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(abril-junio 2017)

Cuadernos de cultura crítica y conocimiento

¿ACTUALIDAD DE LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA EN AMÉRICA LATINA? Número coordinado por:

Dídimo Castillo Fernández, Universidad Autónoma del Estado de México

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Dirección Editorial

Jaime Labastida, José María Castro, Adolfo Castañón, Dídimo Castillo y Carlos Díaz Consejo Científico Asesor

Tomás Albaladejo (Universidad Autónoma de Madrid): área Teoría de la Literatura | Enrique Baena (Universidad de Málaga): área Teoría de la Literatura | Anna Busquets (Universitat Oberta de Catalunya): área Bussines, Relaciones Internacionales y Comercio | Nicolás Caparrós (España): área Psicoanálisis | Daniel Cassany (Universitat Pompeu Fabra): área de Didáctica | Adela Cortina (Universitat de València): área Filosofía | Teresa Ferrer Valls (Universitat de Valencia): área Literatura y Teatro | Edward Friedman (Vanderbilt University): área Literatura y Estudios Culturales | Miguel Ángel García (Universidad de Granada): área Literatura) | Javier Garciadiego (UNAM. El Colegio de México): área Historia | Luis Íñigo Madrigal (Chile): área Literatura Colonial | Miguel León-Portilla (UNAM. El Colegio Nacional. México): área Historia, Pensamiento y Literatura Náhualt | Reyes Mate (CSIC. España): área Filosofía, Memoria y Holocausto | Josep Joan Moreso (Universitat Pompeu Fabra): área Derecho y Filosofía | Ricardo O. Moscone (Argentina): área Psicoanálisis | Rosa Navarro Durán (Universitat de Barcelona): área Literatura | Anastasio Ovejero (Universidad de Valladolid): área Psicología Social | Gloria Pérez Salmerón (Biblioteca Nacional. España): área Biblioteconomía y Documentación | Evangelina Rodríguez Cuadros (Universitat de Valencia): área Literatura y Teatro | José Sarukhán (UNAM. México): área Ciencia Naturales. Ecología | Jaime Siles (Universitat de Valencia): área Estudios Clásicos, Poesía y Arte | Lorenzo Silva (España): Escritor | Juan José Solozábal (Universidad Autónoma de Madrid): área Derecho Constitucional | Jenaro Talens (Universitat de Valencia): área Teoría de la Literatura | Jorge Urrutia (Universidad Carlos III de Madrid): área Literatura | Eliseo Valle (University of Virginia-HSP): área Ciencias de la Educación | Teun Van Dijk (Universitat Pompeu Fabra): área Lingüística y Periodismo | José Luis Villacañas (Universidad Complutense de Madrid): área Filosofía Edición y realización Anthropos Editorial, Nariño S.L. Lepant, 241-243, local 2 08013 Barcelona (España) Tel.: (34) 93 697 22 96 comercial@anthropos-editorial.com www.anthropos-editorial.com

Características técnicas Impresión

ISSN: 2385-5150 Formato: 17 x 24 cm Páginas: 208

Lavel Industria Gráfica, S.A. Madrid Depósito legal: B. 15.318-1981

Revista indexada en las siguientes bases de datos: MLA; RESH; ISOC; MIAR; SCOPUS; ULRICH’S; DICE; CIRC; LATINDEX; REDINED; DIALNET; SPI-CSIC Impreso en España - Printed in Spain Todos los derechos reservados. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 917021970/932720447).

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S U M A R I O

PRESENTACIÓN A manera de presentación. Neoliberalismo y pensamiento crítico latinoamericano, Dídimo Castillo Fernández

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LEGADO Y VIGENCIA DE LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA La Teoría Marxista de la Dependencia en el pensamiento de Ruy Mauro Marini, Adrián Sotelo Valencia

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El legado de Ruy Mauro Marini para las ciencias sociales: la economía política del capitalismo dependiente, Carlos Eduardo Martins

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La construcción de paradigmas. Sobre el subdesarrollo y la dependencia, Jaime Osorio

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Vigencia de la Teoría de la Dependencia, Marco A. Gandásegui, hijo

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GLOBALIZACIÓN Y DESARROLLO EN AMÉRICA LATINA ¿Es posible el desarrollo en América Latina, hoy? El nuevo entorno de la «desglobalización», Dídimo Castillo Fernández

