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XXVII Pregón a María Santísima de la Esperanza

Pronunciado por nuestra hermana

Mari Luz Varela Alcocer Presentado por José Antonio Ramos Peña Real Hermandad del Santísimo Sacramento NUESTRO PADRE JESÚS CAUTIVO y María Santísima de la Esperanza

Parroquia de Ntra. Sra. del Rocío Dos Hermanas 17 Diciembre del año 2011


XXVII Pregón a María Stma. de la Esperanza

Pronunciado por

Mari Luz Varela Alcocer Parroquia de Ntra Sra. Del Rocío Dos Hermanas, 17 de Diciembre de 2011


Los posibles beneficios de esta presente edición irán destinados a la Bolsa de Caridad de la Real Hermandad del Stmo. Sacramento, Ntro. P. Jesús Cautivo y Mª. Stma. de la Esperanza.


Dedicatoria A Anabel, Pregonera desde el cielo. A mis padres, que me dieron la vida. A todos los que sois Cautivos de Esperanzado amor a los demรกs.


Presentaci贸n


Presentación Reverendo Señor Cura Párroco D. Salvador Andrade Holgado, Sr. Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Real Hermandad del Santísimo Sacramento, Nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima de la Esperanza, Sr. Presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de nuestra ciudad, anteriores pregoneros, hermanos y amigos todos. Como un destino incorregible Señora pusiste en mi camino a ella. Te seguí con devoción muchas semanas santas allí en Santa María Magdalena, vestí tu túnica de nazareno en aquellos años en los que subsistir era toda una odisea, aquellos años de calle San Alberto, ahogados en aquella pequeña cochera, viví el esplendor de tu llegada a éste, tu barrio, en multitud de salidas y entradas, cerquita de vosotros en calle Cruz, acompañando a mi hermano de costalero. Siempre como devoto cofrade, pero tú sabías Esperanza, que poniéndola a ella en mi camino, terminaría con esta medalla sobre el cuello. No era coincidencia, todo debía de ocurrir. Hoy no debía haber sido yo el que presentara este acto. Algunos sabéis que mi sitio estaría ahí sentado, entre vosotros, acompañándola como siempre, pero Tú Señor quisiste inesperadamente torcer lo que hubiera sido una decisión clara para ella. Parece mentira, pero el destino a veces hace se cumplan las cosas y como no podía ser de otra manera, estoy hoy aquí. Claro Mari Luz, otra vez aquí. Desde aquel chupete, regalo que presagiaba el comienzo de una amistad, de una verdadera amistad y de muchas coincidencias. Coincidimos en primer lugar, en los estudios, en la misma clase, en la pandilla de juventud, luego en pareja, conviviendo esos momentos tan lindos, donde cada uno va forjando su propia identidad. Pero una de las coincidencias que más ha unido nuestras vidas es el amor a nuestra Semana Santa y sus hermandades. Desde aquel primer año 1.978 que comenzamos a ir a Sevilla con un mapa donde se reflejaba el paso de cada cofradía, hasta hoy, han pasado muchas semanas santas, muchas anécdotas, simpáticas y emotivas. Cuanta gente nos ha acompañado, cruzando la ciudad de una parte a la otra. Cuantas risas, cuantas esperas, tantas horas, tantos años, siempre fieles a compartir este amor a esa semana única. Aún recuerdo los cuatro viajes diarios Dos Hermanas-Sevilla, para no perdernos nada. Hay un punto de inflexión en este enorme recorrido cofrade, y es que surge tu amor a la fotografía. Como fiel cirineo tras tus pasos, con aquella escalera, o trípode y el objetivo de repuesto. ¡Dame la escalera, cambia el objetivo, rápido!. Con aquella silenciosa cámara, protagonista absoluta del recogido momento cofrade. ¡Que penitencia la mía!.


Momentos y momentos que nos servirían luego para tantas y tantas noches de convivencia en aquel piso de Sevilla Este, tantas sesiones de diapositivas, tantas charlas emotivas, aquel piso donde hasta los más ateos terminaban echando promesas de ver una u otra cofradía al año siguiente, con aquel olor a incienso, mezclado el que desprendía la chimenea y mucha gente, mucha, porque la casa de Mari Luz es la casa de todos y el frigorífico también. Ella es una especial anfitriona, además sabe mezclar amistades muy curiosas, amigos de la infancia, con amigos de la fábrica, con amigos de estudios y todos con su familia. En fin ella es así, le encanta tener su casa concurrida, y al final todos somos una gran familia. Porque realmente Mari Luz, es como una hermana. No lo demuestra con palabras porque no es su estilo, pero aunque no te lo diga, con el tiempo te lo va demostrando. Ella está pendiente de todo, la primera llamada el día de tu cumpleaños, la primera visita si estás enfermo, ahí está, en todas las fotos de tu boda, de bautizos, en cualquier acontecimiento importante de tu vida, siempre pendiente de todos los detalles. Una autentica amiga de verdad. Nace el 12 de febrero de 1.964, circunstancialmente en Utrera, donde trabajaba su padre. Es la mayor de una humilde familia de seis hermanos. Una de esas familias cristianas, donde siempre habitó la Esperanza, y eso se nota. Donde ella está, no importan las penurias, la escasez, ni las incomodidades o adversidades. Por que cuando la fe en Ella está presente, todo se lleva de otra manera. No quiero pasar por alto la ejemplaridad con que sus padres siempre asumieron el compromiso de formar a buenas personas y mantener unida una familia tan numerosa, cosa que desde luego consiguieron. Mari Luz ejerce el papel de hermana mayor en esa unión con una maestría inigualable. Es el timón y el apoyo en innumerable ocasiones. Enhorabuena a todos por dar ejemplo vivo de una verdadera familia cristiana, unida, respetándose y amándose por encima de todo. Y la Esperanza sigue en sus vidas y cuando llega el ansiado día del Domingo de Ramos, en el que la Virgen abandona su barrio, todos ellos, hermanos e hijos, visten su hábito blanco y verde y se van tras ella. Siempre tras ella.

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Pero la Virgen nos pone a prueba muchas veces y la Esperanza no se conformaba no, aún quiso más, y sin decirnos nada, se llevó a la pequeña de vosotros, porque, ¿qué más podía dar vuestra familia a la Virgen?. Se llevó a quién más la quería, ya se lo había avisado, porque ellas hablaban en algunas ocasiones, y a cambio le dio el mejor de los regalos, pasearla como rosa blanca a sus pies para perfumar su paso y deciros, que ese era su sitio, junto a ella. La Virgen lo quiso así y ella también, ya había llegado la hora, juntas para siempre. Como un rayito de luz, te fuiste para volver cada Domingo de Ramos, fijaros bien, a sus pies, un angel en rosa blanca la Esperanza traerá con sus lágrimas regada para a todos perfumar. Ya lo sabemos Señora, ese olor es conocío, y bien lo sabe su barrío este que es del Rocío. No dejes de llorar nunca, riega siempre a ese capullo, que cada Domingo de Ramos detrás de nuestro Cautivo tu, mi querida Esperanza no te olvides de traernos a nuestra Anabel contigo. Mari Luz pasa la infancia robando sitio entre literas y horas a la madrugada para intentar sacar una carrera, no sin esfuerzos. Compagina los estudios con algunos veranos de trabajo, algo que a ella le permitía tener la independencia que tanto ansiaba. Lo que parecía una tarea temporal, se convirtió en su único trabajo desde entonces. Vuelca todos sus esfuerzos en afianzarse profesionalmente, se va a vivir a Sevilla, para tener más flexibilidad a la hora de compartir trabajo y descanso. Fruto de esa constancia y dedicación, alcanza una estabilidad y solidez que le hace volver a Dos Hermanas, cerca de los suyos. Alternó el trabajo con sus últimos años de estudios en la Facultad y al final logró terminar la ansiada carrera. Es licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales

