp. 226-229), en el cual se le dio el nombre de Junta Asesora y de Contratos de la Administración Municipal, se precisaron sus funciones, separándolas en consultivas y administradoras. Las consultivas implicaban conocer de todos los asuntos que el alcalde sometiera a su consideración, y las administradoras contemplaban aquellas señaladas por el Concejo, como conocer para su aprobación, modificación o improbación, los contratos celebrados por el Municipio para la adquisición de inmuebles destinados a las obras públicas y de los referentes a la ejecución de tales obras; señalar los jornales de los obreros del Municipio; fijar las bases para las licitaciones; aprobar los reglamentos para la administración de plazas de mercado, fijar los precios de terrenos y bóvedas de los cementerios; intervenir en la calificación de ocultos de los bienes denunciados por tal concepto y autorizar la venta o la permuta de bienes muebles del municipio, asignándoles precio. Asuntos como la fijación del impuesto predial e industria y comercio, la solución a las solicitudes de rebajas, exenciones y facilidades para pagos de obligaciones atrasadas, que antes eran atendidos por la Junta Asesora, a partir de la expedición del Acuerdo 115 de 1942 fueron asumidas por la Junta Municipal de Aforos y por la restablecida Junta Municipal de Hacienda. Además de las funciones, este acuerdo modificó la composición de la Junta que pasó de tener un concejal a tres, quienes junto con el presidente y el vicepresidente del Concejo, tenían voz y voto. Por otra parte, el alcalde, sus secretarios, el director municipal de

secretaría general alcaldía mayor. serie: actas de junta asesora. del acta n o . 1 de 10/01/36 hasta la 65 de 18/12/36. archivo de bogotá.


ARCHIVO A FONDO higiene, el personero, el tesorero y el contralor, participaban en las reuniones sin derecho a voto. Con la reforma a la administración de Bogotá, dispuesta por el Concejo mediante el Acuerdo 07 de 1977 (Concejo de Bogotá, 1980, p.6), la Junta Asesora y de Contratos fue definida como un organismo de la administración central del Distrito Especial, encargado de prestarle asesoría y de ejercer funciones de carácter administrativo. La Junta estuvo integrada desde entonces por el alcalde mayor, tres secretarios de despacho, dos directores de departamentos administrativos, tres concejales y el personero distrital; también hicieron parte de la Junta el contralor y el tesorero con voz pero sin voto, al igual que el subsecretario general, a quien correspondió ejercer como secretario de la Junta Asesora y de Contratos. En este nuevo período administrativo en que el alcalde recuperó el poder decisorio, la Junta continuó a cargo de dar o negar la autorización para celebrar contratos, y de aprobar o no pliegos de condiciones para la apertura de licitaciones. Otras responsabilidades se relacionaban con aprobar o no las iniciativas que la administración sometiera a su estudio; los proyectos de decretos sobre créditos y traslados de orden presupuestal; la demarcación de zonas de influencia de las obras cuya construcción hubiera sido decretada por el

Contenido La Secretaría General de la Alcaldía Mayor de Bogotá realizó la transferencia de 62 tomos de actas generadas por la Junta Asesora de Contratos, entre 1934 y 1986, al Archivo de Bogotá en septiembre del año 2006. Estas actas están empastadas en orden cronológico y registran las decisiones respecto a los temas tratados en las reuniones de la Junta como la adjudicación de licitaciones, la aprobación de contratos, la cesión de zonas para la ampliación de vías, los reclamos catastrales pidiendo rebajas en los avalúos, las resoluciones de exención de impuestos y las denuncias de bienes ocultos. Los dos tomos de los años 1934 a 1936 contienen resoluciones en las que se autoriza el pago del valor de las reparaciones locativas de todos los inmuebles tomados en arrendamiento para el servicio del Distrito. Estos tomos también incluyen índices analíticos de los asuntos tratados por la Junta. Esta documentación contribuye a llenar el vacío existente sobre el conocimiento de las juntas interinstitucionales de la administración municipal

La Junta Asesora constituyó el apoyo principal del alcalde de Bogotá en la toma de decisiones trascendentales para la ciudad, durante más de cincuenta años. sistema de valorización, previo concepto de la Junta de Planeación y del Instituto de Desarrollo Urbano y autorizar el pago del valor de las reparaciones locativas de los inmuebles tomados en arrendamiento para servicio del Distrito. Las demás funciones fueron asumidas por nuevas formas administrativas adoptadas en la ciudad. Aunque no se encuentra un acto legislativo que determine su supresión, un indicio de la fecha en que cesó labores esta Junta es el último tomo de actas que corresponde al año 1986.

