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Quebradas de Valparaíso Memoria

social

autoconstruida

Andrea Pino Vásquez Prólogo de Lautaro Ojeda

& Ximena Galleguillos


QUEBRADAS de Valparaíso

Memoria social autoconstruida

Andrea Pino Vásquez Prólogo de Lautaro Ojeda

& Ximena Galleguillos


Región de Valparaíso Convocatoria 2014 FINANCIADO POR: FONDART ÁMBITO REGIONAL DE FINANCIAMIENTO CONVOCATORIA 2014

“El otro patrimonio valorización del patrimonio inmaterial de autoconstrucción en Valparaíso” FOLIO: 55479. EJECUTORA RESPONSABLE: Andrea Pino Vásquez

CO-EJECUTORES: Lautaro Ojeda Ledesma – Ximena Galleguillos Araya.

PATROCINADO POR: CIGIDEN: Centro Nacional de Investigación para la Gestión Integrada de Desastres Naturales, Chile. Universidad Técnica Federico Santa María, Chile. Esta obra presenta un extracto de la tesis doctoral “Habitat informel dans les quebradas de Valparaíso: dynamiques d’appropriation” de Andrea Pino Vásquez defendida en diciembre 2012 en la Université de Bretagne Occidentale en Francia. EDICIÓN Lautaro Ojeda Ledesma

y Andrea Pino Vásquez

CORRECCIÓN DE ESTILO Rubén Dalmazzo Peillard DISEÑO PORTADA Andrea Pino Vásquez DIBUJO PORTADA Jennifer Vera (Quebrada La Rinconada) IMPRESO EN CHILE GRÁFICAS LOM REGISTRO DE PROPIEDAD INTELECTUAL n°250690. “Quebradas de Valparaíso: Memoria social autoconstruida”, Andrea Pino Vásquez. ISBN: n°978-956-358-451-6 ©2012 Andrea Pino Vásquez ©De las imágenes: The British Museum Derechos reservados. Prohibida cualquier forma de reproducción total o parcial de este libro por ningún medio, sea éste electrónico, químico, mecánico, óptico o de fotocopia, sin previa autorización de la autora. Primera edición: 670 ejemplares Santiago, Chile.

Andrea Pino Vásquez

Patrocina:

Quebradas de Valparaíso Memoria social autoconstruida

Financia:

Q


Agradecimientos Este libro está dedicado especialmente a las familias de las quebradas de Valparaíso, quienes sin reparos me abrieron su casa y me permitieron inmiscuirme en su intimidad, en su historia, en su vida y realidad. Mis sinceros agradecimientos a Ximena C., Silvana H., Fernando H., Héctor P., Ernestina G., Doraliza C., María Cristina F., María Lucinda V., Natalia P., María Inés A., Luis L., Jeannette P., Yolanda M., Manuel P., Juana Rosa V., Ana A., Juana N., Trinidad G., Ximena C., Carmen Gloria H., Norman O., Marta C., Nancy A., Valeria P., Ana Julia R., Isidro R., Juana R., Rosa P., María Aurora F., Elizabeth C., Christopher, Juan R., Gloria O., Elena C, Roberto C y Eric C. Además, quiero agradecer a Lautaro Ojeda Ledesma, por su gran ayuda en la edición de este libro y por su compañía incondicional en este proyecto. A Ximena Galleguillos por su colaboración y críticas positivas. A Madalen Malarée, por su colaboración en este proyecto. A Nina Hormazábal, Pablo Sills, Patricio Catalán, Roberto Moris, Rosario Walker, por su apoyo en el proceso de esta investigación durante el año 2014, lo cual, me permitió, entre otras cosas poder terminar este libro. Además, agradecer a mis directores de tesis (2009-2012), Frédérique Chlous-Ducharme y René-Paul Desse, por su comprensión y aliento a transgredir las barreras disciplinarias propias de la arquitectura, para aventurarme en una comprensión e investigación etnológica del territorio. Y finalmente quiero agradecer a toda mi familia.


INDICE

0 1 2 3 4 5 6 7

Introducción: Capítulo: ¿Qué es una quebrada? Capítulo: Relatos de vida Capítulo: Procesos que intervienen en informal de las quebradas. Capítulo: Quebrada-Estado Capítulo: Quebrada-ciudad Capítulo: Quebrada-barrio

Capítulo: Quebrada-casa

Final abierto

la

apropiación


Prólogo

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La quebrada como unidad urbana y su proceso de invisibilización

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1.02.03.04.0-

19 22 22 28

Territorio de estudio, Quebradas de Valparaíso: ¿Qué es una quebrada? ¿Cuántas quebradas hay en Valparaíso? La quebrada y su estado de consolidación Selección de tres quebradas: Las Chanas, La Rinconada, Las Cañas.

1.0- Metodología 2.0- Selección de los informantes 3.0- El hábitat informal de la quebrada como una construcción social.

35 36 39

1.0- Las trayectorias residenciales [hacia una quebrada]

45

1.0- Intervención del Estado: Acción e inacción. 2.0- Vivienda social

62 76

1.0- Acceso a la ciudad 2.0- Movilidad urbana

87 90

1.02.03.04.0-

Arraigo al territorio de las quebradas. Apropiación social que implica un arraigo social Apropiación espacial que implica un arraigo espacial. Participación al interior de la quebrada

103 106 135 159

1.0- La casa como espacio simbólico y físico. 2.0- Valoración de la casa como patrimonio y producto del esfuerzo familiar. 3.0- Representaciones sociales que poseen los habitantes de las quebradas en relación con sus viviendas. 4.0- Representaciones sociales en torno a la idea de la casa. 5.0- Construcción fragmentaria de la casa Germen de la casa autoconstruida 6.0- Conjuntos Residenciales Familiares (CRF): Palimpsesto urbano informal.

180 184

Quebradas, territorios invisibilizados

247

Bibliografía

254

191 194 211 221


Pr Prólogo La presente obra es una síntesis de la tesis doctoral de Andrea Pino Vásquez. Un trabajo minucioso, interdisciplinario, que resultó ser el espejo de una exhaustiva experiencia de campo y de investigación. Más allá de las proporciones escalares del campo de trabajo (doce quebradas de Valparaíso) su trabajo explora el campo de la etnografía, la sociología y la geografía cultural y los aplica en un(os) territorio(s), estigmatizado(s), invisible(s) y desconocido(s) para y por gran parte de la sociedad, haciendo un valioso aporte a su campo disciplinar como arquitecta y urbanista. Su trabajo es un ensayo crítico que visibiliza objetivamente un problema sistémico de la planificación chilena: la falta de integralidad e interrelación en la prospección, comprensión, diseño, ejecución y apropiación del hábitat, formal o informal. En este sentido, no se trata de un inventario de reivindicaciones, deseos y anhelos por las quebradas, sino la puesta en escena de una ciudad real, la ciudad informal. La intensa prospección de las doce quebradas estudiadas y analizadas mediante entrevistas (relatos de vida), encuestas, cartografías georreferenciadas, levantamientos planimétricos de casos paradigmáticos, bien pueden responder a la inquietud planteada por Thierry Paquot en L’espace public frente a la planificación tecnocrática e insensible, quien señala que “raras son las cartografías temporales, suertes de electrocardiogramas del cuerpo urbano, que informan a los planificadores de cómo hacer ciudad [...]. Estos evitarían las urbanizaciones poco graciosas, inhóspitas, brutales, anodinas o sin cualidad y estandarizadas, que desgraciadamente se repiten de forma incesante” (2009: 9899). 7


En Latinoamérica, el acceso a la tierra y a la vivienda representa uno de los principales problemas sociales y Chile no está exento de ello, lo que ha generado una apropiación informal del territorio, la que posee sus propias reglas, espacialidades, imaginarios, representaciones, construcciones y economías (Agier, 1999; Paquot, 2006; Jáuregui, 2008). Este fenómeno alcanza una media de 75% del espacio urbano construido (Montaner & Muxí, 2012), hecho que lo convierte en una de las principales características o paradigmas de la urbanización latinoamericana (Antier, 2005; Fernández, 2008, Agier, 2010). En términos infraestructurales y urbanísticos, actualmente Chile experimenta un crecimiento exponencial. Sin embargo, la lógica de mercado es lo que ha regulado el crecimiento urbano, lo que se ha traducido en un suelo desregulado con altos índices de segregación socio-espacial por localización y en una extrema centralización de recursos en la capital (Santiago). A nivel nacional, la conurbación Valparaíso y Viña del Mar (Chile) posee la mayor cantidad de tomas de terreno, hoy denominados “campamentos”. Esta concentración tiene una directa incidencia en las construcciones sociales y representaciones que se vehiculan en la sociedad porteña, y donde quienes las habitan, construyen y sostienen, históricamente han sido estigmatizados e invisibilizados. La autora sostiene que la apropiación socio-espacial de la quebrada es un proceso evolutivo que vehicula representaciones sociales e imaginarios colectivos, y que se materializa mediante la autoconstrucción y auto-urbanización de su hábitat. Ambas formas de apropiación legitiman y afirman la conciencia y/o inteligencia territorial de sus habitantes, expresada en cuatro territorios de apropiación (Quebrada-Estado, Quebrada-Ciudad, Quebrada-Barrio, Quebrada-Casa), conciencias que se inscriben en las lógicas de las micro resistencias planteadas por Michel De Certeau, generando una compleja red de prácticas microbianas denominada como el “système D” que aquí se plantea como hábitat informal. La autora hace una precisa alusión a Henry Lefebvre cuando define el hábitat informal como una apropiación socio-espacial que se contrapone al “espacio dominado” (Lefebvre, 2009), presentando la arquitectura vernácula como paradigma de dicha contraposición. En este contexto, esta investigación, además de demostrarnos aquel principio, nos permite comprender por qué debemos superar 8


la planificación moderna absolutista, paternalista y autoritaria representada y vehiculada con los Planes Reguladores, dado que hoy la ciudad es per se informal, y que uno de sus principios es la reivindicación del derecho a la ciudad para quienes la habitan y construyen, es decir, sus habitantes. François Ascher (2004) en Los nuevos principios del urbanismo, plantea que el mejoramiento de la calidad de vida urbana se sostiene en una planificación urbana inclusiva y participativa, donde los ciudadanos son los principales actores de dicho mejoramiento (Borja, 2007). Es en este contexto que el concepto de “el derecho a la ciudad” erigido por Henry Lefebvre (1960) se revitaliza y aparece en obras contemporáneas tales como La ciudad conquistada de Jordi Borja (2003); La rue est à nous... tous! de François Ascher y Mireille Apel-Müller (2007); o Rebel cities de David Harvey (2012), que ponen en el centro de la planificación urbana al usuario y, paralelamente a esta tendencia, aparece en experiencias de planificaciones urbanas de ciudades alternativas como Medellín (Colombia), Bogotá (Colombia), Amberes (Bélgica), Río de Janeiro y Curitiba (Brasil). El saber-hacer que esta investigación hace emerger desde sus habitantes, acuña conceptos como soberanía comunitaria, la toma porteña, o los Conjuntos Residenciales Familiares, como puntales para sostener cualquier proceso de planificación urbana integral, es por ello que este libro será de gran utilidad, tanto para las autoridades que toman decisiones, investigadores, planificadores, organismos públicos, estudiantes, pero sobre todo para los usuarios de la ciudad. Lautaro Ojeda L. Ximena Galleguillos Valparaíso, 07-01-2015

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0

Introducción

La quebrada como unidad urbana y su proceso de invisibilización Habitualmente, cuando se habla de Valparaíso, salen a colación sus 42-44 cerros, son su marca registrada; cada uno de ellos posee un nombre y una historia ligada a ese nombre, cada porteño ha transcurrido sus vidas en uno o varios de estos cerros e historias. Sin embargo, ¿qué sucede con las quebradas? ¿Sabemos cuántas son y cuáles son sus nombres? Si bien este libro no busca responder a cabalidad estas dos preguntas, nos interesa exponer el estado de invisibilización y anonimato urbano en que las quebradas han estado por décadas ante un sistema centralizado y una planificación urbana regulatoria y segregadora, un anonimato que sólo se ha revertido ocasionalmente por tragedias que dejan en evidencia lo abandonados y desestimados que están estos territorios de la ciudad. Las quebradas de Valparaíso se configuran como unidades urbanas y constituyen una realidad socio-espacial compleja, en los términos definidos por Guarín Cobos, quien define una unidad urbana como una unidad de análisis “ representada en la porción de espacio urbano que ha construido y habita la Comunidad, por tanto la reconoce y apropia culturalmente como su territorio y lucha por su mejoramiento y consolidación. Es la unidad de identificación de la ciudad hacia el barrio y de sus habitantes hacia este, entendida como el resultado de la articulación de elementos físicos, sociales, económicos, políticos y culturales” (Guarín Cobos, 2003:101). Esta idea de las quebradas como unidad urbana se funda, primariamente, en su identificación como una unidad diferenciada y diferenciable, y parte estructurante de la morfología de la ciudad de Valparaíso. En cuanto confluyen un conjunto de elementos 11


topográficos, biofísicos, sociales y espaciales que la constituyen como un todo reconocible, tanto por sus habitantes como por el resto de los habitantes de Valparaíso. Vicuña Mackenna (1936), en su obra Historia de Valparaíso, cuando hace referencia al primer poblamiento de Valparaíso, menciona que la ciudad está delimitada por la quebrada de Elías (Cumming) y la quebrada Juan Gómez (Carampangue), y las define como los límites extremos de la ciudad. De esta misma manera, en el Censo Nacional de 1813, se mencionan y censan siete quebradas y solo cinco cerros, cada uno de los cuales era identificado en virtud de su nombre y de la ocupación que presentaban. Sin embargo, esta situación se revierte progresivamente en la medida que las quebradas se van ocupando e identificando como espacios de habitación de la clase trabajadora, para luego, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, estas desaparezcan casi en su totalidad de las cartografías oficiales de la ciudad. Un hito importante en este proceso es el terremoto de 1906, el cual generó una visibilización brutal de la “clase obrera” en los espacios públicos del plan de la ciudad, causada por la destrucción de los conventillos donde habitaban, lo cual, propició una migración masiva de las familias hacia las partes altas de los cerros y quebradas (Rubio, 2007). Este proceso histórico de invisibilización socio-espacial de las quebradas de Valparaíso se funda en el imaginario colectivo negativo que se ha construido históricamente en torno a estos territorios. Imaginario que tiene su origen en los relatos de historiadores y viajeros que escribieron sobre Valparaíso y, tangencialmente, se refirieron a las quebradas y las señalaron y las fijaron como los espacios de vida de las clases populares. Max Radiguet en la Revue des deux mondes escribe un artículo titulado “Valparaíso et la société Chilienne”, donde señala que “En el puerto, la ciudad se presenta bajo uno de sus más extraños y siniestros aspectos. Entre los tres cerros se extienden ‘les ravins’ llamadas quebradas. Nada es más miserable que las habitaciones apiñadas en estas quebradas, surcos profundos de la montaña, donde fermentan toda clase de restos impuros. Las casas, bajas y horribles pegadas por un lado al suelo, sostenidas por el otro sobre estacas dispuestas a manera de pilares, escalan desordenadas, sin aproblemarse por la vecindad. Aquí, una puerta se abre sobre un techo; una chimenea vomita torrentes de humo negro en una ventana abierta; allá las cuerdas colgadas soportan 12


harapos, horrorosos andrajos; en fin senderos tortuosos, rotos y solamente indicados por el uso, algunas planchas estrechas y vacilantes, conducen a ciertos antros donde los murciélagos y los Lazzaroni de Valparaíso solo pueden entrar en la noche. Esta parte de la ciudad es, por lo tanto, “el dorado” de los marinos extranjeros” (1847:62). Vicente Carvallo, historiador chileno, refiriéndose a los porteños y a sus viviendas señala que “Por excavaciones hacen pequeños planos en que fabrican sus casas pequeñas y muy incómodas” (Vicuña Mackenna, 1936:104). Ugarte Yávar en su obra Valparaíso 1536-1910. Recopilación histórica, comercial y social escribe que, hacia 1722 “La moralidad en el Puerto era desconocida y las indias, en chinganas establecidas en el fondo de las quebradas, hacían lujo de sus liviandades con la plebe y los marineros de los buques” (1910: 102). Vicuña Mackenna en su obra Historia de Valparaíso, en el segundo tomo, señala que “en el fondo de sus cauces se escondían cien nauseabundas pulperías y chinganas en que los indios y sus hijas servían a la plebe de la bahía el festín de las más repugnantes liviandades” (1936: 534). Edwards Bello (1934), en su obra El bombardeo de Valparaíso y su época, señala que la ciudad de Valparaíso, hacia 1865, mostraba una clara inequidad y segregación socio-espacial y señala que “la ola europea triunfante, va repeliendo hasta las quebradas pobres a los residuos o sobrevivientes de changos, mulatos y mestizos” (Calderón, 2001: 271). El diario El Mercurio del 7 de abril de 1907, escribía en cuanto a la densificación de los cerros de Valparaíso y señalaba que “sin contar las terribles quebradas a donde no se atreve a ir siquiera la policía como la de Los Litres, Las Cañas, La Calaguala y otros barrios extramuros” (Rubio, 2007: 76). Estos relatos, finalmente, se fueron anclando y enraizando poco a poco en el imaginario colectivo de porteños y foráneos y, sobre todo, en los técnicos y profesionales que inciden en la planificación urbana de la ciudad. Sin embargo, las quebradas, en cuanto unidades urbanas, se han constituido como lugares de habitación de un grupo socialmente invisibilizado, pero que, por el contrario, ha sabido desarrollar y consolidar allí su hábitat desde la carencia. Henri Lefebvre en su obra La production de l’espace planteó una diferenciación entre el “espacio dominado” y el “espacio apropiado”, definiendo los espacios dominados como los espacios que fueron transformados por una técnica y una práctica precisa 13


asociadas al poder político, un ejemplo, la arquitectura militar, las fortificaciones, canalizaciones de ríos, etc. y en la época moderna esto estaría representado con la auto-ruta y los edificios de hormigón armado. Y como contraposición, definió el espacio apropiado como “un espacio natural modificado para servir a las necesidades y posibilidades de un grupo (la choza, el iglú, la cabaña)” (2000: 193). En este caso consideramos que el hábitat informal presente en las quebradas es una apropiación socioespacial, que se materializa mediante prácticas autogestionarias, como la autoconstrucción y la auto-urbanización. Para Gasnier, la apropiación es “un uso social, testimonio de una relación estrecha entre los hombres y el espacio para satisfacer diferentes necesidades (exhibición, contestación, sociabilización, reivindicación)” (2004: 53). Esta apropiación socio-espacial de las quebradas se constituye en una ausencia de todo, Moles & Rohmer (1978) afirman que el hombre aprehende el espacio apropiándoselo. En las quebradas es la aprehensión de un territorio no planificado, desestimado e invisibilizado, donde los habitantes han desarrollado variadas formas de asirlo, tomarlo, manejarlo, ordenarlo y consolidarlo. Desde esta perspectiva, contraria al estigma que han cargado por años las quebradas, y en pos de visibilizar sus dinámicas y procesos de apropiación, es que este libro presenta y recurre a sus actores principales, “sus habitantes”, quienes mediante sus relatos evidenciaron y revelaron, desde sus experiencias vividas, sus expectativas y sus proyectos, las representaciones e imaginarios que ellos poseen de estos territorios. Hoy en día, internacionalmente, frente al desarrollo desenfrenado de viviendas por medio de la informalidad, el estudio de este fenómeno (hábitat informal) ha adquirido una real importancia, tanto en las investigaciones urbanas como sociales actuales, donde las temáticas desarrolladas guardan relación con la intención de reintegrar estas formas habitables al medio urbano y, por sobre todo, a la cultura arquitectónica, rescatando sus valores sociales y espaciales, reconociendo el carácter y germen de una auténtica arquitectura local. Autores como Edésio Fernández, John Turner, Jorge Mario Jáuregui, Teolinda Bolívar, Esther Wiesenfeld, Mauricio Hernández, Alicia Lindón & Daniel Hiernaux, Paola Berenstein, Jean Paul Loubes, Michel Agier, Gouverneur, entre otros, consideran que los asentamientos informales latinoamericanos, antes que todo, son una construcción social 14


en permanente evolución. John Turner, ya en los años setenta y a partir de su estudio en Perú, enunciaba que esta forma de producción del hábitat debía ser tomada en consideración para las futuras intervenciones urbanas en la ciudad. Además, que la participación de los usuarios o habitantes era esencial en las políticas de vivienda que pretendían proponer un mejoramiento a este tipo de hábitat. Finalmente, debemos señalar que la investigación en torno a las quebradas y, específicamente, de los asentamientos informales presentes en ellas, aún se encuentra en un estado embrionario. Sólo existen cuatro referencias que abordan el sujeto de manera tangencial: Luis Álvarez (2001), en su artículo “Origen de los espacios públicos en Valparaíso: discurso higienista y las condiciones ambientales en el siglo XIX”; Giulietta Fadda y Alejandra Cortés, investigación FONDECYT 1061179 “Calidad de vida del adulto mayor en el hábitat urbano: estudio del caso de Valparaíso”; Hugo Romero, investigación FONDECYT 1080080 “Sustentabilidad ambiental urbana, justicia socio ambiental y escenarios de calidad de vida futura en las metrópolis de Santiago-Valparaíso y en la ciudad intermedia de Chillán”; Paula Kapstein, en su artículo “Análisis de asentamientos precarios en Valparaíso y su incidencia en el crecimiento urbano” (2004), en el marco de su investigación doctoral “La periferia interior. Un problema de vulnerabilidad no resuelto por el planeamiento urbano en Chile” (2009). De esta manera, la presente investigación aborda exclusivamente el hábitat informal presente en las quebradas de Valparaíso desde la perspectiva de sus habitantes. Sin embargo, ante la reflexión de cómo afrontar el estudio de estos territorios y con el objetivo de entender sus lógicas y procesos de conformación, se determina que solo es posible mediante una mirada interdisciplinaria, con un enfoque cualitativo que movilice, conjuntamente, herramientas de la arquitectura y de la etnología, con el objetivo de asir la mayor cantidad de variables posibles, que nos permitan conocer los procesos sociales y espaciales que influyeron en la ocupación, construcción, transformación y consolidación de estos territorios.

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Figura 1: Quebrada de Sant’Elias Valparaíso, 1834. Conrad Martens. Fuente: The British Museum, numero de orden FI-000668898, 1868, 1114.378AN303554.


Figura 2: Quebrada de San Agustine ValparaĂ­so, 1834. Conrad Martens. Fuente: The British Museum, numero de orden FI-000668904, 1868,1114.372AN303531.


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C a p í t u l o

¿Qué es una quebrada?

1.0- Territorio de estudio, Quebradas de Valparaíso.

Una quebrada, en cuanto unidad geográfica, topográfica e hidrológica, está definida a partir de los cerros que la conforman. Las cimas de los cerros actúan como líneas divisorias de aguas, las cuales separan dos cuencas o micro-cuencas contiguas. Desde esta perspectiva, la quebrada es el conjunto compuesto por el borde superior o divisor de aguas, las laderas y el fondo de la quebrada, como un conjunto natural en equilibrio. Según el glosario de términos geográficos de la biblioteca del Congreso Nacional de Chile, una quebrada es un “lecho seco o de escurrimiento esporádico y efímero, por lo general de gran pendiente”1. Efectivamente, las quebradas de Valparaíso son de escurrimiento esporádico, constituyéndose como micro unidades hidrológicas de origen pluvial2, las cuales, hasta mediados de 18803, constituían las principales fuentes de agua dulce que poseía la ciudad (Vela-Ruiz, 2004). Y estaban cubiertas por un bosque esclerófilo4 exuberante que permitía “incrementar la capacidad de retención hídrica al interior de las cuencas” (Álvarez, 2001: 8). 1 http://siit2.bcn.cl/glosario/index_html 2 La ciudad “disponía de tres importantes quebradas con disposición de agua dulce permanente, necesidad prioritaria para la travesía marinera de la costa chilena. Las Quebradas de Juan Gómez (actual Carampangue), San Francisco, y Elías (actual Tomás Ramos)” (Álvarez, 2001:8). 3 “La gran cobertura de los aguadores, es advertida con preocupación debido a sus eventuales repercusiones sanitarias por la comisión directiva del Servicio Sanitario del Cólera de Santiago, que en 1888 recomienda como medida sanitaria para Valparaíso, “inutilizar para la bebida las aguas de las quebradas y las de los pozos’ “(Vela-Ruiz, 2004:218). Los aguateros o aguadores, eran personas que se dedicaban al transporte y venta de agua en Valparaíso. Su labor era buscar agua en las vertientes de las quebradas de Valparaíso y llevarla a los domicilios y plazas públicas de la ciudad, en dos barriles transportados por caballos o burros. A finales del siglo XIX existían 638 aguateros en Valparaíso. 4 Las quebradas contaban con bosque nativo esclerófilo, compuesto por especies como, “ Litre, Boldo, Peumo, Pataguas, Arrayán, Quillay coexistían con unidades de palmas chilenas” (Álvarez, 2001).

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Sin embargo, en los instrumentos de planificación territorial no existe una definición clara de qué es una quebrada en un contexto urbano. Desde el punto de vista normativo en el cual se encuentran las quebradas de Valparaíso, hoy en día es difuso y escueto, según la Ordenanza Municipal re-difundida en el 2010, del PRV, que en el artículo n°24 define como zona G: aéreas verdes, plazas y paseos-miradores. Según esta zonificación del PRV-O1, las quebradas corresponderían a dicha zona, como lo explicita el artículo n°25, donde se detallan los usos permitidos y los prohibidos de la ZONA G. Como usos permitidos menciona: “áreas verdes, plazas, parques, jardines, paseos miradores, quebradas y en general usos que propendan a la recreación y el esparcimiento, (juegos infantiles) entre otros”. Anteriormente, la Ordenanza difundida el 21 de marzo del 2005, solo se refería a ciertas restricciones que regían en estas áreas de la ciudad; en su artículo 22-d señalaba que: “Las fajas comprendidas dentro de 5m a cada lado del eje de las quebradas graficadas en el plano PRV-01 (modificado por P.I.V.). Deberán permanecer libres de edificación de cualquier tipo, permitiéndose solamente obras de proyección de las aguas lluvias y las propias a la infraestructura vial, incluyendo veredas y paseos peatonales”. De este artículo se subentendía que esta restricción, aplicaba solo para las quebradas graficadas en el PRV-01; sin embargo, aquí cabe preguntarse: ¿y qué sucede con las quebradas que no están graficadas en el PRV-01? ¿Dejan de ser quebradas y, por ende, no aplica tal restricción? A su vez, la Ordenanza re-difundida en marzo de 2011, elimina la explicación del art. 22-d y nos deriva al decreto N°103 del MINVU, el cual modificó el Plan Intercomunal de Valparaíso. Así, en el artículo único del Decreto Nº 103 se señala que: “En los casos en que el escurrimiento de las aguas sea intermitente u ocasional (que es el caso de las quebradas de Valparaíso), la Quebrada estará constituida por su fondo y faldeos laterales que queden incluidos en fajas no inferiores a 30 m horizontales medidos a cada lado de su eje. Estas fajas podrán disminuirse a 15 m horizontales cada una, en el caso que los faldeos correspondientes tengan una pendiente inferior a 40°”5. Tanto a nivel comunal como intercomunal, cada una de las ordenanzas son claras en definir las fajas de restricción en las 5 Plan regulador comunal de Valparaíso, Ordenanza local refundida, 2011, Tipo Norma: Decreto 103 Fecha Publicación: 03-08-1987, Fecha Promulgación: 08-07-1987.

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quebradas, sin embargo, esta medida es insuficiente, si se quiere realizar un manejo integral de estos territorios de las ciudad.

Figura 3: Esquema de una quebrada y las partes que la conforman.

Figura 4: FotografĂ­a quebrada La Rinconada, vista desde Cancha Las Palmeras.

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2.0- ¿Cuántas quebradas hay en Valparaíso? En relación con su compleja topografía, Valparaíso posee al menos 39 quebradas. Estas se despliegan en función de sus 4244 cerros, los cuales, constituyen 10 cuencas hidrológicas (Álvarez, 2001), cada una de las cuales está conformada por varios afluentes o quebradas. Frente a este gran número de quebradas —las cuales han sido siempre percibidas como barreras naturales que fragmentan la ciudad—, se construye el Camino Cintura o Avenida Alemania6, con el objetivo de conectar la casi totalidad de los cerros de Valparaíso. Esta avenida está construida a una altura promedio de 100msnm, y era considerada, a finales del siglo XIX, como el límite urbano de la ciudad, definiendo la periferia o los extramuros de la ciudad (Rubio, 2007).

3.0- La quebrada y su estado de consolidación Las quebradas de Valparaíso, en cuanto unidades hidrológicas, topográficas y urbanas, se extienden desde las cimas más altas de Valparaíso, a la altura del Camino La Pólvora, desde unos 430 metros de altitud (en promedio), hasta su desembocadura en el mar. Consideramos que las quebradas se encuentran claramente fraccionadas en dos tramos, una parte baja “consolidada” y una parte alta “no consolidada”. El estado de consolidación hace referencia al estado urbano actual en el que se encuentran las quebradas, en relación con: la existencia o inexistencia de espacios públicos; con la calidad de las viviendas que allí se erigen; y con el tipo de tenencia de la propiedad privada. Para situarnos territorialmente, al primer tramo lo denominaremos como tramo de las Quebradas Consolidadas, que se extiende desde el pie de cerro hasta el Camino Cintura y/o Avenida Alemania. Todas las quebradas de este tramo están abovedadas y presentan un estado de consolidación con respecto a la trama urbana de la ciudad y al hábitat. Estas quebradas consolidadas muestran un estado de “durcificación” o de solidificación en relación con el espacio construido, con la red viaria y con el suelo natural; 6 Según Víctor Domingo Silva (2004) los trabajos del camino Cintura comenzaron en 1884, y se extendieron por varias décadas, dejando una tramo inconcluso entre el cerro La Rinconada y el Cerro Merced. Tramo que recién hoy comienza a ser tema de discusión, tras el incendio de abril del 2014 y en función del Plan de Reconstrucción.

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este último se encuentra en un estado de impermeabilización extrema. Las laderas de los cerros exhiben una durcificación en relación con su suelo natural, materializado en zócalos en piedra y terrazas en hormigón. Esta zona corresponde a lo que el PRC define como “cerros fundacionales”, primera parte habitada de los cerros. Todos los fondos de quebradas de este tramo comenzaron a ser canalizados a finales del siglo XIX, al momento de la construcción del camino Cintura. Por consecuencia, ellas se constituyen como las principales vías de acceso hacia los cerros. Sin embargo, es de nuestro interés el segundo tramo, el cual llamaremos Quebradas No-consolidadas. Son todas aquellas quebradas que se extienden desde el Camino Cintura —por sobre la cota 100— hacia el sur de la ciudad, limitando con el camino la Pólvora (430 msnm). Como lo mencionamos anteriormente, uno de los indicios de la durcificación o solidificación es la definición de los límites, entre el espacio privado (familiar) y el espacio público (colectivo) de la calle. Por el contrario, las quebradas no consolidadas presentan una durcificación muy baja, la capa vegetal del suelo está aún presente y existe una ausencia de muros de contención y de pavimentos. La red viaria es mayoritariamente en tierra, y la definición de los límites entre la propiedad privada y pública es ambigua, irregular y aleatoria. Es decir, las quebradas presentan un estado seminatural con una considerable degradación ambiental, resultado de la acción antrópica no planificada. Si recorremos todas aquellas quebradas de este segundo tramo, nos percataremos que todas están habitadas, y el hábitat es de carácter mixto, una mezcla de asentamientos formales e informales; sin embargo —y en contradicción con lo anterior—, gran parte de estas áreas de la ciudad son consideradas por el PRC como áreas verdes. En cuanto a las obras hidráulicas, en este tramo las quebradas no están abovedadas; sólo existe un sistema de contención de aguas lluvias mediante muros desarenadores, que suman 37 en total.

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Figura 5: CartografĂ­a de 43 quebradas identificadas.

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Figura 6: CartografĂ­a que muestra la zona de los cerros fundacionales y las quebradas consolidadas versus las quebradas no-consolidadas.

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Figura 7: Cartografía de los 29 cauces subterráneos, y 27 desarenadores situados en diferentes quebradas, Fuente cartográfica D.G.A. I.Municipalidad de Valparaíso.

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Figura 8: Fotografía de dos quebradas, a la derecha quebrada consolidada El Litre y a la izquierda quebrada no consolidada, Las Chanas.

En relación con sus características socio-culturales, las quebradas, históricamente, han sido consideradas como lugares de mala reputación y poco atractivos para vivir, en vista de las deplorables condiciones sanitarias que presentaban a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Sin embargo, esta visión no ha cambiado mucho, ya que hoy aún existe una fuerte estigmatización hacia estos lugares, hacia sus habitantes y, por ende, hacia el hábitat que allí se ha desarrollado. Finalmente, las quebradas hoy día son territorio que se encuentra en un constante proceso de reconfiguración socio-espacial y en un estado de indefinición en relación con las normativas e instrumentos de planificación, ya que estos últimos son escuetos en referirse a la forma en que las quebradas deberían ser manejadas.

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4.0- Selección de tres quebradas: Las Chanas, La Rinconada, Las Cañas. En función del gran número de quebradas existentes, se realizaron dos selecciones sucesivas. Inicialmente se identificaron doce grandes quebradas no consolidadas, las cuales poseen sus respectivas ramificaciones de afluentes entre diferentes cerros. Estas quebradas se sitúan entre el Camino Cintura y/o Avenida Alemania y el Camino La Pólvora. La selección de estas doce quebradas está determinada principalmente por su accesibilidad. Cada una de ellas está directamente conectada hacia el norte con la Avenida Alemania o Camino Cintura, que se constituyen como su principal vía de acceso y las interconecta con la trama urbana consolidada de la ciudad. Luego de esta primera selección, se reconoce que estas doce quebradas poseen claras diferencias con respecto a su estado de consolidación urbana, y es a partir de esta constatación que se definen tres niveles de consolidación.

4.1- Criterios de selección de las tres quebradas

Las quebradas presentan diferencias y similitudes entre ellas, en relación con el estado de consolidación y con su organización urbana. Para poder definir estas diferencias y similitudes se analizan cuatro aspectos en cada quebrada, aspectos que nos permitieron clasificar las 12 quebradas: tipo de tenencia del sitio, conectividad y red viaria, calidad y apariencia estética de la vivienda, degradación ambiental y contaminación. a. Tipo de tenencia del sitio o lote: se evalúa y catastra la propiedad privada y se identifican los lotes regulares y los irregulares. b. Conectividad y organización de la red viaria: se evalúa la movilidad de cada quebrada a partir de la conectividad que cada una posee en relación con tres escalas: a escala macro, con el plan de la ciudad; a escala meso, con los cerros y barrios aledaños; y a escala micro, conectividad al interior de la quebrada. Se evaluó la existencia y estado de accesos peatonales y vehiculares, y si estos formaban parte de una red interconectada. Por ejemplo, en algunas quebradas solo existen accesos peatonales en tierra y en otras existen calles pavimentadas. c. Calidad y apariencia estética de las viviendas: En relación 28


con los materiales utilizados y con la superficie construida, se evaluó las características materiales de las viviendas y sus técnicas constructivas, así como los diferentes materiales empleados. Por ejemplo, algunas quebradas exhiben viviendas en albañilería armada, mientras que otras viviendas son muy precarias con materiales de recuperación. d. Degradación ambiental y contaminación: generada por la carencia de redes de alcantarillado para la totalidad de las viviendas existentes, y por la presencia de micro basurales. Por lo tanto, los cuatro aspectos analizados en cada una de las 12 quebradas, definen tres niveles de consolidación. 1-Consolidación primaria: Corresponde a la construcción del refugio básico, que asegura la tenencia del sitio. La construcción de la vivienda está poco desarrollada, suele ser una pieza o una mediagua, construidas con materiales de recuperación y que da cobijo a toda la familia. En una sola pieza se desarrollan todas las actividades de la vida cotidiana. Normalmente, las quebradas en estado primario carecen de uno o más servicios básicos y la conectividad al interior de la quebrada es mala. 2-Consolidación secundaria: Implica la evolución, incremento y mejora del refugio básico, generado por la necesidad de mejorar la calidad de vida; es la etapa donde habitualmente se asegura la tenencia del sitio, es decir, se busca su regularización. Habitualmente, en las quebradas de consolidación secundaria, un porcentaje de las viviendas carece solo de un servicio básico (red de alcantarillado), y la conectividad al interior de ellas es regular. 3-Consolidación terciaria: La consolidación se revela tanto a nivel de la vivienda, como del espacio público, el cual logra consolidarse mediante la autogestión de los habitantes. Es decir, existe una preocupación de cómo acceder a la vivienda y cómo esta se conecta con la ciudad. La vivienda presenta mejoras tanto a nivel estructural como material, expresado en la uniformidad de los materiales utilizados. Existe una preocupación por el entorno inmediato a la vivienda, lo cual influye directamente en la consolidación de los espacios públicos. En esta etapa se implementan, por lo tanto, la totalidad de los servicios básicos y la conectividad al interior de la quebrada es buena. A partir de lo anterior, se clasifican las 12 quebradas según su nivel de consolidación, para luego seleccionar tres quebradas representativas de cada uno de los niveles. La Rinconada 29


(consolidación primaria), Las Chanas (consolidación secundaria), Las Cañas (consolidación terciaria).

4.1.1- Quebrada La Rinconada. Consolidación primaria

Esta quebrada recibe variados nombres: La Rinconada, Pocuro y Las Palmeras, este último relacionado con las cinco palmeras que se encuentran ubicadas a la altura de la Avenida Alemania, a un costado del Fundo Pajonal. La Rinconada forma parte de la cuenca Uruguay y desemboca en el cauce Uruguay. Se sitúa entre los cerros Las Cañas hacia el oeste y los cerros La Virgen y La Merced hacia el este, conectándose directamente con la avenida Alemania hacia el norte, y hacia el sur con el cerro Pajonal. Desde el punto de vista de la planificación urbana, la quebrada se sitúa en una zona limítrofe, ya que por el fondo de esta quebrada, actualmente pasa la línea imaginaria que define el límite urbano de Valparaíso, dejando la mitad de esta quebrada en zona urbana y su otra mitad en zona rural (límite urbano que, seguramente, será modificado en función de nuevos proyectos inmobiliarios que se llevarán a cabo en el fundo Pajonal). -Tipo de tenencia de los lotes. Esta quebrada presenta un 70% de irregularidad con respecto al tipo de tenencia de los lotes. Podemos decir que es la quebrada menos consolidada de toda la ciudad, lo que se evidencia en la precariedad constructiva de las viviendas y en la mala calidad de la conectividad al interior de la quebrada. -Conectividad y organización de la red viaria. El mayor problema es la conectividad intra-quebrada, debido al mal estado de calles, pasajes y escaleras, los cuales son en su totalidad de tierra y, por ende, dificultan la movilidad de los habitantes en épocas de lluvias. Por el contrario, la conectividad con el resto de la ciudad es beneficiosa, ya que la quebrada está muy próxima al centro de la ciudad y, por ende, las familias pueden descender al plan a pie o en locomoción colectiva. -Calidad y apariencia estética de las viviendas. Antes del incendio del 2014, las viviendas eran muy precarias, construidas, en su mayoría, con materiales de recuperación en un estado primigenio de pieza o mediaguas. Hoy las viviendas han sido reconstruidas por sus propietarios y presentan mejoras significativas con respecto a la calidad constructiva, a los materiales y al tamaño de las viviendas. -Degradación ambiental y contaminación. La Rinconada se 30


sitúa en un sector donde aún existía, antes del incendio, una exuberante vegetación, debido a que los terrenos colindantes son dos fundos privadas: el Fundo Pajonal y el Fundo Santa Rosa de Pajonal. Característica que se reveló como una gran amenaza a la hora del incendio de abril del 2014, porque al no existir regulación sobre la distancia mínima entre áreas boscosas y áreas habitadas, el incendio se propagó rápidamente hacia el sector de las viviendas, lo que generó una degradación ambiental significativa.

4.1.2- Quebrada Las Chanas. Consolidación secundaria

La quebrada Las Chanas recibe variados nombres: Las Chanas, los Chanos y San Francisco. Forma parte de la cuenca CajillaClave y es una de sus ramificaciones en conjunto con la quebrada San Francisco. Se sitúa entre los cerros Cordillera hacia el oeste y el cerro Chaparro hacia el este, conectándose hacia el norte con el camino Cintura y hacia el sur con el cerro Playa Ancha. Ambas quebradas (Las Chanas y San Francisco), se encauzan desde el camino Cintura hacia el mar por medio de un sistema de cauces subterráneos, los cuales derivan en el plan, en el cauce Cajilla-Clave7. Las calles que se sitúan en las cimas de los cerros que conforman esta quebrada, definen su límite superior, constituyéndose como un Borde Cornisa, que desde el punto de vista geográfico se constituye como el divisor de aguas. Estos límites son: Hacia el sur está definido por las calles Levarte y Gumercindo Díaz Reyes sobre la curva de nivel 250. Hacia el oeste, el límite queda definido por la calle Vapor Biobío y Detective Barahona, descendiendo desde la curva 250 hasta la curva 180. Hacia el este, el límite queda definido con la calle Cañería, calle 5 y calle Uno, descendiendo desde la curva 250 hasta la curva 100. -Tipo de tenencia del sitio o lote. Esta quebrada presenta 30% de irregularidad con respecto al tipo de tenencia de los lotes. -Conectividad y organización de la red viaria. La quebrada a nivel macro está conectada con el resto de la ciudad; su problema mayor es la conectividad intra-quebrada, ya que solo existen accesos peatonales, senderos, pasajes y escaleras y no hay conectividad entre laderas. 7 Los nombres de los cauces están determinados por la calle que definen. Recordemos que al momento de canalizar las quebradas estas se convirtieron en las principales calles que atraviesan transversalmente el plan litoral.

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-Calidad y apariencia estética de las viviendas. En relación con la calidad constructiva, la mayoría de las viviendas presenta una buena calidad; sin embargo, en relación con la estética, estas aparentemente son muy antiguas y con poca mantención. -Degradación ambiental y contaminación. En cuanto a la degradación ambiental, la quebrada presenta una grave contaminación por aguas servidas, debido a que alrededor del 40% de las viviendas no está conectada al sistema de alcantarillado.

4.1.3- Quebrada Las Cañas. Consolidación terciaria

La quebrada Las Cañas forma parte de la cuenca Uruguay y desemboca en el cauce del mismo nombre. Se sitúa entre los cerros El Litre hacia el oeste y el cerro Las Cañas hacia el este, conectándose directamente con la avenida Alemania hacia el norte, y hacia el sur con el cerro Las Cañas. La quebrada queda definida y delimitada, en su borde superior, por las calles situadas en las líneas divisorias de aguas de los cerros que la conforman. Estas son: al este encontramos las calles Demóstenes y La escalera los Obreros; al oeste la calle La Fontaine y hacia el sur, la calle Los Chonos, desde donde comienza esta quebrada a la cota 245 snm. -Tipo de tenencia del sitio o lote. Esta quebrada presenta menos del 30% de irregularidad con respecto al tipo de tenencia de los lotes. -Conectividad y organización de la red viaria. Si bien los pasajes no están pavimentados y faltan algunas escaleras, existe un puente que atraviesa las dos laderas de la quebrada y que es clave para la conectividad intra-quebrada, aumentando las posibilidades de conectividad con el exterior y con los bordes superiores de ella. Esto implica que sus habitantes pueden acceder a la quebrada por medio de la avenida Alemania, pero también por el borde superior, por la calle Demóstenes (150snm), por donde existe un tránsito constante de locomoción colectiva. -Calidad y apariencia estética de las viviendas. En cuanto a las viviendas, en general presentan una buena calidad constructiva, en relación con las técnicas y materiales utilizados, presentando una consolidación considerable. Antes del incendio de abril del 2014, se aprecia que las viviendas han trascendido su tamaño inicial —de pieza o mediagua— mediante sucesivas ampliaciones, dando origen a casas de tamaños adecuados para 32


familias numerosas. Así, también existe una clara delimitación entre los espacios sitios y los espacios públicos. Cada habitante se ha dedicado a delimitar lo que le pertenece, lo que nos revela un indicio sobre el tipo de tenencia de los sitios que aquí prima. Hoy post-incendio, muchas familias han reconstruido sus viviendas tratando de alcanzar el estado de consolidación previa que poseían sus viviendas, sin embargo, muchas otras familias dejaron la quebrada. -Degradación ambiental y contaminación. Las Cañas posee un número mínimo de viviendas que no están conectadas a la red de alcantarillados, menor al 10%.

Figura 9: Fotografía de la Quebrada Las Cañas. Enero 2011.

Figura 10: Fotografía de la quebrada La Rinconada. Octubre 2014.

Figura 11: Fotografía de la quebrada Las Chanas. Enero 2011.

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C a p í t u l o

Relatos de vida 1.0- Metodología

Para comprender y dar cuenta de las significaciones y representaciones que poseen los habitantes de las quebradas sobre los procesos y los mecanismos sociales insertos en la construcción social de estos territorios, se utilizó como herramienta investigativa el método de los “relatos de vida”, metodología que se inscribe dentro de la perspectiva etno-sociológica. Perspectiva definida por Daniel Bertaux como: “un tipo de investigación empírica fundada en la entrevista de terreno y en los estudios de caso, que se inspira de la tradición etnográfica por sus técnicas de observación, pero que construye su objetos por referencia a problemáticas sociológicas[...] una investigación que no se inscribe en el mismo espacio epistemológico que aquel que se elabora a partir de otra forma de entrevista, la entrevista por cuestionarios sobre una muestra representativa” (2010: 15). El relato de vida es un tipo de entrevista no-directiva, que se caracteriza por el hecho que el entrevistador (en este caso quien suscribe) plantea al interrogado una sola pregunta directa, llamada “consigna inaugural”. Para que las sucesivas intervenciones que haga el entrevistador solo sean pequeñas injerencias con el objetivo de relanzar el discurso y motivar a la persona entrevistada a profundizar y a enriquecer su relato. Bertaux propone “que hay relato de vida en la medida que un sujeto cuenta a un otro sujeto, investigador o no, un episodio cualquiera de su experiencia vivida” (2010: 35). Este método nace de un tipo particular de entrevista. Por lo tanto, en el relato de la vida en tanto que narrativa, el sujeto (en nuestro caso, los habitantes de las quebradas 35


de Valparaíso), cuenta y desarrolla su discurso en relación con una consigna inaugural. En nuestro caso, la consigna o la única pregunta planteada a los entrevistados fue: ¿Podría usted contarme su historia, cómo llegó a vivir a la quebrada y cómo construyó su casa? La consigna inaugural tiene por objetivo enmarcar la realidad social estudiada, tratando de asir una parte de la experiencia de los habitantes de las quebradas, específicamente las experiencias relacionadas con la construcción y consolidación de sus hábitats. De esta manera la consigna inaugural actúa como el ‘filtro’ a través del cual puede seleccionar “inconscientemente en el universo semántico, la suma interna de sus experiencias, y que sería capaz de cumplir con las expectativas del investigador”(Bertaux, 2010:48). Así, el relato de vida es construido por el habitante y aprehendido por el investigador con una intención de conocimiento específico. De esta manera, el estudio de la realidad social de las quebradas de Valparaíso, mediante el método del relato de vida resultó ser muy eficaz, ya que hemos sido capaces de captar y comprender una variedad de situaciones, acontecimientos, acciones y proyectos, desde la experiencia de sus habitantes. Esto nos permitió comprender la lógica interna de cómo fueron construidos social y espacialmente estos territorios en la ciudad, tanto a nivel familiar como comunitario.

2.0- Selección de los informantes En la investigación centrada en los relatos de vida, Esther Wiesenfeld señala que la selección de los informantes es “intencional, es decir, los actores se escogen con algún propósito definido, y es primaria, ya que permite detectar informantes que tienen el conocimiento y la experiencia requeridos para la investigación” (2001: 152). Esto nos permitió identificar en forma previa a los habitantes que presentaban ciertas características de interés en relación con el objeto de la investigación, y que nos podrían entregar la información necesaria para comprender el proceso y las causas que llevaron a la ocupación de estas quebradas. A este respecto, Wiesenfeld señala que la selección de informantes “permite un mayor alcance y rango de los datos, aumenta la probabilidad de que toda la gama de múltiples realidades sean 36


develadas, maximiza la incorporación de condiciones y valores locales que eventualmente podrían transferirse a otros contextos” (2001: 152). En nuestro caso, el objetivo era recoger el máximo de puntos de vista posible para obtener una diversidad de posiciones y opiniones. Desde estos diferentes puntos de vista, hemos reconocido repeticiones, reiteraciones y contradicciones en los discursos recogidos: por ejemplo, personas que han llegado a vivir en una quebrada, pero que quieren salir de allí, y otros que, por el contrario, no se imaginan vivir en otro lugar. Ante esta realidad, establecimos cuatro categorías de informantes, que desde sus propias opiniones fueron alimentados y dieron forma a la historia común de cada una de estas quebradas. Los grupos de informantes son: -Los habitantes fundadores (HF) Este grupo está conformado por las primeras familias que llegaron a las quebradas y que han sido testigos de los primeros cambios, tanto espaciales como sociales. Estos informantes han sido testigos del poblamiento progresivo de la quebrada. Por lo tanto, son informantes que nos aportaron datos claves en lo que respecta a la línea de tiempo de ocupación de las quebradas. -Los habitantes de conjuntos residenciales familiares (HCRF) En segundo lugar, reconocimos una forma particular de apropiación y gestión del espacio mediante “Conjuntos Residenciales Familiares (CRF)” (Pino, 2012), entendido en el sentido propuesto por Michel Agier (2009) que se refiere a como las familias se recomponen en el espacio urbano y se mantienen conectadas, teniendo varias ramificaciones residenciales. (Agier, 2009). Estos informantes fueron elementos clave para la comprensión de los mecanismos de apropiación y construcción del espacio construido, revelando una organización social que resulta de una estructura de familias extendidas8 que da cuenta de un estilo de vida reflejado físicamente en esta particular tipología del hábitat de las quebradas (CRF). Con el HCRF, la diversidad de las posturas se define por distintas generaciones de entrevistados, estableciendo un arco temporal que puede ir hasta cinco generaciones sucesivas. -Los habitantes dirigentes sociales (HD) En tercer lugar, buscamos personas que formaran parte de una organización social y con un rol importante en la comunidad, 8 Una familia extendida (Familia extendida) para el censo nacional Chile Glosario es un tipo de familia basada en los lazos consanguíneos de mucha gente. Incluye padres, hijos, abuelos, tíos, tías, sobrinos, primos y otros. http://www.bcn.cl/ecivica/concefamil

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como por ejemplo, los dirigentes o representantes sociales, los miembros de las juntas de vecinos o los coordinadores municipales. La elección de estos informantes apuntó a develar si existía o no un tipo de organización social en el interior de las quebradas. Esto nos permitió conocer el nivel de participación de los habitantes sobre proyectos y objetivos en común. La incorporación del HD nos aportó el marco administrativo y/u organizacional, proceso ausente en el origen de una toma en una quebrada, donde su forma de apropiación es de carácter familiar informal y no necesariamente colectiva. La variedad de posiciones encontradas entre los HD obedece a la función que desarrollan en la actualidad. Existen informantes que participan activamente en la función administrativa y otros que son más bien disidentes, es decir, que han abandonado o renunciado a sus cargos9. -Los habitantes nuevos (HN) En cuarto lugar, hemos buscado a los recién llegados. En promedio, las quebradas tienen una antigüedad de ocupación del orden de 30 años. La mayoría de las familias se conocen desde hace años y han construido una historia en común. Además, la movilidad residencial es baja, es decir, muy pocas familias de las quebradas se van vivir a otro lugar. Frente a esta aparente cohesión de grupo, nos pareció importante integrar a la minoría de los recién llegados, teniendo en cuenta que podrían aportar un punto de vista opuesto al de los habitantes fundadores, quienes están emocionalmente vinculados a estos territorios. Por lo tanto, el objetivo fue revelar si los nuevos habitantes poseían o no las mismas representaciones sociales que los fundadores. También esta visión nos permitió identificar opiniones negativas sobre el hecho de vivir en una quebrada, lo que, sin lugar a dudas, es producto de una visión, que al ser desprovista del peso de la historia, tiende a ser más objetiva. Análisis temático El análisis del contenido de las entrevistas se realizó mediante un análisis temático. El objetivo de este análisis como método de análisis de contenido, es de identificar las unidades semánticas que constituyen el universo del enunciado. En estas condiciones, se trata de producir una reformulación del contenido del enunciado bajo una forma condensada y formal. Para realizar esta tarea, se procede en dos etapas: la identificación de las ideas significativas y su categorización. Así, mediante la categorización, obtenemos 9 Cabe señalar que estas personas son elegidas democráticamente por el voto y son de carácter voluntario.

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una modalidad práctica para el tratamiento de la información que tenemos a granel (Negura, 2006).

3.0- El hábitat informal de la quebrada como una construcción social. El hábitat informal presente en las quebradas de Valparaíso, es una construcción social en el sentido expresado por Nogué (2007), es decir, es un producto social que resulta de una proyección cultural sobre un espacio determinado y explica que “Las sociedades humanas han transformado a lo largo de la historia los originales paisajes naturales en paisajes culturales, caracterizados no solo por una determinada materialidad (formas de construcción, tipos de cultivos), sino también por los valores y sentimientos plasmados en el mismo” (Nogué, 2007: 12), y agrega que estos son construidos y responden a una lógica que busca transmitir una determinada forma de apropiación del espacio. Henri Lefebvre sostiene que “La práctica espacial consiste en una proyección ‘sobre el terreno’ de todos los aspectos, elementos y momentos de la práctica social” (2000: 15). Es desde esta perspectiva que consideramos que el hábitat de las quebradas de Valparaíso genera códigos sociales tácitos y explícitos, que determinan una forma particular de apropiación de estos territorios. Guy Di Méo explica que el hábitat “Lejos de reproducir una estricta subjetividad, también refleja los códigos de la sociedad en la cual se inscribe el individuo” (Di Méo, 1998: 98), expresando una forma particular de sociabilidad. Esta sociabilidad, en el caso de las quebradas, es expresada tanto a nivel material y formal. No podemos entender el espacio construido sin haber visualizado, al menos a grandes trazos, cómo se estructuran las relaciones sociales al interior de una quebrada. Nicolás Reeves (1993) explica que los barrios informales (bidonvilles) son originados por la unidad de un grupo social determinado y por las particularidades del terreno donde se emplazan, y que la claridad con la cual se expresa y se desarrolla la sociabilidad se debe al modo en cómo se generó el barrio informal, “que se hace por acreción local de viviendas, sin planificación previa” (Berenstein, 2001: 22). La construcción social que genera el hábitat informal es la característica común a todos los asentamientos informales de los países latinoamericanos (Agier, 2009). Por ejemplo, 39


Teolinda Bolívar describe los barrios informales de Caracas como el reflejo de “la sumatoria de las múltiples intervenciones y transformaciones que se van produciendo en momentos distintos […] como una obra en permanente construcción” (Meza, 2009: 84), intervenciones que, indudablemente, son el resultado de un complejo proceso de sociabilización. Alicia Lindón explica que “La idea de que el territorio es construido socialmente no se refiere al sentido material de la palabra construir, sino que a la construcción de una microsociedad y un territorio por parte de los habitantes locales” (Lindón, 2002: 31). Pierre Jeudy (2001), en relación con las favelas, señala que “La arquitectura de las favelas toma toda su relevancia estética en su relación implícita asociada a la vida cultural y social que refleja. Es sin lugar a dudas una de las fortalezas de su concepción arquitectónica –sin arquitectos- que hace que el hábitat sea un acto cultural colectivo y singular” (en Berenstein 2001: 7). El estudio de este fenómeno adquiere una real importancia en las investigaciones urbanas y sociales actuales, donde las temáticas desarrolladas guardan relación con la intención de reintegrar estas formas de habitar el medio urbano y, por sobre todo, su cultura arquitectónica, rescatando sus valores estéticos, sociales y de micro-economías, reconociendo en el hábitat informal un carácter y germen de una auténtica arquitectura local. Autores como Berenstein Jacques, Bolívar, Wiesenfeld, Hernández, Loubes, Jáuregui, Turner, Lindón, Agier, Gouverneur, Etcheverri, consideran que los asentamientos informales latinoamericanos, antes que todo, son una construcción social en permanente evolución. Las quebradas de Valparaíso como paisajes son el resultado de una construcción social del espacio. Entendemos la quebrada como un paisaje, en el sentido expresado por Joan Nogué: “el paisaje puede interpretarse como un producto social, como el resultado de una transformación colectiva de la naturaleza y como la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado” (2007: 12). Y agrega que los paisajes son construidos y responden a una lógica propia que busca transmitir una determinada forma de aprehensión y de apropiación del espacio. Las quebradas, en este sentido, han sido formadas y construidas socialmente por sus propios habitantes, mediante un hábitat de carácter informal, el cual es el producto de una determinada forma de apropiarse el espacio, mediante prácticas cotidianas 40


socio-espaciales. El hábitat informal, en tanto que construcción socio-espacial, nace y evoluciona a partir de la proyección en el espacio de todos los aspectos culturales, materiales, sociales, simbólicos y espirituales, así como también de los sentimientos, emociones, deseos, sueños y valores compartidos por el grupo de los habitantes de las quebradas. De esta manera consideramos que el hábitat informal genera códigos implícitos (sociales) y explícitos (materiales), que permiten apropiarse del espacio de la quebrada. Serfaty-Garzon señala que “La apropiación es a la vez la aprehensión del objeto y una dinámica de acción sobre el mundo material y social con la intención de construir el sujeto” (2003: 27-30). Así, entendemos la apropiación del espacio como un proceso que abarca tanto los aspectos socio-culturales como los aspectos espaciales–materiales, y que en este caso permiten la aprensión de los diferentes aspectos constituyentes de la realidad del hábitat informal. Moles & Rohmer (1978) plantean que el hombre aprehende el espacio apropiándoselo. Es decir, en la medida en que los habitantes se apropian de las quebradas construyen un conocimiento, el cual proviene tanto de prácticas y representaciones sociales, como de prácticas materiales concretas. La apropiación, por lo tanto, no sólo tiene un carácter instrumental, sino también uno simbólico expresivo. El proceso de apropiación sería entonces consubstancial al territorio. Es un proceso marcado por conflictos, que permiten explicar de qué manera el territorio es producido, regulado y protegido en relación con los intereses de los grupos (Giménez, 2001). Así, la apropiación de un espacio no implica necesariamente apropiarse físicamente de un lugar, ya que podemos apropiarnos de un espacio o de un lugar mediante las representaciones sociales que circulan en torno a ellos. Moles&Rohmer agregan que: “Una apropiación del espacio no es necesariamente la apropiación de un lugar [...] sino la extensión de un control permitiendo al individuo dominar su entorno, en lugar de ser dominado por este” (1978: 57). Esta apropiación inmaterial (aspectos socio-simbólicos) que permite a un individuo dominar su entorno, es una apropiación en el sentido cultural, en la medida que se asimilan, se transmiten y se comparten representaciones e imaginarios que circulan en 41


torno a un lugar, a un hecho, a una acción, a una actitud o a una situación determinada. Por lo tanto, entendemos la apropiación de la quebrada como un proceso socio-espacial10. Por una parte, los habitantes, mediante las representaciones sociales y el imaginario colectivo, se apropian socialmente del espacio, construyendo así un significado que les permite actuar y posesionarse con respecto al mundo “externo” a la quebrada. Y, por otra parte, se apropian materialmente del espacio, mediante la auto-construcción de la vivienda y la auto-urbanización del espacio público. Ambas formas de apropiación legitiman y afirman la decisión de habitar en las quebradas, construyendo de esta manera su identidad individual y colectiva. Esta apropiación del espacio, en tanto que proceso socio-espacial, genera diferentes territorios de apropiación, entendiendo un territorio como el espacio apropiado por un grupo social y soporte de la identidad individual y colectiva (Fournier, 2007). Yves Barel define el territorio como el “entorno de vida, de pensamiento y de acción en el cual y gracias al cual un individuo o un grupo se reconoce, dota lo que lo rodea de sentido y se dota a sí mismo de sentido, desatando un proceso identificatorio e identitario” (Tizon, 1996: 21). De esta manera, el territorio, en tanto que espacio apropiado, es de naturaleza multiescalar e intersubjetiva, es decir, puede ser aprehendido a diferentes escalas, donde el territorio más elemental sería la casa y el más global sería el vasto mundo exterior (Rapoport, 1969). En este sentido, los habitantes de las quebradas definen y construyen una serie de territorios de aproximación a la realidad, a partir de los cuales definen su identidad y legitiman el hecho de habitar una quebrada. Moles & Rohmer definieron estos territorios de aproximación como las “coquilles” (caparazones) del ser humano. Distinguiendo nueve caparazones11 o esferas de proximidad, desde las cuales el hombre actúa y se relaciona con el entorno. En el caso de los habitantes de las quebradas, estas “caparazones” las entendemos como diferentes territorios de acción, de dominio, 10 Henri Raymond, en relación con el hábitat residencial, define la apropiación (de hábitat) como “todas las prácticas y, en particular, las marcas que le dan las cualidades de lugar personal”. En este enfoque, el marcado por la disposición de los objetos o las intervenciones en el espacio vital se considera como “el mayor aspecto de apropiación material”. Los modelos de apropiación se asimilan en “disposiciones que engendran prácticas” en el sentido del habitus de Pierre Bourdieu. 11 Las nueve “coquilles” definidas por Moles son: el cuerpo, el gesto, el dormitorio, el apartamento o la casa, el barrio, la ciudad, la región, la nación y el vasto universo.