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Fallar de nuevo, fallar mejor. Desarrollo nacional contra desarrollo post-político, Silvina M. Romano e Ibán Díaz Parra

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La contribución de Mesoamérica a la ciudad moderna, Felipe González Ortiz

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MARXISMO Y TEORÍA DE LA LIBERACIÓN Los inicios del marxismo en América Latina, Jaime Ornelas Delgado y Adriana Pineda López

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La Filosofía de la Liberación ante los retos del siglo XXI. Una propuesta «desde» América Latina, Abdiel Rodríguez Reyes

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ESTADOS UNIDOS: CONFIGURACIÓN DE UN NUEVO ORDEN MULTIPOLAR Estados Unidos ante las disputas geopolíticas en América Latina, Leandro Morgenfeld

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América Latina y el Caribe en la visión unipolar y el proceso hacia un orden multipolar, Darío Salinas Figueredo y Sergio Tapia López

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El comercio como instrumento de política exterior de Estados Unidos en América Latina: el caso de los Acuerdos de Libre Comercio, Mariana Aparicio Ramírez

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PÁGINAS PARA EL DEBATE Diálogos comprometidos. Propuestas didácticas en torno al teatro de Pedro Salinas, Antonio Martín Ezpeleta

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A manera de presentación. Neoliberalismo y pensamiento crítico latinoamericano DÍDIMO CASTILLO FERNÁNDEZ*

La teoría social latinoamericana tiene sus antecedentes en el legado social y político generado en los entornos de las guerras de independencia a principio y mediados del siglo XIX, y en los proyectos nacionalistas de finales de ese siglo y comienzos del XX. En cierto modo, alcanzó su cúspide en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, con la Teoría del desarrollo y su crítica, planteada por la Teoría de la Dependencia, en el contexto de la industrialización emergente y las contradicciones generadas. Fue un rico periodo de reflexión y debate crítico e institucionalización de las ciencias sociales; particularmente, con la creación de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) en 1950, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en 1957, y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) en 1967, hace exactamente 50 años. Aquella fue una época de grandes debates sobre la modernización, el desarrollo y la dependencia, entre otros temas, y también de crítica marxista a dicha teoría, en la que las ciencias sociales latinoamericanas alcanzaron su plena identidad, al pasar de los enfoques fundados en el interés nacional y el ideal de afirmación de dicho proyecto, al de los intereses contradictorios de clases. Las obras forjadas desde estos marcos de referencia destacaron por su originalidad, coherencia y compromiso con los procesos de transformación social, por su contenido científico y gran sentido humanista. En América Latina las contribuciones que trataron la dependencia, el desarrollo, la modernización, la marginación, entre otros, no tuvieron una matriz teórica única, pero fueron y siguen siendo «insumos» para el debate. Autores como Theotonio Dos Santos, Rui Mauro Marini, Vania Bambirra, André Gunder Frank, Celso Furtado, entre otros, forman parte de esa generación pionera de intelectuales que, como respuesta a los enfoques desarrollistas dominantes en las décadas de 1950 y 1960, impulsaron la llamada Teoría de la Dependencia para explicar las condiciones de subdesarrollo y desigualdad de la región articulada a la dinámica capitalista global, poniendo como idea central las relaciones de explotación y dominación «centro-periferia». En este sentido, la deuda con la Comisión Econó* Sociólogo y demógrafo. Profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de México. Correos electrónicos: didimo99@prodigy.net.mx y didmocastillo fernandez@gmail.com 247