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80 Alcaldía de Bogotá. (1934) Decreto número 215 de 11 de septiembre de 1934 “por el cual se reglamenta el Acuerdo 39 de 1934”. En: Decretos expedidos por el Alcalde. Tomo III. Concejo de Bogotá. (1943). Acuerdo número 115 de 16 de diciembre de 1942 “reorgánico de la Administración Municipal”. En: Acuerdos expedidos por el Concejo de Bogotá en el año 1942. Bogotá: Imprenta Municipal. Concejo de Bogotá. (1935). Acuerdo número 39 de 4 de septiembre de 1934 “por el cual se crea la Junta Asesora de la Administración Municipal”. En: Acuerdos expedidos por el Concejo de Bogotá en el año de 1934. Bogotá: imprenta Municipal.

Concejo del Distrito Especial de Bogotá. (1980). Acuerdo 7 de 25 de julio de 1977 “por el cual se dictan normas generales para la organización y funcionamiento de la Administración Distrital y se clasifican los trabajadores de la misma”. Bogotá: Imprenta Distrital. Rodríguez Baquero, Luis Enrique y Galarza Pinzón, Mauricio Andrés. (2008). “Juntas Interinstitucionales 1856-2006”. En: Fuentes documentales para la historia de la administración pública en el siglo XX. Tomo 4, Vol. 1. Bogotá: Subdirección Imprenta Distrital.


ACTUALIDAD

ALEJANDRO OBREGÓN / LA VIOLENCIA . 1958

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Gráfica, obra grá y memorfiiaca

El espíritu de la gráfica es libre y su presencia testifica lo efímero de la huella humana.

L

a gráfica ha acompañado al hombre desde su misma presencia sobre el globo terráqueo. Los rastros dejados sobre la superficie luego del sencillo acto de caminar ya pueden ser considerados como una huella gráfica. Sucesivamente en su desarrollo el hombre apeló a recursos más sofisticados que exigían el uso de herramientas, en muchos casos elementales, bien para tallar, bien para congelar improntas en forma de dibujos o pinturas primitivas. El impulso inicial de sobreponerse a la adversidad imprimió su imaginario

Óscar Cerón Maestro en Bellas Artes-Especialización en Grabado Universidad Nacional de Colombia

MA The Slade School of Fine Art University College London-Inglaterra


82 de connotaciones mágicas que le ayudarán a hacerle frente. Con los mismos pigmentos encontrados en la naturaleza, pintó su cuerpo reafirmando así una acción gráfica innata. Estos sucesos, originados como respuesta, constituyen la memoria que hoy nos permite apoyarnos en un fundamento sobre el cual podemos definir y visualizar lo que entendemos como construcción cultural. Entendido que la gráfica se asocia a un hecho ancestral, la denominación “obra gráfica” corresponde más al resultado de la actividad de individuos “artistas” insertos en el contexto de la modernidad. Entrarían entonces todas las modalidades de los oficios gráficos, que entre sí estarían distanciadas por cortos intervalos en el tiempo. Los orígenes de la xilografía, ya impresa sobre papel, datan del siglo IX en la China, precedidos por las estampas con tacos de madera en Egipto, los sellos en piedra babilonios y los sellos en arcilla romanos. El auge de esta técnica en Europa tardaría hasta el siglo XIV y daría paso en el Renacimiento al florecimiento el grabado en