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de aprehensión y de apropiación del espacio, los cuales delimitan una posición y una relación dialéctica entre el mundo interior de la quebrada y el mundo exterior a ella. De esta manera se define la realidad en la cual está inmerso el hábitat informal. En los relatos de vida de los habitantes de las quebradas aparecen implícitamente cuatro territorios de aproximación que abarcan diferentes escalas: Estado, ciudad, barrio y casa. Así, a partir de la relación dialéctica que se genera con cada una de estas escalas, definimos los territorios como: QuebradaEstado, Quebrada-ciudad, Quebrada-barrio, Quebrada-casa. Definiendo la relación entre la quebrada –en tanto que paisaje y lugar de expresión- con cada una de las escalas territoriales mencionadas. Grosso modo, podemos decir que los tres primeros territorios son extra familiares, pues se sustentan en las representaciones e imaginarios colectivos que son compartidos y transmitidos por el grupo. Y el último es más bien intra familiar, sin que ello excluya las representaciones colectivas que tienen una influencia directa en el núcleo familiar.

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C a p í t u l o

Procesos que intervienen en la apropiación informal de las quebradas. Ocupar informalmente una quebrada significa apropiarse de un lugar desconocido. Cuando una persona o familia se desplaza o se traslada y se “toma” un terreno en una quebrada, debe hacer frente a sitios no urbanizados, poco accesibles y con características topográficas poco favorables para la construcción de viviendas. A pesar de lo anterior, los habitantes consideran que lo que poseen hoy es sólo gracias a un gran esfuerzo personal y familiar, ya que piensan que la acción del Estado ha sido poco efectiva o inexistente. Edésio Fernandes (2008) señala que uno de cada cuatro latinoamericanos tiene acceso a la “tierra urbana” y a la habitación mediante procesos informales. Los habitantes de las quebradas consideran y se reconocen como los gestores y constructores de su propio hábitat, en un contexto de políticas habitacionales insuficientes e ineficientes que no han logrado dar abasto a la demanda de habitación. A partir del análisis de los relatos de vida se reconocieron siete procesos sociales que intervienen en la ocupación y apropiación informal de las quebradas. Estos procesos tienen una causa común: la falta de medios económicos y la inaccesibilidad a la vivienda de carácter formal.

1.0- Las trayectorias residenciales [hacia una quebrada] Uno de los primeros aspectos que desarrollan los habitantes entrevistados, hace referencia a su lugar de procedencia, es decir, de dónde provienen y dónde nacieron, de esta manera hemos establecido que los procesos que motivaron la ocupación informal 45


de las quebradas están íntimamente ligados con las trayectorias residenciales de cada familia. Además, los relatos de vida nos revelaron que existen recurrencias en las trayectorias residenciales de los habitantes de las quebradas. Sin importar en la quebrada que habiten, se reconocen coincidencias en relación con los procesos vividos por las familias, en cuanto al lugar de procedencia y al tipo de alojamiento previo a la toma. Estas recurrencias en las trayectorias residenciales dejan entrever las causas de ocupación, a partir de las cuales hemos logrado diferenciar tres grupos de trayectorias residenciales. a) El primer grupo está compuesto por aquellas familias que consideran que la quebrada es su lugar de origen, es decir, aquellos que mencionan haber “nacido” en la quebrada. Sus padres o abuelos ocuparon estos espacios de la ciudad, por lo cual la quebrada ha sido su único hogar, barrio y forma de vida conocida. La frase comúnmente utilizada por los habitantes que pertenecen a este grupo es: “yo nací aquí”. b) El segundo grupo está compuesto por las familias que previamente a la toma de terreno en la quebrada habitaban en otro cerro, en otra quebrada o en el plan de la ciudad. Su condición habitacional era de arrendatarios de piezas en viviendas colectivas o conventillos -que aún existen- en Valparaíso, o de allegados en la vivienda de algún familiar o amigo. En este caso, la toma de terreno se visualiza como una solución accesible y viable ante la carencia de habitación y, por ende, representa la posibilidad de devenir algún día propietario. Esta trayectoria residencial se expresa mediante las siguientes frases: “yo estaba aburrido de estar de allegado”, “yo quería ser propietario”. c) El tercer grupo está compuesto por las familias que llegaron a una quebrada desde otra región o comuna a Valparaíso, en busca de nuevas oportunidades laborales. Circunstancia por la cual se instalaron en una quebrada por elección o porque fue la única opción de habitación que tuvieron frente a su condición de migrantes. La frase comúnmente utilizada por los habitantes que pertenecen a este grupo es: “yo llegué aquí buscando trabajo”. Antes de comenzar las entrevistas, los procesos sociales que motivaron la ocupación de las quebradas parecían obedecer sólo a una causa: la falta de medios económicos de las familias residentes. Sin embargo, gracias a la historia particular de cada familia entrevistada, pudimos comprender la complejidad de 46


la situación, y dilucidar los procesos y dinámicas que motivaron a las familias a tomar la decisión de habitar y de autoconstruir su casa en una quebrada.

1.1- La toma [en una quebrada] para devenir propietarios “El sueño de la casa propia” (HN, hombre 53 años, quebrada Las Cañas).

Una de las motivaciones que propició la ocupación informal y que resuena implícitamente en cada relato, independientemente de la causa que generó el traslado a una quebrada, es la más lógica y natural, que se sustenta en aquel dicho popular que todo chileno conoce: “el sueño de la casa propia”. Las familias visualizan en la toma de terreno la posibilidad de devenir, algún día, propietarios de un terreno, es decir, tener un “sitio propio”, el cual se convertirá en el patrimonio familiar y, por ende, transferible a su descendencia. Este fenómeno no es exclusivo de Chile. Alicia Lindón, refiriéndose al crecimiento de loteos irregulares en las periferias de la ciudad de México, identifica un fenómeno similar llamado “el mito de la casa propia”. “El término ‘mito’ es utilizado para designar una creencia que reenvía a elementos concretos expresados de forma simbólica y compartida por un número significativo de personas. Este mito es una idea fuerte y se constituye a partir de fragmentos de la subjetividad colectiva, en el momento que las familias deciden trasladarse y ocupar informalmente espacios periféricos en la ciudad” (2005: 6). Así, esta expresión “el sueño de la casa propia” aparece implícita en cada relato, cuando los habitantes piensan en el futuro y en aquello que podrán transmitir como herencia a su familia, este anhelo aparece con mucha fuerza. Es un sueño que se construye día a día en tanto que las familias se van arraigando al lugar y se lo van apropiando social y espacialmente. La situación de vivienda que poseían previamente las familias que habitan las quebradas era de arrendatarios de piezas o de allegados en las viviendas de familiares o de amigos. En este caso, la toma es visualizada por los habitantes como la posibilidad de convertirse en propietarios de un terreno en la ciudad. Esto se ve claramente ilustrado en el relato del señor Luis y su esposa, Jeannette, quienes habitan en la quebrada Las Cañas, y 47


fueron una de las últimas familias que llegaron a esta quebrada y que aún no logran regularizar la tenencia de su sitio. “Nosotros después del terremoto del 85 (1985) no queríamos seguir de allegados, queríamos tener algo propio, algo de nosotros, para los niños, por eso nos metimos aquí. Nosotros no podíamos seguir en una sola pieza; esto a nosotros nos costó” (HN, hombre 53 años, quebrada Las Cañas).

La decisión de habitar una quebrada por medio de una toma de terreno es percibida por las familias como una posibilidad de movilidad y ascensión social, ya que cambia su condición de vivir hacinadas en la casa de algún familiar o amigo, o de arrendatarios, para transformarse en propietarios informales. Lindón, refiriéndose al hecho anhelado de ser propietario, señala que el “‘tener’ suele presentarse como una alternativa en lo que respecta a la integración de las personas en una estructura social, pero también para la definición del sí mismo, la identidad, el quién soy” (2005: 6).

1.2- La toma [en una quebrada] ante la falta de medios económicos. “A mí no me quedó otra opción, yo no tenía la plata para comprar un terreno” (HF, mujer 76 años, quebrada La Rinconada).

Este fuerte deseo de devenir propietario se ve normalmente truncado por falta de medios económicos. Es por ello que la toma de terreno como solución habitacional, se percibe como el único recurso viable para aquellas personas que no poseen otra posibilidad, frente a la falta de recursos económicos. Y por lo tanto, las familias han debido auto gestionar y auto proveerse de una vivienda o de un lugar donde vivir. La señora Nancy y su esposo fueron desplazados de su toma de terreno original en el sector de la Quebrada de La Rinconada, hacia un sector situado fuera del límite urbano en un costado del Fundo Santa Rosa de Pajonal, cuando el municipio pretendió, hace varias décadas, pavimentar la continuación de la Avenida Alemania, proyecto que, desde mediados de los años ochenta, se encuentra sin terminar, en su tramo entre el Cerro Las Cañas y el Cerro La Virgen.

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“A mí no me quedó otra, si mi jubilación no me alcanza para arrendar, aquí de a poquito hemos construido esta chocita con mi esposo […] y para la ficha CAS no me alcanza, porque ve usted que soy vieja y si yo no tengo ya niños que cuidar, no tengo derecho a nada, ¿así que qué voy hacer? Quedarme aquí no más. Desde siempre hemos querido ser propietarios. Estamos aquí, pero tememos que un día alguien nos diga que debamos irnos, cómo ocurrió la última vez con la construcción de la Avenida Alemania” (HF, Mujer 76 años, quebrada La Rinconada).

En esa época, las familias se reubicaron en otra toma al interior de la misma quebrada, ya que el municipio no gestionó ni ofreció ninguna otra solución habitacional ante el desalojo. Los vecinos comentan que aquellos vecinos que eran propietarios recibieron un pago mínimo por sus antiguos sitios, el cual no fue suficiente para comprar un terreno o una vivienda al exterior de la quebrada. Es por ello que fueron ellos mismos quienes trasladaron sus antiguas mediaguas, casas y/o piezas a otros sitios cercanos.

1.3- La toma [en una quebrada] como una opción viable

“Aquí nadie nos molesta, esto está así desde que tengo uso de razón” (HD, mujer 53 años, quebrada La Rinconada).

La toma en una quebrada se percibe como un proyecto viable en el sentido que las quebradas se presentan como territorios estigmatizados y supuestamente “tierra de nadie”. Son espacios que frente a una ocupación ilegal no son reclamados inmediatamente por los eventuales propietarios de los sitios, por lo tanto, no existe una presión inmediata que implique ser expulsados, erradicados y/o desplazados. Bien que con el tiempo, esta situación cambie y sea casi contraproducente el hecho de tratar de pasar desapercibidos, puesto que, a largo plazo, en las familias se ha generado una angustia ante un devenir incierto. Sin embargo, sabemos que, por ley, los sitios poseen un propietario, pero que para los habitantes de las quebradas son desconocidos. Carlos Paredes (2004) señala que en la legislación chilena, el derecho de propiedad definido en el Art.590 del código civil especifica que: “No existen en Chile terrenos sin dueño, ya que a la falta de propietario particular es el Estado el titular del dominio. Todo inmueble está inscrito en los registros Conservadores, y por lo mismo, y en general, la pérdida de la tenencia material no los afecta porque dicha inscripción constituye la mejor garantía del dominio de un bien raíz” (2004: 6). 49


De esta manera, cuando una persona se apropia materialmente de un sito, es decir, lo ocupa físicamente y construye un recinto habitable en él, esto no le garantiza ser propietario, puesto que el ocupante siempre puede ser expulsado si aparece el real propietario del sitio. Esto es habitual cuando los sitios poseen una tasación fiscal importante, porque los grandes propietarios especulan en relación con este fenómeno. En cierta época era habitual que los propietarios dejaran “hacer” o realizar tomas de terreno en sus propiedades, puesto que sabían que, a largo plazo, el Estado podría intervenir proveyendo de servicios básicos a la toma de terreno con el objetivo de mejorar la calidad de vida de sus ocupantes, lo que implicaba una plusvalía de los terrenos. Por ejemplo, en las tradicionales tomas de terreno en la ciudad de Santiago, estas se localizaban en grandes terrenos agrícolas, y debían organizarse porque los dueños de los terrenos se presentaban de forma inmediata tratando de expulsar a las personas. De esta manera, el acto o hecho de “tomarse” un terreno en una quebrada, se concibe como una ocupación viable, con más posibilidades de permanencia, ya que las quebradas se presentan como territorios de bajo avalúo fiscal, de fácil acceso, sin control municipal efectivo, con poca o nula oposición de propietarios privados12, y por ser territorios históricamente estigmatizados. En el caso de la quebrada La Rinconada, por ejemplo, la toma situada en los olivos bajos, medios y altos, es una gran propiedad que pertenece, según los habitantes, a una familia de Santiago, la cual fue identificada por la ONG Un Techo para Chile en una ocasión que se construían mediaguas en el sector. Sin embargo la familia no tenía interés alguno en el sitio, pero tampoco, quería deshacerse de él. En definitiva se especula con los sitios cuando se ve que ya están ocupados y que representan una posibilidad de negocio entre el privado y el Estado, el que con el fin de solucionar el tema ofrece, la mayoría de las veces, la compra de los sitios a sus dueños. Esto lo relata la señora Juana Núñez de la quebrada La Rinconada: “Este es el fundo Santa Rosa de Pajonal, el del frente es el Pajonal, son distintos dueños, y acá era dueña una viejita, que dejó un grupo de 17 herederos, y de los 17 herederos, nosotros 12 Existen casos paradigmáticos, como en algunas quebradas donde los supuestos dueños nunca aparecieron u otras, como en La Rinconada en el sector de los olivos bajos, altos y medios, donde más de 150 familias aún ocupan terrenos privados y del SERVIU sin ser regularizados. Con propietarios reconocidos y que incluso viven en las inmediaciones de la toma. O el caso de Rocuant, donde nunca se pudo verificar el dueño y finalmente se regularizaron todas las tomas.

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encontramos a una doctora en Santiago, pero ella no quiere saber nada de esto, porque dice que para poder vender tienen que estar todos juntos, y creo que andan para España para Suecia, así que tendría que ser el gobierno no más. Que el gobierno pesque y diga a tantas familias se les va a vender como están, o los mt2 que les correspondan, porque hay gente que tiene terrenos muy chicos y hay otros que tienen 2 terrenos para una casa, es a la suerte no más, lo que uno se tome” (HD, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada).

La permanencia en una toma es clave para la posterior legalización de los sitios, de acuerdo con el decreto de ley 2695, que fija las normas para regularizar la posesión de la pequeña propiedad raíz y para la constitución de dominio sobre ella. En el artículo 2° se estipula que quienes quieren legalizar un sitio en el cual se encuentran en ocupación material deben, por lo menos, acreditar una posesión material igual o superior a cinco años de antigüedad. Por otra parte, la cercanía que presentan las quebradas con respecto al centro de la ciudad, es valorada por sus habitantes, quienes consideran que si bien existen ciertas necesidades a nivel urbano, esto es intercambiable por el hecho de estar cerca de la ciudad y aprovechar de todos los servicios que esta ofrece. Es decir, la toma en una quebrada es viable por dos razones fundamentales: su condición de ser considerada como terreno de nadie, es decir, si existe dueño, no ha sido reclamado y, por otra parte, que muy pocas veces será reclamado por un propietario, por las características de conectividad urbana que presenta cada uno de ellos. “Aquí estamos abandonados, aquí nunca viene nadie, ellos no saben cómo vivimos”(HF, Mujer, 76 años, quebrada La Rinconada).

Cuando alguien extraño se pasea por una quebrada, la cuestión de la propiedad es una preocupación de los vecinos. En cada trabajo de terreno, los vecinos, intrigados por nuestra presencia en la quebrada, constantemente nos preguntaban si trabajábamos para el gobierno. Esto delata la constante preocupación con la que viven los habitantes de las quebradas, por miedo a ser erradicados debido a la condición irregular de sus viviendas. Luego de saber que la finalidad era un estudio independiente del gobierno, las personas se mostraron más accesibles a entablar una conversación, con toda libertad y sin el temor de ser descubiertos. El primer reclamo que plantean es que están olvidados, que nadie nunca va a las quebradas. 51


1.4- La toma [en una quebrada] como lugar de origen. “Siempre he vivido aquí, siempre he vivido en tomas” (HD, Mujer, 53 años, quebrada La Rinconada).

La quebrada como lugar de origen es la causa de ocupación más común; algunos vecinos son oriundos de la quebrada, siempre han vivido allí, la quebrada y la toma se constituyen como la única forma de vida que conocen. Evidentemente son los vecinos más antiguos, aquellos que llegaron a ocupar una quebrada cuando no había nada o era un bosque. Son aquellos vecinos reconocidos como los fundadores de las quebradas, aquellos que son mencionados en los relatos de todos los otros habitantes. Ese es el caso de la señora Trinidad González, quien vive en los olivos bajos en la quebrada Las Cañas. Ella nos cuenta que antes vivía en la quebrada La Rinconada, que queda a metros de su nueva ubicación; podemos decir que se trata de una misma quebrada, pero que antes era reconocida por sus habitantes como dos quebradas por poseer distintos nombres. En la quebrada La Rinconada, vivían más de 60 familias que fueron desplazadas cuando el municipio comenzó las obras para la continuación de la avenida Alemania, obra que consistía en unir el cerro Las Cañas con el cerro La Virgen, mediante un aterrazamiento del terreno natural a la altura de la cota 100 como en los otros cerros, dejando el trazado de una calle horizontal que dio origen al relleno artificial que hoy encontramos allí y que generó una cancha de futbol. Todas las familias que viven en aquella quebrada fueron obligadas a desplazarse, sin embargo no se les ofreció ninguna solución. Como se encontraban en tomas, las familias, a partir de la misma lógica de ocupación, se trasladaron solo algunos metros y se tomaron nuevos terrenos. “Yo vivía en otra quebrada que es la quebrada de La Rinconada, yo nací y crecí allí, vendieron y me sacaron de allí” (HF, Mujer, 54 años, quebrada Las Cañas).

La señora Ana de la quebrada La Rinconada, nos cuenta como fue aquel proceso de traslado de la toma al interior de la misma quebrada, generada por la falta de un programa de reubicación de las familias frente a la ejecución de un proyecto urbano importante como era la continuación de la avenida Alemania. “Yo soy nacida y criada aquí en este cerro, en estos mismos lugares; yo vivía en un predio para allá pa’ arriba, como la casa amarilla de la señora Fernández (situada en los olivos bajos).

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Una casa inmensa, con árboles con flores, pero supuestamente con el arreglo del camino sacaron las casas que estaban ahí y pasaron la máquina. Eso fue más o menos en el año 86. Desde esa vez expropiaron las casas porque supuestamente iban a hacer un camino, este camino iba a colindar, iba a pasar por el fundo para que llegará abajo, para que pasaran los camiones supuestamente, pero como usted ve, por acá hasta el momento nada. Se perdieron muchas casas, por ejemplo, mi papá se tuvo que ir para allá arriba en los olivos en el cerro, porque antes ahí había olivos y después la gente se fue toda para allá, porque en realidad les dieron unas monedas por el terreno pero no se quisieron ir de acá, se tomaron los sitios que estaban para allá, cortaron los árboles, todos se tomaron porque nadie se quería ir de este lado” (HF, mujer, 52 años, quebrada La Rinconada).

Por otra parte, la toma como única opción habitacional conocida, en una errática por varios sitios en un mismo sector; en este caso, una misma quebrada. Un nomadismo de corto alcance. El relato de la señora Juana Núñez, quien, a sus 53 años, nos cuenta que siempre ha vivido en tomas. “Yo he vivido en tres diferentes terrenos, aquí en este mismo cerro, ahora también estoy en “toma”. Yo venía de aquí del Yelcho (calle) un poco más abajo”. En el cerro de al lado” (HD, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada).

1.5- La toma [en una quebrada], solución frente a la migración “Yo me vine trabajando” (HF, Mujer, 78 años, quebrada Las Cañas).

La toma en una quebrada como solución para personas que llegaron de otra ciudad a instalarse a Valparaíso por causas laborales. Esta causa es la más habitual cuando hablamos de una toma de terreno en Santiago, donde muchos campesinos llegan a la ciudad en busca de trabajo. En los relatos solo encontramos dos casos de familias que se instalaron en una quebrada de Valparaíso por razones de trabajo: la familia de la señora Doraliza Catril, de origen mapuche, puesto que este lugar se presentaba como su única opción, y la familia de don Romualdo, que llegó luego del terremoto de 1906 para trabajar en la reconstrucción de la ciudad. Entrevistamos al abuelo de la señora Ana y al señor Isidro. En el caso de las quebradas, son muy pocas las personas que aseguran haberse trasladado de otra región o ciudad a causa de un trabajo, sin embargo existen, y este es el caso de la señora Doraliza, de la quebrada Las Cañas, quien llegó a los diez 53


años para trabajar como asesora del hogar en la ciudad de Viña del Mar, ciudad vecina de Valparaíso. Ella llegó del sur del país, junto con la familia para la que trabajaba, quienes se instalaron en la ciudad de Viña del Mar, ciudad caracterizada por poseer un nivel socioeconómico superior al de Valparaíso, ella en aquel trabajo conoció a su esposo, quién era oriundo del cerro El Litre. “Yo soy del sur, de Concepción, y me vine a Valparaíso trabajando con unos patrones muy buenos que tuve. Duré 20 años trabajando en esa casa, prácticamente desde los diez años, y solamente salí de allí para formar mi hogar; ahí me terminé de criar, ahí aprendí a trabajar. En ese entonces, el que fue mi compañero trabajaba en esa casa también y ahí nos conocimos y él vivía en este cerro, el “Cerro El Litre” (HF, mujer, 78 años, quebrada Las Cañas).

Por esta misma razón, llegaron a Valparaíso el abuelo, el padre y el tío de la señora Ana, desde Nirivilo, ciudad de la Región del Maule, para trabajar en la reconstrucción de la ciudad luego del terremoto de 1906. La causa principal de su migración hacia Valparaíso fue el trabajo, bien que el terremoto como evento esté implícito en ella. “También por el terremoto de 1906, mi papá dice que se vino (a Valparaíso), porque su papá trabajaba en construcción, y aquí (en Valparaíso) quedó todo botado, entonces mucha gente emigró, y así llegaron al Cerro Mesilla a vivir con sus padres y después casado él se vino para acá, el año 1939. Mi abuelo... mi abuelo se llamaba Romualdo, él se llamaba así, y llegaron emigrando por el trabajo, y trabajaban en las construcciones. Eran albañiles, La familia de él y un hermano, el tío Domingo. Se vinieron a trabajar a la reconstrucción aquí, se vinieron ellos y después mandó a buscar a la familia, mi papa tenía 7 años cuando llegó aquí, pal’ terremoto, mi papá era nacido en 1897; él nos contaba que ellos hicieron, por ejemplo, un muro. Usted va por Las Torpederas y detrás ve unos muros de piedra, esos se dice que los hizo mi abuelo, y la Escuela Naval antigua también trabajo ahí, la que estaba allí en la subida Artillería” (HF, mujer, 75 años, quebrada Las Chanas).

1.6- La toma [en una quebrada] como resultado de la movilidad familiar.

Con el concepto de movilidad familiar nos referimos a un tipo de movilidad residencial, que establece una lógica de ocupación administrada por las familias integrantes de la toma. Es un mecanismo solidario de acceso al suelo urbano, donde una persona o familia que se encuentra materialmente en posesión de un sitio, propone o invita a sus familiares y/o amigos a instalarse junto 54


a ellos, en vista de que se encuentran en situación de necesidad o de crisis habitacional. Esta forma de acceso a la toma genera los conjuntos residenciales familiares, ya que son los primeros ocupantes quienes asumen en su justa medida un rol de administradores del territorio de las quebradas, y son quienes toman la decisión de aceptar o rechazar a alguien nuevo, en la medida que son ellos quienes extienden la invitación de compartir un terreno. Este rol de administrador puede ser asumido por un vecino cualquiera, o por un representante del barrio, como un dirigente vecinal. Por ejemplo, la Sra. Trinidad de la quebrada Las Cañas fue erradicada de su toma inicial en la quebrada La Rinconada, y es un amigo quien la invita a instalarse en aquella quebrada. Ella nos relata lo siguiente: “Un amigo que se había metido aquí, me dijo ‘tómate aquí’, cuando yo me quedé sin casa, porque hicieron el camino ahí en las palmeras” (H.F., mujer, 54 años, Las Cañas).

La Sra. Ximena de la quebrada Las Cañas cuenta que se encontraba de allegada en la casa de sus padres y fue su hermana, quien habitaba en la quebrada desde hace un tiempo, quien la invitó a vivir allí pues había un terreno que había quedado disponible luego de un incendio. “Mira, cuando yo me vine a vivir, mi hermana mayor vive arriba, entonces como yo estaba de allegada donde mi mamá, me dijo: ‘sabes ¿por qué no te vas allá?, allá hay un terreno que se quemó’. Aquí había una casa, pero no estaba toda la casa completa, había un pedazo de casa, y acá era pura zarzamora, entonces me dijo tienes que sacar la zarzamora y le dije ya po, y así empezamos a hacer poco a poco la casa, así llegamos aquí” (H.C.R.F., 51 años, Las Cañas).

En este caso, la movilidad residencial es estratégica y genera un beneficio recíproco. Por una parte, la Sra. Ximena y su familia obtienen una solución habitacional, posibilitada por la invitación de su hermana. Y por otra parte, su hermana se asegura con esta invitación la elección de su nuevo vecino, en este caso su propia hermana. Es decir, un familiar de confianza, con quien será más fácil consolidar la posesión del sitio. De esta manera, la movilidad familiar es una práctica que está arraigada en la forma de vivir de los habitantes de las quebradas, replicándose de generación en generación, lo cual finalmente 55


implica la consolidación de conjuntos de viviendas, que están agenciadas entre sí por medio de lazos familiares o amicales. Una familia que una vez fue invitada por un familiar, hace lo mismo por otra. La Sra. Ximena continúa diciendo: “Por ejemplo, yo le dije a mi hija que se hiciera una piececita aquí al lado de la mía en el patio, porque mi hija es madre soltera, entonces no tenía dónde vivir con su pareja, pero yo le dije que tenía que hacerse una piececita, así ella está más tranquila y yo también en su propia casa” (H.C.R.F., 51 años, Las Cañas).

Sin embargo, a veces este rol de administrador lo asume algún representante del barrio, por ejemplo un dirigente vecinal, quien vela por los intereses del grupo. Este es el caso de la señora Valeria, de la quebrada Las Cañas, quien en su calidad de presidenta de la junta de vecinos nos cuenta que es ella quien decide si la toma puede seguir creciendo o no, determinando si es posible que se instalen nuevas familias. “Yo controlo. La gente sabe que aquí no puede ponerse nadie más, no hay más espacio y de ponerlos igual sería un riesgo, ya no se puede más. Tratamos nosotros, los mismos vecinos de proteger que no se pongan más casas [...] Ha venido harta gente a tratar de tomarse otros terrenos y nosotros les hemos dicho que no” (H.D., mujer, 37 años, La Rinconada).

Finalmente, la movilidad familiar, en tanto que proceso es constituyente de la historia familiar de los habitantes de las quebradas, es un relato que se transmite y se hereda, que busca mediante su repetición ese arraigo a un territorio inasible, donde ser propietario es un sueño constante e implica la aceptación de una historia común. Como es el caso de Cristofer, un joven de la quebrada Las Chanas: “Yo vivo aquí desde que nací, mi papá vivía antes en [el cerro] Placeres, la familia de mi papá y la familia de mi mamá viven aquí. Justo aquí arriba viven los padres y las hermanas, antes vivían un poquito más abajo, como adentro de la quebrada. Pero después se vinieron a vivir a este terreno [...] mire, todo esto es un puro terreno que es de mi tata, aquí hay 5 casas, no sé cuántos metros cuadrados, pero debe tener más o menos 50 de frente y 20 para atrás más o menos.” (H.N., hombre, 16 años, quebrada Las Chanas).

Esta forma de distribución de los terrenos determinada por la movilidad residencial, comprueba que las tomas en las quebradas no se constituyen como tomas masivas, por el contrario, son tomas de grupos pequeños y/o familiares, que han generado un 56


proceso de ocupación evolutivo. De esta forma, hoy las quebradas presentan una densidad habitacional que ha sido dirigida y controlada por sus propios habitantes, mediante la autorización o negación de la instalación de nuevas tomas, es decir, de nuevas familias. Sus propios habitantes son quienes deciden cómo distribuir los retazos de terreno.

1.7- La toma [en una quebrada] como fenómeno de desplazamiento luego de los terremotos.

La condición que presentaban las familias previamente a un terremoto era de allegados en casas de amigos y/o familiares, o de arrendatarios de piezas en edificios y/o casas, que quedaron inhabitables tras el siniestro. Frente a esta situación de emergencia, la toma de terreno se presenta como la única solución habitacional rápida, posible y al alcance de las familias de bajos ingresos. Históricamente la ciudad de Valparaíso ha sido golpeada por sucesivos terremotos, sin embargo, los que son de nuestro interés son aquellos sucedidos desde principios del siglo XX, terremotos que tuvieron una fuerte incidencia en lo que respecta a la ocupación informal de las quebradas no-consolidadas. Éstos generaron una movilidad de la población más desfavorecida y pobre de la ciudad, que habitaba en conventillos, cités y cuartos redondos situados en los cerros y en el plan de Valparaíso, quienes buscaron en las quebradas nuevos territorios donde asentarse. Producto de la creciente actividad marítima y comercial, Valparaíso, desde mediados del siglo XIX, experimentó una acelerada modernización, la cual influyó en el desarrollo del espacio urbano y sus infraestructuras. De esta manera, el primer terremoto de nuestro interés es el de 1906, ya que vendría a enlutar este creciente desarrollo con la casi completa destrucción del plan de la ciudad. En relación a esto, encontramos un primer indicio en el relato de la Sra. Ana y sus hermanos, quienes viven en la quebrada Las Chanas y recuerdan que su abuelo junto a su padre y su tío llegaron a Valparaíso desde Nirivilo. “Mi padre era de un pueblo del sur que se llama Nirivilo, que antes era (pertenecía) de Constitución. Él llegó por el terremoto de 1906. Dice que se vino porque el papá trabajaba en construcción y aquí quedó todo botado Valparaíso, entonces mucha gente emigró”, (H.F., mujer, 75 años, Las Chanas).

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La Sra. Ana y su familia han sido testigos presenciales de los acontecimientos y procesos vividos en la quebrada luego de cada terremoto. Ella nos explica que el fenómeno de ocupación de la quebrada mediante tomas de terrenos, se repitió intermitentemente con los sucesivos terremotos, modificando el paisaje de la quebrada. Ella continúa diciendo: “Mire, aquí había un bosque (señalando el lugar con las manos), después del terremoto del 85. Y antes con el del 65, por ahí vino uno parece, después el 71, bueno, la cuestión es que ahí empezaron a instalar las mediaguas y las tomas, o sea empezaron a tomarse [...] Después de los terremotos, así como que se vienen [nuevos ocupantes]” (H.F., mujer, 75 años, Las Chanas).

El segundo terremoto de nuestro interés es el de 1965. A esa fecha, según el censo nacional de 1960, la ciudad de Valparaíso presentaba un déficit de 52.803 viviendas, de las cuales 9.871 eran no-reparables y 32.547 ofrecían deficiencias, aunque susceptibles de ser reparadas. De esta manera, con el terremoto de 1965 quedaron 15.000 casas destruidas, según el cálculo realizado por los técnicos de la municipalidad, y al mismo tiempo se estimó que el 90% de las viviendas de la ciudad quedaron dañadas40. En este contexto encontramos el relato de la señora María, quien llegó a la quebrada Las Cañas tras el terremoto de 1965 y se instaló con una mediagua entregada por la municipalidad. Inicialmente, es una toma de terreno avalada por el municipio, la cual es regularizada el año 1993 por autogestión de un grupo de vecinos que se encontraban en la misma situación. Ella lo relata de la siguiente manera: “Yo llegué aquí con el terremoto del 65, antes vivíamos en una piececita que arrendábamos en el Cerro Merced, en invierno nos llovíamos y con mi hija abríamos unas zanjas en el piso para que el agua pasara al subterráneo, para no tener mojada la pieza. Y luego con el terremoto quedó peor, así que tuvimos que buscar otro lugar para vivir. El alcalde me dijo que podía escoger el terreno que quisiera y aquí instalé la mediagua, que en ese tiempo había que ir a buscarla a Puertas Negras. [...] En realidad fue mi papá y un caballero, que me instalaron la mediagua aquí, pero así para el otro lado, con la puerta hacia el patio del terreno. Antes yo tenía abajo un jardín, pero después mi hijo se hizo la casa” (H.C.R.F., mujer, 90 años, Las Cañas).

Frente al déficit habitacional suscitado tras el terremoto, el alcalde de la época, Juan Montedónico, anuncia que Valparaíso tendrá su propio plan de vivienda, llamado Operación mediagua”41, de las cuales la Sra. María fue una de las beneficiarias. 58


El tercer terremoto de nuestro interés es el de marzo de 1985, el cual sacudió la zona central de Chile, destruyendo 142.489 viviendas, marcando un déficit histórico que llegó a más de un millón de unidades a nivel nacional. En este contexto encontramos el relato de don Héctor, quien era arrendatario de una pieza en el centro de la ciudad y llegó a vivir a la quebrada Las Cañas por invitación de sus suegros. Este es un caso simultáneo donde las dos causas comparecen, es decir, el terremoto y la movilidad familiar. En vista de la necesidad de habitación de la familia de don Héctor, la toma es una forma de apoyo económico y social. Aquí es cuando comienza a gestarse uno de los conjuntos residenciales familiares que presentaremos más adelante, los cuales son legalizados en 1993. “Nosotros empezamos a arrendar a un tío allá al frente, en el cerro Merced y después del terremoto del 85, como ella (la esposa) estaba embarazada la vine a dejar acá, donde mi suegro, porque yo tenía que preocuparme del taller, porque yo tenía el taller allá abajo en la Avenida Independencia (centro de la ciudad). Como eso se cayó, ese edificio, cuando llegue acá ya mi suegro estaba picando (el cerro) y me dijo que me quedara acá con mi señora para que no gastara en arriendo, porque pagaba dos arriendos, el local y la casa. [...] Él (el suegro) me cedió este terreno, él está aquí como del 45 (1945), por ahí empezaron las tomas aquí [...] y yo estoy desde el año 85, el mismo día del terremoto” (H.C.R.F., hombre, 51 años, Las Cañas).

De la misma manera la señora Lucinda llega a la quebrada Las Cañas, donde su condición anterior al terremoto era de arrendataria de una pieza en el plan. Ella nos relata: “Yo llegue acá porque antes vivía en el plan y en el año 85, cuando fue el terremoto, yo quedé prácticamente en la calle, la casa se cayó donde yo vivía [...] yo arrendaba pieza, en esos tiempos vivía con mis dos niños mayores, sola, porque tuve un marido que también desapareció, entonces seguí luchando sola, trabajando; después quedé sin trabajo, vino el terremoto, se cayó la casa y quedamos en la calle” (H.F., mujer, 58 años, Las Cañas).

El terremoto mencionado con mayor recurrencia es el de 1985. Según el Centro de Investigación Social de TECHO, el promedio de antigüedad de los campamentos es de 18,3 años, es decir, la media de los campamentos se establecieron justamente después del terremoto de 1985. Arellano alude que las tomas de terreno en los sectores altos de Viña del Mar también tienen su origen en el terremoto de 1985. 59


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C a p í t u l o

Quebrada-Estado

Este territorio de apropiación tiene relación con todo aquello que está supeditado a la acción directa del Estado mediante sus diferentes organismos públicos, tanto a nivel local (municipio) como nacional (ministerios), los cuales tienen o deberían tener una incidencia directa en el mejoramiento, mantención y desarrollo de las quebradas. Si bien los municipios poseen autonomía para actuar sobre sus comunas, dentro de los parámetros establecidos por ley, hay muchos aspectos que escapan de su campo de acción, como por ejemplo, el desarrollo e implementación de viviendas sociales, que es abordado directamente por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU). Cuando los habitantes hablan de su situación actual y de las deficiencias que poseen tanto a nivel familiar como barrial, en comparación con otros lugares de la ciudad, nos cuentan que, en ciertas ocasiones muy específicas, a pesar que se han llevado a cabo proyectos en conjunto con el municipio u otras entidades, como por ejemplo TECHO, consideran que estas no han sido suficientes para influir en el mejoramiento de su calidad de vida. De esta manera, en relación con la acción del Estado en estos territorios, los habitantes abordan principalmente dos temáticas. a. Intervención del Estado b. La vivienda social

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1.0- Intervención del Estado: Acción e inacción. Debemos aclarar que esta acción del Estado es la que definen los usuarios como tal y no necesariamente es la real, es decir, existe una distorsión en cuanto a quién le corresponde gestionar o manejar uno u otro problema, y habitualmente se endosa al municipio como único actor en esta gestión. Desde la perspectiva de los habitantes, la intervención del Estado en las quebradas significa principalmente:

1.1- Mejoramiento del espacio público:

Mediante la gestión e implementación de caminos, pasajes, escaleras, puentes, “canchas de fútbol”, “plazas”, corte de árboles y matorrales, limpieza de cauces, retiro de basura e instalación de red de alcantarillado e iluminación entre otros. Sin embargo, la mayoría de las intervenciones de carácter urbano que se han realizado en las quebradas hasta hoy en día, se han conseguido gracias a las demandas interpuestas por los mismos vecinos, aunque muchas de ellas no han sido escuchadas. Las demandas se canalizan a través de las juntas de vecinos, comités u otras organizaciones comunitarias, mediante solicitudes dirigidas al municipio. Avaladas y realizadas bajo la Ley N° 19.418 art.45, mediante el Fondo de desarrollo vecinal (FONDEVE), el cual permite a los municipios brindar apoyo financiero a proyectos específicos de desarrollo comunitario presentados por las juntas de vecinos y organizaciones comunitarias13. De esta manera, cuando los vecinos requieren el mejoramiento de alguna situación particular en las quebradas, lo hacen mediante cartas de solicitud apoyadas por firmas que avalen dicha solicitud. Sin embargo, la participación vecinal no se limita al hecho de enviar solicitudes al municipio, sino que además se involucran activamente en el desarrollo de los proyectos, sobre todo cuando se trata de proyectos de mejoramiento del espacio público. Por ejemplo, los habitantes de la quebrada Las Cañas, hace unos años, solicitaron la pavimentación del pasaje “Los Canelos”, este mejoramiento fue aprobado y financiado por el municipio, y desarrollado con la participación de los habitantes. En otras palabras, los materiales de construcción utilizados los costeó el municipio, pero fueron los vecinos quienes gestionaron y proveyeron la mano de obra. 13

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http://www.munivalpo.cl/archivos/ordenanzas/DA%203088.pdf


1.2- Soporte social:

Los asistentes sociales evalúan la condición social de los habitantes y los caracterizan mediante la Ficha de Protección Social (FPS), antigua ficha CAS, a la cual habitualmente se refieren los habitantes. Esta herramienta de evaluación es implementada por el Ministerio de Desarrollo Social y utilizada por las municipalidades de cada comuna, mediante el Departamento de Estratificación Social. La FPS evalúa, mediante un sistema de preguntas y puntajes, a cada familia en condición de vulnerabilidad, el cual es coordinado en conjunto con otros ministerios para así poder identificar necesidades específicas, como vivienda, salud, educación, entre otros. Esta ficha social es la que permite a los chilenos en condición de pobreza o vulnerabilidad social, obtener prestaciones y beneficios sociales por parte del Estado14.

1.3- Ayuda material:

En caso de alguna catástrofe natural o no, como por ejemplo incendios urbanos y/o forestales con impactos en el espacio urbano, derrumbes, terremotos y tsunamis, la ayuda se traduce, básicamente, en la obtención de una vivienda básica de emergencia (mediagua), que puede ser entregada por la municipalidad, el MINVU u otra entidad estatal. Los habitantes suelen adjudicar a la Municipalidad de Valparaíso todas las acciones previamente descritas, independientemente de que haya sido efectivamente así. Es decir, habitualmente no hacen distinción con respecto a otros organismos estatales, como por ejemplo los ministerios, que están evidentemente implicados. Es decir, de forma general los habitantes aluden a la municipalidad como la principal causante de sus logros y de sus fracasos a nivel de la consolidación del espacio e infraestructuras públicas. Sobre otras acciones de intervención en las quebradas, señalan que ellos son los únicos gestores y constructores, y en un menor grado reconocen la acción de la ONG un Techo para Chile, entidad que ha estado presente en las quebradas mediante la donación de mediaguas a familias en condición de precariedad.

1.4- Falta de proyectos:

En relación con la intervención del Estado en las quebradas, por una parte los habitantes estiman que falta mucho por hacer, 14

http://www.fichaproteccionsocial.gob.cl/faqs/faqs2.php#anchor_FAQ

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mencionan de forma general que faltan proyectos orientados al mejoramiento del espacio público, de las viviendas y proyectos de carácter social (como centros para niños, jóvenes, y ancianos). Es decir, proyectos que tengan un efecto directo en el mejoramiento del barrio y, por ende, en su calidad de vida. Y por otra parte, consideran que los pocos mejoramientos que han logrado hasta ahora, ha sido gracias a la participación, motivación, insistencia y cohesión de los habitantes como grupo, tanto a nivel de barrio como de familia, cohesión que inicialmente ellos la reconocen como fuerte y que hoy, por diferentes causas, se ve disminuida. Así, de forma general, cuando los habitantes hablan sobre las carencias y los logros que poseen a nivel de barrio, en sus relatos aparecen implícitamente dos conceptos: la cohesión social y la participación del grupo. La cohesión social la entendemos como “La capacidad de una sociedad para asegurar el bienestar de todos sus miembros, a minimizar las diferencias y a evitar la polarización. Una sociedad cohesiva es una comunidad solidaria compuesta de individuos libres que persiguen objetivos comunes por vías democráticas” (CERC, 2008: 7). En este sentido, en las quebradas son las juntas de vecinos las que, supuestamente, aseguran el bienestar de todos los habitantes de la quebrada, en la medida en que se organizan y representan los intereses del grupo frente al poder público, logrando concretar objetivos comunes. Es decir, son las Juntas de Vecinos las encargadas de generar el vínculo entre los habitantes, el municipio u otra entidad estatal. Los vecinos se ayudan mutuamente, colaboran con el mejoramiento de la quebrada, son cómplices en la medida que transgreden todos juntos leyes y normas en pos del bien común15, y contribuyen a la cohesión del grupo en la medida que cooperan con las actividades emprendidas por las juntas de vecinos. Y por participación entendemos la intervención, junto con otros, en un suceso o actividad. La Ordenanza de participación ciudadana de Valparaíso (OPCV), en el decreto N°3088, en el artículo N°1, define la participación como “la posibilidad que tienen los ciudadanos de la comuna de Valparaíso de intervenir, tomar parte y ser considerados en las instancias de información, ejecución y evaluación de acciones que apunten a la solución de 15 Un ejemplo de esto son las instalaciones ilegales de agua potable que posee la quebrada La Rinconada.

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los problemas que los afectan directa o indirectamente en los distintos ámbitos de actividad municipal y el desarrollo de la misma en los diferentes niveles de la vida comunal” (Ordenanza de participación ciudadana de Valparaíso, 2011)16. El objetivo general de la OPCV es promover la participación de la comunidad local para el progreso económico, social y cultural de la comuna. Sus objetivos principales son: “Facilitar la interlocución entre el municipio y las distintas expresiones organizadas y no organizadas de la ciudanía local; Impulsar y apoyar variadas formas de participación ciudadana de la comuna en la solución de los problemas que le afectan, tanto si esta se radica a nivel local, como en el regional o nacional; Impulsar la equidad, el acceso a las oportunidades y revitalizar las organizaciones con orientación a facilitar la cohesión social” (Ordenanza de participación ciudadana de Valparaíso, 2011). Así, supuesta o idealmente, la participación ciudadana a nivel barrial estaría asegurada con las juntas de vecinos. Sin embargo, en oposición a lo señalado en la OPCV, la participación y cohesión social en las quebradas está en un proceso de degradación, es decir, cada vez más debilitada, pues sus habitantes consideran que sus demandas y solicitudes, por largos años, no han sido escuchadas. Con respecto a esto, los habitantes reflexionan sobre el hecho de que a pesar de haberse organizado y haber participado activamente en las juntas de vecinos, no se obtuvieron los resultados esperados y que lo logrado hasta ahora es insuficiente. Sienten que su esfuerzo y motivación por realizar proyectos en pos del mejoramiento de la quebrada, nunca fueron valorados por las instituciones públicas, a las cuales les endosan una falta de apoyo y de sustento. Los vecinos mencionan que antes en las quebradas se organizaban actividades colectivas, las cuales tenían por objetivo la recaudación de fondos para diferentes proyectos o para la celebración de festividades. Por ejemplo, en las tres quebradas estudiadas, la implementación de la electricidad fue una labor exclusiva de las juntas de vecinos, sin intervención del poder público, y para lograrlo los vecinos organizaban ventas de alimentos, rifas, canastas familiares, campeonatos de fútbol17. 16 http://www.munivalpo.cl/archivos/ordenanzas/DA%203088.pdf 17 Para recaudar fondos se realizan básicamente venta de alimentos (sándwiches, pasteles). Estos fondos que se destinan al mejoramiento del espacio público (por ejemplo, reparar una escalera, comprar postes de luz) o para celebrar alguna festividad específica (por ejemplo, Navidad, fiesta nacional).

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De esta manera, cuando los habitantes hablan sobre la participación, y la cohesión social del barrio, la mayoría de las veces lo hacen en tiempo pasado; por ejemplo, ellos dicen: María: “antes los vecinos eran más unidos” (HCRF, mujer, 90 años, quebrada Las Cañas). Ana: “antes se hacían actividades, para mejorar la quebrada, pero ahora no se hace nada” (HF, mujer, 75 años, quebrada Las Chanas). Elizabeth: “antes aquí se hacían campeonatos de baby fútbol, para que las familias y los niños se distrajeran” (HN, mujer, 42 años, quebrada Las Chanas).

Es decir, de cierta forma los habitantes reconocen que antes eran más organizados en la medida que tenían y querían lograr objetivos comunes. Esto se ejemplifica cuando un grupo de 25 familias de la quebrada Las Cañas se organizaron y formaron un comité para realizar los trámites para la regularización de los sitios. Fueron principalmente las mujeres quienes llevaron la dirección del comité, logrando, en el año 1995, la regularización de sus sitios, luego de vivir, en promedio, más de treinta años en situación de irregularidad. Con respecto a la tenencia de sus terrenos, la señora María, una de las primeras vecinas que llega a la quebrada en 1945, nos cuenta: “Antes eran más unidos los vecinos, por ejemplo nosotros nos juntamos, entre los vecinos e hicimos juntos el trámite de la escritura (título de dominio), andábamos todas las mujeres p’arriba y p’abajo, yo ahora soy dueña, y esto lo han ocupado mis hijos y ahora mis nietos, abajo vive mi nieta con sus hijos y su esposo” (HCRF, mujer, 90 años, quebrada Las Cañas).

Sin embargo, hoy en día dicen haberse cansado, se aburrieron de organizarse y esperar. Sienten que están detenidos, que han pasado muchos años en la misma condición, sin caminos pavimentados, sin escaleras, sin alcantarillado, sin agua, etc. Y que el desinterés por las quebradas y falta de proyectos por parte de los organismos público ha afectado su motivación y cohesión social. Don Héctor habita en la quebrada Las Cañas desde el terremoto de 1985; él nos cuenta que hace ya un tiempo que el desarrollo de la quebrada se estancó, que no hay proyectos nuevos, que la municipalidad no hace nada por mejorar su condición, y que los vecinos perdieron las ganas de realizar proyectos juntos. Don 66


Héctor relata: “Aquí somos de la junta de vecinos 61, incluso teníamos hasta la sede hecha (recinto), pero ya no se han hecho más cosas aquí, aquí se arregló el camino y se luchó por unas casas, pero ya no se ha seguido, porque la gente se aburrió. Nosotros le pedíamos a la muni (municipalidad) que viniera a ver qué pasaba y no venían, la gente se aburrió de hacer las cosas solos, aquí realmente la municipalidad tampoco hace ninguna cosa y así que quedamos estancados; ya llevamos así más de 15 años, casi 20 más o menos yo creo, o incluso, un poquito más, ya ni me acuerdo, pero estamos estancados” (HCRF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas)

Los habitantes reclaman que en otros sectores de la ciudad se ve claramente la inversión pública, como por ejemplo en el sector patrimonial (declarado como tal por la UNESCO, en el año 2003), contiguo a la quebrada Las Chanas, que ha sido beneficiario de grandes inversiones públicas (PRDUV18) y privadas. Frente a esta realidad, los vecinos no entienden por qué en su quebrada no se hace nada, si están prácticamente al lado del sector patrimonial. La señora Gloria, dirigente de la quebrada Las Chanas, nos cuenta que, en reiteradas oportunidades, ha enviado solicitudes a la municipalidad para que se corten unos grandes eucaliptus que están por derrumbarse sobre las casas de la quebrada. Sin embargo, ella piensa que no ha sido tomada en cuenta, porque al alcalde solo le interesa mostrar una parte de Valparaíso, aquella “ciudad del patrimonio”, a pesar de que los problemas reales que tiene la ciudad están escondidos en las quebradas. Ella relata: “El otro día yo fui al cerro concepción (cerro situado dentro del centro histórico) y allá es otra cosa, es otro mundo, ahí está la plata, ¡el patrimonio de la humanidad!, pero es hasta ahí no más, hasta donde los detectives, y ¿para acá? ¿Qué hacen para acá? Yo miraba todos los cerros y decía esto es como un enjambre de abejas, todo perforado, así lo veía, un día yo le dije al alcalde —bueno, al que era el alcalde, porque estaba tomando once con él, […] el ex alcalde Cornejo— sabe qué: yo me asomo a la ventana y a veces pienso y miro a Valparaíso y lo veo como una dama antigua, muy elegante, pero muy elegante, de todos colores, pero por abajo con los calzones sucios, así es Valparaíso. […] Yo le dije, no, si es verdad, pero así, me lo imagino, tiene muchos colores. Yo me pregunto qué saca con estar pintando todas las casas si el mugrerío está por debajo, está en la quebradas, está en los callejones, hay tremendos árboles que no son capaces 18 PRDUV: El Programa de Recuperación y Desarrollo Urbano de Valparaíso (PRDUV), se creó en el año 2006, producto de un convenio entre el Gobierno de Chile y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para intervenir de manera integral en el territorio urbano considerado área patrimonial de Valparaíso.

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de venir a cortarlos, o sea, no tienen gente capacitada para nada, ni tampoco el personal de la municipalidad, los que están sentaditos no tienen cabeza para pensar, nada19 (HD, mujer, 62 años, quebrada Las Chanas).

El caso de la quebrada Las Chanas es muy particular y es por ello que, inicialmente, la seleccionamos como uno de los casos de estudio, ya que a pesar de su proximidad con el centro histórico, en ella no se ha realizado ningún tipo de mejoramiento urbano. Incluso la quebrada Las Chanas es una de las que posee mayores problemas de alcantarillado, pues más del 60% de las familias no posee el servicio y, sin embargo, son propietarios de sus sitios. En relación con esto, los vecinos nos señalan que desde los años cincuenta, los “políticos” les están prometiendo la canalización subterránea de la quebrada o abovedamiento20 y, por ende, el alcantarillado, lo cual mejoraría sustancialmente su calidad de vida. Sin embargo, aquella promesa aún no se cumple, el abovedamiento de la quebrada Las Chanas es casi un mito, mediante el cual los habitantes todavía sueñan e imaginan un futuro mejor. Durante la realización de las entrevistas no hubo ni un sólo vecino de la quebrada Las Chanas que no hiciera alusión al abovedamiento de la quebrada, incluso hasta los más jóvenes saben que algo se prometió y que no se cumplió, y que si se llegara a cumplir sería un sueño realizado. Abovedar una quebrada significa cubrir la quebrada, o más bien el cauce, con una superficie semicilíndrica, que da origen a una calle (acta Crichton)21. En el Boletín de Sesiones Ordinarias de la Cámara de Diputados, en la Sesión 36° del 17 de agosto de 1965, se menciona que las quebradas de Valparaíso deben ser abovedadas, señalando que: “Mientras en la provincia de Valparaíso, particularmente en sus ciudades de topografía más peculiar y endiablada, no se haga el abovedamiento de las 19 Uno de los programas más promocionados por el municipio es el programa Recuperación de Fachadas, financiado por la Subsecretaría de Desarrollo Regional, SUBDERE, a través del programa de Recuperación y Desarrollo Urbano de Valparaíso –PRDUV- y ejecutado por la Municipalidad de Valparaíso. http://www.municipalidaddevalparaiso.cl/fachada1.aspx 20 Abovedamiento de quebradas: “cubrir las quebradas con una superficie semicilíndrica”. En el Boletín de Sesiones Ordinarias, de la Cámara de Diputados, en la sesión 36° del 17 de agosto de 1965, se menciona que las quebradas de Valparaíso deben ser abovedadas (1965: 4189); y se presenta el presupuesto de abovedamiento de 37 quebradas: Cerezos, Stuven a Phillippi, Tolson a Phillippi, Mercedes a Phillippi, Cauce a Phillippi, Quebrada Honda y otras, Dolores a Phillippi, Quebrada Cabritería, Mercedes y Blanca, Quebrada Población Salles, Zenteno, Mendiburu, Ossandon, Colo-colo, Roblería, Febres, Troncoso y Ticiano, Pocuro, Las Cañas, El Litre, Avenida Francia frente fábrica de envases, Francia, Yerbas buenas, Basilio Rojas, Etchegaray, San Juan de Dios, Bettina, San Agustín, Meteoro, Santa Lucía, San Francisco, Las Chanas, Perdices, Callejas, Pescadores (Domeiko), Pescadores (Vidaurre), Tortuga. 21 http://www.dibam.cl/upload/i10633-1.pdf

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quebradas y de los cauces, no se podrán asegurar la pervivencia, la seguridad y la tranquilidad de los vecinos de las partes altas, que son la mayoría. Si no se construyen, en forma inmediata, urgente, ahora, por lo menos 100.000 metros cúbicos de muros de contención a los costados de los cerros y de muros de barreras, cruzados en las calles de la parte alta de Valparaíso, que aún no se pavimentan, no se prevendrá la caída terrible de agua, barro, piedras, escombros, sobre las casas de los vecinos” (1965: 4189). Es decir, al menos los vecinos llevan esperando 47 años que se cumpla dicho proyecto. En el boletín se hace alusión a 37 quebradas que deben ser abovedadas porque presentan un peligro para los vecinos. Entre las cuales se encuentran las tres quebradas que fueron sujeto de nuestro estudio. A la época, en la Sesión 28° del 3 de agosto de 1965 de la Cámara de Diputados, el diputado Luis Tejeda lo explicita con las siguientes palabras: “La verdad es que esta topografía obliga a que se aborden obras que están esperando ya hace mucho tiempo y que provocan serios problemas a los pobladores y a la ciudad. Me refiero a la tarea de abovedamiento de los cauces y las quebradas […] Cuando se producen estos fuertes temporales, que bajan con enorme enjundia hacia el plan de la ciudad, arrastran la escoria con tierra, con piedras y con árboles. Todo esto facilita que se desencajen y se remuevan los cimientos débiles y terminen por derrumbarse las casitas que se encuentran en las peores condiciones, como ha ocurrido en los cerros Florida, Ramaditas, Rocuant y en una serie de cerros de Valparaíso” (1965: 3365). Así, las familias han guardado en su memoria estos proyectos, sin que ello signifique que sea la mejor manera de intervenir estos lugares. Por su parte, la señora Ana es integrante de una de las primeras familias que llegaron a la quebrada Las Chanas y, a diferencia de la mayoría de las otras familias que ocuparon la quebrada a partir de una toma de terreno, su familia compró un gran terreno en la ladera este de la quebrada. Su padre llegó a Valparaíso, en 1906, desde el sur de Chile, y en 1942 compró “la quinta” en la que ella y sus hermanos viven actualmente. Ella nos cuenta que su padre le decía que el proyecto del abovedamiento de la quebrada era muy antiguo, y que muchos políticos se aprovecharon de la idea de este proyecto para hacer campaña con los vecinos de la quebrada:

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“Mi papá, cuando compró aquí, ya existía el proyecto de abovedar la quebrada, y nunca salió, mi papá compró en 1942, el ya murió, y dijo ojalá que mis nietos vean esto. Pero parece que ni los nietos lo van a ver. Yo ya tengo un nieto de 30 años y yo sé que él tampoco lo va a ver, nunca vamos a tener movilización por aquí […] Mi papá tenía antecedentes del proyecto, porque él estaba muy inserto en la junta de vecinos, él y los amigos peleaban y luchaban y trabajaban porque esta quebrada se abovedara, tenía antecedentes de los planos, de todo el proyecto. Por ejemplo, allá atrás donde han hecho casas, eso se dice que estaba reservado para plazas de niños, plazas públicas, pero ahí ya hay tres casas chantadas. Pero nunca lo hicieron; mire, busque a Alonso Zumaeta, él era un regidor, después Luis Bossay y tantos otros, antes del año 50, había otro tal Crichton22 o Craigtown, no sé cuánto se llamaba, y así otros que ya ni los recuerdo, pero que hacían mucha campaña aquí con los vecinos, con bailes, reinados, se juntaba plata, lo único que consiguieron después, con muchos años de batallar, fue comprar unos palos de poste y salió la luz, pero del abovedamiento nada” (HF, mujer, 75 años, quebrada Las Chanas).