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por la Universidad de Sevilla. La verdad que lo que se propone lo consigue, es comprometida con la sociedad y sobre todo con lo que siente. Sería incapaz de hacer algo que no sintiera o al revés, cueste lo que cueste o digan lo que digan, ella hace lo que realmente le dicta su consciencia o su corazón. Es adelantada a su tiempo y de una enorme responsabilidad, seguro que sus compañeros de junta de gobierno lo corroboran. Es pionera como mujer en formar parte de cargos electos en una hermandad de penitencia. Defiende la justicia por encima de todo, pienso que es uno de sus grandes valores. Cuando se le presenta una situación que no lo es, se transforma y saca ese genio que algunos conocemos y que otros no deberían de preocuparse en descubrir. Tendría muchísimos calificativos para catalogarla, valiente, solidaria, cariñosa, responsable, constante, justa, pero por encima de todo hay un adjetivo para mí que resume todas ellas, es una buena persona. Es de esas cosas por las que merece la pena haber vivido. Es cercana, es intima, es algo mío. Gracias por darme tu amistad y por ser mi amiga más auténtica. Pero la Virgen está empeñada en que sigamos coincidiendo y como un año antes me había ocurrido a mí, cuando mas controladas llevábamos nuestras vidas, ella vuelve a ponernos a prueba y nos desarma, nos descontrola, nos mueve los cimientos y ¿Por qué?. No hay explicación, se nos escapa a nuestra voluntad, no depende de nosotros, ¿por qué ahora?. No lo sé, pero te dije que demostrarías esa valentía que creías no tener, dudaste porque es inevitable, lo asumiste calladamente mucho tiempo, solo la Esperanza y nuestro Señor Cautivo sabrá la Navidad que hace un año, viviste en silencio con la mayor naturalidad. Pero una luchadora como tú no podía abandonar ahora y has vuelto a dar ejemplo de asumir cristianamente las vicisitudes de la vida y dar testimonio de fe a los demás. Te has levantado, con la ayuda de tu familia y nos has unido aún más a todos. Hoy estamos orgullosos de ti, y de cómo lo has llevado y envidiosos de tu lucha y de tu coraje. Sirva como ejemplo, que hayas vuelto a practicar tu deporte favorito, el pádel, pero ahora con el otro brazo, ¡increible, quien lo diría!, porque claro, andar para ti, es deporte de viejos. Y sobre todo, el coraje de haber dicho sí a afrontar este pregón, en este año tan complicado y estar hoy

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aquí, en estas circunstancias tan especiales. Enhorabuena y gracias por tu ejemplo, es una satisfacción para todos nosotros. En fin, Mari Luz, los años pasan y aunque tú no lo creas, vamos para los cincuenta y la Virgen mandándonos achaques. Tú sabes que siempre te lo digo, que vamos a relajarnos y descansar un poquito, recuerda que nos dijo el Señor de la Expiración, el del Museo. Pero nada, no escarmentamos, ahora los dos en juntas de gobierno, y hoy tú de pregonera, veremos qué ocurrirá a partir de hoy. De todas maneras, yo creo que era nuestro sino, disfrutamos como cofrades, sentimos como devotos, crecimos como cristianos y nos comprometimos como católicos. Hoy estoy orgulloso de ello y le doy gracias a Dios porque estemos los dos aquí juntos, que casualidad, gracias porque tu familia sea la mía, por haberme traído a ésta, ahora mi hermandad y hacerme partícipe de este día tan maravilloso, rodeado de gente que te quiere, de tantos y tantos amigos que compartimos. A ti Señor, gracias por haberla puesto en mí camino, haberme permitido convivir con ella, disfrutar con ella y quererla. Espero que podamos seguir viviendo muchas semanas santas juntos y muchos momentos de nuestras vidas, tan inolvidables como el de hoy. Y a ti, Esperanza, habiéndote demostrado su amor, superando tantas pruebas, hazla disfrutar, ayúdale en este día tan especial en su vida, en el que nos va a hablar de ti. Que su alma se eleve y nos transmita sus vivencias más verdaderas e intimas. Que nos hable su corazón. Como ha sido el lema de su vida; “ESPERANZA siempre tras de Tí”. Muchas gracias. José Antonio Ramos Peña

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Preg贸n


Causa de nuestra alegrĂ­a


Causa de nuestra alegría ¡Escuchad!, suenan zambombas y panderetas. ¡Mirad!, niños y mayores saltan alrededor de la hoguera. Huele a miel y aguardiente, a heno y madera. ¿Qué fiesta es? Alguien responde, es por el Hijo de Dios, el Salvador. Nació en Belén Hijo de María y José. por el Espíritu Santo concebido. Redentor de los hombres. Redentor del mundo. Rey en su Sagrario. Cautivo de sus hijos, Esperanza nos ha dado. En este rincón nazareno, para acompañar a la Blanca Paloma. Te quedaste Tú que eres Luz Tú que eres paz Tú que eres amor Tú que eres belleza Tú que eres humildad “Causa de nuestra alegría”(1) “Salud de los enfermos”(1) “Consoladora de los afligidos”(1) “Virgen digna de veneración”(1) “Madre del Creador”(1) “Madre del Salvador”(1) Y Esperanza nuestra. “Dios te salve, María, Llena eres de Gracia…”

(1) Letanía de Nuestra Señora


Saluda


Saluda Rvdo. Sr. Cura Párroco y Director Espiritual de nuestra Hermandad, D. Salvador Andrade Holgado, Señor Presidente y miembros del Consejo Superior de Hermandades y Cofradías, Señor Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Real Hermandad del Santísimo Sacramento, nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima de la Esperanza, Señores Hermanos Mayores y representantes de las Hermandades de Penitencia y Gloria de nuestra ciudad, Pregoneras y Pregoneros de María Santísima de la Esperanza, Querido Presentador, Hermanos en Jesús Cautivo, Hermanos todos en el amor a Cristo y María, Señoras y Señores.