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mica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en cuanto a sus desarrollos teóricos sobre las condiciones sociales del desarrollo económico, su significado y consecuencias sociales marcaron una época de debate y análisis crítico sobre interrogantes aún vigentes. Cabría decir que el contexto (en cierto modo inédito) en el que surgieron originalmente dichas teorizaciones, no estuvo exento de grandes contradicciones: por un lado, permeado por el horizonte de utopía que marcó la revolución cubana y los movimientos sociales que planteaban la transformación social, y, por otro, al tener que enfrentar la instauración de dictaduras altamente represivas en la región. La preocupación fundamental de la Teoría de la Dependencia fue entender a América Latina y ofrecer una explicación de su atraso en el contexto de la sociedad mundial, en relación particularmente con los centros hegemónicos, mediante el análisis de las estructuras económicas, sociales y políticas internas e internacionales. El subdesarrollo de las periferias se definió como la contraparte del desarrollo de los países centrales. Los defensores de la dependencia sostuvieron que la pobreza y el retraso no eran el resultado del supuesto aislamiento y la falta de integración a la sociedad moderna, sino consecuencias de la expansión del capitalismo, que había penetrado todos los aspectos y niveles de la sociedad, clase y grupos sociales. Contrario a los supuestos «integracionistas» de la Teoría del desarrollo, la conocida tesis de André Gunder Frank sostuvo que los satélites experimentan su mayor crecimiento cuando sus vínculos con la metrópoli se debilitan y, a la inversa, las periferias más subdesarrolladas son aquellas que se encuentran estrechamente relacionadas con los centros hegemónicos. De lo que se deduce, además, que ni la expansión capitalista ni las burguesías nacionales, promotoras de la industrialización, ofrecían ni podían ofrecer alternativa alguna para salir del subdesarrollo. La figura del intelectual que se proponía en este contexto era también la contracara del momento anterior. El intelectual funcionario y planificador fue reemplazado por el militante comprometido con el cambio, no ya progresivo, supuesto en la idea de desarrollo, sino revolucionario. Hoy vivimos un momento de cambio de entorno que hace muy oportuna la preocupación y la reflexión desde un contexto nuevo y complejo. ¿Dónde estamos? ¿Qué sigue? El neoliberalismo ha generado muchas crisis yuxtapuestas. El modelo, entendido como un proyecto de clase, no solo desarticuló a la clase trabajadora, también modificó la estructura de las clases dominantes con el debilitamiento de las burguesías nacionales y la instauración de la hegemonía de las burguesías financieras globales. En términos políticos, podríamos decir que el ascenso del neoliberalismo fue el resultado de las derrotas políticas de la izquierda durante la década de 1960, con consecuencias muy similares en los diversos países. En ese periodo la clase capitalista emprendió desde el Estado una fuerte acometida contra el avance social de la clase trabajadora a nivel mundial. Fue una etapa de enérgicas ofensivas contra la clase trabajadora y fracasos de los sectores 247

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populares. La caída del sistema soviético produjo, además, la desaparición del contrapeso político e hizo posible la profundización y expansión de dicho proyecto. Cabe afirmar que los orígenes del neoliberalismo no fueron tecnológicos ni estrictamente económicos, sino políticos y sociales. El fin de la llamada Guerra Fría abrió una nueva etapa de disputa por la hegemonía global por parte de los principales países capitalistas. Habría que decir, además, que gran parte del pensamiento crítico latinoamericano fue creado desde el contexto de las conformaciones nacionales e, inclusive, que algunos de los esfuerzos de contención del neoliberalismo conllevaron formas de reorganización social promovidas desde los Estados nacionales, teniendo como referente a la Nación, a través de los gobiernos progresistas en algunos de los países de la región, aunque no necesariamente siguiendo un patrón único. No obstante, el surgimiento de gobiernos posneoliberales apenas pudo, sin revestirlas, contener las consecuencias más lesivas de la ofensiva neoliberal; ciclo que para algunos se ha cerrado o está por hacerlo. ¿Cuál es el rumbo a seguir? Wallerstein, quien tiene una visión muy crítica pero incierta del momento, diría que «el sistema mundo está en crisis», pero que no observa con claridad el desenlace. La pregunta que salta a escena es la de si hay o no actores para liderar el cambio, lo cual es discutible. La clase trabajadora no se ha recuperado del golpe infringido. En el nuevo contexto neoliberal, se perdió nuevamente la articulación entre el saber profesional y la labor académica propiamente y el trabajo socialmente comprometido, y se generó una falsa dicotomía entre el científico y el político. El «intelectual orgánico», usando la expresión gramsciana, fue desarticulado, cooptado y anulado con la mercantilización del quehacer académico. El momento actual es propicio para la reflexión sobre los escenarios posibles, ante la reemergencia o apertura de la «desglobalización» y, a partir de ella, replantear la vigencia de desarrollos teóricos ulteriores en América Latina. El triunfo de Donald Trump en las elecciones recientes de Estados Unidos plantea muchas interrogantes sin respuestas claras: nos coloca en un escenario de difícil predicción sobre el rumbo que seguirá el país y sobre sus consecuencias para el mundo y, en particular, para América Latina y México. Algunas de esas interrogantes se relacionan con la supuesta «crisis» y cambio del modelo económico globalizador neoliberal y la posible vuelta al modelo proteccionista, centrado en el desarrollo del Estado nacional y los nacionalismos, con el reimpulso del sector industrial y el cambio en las relaciones comerciales interestatales. En este mismo marco, cabría preguntarse si, a partir de dicho cambio, será posible (o no) concebir una nueva forma de Estado de bienestar alternativo, tal como en la fase posterior a la Segunda Guerra Mundial, el cual, a pesar de sus contradicciones inherentes, potenció el desarrollo económico y social en la región, con un importante impacto en la conformación de mercados internos, la creación de empleo, la distribución del ingreso y mejoras en las condiciones de bienestar de la población. 247