De esta manera, los habitantes se sienten desconcertados, no entienden por qué sólo algunos sectores son beneficiados con programas de mejoramiento y ellos siguen siendo excluidos. Esto ha generado una desazón colectiva a causa de promesas incumplidas, de proyectos sin realizar, que alguna vez les fueron propuestos y que nunca se llevaron a cabo. Sobre el tema, la señora Doraliza relata: “¡Nada, nunca han hecho nada!, puras promesas, prometieron que iban a hacer una escala de aquí para arriba, hasta llegar a “Los Canelos”, nunca salió esa escala. Cuando estaba de alcalde el señor Pinto, perdone la expresión, pero él bajó sentado a “potazos” para abajo, porque no había cómo bajar, prometió hacer una escala […] el mismo día que él me dijo que iba a mandarme a hacer abajo un muro, abajo para arreglar bien, para que después yo pusiera para arriba una reja, puras promesas y nunca las vi, nunca hicieron nada. […] Aquí, no sé lo que pasa, somos marginados se podría decir. Siempre nos prometen que van a venir a hacer un arreglo, pero nunca vienen a hacer los arreglos, por lo menos pavimentar. Allí hay una cancha que se puede arreglar para los niños, para que jueguen y se diviertan, pero nada, ninguna cosa” (HF, mujer, 78 años, quebrada Las Cañas).

Así, hoy en día la falta de proyectos de mejoramiento y la no realización de proyectos prometidos en el pasado que visaban 22 Luis Bossay Leiva (1912-1986) Diputado por la sexta agrupación departamental, Valparaíso y Quillota, durante el periodo 1941-1945, y reelecto para el periodo 1945-1949. Integró las comisiones de Economía y Comercio y Especial Investigadora de Irregularidades de Aduanas y Puertos entre 1944 y 1945. Alonso Zumaeta (1907-1987) Diputado por la sexta agrupación departamental, Valparaíso y Quillota, durante el periodo 1957-1961, y reelecto para el periodo 1961-1965. Roberto Crichton Regidor de Valparaíso.

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el desarrollo de las quebradas, ha afectado la participación y cohesión social en las quebradas. La señora Marta, dirigente de la quebrada La Rinconada, sector de los Olivos Medios y que por muchos años trabajó con la ONG “Save the Children”23, nos cuenta que los vecinos se aburrieron de esperar y de trabajar por nada. Ella dice: “Yo era de la junta de vecinos, y siempre se hacían cosas, pero lo que pasó es que nunca recibimos apoyo. Nosotros empezamos a juntar plata para hacer una escala y siempre se ha estado trabajando; aquí no había agua, no había luz no había nada. Yo empecé a moverme con la junta de vecinos, y después tuvimos agüita, luz, y después empezamos a movernos por el camino, pero nadie nos ayudó, juntamos la plata que pudimos, pero los vecinos se aburrieron de esperar. Entonces yo también me aburrí de estar siempre buscando, pidiendo, haciendo esto y lo otro, para que nadie te tome en cuenta, uno se aburre, porque a veces me decían tienes que ir a reunión allá abajo a la municipalidad, yo gastaba plata, para ir y no se sacaba nada en limpio, después los vecinos me preguntaban qué había pasado en la reunión y yo decía nada. Hasta que todos se aburrieron” (HD, mujer, 59 años, quebrada La Rinconada).

Así este supuesto desinterés por parte del poder público ha generado un sentimiento de abandono en los habitantes de las quebradas. 1.5- Ausencia del Estado y el sentimiento de abandono Esta falta de proyectos específicos para las quebradas, se traduce en los habitantes en un sentimiento de abandono de parte de los organismos públicos. Los habitantes dicen sentirse abandonados, ignorados y no tomados en cuenta, a pesar de las recurrentes demandas que ellos han realizado mediante las juntas de vecinos y/o comités. En la etapa previa a las entrevistas durante los trabajos de levantamiento cartográfico, a los vecinos les intrigaba que alguien ajeno a la quebrada se paseara por allí. Entonces se acercaron y nos hicieron varias preguntas, como por ejemplo ¿Qué está haciendo? ¿De dónde es usted? ¿A qué vino para acá? ¿Es del gobierno? ¿Es de la municipalidad? ¿Usted es asistente social? Después de explicarles nuestro objetivo, les preguntamos por qué tanta pregunta y ellos nos respondieron:

Doraliza: “es que aquí es raro que venga alguien” (HF, mujer, 78 años, quebrada Las Cañas).

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http://www.savethechildren.ca/page.aspx?pid=414

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Juan: “aquí nunca viene nadie” (HF, hombre, 65 años, quebrada Las Chanas). Juana: “aquí estamos botados” (HD, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada).

Estas frases dejan en evidencia que los habitantes de las quebradas, por una parte, están siempre atentos a quién llega o “entra” a la quebrada, como si constantemente estuvieran esperando alguna solución a sus problemáticas actuales. Y por otra parte, evidencia este sentimiento de abandono que ha hecho que pierdan la motivación de trabajar unidos por el bien común. Los habitantes nos cuentan que hace tiempo que no “se pasea” nadie de la municipalidad por estos sectores, es decir, que nadie los va a visitar para enterarse de su realidad y de las necesidades que poseen. Al respecto, la señora Valeria, dirigente de la quebrada La Rinconada, nos cuenta que hace tiempo no tiene contacto con el municipio, que ni siquiera la informan sobre posibles proyectos en los cuales ellos pudieran participar como junta de vecinos. Ella dice: “Aquí nunca viene nadie, hace más de un año y medio o dos años, yo no sé si se comunicaran con la otra persona de la junta de vecinos, con la Edith, que es la presidenta de la unidad vecinal n°62, pero yo de hace tiempo no veo a nadie caminar por aquí. De hecho, yo como presidenta del comité, debería tener un contacto con el coordinador de la municipalidad, pero él me llama solo cuando son cosas relacionadas con la municipalidad, o sea que le interesan a ellos, pero no para ayudarme con mi sector” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Por su parte, la señora Juana, también dirigente por muchos años de la quebrada La Rinconada, relata que la única organización que se ha acercado a esta quebrada ha sido TECHO, por medio de la cual algunas familias fueron beneficiadas con viviendas de emergencia o mediaguas. La señora Juana, en su calidad de dirigente, estuvo encargada de crear el contacto entre las familias con mayores problemas sociales y TECHO y nos cuenta que, a pesar de estar cerca del Congreso Nacional, nadie va ayudarlos. Ella relata: “Desde Un techo para Chile, de ese entonces, no ha venido nadie más a ayudarnos, aquí estamos botados, usted como ve, no hay pavimentación, usted vaya a los sitios de más arriba, está todo pavimentado. Imagínese si aquí estamos al lado del congreso y vea usted como estamos, yo creo que si ellos miraran un poquito Valparaíso por la ventana verían cómo estamos. Imagínese, a 10 minutos del Plan y nada” (HD, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada).

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De esta manera, este sentimiento de abandono lo definen como un estar en una situación de invisibilidad. Invisibilidad que, en un principio, la percibían como beneficiosa y favorable con respecto a su permanencia en el lugar. En el sentido que podían establecerse tranquilamente en la quebrada, sin el acecho de ser expulsados. Sin embargo, esto cambió con el paso de los años y las familias que, en promedio, superan los 30 años de permanencia en las quebradas, sienten que esta invisibilidad los perjudica y les molesta, ya que perciben que siguen estando al margen, incluso en circunstancias que ellos mismos han logrado legalizar sus sitios por su propio esfuerzo y que son propietarios oficiales. Al respecto, la señora Valeria, dirigente de la quebrada La Rinconada, menciona que a pesar de que algunas familias han regularizado sus terrenos, la intervención del Estado sigue siendo inexistente, y agrega: “Yo considero que la municipalidad nunca ha estado interesada en este sector, no sé ¡pareciera que fuéramos invisibles!, o no sé si faltará más insistencia de nosotros, pero yo he visto que acá alrededor (en las afueras de la quebrada) han pavimentado las calles, y todo. No sé si tengan amigos en la muni que les ayudan, no sé, pero este sector está muy abandonado, de hecho desde ahí donde tu bajaste el negocio de la esquina, toda esa calle se llama calle “los maitenes”, los olivos medios, todas esas casas están regularizadas, todos son dueños de terreno y tampoco tienen calles, tampoco está pavimentada, me entiende” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Desde la perspectiva de los habitantes, regularizar los terrenos, es decir, obtener el título de dominio, es un evento trascendental en sus vidas, pues significa el primer y gran paso que les permitirá consolidar su vivienda y optar a programas de mejoramiento financiados por el Estado. El problema es que hoy, y a pesar de ser propietarios, los habitantes se siguen sintiendo excluidos. Nos comentan que antes de regularizar sus terrenos, de cierta forma no se sentían en pleno derecho de reclamar ningún tipo de beneficio, y que quizás todo ha sido culpa de ellos mismos por no insistir lo suficiente. Esto ha generado una contradicción en los habitantes, ya que por una parte es el municipio y el MBBNN los que avalan y han hecho posible la regularización de sus sitios, es decir, los apoyaron en el proceso. Pero luego los abandonan a su suerte, sin generar programas y proyectos que se enlacen inmediatamente con la regularización de los sitios, por ejemplo, enlazándolos 73


con programas de mejoramiento de vivienda o barrio del MINVU. Es decir, los vecinos sienten que hoy cumplen con la ley, pero que pareciera no ser suficiente para poder ser beneficiario de programas y proyectos de mejoramiento específicos para las quebradas. La señora Valeria continúa diciendo: “… Aquí hay varios vecinos que ya son propietarios y que podrían beneficiarse con algún subsidio, pero no sabemos cómo se hace; el coordinador de la municipalidad, pero él me llama solo cuando son cosas relacionadas con la municipalidad, o sea que le interesan a ellos, pero no para ayudarme con mi sector, o para decirme que hay un programa de pavimentación, o para decirme: ven inscríbete, infórmate, informa a tu gente, no sé, algo siquiera, pero por el contrario están sentados allí en la municipalidad” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Así, este abandono por parte de los organismos públicos antes lo justificaban por el hecho de estar o haber estado en situación de irregularidad con respecto a la tenencia de sus terrenos, como si se lo merecieran y no tuvieran derecho a reclamo. Cuestionamiento que se basa, en cierta medida, en lo que recurrentemente dejan entender diferentes organismos públicos, “el que los habitantes de las quebradas se buscaron lo que hoy tienen”. Es decir, que fueron por su propia voluntad a vivir allí y que, por ende, tienen que aguantar lo que les pase si no quieren cambiar su lugar de residencia. Los habitantes consideran que poseer el título de dominio les otorga los mismos derechos que a cualquier ciudadano, lo que implica demandar el mejoramiento del espacio público de las quebradas. Sin embargo, lo que ellos desconocen es que existen ciertas contradicciones legales entre la regularización de un sitio y la posibilidad de construir en dicho sitio una vivienda.

1.6- Sentimiento de ser periodos de elecciones.

utilizados

o

manipulados

en

Además del hecho de sentirse abandonados por parte del poder público, sienten que sólo son tomados en cuenta cuando hay elecciones a nivel nacional (presidenciales y parlamentarias) y/o comunales (alcaldes, concejales y CORES). Al respecto, la señora Ximena relata: “Aquí, por ejemplo, nosotros no tenemos grifo, y en caso de incendio los bomberos se van por el cerro de allá al frente y

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bajan una inmensa escala por allá, así que imagínese, aquí no hay. Entonces, la otra vez hablábamos con la Laura Soto (ex diputada y senadora chilena), hicimos una once donde mi hermano, ella nos dijo: ‘no, no se preocupen, denme el voto y yo les voy a mandar el grifo’, y todo el atado, la misma cosa que el presidente, el presidente te ofrece de todo y ahí quedamos” (HCRF, mujer, 51 años, quebrada Las Cañas).

Por su parte, la señora Valeria, dirigente de la quebrada La Rinconada, nos cuenta que los políticos van a la quebrada solo en periodo de elecciones, generando altas expectativas entre los vecinos, pero una vez que las elecciones terminan nunca más se aparecen por la quebrada. Ella relata una situación específica con respecto a la regularización de los títulos de domino de su sector: “Cuando el alcalde Aldo Cornejo se postuló para la reelección, anduvieron ellos ayudándonos para la regularización de terrenos, pero como no salió elegido, entonces todo quedó en nada, todos los papeles que yo les había pedido a mis vecinos, para que hicieran los tramites, ahí quedaron. Lamentablemente, eso es lo malo que tiene este país, que cuando sale un gobierno te ofrecen el cielo, el mar y la tierra, pero cuando no sale todos quedamos botados” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Si bien la mayoría de los habitantes de las quebradas está inscrita en los registros electorales, en general las familias no se identifican claramente con ningún partido político. Cuando hay elecciones, simplemente optan por quien les promete u ofrece algún mejoramiento de su condición actual. Así, es muy probable que de una elección a otra cambien drásticamente de color político. Es decir, el interés en época de elecciones es recíproco, pero indudablemente no equilibrado, ya que la ayuda entregada por los políticos en época de campaña es ínfima y se reduce, básicamente, a la entrega de alimentos o actividades recreativas improvisadas en la misma quebrada. Así, a los vecinos no les queda otra que aprovechar el momento, porque están conscientes que la ayuda no será permanente. Al respecto, la señora Juana, antigua dirigente de la quebrada La Rinconada, relata: “La municipalidad nunca ha hecho nada para acá, el que nos dejó las escalas, y caminos fue don Hernán Pinto (ex-alcalde)24. 24 Hernán Pinto fue alcalde durante el periodo de (1990-1996) y reelecto para los periodos (1996-2000) y (2000-2004). Es considerado por los vecinos de las quebradas como el único alcalde contemporáneo que ha realizado proyectos en beneficio del mejoramiento de su calidad de vida. Los vecinos le reconocen a su gestión proyectos de mejoramiento de pasajes, escaleras, puentes, barandas, casetas sanitarias y edificios para organizaciones comunitarias como las juntas de vecinos.

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Cornejo no hizo nada y ahora Castro, ni se asoma, para nada, pero cuando vienen a buscar votos, corren, ¡ahí están con los pobres! Y ahora don Hernán Pinto acá obtuvo varios votos, pero de otros lados no. Él vino acá con los pobres a cerrar su campaña, compartió una empanadita, un vasito de vino, dulces y jugos para los niños. Él podría haber salido, una pena que se pierdan los hombres así. También, por ejemplo, yo fui una de las fundadoras del Club Deportivo Comunitario “Las Palmeras”, pedimos ayuda a los políticos. Laura Soto nos ayudó mucho en una pascua cuando salió la primera vez. Joaquín Godoy también nos ayudó mucho con fideos para la población. Han llegado buenos políticos, que nos han ayudado” (HD, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada).

Así, la historia pareciera repetirse una y otra vez, una historia de proyectos y promesas incumplidas. Como señalábamos anteriormente, la falta de proyectos y el incumplimiento de las promesas para las quebradas han debilitado la participación y cohesión social al interior de estas, generando un sentimiento de abandono y de utilización por parte de los políticos y de los organismos públicos.

2.0- Vivienda social Como lo mencionamos al inicio de este capítulo, la segunda temática abordada por los habitantes en relación con la acción del Estado en las quebradas, guarda relación con el hecho de no postular a programas de viviendas sociales. Cuando los habitantes comienzan a hablar de las necesidades que poseen actualmente, por ejemplo, en relación con la calidad de sus casas o en relación con la regularización de los sitios, fue necesario realizar una breve intervención que nos permitiera conocer la contraparte del discurso. De esta manera, en la medida en que ellos nos contaban, por ejemplo, sobre los mejoramientos que debían realizarles a sus casas, o sobre las malas condiciones que presentaban las mismas, o sobre los problemas en relación a la obtención del título de dominio de sus sitios, la interrogante que surgió inmediatamente fue si ellos estaban conscientes que poseían carencias que superan sus posibilidades de autogestión y ¿por qué los habitantes de las quebradas no postulan a los programas estatales de viviendas sociales? De esta manera les preguntamos de forma tangencial: ¿y las viviendas sociales? Al formular la pregunta apareció una inmediata contradicción en los discursos. Previamente, los habitantes hablaban sobre 76


las carencias que presentan sus viviendas, pero en seguida, a pesar de considerar que su condición actual puede ser precaria o mala, rechazan, casi en su totalidad, la idea de vivir en una vivienda social, pues la mayoría considera que estas viviendas no representan un modelo de vida acorde con sus expectativas, tanto a nivel social, como material y de localización. Así, pudimos distinguir que los habitantes poseen apreciaciones tanto positivas como negativas al respecto. Las apreciaciones positivas son muy pocas y poco específicas; en general, los habitantes visualizan la vivienda social como una buena “cosa”, pero que no es para ellos, sino para personas que lo necesitan, ya que consideran que ellos ya poseen una casa, aunque esta sea precaria o se encuentre en malas condiciones y sea producto de una toma de terreno. En estas apreciaciones valoran la acción del Estado, aunque no tienen muy claro cómo llegar a ser beneficiarios de ella. En relación con esto, la señora Valeria, dirigente de la quebrada la Rinconada, considera que los proyectos de viviendas sociales es algo bueno, ya que muchas personas que están en toma lo necesitan, sin embargo, piensa que está bien para los demás, pero no para ella, aunque también habite en una toma. Ella relata: “es bueno que exista esa posibilidad, porque hay mucha gente que vive en “toma” y necesita donde vivir, porque viven peor de cómo vivo yo. Igual yo no encuentro que viva mal, tengo un marido responsable, quien ha sabido construir la casa de una manera que no ocurra peligro, pero si tú te fijas, te das cuenta y te pones a mirar, que hay tomas donde la casa están casi colgando acá en Valparaíso y no tienen tampoco para construir, entonces viven en dos o tres piezas familias súper numerosas. Considero que son buenas las cosas que está haciendo el gobierno porque le da la oportunidad a la gente de vivir mejor” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Por el contrario, las apreciaciones negativas son variadas y muy específicas; los habitantes de forma general hablan de las viviendas sociales de forma comparativa con respecto a su actual lugar de residencia. Los temas abordados tienen que ver con: el pequeño tamaño y la mala calidad constructiva de las viviendas sociales, la falta de intimidad, la segregación por la localización de estas viviendas y, finalmente, el desarraigo que implica cambiar su lugar de residencia. Así, las representaciones sociales que poseen los habitantes de las quebradas con respecto a la vivienda social han construido 77


un imaginario poco favorable para las mismas. Los habitantes de las quebradas han construido su propia representación y en relación con las viviendas sociales, en virtud de su propia experiencia o a partir de las experiencias de familiares y amigos que viven en viviendas sociales y se las han transmitido. De esta manera, vivir en viviendas sociales para los habitantes de las quebradas, básicamente, está ligado a cuatro representaciones generales, las cuales vehiculan una imagen y un contenido específico. Y que de forma general quedan explicitadas a partir de los siguientes fragmentos recogidos de los relatos de algunos de los entrevistados: 1- Estigmatización social: “vivir con cualquier tipo de gente”. 2- Segregación residencial por localización: “vivir en la punta del cerro”. 3- Desterritorialización y pérdida de cohesión social: “es ir a hacer todo de nuevo”. 4- Tamaño y calidad material: “vivir en cajas de fósforos”.

2.1- Estigmatización social de los habitantes de viviendas sociales “vivir con cualquier tipo de gente” (HCRF, Hombre, 51 años, quebrada Las Cañas).

Esta frase tiene directa relación con las representaciones y el imaginario colectivo que se ha construido históricamente en Valparaíso en torno a las familias que habitan en viviendas sociales y a los emplazamientos de las mismas. De forma general se asocia los emplazamientos de viviendas sociales a lugares periféricos, peligrosos, violentos y que, por lo tanto, infunden miedo. Al mismo tiempo que se estigmatizan los territorios o lugares, se estigmatiza y se define un “tipo de persona”, generando las siguientes relaciones: Lugar periférico = personas periféricas, Lugar peligroso = personas peligrosas, Lugar violento = personas violentas. La estigmatización la entendemos como “un proceso externo, que eventualmente se convierte en un proceso interno a medida que los propios habitantes del barrio interiorizan estos juicios” (Cohen, 2011: 26) En esta medida, cuando los habitantes de las quebradas internalizan los juicios que poseen con respecto a las viviendas sociales y de sus moradores se genera una 78


diferenciación entre ellos y los otros. Erving Goffmann habla de los “estigmatizados” y de los “normales” (individuos no estigmatizados). A partir de esta categorización, los habitantes de las quebradas se sitúan en los “normales” y los habitantes de viviendas sociales son los “estigmatizados”. Lo cual puede parecer ilógico en la medida que los habitantes de las quebradas son habitantes “informales”, pero que sin embargo poseen las mismas estigmatizaciones con respecto a la vivienda social que un habitante “formal”. Esto revela una percepción negativa generalizada por parte de la población acerca de los proyectos actuales de vivienda social en Chile. Para Goffman, “el estigma corresponde a toda característica propia al individuo que, si es revelada, lo desacredita ante los ojos de los otros o lo hace pasar por una persona de un estatus menor” (Rogel, 1997: 54). En este caso, lo que desacredita a los habitantes de viviendas sociales y los hace pasar por grupo social inferior, es el hecho mismo de vivir en viviendas sociales situadas en la periferia. De esta manera, la estigmatización de los habitantes de viviendas sociales está directamente ligada, en este caso, con la segregación residencial que es definida por Sabatini, Cáceres & Cerda como “el grado de proximidad espacial o de aglomeración territorial de las familias pertenecientes a un mismo grupo social” (2001: 27) Así, esta idea de que “allí vive cualquier tipo de gente” tiene relación con el hecho de que las familias, en muy pocas ocasiones, tienen la posibilidad de elegir en qué sector quisieran vivir y, por ende, tampoco eligen a sus vecinos. Esta no elección y no decisión genera en las familias un sentimiento de inseguridad que se funda en la idea de lo desconocido, es decir, de no saber a qué se enfrentan, ¿a quién tendré por vecino?, ¿qué costumbres tendrán mis vecinos?, ¿en qué trabajan mis vecinos?, ¿serán violentos mis vecinos?, etc. Esto lo apreciamos claramente en el relato de don Héctor, quien reclama que el problema de las viviendas sociales es que mezclan a todo “tipo” de gente y que, por el contrario, para evitar aquello, se debería priorizar el traslado de familias que se conocen previamente. El comenta: “Ahí meten a cualquier tipo de gente de mal vivir, entonces meten a todos en una misma canasta […] meten a cualquier gente, entonces meten delincuentes meten de todo junto” (HCRF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas)

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2.2- Segregación residencial por localización

“vivir en la punta del cerro” (HN, Mujer, 42 años, quebrada Las Chanas).

En la ciudad de Valparaíso se advierte una tendencia a repetir ciertos patrones de localización de la vivienda social, en la periferia de la ciudad. Históricamente, la vivienda de carácter social se ha ubicado en sectores periféricos de la ciudad. Por ejemplo, al momento de la construcción de la Población Obrera (1890), los terrenos que ocupa eran considerados la periferia de la ciudad; debemos recordar que el camino cintura marcaba el límite entre la “ciudad” y sus extramuros. Esta tendencia, históricamente, ha conducido a modificar, en reiteradas ocasiones, el límite urbano, lo cual permite acceder a suelos de bajo avalúo fiscal, que son financieramente accesibles para el Estado. De esta manera se “incluyen” las viviendas sociales a la ciudad. Ejemplo de estos son los conjuntos de viviendas sociales ubicados en Las Palmas, La Laguna, Rodelillo, El Vergel, y como anteriormente había sido el sector alto de Playa Ancha. Sin embargo, la mayoría de estos conjuntos nacen incompletos, es decir, solo se construye la vivienda sin un soporte urbano, social y comercial suficiente para una adecuada integración de las familias a su nuevo lugar de residencia. Sin embargo, la segregación residencial no sólo es un fenómeno contemporáneo, pues en Latinoamérica las ciudades nacen segregadas desde la época colonial. Patricio Gross señala al respecto: “El interior de la ciudad colonial marcaba el carácter de dominio y estratificación española: ‘tal como estaba dividida la sociedad entre señores y servidumbre, la gente y el populacho, se organizaba la ciudad’. Así la cercanía a la plaza principal —espacio simbólico del poder— iba marcando el mayor estatus social, de modo que mientras más cerca se ubicaba el solar, mayor status del propietario, instalándose en las afueras, los pobres y los desposeídos, garantizando la ciudad la hegemonía y seguridad de la clase dominante” (Sepúlveda Swatson, 1998: 103) De esta manera, la localización de la vivienda social en Valparaíso se percibe por los habitantes de las quebradas como segregativa, ya que actualmente esta es sinónimo de vivir “en la punta del cerro”. Esta representación alude a la ubicación geográfica y a la distancia-lejanía de las viviendas con respecto al centro de la ciudad. Esta segregación es percibida por los habitantes como una forma de exclusión, percepción que se relaciona directamente con la 80


idea de estar aislados o recluidos en las afueras de la ciudad y, por ende, lejos de todo aquello que la ciudad ofrece: trabajo, educación, diversión, sociabilización, etc. Es decir, la segregación residencial que enuncia la frase “vivir en la punta del cerro”, los habitantes la asocian a una disminución o anulación de sus derechos de ciudadano, específicamente el derecho a la ciudad y el derecho a movilidad. De esta manera, el imaginario colectivo define la localización de la vivienda social como lugares periféricos a los cuales sólo se puede llegar en micro, lo que implica un gasto no previsto si se habita en una quebrada, pues el Plan de la ciudad está de 5 a 15 minutos a pie. Con respecto a esto, la señora María compara su localización actual con aquella de las viviendas sociales. Ella relata: “Si viviéramos en departamentos, no sería lo mismo, aquí ahorramos en micros, colectivos, el colectivo para abajo le cobra trescientos pesos, para arriba le cobran trescientos cincuenta pesos y la micro le cobra doscientos pesos más de aquí de Uruguay, pero al tomarla directo son trescientos pesos” (HF, mujer, 71 años, quebrada Las Cañas).

Por el contrario, los habitantes de las viviendas sociales localizadas en las periferias, emprenden diariamente largos viajes en el transporte público entre sus casas y sus lugares de trabajo, las escuelas, liceos, hospitales, centros de estudio, lo que genera un aumento en el gasto de la movilidad en familias que, con suerte, superan el sueldo mínimo. Sin embargo, esta segregación no solamente la definen desde el punto de vista espacial, sino también social, ya que su traslado a estas viviendas implicaría la pérdida de todas las redes sociales que ellos han construido hasta ahora y que son fundamentales para su sustento. En relación con esto, la señora Elizabeth, quien trabaja como auxiliar de limpieza en un colegio en Valparaíso, donde gana el sueldo mínimo (225.000 pesos al 1 de julio 2014), nos cuenta que su hijo tiene síndrome de Down y asiste a dos escuelas diferentes en Valparaíso, una diferencial y una normal, y que se le haría imposible irse de la quebrada, esto porque sus vecinos son el apoyo constante que tiene para hacer frente a las eventualidades cotidianas. Ella relata: “A mí me dicen postula (a programas vivienda social), pero cómo lo hacemos. Supongamos que me den para el Belloto, qué hago yo en el Belloto, me entendí, […] allá en Belloto, a la cresta de la loma, yo digo ¿qué hago si se enferma el Rubén? (hijo), yo por ejemplo si no tengo plata voy donde la vecina y le digo: ‘oye

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préstame plata’, ‘o vecino, llévame a la posta’, ¡y me lleva! Los choferes aquí ya los conocí, entonces ahora que tú me preguntas es tanta cosa, que te hace como anclarte en el lugar que tú vives, porque yo no me hallo viviendo en Playa Ancha. Mi hijo me dice: mamá, aquí están los departamentos botados, junta la plata y te vienes para acá, pero cómo voy a juntar plata si con el sueldo mínimo que me pagan apenas me alcanza. Y en Playa Ancha qué hago si para allá a mí no me gusta. Yo le digo que yo vivo de aquí para allá en la avenida Alemania, pero no para allá. Porque es ir a hacer todo de nuevo, acostumbrarte de nuevo, y yo te digo, en la casa tengo mi independencia, no tengo que estar escuchando a los vecinos, si ahora las construcciones suenan por todos lado, si abren la llave de la ducha o el lavaplatos crees que es la llave de tu casa, si golpean en tu casa creí que están golpeando al lado, no tienes, privacidad, como que la privacidad se te pierde” (HN, mujer, 42 años, quebrada Las Chanas).

Es por ello que los habitantes de las quebradas exigen el derecho a la localización, ya que es algo que ellos actualmente poseen, y consideran que su localización es beneficiosa para el libre acceso a la ciudad.

2.3- Desterritorialización25 y pérdida de cohesión social “es ir a hacer todo de nuevo, es acostumbrarte de nuevo” (HN, Mujer, 42 años, quebrada Las Chanas).

Esta frase que es utilizada por la señora Elizabeth cuando ella se imagina y reflexiona sobre cómo le afectaría vivir en una vivienda social, tiene implícita la idea de la desterritorialización. Es decir, romper “el vínculo territorial entre ella y un territorio”, en este caso la quebrada. Ese “empezar todo de nuevo”, significa para ella crear y construir nuevos lazos sociales, territoriales y reinsertarse a un nuevo lugar, es decir, “acostumbrarse de nuevo” a una nueva vivienda, a un nuevo barrio, a nuevos vecinos, a nuevos desplazamientos y, finalmente, a una nueva ciudad a la que no está habituada. Es decir, crear de nuevo ese arraigo al territorio tal como ella lo relata: “Aquí, tú ya estas anclado al lugar, tienes tus amigos, vecinos que te ayudan, o sea, tienes tu mundo, ¿me entendí?, entonces anclarte en el lugar que tú vives, y después cambiarte a un departamento donde no conoces a nadie, que queda lejos y más encima no me gustan, es ir a hacer todo de nuevo, acostumbrarte de nuevo” (HN, mujer, 42 años, quebrada Las Chanas).

El concepto de desterritorialización se opone al concepto de 25 El concepto de desterritorialización nace en la filosofía y fue acuñado por Gilles Deleuze y Félix Guattari; sin embargo, este concepto ha transcendido su campo inicial y hoy en día es un concepto utilizado por la geografía cultural.

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territorialización, el que se define como un proceso que permite construir un territorio, construir lazos que nos fijan, que nos anclan, que nos arraigan a un territorio específico, tanto social como espacialmente. Según Barel, territorializar “es construir y reconstruir sin cesar lo que rodea al actor social, tanto material como inmaterialmente: es por intuición, es una sutil “alquimia” entre lo personal y lo colectivo, porque nuestro aparato cognitivo no puede inventarlo todo” (Di Méo, 1996: 21). Así, la desterritorialización guarda relación con la pérdida del territorio conocido y construido. Es decir, una ausencia de representaciones personales y colectivas, una falta de anclaje (Lindón & Hiernaux, 2004), un proceso por el cual se abandona el territorio (Herner, 2009), un desenraizamiento que rompe con la historia y la memoria de los lugares. Según Fournier, “La desterritorializacion busca destruir el territorio y los problemas sociales que le son directamente asociados. Queremos destruir el territorio o modificarlo porque suponemos que es en sí mismo una fuente de dificultades” (2006: 32). Los habitantes consideran que si dejaran su territorio —las quebradas— tendrían muchos problemas para reinsertarse en un nuevo territorio desconocido —viviendas sociales—, ya que implicaría una desarticulación de las relaciones sociales, de las prácticas, de las representaciones que se han construido socialmente desde hace tiempo. Los habitantes están arraigados al territorio, a sus casas, a su barrio, a sus amigos, a todo lo que significa haber construido de la nada su lugar de residencia. Valoran el esfuerzo y el trabajo que les ha costado construir lo que tienen hoy en día. La hija de la señora Ximena relata: “A nosotros no nos gustaría vivir en otra parte, o en los departamentos que da el gobierno. Por el cariño, por los años que uno lleva acá los esfuerzos que te costaron estar acá, empezar de a poquitito y que después veas tu casa como tú la querís, la tenís modificada como uno quiere, entonces igual como que uno le tiene cariño. Uno se aferra a esas cosas porque las cosas que te costaron. Imagínate mi mamá, perdió hasta una guagua aquí, entonces los recuerdos que le quedan de acá, eso es lo difícil” (HCRF, mujer, 21 años, quebrada Las Cañas).

De esta manera, la única opción que visualizan, en el caso extremo que debieran partir de las quebradas, es que todos los vecinos sean trasladados juntos, como grupo, como barrio, ya que de esta manera volver a construir el arraigo y sentimiento de pertenencia, en un nuevo territorio, sería más fácil. Don Héctor lo explícita de la siguiente forma: 83


“Si ellos sacan gente de un lugar, debieran sacar a todos de una parte de un barrio, supongamos todo este sector, deberían sacarnos a todos, o a nadie, porque ya nos conocemos, nos conocemos los caracteres, las personas y los hijos se conocen por años, entonces ya hay un respeto entre familias y familias, no es como ellos lo ponen y meten a cualquier gente” (HCRF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas).

Esto sólo se ha dado en algunos casos de proyectos muy específicos que nacieron a partir de demandas de agrupaciones de vecinos que se organizaron y postularon en grupo a una solución habitacional. Lo que les permitió quedar situados quizás en un mismo bloque de departamentos o en una misma cuadra, rescatando y conservando, de esta manera, las redes sociales y la proximidad entre los vecinos. Así, la desterritorialización es otra de las razones en que se funda la negación de los habitantes de las quebradas a postular y/o vivir en viviendas sociales. Ya que la desterritorialización se contrapone al arraigo y al sentimiento de pertenencia que poseen los habitantes en tanto que comunidad. Fenómenos sociales que se ven drásticamente afectados frente a un cambio de residencia.

2.4- Tamaño y calidad constructiva de las viviendas. “vivir en cajas de fósforos” (HF, Mujer, 78 años, quebrada Las Cañas).

La expresión “cajas de fósforos” para designar las viviendas sociales es una expresión reconocida a nivel nacional. Esta representación que define a las viviendas sociales como “cajas de fósforos”, hace directa alusión al pequeño tamaño que se asume que poseen estas viviendas. Los habitantes dicen que son viviendas muy chicas, que no generan intimidad, que se escuchan los vecinos, que no hay patio ni para plantar, ni para tender la ropa, etc. Así, son innumerables las situaciones cotidianas que los vecinos exponen en una relación comparativa entre el hábitat informal y la vivienda social. En relación con esto, la señora Doraliza define las viviendas sociales como “cajitas de fósforos”, valorando su vivienda actual, principalmente por el espacio exterior, el patio, donde ella puede cultivar sus plantas. “¡No!, yo no viviría en eso, porque estoy acostumbrada aquí en la tierra, porque los departamentos son tan chiquititos, son cajitas de fósforos, como se les dice, y no hay comodidad, ¡no! Yo soy amante de la tierra, no podría, sería matarme más luego, irme a un departamento, porque yo me levanto a las 7 de la

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mañana, aunque ande mal, ya estoy metía en mis plantas, viendo mis plantitas, hablo, converso con ellas, y en un departamento ¿a dónde?” (HF, mujer, 78 años, quebrada Las Cañas).

Don Héctor, por su parte, asocia el tamaño de las viviendas sociales a la imagen de un nicho funerario. En esta imagen están implícitas dos ideas generales: el pequeño tamaño de la unidad y su carácter repetitivo. Espacialmente reducida y carente de identidad, en oposición a la vivienda unifamiliar. Él relata: “A mí no me agradan para nada los departamentos, la verdad que no me gustan porque son muy chicos, parecen nichos, no hay espacio, no es como uno tener su casa, es diferente. Aquí usted puede arreglarla a su gusto, o sea, puede hacer lo que quiere. Además, usted sale del departamento y se encuentra con la gente, con su vecino, a cada rato, no hay intimidad” (HCRF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas).

El tamaño y la calidad constructiva de las viviendas termina teniendo efectos nefastos sobre la intimidad de las familias. Los habitantes señalan que las viviendas, además de ser pequeñas, son de mala calidad; dicen que los tabiques son muy angostos y, por lo tanto, se escucha todo lo que sucede al lado. La señora María nos comenta la experiencia de su hermana: “Vivir en un departamento es incómodo, ¿sabe por qué?, porque yo tengo una hermana que vive en departamento y está aburrida. Quiere vender el departamento y venirse a vivir a una casita porque no tienen patio, no pueden meter bulla, se siente todo lo que hacen las personas de al lado, entonces eso es incómodo. Si es verdad, son muy chiquitas. Lo bueno es tener patio, es tener donde jueguen los niños, esa es la diferencia” (HF, mujer, 71 años, quebrada Las Cañas)

Desde el punto de vista estético, formal y de calidad constructiva es habitual encontrar en las quebradas viviendas que, a simple vista, están a medio hacer, con materiales reciclados, de recuperación y que se adaptan a las necesidades de cada familia. Muchas viviendas presentan deficiencias constructivas, de terminación, de aislación, y la falta de medios económicos es evidente y en algunos casos es precario. Ante esta realidad, lo lógico, sería que las familias quisieran vivir en mejores viviendas, quizás en las viviendas sociales que provee el Estado; sin embargo, para nuestra sorpresa, las familias de las quebradas consideran que lo que ellos poseen es mucho mejor de lo que podrían obtener vía subsidio.

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C a p í t u l o

Quebrada-ciudad

En este territorio de apropiación evidenciaremos la relación que existe entre las quebradas y el resto de la ciudad de Valparaíso, cómo desde ellas se accede a la ciudad y cómo la localización de las viviendas en estas áreas de la ciudad incide en la movilidad cotidiana de sus habitantes. Los principales sujetos abordados por los habitantes en relación a este territorio están ligados a: a. Acceso a la ciudad b. Movilidad urbana

1.0- Acceso a la ciudad La ciudad de Valparaíso reúne un 94% de su población en sus 42 cerros y sólo un 6%26 en el Plan27, lugar donde se ha concentrado, históricamente, la mayor parte de los servicios y/o equipamientos públicos y/o privados que ofrece la ciudad, lo cual, ha influido en el modo en cómo los habitantes acceden a la ciudad e interactúan en y con ella. Frente a esta particular estructura urbana que centraliza la mayor parte de sus equipamientos, bienes y servicios en el plan, la población que vive en los cerros es dependiente de los equipamientos instaurados en el mismo, debiendo desplazarse casi obligatoriamente cada día al centro de la ciudad, hacia el trabajo, hacia los establecimientos educacionales, hacia los centros de salud, tiendas, mercados, ferias, etc.28. 26 Valparaíso una síntesis de lo que somos. http://www.municipalidaddevalparaiso.cl/ 27 Recordar que El plan, en Valparaíso, es sinónimo de centro de la ciudad. 28 Aquí debemos aclarar que los instituciones educacionales secundarias, de preferencia se ubican en el plan; en los cerros solo encontramos instituciones de educación básica, es decir hasta octavo básico, de la misma manera en cuanto a los equipamientos de salud, en los cerros solo encontramos consultorios, y no hospitales, los cuales están en el centro de la ciudad. De la misma manera, el comercio de los cerros es de venta minorista, o más bien dicho, de pocas cosas; son negocios de barrio, que permiten el suministro diario; sin embargo en el plan están los mercados y la feria con mejores precios en frutas y verduras. A excepción de cerros donde producto de la gestión patrimonial se han instalado cafés y tiendas varias, pero donde su público objetivo son los turistas o habitantes de ingresos superiores.

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Sin embargo, frente a esta estructura urbana centralizada, las familias que habitan en las quebradas consideran que la localización de estas últimas y la cercanía que presentan con respecto al centro de la ciudad son un beneficio y un valor agregado, que les permite vivir la ciudad sin sentirse segregados (urbanamente). Es en el plan de la ciudad donde todos los porteños son iguales, independientemente del cerro o quebrada de la cual provengan, es allí donde pueden disfrutar de todo lo que la ciudad ofrece en condición de igualdad. Por lo tanto, la proximidad y la localización que presentan sus viviendas con respecto al centro de la ciudad, independientemente de su nivel socioeconómico, les permite sentirse partícipes de la ciudad, en la medida que pueden utilizarla, disfrutarla y recrearse en ella. Es por ello que consideramos que habitar en una quebrada y, por ende, negarse a vivir en las viviendas sociales brindadas por el Estado, situadas preferentemente en la periferia de la ciudad, es una reivindicación del derecho a la ciudad. Expresión que es definida por la Carta Mundial por el Derecho a la ciudad, en el artículo n°1: “como el usufructo equitativo de las ciudades dentro de los principios de sustentabilidad, democracia, equidad y justicia social. Es un derecho colectivo de los habitantes de las ciudades, en especial de los grupos vulnerables y desfavorecidos, que les confiere legitimidad de acción y de organización, basado en sus usos y costumbres, con el objetivo de alcanzar el pleno ejercicio del derecho a la libre autodeterminación y un nivel de vida adecuado” (Carta Mundial por el derecho a la ciudad, 2005)29. Este derecho también incluye el derecho al desarrollo, a un medio ambiente sano, al disfrute y a la preservación de los recursos naturales, a la participación en la planificación y gestión urbana y a la herencia histórica y cultural. Esta expresión fue sostenida en Francia por Henri Lefebvre, en los años 1960, cuando propuso que “el derecho a la ciudad legitima el rechazo a dejarse excluir de la realidad urbana por una organización discriminatoria, segregativa. Este derecho del ciudadano (si queremos hablar: del hombre) anuncia la inevitable crisis de los centros de decisión, de riqueza, de poder, de información, de conocimiento, que expulsan hacia los espacios periféricos todos aquellos que no participa de los privilegios 29 ciudad.pdf

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http://www.lapetus.uchile.cl/lapetus/archivos/1239291239Carta_mundial_derecho_


políticos. Ello estipula igualmente el derecho a encontrarse y a juntarse, y los lugares y los objetos deben responder a ciertas “necesidades” generalmente desconocidas, tienen ciertas funciones mal vistas y/o transfuncionales el “derecho de vida social y de un centro, la necesidad de un centro, la necesidad y las funciones lúdicas, la función simbólica del espacio” (Lefebvre, 2000: 22). El derecho a la ciudad presupone el derecho de los habitantes a poder encontrarse, reunirse, y a figurar en todas las redes y circuitos de comunicación, de información y de intercambio. Legitimando, al mismo tiempo, el rechazo a dejarse excluir del espacio urbano promovido por políticas sociales y económicas que tienden a la segregación y a la discriminación. Uno de los lugares donde este derecho se hace efectivo y es más visible es en el espacio público, lugar donde los habitantes de una ciudad pueden encontrarse en igualdad de condición. Jordi Borja señala, al respecto, que “El espacio público expresa la democracia en su dimensión territorial. Es el espacio de uso colectivo. Es el ámbito en el que los ciudadanos pueden (o debieran) sentirse como tales, libres e iguales” (Borja, 2011: 140). La combinación de “derecho a la ciudad”, derecho a la movilidad y derecho a la estética, es lo que hoy Alejandro Echeverri y el equipo de URBAM han denominado como “urbanismo social”. En el caso de Valparaíso, los espacios públicos situados en el plan, aún permiten y propician el encuentro heterogéneo de clases y de grupos sociales. La ciudad no posee grandes equipamientos para el divertimento, ni tampoco existe una extensa cartelera de actividades recreativas propuestas y financiadas por el municipio. Sin embargo, esto se suple fácilmente con una simple caminata por las plazas públicas del plan de la ciudad, o por el borde costero, espacios que se convierten en el paseo dominical por excelencia y a bajo costo. Allí, los padres pasean con sus hijos, los jóvenes se reúnen con sus pares y los abuelos juegan a las cartas o al ajedrez. Frente a esto, la mayoría de los habitantes de las quebradas, quienes en promedio no superan el salario mínimo30, consideran que el habitar cerca del plan, les permite también disfrutar de estos espacios de “recreación”, los cuales están a la mano; caminando pueden disfrutar de los mismos lugares que cualquier 30 Actualmente, el salario mínimo en Chile es de 225.000 pesos chilenos. Como lo estipula la Ley N° 20.763, publicada en el Diario Oficial el 18 de julio de 2014

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otra familia, es decir, pueden habitar la ciudad libremente. Desde esta perspectiva, los habitantes de Valparaíso hacen uso de este derecho en la medida que instauran su hábitat en las quebradas, determinando, al mismo tiempo, un derecho a la localización que les permita sentirse actores integrante de la ciudad e inmersos en su dinámica urbana. Por lo tanto, la construcción del hábitat informal en las quebradas de Valparaíso hace efectivo este derecho a la ciudad y a la localización, que por el contario se ve disminuido, degradado o coartado cuando las familias optan por una vivienda social situada en las periferias urbanas. Como por ejemplo los conjuntos de viviendas sociales construidos en las Palmas, Rodelillo Alto o la Laguna, sólo por mencionar algunos ejemplos. Estos sectores periféricos, los cuales fueron integrados poco a poco a la ciudad mediante modificaciones del límite urbano definidos por el Plan Regulador, sin embargo, su lejanía y falta de equipamientos públicos, no sólo implican un tipo de segregación social y espacial por localización, sino que también una reducción en la movilidad urbana.

2.0- Movilidad urbana La movilidad, en el diccionario de urbanismo y ordenamiento territorial de Pierre Merlin y Françoise Choay (2010), se define como “la propensión de una población a desplazarse” (2010: 478). En relación con esta definición, la movilidad urbana sería, entonces, la capacidad y posibilidad de desplazarse en la ciudad. Paola Jirón plantea que “la movilidad es absolutamente medular para comprender la vida contemporánea y se refiere a todas las formas en que las personas se relacionan socialmente al cambio de lugar, lo que involucra más que la suma de los viajes realizados” (2009: 178). Desde esta perspectiva consideramos que la movilidad urbana como concepto general es parte fundamental del derecho a la ciudad. Es decir, es uno de los tantos “mecanismos sociales” que permiten hacer efectivo dicho derecho, puesto que propicia el acceso a los bienes y servicios de la ciudad y, al mismo tiempo, repercute positivamente en la calidad de vida de las personas y, por ende, en su desarrollo social, económico y cultural. Sin embargo, la movilidad urbana no está asegurada para todos los ciudadanos de forma equitativa e igualitaria, sobre todo 90


en países como Chile, donde las políticas sociales tienden a ser segregativas. Las buenas condiciones de movilidad urbana pueden favorecer la igualdad y, por el contario, las malas condiciones de movilidad urbana pueden aumentar la desigualdad de los ciudadanos. Al respecto, Carmen Mataix propone que “Las condiciones de movilidad de las personas en las ciudad pueden resultar un factor democratizador o bien un elemento selectivo, según se facilite a más o menos ciudadanos la posibilidad de desplazarse” (2010: 39). Es por ello que la movilidad urbana es considerada un derecho y una necesidad básica que debe ser satisfactoria para todos los habitantes de una ciudad. En el Artículo 13 de la Declaración de los Derechos Humanos se establece que: “Toda persona tiene derecho a circular libremente y elegir su residencia en el territorio de un estado” (Declaración Universal de los Derechos Humanos, 1948). En este sentido, los habitantes de las quebradas eligieron su lugar de residencia, el cual, por su emplazamiento, favorece la movilidad urbana y les permite una práctica libre y democrática de la ciudad. Es por ello que planteábamos que la instauración del hábitat informal en las quebradas de Valparaíso hace efectivo este derecho a la ciudad y, al mismo tiempo, hace efectivo el derecho a una movilidad urbana justa e igualitaria, a pesar de su precariedad. Así, a partir de los relatos se logran distinguir dos tipos de movilidades a dos escalas territoriales diferentes, las cuales llamaremos: la movilidad urbana extra-quebrada, es decir, aquella que implica los desplazamientos desde la quebrada hacia el resto de la ciudad, y la movilidad urbana intra-quebrada, es decir, aquella que implica desplazarse al interior de la quebrada. La movilidad extra-quebrada la perciben positivamente; por el contrario, la movilidad al interior de la quebrada se percibe negativamente.

2.1- Movilidad urbana extra-quebrada

“bajar al Plan caminando” (HF, Mujer, 71 años, quebrada Las Cañas).

La movilidad urbana extra-quebrada en relación con la trama urbana de la ciudad, es considerada por los habitantes como satisfactoria. Es decir, consideran que la conectividad y 91


localización que poseen las quebradas y por ende sus casas, es estratégica en el sentido que les permite “salir” de las quebradas y acceder al centro de la ciudad o Plan. Así, esta contigüidad que presentan las quebradas con el Plan, implica una movilidad urbana que es definida como “económica” por los habitantes, en el sentido que repercute positivamente en el presupuesto familiar, pues se ahorran los gastos en locomoción colectiva. Así, los habitantes de las quebradas optan por desplazarse por la ciudad principalmente a pie, lo cual no sería posible en el caso de que vivieran más lejos (periferia-vivienda social) e implicaría, por lo tanto, una disminución en el presupuesto familiar, generalmente precario. Por lo tanto, la movilidad extra-quebrada es una movilidad urbana preferentemente peatonal —contraria a la mecanizada—, la cual, en términos contemporáneos, se podría entender como una movilidad urbana sustentable o sostenible, en el sentido que “La sostenibilidad debe entenderse en una triple dimensión, económica, social y ambiental” (Mataix, 2010: 19). Desde esta perspectiva, la movilidad urbana que poseen los habitantes de las quebradas implica una economía de medios; caminar es gratuito y es amable con el medio ambiente, en el sentido que no es contaminante y propicia la sociabilización. Es decir, la movilidad extra-quebrada propicia el encuentro entre vecinos y/o amigos que bajan juntos al Plan y, por ende, favorece la cohesión social (Tironi, 2009). En el caso de las quebradas, la movilidad urbana que poseen sus habitantes es parte integrante de sus discursos, porque se refieren constantemente a cómo y por qué se desplazan al Plan de la ciudad. De esta manera, los aspectos más recurrentes señalados por los habitantes en relación con la movilidad urbana que ellos poseen actualmente, se refieren a: -al tiempo y al costo que implica desplazarse desde la quebrada al Plan. -a la proximidad y al acceso a bienes y servicios que ofrece la ciudad. -a la localización de sus viviendas en las quebradas en comparación con el costo que implicaría vivir en otro lugar, como por ejemplo, en viviendas sociales. 92


2.1.1- Tiempo de traslado

En relación con el tiempo que demoran en desplazarse de una quebrada hasta el Plan de la ciudad, los habitantes señalan que existen diferentes formas de llegar caminando, lo que implica economía de tiempo y dinero. En relación con esto, la señora Ana, quien es dueña de casa, nos comenta que no necesariamente hay que tener dinero para bajar al Plan, sino que gracias a la cercanía de la quebrada con el centro, pueden bajar a pie en muy poco tiempo. Ella relata: “Aquí si usted no tiene plata para bajar al Plan, baja igual, porque está a diez minutos del Plan o a 15 minutos máximo. Uno baja caminando, llega por donde está la micro y ahí hay unos caminos que se hacen y se llega al tiro al Plan” (HF, mujer, 52 años, quebrada La Rinconada).

2.1.2- Costo de desplazamientos

En relación con el costo de desplazarse desde una quebrada al plan, rescatan el hecho de que la localización, proximidad y conectividad de las quebradas les permite prescindir de la movilización colectiva y economizar dinero en transporte. Y con el ahorro que esto implica se pueden priorizar otras necesidades más importantes, como por ejemplo, la alimentación. Es decir, la localización de sus viviendas en las quebradas se percibe como un beneficio inmediato que repercute en la economía familiar. Esto queda ejemplificado en el relato de la señora Ximena, quien nos cuenta que bajar al plan caminando, aunque se tenga dinero para la locomoción, les permite destinar dicho dinero a otros gastos. Ella relata: “¡Aquí bajamos a pie, a veces bajamos y llevamos dos mil pesos! Ya, decimos, con estos dos mil pesos podemos comprar verduras, frutas, o esto o este otro y decimos vámonos a pie, así nos ahorramos y eso lo compramos en fruta y así nos llevamos” (HCRF, mujer, 51 años, quebrada Las Cañas).

Esta movilidad peatonal extra-quebrada, no sólo les permite un ahorro considerable en transporte colectivo, sino también les permite comprar y abastecerse en aquellos lugares donde se puede optar a mejores precios, en ferias y mercados mayoristas, donde las frutas y verduras son menos costosas que en el cerro, donde el comercio es minorista.

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2.1.3-Proximidad y acceso a la ciudad

Así, la localización y la proximidad al centro de la ciudad que poseen las quebradas, permite a sus habitantes acceder a bienes y servicios que la ciudad ofrece. Esto se manifiesta en varias expresiones, tales como: “aquí estamos cerca de todo”, “aquí estamos al lado”, “aquí se está a un paso del Plan”. Si analizamos rápidamente las palabras implicadas en la primera frase “aquí estamos cerca de todo”, las dos primeras palabras “aquí estamos” definen a la quebrada como el lugar donde se está, es decir, el lugar donde se habita, en el sentido expresado por Heidegger, “estar en la tierra como mortal significa habitar”31, así también “estamos” también hace referencia al grupo y a la quebrada entendida como barrio; “cerca” expresa la idea de una distancia próxima, contigua, inmediata, pero más que una idea real en términos métricosespaciales, es una representación del hecho de que se puede llegar al plan caminando; y finalmente “de todo” se refiere —valga la redundancia— a todo aquello que el Plan procura y que, por lo tanto, se hace accesible mediante el habitar en una quebrada. De esta manera, la movilidad urbana influye directamente en la representación e imagen de la ciudad que poseen los habitantes de las quebradas. En el sentido expresado por Gumuchian, quien propone que la representación “asegura la conceptualización de lo real para actuar eficazmente” (1991: 23); en este caso, los habitantes de las quebradas perciben estos lugares como privilegiados desde el punto de vista de su localización y conectividad con respecto a la trama urbana de la ciudad. Así, esta realidad espacial de “estar al lado”, “estar a un paso” y “cerca de todo”, definen el emplazamiento de las quebradas desde una idea de contigüidad espacial y proximidad urbana, con respecto al plan de la ciudad. Y al mismo tiempo determina y posibilita el acceso y derecho a la ciudad. Silvana, joven universitaria que estudia en el Plan y que vive en la quebrada Las Cañas, nos cuenta que: “Aquí estamos cerca de todo, de hecho yo bajo caminando, cuando voy a estudiar (DUOC), bajo todo el año caminando, me demoro unos 10 o 15 minutos, ¡depende! Yo creo que toda la gente de aquí del cerro, si no tenemos plata, bajamos por la escala, vamos a la posta, si tenemos que ir a la asistencia pública y no hay plata, nos vamos a la asistencia a pie y la plata la 31 http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/heidegger/heidegger_ construirhabitarpensar.htm[03/09/2009 16:53:02]

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guardamos para subir de vuelta y si viviéramos en otro lado no podríamos hacer eso”. (HCRF, mujer, 21 años, quebrada Las Cañas). “Esta es la parte más cerca del Plan, toda la gente baja por aquí, bajan por aquí porque dicen que es más cerca; si aquí está a un paso del Plan, a veces para ahorrar, yo bajo a pie y para caminar también. Como estamos al lado, para qué gastar en micro” (HF, mujer, 71 años, quebrada Las Cañas).

2.1.4- Localización En cuanto a la localización, esta es evaluada como positiva, en la medida que los habitantes la comparan con la localización, desplazamientos y costos que implicaría el vivir en otro lugar. Pero no sólo un incremento en los gastos de transporte, sino también una considerable reducción de su movilidad urbana. La localización de las viviendas sociales es percibida por los habitantes de la quebrada como segregativa, tanto del punto de vista espacial como social. Por lo que reafirman su decisión de habitar en una quebrada y de no postular a programas de viviendas sociales. Por ejemplo, la señora María es jubilada y vive en una mediagua construida con trozos de madera y materiales de recuperación. Ella nos cuenta que con su jubilación de 75.000 mil pesos32 simplemente no le alcanzaría para vivir en un “departamento”33 (vivienda social), ya que sólo por concepto de transporte colectivo ella gastaría más de un tercio de su jubilación. Frente a esto, ella se siente agradecida de vivir en una quebrada, a pesar de las malas condiciones en la que se encuentra su vivienda. Ella nos cuenta que:

“Yo en eso doy gracias a dios, aquí me he economizado harto, la micro aquí sale doscientos pesos, en eso me economizo; para arriba me sale trescientos pesos entonces yo bajo a pie, y subo en micro (bus), porque es más pesado […] todo eso es un beneficio, no gasto tanto en micro. Pero por ejemplo, mis hijos querían que me metiera a un departamento34, pero irse a un departamento donde la mandan a la punta de la loma (cerro) y ¿si no tiene un sueldo fijo? y ¿si vive de la pura jubilación? Como lo que me pasa a mí, porque si yo

32 Si la señora María, primero, no tuviera la casa que tiene en la quebrada, la cual construyó ella misma con sus hijos, tendría que pagar arriendo, probablemente de una pieza, porque para arrendar una casa no le alcanza. En Valparaíso, los arriendos más económicos cuestan alrededor de 80.000 pesos al mes, es decir, un precio superior al ingreso que percibe por concepto de jubilación. 33 Forma habitual de nombrar a la vivienda social, ya que en su mayoría son departamentos y no viviendas unifamiliares. En el imaginario colectivo, vivienda social es inmediatamente sinónimo de departamentos y solo en casos muy particulares se puede acceder a una casa unifamiliar. 34 En este caso, la palabra departamento alude a las viviendas sociales otorgadas por el Estado, que como decíamos anteriormente, la mayoría de las veces se localizan en las periferias de la ciudad.

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no trabajo en cosas extras, el sueldo no me alcanza a mí. ¿Cómo lo hace, entonces para pagar el agua, la luz, la micro, para ir al hospital? Lo bueno que aquí hay consultorio, entonces si viviera más lejos, ¿qué hago?” (HF, mujer, 71 años, quebrada Las Cañas).

