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Lecciones de Escuela Sabรกtica

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La Ofrenda Especial de Escuela Sabática está dedicada al Departamento de Colportaje de la Asociación General Sea tu ofrenda una expresión de amor y gratitud

5 de Enero - 2013

El Hijo de Dios

Introducción “Dios es el Padre de Cristo; Cristo es el Hijo de Dios. A Cristo ha sido dada una posición exaltada. Ha sido hecho igual al Padre. Todos los consejos de Dios están abiertos para su Hijo” Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 266

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Piensa y Responde

• ¿Quién es Jesucristo para tí? • ¿De qué manera se ha revelado esto en tu vida? • ¿Ha sido Cristo una verdadera esperanza para tu vida?

Objetivos

• Reconocer la divinidad de Jesucristo • Ver en el Hijo de Dios la manifestación de la gracia Divina. • Comprender la importancia de la elección de nuestro líder. • Ver en el sacrificio de Dios el único medio de Salvación.

Su preexistencia

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¿Dónde encontramos testimonios en las Escrituras relacionados con la preexistencia del Hijo de Dios? Juan 1:1, 2; Miqueas 5:2; Colosenses 1:16.

“Cristo es el Hijo de Dios preexistente y existente por sí mismo... Al hablar de esta preexistencia, Cristo hace retroceder la mente hacia las edades sin fin. Nos asegura que nunca hubo un tiempo cuando Él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno. Aquel cuya voz los judíos escuchaban en ese momento había estado junto a Dios” (El Evangelismo, pág. 446).

“Cristo, el Verbo, el Unigénito de Dios, era uno solo con el Padre eterno, uno solo en naturaleza, en carácter y en propósitos; era el único ser que podía penetrar en todos los designios y fines de Dios. ‘Y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz’ ‘sus salidas son desde el principio, desde

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los días del siglo’ (Isaías 9:6; Miqueas 5:2)” (Patriarcas y Profetas, pág. 12).

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¿Qué declaraciones confirman que Jesús es Hijo de Dios? Lucas 3:22; Salmo 2:7; Hebreos 1:5.

“Las Escrituras indican claramente la relación que hay entre Dios y Cristo, y hacen resaltar muy claramente la personalidad individual de cada uno… ‘Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, ... el cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó a la diestra de la majestad en las alturas, hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos. Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi hijo eres tú, hoy yo te he engendrado? Y otra vez: Yo seré a Él Padre, y Él me será a mí hijo?’ (Hebreos 1:1-5)” (Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 266).

Un don incalculable

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¿Cómo expresó Dios su amor supremo por la raza humana caída? Juan 3:16; 1 Juan 4:9, 10, 14.

“Tenemos todo lo que pudiéramos pedir para inspirarnos fe y confianza en Dios. En las cortes terrenales, cuando un rey quiere dar la máxima garantía que asegure su veracidad, da a su hijo como rehén, para ser rescatado cuando se cumpla la promesa del rey. Y he aquí, qué prenda de la fidelidad del Padre, porque cuando quiso asegurar a los hombres de la inmutabilidad de su consejo, dio a su unigénito Hijo para que viniera a la tierra y tomara la naturaleza humana, no sólo por los cortos años de vida, sino para retener esa naturaleza en las cortes celestiales como garantía eterna de la fidelidad de Dios. ¡Oh, la profundidad de las riquezas tanto de la sabiduría como del amor de Dios! ‘Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos

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llamados hijos de Dios’ (1 Juan 3:1)” (Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 302).

El enemigo del Hijo de Dios

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Así como Satanás no aceptó la autoridad del Hijo de Dios en el cielo, ¿cómo continuó su lucha contra Cristo en la tierra y por qué? Mateo 4:3, 6.

“Pero luego se llenó del orgullo de su propia gloria. Volvió a su deseo de supremacía, y nuevamente dio cabida a su envidia hacia Cristo... ¿Por qué –se preguntaba el poderoso ángel– debe Cristo tener la supremacía? ¿Por qué se le honra más que a mí?” (Patriarcas y Profetas, pág. 16). “Si la confianza de Cristo en Dios podía ser quebrantada, Satanás sabía que obtendría la victoria en todo el conflicto. Vencería a Jesús. Esperaba que bajo el imperio de la desesperación y el hambre extrema, Cristo perdería la fe en su Padre, y obraría un milagro en su propio favor. Si lo hubiera hecho habría malogrado el plan de salvación” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 94).