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¿Estamos ante el final de la globalización? Álvaro García Linera, gran académico, vicepresidente de Bolivia, afirmó en un reciente artículo que «la globalización ha muerto». El neoliberalismo no es «el» capitalismo, es una de sus formas, un modelo estratégico impulsado a finales de la década de 1970, que intentaba revertir la caída de la tasa de ganancia capitalista, lo que logró a lo largo de más de tres décadas, incluso en las circunstancias de crisis. El modelo no tenía, ni se planteó como objetivo solventar los problemas de bienestar, empleo e ingreso de la población. Así, lo que experimentamos no es el fracaso sino el éxito del modelo neoliberal. Estados Unidos fue un país hegemónico durante el largo periodo que se extendió desde la Segunda Guerra Mundial hasta la entrada del modelo neoliberal, un periodo de auge y consolidación del Estado nacional y el Estado benefactor, en el que se articuló una amplia clase media y una clase trabajadora con posibilidades de ascenso y movilidad social. Fue hegemónico durante el modelo basado en el proteccionismo económico, pero perdió hegemonía con la globalización neoliberal, algo paradójico si se considera que ya se había perdido el contrapeso de la ex Unión Soviética y se proclamaba el fin de la Guerra Fría. No obstante, podría parecer imposible pensar en la reemergencia de un nuevo Estado de bienestar, en circunstancias en las que particularmente el sector de la clase trabajadora no tiene capacidad social y política para asumir un proyecto de desarrollo económico, con contrapeso ante el Estado y la clase capitalista. La desarticulación de estos tres elementos: el Estado nacional, la burguesía industrial y la clase trabajadora, con la adopción del modelo neoliberal, erosionaron los fundamentos básicos sobre los que hasta entonces descansaba el Estado benefactor y la idea de desarrollo promovida en el marco del modelo de sustitución de importaciones. Este número de Anthropos incluye un conjunto de artículos que directa o indirectamente ofrecen elementos para pensar y repensar América Latina en el nuevo contexto, asumiendo o no la vigencia de los enfoques que consideraron críticamente la «inviabilidad» del desarrollo en condiciones de dependencia, y de la dependencia en condiciones de expansión capitalista marcadas por la hegemonía (y crisis de hegemonía) de Estados Unidos. El número se estructura en tres secciones. La primera sección, Legado y vigencia de la Teoría de la Dependencia, se conforma por cuatro trabajos que rescatan, desde una mirada crítica, las aportaciones de autores clásicos latinoamericanos como Ruy Mauro Marini, André Gunder Frank, Agustín Cueva, Raúl Prebisch, entre otros, y la vigencia de sus aportaciones. Incluye los artículos de Adrián Sotelo Valencia, Carlos Eduardo Martins, Jaime Osorio Urbina y Marco A. Gandásegui, hijo. El primer artículo es de Adrián Sotelo Valencia, profesor investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. «La Teoría marxista de la dependencia en el pensamiento de Ruy Mauro Marini» intenta reconstituir y ac247

