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Máster en Literatura en la era digital Modulo 2 Literatura Comparada Marzo 2011 María Angélica Agíss

La Llorona: Del mito a la leyenda y de la leyenda al mito Introducción Analizar algunos de los múltiples textos sobre La Llorona, que se cuentan en México y en la América hispanohablante, nos permite explorar la relación de la literatura con otras manifestaciones culturales y descubrir el poder del mito como imaginario social. La Llorona surge de un mito ancestral, se constituye como leyenda literaria y crea un personaje mítico: La Llorona. Representa la leyenda más popular en México y se conoce también en todos los países hispanoamericanos y en el sur de los Estados Unidos de América. Solo basta con teclear el nombre en Google para que aparezcan más de un millón de resultados. Existen un sin número de versiones de la leyenda en prosa, pero también la encontramos en canciones, películas, teatro, imágenes y, por supuesto, en la expresión oral; en ese boca a boca que mantiene vivos los mitos y leyendas. Algunas de sus versiones sostienen nudos temáticos diferentes, sin embargo, la esencia de este mito es precisamente su poder de transformación; las versiones se contradicen pero el llanto las mantiene unidas, ese grito de dolor, el «¡Ayyy, mis hiiiijooos!» Estudiar su origen, el poder de transformación, de identificación y hechizo que ha ejercido a lo largo de muchas generaciones y en diferentes contextos nos lleva a explorar terrenos históricos, socioculturales y literarios. Además, identificar el esquema narrativo base y desde ahí analizar las semejanzas y diferencias en la reescritura del mito, conlleva el estudio de las relaciones intertextuales. Esto es, el texto base pasa a ser un “intertexto” que permite identificar las transformaciones que sufren los “nuevos textos”. Comparar distintas versiones de un texto identificando lo que se pierde y se aumenta en el esquema narrativo base, nos acerca al campo de estudio de la Literatura Comparada. En este análisis de textos vamos a ir encontrando respuestas a preguntas tales como: ¿cómo y dónde surge La Llorona?, ¿cuáles son las ideas temáticas base, y cómo y por qué se han ido transformando? y ¿cuál es la fuerza que la mantiene? El objetivo es identificar qué es lo que hace, une y desune el mito. Esto es, estudiar la esencia y transformaciones advirtiendo lo que se va perdiendo, ganando y lo que se mantiene vivo e inmortal. El trabajo se estructura en cuatro apartados. El primero se dedica a los aspectos conceptuales generales que resultan básicos para establecer el punto de partida: Definición de mito, su

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lugar y caracterización en la literatura y su función en el análisis literario. La leyenda en la literatura; y las diferencias y semejanzas de ésta con el mito. En el segundo, se estudia la estructura base del mito ancestral de La Llorona y las características específicas que adquiere al conformarse como leyenda literaria. Se analizan las transformaciones que sufre identificando los elementos que profundizan, reorientan o invierten el mito de origen en busca de nuevos y diferentes valores o interrogantes. En tercer lugar, se presenta el nudo temático de diversas versiones de la leyenda de La Llorona que se conocen en los diferentes países de América Latina para que, a manera de ejemplo, veamos transformaciones que sufre en otros contextos. En el cuarto, y a manera de ejemplo, se advierten algunas influencias de periodos literarias que contribuyen a convertir a La Llorona en un mito, que se aleja del mito ancestral y de la leyenda misma. Por último, se agrupan conclusiones que nos permiten comprender el poder de La Llorona para diluirse en la irrealidad y trascender en la realidad. I.

Aspectos conceptuales: El mito. El mito y su análisis en la literatura. La leyenda literaria

A. Definición de mito Juan Herrero Cecilia 1 en su articulo: “El mito como intertexto: La reescritura de los mitos en las obras literarias” analiza las diversas definiciones de la palabra mito que aparecen en los diccionarios de uso corriente, encontrando diversas acepciones que comprenden tanto el mundo de las personas y las cosas cotidianas como el literario. El significado, para ella más matizado, lo encuentra y traduce del diccionario francés Le Nouveau Petit Robert (1966) y es el siguiente: “Relato fabuloso transmitido por la tradición, que pone en escena seres que encarnan, bajo una forma simbólica, fuerzas de la naturaleza o aspectos de la condición humana.” La autora, destaca la importancia de estos relatos, mitos ancestrales, como primeras expresiones artísticas que se plasma en palabras y luego en escritura proyectándose en la creación literaria. Estos mitos surgen como respuestas a las preguntas existenciales que se han hecho los hombres en todas las culturas y épocas, sobre, cuál es el origen del universo, la tierra y los seres vivos; cuál es su finalidad, cuál es el sentido de la vida y la muerte. Juan Herrero, de la mano de especialistas que estudian las dimensiones del mito, explica el mecanismo que 1

JUAN Herrero Cecilia, El mito como intertexto: la reescritura de los mitos en las obras literarias, 2006, p. 59

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permite la perpetuación de los mitos a través de esquemas en el inconsciente colectivo de la humanidad. Lo que se puede resumir de la siguiente manera: Los mitos narran una historia “ejemplar” ocurrida en el tiempo de los orígenes, caracterizada por el enfrentamiento entre fuerzas antagónicas, de las que se cree surgió el universo y la humanidad y que se encuentran contenidas tanto en las cosmogonía y teogonía, como entre fuerzas antagónicas propias del ser humano; este origen ancestral y universal les permite situarse por encima del tiempo histórico y actualizar o reformular las respuestas a preguntas y problemáticas en diversos tiempos y contextos. La autora explica que las respuestas narrativas que los mitos ofrecen, en forma de historias imaginarias, no se nutren del pensamiento científico sino de esquemas y arquetipos del inconsciente colectivo de la humanidad. Los personajes se caracterizan por representar fuerzas que rompen el equilibrio de la naturaleza y hacen alusión al destino marcado por la tragedia y fatalidad. Representan

un simbolismo colectivo que se expresa en signos

religiosos, antropológicos o metafísicos y que se dejan ver en las creencias, leyendas y tradiciones culturales de los pueblos. Con estas características identificamos lo que se ha llamado mito ancestral, esta denominación nos permitirá no confundirlo con un concepto de mito más generalizado. El personaje de La Llorona, surge de un mito ancestral en el México prehispánico que toma forma en una leyenda literaria, con el paso de los siglos da vida al personaje mítico de La Llorona. B.

El mito en la literatura: El mito literalizado. El mito literario. Los temas míticos.

Siguiendo a (Brunel 1992 y 1997; Philippe Sellier 1984 André Siganos 1993 y 2005), Juan Herrero distingue la diferencia entre mito literalizado y mito literario. El primero, tiene su origen en un mito ético o religioso ancestral, cuya versión original no se identifica con precisión, éste se reescribe en la historia literaria. Desde aquí el mito de La Llorona se concibe como un mito literalizado. El segundo, mito literario, se crea por un autor en un contexto y para un texto determinado, debido a su temática de alcance mítico y a la fuerza con que la expresa se retoma por otros autores en otras latitudes y momentos históricos, formando así, una conciencia colectiva, un modelo que proyecta un valor simbólico expresado en el personaje principal. La leyenda, entendida como subgénero narrativo, por naturaleza propia, tiene la facultad de inmortalizar a sus personajes, reales o ficticios, como ha sido el caso del personaje de La Llorona, que desde esta perspectiva, reaparece como un mito literario. Volviendo al mito literalizado, se dice, que éste es considerado como tal cuando el mito ancestral toma un enfoque narrativo y argumentativo propio.

