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Sevilla Flamenca | etapa V | nĂşmero 112| pĂĄg. 1


editorial

La Sevilla Flamenca de-toda-la-vida con ilusiones renovadas

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No partimos de cero. La revista Sevilla Flamenca fue una magnífica creación y a lo largo de sus treinta años de historia se ha desenvuelto por el mundo flamenco con una elegancia y una sabiduría difícil de igualar. No es nuestra intención hacer borrón y cuenta nueva sino retomar el testigo de quienes nos han legado este nombre y seguir haciéndolo honrado y veraz. Es más, nuestro propósito ha sido contar con los que allá por los años setenta albergaron la feliz idea de crear una revista que difundiera nuestro arte partiendo del entramado de las Peñas Flamencas de la provincia. En unos casos lo hemos conseguido y en otros, desgraciadamente, no. Pero aún así, nuestro plan es el sumar firmas a estas páginas, aunar esfuerzos en favor de nuestra cultura, difundir información y apoyar a nuestras entidades flamencas y asentar las páginas de la Sevilla Flamenca en el corazón de todos los aficionados. Por toda la gloria que ha rodeado a la Sevilla Flamenca, el consejo de redacción, que se embarca en esta quinta etapa, da las gracias y tiende su mano a todas y cada una de las prestigiosas firmas que han pasado por estas páginas. Por la historia que ellos crearon nos sentimos orgullosos. Por el nombre con el que la bautizaron: Sevilla Flamenca. Por la razón de su existencia: el gritar a los cuatro vientos que en Andalucía hay un arte que se llama flamenco y que cuando está bien ejecutado te hiela el aliento. Y esa sigue siendo nuestra razón de ser: dar a conocer el flamenco, hacerlo entendible, enseñar sus fuentes y ofrecer un testimonio honrado de la actualidad del día a día, desde la figura rotunda hasta el joven que pisa unas tablas por primera vez. La Sevilla Flamenca que tiene entre sus manos se encargará del evento de los grandes escenarios y de la reunión de cabales, del último disco de relumbrón y de aquel libro que quedó olvidado en la biblioteca. Una Sevilla Flamenca de todos y para todos. Nuestra bandera será la autenticidad y las verdades sin doblez, la ilusión de lo mucho que nos queda por vivir, el respeto profundo a lo que sucedió, la atención fija de lo que acontece, el estudio de las fuentes y la esencia, la memoria de los que nos vayan dejando en el camino, la pureza de una cultura que nos corre por las venas… En los tiempos que nos han tocado malvivir tenemos que estar más alerta que nunca y más asentados y valientes que en otras épocas. Las crisis en todos los órdenes debemos superarlas con firmeza y solidez en el trabajo, con las enseñanzas que hemos recibido, esforzándonos en cada frase que enjaretemos, en cada artículo y en cada número que salga de la imprenta. Son estas nuestras premisas: ánimo, consistencia, respeto, valentía y siempre sin perder las ganas de aprender cosas nuevas. Luego, la razón nos la dará o nos la quitará usted, amigo lector, y el tiempo, que todo lo puede. Aquí, pues, tiene la Sevilla Flamenca que pertenece a las Peñas, la Sevilla Flamenca detoda-la-vida con ilusiones renovadas.

FE DE ERRATAS En el número 4 de la Etapa IV, en la página 12, donde dice: “Del pretérito imperfecto al futuro perfecto” debe decir: “Del pretérito (imperfecto) al futuro (perfecto)”.


sumario OPINIÓN pág. 06 Honores al maestro Emilio Jiménez

MONOGRÁFICO pág. 17 - 36 Casi un siglo con... Bernarda

PORTADA.............................................................pág. 01 EDITORIAL..........................................................pág. 02 SUMARIO.............................................................pág. 03 OPINIÓN...............................................................pág. 04 ACTUALIDAD.....................................................pág. 10 ENTREVISTA.......................................................pág. 13 PUBLICACIONES..............................................pág. 14 MONOGRÁFICO ..............................................pág. 17 FLAMENCO Y CINE.........................................pág. 37 CRÓNIC@S...........................................................pág. 39 RELATOS FLAMENCOS.................................pág. 44 DOCUMENTOS..................................................pág. 46 AGENDA...............................................................pág. 47 PERFIL FLAMENCO.........................................pág. 48 IN MEMORIAM.................................................pág 50 Fotografías de portada y contraportada Paco Sánchez

ACTUALIDAD pág. 10 Premio Ondas a [FlamencoRadio.com]

PUBLICACIONES pág. 14

IN MEMORIAM pág. 50


opinión Desde mi razón

Se nos fue un amigo Por Jerónimo Roldán Pardo Se llamaba Rafael Vaquero Amaya, El Leki. Tenía 72 años y era un flamenco sevillano de los que le dan señas de identidad a esta hermosa ciudad de Sevilla. Se lo llevó una cruel enfermedad inventada por el hombre. Algo que cada vez nos ahoga más a la vez que se nos hace imprescindible para nuestras vidas: el automóvil.

Rafael Vaquero Amaya, El Leki

Con estas frías palabras se puede resumir algo tan cotidiano como es la muerte de un ser humano. Pero en este caso y por méritos de él, no se puede obviar a este amigo sin intentar glosar lo que fue, y en nuestra memoria sigue siendo. No sería justo para alguien tan entrañable como era Rafael El Leki. Leki era gitano «cuchichí», algo que para él era un orgullo y que le hacía congeniar tanto con los gitanos como con los castellanos. Algo de las dos razas llevaba en su personalidad. Por una parte su enorme compás. Por otra su buen gusto por

la buena vida. Su padre era un sevillano tratante de ganado y su madre era una gitana de Extremadura. Nació en la Macarena, en la calle Patricio Sáenz, intra muralla. Esta es una calle muy popular de este bendito barrio porque en ella estaba ubicado un colegio de monjas, que se le llamaba popularmente de la Fonda, y que hoy es un comedor de asistencia social. También era famosa en el barrio esta calle porque había un gran corral de vecinos, de los auténticos de Sevilla, que los macarenos conocíamos como el Palacio de los Caballitos. Dicho nombre se le atribuía a este corral debido a que un artesano que habitaba allí ─Paquiqui se llamaba─, se dedicaba a construir los famosos caballos de cartón piedra que eran juguetes para los niños de aquella época. Junto a este corral, pero en la calle Macarena, existía otro corral que se conocía por la Casa de Cartón. En él vivía un bailaor, el mayor de una saga de bailaores flamencos también muy populares en el barrio. Los Moya eran tres hermanos que bailaban; Joaquín, Pepe y Pedro. Lo traigo a colación porque el menor de los tres, Pedro Moya, hoy gracias a Dios vivo y octogenario, era miembro de un grupo de amigos que formaron un singular cuarteto llamado Aires Macarenos. Lo componían El Leki, Luis Gutiérrez El Lavadora, Pedro Moya y el genial Manolito de Triana. Cuatro aficionados flamencos exquisitos, llenos de compás, llenos de arte. Gracia a raudales. Conocedores del más auténtico flamenco. El flamenco que te emociona, el que te divierte, el que expresa todo el arte que lleva en sus genes

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la gente de esta tierra de María Santísima… Sevilla. A ellos los he escuchado hacer soleares por bulerías sin guitarra, al son de nudillos en la mesa, de una categoría sublime. La voz aguda pero muy flamenca del Lavadora con el compás a nudillos de él mismo, de Moya y del Leki era algo que difícilmente se puede volver a ver. Como ese Manolito de Triana con el pañuelo al hombro, haciendo la trompeta con las manos y cantando en inglés por Luis Armstrong… algo inenarrable. A su vez, verlo bailar al son que él mismo se hacía con su cante, con su corta estatura, moviendo ese cuerpecillo tan a compás y con tanta gracia, te elevaba a aquello que los andaluces conocemos y busca-

“Él era siempre el cabecilla de todos, él era capaz de levantar la fiesta más triste y ponerla a revienta caldera” mos con tanto ahínco: el estar a gusto. También canta Manolito por soleá de Triana y hace los cantes de Caracol con mucho arte. Todo el cante del Leki se basaba en su enorme ritmo. Cantaba bien por soleá, por fandangos, por seguiriya. Prácticamente por todo. Pero los cantes a compás eran su fuerte. Sus tangos y sus bulerías. Además era un showman completo: bailaba, cantaba y se inventaba las letras más graciosas y actuales. Cantaba y bailaba por bulerías metiendo temas de Zapatero (él le llamaba «el media suela»), de Rajoy, del Rey y de cualquier tema de actualidad, tanto político como deportivo. También tenía letras por bulerías donde metía los anuncios de la radio de los años cincuenta y otras donde por bulerías metía los créditos de películas an-


tiguas. A su vez contaba chistes y anécdotas con muchísima gracia. Escuchar al Leki en ese patio de la Peña Flamenca Torres Macarena, que él decía a boca llena que era su Peña, era algo así como un privilegio. Te transportaba a los años donde los bautizos y las bodas se celebraban en los patios de vecinos. En esa fiesta donde reinaba el flamenco de los aficionados, el baile, el cante y la gracia. Esto era lo que el Leki formaba. Él era siempre el cabecilla de todos. Era capaz de levantar la fiesta más triste y ponerla a revienta caldera. Le hacía un cante por bulerías al Moya que éste bailaba desarrollando una corrida de toros como torero, como banderillero, como «picaó»... En

“Siempre he escuchado decir que se mueren los mejores, esto es algo que no tiene sentido, pero en este caso es cierto. Leki no merecía una muerte tan inmisericorde, tan súbita y fría” fin, una coreografía, como se dice ahora, de muchísima imaginación. Moya la ejecutaba muy lentamente, muy flamenco, y quedará en el recuerdo de los aficionados que lo hayan visto. La primera vez que pude ver a Rafael en la Peña Torres Macarena sería a principios de los ochenta del siglo pasado. Actuó con su grupo de Aires Macarenos. Hicieron una primera parte de flamenco y en la segunda parte ponían en escena el desarrollo de un bautizo, donde El Lavadora era el cura, Manolito era el monaguillo, Leki y Moya eran padre y padrino del niño representado por un muñeco de goma, y todo ello con la guitarra de

Pepín. Después de 25 años, los socios antiguos de la Peña que lo presenciamos hablamos con regocijo de aquella actuación. Desde que se fundó la Peña no han dejado ni un sólo año de actuar, de una forma u otra en la Peña que consideraban su casa. Y nunca defraudaron. Es más, la Peña se hacía más peña, y venían muchos más socios en cuanto se anunciaba o se preveía que El Leki estaba de fiesta. Eso dice mucho de la capacidad de comunicación y renovación de este flamenco. Una característica de su repertorio era que siempre hablaba mucho acerca del trabajo. Él era muy gracioso contando anécdotas y chistes, y empleaba el trabajo y la flojedad con mucho arte. Fue durante toda su vida un buen trabajador. Primero ayudó a su padre como corredor de ganado. Posteriormente intentó, entre otros oficios, poder vivir como artista flamenco, y posteriormente se desenvolvió como vendedor ambulante durante el resto de su vida. Pero parece que una vez se colocó de peón de albañil en una obra cerca del antiguo cuartel de Eritaña, y decía con mucha gracia: «Fíjate si soy trabajador, que me echó el encargado porque hice un piso con una terraza de más». También cuando el público se regocijaba con sus ocurrencias y quería callarlos decía: «El que no se calle que le salga trabajo». O aquello de «como no se calléis llamo a Franco». Siempre he escuchado decir que se mueren los mejores. Esto es algo que no tiene sentido, pero en este caso es cierto. Leki no merecía una muerte tan inmisericorde, tan súbita y fría. Durante toda su vida derrochó gracia y arte, regalándolo a todas las personas que nos acercábamos a él. Lamentaremos todos sus amigos y la Peña Torres Macarena, como entidad, ese triste 15 de diciembre de 2009, cuando llegue una fecha señalada y no veamos en nuestro patio el sombrero característico de un flamenco lleno de gracia y compás, que iba siempre sembrando alegría por donde pasaba.


opinión La Gazapera

Honores al maestro Emilio Jiménez Por Manuel Bohórquez Emilio Jiménez Díaz fue durante muchos años la referencia del periodismo flamenco en Sevilla, aunque tuvo una fuerza extraordinaria allí donde hubiera alguna matita de yerba que oliera a flamenco auténtico. Recuerdo con nostalgia su programa flamenco de Radio Popular de Sevilla, cuando estaba en la calle Vírgenes, cerca de donde nació el gran Silverio Franconetti. Para mí y para otros muchos de mi edad fue una escuela de radio y de flamencología de altura. A la vez que dirigía este histórico espacio radiofónico, el gran escritor trianero llevaba la sección de flamenco de Nueva Andalucía, primero, y luego la de El Correo de Andalucía, coordinando durante años el suplemento Correo Flamenco, donde me dio la oportunidad de colaborar por primera vez en un periódico, en 1984. Ya ha llovido desde entonces. Al poco tiempo abandonó El Correo por motivos de trabajo. Decidió que, entre todos los colaboradores que habíamos, la sección flamenca quedara bajo mi dirección y aquí andamos todavía. Colaboraban Luis Caballero, Manuel Martín Martín, el desaparecido Manuel Ríos Vargas y otros. Por otra parte, Emilio, que siempre ha sido un trabajador perseverante, dirigía la revista Sevilla Flamenca, el órgano informativo de la Federación de Peñas Flamencas de Sevilla. Eran unos tiempos difíciles, sin apenas ayudas de las instituciones públicas, pero había mucha ilusión porque estaba todo por hacer en el flamenco. Emilio Jiménez fue un agitador cultural de aquellos años, el hombre que, en leal competencia con el entrañable Miguel Acal Jiménez, se encargó de aficionar al flamenco a media Andalucía y de sentar las bases del periodismo flamenco que hoy tenemos.

Se le hicieron homenajes, ganó premios literarios importantes y le dieron tantas insignias de oro en las peñas andaluzas, que fundiéndolas todas podría hacerse un hermoso reloj. Es lo que hizo Antonio Mairena, por si no lo sabían. Pero además de un crítico de flamenco de raza y una pluma literaria sublime, de una prosa sevillana irresistible, Emilio adoraba su trabajo de escaparatista y decorador en el Corte Inglés de Sevilla y un día tomó la decisión de dedicarse sólo a eso y a escribir libros. Pesó también su familia, su mujer Loli y sus tres hijos, que aguantaron como pudieron esa dedicación al flamenco, digamos, de doce horas diarias.

“Lo que de verdad ovacionaría es que la Junta le concediera a Emilio la Medalla de Plata” Alguna vez estuvo al borde de la depresión por querer llevar tantas cosas a la vez y hacerlas todas bien. Destinado a Córdoba por su empresa, desapareció prácticamente de la vida flamenca sevillana, con la excepción de la coordinación del Compás del Cante, otra de sus grandes obras. Mientras Córdoba le abrió sus brazos, orgullosa de ver pasear a un trianero ilustre por la venusta Judería, Sevilla y Triana se los cerraban. No han sido muchos los reconocimientos en su tierra en estos últimos años, esa es la triste realidad.

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Más bien todo lo contrario. El pasado verano me escribió una carta un poco cabreado porque habían puesto su nombre en el programa del pasado Congreso Internacional de Flamenco, celebrado en Triana, sin que nadie de la organización se hubiera dirigido a él para nada. La verdad es que todos nos hemos olvidado un poco de Emilio Jiménez Díaz, del hombre que tanto ha hecho por Triana, por el flamenco y por Andalucía. ¡Vaya, acaba de salirme un pareado! A lo mejor es que siempre lo hemos visto capaz de poder hasta con los palos y los desengaños. En lo que a mí respecta, reconozco que tendría que vivir cien veces para pagarle de alguna forma todo lo que hizo por mí en aquellos años, enseñándome a escribir, dándome a conocer en sus medios y entre sus buenas amistades y ayudándome a hacerme profesional del periodismo flamenco cuando me dedicaba a abrir calicatas en las calles de Sevilla y era sólo un analfabeto con voluntad. A Emilio nunca le importó mi falta de preparación y me ayudó lo indecible. No estaba obligado a hacerlo, pero lo hizo y me cambió totalmente la vida. Mis rarezas y algunos gestos suyos que a lo mejor no entendí en su justa medida, contribuyeron a alejarnos el uno del otro, aunque, al menos por mi parte, siempre ha habido un sitio en mi corazón para quien supo ocupar el lugar del padre que nunca tuve. No hace muchos días me comunicó la noticia de que lo van a nombrar Socio de Honor del Aula Flamenca del Círculo de la Amistad de Córdoba. Emilio está feliz por este modesto pero importante galardón flamenco. Lo celebro por bulerías. Pero lo que de verdad ovacionaría, dejando sin mosto el Aljarafe sevillano, es que la Junta le concediera la Medalla de Plata, ahora que se ha jubilado y que tiene ganas de seguir luchando por Andalucía. Merece ese galardón por todo lo que hizo, lo que hace y lo que puede hacer aún por el flamenco y por nuestra tierra. Pero si no le dieran el preciado premio, que muchas veces hay que conseguirlo en los despachos, quiero decirle públicamente que, con la medalla o sin


ella, para mí y para muchos será siempre el gran Emilio Jiménez Díaz, el trianero que nació en un célebre corral del arrabal sevillano para, entre otras muchas cosas

“A veces cuesta decir te quiero, compadre, pero puedes tener la seguridad de que es totalmente cierto” hermosas y elogiables, convertir en todo un hombre a un espigado párvulo que un día le pidió ayuda para ser feliz escribiendo de flamenco, que es lo que hago desde entonces, aunque no sé si dignificando al maestro o rebajándolo al señalarlo como el hombre que me enseñó a ordenar las letras. A veces cuesta decir te quiero, compadre, pero puedes tener la seguridad de que es totalmente cierto, aunque no haya sabido demostrártelo en todos estos años. Como decía El Guerra, cada uno es cada uno. Celebraré todos y cada uno de tus éxitos en esta nueva etapa de tu vida.