Agradecimiento


Agradecimiento Hoy me gustaría transmitir el profundo agradecimiento que siento por el gran día que me ha tocado vivir. Tal vez no sea capaz de expresarlo, pero al menos lo voy a intentar. En primer lugar, a la Junta de Gobierno que intercedió por mi ante la Señora para que hoy tuviera el honor de pregonar a María de la Esperanza, honor sin duda inmerecido, que ha dado lugar a una osadía por mi parte al aceptar la propuesta. Nunca pensé que este momento me llegaría alguna vez en la vida, pues creía que era muy difícil asumir la gran responsabilidad que entraña, así como, el temor de no cumplir las expectativas. Finalmente pesaron más otras razones. También gracias, a todos y cada uno de sus miembros, por el calor que me han ofrecido durante el tiempo de preparación de este pregón, y por la ayuda manifestada en todo momento. En segundo lugar, quiero dar las gracias a mi presentador en el día de hoy, que no dudo un instante en hacerlo una vez superada la sorpresa inicial. Tal propuesta fue el día del Dulce Nombre de María, transcurridos casi dos meses desde la elección de la pregonera, por lo que no contaba con ser la persona que hoy me presentara. No obstante, su alegría brotó inmediatamente ante la petición que le hacía. Al fin y al cabo, lo nuestro es una bonita historia de amor cofrade en la que él siempre pronosticó que esto sucedería, y ese momento había llegado. Gracias Peña, por el día de hoy, por tus palabras, por tantos momentos vividos juntos y por los que seguro, seguiremos compartiendo en los años que nos queden por vivir. Gracias a mis padres, hermanos, sobrinos y demás familia, que han tenido la misma felicidad que yo desde que conocieron la noticia. También me detengo un momento a dar las gracias a todos los que me han rodeado en este proceso, ayudándome con su entusiasmo. De forma especial, a Isabel, Agustín y Antonio, que me han facilitando libros, comentando el Pregón, puntualizando la redacción, maquetado el texto… y dado su apoyo incondicional. También a Enrique junior, que aunque no ha podido ser mi presentador por motivos de edad, me ha aconsejado en la dicción. A los Pregoneros que me han ofrecido su


ayuda para cualquier cosa que pudiera surgir. Gracias a mi Hermandad del Gran Poder por el entusiasmo con que se acogió mi nombramiento, y el apoyo y seguimiento que he tenido de ellos. También a tantos cofrades de diversas Hermandades que han manifestado su satisfacción. Y por supuesto, de todo corazón, gracias a todos los que me acompañáis y a los que hubieran querido hacerlo en el día de hoy.

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Pr贸logo


Prólogo Hacía mucho calor en Dos Hermanas. Sopor en el ambiente. Era dieciocho de julio, cercana la Patrona Santa Ana. El móvil sonó y la pantalla anunciaba que era Miguel Ángel, nuestro Hermano Mayor. ¡A ver que debemos pagar ahora!, porque como siempre, las arcas estaban vacías. Pero no, me habló del último Cabildo de Oficiales al que no pude asistir, y dijo: “Has sido elegida pregonera” Entretanto se derretía el helado, que quedó atrapado en mi garganta, añadió: “No puedes decir que no”. Dos horas más tarde dí el sí, un sí como el que dio María, entregado y de corazón pero para el que yo necesite meditar un rato. Mi anunciador me dejó tiempo para pensar que llevaba razón. ¿Como iba a decir que no a tan gran honor? En el día de hoy hablaría de Esperanza. Así comenzó algo que culmina hoy, o al menos, tiene su máxima expresión. Tras el sí vino la duda ¿Ahora qué digo? ¿Qué puedo hacer? ¿Quién soy yo para hablar de Tí? Los que me conocéis, sabéis que me expreso mejor con los números o la cámara que con la palabra. También sabéis que me gusta estar detrás del objetivo pero no siendo centro de su atención. Por ello, mi primera alabanza es estar aquí hoy, que no por ser un grato honor me resulta más fácil. Este esfuerzo es mi primer halago, porque por Tí lo hago, MADRE, por Tí entrego aquí mi corazón. Tener que enfrentarme a escribir me ha obligado a pensar mucho, a profundizar en los tiempos vividos. He refrescado mi mente de Esperanza y la he encontrado en muchos momentos. De eso voy a hablar en este pregón. Quiero compartir mis encuentros con ella.


No se me ocurre mejor piropo que reconocer las veces que has estado a mi lado, sin darme cuenta, pero como eres la Madre de Dios, has permanecido paciente y amorosa hasta que lo he comprendido. Pregonar tu nombre me encomendaron hoy, acercĂĄndome al Dios hombre tu humilde sierva soy. Sin dormir estaba casi, sin saber como empezar, buscĂĄndote vine al Sagrario, esa noche pude comenzar, algunas pocas palabras y la senda por labrar. Una ofrenda de rosas a TĂ­ te quiero entregar. Y porque gracias te doy, voy a exaltar tu mensaje, a lanzarlo en alta mar, a tomarlo por estandarte, a TĂ­ te voy a cantar.

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AcercĂĄndonos a MarĂ­a


Acercándonos a María No es seguro lo que la historia nos cuenta al respecto de la vida de Joaquín, Ana y María. Unos dicen que Santa Ana era mayor cuando por única vez concibió, como premio de Dios a su vida de caridad y oración. Otros, que en un parto más, María nació recibiendo el nombre que el ángel ordenó. Cualquier bonita historia damos por buena siempre que en ella aparezca la Inmaculada Concepción de esa mujer cuyo vientre albergaría al Señor, la que con sus manos lo envolvería en pañales, la que con su pecho lo amamantaría, la que una espada traspasaría su corazón. Dios decidió encarnarse en una mujer para llevar a cabo la salvación de los hombres, para redimirnos del pecado original según la profecía, viniendo a este mundo como el esperado Mesías. Para ello, elige a una bendita mujer, libre de todo mal, MARÍA. Desde ese momento hablamos de ellos de forma indisoluble, ni Jesús sin María, ni María sin Jesús. Son un conjunto, en el que a través de María nos acercamos a Él, para hacer más fácil llegar a sus Divinas Manos, las que se volverán a clavar poco después de cada Domingo de Ramos. Con las conocidas y bellas palabras “Dios te Salve María, llena de Gracia. El Señor está contigo” y la valiente, libre, confiada y comprometida respuesta de María “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra” se engendra la Esperanza cristiana: Dios, El Salvador, va a nacer y se va a convertir en Hijo y Padre a la vez de su Bendita Madre. María fue una mujer muy valiente. Sin importarle nada, da su consentimiento para ser honrada con esta maternidad, en un acto de plena confianza y esperanza en Dios. Su respuesta tiene un gran valor en el contexto social donde se produce. Su esposo José pudo haberla repudiado, lo que podía haber motivado una condena segura, pero responsable, calló para bien de la humanidad. Y nació en Belén.