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En el caso de La Llorona veremos que el mito ancestral surge en la época prehispánica y que es años después, en la época de la Colonia, cuando se identifica como una leyenda con un argumento propio. A partir de entonces el mito funciona como un intertexto de referencia que es reinterpretado y reformulado. Los “nuevos” textos enfocan el mito desde una perspectiva particular otorgándole un significado propio. Por temas míticos se entienden aquellos temas y/o figuras propios de ciertos géneros literarios que, sin ser característicos de un personaje prototípico, orientan el texto con un valor simbólico. Estos temas responden a inquietudes y preocupaciones ancestrales de muchos pueblos y por tanto son reescritos y enfocados de múltiples maneras por diversos autores en diversas épocas. Ejemplos de estos temas míticos en la literatura fantástica, y que encontramos en la leyenda de La Llorona son: El tema de la muerte enfocado desde una perspectiva sobrenatural; las apariciones; el monstruo u otra figura diabólico con poder sobre la vida o la muerte. C. El análisis del mito en la literatura Analizar qué es lo que ha motivado a reescribir un mito; reconocer el por qué de su poder de identificación y fascinación en diferentes culturas y épocas; apuntar las fuerzas que los hacen inmortales implica el estudio intertextual. Juan Herrero C. plantea que el mito sirve como “intertexto” generador de nuevos textos, que a su vez establecen relaciones de hipertextualidad mismas que les permiten afianzan el mito inicial y su permanencia. Desde esta perspectiva, el mito tiene un tiempo pasado, presente y futuro. “Las semejanzas entre las diversas actualizaciones hacen del mito una especie de intertexto ideal de referencia. Ahora bien, como cada actualización presenta un universo textual específico, ese universo puede ser analizado desde el concepto que Genette designa con el nombre de hipertextualidad, es decir un texto B (“hipertexto”) que reformula a otro texto anterior A (“hipotexto”) sin el cual el texto B no existiría como tal. La relación de hipertextualidad no es de comentario o de cita del texto anterior por el texto nuevo sino que implica una relación de transformación.” (..) las diversas modificaciones introducidas por la reescritura de un mito quedarán pronto asumidas como un espacio mítico global, surgido de la imaginación creadora. Ese espacio mítico global, que se enriquece con cada actualización individual, es percibido por la conciencia colectiva como un esquema simbólico prototípico desde el cual se va iluminando la dimensión problemática del destino y de la experiencia del ser humano”.2

Se conoce como “mitoanálisis” a la tarea de identificar los mitos, estudiar cómo se van transformando o modificando en un momento determinado y la dimensión psicológica o sociológica que puedan tener en un colectivo determinado. 2

Ibid., p. 70

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Por otro lado, se distingue el concepto de “mitocritica” que, sin seguir un mito concreto, apunta a identificar las estructuras míticas, entendidas como “mitemas” dentro de las historias narrativas literarias para analizar el comportamiento de los personajes o las circunstancias que le dan sentido. Juan Herrero Cecilia distingue cuatro perspectivas de enfoque desde las que se puede entender la transformación del mito, mismas que han orientado el análisis de este trabajo, estos son: el texto muestra elementos que profundizan los aspectos constitutivos del mito; el texto muestra elementos que reorientan el esquema base hacia un escenario y una problemática diferente, relacionado con un hecho, lugar, época o visión específica; el texto muestra elementos que modifican el género y/o tono, adoptando un carácter crítico o de parodia para desmitificar el mito; y por último, el texto invierte los elementos que lo constituyen, buscando nuevos y diferentes valores o interrogantes. A continuación, partiendo del mito ancestral del México indígena analizaremos cómo éste, encarnado en La Llorona, se ha profundizado, reorientado, modificado e invertido con el paso del tiempo. D. La leyenda literaria Cabe mencionar, que no resulta sencillo encontrar los límites conceptuales entre leyenda y mito ancestral. Revisando bibliografía sobre el concepto de leyenda, podemos sintetizar diciendo que la literatura define a las leyendas como narraciones tradicionales escritas que se transmiten oralmente; una de sus características fundamentales es que los tema que aborda tienen la intención de explicar algo con un carácter implícito moralizador. Entre sus temas predominan, la explicación de fenómenos naturales (origen, características y destino del: Universo,

elementos naturales,

accidentes geográficos, seres vivos, etc.); creencias

religiosas; hechos culturales, éticos y estéticos de un pueblo. Se valen de un lenguaje y estructura propia y tienen como función implícita representar o unir a una colectividad. Ya veíamos que los mitos ancestrales son narraciones que se caracterizan justo por ofrecer respuestas a preguntas existenciales, por lo que ciertos de estos mitos se convierten en leyendas (mito literalizado). Así como también, la figura/ personaje de una leyenda puede convertirse en un mito (mito literario). La palabra “leyenda” viene del latín “legenda” que significa “lo que ha de ser leído”. Sentencia que implica su necesidad, valor o deber de darse a conocer, de ser leída en voz alta, ser escuchada por un público, ser reproducida oralmente. De ahí que su transmisión sea principalmente oral. Lo que no sería característica intrínseca del mito. Una característica relevante que comparten la leyenda y el mito ancestral es el juego entre los lenguajes simbólicos y literales. En la leyenda, sus elementos imaginarios pretenden

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considerarse como reales o que están basados o ligados a algo verdadero, entendido como real. En el mito ancestral, la intención del narrador es que el lenguaje figurado aparezca como un lenguaje literal, real. Stella Maris Podríguex 3 siguiendo a Génette plantea que las leyendas son los relatos estructurados de las creencias de una determinada comunidad y que se asemejan al mito porque permiten esbozar una historia en la que interactúan elementos fantásticos en la dinámica del hacer cotidiano. Reconoce, en ambos, la función didáctica que cumplen al establecer relaciones antagónicas como: bien-mal, vida-muerte, amor-odio, en la construcción de imaginarios. Por otro lado, podemos advertir que la leyenda presenta un punto de partida que se puede asentar en un mapa y/o en un personaje o etapa histórica determinada; aunque sus transformaciones hagan que el tiempo y los personajes mismos fluctúen, esto es, que los mismos personajes aparezcan en diferentes contextos. En contraposición, el mito ancestral se distingue por su atemporalidad y desarraigo topográfico. Mito ancestral y leyenda se valen del lenguaje simbólico: de la poesía, de las metáforas, de las analogías, comparaciones, hipérbolas, etc. La leyenda no pretende ser compleja, busca sencillez al afincarse en el lenguaje oral y en un ambiente popular, se cultiva principalmente en el terreno de la predicación, la religión, la educación, ya que, como se mencionó, lleva implícita una enseñanza pero desde el sentido común y no desde la lección como lo haría la fábula. En resumen, la leyenda expresa una idea y/o sentimiento que identifica a un colectivo (raza, civilización, nación, grupo particular), por lo que cada cultura ha desarrollado una gran cantidad de relatos que responden a su estructura. Representa

el texto narrativo por

excelencia que invita a ser contado para dar a conocer, exaltar, resaltar y/o recrear, con un lenguaje simbólico y atrayente, un lugar, un hecho, un personaje, dándole un valor didáctico y en ocasiones moral. Respeta una estructura meticulosamente armada para querer ser leída, para ser contada, para creerse fielmente, para reproducirse, para re-escribirse y transformarse. Mitos ancestrales y leyendas son practicas que se encuentran en el origen de la literatura creando y transmitido valores, enseñanzas, creencias, formando imaginarios colectivos que definen conceptos e identidades.