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tualizar los rasgos centrales de dicha teoría, otorgando a la tesis marinista sobre la superexplotación del trabajo un papel fundamental que explicaría el ciclo del capital de la economía dependiente. Analiza los orígenes de la Teoría de la Dependencia en América Latina, sus principales rasgos teórico-metodológicos, así como sus aportes y vigencia en la explicación del desarrollo y la crisis del sistema capitalista mundial. Con base en su análisis, Sotelo sostiene que el eje rector de la Teoría marxista de la dependencia puede reconstituirse y actualizarse en el marco general del pensamiento marxista del siglo XXI, como la única doctrina y metodología críticas del capitalismo en todas sus modalidades y extensiones frente al conjunto de los paradigmas dominantes. Así, busca erradicar en definitiva la errónea caracterización del pensamiento de Marini de «economicista», y explica cómo su tesis sobre la superexplotación del trabajo se erige como la base estructural del ciclo del capital de la economía dependiente que se desarrolla y reproduce, incluso, con el desarrollo de la productividad del trabajo y de la plusvalía relativa, a tal grado que esta última no logra convertirse en hegemónica en la economía y la sociedad, siendo responsable en parte —junto con la acción del Estado y del capital privado— del subdesarrollo y el atraso que en general caracterizan a nuestras sociedades latinoamericanas. Cercano a esa misma línea, se encuentra el trabajo de Carlos Eduardo Martins, profesor investigador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil, «El legado de Ruy Mauro Marini para las ciencias sociales: la economía política del capitalismo dependiente», donde destaca la importancia de Marini en el análisis del capitalismo dependiente, particularmente de los procesos de explotación y acumulación de capital, a partir de los conceptos de dependencia, superexplotación del trabajo, subimperialismo, Estados de contrainsurgencia y Estados de cuarto poder, y de su pertinencia en el contexto actual de América Latina. En dicho enfoque el concepto de dependencia se distingue de los conceptos de modo de producción y de formación social; la economía se asume como un sistema mundial en desarrollo, que no admite un tratamiento separado, sino, más bien, como totalidad globalmente articulada, que integra y reproduce otras formas de producción. En el siguiente artículo, «La construcción de paradigmas. Sobre el subdesarrollo y la dependencia», Jaime Osorio Urbina, profesor investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, aborda —desde una visión crítica— los problemas del subdesarrollo y la dependencia, a partir de la obra de Raúl Prebisch y Marini. Presenta un amplio análisis de las cuestiones teórico-metodológicas, los residuos sustantivos y las limitaciones de dichas teorías, afirmando la actualidad de sus aportes, con la intención de ofrecer un punto de partida para su reintegración al análisis de algunos de los grandes problemas latinoamericanos, especialmente en momentos en que se vuelve a insistir en las particularidades de la región. 247

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La contribución de Marco A. Gandásegui, hijo, docente de la Universidad de Panamá e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos «Justo Arosemena», «Vigencia de la Teoría de la Dependencia», afirma la necesidad de buscar, en la Teoría de la Dependencia, instrumentos que orienten la acción política —a escala global, pero también regional y por país— en medio de la actual crisis del neoliberalismo. Aunque rescata la vigencia de esta teoría, por ejemplo, en relación con el debate en torno al imperialismo, las estrategias de los sujetos históricos o las maneras en que el centro absorbe los excedentes generados por la periferia, deja abierta la discusión respecto a la utilidad de la Teoría de la Dependencia en el contexto de las contradicciones actuales del sistema capitalista mundial. La segunda sección, Globalización y desarrollo en América Latina, analiza la (in)viabilidad del desarrollo en el contexto de la globalización, sus contradicciones en el marco de los Estados nacionales y los procesos de adaptación y reproducción social y cultural, así como la multiculturalidad ligada a la urbanización moderna; la integran los trabajos de Dídimo Castillo Fernández, Silvina M. Romano e Ibán Díaz Parra, y Felipe González Ortiz. El artículo de Dídimo Castillo Fernández, profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de México, analiza cómo en América Latina la problemática del desarrollo estuvo demarcada por dos grandes momentos: el primero, entre la Segunda Guerra Mundial y finales de la década de 1970, caracterizado por el predominio del Estado de bienestar y, ligado a este, la existencia del proyecto de desarrollo social derivado del pacto entre el Estado, la clase capitalista, particularmente la burguesía industrial, y la clase trabajadora; y, el segundo, iniciado con la adopción del modelo neoliberal, la cancelación y el desmantelamiento institucional del Estado benefactor, la flexibilización, desregulación y precarización del trabajo. Plantea que el modelo neoliberal desplazó, por un lado, al sector capitalista industrial en beneficio del capital financiero y afines y, por el otro, desarticuló a la clase trabajadora. De allí que dado el nuevo entorno de probable «desglobalización», a partir de la crisis del modelo neoliberal, el reimpulso del sector industrial y la vuelta al modelo proteccionista proclamado por Donald Trump en Estados Unidos, y sus consecuencias para América Latina, cabría preguntarse si será posible la vuelta al desarrollo como proyecto social auténtico, alternativo y viable, y si fuera así, ¿cuáles serían los actores sociales que lo promoverían? En «Fallar de nuevo, fallar mejor. Desarrollo nacional contra desarrollo postpolítico», Silvina M. Romano e Ibán Díaz Parra —investigadora del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina, e investigador de la Universidad de Sevilla, Departamento de Geografía Humana, respectivamente— se preguntan cómo es posible que tanto el pensamiento hegemónico como las críticas radicales en el ámbito del desarrollo hayan encontrado su antagonista en el Estado-nación, a lo 247