La casa de la señora María, es precaria, el techo, los muros y el piso, están construidos con materiales de recuperación y completamente fuera de plomo, como un collage o un patchwork de madera. Los únicos lugares de la casa que pueden ser considerados en buen estado, desde el punto de vista estructural y material, son la cocina y el baño, una caseta sanitaria entregada por el municipio. A simple vista, cualquier persona podría bien decir que ella estaría en mejores condiciones si viviera en una vivienda social. Sin embargo, la señora María evalúa su casa autoconstruida en otros términos, como por ejemplo, en relación con su localización y proximidad con el plan, lo cual le permite efectuar economías que son significativas para su exiguo presupuesto y para su vida cotidiana. La satisfacción de estar cerca de la ciudad supera con creces las deficiencias materiales que su vivienda pueda presentar. En relación con esto, John Turner, cuando escribió sobre las viviendas autoconstruidas en Perú, mencionó que “lo importante en la vivienda no es lo que esta es, sino lo que hace por los usuarios en otros términos, la satisfacción que proporciona no depende necesariamente del nivel material de la vivienda; y por otra parte las deficiencias y las imperfecciones de tu vivienda son infinitamente más tolerables cuando tú eres el responsable de ellas que cuando lo es otro” (1977: 18). Finalmente, debemos decir que la mayoría de los entrevistados están conscientes de los problemas y posibles riesgos que implica vivir en una quebrada. Sin embargo, al mismo tiempo consideran y valoran su situación actual, en la medida que les posibilita una práctica urbana no-segregativa, en términos de costo, de tiempo, de proximidad, de localización y de acceso a bienes y servicios. Valoran el hecho de estar conectados y las diferentes posibilidades que les otorga su emplazamiento actual, en la medida que les permite desplazarse y vivir la ciudad libremente. De esta manera, consideramos que la localización y proximidad de las quebradas con el plan, permite un acceso igualitario a la ciudad y favorece el derecho a la movilidad. Además, otorga a sus habitantes la opción de elegir cómo vivir y desplazarse en la ciudad, en virtud de sus posibilidades y sin depender, necesariamente, de la locomoción colectiva. 96


2.2- Movilidad urbana intra-quebrada.

“hemos tenido que sacarlo a pulso para afuera, no hay por dónde que pueda llegar un vehículo o la carroza” (HF, mujer, 75 años, quebrada Las Chanas).

Al contrario de la movilidad y conectividad urbana extra-quebrada, la cual se percibe como positiva y benéfica por los habitantes, la movilidad intra-quebrada, que es sólo peatonal, se percibe negativamente. Debido a la carencia o mal estado del espacio público, que no permite ni facilita un adecuado desplazamiento al interior de ellas. Las circulaciones públicas al interior de las quebradas —pasajes, calles, escaleras, puentes— son actualmente insuficientes y se encuentran en mal estado o, en muchos casos, no existen, lo cual se presenta como un problema, por ejemplo, en invierno, cuando las lluvias reblandecen el terreno y es muy difícil transitar, más aún para personas con movilidad reducida, para quienes acceder y desplazarse a diario por una quebrada es casi una travesía. Los tipos de circulaciones al interior de las quebradas se presentan de variadas formas, sólo por mencionar algunos ejemplos: a) Quebradas sólo con accesos peatonales sin pavimentar, escaleras y pasajes en estado casi natural, en tierra y excavados en la pendiente. b) Quebradas sólo con vías de acceso peatonales, en forma de pasajes y escaleras pavimentadas, pero generalmente en mal estado. c) Quebradas con vías de accesos peatonales y con una vía vehicular, que permite entrar por el fondo de la quebrada o adentrarse en ella, pero sin salida hacia el sur. d) Quebradas con accesos peatonales y vehiculares, pero sin pavimentar. Estas diferentes categorías del estado que presentan las circulaciones fue uno de los parámetros que consideramos cuando definimos los tres niveles de consolidación expuestos en el capítulo inicial.

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Figura 12: Fotografía de desarenador utilizado como puente entre laderas. Quebrada N/N acceso por calle Bettina.

De esta manera, si por una parte la movilidad urbana extraquebrada les permite tener acceso a la ciudad, esta se ve drásticamente disminuida cuando se llega a la quebrada. La circulación al interior de ellas debe realizarse por vericuetos poco confortables, peligrosos y en mal estado. Silvana nos comenta que, por ejemplo, cuando se compran materiales para la construcción o para mejorar las viviendas es muy complicado acercar los materiales a las casas, ya que los vehículos no pueden entrar, y por ende hay que cargar todo a mano. Lo mismo sucede cuando alguna persona se enferma y debe ser transportada en ambulancia; en este caso, sólo puede entrar la camilla y las personas deben ser trasladadas prácticamente en brazos. Ella señala: “Igual cuando se compra material de construcción, de repente es muy lejos de donde pasa la locomoción, y antes, por ejemplo, donde está allá en la esquina, justo estaba el palo de poste en la huella así, justo al medio, entonces uno tenía que pasar toda ladera, incluso mi mamá cuando estaba embarazada, ¿cuándo fue que estabas embarazada de nosotras? Que la tuvieron que pasar así como en sillita, porque no podía pasar la camilla, entonces eso po, igual nos queda lejos de la esquina, pero igual hay que caminar, con los bolsos, con todo, cuando uno viene de compras” (HCRF, mujer, 21 años, quebrada Las Cañas).

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Figura 13: Fotografía de desarenador y escalera horadada en el suelo natural, único acceso a ladera este de la quebradas Las Cañas desde pasaje principal (oeste).

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Lo mismo sucede cuando se produce un deceso y los familiares del difunto deben cargarlo en los hombros, para poder descender la quebrada y acercarlo a la avenida Alemania, para poder trasladar el féretro al cementerio. La señora Ana, que habita hace 72 años en la quebrada Las Chanas, nos explica que si bien existen aspectos positivos en el hecho de vivir en una quebrada, lo más molesto es la falta y mal estado de circulaciones públicas que impiden desplazarse adecuadamente por ella. Nos relata lo siguiente con respecto a las defunciones de sus familiares: “Es molesto no tener una calle o un buen pasaje, porque de repente uno se enferma y no tiene vías de acceso. Cuando se han muerto familiares, mi papá, mi mamá o mi hermano que falleció, hemos tenido que sacarlo a pulso para afuera, no hay por dónde que pueda llegar un vehículo o la carroza” (HF, mujer, 75 años, quebrada Las Chanas).

En Valparaíso, históricamente, producto de su escarpada geografía, se utilizaban los burros como medio de transporte y sobre todo para transportar objetos entre el plan y los cerros. Por ejemplo, los aguateros transportaban en barriles de madera el agua que iban a buscar a las vertientes ubicadas en las quebradas y la vendían en el plan35. La señora Ana nos cuenta, además, que antiguamente se usaban mucho los burros y los caballos para trasportar las cosas al interior de la quebrada, las compras, los materiales de construcción. Sin embargo, ahora que hay escaleras de hormigón los burros no pueden subir y, por lo tanto, todo lo que antes cargaban los burros ahora deben cargarlo ellos. “Mire, aquí todos tenían burro o caballo, pero todos, le digo aquí todo era a lomo de burro, porque el burro en Valparaíso era la pieza principal. Todo se acarreaba en burro, la arena, las maderas, las mudanzas, ahora no se puede, porque todo se convirtió en escala, y el burrito no puede subir ni bajar” (HF, mujer, 75 años, quebrada Las Chanas).

Las personas prefieren no salir en época de lluvia por los peligros que representa caerse en una escalera de barro. “A nosotros nos gustaría tener pavimentación y locomoción cerca, no me voy a embarrar en invierno, porque salir de aquí al colegio en invierno, ¡olvídate! Tengo que salir hasta allá donde tú la 35 “Valparaíso se surte hoy día por aguadores que extraen el agua de diferentes quebradas, por medio de pozos abiertos en la parte baja de la ciudad y por la cañería del señor Wheelwright, la cual abastece apenas a un 2% de la población, a lo más durante tres meses. La provisión de agua, además de escasa... es de mala calidad, salvo insignificantes excepciones”.

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tomaste, y la otra que me da al cerro Merced, pero en invierno esto es puro barro, de aquí para abajo en invierno se hace un puro río, hasta abajo, hasta la cancha Las Palmeras” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Por otra parte, están conscientes de los peligros y molestias que significa la mala calidad de las circulaciones interiores, y recurrentemente insisten en que les gustaría que esto se mejorara: “Habría que arreglarlo, comunicarse con más gente, juntar firmas para poder arreglar los caminos, ¿arreglar los caminos usted cree que es una prioridad?” (HD, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada). “Sí, los caminos, las quebradas, todo esto es peligroso, por eso se meten entre medio. El otro día se cayó un niño de tres años, chiquitito, entre medio de Las Cañas ahí en el fondo de la quebrada, lo bueno es que no le pasó nada porque las plantas lo atraparon. Como le digo yo, aquí los caminos los tienen que arreglar” (HN, mujer 45 años, quebrada Las Cañas).

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C a p í t u l o

Quebrada-barrio

En este territorio de apropiación presentaremos todas aquellas acciones sociales y espaciales que están supeditados a la acción y a la participación de los habitantes en los procesos de consolidación de las quebradas. Las quebradas se configuran como territorios desestimados por la planificación urbana, ya que no son reconocidas como barrios consolidados, básicamente porque son definidas por el PRV como áreas verdes. Sin embargo, sus habitantes las consideran como auténticos barrios auto gestionados, y expresan que la cohesión social generada al interior del grupo en algún momento después del proceso inicial de ocupación informal de la quebrada, y en función de las necesidades y carencias que ellos comparten, son hechos reales y suficientes que les permiten definir y entender la quebrada como un barrio. En virtud de lo anterior, las principales temáticas abordadas por los habitantes, en relación con la quebrada como barrio, guardan relación con: a. Arraigo al territorio b. Procesos de apropiación / sentimiento de pertenencia c. Participación en proyectos comunitarios.

1.0- Arraigo al territorio de las quebradas.

“Nosotros estamos acostumbrados aquí [...].Aquí estamos más por el cariño, por los años que uno lleva acá” (HCRF, mujer, 21 años, quebrada Las Cañas).

Habitar una quebrada no solo significa vivir juntos en un territorio estigmatizado y desestimado por la planificación urbana, sino que antes que todo significa construir un barrio juntos o, más bien dicho, improvisar un barrio “sin planes ni planos”. El éxito 103


de esta acción —de improvisar un barrio— solo ha sido posible gracias a las redes sociales implícitas al interior del grupo. Así, esta improvisación en la apropiación socio-espacial de las quebradas implica un arraigo al territorio, el cual se va construyendo poco a poco en la medida que las familias se van apropiando y construyendo sus propios dominios en la quebrada. Señalábamos previamente que la apropiación como proceso aparece tanto a nivel espacial como social. Desde esta misma perspectiva, consideramos que el arraigo al territorio presente en los habitantes de las quebradas se expresa, al menos, en dos niveles: social y espacial. Por una parte, entendemos el arraigo como un proceso y el efecto que se genera cuando se establece una relación con un territorio en particular, en este caso la quebrada, “en el cual metafóricamente se ‘echan raíces’ en él, producto de diversas situaciones, creando lazos que mantienen algún tipo de “atadura” con el lugar” (Quezada, 2007: 43). Y por otra parte, entendemos el arraigo, según lo propuesto por Enrique Del Acebo (1996) quien señala que el arraigo, en tanto que fenómeno, es expresado tridimensionalmente: social, espacial y culturalmente, y agrega que, además, existe una interdependencia entre estas dimensiones. Consideramos que es pertinente hablar de arraigo en varias dimensiones en relación con el hábitat informal presente en las quebradas, porque no podemos disociar los diferentes procesos, sociales, materiales y culturales, que están implicados en la construcción de estos territorios. La quebrada como ámbito de arraigo y como paisaje ha sido modelada materialmente por sus habitantes mediante el hábitat informal. Sin embargo, dicha materialización sólo ha sido posible gracias a los diversos mecanismos y procesos sociales generados entre los vecinos, creando un soporte y lazos sociales desde donde han actuado como grupo y han logrado consolidarse como un barrio (en algunas quebradas más que en otras). Por una parte, el hombre se arraiga socialmente “cuando hay pertenencia a grupos y organizaciones que lo involucran íntimamente: allí importa el sujeto en tanto persona no intercambiable, más que la eficacia en las funciones cumplidas. Pero también hay arraigo social ligado al modo en que el sujeto participa; participación que puede ser pasiva (acceso a bienes y servicios) y también activa (intervención en los asuntos de la 104


comunidad local y de la sociedad global de pertenencia)” (Del Acebo 1996: 17). El arraigo social, en cuanto que pertenencia a un grupo, se expresa en los habitantes mediante el sentimiento de pertenencia y la identidad colectiva. Y en cuanto participación se expresa en los habitantes mediante: la soberanía comunitaria, la solidaridad, la reivindicación de los espacios públicos y las microeconomías familiares. Ambos fenómenos —la pertenencia y la participación— se originan en las relaciones sociales tejidas e instauradas al interior del grupo, ligadas con el origen de la toma, una ocupación que es propiciada y avalada por familiares o amigos cercanos. Y por otra parte, el hombre se arraiga espacialmente cuando se fija, se ancla, en un territorio, lo traza, lo marca, lo delimita, lo modela, lo construye y lo reconstruye en virtud de sus necesidades deseos y sueños. Del Acebo define el arraigo espacial como “ese ‘imperativo’ territorial, presente incluso en el reino animal, que hace que el hombre tienda a ‘fijarse’ localmente en un espacio que lo conforma en su uniformidad. Conformación que continúa vigente aun en los momentos en que el sujeto no está ‘físicamente’ en él: puede no ocupar ese espacio, pero lo lleva dentro, sabe que el mismo sigue estando y le pertenece, al menos en un sentido metafísico” (1996: 17). El arraigo espacial deriva del dominio de la espacialidad de la quebrada, apropiación como un hecho arquitectónico (la casa) y urbano (el barrio), el cual se materializa cuando se trazan los dominios personales y colectivos. Y el territorio se hace asible. En las quebradas, previamente a ser ocupadas por el hábitat informal, no existía ningún tipo de construcción. Desde esta perspectiva, podríamos decir que el hábitat informal es una producción ex nihilo en el sentido que antes de la llegada de los primeros vecinos, solo existía el espacio natural como tal. De esta manera, el arraigo espacial en los habitantes se ha construido poco a poco a partir de las variadas acciones que implica el hecho de realizar una toma de terreno. Desde la delimitación y apropiación de un lugar, inicialmente con la construcción de la casa, hasta la consolidación de lo público en la quebrada, dotándola de servicios básicos y equipamientos comunitarios. Y finalmente, el hombre se arraiga culturalmente “en la medida en que siente como propias las normas y valores vigentes globalmente” 105


(Del Acebo, 1996: 18). En los habitantes de las quebradas, compartir valores, normas y saberes es evidente. Por ejemplo, la transmisión de saberes ligados a la construcción puede ser mediante un aprendizaje directo (haciendo) o indirecto (observando). Mediante el acto de observar como algo fue elaborado por los vecinos, las imágenes transmiten un conocimiento y una forma de asir y hacer el espacio de la quebrada. Por ejemplo, construir una “casa con balcón” en una quebrada, es cultural, en el sentido, que implica un modo de habitar específico, es decir, habitar en la pendiente, en la ausencia de un suelo horizontal natural y en relación constante con el paisaje. De esta manera, el arraigo como fenómeno tridimensional es un proceso progresivo, es decir, se va constituyendo poco a poco, en la medida que los habitantes se apropian del espacio de la quebrada y construyen sus viviendas con la ayuda de sus vecinos y familiares, en un compartir de medios y de saberes.

2.0- Apropiación social que implica un arraigo social: factor clave en la consolidación de las quebradas. Como lo señalamos precedentemente, cuando el hábitat informal es sujeto de estudio, es muy común atribuirle como únicas causas de su forma construida la falta de medios económicos, la mala calidad de la construcción, y la naturaleza jurídica de la tenencia del sitio. Sin embargo, los aspectos socio-simbólicos no son sujeto habitual de estudio. En relación con aquello en su obra Para una antropología de la casa, Amos Rapoport (1969) precisa que “Las teorías se inclinan de una manera extremadamente simplista, a atribuirle a la forma construida una sola causa. Así la teoría no ha logrado comprender y a expresar la complejidad que aparece al tomar en cuenta un gran número de posibles variables y sus efectos” (1972: 26). Así, consideramos que la apropiación social de las quebradas es un factor clave en la consolidación de estos espacios en cuanto que barrios. El hábitat informal, producto de una apropiación socio-espacial del espacio, es una construcción social que se refleja en la aparición o construcción de un tejido social, compuesto por vínculos y redes de apoyo, al interior de la quebrada, en la medida que los habitantes reconocen carencias y/o objetivos en 106


común. Vínculos y redes que se encuentran detrás de esta primera imagen de precariedad y de irregularidad que presentan estos territorios. Este tejido social, en el caso de las quebradas, se expresa a través de siete aspectos: el arraigo al territorio, el sentimiento de pertenencia, la soberanía comunitaria, la solidaridad comunitaria, la reivindicación de los espacios públicos informales, las microeconomías familiares y la identidad colectiva.

2.1-

Sentimiento de pertenencia.

“Yo soy porteño, yo nací aquí” (HCRF, hombre, 51 años, Las Cañas).

Esta frase ejemplifica la pertenencia más simple que podemos encontrar en los habitantes de las quebradas, la pertenencia al lugar de origen; en este caso, don Héctor define la ciudad de Valparaíso como su lugar de origen, cuando utiliza el gentilicio “porteño”. Sin embargo, vemos que los habitantes definen su pertenencia en relación con diferentes situaciones. El sentimiento de pertenencia es un elemento primario de arraigo al territorio, y de identificación social, el cual se expresa tanto individual como colectivamente. Es la cohesión social que muestra el grupo como totalidad y también la identificación de cada uno de los miembros hacia el grupo. “La cohesión social se apoya sobre los valores y las representaciones compartidas al mismo tiempo que las refuerza. Este conjunto de valores ofrece un cuadro de referencia y un fundamento por la acción colectiva” (CERC, 2008: 11). Según Roger Mucchielli, pertenencia significa “‘sentir’ el grupo y ‘sentirse’ parte de ese grupo, sobre todo cuando la tarea que está a la espera de hacerse, implica un conjunto de actitudes y de sentimientos” (2003: 48). Esta pertenencia implica una identificación personal en referencia al grupo, construyendo una identidad social y común. Individualmente, el sentimiento de pertenencia se expresa en la identificación al grupo considerando como suya las realizaciones hechas por ellos y como suyos sus triunfos y fracasos (Mucchielli, 2003). Y colectivamente se expresa por los apegos afectivos, la adopción de sus valores, de sus normas, de sus hábitos, y del sentimiento de solidaridad con aquellos que forman parte del grupo. Mucchielli agrega que “la pertenencia no es solamente un hecho [...] es un sentimiento, y también una voluntad” (Mucchielli, 2003: 48). 107


El hecho de sentir pertenencia a un espacio definido y, a la vez, a un grupo consolidado está fuertemente presente en los habitantes de las quebradas. Esto nos entrega un indicio de que el hábitat informal, en cuanto que construcción progresiva, es ante todo la construcción de un tejido social. Es aquello que les ha permitido a los habitantes reconocerse en cuanto que comunidad. Los habitantes se apropian ilegalmente de los terrenos en un consenso establecido entre ellos, considerando sus necesidades y la voluntad de cada uno de los miembros del grupo. “Es en la consolidación de un ‘nosotros’ frente a los ‘otros’ donde el ‘Yo’ expresa su arraigo territorial” (Tizon, 1996: 25). Así, el sentimiento de pertenencia les ha permitido o les permitió, en un momento dado, tomar decisiones sobre la forma de gestionar, organizar y ordenar el espacio habitado. France Guérin-Pace (2006) menciona que las personas expresan el sentimiento de pertenencia en relación con diferentes situaciones, por ejemplo, con el lugar de pertenencia geográfica (nación, región, ciudad), con la situación familiar, con la situación profesional u ocupacional, etc. Situaciones a partir de las cuales los sujetos se sitúan y construyen su identidad. En el caso de los habitantes de las quebradas, el sentimiento de pertenencia se expresa en diferentes grados: territorial, familiar y/o grupal y, en algunas ocasiones, en relación con sus oficios u ocupaciones. Es un sentimiento que se construye poco a poco en la medida que los habitantes se apropian de la quebrada. Es decir, el sentimiento pertenencia en los habitantes de las quebradas está asociado, primero, al hecho de apropiarse informalmente de un sitio y, segundo, a la pertenencia al grupo, a partir de aquello que es común a todos los habitantes, es decir, habitar en una toma de terreno. Situación compartida por todas las familias, bien que estas hayan llegado en tiempos diferidos. Los habitantes de las quebradas expresan su arraigo y pertenencia hacia el territorio, mediante aquello que han construido materialmente; por la manera en que asumieron y se apropiaron de un territorio no planificado; y por la forma en que lo visualizan como parte de su patrimonio familiar, el cual podrá ser transmitido a sus descendencias. Así, la primera forma de pertenencia está definida en relación con la acción de tomarse y de apropiarse de un sitio ilegalmente; 108


esta acción define, por ende, la representación y la identidad que poseen de ellos mismo en relación con el resto de la sociedad. Los habitantes habitualmente utilizan frases como: “yo soy de la toma”, “yo vivo en una toma”, “yo estoy en toma”, o “yo nací en la toma”. A partir de los relatos hemos reconocido al menos tres formas de cómo se expresa este sentimiento de pertenencia en los habitantes de las quebradas, representadas por las tres frases siguientes: a) “Todo eso que usted ve aquí, nosotros lo hicimos”, señala Valeria cuando me indica la escalera y los arcos de la cancha de futbol; su frase expresa una pertenencia hacia el grupo, mediante reconocer como suyo los proyectos que han logrado como comunidad. b) “Yo quiero que esto quede para mis hijos y nietos”, la señora Doraliza expresa una pertenencia a partir del hecho de tener un lugar que puede ser traspasado a sus hijos o nietos como una herencia. c) “Yo soy porteño, yo nací aquí”, don Héctor expresa una pertenencia en relación con el lugar de origen, el arraigo se fija en el lugar. La primera forma de pertenencia está definida en relación con el grupo. Los habitantes se sienten en igualdad de condiciones frente a la forma de apropiación del espacio de la quebrada, donde aparecen necesidades comunes que los mueven y motivan a trabajar en equipo, obteniendo de esta manera logros y fracasos, que son asumidos por el grupo como propios. Es así como comienza a construirse la cohesión entre los habitantes, quienes trabajan por el bien común. Esta pertenencia se expresa, primariamente, por los lazos familiares y de amistad presentes en el territorio, pero también se expresa mediante la autovaloración de lo realizado, el esfuerzo personal y familiar. Así, esta pertenencia al grupo se hace evidente cuando los esfuerzos y el trabajo en equipo trascienden el núcleo familiar y los habitantes se encuentran en contextos de ayuda mutua y de evaluación de logros y de fracasos. Es decir, según Mucchielli, “el sentimiento de pertenencia está expresado por el ‘nosotros’, que trasciende el ‘yo’ y el ‘mío’; el sentimiento de solidaridad (‘hacer cuerpo’) es dominante, ya sea lejos del grupo o durante un trabajo en común” (2003:49). El nosotros en los habitantes de las quebradas es habitual, pero es un nosotros en tiempo pasado —tal como veremos más adelante—, 109


ya que sienten que si bien existe una cohesión al interior del grupo, esta se ha debilitado con el tiempo. Al momento de las entrevistas, las familias de La Rinconada estaban más dispuestas a ser entrevistadas, porque consideraban que todas las familias, de cierta manera, se encontraban en una condición similar de irregularidad con respecto a los títulos de dominio de los sitios, por lo que creían casi imposible una acción de erradicación masiva. La señora. Valeria al respecto dice: “Aquí yo digo que ‘este es mi sector’, porque aquí hay cosas que nos hacen iguales, estamos en las mismas condiciones; no es que uno esté mejor que otro, estamos todos en lo mismo. No tenemos pavimentación, no hay escalas públicas, no tenemos el título, hemos trabajado juntos por arreglar algunas cosas. O sea, aquí la gente es súper sociable, porque ‘somos los mismos’ y nos ayudamos” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

La señora Valeria, al decir “este es mi sector” y “somos los mismos”, primero reconoce la quebrada como un lugar, el cual ella denomina sector, y segundo, se reconoce como parte del grupo, donde comparte ciertas situaciones que la igualan con sus vecinos, puesto que su condición en relación con su vivienda es autoevaluada como positiva. En este caso, la pertenencia hacia el grupo se construye a partir de las carencias que les son comunes a todos los habitantes. Es decir, la pertenencia al grupo y por ende al barrio, no se define por lo que posee en cuanto a equipamiento y espacios públicos que lo identifique como una unidad, sino más bien por lo que no posee. “Sí, es un solo barrio, lo que pasa es que se divide, porque uno le llama Los Olivos Altos, por las casa que están allá arriba, Los Olivos Medios donde estamos nosotros, y todos los que vivimos en esta parte, y Los Olivos Bajos, por la gente que vive allá abajo, como mi amiga que vive allá abajo, pero en el fondo somos todos un solo barrio, porque la mayoría no son dueños de terreno, porque la mayoría no tiene medidor de luz y porque la mayoría no tiene medidor de agua. Si hay cosas que nos hacen iguales, que estemos en las mismas condiciones, no es que unos estén mejor que otros, estamos todos en lo mismo, no tenemos pavimentación, no hay escalas públicas” (HD mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

La segunda forma de pertenencia está definida en relación con el lugar de origen (otra región, otra ciudad, el plan, otro cerro u otra quebrada). Este es el caso de la señora Doraliza, quien expresa su pertenencia 110


en relación con su lugar de origen, que se transpone al lugar que ella habita actualmente, la quebrada Las Cañas. Cuando comienza su relato, ella dice: “yo soy del sur de Chile, yo vivía en un pueblito en el campo”. El hecho de venir del campo implica una superposición de las representaciones simbólicas que trae consigo de su lugar de procedencia y, por ende, es desde allí que Doraliza construye o más bien reconstruye su identidad en la quebrada, y también la identidad de su casa; ella se refiere a su vivienda como una casa quinta, una casa de campo. Es decir, su pertenencia a la quebrada esta siempre ligada a su lugar de origen: el campo. Ella construye una pertenencia en relación con la memoria de su lugar de origen, es decir, ella habita la quebrada a la manera que ella habitaría el campo. Es una pertenencia a dos lugares diferentes, construida mediante las representaciones que ella posee de cada uno de ellos y las reinterpreta en el lugar. Con este ejemplo, se evidencia que la trayectoria residencial de la señora Doraliza tiene una influencia directa sobre la pertenencia que ella ha construido en torno a la quebrada y en relación con su casa, trayectoria que le permite construir, por lo tanto, su identidad. Guerin Pace señala que “el conjunto de trayectorias geográficas y el sentido dado a los lugares, pasados y presentes, vividos, practicados o imaginados, constituyen elementos esenciales de comprensión de las pertenencias y de los comportamientos individuales” (2006: 300). Así, la señora Doraliza expresa su pertenencia al lugar, por la manera en que ella se lo ha apropiado y por la forma de visualizarlo como un potencial lugar de transmisión de su patrimonio familiar, heredable a sus hijos y a sus nietos. La tercera forma de pertenencia en relación con los oficios u ocupaciones. Don Héctor nos señala: “yo soy ebanista”, su oficio lo define y desde allí construye su identidad, por la cual él es reconocido y solicitado en el barrio. Oficio que se refleja, incluso materialmente, en su vivienda, donde su taller ocupaba el lugar principal del acceso de la casa, es la vitrina al barrio desde donde muestra quién es. Finalmente, los eventos que llevan a sentirse y definirse como parte de un grupo en los asentamientos informales, se hacen más evidentes por la carencia inicial de cohesión social. Consideramos que el sentimiento de pertenencia en los asentamientos informales, está al origen de la apropiación, es algo que se 111


construye progresivamente, considerando la inexistencia previa de arraigo con el lugar. El lugar, el sitio, el terreno, el lote, la casa, el barrio, etc. se organiza, modela y construye en la medida que las prácticas sociales se van poco a poco asentando. Desde esta perspectiva, el esfuerzo familiar y colectivo por asegurar la tenencia de los sitios y hacer vivible un territorio no planificado y desestimado, es enormemente valorado por las familias y, por consecuencia, engendra un arraigo profundo en los habitantes. Ya que estos territorios —las quebradas— al carecer de planificación, son el producto material de sus propios habitantes, autogestores de los cambios que estos territorios han experimentado en los últimos treinta años.

2.2- Soberanía comunitaria

“Aquí yo controlo, yo decido quién se puede instalar” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

En el ámbito de la política, la soberanía está asociada al hecho de ejercer la autoridad sobre un territorio determinado. Esta autoridad recae en la comunidad, aunque la gente no realiza un ejercicio directo de la misma, sino que delega dicho poder a sus representantes. En el caso de las quebradas se ejerce un tipo de soberanía comunitaria. Es decir, una soberanía ejercida por los habitantes en tanto que grupo o, en su defecto, por algún representante de la quebrada, como por ejemplo, un(a) dirigente(a) vecinal. La soberanía comunitaria en las quebradas guarda relación con el control y la restricción de la llegada o instalación de nuevas familias a la toma y, por ende, a la quebrada. Y esta se ejerce cuando la quebrada es percibida por sus habitantes como un barrio. Son los propios habitantes quienes deciden si aceptan o no a nuevos ocupantes. Esta soberanía comunitaria tiene que ver con el hecho primitivo etológico de marcar el territorio. Un territorio “para y de nosotros”. En este caso, este “nosotros” aparece cuando los habitantes se reconocen como grupo y barrio. Ledrut señala que “el barrio es un ‘agrupamiento’ que engloba un amplio conjunto de ‘relaciones con los demás’ y una pluralidad de esos ‘nosotros’ [...] en tanto que agrupamiento, el barrio estructura, más o menos, esas relaciones y estos ‘nosotros’” (1971: 126). De esta manera, cuando la quebrada es percibida por sus habitantes 112


como una unidad urbana consolidada o barrio, se hace ejercicio de la soberanía comunitaria, en una relación entre el nosotros (los habitantes de la quebrada) y los otros (los de afuera). Este nosotros se hace visible gracias a la cohesión social que existe al interior del grupo, la cual, motiva a los vecinos a defender sus intereses comunes. Es decir, es el grado de consenso que existe entre los miembros de un grupo social, sobre la pertenencia a un proyecto o situación común (CEPAL, 2007). Sin embargo, así como en los procesos sociales anteriormente analizados la soberanía comunitaria no aparece inmediatamente en el grupo, sino que se va construyendo progresivamente en la medida que las familias se apropian del espacio común de la quebrada, y alcanzan la tercera escala de intervención: de barrio. Como es el caso de la quebrada Las Cañas, donde los espacios residuales o retazos de sitios, derivados de la apropiación informal, son adjuntados por los habitantes a sus sitios ya consolidados, con el objetivo de no dejar sitio disponible por temor a nuevos ocupantes desconocidos. La mayoría de las veces, la soberanía comunitaria es ejercida por los representantes o dirigentes vecinales de las quebradas, quienes asumen el rol de administradores del espacio vacante. Sin embargo, este rol de administrador puede ser asumido por cualquier vecino. Por ejemplo, puede ser asumido por un habitante fundador, quienes se sienten con el derecho de decidir en ciertos asuntos, por considerar que su antigüedad en la quebrada, les permite tomar ciertas decisiones que a veces van en contra del grupo o molestan a los vecinos. Es muy habitual escuchar reclamos de algunos vecinos por lo que otros vecinos hacen en el espacio público. De esta manera, se reconoce que la soberanía se ejerce cuando los vecinos quieren protegerse ante amenazas y problemas inminentes ligados a la sobrepoblación de la quebrada. Es decir, cuando la quebrada alcanza un nivel de ocupación considerable, los vecinos opinan que la quebrada esta sobrepoblada en cuanto a cantidad de casas y de familias, y por ende, aceptar nuevas tomas de terreno significaría una disminución en su calidad de vida y atentaría contra la cohesión del grupo. Con respecto a esto mismo, la señora Nancy nos cuenta, que la quebrada se fue “completando de a poco”, pero que actualmente, la que decide, es la presidenta de la junta de vecinos, porque aceptar a más personas sería un riesgo para todos, y señala: 113


“Allá, esa parte de allá abajo (lo Olivos bajos), se fue completando desde hace mucho tiempo, aquí cada vecino antiguo trajo después a toda su familia. Si por eso aquí todos nos conocemos, porque uno está aquí desde el principio. Sólo esa parte aquí arriba es más nueva, pero ya no puede ponerse nadie más ahí, porque aquí estamos muy cerca del bosque, y por los incendios, no se puede. Y si alguien más quiere ponerse aquí, eso lo ve la vecina que era la presidenta del comité” (HF, mujer, 76 años, quebrada La Rinconada).

La señora Valeria, dirigente de la quebrada La Rinconada, asume este rol de administradora del espacio vacante de la quebrada, ya que ella considera que sería un riesgo permitir la instalación de más familias en la quebrada, debido a que los espacios disponibles están muy cercanos a un gran bosque de eucaliptos que pertenece a los Fundos Santa Rosa de Pajonal y Pajonal. Ella nos cuenta que las casas se han ido progresivamente arrimando al bosque, lo que representa una amenaza enorme en caso de incendio, ya que todas las casas son de material ligero y entre una casa y otra hay muy poco distanciamiento, lo que implicaría una rápida propagación del fuego en caso de incendio. Ella dice: “Aquí ha venido harta gente a tratar de tomarse otros terrenos y nosotros les hemos dicho que no. Aquí, yo controlo, yo decido quién se puede instalar, el que quiera ponerse, la gente sabe que aquí no puede ponerse nadie más, no hay más espacio y de ponerlos igual sería un riesgo, porque ya no se puede más. Tratamos nosotros los mismos vecinos de proteger que no se pongan más casas” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Así, cuando la soberanía es ejercida por un dirigente vecinal, los vecinos valoran la acción en la medida que se resguardan los intereses del grupo. Por el contrario, la señora Doraliza, habitante fundadora, nos cuenta que, en una ocasión, permitió a una familia ocupar un retazo de terreno, en la parte delantera de su sitio; sin embargo, esto generó problemas con otros vecinos y con ella misma, ya que los nuevos vecinos se apropiaron del sitio vacante, pero además de un sector que había sido definido por los vecinos como pasaje y espacio público. Frente a esto, el grupo más antiguo de vecinos consideró que se les pasó a llevar y los nuevos vecinos desconocieron los acuerdos anteriores y mantienen hasta hoy la ocupación que transgrede el espacio público. Ella nos cuenta: “Aquí de hace rato que no llega nadie nuevo porque la gente sabe que esto está lleno, los vecinos, pero los que están aquí

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abajito son nuevos, yo les di permiso para que se pusieran allí, pero ahora como son nuevos no saben cómo es la cosa aquí, y se han tomado todo mi patio y parte del pasaje. Entonces los otros vecinos se enojaron conmigo, porque nadie los conocía y no saben cómo se vive aquí. Pero uno lo hace por los niños, porque igual necesitaban donde instalarse” (HF, mujer, 78 años, quebrada Las Cañas).

Finalmente, los vecinos prescinden de la acción directa de los dirigentes y son ellos mismos que hacen efectiva la soberanía mediante medios más directos, como por ejemplo, con la instalación de cercos en los sectores disponibles. Don Luis, quien habita en la quebrada Las Cañas desde 1985, nos cuenta que él cercó un espacio colindante a su sitio porque no quería que otra familia pudiera eventualmente instalarse allí. “Yo aquí puse una reja por dos cosas, primero, para que la gente no tire basura, aquí al lado de la quebrada, porque si piensa que tiene dueño, la gente no se atreve a tirar basura y, segundo, porque si se instala otra casa aquí ya seríamos muchos y estaríamos apretados, además que igual en invierno por allí corre agua y no es bueno para construir” (HN, hombre, 53 años, quebrada Las Cañas).

Comparativamente, la mayor recurrencia aparece en los relatos de los habitantes de la quebrada Las Cañas, quebrada que muestra una consolidación terciaria, lo que implica que la soberanía fue fuertemente aplicada en su proceso de consolidación. Y hoy la soberanía se ejerce a nivel familiar, en función a sus sitios propios, como fue el caso de la señora Doraliza, quien permitió a una nueva familia instalarse en una parte de su patio. Por el contrario, en la quebrada La Rinconada, que presenta una consolidación primaria, la soberanía todavía se ejerce a nivel barrial, ya que aún la quebrada no alcanza niveles de consolidación que permita a los vecinos hacerse cargo de todo el espacio de la quebrada. Por lo tanto, habitualmente hay personas que buscan en estos sectores menos consolidados una oportunidad de habitación. De esta manera, consideramos que la soberanía comunitaria es otra forma como el arraigo al territorio se hace efectivo y visible. En relación con esto, con el último incendio ocurrido en Valparaíso el 12 de abril 2014, esto se evidenció, ya que luego del incendio llegaron nuevas familias a habitar los sitios abandonados en la quebrada La Rinconada.

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Figura 14: Fotografía de carteles en cartón instalados por las familias víctimas del incendio de abril 2014, para identificar y hacer soberanía sobre sus sitios, quebrada La Rinconada.

2.3- Solidaridad comunitaria

“Aquí los vecinos cuando saben hacer bien un trabajo, ¡ayudan!” (HCRF, mujer, 21 años, quebrada Las Cañas).

En la sociedad contemporánea, la solidaridad suele asociarse, principalmente, con instituciones de beneficencia, donaciones anónimas, campañas televisivas de ayuda, cooperación internacional entre países en caso de tragedias naturales y/o bélicas, etc. Es decir, una solidaridad mediatizada, donde, por una parte, un grupo no identificado de personas quiere expresar su solidaridad mediante una donación y, por otra parte, el grupo que recibe la donación es representado desde sus carencias y tragedias. Sin embargo, en las quebradas hemos constatado que aún existe una solidaridad en un estado primigenio, basado en las relaciones sociales que se han gestado al interior del grupo y que han generado o generaron la cohesión social expresada por los habitantes. Es una solidaridad que se práctica cara a cara y de forma desinteresada entre individuos que sienten que deben ayudarse mutuamente ante adversidades, desafíos o proyectos, que emprenden individual y colectivamente. Es un sistema de ayuda mutua, instaurada tácitamente entre los vecinos, amigos y familiares, donde cada persona o familia que presta un servicio a otra, sabe que, en alguna otra ocasión, la persona a quien se ha prestado ayuda lo retribuirá de la misma manera. Es un “hecho social de intercambio” (Mauss, 2007), pero no es un gesto unilateral, pues se concibe en la perspectiva de un retorno, “el don” (ayuda prestada, aquello que es dado) 116


apelando a una contraparte, aquello que Marcel Mauss llama el “contradon” (o contra-ayuda, aquello que se devuelve). A partir de los cuales se establece una triple relación entre dar, recibir y devolver. Es un acuerdo tácito y subjetivo, porque no existe un contrato explícito ni un intercambio de bienes materiales. Esta práctica es habitual en los procesos de autoconstrucción de las viviendas, donde cada vecino, familiar o amigo, pone a disposición sus habilidades y saberes, para quien lo necesite. Hay muchas formas en que esta ayuda mutua aparece en el hábitat informal, por ejemplo, en la construcción de las viviendas, para desplazarse en la ciudad, ayuda para cuidar a los niños, ayuda para las compras de los vecinos más ancianos. Y también se refleja en un compartir alimentos, vestuario y materiales de recuperación. En relación con el proceso de construcción de la vivienda, los habitantes suelen nombrar a aquellas personas, sean familiares o amigos, que les ayudaron durante dicho proceso, debido a que la construcción de la casa no habría sido posible sin esa ayuda mutua, que es definida como la única forma de pago que existe, cuando no se poseen los medios económicos para contratar un maestro constructor. La señora Valeria nos cuenta que al momento de la construcción de su casa, su esposo no sabía mucho de construcción; es por ello que su compadre, sus hermanos y sus cuñados le ayudaron a construir la casa. Ella dice: “Ellos le echaron una manito con la casa, porque mi esposo no sabía mucho. Si al principio empezó sólo, por eso esa parte está más chueca, pero después siguió con la ayuda de mi compadre, de mis cuñados y hermanos. Aquí después yo les preparaba comida o la once, para que no se fueran así nomás” (HD, mujer 37 años, quebrada La Rinconada).

Esta ayuda mutua no implica solamente el hecho mismo de construir la casa, con un intercambio de mano de obra, sino que también existe un compartir de saberes, hacia quien no posee conocimientos específicos sobre cómo construir. Otra forma de solidaridad es en el cuidado de los niños pequeños de vecinos o vecinas que son madres o padres solteros. Como es el caso de la señora Elizabeth, quien vive sola con su hijo pequeño que tiene síndrome de Down. Ella nos cuenta que sin los vecinos ella no podría salir adelante:

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“Cuando me separé de mi marido, con tres niños de 4 años, 2 años, y algunos meses. Mis vecinos fueron un factor demasiado importante. Ellos empezaron a remplazar a la familia. Yo al final estoy sola acá, mis hijos ya están grandes, tengo nietos, y ellos aquí tienen primos, abuelos, tíos de mentira. Pero ahora tengo un hijo de 5 años que tiene síndrome de Down. ¿Y quién crees que me ayuda en el momento que yo tengo que ir a comprar y no voy con el niño o tengo que llevarlo a médico, y si tengo que trabajar? Los vecinos me lo cuidan, lo mismo me pasó con los tres que ya crié. Entonces yo creo que ese es un factor tan importante para uno, tener alguien que te ayude. En los barrios habrá cahuines y todo, pero aquí yo me siento segura, son buenos vecinos. Cuando yo salgo a trabajar mi vecina manda al colegio a mi hijo menor. Por eso te digo que si a mí me ofrecieran irme a otro barrio, yo ya no me voy, no me voy, mi casa en invierno es fría, porque las paredes se ponen con musgos, húmedos. Pero la seguridad que me dan los vecinos, eso sí que no lo encuentras en ningún lado. Por ejemplo, yo salgo y yo sé que no van a entrar a robar, porque aquí no falta la vecina que está atenta con mi casa” (HN, mujer, 42 años, quebrada Las Chanas).

En este caso, la ayuda no es momentánea, sino que es permanente. La señora Elizabeth encuentra en los vecinos el sustento que podría encontrar en su familia. Es un apoyo constante que se basa en la empatía entre vecinos. Por otra parte, esta ayuda mutua entre vecinos se ve claramente en situaciones de emergencia o de tragedias familiares, como es el caso de la señora Nancy, jubilada, de 76 años, que vive con su marido jubilado también en una toma al fondo de la quebrada La Rinconada. Ella nos cuenta que, en una ocasión, su marido tuvo una emergencia médica y sus vecinos la socorrieron y la ayudaron a llevar a su marido al hospital. Ella dice: “Aquí, la gente es unida, yo te lo digo porque cuando a mi marido le dio una hemorragia, porque tiene cáncer, la gente salió a favorecerme, porque yo no lo podía levantar del suelo. Se levantaron a las 6 de la mañana a ayudarme, yo gritaba, para que me favorecieran, ahí vi el apoyo de mis vecinos, me llamaron la ambulancia y de ahí se lo llevaron, de esto hace un mes. Esa vez los vecinos se portaron bien conmigo” (HF, mujer, 76 años, quebrada La Rinconada).

En este caso, la ayuda frente a una tragedia familiar es muy valorada por las familias, y genera en ellos un apego al lugar, que parte por un apego hacia sus vecinos. En otras ocasiones, la solidaridad aparece a nivel de barrio, es decir, involucra a todas las familias de la quebrada que se organizan en pos de ayudarse mutuamente. En la quebrada La Rinconada, con ocasión de una intervención de la ONG TECHO, que 118


tenía por objetivo la entrega de mediaguas a las familias con mayores problemas de habitabilidad, la señora Juana, dirigente de la quebrada La Rinconada, nos cuenta que, independientemente de quienes fueran las familias beneficiadas, todos los vecinos se organizaron y vendieron sándwiches, con el objetivo de recaudar fondos para pagar el monto mínimo exigido por TECHO (2003). Sin embargo, ella también señala que algunas familias, en el momento de recibir la mediagua, no siguieron participando en las actividades. Esto también fue señalado por la señora Valeria36. La Sra. Juana relata: “Por ejemplo, aquí cuando llegó TECHO con las mediaguas, nos juntamos todos y empezamos a vender completos para juntar la plata para todas las familias, que eran como 30 mil pesos (por familia) que había que tener en ese tiempo. Organizábamos completadas y fuimos pagando de a poco. Pero lo malo fue que alguna gente sinvergüenza se aprovechó, y sólo pago la mitad. O sea, cuando tuvieron la mediagua no siguieron pagando y no participaron más en las actividades” (HD, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada).

Así, también en la quebrada Las Cañas, a la ocasión de la pavimentación de un pasaje y construcción de una baranda al interior de la quebrada, los vecinos que poseían mayores conocimientos relativos a la construcción, pusieron al servicio de la comunidad, su saber-hacer. De forma general, contar con la ayuda de vecinos capacitados significa, por una parte, obtener un resultado satisfactorio y de calidad y, por otra parte, sin costo alguno. Además, cuando los vecinos se implican en los procesos de mejoramiento del espacio público, este último es mantenido y mejorado por ellos mismos. Entonces, cuando se trata de trabajos a nivel de barrio siempre se llama al vecino especialista en la materia, con el objetivo de optimizar la faena. Con respecto a esto, Silvana, joven estudiante universitaria, nos cuenta parte del proceso de la pavimentación de un pasaje al interior de la quebrada. “Aquí los vecinos, cuando saben hacer bien un trabajo, ayudan, porque al final es para nosotros mismos. Por ejemplo, esto (el pasaje) era todo de tierra, donde está la reja también. Entonces nos juntamos los vecinos y de a poquitito ayudaban a hacer la reja. Mi papá, por ejemplo, es soldador y después de la pega se venía y soldaba un poco y pegada unos pinchazos (soldaba) y así todos los días, hasta que entre todos hicieron la reja y pavimentaron el pasaje” (HCRF, mujer 21 años, quebrada Las Cañas). 36

Ver su relato en el capítulo de intervención del Estado.

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La ayuda prestada implica mano de obra especializada y un traspaso de saberes que tiene por objetivo ayudar con lo que se sabe por el bien común, lo que se traduce directamente en la consolidación del entorno de las viviendas. De esta manera se aúnan diferentes saberes, que son manejados por distintos habitantes autodidactas. Es decir, las familias han comprendido que a mayor nivel de consolidación del espacio público, son mayores los beneficios que reciben sus viviendas. De esta manera, nos percatamos que entre los habitantes de las quebradas, la solidaridad es una práctica social que transciende el núcleo familiar cercano, solidaridad que se extiende a amigos y vecinos que se encuentran en la misma condición, lo que genera fuertes vínculos que les han permitido a los habitantes encontrar un sostén y un apoyo inmediato para sobrellevar problemas ligados a la vida cotidiana en estos territorios invisibilizados y desestimados.

2.4- Resistencia a la movilidad

“No tengo derecho a nada, así que, ¿qué voy hacer?, ¡quedarme aquí no más!” (H.F, mujer, 76 años, La Rinconada)

El arraigo al territorio también se hace evidente en los habitantes cuando ellos señalan que no les gustaría irse de este lugar, a pesar de que las condiciones de habitabilidad y económicas que poseen puedan ser difíciles. Las familias prefieren quedarse en las quebradas antes que emigrar a otro lugar de la ciudad donde, supuestamente, tendrían mejores condiciones de vida, como por ejemplo, en las viviendas sociales. Es decir, en este caso, algunos habitantes aceptan una condición de habitabilidad complicada en términos de seguridad y materialidad, en vez de migrar a otra zona de la ciudad, que podría ofrecer mejores condiciones. El arraigo, en este caso, se visibiliza en el hecho de negarse a cambiar de territorio. Bruno Jean lo define como una resistencia a la movilidad. Y señala que “para las colectividades humanas, la conciencia no se determinaría por la producción de bienes y servicios, entonces cómo se explica este arraigo al territorio habitado, el cual puede ser profundo: se acepta conscientemente una situación personal más difícil (desempleo, empleo informal, bajo poder adquisitivo, etc.), antes que migrar hacia otro territorio que ofrece mejores oportunidades. Este fenómeno 120


01-2010

02-2012

04-2014

10-2014

Figura 15: Fotograf铆a de proceso evolutivo de construcci贸n CRF Sra. Rosa. Periodo 2010-2014, quebrada La Rinconada.

y re-construcci贸n de

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de resistencia a la movilidad, es una manifestación tangible de la importancia del arraigo al territorio, de hecho de la territorialidad en la condición humana. Es entonces probable que en la construcción misma de su propia identidad individual, la relación con el territorio juegue un rol fundamental. De hecho, cuando las personas se encuentran por primera vez, ¿qué dicen para identificarse?” (Jean, 1993: 293). En este caso, las familias aluden al hecho de estar acostumbrados, de querer el lugar (topofilia), y por ende, no podrían acostumbrarse a otro lugar, ya que allí viven todos sus parientes y amigos. Es un lazo territorial que se crea, el cual puede “traducirse en un sentido de aceptación, agrado y hasta afecto por el territorio (topofilia), pero también, como un sentimiento de rechazo o desagrado por él, elementos que inciden en la conformación identitaria socio territorial, aunque, como todos los casos, no necesariamente determinan el arraigo, puesto que este puede estar condicionado por otro tipo de lazos que adquieran un mayor peso en las decisiones del actor” (Quezada, 2007:47).

2.5- Las microeconomías familiares.

“Mi marido, él siempre hace pololitos, para poder terminar el fin de mes” (HCRF, Mujer 51 años, quebrada Las Cañas).

Sabemos que el fenómeno de la informalidad transciende el problema del hábitat. La CEPAL y la OIT, en el informe económico de América latina y el Caribe 2014, señala que la tasa de informalidad laboral asciende al 47% y representa a 127 millones de personas. En el caso de los habitantes de las quebradas, es evidente que las familias que allí habitan lo han hecho por falta de recursos económicos, falta que no sólo los ha excluido del sistema formal de adquisición de viviendas, sino también del mundo del trabajo. Es entonces desde una situación de precariedad laboral que las familias han desarrollado toda suerte de pequeños trabajos, generando una red de microeconomías familiares que les han permitido obtener recursos para mejorar su condición económica. Estos trabajos informales, en ocasiones, se basan en actividades poco previsibles, o bien en prácticas muy específicas sustentadas en el saber-hacer de los habitantes. Las iniciativas microeconómicas emprendidas por los habitantes, con el objetivo de incrementar sus ingresos, son muy variadas. 122


A partir de los relatos hemos podido distinguir dos tipos de microeconomías. Por una parte, unas que son de carácter completamente informal. Es decir, “actividades que incumplen la legislación y normativa necesaria para la producción, distribución o venta de los bienes finales, pero su producción es ilícita. Regulación legal y administrativa, derechos comerciales y de propiedad” (Gamero & Carrasco, 2011: 14). Es decir, los habitantes son trabajadores por su propia cuenta, sin salario, y los trabajos son realizados habitualmente en sus propios hogares, donde las diferentes funciones las suelen cumplir los mismos miembros de la familia, como por ejemplo, la crianza y venta de animales, la fabricación de carbón, de yogur, etc. Y por otra parte, se reconocen microeconomías de carácter más formal, que están avaladas por algún organismo o institución pública a la familia y la quebrada. En este caso encontramos, por ejemplo, la participación de los vecinos en fondos micro empresariales con financiamiento del Estado, por ejemplo, proyectos FOSIS37 y de SERCOTEC38. Sin embargo, debemos agregar que, en este caso, si bien el origen de la microempresa es de carácter formal, eso no implica que su gestión y desarrollo sea completamente formal. La señora Valeria, de la quebrada La Rinconada, nos cuenta que con su esposo siempre están rebuscando diferentes maneras de aumentar el salario, porque lo que gana su esposo no les alcanza para vivir. Es por ello que su familia ha incursionado en diferentes trabajos; por una parte, ella posee una microempresa familiar informal dedicada a la crianza de chanchos en la quebrada, los cuales vende a pequeñas carnicerías del plan de la ciudad. Evidentemente su producción no es a gran escala, sino que cría un máximo de diez chanchos. Y por otra parte, ella participó en una iniciativa de carácter formal con una microempresa avalada por el FOSIS e instaló su propio negocio de menestras en la quebrada. Ella nos cuenta: 37 FOSIS: Fondo de Solidaridad e Inversión social, es un servicio del Gobierno de Chile, creado en1990, cuyo objetivo es “trabajar con sentido de urgencia por erradicar la pobreza y disminuir la vulnerabilidad social en Chile”. El FOSIS apoya a las personas en situación de pobreza o vulnerabilidad que buscan mejorar su condición de vida. Según sus necesidades, implementa programas en tres ámbitos: emprendimiento, trabajo y habilitación social. http://www.fosis.cl/index.php?option=com_content&view=article&id=65&Itemid=53 38 SERCOTEC: Servicio de Cooperación Técnica, que depende del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo. El objetivo principal de SERCOTEC es promover y apoyar iniciativas de mejoramiento de la competitividad de micro y pequeñas empresas y fortalecer el desarrollo de la capacidad de gestión de sus empresarios. http://www.sercotec.cl/web/sercotec/acerca-desercotec/quienes-somos

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“De repente, para alguna ocasión especial o una fiesta, se faena un chancho para la casa, pero principalmente los criamos para venderlos, mi esposo los vende. Igual acá hay gente que les gustan los animales del sector y andan buscando un chancho, se los vende y se los llevan, porque son más naturales que los de supermercado. En otra ocasión, hace un tiempo criamos gallinas, teníamos más de 100 gallinas [...]. También una vez postulé a un proyecto FOSIS y así yo empecé a trabajar, porque teníamos aspiraciones de agrandar la casa. Trabajé para eso, para construir, para darles mejor comodidad a las niñas, para vivir mejor, por eso quise hacer el negocio de abarrotes. Con el FOSIS compré un negocio, era un negocio chiquitito, de lata, de esos que te daba el programa FOSIS, un quiosquito, al principio yo lo arrendaba, a la dueña anterior, ella me cobraba 40 mil pesos mensuales, pero al final no era tanto lo que yo ganaba, como para pagar 40 mil mensuales, así que yo le dije que me lo vendiera, y me lo vendió en 250 mil pesos, pedimos un préstamo con mi marido y se lo compré. Yo empecé ese negocio con 80 mil pesos, fue la primera plata que invertí en mercadería. Y era bueno porque por acá no hay ningún negocio cerca, y después que yo me puse a vender, en muchas casas también se pusieron a vender cosas, porque aquí no hay ningún negocio” (HD, Mujer, 37años, quebrada La Rinconada).

Con el relato de la señora Valeria, podemos ver que no sólo su microempresa satisface sus necesidades económicas, sino que, además, satisface una carencia a nivel de barrio, ya que el equipamiento de carácter comercial destinado a la venta de abarrotes es insuficiente. También, como lo mencionamos anteriormente, hemos constatado que, a veces, estos micros emprendimientos son muy especializados gracias al saber-hacer de los habitantes. Como es el caso de don Héctor, quien posee un pequeño emprendimiento de muebles de estilo Luis XVI en su casa. Don Héctor es ebanista y nos cuenta que él trabaja solamente con maderas nobles, y que realiza todas las faenas: compra el material, lo transporta, diseña los muebles y los vende en su casa39. Don Héctor nos cuenta que él pudo armar su taller gracias a un fondo concursable de apoyo a micro y pequeños empresarios (MIPES40) de SERCOTEC. La ayuda consistió en un micro préstamo que le permitió comprarse sus propias herramientas, que utiliza para la fabricación de muebles. Sin embargo, él nos cuenta que, actualmente, no está muy conforme con el programa, porque le han 39 Lamentablemente, el don Héctor, en el último incendio del 12 de abril 2014, perdió su taller de maderas y su casa. 40 MIPES: “Concurso regional que otorga dinero en efectivo para formalizar grupos de micro o pequeños empresarios/as (línea 1) y para apoyar a las asociaciones ya existentes que deseen generar nuevos productos o conseguir mejores oportunidades de negocios” http://www. sercotec.cl/Programas/Creaci%C3%B3nyFortalecimientodeAsociacionesMIPES.aspx

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quitado financiamiento y siente que esto lo perjudica. Él dice: “Con el gobierno de la Bachelet (ex-presidenta Michelle Bachelet) fue muy bueno, porque hubo muchos beneficios con los programas para los pequeños empresarios. Ellos dieron facilidades para que nosotros postuláramos a los programas y nos daban ayuda (económica) para comprar máquinas, materiales, herramientas para trabajar, para salir adelante, para las pequeñas empresas. Pero el gobierno actual está quitando esos asuntos que teníamos nosotros para seguir y salir adelante, o sea, nos cortó la plata. Por lo que veo, parece que este gobierno quiere eliminar ese asunto y para nosotros es perjudicial. Yo, por ejemplo, postulé a SERCOTEC, porque se podría decir que nosotros somos pequeños empresarios. Yo hago muebles para vender, yo hago todo esto (me muestra sus trabajos) para la venta. Yo mismo los diseño, diseño el mueble, lo dibujo y todo. Yo empiezo por cortar el árbol, lo corto, lo faeno y lo hago. Trabajé muchos años con la casa de antigüedades y sigo trabajando con coleccionistas de arte. Refaccionando y restaurando, pero aquí yo no puedo traer grandes cosas, porque usted ve, por el poco espacio, entonces tengo que hacer cosas pequeñas, no puedo hacer grandes trabajos y tampoco puedo contratar gente acá, por las condiciones en que estoy. Yo no puedo, así que tengo que trabajar solo no más, tengo que hacer todo, la pega del ayudante, la de todos, los trabajos tengo que mandar a tapizar afuera y mandar a barnizar también afuera, entonces para mí eso es un gasto más que tengo que hacer. Y si tuviera un taller más grande yo podría dar empleo, yo le puedo dar trabajo a un carpintero, a un mueblista, a un tapicero, a barnizadores, a harta gente que está empezando recién a formarse, y el trabajo no se perdería, porque si no este trabajo ya se pierde, lo mío se pierde. […] Todo esto es hecho a mano, todo lo que es tallado es a mano, se hace a mano, y las otras piezas se hacen con máquina, las molduras y todas esas cosas se hacen con máquina, pero lo demás todo se hace a mano. […] Por eso le digo yo, que sin un taller más grande, este trabajo se pierde aquí, ya no queda nadie, ni un heredero, se pierde. Talladores hay pero nosotros le decimos talladores de esos que van a recoger hojas a la feria, pescan la hoja y la tiran y hacen unas tremendas flores, entonces se ha perdido, se van perdiendo, por ejemplo, los estilos. La gente no conoce lo que es un estilo de mueble, la gente compra lo que ve en libros o en tiendas al por mayor y no de estilo. […] Casi todo lo hago, de repente tengo madera y me pongo a hacer cosas, ahora estoy haciendo unas mesitas, cuatro mesitas, porque es más fácil para mí venderlas (por el tamaño y costo), aunque ya tengo un comprador. Pero voy igual a otras casas y las ofrezco. Siempre estoy haciendo muebles, pero nunca hago lo mismo, siempre voy cambiando, diferentes cosas. Este, por ejemplo (muestra una vitrina), lo estoy ofreciendo en Viña, a un anticuario, y a veces me he pegado un viajecito a Santiago. A lo mejor este fin de semana, si dios quiere, voy, y ahí vamos a ofrecerla, porque por allá hay más plata. Aquí la gente de pueblo no sabe mucho de estas cosas; bueno, la gente de edad sí, pero aquí casi la mayoría es joven, entonces no sabe mucho de muebles. Ellos van y compran en Ripley, sí, porque ahí tiene dos años para pagar, y pa’ cuando ha terminado de pagar ya no tienen mueble,

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pero la gente no valora eso. Yo empecé a los doce años, empecé a trabajar, yo estudiaba y trabajaba, empecé a aprender el tallado porque mi padre era tallador y mis tíos eran profesores de carpintería en el Colegio Salesianos, el de curas, el de la avenida Argentina y ahí comencé y no he parado hasta la fecha” (HERF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas).