comercial para ser adoptada por artistas en el siglo XX, descontando los antecedentes japoneses y chinos en el uso de esténciles entre los siglos VI y X de nuestra era. Para el capítulo colombiano y su enlace con los procesos gráficos, claramente se puede afirmar que este se define en el siglo XIX, siendo punto pivotal el año 1886, fecha en la cual Alberto Urdaneta funda el primer Taller de Grabado para la Escuela de Bellas Artes. Simultáneamente y con la publicación del Papel Periódico Ilustrado, el arte gráfico toma un carácter y demuestra la pericia y dominio de los actores gráficos para testimoniar sucesos que van más allá del mero argumento histórico o biográfico. No tarda el ímpetu en diluirse y la actividad gráfica en general entra en un limbo que verá su resurgimiento hasta el primer cuarto del siglo XX. Este suceso marca el interés como punto de partida para configurar el proyecto expositivo Opus 1/150 El Oficio de la Estampa y el Deseo de la Mirada: a partir de la visión, documentación y experiencia de un grupo

EXPOSICIÓN OPUS 1 / 150 . FoTO: OSCAR CERÓN

metal, al que seguiría la aparición de la litografía a finales del siglo XVIII. Por último, siendo el medio gráfico más nuevo dentro de lo que categorizamos como tradicional, encontramos a la serigrafía, que definitivamente abandona el uso industrial y

de artistas involucrados con la gráfica en nuestro país, se gestó la iniciativa de dar un paso en el afán de configurar una crónica visual que diera pautas para la construcción de una historia de la gráfica en Bogotá y Colombia.


ACTUALIDAD

2.

1.

3.

1. AUGUSTO RENDÓN / Farsa # 2: Yo te bendigo uno, dos, tres, amen. 2. HANNÉ GALLO / MATERNIDAD. 3. ANÍBAL GIL / PEQUEÑO HOMENAJE.

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84 La tarea inicial consistió en determinar cuáles eran los artistas protagonistas y pioneros, su obra puntual, los lugares de archivo y tenencia, así como todo orden de material disponible que permitiera compilar un paquete lo suficientemente sólido que evidenciara la fundamentación y subsecuente génesis de la producción gráfica en nuestro entorno. Se creó un directorio del amplio abanico de artistas que por una circunstancia u otra han trabajado en obra gráfica como vehículo de expresión y comunicación. De este se seleccionó un número de veinticinco, bajo la premisa que hubieran incursionado directamente, al igual que investigado dentro de los distintos medios gráficos. Muchos de ellos tuvieron formación en el extranjero, en donde ampliaron su conocimiento que luego traerían al país y el cual implementaron con decisión dentro de la academia o en talleres particulares.

La denominación “obra gráfica” corresponde más al resultado de la actividad de individuos “artistas” insertos en el contexto de la modernidad. Se trazó una línea de tiempo que inicia en 1930 con la amplia producción en linóleo del maestro

Gonzalo Ariza, y que culmina en 1983 con los carteles en tipografía de Beatriz González. Es así como el periodo total abarca 50 años de producción por parte de este destacado grupo de artistas. La franja encerrada por estas cinco décadas enuncia perfectamente la intención e iniciativa independiente de creadores con inclinación fuerte por las técnicas gráficas; igualmente cubre la posterior formación de talleres colectivos e institucionales con intereses pedagógicos, de crítica e investigación, los que a su vez tendrían su momentum en los años setenta y ochenta. Este período es entonces de tremenda significación para las décadas posteriores y definitivamente expande el conocimiento y la pasión decidida hacia los medios tradicionales en la gráfica (relieve, intaglio, litografía y serigrafía) para permitir luego la acogida e impacto de la tecnología digital contemporánea. El proyecto planteado por la Asociación de Artistas Gráficos Latinoamericanos, AAGL, tuvo inmediata acogida por parte de las directivas del Archivo de Bogotá y fue así como en conjunto se suscribió un convenio de cooperación bajo las premisas de relievar el impacto y la trascendencia de la actividad plástica y concretamente gráfica,

1. 4. LUIS ÁNGEL RENGIFO / PIEL AL SOL. 5. LEONEL GÓNGORA / REQUETÉ BUENA.