El Hijo de Dios en la tierra

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¿En qué ocasiones reveló Dios su parentesco con Cristo? Mateo 3:16, 17; 17:5.

“En ocasión del bautismo y de la transfiguración, se había oído la voz de Dios proclamar a Cristo como su Hijo... “Entre la vasta muchedumbre que estaba congregada a orillas del Jordán, pocos, además de Juan, discernieron la visión celestial. Sin embargo, la solemnidad de la presencia divina embargó la asamblea. El pueblo se quedó mirando silenciosamente a Cristo. Su persona estaba bañada de la luz que rodea siempre el trono de Dios. Su rostro dirigido hacia arriba estaba glorificado como nunca antes habían visto ningún rostro humano. De los cielos abiertos, se oyó una voz que decía:

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‘Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.’ “Estas palabras de confirmación fueron dadas para inspirar fe a aquellos que presenciaban la escena, y fortalecer al Salvador para su misión. A pesar de que los pecados de un mundo culpable pesaban sobre Cristo, a pesar de la humillación que implicaba el tomar sobre sí nuestra naturaleza caída, la voz del cielo lo declaró Hijo del Eterno” (El Deseado de Todas las Gentes, págs. 696, 86, 87).

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¿A quién le fue dado conocer y creer que Jesús era el Hijo de Dios? Juan 1:49; Mateo 16:15-17; 14:33.

“Jesús hizo entonces una segunda pregunta relacionada con los discípulos mismos: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy?’ Pedro respondió: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.’... Desde el principio, Pedro había creído que Jesús era el Mesías... Él no esperó que los honores regios coronasen a su Señor, sino que le aceptó en su humillación... La verdad que Pedro había confesado es el fundamento de la fe del creyente. Es lo que Cristo mismo ha declarado ser, vida eterna” (El Deseado de Todas las Gentes, págs. 379, 380).

Condenado a muerte

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Habiéndose declarado a sí mismo Hijo de Dios, ¿qué le esperaba a Jesús? Mateo 26:63, 64; Juan 10:36; 19:7.

“Cristo no podía callar ante esta demanda. Había tiempo en que debía callar, y tiempo en que debía hablar. No habló hasta que se le interrogó directamente. Sabía que el contestar ahora aseguraría su muerte” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 653).

“Y así, por la tercera condena de las autoridades judías, Jesús había de morir” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 661). “El enemigo esperaba que tanta burla y violencia arrancara del Hijo de Dios alguna queja o murmuración; o que manifestara su poder divino y se librara de la multitud y que de esa manera fracasara el plan de salvación” (La Historia de la Redención, pág. 220).

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Meditación

“Los que con irrisión dijeron: ‘Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios,’ no pensaron que su testimonio repercutiría a través de los siglos. Pero aunque fueron dichas en son de burla, estas palabras indujeron a los hombres a escudriñar las Escrituras como nunca lo habían hecho antes. Hombres sabios oyeron, escudriñaron, reflexionaron y oraron. Hubo quienes no descansaron hasta que, por la comparación de un pasaje de la Escritura con otro, vieron el significado de la misión de Cristo. Nunca antes hubo un conocimiento tan general de Jesús como una vez que fue colgado de la cruz. En el corazón de muchos de aquellos que presenciaron la crucifixión y oyeron las palabras de Cristo resplandeció la luz de la verdad” (El Deseado de Todas las Gentes, págs. 696, 697).

Estudio personal • 2 Pedro 1:16-18

• Juan 12:28-30; 11:27; 5:36, 37

“Era igual a Dios, infinito y omnipotente... Es el Hijo eterno y existente por sí mismo” (El Evangelismo, pág. 446).

“El Padre obró por medio de su Hijo en la creación de todos los seres celestiales. ‘Porque por Él fueron criadas todas las cosas,... sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue criado por Él y para Él’(Colosenses 1:16)” (Patriarcas y Profetas, pág. 12).

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