Emilio Jiménez Díaz


opinión La mirada...

El flamenco en Málaga Por Paco Vargas Históricamente, Málaga ha tenido años de verdadera importancia junto a otros en los que se ha enrocado en sí misma sin conseguir una clara proyección fuera de sus fronteras. Así, es evidente su gran contribución al nacimiento y posterior evolución del flamenco, por su rico folclore y a partir de la época de los cafés cantantes, durante la cual fue uno de los centros neurálgicos del espectáculo flamenco y una referencia obligada gracias a artistas de gran nombre y fama, cuales fueron el mítico Juan Reyes Osuna, El Canario, el muy popular Juan Breva o la siempre nombrada Trinidad Navarro, La Trini. Pero tras ellos hubo un largo tiempo de silencio, sólo roto por la irrupción de una joven cantaora a la que le llegó el reconocimiento y la fama casi al mismo tiempo que su adelantada muerte. Por eso, al referirnos a ella, titulamos “La Repompa: lo que pudo haber sido y no fue”, porque eso podía haber sido la figura de Enriqueta Reyes: la cantaora de talla que Málaga necesitaba para romper el silencio al que el devenir de la historia y los caprichos artísticos del destino la tenían sometida. Quiero decir que, si tras los últimos suspiros de la Ópera Flamenca, otros lugares tuvieron su tótem flamenco o sus artistas más significativos capaces de exportar el valor flamenco de la tierra —caso de Sevilla, Cádiz, Córdoba o Jerez—, Málaga se encerró en sí misma y sólo gracias a la Peña Flamenca Juan Breva comenzó paulatinamente a retomar el papel histórico que en justicia le pertenecía: en las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX casi todo lo concerniente al flamenco en Málaga giró en torno a la citada entidad.

Es en las décadas de los ochenta y noventa cuando en Málaga parece rebrotar la semilla flamenca por mor de la llegada de una nueva generación que nacía al calor del resurgir del flamenco como arte y de su consideración como tal entre artistas e intelectuales. Pero también debido a la labor de las Peñas Flamencas, que hacen una magnífica tarea de «escuelas flamencas» ante la falta de centros donde aprender. La impagable tarea didáctica de estas sociedades privadas agrupadas en la Federación de Peñas Flamencas de Málaga ha dado como resultado, además de acercar el flamenco a las nuevas generaciones, el nacimiento de artistas que hoy son considerados como tal dentro y fuera de su lugar de nacimiento; aunque es cierto que estas entidades fueron sólo los cimientos de una for-

“Málaga se encerró en sí misma y gracias a la Peña Flamenca Juan Breva comenzó a retomar el papel histórico que le pertenecía” mación que los propios artistas han ido completando con el tiempo hasta llegar a ser lo que en la actualidad son. Entre los antes señalados se encuentran: Rocío Molina, Ramón Martínez, Moisés Navarro, Luisa Palicio, Susana Lupiáñez La Lupi, Virginia Gámez, Rocío Bazán, Luis

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Perdiguero, Bonela Hijo, Simón Román, Daniel Casares, Antonio Soto, Chaparro de Málaga o Paco Javier Jimeno; grupo paradigmático de una nómina artística mucho más amplia. El festival Málaga en Flamenco significó un gran revulsivo para Málaga, pero también muy esclarecedor toda vez que ha puesto en valor a determinados artistas pero ha dejado en evidencia a quien no daba más de sí y ha sacado a la luz dificultades endémicas, porque lo cierto es que si bien parecía que el evento iba a ser el maná salvador para el flamenco en Málaga, tras la segunda edición se comprobó que la raíz del problema —si así queremos llamarlo­­— era mucho más compleja de lo que en un principio semejaba ser. La primera edición de Málaga en Flamenco nació como respuesta a la Bienal de Flamenco de Sevilla, aunque jamás se reconociera así en Málaga y fuera tachada de catetada por el entonces concejal de cultura del ayuntamiento sevillano, ciudad a la que los malagueños demuestran una permanente hostilidad, debido a los agravios comparativos que vienen de años atrás, pero asimismo por la incapacidad de éstos de ponerse a su altura organizativa, pues aunque el fundador del gran festival sevillano fuera un malagueño de Archidona, siendo concejal de la capital andaluza, la idiosincrasia malagueña tiene sus formas propias y un concepto distinto y menos elitista y cultural del que se concibe en Sevilla. A qué engañarnos: Sevilla, fueraparte su encanto y su historia, siempre ha marcado la pauta y, además, se ha sabido vender mejor que nadie: lo que en otros lugares ha pasado desapercibido, en Sevilla ha cobrado una importancia insospechada. Por otra parte, no se puede negar el papel de pionera no sólo en poner en marcha eventos como la Bienal, sino en otros aspectos del flamenco. Verbigracia: la primera federación de peñas flamencas surgió en Sevilla, antes incluso que la propia Confederación Andaluza de Peñas Flamencas.


Si casi todos los grandes festivales flamencos que se celebran en Andalucía y en España están mediatizados, en mayor o menor medida, por la política; Málaga en Flamenco nació de un político y es el evento donde más se notó el dirigismo cultural al que está sometido el flamenco en Andalucía, pues desde los principios el citado político, a la sazón presidente

“A qué engañarnos: Sevilla siempre ha marcado la pauta” de la Diputación, fue el que en realidad manejó los hilos y, bien a través de él o por medio de determinadas personas de su confianza, la decisión última siempre fue la suya. Así ocurrió en la primera edición (de Málaga en Flamenco ) y volvió a repetirse en la segunda, aunque ya hubiera un director artístico al que sólo le faltó cantar y tocar la guitarra, porque lo demás lo hizo todo… Claro que, mientras el político aficionado al flamenco siga al frente de la institución provincial, Málaga en Flamenco —de la que sólo queda la marca, desaparecido el festival bienal— seguirá adelante sin problemas. Éstos llegarán cuando el poder esté en manos de otra persona a la que el flamenco le guste menos o no le guste. La razón, por evidente, no es menester discutirla: cuando la política contamina el arte, éste acaba perdiendo la esencia y el porqué.

Si la primera edición fue la de la inexperiencia organizativa, ésta llenó de flamenco la provincia de Málaga. Y, además, puso en evidencia que a los artistas malagueños en general les faltaba un hervor para actuar con soltura en una obra teatral flamenca donde lo coral se antepone a la individualidad; aunque por separado la mayoría de ellos estuvieran a la altura. También se hizo notar el aficionado clásico de las Peñas Flamencas agradecido por la invitación – la mayoría de los espectáculos siguieron en la práctica la táctica de «entrada libre hasta completar el aforo«—, algo que en la Málaga flamenca, poco acostumbrada al pago de una entrada, se valora mucho. La segunda edición estuvo definida por las ensoñaciones artísticas de su director, que, olvidándose de donde estaba, despegó los pies del suelo y sumió al festival en un magnífico desorden que en determinados momentos fue hasta divertido, eligiendo lugares y escenarios poco apropiados para la inmadurez organizativa de un evento tan joven: se adelantó a su tiempo y le fallaron las infraestructuras y

Sin embargo, no sería justo dejar de reconocer que a partir de la creación de la marca Málaga en Flamenco se inicia un camino a la modernidad que el flamenco en Málaga necesitaba desde hace tiempo, pero que nunca acababa de emprender por falta del apoyo financiero suficiente para las iniciativas que surgieron. En ese aspecto, la Diputación Provincial de Málaga dio un paso al frente que hay que reconocerle y agradecerle. Lo demás sería negarle un mérito que sólo a ella pertenece. En eso, creo que todos estamos de acuerdo.

las personas necesarias, con lo cual le salió el tiro por la culata; aunque artísticamente haya que reconocerle sus rompedoras propuestas no siempre entendidas por la grisácea medianía de determinados sectores del flamenco en Málaga y por un sector minoritario de la crítica que, confundiendo la parte con el todo, entraron a saco en Málaga en Flamenco alentados por intereses espurios y nada transparentes, parte de la batalla político—conceptual que se estaba librando en pos de ellos. Cuando se organiza un festival de las características del evento malagueño se han de tener en cuenta aspectos muy variados que van desde la calidad artística de los espectáculos hasta su incardinación en el entramado social que lo acoge pasando por la rentabilidad cultural o su trascendencia dentro y fuera del entorno local. Así las cosas, Málaga en Flamenco no logró la natural imbricación de los malagueños ni procuró la llegada de un turismo cultural selecto que hiciera suya la propuesta, con lo cual su rentabilidad cultural fue escasa por cuanto llegó a muy poca gente, pues la afluencia de público fue un fracaso. Y lo que queda de aquella atractiva propuesta son los circuitos y el concurso de cante flamenco para jóvenes, que organiza la Federación de Peñas Flamencas de Málaga; o las galas en el auditorio de la Diputación casi siempre protagonizadas por artistas de la tierra. Y poco más, si exceptuamos el Primer Congreso Internacional de Peñas Flamencas (a celebrar en Marbella los días 5, 6 y 7 de febrero), que en realidad es continuación de aquel exitoso Primer Encuentro Internacional de Peñas Flamencas, que tuvo lugar en Estepona hace unos años a cuyo frente estuvo quien firma. Con todo, hoy los artistas malagueños tienen su mejor fuente de ingresos en estas actividades de las peñas flamencas que pagan la Diputación o determinadas empresas e instituciones privadas. Es decir, lo mismo que viene sucediendo desde hace años.

La bailaora Rocío Molinaen «Oro Viejo» Foto_ Circusmedia


actualidad FlamencoRadio.com

es galardonado con el Premio Ondas a la Innovación Los Premios Ondas se conceden desde 1954 y han galardonado a periodistas de la talla de Bobby Deglané, con su mítica Cabalgata fin de semana, Enrique Vila, Juan Bustos, Joaquín Prat o José María Durán. También a programas de temática flamenca como Misa Flamenca de Radio Sevilla o Tertulia Literaria de Manuel Barrios. José Menese, José Núñez Chocolate o Vicente Amigo también han conseguido el Premio Ondas en favor de nuestro arte.

El pasado mes de octubre, Radio Barcelona de la Cadena SER tuvo a bien conceder el Premio Ondas a la “innovación radiofónica” a FlamencoRadio.com, la cadena del grupo Radio y Televisión de Andalucía dedicada a difundir el mundo del flamenco a través de internet.

Joaquín Durán Foto_ Paco Sánchez

Paco Sánchez / Foto_ Carlos Arbelos

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Es un orgullo para todos los flamencos. O, al menos, debía serlo. Y es que no estamos acostumbrados a ver juntas las palabras flamenco e innovación y que no salten por los aires las alarmas del perdemos lo nuestro… o esto ya no es lo que era… Y no. Flamenco e innovación se han unido en el nombre de un premio a, quizás, el programa de flamenco más importante de la historia por lo mucho que ha cambiado el concepto y los términos, por haberle dado la vuelta a la forma de hacer y escuchar radio, por haber sabido adaptar una música tradicional a un nuevo formato.


Paco Sánchez: «…el entusiasmo y la insistencia de Manolo Casal hicieron posible que en el año 2008 empezáramos a trabajar en el proyecto. Con poco personal, poco presupuesto y ¡mucha ilusión! O sea lo normal». Paco Sánchez es el corazón del equipo de FlamencoRadio.com, integrado por Andrés Luque, Zahira García y Esperanza Lobo (programación y edición), Andrés Caro e Irene López (posproducción), Bernardo Peña Dorantes (p. sonora) y Mariló Seco, Manolo Curao, Ana Carvajal y Paco Sánchez (locución), quien nos comenta: «En nuestra memoria permanece el recuerdo imborrable del compañero Carlos Arbelos, que nos dejó después de haber escrito todos los textos de los espacios que emitimos con biografías, palos etc. y haber clasificado importantísimos documentos sonoros de nuestra fonoteca.También recordamos a Luis Baquero que murió sin ver hecha realidad su idea, el proyecto más ambicioso de cuantos hemos conocido en la radio andaluza con el flamenco como protagonista». Paco Sánchez: «El concepto de FlamencoRadio.com es distinto. La emisión es una sucesión de temas diseñados en función de su cadencia rítmica. Nunca se escuchan tres palos iguales para evitar la monotonía. Se mezclan discos que hemos digitalizado con grabaciones en directo originales nuestras. Contemporáneas con antiguas. La música es la protagonista de todo. Como complemento unas cuantas palabras que cuenten biografías, anécdotas, historias... Saludos de los artistas, autopresentaciones...» Joaquín Durán, director de Canal Sur Radio: «Para nosotros este premio es un espaldarazo en el proyecto en el que estamos inmersos: conjugar el respeto y la promoción de nuestras mejores tradiciones culturales con una apuesta de futuro y modernidad, tanto en el tratamiento de los contenidos como en el de los formatos o nuevos soportes. Este es el caso de FlamencoRadio.com». Manuel Curao y Paco Sánchez

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actualidad Escándalo en Torres Macarena Jerónimo Roldán Pardo El pasado día 10 de febrero actuaba en la Peña Cultural Flamenca Torres Macarena la bailaora Carmen Ledesma acompañada del cante, compás y toque de su buena gente. Para cualquier aficionado al flamenco éste es un plato fuerte además de un evento cultural de primer orden. Las dependencias de la Peña estaban a rebosar de socios y amigos de esta gran artista nacida en el barrio de la Macarena. Estábamos todos deseosos de presenciar un flamenco verdadero en un escenario tan inigualable como es el de esta peña señera. La actuación comenzó sobre las 21 horas. Al cuarto de hora de comenzar irrumpen en la calle Torrijiano dos coches de la Policía Municipal de los cuales se bajan hasta seis números de este cuerpo penetrando posteriormente en la peña ─sin orden judicial y sin pedir permiso, en una casa que es propiedad privada de los socios─, no sin antes intimidar al socio que ostenta el cargo de Tesorero exigiéndole que les entregara las invitaciones que éste recogía de los invitados, las cuales aportaban una ayuda para la entidad. Al negarse le exigieron que entregara la documentación, tomando nota de ésta. La calle, cortada por los vehículos, y el barullo que se formó en la puerta, hizo que se tuviera que parar la reunión flamenca. Impresionaba ver seis policías en el patio de la casa exigiendo la presencia del Presidente de la entidad. Muchísimos extranjeros amigos de la artista y muchísimas de sus alumnas miraban con estupor la escena, y posteriormente se hacían cruces por el trato recibido por un colectivo que sólo estaba cumpliendo uno de los fines articulado en sus esta-

tutos. Estatutos, por cierto, legalmente constituidos y registrados. Debido al escándalo que se formó, el Presidente tardó en acudir. Viendo la beligerancia de la policía, que amenazaba con cerrar la Peña, algunos socios ─entre ellos yo─ comenzamos a buscar al Presidente. Tuve suerte y lo encontré en los cuartos de reuniones explicando qué pasaba a los artistas, que no salían de su asombro de que una cosa así pudiera suceder. Para más inri, cuando abro la puerta del cuarto veo detrás de mí a un número de la Policía (por cierto no sé si era el mando, pero desde luego sí era el más implicado en el asunto) que se había colado hasta lo más recóndito de la Peña. Identificó y le pidió documentos y como no los tenía encima, le exigió al Presidente que le acompañara para tratar de buscarlos en el coche, que estaba aparcado a bastante distancia de la Peña. El presidente le ofreció que pasara delante para salir de la Peña y este señor lo rechazó y le exigió que pasara primero él (tal vez para vigilarlo por si se escapaba). Una vez de vuelta ─al parecer no se pudo entregar la documentación─ le exigió que al día siguiente se presentara con ellos en comisaría. Y después se fueron. Después de todo esto sólo queda preguntarse: ¿qué delito se estaba cometiendo en esta entidad para merecer un despliegue de esta categoría? ¿Quizás somos delincuentes para merecer este tratamiento por parte de nuestras autoridades? La pregunta no es por el hecho de la denuncia en sí, que hasta cierto punto es normal, sino por el despliegue