En este tiempo de Adviento en el que nos preparamos para el nacimiento, invoquemos también el Amor, la Caridad, la Fe y la humildad con que debemos aguardar la realización de la verdadera Esperanza. Entreguemos nuestra vida a los que nos necesitan. Luchemos para ahuyentar el desanimo. Seamos constructores de Esperanza y vayamos a ofrecerla en cada día de nuestra vida. Se puede encontrar, se encuentra. Para que la Esperanza tenga lugar ha de ser Crucificado, Muerto y Resucitado. En nuestra tierra, tan amante de María, tenemos este vehículo eclesial que son las Hermandades, que cada año nos acercan a revivir la Pasión en la Semana Santa que comienza con nuestro Domingo de Ramos. Nos permiten ir preparando durante el año esa conmemoración, mantener viva la Esperanza, con aciertos y errores. Yo te imploro Madre para que ilumines nuestros corazones, para que los llenes aún más de Esperanza, y con esfuerzo mejoremos la vida de Hermandad. Concédenos la fuerza necesaria para afrontar con unidad de todos los hermanos las vivencias presentes y futuras, garantizando la mejor transmisión de nuestros valores a las nuevas generaciones. No olvidemos nunca que la Cruz es la única guía y sus enseñanzas, nuestro principal objetivo. Por encima de intereses particulares antepongamos siempre, el bien de la Hermandad, como Él nos enseñó. Valiente decisión al angel anunciador, tu acto de sumisión, engendró al Salvador. Palio de corazones, atiende nuestro ruego, para afrontar los temores concédenos sosiego. Belleza serena, rostro moreno que sonríe y llora ¡REINA DE LOS NAZARENOS!

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Llegué hasta Tí


Llegué hasta Tí Se pierde mi recuerdo en el tiempo para encontrar la primera vivencia cofrade. Hay instantes que se desdibujan en la mente viendo entrar nuestras Imágenes en Santa María Magdalena, o caminando por las calles del centro: Pocos nazarenos, de antifaces despintados, muy distanciados unos de otros para estirar la cofradía. Otros recuerdos me traen a la memoria los desplazamientos a Sevilla, para ver los Pasos desde los recreativos de la calle Sierpes, porque no sabíamos ir a otro sitio. Las carreras de vuelta por el Barrio de Santa Cruz, para no perder “el amarillo, el barriada”. Cuántos buenos ratos, ¿verdad, Peña? Momentos más recientes, con la Hermandad ya en esta casa, recuerdo cuando entró nuestra Madre después de la cantidad de agua que se abrió en el cielo encontrándose aún en el centro. O como un rato antes su Palio iba cubierto con un plástico cuando salió de la estrechez del callejón. O aquél año que su Hijo tuvo que procesionar sin las potencias… Todos estos instantes fueron desde fuera, sin pertenecer aún a ninguna Hermandad. Siempre dije que sería hermana de Jesús Cautivo, o Jesús del Gran Poder, cuando hubiera igualdad entre hombres y mujeres, e independientemente de llegar a salir de nazareno. Así, nos situamos en Enero de 1.999. No era un momento cualquiera, estaba recién aprobada la posibilidad de que las mujeres vistieran la túnica de nazareno. Mi madre, verdadera artífice de nuestra vinculación con esta institución, pidió una solicitud para mí, pero el papel no llegó a mis manos, quedando pendiente encima de una mesa. Pasaron los días, y ella, desde su cama de hospital insistía para que entrase en la Hermandad, hasta que lo consiguió. Tuve la suerte de que alguien me hiciese la túnica para poder salir ese mismo año, a pesar de lo avanzado de las fechas. Al tomarme medidas en


pesar de lo avanzado de las fechas. Al tomarme medidas en la casa Hermandad, preguntaron: - ¿Cristo o Virgen? - Cristo - La primera mujer que quiere ir con el Cautivo. Cuando nos íbamos, Rubén, el mayor de mis sobrinos me dijo: “todos vamos en la Virgen y tu no”. Sentí que no me podía negar y mandé al niño a cambiarlo porque a mí me daba vergüenza después de cómo fueron los hechos. Pensé: “como me va a tocar el primer tramo de Palio, acompaño a la Virgen y voy igualmente detrás del Cautivo todo el camino”. Así fué, el Domingo de Ramos me presenté en el primer tramo de palio como decía la papeleta de sitio. Por casualidades de la vida, faltaba el portador de una de las varas y decidieron dármela. Con los antifaces puestos y el primer paso ya en la calle, llega el Mayordomo, y dejando la vara me trasladó a un nuevo tramo. Mostrándome al nazareno con el que formaba pareja me entregó el preciado cirio verde. Este hombre me vería un tanto aturdida y me dijo: “somos la sexta pareja delante del Palio”. Había alcanzando inesperadamente ese lugar tan deseado por todos, tan cercano a Tí. La emoción me desbordaba, miraba el Paso aún sin moverse, los nazarenos enfilando la puerta y yo sin estar en mi. Te tenía tan cerca que te sentí durante todo el camino, especialmente en ese singular lugar cofrade de Dos hermanas que es el callejón Cruz, donde la distancia era mínima entre nazarenos. Me llegaba la fragancia de tus flores; el rachear de las zapatillas de tus costaleros y los “quejios” al caer la parihuela sobre sus hombros; el suave tintinear de tus varales; el incienso de los monaguillos; la voz fuerte y ronca de Rafael, tu capataz; el brillo de las lágrimas y tu rostro iluminado por tu vieja candelería. Sentía el “gemío” de tu llanto por tu Hijo Cautivo, e intuía tu complacencia dolorida porque, caminando hacía el Calvario, cumplía con el plan previsto por el Padre.

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Un sueño no imaginado se había hecho realidad, me atrapaste el corazón, supe que año tras año te iba acompañar, así en el Domingo de Ramos como en muchos momentos más. Ahí empezaron los encuentros con nuestra Esperanza. ¿Creéis que fue azar? ¿No será que se hizo mujer de nuevo en mi madre para llevarme donde me quería ver, para tender una mano y mostrarme el camino que tomé? ¿No influyó en la persona del Mayordomo para hacerme sentir su presencia? De Madre a madre hablas, nadie entiende mejor tus palabras, que a corazones callados llegan esperando que se abran. Marca nuestro camino, no es posible el quebranto de no aceptar el destino dibujado por su manto. Joven doncella, Esperanza para más detalle, siempre guapa y bella, de la corona hasta el talle. Nueva aurora debajo de bambalinas, tu rostro inspira Señora, ternuras más cristalinas. Morena con gracia, no mirar tus encajes, no es sino arrogancia en el Templo o las calles.

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De nuevo contigo Mi paso por el Grupo de Hermanas, me brindó la oportunidad, además de conocer a personas entrañables, de participar en diversas actividades. Así, llegué de nuevo hasta nuestra Madre en el Besamanos tradicional, ese que mañana celebraremos de nuevo. Como quién aprueba una reválida o una oposición, un nuevo encuentro iba a refrendar las vivencias del primer camino. Ese 18 de diciembre era sábado, llegué para acompañarte a las nueve de la mañana. Estabas en el Altar Mayor, y hacía tanto frío que vino muy poca gente. Eso me permitió contemplarte, descubrir tus ojos mojados; mojados por las lágrimas derramadas ante las manos atadas de Tu Hijo. Era tan real como si aún fuera el cuerpo del que Jesús nació y no su representación. Toda una expresión, una imagen tan cercana, que refrendé que cada año te iba a acompañar en el Domingo de Ramos, y en muchos momentos más. Nunca se sabe donde se te puede encontrar pero yo aseguro, hoy más que nunca, que en cualquier día o lugar. A Tí, rosa de primavera, azucena en tu paso, nardo en tu carreta, que cambias de saya y con otra advocación te veneran. Estrella luminosa, que entre olivos y palmas, la Entrada en Jerusalén has anunciado. Amparo y Esperanza, Apóstoles en el cenáculo, la tarde del Jueves Santo la Eucaristía nos ha dado.


