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Industria Conservera Nº113

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Historia de la industria conservera

Las conservas de pescado en la Guerra Civil española (1ª parte) Mariña López Rodríguez, Museo ANFACO de la Industria Conservera

un enclave estratégico como Galicia, no sólo por su condición de despensa sino también por su situación geográfica, abierta a las comunicaciones por mar con la telegrafía submarina inglesa y alemana establecida con base en Vigo, cuyo puerto era un hervidero de entrada y salida tanto de personas, como de mercancías.

Recientemente a raíz de unas consultas sobre envases o fragmentos de conservas de pescado encontradas en las trincheras de Segres en Lérida, se ha abierto una línea de divulgación sobre la repercusión de la industria conservera gallega en la guerra civil española. Conservas, casquilllos, balas, cartuchos… se descubren en perfecta sintonía, munición para la vida y para la muerte aparecen indisolubles en las entrañas mismas del combate, salpicando las trincheras o abrigos con tintes de hojalata, vestigios enterrados de un conflicto que marco la historia del siglo XX. El frente del Segre, con casi 300 kilómetros desde la desembocadura del rio Segre en Mequinensa hasta el Pirineo, no fue sólo una batalla en la Guerra Civil española sino varias que se fueron sucediendo entre los meses de abril y diciembre de 1938, y que finalmente concluyó con el fin de la resistencia de Barcelona a principios de 1939. La cantidad de envases encontrados en uno y otro bando en este frente y en cualquier otro pone en evidencia el protagonismo de las conservas de pescado en el conflicto y el relevante papel que asumen en épocas de crisis o carestía, en especial durante las guerras como artículo de primerísima necesidad. La disponibilidad, la portabilidad, los nutrientes y la durabilidad de los alimentos enlatados son imprescindibles como menú básico para la dieta de soldados y para las poblaciones sacudidas por los azares belicosos. Galicia cayó en los primeros días después del alzamiento del 18 de julio de 1936 y junto con Castilla, Navarra, Aragón, Cádiz, Cáceres, Ceuta, Melilla, y parte de las Baleares formaron parte del territorio conquistado por el ejército sublevado. Los militares alzados se impusieron en provincias poco pobladas y con baja densidad industrial frente a la zona leal a la República donde quedaron las ciudades más importantes y el tejido industrial a priori más relevante o estratégico para los intereses armamentísticos, sin embargo, la retaguardia peninsular proporciono valiosos recursos. De esta forma el bando autoproclamado “nacionalista” se aseguró desde los inicios de la contienda

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Las infraestructuras industriales se reconvirtieron a la industria militar a instancias supremas del gobierno de Burgos. Los militares rebeldes fueron igual o más intervencionistas que las autoridades republicanas, rápidamente movilizaron la industria de los territorios ocupados a sus intereses, el control de la producción y la regulación del trabajo pasaron a manos del ejército dejando poco margen de maniobra empresarial. El marco general de subordinación de la política económica a la exigencia de ganar la guerra inauguraba una política socioeconómica de rígido control sobre el comercio exterior que el nuevo régimen mantendría hasta 1959. Las guerras, tradicionalmente, son un revulsivo para el consumo de conservas, son periodos de extraordinaria demanda, no en vano el método de conservación por hermeticidad y esterilización nace en el contexto de las contiendas napoleónicas. Los primeros consumidores de conservas fueron soldados, no es extraño entonces el binomio de latas y balas que aparecen en las trincheras, el ying y el yang, junto con otros restos de arqueología industrial, pequeños objetos cargados de historias. La guerra altera definitivamente toda la estructura conocida hasta el momento por la industria conservera, a partir de julio de 1936, el tradicional mercado internacional deja paso al abastecimiento del ejército sublevado y de las poblaciones de los territorios liberados. Con fecha del 10 de agosto de 1936, la Unión de Fabricantes de Conservas de Galicia se dirige por primera vez a sus asociados, con objeto de conocer la cantidad exacta de conservas de sardina que llevan hecho hasta la fecha como donativo con destino las fuerzas del ejército Nacional, así como requerimientos sobre existencias de materias primas disponibles que debían presentar los primeros días del mes o cuando el ejercito así lo solicitaba, algo reiterativo y constante en los años que duró la contienda; el control exhaustivo de la producción. La Intendencia Militar a través de circulares, instancias e inspecciones a las fábricas imponía severas instrucciones de “prohibición absoluta de fabricar para particulares en tanto hubiese compromisos con el ejército pendientes de satisfacer”:i A partir de Enero de 1939 incorporan un inspector nombrado por el ejército para controlar los aspectos de dichos suministros. Cualquiera que no colaborara sería acusado de falta de patriotismo, considerando incursos o delito de auxilio a la rebelión a aquellos fabricantes remisos o retrasados en las entregas que le correspondieran por prorrateos al ejército, incluyendo en graves sanciones. En caso de demostrarse la mínima falwww.anfaco.es


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