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policial efectuado. ¿Cómo es posible que en una ciudad con tantos problemas por resolver de todo orden, por falta de efectivos, se dediquen cerca de dos horas a seis números de la policía para un asunto de esta índole? Realmente fue escandalosa esta situación. Vergonzoso para los socios de una entidad que lleva 33 años trabajando para un arte que se quiere hacer Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, nada menos que en la UNESCO. ¿Qué pensarán de nosotros los cientos de extranjeros que presenciaron lo ocurrido? ¿Le darán su apoyo a esta propuesta o irán diciendo la verdad de lo que ocurre? Dirán que el flamenco y los flamencos son tratados con respeto en nuestro país sólo cuando tienen que mostrarlo a los personajes importantes, como el caso de la reciente fiesta con motivo de la Jefatura de España en la UE, donde el flamenco se mostró como la más importante cultura de nuestro país. ¿Cómo es posible que a una entidad que es pionera y referencia del flamenco en Sevilla se le puede estar tratando de esta manera, persiguiéndola y ensañándose con ella, por un vecindario que lleva escaso tiempo viviendo en este lugar? ¿Por qué las denuncias no son a altas horas de la noche? Se trata de denunciar por denunciar a cualquier hora. A las 17 h., a las 19 h., a las 21 horas. A cualquier hora denuncian por considerar que el cante flamenco es RUIDO (sic). Nuestra entidad ha hecho todo lo posible por evitarlo. Ha cambiado de horario el comienzo de las reuniones, ha insonorizado ─con el dinero de todos los socios─ la pared colindante de la vivienda que creemos que puede ser afectada y exigimos silencio a nuestros visitantes a partir de la 12 de la noche... Aún así, siguen sucediendo estas cosas.


entrevista Raúl Montesinos

Esencias nuevas de La Puebla de Cazalla Pablo J. Parrilla y Eduardo J. Pastor «El Arquillo Viejo es un lugar emblemático de La Puebla de Cazalla. Por eso quise llamar así a este trabajo, porque mi cante es esencia de mi pueblo». Se va abriendo camino por el flamenco con el cuchillo entre los dientes. Aparta obstáculos y dificultades con la rabia contenida que procura el saber que se tiene razón en lo que se hace. Al menos, su razón, la de él, la que Raúl Montesinos va derrochando cada vez que abre la boca y te mira de frente. «Este disco que he sacado me lo he tenido que pa-

gar yo. Enterito. Así está la cosa». Habla sereno pues no está en una entrevista sino en una reunión de amigos que hablan de flamenco. Y ahora ha salido la conversación de su último disco: Arquillo Viejo. Un disco, nos cuenta «donde se puede empezar a escuchar al que yo creo es el verdadero Raúl Montesinos, porque he hecho lo que me ha salido del alma». Y es cierto. Es un disco con muy pocos arreglos para que las letras del inolvidable Francisco Moreno Galván y las suyas propias broten de su garganta de forma limpia y con los menos aditivos posibles. Raúl no se anda por las ramas cuando se refiere su forma de entender el cante y de cantar. «Hay que escuchar mucho cante y querer aprender. Luego, seguir escuchando y seguir queriendo aprender. Y que el cante te vaya saliendo sin querer imitar a nadie. Escuchar y aprender pero ser siempre uno mismo». Para el acompañamiento Raúl ha sabido señalar con el dedo sin quedarse como se quedó San Juan. «Me tocan Domi de Ángeles, Manolo Franco, Paco Cortés y Manuel Herrera. A mí me parece que he acertado con los tocaores...». La conversación va rompiendo por los palos que llenan los surcos del disco. Alegrías y cantiñas, malagueña, soleá, rondeña, una nana que dedica a su hijo Alejandro, minera, fandangos, bulerías, peteneras y sevillanas, «un cante que quería incluir porque me merecen mucho respeto los artistas que cantan bien las sevillanas, que son muy difíciles de hacerlas bien».

Raúl Montesinos y la seriedad del cante / Foto_ José Ángel Vidal

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Finalmente, Raúl nos dice: «Estoy feliz con cómo ha quedado el disco. Sé que siempre se puede hacer mejor, pero estoy contento porque he dado todo lo que tengo». Y tanto que lo ha dado todo.


publicaciones

El Último Trovador Paco Palacios El Pali Autor_ Antonio Ortega Edita_ Absalon

Sevilla ya es un poco más Sevilla, por mucho que le pese a demasiados sevillanos. Los que abortaron con ideas destempladas el nombramiento de Francisco Palacios Ortega como Hijo Predilecto de la ciudad han tenido, de momento, que esconder la cabeza. Esos sevillanos que no han sido capaces de buscarle sitio a la estatua que El Pali tiene tan bien merecida se han debido de dar con un canto en los dientes y tendrán que buscar espacios por las esquinas para encontrar la gloria que no les corresponde. Porque El Trovador de Sevilla ya tiene libro en los anaqueles de las librerías de los sevillanos de buena voluntad. Porque Antonio Ortega, un escritor flamenco que sabe lo que escribe y que ha tenido el acierto de hacer de su pluma cincel que cincelara el mármol que ha dejado ya por siempre al Pali en nuestros corazones, ha conseguido sacar a la calle un libro imprescindible con muchos quilates de calidad y cariño entre sus páginas. Y es que estos libros son fundamentales para contar la historia de Sevilla y de sus personajes. Me decía una noche el productor y músico Pive Amador que había que escribir un libro sobre la vida y obra de Silvio –el bueno, el rockero— para que las generaciones venideras no nos tomaran por tontos y creyeran que nos hemos sacado de la manga un personaje tan único, tan genial, que parecería salido de una novela de aventuras caballerescas. Eso es exactamente lo que ha hecho Antonio Ortega con Paco Palacios. Si el maestro Burgos lo sacó de pila con lo del Trovador, Antonio Ortega lo ha rescatado del olvido de los que se creen que mandan y lo ha dejado para la eternidad en las hojas de día de fiesta de una obra tan literaria —tan retórica— como convincente y esclarecedora. Un trabajo tan imprescindible para conocer el mundo de las sevillanas como fundamental para entender el por qué de tantas cosas que pasan y han pasado en las calles de Sevilla. Porque el que entienda a Sevilla que la compre. Antonio Ortega, con sus treinta y nueve años a la espalda y su Voz de Canela en los bolsillos, se ha tenido que ir a Cádiz —El día que yo me muera, que me entierren en la playa— para que Ediciones Absalon se haya preocupado tanto y tan bien por la edición de un texto que comienza con la confesión por parte del autor de «no conocí personalmente al El Pali. Nunca hablé con él. Mi mano jamás estrechó la suya, ni compartimos una copa…»

Pero lo que si comparte Antonio Ortega con todos nosotros son las cosas sublimes del Pali. Desde su nacimiento, en la calle Güines de la Casa de la Moneda, hasta sus últimos días en su eterna calle Aduana, pasando por los veranos de adobo en Sanlúcar. Ortega nos dibuja a un artista íntegro y fiel a su gente, enamorado de su ciudad y gracia y guasa en todo lo que hacía y decía. Un libro lleno de andar sobre los pies de los pasos de palio, de carretas camino del Rocío, de geranios y enredaderas, de Gordillo gambeteando por la banda del Benito Villamarín, de Pepe Luis a hombros camino de su barrio de San Bernardo, del crujir de los Hércules de la Alamea… Y como colofón, Antonio Ortega nos descubre en El Último Trovador a un Pali con una capacidad para escribir sevillanas descomunal. Y como ejemplo todas las letras de sevillanas y fandangos que Paco Palacios grabó y también las que dejó en el tintero. Incluso los últimos versos que escribió en su habitación del hospital y que se quedaron huérfanos de su voz —Por eso yo te pido, ay madre mía, de irme al cielo, con los artistas que se murieron— . Compartamos, pues, no una copa con El Pali, sino doscientas, entre serrín y aguardiente de Cazalla, para recordar que en Sevilla hubo un tiempo en el que el arte ni se compraba ni se vendía ni se subvencionaba, sino que se vivía. Un tiempo en el que los arribistas del poder eran eso, simples alcahuetes que movían a la compasión. La Sevilla que Antonio Ortega retrata en su libro es la que aún no había perdido los cielos de los que nos hablaba Romero Murube en las eternas noches del Arenal. Una Sevilla con calentitos en el postigo y El Pali guaseando del Cerro a la Macarena. El Útltimo Trovador es, en definitiva, el homenaje que necesitaba, como el agua, el artista más grande de la historia que haya dado el mundo del cante por sevillanas y la bofetá que estaban buscando esos sevillanos que le quieren negar el pan y la sal a los nobles hijos de Sevilla. Ole, Antonio. Y que sí, Paco, que sí… Que VIVA SEVILLA. E.P.R.


El cante por derecho

Niño de la Huerta

Por fin. Por fin nació la criatura. Todos estábamos esperándola. El parto ha durado casi trece años pero ha merecido la pena. El autor, el paradeño José Cenizo, ya puede sentirse tranquilo y a la vez, orgulloso de la criatura. Su libro es, además de una semblanza sobre el gran Miguel Vargas, un análisis de la discografía del cantaor morisco afincado en Paradas y fallecido en junio de 1997. Porque el testimonio oral se lo lleva el viento y el testimonio sonoro impreso en vinilo es el mejor de los reclamos para analizar el legado de cualquier artista que se precie como tal. Y Miguel Vargas tenía una corta pero más que interesante discografía. Pepe ha buscado a compañeros de la talla de Máximo López o Antonio Bascón Torres para entrar en profundidad en la obra discográfica del bueno de Miguel y analizarla en su totalidad. Y siempre en el contexto de la escuela mairenista, escuela a la que Miguel asistió pero no la única.

La obra completa de Francisco Montoya Egea, Niño de la Huerta (1907— 1964), el más importante cantaor de Lora del Río, está disponible desde comienzos de año. La edición de los cuatro CDs ha sido posible gracias a la meticulosa recopilación del legado de Curro Montoya, casi en trance de desaparición. La empresa sevillana Fonotrón ha sido la encargada —una vez más— de remasterizar los discos de pizarra, llevando a cabo un trabajo encomiable.

Semblanza del cantaor Miguel Vargas Autor_ Pepe Cenizo. Edita_ Ayuntamiento de Paradas

El libro es también, qué duda cabe, un recorrido a lo largo de la vida del cantaor a través de la memoria de la afición, de la crítica y de todos los que lo disfrutaron. José Cenizo, poeta, ha buceado también en las letras grabadas por Miguel Vargas con autoría de Francisco Moreno Galván y Rodríguez Ojeda. Letras imperecederas entre las que encontramos un proyecto de disco no realizado y que contenía letras del mismísimo Moreno Galván. Y por si fuera poco, corona poética de casi treinta páginas dedicada al cantaor y acompañada de un álbum fotográfico. Por último, el autor termina con un capítulo en el que analiza la vigencia y actualidad de la obra del cantaor. Interesante conclusión la que lanza Cenizo en este último capítulo del libro.

Obra completa en 78 rpm Edita_ Peña Cultural Flamenca El Laurel, Lora del Río

En total, ochenta cantes conforman esta gran obra discográfica en la que Miguel Castillo, investigador especializado en el cantaor loreño, analiza su vida y obra a través de un magnífico libreto que acompaña la edición sonora del Niño de la Huerta. Curro Montoya, en palabras de Miguel Castillo «era básicamente un hombre bueno. Hombre formal y de costumbres honestas. Su naturaleza tímida no la llegó a perder nunca; salía al escenario, se agarraba a la silla, junto al guitarrista, y comenzaba directamente a cantar. (…) Actuó con todas las grandes figuras de la época. No tenemos noticias de que hubiese tenido problemas con ninguna de ellas». Esta obra ha sido posible gracias al esfuerzo de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, la Federación de Peñas sevillana, la Peña El Laurel, el Excmo. Ayuntamiento de Lora del Río y diversas empresas privadas locales que se propusieron rescatar del olvido a este gran cantaor.

Un libro por derecho y de justicia como nos indica Emilio Jiménez Díaz en su prólogo. Un libro que hace justicia a una gran persona y a un gran cantaor: «No es, pues, momento de elegía, sino de alegría».

Felicidades a todos y especialmente, a la Peña Flamenca El Laurel por el tesón demostrado en estos dos años de ardua tarea. Enhorabuena.

P.P.G.

P.P.G.


publicaciones

Antonio Mairena en Granada Edita_ Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla

Con motivo del centenario del nacimiento de Antonio Cruz García, Antonio Mairena (1909 — 1983), la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla ha sacado a la luz una edición especial de una actuación del maestro de los Alcores en la ciudad de Granada. Se trata de la actuación que tuvo lugar en el Auditorio Manuel de Falla en noviembre de 1981, homenaje que le tributó la Peña la Platería y en la que el maestro estuvo acompañado por la guitarra de Juan Habichuela. Con esta edición, la figura egregia de Antonio Mairena vuelve a ser recordada a través del testimonio sonoro. Una vez concluida la celebración del centenario de su nacimiento, aparece este CD teniendo como escenario la ciudad de la Alhambra. Esta actuación pone de manifiesto la gran labor divulgadora del maestro en el contexto de sus últimos años como cantaor. Una labor que le ha distinguido del común de los cantaores. Sin la investigación llevada a cabo por el maestro de los Alcores, muchos estilos y formas de cante estarían perdidos. Antonio Mairena demuestra en este recital el conocimiento exhaustivo de los cantes que acomete y completa una actuación que puede catalogarse como histórica. Su obra discográfica es la más completa que haya grabado un cantaó. En ella se recoge una gran variedad de estilos así como recreaciones personales. Antonio Mairena, a lo largo de su vida, grabó más de doscientos cantes, en lo que podemos considerar como una labor de recuperación encomiable. Algunos de estos discos pueden considerarse como incunables. Gracias a las nuevas tecnologías, estos cantes han podido recuperarse y reproducirse de nuevo. Cantiñas, soleá, romance, bulerías por soleá, tientos y tangos, seguiriyas, bulerías y tonás de cierre. Con la edición de esta grabación, la Federación concluye el programa de actividades dedicadas a la memoria del gran cantaor mairenero, uno de los grandes artífices de la historia del flamenco más reciente. P.P.G.

Revista Arte Jondo (2006 - 2008) Edita_ Peña Flamenca Francisco Moreno Galván (La Puebla de Cazalla) El flamenco es cultura. Ya sé que esta afirmación está fuera de toda duda para muchos aficionados flamencos. Pero para otros —también muchos desgraciadamente— no está tan claro y confunden flamenco con caminos más o menos tortuosos (léase apropiación indebida o figureos varios). Y aquí tenemos una prueba de ello, de la unión indisoluble del arte flamenco y de la cultura más sutil. Una Peña Flamenca que saca a la calle una revista de la calidad de Arte Jondo no puede tener otro objetivo que despertar en el lector la necesidad de impregnarse de la cultura flamenca. Del conocimiento de lo nuestro. De ilustrar e iluminar el concepto de lo jondo. La esencia. La fuente. Aquello que sentenció Federico García Lorca de Manuel Torre... Juan Carlos Tienda, presidente de la Peña Flamenca Francisco Moreno Galván —y es que con un titular así no se puede más que beber erudición a cada instante—, es el responsable de esta publicación que contiene en sus páginas estudios sobre el eterno poeta de la calle Conde de Barajas y su relato de la Venta de los Gatos. O nos trae a un cantaor de la talla de Diego Clavel escribiéndonos desde sus adentros. Busco por muchas páginas y sólo encuentro en la revista Arte Jondo el nombre de José Bergamín escribiéndole versos al Tocaor de la Sierra, a Diego del Gastor. Junto a la revista se entrega una colección de postales sobre la Niña de la Puebla, estas son, pinturas y dibujos de Moreno Galván y reproducciones fotográficas de distintas épocas de Dolores Jiménez Alcántara. En definitiva, una publicación fundamental para entender que el flamenco es cultura y que la cultura en Andalucía se llama flamenco. Sólo así podremos dignificar nuestro arte. Precio: 10 euros + gastos de envío. Pedidos: c/ Antonio Machado, 33. 41540 La Puebla de Cazalla (Sevilla). E.P.R.


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Foto_ Paco Sánchez


Bernarda

A la bulería se le fue un compás Manuel Martín Martín «Bernarda de Utrera, la archiduquesa de la bulería, como así le gustaba que la llamara, ha apagado el ritmo de sus esencias cantaoras a los 83 años de edad en el domicilio familiar de su localidad natal, a las cuatro y media de la tarde. La capilla ardiente va a estar en el Ayuntamiento y el entierro será mañana jueves, a las cinco de la tarde, en la iglesia de Santiago, de donde sus restos serán trasladados al cementerio municipal».