Con Dolores de Madre al huerto se ha retirado, solo y suplicante, a su Padre está rogando. Con Amor y Sacrificio al Pueblo es Presentado, aunque no llega el perdón, ¡Padre me has abandonado! ¡No hay solución! Ya lo han apresado, Cautivo lo llevan, aunque Esperanza nos ha dejado. Mayor Dolor Traspasado en Real Utrera, donde por su Gran Poder se ha entregado. Amparo para el Hijo con el leño cargado, ¡ya no puede llevarlo! un Cirineo ha ayudado. Mayor dolor en San Sebastián, la muerte se ha consumado. Adoremos la Veracruz donde El ha vencido al pecado. Con Amargura, pálido de muerte, Descendido de la Cruz, del Cerro viene bajando. Para dejarte en Soledad después de un Entierro Santo, vencedor y glorioso, con su Padre se ha marchado.

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Pasada una semana del Domingo de Ramos, todo se ha cumplido, ¡HA RESUCITADO!. Ese domingo donde tú estabas, Esperanza Nuestra, Esperanza de Gracia llena que la Resurrección ha propiciado. A Tí, rosa de primavera, azucena en tu paso, nardo en tu carreta, que cambias de saya y con otra advocación te veneran. Váleme Señora, Váleme, para alcanzar la promesa, en el Paraíso quiero verlos y gozar su presencia. Una Pastora de las Almas acompaña nuestro ruego, para igual que hizo Ella poder Subir al Cielo. Un Rosario sentido con mis labios voy rezando, oyendo mis latidos a Tí se va elevando. En las rocinas nazarenas Tu Pastorcillo Divino juega, sin ser aún Cautivo Rocio, ¡Virgen bella! A Tí, rosa de primavera,

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azucena en tu paso, nardo en tu carreta, que cambias de saya y con otra advocaciรณn te veneran, eres mรกs que nunca ยกESPERANZA NAZARENA!

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Pregonera desde el Cielo


Pregonera desde el Cielo Domingo de Ramos 2011, tarde de túnicas y capas blancas, de antifaces aterciopelados, morados de amor Cautivo y verdes de Esperanza. El azahar mezclado con el incienso crea la fragancia única de nuestra Semana Santa. En las inmediaciones de nuestra Iglesia del Rocío, un grupo de hermanos comienza a vestir el hábito nazareno. Deseosos ya de ir al encuentro con Ellos, todos los ritos se van sucediendo. Calcetines y guantes de blanco algodón y esas sandalias negras que solo salen una vez al año. La papeleta de sitio al bolsillo de la túnica, el cíngulo ciñiendo la cintura de mayores y niños, excepto de uno, que lucirá túnica verde y esclavina blanca. Todo sucede igual que años anteriores, pero falta una espectadora de excepción. Ella ya no está. Tras varios días de esperar contra toda esperanza, como Tú lo hiciste al pie de la Cruz, desde una lúgubre estancia en un frio y cansado hospital, donde yo no te pude encontrar, con tu Hijo partió. Siempre transmitió una imagen frágil y vulnerable, pero ¡qué fuerte en realidad! Fortaleza construida con los ladrillos del amor por Tí, Esperanza Nazarena. Tú, que aparecías en el alféizar de su ventana en noches a media vela. Pero también, por tu hermana sevillana, con la que vibraba a su paso por La Alameda, esa que también es Esperanza, de la que se dijo que “la bajaron los ángeles para dejarla en Sevilla”(2) y la pusieron junto a los restos de la murallas medievales, que no cierran si no que abren paso, a ese añejo barrio que su nombre lleva: Macarena.


Su Fé ciega en ti me dio paz, a pesar del dolor. Llegué a entender por qué tu rostro cubierto de lágrimas, es llanto por la pérdida y alegría por el inicio de la vida nueva. Ahí comencé de nuevo a sentirte presente. Ahora está cerca de Tí, mirándonos desde ese palco celestial, deshojando mil flores. Ahora todo es posible, no hay duda ni temores Por fin hizo todo el camino postrada a tus plantas, como rosa blanca simbolizada. Ya no le faltaban las fuerzas, porque tú la abrazabas, Madre de la Esperanza. Salió del Templo contigo, inició el camino, y partiendo del barrio, el aire no le faltaba, porque tú la abrazabas, Madre de la Esperanza. Tú que lo fuiste todo en su vida, amor, valor, luz y templanza. Llegó a calle Cruz y esta vez siguió fresca y lozana. Aún fuerzas le quedaban, porque tú la abrazabas, Madre de la Esperanza. Quebrando cintura al andar, como costalera de tu Gracia, inició la vuelta a casa.

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Aire le quedaba, porque tú la abrazabas, Madre de la Esperanza. Llegamos al Templo, y a tu Palio aferrada aún continuaba. Las fuerzas no la dejaron, el aire no le faltaba, porque tú la abrazabas, ¡MADRE DE LA ESPERANZA! Como cada año, el grupo de nazarenos se retira. En los ojos de un niño, ese de esclavina blanca y túnica verde esperanza, cuya cara no puedo describir, de nuevo te hallé. El esperaba paciente con su mano extendida, llevaba una flor, la rosa blanca que el camino culminó. Llenos de Tí los tres volvimos a casa. Y porque tú la abrazas en las Tribunas Benditas de ese cielo azul, color pureza, que en esta Hermandad se torna verde, en la Reina que concibió a la Divina Gracia, hoy está aquí presente mi hermana Ana. Siempre habló de este día: “Algún día serás su pregonera y yo tu presentadora” Entonces no sabíamos que ella me podría presentar ante Tí, pero en ese lugar soñado por los cristianos, donde ahora ella aguarda. En el día de hoy su misión es más importante: ser Tu pregonera. Si, es ella quién te habla a través de mi palabra, yo solo pongo voz, no he escrito nada, me lo ha susurrado ella en las calurosas noches de verano, porque de Tí se trataba. Ha enhebrado palabra con palabra, como perlas cultivadas, hasta tejer un manto de amor a la más bella dama, María Madre Bendita en su advocación de Esperanza. Y me ha dicho que te cuente: - Como acaricias con el soneto de tu mirada; - Como resplandeces sin luz; - Como atraes a tus plantas, sin flores ni alhajas, solo con tu corazón limpio Bendita Madre de la Esperanza.

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También me dijo: - Que tus manos son algodones para acunar al que en Belén nació; - Que tus ojos son dos luceros, faro y guía en la vida, abriendo camino hacía tu Hijo Cautivo; - Que tus lágrimas son perlas de amor a Jesús, y hacia los hijos que El al pie de la Cruz te dió; - Que quisiera ser tu pañuelo para secar la pena de tu alma; - Que quisiera ser manto para abrazarte; - Que quisiera ser saya para envolverte con gracia; - Que es cautiva de tu dulzura y de tu amor, y - que ¡VIVA LA VIRGEN DE LA ESPERANZA!

