1). El laico ha de buscar la secularidad o inserción plena "en el corazón del mundo", es decir, en el orden temporal o ciudad terrena 2). El laico debe ser fermento evangélico con el espíritu de las bienaventuranzas, como exigencias del bautismo y del mandato del amor. 3). El laico debe asumir la responsabilidad específica, como «derecho y deber» que deriva de la peculiar participación en el profetismo, sacerdocio y realeza de Cristo. 4). El laico está enviado a vivir y actuar en comunión eclesial como miembro peculiar del Pueblo de Dios, partícipe “en la misma misión de la Iglesia”
Hacer cada día el mundo más cristiano y más humano. Tiene que conseguir que se respete las leyes divinas, un mundo en el cual reine la justicia, la paz, la comprensión, esto lo conseguirán: Con el testimonio de su vida Con el apostolado Con su influencia en las estructuras
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