Así arrancábamos nuestro obituario en el periódico EL MUNDO. Era el 28 de octubre de 2009. Justo tres años después de la muerte de su hermana, la ilustrísima Fernanda de Utrera, se despedía de la afición Bernarda Jiménez Peña, la hija del alcalareño José el de Aurora y de la Chacha Inés, la de Pinini de Lebrija, que había nacido el 23 de marzo de 1926 en el número 20 de la utrerana calle Nueva, universidad familiar y parada obligada de las grandes figuras de entonces donde junto a su hermana, Fernanda, encontró

Sevilla Flamenca | Casi un siglo con... B ernarda | II

el mejor aprendizaje flamenco y la firme convicción de que la valía de su arte se haría más perdurable por lo que fue capaz de conservar y personalizar que por las precipitadas y efímeras dilapidaciones que a nada conducen. Su carrera es, pues, indisoluble de la de su hermana, y si bien el padre ya las había dado a conocer en la Feria de Sevilla como cantaora y bailaora, respectivamente, allá por 1946, «las niñas», como las llamó siempre Antonio Mairena, debutaron en el cine dos años después en Duende y misterio del flamenco, de Edgar Neville, estrenada en Madrid a finales de 1952.


en las fonotecas como ejemplo de puridad gitana.

Empero, el debut profesional se produjo en 1957, año en que, merced a que Antonio Mairena convenció al padre, disfrutaron de un contrato de tres meses en el tablao Zambra, de Madrid, de donde pasaron a El Corral de la Morería gracias a Pastora Imperio, convirtiéndose desde entonces en las más importantes embajadoras femeninas de la grandeza cantaora de Utrera.

Pasados los años en que la desidia política posibilita la decadencia de los festivales, los ochenta parecen reservados al auge de los mismos y a los reconocimientos para las artistas de Utrera, tanto en Vélez Málaga y Córdoba como en Utrera y Ronda, a más de sacar a la luz el LP Utrera canta (Pasarela, 1982), donde las irrepetibles artistas llenan los surcos junto a otros artistas locales.

Más tarde, secundadas por Paco Aguilera, participaron en la grabación del LP Sevilla, cuna del cante (Columbia, 1959), así como en el II Concurso Nacional de Córdoba, donde, vestidas de luto por la muerte de su padre, Bernarda compartió con su hermana el primer premio del correspondiente a las bulerías y tientos. Al paso del tiempo, inauguran en 1961 el tablao madrileño de Las Brujas y comparten con otros artistas el LP Canta y baila Andalucía (Columbia, 1962), donde cantan para el baile de Matilde Coral y Rafael el Negro, al par que se hacen imprescindibles en los recién nacidos festivales flamencos de la canícula andaluza y triunfan en el Pabellón Español de la Feria Mundial de Nueva York, donde graban Festivales Flamencos (Decca, 1966), y ya en España El Flamenco de Manuela Vargas (Hispavox, 1966), a más de una gira con la compañía de Manuela Vargas por Europa y algunos países africanos. Sus nombres ya van otorgando, pues, unas voces propias al sustancial panorama de entonces. Así, regresan de nuevo a Madrid para trabajar en Villa Rosa, con lo que aprovechan para grabar un single, Fernanda y Bernarda de Utrera (Zafiro, 1967), crecen en popularidad y logran el Premio Nacional de Cante de la Cátedra de Flamencología de Jerez, aparte de figurar, junto a Antonio Mairena, Juan Talega, Luis Caballero, Naranjito de Triana, Manuel Mairena y Niño Ricardo, en la grabación del LP Festival de Cante Jondo Antonio Mairena (Columbia, 1967). Ya en 1968, trabajan de nuevo en el madrileño tablao Zambra, son homenajea-

Mientras la peñas flamencas las reciben cuales deblas de lo muy jondo, participan en Flamenco puro junto a Farruco, El Chocolate, Adela la Chaqueta, Manuela Carrasco, Juan y Pepe Habichuela, El Güito y Angelita Vargas, entre otros, espectáculo que se estrenó en Sevilla y París y que en agosto de 1987 inició una gira por los EEUU, asistiendo la Reina de España al concierto inaugural del Teatro Chellinguer, de Nueva York. Foto_ Antonio Cid

das en el XII Potaje Gitano de Utrera e impresionan el single Fernanda y Bernarda de Utrera (Hispavox, 1968), ven la luz sus respectivas aportaciones a la antología Archivo del Cante Flamenco (Vergara, 1968) y figuran en el LP Potaje Gitano en Utrera (Hispavox, 1968), además de aparecer en el Primer Festival de Arte Flamenco de Sevilla, el 11 de junio de 1969 en el Teatro San Fernando. En los albores de los setenta ve la luz el LP Juerga Flamenca (Zafiro, 1970) y se da a conocer el LP El cante de Fernanda y Bernarda de Utrera (Hispavox, 1970), a partir del cual la pareja decide establecerse definitivamente en su localidad natal. Es entonces cuando participan en uno de los capítulos de Rito y geografía del cante, de TVE, para poco después participar en la grabación del LP Potaje Gitano en Utrera (Hispavox, 1973), al que siguió el LP Fiesta en Utrera (Movieplay, 1974) y El cante de Fernanda y Bernarda de Utrera (Hispavox, 1977), un disco para la historia, ya que ha quedado

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No obstante, al regreso de la gira, las eternas «niñas» vuelven a asombrar a la afición junto a la guitarra de Paco del Gastor, y sus sobrinos Inés y Luis, a través del doble álbum Cante Flamenco: Fernanda et Bernarda de Utrera (Radio France, 1987), grabación que mereció en 1988 el Gran Premio Charles Cros de París, galardón que precedió a Casta, espectáculo que, bajo la dirección de Ortiz Nuevo, se presentó en el Teatro Imperial, de Sevilla, quedando para el 7 de septiembre la rotulación en Utrera de la Avenida Fernanda y Bernarda. Más tarde sacan a la luz el LP Raza y compás (Pasarela, 1990), al tiempo que la Peña Flamenca de Jaén les ofrecían a las dos hermanas un homenaje nacional, dedicándole un monográfico la prestigiosa Revista Candil. Pasado el año de la Expo, de tan infausto recuerdo flamenco, reciben los honores de la afición de Utrera y Algeciras, de donde partió la solicitud de la Medalla de Andalucía, galardón que el Gobierno


andaluz concedió en su categoría de plata en febrero de 1994 y que se une al título de Hija Predilecta de Utrera, paradójicamente el mismo año en que se le niega, también en Utrera, la Orden del Mostachón en su distintivo de oro. Bernarda, que junto a su hermana fueron proclamadas en diciembre de 1998 Hijas Predilectas de la Provincia de Sevilla, tuvo que sufrir el dolor de la enfermedad de Fernanda a partir de 1999, lo que explica lanzara al mercado Ahora, su primer trabajo en solitario, o que acudiera en soledad a la inmortalización en bronce de ambas en Utrera el 7 de mayo de 2005, justo ante el Mercado, o que SM Juan Carlos I le otorgara el 21 de noviembre de 2005 la Medalla de Oro de las Bellas Artes. A la bulería se la ha perdido, en consecuencia, un compás, el de Bernarda de Utrera, la cantaora que junto a su hermana Fernanda forjó unos estilos que ya son historia, ya que se traduce en la creación de un lenguaje expresivo que tiene como premisas la asimilación de los matices más diversos, la hondura de la voz, el fraseo ágil, el prodigioso ritmo asincopado y el magisterio técnico del compás. En tal sentido, hay que destacar la recreación que hicieron de las soleares de Juaniquín, Machango, La Serneta, Juan Talega, Joaquín el de la Paula y Paquirri; las cantiñas sanluqueñas con aires de romeras que ambas heredaron de su abuelo materno Pinini; las seguiriyas de Jerez y Cádiz o los fandangos de El Curilla, de Aznalcóllar y de Caracol, sin olvidar los tientos y tangos de Triana y Cádiz o los cuplés en aires de bulerías para escuchar. Es precisamente en este palo, la bulería, en el que Bernarda ha reinado durante toda su vida, bulerías antológicas donde los sones de María Peña o los inveterados ecos de Jerez, la caña, malagueña, sevillanas, el taranto, la bambera y la guía de teléfono si es menester, han adquirido el testimonio de grandeza impuesto, precisamente, por la reina del más exquisito gusto por el compás.

Bernarda de Utrera: Archiduquesa de la bulería. Manuel Martín Martín Foto_ A. Torres

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Bernarda

ma espontánea y natural. Sincera, como era para bien o para mal, aunque esto le supuso no ser entendida y calificada, injustamente, de arisca.

A ti Bernarda

Tere Peña / Foto_ Arjona Para la mayoría de los aficionados, Bernarda de Utrera era esa cantaora capaz de meter la guía de teléfonos por bulerías. Esto es verdad, pero Bernarda era mucho más. Como he tenido el privilegio de evidenciar en innumerables reuniones familiares, o como han podido tener la oportunidad de comprobar aquellos aficionados que hayan escuchado su último disco A Fernanda, homenaje a su hermana y que tuve la suerte de dirigirle. Bernarda tenía 76 años por aquellas fechas y cantaba con fatigas —benditas fatigas, musa gitana, inspiradora de arte— por su total entrega. Porque a Bernarda nunca le importó la categoría del escenario o el número de público para darse entera con su cante. Cuántos amaneceres llenos de voces rotas y rostros transfigurados por el devenir de una noche preñada de sentimientos materializados en cantes y bailes... Como decía, Bernarda es mucho más que la bulería y en la obra a la que me he referido anteriormente queda patente su dominio en los territorios del fandango, los tientos, la soleá por bulerías, los tan-

gos, las siguiriyas o la alboreá. No olvido ni quiero olvidar una reunión familiar en Lebrija —creo que fue la última vez que cantó— cómo nos extasió a los que allí estábamos con una lección magistral y antológica de cante. Una vez le pregunté qué era lo más importante para cantar flamenco, y esta fue su respuesta: «Primero hay que conocer el cante y después sentirlo y dolerse. La potencia de la voz no es tan importante. Hay que meterse en las entrañas y sacar las duquelas. Para esto hay que tirar para abajo, que los bajos son más intensos que los altos. El flamenco es sensibilidad, no fuerza». Bernarda nunca quiso protagonismos. Cuando niña huía de las fiestas donde la obligaban a cantar. Cuando joven viajó a Nueva York para cantar durante seis meses y su única ilusión era volver a su Utrera del alma. Y siempre, a lo largo de su vida artística, estuvo por voluntad propia a la sombra de su hermana Fernanda. Y esto era así porque para ella el cante formaba parte de su ser y brotaba de for-

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Para mí escuchar a Bernarda es sentir y recordar un flamenco sin aditamentos, un flamenco de festivales interminables y de querer más, y de seguir, a las claritas del día, fuera de micrófonos y escenarios, emborrachándonos de cante y baile en algún reservao de Utrera, de Lebrija o de Morón. Escuchar a Bernarda es sentir y recordar el flamenco de mi casa, y de la suya, y la de todos los Peña en mil y una fiestas por el solo hecho de estar juntos. Porque en nuestra familia encontrarnos era, y es, motivo de celebración con el cante como supremo protagonista. Y entonces, Bernarda era única. Así era Bernarda de Utrera, una cantaora larga y libre que renunció, voluntariamente, a la soleá por respeto a su hermana Fernanda. Si me pudieras oír Bernarda, hoy te daría las gracias por tantas cosas… Aunque quizás te las resumo en dos: Gracias por tu gitanería cantaora y gracias por haber llevado tu libertad como bandera.


Bernarda

Juana y el de la Reina Mercedes. Igualmente, otras canciones populares, en las pasadas décadas, entraron en dicho compás por las habilidades de la artista utrerana. Sin embargo, el cante por bulerías propiamente dicho de la mencionada cantaora se basa en diferentes estilos tradicionales que los cantaores de Utrera fueron recreando y que, a partir de ahí, suenan a dicho pueblo sevillano. Dichos estilos sirven de entrada a los cantes de Bernarda y de enlace y salida cuando dice «Yo vengo de Utrera…»

El cante por bulerías y Bernarda Ricardo Rodríguez Cosano / Foto_ Arjona Tengo buenos recuerdos de las hermanas de Utrera, Fernanda y Bernarda, cuando venían a las fiestas que tenían lugar en las bodegas de Lebrija, auspiciadas por el Grupo Flamenco La Debla que presidía Pedro Peña Fernández en los años sesenta del siglo pasado. Con Fernanda y Bernarda aparecían en aquellas irrepetibles fiestas, entre otros artistas utreranos, El Perrate, La Pepa, Gaspar e Inés y Luis. Aquellas fiestas fueron exclusivas porque a los artistas utreranos se unieron El Borrico, El Guapo, El Mono, El Juanata y El Niño Jero, entre otros, de Jerez de la Frontera y El Choza que, aunque venía de la ciudad jerezana, había nacido en Lebrija. A estos grupos se unieron Antonio Mairena y otros artistas flamencos de otras latitudes, como Miguel Vargas, de Paradas y, por supuesto, los artistas lebrijanos: La Perrata, nacida en Utrera, Juan Peña El Lebrijano, Miguel Funi, Curro Malena, Ana Peña, Curro Vargas y Pepe Montaraz, entre otros artistas y aficionados de la época. Pues bien, de Bernarda hemos de decir que la recuerdo llena de vitalidad, vivaracha, repleta de rebeldía y colmada de espontaneidad. Y para trasladarnos a aquel pasado, henchido de añoranzas,

nada mejor que escuchar a Bernarda en los ecos buleareros. Dentro de la discografía de las cantaoras de Utrera, Fernanda y Bernarda, encontramos títulos de bulerías que comparten dichas hermanas. Sin embargo, en esta ocasión, sólo nos vamos a referir a los cantes que interpretó Bernarda; estos son los títulos que teníamos a mano: Todo el mundo nos separa, A la media noche, Romance de la Reina Juana, Mi potro se llama Moro, Callejuela de un pueblo perdío, Cuando me eches de menos y El día que nací yo.

“Yo canto por bulerías lo que me sale del alma” Después de disfrutar de las audiciones de estos cantes de Bernarda, nos damos cuenta de que, en el compás de la bulería, aparecen determinados cantes flamencos como los fandangos, colombianas, livianas, malagueñas, soleares, bulerías por soleá, la caña y el villancico. También el cuplé, a manera de romance, se hace bulería por la gracia de Bernarda de Utrera, como el dedicado a la Reina

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Como puede comprobarse, los materiales que utiliza Bernarda en la construcción de su cante por bulerías son múltiples, pero todos quedan adobados en el ritmo festero, sin que se descompongan sus melodías, por mor de la cantaora utrerana. La propia Fernanda, en un cante por bulerías, le dice a su hermana: «La gran fantasía: ¡como mi hermanita Bernarda, nadie cantará en su vía!» El cariño de hermanas hace que Bernarda le responda: «La gran fantasía: ¡como mi hermana Fernanda, nadie cantará en su vía!» A una pregunta que le hice en una fiesta en Lebrija, ya que Bernarda metió una malagueña en el cante por bulerías, me contestó: «Yo canto por bulerías lo que me sale del alma». Como se sabe, el cante por bulerías es alegre, ante todo, pero en Bernarda dicho cante se hace pura fiesta; por eso, al entrar en el cielo la recibieron entre palmas por bulerías los artistas de Utrera que allí moran, y Bernarda se lanzó, a media voz que es como duele el cante, en un cante por bulerías. En ese instante, Fernanda se fundió en un abrazo y le dijo: «Genio y figura…»


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En Bernarda la bulería se hace pura fiesta. Ricardo Rodríguez Cosano Foto_ Antonio Cid


B ernarda

con nadie, pero si mi hermana se calla yo no. A mí no me ha gustado falsear. Hábleme de su gente. Del familiar más viejo que recuerde.

ta, redactada y debidamente moderada, quedó guardada para mejor ocasión. Cuando los amigos de Sevilla Flamenca me pidieron una colaboración para el especial de su muerte, caí en la cuenta de que ese momento había llegado. Aquí están las palabras sinceras de quien tuvo que vivir artísticamente sufriendo ser la sombra de un genio al que, a pesar de ello y por encima de todo, amaba con locura.

Pinini, mi abuelo, el padre de mi madre. Era matarife y murió con 90 años. Y mis tías: Fernanda, que era de aquí y vivía en Lebrija, y María Peña. Ninguna era artista, pero no veas. Por la parte de mi padre cantaba mi tío Andrés. Y mi padre, que se llamaba José. Hace muchos años que murió y todavía se acuerda la gente de él, porque tenía unas ocurrencias… Mira, el padre de Lola Flores era muy grande y estando un día de fiesta dijo Lola: «¡Qué se muera mi padre si…!» y le contestó el mío: «¡Hija, Lola, no jures por tu padre que no vas a encontrar madera para tanto ataúd!». Era como un chiquillo. Y salió a tomar café y le dio algo malo. Nos crió de maravilla, en clase de pobre. Era carnicero y quiso ser torero, por eso cuando se puso malo le dijo a su compadre Curro: «Este toro no lo mato». Llegó a torear en Cádiz, y le regalaron un reloj de oro. Y mi madre se llamaba Inés y era guapísima. Un día, el Beni de Cádiz le dijo que se parecía a Isabel II. Tuvo ocho hijos, pero tres murieron muy chicos.