ACTUALIDAD por parte de un puñado de artistas, para la ciudad como epicentro y en extensión para el país. La exhibición puntualiza con la obra de los expositores el aporte, la inserción novedosa, el legado, la disciplina, el oficio y la aspiración estética dentro de un campo muy vigente y de retos permanentes inscritos en la creación artística. Con este objetivo se estudió y seleccionó el segmento en la producción de cada artista que pudiera servir de argumento a cualquier historiador, crítico, pedagogo e investigador, interesado en datar y apreciar la obra temprana y pionera dentro de los géneros gráficos en nuestro país. De igual manera se concibió la muestra para un público amplio que incluyera estudiantes y personas curiosas por el hacer artístico. Encontramos entonces: las primeras serigrafías hechas en Colombia,

en xilografía de Pedro Hanné Gallo, Alfonso Quijano y Rodrigo Barrientos; los grabados en relieve de Omar Rayo; las primeras litografías, demostrativas de un alto rigor técnico, por parte de Leonel Góngora, Pedro Alcántara y Ángel Loochkartt; los avances en tipografía de Maripaz Jaramillo y Beatriz González; asimismo como los innovadores “grabados populares” de Álvaro Barrios. Pero ahí no terminaba todo: era necesario generar un espacio que además de contener la muestra indujera a acercar al público con el hecho mismo de la producción gráfica. Entonces, se optó por reconstruir e instalar

El proyecto total es testimonio y memoria de un periodo aparentemente lejano, por parte de un grupo de individuos artistas que hoy continúan teniendo vigencia. por artistas como Evelia Medina, Nirma Zárate, Diego Arango y Luis Paz; la primera serie en grabado sobre metal de Juan Antonio Roda, junto a los primeros aguafuertes de Augusto Rendón y las series icónicas de Aníbal Gil y Umberto Giangrandi; las obras pioneras en cuanto a la acertada fusión de contenido y forma

dos talleres que, en su momento, pertenecieron a artistas presentes en la muestra, pero ya fallecidos. Se armaron los talleres de litografía y grabado de Luis Paz, junto al taller para la elaboración de papel hecho a mano de Nirma Zárate. Esta conjunción nos permitió hermanar gráfica y papel, que por siglos han mantenido un vínculo indisoluble. La reconstrucción y habilitación de talleres nos facultó el planear sesiones de trabajo y realizar demostraciones en las que el público pudiera intervenir. Se diseñó entonces una agenda con actividades que iban desde la hechura de papel a las transferencias xerográficas con goma y otros métodos alternativos para la creación de imágenes. De esta forma el proyecto tomó una dinámica en la que la interacción con el público permitió romper la relación convencional pasiva entre espectador-obra. Por otro lado, se consideró muy importante suscitar una sensación de recogimiento y serenidad, propios de los centros de

TALLER DE PAPEL . EXPOSICIÓN 1 / 150 . FoTO: OSCAR CERÓN

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86 producción gráfica. Para ello, se escogió una paleta de colores fríos con la cual pintar la sala y se adosaron a las paredes tableros en pino natural en concordancia con el mobiliario adicional en el mismo material. Por medio de esta simbiosis se logró enfatizar una relación directa con la naturaleza, propiciando la posibilidad de invitar a hacer un recorrido apacible en el que el tiempo no se comportara con la premura habitual. Otro aspecto contemplado fue presentar la impronta gráfica de la manera más cruda y directa posible. Lo más apropiado, desde luego, sería enseñarla desnuda, tal cual, como si acabara de pasar por el tórculo o la seda. El primer paso fue eliminar todo tipo de enmarcación y se decidió más bien adosarla a los tableros, recurriendo a la vieja usanza de los esquineros en los álbumes de fotografía. Acto seguido se procedió a pensar en el mejor material para protección de la obra, no obstante, advirtiendo que cualquiera que se pudiera escoger se erigiría como barrera al espectador, cuando el verdadero placer del contacto con el papel impreso, además del visual, es la posibilidad de poder manipularlo, de recorrerlo con el tacto, de acariciarlo y así dejarse seducir por su textura, color y desde luego por su intervención gráfica. Pero ante este imposible, se accedió a utilizar el acetato, el cual con discreción permitió también condiciones apropiadas de conservación. El montaje final en términos generales está emparentado con la falta de ostentación y silencio propios de la obra gráfica, a la sencillez de quienes han laborado en estos medios, a la humildad de su postura como artistas y a la negativa específica por parte de ellos, en su momento, a que muchas de las creaciones fueran consideradas bajo la óptica de la majestuosidad. Los carteles de Beatriz González fueron hechos para ser pegados con engrudo sobre los muros de las calles