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Rodríguez Tapia, Stella M y Verduzco Argüelles, Ignacio “La Llorona: Análisis literario simbólico”, 2009, p. 306.

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II.

Del mito prehispánico a la leyenda de La Llorona

A. El mito prehispánico El génesis de La Llorona se encuentra en uno de los mitos cosmogónicos de la herencia prehispánica de los indígenas mexicanos. El concepto del mundo dominado por fuerzas antagónicas sobrenaturales, y desde ahí la necesidad de hacer ritos a los dioses que las representan, es inherente al desarrollo de la vida de los diversos pueblos indígenas. Como sabemos, muchos de los códices prehispánicos en los que los indígenas registraron con lenguajes numéricos, calendáricos y pictóricos estos mitos fueron destruidos en la conquista; la mayor parte de lo que se conoce es la recuperación que hicieron los cronistas españoles y portugueses. Frailes intelectuales que llegaron a México en la conquista y que con el trabajo de “informantes indígenas”, en una mezcla de mito e historia, documentaron y tradujeron la cosmovisión y vida de los antiguos mexicanos. Muy importante en esta reconstrucción es Bernardino de Sahún, fraile franciscano, su trabajo representa una fuente primordial en la reconstrucción de la historia prehispánica de México. Sus textos, contenidos en el Códice Florentino (1578 y 1580) y los Testimonios de Diego Muñoz Camargo titulados, “Historia de Tlaxcala” (1576 y 1591), son fuentes en las que aparece, Chihuacoatl, diosa azteca, asociada, junto con otras representaciones, a la fertilidad. A continuación una cita del texto: “(…) el nombre náhuatl del oeste es cihuatlampan, “el lugar de las mujeres”. Las diosas cihuateteo eran semejantes a la diosa Cihuacoatl, “Culebra de mujer”, o Cihuacoatl Quilaztli, de la que se dice que fue la primera en dar luz, también llamada Ilamateuctli, “Señora Vieja”. Esta diosa tenía forma de mujer, pero con garras de animal y cabeza de calavera. Era patrona de Colhuacan y se la describe también como mujer del dios del infierno. Es la diosa que expresaba la asociación de la tierra con la guerra y la muerte, en contraste con Xochiquetzal- Tlazolteotl que expresaba la sexualidad y la fertilidad. Al llegar el sol al horizonte occidental, entran en la tierra; durante la noche viajaba a lo largo del río del infierno guiado por el dios Xolotl, El Paje”, que actuaba como el perro que ayuda a los muertos a pasar el río. Durante su recorrido por el infierno, el sol recibía el nombre de Tlalchitonatiuh, “Sol de abajo”, y alumbraba el mundo de los muertos hasta que llegaba de nuevo el horizonte oriental, donde los recibían los guerreros que lo acompañaban en su subida al cielo. 4

Hay dos conceptos intrínsicos que guardan relación con este mito de la cosmovisión prehispánica y que resultan necesarios para comprender el mito de origen de La Llorona. El primero es el del sacrificio humano, si bien se encuentra documentado que se sacrificaba a los hombres y mujeres como ofrenda a diversos dioses, el sacrificio para “alimentar con la sangre” a los dioses que representaban al Sol era de los más reconocidos. Adviértase en esta cita la función de este sacrificio como generador de vida. Y la dificultad que tienen los españoles para entender este hecho bajo su visión católica que separa cuerpo y alma.

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LEÓN-PORTILLA, Miguel, Visión de los vencidos, 2007, t.I p. 254

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“El rito general de extraer el corazón de la víctima se entiende porque el corazón era el alma. El sacrificador que arrancaba el corazón del cautivo destinado al sol lo alzaba en sus manos dirigiéndolo al astro (…)” … se relaciona el sacrificio humano con la idea de que las víctimas alimentan a la deidad, sobre todo el corazón y la sangre. Los misioneros españoles repitieron a menudo esta idea de que los dioses, a quienes veían como demonios, comían corazones humanos. Sin embargo, no debe tomarse esto únicamente en un sentido literal o biológico. Se trata de un revigoramiento y renovación de la deidad a la que se incorpora a la víctima que se convierte, ella misma, en parte de la deidad o de su séquito.”5

Esto es, el sacrificio humano, y con él el derramamiento de sangre, juega un papel central como condición para la renovación de vida. Además, representa la posibilidad de pasar a una mejor vida, de convertirse en dios. Los grupos indígenas desarrollaron un culto especial por sus muertos. Culto que está ligado a conceptos que toman un papel determinante en la estructura social, en las practicas cotidianas y forma de vida. La religión dominaba y daba sentido a la vida y muerte, entendidas como una continuidad. En forma esquemática podemos decir que los muchísimos dioses de forma humana o animal formaban parte de la estructura social. La organización social incluía a dioses y hombres y ambos estaban entre vivos y muertos. Los muertos alimentaban a los dioses; a través del sacrificio las personas tenían la posibilidad de pasar a distintos grados sociales. “Los dioses se representan en forma de ídolos; sus sacerdotes y las víctimas que se les sacrifica toman también su forma, y se les trata como al dios mismo. (…) Los sacrificados al dios de la lluvia Tlaloc se convierten en los diosecillos de la lluvia, y los guerreros sacrificados van a servir al sol.” 6

La explicación sobre el origen, presencia, función y destino de la vida se hace en función de la percepción que tienen del sol. Las preguntas que responde el mito plantea la lucha de fuerzas opuestas: sol-luna; luz-oscuridad; noche - día; vida - muerte. El segundo concepto se refiere al papel de las mujeres muertas en el parto. En las culturas maya y mexica, las mujeres muertas en el parto pasan a ser diosas y junto con los que ofrecen sacrificio al Sol y con los guerreros muertos, acompañan al sol en su recorrido por el inframundo combatiendo las fuerzas de la noche: “Las muertas de parto eran entonces equiparadas a los guerreros que morían en el campo de batalla (…) Algunos días del calendario eran especialmente peligrosos porque en ellos, después de dejar al sol en el horizonte, descendían estas diosas a vagar de noche por la tierra, donde se les temía por causar enfermedades a los niños. Estas diosas se encontraban principalmente en las encrucijadas de los caminos y por ese motivo se les construía sus santuarios en esos lugares.” 7

Aquí podemos resaltar que dar a luz es concebido también como una guerra, al morir en la 5

Ibid., p. 255. El Colegio de México. Historia General de México, 1977, p. 240. 7 Ibid., p. 253. 6

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guerra las mujeres se convertían en dioses consiguiendo poderes por los que se les podía temer. Bajo todo este panorama se puede comprender que, ante la invasión de los conquistadores españoles, los indígenas vean a esta diosa, Chihuacóatl, como la voz que advierte a su pueblo la destrucción y renovación de su imperio. En los “Presagio de la venida de los españoles”

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que reúne en orden cronológico textos

que dan testimonio del modo en que interpretaron los mexicas la llegada de los españoles, encontramos otro antecedente del mito ancestral de La Llorona. El texto es el siguiente y aparece con una nota, misma que se cita al final. “Sexto prodigio y señal fue que muchas veces y muchas noches, se oía una voz, anegándose con mucho llanto y grandes sollozos y suspiros: “ – ¡Oh hijos míos! Del todo nos vamos a perder…” e otras veces decía: -¡Oh hijos míos, ¿a dónde os podré llevar y esconder?” 9 (cita) “El texto parece referirse a Cihuacóatl que gritaba y lloraba por la noche. Es éste uno de los antecedentes de la célebre “Llorona.