Es usted más calladita que Fernanda. Ha concedido muy pocas entrevistas.

Entonces, estaba cantado que ustedes serían artistas.

Yo hablo muy mal, mi hermana habla mejor que yo. Siempre que había periodistas la echaba por delante porque tenía don de palabra. Y a mí no me gustan las falsedades. Soy más rebelde y no me callo. Si bordean conmigo, yo bordeo. Como Caracol, que nos adoraba, pero que cuando estaba bebido era… Un día, que trabajábamos en Las Brujas, vino con La Paquera y nos metimos de fiesta en el Cuarto de los Toros. Se cachondeó del cante de mi hermana, y la hizo llorar. Y le canté las cuarenta: «¡Si La Niña de Fuego y La Salvaora lo canta todo el mundo!, ¡canta tú por soleá como mi hermana!... ¡Si tú has sido artista gracias a Lola Flores!». Le dije sentencia. Después vino la mujer y nos pidió disculpas, y él también vino a disculparse. No es que me meta

A nosotras, desde chiquititas, nos levantaban de la cama a las tantas de la madrugada para cantar. Yo era muy rara. Siempre que veía una fiesta en casa, me escondía y me quitaba del medio. Pero ya murió mi padre y como no teníamos hermanos varones… Todavía me da coraje tener que ir a cantar. Mi padre no quería que fuésemos artistas. No porque pensara que hacíamos algo malo, sino porque no quería que la gente pensara que en mi casa comían de nosotras. Cuando cobrábamos en Zambra decía: «¡Ese dinero no es mío, es de ustedes!». A mi casa venía el Príncipe Gitano, la gente de Carmen Amaya, la de Antonio Ordóñez… La abuela de Ordoñez, doña Reyes, que era gitana, cuando nos escuchó formó allí… Lola Flores llegó a las cuatro de la

Entrevista a Bernarda de Utrera Textos_José Manuel López Gutiérrez / Fotografías_ Antonio Cid Vega No puedo afirmarlo con rotundidad, pero puede que esta sea la última entrevista que se le hizo a Bernarda. La realicé el 15 de julio de 2006. Había tirado de todos los contactos posibles y fue, finalmente, un compañero de “mili” de mi padre (Felipe Gutiérrez, el de Casa Valentín), quien me procuró un encuentro con Bernarda en Utrera. El morbo que suscitaba en esos días la delicada situación de salud de Fernanda, había provocado que familiares y allegados cerrasen filas en torno a las «eternas niñas». Preparé dos cajitas con jabones, pañuelos y colonias: un regalo para agradecerle a Bernarda su generosidad. Localicé a Antonio Cid para que tomase las fotos, e informé a la dirección de La Flamenca —de la que entonces yo era redactor jefe— que había conseguido lo imposible. Nuestra ilusión era publicar la charla que mantuvimos con Bernarda, sacar su fotografía en portada, devolverle la sonrisa… Pero todo se fue al traste porque Fernanda falleció cuarenta días después. Horas antes de que la revista (de carácter bimensual) fuese a imprenta. Hubiese sido una total falta de ética haber seguido adelante con nuestros intereses editoriales. Así que, lo que en un principio iba a ser un reportaje emotivo, por el desparpajo, la «lengua suelta» y la gracia de Bernarda, se convirtió en una parrafada luctuosa por la muerte de Fernanda. La entrevis-

Sevilla Flamenca | Casi un siglo con... B ernarda | VIII


mañana embarazada de Lolita… Venían hasta de Francia, americanos, actores… Y Antonio Mairena, que aprendió en Utrera… ¡De Jerez nada!, ¡estaba aquí todos los días, aprendiendo de los gitanitos de Utrera! Cuando vino aquí no sabía dar ni las palmas… Yo se lo dije un día, porque cuando las gentes son bordes, bordeo yo también. Cuando murió, le llevamos una corona y el guarda del cementerio nos dijo: «Esa corona tenía que ir delante, porque Antonio aprendió en Utrera». Caracol fue el que aprendió en Jerez. ¿Qué tiene el compás de las «Niñas de Utrera» que, por donde va, arrasa? ¡Eso es…! Mira, un día en el Lope de Vega ningún guitarrista quería tocarnos. Ya empezamos a mosquearnos porque veíamos cosas raras. Fui a preguntar y me dijeron que nuestro compás era muy difícil. «¡Pues a aprended!». Y al final tuvimos que salir las dos sin guitarra. La gente se volvió loca. Pero a nosotras lo que nos ha gustado es la guitarra y nosotras. Ni palmeros. Un día, le dije a Paco de Lucía: «Mira Paco, tú eres muy buen artista, pero tú a nosotras compás nada más. Cuando termines con nosotras, empiezas con tu tiquitiqui y con lo que tú quieras». Que es muy buen artista Paco de Lucía, pero yo no me puedo callar.

de teléfonos. He metido la malagueña, el taranto… todo. No veo nada difícil. Escuchábamos en el teatro a los artistas, y ya nosotras lo hacíamos de seguido. Las cosas de Juanita Reina, Antonio Machín… Y después se volvían locos escuchándonos. No sé guisar, pero eso sí.

“Mira, un día en el Lope de Vega ningún guitarrista quería tocarnos” Si hoy tuviera que meter por bulerías a algún artista ajeno al flamenco… Fuera del flamenco, hoy, no me gusta nadie. Al rubio de los tirabuzones (David Bisbal) lo pelaba rapado y le decía: «¡Anda y vete ya por ahí!». Como la Niña Pastori… que una mujer de San Fernando me dijo: «La Niña Pastori tiene locura con ustedes…». Y yo le dije: «¡Pues dile de mi parte, que no sabe cantar!». Yo soy así. No me puedo callar. Una ha visto muchos y muy buenos artistas, para aguantar lo

que hay hoy. Como ese Antonio Machín. Yo escucho a Machín y salgo llorando… ¿Y lo del fandango por soleá también es suyo? Eso es nuestro, porque Perrate cantaba también el fandango, pero era otra música… Todo eso sin beber nada de nada para entonarse… Bueno. Un día, en casa de Antonio Ordoñez, me vio Lola Flores un poco tristona y me preguntó qué me pasaba. Y me dijo que me bebiera un poquito de whisky. Y por no decirle que no, me lo tomé. Cuando estamos a gusto, a lo mejor sí. ¿Pero Fernanda? Ni una gota. Estábamos en el Corral de la Morería y le decía: «¡Hija, Fernanda, tómate una mijita de vino que te animes!». Y se tomaba un café. ¡Con un café cantaba!, ¡y ni un cigarro! Que después dice le gente: «Está mala porque bebe y porque fuma». Y mi hermana no ha estado mala nunca. ¿Está satisfecha con las cosas que ha dejado grabadas? Me gustan, según los guitarristas. Melchor no me gustaba. Y Ricardo hacía un ruido muy raro con la boca. Yo le decía: «¡No me toques a lo palomo!». El que tocaba bien era el de Granada, el padre de los loros como yo les digo… Habichuela. Y Antonio Moya, que conoce muy bien las cosas nuestras y canto muy a gusto con él. Paco del Gastor también me ha tocado muy bien, aunque es un borde. Y el que tampoco me gustaba era Diego del Gastor… otro borde. Hacía con la guitarra clin clin clin… y de ahí no salía.

¿Es usted la creadora del cuplé por bulerías de Utrera? El cuplé por bulería es cosa mía. Cuando lo de la Reina Mercedes Lola Flores me pidió en su casa, delante de la Piquer, de Rafael de León, de Antonio Quintero… que se lo cantara. Y Rafael de León me dijo que, hasta ese momento en que yo canté eso por bulerías, no se había dado cuenta de que era poeta. A doña Concha Piquer no le gustó mucho escuchar eso… La Sayago decía que ella había sido la primera en cantar eso a la madre del rey. ¡Mentira! ¡Se lo habría cantado a la madre del rey, pero de las barajas de cartas!. La primera que ha cantado eso ha sido mi menda. En Madrid me decían que era capaz de meter por bulerías hasta la guía

¿Y qué hacían dos gitanas como vosotras en Nueva York? Ojú… Gritar por la ventana del «Hotel Chuston» (Hudson) de Manhattan: «¡Ay Utrera!, ¿dónde está Utrera?». Allí estuvimos seis meses, y nos entendían. Como en París. En todos los sitios que vamos

Fernando Peña Soto, Pinini Abuelo de Bernarda


la gente muere con nosotras. Dicen que no pasamos de moda. Yo creo que, por derecho, verdaderamente, hoy los artistas van todos muy rápido y las mujeres enseñando las cosas… De Nueva York me traje una canción que le escuché a un negro que decía: «Tú tan alta y yo tan baja, acercarme a ti no puedo…». Llegó Bambino y me pidió que se la escribiera. La grabó y después dijo que era suya. Y mira que fuimos nosotras quienes lo recomendamos a Gitanillo de Triana para que se lo llevara a Madrid, porque aquí en Utrera estaba pasando muchas fatigas…

“A mí no me ha gustado falsear” Con esa fuerza que ha derrochado, le sobrarían los novios… Enrique Montoya fue mi pretendiente. Cantaba por rumbitas muy gracioso y lo demás lo aprendió de mí. Su padre, era muy amigo del mío y su madre, vendía entradas en el teatro. Yo con calcetines y el con pantalón corto. Con doce años. Un día me acompañó a mi casa y me preguntó si no tenía novio. Le dije que no, que era muy chica y me contestó: «Mañana te asomas, miras en la pared y verás a uno que te quiere». Y al día siguiente ponía en la pared: «Yo». Se iba a mi casa con una guitarrita… pero su madre no me quería porque yo era gitana. Al final el encontró a su señora y ya… Viniendo para acá hemos visto en una rotonda el monumento que les han hecho ¿Le gusta? Sí, pero estamos pasando mucho calor allí puestas. Le dije al alcalde: «¡Ponnos un paraguas por lo menos!». La gente dice que estamos hasta guapas y se divierten de nosotras.

Habéis recibido varios homenajes y reconocimientos desde las instituciones públicas ¿Están ustedes contentas con el trato que están recibiendo? Tenemos muchos galones… Hija Predilecta de Utrera, de la Provincia, lo del Trabajo... Y la Medalla de Plata de Andalucía, que la tenemos en casa y es de plata de la buena. Nada más que tengo quejas con mucha gente de Utrera. Hemos hecho mucho por ellos, primos y primas nuestras. Porque fueran artistas... Y ahora ni se acuerdan de mi hermana. Ni van a verla. ¿Cómo anda la salud de Fernanda? ¡Ay, cada vez que la miro! Porque no era guapa, pero cantaba… Con su pelo negro largo. Está como un trapo, con el Alzheimer. Gracias que no le duele nada. Pero cuando mi Luis y mi Inés la cogen para acostarla, le entra un miedo horroroso. Se piensa la pobrecita que le van a hacer algo. Hay días que dice que hay un tío en el techo que le habla. Tiene una catarata en un ojo y me parece que se le ha pasado al otro. Estando viva, la echo mucho de menos. Antes de salir de casa para la entrevista, la he mirado y le he dicho: «¡Ay hija mía, con lo que te gustaban a ti estas cosas!». Todavía estoy cantando en algún sitio y miro para los lados a ver si se ha puesto buena y ha venido sin yo saberlo. Fernanda ha sido importantísima para el cante por soleá. Yo lo de mi hermana no lo podía hacer. Ella tiene su sello, pero la remedo un poquito. El otro día La Macanita, en el Potaje, la quiso imitar y no estuvo mal. Pero la voz de Fernanda es que hace mucho. Dijeron una vez que era el bordón de una guitarra. Mi madre la parió con ese don y no hay quien pueda imitarla. ¿Estará mi Inés harta de escuchar a su tía? ¡Y mira que canta bien, pero qué va! Fernanda es inimitable. Su voz es suya. Yo no puedo hacerlo igual por la voz. Y fíjate: a mi madre le gustaba más yo. Y a mi padre

le gustaba Fernanda. Por la pureza de su voz. Ni la Niña de los Peines, que al lado suyo es una «avellanera». A mí me gustaba más la voz del Pinto. O la de Tomás, que cantaba muy bien, pero era otro borde. Ahora, hijo mío, se han empeñado en decir que mi hermana canta como La Serneta. Carmen Linares, que es muy amiga nuestra, lo dice. Y yo le digo: «¡Si nosotras a La Serneta no la hemos conocido! ¡Si ni dejó discos ni nada!». Mi hermana canta como mi madre la parió y no copia a nadie. ¡Carmen Linares sí que copia! Pero hijo mío, tienen esa manía con nosotras. Echará de menos participar en el Potaje… El Potaje está fatal. Se lo dije el año pasado al Hermano Mayor de Los Gitanos, que es pariente mío: «¡Aquí han venido las mejores figuras!». Que las traíamos nostras: Lola Flores, Juanita Reina, Pastora Imperio… Y nos han dejado a un lado porque el dinero que cobrábamos lo donábamos a la Hermandad y este año, cuando vinieron a buscarme, le dije que me tenían que pagar, que ya no se quedaban con más dineros m��os. Entonces trajeron a Raphael, que tiene voz de cura. El año pasado la gente saliéndose… Un festival tan lindo y se lo han cargado. Se ponía Utrera como una feria, con gente de todos lados. ¿A qué cantaores de Utrera ha admirado más? A Perrate, que cantaba para morir. Y a Manuel de Angustias el viejo. No el de ahora. A mis tías y mis tíos… Y a Gaspar, que cuando fue a Madrid formó más que Camarón. Pero ya no queda nada. Los nuevos no saben ni dónde están. Nosotras no queríamos ser artistas, lo fuimos porque no tuvimos más remedio. Y estos de ahora dan dos palmas mal dadas y ya se creen artistas, cuando nunca han sido artistas. Te hablo de los gitanitos de aquí. Ese Cuchara…, que era para matarse. ¡O la madre de Bambino en el fin de fiesta del Potaje! ¡Qué cosas más gracio-


sas y qué arte! ¿Pero esta gente nueva de Utrera? ¡Y son parientes míos…! ¿Qué le pasaba al Cuchara? ¡Que tiene mucho arte! Una vez nos fuimos a la Feria de Sevilla. El tren no llegaba al duro. Tendría yo trece años. Estuvimos una semana, sin tener para comer. Nos metimos en una caseta que nada más tenía el armazón y unos turistas, al vernos tan chicos, se quedaron. Nos escucharon, pero se iban sin pagar nada. Entonces El Cuchara se fue para ellos y les dijo: «¡Nosotros haberles cantado y ustedes habernos escuchado, nos tienen que dar dinero!». Pero sólo nos dieron ocho pesetas. Menos mal que en La Alameda nos encontramos con la familia del Príncipe Gitano, que me conocían y nos invitaron en Las Maravillas. El Cuchara cogía un boquerón y, antes de metérselo en la boca, le decía: «¿Dónde estabas ayer a estas horas, que andaba loco buscándote?». Y se lo tragaba entero. Venía también la Josefita, que cantiñeaba muy bien El Emigrante, pero cambiaba la letra y decía «… y aunque soy un ingrediente…» Me han dicho que tiene usted línea directa con la Casa Real… Digo… El rey se mea conmigo. En Canarias, cuando el premio, le di la mano y le dije: «Mira Juan, te voy a decir una cosa: cuando nos vayas a hacer otro regalo, nos los mandas en una cajita a Utrera». Después, tomando café, vino a buscarme. Me llamó: «¡Bernardaaaaa!, ¡que no me entero de lo que me dices…!» y yo le contesté: «¡Es que eres muy viejo y no te enteras…!». Y dice él: «Tenemos la misma edad». «Pues yo he hecho la comunión hace nada…» y me contesta: «Yo la hago el año que viene…». Y la reina meada de risa… Tengo muchas fotos con él. Una, con un jersey de listas, que parezco la Abeja Maya… le llego por la cintura. Nosotras conocemos a Elena, al príncipe no. Me ofrecí gratis para cantar en el bautizo de la Leonor y todo, pero me escribió el niño contándome que no habían hecho fiesta. En casa tengo la carta.■

Sevilla Flamenca | etapa V | número 112| pág. 27 Foto_ Antonio Cid


Bernarda Experiencias de una grabación Gonzalo Montaño Peña / Foto_

J. A. Fernández

Una de las experiencias mas interesantes que, sin duda, ha marcado mi vida profesional fue la posibilidad de colaborar en las labores de producción de la colección de discos flamencos que dirigió Tere Peña para el sello Palo Nuevo, de la discográfica MUXXIC . Esta oportunidad me brindó el privilegio de poder conocer de primera mano la experiencia de trabajar en el estudio con primerísimas figuras, pertenecientes a una generación irrepetible.

nuos oles y jaleos que su cante nos despertaba, o por el baile de alguien, que debía de ser muy bueno para salir en tan solemne momento. Esta ocasión era distinta, estaría contemplando y colaborando (dentro de mis posibilidades) en la elaboración de lo que yo suponía que sería algo importante, histórico, un documento al que acudiríamos en busca de verdad, o simplemente cuando quisiéramos ponernos a gusto retrotrayéndonos a tiempos pasados.