anónimas bogotanas; los “grabados populares” de Álvaro Barrios, impresos en papel periódico, fueron distribuidos para ser manipulados por el versado, o no, en arte; las piezas y carteles del Taller 4 Rojo nunca serán iguales enmarcados y decorando salas pomposas; lo incisivo en los grabados de Carlos Correa difícilmente será digerido por la clase política; los trabajos en tipografía y grabado de Maripaz Jaramillo siempre crearán escozor al igual que las puntasecas de Lucy Tejada serán testimonio de los problemas de género en nuestro país.

Se consideró muy importante suscitar una sensación de recogimiento y serenidad, propios de los centros de producción gráfica. En síntesis, el proyecto total es testimonio y memoria de un periodo aparentemente lejano, interpretado, narrado y plasmado, con un lenguaje escueto y minucioso, por parte de un grupo de individuos artistas que hoy continúan teniendo vigencia y cuya obra y labor se erigen como lección a los actuales protagonistas de nuestro discurrir. Opus 1/150 deja un registro fehaciente de lo que ha sido nuestra historia reciente y las posibles rutas y canales creados por entes observadores, analíticos, críticos, deseosos siempre de lograr convivir en una mejor sociedad EXPOSICIÓN OPUS 1 / 150 . FoTO: OSCAR CERÓN


EVENTOS

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El jueves 4 de julio de 2013 el Archivo de Bogotá recibió la grata visita del secretario general del Internationational Council of Archives (ICA), David Leitch, y del asesor especial de la misma entidad y archivista de la ciudad de Ginebra, Didier Grange. En un recorrido de más de dos horas, las dos autoridades internacionales en archivos conocieron las instalaciones del Archivo de Bogotá y tuvieron oportunidad de conocer su trabajo y a sus funcionarios. Al final de la visita dejaron sus impresiones en el libro de visitantes ilustres del Archivo de Bogotá:

International Council of Archives visita el Archivo de Bogotá

s itar uno de lo to en is v e d o b a c “A os que he vis e iv h c r a s e r jo e m 30 años que mndo. e d a r e r r a c i m dedor del muer e lr a o d a v e ll ha ogotá debe s B e d d a d iu c La vertido in r e b a h r o p felicitada de un modo s o iv h c r a s u s en imaginativo. e te n e li a v n ta está La institución muy bien evidentementey el personal administrada te motivado. está claramen morable”. Una visita me A. Leitch David General dnel io ar rchivos et cr Se rnacio al de A Consejo Inte

IZQ. DAVID LEITCH FIRMANDO EL LIBRO DE VISITANTES ILUSTRES DER. JULIO ALBERTO PARRA - SUBDIRECTOR DEL SISTEMA DISTRITAL DE ARCHIVOS, DIDIER GRANGE Y DAVID LEITCH FOTOs: ANTONIO ARÉVALO VILLALBA.


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azul vestido de azul La sede del custodio de la memoria documental de la ciudad fue vestida con una enorme bandera de Los Millonarios. Un homenaje no s贸lo a la tolerancia y a la convivencia, sino a los 76 a帽os y a la 14 estrella del equipo albiceleste.


EVENTOS

FOTO: DANIEL SARMIENTO

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UNA NUEVA GENERACIÓN DE COMANDOS EN FAMILIA

EL DIRECTOR DEL ARCHIVO DE BOGOTÁ Y “EL PARAGUAYO” BURGUES

se la pasión

lleva en

el cuerpo

y el alma

EL LÍDER DE COMANDOS JORGE LIZCANO, GUSTAVO RAMÍREZ Y GERMÁN GUTIÉRREZ DE PIÑERES


EVENTOS

En octubre de 1939, el cronista deportivo Luis Camacho Montoya escribió un artículo en el diario El Tiempo titulado “Los municipales son ahora millonarios”, haciendo un gracejo con el hecho de que el equipo municipal mantuviera una costosa nómica sin ayuda oficial. En 1946, en una asamblea presidida por Alfonso Senior se formalizó este nombre para el club y, desde entonces, algo así como setenta y tantos años, o mal contados 27740 días, los miles de fanáticos de la camiseta albiceleste han sido siempre fieles con el alma y el corazón al equipo de sus amores.