Con este texto se enriquecen las ideas base que originaron el mito ancestral de La leyenda de La Llorona. El carácter de advertencia, de desesperación y temor ante la tragedia, ante la destrucción de un orden de vida. Las ideas centrales del mito ancestral en síntesis hablan de dualidades representadas en la mujer: vida- muerte; luz- oscuridad; creación-destrucción, representada por la mujer encuentra semejanza con personajes míticos de otras culturas como Hecate (diosa griega de las tierras salvajes, los partos y la hechicería) y Lilith (del folclor judío mesopotámico, primera esposa de Adán). Ambas también símbolos de vida, muerte, destrucción, oscuridad, mundo subterráneo principio y fin. Las ideas base que desde estos relatos dan vida al mito ancestral de La Llorona serían: - Diosa que representa características antagónicas: mujer-animal; vida-muerte; tierra-cielo, mundo-inframundo; noche-día. - Sacrificio humano, y por tanto sangre, como renovación y preservación de vida. Vida y muerte como un concepto inseparable. La muerte con connotaciones positivas en el sentido de ser necesaria para dar vida. - La mujer –madre como anunciadora del caos o la tragedia. - El río (agua) que une los diferentes mundos. Y aquí, también, los perros que ayudan a los muertos a pasar el río. No debemos perder de vista que vida, muerte y sacrificio en la tradición prehispánica

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LEÓN-PORTILLA, Miguel, Visión de los vencidos, 2007, t.I p. Ibid., p. 12.

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representan prácticas y conceptos diferentes en la tradición católica cristiana; la que impera en el México colonial en el que se escribe la leyenda de La Llorona. De ahí que ya podemos advertir elementos que invierten el sentido del mito ancestral buscando nuevos y diferentes valores. B. La leyenda de La Llorona La leyenda de La Llorona aparece en la época de la colonia. Las brutales matanzas, actos de despojo, violencia y destrucción de libros sagrados y de representaciones de dioses que se hicieron en la conquista y colonización, aunado a las acciones de evangelización que recibieron los indígenas, favoreció la creación, difusión y reinterpretación de un sin número de mitos y leyendas. Relatos con una mezcla de simbolismos de creencias indígenas y propios de la religión católica proliferan en la época colonial. Éstos, entre reescrituras y transmisiones orales, fueron recreando ciudades,

costumbres, creencias

y los imaginarios colectivos de los

habitantes de la Nueva España. Estas leyendas mexicanas se caracterizan por el tema de la muerte. Aquí los muertos resucitan, se aparecen como fantasmas, diablos, calaveras que vienen a la tierra para, sobre todo, castigar. Las historias refieren a nombres de calles, casas, conventos y lugares conocidos, tales como parques, lagos, ríos, etc. A estos relatos pertenece La leyenda de La Llorona, de la que, a lo largo de siglos, se han reescrito muchas y diversas versiones dentro y fuera del país. Como hemos comentado, leyendas y tradición oral son dos términos que se incluyen, pues la transmisión, re-producción y afirmación de una leyenda depende, sobre todo, de la palabra, de pasar de boca a boca de generación en generación. Esta doble dependencia de lenguajes (oral-escrito), es, entre otras cosas, muy importante en la fuerza de arraigo y penetración que tienen estas narraciones en la población. Sus reescrituras, y con ellas sus transformaciones, responden

en gran medida a las

características socioculturales del contexto en el que se realizan. Lo que me interesa destacar en este trabajo son las transformaciones que sufre la leyenda de La Llorona como influencia de la historia social y del lenguaje propio de la leyenda literaria. Ana María Morales, en su libro México fantástico10 , reconociendo las fronteras hibridas del término fantástico y entendiéndolo como un discurso de lo maravilloso – “ conglomerado de maneras de expresar en literatura los distintos registros de la realidad y lo posible -” más que

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MORALES, Ana María. México fantástico, 2008

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como un género, o una categoría

estética, apunta que los relatos de

las crónicas del

descubrimiento de la conquista con anécdotas de aparecidos, choques con la normalidad y la rareza, filtrados en milagros y maravillas,

muchos de ellos conocidos como leyendas

tradicionales, son el preámbulo de la creación del cuento de aparecidos del Virreinato y los inicios del México independiente, mismos que de alguna manera representan un antecedentes del cuento fantástico en la literatura mexicana. A continuación, tomando como base la leyenda de La Llorona reescrita por Artemio de Valle Arizpe , en el libro: “Historia, tradiciones y leyendas de calles de México”1936)

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; iré

identificando elementos que la construyen y las transformaciones que se hacen del mito ancestral. Con fines didácticos he dividido la leyenda y su análisis

en cinco grandes párrafos

secuenciales. En cada uno aparece el texto íntegro para no perder el tono y el lenguaje particular tanto de la leyenda como narración literaria, como de la época en la que se escribe. Posteriormente identifico los elementos más significativos de cada párrafo. Primer párrafo: “¿Quién era el osado, que por más valiente que fuera, se atreviese a salir por la calle pasando las diez de la noche? Sonaba la queda en Catedral y todos los habitantes de México echaban cerrojos, fallebas, colanillas, ponían trancas y otras seguras defensas a sus puertas y ventanas. Se encerraban a piedra y lodo. No se atrevían a asomar ni medio ojo siquiera. Hasta los viejos soldados conquistadores, que demostraron bien su valor en la guerra, no trasponían el umbral de su morada al llegar esa hora temible. Amedrentada y poseída del miedo estaba toda la gente; él les había arrebatado el ánimo; era como si trajesen un clavo atravesado en el alma. Los hombres se hallaban cobardes y temerosos; a las mujeres les temblaban las carnes; no podían dar ni un solo paso; se desmayaban o, cuando menos, se iban de las aguas. Los corazones se vestían de temor al oír aquel lamento largo, agudo, que venía de muy lejos e íbase acercando, poco a poco, cargado de dolor. No había entonces un corazón fuerte; a todos, al escuchar ese plañido, los dominaba el miedo, poníales carne de gallina, les erizaba los cabellos, y enfriaba los tuétanos en los huesos. ¿Quién podía vencer la cobardía ante aquel lloro prolongado y lastimero que cruzaba, noche a noche, por toda la ciudad? ¡La Llorona!, clamaban los pasantes entre castañeteos de dientes, y apenas si podían murmurar una breve oración, con mano temblorosa se santiguaban, oprimían sus rosarios, cruces, medallas y escapularios que les colgaban del cuello. En este primer párrafo de la leyenda, podemos reconocer el uso expresivo propio de este tipo de texto, caracterizado por un ritmo que remite al lenguaje oral seduciendo al lector; esto es, crea atracción, suspenso,

complicidad y deseo de entender algo que parece

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VALLE –ARIZPE, Artemio. “Historias de vivos y muertos. Leyendas, tradiciones y sucedidos del México virreinal”,2007 [consulta en línea: http://sepiensa.org.mx/contenidos/l_vivos/l_llorona/index_ll.htm]