De esta serie salieron grabaciones memorables como las que nos dejaron artistas como Antonio Núñez Chocolate con su disco Mis 70 años con el cante, Grammy Latino a la mejor producción; el último trabajo discográfico que realizó Chano Lobato Azúcar Cande; el último disco que nos legó Gaspar de Utrera Casta; 24 quilates de Manuel Agujetas; Pasión de Inés Bacán o el disco por el que escribo este artículo, o sea, A Fernanda última obra de Bernarda Jiménez Peña, Bernarda de Utrera.

Recuerdo muy bien que fuimos a su casa a recogerla para llevarla al estudio de grabación. A eso de las cuatro de la tarde estábamos en Utrera. Llegamos al domicilio que compartía con su hermana Fernanda —vaya casa con más arte reunido— repleto de insignias, trofeos y galardones que las hermanas habían cosechado durante su vida. La salud de Fernanda era en aquel momento escasa, pero todavía podía levantarse de la cama y sentarse en el sofá. Nos recibieron con mucho cariño y al marcharnos pude percibir en ambas el dolor de la separación. Lo que había sido un solo cuerpo ahora quedaba reducido a una de sus partes, lo cual me produjo un fuerte sentimiento de tristeza. Durante el viaje, Bernarda se quejaba de este mismo pesar por dejar a su hermana y por tener además la certeza de que ya no podrían cantar juntas nunca más, al menos en esta vida. Pronto llegamos a Sevilla y nos dirigimos al estudio que por aquel tiempo tenía Juan Reina en la calle Jesús del Gran Poder; allí nos esperaban los guitarristas Pedro María Peña y Antonio Moya. Tras un café se decidió poner manos a la obra. Por fin vimos a una Bernarda feliz. El cante era su vida. Aunque la sabiduría, experiencia y conocimiento del cante de Bernarda podía perfectamente haber quedado plasmado de una toma y en directo, la responsabilidad que este proyecto otorgaba, la edad de la artista y sobre todo la intención de dejar el mejor documento posible decían que como mejor quedaría es con claqueta y grabado por partes. Supongo que esta era la primera vez que la cantaora grababa de este modo, pero ahí estaba Bernarda metida en el estudio con los auriculares puestos y en otra sala los guitarristas, mi hermano y yo haciendo palmas y jaleos para que ella pudiera coger un poquito de calorcito y poder dejar lo que se llama «referencia». La idea era que ella cantara todo lo que pudiera en un palo para luego editar y

Desde pequeño tuve el privilegio de poder disfrutar de su cante en fiestas o reuniones familiares en Utrera o Lebrija. En esos ambientes Bernarda era como un totem, una figura casi mítica que andaba por allí y que cada vez que abría la boca producía un silencio sepulcral en la sala. Solamente interrumpido por los conti-

Foto_ DeFlamenco.com


dejar lo mejor. Ella cantaba un rato por bulerías, luego descansaba, luego cantaba por fandangos un rato y descanso, hasta completar todos los cantes y que ella tuviera que venir al estudio los menos días posibles. Entre cada toma de cantes Bernarda nos deleitaba con el característico sentido del humor que tienen los gitanos de Utrera. Nos contaba sus años de estancia en Madrid donde conoció y convivió con los grandes de la época. Las fiestas con Lola Flores, a quien admiraba profundamente,

o su viaje a Nueva York donde tanto lloró acordándose de los suyos. Una de las anécdotas que sucedió en esta grabación y que jamás podré olvidar se produjo cuando Bernarda llevaba un buen rato con los cascos puestos y dijo que no se los ponía más, «que ella no era la Dama de Elche», lo que provocó grandes risas entre nosotros. Tere Peña, acostumbrada a solucionar uno y mil problemas que surgen en el estudio, logró conseguir que se pusiera unos cascos más pequeños y menos aparatosos, y dejarle más tiempo entre cante y cante para que se relajara. De esta primera sesión quedaron recogidos los cantes por bulerías, bulerías

por soleá y fandangos que están en el disco. Recuerdo la sensación que nos producía escuchar las tomas recién cantadas, cómo se ponían los vellos de punta porque sabíamos con qué «fatiguitas» las había cantado y los oles que salían al escucharlo, pero sobre todo la cara de satisfacción que Bernarda ponía al oírlo.

Antonio Moya era perfecta, para estos cantes necesitaba alguien que le diera el «peso sonoro» que sólo un guitarrista de la experiencia y conocimiento de su cante como Pedro Peña podía darle. Otro hecho que nos habla de gran responsabilidad que la propia Bernarda sentía con este disco.

Cuando fuimos a recogerla la siguiente vez el ambiente había cambiado. Nos encontramos con una Bernarda muy contenta, incluso su hermana Fernanda se encontraba de muy buen humor y con-

Una vez concluidas las sesiones de cante en las que literalmente Bernarda se dejó la piel cantando, aún quedaba que los guitarristas metieran de nuevo sus toques. Esta vez de forma definitiva, pal-

tenta de ver a su sobrina Tere. Durante el camino a Sevilla la propia Bernarda nos contaba que ese día era su cumpleaños y que cumplía setenta y seis años —ya quisiera yo llegar de esa manera— y que se sentía con muchas ganas de cantar. Lo festejamos con mostachones, chocolate y un poco de anís. De esta sesión de grabación surgieron los cantes por alboreá, tangos y siguiriyas que el disco contiene y que además todos recibimos como un regalo de cumpleaños que ella nos hacía.

mas y jaleos de nuevo para dar un poco más cuerpo a los cantes, pero sobre todo quedaba el laborioso pero, a todas luces, decisivo trabajo de edición que es el que da forma a lo que los cantes y los toques han registrado.

Otro de los días especiales de la grabación fue el día que Pedro Peña metió su guitarra en el disco. Recuerdo que fue en los cantes por soleá y tientos. Bernarda había considerado que, aunque la compenetración con Pedro María Peña y

Sevilla Flamenca | Casi un siglo con... B ernarda | XIII

Como reflejo de estas jornadas quedó el citado disco A Fernanda, que nos muestra a una artista que ya no es ese «cañón» de fuerza que era en su juventud. Esta era una Bernarda de setenta y seis años con una sabiduría, sabor y sentido del tiempo totalmente irrepetible. Gracias Bernarda.


B ernarda

Ella era el compás Manuel Peña Narváez / Foto_ J. A. Fernández Bernarda, su muerte, su entierro. Eran dos cantes a compás. Ella era la bulería. Fernanda, la soleá. Y, la bulería, murió (28/10/2009), como antes muriera la soleá (24/8/2006), tres años, dos meses y cuatro días antes, dejando sólo por una y única vez Fernanda que su cante, pura emoción, se antepusiera al cante de su hermana, puro sentimiento a compás. Antes dijimos: «ha muerto la soleá», ahora la expresión salta sola: «adiós al compás». Ha muerto Bernarda de Utrera, en la quietud de una tarde de perfiles cálidos, buscando una hora lorquiana, cuando en el ambiente, ya el pueblo olía a camposanto de cal y mirto, que dijera el granadino. Con Bernarda se nos va el último suspiro gitano del cante de Utrera. El Ayuntamiento, en cuanto conoció la triste, aunque esperada noticia, ofreció el salón de plenos de la sala capitular para capilla ardiente. El día 29, muy de mañana, el Ayuntamiento, reunido en pleno extraordinario, dejó constancia del fallecimiento de Bernarda y anunció tres días de luto oficial. Durante todo ese día y hasta la hora de emprender el camino

hacia la iglesia, el cadáver de la Excelentísima Señora Dª Bernarda Jiménez Peña estuvo allí, donde recibió, todo ese tiempo, múltiples visitas de periodistas y artistas del cante, del baile y del toque, amén de un incesante desfilar de público admirador del cante de la menor de tío José. A la Casa Consistorial llegaron también muchas coronas, entre las que pudimos distinguir la del presidente de la Junta, Diputación, Ayuntamiento, Hermandad de Los Gitanos, Peña Curro de Utrera y familia. A las cuatro y media se puso en marcha la comitiva hacia la parroquia, figurando en ésta, además de los sobrinos y sobrinos—nietos de Bernarda, el Ayuntamiento local presidido por su alcalde, Francisco Jiménez Morales, demás autoridades llegadas desde la capital, como Rosa Torres, Consejera de Cultura de la Junta, Bernardo Bueno, Delegado de Cultura de la Provincia, Guillermina Navarro, Delegada Cultural de la Diputación, Francisco Perujo, Director de la Agencia Andaluza de Flamenco y, llegado desde Madrid, Diego Fernández, Director del Instituto de Cultura Gitana. Igualmente, reseñemos la presencia del presidente de la Fe-

Sevilla Flamenca | Casi un siglo con... B ernarda | XIV

deración de Peñas Flamencas, José María Segovia, así como la del hermano mayor de la Hermandad de Los Gitanos, y el presidente de la Peña Curro de Utrera. Ya en el entorno de la iglesia, en el antes y el después del funeral, apreciamos la presencia de algunos artistas, como Carmen Ledesma, Esperanza Fernández, Luis el Polaco, Curro Fernández y su mujer, Pepa de Quintín, Paco Cruz, Paco del Gastor, Segundo Falcón y esa gran figura de la copla como es, Gracia Montes, ferviente admiradora de las niñas. También, algunos artistas locales, como Antonio Vilches, Juan Montoya, Pitín, Chato de Utrera, Cuchara, Manuel Requelo, Ana la Turronera, Gaspar de Perrate, Antonio Moya, José de la Buena y David Gutiérrez. Posiblemente habría muchos más, pero no llegamos a verlo. Presentes y en su cumplimiento, muchas cámaras fotográficas y de televisión, y todos los medios locales de comunicación, y los periodistas Manolo Bohórquez, Antonio Ortega y Estela Zatania. Otros muchos no vinieron. Mucho público, tanto, dentro de la iglesia, como en el amplio porche de la misma. A través de la prensa, recogemos las impresiones de condolencias de Matilde


Foto_ Paco Sánchez Cedida por el Centro Andaluz de Flamenco

Coral, Enrique Morente, Lebrijano, José Mercé, José de la Tomasa, Pedro Peña y Miguel Poveda. El maestro del cante, Curro de Utrera, nos mandó a decir que se encontraba en Madrid y le dolía mucho no estar en Utrera. Otro maestro utrerano, éste del baile, José de la Vega, nos envió mediante una tarjeta su expresión de dolor, extensivo a toda la familia de Bernarda. El cadáver de la singular cantaora estaba cubierto por las banderas andaluza y gitana, y un manto de la Virgen de Consolación, a la que Bernarda visitó, hasta que pudo, día a día. El funeral estuvo oficiado por el Delegado Diocesano de Pastoral Gitana, padre Emilio Calderón, quién dejó sobre las columnas góticas del templo una homilía sentida y sincera, destacando la calidad artística de Bernarda y la referencia que ha supuesto siempre su nombre para el mundo flamenco y la comunidad gitana en general. La inhumación de sus restos mortales se llevó a efecto en el serio e impresionante mausoleo que ha construido el Ayuntamiento, en el que desde las primeras horas de la mañana reposaba ya el cuerpo sin vida de su hermana Fernanda. Una amplia mesa cuadrada de mármol blanco, con apliques de bronce, en sus cos-

tados, donde se han grabado alegorías flamencas y la relación de los principales premios que obtuvieron en su trayectoria artística las dos hermanas. En su entorno, junto a dos –todavía pequeños— cipreses y el olivo, el oro verde de nuestros campos, hierbabuena, tomillo y romero, aromas que simbolizan la esencia de los cantes de las universales artistas. Con la muerte de Bernarda, como decía Antonio Murciano respecto a otro genio del cante «se acabó lo que se daba. Quien quiera entender que entienda». Perfil flamenco de las dos caras de una misma moneda. Si de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero se decía que era un mismo aliento el que impulsaba las dos velas de su simbólico barquito, de Fernanda y Bernarda hay que decir que ambas conforman el perfil flamenco de las dos caras de una misma moneda. Además, sin anverso ni reverso. Quiero escribir sobre la Bernarda en su adiós, un adiós que entristece y conmueve, pero es imposible, resulta totalmente imposible escribir de ella, obviando el otro arte, el de su hermana Fernanda. Fernanda y Bernarda Jiménez Peña, nacidas las dos en Utrera, en el número 20

Sevilla Flamenca | Casi un siglo con... B ernarda | XV

de la gitanísima calle Nueva, un 9 de febrero de 1923 y un 5 de marzo de 1927, respectivamente, hijas de José Jiménez Fernández y de Inés Peña Vargas, naturales de Utrera, nietas de Andrés Jiménez Torres, de Utrera, y de Aurora Fernández Camacho, de Alcalá de Guadaira –línea paterna—, y de Fernando Peña Soto, de Lebrija, y de Josefa Vargas Torres, de Utrera —línea materna—, son, además, descendientes de una larga dinastía de familias gitanas, donde se entroncan los dos apellidos más emblemáticos de los gitanos de Utrera, como son los Peña y los Jiménez. Cantaoras prodigiosas en fiestas familiares, no es hasta los finales de los cuarenta cuando se dan a conocer, y a un mismo tiempo, se consolidan. Participación en la película Duende y misterio del flamenco, de Edgar Neville, actuaciones en tablaos madrileños, como Zambra, Corral de la Morería, Torres Bermejas, Las Brujas y Villa Rosa, y grabación en 1959 de Sevilla, cuna del cante flamenco, con Mairena, Perla y otros, donde Bernarda canta por bulerías de Utrera y Fernanda por soleá de la Serneta. Participación en el II Concurso Nacional de Córdoba, donde obtienen premios en los palos de sus preferencias. En ese mismo año fallece su padre, Tío José el de Aurora, gitano de


prestigio y de gracia y que nunca quiso que sus hijas fueran artistas. Tal vez esta circunstancia, el ánimo que inculcaba en ellas Lola Casado y la mano que tendía Antonio Mairena, constituyeron la causa de que las niñas de Utrera entraran en el mundo del arte flamenco, y el arte flamenco tuviera la inmensa suerte de este puro hallazgo. En su trayectoria artística imborrable y que nunca sabríamos recopilar puntualmente, siempre desde la base de que estamos hablando de Fernanda y Bernarda, aunque en alguna ocasión haya sido protagonista sólo una de ellas, recordemos la serie Rito y Geografía del Cante y la película Flamenco de Carlos Saura, y algunos de los sellos discográficos que recogieron sus registros, como Columbia, Hispavox, Zafiro, Vergara, Movieplay, Pasarela, Fonoruz, Fonotrón, Luna Disco, Muxxic Records... Han participado en espectáculos y galas, Bienales de arte flamenco y en todos los principales festivales flamencos del verano, recibiendo justos homenajes en muchos de ellos, como en Ronda, Moguer, Arcos, Lebrija, Morón, donde además Fer-

nanda fue nombrada Madrina Honoraria y Perpetua... En Utrera, en 1968 y en 1996, y en el Festival del Mostachón, de la Peña Curro de Utrera, en 1993. Repetimos, resultaría interminable recopilar sus actuaciones en festivales y peñas flamencas, así como hacer mención de los premios, homenajes y distinciones recibidas. Entre sus actuaciones fuera del suelo patrio cabría destacar su actuación en el Pabellón Español de la Feria Mundial de Nueva York, la gira con el espectáculo Flamenco Puro, en cuyo concierto inaugural en la ciudad de los rascacielos estuvo presente la Reina de España, amén de otras importantes salidas, como las realizadas al vecino pueblo francés. El cante de Fernanda y Bernarda. Realmente, el cante de Fernanda y Bernarda –pues no se puede hablar por separado—, es cauce, limpio arcaduz que fluye, y río amargo que zozobra. Es fuerza que te estalla y que te rompe en júbilo, y es dolor a un mismo tiempo. Es fuego que te estremece, calor que te reconforta, llama que te abraza, aire que te embriaga y cadena que te aprisiona.