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que proponen lo que denominan una situación postpolítica, en que el Estado y la noción de desarrollo son reducidos a sus aspectos técnicos, despolitizados y desvinculados de problemáticas estructurales; se abogaría, así, por una forma de «anarquismo» post-estructuralista o neo-anarquismo bastante bien acoplado a los principios predominantes en las políticas de desarrollo. La izquierda, al haber asumido su derrota en el ámbito estructural, limitaría sus batallas a pequeños campos, pareciendo olvidar al Estado y otras instituciones. Al afirmar que la política no se limita a lo institucional, y reivindicando otras agencias fuera de los gobiernos, Romano y Díaz argumentan que la izquierda habría caído en otro reduccionismo que consiste en ignorar un ámbito de la política y un agente de máxima importancia, abriendo el campo para una práctica de desarrollo neoliberal y postpolítica. El siguiente artículo, «La contribución de Mesoamérica a la ciudad moderna», de Felipe González Ortiz, profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de México, reflexiona sobre la articulación entre el proceso metropolitano y la cultura de los pueblos indígenas en el valle central del Estado de México, y afirma que estas últimas contribuyen a dicho proceso, ya que proponen una forma propia de construir el mundo urbano. Así, expone los resultados de su trabajo etnográfico, poniendo especial atención en los dispositivos culturales y colectivos que son movilizados para disminuir las tendencias fragmentarias de la megalópolis, y que buscan, así, proyectar una idea de unidad y similitud de los pueblos frente a actores externos. No obstante, si bien aclara que este fenómeno no trasciende el ámbito cultural, por ejemplo a través de danzas y rituales, enfatiza el mensaje político que se transmite mediante ellos. El tercer bloque, Marxismo y Teoría de la Liberación, reseña la adopción y el desarrollo del pensamiento marxista y los alcances y la vigencia de la Teoría de la Liberación en América Latina. Incluye los artículos de Jaime Ornelas Delgado y Adriana Pineda López, y de Abdiel Rodríguez Reyes. La sección inicia con el trabajo de Jaime Ornelas Delgado y Adriana Pineda López, profesor investigador del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias sobre Desarrollo Regional de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, y alumna del Doctorado en Economía Política del Desarrollo del Centro de Estudios del Desarrollo Económico y Social de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, respectivamente. Bajo el título «Los inicios del marxismo en América Latina», hacen un recuento desde las primeras fases del marxismo y su casi absoluto desconocimiento sobre la situación particular de la región, pasando por el cambio representado por el triunfo de la Revolución socialista en Rusia y la fundación de la Internacional Comunista leninista en que se reconoce que el desarrollo capitalista de Europa occidental no podía darse del mismo modo en aquellos países víctimas de la dominación colonial, como los latinoamericanos, trasladando la revo247