En relación con las microeconomías netamente informales, encontramos a la señora María Cristina, quien nos cuenta que, antiguamente, cuando estaba recién casada, ella y su marido criaban conejos, y los vendían a los vecinos o bien los iban a vender a la feria de la Avenida Argentina en el plan de la ciudad. Era la única forma de obtener un poco más de ingresos. Hoy en día, ella es jubilada y ya no cría conejos, sino que mantiene un huerto para su propio consumo, el cual riega con el agua de una vertiente de la quebrada. Estas dos pequeñas acciones, plantar un huerto para su consumo y utilizar el agua de una vertiente, le permiten ahorrar el dinero que gastaría en legumbres y agua potable, para poder priorizar con su jubilación otros gastos. Ella nos cuenta: “Aquí yo empecé a plantar porque este era un sitio pelado, no había nada, puro pasto no más, y yo dije no, esto no puede ser, primero tenía hartas flores. Después criamos conejos, ¡56 conejos!, y mi marido empezó a vender los conejos para el consumo, siempre había gente que quería conejos frescos, porque a la gente le gustaban los conejos, matarlos y comérselos. Pero después nos aburrimos porque es mucho sacrificio, además que yo me enferme. Un día yo estaba afuera, y como a las siete de la tarde me acordé que los conejos no tenían comida y fui a sacar pasto para darles y me pico un alacrán y tenía la cara llena de veneno y lo único que se me veían eran los ojos, estuve súper mal, entonces mi marido decidió terminar con los conejos. Ahora solo tengo mis verduritas para el consumo diario, así ahorro en eso, porotos verdes, tomates, la acelga, algunas papitas y lo que salga, aquí todo crece y también hierbas, orégano, menta, llantén. Yo tomo solo agüitas de hierba, no tomo té” (HF, mujer, 71 años, quebrada Las Cañas).

Así también encontramos el relato de Natalia, joven dueña de casa de la quebrada Las Cañas, quien nos cuenta que cuando su madre la abandonó con sus dos hermanos a sus trece años, ella aún estaba en el colegio y tuvo que hacerse cargo, económicamente, de la familia. Para ello, ella pidió una autorización en su colegio para vender accesorios para adolescentes y dulces. Con el dinero que recaudaba cada mes podía pagar el agua, la luz y el gas, y su abuela le ayudaba con la alimentación. Los gastos por concepto de alojamiento no eran un problema, porque su 126


padre había construido una vivienda en el sitio de su abuela. Como veremos en el territorio de apropiación quebrada-casa, el hecho que las familias vivan reunidas en Conjuntos Residenciales Familiares(CRF), permite que situaciones como la vivida por la familia de Natalia, sean más soportables y llevaderas, sobre todo para una adolecente que debe criar a sus hermanos. Ella nos cuenta: “Mi papá, y mi mamá se casaron cuando mi papa tenía veintiún años y nació mi hermano mayor y se vinieron para acá, para el terremoto del 85, y aquí comenzó todo, después nacimos nosotros (ella y sus dos hermanos pequeños). Y cuando yo tenía trece años mi mamá con mi papá se separaron y me dejaron a cargo a mí a mis dos hermanos chicos, porque mi hermano mayor se había casado y se había ido con su esposa al Olivar (barrio periférico de Viña del Mar). Y así, a los trece años, me hice cargo de mis dos hermanos chicos, de Viviana y Nicolás. Mi hermano nació con una enfermedad y todo eso a mi mamá no le importó, e igual nos dejó. Yo lo tenía que llevar al hospital, y después mi papá también se fue con otra mujer, así que en ese momento quedé sola viviendo acá con mis dos hermanos chicos. Yo trabajaba y estudiaba para pagarles los estudios a mis hermanos y la colegiatura y todo eso, después yo me fui al liceo técnico y ahí conversé con un profesor por mi situación, porque me pedían muchos materiales y cosas que yo no podía costearlas, así que el profesor me hizo los trámites para tener una beca de transporte y yo le dije si podía vender cosas en el colegio. Al principio junté tres mil pesos y vendía aros y dulces, a mis compañeras del colegio, y ahí yo vendía y me hacía mi plata. Todo lo que ganaba me lo gastaba aquí en la casa; primero compraba los aros para seguir vendiendo y el resto lo ocupaba para pagar la luz, el agua, el gas y la mercadería. […] Mi abuelita nos ayudaba con lo que ella podía, sobre todo con el almuerzo y la once. Y así salimos adelante con poquito, pero ahora estoy casada y a mis hijos no les falta nada, porque yo trabajo en la feria” (HCRF, mujer 24 años, quebrada Las Cañas).

Las iniciativas emprendidas por las familias de las quebradas son muy variadas, sin embargo, todas responden a una misma necesidad: salarios insuficientes. Aquí no estamos hablando de microempresas que permiten a estas familias tener un superávit de dinero, sino, por el contrario, son actividades imprescindibles porque el salario o la jubilación no les alcanzan para solventar todos los gastos básicos. El trabajo informal es una mecánica común en familias en situación de campamento o de toma de terreno, porque la mayoría de las veces también son segregadas laboralmente por provenir de sectores “marginales”. Si bien esta situación no es común a todos los habitantes, es una práctica reconocida por todos. 127


2.6- La reivindicación del espacio público

“Todo esto es de nosotros, lo hicimos nosotros, todos cooperamos” (H.F, mujer, 54 años, La Rinconada).

De forma general, la idea de espacio público nos remite a lo abierto, al espacio común que se comparte con otros, contrario al espacio privado, pero también al espacio planificado, ordenado, nombrado y cualificado. En Chile, la Ley General de Urbanismo y Construcción (OGUC) define el espacio público como “bien nacional de uso público, destinado a la circulación y esparcimiento entre otros” (2010). Para las personas, en general, los ejemplos más banales de espacio público son las plazas, los parques, las avenidas y los paseos, es decir, aquellos espacios donde la ciudadanía como grupo es el actor principal y se reconoce como tal. Sin embargo, estos espacios públicos no son, ni existen sin sus particularidades espaciales que lo definen formalmente y no son, ni existen, sin la práctica social, es decir, aquello que lo cualifica y le da sentido e identidad. Por lo tanto, la idea de espacio público nos remite al espacio vivido, es decir, a las experiencias compartidas en el espacio de la ciudad. Sin embargo, en la situación del hábitat informal en las quebradas, donde previamente a su instauración no existía más que el espacio natural como tal, cabe preguntarse ¿qué hace que un espacio, no planificado, se convierta en un lugar de expresión comunitaria, de encuentro y de intercambio, es decir, en un espacio público? Michel Agier señala que en el espacio público se ejerce la cultura de ciudad que “está formada por dos grandes dominios de creación. Uno concierne al sentido de las relaciones entre los ciudadanos, es decir, las representaciones de la identidad y de alteridad; y el otro concierne a lo simbólico a través de la cual los habitantes dan sentido al espacio material de la ciudad donde ellos viven” (2009: 99). En el caso de las quebradas, el espacio público expresa un sentido y simbolismo en cuanto que los habitantes se apropian y reivindican aquello ausente, faltante y anhelado. La palabra reivindicación es empleada para designar una reclamación tendiente a hacer reconocer en justicia un derecho contestado por un tercero. Significa reclamar algo a lo que se cree tener derecho o reclamar para sí la autoría de una acción. Sus sinónimos son demandar, desear, atribuir, exigir, solicitar, pedir, etc. Desde esta perspectiva, los espacios públicos informales en las quebradas son la expresión de una autoría colectiva y la materialización de una demanda anhelada. Es una reclamación hacia 128


el derecho de tener y de beneficiarse de espacios de encuentro, de recreación, y de sociabilización, en el entorno inmediato a sus viviendas. Los habitantes imaginan y demandan la consolidación de sus barrios, pero consideran que esta consolidación solo es posible mediante la consolidación del espacio público. Esta reivindicación del espacio público formal, es decir, esta demanda de aquello que sienten que debieran recibir, se percibe en la autoconstrucción de calles, pasajes, caminos, escaleras, plazas y canchas de fútbol, que tienen como origen común el hecho de ser espacios públicos no planificados, los cuales, por una parte, son el resultado de una práctica social que se reitera y los define como espacios apropiados. Por otra parte, son el resultado de una apropiación espacial que transforma espacios baldíos y periféricos en espacios públicos. En relación con esto, Jordi Borja señala que “El espacio público expresa la democracia en su dimensión territorial. Es el espacio de uso colectivo. Es el ámbito en el que los ciudadanos pueden (o debieran) sentirse como tales, libres e iguales. Es donde la sociedad se escenifica, se representa a sí misma, se muestra como una colectividad que convive, que muestra su diversidad y sus contradicciones y expresa sus demandas y sus conflictos. Es donde se construye la memoria colectiva y se manifiestan las identidades múltiples y las fusiones en proceso” (2011: 140). Por lo tanto, lo que hace que espacios no planificados sean percibidos y practicados como espacios públicos, es el hecho que los espacios apropiados por los vecinos los remiten a una experiencia colectiva, sea de creación o apropiación del espacio, o bien de acuerdos que generan un consenso colectivo frente a estos espacios. Así, el espacio público en el hábitat informal es un espacio apropiado en el sentido planteado por Lefebvre (1961) y contrario al espacio dominado.

Figura 16: Fotografía de partido de baby-fútbol en Cancha las Palmeras, quebrada La Rinconada, Octubre 2014.

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2.7- Cuatro apropiaciones del espacio público informal

En esta apropiación y creación colectiva del espacio público informal, hay cuatro pasos claves en su identificación y consolidación. Primero, el espacio se marca, segundo, el espacio se nombra, tercero, el espacio se delimita y cuarto, el espacio se respeta. Se marca a partir de las prácticas cotidianas. Con respecto a esto, Lefebvre señala que la práctica espacial “consiste en una proyección sobre el terreno de todos los aspectos, elementos y momentos de la práctica social” (200: 15). Se nombra, para que sea reconocido. Se nombra, porque nombrándolo se transforma en un espacio de referencia. Y se nombra, porque el nombre va a configurar una imagen en cada uno de los habitantes, que establece una relación entre prácticas e intervención que serán vehiculadas por el espacio mismo. De esta manera, el nombre de un lugar construye su identidad y su atributo, a partir del conjunto de representaciones e imaginarios compartidos. Se delimita para darle su forma. Para contenerlo, para asirlo y para que transcienda su condición de terreno baldío y vacante, se delimita para fijar su destino (uso). Se respeta, porque no se transgrede su sentido una vez instaurado. El hábitat informal, por esencia, es una apropiación que se desarrolla sin normas ni leyes; las personas se apropian de espacios “no-apropiables”, de aquello que nadie quiere o de aquello que pertenece a otro. Sabemos que en la toma de terreno santiaguina, se preveía una planificación del espacio público, mediante el trazado de calles, plazas y centros comunitarios, etc. No podemos decir lo mismo de la toma porteña, simplemente porque, como ya lo hemos reiterado en varias ocasiones, las tomas en las quebradas de Valparaíso son tomas de carácter familiar y no colectiva. Son tomas a destiempo e individuales, donde cada familia se ha apropiado del espacio que le conviene para construir su casa. Entonces, el respeto por el espacio público está implícito en el hecho de no transgredir aquello que ha sido marcado, nombrado, delimitado y respetado desde la primera ocupación. En relación con esto, el caso de la quebrada La Rinconada es bastante explícito, pues los vecinos transformaron un espacio baldío y abierto en una cancha de fútbol y la nombraron como “la cancha de las palmeras”. Este acto de apropiación implica, primero, reconocer una característica espacial y singular del lugar, que lo define y lo identifica, “allí donde están las 130


palmeras”, y, segundo, reconoce las prácticas relacionadas con la idea de “cancha” como un lugar de encuentro y de juego. En este caso, el nombre vehicula representaciones y, por lo tanto, construye su identidad y atributo. Variados son los relatos que hacen referencia a este hecho: Norman: “aquí esta cancha la hicimos nosotros, algunos vecinos nos juntamos y la hicimos, porque algo de recreación sirve. Esas palmeras eran del vecino de pajonal (dueño del fundo). Él, antes que hicieran la avenida, tenía esas palmeras en la entrada al fundo, pero cuando rompieron (el cerro) para la prolongación del camino de la avenida Alemania, las palmeras molestaban porque estaban en la entrada, las sacaron y las pusieron ahí. Esas palmeras tienen como ochenta años aproximados, me decía don Germán Riegel (dueño del fundo), que era muy buen vecino, y todavía somos buenos vecinos” (HF, hombre, 46 años, quebrada La Rinconada) Juana: Por ejemplo, yo fui una de las fundadoras del Club Deportivo Comunitario “Las Palmeras” […] Este Club era para que los niños jugaran a la pelota, es comunitario, para ayudar a la comunidad. Hace 6 años atrás, en el 2003, y desde allí formamos el deportivo comunitario” (HD, mujer, 53 años quebrada La Rinconada). Valeria: “Aquí de repente los vecinos se organizan, y se hacen campeonatos de futbol. En octubre pasado (2009), se hizo un campeonato con la gente de acá arriba, y con eso se juntó plata para arreglar la junta de vecinos. Porque la junta de vecinos está destruida, […] se recolectó algo de plata, porque fue mucha gente, y ocupamos la cancha Las palmeras, no ocupamos la cancha que se hizo con la junta de vecinos n° 62 porque es muy chica y está todo cerrado. Así que se hizo el campeonato ahí en las palmeras, en esa cancha, se hizo, fue mucha gente, fueron más de 200 personas, duró tres sábados seguidos, y las niñas que lo organizaron vendieron hartas cosas, sopaipillas, empanadas, dulces. Por eso le digo, aquí los niños se entretienen; por un lado está el bosque, que es bueno para jugar, pero igual se entretienen en eso espacios que tenemos aunque son pocos, o se van a la cancha de Las palmeras” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada) Ricardo: Todos nos juntamos acá, nos juntamos en la cancha y después jugamos a la pelota […] acá nos podemos juntar por aquí afuera no hay nada. Lo bueno es que aquí no pasan ni autos, y venimos a jugar más de 15 cabros, jugamos aquí con todos, nos gusta juagar aquí, y vienen hartos de afuera (de la quebrada). Pero igual sería bueno que la arreglaran, porque la cancha no tiene arcos, y no tiene luz y si tuviera podríamos jugar en la noche, y que se hagan más campeonatos como el año pasado” (HCRF, hombre, 16 años, quebrada La Rinconada).

La decisión de dejar un espacio común, es una decisión que si 131


bien no se tomó en conjunto, se la reconoce implícitamente y, por lo tanto, todos la respetan. De esta manera, la creación del espacio público en las quebradas es un proceso colectivo, que se instaura y se formaliza desde la práctica social; por lo tanto, es avalada por todos en la medida que se reconocen como grupo en aquellos espacios. En este caso vemos cómo los vecinos coinciden en el hecho de que la cancha es parte de los proyectos que, como grupo, han llevado a cabo. La utilización de ese espacio baldío como cancha es respetada por los vecinos y ninguna persona se ha atrevido a ocuparlo con viviendas, porque reconocen en el lugar un valor, un espacio de expresión y de reunión. Sin embargo, también encontramos el caso opuesto, es decir, cuando se trasgrede ese espacio que ha sido definido por los mismos vecinos como espacio público, por años. La señora Doraliza nos cuenta, con gran pesar, que por hacer una buena acción, los vecinos se molestaron con ella, porque permitió a una nueva familia instalarse en la parte delantera de su sitio. De forma general, ella señala que al principio no hubo problemas, pero luego la nueva familia a comenzó a apropiarse de más espacio del que se podía, ocupando parte del pasaje público por el cual se accede a la quebrada. Ella considera que los nuevos vecinos no entendieron las reglas que existían allí y por eso hicieron lo que hicieron. Ella dice: “Aquí de hace rato que no llega nadie nuevo, porque la gente sabe que esto está lleno, los vecinos, pero que están aquí abajito son nuevos, yo les di permiso para que se pusieran allí, pero ahora como son nuevos no saben cómo es aquí, y se han tomado todo mi patio y parte del pasaje. Entonces los otros vecinos se enojaron conmigo, porque nadie los conocía y no saben cómo se vive aquí. Pero uno lo hace por los niños, igual necesitaban donde instalarse” (HF, mujer, 78años, quebrada Las Cañas).

El espacio público de las quebradas, como producto informal y de reivindicación del derecho a la sociabilización, es un espacio cualificado por el uso y que construye ciudad en el sentido propuesto por Borja, quien plantea que la ciudad es, ante todo, espacio público y el espacio público es ciudad (Borja, 2011), señalando que “En las periferias de las grandes ciudades latinoamericanas aparecen nuevas dinámicas de ocupación del territorio en forma de asentamientos que con la organización y la autogestión tratan de construir ciudad y no solo viviendas

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precarias” (2003: 131). Los habitantes construyen ciudad, en el sentido que dotan de contenido y sentido lugares al interior de la quebrada, a partir de las prácticas sociales y las prácticas espaciales que dan forma y delimitan dicho espacio. Podríamos decir que los habitantes de las quebradas han sido urbanistas, planificadores y arquitectos. En el sentido que son ellos quienes han definido cómo usar el espacio y organizarlo para nombrarlo e identificarlo. Estos espacios públicos informales son la evidencia de la apropiación y expresión de los habitantes en cuanto que comunidad y barrio. Mediante estos espacios públicos informales, cualifican la quebrada y demuestran su arraigo al territorio y la pertenencia al grupo. Son espacios y momentos de distracción, son espacios que traen a la quebrada un poco de aquello que la ciudad tiene y que en la quebrada no existe, mediante micro intervenciones urbanas al alcance de los habitantes, materializadas en pequeños bancos de madera, arcos de fútbol, toldos, sillones, columpios, etc. En estas condiciones, el espacio público se transforma en función de las festividades, de las actividades comunitarias y promueve una identidad colectiva. Esto, sin embargo, en muchos barrios planificados y/o formales, ha desaparecido, sobre todo en conjuntos habitacionales de vivienda social construidos en las periferias de las ciudades y en los barrios o condominios cerrados de la clase media y alta. Allí el espacio público, de recreación y de sociabilización viene prediseñado y, por ende, la apropiación está supeditada y dictada por la planificación y/o normas internas.

Figura 17: Fotografía de espacio público informal, “Ramada Pueblo sin ley”, Quebrada La Rinconada, Octubre 2014.

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Figura 18: Fotografía de espacio público informal “El rincón de Luchito” en Calle el Bosque, Cerro Ramaditas, Octubre 2014.

Figura 19: Fotografía de espacio público informal “Cancha Las Palmeras”, asientos de neumáticos, quebrada La Rinconada.

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Finalmente, consideramos que el espacio público informal es una apropiación socio-espacial materializada desde las prácticas sociales reiteradas en un territorio no planificado. Rapoport señala “que el hombre construye para dominar su entorno, pero es a la vez un entorno físico y un entorno idealizado que él domina” (Rapoport, 1972:83). Sabemos que el espacio público informal carece de un soporte adecuado, sin embargo, su significado como espacio idealizado es el que hace posible su materialización, identificación y reconocimiento por parte de los habitantes.

3.0- Apropiación espacial que implica un arraigo espacial. La toma Porteña como proceso evolutivo. En este capítulo expondremos el proceso evolutivo y formal de instauración de la toma en las quebradas de Valparaíso, las cuales se consolidan materialmente a partir de tres escalas de intervención. Definiremos la toma como la acción de ocupar y habitar ilegalmente un terreno o sitio, es “la posesión de un terreno sin ventas ni títulos” (Davis, 2010: 48), para poder habitarlo construyendo una casa, una pieza o una mediagua. En el caso de Valparaíso, la característica principal de la toma porteña, es que esta última es de carácter familiar y suele no tener planificación previa. Esta característica determinará la apropiación a escala barrial y a escala familiar, en el sentido que cada familia define y determina sus territorios de dominio. La apropiación espacial es un proceso de larga duración, que va construyendo y concretando poco a poco sobre el terreno una forma de habitar y de relacionarse con los vecinos, con el espacio natural y con la ciudad. Este proceso tiene que ver con lo que plantea Busquets, quien dice que la apropiación del espacio en los barrios de urbanización informal, “se entienden como una forma de crecimiento que se apoya en la transformación de suelo ‘rústico’ a ‘urbano’ a través de la simple definición de las parcelas que, a su vez, son el soporte de la construcción de las coreas41 sin la previsión de ningún tipo de urbanización” (1999: 78). Así, de forma general, la apropiación espacial de la quebrada mediante la toma de terreno está definida a partir de tres eventos principales: la instauración, la consolidación y la regularización de la toma. 41 Coreas: sinónimo de casa o mediagua. “Vivienda incompleta pero económica, precaria pero flexible [...] Tipo edificatorio básico que supone un proceso de construcción de la vivienda a partir de la gestión de la propia familia usuaria, con un máximo ajuste entre las necesidades y los recursos disponibles” (Busquets, 1999: 75).

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3.1- Instauración de la toma, como acción y estado. “Ahora estoy viviendo en toma” (HF, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada).

La toma de terreno, para los habitantes de las quebradas, tiene dos significados: primero, designa la ocupación de hecho, es decir, el acto primigenio de instauración y apropiación de un espacio para la construcción de una vivienda y, segundo, designa el estado en que se encuentran actualmente o se encontraban antes de la regularización de los sitios, definiéndola como un lugar. El lugar lo entendemos como el espacio cualificado, es decir, practicado, que se va definiendo y construyendo paulatinamente a partir de las marcas de las prácticas cotidianas. En relación con esto, la señora Juana, cuando trata de explicar su situación actual en la cual se encuentra con respecto a la tenencia del sitio que ocupa, dice, en primer lugar, “haber hecho una toma”, definiendo la toma como una acción; en segundo lugar, dice “vivir en una toma”, definiendo la toma como un lugar y, finalmente, dice que “todos somos una toma”, extrapolando la idea de la toma a una escala barrial. Ella afirma: “Yo he vivido en tres diferentes terrenos, aquí en este mismo cerro, pero ahora estoy en toma. Cuando mi mamá falleció, tuve que salir y me ‘hice una toma’ acá, me vine para acá. ‘Ahora estoy viviendo en toma’. Vendieron donde vivía mi mamá la primera vez que llegamos, se vendió pero acá en Los Olivos Bajos para adentro, ‘somos todos una toma’, hay ‘muchas familias que están en toma’” (HF, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada).

Es decir, “hacer una toma” implica una acción, que se define por el evento de tomar posesión de un terreno, que se formaliza por la delimitación del sitio mediante un cerco o por el canteo de la ladera de la quebrada. Y “Estar en toma”, implica un estado que define una situación y un modo de habitar, en el que se encontraban o se encuentran los habitantes actualmente. Es decir, los habitantes no solo dicen “yo me tomé un terreno”, sino que también dicen “yo vivo en una toma”, dejando claro que la toma no es sólo un acto de apropiación, sino que también es un lugar apropiado (tomado). Esto queda claramente explicitado en los siguientes fragmentos de relato, donde los habitantes definen la toma como acto y estado.

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Valeria: “Yo me lo tomé y lo cerqué […] y la mayoría (de las familias) de aquí ‘estamos viviendo en toma’, hay mucha gente ‘que vive en toma’” (HD, mujer, 37, años quebrada La Rinconada) Señora Juana: “Yo llevo 10 o 15 años aquí en Los Olivos, pero toda mi vida ‘he vivido en tomas’ y en quebradas, yo tengo 54 años” (HF, mujer, 54 años quebrada La Rinconada). Ana: “Toda esta gente, que vive para este lado ‘son puras tomas’, no hay nadie que tenga o diga yo lo compré, y para el otro lado, después con los años hicieron un bosque de eucaliptos, pero duraría 50 años el bosque, no sé cuánto duro, hasta que lo cortaron también para ‘hacer tomas’” (HF, mujer, 75 años, quebrada Las Chanas). Nancy: “Estas ‘son tomas que hicieron’, yo me vine, hace como 10 años que estoy acá, […] así en las condiciones que estoy yo, hay mucha gente, hay muchos porque han llegado casas nuevas, gente nueva” (HF, mujer, 76 años, quebrada La Rinconada) Cristina: “Esto ‘fue una toma’, en esos años estaba el Señor Frei sí… y el Señor Frei42 (Ex-presidente) dijo a toda la gente, una vez que se hizo una fiesta aquí abajo en la cancha y dijo que toda la gente que no tenía casa y que no tenía dónde vivir, que se hiciera una toma no más” (HF, mujer 71 años, quebrada Las Cañas).

Por otra parte, el sentido utilizado por la Señora Juana en su relato explicita claramente la “idea de lugar”, implícita en la toma de carácter familiar, definiendo la espacialidad que posee la toma. Ella dice: “Aquí hay tomas donde la casas están casi colgando” (HF, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada). La toma como acto y estado va paulatinamente posibilitando procesos de arraigo, de pertenencia, de soberanía y de solidaridad entre los vecinos. Y esta situación de estar en toma solo cambia cuando se regulariza la tenencia del sitio. Consideramos que es necesario indicar estas diferencias en el significado que los habitantes de las quebradas le otorgan a la palabra toma, porque habitualmente, a nivel nacional, se tiende a homologar todas las tomas de terreno a aquellas ocurridas entre los años 1950-1970 en Santiago, puesto que han sido las más estudiadas y documentadas.

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Eduardo Frei Montalva, presidente de Chile periodo 1964-1970.

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3.2- Ocupación y distribución de los sitios

La ocupación y distribución del espacio de la quebrada es aleatoria y, por lo tanto, la geometría de los sitios resultantes es irregular, casual, incierta y azarosa. Las formas y dimensiones que poseen los terrenos son desiguales y no obedecen a ninguna lógica o coordenada cartesiana. Más bien nacen a partir de lógicas orgánicas, laberínticas y múltiples. Esta etapa de distribución y formalización de los sitios está determinada por la definición de los límites del terreno apropiado, sea que estos se materialicen físicamente o no. Lo interesante en la construcción de los límites entre los sitios de las quebradas, es que estos pueden permanecer por mucho tiempo en calidad de límites virtuales, donde cada habitante sabe lo que le pertenece y sabe lo que le pertenece a sus vecinos. Así, los límites entre sitios pueden permanecer en un estado virtual e indefinido hasta cuando sus habitantes comienzan el proceso de regularización de sus sitios. Una de las primeras acciones para comenzar dicho proceso, es limitar el sitio apropiado para que este pueda ser mensurado y dibujado por un técnico del municipio o del Ministerio de Bienes Nacionales, dando origen así a un lote, que luego aparecerá en los planos oficiales de la ciudad. Anteriormente mencionamos que la característica principal de las tomas de terrenos en las quebradas de Valparaíso es que son tomas de carácter familiar. De esta manera, previo a la instauración de una toma, no se predeterminan las dimensiones que tendrá el sitio; por el contario, este se define y se modela en función de las necesidades de la familia. Así, la forma y dimensión de cada sitio estará determinado en función de: a) Las características topográficas del sitio. Sea que estos se sitúen en las laderas de la quebrada o en el fondo de la misma. b) El espacio disponible a la llegada de una nueva familia a la toma, es decir, en relación con la densidad habitacional que presenten las quebradas. Esto se debe, principalmente, a que las tomas de carácter familiar son a destiempo, es decir, las familias no llegaron todas juntas a vivir al lugar, como sí ocurre en las tomas de carácter colectivo que son al unísono y, por tanto, la distribución de los terrenos es equitativa y en función del número de familias de la toma. Así, en el caso de las quebradas, las primeras familias que llegaron poseen terrenos de mayor tamaño y las familias más nuevas, han 138


tenido que adaptarse a los retazos o espacios residuales dejados por las primeras. Es decir, el tamaño de los sitios dependerá del espacio que cada familia determine apropiarse, dependiendo de sus necesidades personales en relación con el número de integrantes de la familia y de los recursos disponibles para construir. Por lo tanto, esta distribución de los terrenos no es equitativa, ni busca serlo, ya que cada familia, a juicio personal, sabe lo que necesita para vivir y en función de aquello se ha tomado un lugar sin pasar a llevar los intereses de los otros habitantes. Es un sistema sin ningún control preestablecido, pero democrático. Esto sólo cambia cuando el número de familias instaladas en la quebrada consideran que ya no pueden aceptar a nuevos vecinos y, por lo tanto, se pone en práctica la soberanía comunitaria, anteriormente definida. Con respecto a esto, la señora Juana, dirigente de la quebrada La Rinconada, quien ha habitado en tres diferentes tomas, reflexiona que uno de los problemas de esta manera aleatoria de distribución de los terrenos, es que, finalmente, las familias más nuevas poseen terrenos que ella considera demasiado pequeños y, por lo tanto, viven hacinados. Ella dice: “El problema es que hay gente que tiene terrenos muy chicos y hay otros que tienen dos terrenos para una casa; es que aquí es a la suerte no más, o sea, según lo que uno se tome. Por eso en la toma hay como 120 familias y hay familias que viven de dos […] algunas de ellas viven hacinadas, por ejemplo los Troncoso, son tres familias en una sola casa” (HF, mujer, 53 años, quebrada La Rinconada).

c) Las relaciones familiares que existen entre los nuevos vecinos y los antiguos; esto se ejemplifica cuando una familia llega a una toma mediante el proceso de movilidad familiar, puesto que esta se adapta al espacio que le es ofrecido por sus familiares o amigos previamente instalados. En relación con esto la señora Cristina nos cuenta que cuando ella estaba encinta, en 1965, quiso independizarse de sus padres, y en ese momento su madre le dijo “hacete allá una pieza”, la cual ella emplazó en el mismo terreno donde estaba la casa de su madre. “Mi mamá me tiró para acá, yo quería aquí al frente, pero mi mamá me dijo: no, “hacete” allá una pieza, aquí empecé yo, con una pieza [...]. Así fue, mi hermana vivió ahí también, mi hermano,

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mi cuñada todos vivieron a ese lado, pero a mí no me admitieron a ese lado, me echaron de ese lado” (HF, mujer, 71 años, quebrada Las Cañas).

De este modo, la distribución y tamaño de los terrenos dependerán de los factores antes explicitados y pueden aparecer en conjunto o independientemente.

3.3- Tres escalas de intervención espacial

Dos de las temáticas más recurrentes que aparecieron en las entrevistas fueron el “sueño de la casa propia” y la noción multi-escalar de intervención en el hábitat informal. Así, la apropiación espacial de las quebradas se expresa, materialmente, a partir de tres escalas de intervención complementarias, las cuales están en constante mutación.

3.3.1- Primera escala de intervención: territorial “Nosotros metimos máquina para excavar el cerro y dejar algo plano para la casa” (HF, mujer, 54 años, quebrada La Rinconada).

Esta escala de apropiación encuentra una reminiscencia en el antiguo augur romano43, y se refiere a la elección de un lugar propicio para construir una casa. En nuestro caso, esto se refiere a localizar y establecer la toma. Este primer acto se constituye como toma de posesión de un lugar, ya sea por una comunidad, por un pequeño grupo o individualmente. En esta escala territorial, los sitios se estructuran estableciendo un loteo, generando una primera aproximación para definir la trama urbana. El orden y la forma de los lotes de las quebradas, a diferencia de las tomas en Santiago4445, 43 Los romanos tomaron el ritual del “inauguratio” o fundación de una ciudad de los etruscos, y consistía básicamente en lo siguiente: En primer lugar, un augur consultaba los presagios  y confirmaba si el lugar resultaba  propicio  para los dioses. En caso favorable, se procedía al “inauguratio”: se marcaba el perímetro de la ciudad, en el lugar elegido, con un arado tirado por dos bueyes. Después se efectuaba la  delimitación: se establecían tres zonas (sagrada, pública y residencial). Más tarde, un sacerdote oficiaba la consagración: un sacrificio en honor de la Tríada capitolina (formada por los dioses Júpiter, Juno y Minerva).Por último, se llevaba a cabo la centuriación, o división del territorio en centurias o parcelas cuadradas, y se hacía el reparto entre los colonos. 44 Las tomas en Santiago, como lo hemos enunciado anteriormente, son de carácter colectivo (no necesariamente familiar) y sincrónica y, por lo tanto, la división del terreno y distribución de los lotes están determinados por el número de familias involucradas. Así, el resultado del loteo resulta en una geometría regular y equitativa. Por ejemplo, la toma de la Victoria en la comuna de Pedro Aguirre Cerda. En cambio, en Valparaíso, las tomas son individuales (de carácter familiar) y asincrónica, y el resultado del loteo resulta en una geometría irregular y aleatoria. 45 Cantear significa labrar los cantos de una piedra u otro material, guarda relación con el arte de la sillería.

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son azarosas, aleatorias y geométricamente irregulares. La forma del lote depende del espacio disponible al momento de la llegada a la quebrada de cada familia, por lo tanto, los lotes no poseen una dimensión estándar, sino que se originan a partir de los agenciamientos entre las viviendas preexistentes y en función de la naturaleza topográfica de la quebrada; el loteo posee una estructura azarosa donde cada terreno tiene el tamaño que cada familia quiere darle. Esta primera escala de apropiación es de carácter estereotómica, la cual se define por el acto de excavar y de trazar46 el terreno natural, para modelarlo y darle forma. Es decir, es una apropiación mediante la sustracción de materia al cerro, que da origen a pequeñas terrazas donde se levantará a la vivienda. Esta idea de sustracción de un todo hermético (ladera-cerro), “es un continuum de materia, que aún después de haber sido sustraído, sigue existiendo”. (Aparicio, 2006: 20). Alberto Campo Baeza define la arquitectura estereotómica como aquella en que la gravedad se transmite de manera continua, en un sistema estructural continuo, “Es la arquitectura masiva, pétrea, pesante. La que se asienta sobre la tierra como si de ella naciera. Es la arquitectura que busca la luz, que perfora sus muros para que la luz entre en ella. Es la arquitectura del pódium, del basamento. La del estilóbato. Es, para resumirlo, la arquitectura de la cueva” (2000:61). De esta manera, esta primera apropiación estereotómica define un modo de emplazarse como la primera huella trazada en el terreno, como primer lugar significado y delimitado, con el cual se toma posesión y posición en el territorio. Y que con el tiempo se materializa y se durcifica50 mediante la construcción de muros de contención y zócalos en piedra o en hormigón. En esta etapa no sólo se trazan los terrenos o lotes que acogerán las viviendas, sino que también, como dijimos anteriormente, se trazan y se excavan los espacios públicos entre ellas, definiendo de esta manera los agenciamientos entre las viviendas y el modo de acceder a cada una de ellas. Por ejemplo, en una ladera de una quebrada es poco habitual encontrar viviendas con tipología de fachada continua, porque los habitantes tienen claro que se debe dejar, cada cierto tramo, un espacio o acceso entre las viviendas que permita a las personas que viven más abajo o más arriba en la ladera poder acceder a ella. 46 Durcifica: sinónimo de solidificar, termino francés que es utilizado en el urbanismo para hacer referencia a la solidifación y/o impermeabilización del suelo natural.

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Figura 20: escalera horadada directamente en el suelo natural; a falta de materiales, el cerro se esculpe y se le da la forma deseada.

De esta manera, este primer acto de apropiación espacial es reconocido por los habitantes como una toma de posesión, es decir, el sólo hecho de excavar y recortar el cerro indica que ese terreno ya le pertenece a alguien, independiente que exista o no construcción alguna sobre él. Así, ante la ausencia de un suelo horizontal, el hábitat informal se sitúa y se acomoda a la topografía de sus cerros y quebradas, mediante una apropiación estereotómica. Este proceso se puede apreciar en el relato de la señora Ernestina, quien nos cuenta que antes de la construcción de su casa, ella, su marido y sus hijos debieron excavar el cerro para dotarlo de una superficie horizontal que diera cabida a la casa. Cuando ella se refiere a este evento utiliza, metafóricamente, el apelativo “los topos” para referirse a ella y a su familia. Ella comenta: “¡Uyy, si yo me acuerdo cuando llegamos! Aquí éramos ‘los topos’, (risas)… imagínese era una de cavar y cavar el cerro, para poder tener un pedacito de sitio plano así, (lo señala con las manos) para poder construir la casa […], así nos decían a nosotros los vecinos de al frente de arriba: ‘los topos’” (HF, mujer, 80 años, quebrada Las Cañas).

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Don Héctor, yerno de la señora Ernestina, quien llegó a la quebrada después del terremoto de 1985, también hace referencia a esta primera escala de apropiación, cuando cuenta que fue su suegro quién comenzó a “picar” el cerro para que él pudiera construir su vivienda y que luego él solo continúo con el trabajo: “Llegué aquí por mis suegros que viven aquí, esto era solamente cerro y tuvimos que cavar el cerro, para poder tener un pedacito horizontal donde poner la casa. [...] él (suegro) me dio este terreno y continué cavando el cerro para comenzar a construir, empecé con dos habitaciones” (HCRF, hombre 51 años, quebrada Las Cañas).

En relación con esto, la señora Ximena nos cuenta que a su llegada a la quebrada el terreno estaba completamente cubierto de arbustos de moras, por lo cual, ella y su esposo debieron primero limpiarlo y luego comenzar a picar. Ella dice: “Como yo te decía, acá esto era pura zarzamora, entonces lo primero que hicimos nosotros fue sacar la zarzamora, y luego mi esposo y mi hermano empezaron a ‘picar’, para ampliar un poco el sitio y tener un espacio para poner otra pieza, porque aquí ya había una pieza” (HCRF, mujer, 51 años, quebrada Las Cañas).

Vemos que esta etapa de apropiación es previa a cualquier construcción, bien que el espacio horizontal que se obtenga sea pequeño, producto de la fuerte pendiente de los cerros, siempre se considera este mínimo espacio horizontal para poder fundar la casa, el cual después se puede extender mediante plataformas en madera u hormigón armado. “Yo me lo tomé y lo cerqué, cuando llegue aquí no había nadie, esto era cerro. Mi marido cercó, limpió. Cuando llegamos aquí esto era un basural, lo primero que hicimos fue limpiar, sacar la basura y comenzar a cavar” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

La apropiación espacial en un sitio es una voluntad y una acción material formalizada en la delimitación de este sitio mediante un cerco. Esta delimitación implica una visualización material que evolucionará a medida que se presenten las oportunidades económicas.

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3.3.2- Segunda escala de intervención: familiar

“Antes había solo una pieza […] esta es una mediagua que compramos, y después nos agrandamos para cada lado, […] para allá y para acá, […] y ahora mi proyecto es hacer un segundo piso” (H.F, mujer, 54 años, quebrada La Rinconada).

Esta escala es familiar o individual, y se constituye con la autoconstrucción de la casa, sea una pieza, una mediagua o un rancho. Acto no planificado, realizado sin permisos, y fuera de las regulaciones técnicas que establece la ley. Se constituye en la inmediatez con el medio natural, el paisaje y con los medios económicos y materiales disponibles. Esta segunda escala de intervención es de carácter tectónico y es incremental, es decir, va evolucionando en la medida que las familias disponen de recursos económicos para la ampliación o mejora de la unidad habitable inicial. Es, por lo tanto, una apropiación por adición de nuevas estructuras sobre el terreno previamente trazado. Campos Baeza señala que en la arquitectura tectónica la gravedad se transmite de manera discontinua, porque está compuesta de partes y no es un continuum y la define como una arquitectura “ósea, leñosa, ligera, es la que se posa sobre la tierra como alzándose sobre puntillas. Es la arquitectura que se defiende de la luz, que tiene que ir velando sus huecos para poder controlar la luz que la inunda. Es la arquitectura de la cáscara, la del ábaco. Es para resumirlo así, la arquitectura de la cabaña” (2000: 61). Lo tectónico tiene que ver con lo fibroso, lo inacabado, lo ligero, lo grácil, lo delgado, lo dúctil, el ideal de la cabaña sobre los árboles. En este sentido, consideramos que la casa de la quebrada tiene carácter tectónico porque se posa ligeramente sobre el terreno, con pilares que le permiten completar mediante plataformas el suelo horizontal inexistente. Es, por lo tanto, una construcción progresiva, de sucesivas adiciones, abierta al paisaje, y se mide y define en relación con sus vistas, asoleamientos y la topografía. En la arquitectura tectónica, los límites de los lugares siempre pueden ser modificables, tanto por las prácticas cotidianas que los definen, como por los eventos naturales que los afectan. Los límites no son estáticos ni invariables, la luz, la sombra, el viento, la lluvia, son factores que la modifican. La casa es una sumatoria aleatoria que se construye y se reconstruye


constantemente en relación con los eventos que se entrelazan en el cotidiano del día a día. Jesús María Aparicio dice que la palabra “tectónico en alemán es ‘wand’, que tiene su etimología en ‘gewand’, que significa vestir. De esta manera lo tectónico está conectado con la ropa, con el cubrirse, y por tanto, también con el esqueleto, la estructura. Este tipo de construcción se lleva acabo de una manera bidimensional, y el edificio se nos presenta como un “discontinuum” de materia en el espacio. En este caso el edificio crea juntas, que son resultado de la unión de las formas que lo visten .Lo tectónico tiene relación con el trabajo textil, ya que el edificio es un vestirse de ropas. Lo tectónico tiene que ver con la idea de morar” (Aparicio, 2006: 171). En este sentido, la casa en la quebrada es un discontinuum, por su naturaleza incremental y fragmentaria que se construye y evoluciona en función de las posibilidades, sueños y proyectos de las familias. La materialidad de la casa en la quebrada es predominantemente la madera, por su ductilidad y facilidad de trabajo. Es un material que permite superponer, armar, rearmar y reutilizar las estructuras soportantes. El proceso evolutivo de construcción de la casa es un proceso mencionado por la totalidad de los entrevistados, pues ninguna de las viviendas de los entrevistados se realizó de una sola vez. Es un proceso de transformaciones y sucesivas superposiciones espaciales y materiales. En relación con esto, la señora Trinidad, de la quebrada La Rinconada, nos cuenta que ella comenzó con una pieza (9m2), la cual, luego de un deslizamiento de terreno en la ladera, tuvo que reconstruir y para ello compró una mediagua (21m2), unidad que fue sucesivamente ampliada. De esta manera, la mediagua pierde su forma primigenia y se transforma en una casa. Con respecto a esto ella dice: “Todo esto es de nosotros, lo hicimos nosotros, todos cooperamos, y el caballero sabía de construcción. Antes teníamos solo una pieza, chiquita; ahí teníamos todo junto, y se le vino el cerro abajo y tuvimos que empezar de nuevo. Esta fue una mediagua que compramos, y después nos agrandamos para cada lado, para allá y para acá, en este el sector, porque es el más firme para construir, porque está alejado del cerro, y así nos fuimos agrandando. Ahora tenemos como 60 m2, o no sé, en realidad, nunca lo hemos medido. Mi casa ha crecido, antes era una piececita y ahora mi proyecto es hacer el segundo piso” (HF, mujer, 54 años, quebrada La Rinconada)

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En este relato se ilustra, claramente, el proceso evolutivo de construcción y transformación de la vivienda.

3.3.3- Tercera escala de intervención: barrial

“Fuimos a la municipalidad […] para que pusieran los postes de luz” (HCRF, mujer, 51 años, quebrada Las Cañas).

Esta escala se constituye con la auto-urbanización del espacio público informal, en pos de una mejora del entorno de la vivienda. Esto puede implicar la instalación de redes básicas de suministro de agua, de electricidad y de alcantarillado. Como también el mejoramiento o creación de equipamientos de uso público. Consideramos que esta es la tercera y la última escala de intervención en las quebradas, porque comienza a gestarse solo cuando las dos escalas previas ya están aseguradas. Además, porque todos los terrenos ocupados por una toma, no estaban previamente urbanizados. Las quebradas de Valparaíso son, por lo tanto, territorios multi-escalares en constaste configuración, que obedecen a sus propias lógicas de crecimiento y de consolidación, y hoy día presentan un tejido urbano propio de desarrollo orgánico. De esta manera, en esta escala de intervención, la participación del grupo en proyectos que persigan objetivos en común, son claves para la consolidación y mejora de la quebrada. Los espacios públicos trazados en la primera escala de intervención comienzan a consolidarse, mediante proyectos de intervención municipal, proyectos generados a partir de demandas expresadas por los habitantes, o bien, por la acción directa de estos últimos. Hemos podido constatar que siempre existe una preocupación por el espacio público, el cual los habitantes han trazado y se lo han apropiado a partir de las necesidades y deseos de consolidar la quebrada como un barrio. En relación con la participación de los habitantes de barrios informales en el mejoramiento del mismo, Hernández menciona que “el éxito de la socialización se hace evidente a través de la transformación de espacios baldíos en parques, jardines y áreas de juego; esto humaniza el espacio y le otorga mayores grados de habitabilidad a través del diseño, la construcción, la apropiación y territorialización de espacios de simbolismo, recreo e intercambio vecinal” (2008: 112). Desde esta perspectiva, consideramos que el mejoramiento del espacio público en las quebradas es una prueba evidente de la 146


socialización y participación entre los habitantes y, por lo tanto, es producto directo de una práctica social. En relación con la formalización espacial de esta apropiación social del espacio público, consideramos que es una intervención de carácter mixto, es decir, es tectónica cuando el espacio público se dota de estructuras superpuestas, como puentes y escaleras de madera. Y es estereotómica cuando el espacio público se moldea y se durcifica mediante muros de contención, pavimentación de pasajes, escaleras, enmallado de los cerros, etc. Uno de los aspectos determinantes en esta consolidación y apropiación paulatina del espacio público es la dotación de servicios básicos a la quebrada de forma colectiva, servicios que no existían a la llegada de las familias a la quebrada, y fueron ellos quienes gestionaron su instalación. En relación con esto, don Héctor menciona que el proyecto de alumbrado público de la quebrada Las Cañas, fue un proyecto que ellos demandaron a la municipalidad, por medio de la junta de vecinos, así como también la pavimentación del pasaje y la instalación de una baranda en este último. Estos tres proyectos de mejoramiento pueden ser considerados, por alguien ajeno a la quebrada, como precarios y poco relevantes, sin embargo, para sus habitantes, esta transformación paulatina del espacio público representa el fruto de su organización social y sentido comunitario en cuanto que se consideran ellos mismos un grupo y barrio. Por esta razón, estos proyectos están presentes casi en la totalidad de los relatos. Él menciona al respecto: “Fuimos a la municipalidad, o sea la presidenta fue, ella ayudó harto para que pusieran los postes de luz y hacer que siguiera la huella. Llegaron camionadas de huevillos a la esquina, camionadas de cemento, trajeron todo los de la municipalidad, y la mano de obra la tenían que poner los vecinos, claro, así hicimos todos acá, todos los vecinos se levantaban temprano a “encementar”, a soldar. Mi marido es soldador e hizo esa baranda de la huella (pasaje), porque igual hay hartos niños y se necesitaba; él llegaba de la pega y hacia unos pinchazos (soldaba)” (HCRF, mujer, 51 años, quebrada Las Cañas).

El aprovisionamiento de agua, el cual, en los primeros años de configuración del barrio estaba asegurado gracias a las vertientes existentes en cada una de las quebradas —en promedio, hace 45 años—; con el tiempo y a causa de la contaminación por aguas servidas, los habitantes tuvieron que encontrar nuevas formas de aprovisionarse de este bien. Los lugares de aprovisionamiento de 147


agua eran identificados por los vecinos como lugares de encuentro. Con respecto a esto, la señora Ximena nos cuenta: “Cuando yo llegué aquí no había nada, casi nada de casas, y corría pura agua, incluso yo cuando estaba lola lavábamos los pañales allá abajo, nosotros usábamos el agua de la vertiente, aquí corría el agua de allá de arriba del cerro, y nosotros bajamos a lavar los pañales, y el agua incluso se podía tomar po’, con eso hacíamos el almuerzo y todo, pero era toda agüita limpiecita, clarita y todo, y ahora ya está toda contaminada, está todo contaminado, claro, por la cuestión que uno tira a la quebrá” (HCRF mujer, 51 años, quebrada Las Cañas).

La señora Inés complementa diciendo: “Aquí no teníamos agua potable, en realidad nadie tenía, había una vertiente, que la habían arreglado (los vecinos) con unos ladrillos y allí iba toda la gente a buscar agua, esa era la llave que teníamos nosotros; incluso algunos hicieron una conexión con cañería de cobre. Hasta que se hizo tira la llave que había allí y le echaron la culpa a mis hijos, como ellos pasaban todo el día solos, porque yo tenía que trabajar y resulta que había sido otro caballero, que traía a un burro de allá del cerro Merced a tomar agua aquí y el burro la rompió. Entonces, para que parara el leseo, fui a comprar una manguera súper larga, porque la vertiente estaba allí donde ahora está el puente […] Y yo la ponía en la tarde cuando llegaba del trabajo, la manguera y llenaba un tambor que teníamos aquí afuera, yo lo lavé bien y así juntaba agua para que los niños tuvieran para lavarse y para tomar al otro día” (HF, mujer, 90 años, quebrada Las Cañas).

Por su parte, don Manuel, quién llegó en 1950 a la quebrada La Rinconada, señala tres aspectos interesantes en cuanto a la resolución por parte de los habitantes de las necesidades a nivel del espacio público y de los servicios básicos. Primero, se refiere al tema del agua y dice que existían, así como en Las Cañas, unas vertientes y un pozo que permitían a sus habitantes abastecerse de este bien. Segundo, se refiere al suministro eléctrico de las viviendas, el cual, por mucho tiempo, fue de carácter informal, es decir, la mayoría de los vecinos “estaban colgados” a la red pública de forma ilegal. Y tercero, señala que entre los habitantes construyeron un puente en el sector bajo de la quebrada para poder salir de allí. Un pozo: Con respecto al abastecimiento del agua, él señala: Aquí había un pozo, había un pozo de agua, de esos que sacan agua, que se alimentaba con unas vertientes, pero después como

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empezaron a construirse más casas y toda la gente tiraba la orina a la falda del cerro, así que eso se fue acumulando y luego de un tiempo el agua ya no servía, y luego más encima vino una sequía, así que ahí hicimos un nuevo pozo dónde está ese muro abajo en la ‘quebrá’( diminutivo de quebrada), ahí hicimos, porque ahí salía harta agua también. Hicimos un pozo, pero había que levantarse temprano porque después las viejas se agarraban a jarrazos, y así comenzaban las peleas por el agua (risas) las viejas decía: ¡yo llegué primero!, ¡que no hay agua! y todo eso” (HF, hombre, 79 años, quebrada La Rinconada).

Un poste: En cuanto a la electricidad, don Manuel nos cuenta que él, junto con su hermano y su compadre, instalaron un poste de luz para la quebrada, desde donde todas las familias se “colgaron”: “Aquí no había luz eléctrica, nada, nada, después nosotros instalamos un poste allá arriba y así sacamos la luz e instalamos todo, pero después me dieron ‘el pago de chile’47; después yo tenía luz y le pasaba a mi compadre por intermedio de la radio, le pasaba una cable, para que escuchara la música él, y después vinieron y me cortaron la luz, así que después, con mi hermano, la sacamos de más arriba (otro poste público) la luz, porque pusimos taller allá abajo” (HF, hombre, 79 años, quebrada La Rinconada).

Un puente: Y finalmente, nos cuenta que entre los vecinos hicieron un puente para cruzar la quebrada y llegar al ascensor Las Cañas, porque a la fecha aún no existía la Avenida Alemania —hoy tramo sin pavimentar—, recién en 1960 se construyó la calle Alessandri o Anticlea que es la que después los vecinos utilizaban para salir de la quebrada. “Teníamos un puentecito para cruzar para acá, para ir al ascensor, y un día se lo robaron, quizás para hacer una casa, el puente yo lo hice, pero ya no existe. Porque de aquí, antes no se podía ‘salir’ hacia el ascensor por la ‘quebra’. Entonces, un día me levanto temprano para ‘salirme’ por ese lado, para irme por el ascensor cuando voy bajando y me encuentro que ¡el puente no estaba!, así que tuve que bajar por la ‘quebra’, y puse unos palos (rollizos) de eucaliptos y unas tablas y listo, después la vecina de al lado también hizo otro puente, más arriba” (HF, hombre, 79 años, quebrada La Rinconada). 47 «El pago de Chile», es un dicho popular chileno que según el anti-poeta Nicanor Parra, es un artefacto que es prácticamente una lección de historia y geografía, así debería ser visto y entendido. En la Colonia existía lo que se llamaba el Juicio de Residencia, que consistía en que a los gobernantes no se les podía cuestionar mientras estuvieran en el poder, pero una vez que lo abandonaban, recibían todo tipo de reclamos y acusaciones. De ahí surge la expresión. (En una entrevista en Revista de Libros de El Mercurio, 1 de octubre de 2006).

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Estos proyectos colectivos —el pozo, el poste y el puente— aparecen en la medida que la quebrada se va poblando y los habitantes van reconociendo necesidades que les son comunes. En el caso de La Rinconada, los entrevistados nos señalan que la mayoría de las familias aún no cuenta con agua potable, ni con alcantarillado de forma legal, pero que se las han ingeniado para obtenerlos. Aquí debemos aclarar que desde el año 1982, cuando se reformuló el Código de Aguas, el agua potable en Chile se privatizó, es decir, ya no es un bien nacional de uso público, sino que es propiedad de empresas privadas. Por lo tanto, cuando una familia quiere dotar de agua potable a su domicilio, debe efectuar un contrato con la empresa privada correspondiente. Sin embargo, este proceso sólo puede efectuarse si se es propietario de sitio en el cual se quiere instalar agua potable. Lo cual debe acreditarse mediante un certificado de número que es otorgado por la municipalidad, según lo estipula el decreto de ley N° 50 en su art. N°22. Frente a esta exigencia, los habitantes de las quebradas no pueden tener acceso al agua potable de forma legal hasta que sean propietarios de los terrenos que ocupan. En la quebrada La Rinconada, más del 70% de los habitantes no son propietarios. Sin embargo, hoy en día obtienen agua potable ilegalmente de la red privada, mediante una red informal de agua potable o instalación bruja —como los habitantes la llaman— que recorre todos los recovecos de los Olivos Altos, Medios, y Bajos, que fue construida por ellos mismos entre sus viviendas y una matriz de agua potable, que se encuentra en una calle que contornea la quebrada. A propósito de esto la señora Valeria nos cuenta: “Cuando nosotros recién llegamos acá era puro cerro, no había casetas sanitarias, no había alumbrado público, no había escalas públicas; por la escalera que usted subió, esa no existía, aquí había una bajada con puros neumáticos que habíamos hecho nosotros. Tampoco existían las casas de la esquina, donde está el negocio, de ahí hacia adentro, todas las casas que están a mano derecha no existían. Todo eso era puro cerro, era un ‘desplayo’, pura maleza, […] no había ninguna cosa y luego salió el proyecto cuando estaba Hernán Pinto, que hizo el saneamiento y casetas sanitarias en las tomas siempre con el objetivo que nosotros fuéramos dueños de terreno, en un futuro, y ahí estamos todavía esperando. Igual me he inscrito en varios programas para regularización de terreno, pero todavía no he salido; igual hay gente del sector que ya obtuvo su título de dominio, que van a ser

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dueños de su terreno, pero aquí la mayoría de la gente, serán como 60 familias que están viviendo en “tomas”, que no tiene los terrenos regularizados, unas 30 tienen casetas sanitarias, y las otras 30 no tiene caseta sanitaria , o sea se han conectado ilegalmente a la matriz (de alcantarillado), por los baños, y la mayoría roba agua, roba luz, de la gente que vive acá, todas las que no tienen casetas sanitarias […]Todo este sector tiene agua potable […] lo mismo que el medidor de luz, yo no tengo luz a mí me da luz una vecina, pero yo tuve mi medidor en la calle, pero me lo robaron, aquí una noche se cortó la luz , y al otro día fui a dar la luz y ya no estaba. Y ahora para poder sacar un nuevo medidor de luz en una “toma”, es difícil, porque te exigen una documentación del título del terreno en Chilquinta, para poder sacar medidor, así que tengo que esperar a tener el título para poder poner nuevamente medidor […], porque por último el agua están conectados ilegalmente, lo mismo con la luz se consiguen con algún vecino, y no la hemos obtenido porque la mayoría estamos viviendo en toma” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

La señora Juana nos revela que al momento de la pavimentación

de la calle cornisa que contornea esta quebrada, un grupo de maestros de la construcción, de forma voluntaria, decidieron dejar hacia la quebrada un cañón o matriz de agua potable abierta desde la red de suministro, para que los habitantes de la quebrada pudieran conectarse informalmente a ella. Los habitantes cuentan este evento como un hecho casi de nobleza por parte de los maestros, quienes frente a su necesidad les otorgaron una puerta abierta para que ellos solucionaran sus problemas por sus propios medios48. “Cuando nosotros llegamos, no había luz, no había agua, no había nada, y solo habían como tres casitas; Después se fue poblando, de a poquito, de a poquitito […] de hecho esa red (de agua) la dejaron unos maestros hace muchos años, que yo me recuerde, desde que era cabra, como hace 20-25 años, que la pusimos allá cuando llegó el agua acá arriba y nos dejaron un cañón y de ahí nos alimentamos varias familias. […] cada familia ha hecho su instalación de forma particular, para así poder tener agua en la casa. A veces nos cortan el agua, porque arriba también necesitan, esa red para todos no es suficiente, pero llenamos tambores y manejamos agua, que es lo esencial […] Yo por lo menos me alcancé a empalmar, con el camino nuevo que hicieron. Tanto es el tiempo que aquí no hay pavimentación, y tenemos agua, y ahora hay luz, gracias a dios” (HD, mujer, 54 años, quebrada La Rinconada). 48 La mayoría de las tomas de terrenos, antiguamente, eran abastecidas con camiones aljibes de agua una o dos veces por semana, esto aún sigue sucediendo en los sectores altos de Valparaíso y Viña del Mar, donde las tomas de terrenos son numerosas y, por lo tanto, no poseen el vital elemento.

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Con respecto a esto mismo, la señora Nancy dice: “Yo aquí tengo agua, pero estoy colgá y la electricidad también estoy colgá, porque en este sector todavía no hay una instalación, aquí hay una red que viene de allá arriba, que nos alimenta para acá abajo, porque para acá no hay agua potable y así gracias a dios todavía tenemos agua gratis” (HF, mujer, 76 años, quebrada La Rinconada).