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Llamada que te sacude, sueño que te doblega, viento que te acaricia y tifón, huracán que te azota. En realidad, es nube que te transporta a un puerto de dulces sensaciones en el que no te importaría desembarcar. No se trata de aferrarse, de una forma que alguien pudiera considerar racista, al cante gitano. No. No se trata de sistematizar la parcela del cante gitano, considerándolo como la única esencia, menospreciando las restantes riquezas cantaoras. Eso no lo haríamos nunca. Pero está muy claro que el cante gitano, o el cante a compás –que para muchos significa lo mismo— es el territorio natural de Fernanda y Bernarda, cantaoras que algunos consideran cortas, cosa que no es cierta y, si así lo fuera, recuérdese que en la historia del cante son muy pocos los artistas que dominan muchos palos o estilos y que, además, lo hagan bien. Si hablamos de Bernarda, contemplamos en el cuadro de nuestro reconocimiento donde están el Niño Gloria, Juanito Mojama, la Niña de los Peines, Vallejo, Caracol, Paquera, Perla, Tío Borrico y Ma-


nolito María..., y nos detenemos después en ella, con su estilo de bulerías lentas, cuplés por bulerías, bulerías por soleá, donde resplandece el aire especial de Utrera, donde reina ese puro sentimiento gitano, esa habilidad o magia para saber reunir, en su cita con el cante, todo el poder misterioso del duende, el ay del pellizco que te duele y el concepto de la aportación estética, síntesis, tal vez, de una forma única de ser gitana y de Utrera. Y en Bernarda están los ecos de Fernanda la Vieja, de la chacha María Peña, del chacho Benito, de Rosario y Lola la del Empalme, de todas las gitanas viejas de Utrera. Dentro de la forma poética de las bulerías, Bernarda consigue cuadrar a compás la diversidad de los tercios de todos los cantes de Levante, de todos los cantes de las minas, de todos los ritmos de ida y vuelta y de todos los aires de la bahía gaditana. De todos los cantes grandes, incluido el drama de las veintinueve sílabas de la siguirilla del Nitri. Si hablamos de Fernanda, y en ese otro cuadro categórico donde está la Andonda, la Serneta, Enrique el Mellizo, Paquirri el Guanté, Joaquín el de la Paula, Joaniquí, Illanda, Frijones, la enciclopédica

Pastora y Juan Talega..., nos recreamos en el cante de ella y nos perdemos en el laberinto de su queja. El investigador Chet Creider, en un minucioso estudio que hace en la revista Candil correspondiente a diciembre de 2004, nos dice que cuando Fernanda hace los estilos de la Andonda, de Frijones, de Joaquín, de Joaniquí, de El Machango, de Paquirri y de la Serneta, «no sólo canta estos estilos, sino que nos deja para siempre ejemplos perfectos en sí, en cada uno de ellos, una verdadera joya del cante flamenco». Fernanda, lo ha reconocido toda la crítica actual, está, con merecimiento propio, en el cuadro de honor del mejor cante creativo por soleá.

forzá lo canto; pero me entra un repeluco, que no pueo. Ea, que no pueo».

Y si hablamos de Fernanda y Bernarda, qué decir de esa cantiña especial de su abuelo Pinini... Qué decir de sus fandangos por soleá: «Mis niños, por Dios, mis niños, tú no me los abandones...» Aquel fandango que nos dejara en Utrera el Quirri, un gitanillo de Algeciras que vivió con nosotros recién terminada la guerra, como soldado en uno de los cuarteles que quedaron. Dice Fernanda: «Yo me acuerdo de mi hermana que murió y dejó a sus hijos solitos. Me lo pide la gente y

Y, como hay que negarse a seguir enumerando todos los premios y homenajes recibidos en los distintos puntos cantaores del mundo, nos quedamos con el premio de la Cátedra de Flamencología de Jerez, la distinción Compás del Cante, de la firma Cruzcampo, el gran premio Charles Cros, de Radio París, el de la Música Flamenca y el del Instituto Nacional de Cultura Gitana, del Ministerio de Cultura. La Giraldilla de Lebrija, cuyo ofrecimiento tuvimos el honor de hacer, el homenaje

Fernanda y Bernarda, en Utrera, su pueblo, lo han recibido todo, desde el Mostachón de Oro de la Ciudad a ese mausoleo grandioso, elegante, estético y oportuno, donde sus cuerpos reposan, pasando por los homenajes en los dos festivales flamencos, Potaje y Mostachón, en todas las casetas de feria, las máximas atenciones por parte de todos los medios de comunicación, su calle y su monumento, sin olvidar ese título de Camareras Honorarias Perpetuas del santísimo Cristo de la Buena Muerte, de la Hermandad de Los Gitanos.

Con Bernarda se nos va el último suspiro de Utrera.

Sevilla Flamenca | etapa V | número 112| pág. 33 cante gitano del

Manuel Peña Narváez Foto_ J. A. Fernández


de la Peña Flamenca de Jaén, con dedicatoria de un especial de la revista Candil, y la Palma de Plata de la Sociedad del Cante Grande, de Algeciras, con dedicación de la revista Al—Yazirat, y la solicitud para ellas de la Medalla de Oro de la Junta de Andalucía, lo que nuestra Comunidad Autónoma dejó sólo en su calidad de Plata. Inolvidable acto que tuvimos la inmensa suerte de vivir, en mañana de ligera lluvia, en el salón regio de la Presidencia de la Junta –Palacio de San Telmo—, galardón que entregara el presidente Manuel Chávez y que Fernanda y Bernarda recogieron con empaque, con señorío y con una galanura tal, que hasta las viejas piedras del barroquista edificio se empaparon de jondura y se sintieron gitanas. Después vino el nombramiento de Hijas Predilectas de la Provincia, en el viejo cuartel de la Puerta de la Carne, la Medalla al Mérito en el Trabajo y la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Su arte, en la literatura, en el periodismo, en la poesía... Fernanda y Bernarda lo han merecido todo, porque, como poetizara Daniel Pineda, Fernanda y Bernarda... «Son del cante flamenco soberanas / y ofrecen la alegría y la amargura, / con el temple, el compás y la jondura / de esas fuentes antiguas y lejanas... Son morenas, valientes..., ¡utreranas!, / y tienen en sus almas la hermosura / de ese cante racial que aún perdura / con esencias tan puras, tan gitanas...» Antonio Murciano, el poeta de Arcos, escribió: «Sentí campanas gitanas / y me fuí derecho a Utrera / en busca de dos hermanas. / Creyeron que eran campanas / y pa mí que eran las reinas / de toas las voces gitanas. / Aquella noche en Utrera, / yo vi poner a las niñas / por las esquinas, banderas.» También el poeta utrerano Salvador de Quinta supo cantar a Fernanda y a Bernarda, pero por separado: «Hay un algo que cautiva. / Hay un no sé qué que mata. / ¿Qué tiene, Dios de los cielos,

/ el cante de la Bernarda? / Fernanda se está templando. / Ya vienen locos los duendes / por la calle Antón Quebrado». Y resulta curioso que el poeta de Utrera, cuando recita a Bernarda, se haga la pregunta: «¿Qué tiene, Dios de los cielos, / el cante de la Bernarda?» Y, en cambio, cuando canta a Fernanda, es rotundo y afirma: «Fernanda / la que canta soleares / mejor que nadie las canta».

“Bernarda gobierna en el laberinto del pentagrama” Todas las más ilustres plumas de la literatura se han ocupado del arte sin igual de Fernanda y Bernarda. Toda la prensa escrita y hablada ha glosado el mundo de ensueño de las dos hermanas de Utrera. Toda la crítica flamenca ha sabido entenderla, y se ha emocionado con la lucha de Fernanda, hasta llegar a la raíz del drama, y se ha emborrachado con la brisa acariciante de Bernarda, cuando desgrana su cante único. Y es que, en realidad, en Fernanda todo es sentencia. Ella es la solemnidad, el rito, la liturgia, la gravedad, el misterio y la profundidad; es la pena y el dolor y la angustia y el llanto, en un paisaje sombrío. En cambio, en Bernarda, todo es luz abierta a la ventana de los mejores esplendores de la dulzura del cante. Todo en ella es transparencia en el cielo azul de nuestras sensaciones más gozosas; repique de campana en la aurora luminosa de nuestro mejor día de fiesta. Muchas veces, los gitanos de Utrera, sus primos, nos preguntamos, ante ese altar de privilegio en la que adoramos a las dos, sobre cuál de ellas canta mejor. Y, en verdad, que ni sabemos, ni queremos, ni nos importa saber. Fernanda y Bernarda son la grandeza del mejor cante y, si una es reina de la soleá, depositaria de los cánones más puros, heredera de las mejores escuelas y señora inmarcesible de su propia escuela, la otra manda y gobierna

Sevilla Flamenca | Casi un siglo con... B ernarda | XVIII

en el laberinto del pentagrama más sabio de la musicalidad, y en la encrucijada más culta de la arquitectura del compás más exigente. Compás, aire, pureza, duende... Porque el duende, esa gracia o encanto inefable, «ese poder misterioso que ningún filósofo explica», vive en las habitaciones más jondas del cante de Fernanda y de Bernarda. «Los días que yo canto con duende –lo decía Diego el Lebrijano—, no hay quién pueda conmigo». Manuel Torre, lo cuenta también García Lorca, le dijo en cierta ocasión a uno que cantaba: «Tú tienes voz, tú sabes los estilos, pero no triunfarás nunca, porque tú no tienes duende». Y el duende vive en el pozo oscuro de los cantes de Fernanda y en el manantial cristalino de los cantes de Bernarda. «El duende dibuja en ellas / la manera de cantar, / y ellas confían al duende / su misterio y su verdad. / Ellas tienen el secreto / —lo dice el azul del mar, / lo dice el curso del río / y el verdor del olivar—, / de las más hondas raíces / de los cantes a compás: / una es la bulería, / la otra es la soleá. / Fernanda y Bernarda son / dos suspiros y un aliento, / dos gotas de agua unidas / en un mismo pensamiento. / Ellas son el sentimiento / en la liturgia del cante; / un poema, hecho lamento, / que se va bebiendo el aire. / Ellas son, cante gitano, / la sugerencia más fina / del cante en tono mayor. / Dejadme a mí de pamplinas. / No venirme con belenes. / No me cuenten las rutinas / de los peces de colores. / No me importa la doctrina / de tantos sabios doctores / apostados en esquinas. / Yo he preguntao a un rosal, / y no hay rosas sin espinas. En el cante de estas “niñas” / está la esencia más pura. / Si una es brisa de aurora, / la otra es la jondura. / A clavito y a canela, / me sabe su cante a mí. / El que no huele a canela, / es que no sabe “istinguí”. / Como cantó la Serneta: / Yo nunca a mi ley falté. / Yo las tengo tan presentes, / como la primera vez».


Escuchar a Bernarda es sentir y recordar el flamenco de mi casa. Tere Pe単a

Foto_ Antonio Cid


Sevilla Flamenca | etapa V| número 112 | pág. 36 Foto_ Gómez Teruel Cedida por Tertulia Cultural Flamenca El Gallo


flamenco y cine Primera parte Paco Bech Flamenco y Cine, Cine y Flamenco, dos artes cargados de fuerza y de sentido visual cuando son bien ejecutados, no es por eso de extrañar que sus caminos se hayan cruzado desde prácticamente los inicios del cine. Este se ha acercado al flamenco en muchas ocasiones para así ofrecernos los más dispares resultados, desde obras muy interesantes hasta las más inexcusables operetas dentro del género que se dio a llamar La Españolada. También se han hecho películas de carácter documental y se han llegado incluso a utilizar elementos de vanguardia, surrealistas y de otras corrientes como la Nouvelle Vague en películas con contenidos flamencos. Son diversos tratamientos y aproximaciones a un arte que no podía dejar de pasar desapercibido en el cine. La primera filmación sobre flamenco que se conoce se realizó en 1909 y se trata de una serie de cortometrajes en torno a la figura de El Mochuelo, un cantaor popular en ese principio de siglo. Estas películas se proyectaban sincronizadas con un disco del mismo cantaor y naturalmente del mismo cante interpretado

durante el rodaje. La grabación del Mochuelo constituye un gran documento por su testimonio histórico y también estético, aunque en nuestros corazones explota la duda de cómo hubiera sido una grabación de Antonio Chacón, Manuel Torre o una joven Niña de los Peines quienes estaban en pleno rendimiento en esa época, quizás en una situación de Café Cantante, algo que hubiera significado hoy día un verdadero tesoro para la cultura flamenca. Al ser todavía el cine un medio mudo, el baile cobró naturalmente un mayor protagonismo y a partir de 1914, las bailaoras Pastora Imperio y La Argentinita protagonizaron diversos filmes como La Reina de una Raza, Gitana Cañí o Flor de Otoño, hasta que en 1927 se produce la llegada del cine sonoro y la primera aportación flamenca viene de la mano de Guerrita, un famoso cantaor de la Ópera Flamenca. La película se llamaba Fútbol, Amor y Toros, un título sin duda inquietante en muchos aspectos y que no he tenido la suerte de ver, pero al que imagino no exento de una enorme carga

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de tópicos y todo tipo de rápidos apaños de guión, si bien es también cierto que este tipo de películas a veces nos muestran imágenes y testimonios visuales y sociales de su época, que las hacen sólo por eso, válidas y dignas de haberse realizado.

La década de los treinta continuó con películas de este inefable corte para así dar oficialmente inicio al citado anteriormente género de La Españolada, el cual duraría hasta casi la década de los setenta y en donde la participación de diferentes artistas flamencos se combina con la acentuación de los tipismos andaluces y otras variadas costumbres folclóricas. No obstante, dejando al margen la calidad cinematográfica de estos filmes, es bien cierto que contienen cuadros o escenas en las que importantes figuras del flamenco como Carmen Amaya, La Argentinita, Antonio o Manolo Caracol, dejan muestras innegables de su arte. Fueron especialmente populares en la década de los cuarenta las películas protagonizadas por Manolo Caracol y Lola Flores, en donde los cantes y actuaciones de ambos estaban siempre presentes. Entre todas las películas que hicieron juntos hay una que es realmente interesante como tal, Embrujo (1947) de Carlos Se-


rrano de Osma. Estupendo y vanguardista film que se aleja de las corrientes ya citadas, ofreciendo un guión trabajado e integrando elementos y decorados propios de las tendencias surrealistas que estaban desarrollando grandes directores como Buñuel en sus colaboraciones con Dalí, o el mismísimo Alfred Hitchcok en un film como Recuerda que contaba también con la aportación de Dalí en los decorados. También destacaron en esta década las apariciones de Carmen Amaya en diversos títulos como Seda, sangre y Sol o Gipsy dance, por la enorme potencia y el carácter visual de su baile. Algunas de estas películas fueron realizadas en Estados Unidos con la compañía de Sabicas. Sin embargo no es hasta 1952 cuando encontramos la primera obra dedicada por completo al flamenco, Duende y Misterio del Flamenco de Edgar Neville. Una película de carácter documental y que contó con un buen éxito de crítica y público pero en la que también se echan en falta a algunos de los grandes artistas de esa época y en donde ciertamente observamos algo de relleno. Duende y Misterio del Flamenco es un viaje a través de los diferentes palos con sus correspondientes cantes y bailes, en donde se nos ofrece también una venta-

na a diversos lugares andaluces en esa década para relacionarlos con el origen e identidad de cada palo que se muestra al espectador. Hay cosas realmente interesantes. Podemos ver un impagable plano del Farruco muy joven, acompañado de su mujer y sosteniendo en sus brazos un bebé, su hijo, el malogrado primer Farruquito que, como muchos lectores sabrán, murió muy joven en un accidente de trafico. Hace algunos años, en la Bienal de 2002, tuve la suerte de programar el primer ciclo de Cine Flamenco que yo sepa se ha celebrado en nuestra ciudad. Este ciclo fue una actividad paralela oficial de la Bienal, se celebró en la Sala Joaquín Turina y durante una semana pudimos disfrutar de una selección de películas de temática flamenca. Una de ellas fue por supuesto Duende y Misterio del Flamenco y recuerdo como una aficionada de las tantas que nos visitan en la Bienal, me hablaba de la mirada de Farruco en esa imagen, una mirada llena de fuerza y de deseos de comerse el mundo, algo que sucedería en pocos años con la extraordinaria grandeza de su baile. Era la mirada llena de sensaciones de un genio absoluto como lo fue El Farruco, sin embargo, por extrañas decisiones del destino y los responsables de la película no aparece bailando en ella.