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lución a los países dependientes, colonizados y «atrasados»; para finalizar con una breve semblanza de los aportes del primer verdadero marxista latinoamericano, Carlos Mariátegui, quien desarrollara un análisis marxista propio de la realidad latinoamericana, es decir, un desarrollo teórico propiamente latinoamericano durante las décadas de 1920 y 1930, que se reactivó hasta la aparición de la Teoría de la Dependencia en la década de 1960. Abdiel Rodríguez Reyes, profesor de Filosofía e investigador de la Universidad de Panamá, profundiza en la Teoría de la Liberación en su escrito «La Filosofía de la Liberación ante los retos del siglo XXI. Una propuesta “desde” América Latina». Filosofía de la Liberación, surgida a finales de la década de 1960 como respuesta a la pregunta de si existe una filosofía propia de América Latina. Enfatiza la particularidad de este planteamiento filosófico que sitúa al capitalismo como inherente a la modernidad, y lo distingue de otras críticas como la sociológica y la económica que no se interesan por la crítica a la modernidad por considerarla demasiado abstracta. La Filosofía de la Liberación piensa la liberación en todas sus dimensiones, desde la política hasta la epistemológica, en el ámbito colectivo e individual. La Filosofía de la Liberación es una Ética —campo del saber práctico por excelencia—, entendida esta como antesala de la Política. La cuarta y última sección, Estados Unidos: configuración de un nuevo orden multipolar, analiza la relación entre Estados Unidos y América Latina en el contexto de crisis de hegemonía, reconfiguración de un nuevo orden multipolar y las estrategias de comercialización como instrumentos de política exterior y control sobre la región; la conforman los artículos de Leandro Morgenfeld, Darío Salinas Figueredo y Sergio Tapia, y de Mariana Aparicio Ramírez. Leandro Morgenfeld, docente de la Universidad de Buenos Aires e investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, inicia el bloque con su ensayo «Estados Unidos ante las disputas geopolíticas en América Latina», en el que analiza los dos periodos presidenciales de Barack Obama y su relación con América Latina para entender la posición desde la que Donald Trump asume el poder. Argumenta que, en los últimos años, el poder de Estados Unidos sobre la región ha decrecido, lo que queda demostrado en sus fracasos al intentar desarticular al eje bolivariano, en la creación de un área de libre comercio continental, en su relación con Cuba o en sus políticas de guerra contra las drogas. Así, la hegemonía de Estados Unidos a inicios del siglo XXI no parece estar asegurada; los proyectos de cooperación política e integración alternativa de los llamados «gobiernos progresistas», así como la fuerte presencia de China en la región, ofrecen un panorama complicado. Ante este escenario, argumenta Morgenfeld, el país ha puesto en marcha una ofensiva continental mediante acciones como el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba o una mayor intromisión en Argentina, se buscó recomponer el vínculo político con los gobiernos de la región. 247

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En la misma línea de pensamiento se sitúa el trabajo de Darío Salinas Figueredo y Sergio Tapia López —profesor-investigador emérito de la Universidad Iberoamericana y profesor y asistente de investigación de la misma institución, respectivamente— «América Latina y el Caribe en la visión unipolar y el proceso hacia un orden multipolar», donde se preguntan por las consecuencias que para la región tendrá la política exterior de Estados Unidos, ante un escenario de transición geopolítica que se debate entre la multipolaridad y la unipolaridad de fuerzas intrasistémicas, derivada de un deterioro relativo de la posición política y económica de dicho país. Si bien la política exterior estadounidense sigue enfocada en el control de las políticas internas de los países latinoamericanos y caribeños, la tendencia multipolar del orden mundial podría representar un beneficio para la región, ya que enfatiza la importancia de los foros multilaterales globales que pueden llegar a ser propuestas regionales con sentido de autodeterminación, desmarcadas del control estadounidense. Finalmente, en su artículo «El comercio como instrumento de política exterior de Estados Unidos en América Latina: el caso de los Acuerdos de Libre Comercio», Mariana Aparicio Ramírez, investigadora del Centro de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, analiza la relación entre la política exterior de Estados Unidos y los Acuerdos de Libre Comercio que sostiene con países latinoamericanos, argumentando que una profunda asimetría comercial situaría a dichos países en una dependencia económica de la potencia norteamericana, y podría suponer preferencias y afinidades en temas de política comercial y política exterior. Esto es especialmente evidente para el caso mexicano, en que existe una dependencia al mercado estadounidense. Es difícil suponer lo que sigue a partir de los cambios recientes, pero cualquiera que sea el rumbo, no implicaría una suposición trivial, si se tiene en cuenta que el cambio se plantea desde Estados Unidos, y que los modelos económicos, sociales y políticos prevalecientes en América Latina generalmente o se han impuesto desde el país hegemónico o lo han tenido como referente, de la misma manera que la reflexión y producción teórica para entenderlo. ¿Tiene algo de positivo el cambio supuesto? Quizá mucho más de lo que se dice. En relación con México, el cura Alejandro Solalinde Guerra, defensor de los derechos de los migrantes, dijo: «Trump salvó a México», refiriéndose a que frenó las reformas privatizadoras neoliberales en curso. La experiencia de Estados Unidos nos ofrece, además, la lección clara de lo que implica seguir dicho modelo. La coyuntura podría representar una nueva apertura para reimpulsar el pensamiento crítico o, inclusive, ante la eventual posibilidad de entrar en una fase de supuesta «desglobalización» o vuelta al modelo proteccionista, reivindicar enfoques anteriores o plantearse su vigencia. 247

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Revista Anthropos 247  

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