“Mi vida entera y mi alma enfilaré a MILLOS siempre seré fiel mis colores siempre han sido el AZUL y el BLANCO por siempre MILLONARIOS MILLONARIOS, MILLONARIOS” Ahora otra anécdota pasa a la historia sentimental del equipo. Más de 400 miembros de la barra Comando azul se encaramaron DANIEL SARMIENTO . BLANCA DUARTE - ARCHIVO DE BOGOTÁ

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92 a la terraza del Archivo de Bogotá y de un sopetón precedido de un silencio angustioso y expectante descolgaron lentamente “la bandera más grande del mundo”, la “Anaconda”, que para ellos es como una fotografía instantánea de la historia del mejor equipo colombiano en la Clasificación Mundial de Clubes de la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol... El equipo más laureado desde el inicio del campeonato del fúbtol rentado, en 1948. El que ganó sobradamente el Campeonato de las Bodas de Oro del Real Madrid y la Pequeña Copa del Mundo de Clubes de 1953, que le valieron los calificativos de los“embajadores” y “el ballet azul”.

“A vencer, Millonarios marchemos, nuestra hinchada ya colma el Campín y la azul camiseta de gloria la lucha sabremos cubrir”.

Por el que pasaron Di Stefano, Pedernera, Delio “Maravilla” Gamboa, Arnoldo “El guajiro” Iguarán, el “Pibe” Valderrama, Alejandro Brand, Willinton Ortiz,... El mismo que el 16 de diciembre de 2012 ganó el Torneo Finalización, tras 24 años sin obtener el título nacional, recuperando el estatus de ser el equipo más veces campeón de la liga colombiana

FOTOS: BERNARDO VASCO . JAVIER SANTOS - ARCHIVO DE BOGOTÁ


EVENTOS

A RITMO DE BOMB

O

cuidando los detalles hasta

el final

al amparo de millos

Millonarios será Campeón! Millonarios será Campeón! Les ofrecemos la nueva estrella, para que todos brinden por ella. ra, ra! Millonarios para todo el mundo!

la “ANACONDA” cubre el archivo DE BOGOTÁ

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El Archivo de Bogotá participó activamente en la Marcha por la paz, la democracia y la defensa de lo público, el pasado 9 de abril.

marcha por la paz / FOTO: MÓNICA LILIANA REYES - ARCHIVO DE BOGOTÁ.


EVENTOS

Marcha por la paz En la marcha participaron diferentes organizaciones sociales, partidos políticos, ONG´s, movimientos estudiantiles, indígenas, campesinos, asociaciones de víctimas, comunidad LGBTI, vendedores ambulantes y recicladores, entre otros, con el fin de reconocer a las víctimas del conflicto, y apoyar el proceso de Paz que se realiza en la Habana, Cuba, entre el Gobierno Nacional y las Farc. El evento fue aprovechado para hacer el lanzamiento de la primera fonoteca de ciudad de América Latina –la Fonoteca de Bogotá–, que se encargará de recuperar y dar a conocer las voces y sonidos de la ciudad. Como primer paso en esa estrategia, se hizo el lanzamiento del disco compacto Gaitán habla de nuevo, que recoge fragmentos de algunos de los discursos pronunciados por Jorge Eliécer Gaitán Ayala, restaurados y digitalizados por el equipo de comunicaciones de la entidad. En la emblemática esquina de la avenida Jiménez con carrera séptima, a pocos pasos del sitio donde fue asesinado el líder político, el Archivo hizo una instalación sonora para que las ciudadanas y ciudadanos de la capital pudieran escuchar la voz del caudillo