Así, las quebradas de Valparaíso son, por consecuencia, territorios en constante evolución, que obedecen a sus propias lógicas de crecimiento y de consolidación espacial. Estas tres escalas de intervención darán como resultado los Conjuntos Residenciales Familiares (CRF). Así, la consolidación y la permanencia de un grupo en la quebrada, está sujeta a la capacidad del grupo o de la familia a trabajar en conjunto por objetivos y metas comunes.

3.4- Proceso de legalización de la toma

“Cuando se formó la junta de vecinos todos regularizamos el terreno, actualmente todos los terrenos están con título” (HCRF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas).

La regularización de sitios irregulares en el caso de las quebradas de Valparaíso se ha realizado, mayoritariamente, mediante el Decreto Ley 2695, promulgado el 30 de mayo 1979 por el Ministerio de Tierras y Colonización. Decreto de Ley que establece normas para regular la posesión de la pequeña propiedad raíz y para la constitución del dominio sobre ella. Hoy el Ministerio de Bienes Nacionales (MBN)49, está a la cabeza de estos procesos de regularización. Este proceso es llamado por la legislación como saneamiento del dominio de la pequeña propiedad. Proceso que es definido como un procedimiento en virtud del cual una persona que vive en un inmueble, sitio o terreno particular, urbano o rural, y que ejerce actos de propietario sin serlo, ante la falta de título de dominio inscrito en el registro bienes raíces a su nombre, pueda 49 Durante el año 2008, el Ministerio de Bienes Nacionales creó la “Convención de Cooperación Valparaíso”, la cual consistió en la creación de un programa de regularización gratuito de los títulos de dominio, convenido entre la municipalidad y el MNB para beneficiar a toda persona que quisiera regularizar su terreno y devenir propietario. La gratuidad que ofrece el “Convenio de Cooperación Valparaíso”, nos es despreciable si consideramos que el costo del trámite equivale en zonas del centro de Chile (regiones de Coquimbo, Valparaíso, O’Higgins, Maule, Biobío y Araucanía), para inmuebles ubicados en el radio urbano, a 235.683 pesos chilenos, equivalente al 104% del sueldo mínimo y para inmuebles ubicados en zona rural 344.658 pesos chilenos, equivalente al 151% del sueldo mínimo. Calculado con el valor del sueldo mínimo de 225.000 para personas mayores de 18 años hasta 65 años, valor fijado en junio del 2014. http://www.dt.gob.cl/consultas/1613/w3-article-60141.html

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convertirse en el propietario de este inmueble o sitio, una vez que demuestre la calidad de poseedor material de la tierra que habita y después de que transcurra el período de tiempo establecido por la ley, sin que nadie se oponga. El decreto 2695 estipula que para poder ejercer el derecho, el demandante deberá reunir las siguientes condiciones definidas en el artículo 2°: “Estar en posesión del inmueble, por sí o por otra persona en su nombre, en forma continua y exclusiva, sin violencia ni clandestinidad, durante cinco años, a lo menos, y 2.- Acreditar que no existe juicio pendiente en su contra en que se discuta el dominio o posesión del inmueble, iniciado con anterioridad a la fecha de presentación de la solicitud”50. La solicitud de regularización del título de dominio puede ser tramitada de forma individual o colectiva. En las quebradas encontramos las dos figuras. En las quebradas La Rinconada y Las Cañas los habitantes se organizaron en un comité para la regularización, y las familias hicieron el proceso en conjunto. En cambio, en la quebrada Las Chanas ha sido un proceso preferentemente familiar, donde cada familia se ha presentado de forma individual al proceso de regularización. La regularización de los terrenos es visualizado por las familias como un proceso que les permitirá tener acceso a la propiedad y hacer realidad el sueño de la casa propia. Es un cambio relacionado con la posesión de la propiedad, es decir, pasan de ocupantes ilegales, informales y no propietarios, a ser propietarios regulares del sitio que habitan. Sin embargo, como veremos en los siguientes relatos en la quebrada Las Cañas, los habitantes lograron su objetivo y hoy son dueños de los sitios que habitan, pero en el caso de los habitantes de la quebrada La Rinconada, veremos que este proceso ha sido largo y fastidioso y que, finalmente, los habitantes aún no han obtenido los resultados esperados. El terreno ocupado en la quebrada La Rinconada mediante tomas de terrenos situados en los sectores de los Olivos Bajos, los Olivos Medios y los Olivos Altos, es parte de una gran propiedad privada. La familia propietaria del terreno fue identificada y contactada por la ONG TECHO, con el objetivo de proponerles una solución a las familias de la toma. Pero la familia propietaria no tenía ningún interés por el terreno y no quería deshacerse de este. 50

http://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=6982

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En relación con aquello, la señora Juana, de la quebrada La Rinconada, nos contó que: “Esto es un fundo, “Santa Rosa de Pajonal”; eso de en frente es el fundo “El Pajonal”, son diferentes propietarios, y más allá era propietaria una señora viejita que dejó un grupo de 17 herederos, y de los 17 herederos, nosotros encontramos a uno que vive en Santiago. Ella es doctora, pero no quiere saber nada de este terreno, porque ella nos dijo que para poder vender el fundo, todos los herederos deben estar de acuerdo” (HF, mujer, 57años, quebrada La Rinconada).

Los habitantes de la quebrada La Rinconada formaron un comité de regularización, el cual nombraron comité Gran futuro, nombre que proyecta el ideal perseguido por las familias de tener un futuro mejor. La señora Valeria nos cuenta: “Nosotros hicimos un comité, el ‘Comité gran futuro’, estuvimos activos como dos años, organizando para la regularización de terrenos, eso es lo que más le gustaría a la gente, porque por último al agua están conectados ilegalmente, lo mismo con la luz, la cual se la consiguen con algún vecino, y no la hemos obtenido porque la mayoría estamos viviendo en toma […] Aquí en la toma siempre el objetivo ha sido que nosotros fuéramos dueños de terreno, en un futuro, pero ahí estamos todavía esperando, igual me he inscrito en varios programas para regularización de terreno, pero todavía no he salido. Igual hay gente del sector que ya obtuvo su título de dominio y que van a ser dueños de su terreno, pero aquí la mayoría de la gente, serán como 60 familias que están viviendo en “tomas”, que no tiene los terrenos regularizados” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Sin embargo, a pesar de haberse organizado, los habitantes de La Rinconada no han obtenido resultados. Es por esta razón que aún existen muchas familias que habitan en sitios de forma ilegal. La regularización de los títulos de dominio es, por lo tanto, todavía un anhelo que se proyecta en cada uno de los relatos de los habitantes. Al respecto, la señora Juana, dirigente de la quebrada La Rinconada, dice que hay aproximadamente 200 familias que aún se encuentran en situación de irregularidad con respecto a la tenencia de los sitios, y la señora Nancy, quien pertenece a una de estas 200 familias, dice que siempre ha luchado para lograr dicha regularización, pero que aún no obtiene resultados. Ellas relatan: Juana: “Por los años que hemos vivido aquí, nos gustaría que la toma fuera legal; aquí han estado haciendo gestiones, pero de las

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gestiones no pasa más allá. Hacen y hacen papeles, gastas plata y yo no he tenido, pero cuando vea que es real, probablemente tendré que salir a pedir ayuda con los papeles. Porque hay que hacer muchas gestiones, para ser legal. Hay hartas personas que han hecho legal, pero no he sabido, de quién es el terreno grande de acá, no han dicho. La Rinconada es por donde tú te vienes por el cerro Merced, es todo el cerro de en frente, todas esas casas son “tomas”, no hay ningún terreno regularizado, yo considero que hay más de 200 viviendas sin regularizar” (HF mujer, 53 años, quebrada La Rinconada). Nancy: A nosotros nos gustaría regularizar el terreno, si nosotros hemos estado luchando de hace tiempo por este terreno, pero nada, todavía no pasa nada” (HF, mujer, 76 años, quebrada La Rinconada).

En vista que la iniciativa colectiva de regularización no dio los resultados esperados, varias familias decidieron realizar el proceso de forma individual. Entre los entrevistados encontramos dos familias que tramitaron la regularización de esta forma, porque consideraban que los procesos colectivos estaban tomando mucho tiempo. Con respecto a esto encontramos los relatos de la señora Trinidad y de la señora Ana, quienes dicen: Ana: Esto ya no es una toma, esta casa esta regularizada, nosotros lo hicimos hace tiempo (el proceso de regularización); hasta ahí, hasta la esquina están todas las casas regularizadas y todo de ahí para arriba son tomas, Los Olivos Bajos y Medios, pero parece que en los Olivos Altos hay algunas regulares, no sé en realidad, pero todo de acá abajo está en proceso de legalizarse” (HF, mujer, 52 años, quebrada La Rinconada). Trinidad:“Nosotros hicimos solos el trámite, porque con el comité era un puro lío de platas, así que lo hicimos solos y recién nos salieron los papeles de la “toma”, para saneamiento de título de dominio, pero aquí hay muchas familias que están sin regularizar” (HF, mujer 54 años, quebrada La Rinconada).

Por el contrario, en la quebrada Las Cañas, fueron las mujeres quienes tomaron la iniciativa de regularizar los sitios que fueron ocupados por sus familias hace unos 45 años. Fueron 25 las familias que constituyeron el comité para la regularización de los títulos de dominio. La primera ocupación que registramos en la quebrada Las Cañas data del año 1945 y la regularización del título de dominio la obtuvieron las familias durante el año 1995, es decir, 50 años después de la primera ocupación registrada, que fue la familia de la señora Ernestina. A la fecha de la entrevista (2011), ella 155


había vivido 66 años en la quebrada, y 50 años (entre 1945 y 1995) en situación de irregularidad con respecto a la tenencia de su sitio. Don Héctor, su yerno, quien vive en el terreno contiguo al suyo, precisa que él llegó a la quebrada por medio de la invitación de sus suegros, a causa de los problemas económicos y de alojamiento que su familia vivió luego del terremoto de 1985. Don Héctor relata: “Como le decía, yo llegué aquí porque mis suegros, ellos ya estaban aquí, estas (casas) fueron tomas de terreno, que comenzaron más o menos cerca del año 1945, por ahí empezaron las tomas recién aquí […] Cuando se formó la junta de vecinos todos regularizamos el terreno, actualmente todos los terrenos (25 terrenos del comité inicial) están con título […] Yo soy dueño de esta parte, mi suegra vive aquí al lado y es dueña de su parte […] Aquí somos todos familiares, pero somos tres dueños diferentes, porque acá también está mi cuñado que está más abajo, somos tres dueños distintos, pero está dividido el terreno todos tenemos un terreno, está dividido en tres partes. Es decir, tres propietarios distintos y todos con papeles” (HCRF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas).

Por su parte, la señora María Cristina llegó a la quebrada Las Cañas a causa del terremoto de 1965, y a la fecha de la regularización (1995) llevaban 30 años en condición de irregularidad. En relación con esto, ella nos cuenta que regularizó la tenencia de su sitio en conjunto con otros vecinos, y que al contrario su hija realizó los tramites y documentación de forma independiente, porque no creía que fuera posible que los vecinos lograran su objetivo. Generalmente, los procesos colectivos son más lentos, porque en la administración central la prioridad eran las demandas individuales. La señora Cristina nos relata: “El título de dominio lo obtuvimos mucho antes de que se fuera don Pinto (ex-alcalde), él nos entregó el título de dominio. Más o menos el año 95 (1995), claro, si fue antes que él entregara el cargo, nos entregó el título de dominio a todos, pero a mi hija no, mi hija lo hizo de forma particular, porque ella veía que esto se demoraba mucho y después igual nosotros recibimos el título” (HF, mujer, 71 años, quebrada Las Cañas).

En relación con la etapa final del proceso de regularización y una vez obtenido el informe jurídico que determina la aprobación o negación de la solicitud de regularización del título de propiedad, en el artículo N°11 del decreto de ley 269551 se 51

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En el artículo 11° del decreto de ley 2695 dice que “Cumplidos los trámites a que se


estipula que si la solicitud es aceptada, se deberá publicar dicha aprobación en dos avisos con un desfase de 15 días en el Diario Oficial u otro diario de gran circulación, y se determinará la instalación de carteles en lugares públicos durante 15 días, los cuales contendrán en forma resumida la resolución del MBN, con el objetivo de prevenir a los presuntos dueños del inmueble en cuestión, para que se puedan pronunciar con una oposición frente al MBN. La publicación de estos avisos debe efectuarse los días 1 y 15 del mes que es obtenido el informe jurídico. En relación con esta etapa del proceso, la señora Ximena nos cuenta: “Lo único que me acuerdo es que pusimos tres veces en el diario un anuncio para buscar al dueño de este terreno, y nunca se presentó nadie y después volvimos y pusimos tres veces más anuncios, y nunca apareció un dueño, por diario y por la radio, y no, nunca apareció, 3 o 6 veces pero nunca apareció el dueño, así que desde ahí nunca tuvimos problemas, porque después vinieron los topógrafos a medir el sitio y quedamos con todo listo. En ese tiempo, la señora Adriana del Piano52, nos pasó los títulos de dominio a toda la gente que hizo el trámite. Y ahí obtuvimos el número de la casa ‘Los canelos n°--’, antes era la casa 1 y cuando regularizamos nos dieron este número, cuando hicieron todos los números de nuevo me tocó este número” (HCRF, mujer, 51 años, quebrada Las Cañas).

De esta manera, un grupo de 25 familias de la quebrada Las Cañas, obtuvo e hizo realidad el “sueño de la casa propia”, o más bien del “terreno propio”. Finalmente, debemos considerar lo que menciona la legislación chilena en el código civil sobre el derecho de propiedad en el Art.590 que señala que “en Chile no existen terrenos sin dueños” (Paredes, 2004: 6). Frente a esto, en la etapa final del proceso de regularización, la ley establece que si dentro de un plazo de 30 días hábiles, contados, desde la última publicación del aviso en el diario oficial, no ha refiere el artículo anterior y previo informe jurídico, el Servicio deberá pronunciarse denegando o aceptando la solicitud presentada. En este último caso la resolución respectiva deberá disponer que ella se publique por dos veces en un diario o periódico de los de mayor circulación en la región que determine el Servicio y ordenará, asimismo, fijar carteles durante 15 días en los lugares públicos que él determine. Asimismo, tratándose de procedimientos de regularización cuyo objeto sean bienes raíces ubicados en zonas geográficas de difícil acceso, que el Servicio señale, dicha resolución se comunicará mediante mensaje radial en el medio que el mismo Servicio determine. Las publicaciones se harán indistintamente los días primero y quince del mes o en la edición inmediatamente siguiente si el diario o periódico no se publicare en los días indicados. Los avisos y carteles contendrán en forma extractada la resolución del Servicio, la individualización del peticionario, la ubicación y deslindes del inmueble, su denominación, si la tuviere, su superficie aproximada y la respectiva inscripción si fuere conocida, y en ellos deberá prevenirse que, si dentro del plazo de 30 días hábiles contados desde la publicación del último aviso, no se dedujere oposición por terceros, se ordenará la inscripción a nombre del solicitante”. 52 Ex-ministra de Estado del presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000).

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habido ninguna oposición por parte de terceros, el MBN ordena la inscripción de la propiedad a nombre del solicitante en el Servicio de Impuestos Internos (SII). En el caso de la quebrada Las Cañas, evidentemente no hubo oposición alguna de terceros en esta etapa final y los terrenos pudieron ser inscritos a nombre de los habitantes que llevaban un promedio de 45 años ocupándolos ilegalmente. Al contrario, en la quebrada La Rinconada, donde sí existe un dueño conocido, como fue explicitado por los habitantes, este proceso se complicó, ya que si bien los propietarios a la fecha de las entrevistas no habían interpuesto ninguna demanda en contra de los habitantes por ocupación ilegal de su propiedad, sí estaban en conocimiento de la situación. El solo hecho de haberlos identificado y contactado, es una de las razones por las cuales las familias de La Rinconada aún no pueden regularizar su situación. Consideramos que frente a lo expuesto por los habitantes de La Rinconada, los propietarios de los terrenos no están abiertamente en contra de la toma, sino que quieren y están a la espera de una solución que beneficie a ambas partes, es decir, a ellos y a los habitantes. Por lo tanto, los habitantes de las quebradas siempre pueden ser expulsados de los sitios que ocupan, si en el caso hipotético apareciera el real propietario y exigiera legalmente el desalojo del lugar. Esta incertidumbre frente a la idea de quedarse sin un lugar donde vivir, es lo que moviliza a los habitantes a luchar por obtener los títulos de dominio. Finalmente, debemos señalar que en el transcurso de la investigación, no pudimos obtener datos precisos en el MBN ni en la municipalidad con respecto al número de regularizaciones que se han llevado a cabo en la ciudad de Valparaíso desde la promulgación del decreto de ley 2695 en 1979. En la quebrada Las Cañas, solo pudimos conocer el resultado del proceso gracias a los relatos de las familias, ya que la mayoría de las personas entrevistadas formaron parte del comité que llevó a cabo el proceso de regularización, quienes nos procuraron los planos y datos específicos de cómo había sido el proceso. Por el contrario, en el caso de la quebrada Las Chanas, las familias fueron menos explícitas en abordar esta temática. De esta manera, el hecho de devenir propietarios para los habitantes de las quebradas, significa y lo consideran un cambio de su condición, pues pasan de ser “habitantes informales “ 158


a “habitantes formales”, lo cual, implica, básicamente, dos cosas: primero, tener acceso a beneficios provenientes del Estado (subsidios) y, segundo, resguardar y proteger su patrimonio, es decir, el tiempo y costo invertido en la construcción de sus viviendas. Es por ello que, finalmente, los habitantes de las quebradas consideran que sus terrenos son parte del patrimonio familiar que pueden heredar a sus hijos.

4.0- Participación al interior de la quebrada Una de las formas en las que se evidencia la cohesión de los habitantes de la quebrada, en cuanto barrio, es por medio de la participación en proyectos que visan objetivos comunes. La participación es una de las formas como se expresa el arraigo de los habitantes en las quebradas. Del Acebo (1996) propone que el arraigo social se evidencia mediante la participación pasiva o activa de los sujetos en asuntos de la comunidad y que la estructura sociopolítica de estas, puede condicionar positiva o negativamente la potencialidad participativa de una comunidad determinada. En relación con esto, en las quebradas la principal forma de participación colectiva es por medio de las juntas de vecinos, sin embargo, como veremos a continuación, las juntas de vecinos, en cuanto que estructura social-política al interior de las quebradas, generan más efectos negativos que positivos desde la perspectiva de los habitantes.

4.1- Juntas de vecinos: distorsión territorial

“Aquí hay varias juntas de vecinos pero no sé cual me corresponde” (HF, mujer 78 años, quebrada Las Cañas).

En términos legales, las juntas de vecinos son el mecanismo por medio del cual los habitantes de una localidad pueden hacer efectiva su participación ciudadana, ya que poseen personalidad jurídica. La personalidad jurídica es la capacidad que poseen dos o más personas para realizar actos reconocidos como legales y que vayan más allá de sus capacidades personales. Por lo tanto, el objetivo principal de las juntas de vecinos es representar a los habitantes frente a las autoridades comunales y ante la ley, mediante la presentación de solicitudes y demandas para la ejecución de proyectos de mejoramiento que beneficien a 159


toda la comunidad Según el artículo N°2 del Decreto N°58 de la Ley 19.418 sobre juntas de vecinos y otras organizaciones comunitarias, dice que las juntas de vecinos son “organizaciones comunitarias de carácter territorial representativas de las personas que residen en una misma unidad vecinal53 y cuyo objeto es promover el desarrollo de la comunidad, defender los intereses y velar por los derechos de los vecinos y colaborar con las autoridades del Estado y de las municipalidades”. Según la Biblioteca del Congreso Nacional, el objetivo de constituir juntas de vecinos, es promover la integración, participación y desarrollo de los vecinos de una localidad. La junta de vecinos tiene por función representar a los vecinos ante las autoridades para lograr convenios de desarrollo local, gestionar la solución de problemas ante las autoridades, proponer y ejecutar proyectos que benefician a sus vecinos y determinar carencias de infraestructura (alcantarillado, iluminación, etc.), entre otros. Para constituir una junta de vecinos, primero, debe quedar constancia de la voluntad de un número de vecinos interesados en participar en ella, dependiendo del número de habitantes de la ciudad. Esta voluntad de incorporarse a una junta de vecinos se expresa formalmente mediante la inscripción en un registro de asociados, que se acredita mediante la recolección de firmas de los mismos. En el caso de la ciudad de Valparaíso, por ser una comuna de más de 100 mil habitantes, las juntas de vecinos para constituirse deben reunir 200 personas54 que quieran formar parte de ella55. Y segundo, debe realizarse la asamblea constitutiva56. En cuanto a la organización interna de las juntas de vecinos, 53 Unidad vecinal: “El territorio, determinado en conformidad con esta ley, en que se subdividen las comunas, para efectos de descentralizar asuntos comunales y promover la participación ciudadana y la gestión comunitaria, y en el cual se constituyen y desarrollan sus funciones las juntas de vecinos” (Decreto 58 art. N° 2). http://www.leychile.cl/ Navegar?idNorma=70040 54 Cualquier persona puede ser parte de una Junta de vecinos, desde los catorce años de edad, según lo estipulado en la Ley N°20 131. 55 El número de firmas por reunir depende del número de habitantes que posea la ciudad donde se constituirá la junta de vecinos. Se necesitarán 50 vecinos en las comunas de hasta 10 mil habitantes, 100 vecinos en las comunas de más de 10 mil y hasta 30 mil habitantes. 150 vecinos en las comunas de más de 30 mil y hasta 100 mil habitantes. 200 vecinos en las comunas de más de 100 mil habitantes. http://www.bcn.cl/guias/juntas-de-vecinos 56 La Asamblea constitutiva consiste en una reunión ante un funcionario municipal designado por el alcalde, que hace de ministro de fe, o en su defecto un notario o un oficial del registro civil. En esta asamblea se aprobarán los estatutos de la junta y de un directorio provisional. Para que luego, en un plazo de 30 días, se ratifique mediante la entrega de una copia del acta de dicha asamblea en la secretaría municipal. Luego de esto, la Junta de vecinos contará con personalidad jurídica. Según el art.7 para que las juntas de vecinos sesionen válidamente y tomen acuerdos se requerirá que estén presentes, a lo menos, una cuarta parte del mínimo de constituyentes.

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cada una de ellas debe contar con un directorio conformado por: un(a) presidente (a), un(a) secretario(a) y un(a) tesorero (a), quienes se presentan voluntariamente a los cargos y son ratificados democráticamente mediante votación secreta57. Hoy en día el promedio es de cuatro juntas de vecinos por quebrada, con un máximo de seis en las quebradas Las Chanas, Tomás Ramos y Francia y un mínimo de dos en las quebradas más pequeñas. En términos de participación, el hecho de encontrar una o varias juntas de vecinos en estos sectores, debería ser un buen indicio, ya que en una primera lectura esto nos indica que las personas poseen la voluntad de organizarse y de trabajar en conjunto por el bien común. Sin embargo, es todo lo contrario, ya que según lo que pudimos recoger en los relatos de los habitantes, el problema nace en la forma de cómo las juntas de vecinos se han constituido históricamente, siempre en las afueras de las quebradas y ninguna desde su interior. Es decir, las juntas de vecinos que confluyen en las quebradas nacen como iniciativas de los vecinos que viven en los barrios consolidados situados en las cimas de los cerros que conforman las quebradas y no en la quebrada misma. Si bien estas juntas de vecinos tienen jurisdicción sobre las quebradas, hoy en día no están presentes y como consecuencia de aquello, las solicitudes y demandas de mejoramiento urbano o habitacional derivadas desde las juntas de vecinos hacia la municipalidad u otra entidad estatal, tienen poco o nulo impacto en las quebradas. De esta manera, la queja constante entre los habitantes es que sienten que no son tomados en cuenta y que simplemente el directorio de la junta de vecinos realiza solicitudes y mejoramientos solo en beneficio del sector donde estos últimos viven y no así en los fondos de la quebrada. Por lo tanto, el número de juntas de vecinos que presentan hoy en día las quebradas, no genera beneficios directos en los habitantes de estas últimas, sino que, por el contrario, ha producido una distorsión territorial en los habitantes, ya que ellos tienen conciencia de que en las quebradas existe una o varias juntas de vecinos, sin embargo, no saben con exactitud cuáles son, ni cómo se llaman, ni a cuál ellos pertenecen, ni cuál es la jurisdicción territorial de cada una de ellas. 57 Los diferentes cargos tienen una duración de tres años, período que se puede extender si el directorio es reelegido. Cualquier persona miembro de la junta de vecinos pude formar parte del directorio.

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De esta manera, de forma general se visualizan tres dificultades que afectan la participación colectiva de los habitantes en asuntos que implican el mejoramiento de las quebradas. Estas son: la cantidad de juntas de vecinos por quebrada, el emplazamiento de las sedes vecinales58, la antigüedad y poca dinámica de los directorios.

4.1.1- N° de juntas de vecinos por quebrada

En las quebradas La Rinconada y Las Cañas confluyen cinco diferentes juntas de vecinos, y en la quebrada Las Chanas, seis. Decimos confluyen porque estas no se constituyeron al interior de la quebrada, sino que fuera de ella, en los barrios consolidados de los alrededores. Consideramos que este número de juntas de vecinos por quebrada genera una distorsión territorial en los habitantes, en el sentido que, por una parte, ellos consideran la quebrada como un todo, es decir, un solo barrio y, por otra parte, la quebrada está segmentada a partir de la división territorial administrativa impuesta por las juntas de vecinos. Esto ha generado una contradicción en los habitantes, ya que ellos quieren trabajar como grupo, pero les es casi imposible llegar a instancias de participación en las que se reúna la totalidad de los integrantes de todas las juntas de vecinos. Por ejemplo, en el caso hipotético de que los habitantes quisieran pavimentar un pasaje mediante fondos estatales del programa de “pavimentación participativa”59, sería la junta de vecinos la que debiera presentar el proyecto y representarlos frente a las autoridades comunales. Sin embargo, cuando existen tantas juntas de vecinos diferentes en un mismo territorio, la pregunta que nace en los habitantes es ¿a qué junta de vecinos debemos recurrir?, ya que las familias de cada ladera de la quebrada pertenecen a diferentes juntas de vecinos y, sin embargo, comparten el mismo espacio público que se quiere mejorar, que por el momento es un pasaje de tierra, el cual cada año en invierno se convierte en un lodazal. Es decir, los habitantes, en cuanto que vecinos, comparten el espacio público y los problemas ligados a él, pero no pueden decidir, de manera autónoma, qué hacer allí y cómo hacerlo, porque no poseen una única junta de vecinos que visualice sus problemáticas en conjunto.

58 La Sede vecinal es el edificio donde funciona la junta de vecinos. Cada municipalidad debe velar por la existencia de a lo menos una sede comunitaria por unidad vecinal, garantizando que su uso esté abierto a todas las organizaciones comunitarias existentes en dicho territorio, según el art. N° 28 de la Ley N° 19 418. 59 Programa estatal de pavimentación de calles y pasajes. Donde los habitantes tienen que aportar con un porcentaje del costo de las obras y el Estado cubre mediante subvenciones el resto.

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Esta distorsión territorial en relación con la jurisdicción que poseen las juntas de vecinos sobre las quebradas, se ilustra claramente en los relatos cuando los habitantes hablan de ellas y no conocen sus nombres o, por el contario, nombran varias juntas de vecinos. Por ejemplo, los habitantes de una misma quebrada tienen discursos contradictorios con respecto a la cantidad y nombre de las juntas de vecinos. En la quebrada Las Cañas, si bien los vecinos, por una parte, reconocen el actuar de la junta de vecinos en algunos proyectos realizados, como por ejemplo, la pavimentación de la cancha de fútbol, por otra parte no son claros en definir cuál fue exactamente la junta de vecinos que intervino. La señora Rosa de la quebrada Las Cañas, es bastante escueta al respecto y simplemente dice no saber si existe o no alguna junta de vecinos en la quebrada. Ella dice: “La gente más antigua debe saber si hay junta de vecinos, yo no tengo idea, porque aquí no se hace nada” (HN, mujer, 53 años, quebrada Las Cañas).

Por el contario, don Héctor reconoce la acción de la junta de vecinos, pero no sabe, exactamente, cuál es: “Aquí tenemos la junta de vecino 31 o 61 algo por ahí, la de la Señora Yolanda (la presidenta) de allá arriba (en la cima del cerro), pero ahora esa junta ya no está funcionando” (HCRF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas).

En este caso, don Héctor reconoce que existe por lo menos una junta de vecinos, pero que actualmente esta se encuentra inactiva. Sin embargo, la presidenta de la junta de vecinos n°17, la señora Yolanda, nos dice que aún está activa60. El problema es que no se han generado proyectos en la quebrada, porque para ella es difícil gestionar proyectos de gran envergadura como son los que necesitan estos espacios, ya que su alcance de gestión solo le permite, por ejemplo, demandar la reparación de rejillas de alcantarillado, el corte de árboles y el retiro de basura. Así también, la señora Lucinda reconoce que existe una junta de vecinos y que actualmente está en funcionamiento, pero que ella desconoce al directorio. Ella dice: “Aquí está la junta de vecinos que está arriba, y recién me enteré que es otra la persona que está en el directorio, pero 60 Incluso en aquella ocasión, la señora Yolanda me facilitó la sede para organizar una actividad con los niños de la quebrada.

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yo no sé quién es, porque la que yo conozco nunca funcionó en este lado (en la quebrada) y la otra junta de vecinos que está en el ‘belloto’ abajo, que pertenece más a la quebrada, parece que tampoco hacen nada. Y la 17 no sé si estará funcionando esa junta de vecinos, pero tiempo atrás funcionaba. ¿O es la 16? No sé, solo sé que la de aquí abajo es la 16 y la de arriba no me acuerdo qué junta de vecinos es” (HF, mujer, 58 años, quebrada Las Cañas).

Por su parte, la señora Ximena, vecina de don Héctor, dice que la junta de vecinos sí funciona, pero también tiene dudas sobre el nombre de esta última. “Aquí la junta de vecinos parece que es la 62, la de allá arriba, de la señora Yolanda, pero la cambiaron, se retiró ella, ahora hay otra señora; pero ella fue muy buena presidenta, muy buena presidenta. Ella me ayudó montones cuando necesitaba la casa, cosa que no hace con nadie, con nadie, no sé cómo le caí bien yo, me ayudó, se levantaba temprano, me decía Ximena levántate temprano y yo te voy a acompañar, mi suegra me dice, yo no sé, te sacaste la polla gol, que ella no acompaña a nadie, y es terrible, así que no sé cómo le caí bien” (HCRF, mujer, 51 años, quebrada Las Cañas).

En estos tres últimos relatos se visualiza el segundo aspecto que queremos abordar, sobre el emplazamiento de las juntas de vecinos. Don Héctor, la señora Lucinda y la señora Ximena hacen referencia a la junta de vecinos que esta “allá arriba”, es decir, afuera de la quebrada, en la cima del cerro. En la siguiente imagen se pueden apreciar los territorios que corresponden a las diferentes juntas de vecinos, y la evidente fragmentación al interior de la quebrada.

4.1.2- Emplazamiento de las sedes sociales.

Cada junta de vecinos debe poseer una Sede social o vecinal, espacio físico donde los habitantes se reúnen. La sede social es el ícono de la junta de vecinos y del barrio, es donde los vecinos pueden reunirse, no solamente para las reuniones mensuales o trimestrales propias de la administración de la junta de vecinos, sino también sirve para efectuar actividades recreativas, para juntar fondos en beneficio de las juntas de vecinos. En las doce quebradas seleccionadas inicialmente no encontramos ninguna sede social al interior de ellas, todos estos edificios se encuentran en los barrios aledaños a las quebradas. Con respecto a esto, la señora Valeria, dirigente de la quebrada La Rinconada, dice: 164


Figura 21: Plano de Unidades Vecinales y Juntas de Vecinos y jurisdicci贸n territorial en las quebradas Las Chanas, Las Ca帽as, La Rinconada.

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“Aquí, nosotros teníamos un proyecto para hacer la sede social, pero no sé en qué irá, se supone que a nosotros nos iban a hacer una sede nueva, claro que con los mismos soportes de la antigua, porque es de cemento, de hecho a nosotros ellos (la municipalidad) nos mostraron el proyecto, de cómo iba a ser, era precioso, pero no se ha hecho nada hasta el momento y no sé dónde habrán quedado esos papeles del proyecto, en eso también estaba participando una universidad, que eran arquitectos” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

La necesidad de tener una sede social siempre está presente entre los vecinos, porque de cierta manera sienten que con ese espacio físico se concreta y se hace evidente el hecho de que sean un barrio. Actualmente, de las tres quebradas estudiadas ninguna posee una sede vecinal propia, y solo la quebrada La Rinconada tiene un proyecto que aún no se ha concretado. Con respecto al emplazamiento de las sedes vecinales en las afueras de la quebrada, la señora Lucinda dice: “Aquí está la junta de vecinos del Litre (del cerro El Litre, al lado de la quebrada El Litre), y la otra está aquí arriba de La Rinconada (del cerro Las Cañas), y la casa (sede) de la junta de vecinos está al frente acá arriba, subiendo por la calle, usted sale aquí y la ve, pero no sé si estará funcionando y la otra de acá del ‘belloto’, pero de las tres ninguna hace mucho” (HF, mujer, 58 años, quebrada Las Cañas).

La señora Inés también se refiere a la unidad vecinal y Junta de Vecinos afuera de la quebrada. Ella dice: “Acá, por ejemplo, la junta de vecinos ‘de allá arriba’ no funciona, nunca se activó, quedó muy chica y en un hoyo, no funciona, igual nosotras, las abuelas, nos juntamos allá al frente en el jardín, yo trato de ir dos o tres veces por semana, para ver a los abuelos y hacer algo, en el centro de madres, ahí me entretengo. El doctor me dijo que no tenía que salir sola, pero yo me aburro, y mis hijos salen y quedo sola y si me siento a ver tele me quedo dormida y después me duele todo y no puedo dormir en la noche, así que aunque me demore ir ‘pal frente’, yo me voy caminando lentito para compartir un rato, o voy a ver a una hermana que vive allí arriba en Merced, tomo la micro y voy, yo ya tengo 90 años y estoy enferma del corazón y llevo hartos años viviendo aquí y es poco lo que se ha hecho, más ha hecho la gente por su cuenta, cada familia ha sacado su casita y ha salido adelante” (HCRF, mujer 90 años, quebrada Las Cañas).

Y la señora Doraliza dice no seguir participando de la junta de vecinos porque esta última se encuentra demasiado lejos y ella ya no puede subir la calle. Ella dice: 166


“Aquí por ejemplo está la unidad vecinal 17 y está funcionando bien, pero yo hace tiempo que no voy a la junta de vecinos, me he alejado porque está muy lejos, hay que salir de aquí y subir la subida para arriba y yo ya no puedo ir” (HF, mujer, 78 años, quebrada Las Cañas).

4.1.3- Antigüedad del directorio de las juntas de vecinos.

Constatamos que son muy pocos los habitantes de las quebradas que forman parte de los directorios de las juntas de vecinos que confluyen en las quebradas. Por cada junta de vecinos (JV) el directorio está compuesto por tres personas61, es decir, por cada quebrada hay un total de 15 directivos en las quebradas Las Cañas y La Rinconada que dependen de 5 JV cada una y 18 directivos para la quebrada Las Chanas que depende de 6 JV. Sin embargo, en la quebrada Las Chanas, de estos 18 representantes sólo uno es habitante de la quebrada y participa en el directorio en una de esas 6 JV, es decir, en las otra cinco él no tiene incidencia alguna. En la quebrada Las Cañas, de los 15 representantes ninguno es habitante en la quebrada, por lo tanto, no tienen un representante directo en los directorios de las 5 JV que allí confluyen. Y en la quebrada La Rinconada, de los 15 representantes, dos de ellos habitan en la quebrada y son parte del directorio de una de las 5 JV, es decir, en las otras cuatro no tienen incidencia alguna. Esto nos demuestra que la mayoría de quienes integran los directorios son personas externas a las quebradas y que, por ende, no visualizan las mismas problemáticas que los habitantes de estas últimas. Esto revela varios problemas: Primero, no hay suficientes habitantes de la quebrada en los directorios que puedan defender sus intereses, para plantear las necesidades y proponer soluciones a los problemas que les acaecen. Segundo, los directorios conformados por personas ajenas a las quebradas no visualizan las problemáticas de los habitantes de las quebradas, principalmente por no poseer las mismas necesidades. Los de afuera viven en sectores y barrios consolidados y, por ende, los mejoramientos posibles que ellos visualizan en su sector son ínfimos comparados con las necesidades que poseen los habitantes de la quebrada. 61 Un directorio debe estar conformado por: un(a) presidente (a), un(a) secretario(a) y un(a) tesorero (a)

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Tercero, las juntas de vecinos terminan siendo una suerte de cofradías, donde la movilidad de sus dirigentes es muy poca o nula, como consecuencia, los directorios actuales son muy antiguos. Los directorios actuales están conformados, principalmente, por personas que han sido sucesivamente reelegidas o han intercambiado los puestos y, por lo tanto, durante muchos años los dirigentes han sido los mismos. De hecho, cuando los habitantes se refieren al presidente (a) de una junta de vecinos, dicen la junta de vecinos “de ella” o “de él”, como si la JV perteneciera a sus directivos.Don Héctor dice: “Aquí tenemos la junta de vecino 61 […] la de la Señora Yolanda (la presidenta)” (HCRF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas).

Esto ha generado que los habitantes obtengan poco o nulos beneficios por parte de las juntas de vecinos, ya que como hay pocos habitantes que estén participando activamente en los directorios, nunca los proyectos se han enfocado hacia las carencias que presentan las quebradas, por lo que hay constantes reclamos ya que los proyectos solo se realizan en los sectores aledaños a las viviendas de los dirigentes. En cuanto a la poca incidencia que tienen los habitantes de las quebradas en las juntas de vecinos actuales, la señora Valeria, dirigente de la quebrada La Rinconada, nos dice que cuando fueron las últimas elecciones, y en vista de los pocos progresos y proyectos realizados en la quebrada, ella se postuló a uno de los cargos. Y por lo tanto, sus vecinos fueron a votar porque querían a alguien de la quebrada en la junta de vecinos. Ella dice: “Cuando se quiere cambiar el directorio, se llama a elección, por ejemplo se avisa mucho antes quienes son las personas que están postulando y la misma gente del sector va a votar, en mi caso yo no debería ni haber quedado, pero de mi sector fueron todos a votar. Lo que pasa es que ellos querían tener una persona del sector en la junta vecinal, para tener mayores beneficios y para estar más conectados, pero yo tampoco he logrado nada, ahora que no estoy trabajando, porque yo antes trabajaba en el quiosquito de la esquina, voy a cumplir un mes ahora el 7, así que ahora me voy a poner las pilas y voy a ir a meterme más a la municipalidad, y tratar por ultimo de sacar la pavimentación. Pero al final siempre tiran pal lado de ellos, y aquí no obtenemos nada, es por ello que nosotros después mejor organizamos un comité de vivienda, el comité ‘Gran Futuro’” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

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También esta poca representatividad ha llevado que los vecinos no entiendan porque las JV no actúan es su territorio de la quebrada, si ellos también forman parte de ellas. Con respecto a esto, don Juan nos dice: “Aquí han fallecido todos los viejos, los padres nuestros, y en ese tiempo ellos pagaban las cuotas de la junta de vecinos62, y todos los que se instalaron y las juntas de vecinos empezaron a hacer arreglos por todos lados, pero siempre nos dejaron a nosotros de lado, y ese es el reclamo que yo siempre he hecho y por eso en mi familia dejamos de pagar las cuotas, porque mi padre las pagaba sagradamente y mire cómo estamos, de qué sirvió, de nada” (HCRF, hombre, 65 años, quebrada Las Chanas).

Las juntas de vecinos pueden legalmente cobrar una cuota de adhesión, que servirá para la mantención de la sede vecinal o para la ejecución de proyectos que beneficien a la comunidad vecinal. Esto es un factor que también genera rencillas entre los miembros de las juntas de vecinos, ya que los que pagan las cuotas se sienten con derecho a recibir los beneficios y negárselos a aquellos que no pagan las cuotas. En el caso de las quebradas, efectivamente, como dice Don Juan, muchos vecinos dejaron de pagar las cuotas porque consideraban que no recibían ningún beneficio. Así, el hecho de que las juntas de vecinos se originen en el exterior de las quebradas; que las sedes vecinales sean construidos también fuera de las quebradas; y que el directorio esté compuesto por personas que no habitan en la quebrada dificulta y entorpece la participación de los habitantes, ya que no se reconocen como parte integral de la juntas de vecinos si no tienen representantes directos en ella. Bien que ellos hayan firmado voluntariamente para participar en alguna de ellas, debemos considerar que cuando un grupo de personas quiere constituir una JV, los intereses visualizados siempre son de un grupo pequeño, del grupo que la quiere constituir, y las firmas recolectadas pretenden solo cumplir con las exigencias establecidas por la Ley y no realmente para satisfacer las necesidades de todos los firmantes. No es raro encontrar un habitante que haya firmado en dos juntas de vecinos distintas, lo cual está prohibido por la ley, pero es muy difícil de fiscalizar. Por lo tanto, pertenecen a 62 El Art. N°13 de la Ley N° 19.418 dice que “las juntas de vecinos y demás organizaciones comunitarias determinarán libremente el monto de las cuotas ordinarias y extraordinarias, así como su sistema de recaudación. Sin embargo, las cuotas extraordinarias sólo se destinarán a financiar los proyectos o actividades previamente determinados y deberán ser aprobadas en asamblea extraordinaria, por las tres cuartas partes de los afiliados presentes”.

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más de una junta de vecinos, pero de ninguna obtienen beneficios. Finalmente, podríamos diferenciar tres consecuencias de lo anteriormente expuesto: a) Una considerable deserción de las juntas de vecinos, los habitantes ya no quieren participar de ellas porque consideran que son pocos los beneficios obtenidos. b) La división territorial de las juntas de vecinos genera una distorsión territorial que dificulta los procesos colectivos de participación en las quebradas, en el caso que los habitantes quisieran postular a algún programa de mejoramiento urbano o habitacional. c) Una disminución de la cohesión social al interior de las quebradas, remarcadas por las divisiones territoriales que imponen las juntas de vecinos. 4.1.4- Falta de participación, pérdida y crisis de la cohesión social. “Yo considero que este es mi barrio, pero lo que pasa es que la gente está toda más desunida, los vecinos están desunidos” (HCRF mujer, 51 años, quebrada Las Cañas).

Como lo señalamos anteriormente, la actual división territorial de las juntas de vecinos impide la realización de proyectos y un adecuado manejo y gestión de las quebradas. Lo que ha generado entre los habitantes un deterioro y pérdida de la cohesión social. Durante las entrevistas muchos habitantes mencionan que “las quebradas no son como antes”, en el sentido de que ahora los vecinos trabajan menos en comunidad por objetivos comunes. Esta disminución en la cohesión social también encuentra su origen en la falta de proyectos específicos y por las promesas incumplidas por parte del Estado. Los habitantes reflexionan que a pesar de su organización y participación activa en las reuniones de las juntas de vecinos, no han obtenido resultados. Estiman que sus esfuerzos y motivaciones para llevar a cabo proyectos en pos de la mejora de la quebrada, nunca fueron apreciados por los organismos públicos, y tampoco por las juntas de vecinos, las cuales deberían haber tomado partido por ellos y, por lo tanto, acusan a las JV por falta de apoyo. Los habitantes mencionan que en las quebradas antes se efectuaban actividades colectivas que estaban destinadas a recaudar fondos para diversos proyectos de mejoramiento y/o para la organización 170


de festividades. Por ejemplo, en las tres quebradas estudiadas, la instalación de la electricidad fue una obra exclusiva de las juntas de vecinos, sin la intervención de instituciones públicas. Para ello, los vecinos organizaron ventas de comida, tómbolas, canastas familiares y campeonatos de fútbol entre diferentes equipos en el interior de la quebrada. Entonces, cuando los habitantes hablan de participación y de cohesión social en el barrio, la mayoría de las veces lo hacen en tiempo pasado. Por ejemplo: Inés:“antes los vecinos estaban más unidos” (HCRF, mujer, 90 años, quebrada Las Cañas). Ana:“antes se realizaban actividades para mejorar la quebrada, pero ahora no se hace nada” (HF, mujer, 75 años, quebrada Las Chanas). Elizabeth:“aquí antes se hacían campeonatos de fútbol para que las familias se divirtieran” (HN, mujer, 42 años, quebrada Las Chanas).

De cierta manera, los habitantes reconocen que antes eran más organizados, en la medida que tenían y querían lograr objetivos en común. Un ejemplo de ello es el éxito de un grupo de 25 familias de la quebrada Las Cañas, que se organizaron mediante la conformación de un comité para la regularización de los títulos de dominio, tal como lo mostramos en el capítulo anterior. La señora Inés señala: “Antes eran más unidos los vecinos, por ejemplo, nosotros nos juntamos, entre los vecinos, e hicimos juntos el trámite de la escritura, andábamos todas las mujeres p’arriba y p’abajo, yo ahora soy dueña, y esto lo han ocupado mis hijos y ahora nietos, abajo vive mi nieta con sus hijos y su esposo. No me acuerdo qué año fue, pero fue hace tiempo ya” (HCRF, mujer, 90 años, quebrada Las Cañas).

Sin embargo, hoy los habitantes dicen estar cansados. Ellos dejaron de organizarse y de esperar soluciones, sienten que han pasado muchos años y que están en la misma situación, sin calles, ni pasajes pavimentados, sin escaleras, sin alcantarillado, sin agua potable, etc. Por lo tanto, el desinterés y la falta de proyectos por parte del Estado en las quebradas han afectado su motivación y cohesión social que existía en el origen de la toma. Don Héctor, quien llegó a la quebrada Las Cañas, al terreno de sus suegros después del terremoto de 1985, nos dice que hace tiempo que se detuvo el desarrollo de la quebrada, que no hay 171


proyectos nuevos, que el municipio no hace nada para mejorar su condición, y que los vecinos perdieron el deseo de llevar a cabo proyectos en conjunto. Don Héctor plantea: “Aquí, es la junta de vecino 31 o 61 algo por ahí, que la teníamos con la señora Gloria de allá arriba, pero ahora esa junta ya no está funcionando [...] Claro, la 61, con ella incluso teníamos hasta la sede hecha (sede social), pero ya no se han hecho más cosas aquí, pero como ya se arregló el camino y se luchó por unas casas, pero ya no se ha seguido más, porque realmente la municipalidad tampoco hace ninguna cosa y quedamos estancados” (HCRF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas).

Por lo tanto, la ausencia de proyectos de ordenamiento y mejoramiento de las quebradas y el incumplimiento de promesas pasadas que buscaban el desarrollo de las quebradas, ha afectado la participación y la cohesión social de los vecinos. La señora Marta, ex dirigente de quebrada La Rinconada y que durante muchos años trabajó como voluntaria de la ONG “Save the Children”63, haciendo el enlace entre la ONG y los niños de la quebrada La Rinconada, nos contó que los vecinos se aburrieron de esperar y trabajar por nada: Mire, yo era de la junta de vecinos, y siempre se hacían esas cosas, pero qué pasó, que empezamos a juntar plata para hacer una escala, que hay una escala para allá, y siempre se ha estado trabajando. Aquí no había agua, no había luz, no había na’, y yo empecé a moverme con la junta de vecinos, ya después tuvimos agüita, luz, ahora tienen luz hay agua. No había camino, esas calles no estaban pavimentadas, nada, pero sin embargo yo me metí con el alcalde que en ese tiempo era el Pinto, nos poníamos a hacer empanadas 400, 800 empanadas, para poner la primera piedra que fue la calle, y de ahí ya no se trabajó más, y ahí la gente se quedó y no se movió más, entonces realmente yo me aburrí. Uno se cansa de estar siempre, porque los dirigentes de la junta vecinal me decían tenis que ir a reunión allá abajo a la muni (municipalidad) porque nosotros no podemos ir. Allá yo partía, me venían a dejar en camioneta hasta acá arriba, andaba pa’ arriba y pa’ abajo, y lo único que se sacó fue la calle, lo que hay, lo que usted ve ahora porque antiguamente no había nada, [...] entonces yo me aburrí po, porque siempre nos dejaban a nosotros solos, ya vamos a hacer tal cosa y se quedaban ahí y no pasaba nada, entonces como uno va a trabajar, por las puras, entonces ya no quise hacerme cargo. Hasta que todos los vecinos se cansaron” (HD, mujer 59 años, quebrada La Rinconada).

La señora Doraliza, en relación con la ausencia de participación, menciona que los habitantes están cada vez más negativos con 63 ONG que tiene como objetivo fundamental la defensa activa de los intereses de los niños, especialmente de los más desfavorecidos. En el caso de la quebrada La Rinconada, la señora Marta nos comentó que los niños reciben útiles escolares, ropa y una subvención anual.

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respecto a las iniciativas que podrían emprender en conjunto; ella dice que ya no quieren participar y que los habitantes se han vuelto egoístas. Para explicar aquello, la señora Doraliza utiliza un dicho popular chileno que dice “cada cual pela su chancho solo”64, que significa, básicamente, que cada persona o familia ahora vela sólo por sus propios intereses y no por los del grupo. Ella dice: “Aquí antes éramos unidos, para todo se trabajaba juntos, es que había que ayudarse, no nos quedaba otra opción. Por ejemplo, como yo le decía, cuando yo llegué aquí, yo llegué sola y mi familia estaba en el sur, entonces cuando por ejemplo estábamos en el tema de la regularización de los sitios, entre las vecinas veían a los niños mientras otras tratábamos de regularizar los terrenos. Pero ahora parece que ya todo se perdió. […]Fíjese que en este lado (de la quebrada) la gente se ha puesto muy negativa. Quiso hacer mucho la señora Anita, dirigente de la junta de vecinos, para que se hiciera un comité, pero la gente no quiso, ahora la gente no copera, para arriba (en el cerro) sí que hay comités, pero para acá nunca ha habido uno, la gente está muy egoísta ‘cada cual pela su chancho solo’” (HF, mujer 78 años, quebrada Las Cañas).

Consideramos que en las quebradas los procesos de participación están ligados al nivel de consolidación que estas últimas presentan. Por ejemplo, en la quebrada Las Cañas que presenta un nivel de consolidación terciario (el más alto), los habitantes consideran que antes los vecinos eran más participativos y que hoy en día ya no trabajan por objetivos comunes. Al contrario, en la quebrada La Rinconada, la cual presenta un nivel de consolidación primario (el más bajo), aún existe el convencimiento entre los habitantes que las acciones colectivas que ellos puedan emprender son vitales para supervivencia del barrio. Así, en los procesos iniciales de apropiación informal de las quebradas, la participación es un proceso fundamental, mediante el cual los habitantes, por una parte, buscan mejorar la calidad de vida de las familias y, por otra, consideran que sin la participación, las quebradas no serían lo que son hoy y no tendrían lo que hoy tienen. Por ejemplo, la gestión de los servicios básicos: agua, luz y alcantarillado, son temas que cada familia, por su propia cuenta, nunca habría logrado; sin embargo, ha sido posible gracias a la acción colectiva de los habitantes. 64 Dicho popular chileno que significa: Cada uno se las arregla solo y hace sus cosas como pueda. http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0041236.pdf

173


De esta manera, consideramos que los procesos de participación nacen, primero, a partir de las carencias comunes que poseen los habitantes en la quebrada y, segundo, nacen a partir del reconocimiento de la quebrada en cuanto barrio, el cual los habitantes quieren mejorar y resguardar. Así, la poca participación en las quebradas se percibe como un hecho negativo, ya que el hábitat informal es ante todo una empresa comunitaria y familiar que depende de las redes sociales internas para ser posible y sustentarse en el tiempo. Es por ello que la no participación genera juicios de valor hacia las personas que no participan. Por ejemplo, los habitantes de las quebradas dicen sobre otros habitantes que supuestamente no participan lo siguiente: Ana: “aquí los vecinos se han puesto flojos” (HF, mujer, 75 años, quebrada Las Chanas). Doraliza: “la gente está muy egoísta”(HF, mujer 78 años, quebrada Las Cañas). Gloria: “no quieren hacer nada” (HD, mujer 62 años, quebrada Las Chanas).

Sin embargo, si bien en todas las quebradas sus habitantes dicen haber participado activamente en su mejoramiento, durante mucho tiempo, hoy en día en la única quebrada donde aún percibimos que existe un germen de participación y de querer hacer cosas en conjunto, es en la quebrada La Rinconada. Hecho que tiene directa relación con el estado de consolidación primario que esta presenta, ya que el estado de consolidación está directamente relacionado con las carencias que poseen las quebradas, tanto en términos de calidad constructiva de la vivienda como de urbanización y acceso a los servicios básicos. Así, por una parte los habitantes consideran que la única forma de subsanar estas necesidades es mediante la acción colectiva, ya que individualmente esto sobrepasa su capacidad de gestión. Y por otra parte, el hecho de que en esta quebrada haya de quince directivos y dos de ellos vivan en la quebrada, a diferencia que en las otras dos quebradas solo hay uno en cada una de ellas, es ya un indicio que están más proclives a participar y a seguir luchando por intereses comunes. Esto se revela en el relato de la señora Valeria, dirigente de 37 años, que aún cree en los habitantes y en su capacidad de trabajar 174


en equipo, al contrario de las opiniones de los vecinos de la quebrada Las Cañas que, como veíamos anteriormente, mencionaban que ahora los vecinos son más egoístas. Ella dice: “Aquí toda la gente es cooperadora, por ejemplo a mí me pusieron el sobrenombre: ‘la Bachelet del pueblo sin ley’65, porque yo estaba más involucrada con la municipalidad y siempre andaba buscando qué podíamos hacer. Aquí si nos dijeran que se va hacer algo y que nosotros los vecinos tenemos que ayudar, yo estoy segura que todos cooperan, yo creo que sí, el 100%, por ejemplo nosotros tenemos un fondo como de 200 mil pesos66 en el comité que era para regularizar (los terrenos) o para pavimentar (un pasaje), y aquí toda la gente cooperó, la gente es cooperadora, yo esto lo sé porque era presidenta del comité y siempre la gente estaba dispuesta a cooperar” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Sin embargo, si bien la señora Valeria dice que los habitantes están dispuestos a trabajar si se les presenta la oportunidad, esta adhesión siempre estará supeditada a la opinión personal que tenga cada habitante con respecto a la junta de vecinos en funcionamiento. En relación con esto, encontramos la opinión de la señora Trinidad, quien considera que la actual junta de vecinos no se conduce de una buena manera y que no realiza las actividades como la anterior junta de vecinos. La señora Trinidad agrega: “La junta se acabó hace mucho tiempo, ahora había empezado otra, pero no es lo mismo de antes, antes se hacían muchas actividades para los niños, en la pascua, en el 18, se repartían dulces se hacían campeonatos de fútbol, pero los vecinos están muy desunidos” (HF, mujer 54 años, quebrada La Rinconada).

Estas tensiones que se generan entre los habitantes, definitivamente tienen que ver con las simpatías y empatías generadas al interior de la quebrada y que son las que motivan o frenan la acción colectiva. Finalmente, consideramos que en el estado de inactividad en el cual se encuentran actualmente los habitantes de las quebradas, es muy difícil que ellos puedan sobreponerse por sí solos, esto sólo sería posible si recibieran ayuda y apoyo externo. Ya que como hemos podido observar en los relatos la desazón y no acción 65 Por Michelle Bachelet presidenta de Chile en el periodo 2006 -2010. 66 Doscientos mil pesos chilenos corresponden aproximadamente a 315 €, lo cual evidentemente es un presupuesto muy precario para la realización de cualquier proyecto de planificación, como una pavimentación de una pasaje. Sin embargo, los habitantes lo consideran un gran logro porque esta suma supera con creces sus salarios y el hecho que los vecinos voluntariamente hayan querido juntar este dinero ya demuestra el interés de hacer algo en grupo, bien que esto implique hacer esfuerzos familiares.

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se instaló en los habitantes luego de años de lucha y de trabajo en grupo, que no dieron los resultados que ellos esperaban. Por lo tanto, esto les impide avanzar y visualizar las posibilidades reales que poseen para cumplir los proyectos que siempre han querido. La visión nostálgica del pasado que poseen los habitantes de las quebradas en el sentido “que todo tiempo pasado fue mejor”, aparece latente en todos los relatos, bien que algunos sean más positivos y que aún haya vecinos dispuestos a organizarse, se ha convertido en una barrera que no los deja avanzar.

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Toma La Victoria Santiago N° sitio / M2 du sitio 140 m2 18- 140 m2 140 m2 19- 140 m2 140 m2 20- 140 m2 140 m2 21- 140 m2 140 m2 22- 140 m2 140 m2 23- 140 m2 140 m2 24- 140 m2 140 m2 25- 140 m2 140 m2 26- 140 m2 140 m2 27- 140 m2 140 m2 28- 140 m2 140 m2 29- 140 m2 140 m2 30- 140 m2 140 m2 31- 140 m2 140 m2 32- 140 m2 140 m2 33- 140 m2 140 m2 34- 140 m2

1234567891011121314151617-

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1 manzana

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Toma Las Cañas, Valparaíso N° sitio

123456789101112-

/

96.1 m2 127.5 m2 m2 98 65.2 m2 82.2 m2 144.05 m2 65.2 m2 117.8 m2 38.9 m2 65.3 m2 231.35 m2 242.7 m2

M2 du sitio

13141516171819202122232425-

404.6 m2 208.5 m2 m2 106 m2 103 m2 102 129.75 m2 149.95 m2 165.3 m2 67.05 m2 274.5 m2 122.4 m2 118.45 m2 131.1

25 24 1

2

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21

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3 4

19

11 14 13

Cartografías comparativas entre una toma porteña y una toma santiaguina

Lotes Calles y pasajes

0

n

Limite de toma

500mt

Figura 22: Esquemas de diferencias de trazado y conformación espacial entre la toma porteña y la toma santiaguina

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7

C a p í t u l o

Quebrada-casa

En los tres territorios de apropiación precedentes —quebradaestado, quebrada-ciudad y quebrada-barrio—, se evidenciaron imaginarios urbanos y representaciones colectivas que poseen los habitantes con respecto al hecho de vivir en una quebrada, y a su posición, relación y participación con el mundo interior y exterior a ellas. En este cuarto y último territorio expondremos los procesos de arraigo, de apropiación y de territorialización67 con respecto a la primera unidad habitable: la casa. Así, este territorio de apropiación muestra con claridad la relación entre los habitantes y su propia morada, las representaciones y valores que ellos le otorgan en cuanto que espacio simbólico y físico. Finalmente analizaremos los Conjuntos Residenciales Familiares (CRF), modelo arquitectónico y urbano de apropiación socioespacial propio de la autoconstrucción en Valparaíso, imaginados, concebidos, diseñados, modelados y organizados por los habitantes, mediante procesos de autoconstrucción, de auto urbanización y autogestión del territorio de la quebrada. Los CRF son la expresión material de la apropiación socio-espacial de la quebrada y el relato tangible de los procesos sociales y de las prácticas urbanas implícitas en los asentamientos de carácter informal. Son la evidencia de cómo el espacio practicado logra transcender al espacio planificado y geométrico. En este sentido, las temáticas que fueron abordadas por los habitantes en sus relatos guardan relación con: 67 Se debe pensar la territorialización, la desterritorialización y la reterritorialización como procesos concomitantes, fundamentales para comprender las prácticas humanas (Herner, 2009:158).