(2) Pregón de la Semana Santa de Sevilla de Antonio Rodriguez Buzón, 1956.

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La fuerza de tu amor


La fuerza de tu amor Paremos un momento a pensar en la fuerza de nuestra Madre. Su inigualable e inalcanzable fuerza. ¿De dónde viene? ¿De dónde viene la fuerza que te hizo aceptar el santo embarazo? Esa que te hizo acunarlo en un pesebre. Esa por la que no nos dejas desfallecer cuando el dolor aprieta. Esa que nos reafirma en la Estación de Penitencia de nuestra vida. Tu fuerza es el mismo Dios, Madre. La que te da ser el primer Sagrario de los tiempos, porque en tu vientre se forjó para llegar a los confines de la tierra. Es la fuerza del amor, por eso no tiene fin. Esa que hace mecer nuestros corazones al son de Campanilleros, o llorar cuando suenan campanas de duelo, o buscar refugio en la tormenta, o rachear nuestros pasos en esta vida. Si, es la fuerza de tu amor la que nos impulsa, la única que nos puede llevar a desatar sus manos, a quitarle la Cruz, a retirar espinas de su corona y aliviar sus heridas. Es tu ejemplo de vida Madre, el que sirve al pecador, es la fuerza del amor la que trae el perdón, la que nos mantiene cuando falta entereza. Tu fuerza es amor, el amor es mirar dentro de tu corazón. Manos de Princesa acunaron al Redentor. Manos de Reina limpiaron su sangre y sudor.


Ojos de ilusionada niña cuando Su Hijo nació. Ojos de mujer dolorida cuando en la Cruz murió. Oídos juveniles para escuchar el llanto de cuna. Oídos serenos para recibir Su mensaje en la Cruz. Todo por amor, como Madre de Dios lo entregó. Y siguiendo su designio como hijos nos aceptó. Las sombras se disiparon, ¡ha estallado la luz!, porque sentimos Madre que nos envuelve tu amor.

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Domingo de Ramos


Domingo de Ramos Dice el Evangelio de Lucas: “Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y todo lo que escribieron los profetas sobre el Hijo del Hombre se va a cumplir. Será entregado a los paganos, escarnecido, ultrajado y escupido: después de azotarlo lo mataran pero al tercer día resucitará”. Así comienza la Pasión, el recordatorio de un sufrimiento necesario para alcanzar la Esperanza. Los tramos de nazarenos están ordenados, cada estandarte y cada vara en su lugar. Ya entran los más pequeños, vienen del salón de la Esperanza y hasta la puerta los vamos acercando. Acceden los costaleros, ya estamos todos, la Estación de Penitencia va a comenzar. Atentos, tercer golpe de martillo, Jesús Cautivo comienza a caminar. Es uno de los sublimes momentos de la tarde, vellos erizados en algunos nazarenos, húmedos los ojos en otros, cuando un Padre Nuestro por saeta a Tú Hijo van rezando. Tarde de Domingo de Ramos. Tu barrio se vuelve Sagrario, para acoger a Dios Hijo por las calles rocieras, que marcan el camino hasta Santa María Magdalena. Fue en Virgen de Montserrat, donde en el noventa y nueve se detuvo el tiempo, para mirar a los ojos del nazareno con antifaz de huecos redondeados. Fue en Cruz Roja, donde el paso de Jesús paró, a esperar con paciencia que los nazarenos avancen envolviendo tu palio.


Continuó por Carlos I, buscando calle Cruz y su saeta, plateados varales, flores encaladas ¡Poco a poco, que va rozando! Delante Jesucristo maniatado, de mayores acompañados, seguido de penitentes con cruz y rosario, que tras las bocinas celestiales, abren el camino hacía el Cristo Cautivo que la Cruz está esperando. Tras ellos sigue la esperanza de los pequeños nazarenos, algunos con vueltas de antifaz para más fácil mirar. Otros que no lo quieren levantar, acudiendo con guantes encerados, sobre su cirio parecen cabalgar. Esos que llevan promesas futuras sobre sus pies calzados, esos que sostendrán la cruz, cuando muchos nos hayamos marchado. Los que tienen que seguir y aguantar tantos caminos para seguirles amando. Los que debemos mimar porque sendero van labrando, y aunque algunos abandonen a medio camino de sus vidas, otros continuarán conscientes con la cruz cargando.

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Por ellos, levantemos el Cáliz, mostrémosles el Sagrario, a ellos, que lo merecen tanto, y derramemos Fe para que sigan rezando. Más cerca de Tí, Madre, los mayores van orando, con súplicas y razones, contando sus penas y gracias dándote por dejarles ir a Tú lado. Delante de ambos, de nuevo los jóvenes, monaguillos, pertigueros y ciriales, cuyo entusiasmo a la gloria nos van acercando, cuando iluminan los rostros de sufrimiento y llanto, entre nubes de incienso, siguiendo la Cruz que el camino va marcando. Seguid mirando, son Esperanza plena, las manos de Jesús se han desatado cuando sus costaleros, “izquierda alante derecha atrás”, sobre los pies van revirando, para que tranquilos le puedan rezar ancianos y jóvenes, mentes inocentes, que hasta los Jardines han acercado otros hombres, que con su entrega y amor las cuerdas de sus manos, han soltado.

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Tras presentar en la Parroquia Santa María Magdalena se inicia la vuelta por esa avenida que blanca brilla en la noche santa del Domingo de Ramos. Ya queda menos, y muchos de los que a la ida iban en su caballo de cera, ahora duermen o descansan en brazos de sus padres, abuelos, tíos o hermanos. Atrás quedaron muchos cirios rotos, algún padre o madre implorando al diputado para que llame al orden al niño, y tranquilo esté un rato. Atrás quedaron los pétalos caídos a los pies de la Esperanza, los que tantas manos antes deshojaron para honrar a la Reina del Domingo de Ramos.

Atrás quedaron muchos paseos de diputados para que no se rompa el cortejo, para que se cumplan los tiempos: “Vamos dando paso a la Virgen, que en cinco minutos los cuatro cantillos hay que ir despejando”. “Que pare el Señor, que la Señora aún está presentando”. “Vamos más despacio que los más pequeños en calle Mina la fila han dejado, se nos abre un hueco. Cuidado que dejamos solo el Palio”.

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Desde el Paso del Señor nos dicen: “Que nos retrasamos. Que arriado el Paso, los costaleros se están enfriando”. “Una pequeña chicotá más, cortita muy cortita, que la vamos a esperar” Estamos cerca pero aún quedan emociones. El Domingo de Ramos comenzó con un momento sublime y con otro ha de terminar. Después de girar a los cuatro puntos cardinales y echar a tierra “arrugando” cinturas y piernas para que solo las flores acaricien con suavidad las jambas de la puerta, y que tu techo no roce el dintel, aún queda un momento esperado. Un último momento de gloria, cuando te cantemos el Ave María, acompañando a la banda hasta que el Paso por última vez baje. Y queda arriado, costaleros sudorosos y cansados, satisfechos por tan gran trabajo realizado. Poco a poco el Templo se va desalojando pero algunos aún tienen una última mirada, una última plegaría. En la quietud de la noche se puede leer en su cara que como cualquier madre nos habla, “Hijo mío descansa. No tardes en volver, que no puedo estar mucho tiempo sin verte”. Claro Madre, no te preocupes, nos vemos mañana mismo. Venimos a recoger la Iglesia y comenzamos un nuevo camino: Oficios, Resurrección, Ofrenda, Rosario, Cultos, Misas de Hermandad… No te preocupes, no te dejamos más que un rato. Ha vuelto, sigue preso. Guardabrisas apagados han quedado de regreso, y sin brillar los dorados. Candelabros de cola, cera en el cristal.