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incomprensible (¿Quién era el osado..? ¿Quién podía vencer…? ), este tono interrogante se mantiene en toda la Leyenda. Por otro lado, se reorienta el esquema del mito original al especificar un escenario diferente, relacionado con un lugar, época o visión específica. Se ubica la Catedral de la ciudad de México, se hace referencia al toque de queda que se hacía con las campanas de la catedral para señalar las horas del día y obligación de no salir a determinada hora por temor a lo que pudiera pasar de noche. A los soldados, conquistadores, se les atribuyen calificativos positivos de valor. Las palabras: osado, valiente, atreverse, valor, temible, amedrentaba, poseída del miedo, cargado de dolor, castañeteo de dientes, etc. le dan un ambiente de misterio y miedo. Se integran recursos religiosos de salvación católica para ahuyentar el mal (cruces, rosarios, medallas, etc.), esto es, se induce a la protección. Segundo párrafo: “México estaba aterrorizado por aquellos angustiosos gemidos. Cuando se empezaron a oír, salieron muchos a cerciorarse de quién era el ser que lloraba de ese modo tan plañidero y doloroso. Varias personas afirmaron, desde luego, que era cosa ultraterrena, porque era un llanto humano, a distancia de dos o tres calles se quedaba ahogado, ya no se oía; pero éste traspasaba con su fuerza una gran extensión y llegaba claro, distinto, a todos los oídos con su amarga quejumbre. Salieron no pocos a investigar, y unos murieron de susto, otros quedaron locos de remate y poquísimos hubo que pudieran narrar lo que habían contemplado, entre escalofríos y sobresaltos. Se vieron llenos de terror pechos muy animosos. Una mujer envuelta en un flotante vestido blanco y con el rostro cubierto con velo levísimo que revolaba en torno suyo al fino soplo del viento, cruzaba con lentitud parsimoniosa por varias calles y plazas de la ciudad, unas noches por unas, y otras, por distintas; alzaba los brazos con desesperada angustia, los retorcía en el aire y lanzaba aquel trémulo grito que metía pavuras en todos los pechos. Ese tristísimo ¡ay!, levantábase ondulante y clamoroso en el silencio de la noche, y luego que se desvanecía con su cohorte de ecos lejanos, se volvían a alzar los gemidos en la quietud nocturna, y eran tales que desalentaban cualquier osadía. En cuanto a la estructura como leyenda se agregan elementos propios como son; por un lado, especular sobre la credibilidad o no de lo que ocurre a partir de cambios que sufren las cosas aparentando algo diferente a lo que son. (Varias personas afirmaron, desde luego, que era cosa ultraterrena …) Por el otro, plantearse, desde la historia, el desconocimiento y lo que te puede suceder al intentas romper el misterio (Salieron pocos a investigar, y unos murieron de susto, otros quedaron locos de remate…). En relación al mito, se sitúa nuevamente, el escenario en México y el sentimientos de misterio y terror. Este segundo párrafo, de alguna manera, guarda relación con el mito ancestral en el sentido de poner en duda, a partir de conceptos antagónicos, lo que es La

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Llorona: ultraterrena - humana; víctima - verdugo. Tercer párrafo: “Así, por una calle y luego por otra, rodeaba las plazas y plazuelas, explayando el raudal de sus gemidos; y al final, iba a rematar con el grito más doliente, más cargado de aflicción, en la Plaza Mayor, toda en quietud y en sombras. Allí se arrodillaba esa mujer misteriosa, vuelta hacia el Oriente; inclinábase como besando el suelo y lloraba con grandes ansias, poniendo su ignorado dolor en un alarido largo y penetrante; después se iba ya en silencio, despaciosamente, hasta que llegaba al lago, y en sus orillas se perdía; deshacíase en el aire como una vaga niebla, o se sumergía en las aguas; nadie lo llegó a saber; el caso es que allí desaparecía ante los ojos atónitos de quienes habían tenido la valerosa audacia de seguirla, siempre a distancia, eso sí, pues que profundo terror vedada acercarse a aquella mujer extraña que hacía grandes llantos y se deshacía de pena. Esto pasaba noche con noche en México a mediados del siglo XVI, cuando La Llorona, como dio en llamársele, henchía el aire de clamores sinfín. Las conjeturas y las afirmaciones iban y venían por la ciudad. Unos creían una cosa, y otros, otra muy distinta, pero cada quien aseguraba que lo que decía era la verdad pura, y que, por lo tanto, deberíasele dar entera fe. En cuanto a características propias de la leyenda aquí quisiera hacer especial mención al uso del lenguaje poético: encontramos imágenes metafóricas (un flotante vestido blanco, deshacíase en el aire como una vaga niebla); un manejo determinado de la sintaxis para provocar sensaciones (Ese tristísimo ¡ay!); uso de adjetivaciones especiales (levantábase ondulante y clamoroso en el silencio de la noche). También podemos observar claramente su intención didáctica de reflexión y de credibilidad (Las conjeturas y las afirmaciones iban y venían por la ciudad.(…) pero cada quien aseguraba que lo que decía era la verdad pura y que por lo tanto deberíasele dar entera fe). En cuanto al mito , vemos que las referencias de lugar y tiempo se amplían. Se hace referencia a las dos épocas, la prehispánica y la colonial. No es casual que se sitúe en el siglo XVI, que sabemos marcado por la disminución dramática de la población del Valle de México. Del lugar se hace referencia a la Plaza Mayor, que alude al lugar en el que se encontraba el Templo Mayor destruido por los españoles y en donde edificaron la Catedral católica; se habla del Oriente que es la misma referencia que se da en el mito prehispánico, y el lago que también podría hacer alusión al lugar de asentamiento de los mexicas. Cabe mencionar que el río u otros elementos de agua (lagos, fuentes, piletas) aparecerán en casi todas las versiones de La Lorona. En resumen, aquí va quedando patente la mezcla de los elementos de espacio y tiempo de dos culturas. El personaje de La Llorona toma un carácter ambiguo, se juega con una doble personalidad: parece benigna pero es maligna o es maligna pero parece benigna; aterroriza pero llora. Se insinúa la angustia inicial del presagio funesto de los aztecas, pero ya no es un

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temor a perder el orden, ni es el sacrificio de purificación para renovar la vida. Es la pena inconsolable de haber perdido, es la derrota. Quizá, la reflexión de la conquista. Se pone énfasis en que se le dio el nombre de La Llorona, esto es, el nombre nombra la acción, llora la pena. Así se van modificando los símbolos iniciales del mito e implícitamente van predominando significados religiosos de la iglesia católica. Cuarto párrafo: Con certidumbre y firmeza aseguraban muchos que esa mujer había muerto lejos del esposo a quien amaba con fuerte amor, y que venía a verle, llorando sin linaje de alivio, porque ya estaba casado, y que de ella borró todo recuerdo; varios afirmaban que no pudo lograr desposarse nunca con el buen caballero a quien quería, pues la muerte no la dejó darle su mano, y que solo a mirarlo tornaba a este bajo mundo, llorando desesperada porque él andaba perdido entre vicios; muchos referían que era una desdichada viuda que se lamentaba así porque sus huérfanos estaban sumidos en lo más negro de la desgracia, sin lograr ayuda de nadie; no pocos eran los que sostenían que era una pobre madre a quien le asesinaron todos los hijos, y que salía de la tumba a hacerles el planto; gran número de gentes estaban en la firme creencia de que había sido una esposa infiel y que, como no hallaba quietud ni paz en la otra vida, volvía a la tierra a llorar de arrepentimiento, perdidas las esperanzas de alcanzar perdón; o bien numerosas personas contaban que un marido celoso le acabó con un puñal la existencia tranquila que llevaba, empujado sólo por sospechas injustas; y no faltaba quien estuviese persuadido de que la tal Llorona no era otra sino la célebre doña Marina, la hermosa Malinche, manceba de Hernán Cortés, que venía a este suelo con permisión divina a henchir el aire de clamores, en señal de un gran arrepentimiento por haber traicionado a los de su raza, poniéndose al lado de los soldados hispanos que tan brutalmente la sometieron. Este párrafo resulta especialmente interesante en cuanto a la temática porque abre nuevas lecturas e interpretaciones al ofrecer explicaciones contando diversas historias, mismas que podemos reconocer en muchas de las reescrituras de La Llorona que se han producido a lo largo de los años. Además, se da fuerza a la interpretación que hace alusión a otro personaje histórico significativo, Doña Marina, conocida como la Malinche (1502-1529), indígena traductora de H. Cortés, a quien se identifica como traidora por colaborar con Cortés en la conquista y a quien, frecuentemente, se asocia con La Llorona. Aquí resulta claro que se invierten los elementos que constituyen el mito original, pues la mujer pasa de ser una diosa que llora anunciando el caos que se avecina a la mujer perversa que se arrepiente de haber contribuido a la destrucción. Aparecen nuevos temas, con nuevas problemáticas y en nuevos contextos. Los parámetros filosóficos y culturales desde los que se escribe corresponden a otra época, imperan las ideas religiosas y místicas acuñados en la colonización española, en donde hay una separación tajante entre cuerpo y alma, y la idea de pecado y salvación divina como móvil de vida.