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a. El valor de la casa en cuanto que patrimonio y fruto del esfuerzo familiar. b. Las representaciones sociales que poseen los habitantes en relación con sus casas, que vehiculan básicamente tres imágenes. c. Los procesos de construcción progresiva de la casa, proceso que genera los CRF.

1.0- La casa como espacio simbólico y físico. La “casa”, como concepto general, se entiende como un espacio físico que da cobijo a una familia y como un espacio simbólico que da lugar a la socialización humana. El filósofo Gaston Bachelard define la casa como “nuestro rincón del mundo. Es —lo hemos dicho reiteradamente— nuestro primer universo. Es realmente un cosmos” (Bachelard, 2011:24). Paralelamente, más allá de presentarse como una construcción física, la casa es una construcción social “construida bajo los parámetros de las normas sociales” (Di Méo, 1998:97). Es un micro territorio apropiado que territorializa las prácticas socio-espaciales de la vida cotidiana, porque “La casa habitada no es una caja inerte. El espacio habitado trasciende el espacio geométrico” (Bachelard, 2011: 59). La casa, por lo tanto, no solo es el resultado de las fuerzas externas y físicas que afectan el edificio, sino que, ante todo, es el resultado de los factores socioculturales que definen su forma. Amos Rapoport, en su libro Pour une anthropologie de la maison (1972), haciendo referencia a la arquitectura popular, señala que la noción de “genre de vie” o “estilo de vida”, utilizada por Max Sorre, ilustra esta idea, ya que “incluye todos los aspectos culturales, materiales, espirituales y sociales que afectan a la forma. Podemos afirmar que casa y asentamientos son la expresión material del ‘estilo de vida’, y este es su carácter simbólico” (Rapoport, 1972:66). “Esta es mi casa, donde yo me siento bien, este es mi mundo, este es el lugar donde estoy en paz. [...]. Mi casa es diferente a las demás, por mis plantas, incluso si es fea, las plantas le dan vida” (HF, mujer 54 años, quebrada La Rinconada).

Esta forma de apropiación a escala de la casa, se constituye inicialmente a partir de las visiones de mundo, ideas, representaciones, imágenes, memorias, que los habitantes poseían 180


al momento que llegaron a vivir a la quebrada. Paralelamente, esta apropiación sigue un curso evolutivo y colectivo, en la medida que las familias interactúan entre ellas y se apropian de las ideas, imágenes y visiones de mundo de los otros. Wiesenfeld señala que la “la vivienda auto-construida inspira un conjunto de sentimientos entre los que se mencionan quererla, recordarla, sentirla, apreciarla, sentirse contento, orgullo, feliz, realizado e ilusionado con ella. Este tipo de sentimientos corresponde con lo que se ha denominado el apego residencial o vínculo afectivo profundo que ata a la gente a los lugares y les provee un anclaje importante para la definición de su identidad personal y grupal. Impele, además, a la realización de un conjunto de prácticas de apropiación orientadas a preservar el lugar, a fomentar las relaciones vecinales y a promover la permanencia en él” (Wiesenfeld, 2001: 299). Por lo tanto, la construcción de la casa no es sólo un reflejo de las representaciones particulares de cada familia, sino también es el producto de las representaciones movilizadas por el grupo. A este propósito, Olivier D’Hont señala que “de la vivienda, apropiada por varios, es a menudo en su morfología la representación simbólica del cosmos, un cuerpo mítico y por su organización, la transcripción del espacio doméstico de un orden social” (2005:169). Así, la casa en cuanto que espacio simbólico vehicula representaciones, significados, identificaciones alrededor de sí misma, que afectan su forma construida. Así entendemos el concepto de casa en una doble relación, tangible e intangible, como una expresión que engloba los aspectos sociales, materiales y estéticos al origen mismo de la significación. En este sentido, Rapoport señala que “Es el compartir una misma visión de mundo, una imagen y sistemas de valores específicos que hace posible el proceso de construcción [...] y que el objetivo de la composición urbana sería las relaciones armoniosas entre los edificios” (Rapoport, 1972:66), y agrega que en la construcción del hábitat se expresa el entorno ideal de un pueblo. En este contexto, consideramos que los habitantes de las quebradas poseen una apreciación positiva de la casa como un espacio apropiado y autoconstruido, la cual, establece un vínculo territorial, expresado en el apego a la casa y lo que esta representa. Quezada concluye que esto se debe a que existe “el sentido de aceptación y de afección (topofilia), pero también, implica un sentimiento de rechazo o disgusto de ello, elementos 181


que afectan la conformación de la identidad socio-territorial” (2007:47). Es por ello que los habitantes atribuyen a su hogar una doble valorización, una intangible (emocional-afectivo) y otra tangible (estético-material), las cuales están directamente relacionadas con el esfuerzo realizado en la construcción y con la transmisión de esta patrimonio. Por otro lado, estos constructores autodidactas saben (en tiempo y espacio) adaptar sus construcciones con una notable sabiduría en relación con el medio ambiente (Berenstein, 2001). En relación con el valor material, social y emocional que le atribuye un habitante auto constructor a su vivienda, John Turner, en su libro Freedom to build (1972) identifica tres aspectos de los procesos de autoconstrucción de vivienda, aspectos conocidos como “las tres leyes de Turner”. La segunda de estas “leyes” se refiere a la satisfacción cualitativa que proporciona la vivienda al usuario, más allá de su calidad material, lo importante es lo que “hace” la casa por el usuario y no lo que ella “es” en términos materiales. Y la tercera de estas “leyes”, se refiere a la tolerancia hacia las imperfecciones constructivas y espaciales que la casa pueda presentar, producto de un proceso de autoconstrucción. Es decir, para un habitante auto constructor es más fácil identificar errores en una construcción que no ha sido construida por él —por ejemplo, en una vivienda social— que en una edificación realizada por él mismo. Esto se debe al simple hecho +que las personas somos más proclives a hacer concesiones con nuestros propios errores que con los errores de otros, ya que la casa autoconstruida es un producto que nace de una proceso personal y familiar continuo de “hacer” y “rehacer” y, por lo tanto, de un proceso de ensayo y error. En este proceso de “hacer” y “re-hacer” encontramos una de las características de la casa de la quebrada. Es decir, una casa en cuanto que espacio físico y simbólico es el resultado de sucesivas modificaciones y ordenamientos hechos a partir de una lógica de crecimiento fragmentario y progresivo. Es, por lo tanto, una construcción paulatina, progresiva y que se va concretando, poco a poco, a partir de fragmentos que se vinculan a una idea o proyecto global. La casa, como concepto genérico, es un proyecto futuro, que suele comenzar a partir de dos unidades primigenias: la “mediagua” y la “pieza”.


Vivienda social vs vivienda autoconstruida

Conjunto de viviendas sociales tipo La Laguna. Valparaiso.

Perímetro Rígido

Planta: unidad original Dormitorio 1

Planta: modificación de usuarios Dormitorio 1

Baño

Baño Cocina

Cocina

Dormitorio 2

Planta

Living / comedor

conjunto 2do piso

Living / comedor

Acceso

Original:

40

m2

Intervención (muro divisorio interno)

Acceso

Ampliación /intervención:

40

m2

Conjunto Residencial Familiar de Don Héctor quebrada Las Cañas.

Perímetro flexible

Original:

14

0.0

1.0

2.0

3.0 MT

0.0

Elevación frontal

1.0

2.0

3.0 MT

Planta sub suelo

0.0

1.0

2.0

3.0 MT

Planta 1er piso

m2

+ Ampliación /intervención:

24

m2

+

Ampliación /intervención:

42

m2

Total: 80

m2

0.0

1.0

2.0

3.0 MT

Planta 2do piso

Figura 23: Lámina que muestra la evolución de una casa autoconstruida, en la quebrada Las Cañas, versus posibilidades de crecimiento de una vivienda social en bloque en sector La Laguna- C°Placeres, ubicado en la periferia de Valparaíso.

183


Desde esta perspectiva, la casa de la quebrada se encuentra en un constante estado de proyecto; la casa evoluciona a partir de los deseos y sueños de las familias. Respecto a esto, Bachelard indica que “la casa cobija el ensueño, la casa protege al soñador, la casa nos permite soñar en paz” (2011: 26). Y que a veces, “la casa crece, se extiende. Se necesita una mayor elasticidad de ensueño, ensoñación menos definida, para poder habitarla” (2011:61). Esta “ensoñación menos diseñada” define, de manera certera, el proyecto arquitectónico de una casa de quebrada, un proyecto que puede ser entendido como un palimpsesto de imaginarios y representaciones variadas, ya que será diseñado y rediseñado, hecho y rehecho, desde la influencia que tienen sobre la forma los aspectos socioculturales y materiales-espaciales, en los cuales subyace la apropiación del espacio en las quebradas. El reinicio de la casa como una “ensoñación menos definida” es continua y no visualiza su finalización; es producida por el carácter precario y/o perentorio de los materiales utilizados, todos los cuales tienen una vida diferente, pues algunos se desgastarán antes que otros, y de este modo se propicia el inicio, re-inicio y superposición de los procesos de hacer y rehacer la casa. Así, cuando se analizan los relatos de los habitantes, se subentiende una proyección de una casa a medio terminar (según nuestra percepción); en cambio, los habitantes hablan de una casa que no está totalmente acabada, puesto que la presentan como un proyecto de casa o una idealización de esta, como por ejemplo, “la casa quinta” o “la casa chalet”, por lo tanto, hablan al mismo tiempo de su casa actual y de su casa idealizada, y que tal vez algún día se acabe.

2.0- Valoración de la casa como patrimonio y producto del esfuerzo familiar. “Lo principal es que esto se mantenga en la familia” (HF, hombre 65 años, quebrada Las Chanas). “Cuando uno le pone cariño a las cosas, todo queda bonito” (HERF, mujer 21 años, quebrada Las Cañas).

La vivienda en Chile representa un bien inestimable; ella es considerada como parte del patrimonio familiar. La casa representa 184


el nido a partir del cual nos podemos desarrollar, representa lo que somos, representa el esfuerzo y los sueños de cada familia. Es por esta razón que el fenómeno de las tomas de terreno no debería sorprendernos, si se entiende que todas las personas tiene derecho “al sueño de la casa propia”. El acceso a la vivienda propia, hoy en día en Chile, sigue siendo un proceso largo y difícil; es por ello que ser propietario posee un valor inestimable. Desde esta perspectiva, la toma de terreno y su posterior legalización —como lo mencionamos en el capítulo 3 (1.1)- es visualizada por las familias como un proceso que les permitió o les permitirá tener acceso a la propiedad y hacer realidad el “sueño de la casa propia”. Pero por sobre todo es un proceso que les permite visualizar el terreno y, por lo tanto, la casa como el patrimonio familiar que puede ser traspasado a la descendencia. La condición de ser propietario de un sitio —a pesar de que sea producto de una “toma de terreno” y posteriormente regularizado— genera en los habitantes un sentimiento de equidad social y urbana, es decir, se sienten igualados en relación con una persona que ha comprado de forma legal un terreno. En otras palabras, consideran inestimable el hecho de pasar de la condición de habitante en toma de terreno a ser propietario legal de esa porción de terreno. La condición de propietario les otorga los mismos derechos sobre la propiedad, con la posibilidad de venderla, de arrendarla o de traspasarla legalmente a su descendencia. Y, por sobre todo, les otorga seguridad de no ser expulsados, salvo en condiciones muy específicas que serán justificadas y deberán ser indemnizados en caso de expropiación. De esta manera, el proceso de legalización es un largo camino hacia la formalidad y, por tanto, muy valorado por los habitantes, lo cual tendrá un efecto directo en la consolidación de la casa y de la quebrada. Hemos constatado que mientras menos terrenos irregulares existen en las quebradas, mayor es el nivel de consolidación que estas presentan. De esta manera, la casa autoconstruida se constituye como el emblema de este patrimonio, que representa los numerosos esfuerzos y sacrificios, tanto sociales como materiales que debió realizar las familias para obtener lo que hoy poseen, lo que les ha permitido cambiar su condición de habitantes de tomas a habitantes regulares. Wiesenfeld señala, con respecto al significado de la vivienda autoconstruida, que esta “se concibe como la materialización de 185


una utopía a partir del esfuerzo individual y colectivo […] y que es interpretada como un “hogar”, es decir, como un proceso que se ha ido construyendo simbólicamente en el tiempo, a partir de la interpretación de las acciones realizadas y las experiencias vividas por las familias” (Wiesenfeld, 2001:328). El valor sentimental o emocional que se le atribuye a la casa, es una de las razones principales por la cual los habitantes de las quebradas se niegan a vivir en viviendas de carácter social. Primero, porque consideran que los esfuerzos realizados en la construcción de la vivienda “no tiene precio” y, segundo, porque consideran que su situación actual es mejor que la de aquellos que viven en viviendas sociales (departamentos), como se explicó en el capítulo 6 (2.4). Con respecto a la idea de la casa como patrimonio familiar, don Juan nos menciona, en reiteradas ocasiones, que lo único que él quiere es que todos sus hijos, e incluso sus nietos, se “instalen” a vivir en el terreno que su abuela y él fueron consolidando poco a poco. Nos cuenta que él llego a los cinco años a vivir a la quebrada junto con su abuela, en 1950, y que en la ladera donde está ubicada su casa no había nada. Ellos construyeron su casa de adobe, con la arena, tierra y piedras de la misma quebrada. Es por ello que considera que los esfuerzos de su abuela y todas las historias que están involucradas en el hecho de ocupar la quebrada los arraigan al lugar y, por lo tanto, lo que más le interesa es que el terreno “se mantenga en la familia”: “Yo he conversado con mi hija, con mi hijo y con mi yerno, que lo que yo quiero es que todos ellos se instalen a vivir aquí, incluso mis nietas, porque esa es la mentalidad que yo tengo, que esto no se pierda. Porque como le explicaba y se lo he explicado a mis hijos, a mí esta cuestión me costó, como se dice, ‘lágrimas de sangre’. Yo era cabro chico, entonces sé lo que es trabajar y hacer una casa; yo sé lo que nos costó a mi abuelita y a mí hacer esto y no quiero que se pierda, porque en unos años más yo me voy a morir y quiero que esto quede para mis hijos. Por lo menos en este momento yo ya estoy conforme, porque ellos (hijos) están instalados, aquí ya tienen su casa, en cualquier momento la ocupan, entonces por ese lado estoy conforme, ya que cuando yo no esté, sé que ellos se van a instalar aquí definitivamente, incluso mis nietas, pero lo principal es que esto se mantenga en la familia” (HF, hombre 65 años, quebrada Las Chanas).

Así, la mayor parte de los habitantes expresa su arraigo al lugar, en relación con aquello que ellos construyeron, es decir, por la manera en que ellos se apropiaron y por la forma de 186


visualizarlo como un patrimonio transferible a sus hijos. La señora Cristina menciona que si bien sus dos hijos mayores ya poseen un terreno, su hijo menor no tiene nada, por lo tanto, ella quiere legarle esta herencia. Ella nos cuenta: “Lo que yo quiero es que esto quede para mis hijos, incluso yo pienso hacerle el papel notarial, porque si algún día a mí me pasa algo, mi hijo no tiene casa, el menor no tiene casa, los demás tienen su casa su terreno, y él no. Un día le dije: oye Javiercito, yo voy a hacerte los papeles y vas a tener que acompañarme porque tienes que firmar y me dijo no mamá, porque cómo sabe si yo me muero primero que usted y después usted queda sin casa y no, pues, le contesté, porque en el papel va a decir que una vez que yo muera esto te queda a ti. Y lo voy a hacer porque no lo he hecho, porque él no quiere, pero lo voy a hacer igual. Claro, porque mi hijo no tiene terreno, casa, nada; él vive con una persona no más, pero no tiene casa” (HF, mujer, 71 años, quebrada Las Cañas).

La señora Lucinda estima que haber regularizado su terreno le permitió tener un lugar donde vivir, que no hubiera obtenido de otra forma, y es lo que más valora. “Esto yo lo regularicé porque es lo único que tengo y quiero dejárselo a mis hijos o a mis nietas, porque uno nunca sabe. Por ejemplo, yo que no tuve una buena educación para buscar un buen trabajo, para pagar un arriendo no me da y entre que andar de allegada o tener algo aunque sea chico y estar tranquila, mejor tener algo propio, entonces yo prefiero vivir aquí en algo propio” (HF, mujer, 58 años, quebrada Las Cañas).

Sin embargo, también existe el sentimiento contrario, que se expresa como un rechazo hacia lo que representa el hecho de haber vivido una toma, así como los esfuerzos y dificultades implicadas en el proceso. Es una negación que genera una contradicción, ya que, por una parte, se percibe la toma como la única solución ante la falta de vivienda y, por otra parte, se visualiza la toma como una forma de acceso a la vivienda no deseada para las generaciones futuras. Se visualiza que las futuras generaciones debiesen superar aquello que lograron los padres, esperando que no se queden en la quebrada, sino que, por el contrario, “salgan” de ella para buscar nuevas oportunidades. Con respecto a esto, solo un entrevistado expresa esta opinión, pero la consideramos igual de válida que las anteriores. Don Héctor, quien llegó a la quebrada Las Cañas después del terremoto de 1985, por medio de una invitación de sus suegros, considera 187


que las dificultades que él y su esposa afrontaron para conseguir un terreno mediante una toma hasta obtener su título de dominio, es un sacrificio que no quiere que se repita con sus hijas. Él señala que los esfuerzos realizados fueron, justamente, para que sus hijas no vivan la misma situación y puedan optar a mejores posibilidades. También destaca el hecho que sus hijas hoy en día son estudiantes universitarias y que, por lo tanto, lo que hoy él posee no lo considera como un patrimonio trasmisible a sus hijas, pues siente que ellas deben superar esa forma de vivir y deben optar a algo mejor. “No, para mí no es la herencia de mis hijas; la idea es que ellas, una vez que entren a trabajar, tienen que comprarse su casa, ir a otro lugar, a lo mejor donde estén más cerca del plan o una cosa mejor, porque, si no van a mejorar (la quebrada), de qué les sirve seguir aquí. No, mi casa la hice para criarlas a ellas, pero por algo yo he luchado por darles la universidad para que ellas prosperen y salgan de acá y vivan en otra parte mejor; que ellas decidan dónde vivir pero no acá, porque no es la idea que críen a sus hijos aquí. Por algo yo luché para darles estudios para que salgan de acá” (HCRF, hombre, 51 años, quebrada Las Cañas).

Este rechazo puede ser producto de las dificultades y problemas implicados tanto en la apropiación del sitio como en los procesos de construcción y consolidación de la vivienda. Los significados y representaciones que se le atribuyen a dichos procesos sugiere que “el trauma” vivido se superpuso a las valoraciones atribuidas a la propiedad y, por ende, a la vivienda, en un periodo anterior, cuando se tenía carencia de esta última. Finalmente, la valoración de la vivienda como patrimonio y fruto del esfuerzo familiar, también se relaciona con los afectos, dificultades, tragedias, historias y eventos familiares implicados en la construcción y consolidación de esta última, lo que carga a la vivienda de un significado que va más allá de lo material, es decir, un apego a la vivienda. De esta manera, la representación de la vivienda como patrimonio y producto del esfuerzo familiar genera un apego residencial o vínculo afectivo profundo que ata a las personas con los lugares que habitan, proveyendo un anclaje que define la identidad de la familia. Los relatos evidencian estos esfuerzos, así como valoran el producto final, en tanto que resultado de sucesivas apropiaciones 188


y transformaciones que le dan sentido a la vivienda y construyen una identidad personal, residencial y comunitaria. Los procesos de apropiación, apego e identidad con la vivienda y con el entorno demuestran los sentimientos y evaluaciones positivas que poseen los habitantes hacia ellos. En relación con esto, la señora Ximena y su hija Silvana, en sus relatos, nos revelan dos cosas: primero, el apego que poseen hacia sus viviendas y, segundo, los esfuerzos que implicó su construcción. Ellas nos cuentan: Silvana:“Uno se queda aquí más por el cariño, por los años, que uno lleva acá, los esfuerzos que costó estar acá; entonces que empieces de a poquitito y que después veas tu casa como tú la queris, la tenis modificada como uno quiere, entonces igual como que uno le tiene cariño y se aferra a esas cosas, porque que te costaron. Imagínate, mi mamá perdió hasta una guagua aquí, entonces los recuerdos que le quedan de acá, eso es lo difícil” (HCRF, mujer 21 años, quebrada Las Cañas). Ximena:“Esta casa la hicimos nosotros, no la regalaron, no, la hicimos nosotros, era la pieza que esta allá adentro (señala la última pieza al fondo de la casa), esa es la primera que hicimos, después hicimos esta, que aquí fue donde yo perdí una guagüita de cinco meses, porque, como se llama, ayudando, porque había que acarrear ripio, había que picar y todo lo que picábamos nosotros lo echábamos con el cemento, para echar abajo y hacer el radier y todo, y acarrear el ripio, esa cuestión del cemento hacer mezcla, y yo ayudando con los tarros así que yo estaba embarazada po’, y ahí perdí la guagüita de cinco meses [...] eso fue en el 84[...]. Aquí, toda la gente que viene para acá dice ¡qué bonita tu casa!, siempre, o vienen los dibujantes (estudiantes de arquitectura) y se ponen allá abajo y empiezan a dibujar la casa. Me dicen me gustó su casa, estamos dibujándola, o la dibujan de allá al frente (ladera de enfrente, [...]. Es que cuando uno le pone cariño a las cosas, queda bonito (agrega su hija) [...]. Siempre estamos arreglando, que esto, que esto otro, imagínate que antes andábamos recogiendo latas hasta en Playa Ancha, con eso te digo todo, andábamos recogiendo donde pillábamos, ¡oye, mira, hay una puerta ahí!, traigámosla, que nos puede servir para esto; oye, mira, hay unas latas, total que después las pintábamos, las arreglábamos, y así, poquito a poquito, todos hemos cooperado, y mis hermanos” (CRF, mujer, 51 años quebrada Las Cañas).

De igual manera, la señora Doraliza dice que luchó tanto porque quería tener algo propio; valora sus esfuerzos en términos que ella es propietaria y que, por lo tanto, tiene algo de dejarles a sus hijos.

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“Nosotros no teníamos terreno y teníamos que pagar arriendo, y en esos años el arriendo era caro, no se ganaba mucha plata como para pagar arriendo, así que dije yo esto no es conmigo, entonces dije, yo voy a trabajar para tener lo que es mío. Tener este terreno me costó mucho sacrificio, ellas (hijas) estaban chiquititas y yo me iba a trabajar al canal Beagle68, mi patrona me pagaba la locomoción, pero yo me iba y venía a pie a la casa y así yo guardaba esa platita para la comida y el sueldo lo ocupaba para construir” (HF, mujer, 78 años quebrada Las Cañas).

Wiesenfeld menciona que los recuerdos que implican la participación en la autoconstrucción de la vivienda propia, se guardan y atesoran “como parte de la memoria constructiva y contribuye a incrementar el afecto por la vivienda y la sensación de logro por su obtención. El orgullo con la vivienda también se expresa en el deseo de preservar su imagen a fin de que perdure en el tiempo” (2001: 302). La vivienda es estimada, inicialmente, por su valor material —como objeto—, pero por sobre todo por su valor social y emocional, ya que esto significa —en el caso de los asentamientos informales— la formalización de una tenencia y la consolidación de un patrimonio familiar, el cual obtendrá toda su cuantía en la medida que los sitios que ocupan sean regularizados. Existe, por lo tanto, por parte de los habitantes, una permanente y ponderada conciencia por los esfuerzos familiares y personales implícitos en la construcción de la casa, los cuales se traducen en una satisfacción hacia aquello que poseen, a pesar de los problemas o carencias que la vivienda pueda presentar. La significación más importante que se le atribuye al hábitat autoconstruido es la valorización del esfuerzo desplegado por la familia en el proceso de construcción, lo que implicó compromiso, prioridad, perseverancia y estima hacia el resultado obtenido. La casa puede presentar fallas materiales, sin embargo, será evaluada por lo que ella representa y no por lo que es materialmente (Turner, 1977). Por lo tanto, el hábitat autoconstruido se percibe como un logro familiar, una victoria, resultado del esfuerzo familiar. Los habitantes consideran que el trabajo, el tiempo y los medios económicos invertidos son superiores a toda carencia o deficiencia que sus viviendas puedan presentar. Esto no significa que se conformen, ya que la vivienda se concibe como un bien que siempre puede mejorarse. 68

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Barrio de la ciudad de Viña del Mar, situado a 16 kilómetros de la quebrada Las Cañas


3.0- Representaciones sociales que poseen los habitantes de las quebradas en relación a sus viviendas. Los relatos de los habitantes contienen variadas representaciones y sedimentaciones de imágenes que se han consolidado en el tiempo. Estas representaciones son transmitidas por medio de la oralidad, mediante nombres y adjetivos específicos que cualifican y describen su lugar de morada. Cada una de las representaciones tiene relación, primero, con las características constructivas y estéticas de la vivienda y, segundo, a partir de las experiencias, memorias, saberes y territorios experimentados por cada uno de los habitantes. La casa, en cuanto forma construida y simbólica, refleja la identidad de sus ocupantes, de su agenciamiento, relación y negociación con aquello que la rodea; la casa expresa la figuración que sus constructores poseen con respecto a la idea de una casa. De esta manera, entendemos que las representaciones sociales son “una manera de interpretar y de pensar nuestra realidad cotidiana, una forma de conocimiento social” (Jodelet, 1986:473), y una expresión de la visión de mundo (Rapoport, 1972). Es por ello que existen variadas representaciones —en cuanto que variadas visiones de mundo existan— y por lo tanto, diferentes figuraciones e imágenes que son vehiculadas por medio de las palabras. En las quebradas, cada habitantes y/o familia, a partir de su experiencia personal y/o colectiva, re-traduce la representación que posee de sus vivienda a una imagen particular, representación que le otorga una significación única. Es así que las palabras que definen y caracterizan la vivienda autoconstruida en las quebradas, nos revelan las diferentes visiones de mundo que poseen los habitantes y cómo estas visiones terminan formalizándose como un símbolo de su identidad social y constructiva. Cada persona o familia le asigna un nombre diferente a su casa en función de la representación e imagen que posee de su propia vivienda y de la de los demás; así, en forma comparativa, evalúan sus viviendas a partir de una sola palabra.

3.1- Diferentes acepciones para la palabra “casa”.

La casa, para los habitantes de las quebradas, posee distintas acepciones. Esta pluralidad guarda relación con las 191


representaciones sociales que poseen los habitantes de sus viviendas y con la naturaleza evolutiva y fragmentaria de la casa en la quebrada. Para la mayoría de nosotros, una casa es un lugar configurado a partir de diferentes espacios definidos por una forma y una función específica, para ser habitada por una persona o una familia. De esta manera, el concepto “casa” lo asociamos a una forma finita, que puede encontrar su identidad mediante un estilo arquitectónico específico, por el uso de materiales diversos, por las dimensiones que la casa posea y/o por el lugar y contexto donde esta última se erija. Sin embargo, contrariamente a esta idea genérica de la casa, para los habitantes de las quebradas de Valparaíso, el concepto “casa” contiene variadas representaciones que se asocian, directamente, con la apropiación socio-espacial y con la construcción social de un territorio desestimado, inhóspito e indefinido por la norma urbana, como son las quebradas de Valparaíso. De esta manera, para los habitantes de las quebradas, la representación de una casa acabada, terminada, finita, perfecta, con espacios diferenciados, es una idea o representación que sólo ocurre en los sueños y proyectos de las familias; es una idea o una noción ajena a su realidad. Las representaciones que tienen los habitantes de las quebradas en relación con la casa, son las de una casa inacabada, incompleta y en base a una construcción evolutiva y fragmentaria, pero es también una casa idealizada, que a veces se dibuja desde los ideales habitables reconocidos para ser digna de ese nombre y para identificarse con los demás. Sin embargo, antes de identificar y definir cada acepción utilizada por los habitantes de las quebradas para definir sus casas, debemos señalar que la más empleada es la palabra “casita”, vocablo que deviene de la conjunción entre la palabra “casa”69 con el sufijo “ita”. El sufijo “ita” o “ito, (del latín. vulg. -īttus) es un sufijo que expresa un valor diminutivo o afectivo (RAE, 2011)70. Por lo tanto, la palabra «casita» establece una doble acepción: una formal, relativa al pequeño tamaño de la vivienda, y otra emocional, que define el apego sentimental que el usuario 69 La definición de casa en Chile, según el glosario censal, define como casa “toda construcción permanente con entrada directa desde la calle, jardín o terreno (chalet, casa pareada, casa de cité, pabellón, casa al interior, etc.)” (Glosario censal, 2002) En esta definición no queda explícitamente definido si una casa es de carácter unifamiliar o multifamiliar. Según el diccionario RAE, casa designa un lugar destinado a la habitación unifamiliar. 70 En ciertos casos, el sufijo “ita” o “ito” toma la forma de “ecito”, “ececito”, o “cito”. Solecito, piececito, corazoncito, mujercita. (R.A.E, 2011). http://lema.rae.es/drae/?val=ita

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manifiesta hacia su vivienda. De esta manera, encontramos en los relatos diferentes acepciones que definen esta noción de casa, acepciones que están directamente relacionadas con las experiencias vividas por cada habitante y sus familias. Frente a esta multiplicidad de significados se distinguen claramente tres grandes grupos: primero, aquellos ligados o provenientes desde el mundo rural; segundo aquellos que se definen en relación con una situación de emergencia y, finalmente, aquellos que definen la casa desde sus características formales, estructurales y/o materiales. a) Rural: encontramos las palabras «rancho», «ranchito», «choza», «chocita», «casa quinta», «casita quinta». b) Emergencia: encontramos las palabras, «pieza», «piececita», «cuarto», «cuartito», «mediagua», «mediagüita». c) Forma y estructura: En este grupo de acepciones encontramos la palabra “chalé” “casa con balcón”, “casa de acero”, “casita de madera”, “mi casita tipo A”, “la casita del muro de piedras”. Un claro ejemplo de la diversidad de palabras que se utilizan en Chile para designar el lugar de habitación, queda evidenciado en el glosario del Censo Nacional, donde se incluyen las palabras mejora, mediagua, pieza, casa antigua o conventillo, rancho, choza, ruca, vivienda, vivienda colectiva pública y vivienda privada. Esto permite definir con mayor precisión las diferencias formales y constructivas que posee la vivienda en Chile, lo cual influye directamente sobre la caracterización socioeconómica de las familias. Nos parece relevante mencionar esto, ya que en las quebradas de Valparaíso este fenómeno de variadas acepciones para la palabra casa se revela en los relatos de los habitantes, lo que evidencia una verbalización de la idea y percepción que poseen de sus viviendas, así como de las representaciones que cada una de estas verbalizaciones vehiculan. En el caso de los habitantes de las quebradas de Valparaíso, hemos reconocido tres grupos de representaciones, cada una de los cuales está ligada a más de una imagen, objetivadas mediante diferentes palabras que contienen un significado social y un significado constructivo. Estos tres grupos reconocidos son: representación de la casa en relación con una imagen campestre en la ciudad; representación de la casa en relación con una imagen de emergencia; representación de la casa en relación con una imagen desde las características constructivas y materiales. 193


4.0- Representaciones sociales en torno a la idea de la casa. Se reconocen representaciones ligadas al fenómeno de migración campo-ciudad, lo cual implicó, consciente o inconscientemente, una transferencia de un modo de habitar y de una estética precisa, bien que esta última no haya sido reproducida de manera íntegra en la quebrada. Representaciones sujetas a la acción de dar solución rápida frente a una situación de emergencia producida por un hecho catastrófico o a la necesidad básica de abrigo, debido a la falta de medios económicos para la obtención de una vivienda por otros medios. Y, finalmente, representaciones definidas en relación con las características y cualidades constructivas de las viviendas, lo que hace que las familias diferencien sus casas en relación con aquellas de sus vecinos. Los tres grupos de representaciones son: a) Representaciones en relación con una imagen de emergencia. b) Representaciones en relación con una imagen campestre en la ciudad. c) Representaciones en relación con las características arquitectónicas y/o materiales Por lo tanto, cada representación conlleva una significación social y una espacial. La significación social determina una posición social, una situación económica percibida por el usuario y por los otros; y la significación espacial implica un tipo arquitectónico particular que ayuda a construir la identidad de la vivienda con respecto a las otras, y refleja los saberes-hacer movilizados.

4.1- Representaciones en relación con una imagen de emergencia.

“Cuando nosotros empezamos a vivir aquí nos hicimos una mediagua” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Este primer grupo de representaciones es el resultado de una unidad habitable primigenia, la cual, en el futuro, podrá devenir y transformarse en una casa. En este grupo encontramos las palabras “pieza”, “piececita”, “cuarto”, “cuartito”, “mediagua”, “mediagüita”. Cada una de estas acepciones nos reenvía a la idea de una casa, como una unidad inicial, y es considerada por los habitantes como una parte incompleta y en evolución que 194


sufrirá sucesivas modificaciones en la medida de las posibilidades económicas de la familia. Cada una de estas acepciones nos reenvía a la idea de casa, como una parte de lo que podría llegar a ser. Hemos definido estas representaciones como el primer grupo, porque están presentes en cada uno de los treintaiún relatos recogidos, es decir, estas acepciones son utilizadas por las personas para definir sus viviendas en algún momento de sus relatos. Debido al hecho que la mayoría de las viviendas autoconstruidas en las quebradas comienzan a partir de un primer fragmento mínimo, suficiente para dar cobijo a la familia y para asegurar la” tenencia” del sitio ocupado, fragmento que luego evoluciona y se transforma progresivamente en una vivienda más consolidada. De esta manera, podemos afirmar que las representaciones sociales que poseen los habitantes de quebradas con respecto a sus viviendas evoluciona de la misma manera que lo hace materialmente la vivienda. Una familia que llega a ocupar un terreno en una quebrada lo hace, básicamente, porque carece de los recursos económicos necesarios para comprar o arrendar una casa en otro sector de la ciudad. Es por ello que la primera representación que poseen los habitantes de las quebradas con respecto a sus casas, tiene relación con el hecho de afrontar y dar una solución a la situación de emergencia de “no tener un lugar donde vivir”. Desde esta perspectiva, la solución habitacional autoconstruida por los habitantes se concibe como elemental, rápida y teniendo como objetivo principal cubrir la necesidad básica de abrigo y no así la de confort, de tamaño, ni de belleza de la vivienda. Emergencia, según el diccionario RAE (2010), 71 significa: “Que se lleva a cabo o que sirve para salir de una situación de apuro o peligro” . En el caso de los habitantes de las quebradas, la casa como solución frente a una emergencia está definida principalmente por el hecho de dar solución inmediata a la carencia de habitación. Esta carencia puede tener dos orígenes: la falta de recursos económicos de las familias de las quebradas o puede ser suscitada, repentinamente, por algún evento imprevisto de origen natural, como por ejemplo, terremotos, inundaciones, derrumbes e incendios. Así, las representaciones asociadas a una situación de emergencia, 71

http://lema.rae.es/drae/?val=emergencia

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que sirven como solución para salir de la situación de apuro de “no tener un lugar donde vivir”, se explicitan en los relatos mediante las siguientes palabras: «pieza», «cuarto» y «mediagua». Cada una de estas acepciones nos reenvía a una representación de una “casa” que es inacabada, incompleta, que solo es una parte de algo y, al mismo tiempo, sus diminutivos «piececita», «cuartito» y «mediagüita», denotan el tamaño reducido de los recintos y el cariño implícito que poseen sus habitantes por los lugares que habitan72. De forma general, una “casa” es un conjunto de piezas o de lugares, los cuales poseen una especificidad en relación con la función y con las acciones que acogen. Una casa está compuesta, al menos, por uno o más dormitorios, un salón, un comedor, un baño y una cocina. Sin embargo, cuando los habitantes de las quebradas recién comienzan a construir sus viviendas, esta idea de “casa” genérica es una noción lejana. Por el contrario, la casa autoconstruida está compuesta, inicialmente, a partir de un solo recinto, una pieza, una mediagua o un cuarto, como un lugar fundacional y multifuncional donde se despliegan todos los acontecimientos de la vida cotidiana. De esta manera, la casa-pieza, como podríamos llamarla es, a la vez, dormitorio, cocina, comedor, salón, y el baño habitualmente se encuentra afuera de la pieza. Es decir, la casa autoconstruida es inicialmente solo un “germen inachevé de una casa”, como primer fragmento de lo que esta última podría llegar a ser en un futuro a partir de las posibilidades económicas y proyectos de cada familia. Es decir, esta representación está directamente relacionada con la naturaleza evolutiva de la vivienda autoconstruida, ya que es muy poco probable que una familia que se traslada a una quebrada construya de A a Z o de una sola vez su casa. Es decir, la casa nace a partir de una construcción fragmentaria y solo se concibe como un proceso evolutivo. Con respecto a esto, Nelson Arellano, quien realizó un estudio de las tomas de terrenos en los sectores altos de la ciudad de Viña del Mar, menciona que “la noción de la autoconstrucción en esta cultura urbana popular es de resolución en plazos y tiempos adecuados al propio ritmo y dinámica de cada familia. No está prevista una solución inmediata y absoluta, de un solo golpe, pues hay pasos que seguir: la adquisición del terreno, 72

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Recordemos que el sufijo “ita” o “ito”, tiene un valor diminutivo y afectivo.


la habilitación del terreno, la construcción de las primeras piezas, lo que marcha muchas veces al ritmo del crecimiento de la familia, se van haciendo los mejoramientos y las terminaciones en la medida que hay recursos” (2005:79). Esta representación está presente en todos los relatos, incluso si las viviendas presentan un estado de consolidación más avanzado. Sin embargo, esta aún más presente en aquellas familias o personas que recibieron una mediagua por parte del Estado, de alguna ONG, como una donación y solución ante la carencia de vivienda o en vista de la mala calidad de sus viviendas. Así, esta representación que hace referencia a la forma primigenia de la casa en la quebrada está presente en la totalidad de los relatos recogidos, ya que si bien hoy en día muchos de los habitantes poseen otra representación de sus casas en vista de las diferentes evoluciones que estas han tenido, cada vez que se refieren a los primeros años después de su llegada a la quebrada, hablan de sus viviendas a partir de los términos antes citados. Es decir, una casa como pieza, mediagua o cuarto, un fragmento de casa “inacabada”. Berenstein, refiriéndose a la autoconstrucción de las favelas de Río de Janeiro, dice que: “Lo inacabado se impone, el orden es incompleto y cambiante. Es un movimiento in-crescendo hacia la concreción de algo diferente, la incertidumbre de un avenir y la sugestión de numerosas posibilidades de progresión. Lo inacabado incita a la exploración, al descubrimiento” (2002:78). Desde esta perspectiva, lo inacabado en los procesos de autoconstrucción progresiva, es el resultado de los consecutivos y variados agregados que se realizan al habitáculo inicial (mediagua y/o pieza), hasta que devenga en una construcción compleja y que pueda ser mencionada por sus habitantes como una “casa”. Este crecimiento progresivo es lo que da origen a los Conjuntos Residenciales Familiares (CRF), como lo veremos en el subcapítulo 5. En relación con esto, la señora Ximena, quien habita en un CRF, menciona que, al comienzo, su casa era una “piececita chiquitita”, que luego, junto a su marido y hermano, fueron modificando poco a poco. Ella dice: “Yo llegué… el niño tenía 2 años, a los 17 tuve al niño, y aquí empezamos con esa “piececita chiquitita” que esta allá adentro, de a poquitito, pidió un préstamo mi marido, hicimos esa piececita. Teníamos todo, teníamos la cocina todo ahí, antiguamente no había baño, muchos años que no tuvimos baño, todo se tiraba a la quebrada y todo abierto, dormíamos con los niños abierto, toda

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la parte de arriba esta, y así de a poquitito, de a poquitito, fuimos comprando una planchita después otra y así todo de a poco, y así nos fuimos aumentando, aumentando para arriba” (HCRF, mujer, 51 años, quebrada Las Cañas). Así, cuando los habitantes se refieren a la primera etapa de

construcción de sus viviendas, comienzan diciendo: “cuando empezamos”, “al principio”, “cuando llegamos”, dejando implícita la idea de que la construcción ha sido un proceso y que hoy consideran que el habitáculo inicial ha evolucionado y se ha transformado en una casa. Con respecto a esto, la señora Cristina nos cuenta que ella comenzó su casa con una pieza: “mi mamá me tiró para acá, yo quería aquí al frente, pero mi mamá me dijo no, ‘hacete’ allá una pieza, y aquí empecé yo, con una pieza, después empecé con dos piezas y después al final por el terremoto (1965) la pieza se hundió y tuvimos que desarmar todo y hacer una nueva” (HF, mujer 71 años, quebrada Las Cañas).

La señora Valeria se refiere, de igual manera, a la etapa inicial de construcción, diciendo que ella empezó con una mediagua. Sin embargo, cuando la señora Valeria habla del estado actual de su vivienda, ya no la describe como una mediagua, sino que dice que es una casa. Ella afirma: “Cuando nosotros empezamos a vivir aquí nos hicimos una “mediagua”, que si no me equivoco, era de 6x2, súper chiquitita, no teníamos agua no teníamos luz, no teníamos alcantarillado, ninguna cosa […] mi casa con los años la hemos ido mejorando, ahora mi casa es grande, es bonita y lo único que falta es ponerle las puertas a los dormitorios de mis hijas” (HD, mujer, 37 años, quebrada Las Rinconada).

La casa de la señora Valeria tiene, actualmente, una superficie de 80m2, es decir, desde la mediagua inicial esta se ha incrementado en 68m2. Ella considera que su casa alcanzó un nivel evolutivo que es satisfactorio para ella y su familia. Por su parte, la señora Trinidad nos cuenta que ella comenzó su casa con una pieza, luego compró una mediagua y, finalmente, la agrandó por cada uno de sus costados con una pieza. Ella dice: “Antes había solo una pieza y se le vino el cerro abajo y tuvimos que empezar de nuevo. Esta es una mediagua que compramos, y después nos agrandamos para cada lado, para allá y para acá, este es el sector más firme para construir, porque está alejado del cerro” (HF, mujer, 54 años, quebrada Las Rinconada).

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Finalmente, podemos decir que esta representación es común a todos los habitantes en el proceso inicial de apropiación de la quebrada. Representación que aún se mantiene de forma predominante en la quebrada Las Rinconada, lo cual está directamente relacionado con el nivel de consolidación primario de esta última. A diferencia de la quebrada Las Cañas, de consolidación terciaria, la mayoría de las viviendas muestran un nivel evolutivo que ha transcendido esta representación inicial. El habitáculo inicial ha perdido su forma primigenia de pieza, cuarto o mediagua para devenir en otra cosa que puede ser homologable a la idea genérica de casa que todos poseemos, pero con una estética particular.

4.2- Representación de la casa en relación con una imagen campestre en la ciudad. “Aquí, señorita, esto eran puras rancherías73” (HD, mujer, 57 años, Quebrada Las Rinconada).

En Valparaíso, la migración campo-ciudad, desde la segunda mitad del siglo XIX, implicó un traslado y una superposición de culturas, desde el mundo rural al mundo urbano, por lo que se reprodujo un modo de habitar campestre en la ciudad. En este grupo de representaciones encontramos las siguientes acepciones: rancho, ranchito, choza, chocita, casa quinta, casita quinta74. Este grupo de representaciones relacionadas con el fenómeno del éxodo rural, implicó una recomposición de la forma de habitar en ranchos, casas quintas y chozas, en la ciudad. Acepciones que se definen por una forma y un programa de arquitectura preciso, donde la “choza” es el hábitat menos desarrollado y la casa quinta es la más evolucionada. Este grupo de apelativos aparece en una recomposición consciente de la vivienda rural en el imaginario urbano, reconstruido y reinterpretado en la ciudad. Así, la representación se construye en relación con la 73 Rancherías: Proviene de rancho. Conjunto de ranchos. 74 Rancho: Lugar fuera de poblado, donde se albergan diversas familias o personas. Rancho de gitanos, de pastores. O granja donde se crían caballos y otros cuadrúpedos. En Chile se utiliza el término rancho para definir los patios donde son criados los puercos, los caballos, las vacas, los conejos, las gallinas, etc... Ranchito: Diminutivo de rancho que denota cariño y pequeñez. Casa quinta: Casa de recreo en el campo, cuyo arriendo solía ser la quinta parte de la recolección de los frutos. O casa con antejardín, o rodeada de jardines. O Huerta de extensión variable dedicada al cultivo de hortalizas para el consumo familiar o con fines comerciales. Casita quinta: Diminutivo de Casa quinta. Choza: Construcción rústica pequeña y tosca, de materiales pobres, generalmente palos entretejidos con cañas, y cubierta de ramas, destinada a refugio o vivienda de pastores, pescadores y gente humilde. O casa pobre con techumbre de ramas o paja, fuera de poblado. Chocita: Diminutivo de Choza. El glosario del censo nacional agrupa el Rancho y la Choza bajo la misma definición, y señala que el rancho o choza con una construcción típicamente rural con materiales ligeros (barro, totora, pirca, etc.).

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superposición de experiencias anteriores a la memoria y están ligadas a las trayectorias residenciales de las familias y, por ende, a una transposición cultural y de modos de vivir. Alicia Lindón señala que la casa, por sí sola, también lleva consigo una memoria que está asociada al habitante y a su existencia, “pero es una memoria compleja, no es sólo de lo vivido allí, sino también de lo que se ha vivido en otras casas, pero que entra en el juego de las analogías y contrastes permanentes. Al mismo tiempo, la protección de la casa hace que en ella también se incluya lo que su habitante proyecta en un horizonte futuro, y no solo su pasado y presente” (Lindón, 2005:7). En esta situación encontramos el relato de la señora Doraliza de la quebrada Las Cañas (HF, mujer, 78 años), quien llegó a la quebrada, en 1952, en busca de trabajo desde Santa Juana, comuna de la VIII Región al sur de Chile, que en esa época era un pueblito rural. En este contexto, la imagen que la señora Doraliza posee de su vivienda es una imagen que proviene de la memoria, de su lugar de origen, donde existían grandes fundos agrícolas o latifundios75, cuyos propietarios daban alojamiento a los campesinos a cambio de cultivar su propiedad. “Yo vivo acá, señorita, desde el año 1952, hace más de 40 y tantos años. En ese entonces vivíamos en una “chocita”. […] después yo me preocupé de plantar arbolitos, porque por aquí no hay ninguna otra casita que tenga “una casita quinta”, ¡esta es la única! Yo iba plantando siempre de a poquito arbolitos, nacía un hijo y yo plantaba un árbol, nacía un nieto y yo plantaba otro; con el nacimiento de cada hijo y de cada nieto, yo planté un árbol, entonces todos esos arbolitos ahora me dan su fruto, la tierra que tengo allí yo la siembro, me sirve para plantar papitas, acelgas, zanahoritas, porotos y así yo voy sacando las cositas que necesito” (HF, mujer 78 años, quebrada Las Cañas).

Aquí podemos ver que un lugar puede causar la reminiscencia de otro lugar, ya que las personas movilizan sus prácticas en relación con sus experiencias pasadas. La señora Dolariza, al nombrar su casa como una “casa quinta”, revela una representación que transpone dos realidades: su experiencia de un pasado rural, donde reinterpreta y reconstruye su estilo de vida, a partir del hecho de haber vivido en una casa quinta; y su experiencia actual de vivir en una quebrada urbana, pero con características 75 El sistema latifundista consistía en grandes propiedades agrícolas que eran propiedad de algunos y que eran explotadas con mano de obra barata, por campesinos que no recibían un salario por cultivar las tierras, sino que solamente obtenían un lugar donde vivir.

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paisajísticas que le evocan el campo. De esta manera reinterpreta el espacio urbano y reproduce su propio fragmento de ruralidad en la ciudad. En el transcurso de su relato, la señora Doraliza utiliza dos palabras opuestas que definen y representan su casa. Cuando se refiere al pasado y a su llegada a la quebrada, define su casa como una “chocita”, refiriéndose al carácter precario de su vivienda. Y luego, cuando habla del presente la define como una “casita quinta”, diminutivo de “casa quinta”, mencionando los árboles y huertos que ella ha plantado y las características estéticas de su vivienda y del entorno. Debemos aclarar que la casa de la señora Doraliza, en estricto rigor, no es una casa quinta, no responde a las características estéticas, ni programáticas, que definen una casa quinta convencional. Estas dos acepciones, “ranchito” y “casita quinta”, por una parte llevan consigo una evaluación emocional al utilizar en ambas los sufijos “ito” e “ita”, los cuales, por definición, denotan el apego y el cariño que la señora Doraliza posee por su vivienda. Y por otra parte, evidencian las transformaciones materiales que ha sufrido la casa, subrayando con esto una evaluación positiva que implica un proceso de superación personal y familiar, en términos sociales, espaciales y económicos. De esta manera, las representaciones que poseen los habitantes de las quebradas en relación con sus viviendas, tienden a evocar otros lugares. Lindón señala que “entre un lugar y otro se da una relación de co-presencia. El sentido de un lugar evoca el sentido de otro lugar” (Lindón, 2007:34). Antoine Bailly (1989) señala que “En un entorno histórico y socialmente dado, el individuo construye su propia realidad articulando lo estructural, lo funcional y lo simbólico; (...) el paisaje nos remite a nuestra experiencia existencial; cómo se articulan lo real y lo imaginario en cada lugar” (Cit. en Lindón, 2007:9). Así, esta imagen campestre o rural que poseen los habitantes de las quebradas se refuerza con todas las actividades y oficios que sucedían y se desarrollaban históricamente en las quebradas76, 76 Dos de las actividades más importantes que se desarrollaron históricamente en las quebradas de Valparaíso, fueron las realizadas por los aguateros y por las lavanderas. Ambos oficios tradicionales de las quebradas de Valparaíso. Los aguateros eran personas que se dedicaban al transporte y venta de agua en Valparaíso. Su labor era buscar agua en las vertientes de las quebradas de Valparaíso y llevarla a los domicilios y plazas públicas de la ciudad, en dos barriles transportados por caballos o burros. A finales del siglo XIX, según Vela-Ruiz, existían 638 aguateros en Valparaíso. La lavanderas, por sus parte, era mujeres que trabajaban lavando ropa, y se surtían de agua en las quebradas. Según el Censo de 1875, el sindicato de lavanderas de Valparaíso contaba con la participación de 6.399 socias, uno de los sindicatos más numerosos de la ciudad.

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los que han construido un imaginario urbano ligado a una imagen campestre en la ciudad. Según los habitantes, vivir en una quebrada es como vivir en un pedazo de campo, pero en medio de la ciudad. La señora Ana, de la quebrada Las Chanas (HF, mujer, 75 años), nos cuenta que su casa era una quinta, porque tenían plantaciones de árboles frutales, un huerto, flores, e incluso tenían animales, vacas y burros. Y agrega que el agua de la quebrada era limpia y la utilizaban para el regadío, por medio de unos canales que su padre había construido. “Yo llegué aquí a los tres años y tengo 75. Llegué con mis padres, éramos cuatro hijos y fuimos diez, aquí jugábamos mucho [...] mi padre era de un pueblo del sur (de Chile) que se llama Nirivilo, en Constitución. [...] Para el terremoto de 1906, dice que se vino a Valparaíso porque su papá trabajaba en construcción, y aquí en Valparaíso quedó todo botado, entonces mucha gente emigró, y así llegaron al Cerro Mesilla a vivir con sus padres y después casado se vino para acá, en el año 1939. [...] Esto antes era una quinta, [...] son 5.600m², algo por ahí, aquí ya había una casa, era una casa de dos pisos, era de adobe, y era una casa bien grande. [...] Aquí se plantaba de todo, ¡de todo!, mi papá contrataba a un señor que tenía un arado, él araba, y mi padre plantaba las papas, los porotos, las cebollas, las lechugas, los rabanitos, las acelgas, los tomates. Teníamos arboles [...] habían tunas, habían higueras, habían limones, habían naranjos, habían d u r a z n o s , bueno al final se acabó todo, porque en esa época teníamos el cerro para nosotros, pero después de cada terremoto que ha habido, la gente viene buscando donde hay un pedazo de tierra. [...] Y ahora han hecho tantas casas por esto de la tierra, la tierra, la tierra, y ya no tenemos agua, tampoco para regar porque antes se regaba con el agua de la quebrada, eran aguas limpias, ahora no se puede sacar ni una piedra de ahí, usted termina toda contaminada.[...] Ahora no hay nada, si esto era una belleza, corría un río muy bonito, se sacaba arena, se sacaban piedras, habían taguas, habían guairabos, ranas, muchos tipos de aves, todo bonito, precioso, el agua era limpia, unas piedras azules de cantera [...] aquí nosotros jugábamos, otros niños venían a bañarse en los pozones.[...] Ahora, mi hermano se ha dedicado a plantar, pero es chiquitito, un pedacito no más, son sólo unas cuatro matas de tomates” (HF, mujer, 75 años, quebrada Las Chanas).

Incluso esta imagen de casa quinta no sólo la poseen las familias que viven en una “casa quinta”, sino que también sus vecinos. Don Juan, de la quebrada Las Chanas (HF, hombre, 65 años), al referirse a la casa de su vecina Ana, dice:

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“Allá, todo lo que usted ve, todo eso tiene dueño, es una “quinta” para allá, todo ese terreno donde están los árboles, pertenece a esa gente de esa “casa quinta” que está ahí, ellos tienen hasta allá atrás, hasta la quebrada de allá atrás, ellos son propietarios [...] eso es una quinta eso para atrás, los cabros son varios ellos ahí, la familia” (HF, hombre, 65 años, quebrada Las Chanas).

Por otra parte, la palabra rancho y su diminutivo ranchito, también explicitan esta imagen de casa campestre en la ciudad, pero al contrario de la casa quinta, que implica un terreno vasto, con una gran casa y plantaciones de árboles frutales y huertos, la palabra rancho y/o ranchito, en cuanto a su aspecto formal, transmite una imagen de extrema precariedad de la vivienda, y es utilizada por sus propios moradores, porque sienten que viven en una casa a medio hacer y medio abierta, sin terminar. La señora María Cristina, cuando habla y presenta su vivienda, dice “este es mi ranchito” (H.F, mujer, 71 años quebrada Las Cañas). Así también, don Manuel nos cuenta que cuando llegó a vivir a la quebrada La Rinconada su casa era un rancho, definiendo con esta palabra, a la vez, el carácter precario de su vivienda y la doble utilidad de esta última, ya que su familia criaba animales. Él nos cuenta: “Aquí llegamos a un “rancho” prácticamente, porque no era una casa, habían animales, nosotros, toda la familia de él, llegaron le dieron cama y todo, y para nosotros no alcanzaron las camas, así que nos dieron un pedazo en la cocina y ahí dormíamos en la cocina tirábamos la ropa de cama en el suelo y ahí dormíamos” (H.F, hombre, 80 años, quebrada La Rinconada).

En el caso de las quebradas de Valparaíso, cuando estas comenzaron a ser ocupadas mediante el hábitat autoconstruido, a mediados del siglo XIX, la vivienda contemplaba esta doble condición: dar lugar y cobijo a hombres y a animales. Evidentemente, cada uno en recintos diferenciados, sin embargo, esta imagen campestre se arraigó en el imaginario colectivo, no sólo de sus propios moradores, sino también de quienes desde fuera percibían esta forma evocativa del mundo rural de habitar, la cual, incluso en algunas quebradas, se mantiene hasta hoy en día. Con respecto a ello, la señora Valeria de la quebrada La Rinconada nos relata lo siguiente: “Antes de vivir aquí nosotros estuvimos viviendo en San Roque (cerro), entonces mi marido tenía animales y donde vivía no podía tener animales, entonces él se vino para acá. Como él es nacido


y criado acá, su mamá vive allá en la esquina. Entonces se buscó este pedazo de terreno lejos también del sector de las casas, por lo mismo, porque él tiene animales, tenemos chanchos y caballos, para atrás está lleno de corrales, son los animales que están ahí, chanchos, caballos, chivos, y ayer trajo un conejo.[…] De repente, en una fiesta, él faena uno para la casa, pero l o s tiene para venderlos […] acá hay gente que les gustan los animales del sector y andan buscando un chancho, y mi marido se los vende y se los llevan, por ejemplo en un tiempo criamos gallinas, teníamos más de 100 gallinas” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

De esta forma, al momento de concebir y construir una casa en la quebrada, en algunos casos se contempla el lugar para la familia y también se construye el cobijo para los animales. Así, el rancho define un lugar de habitación, pero también el lugar donde se desarrolla una actividad económica que otorga parte del sustento a la familia, ya que los animales se crían para ser vendidos y solo ocasionalmente para el consumo familiar. Por otra parte, este término posee un carácter peyorativo, cuando es utilizado por alguien ajeno al lugar y que mira desde afuera el fenómeno de una toma, empleando su derivación rancherío para describir un grupo de casas de origen informal y de estética precaria. Lo lógico sería llamarlos caserío ya que este sustantivo define un conjunto de casas. Finalmente, los diminutivos de cada una de las acepciones que hemos revisado, “casa quinta” o “casita quinta”, “rancho” o “ranchito” y “choza” o “chocita”, remiten al pequeño tamaño de la vivienda y expresan la afección que los habitantes le conceden a su lugar de habitación. De esta manera, en este grupo de representaciones encontramos los dos extremos de tipos arquitectónicos rurales: la casa quinta, que enuncia una imagen de confort en armonía con la naturaleza circundante y a la micro producción agrícola, en huertos familiares y, por otra parte, el rancho y la choza, que aluden a una estética precaria y a formas inconclusas de la vivienda, lugares semi abiertos, sin terminar. El espacio habitado es una representación que implica tanto los aspectos sociales y materiales. Al respecto, Alicia Lindón declara que por medio del lenguaje de la memoria se construyen discursos que circulan localmente y objetivan las experiencias espaciales (Nogué, 2007). De esta manera se descubre que la casa de la quebrada mantiene esta doble condición, de ser un lugar de habitación y a la vez 204


Figura 24: Gráfico que representa la localización y secuencia del arribo de los habitantes entrevistados en tres quebradas (Las Chanas, Las Cañas, La Rinconada).

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de micro producción, constituyéndose como una de las múltiples y variadas tipologías que aparecen en el hábitat informal, las cuales expresan un fuerte trasfondo popular y hacen referencia a la historia y a la memoria del lugar. Para los habitantes que migraron hacia las quebradas desde zonas rurales, sus experiencias pasadas y los territorios vividos constituyen una memoria que el sujeto transpone en el nuevo territorio, en este caso, esta memoria toma forma y se reconstruye en la apropiación del espacio de la quebrada y en la concepción de la vivienda, donde se superponen múltiples experiencias que permiten reconocerse en un nuevo lugar y comenzar desde cero. Esto permite al habitante construir su identidad en un nuevo territorio y arraigarse a partir de una idea conocida.