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Ya no arden las velas rizadas y es mate el metal. Futuras palmas anunciaran Domingos de Ramos, llenando de gozo las almas. Un año pasa rápido, ¡hermanos! Ya mismo se acaba la calma. Ojalá llegue pronto ese día, ojalá fuera mañana, en puertas otra salida. Anhelemos la llegada de la nueva primavera, que el entusiasmo no se pierda, y sea breve la espera.

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Hermanos de faja y costal


Hermanos de faja y costal Hay una diferencia significativa entre la forma en que se mueven los Pasos en esta tierra nuestra y en otros lugares: los costaleros. Ellos, a veces criticados e incomprendidos, ponen un sello especial en la forma en que podemos contemplar las imágenes. Bien es verdad que, algunos, a veces, olvidan la humildad que conlleva el honor de portar a nuestros Titulares, que son los únicos que deben destacar. No obstante, Ellos lo entienden, porque saben que es su especial forma de amar: hermanos de faja y costal, porque te quieren, rezan al levantar las trabajaderas y sufren por no poderte mirar. Comienzan con mucha fuerza, que poco a poco gastando van y cuando ninguna les queda, la vuelven a sacar. Aguantan las pendientes de las calles, una y otra levantá, para ofrecernos a Jesús y María por las calles de nuestra ciudad. ¿Cómo podríamos decir que Jesús Cautivo camina si no es por la impronta que imprimen estos hermanos con su forma de trabajar? ¿O cómo podríamos verte Esperanza, con un galante caminar, muy despacito, para recibir mil un piropos en esa tarde tan especial? ¿Cómo dar esa mecida grácil a las bambalinas si no es por una fajada cintura de ajustados movimientos? Tenemos nuestra forma especial de procesionar y a ellos lo debemos. Ponen toda su Fe en cada levantá, cada vez que un izquierdo “alante” va o cada vez que se visten con el costal para rezarles con su sudor. Seamos costaleros todos, el año completo, como nos piden Jesús y María. Entreguemos a nuestros hermanos apoyo para seguir día a día y con esfuerzo sostener pacientes los varales de sus vidas, que no decaiga nuestra fe y que la ayuda sea alegría.


Entre alfileres


Entre alfileres Me viene al recuerdo un encuentro aquí, en tu Sagrario. Era una noche cercana a la primavera, en la que te tuve aún más cerca. Estabas en el suelo para cambiar tu vestido. María, una de tus camareras, te quitaba alfileres con el mimo de siempre, con la delicadeza de unos dedos de seda que poco a poco te dejaban bella y serena. Mientras llegaba Sole, tuve la suerte de ayudarle, aunque no sepa vestirte como lo hacen ellas. Tu mejilla recitaba versos de amor en la cercanía. Tu pelo tallado a gubia y martillo sin que nada lo recubriera. Qué cerca, a la altura de mis ojos, riendo y llorando a tu vera. Qué momento más íntimo, ¡que privilegio en aquella noche cercana la primavera! No sé si te veo mejor así o con una toquilla de fino encaje. No sé si disfruto más cuando la brisa acaricia tu rostro o vestida de hebrea con manto de camarín. No sé si te veo mejor vestida de Reina en este magnífico altar o en tu modesto Sagrario el día de la ofrenda floral. No sé si disfruto más cuando intuyo tu sonrisa o cuando veo tus lágrimas brillar. No sé, no sé qué mejor momento si cuando sales en Rosario o cuando te cantamos en la Misa de Hermandad. No sé si te quiero más cuando te tengo tan cerca que cuando me doy cuenta que no te puedo olvidar. Sólo de una cosa estoy segura, ¡que te echo de menos cuando no te puedo hablar!

Bendita Esperanza, Gloria eterna, tranquilizas mi alma, animas mi ser. Peregrina de Tu Hijo, mueves nuestra Fe, haces montañas enteras y lloras con pena, rosa temprana, si no lo queremos a Él.


Blancas blondas acarician tu tez, corona de oro abraza tu sien, verde manto abriga tu cuerpo, fajĂ­n de amor ciĂąe tu cintura, mientras miramos tu dulzura y Cautivos de tu mirada nos dejamos querer.

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Juventud, divino tesoro


Juventud, divino tesoro Corren tiempos de repulsa hacía nuestra Madre y su Divino Hijo. Los valores cristianos están en continuo entredicho, no están de moda. Los que estamos cerca de Tí, somos centro de críticas variadas, objetos de incomprensión. En estos tiempos convulsos, quiero pedirte permiso Señora, para hablarles a los jóvenes porque son más vulnerables, para decirles que no se dejen tentar, que continúen a tu lado, e igual que ahora aprenden, enseñen a esos jinetes de caballos de cera cuando llegue el momento. Vuestro trabajo, jóvenes de la Hermandad, pronto germinará, y podréis recoger el fruto. Os alegrará siempre haber seguido el camino. Tendréis la Esperanza en muchos momentos de vuestras vidas, solo debéis creer para verlo. Sois la Esperanza de la Esperanza, ¡seguidla, nos os detengáis! Vosotros que sois más de este siglo que del pasado, no tendréis problemas del tipo que aún plantean algunas hermandades respecto a la mujer, negándole la igualdad por lo bajito. Sois más libres de pensamiento para asumir con valentía el acogimiento de cualquier persona sin importar el sexo, la raza, la nacionalidad, la condición económica, la edad… Abrid vuestros corazones a todos, atended a cualquiera que llegue, porque los seres humanos no debemos alejar a quienes son llamados a vivir la Fe. A Tí Madre, me atrevo a pedirte que les ayudes a permanecer en este camino que han elegido, muéstrate a ellos cuando flaqueen, para que continúen a Tu lado, y vivan la Esperanza día a día. Todos juntos sigamos la Cruz, aunque no esté bien visto. Tratemos de mostrar tu Esperanza a quién no la vea. Desde la tranquilidad, desde la tolerancia y el respeto, seamos Evangelio vivo. Por las calles nazarenas Cautivo va, atado con las cuerdas, del egoísmo y la desigualdad.


Crucificado en Jerusalén, muchos años atrás. Y ahora, cada día, en cada casa, en cada ciudad, lo volvemos a clavar con el yugo de la intolerancia, con los clavos de la inequidad, con la falta de compromiso, y de nuevo una vez más, por las calles nazarenas, Cautivo va. Desandemos lo andado, luchemos contra la indiferencia, empeñemos nuestras vidas con tenaz humildad, para que al fín, libre ya, en las calles nazarenas Nuestro Padre Cautivo pueda Reinar en paz.