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Los españoles al evangelizar a los indígenas destruyeron esta unidad religiosa e impusieron la religión católica con otro concepto de dios, de la vida y la muerte. Sin embargo quedaron los mitos e historia de los dioses como un inconsciente colectivo que se mezcla y da origen a nuevas formas de expresión religiosa y artística, por ejemplo, la celebración del Día de Muertos. La Revolución Mexicana tuvo como idea filosófica la unidad y “autenticidad” de lo mexicano. Se buscaba algo que uniera a los mexicanos y nos hiciera únicos; desde aquí se promueve el culto a los muertos como algo “especial único” de México; como típicos ejemplos el trabajo de Diego Rivera y Frida Kalo, ésta representada también en La Llorona Desde aquí, el matrimonio y los hijos representan la única posibilidad de consumación del amor carnal, los hijos son pureza y el matrimonio va más allá de la muerte. El deseo y atracción sexual son juzgados y castigados como pecado, las relación amorosa se asocian a sentimientos de celos,

venganza,

locura,

traición,

olvido, infidelidad, perdón, honra,

ambición. Todos estos temas que aparecen como argumento en versiones de La Llorona. En este cuarto párrafo de la leyenda

podemos identificar

por orden de aparición las

siguientes explicaciones temáticas al llanto de La Llorona, mismas que como mencionamos, funcionan como hipertextos de muchas otras reescrituras: 1. Muerta que pena y llora a causa de la infidelidad del marido. Se destaca la desgracia en la que han caído él y los hijos. 2. Viuda que lamenta que sus huérfanos hayan caído en la desgracia y no tengan ayuda. 3. Muerta que pena lamentando el asesinato de sus hijos. 4. Muerta que por haber sido infiel no halla paz, llora de arrepentimiento y por no tener esperanzas de perdón. 5. Mujer asesinada injustamente y con violencia por un marido celoso. 6. Mujer indígena que llora de arrepentimiento por haber traicionado a su raza y ayudado en su destrucción. Aquí queda patente que el mismo personaje encarna tanto a la mujer víctima como a la culpable. Constantes en las versiones es la mujer y la muerte como símbolo de sufrimiento. El texto prototipo de leyenda le permite dar ese tono de misterio e interrogante de abrir posibilidades en las que se cruzan los opuestos, en donde el personaje pierde su identidad y se adapta a las circunstancias. La Llorona puede ser una mujer indígena o mestiza;

víctima o

culpable; estar enamorada y ser correspondida o ser rechazada y traicionada. Matices que dan la fuerza al personaje al adaptarse a contextos específicos. Es interesante observar que solo en una de estas versiones aparece La Llorona como la persona que da muerte a los hijos, en el papel de la Malinche, sin embargo, una de las

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versiones más conocida es la de la mujer que llora de arrepentimiento por haber matado a sus hijos. Quinto párrafo: No sólo por la ciudad de México andaba esta mujer extraña, sino que se le veía en varias poblaciones del reino. Atravesaba, blanca y doliente, por los campos solitarios; ante su presencia se espantaba el ganado, corría la desbandada como si lo persiguiesen; a lo largo de los caminos llenos de luna, pasaba su grito; escuchabase su quejumbre lastimera entre el vasto rumor de mar de los árboles de los bosques; se la miraba cruzar, llena de desesperación, por la aridez de los cerros; la habían visto echada al pie de las cruces que se alzaban en montañas y senderos; caminaba por veredas desviadas, y sentábase en una peña a sollozar; salía misteriosa, de las grutas, de las cuevas en que vivían las feroces animalias del monte; caminaba lenta por las orillas de los ríos, sumando sus gemidos con el rumor sin fin del agua. Esta conseja es antiquísima en México; existía ya cuando los conquistadores entraron en la gran Tenochtitlan de Moctezuma, pues fray Bernardino de Sahagún al hablar de la diosa Cihuacoatl, en el capítulo IV, del libro I de su Historia General de las cosas de Nueva España, escribe "que aparecía muchas veces como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en Palacio; decían también que de noche voceaba y bramaba en el aire... Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de tal manera que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente", y en el libro XI pone, además, al en numerar los agüeros con los que se anunció en México la llegada de los españoles y la destrucción de la ciudad azteca, que el sexto pronóstico fue "que de noche se oyeran voces muchas como de una mujer que angustiada y con lloro decía: ¡Oh, hijos míos, que ya ha llegado vuestra destrucción! Y otras veces decía: ¡Oh, hijos míos¡, ¿dónde os llevaré para que no os acabéis de perder?" Hasta los primeros años del siglo XVII anduvo La Llorona por las calles y campos de México; después desapareció para siempre y no se volvió a oír su gemido largo y angustioso en la quietud de las noches.” Este último párrafo, que funciona como epílogo, le aporta a la leyenda una realidad extrema que le da fuerza para pasar a la historia. Queda patente el recurso que usa la leyenda de aludir a fuentes de información fiables para dar una aparente solidez a la historia, aquí se ofrecen los datos y se cuenta con precisión el mito de origen reforzando el realismo del argumento. En relación a la temática, se amplía y precisa el escenario y tiempo de la leyenda; del lugar, ya no solo se restringe a la ciudad de México, se dice que aparece en el campo, montes, cuevas, etc. Del tiempo, se data su aparición desde antes de la conquista hasta los primeros años del siglo XVII, más de un siglo de pena. Esta mezcla de verdades y mentiras

crea un ambiente de fascinación, misterio,

incomprensibilidad, de alguna manera representa una amenaza e invitación a contarla. Recordemos: Leyenda “lo que se debe decir”, para, en este ir de boca en boca, seguirse transformando, rescribiéndose y formando un imaginario colectivo.