ÁLVARO CASTAÑO CASTILLO, GLORIA GAITÁN Y GUSTAVO RAMÍREZ FOTOS: BERNARDO VASCO - ARCHIVO DE BOGOTÁ

El Archivo de Bogotá en la Feria Internacional del Libro Del 18 de abril al 1 de mayo de 2013 el Archivo de Bogotá se hizo presente en la 26a Feria Internacional del Libro de Bogotá. En su estand, el Archivo dio a conocer algunos de sus principales fondos fotográficos y videográficos; y se entregaron más de 10.000 materiales gratuitamente, entre los que se encontraban títulos de su colección editorial, revistas y discos compactos. Dentro de las actividades que el Archivo llevó a cabo en la Feria estuvo el lanzamiento del disco compacto Gaitán habla de nuevo, en el que se recopilan discursos del líder liberal, con la compañía de Gloria Gaitán Jaramillo, su hija, y de Álvaro Castaño Castillo, director de la emisora HJCK.

marcha por la paz FOTO: BLANCA DUARTE - ARCHIVO DE BOGOTÁ

Igualmente, el Archivo de Bogotá presentó en el auditorio José Asunción Silva de Corferias el documental Retratos de familia, producción del Archivo y realizado por Alexandra Cardona; la obra trata sobre los mal llamados falsos positivos de Soacha. En la premier del documental se hizo presente el alcalde mayor de Bogotá, Gustavo Petro, así como gran parte del gabinete distrital

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PUBLICACIONES

Con la expedición del Decreto 212 del 2009 el Archivo de Bogotá se ha repensado no sólo como responsable de la protección de los archivos que contienen la memoria de la ciudad, sino también como espacio académico, en función de contribuir a la construcción y fortalecimiento del tejido social de Bogotá, de su memoria, de su registro fundamentado y puesto al servicio de la ciudadanía. De estas iniciativas surgen varias publicaciones. Real Audiencia de Santafé en los siglos XVI -XVII

Uno de los temas más interesantes de la historia hispanoamericana es la relación y análisis de las normas jurídicas que rigieron al continente durante el periodo español y de cómo estas se materializaron. Ese fue el interés particular del abogado y profesor Fernando Mayorga García al abordar el estudio de la Real Audiencia de Santafé, cuya investigación acaba de reeditar el Archivo de Bogotá. El libro está estructurado en tres partes: la primera ofrece un panorama de la Audiencia desde su fundación hasta finales del siglo XVII. En la segunda, se aborda el estudio de la institución como órgano (ordenanzas, disposiciones varias, etc.). En la tercera, se estudian las visitas ordenadas por la Corona española para la vigilancia del máximo tribunal del Nuevo Reino de Granada, entre otros aspectos.

Cien años de Soledad Acosta de Samper, la mujer

Como parte de los homenajes del Archivo de Bogotá a la escritora colombiana más importante del siglo XIX, al conmemorarse el centenario de su fallecimiento, se reprodujeron facsimilarmente algunos apartes de la revista La Mujer, dirigida por la autora, y de la que alcanzaron a publicarse sesenta números entre septiembre de 1878 y mayo de 1881. Se reproducen la historia de Alonso de Ojeda, sus estudios históricos sobre la mujer en la civilización y la “instrucción de la mujer en la sociedad”.


SECRETARÍA GENERAL SECRETARÍA DE AMBIENTE


FOTO: ANTONIO ARÉVALO VILLALBA

ALCALDÍA MAYOR DE BOGOTÁ - SECRETARÍA GENERAL - ARCHIVO DE BOGOTÁ Calle 6B No. 5-75 / pbx. 381 3000 ext. 4113 contactoarchivodebogota@alcaldiabogota.gov.co www.archivobogota.gov.co Síganos en twitter: @archivodebogota

Sala de consulta Lunes a Viernes: 7:00 a.m. - 4:30 p.m. / Sábado: 9:00 a.m. - 2:00 p.m. Salas de exposiciones Lunes a Sábado: 9:00 a.m - 5:00 p.m. / Último domingo de cada mes: 9:00 a.m - 5:00 p.m. Entrada Libre


Revista de memoria 3