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Siempre tĂş, Esperanza


Siempre tú, Esperanza Nuestro deambular por la tierra no siempre es bueno. Hay veces que nos encontramos perdidos en nuestra particular calle de la Amargura. Nos hacemos preguntas como ¿por qué? ¿Es que te has olvidado de mí? ¿Qué he hecho yo? Si lo pensáis a todos nos ha pasado en algún momento. Hace un año, cuando el barco de mi vida llevaba meses sobreponiéndose al temporal, la llegada de nuevos vientos de tormenta amenazaban la travesía, poniendo en peligro las ya ajadas y débiles velas. Así, esta marinera se acercó a buscar refugio en el puerto donde tu ancla vara a quién en Tí confía. Esta marinera fue a buscarte en tu Besamanos, donde estabas más guapa que nunca, con el rostro completamente descubierto, dejando patente en el aire, la obra exacta que Illanes tallara. Y buscó tu amparo mientras oía la voz de tu pregonera, pero únicamente te veía, no te hallaba, no sabía cómo pasar la tormenta sobrevenida. Seguí buscándote a mi alrededor, ansiando tu presencia y, solo pasado el tiempo, pude reconocerte en quién mil kilómetros recorrió para estar un rato a mi lado, y en las personas a cuya guarda me encomendó, y en quienes sacrificando trabajo, cambiando turnos y derrochando humanidad, estuvieron a mi lado siempre que fue necesario. Y en la voz de un hermano político que me escuchó, y en las manos de un cirujano trabajando bajo su verde pijama. También te encontré en las caras de quienes esperaban que ese rato terminara, y al despertar del forzado sueño en los claveles que a mi lado llegaron desde los pies del Señor del Gran Poder. Y de nuevo estabas en la voz de mis amorosos padres que confiaron ciegamente en tu verde caminar y en quienes dejaron su casa largos meses, sin importarles nada, para convertirse en bastión de mi vida diaria. A pesar de todo, el barco parecía zozobrar, los mástiles se mantenían con mucha dificultad, la brújula perdida y el rumbo sin fijar. Fue entonces cuando te despojaste de tu corona y te erigiste en capitana de la nave, remozaste las velas con retales de tu manto, cosidos


con el fino hilo de tu generosidad, encontraste el norte y echaste el ancla en el puerto de tu protección. Así Madre, de nuevo, te encontré yo. Te manifestaste en todas las formas pensadas e incluso en las que me han causado sorpresa, porque tú eres Madre, Reina y Soberana. Por ello, amparaste mi presencia en los Cultos de tu Hijo, y cuando a su altar dorado subió, y cuando tus candelabros plateados se acercaron a la puerta sobre alpargatas costaleras, y cuando los pétalos volaron al viento, y cuando te cantamos el Ave María. Encomendaste mi cuidado a mis hermanos diputados y de Junta de Gobierno, para que el sol no me diera, para que mucho no caminara. Todo, para que no te perdiera; para que más me acercara; para seguirte encontrando; para no abandonar la mano que un día me tendieras. Por eso mismo, me nombraste tu pregonera, para que todo esto pensara y en largas reflexiones en la ventana tu luz viera, y como una estrella resplandeciente de la niebla saliera, para que a tus hijos menores ayudara en la Estación de Penitencia, acompañando a la rosa blanca entre clarinetes, flautas y trompetas. Todo eso hiciste, en todos esos lugares y días estabas, aunque yo no me daba cuenta. Lo siento Esperanza, te he dado trabajo hasta que te pude encontrar tras largos días pensando, para luego reconocerte sin esfuerzo en la mirada de Jesús del Gran Poder, separado solo unos centímetros de mis ojos, mientras era trasladado a su paso, o en el blanco clavel que a mi pecho hizo llegar la Bendita mano de la Santísima Virgen de Valme. Mis manos vacías, abiertas, quise llenar de tu pasión, buscando abrir nuevas puertas a la fe, la luz, la razón. Náufraga de dolor y espera, inicié la incierta singladura, asiéndome sin creer a tu madera en medio de tormenta oscura. Y cuando miraba a tu cielo Iluminado por Tí, mi vigía, me envolviste con terciopelo, hicistes de la noche día.

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Mis velas esmerada zurcistes, fuiste siempre norte y guía, bastión de sinrazones, sonrisa en pena sombría. Esperaste con bendita paciencia a esta marinera abatida, amparando sus temores cuando se veía vencida. De tu mejilla saltaron las lágrimas, para dejar pasar la alegría cuando por fin estuve a tu vera, ¡ESPERANZA, MADRE MÍA!

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Ave MarĂ­a


Ave María Llega la hora de cantar el Ave María de este Pregón, de dar la última chicotá y arriarlo hasta el año que viene, aunque no quisiera que este instante terminara. Quién me iba a decir que un día ocuparía este atril, cuando adolescente te veía entrar en Los Jardines o cuando te vi por primera vez desde los ojos redondeados de mi antifaz. Mucho menos podía imaginarme la profunda contradicción que crearía en mí, porque siendo este un año que hubiese querido borrar de mi vida, termina con un acontecimiento que espero no abandone mi memoria ni cuando el paso de los años haga mella en mí. No quiero marcharme sin agradeceros, a Tí, Esperanza, y a Tu Divino Hijo Cautivo, la gran familia que me has dado, donde todos somos uno y uno somos todos. Asimismo, por tantos amigos, familia que la vida me ha regalado, en quienes apoyarme y confiar. Tampoco quiero irme sin hacer una petición: que siga encontrándote, que estés siempre presente, que seas mi faro, mi ancla y mi guía, hacer de tu ejemplo una forma de vida. Espero haber recogido y transmitido adecuadamente todos los mensajes de amor que Anabel enviaba a nuestra Esperanza. Lo que no recuerdo es que me diera alguna forma de terminar, tal vez, porque el Pregón no tenga fin, como opinan algunos de mis antecesores. En cualquier caso, como hay que parar por razones de tiempo, pienso que sería bonito finalizar con un poema que bien pudiera comenzar con una estrofa que Ana misma le escribiera a la Reina del Domingo de Ramos. Por eso yo te quiero tanto Virgen morena de pura raza que el Domingo de Ramos paseas en tu palio hermosa derramando aroma y Esperanza por las calles de Dos Hermanas (3)


Tú no tienes esmeraldas, no eres alfarera de Triana, ni eres Virgen coronada, sino de un modesto pueblo, de un barrio en Dos Hermanas, Reina proclamada y de tus hijos el consuelo. No necesitas más títulos, Señora de los Cielos, pero si alguna duda queda, en este rincón rociero, como tu humilde pregonera quiero aclamar tu grandeza: “ESPERANZA DE LOS NAZARENOS” He dicho.

(3) Poema

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de Anabel Varela


Laus Dea El 11 de Noviembre de 2011, con un cielo azul, blancos cirros y un radiante sol, bajo el amparo de Mar铆a de Guadalupe, se inspir贸 el final de este Preg贸n en la poblaci贸n que lleva su nombre.



Pregón a María Santísima de la Esperanza