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El personaje de La Llorona, que implica su ambigüedad y transformaciones se convierte en un mito. Es un símbolo en si misma, de lo desconocido, de lo inexplicable de la vida, de lo real y fantástico; de la vida y la muerte, entonces, como en el orígen, del anuncio de la destrucción de un orden. De ahí que podamos encontrar miles de versiones de La Llorona, todas diferentes pero unidas por el llanto, por el grito de pena por los hijos perdidos, asesinados o sacrificados. En todas las versiones aparece el agua, literalmente como fuente de destrucción pero que no puede eludir sus connotaciones simbólicas de vida. Lo literal y lo figurado. Muerte y vida. Fuerzas antagónicas que luchan como en el mito ancestral. En México no hay pueblo, ciudad o colonia en donde no se cuente una versión propia. Si bien sería interesante presentar algunas de estas versiones, he preferido aprovechar la posibilidad que ofrece la Wikipedia,12 de contar con quizá algunas de las versiones más representativas de La Llorona que circulan en los países de América Latina, para presentar la síntesis de diversos argumentos que evidencian transformaciones al mito ancestral. Reconoceremos a La Llorona con otros nombres, en otros contextos, expresando otras preguntas y valores pero manteniendo una esencia. III.

El rastro de La Llorona en América Latina

Argentina Se dice que La Llorona aparece por las noches con una túnica negra y sangre en el rostro lamentándose y llorando por haber ahogado a su hijo en un río. Quien la ve o la escucha puede volverse loco. Chile Se le conoce también como La Pecullén; se aparece como fantasma vestido de blanco, la puede ver gente cercana a la muerte o con habilidades especiales y los animales. Llora porque le quitaron a sus hijos pequeños; aunque también se dice que perdió a sus hijos por descuido y roba niños confundiéndolos con los suyos. Además, guía a los muertos, con sus pasos y llanto en el camino al más allá. Llora por todos los familiares, consolando la perdida y evitando que el muerto ande en pena. Otras versiones en este país son: “La Llorona del puente Lingue”, habla del llanto que se oye al llover de una mujer inconsolable que no dejará de llorar hasta encontrar al hijo que perdió en el puente de un río un día de lluvia torrencial. “La Llorona y el Diablo”. Aquí la mujer asesinada por el diablo, recorre las calles arrastrando cadenas y llorando por sus hijos. La

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http://es.wikipedia.org/wiki/Llorona

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Llorona se casó con el diablo creyéndolo un hombre bueno. Éste la engañó y se comió a los hijos. Ecuador Además de La Llorona que ahoga a su hijo y llora buscándolo, se conoce otra variante: “La dama tapada”. Aquí después de sufrir el engaño y abandono de su esposo, la mujer ahoga al niño en el río, se arrepiente y se echa a buscarlo. Lo encuentra muerto y sin su dedo meñique. Se suicida, desde entonces vaga su alma en pena cortando el meñique a quien se le aparezca. Colombia Se presenta La Llorona como una mujer mayor; feliz casada y con tres hijos, hasta el día en que el marido cae en el vicio del alcohol y la ataca. Ella se defiende y lo mata con un cuchillo. Después, mata a sus niños ahogándolos en el río. Se vuelve loca y se suicida vestida de novia. Su fantasma grita por las calles. Se dice que desde entonces rapta a los niños para llevarlos al mismo río y asesinarlos. Costa Rica La variante aquí es que La Llorona se presenta como una mujer joven y bella que quedó embarazada por la fuerza por un joven rico. La chica se niega a la idea de la madre de vender al hijo para salvar la reputación de la familia. Al nacer el niño lo abandona en una canasta en un río, posteriormente lo busca sin resultado y ella se ahoga en el río. El salvador En este país se dice que La Llorona vaga por las calles de pueblos rurales llorando por sus hijos y tras entrar en la iglesia local desaparece. Sus apariciones y desapariciones causan miedo a la gente. Se lleva las almas a vagar con ella, sobre todo de niños Guatemala Aquí se le conoce también como María. Cambia su apariencia, unos la ven de luto y otros de blanco; aquí se presenta como una mujer que traiciona al marido quedando embarazada, angustiada ahoga al niño. Se aparece en lugares en donde hay agua. Se cree que: ataca a personas solitarias, te libras de ella usando ropa interior al revés, el rezo la ahuyenta pues su grito se acompaña de frío helado. Honduras

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Se dice que es, sobre todo, una tradición famosa en el área rural, se sitúa en los ríos, se aparece a las 12.00 de la noche vestida de blanco, solo a los hombres que dicen ser valientes.

Panamá Se escucha por las noches y casi siempre en las comunidades cerca de los ríos o playas. Se conocen otras dos versiones: “La Tulivieja”, quien era una mujer casada, muy hermosa, joven y parrandera. Un día que su madre no le cuida a su hijo para irse de parranda, se lo lleva y lo deja cerca de un río, la corriente se lo lleva. Arrepentida lo busca. Dios la castiga transformándola en un ser horrible. “La Tepesa”, aquí un español enamora a una hermosa joven indígena y la deja embarazada, para que nadie se entere, la joven escapa hacia las montañas y ahoga al niño en un río. Dios la maldice por lo que llorará por su pecado hasta la eternidad. Uruguay Aparecen dos versiones: “La Llorona del Parque Rivera”, la historia se sitúa en un otoño de lluvia. La Llorona es una joven madre soltera a punto de casarse, quien se pierde con su hijo al salir un día de fuerte viento y lluvia. Aparece el cuerpo de ella pero no del hijo, en las noches de otoño aparece vestida de novia en los alrededores del lago. “La Llorona y los ladrones” Cerca del Parque Rivera, unos ladrones entran a robar. El esposo los sorprende y éstos lo matan con un cuchillo. Su mujer descubre el cadáver y los ladrones la asesinan a ella también. Arrojan los cuerpos a la laguna del parque. Desde entonces se oyen extraños quejidos que vienen de la laguna. “La bufanda de La Llorona” Un hombre se encuentra en el boliche a una hermosa mujer. Después de estar juntos, él decide llevarla a su casa. Como ella tenía mucho frío, él le presta su bufanda. Al otro día, cuando él va a buscar la bufanda, al tocar la puerta sale la madre de la chica, quien le dice que su hija murió hace 20 años a orillas de un río . Él busca la tumba y encuentra la bufanda enroscada en la cruz. Pregunta por todos lados por la chica y todos dicen que es La Llorona. Se entera que se escuchan en su tumba fuertes llantos ya que la chica se suicidó al ver a su esposo muerto en el río. Venezuela La Sayona es un personaje parecido a La Llorona pero se aparece a los hombres parranderos. Es el alma en pena de una mujer joven que tuvo amores con un soldado, queda embarazada dando luz a una niña. El soldado la abandona y ella desesperada mata a la niña. Los vecinos y familiares escuchan su desesperación y la maldicen; ya muerta se convierte en espanto y entra a los poblados llorando y llamando a su hija. Roba a niños que están solos. En otra versión, es

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una muchacha que mata a sus hijos después de dar a luz. Confiesa sus actos al sacerdote del pueblo y su falta de remordimiento. Por consejo de éste, al tener otro hijo le da de mamar antes de matarlo, lo que activa el instinto maternal que le hace sentir culpa. Desde entonces vaga por los campos llorando, buscando a sus hijos y asustando. IV.