4.3- Representaciones en relación con las características arquitecturales y/o materiales

Este tercer grupo de representaciones guarda relación con las formas construidas y la estética de la casa. Estética que puede definir un tipo arquitectónico a partir de elementos arquitectónicos que le otorgan la identidad a la vivienda; sin embargo, también en este grupo reunimos aquellas representaciones que definen la vivienda desde sus cualidades materiales (precarias o no). La interacción y la cotidianeidad de las acciones sobre y con un territorio generan, como hemos dicho, una apropiación socioespacial de este último. Los habitantes le confieren valoraciones y significaciones mediante las representaciones que el territorio vehicula, constituyendo, de esta manera, una estética social, la cual Hernández define como “el conjunto de manifestaciones a través de las cuales se expresan los factores que propician el vínculo afectivo entre el hábitat y el usuario” (2007:19). Desde esta perspectiva entendemos las valoraciones que le otorgan a la vivienda los habitantes de la quebrada, así como también las acepciones que denotan el cariño que sienten hacia el lugar que habitan. Este grupo de representaciones abarca todas aquellas palabras que los habitantes utilizan como sinónimo de casa, pero que a la vez define a la vivienda desde sus características materiales y estéticas, sin bien en las dos anteriores cada palabra también vehiculaba una estética precisa, como la casa quinta y la mediagua, aquí es explicitada por sus habitantes, encontrando palabras tan específicas “chalet”, o bien frases compuestas que 206


definen la casa desde sus particularidades constructivas, como por ejemplo, “mi casita de madera”, “mi casa la del balcón”, “mi casita de adobes”, “mis cuatro latas paradas”, “mi casa de dos pisos”. En estas representaciones vemos que, por una parte, se ha superado la imagen inicial sea del tipo campestre o de emergencia, y se ha sublimado la vivienda a un nivel superior, el cual refleja una estética y una materialidad precisa. Esta forma de referirse a la casa implica un significado inmediato sobre el confort y bienestar que en ella encuentra la familia. a) A partir de la características materiales y apariencia de la vivienda b) A partir de un elemento arquitectónico que define la identidad de la vivienda, como por ejemplo: un balcón, una galería, una terraza, dos pisos, etc. c) A través de una palabra que define la totalidad de la vivienda, pero que la sublima a un nivel superior, como por ejemplo: chalet. Con respecto a las características materiales y a la apariencia de la vivienda, encontramos el relato de la señora Cristina que define su casa como sus “cuatro latas paradas”, en relación con el carácter precario, transitorio, efímero y ligero de su vivienda, y que se expresa en los materiales de recuperación que la señora Cristina utilizó para construirla. “A quien sea que me diga algo, yo tengo mis ‘cuatro latas paradas’ y esto es mío y sé que es mío y no tengo que estar pagando, ni estar arrendando, y es mío, tengo donde poder echar mis huesos, no tengo gran casa pero tengo mis cuatro latas paradas, le digo yo” (HF, mujer, 71 años, quebrada Las Cañas).

Si bien, la expresión ‘mis cuatro latas paradas’ denota una imagen precaria, el valor que la señora Cristina le confiere a su vivienda es que esas ‘cuatro latas’ le pertenecen, es decir, el valor que ella le atribuye a su vivienda no es material, sino que se relaciona con el logro personal, la propiedad y el patrimonio. Anteriormente, mencionamos que el valor simbólico de la vivienda para los auto-constructores transciende el valor material que la vivienda pueda tener, ya que las personas son más proclives a aceptar los propios errores que los errores de otros (Turner, 1977). A continuación, detallaremos un poco más dos ejemplos de representaciones que se sustentan en un tipo y en un elemento arquitectónico: la casa con balcón y la casa chalé. 207


4.3.1- La casa con balcón

“Lo que hace diferente mi casa de las otras es el balcón” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Esta representación es parte del imaginario urbano de Valparaíso; los balcones son un elemento arquitectónico típico de la casa porteña, “con sus casas colgando y sus balcones”. Con respecto a esto, Vicuña Mackenna escribe que, cerca de 1870, el corredor o balcón “era un adorno indispensable de la arquitectura peculiar del puerto” (1936:511). Así, también encontramos una referencia de esto en el sketchbook de Conrad Martens, quien dibuja, en 1834, la casa típica de Valparaíso con balcón. Hacer un balcón en voladizo es una audacia constructiva en las viviendas autoconstruidas, lo cual demuestra dos cosas: primero, que las personas no poseen prejuicios sobre qué y cómo construir, y segundo, la existencia de un saber-hacer local que se expresa en las formas construidas. La casa es una invención que se construye en el devenir de lo cotidiano. En esta lógica, el balcón es una solución frente a la ausencia de horizontalidad en las laderas de las quebradas, es el artilugio constructivo para poder tener un área exterior a la vivienda —un patio—, y es el artificio para extender progresivamente la casa. La casa de la quebrada se extiende y expande a partir de plataformas que se construyen en oposición al espacio inclinado de la ladera, transformando el espacio inclinado y escarpado en un espacio horizontal y liso. Hacer un balcón es una audacia que está vinculada con el hecho de habitar un terreno no horizontal —un borde de la ladera—; el balcón, en cuanto forma construida, se apropia del vacío de la quebrada y le construye un cuerpo. Una casa con balcón es el ideal de la casa como un nido que pende de un árbol, semi transparente y semi interior. El balcón construye una relación y una antelación con el entorno inmediato de la casa, con el paisaje, con los vecinos y con el vacío de la quebrada; el balcón construye una forma de posicionarse en la quebrada y observarla. El balcón, en cuanto que lugar, no es un interior, ni un exterior absoluto, pues se concibe como una extensión de la casa, es el lugar donde la dialéctica de lo de adentro y de lo de afuera entran en tensión, la cual es buscada por los auto constructores, ya que el balcón es el espacio de la casa que trasgrede su intimidad y la expone al barrio. 208


Parafraseando a Bachelard, el balcón es el lugar donde el adentro y el afuera “están prontos a invertirse, a trocar su hostilidad”. Es donde el espacio íntimo de la casa “pierde toda claridad. El espacio exterior pierde su vacío” (2000: 189). El balcón es, finalmente, un lugar de transición, de exposición, de contemplación, de conversación, de respiración, es un lugar de sociabilización. En relación con lo anterior, encontramos cuatro relatos que nos hablan explícitamente de sus casas y de su casa con balcón, haciendo alusión al balcón ya construido o al balcón que se quisiera construir, pues es una forma de darle identidad a la vivienda y diferenciarla de las otras. La señora Valeria, cuando comienza hablar de su casa, recuerda la primera vez que nos conocimos y cómo ella me dio las referencias para poder llegar a su casa. Cuando habla de su casa lo hace comparándola con otras viviendas y la valoriza en términos materiales y estéticos. Ella señala:

“Por ejemplo, mi casa es más grande, más cómoda y esta forradita, se podría decir que es la mejor casa del sector, tiene balcón, tengo un balcón, ¿se acuerda cuando usted me pregunto dónde vivía?, yo le dije es una casa de dos pisos con un balcón afuera, es más grande, está mejor hecha y tiene un balcón y tiene mayor espacio que otras familias” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

Ella define claramente su vivienda a partir de términos materiales formales y estéticos, “es de dos pisos y tiene balcón”, un nivel que ha alcanzado la casa luego de haber sido inicialmente una mediagua. Para Natalia el balcón representa el espacio de respiración de la vivienda, es el lugar para relajarse cuando se está en la casa y se mira lo que pasa afuera. Y dice: “El balcón es de tres pisos. Sí, me gusta porque es algo mío, por eso me gusta” (HCRF, mujer 24 años, quebrada Las Cañas).

Don Héctor nos señala que construyó un balcón para que su esposa pudiera tener sus plantas. Él nos cuenta: “A mí por ejemplo ya no me queda patio, es que es demasiado chico (el sitio), y además que tengo el taller, lo bueno sí es que tengo arriba el balcón, que es lo que he estado haciendo para poner plantas y cosas así, siempre yo he tratado de poner balcón, para que mi señora tenga sus plantas y cosas así, porque a ella le encantan las plantas, incluso dentro de la casa hace poco parecía bosque” (HF, 51 años, quebrada Las Cañas).

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Para la señora Lucinda la casa balcón es el ideal, es el sueño aún no alcanzado, es aquello que quiere que su casa tenga para así considerarla terminada. “Como le decía, yo siempre estoy haciéndole arreglos a la casa, y le digo, yo quisiera terminar la casa y agrandarla un poquito más, ahí donde está el poste y de ahí hacer un balcón que me cruce para acá, (señala todo el frente de la vivienda), ese es mi sueño, no sé si lo voy a poder concretar, a lo mejor algún día” (HF, mujer, 58 años, quebrada Las Cañas).

4.3.2- La casa chalé

“Yo siempre digo que este es mi chalecito” (HCRF, mujer, 51 años, quebrada Las Cañas).

La última representación es aquella que define la casa como un todo armónico, aunque esta sea formalmente fragmentaria. La casa chalet es la idealización de la casa de madera, de esa casa que se agrega y resulta de la adición de múltiples elementos disonantes. Esta representación obedece a un fenómeno de hibridación cultural, que consideramos que tiene su origen en la fuerte presencia de inmigrantes en la ciudad de Valparaíso, quienes construyeron sus viviendas según los estilos y características de las viviendas de su país de origen. Después de la segunda mitad del siglo XIX, Valparaíso contaba con una importante población de inmigrantes provenientes, entre otros, desde Inglaterra, Alemania, Francia y España. 77 De esta manera, en textos del siglo pasado es habitual encontrar descripciones de la ciudad de Valparaíso que hacen alusión a la forma y al estilo de sus viviendas. Por ejemplo, Juan de D. Ugarte Yávar en su obra Recopilación histórica. Valparaíso 15361910, menciona dos veces a las viviendas que se encuentran en los cerros de Valparaíso habitadas por los inmigrantes y que algunas se situaban a la altura de la Avenida Alemania. “En los cerros Alegre y de la Reina Victoria están los paseos Americano, Atkinson, Templeman y Dimalow, muy pintorescos por los jardines que adornan los frentes de los “chalets” allí edificados” (Ugarte Yávar, 1910: 68). “El Camino de Cintura, está situado sobre la cima de los cerros, encontrándose en su trayecto varios chalets y quintas de recreo. 77 Según el censo de 1875, en Valparaíso había un extranjero por cada 14 chilenos; el total de extranjeros de 34 nacionalidades diferentes era de 6.927 y entre las colonias más numerosas se destacaban los ingleses con 1.785 inmigrantes, los alemanes con 1.134, los franceses con 986, los italianos con 807 y los españoles con 346 (Censo, 1875:445).

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Es frecuentado en las épocas de verano por paseantes en coche y a caballos” (Ugarte Yávar, 1910: 68). Esta imagen de la casa chalet quedó arraigada en el imaginario colectivo que poseen los habitantes de Valparaíso y fue integrada a nuestro vocabulario. De esta manera, en las quebradas los habitantes utilizan este apelativo para referirse a sus viviendas cuando estas presentan un nivel de consolidación y constructivo superior al de sus vecinos.

5.0- Construcción fragmentaria de la casa Germen de la casa autoconstruida: pieza- mediagua. Como lo mencionamos precedentemente, la mediagua y la pieza se constituyen como dos unidades elementales o germen de la vivienda autoconstruida. “Todo rincón, de una casa, todo rincón de un cuarto, todo espacio reducido donde nos gusta acurrucarnos, agazaparnos sobre nosotros mismos, es para la imaginación una soledad, es decir, el germen de un cuarto, el germen de una casa” (Bachelard; 2000:127). Desde esta perspectiva propuesta por Bachelard, cada lugar destinado al hecho de recogerse y refugiarse en sí mismo, es un germen de casa. Aquí la idea de rincón nos reenvía a la idea de lo mínimo necesario y suficiente para refugiarse a sí mismo, que permite retirarse en intimidad, sentirse protegido y es desde donde es posible distanciarse del mundo. En las quebradas, la pieza y la mediagua se constituyen como el soporte básico y fragmento primigenio de la casa autoconstruida; estos fragmentos de casa nacen desde la necesidad imperiosa de encontrar refugio ante una situación de emergencia o en ausencia de un lugar donde vivir. La mediagua y la pieza, en cuanto que germen de la casa futura, es desde donde las familias proyectan sus expectativas futuras, y prevén los posibles mejoramientos y agrandamientos de la unidad primigenia. En relación con esto, encontramos los siguientes relatos, entre otros: María Inés:“El alcalde me dijo que podía escoger el terreno que quisiera y aquí instalé la mediagua, que en ese tiempo había que ir a buscarla a Puertas Negras [...]. Yo instalé (risas), en realidad fue mi papá y un caballero, que me instalaron la mediagua aquí, pero así para el otro lado, con la puerta hacia el patio del terreno, antes yo tenía abajo un jardín, pero después mi hijo se hizo la casa” (HF, 90 años, quebrada Las Cañas).

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Juana:“Ahí, eran dos piececitas chicas, (señala un costado del terreno). Sí, era para dos personas, yo y mi viejo, ahora somos seis, cinco niños y yo. Un Techo para Chile me dio una mediagua, como segundo piso opción, después mi hijo nos sacó una cocina y un baño con material de desecho. No tengo cosas nuevas, pero están buenas para vivir, no me lluevo, no entra el viento” (HD, mujer, 57 años quebrada La Rinconada) María Lucinda:“Yo comencé con la mediagua que me habían dado y después, poco a poco, trabajando y trabajando, la agrandé; de hecho este año, después de estarocho años en una empresa, me quedé sin trabajo nuevamente» (HF, mujer, 58 años, quebrada Las Cañas). Nancy:“No, si levantamos una piececita que nos cabía la cama no más, y después fuimos agrandándonos, pero mira, nosotros teníamos el mejor carpintero, que era nuestro señor que nos iba guiando, (risas), el mejor” (mujer, 66 años, quebrada La Rinconada).

Este fenómeno se debe, en parte, al hecho que estas dos unidades primigenias permiten a las familias poseer un refugio, en la inmediatez de la carencia de habitación, que evolucionará con el tiempo, mediante la incorporación de nuevas unidades. John Turner, en los años setenta, tras estudiar los “pueblos nuevos” en Perú y los barrios ilegales en México, decía que “la chabola proporcionaba todo lo esencial a costo mínimo, constituía así un soporte eficaz y un vehículo idóneo para la realización de las esperanzas de los usuarios” (Turner, 1977: 74). La chabola, en este caso, representa aquel germen de la casa futura, soñada e imaginada en los proyectos de sus habitantes, en comparación con la vivienda estatal social que no permitía aquellas mutaciones posteriores y, más que una solución, se volvía una opresión que se imponía al modo de vida de las familias. Berenstein (2002), en oposición a esto y haciendo referencia a las favelas de Río de Janeiro, señala que la vivienda autoconstruida es dúctil, cambiante, inacabada y viabiliza una incertidumbre que permite numerosas posibilidades de cambios. Sin embargo, debemos señalar que la mediagua, bien que esta se incremente y se desarrolle, según las posibilidades económicas y prácticas de las familias, hoy representa un problema más que una solución. Aquí no se defiende el hecho de vivir en mediaguas, sino la capacidad de las familias de transformar esta unidad precaria y carente de toda habitabilidad en una vivienda. De esta manera, la casa autoconstruida es el resultado de incesantes modificaciones, renovaciones, ampliaciones y de 212


proyectos sucesivos, que son la materialización física de los sueños y deseos de cada familia.

5.1- Mejoras y ampliaciones de la casa

Guillermo Quiñones (1957), poeta porteño, refiriéndose al “hábitat popular” de Valparaíso dice: “La casa o casucha popular es única, funcional. Está construida, adaptada para la actividad constante del morador. Las hay con puerta, que no se abre nunca, utilizando la ventana para entrar o salir. A muchas se llega por huellas estratégicas. Innumerables son las edificaciones del faldeo al abismo sobre listones de tres pulgadas, que sostienen la construcción y el mirador o corredor y a sus ocupantes” (Calderón, 2001:446). La casa de la quebrada, como construcción fragmentaria, es un continuo de modificaciones y mejoras, “esta no se considera como un producto acabado, sino un proceso en constante creación y mantenimiento” (Wiesenfeld, 2001:328), que busca alcanzar un sueño, una idea, una representación de aquello que debiese ser una casa. Las palabras de Bachelard sobre la casa parecen justas para las casas de las quebradas, “a veces la casa crece, se extiende. Para habitarla se necesita una mayor elasticidad en el ensueño, un ensueño menos dibujado” (2000: 62). En relación con esto, la señora Doraliza señala que le gustaría mejorar su vivienda, y menciona algunos de sus proyectos: “Si me quisieran ayudar en algo, serían materiales para arreglar bien mi casita y hacerme una buena escalera para subir a la casa [...]. No tenemos muro de contención, si me quisieran ayudar en algo, por lo menos darme una rejilla de alambre, y unos sacos de cemento como para chicotearle cemento. [...] Yo lo único que deseo son dos cosas, comprar cemento para hacer los pilares de cemento o fierro, para hacerme unos pilares de fierro para sostener la casa, y lo otro que deseo es un grifo, porque en este lugar no hay grifo y han habido muchos incendios para arriba y por dios que cuesta, para apagar los incendios, y nosotros los que vivimos somos gente de muy escasos recursos y por dios que nos cuesta tener lo que tenemos” (HF, mujer, 78 años, quebrada Las Cañas).

Las palabras de Bachelard, a propósito de la casa como una ensoñación menos diseñada, en el hábitat informal pareciera ser una evaluación ajustada a la realidad de la casa autoconstruida, debido al hecho de que las viviendas están constantemente transformándose y ampliándose, en virtud de mejorar la calidad de vida de sus ocupantes. En la casa siempre existe un lugar 213


destinado a acumular todo tipo de materiales, nuevos, usados, recuperados, etc., los cuales, eventualmente, podrían servir para mejorar o reparar la vivienda. Aeschlimann, en su libro dedicado a la quebrada Jaime De la cintura para arriba, en varias ocasiones hace referencia a este hecho, y señala que “Lo entretenido de vivir acá es que siempre hay algo que arreglar, un techo, una pared, el patio, la reja, y cuanto parche sea necesario para solucionar un problema que al cabo de un año volverá a molestar. Todo es provisorio, porque nada es eterno. [...] Abundan, entre el cuarto de los cachureos y la mente de los improvisados ingenieros, los 101 proyectos que quedaron a medio terminar, como la reja mitad de fierro y mitad de palo, o la pintura que nunca logró un tono uniforme, por haberse alimentado de conchos revividos con agua ras. [...]Las casas crecen sin planificación […] y siempre de acuerdo con el reciclaje de materiales, […] supongo que así se fue armando esta población, sin plano ni planicie” (2011: 45-47). Estos cuartos de cachureos son organizados en los entretechos, en el patio, en los espacios vacantes bajo la vivienda, entre sus pilotis, o en los espacios intersticiales entre la casa y la ladera de la quebrada; son verdaderas bodegas de materiales y talleres improvisados. Estos talleres son los lugares donde sus habitantes maquinan sus ideas para dar forma a sus viviendas, razón por la cual, desde un punto de vista formal, las viviendas presentan una rica plasticidad formal, pero siempre en un aparente estado inacabado. Rapoport (2002) considera que esta capacidad de ser agregado (de agrandar, de aumentar, de adicionar), es lo que concede a este tipo de hábitat su manera múltiple, y variada, contraria a los modelos preestablecidos o racionales planificados que tienden a la rigidez y a una uniformidad reductora (Berenstein, 2002), es decir, que hoy la planificación urbana no considera las características propias de hábitat informal, sino que, por el contrario, los interviene transformándolos en barrios sin atributos. En relación con esto, Aravena señala que “la autoconstrucción informal puede dejar de ser vista como un problema y empezar a ser considerada como parte de la solución [...], también pueden ser vistas como una enorme capacidad de auto gestionarse el propio espacio de habitación a pesar de no contar con las herramientas para hacerlo dentro de los mecanismo formales de la sociedad” (2012:17). Mesa propone que las lógicas de la construcción progresiva son 214


propias del saber popular, donde el aprendizaje es simultáneo, en una lógica de prueba y error, en la medida que no existe proyecto previo —en el sentido del proyecto de arquitectura—, la casa se va construyendo poco a poco con lo disponible y con lo que se sabe, y las técnicas con el tiempo se van mejorando. “Las lógicas de la construcción progresiva, que les son propias al saber popular, están basadas en una comprensión del proceso habitacional que sus habitantes tienen para ir asegurando, de alguna manera, las construcciones y au­ mentar el tamaño de los espacios de la vivienda” (2009: 85). De esta manera, la construcción progresiva de la casa se basa en los hechos y prácticas cotidianas y en la inteligencia de sus habitantes para resolver sus necesidades y deseos con un mínimo de recursos, en la inmediatez del diario vivir. En relación con esto, Parker señala que “un rasgo que parece caracterizar a la cultura popular es su inmediatismo, el “vivir al día”. Pero ello obedece no tanto a su incapacidad de previsión racional de quienes viven en esta situación, sino a su capacidad de adaptación eficaz a las condiciones estructurales de dominación, las que tornan su vida cotidiana muy inestable” (1996:132). Las ampliaciones y mejoramientos de la vivienda informal autoconstruida nace desde esta la lógica de vivir al día, en la inmediatez de las posibilidades familiares, territoriales, naturales, económicas, e implica saberes heredados. Nancy, comenta el proceso evolutivo de su casa: “Nosotros, sí, levantamos una piececita que nos cabía la cama no más, y después fuimos agrandándonos, pero, mira, nosotros teníamos el mejor carpintero, que era el caballero (su pareja)” (HF, mujer, 66años, quebrada La Rinconada).

Ximena, menciona el último mejoramiento que le realizó a su casa: “Hace poco, mi hermana me mandó una tablas, para poner en el piso, porque el piso, ¡ay si tu hubieras venido antes! ¡El piso estaba todo apolillado!, era así el hoyo que daba vergüenza. Hubieras visto los hoyos que habían de lo apolillado que estaban las tablas y mi hermana sacó todo el piso (de sus casa) y ahí me regaló esas tablasque pusimos ahora, y ese techo hace poco que también arreglamos ese techo, porque si tú sacas la plancha, vas a ver el cielo para arriba, porque hay así unos hoyos, en las latas, si es pura lata vieja” (CRF, mujer, 51 años quebrada Las Cañas).

215


Cristofer, indicándonos la terraza y balcón en acero y en voladizo de su casa, señala:

“Mi papá trabaja en estructuras metálicas, él sabe hacer todo esto (señala la terraza) junto con mi tata, le ayudaron un poco, pero él sabe hacer todo esto, él hizo todo, instalaciones eléctricas, manguera, tubo del desagüe, todo, no contrató absolutamente a nadie” (HCRF, hombre ,16 años, quebrada Las Chanas).

María Lucinda, menciona la ayuda recibida para construir su casa: “Primero, mi marido solo, acarreaba huevillos, cemento, hicimos la parte

de abajo y mi suegro y mi marido, mi cuñado, ellos no tienen estudios de construcción, pero igual le pegan un poco, mirando, aprendiendo, e hicieron la casa y después la ampliación de acá la hizo alguien que sabía un poco más, un amigo de mi marido que falleció, le hizo esta parte de acá, por eso está mejor hecha” (HF, mujer, 58 años quebrada La Rinconada).

Trinidad, se refiere al trabajo colaborativo: “Todo esto es de nosotros, lo hicimos nosotros, todos cooperamos, y el caballero (su esposo) sabía de construcción, antes había sólo una pieza y se le vino el cerro abajo y tuvimos que empezar de nuevo. Esta es una mediagua que compramos, y después nos agrandamos para cada lado, para allá y para acá, este es el sector más firme para construir, porque está alejado del cerro” (HF, mujer, 54 años, quebrada La Rinconada).

5.2- Proyectos soñados

La vivienda autoconstruida e informal, en cuanto construcción inacabada, está en un estado constante de proyecto o de obra; siempre existe algo que no se pudo hacer por falta de recursos, sin embargo, estos proyectos están siempre presentes en sus habitantes. De esta manera, la casa como proyecto aparece constantemente en el discurso de los habitantes. Wiesenfeld, en relación con la vivienda autoconstruida en Venezuela, señala que “Siempre están presentes las referencias a las mejoras pendientes, al igual que el esfuerzo y los logros alcanzados” (2001:298). Es así que la señora Trinidad insiste sobre su deseo de terminar las habitaciones del segundo piso y que su casa sea bonita: “Yo, por ejemplo, ahora lo que quiero es terminar arriba los dormitorios (segundo piso), ponerla bonita (la casa) y pintarla, pero no sé para cuándo, ahí veremos” (HF, mujer, 54 años, quebrada La Rinconada).

Por su parte, la señora Valeria desea agrandar su casa porque 216


considera que el espacio disponible se ha vuelto insuficiente para su familia y que carece de intimidad:

“Igual me pienso agrandar con un living para adelante, y dejar todo esto como comedor […] Una ampliación me gustaría hacer, para dejar este espacio solo como comedor y hacer el living para allá, en la entrada, y terminar bien las divisiones del segundo piso. Por ejemplo, las piezas de ellas (hijas) no tienen puertas; la pieza que era de mi hermana, con la cual yo viví desde chiquitita, tampoco tiene puerta y la ventana esta deshabilitada, o sea, no tiene vidrio y la división de mi dormitorio tampoco la tengo hecha, va a dar al dormitorio de mi hija y no tiene privacidad, lo principal sería que los dormitorios tuvieran un poco más de privacidad y una ampliación, agrandar la cocina y el baño , porque las casetas que dio el alcalde Pinto han sido súper buenas , pero muy chicas, no tienen el espacio para poner una lavadora, por ejemplo, y la cocina igual es muy pequeña” (HD, mujer, 37 años, quebrada La Rinconada).

En ciertos casos, las mejoras pendientes se refieren a aspectos menores, ya que los habitantes estiman que sus viviendas, de cierta forma, están bien y sólo les faltan algunos detalles que las harían mejor. Por ejemplo, hablan de mejorar y/o arreglar techos, ventanas, cambiar ventanas de madera por ventanas de aluminio, instalar canaletas de agua, pintar el techo, pintar la casa, etc. Sin embargo, en otros casos, donde el hábito de los habitantes es hacer y rehacer la casa, y su ocupación u oficio se relaciona con la construcción, estos mejoramientos van más lejos; algunos habitantes sienten que la vivienda se ha deteriorado mucho y, por lo tanto, la única solución es rehacerla por completo. Eso sería lo ideal para ellos, pero ante la falta de medios económicos este deseo es solo un proyecto que algún día esperan cumplir para mejorar su situación. Esto lo hemos visto, recientemente, tras el incendio de abril del 2014, cuando las familias comienzan a reconstruir por sus propios medios sus viviendas y estas son más grandes y vistosas que las anteriores. En relación con esto, don Juan nos explica su situación y su proyecto; su vivienda es de adobe, construida en el año 1965 por su abuela, y considera que ya es tiempo que esta casa sea remodelada. “Lo que yo quisiera, es que yo he conversado con mi hijo, el problema son la monedas, para hacerme algo mejor, yo tengo pensado por lo menos hacerme una casita, aunque sea una pieza, de madera, una cuestión de material más liviano. Como le decía yo, tenemos pensado aquí con mi hijo y con mi yerno en demoler esta pieza (señala casa de adobe), es la que está más mala, está toda quebrajada. Por dentro no se nota mucho, pero por afuera sí, y

217


sobre todo porque nosotros mismos pasamos por aquí, yo siempre es esa cuestión que siempre he temido, porque lo tengo en la mente de hace muchos años. Yo sé que esta cuestión con un sismo fuerte se va a caer, pero esta parte es la que queremos demoler, yo le preguntaba a ellos si acaso esta parte para allá me aguanta o no, de aquí para si nos aguanta el material, al demoler este pedazo esta parte, si esta muralla aguanta o no, al sacar todo esto” (HF, hombre, 65 años, quebrada Las Chanas).

Finalmente, podríamos decir que cuando se utiliza en el discurso la palabra “casa” como tal, es porque el dueño de casa considera que su vivienda está terminada, conclusa, es decir, que alcanzó un nivel de consolidación que la homologa y la hace par de aquellas construidas por la vía legal. Rapoport, en su libro Cultura, arquitectura y diseño, analiza la congruencia y la interdependencia entre la forma construida y la cultura, ejemplificándolo con variados ejemplos de arquitectura vernácula y dice que la importancia de aquella congruencia consiste en crear entornos con la capacidad de prestar apoyo. “La finalidad del diseño debería ser el trabajo ‘a medida’ o ‘ajustado’ [‘tight fit’], que los entornos deberían “fabricarse” muy específicamente para determinados grupos. Mientras que sea esencial que los entornos sean culturalmente específicos, la relación entre la cultura y la forma construida debería ser ‘holgada’ [‘loose fit’], con el diseño tan abierto [open-ended] como sea posible” (2003:209). Y agrega que la solución no está en la vivienda, sino en las infraestructuras urbanas que permitan libertad al usuario de adaptarse. “Los términos —holgura, flexibilidad, adaptabilidad y capacidad de respuesta— se resumen en el concepto open-endedness, ‘abertura’, cuyo producto es el diseño abierto. En principio, la cuestión debería ser, más bien, cuál es el mínimo imprescindible de lo que puede ser diseñado con validez y utilidad, en vez del máximo que luego impide la posibilidad de cualquier cambio. Es necesario pensar en términos de construcción de infraestructuras urbanas, dentro de las cuales los usuarios puedan manipular el contenido. Estas infraestructuras (entramados) no solo son físicas, sino también reguladoras y han de ser consideradas en términos de responsabilidad pública (como opuesta a privada) y en el marco de sus proceso de aparición” (Rapoport, 2003: 210). Esto es similar a la aproximación conceptual propuesta por Gouverneur (2015), sobre las armaduras informales (The Informal Armatures), una aproximación urbana que nace de la hibridación 218


entre lo formal y lo informal. Un enfoque que busca aprovechar las capacidades de adaptación de los habitantes informales, evitando la ocupación y evolución aleatoria. Y tiene por objetivo proponer y diseñar estructuras urbanas sostenibles que permitan minimizar la brecha o disparidad urbana entre lo formal y lo informal. De esta manera, la permeabilidad, abertura, de una estructura cualquiera, sean estas a escala urbana o unifamiliar, permite que un proyecto sea adaptable y pueda recibir cambios y mejoras. En este caso, la vivienda planificada debiese considerar estas características de la casa autoconstruida e informal, con el objetivo de que exista la posibilidad de transformarla en función de las posibilidades y proyectos de cada familia. Finalmente, consideramos que la casa autoconstruida e informal es, además, el resultado de una configuración social familiar extendida, de una territorialización familiar que explica la morfología de los agrupamientos de piezas y luego de casas, dispuestas y organizadas en un sitio, que con el tiempo conforman los Conjuntos Residenciales Familiares (CRF), forma de apropiación socio-espacial del espacio de las quebradas.

219


2007

2011

Sept.

2014

Post-incendio del 12.04.14

Nov.

2014

Figura 25: Proceso evolutivo de construcci贸n y re-construcci贸n viviendas en la quebrada La Rinconada periodo 2007-2014.

220


6.0- Conjuntos Residenciales Familiares (CRF): Palimpsesto urbano informal. El hábitat informal en las quebradas define un modelo urbano de escala familiar y comunitario propio de ellas, que se desarrolla como proyecto familiar y comunitario, como resultado de una exploración, apropiación y construcción del territorio de las quebradas, donde las modificaciones, renovaciones y ampliaciones son proyectos que se engendran y se consolidan desde la práctica social. Lefebvre propone que “la práctica espacial consiste en una proyección ‘sobre el terreno’ de todos los aspectos, elementos y momentos de la práctica social” (2000: 15). Una apropiación paulatina que va superponiendo formas y apropiaciones diversas. La superposición de las prácticas cotidianas construye progresivamente el espacio, las apropiaciones espaciales son a la medida y se re-transcriben en función de aquello que acontece. De esta forma, la práctica social origina una forma o modelo urbano particular de apropiación en las quebradas, que hemos definido y nombrado como Conjuntos Residenciales Familiares (C.R.F), entendidos en el sentido propuesto por Agier (2009) como sistemas familiares de viviendas donde cada familia construye, reconstruye y recompone una parte del medio urbano complejizándolo y dándole forma, generando así una red de interconexiones y ramificaciones residenciales, pero siempre ligadas en un conjunto visible. Así, el conjunto es el resultado de una organización familiar extendida, lo cual explica la forma azarosa y compleja que poseen estos agrupamientos de viviendas, de piezas o de cuartos dispuestos sobre un mismo sitio. Así, a la manera de un palimpsesto78 que se escribe y reescribe sobre sí mismo, el territorio de las quebradas es diseñado y rediseñado sobre él mismo a partir de sucesivos ordenamientos y reordenamientos, realizados por los habitantes en sus viviendas y en el espacio público, lo que genera una superposición de trazos y de formas que dan lugar a los Conjuntos Residenciales Familiares. Los CRF dejan entrever las trazas de sus versiones anteriores, visibles en el envejecimiento y diversidad de materiales utilizados, superposición de volúmenes y colores. 78 Un palimpsesto es una “obra donde el estado presente puede dejar y aparecer trazas de versiones anteriores”, un “soporte sobre el cual se escribe, y es susceptible a ser borrado después de su uso”. “Hoja de papiro, pergamino manuscrito donde se borre la primera escritura para poder escribir un nuevo texto”. http://www.cnrtl.fr/lexicographie/palimpseste

221


Una de las casusas de esta forma de recomposición urbana es que la característica principal de las tomas en las quebradas es que se constituyen como micro tomas familiares, a partir de unidades habitables de escala variable. Allí, inicialmente, una familia se apropia de una parte del territorio y luego lo subdivide para dar lugar a otro miembro, conformando, de esta forma, una vecindad familiar, donde varias casas interconectadas entre ellas, logran la consolidación parcial de un fragmento de quebrada, lo que influirá directamente en la consolidación de los espacios públicos inmediatos al CRF. Cada CRF es una micro unidad urbana, que posee, en promedio, tres viviendas y un máximo de seis. Por otra parte, los habitantes gestionan y dotan al sitio de todas las instalaciones básicas de agua, electricidad, y alcantarillado, para luego ir formalizándolas y /o consolidándolas en una acción conjunta de los vecinos. Los CRF se extienden y arraigan en el territorio, en la medida que la familia crece. Estos CRF se constituyen como una forma y modelo urbano informal de construcción de ciudad en el sentido planteado por Jordi Borja, quien plantea que más que construir viviendas precarias estos asentamientos informales construyen ciudad: “En las periferias de las grandes ciudades latinoamericanas aparecen nuevas dinámicas de ocupación del territorio en forma de asentamientos que con la organización y la autogestión tratan de construir ciudad y no solo viviendas precarias” (Borja, 2003:131). De esta misma perspectiva, Teolinda Bolívar (1995), cuando se refiere al hábitat informal latinoamericano, define a sus habitantes como hacedores de ciudad, en el sentido que considera que mediante la autoconstrucción y auto-urbanización los habitantes informales, en muchos países latinoamericanos, han sido, en parte, responsables del crecimiento y extensión de la ciudad. Así también Nicolás Reeves, refiriéndose a los asentamientos informales, señala que estos pueden “presentar cualidades como un entorno de vida; y que esta cualidad, una vez identificada y definida, puede ser vista no como una amenaza, sino como una esperanza para las ciudades futuras [...] el asentamiento informal puede ser visto no solamente como un barrio urbano en gestación, sino también como un barrio susceptible de enriquecer la ciudad y darle una cualidad y una especificidad única al contexto” (Berenstein, 2001:23). De esta manera, consideramos que los CRF, por sus particularidades 222


formales y sociales, son un modelo urbano auto-gestionado y autoconstruido, mediante el cual los habitantes han construido y consolidado las quebradas como su entorno habitable, aunque estas sean territorios definidos por las normativas como áreas verdes y con restricciones de carácter técnico y constructivo y que hoy presenten claramente deficiencias a nivel de espacio público, equipamientos y de vivienda. Así, este modelo informal auto-gestionado y autoconstruido es un claro ejemplo de transgresión a la lógica formal. Thierry Paquot, ante las transgresiones desarrolladas en la ciudad, señala que más allá del estatus jurídico de estas, importa el “acto colectivo que otorga a estos espacios una dimensión social y pública” (2009:92). Salcedo menciona que “De Certeau (1990) expresa la misma preocupación de Foucault (1980) con las formas microscópicas que organizan a la sociedad, pero mientras la reflexión de Foucault se centra en la microfísica del poder, De Certeau se centra en la microfísica de la resistencia, la cual está presente en todo contexto social y por ende en todo espacio” (2007:13), por lo cual podría asumirse que los CRF son una forma microscópica de resistencia al modelo formal excluyente (Foucault, 1980; De Certeau, 1990). Los CRF se presentan como pequeños proyectos de recomposición urbana. Valoramos el hecho que han logrado consolidar, desde la informalidad, tramos de quebradas, dotándolas de todos los servicios básicos, conectándolas con la ciudad planificada. Son recomposiciones a manera de mosaico urbano, que, en conjunto, logran abarcar la totalidad del territorio de la quebrada y lo consolidan como un barrio abierto, que permite la integración de sus habitantes a la ciudad. La complejidad urbana y constructiva que presentan los CRF, construyen en la quebrada un paisaje evolutivo, supeditado a factores materiales-espaciales y socioculturales. Son, por lo tanto, la evidencia material de un tipo de arraigo tridimensional en el sentido propuesto por Del Acebo: “El arraigo es un fenómeno total que, sin embargo, presenta una tridimensionalidad. Así, podemos hablar de arraigo espacial, arraigo social y arraigo cultural” (1996:17) De esta manera, los CRF se constituyen como testimonios materiales de un proceso evolutivo de antropización del espacio, resultado de una forma azarosa de apropiación socioespacial de las quebradas. Los factores socio-culturales que se expresan mediante la 223


Construcción progresiva y fragmentaria de la vivienda autoconstruida

1 media-agua

Original:

18

m2

18m2

2 media-agua

Ampliación /intervención:

9

m2

9m2

3 media-agua

Ampliación /intervención:

9

m2

9m2

4 casa de madera y galería Ampliación /intervención:

18+15

m2

15m2 18m2

Total: 60 Figura 26: Evolución y

m2

Rinconada

224

crecimiento fragmentario de una casa en la quebrada La


Construcción progresiva y fragmentaria de la vivienda autoconstruida

1 Casa de adobe

Original:

52

m2

52m2

2 Galería de madera

Ampliación /intervención:

16

m2

16m2

3 media-agua y terraza

Ampliación /intervención:

37

m2

13m2 24m2

4 casa de madera y galería Ampliación /intervención:

28

m2

22m2

Total: 133

6m2

m2

Figura 27: Evolución y crecimiento fragmentario de una casa en la quebrada San Francisco.

225


movilidad familiar y el ejercicio de la soberanía comunitaria. a) La movilidad familiar: como lo señalamos anteriormente, la movilidad familiar obedece al traslado de una familia hacia una quebrada, por medio de la invitación de un familiar o amigo. Esta movilidad genera que los grupos familiares, desde un inicio, se instalen agrupados en un territorio virtualmente delimitado. b) Soberanía comunitaria: está ligada a la llegada de nuevas familias a la quebrada, cuando esta es percibida por sus habitantes como un barrio, (en el sentido de cohesión comunitaria). Ellos son quienes deciden si aceptan o no a nuevos ocupantes. Cuando la quebrada ha alcanzado un nivel de consolidación terciario (Las Cañas), los retazos de terrenos no regulares son adjuntados informalmente, por los propios habitantes a sus sitios, con el objetivo de no dejar sitio disponible por temor a nuevos ocupantes desconocidos. Los factores materiales-espaciales se expresan en la construcción fragmentaria de la casa y en la apropiación orgánica del sitio. a) Construcción fragmentaria de la casa: la casa, inicialmente, se concibe como un fragmento de lo que ella podría llegar a ser. Es un proyecto a largo plazo. Se encuentra en un estado de proyecto continuo e inconcluso. Es una construcción a la medida, que revela y se sostiene desde una capacidad incremental y de autogestión. Esta capacidad es la que le otorga a este tipo de hábitat esa manera de ser múltiple, variada y ajena a los modelos preestablecidos, dando así pie a que los lugares se transformen constantemente, es decir, la casa se concibe como formas abiertas que posibilitan futuros cambios y adaptaciones. b) Apropiación orgánica del sitio: Visualmente esto se refleja en la construcción de patios, jardines, cultivos de hortalizas, terrazas y senderos que conectan las casas entre sí. Esta apropiación obedece tanto a las características propias del sitio (tamaño, topografía, pendiente, calidad de suelo) y a las inventadas por sus propios habitantes, en ausencia de características naturales adecuadas para la construcción. La topografía de las quebradas es escarpada y 226


de gran pendiente, la mayoría supera los cincuenta grados. Frente a esto, la construcción es aérea, con terrazas y pasajes, que van construyendo la altura de la pendiente, alcanzando las viviendas situadas en cotas superiores. La trama de circulaciones entre las viviendas, inicialmente es precaria, con senderos y escaleras moldeados directamente en la tierra, hasta que se consolidan como patios comunes, cada uno con su especificidad (patio del agua, hortalizas, tendedero, etc.). De esta forma, el CRF se consolida y esto se materializa con la instalación de un cerco común a las viviendas. Así, se alcanza la consolidación absoluta cuando el sitio o los sitios compartidos son regularizados y reconocidos como propiedad de la familia, lo que no implica que la casa no siga siendo irregular. A continuación se presentan algunas imágenes que muestran estos conjuntos residenciales familiares en la quebrada Las Cañas. El trabajo realizado consistió en entrevistas con las familias de cada vivienda que compone cada CRF, con el objetivo de conocer su historia y el proceso evolutivo de apropiación y construcción de la vivienda. El relato oral nos permitió comprender la realidad construida y reconstruir, de esta manera, un relato gráfico que lo complementa. Los CRF, por lo tanto, son la evidencia tangible de los procesos de apropiación socio-espacial en las quebradas de Valparaíso.

227


Patios y terrazas

Crecimiento y ocupación predial movilidad familiar

1-Hermana Sra. Ximena

2-Sra. Ximena

3-Madre Sra. Ximena

4-Hermana Sra. Ximena

CRF Sra. Ximena / Quebrada Las Cañas.

1 2

1

3

4

3

2

4

5

Planta de CRF

5

5-Hija Sra. Ximena

2 4 3

Figura 28: CRF de la familia de la Sra. Ximena, en la quebrada Las Cañas. Proceso evolutivo de ocupación y subdivisión del sitio.

1 5

Elevación frontal de CRF


Patios y terrazas

CRF Don Héctor / Quebrada Las Cañas.

Crecimiento y ocupación predial movilidad familiar

1

3 1

Suegro Don Héctor

2

2

Don Héctor Planta de CRF

3 Yerno de Don Héctor

3 1 2

Elevación frontal de CRF Figura 29: CRF de la familia de Don Héctor, en la quebrada Las Cañas. Proceso evolutivo de ocupación y subdivisión del sitio.


Patios y terrazas

CRF Sra. Elena / Quebrada San Francisco

Crecimiento y ocupación predial movilidad familiar

1 Sra. Elena

2

1

3

Padres de Sra. Elena

2

3

Planta de CRF

Hijo de Sra. Elena

2 1

3

Figura 30: CRF de la familia de la señora Elena. Quebrada San Francisco. Proceso evolutivo de ocupación y subdivisión del sitio.

Elevación frontal de CRF


Patios y terrazas

CRF Don Juan / Quebrada Las Chanas

Crecimiento y ocupaci贸n predial movilidad familiar

1 Abuela y Don Juan

2

1

Hijo de Don Juan

Hija de Don Juan

2

3

3

Planta de CRF

1

2 3

Figura 31: CRF de la familia de Don Juan, quebrada Las Chanas. Proceso evolutivo de ocupaci贸n y subdivisi贸n del sitio.

Elevaci贸n frontal de CRF


FA .

FINAL ABIERTO


FA .

FINAL ABIERTO Quebradas, territorios invisibilizados Las quebradas, en cuanto espacios apropiados, son el resultado de una confluencia de relatos, representaciones, imaginarios e imágenes; es así como esta investigación tuvo como objetivo principal revelar los procesos de ocupación y dinámicas de apropiación de estos territorios desde la perspectiva de sus habitantes. Las quebradas y su hábitat autoconstruido e informal resulta de una construcción social, la que alude “no solo al sentido material de la palabra construir, sino que a la construcción de una micro sociedad y un territorio por parte de los habitantes” (Lindón, 2002: 31). Esta construcción social puede ser considerada como la configuración de un hábitat vernáculo contemporáneo, en el sentido propuesto por Berenstein y Loubes, quienes señalan que, en los asentamientos informales, los habitantes resuelven la falta de vivienda a partir de sus propios recursos y de aquellos que están a la mano y/o disponibles en el territorio apropiado. Debemos subrayar que esta investigación no pretende reivindicar el hábitat informal de las quebradas en las condiciones de precariedad que este pueda presentar hoy en día. Al contrario, el objetivo ha sido revelar sus valores y carencias —cotidianamente en pugna—, para visibilizarlos ante una planificación urbana regulatoria que las ha invisibilizado, desestimado y estigmatizado por años. Sus valores se fundan, sobre todo, en los vínculos y redes sociales construidos entre los habitantes, quienes en el proceso de reconocimiento de carencias en común, han logrado auto-gestionar, autoconstruir y auto-urbanizar estos espacios 247


de la ciudad. Es entonces desde esta perspectiva que hemos otorgado la palabra a los habitantes de las quebradas —mediante sus relatos de vida— para comprender la complejidad de los procesos y dinámicas de apropiación implícitos en la construcción socio-espacial del hábitat informal. Esta construcción social del territorio de las quebradas fue expuesta a partir de lo que hemos denominado cuatro territorios de apropiación, los cuales fueron abordados, implícitamente o explícitamente, por cada uno de los habitantes entrevistados. Lo anterior nos ha revelado el sentimiento de invisibilidad que poseen los habitantes en relación con diferentes asuntos concernientes al tema de la vivienda y del espacio público. Históricamente, en torno a las quebradas de Valparaíso se ha construido un imaginario colectivo que carga con una imagen negativa y estigmatizadora, donde estos lugares son sinónimos de basura, micro basurales, escombros, ratones, casas precarias, y hoy incluso se le asocia como causal de los incendios urbanos, entre otros. Estas imágenes estigmatizan el lugar y, por consecuencia, a sus habitantes y ha sido uno de los factores que ha potenciado los procesos de invisibilización de estos espacios de la ciudad. Lindón señala que “la expresividad cultural de una ciudad es diversa y las imágenes e imaginarios urbanos hegemónicos reconocen sólo las expresiones culturales de ciertos sectores sociales vinculados al poder, y niegan o invisibilizan otras expresiones culturales urbanas” (2007:13). Es así que a partir de los cuatro territorios de apropiación, hemos constatado que existe una constante tensión entre el deseo de reconocimiento y el sentimiento de ser invisibles frente a los organismos e instituciones públicas implicadas en la cuestión urbana y de la vivienda. Cuando los habitantes llegaron a las quebradas, el hecho de pasar inadvertidos no lo consideraban un problema, porque su principal preocupación era establecerse en un lugar donde vivir; sin embargo, luego de algunos años de ocupación y cuando la carencia de vivienda ya había sido subsanada a partir de sus propios medios y esfuerzos, esta invisibilidad devino una contradicción, ya que hoy —independientemente si las familias están o no en condición irregular con respecto a la tenencia de sus sitios—, ellos ya no quieren pasar inadvertidos, no quieren seguir siendo invisibles y sienten que ha pasado demasiado tiempo de promesas 248


incumplidas y que hoy sus carencias de espacio y equipamientos públicos debieran ser consideradas y atendidas por el Estado. Este sentimiento de invisibilidad que poseen los habitantes se conjuga e incrementa con los procesos históricos de invisibilización que enunciamos en la introducción. La invisibilización es percibida y expresada por los habitantes mediante la identificación de procesos de exclusión y como indicio de inequidad, y se sienten invisibilizados, es decir, en el anonimato. De esta manera, se distingue de los relatos esta invisibilización expresada, indistintamente, en los cuatro territorios de apropiación. Quebrada-Estado: Invisibilización por localización El sentimiento de ser invisibles nace de la aprensión de ser erradicados. El rechazo que poseen los habitantes hacia la localización de las viviendas sociales, tiene su origen en el miedo de perder redes y lazos sociales y con el territorio. La lejanía de estas propuestas incrementa en ellos la sensación de estar siendo segregados y, por lo tanto, volverse aún más invisibles, es decir, se les invisibiliza desplazándolos a otro lugar. Quebrada-ciudad: Invisibilización por conectividad y movilidad intra-quebrada (precaria) En este territorio, la invisibilización, tiene su origen en las demandas no escuchadas y planteadas por los habitantes, y se expresa en la ausencia y mala calidad de la conectividad intraquebrada. Estiman que a pesar de estar muy próximos al plan de la ciudad, las quebradas jamás han sido una prioridad para la planificación urbana y, por ende, la ciudad avanza y ellos siguen estancados en la misma situación desde hace años. Quebrada-barrio: Invisibilización del espacio público informal A escala del barrio, aunque los habitantes no utilicen explícitamente la palabra barrio para referirse a la quebrada, los relatos de vida revelan, implícitamente, su existencia. La invisibilización tiene su origen en el no reconocimiento de los espacios públicos informales, los cuales han sido gestionados, diseñados y fabricados por sus propios habitantes fuera del orden y normas establecidas, y sobre un territorio no planificado. Esta invisibilización ante los organismos públicos se expresa en la ausencia de equipamientos y espacios públicos que mejoren la calidad y seguridad de estos territorios. El sentimiento 249


de invisibilidad nace del hecho que nunca estos espacios han sido prioritarios para la planificación urbana, a pesar de la evidencia de sus existencia, utilidad y función. Quebrada-casa: De la invisibilización a la visibilización y legitimización social mediante la propiedad En este territorio, la invisibilización tiene su origen en el hecho de ser habitantes irregulares, en relación con la tenencia de los sitios. Se expresa en el deseo constante por cambiar de condición y legitimar el derecho a la propiedad. Cuando los habitantes, finalmente, han saneado los títulos de dominio, le atribuyen a la propiedad privada un valor afectivo y material, que se arraiga en ellos como un logro, como una victoria familiar, que los legitima socialmente, y consolida su identidad como ciudadanos, y es con lo cual se sienten en posición de hacer valer sus derechos. Por último, a pesar de todos los programas públicos existentes, que visan el mejoramiento de barrios, espacios y equipamientos públicos, que podrían ser aplicados en el caso de las quebradas de Valparaíso, estos jamás han tenido la suficiente incidencia para generar cambios sustanciales en el mejoramiento de estos territorios y, por ende, en la calidad de vida de sus habitantes. Esto es producto de la evidente desconexión entre la municipalidad y los diferentes organismos públicos. Esta desconexión, finalmente, va en detrimento de la eficiente y adecuada interrelación que podría existir entre los diferentes organismos públicos implicados en la planificación urbana. El problema es que, históricamente, cada organismo ha actuado en las quebradas de forma independiente, haya sido la municipalidad con pavimentos participativos, el MBN con la regularización de títulos de dominio, y el MINVU con subsidios habitacionales, entregando soluciones parciales desde sus competencias y no visualizando las diferentes problemáticas como un todo complejo, lo que implica que los resultados que se ofrecen y obtienen sean deficientes y parciales. Sin embargo, consideramos que la erradicación total de las quebradas no es la solución, ya que es la menos favorable para los habitantes, quienes, como hemos visto, poseen una percepción muy negativa de la vivienda social, y lo que ella implica. Este rechazo se funda en el hecho que ellos sienten que lo que hoy poseen es el producto de sus esfuerzos, y que cambiar de localización implicaría romper con los lazos afectivos y 250


sociales hacia el territorio habitado. Es por ello que, para este final abierto, hemos reservado algunos extractos de entrevistas realizadas a actores y funcionarios públicos —los cuales quedarán en el anonimato—, quienes amablemente nos dieron su visión sobre estos territorios de la ciudad y sobre su devenir. Visiones diversas que dejan entrever la lejanía o cercanía que poseen con esta realidad. Funcionario municipal 1, se refiere a la forma de vida de los habitantes de las quebradas: “Lo que yo he percibido es que a la gente le gusta vivir así, la gente en estos momentos; yo siempre he estado en contra de sacar a la gente de los campamentos y de las tomas, y se la meta al tiro en una casa, porque a esa gente hay que enseñarles a vivir, porque esa gente no está acostumbrada a pagar luz, a pagar agua, a tener otras obligaciones que jamás ha tenido y de repente, de la noche a la mañana, la sacas a vivir a una casa donde debería haber vivido desde el principio… la gente es un fracaso”.

Funcionario MBN 1 se refiere a la regularización de títulos de dominios en quebradas: “En cuanto a esto, me gustaría decir que, al principio, teníamos criterios bastante dispares de lo que era riesgo o no; la municipalidad, en ese sentido, ha sido bastante rigurosa en la calificación. De hecho, nosotros hemos tenido que dar verdaderas batallas para regularizar y obtener el cambio de calificación, en algunos casos que nosotros hemos estimado que no existe riesgo. Estamos en presencia de lugares absolutamente consolidados, en los que hay agua, luz, alcantarillado, en los que el mismo municipio, en su momento, invirtió a través de las casetas sanitarias[...],hubo notables diferencias de criterio, yo sostuve una que sin ser extremadamente flexible, para que tú no tengas ningún temor, se confrontó con la directora de la DOM que era mucho más restrictiva. En una reunión yo conversé con ella y le plateaba la necesidad de flexibilizar un poco la calificación, no con el objetivo de hacer de esto una entrada a propiedades que no pueden regularizarse, sino que uno tiene que ser bastante responsable con las señales que ha dado en algún momento; entonces tú como poblador, de un sector determinado has presenciado que te han construido casetas sanitarias , que te han asfaltado la calle , que ha llegado el tendido eléctrico , que han construido un colegio cerca… tú, a esas personas, les estas generando la legítima expectativa de poder quedarse ahí, tú se lo has generado, por lo tanto, sin perjuicio de que debe considerarse en términos muy rigurosos y acuciosos de que la persona esté o no en riesgo de emplazamiento, también hay que tener la capacidad de flexibilizar un poco la clasificación cuando, hemos sido nosotros mismos los que hemos dado esa señal. [...] Porque, por una parte, no justifica inversión pública, si después vas a sacar a esas personas y las vas a llevar a otro lugar y,

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segundo, cómo le explicas tú a esa señora — como en muchos casos sucedió— que va a tener que irse de ahí [...]. Y cuando se trata de emplazamientos que no llevan allí 5 años, llevan 10- 15- 2030, entonces, ahí hubo un pequeño impase. En un momento que se hizo necesario, de hecho hicimos reuniones, con la comisión social del Concejo Municipal de Valparaíso para delimitar, más o menos, un criterio, para determinar qué era riesgo y qué no lo era [...]. De hecho, conseguimos que muchos lugares que habían sido calificados y ubicados en zona de riesgo se reevaluaran y se emitiera certificado favorable en virtud de esto [...]. Yo me acuerdo, por ejemplo, con la señora María Elena, estuvimos visitando el sector de los fleteros y un sector que había sido calificado como ubicado en zona de riesgo, pero, por el contrario, tenía pavimento, alcantarillado, luz, agua potable, había casas de segundo piso y no te digo casa ligeras, sino de construcciones sólidas, con reja de cemento , con construcción de madera no ligera, un poco más producidas, bien construidas, entonces en ese tipo de situaciones no me caía la calificación de riesgo. Pero si tú me llevas a un lugar y estamos hablando de una mediagua que está ubicada en el fondo de una quebrada, ambos consideraremos que está emplazada en zona de riesgo, al igual si está al lado de un acueducto [...]. Quisiera señalar algo que quizás suene un poco irónico, por ejemplo el café Brighton, ese está construido en zona de riesgo, pues está colgando en la ladera. O sea, si vamos a pretender ser rigurosos con los términos que se tengan a la vista para clasificar de riesgo, entonces califiquemos al tiro todo Valparaíso como zona de riesgo, la gran carta Gantt de Valparaíso, como se construyó, es el desorden, es casi la teoría del caos que fue conjugando elementos y, en definitiva, terminó con lo que tenemos hoy en día Ahora podemos regularizar, podemos ordenar, podemos prevenir que pasen catástrofes, como el incendio del otro día, pero debemos tener la capacidad suficiente de ver que aquí también se ha constituido ciudad, barrios, y sacar a esas personas y llevarlas a un determinado proyecto, quizás vía SERVIU u otro organismo, también significa generar un desarraigo en esa familia, sacar a las personas de esta comunidad en la que se está desenvolviendo puede traer otro tipo de consecuencias, está comprobado, y claro, lamentablemente, nuestros amigos de SECPLAC y DOM de Valparaíso, en ocasiones son más papistas que el papa”.

Funcionario municipal 2: “Antes que llegaran las bateas, nosotros, a raíz de solicitudes de las unidades vecinales, mandábamos cuadrillas y un camión plano, con cordeles los bajábamos con “ponchas”, de eliminarlos, erradicamos algunos micro-basurales. Esta limpieza duraba aproximadamente 3040 días, porque pasado dos meses, nuevamente había un microbasural cerca de los lugares, igual falta un poco más de cultura en nuestra gente, porque si bien no es la misma gente que vota basura a las quebradas, son terceros que suben a la parte alta de la ciudad, y buscan un lugar y se ocultan durante la noche, cuando todos descansan, para votar las basuras a escondidas y después

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retirarse.Entonces al otro día la gente reclama y se encuentra con basuras que no son de ellos, sino que son de terceros que van de cualquier otra parte, y lo más cómodo es ir en camioneta y arrendarla a terceros, y tirar los residuos a los fondos de quebradas. Con los problemas que hay, que estas mismas basuras las tiran a los cauces y luego se tapan y vienen los problemas de inundación para la ciudad”.

Se ha demostrado con claridad que los habitantes auto constructores son capaces de auto proveerse de un lugar de habitación, sin embargo, lo que ellos no pueden hacer, es intervenir, reordenar y mejorar el espacio público en las quebradas, simplemente porque es una tarea mayor y que está fuera de su alcance económico y de sus competencias. A pesar de esto, las familias, a lo largo de los años, se han organizado de una u otra forma para dotar de servicios básicos y algunos mejoramientos en el espacio público informal, pero que no son suficientes. El incendio de abril del 2014 demuestra la híper resiliencia que poseen los habitantes de Valparaíso, quienes lograron reconstruir sus viviendas, en un tiempo que ha superado la gestión pública y la visión de los planificadores. Ello demuestra la necesidad de un cambio de paradigma desde la planificación regulatoria a una planificación integral, flexible y participativa, que reconozca que hoy la ciudad es la superposición de intersubjetividades y entre las cuales conviven todas sus expresiones informales.

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Quebradas de Valparaíso: Memoria social autoconstruida. Andrea Pino Vásquez 2015.  

La presente obra es una síntesis de la tesis doctoral de Andrea Pino Vásquez. Un trabajo minucioso, interdisciplinario, que resultó ser el e...

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