La Llorona: El mito

Si bien los cambios en las diversas temáticas de La Llorona seguramente están influidas por los problemas sociales de pobreza y violencia que a lo largo de los siglos han enfrentado estos países, también se pueden notar cambios seguramente influidos por tintes de corrientes literarias que han predominado en diferentes épocas. De manera muy esquemática podríamos identificar: Del periodo barroco, hereda la exaltación de la belleza, pues en muchas versiones se enfatiza la belleza de La Llorona (“Decían que era una mujer guapísima, envolvía su cuerpo con vestido blanco y su cara con un velo finísimo o con sus largos cabellos negros cual la noche; (…) Cuentan que era la mujer más bella que jamás hubieran conocido); el acento en el tema de la angustia de la

muerte y las referencias a aspectos litúrgicos y vidas de santos; así como el uso de figuras retóricas como la metáfora. La influencia del neoclasicismo es innegable, pues en este periodo hay un predominio de la crítica didáctica de corte moralista que propicia la creación de fábulas y leyendas. Sin embargo, más adelante, el romanticismo le

dará un giro y nuevas connotaciones, con su

intención de rescatar lo tradicional, lo histórico, lo regional. Se recurrirá a las leyendas tradicionales pero con la intención de rescatar lo misterioso, los hechos que ocurren fuera de la lógica racional; así como con el deseo de expresar el subjetivismo humano a través de temas como la nostalgia, el amor no correspondido, la desesperación. Qué decir del realismo y naturalismo, en donde los personajes reaccionan ante sus instintos animales, en donde el ambiente miserable domina la conducta y en donde se deja ver un fatalismo. De especial importancia es el modernismo en América Latina, para Ana María Morales 13, las tradiciones y leyendas de la segunda mitad del siglo XIX son puntos de partida del cuento fantástico (maravilloso, milagroso, simbólico, onírico, de fantasía). No solo por la temática sobrenatural, sino por los registros de extrañeza que aparecen en los relatos rompiendo con la “legalidad” de las reglas establecidas en el interior de un texto. La fusión de nacionalismo y fantástico ha sido

una combinación imprescindible en la

literatura hispanoamericana y recordemos que La Llorona se ha identifica con orígenes y nacionalismo.

13

Morales Ana María. Op. Cit .

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Sirva este brevísimo recorrido, que deja fuera muchos momentos e influencias literarias, solo para sorprendernos y comprender cómo es que La Llorona puede aparecer en tan múltiples versiones y géneros artísticos. En ocasiones separándose del mito de origen o de la leyenda literaria, ya es ella un mito, un tipo humano que se identifica, por lo que se presenta: En una canción que habla de una historia de amor y dolor representativa de la época Revolucionaria o ambientando la película sobre la vida de Frida Kahlo http://vimeo.com/7130599 ; o en la clásica película en la que se explota el terror y los poderes ultraterrenales http://www.youtube.com/watch?v=wWXz44PdThI&feature=related ; o en una obra de teatro como parte de los festejos conmemorativos del Bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución mexicana http://www.lalloronamx.com/ ; o en un texto didáctico en el que se enseñan valores de protección ante el deterioro ambiental; o en una novela que presenta el robo de bebés para el tráfico de órganos (La Llorona Marcela Serrano 2008); o ,valiéndose de las nuevas tecnologías, narrada como antes en un podcast: http://sobrenatoral.podomatic.com/entry/2009-11-04T12_54_20-08_00 La respuesta a por qué y cómo se mantiene el poder de La Llorona lo encontramos en esta mezcla de pasado, presente y futuro que solo puede reunir la creación artística.

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Conclusiones -

La Llorona surge de un mito ancestral en el México prehispánico, el poder de fuerzas antagónicas que se representan en este tipo de relatos, aunado a las características propias de la leyenda literaria, la convierten en un texto generador de nuevos argumentos textuales que valiéndose del lenguaje escrito y oral traspasa lugares y tiempos, creando el personaje mítico más arraigado en Hispanoamérica.

-

La leyenda de La Llorona es símbolo puro de mestizaje, no solo en el sentido de unir creencias religiosas indígenas y españolas; sino también, en sentido literario, al

fusionar lenguajes artísticos (narrativos, musicales,

pictóricos, fílmicos), hibridaciones que la nutren y la sostienen como imaginario social. -

Su carácter ambiguo es su esencia y esto le permite seguir representando fuerzas antagónicas de las que surgió el mito: creación-destrucción; díanoche; victima- verdugo; vida-muerte; realidad-fantasía. Y encarnarse en un sin número de historias diversas que profundizan, reorientan, modifican o llegan a invertir el mito ancestral de origen.

-

La Llorona se construye a partir de un mito ancestral, transita espacios populares forjándose como una leyenda literaria y regresa al pueblo encarnada en un mito que, en ocasiones, desconoce sus versiones literarias.

-

La literatura escribe e interpreta la conducta y relaciones sociales, el estudio de los mitos literarios y la literalización de los mitos permite hacer comparaciones textuales que enriquecen al análisis literario y el estudio de la conducta humana.

-

Resulta importante estudiar los mitos a través del análisis literario para reconocer mecanismos que conforman nuestra memoria cultural y que hacen posible perpetuar ideas y sentimientos.

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Bibliografía CASÍO Villegas, Daniel (coord) (1976) Historia general de México, 2 tt, Centro de estudios históricos. El colegio de México. Ediciones Harla. FRANCO Sodja, Carlos (1997): Leyendas Mexicanas de antes y después de la Conquista, México, Editorial EDAMEX. LEÓN-PORTILLA, Miguel (2007): Visión de los vencidos, México, Universidad Autónoma de México. Vigésima novena edición, corregida y aumentada. MORALES, Ana María (2008): México fantástico. Antología del relato fantástico mexicano. El primer siglo, México, Oro de la noche ediciones. CILF MACAZAGA Ordoño, César (1985): Diccionario de Antropología mesoamericana, 2 tt. México, Editorial Innovación. OSEGUERA de Chávez, Lydia (2000): Historia de la literatura latinoamericana, México, Addison Wesley Longman de México. Recursos electrónicos en línea: JUAN HERRERO, Cecilia, “EL mito como intertexto: la reescritura de los mitos en las obras Literarias” [en línea] Localización: Çédille: revista de estudios franceses, ISSN 1699-4949, Nº. 2, 2006 , págs. 58-76 Texto completo (pdf)

http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2215129 [Consultado marzo 2011] RODRÍGUEZ TAPIA, Stella M y Verduzco Argüelles, Ignacio, “La Llorona: Análisis literario simbólico” [en línea]. Universidad Autónoma de Coahuila. Ensayos sobre ciencia ficción y literatura fantástica: actas Primer Congreso Internacional de literatura fantástica y ciencia ficción (1, 2008, Madrid). Teresa López Pellisa y Fernando Ángel Moreno Serrano (eds.). Madrid: Asociación Cultural Xatafi: Universidad Carlos III de Madrid, 2009, p. 306318

<http://e-archivo.uc3m.es/bitstream/10016/8675/1/llorona_LITERATURA_2008.pdf>

[Consulta: marzo 2011] VALLE –ARIZPE, Artemio. “Historias de vivos y muertos. Leyendas, tradiciones y sucedidos del México virreinal”,2007 [consulta en línea: http://sepiensa.org.mx/contenidos/l_vivos/l_llorona/index_ll.htm marzo 2011]

Fuente original: VALLE –ARIZPE, Artemio. “Historias de vivos y muertos. Leyendas, tradiciones y sucedidos del México virreinal”,1936, Biblioteca nueva, Madrid.

Algunas de las versiones de La Llorona consultadas: http://www.mitos-mexicanos.com/leyendas-mexicanas-varias/la-llorona.html

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http://sobrenatoral.podomatic.com/entry/2009-11-04T12_54_20-08_00 http://www.lalloronamx.com/ http://www.oem.com.mx/elsoldelbajio/notas/n1093728.htm http://informanet1.blogspot.com/2008/04/la-llorona-una-obra-de-suspenso-miedo.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Llorona

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La Llorona. Del mito a la leyenda  

Seguimiento de un mito y análisis de un personaje mítico.

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