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Lo que si aparece y es también uno de los mejores momentos del film es la interpretación de la soleá de unas jovencísimas Fernanda y Bernarda de Utrera. Un documento excepcional donde podemos disfrutar plenamente de Fernanda y Bernarda en sus primeros años como artistas. También ellas han sido dos de los más grandes genios que ha dado el flamenco y aquí están llenas de una fuerza visceral, joven, aun por pulir en años venideros, la explosión de dos diamantes en bruto y que tanto han dado de que hablar a todos los aficionados al flamenco y a la buena música en general. También destacan en esta película las actuaciones de Antonio Mairena, Pilar López, Antonio el Bailarín o el histórico e influyente Aurelio Sellés del que apenas existen otras grabaciones. Es este el último gran capítulo del Cine y el Flamenco antes de pasar los sesenta y setenta, en donde nuevas formas y planteamientos a la hora de encontrar a estos dos artes se abren paso para llegar incluso a una nominación al Oscar a la mejor película extranjera para un film que es un musical flamenco. De este importante logro y del resto de lo acontecido en estas tan señaladas décadas hablaremos en la próxima entrega.


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Circuito homenaje a Antonio el Sevillano

A finales de 2009 la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla rindió homenaje al ilustre cantaor Antonio Pérez Guerrero El Sevillano (1909— 1989) con motivo del centenario de su nacimiento. Este homenaje ha tenido como escenario una docena de peñas flamencas: Juan Talega, La Serrana, David Serrano, Marchena, Pastora Pavón, Casa del Arte Flamenco, Calixto Sánchez, Torres Macarena, El Chozas, Amigos de la Guitarra, La Soleá de Alcalá y el Pozo de las Penas. El homenaje ha tenido como coordinador y conferenciante a Pablo Pa-

rrilla, quien ha glosado la figura de este egregio fandanguero a través de “El Sevillano en la memoria”. Esta glosa ha sido ilustrada por el cantaor onubense Guillermo Cano acompañado por las guitarras de Rubén Levaniegos, Paco Cruzado y Ricardo Rivera. Cabe destacar el éxito cosechado por este joven cantaor que ha demostrado en cada una de sus actuaciones conocimiento, fidelidad, sensibilidad y gran capacidad de interpretación a la hora de ejecutar los cantes en el escenario.

II Gala para Mayores No se puede tener más esencia. Es imposible darlo todo apelando casi únicamente al genio y al apretón en el faldón de la chaqueta. No es posible que quepa más verdad en los tercios flamencos, menos embuste en todo lo que se dice y se hace. No se puede cantar con más regusto y con más historias flamencas enredadas en la garganta. La verdad es que por segundo año consecutivo, en el antiguo teatro Álvarez Quintero, hoy Sala Joaquín Turina, la Gala de Mayores que organiza la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla con la colaboración de la Diputación de Sevilla y Cajasol, nos ha traído sonidos que parecían aletargados en la memoria, escondidos de los escenarios de los más rutilantes festivales flamencos donde el sota, caballo y rey son el pan nuestro de cada noche. Todo fue sinceridad a raudales, efervescencia de la evocación, el apuntar con garbo un cante. Tres cantaores y una cantaora dándolo todo y un poquito más. El público entusiasmado. En las puertas del teatro, al finalizar el espectáculo, la gente pidiendo a los organizadores que eso hay que repetirlo no una vez al año, sino una vez al mes. Ojalá.

El cante de Carrión de Mairena —padre del gran tocaor Antonio Carrión, que lo acompañó con la clase que se suele gastar— nos hizo creer más que nunca en que la escuela que creó aquel Antonio Cruz García está viva y fresca en la voz de un veterano. Eugenio Carrasco, El Perlo de Triana, nos dejó el gusto de lo bonito y lo sencillo con sus cosas por bulerías. Ramón Benítez, Chato de Utrera, nos cantó por soleá que harían estremecerse a los mismísimos balcones gitanos de la Calle Nueva. Y Antonia Rodríguez, La Negra, nos dijo que hay una manera de cantar bien por tangos, sin estridencias, sin carreras, que las prisas son para los toreros malos. El contrapunto a tanta nostalgia flamenca lo trajo con sus once años Rocío Luna quien, acompañada de los toques detodalavida y frescos a la vez de Fernando Rodríguez, su maestro de cante, con una voz y una entonación que para sí quisiera más de uno, más de dos y más de tres. La noche fue, en definitiva, un compendio de elegancia flamenca llevada de la mano por José Manuel López Mohíño. La verdad de nuestra cultura. La enjundia. El recuerdo de lo que fuimos y la esperanza de lo que llegaremos a ser.

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X Semana Cultural Peña Flamenca Amigos de la Guitarra. Memorial Pepita Caballero

El último fin de semana del mes de noviembre fue todo fiesta en la Peña Amigos de la Guitarra de Carmona. Desde el miércoles 25 al sábado 28, la magnífica sede de la Peña Flamenca, ubicada en el campo de feria del lucero de Europa, estuvo repleta de socios y aficionados para disfrutar del buen flamenco que habían preparado los Amigos de la Guitarra, con su presidente José Ávila a la cabeza, y con el Delegado de Fiestas y Cultura, Miguel Acal. Todo comenzó con Guillermo Cano y Ricardo Rivera y la disertación sobre El Sevillano de Pablo Parrilla. Fandangos de aire y altura. El jueves fue Jerez de la Frontera con Nano y la Fragua de Tío Juane la que fundió los metales para el baile airoso y enérgico de Yési-

ca Brea. El viernes se celebró la decimosexta edición del Concurso Nacional de Flamenco Ciudad de Carmona, cuyo primer premio de adultos terminó yéndose hasta la vecina localidad de Mairena del Alcor con los buenos cantes de José de la Mena, un cantaor que recital a recital va agrandando su fama de buen hacer. El premio de jóvenes correspondió a la sevillana Tamara Aguilera, todo sabor y fuerza en sus cantes. Y como colofón a una magnífica semana cultural, José de la Tomasa y Manolo Franco con toda su verdad y sabor a cuestas. Enhorabuena, pues, a la Peña Flamenca Amigos de la Guitarra y al Ayuntamiento de Carmona por hacer del mes de noviembre un mes flamenco en las tierras de la vega.

Foto_ M. Vergara

La fragua de Tío Juane

XXI Circuito Flamenco de la Federación Homenaje a Manolo Caracol en el centenario de su nacimiento Durante los meses de octubre y noviembre, la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla organizó su vigesimoprimer circuito flamenco dedicado, en el año 2009, a la figura del genial cantaor Manuel Ortega Juárez, en el centenario de su nacimiento en la calle Lumbreras de Sevilla. En total fueron 32 recitales en otras tantas peñas flamencas de la provincia. Treinta y dos merecidísimos homenajes que cantaron las verdades del barquero en las voces de artistas tan reputados como El Polaco, el chiclanero Antonio Reyes, José El Ecijano, El Trini de la Isla, el mairenero Antonio Ortega hijo, y las jóvenes promesas María José Pérez, David Hornillo y Toñi Fernández. El baile corrió a cargo de La Piñona y su gente. Un circuito, pues, en el que se fundieron la madurez y la juventud, el cante, el baile y el toque, y las distintas formas de entender nuestro flamenco. Todo ello en honor a uno de los cantaores más grandes que ha dado nuestra historia flamenca.

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XVI Semana Cultural Flamenca de la Peña Flamenca El Chozas Homenaje a Juan Peña El Lebrijano Fotografías_ J. M. Rodríguez Fatou

Rocío Márquez, al cante, y Guillermo Guillén, al toque, abrieron los actos de la XVI Semana Cultural Flamenca.

Guillermo Cano y Rubén Levaniegos ofrecieron el jueves 29 de octubre un recital pletórico de fuerza y sentimiento en la Peña.

José María Rodríguez Fatou, miembro de la Junta Directiva de la Peña El Chozas, entrega una placa en agradecimiento por su trabajo en pro del flamenco a José María Segovia Salvador, Presidente de la Federación de Peñas de Sevilla y de la Confederación Andaluza.

Julián Estrada y Manuel Silveria ofrecieron un recital de cante y toque a la altura de muy pocos artistas para la clausura de la XVI Semana Cultural Flamenca de la Peña El Chozas.

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V Circuito Flamenco Entre Naranjos y Olivos 2009

La Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla organizó con la colaboración de la Diputación Provincial de Sevilla un ciclo de recitales por la provincia de Sevilla en homenaje a Antonio Mairena en el centenario de su nacimiento. Cuarenta recitales en los que tomaron parte destacados artistas y un buen número de críticos de flamenco. El ciclo comenzó el 27 de marzo en la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena, de Mairena del Alcor, y finalizó el 17 de junio en la Casa Palacio de esta misma localidad en una clausura donde se dieron cita todos los artistas participantes.

Los participantes fueron los siguientes: Inmaculada Rivero, Rubén Romero y Manuel Martín Martín; José Parrondo, Eduardo Rebollar y José Luis Rodríguez Ojeda; José de la Tomasa, Eduardo Rebollar, Paco Cortés y Pablo Parrilla; Curro Malena, Antonio Malena y Ricardo R. Cosano; Diego Clavel, Fernando Rodríguez y José Cenizo; Segundo Falcón, Salvador Gutiérrez y Antonio Reina; Rubito Hijo, Antonio Carrión y Antonio Ortega; José de la Mena, Niño Elías y Manuel Bohórquez; Calixto Sánchez, Manolo Franco y Alberto G. Reyes; y Carmen Ledesma y su grupo y Rosalía Gómez.

Rubito de Pará: un flamenco con mayúscula Celebrando el día de la Constitución española, la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla, conjuntamente con las peñas flamencas de Marchena y Miguel Vargas (de Paradas), organizaron en ésta última localidad un acto de reconocimiento al bravo cantaor paradeño afincado en La Puebla de Cazalla, Manuel González Parrilla, Rubito de Pará.

Magnífico aspecto presentaba La Comarcal y numerosos aficionados y peñas flamencas se desplazaron para acompañar en este cálido homenaje que se le rendía en su pueblo. Al acto se sumaron los cantaores Paco Moya, Kiki de Castilblanco, Manuel Reyes, José de la Mena, Rubito Hijo y Miguel de Tena que cerró el acto. En el toque estuvieron Niño Elías, Antonio Moya, Fernando María y Patrocinio Hijo. Y como presentadores, los paradeños Eduardo J. Pastor y Pablo Parrilla. Después del acto protocolario en el que intervinieron el Excmo. Ayuntamiento de Paradas como anfitrión y con su alcalde a la cabeza, las peñas flamencas representadas y la Federación con su presidente José María Segovia, tomó la palabra Manuel, quien agradeció a todos los presentes el reconocimiento como él sabe hacerlo: con su cante. En su actuación derrochó el poderío que lleva dentro y su cante volvió a convertirse en indispensable. Una vez recuperado tras el percance de salud sufrido allá por el año 2007, Rubito de Pará continua demostrando que es un flamenco con mayúscula.

Foto_ M. Avilés

Foto_ Eloy Reina

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XX Semana Cultural de Actividades Flamencas de Paradas

Durante el pasado mes de abril se ha celebrado la XX Semana Cultural de Actividades Flamencas de Paradas en la que se ha homenajeado a un cantaor singular como es José Domínguez Muñoz El Cabrero. Por el Aula de Cultura han desfilado personalidades de la palabra como Salvador de la Peña, Antonio Zamudio, José Manuel López, Juan Ortega o Manuel Martín Martín, que disertaron sobre el cantaor de Aznalcóllar y su trayectoria artística desde distintas perspectivas. Y en el plano artístico las actuaciones de Manuel Reina y Niño Elías, Calixto Sánchez y Manolo Franco, Elu de Jerez y Fernando Moreno, Manuel Cuevas y José Luis Postigo, El Pele y Patrocinio Hijo y Eli Parrilla y su cuadro flamenco.

En la clausura, con un lleno a rebosar, actuación de Paco del Gastor acompañado de sus nietos Antonio y Gastor de Paco, Miguel de Tena y Antonio Cáceres, cerrando la semana El Cabrero con las guitarras de Rafael Rodríguez y Paco del Gastor. Vaya nuestra enhorabuena a los amigos de la Peña Flamenca Miguel Vargas y al pueblo de Paradas por tan grato homenaje.

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relatos Por ahí se va a Triana. I parte Manuel Fernández Fuentes Asoman las crestas de los naranjos, con sus hojas nuevas, sobre el blanco de los paredones de las viejas casas. Peter Robins pudo tenerla a su vera, al menos por un instante. La había encontrado de nuevo, cuando la gitana caminaba de regreso hacia el arrabal. Distinguió primero, como una señal inequívoca, el negro estandarte de su cabellera, levemente mecida por un vientecillo joven que comenzaba a refrescar la calina. No había nada más negro en el mundo que su cabellera. A Carlota Soto, le espejeaba la piel achocolatada. Las fuerzas de los Dioses de su raza, entre los tímidos rayos de sol, se la pusieron delante, como por ensalmo. Frente a la rubicundez facial del osado británico, los ojos negros, de jaca jerezana, de la joven flamenca. La acogida sin ambages de su sonrisa blanquísima, su hablar arrastrado y salvaje. No ha mucho, Peter lograba milagrosamente supervivir en la capital sevillana. Aquilataba su mermada hacienda durmiendo en el cuartucho de una vetusta pensión de Triana, en la calle Bernardo Guerra, muy cerca del río y de su calle Betis, a dos pasos de la Iglesia de Santa Ana. Alguna colaboración periodística y unas pocas horas de clase como profesor nativo en una academia pirata de idiomas, también ubicada en el barrio, le ayudaban a continuar con sus empeños: aprender a tocar la «bajañí» la guitarra flamenca, aunque sólo fueran algunos compases. Pero desde que conociera a la menor de los Soto, no había aire bastante en la orilla del milenario río, para henchir sus pulmones y expeler hondos suspiros. Tenía que buscarla, como pordiosero mendrugo de pan, por las calles más humildes, cerca de las moradas de sus primas, las Vargas o en las fiestas de sus parientes, a las que acudía con su amigo, El Diamante Negro, el gran cantaor jerezano, emparentado con casi toda la gitanería de Triana. Desde entonces cobraron especial sentido para Perico —que así motejaban los calés al guiri aprendiz de flamenco— las hondas letras de los cantes matrices que tan cabalmente interpretaban las gentes del Sur. Empezaba a saber qué eran las «ducas», las penas hondas. Perico o er Pite, sabía que acceder a los círculos del clan gitano de los Soto, los «Perlos de Triana» era tarea difícil. Sobre todo para él, por su condición de extranjero y hombre de letras, que había abandonado su Londres natal y desaprovechado una sustanciosa beca universitaria, sólo por tocar la «bajañí». No era sino un chalao, un visionario atacado de una extraña fiebre quimérica. En tan escasos meses, malviviendo en las arcanas claves de aquella arrabalería, comenzaba ya a dejar en el rincón más profundo del olvido, las eses líquidas, el genitivo sajón y hasta los cigarrillos marca Royal Crown que fumara desde la adolescencia. Su obsesión por la cultura honda y por esta expresión del pueblo, cavernaria, tan llena de autenticidad, lo obligaban a vivir y a pensar, dentro de las lindes de esa locura, embutido de la cuadratura musical de los tientos, los tangos o las viejas tonás. Soñaba ya con los arpegios de Esteban de Sanlúcar, con el punteo de Niño Ricardo, con la maestría de Montoya o los trémolos de Sabicas. Su vida empezaba a asemejar aquella vida difícil del primer gitano que cruzó la frontera pirenaica y que comenzó a «agachonarse», sufriendo a pie de igualdad con los campesinos andaluces sin tierra, que deambulaban por el Sur, perseguidos de la Inquisición y de la Corona. Como zíngaro que cruzara el Pirineo, había de cumplir alguna ley no escrita, una costumbre tribal y atávica. Al británico, además de vivir cegado por ese mágico mundo de lo jondo, le sojuzgaba la mezcla de vileza y belleza de las mujeres del arrabal, sus andares desmayados, su alegría perpetua, sus primarios instintos, la verdad universal que hallaba en estas hembras, le hacía abandonar sus escolásticas obligaciones y se entregaba por completo al vino, intentando cruzar las fronteras de un mundo de misterio, que olía a caldo del puchero, a buñuelos, al limpio frescor de las sábanas colgadas en los patios de vecindad.

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Aquella tarde en un corral de vecinos de la misma calle Bernardo Guerra, bautizaban a un sobrino de Carlota, hijo de la Tomasa, la mayor de sus cinco hermanas. De parné la cosa estaba cortita, pero la hacienda aún permitía tomar unas cañas con pescao frito y después lo que se terciara. Estuvo servío el tercio porque ar Pite, lo llevaba de la mano El Diamante Negro, su único y privilegiado marchamo para deambular entre aquella gente humilde, ora confianzuda, ora recelosa y oscura frente al extraño. Y aunque cantaba a leguas que no era más que un guiri mu jartible, el simple mérito de ir acompañado del cantaor jerezano, le dio pábulo para acceder como uno más al festín del bautizo aunque, eso sí, con la cortedad y el desapego propio de un desconocido que además llevaba sólo unos meses en el barrio. —¡Además!– repuso el Diamante: –¡Nos viene que ni pintao para tocá por fiesta! ¡Ha aprendío el gachó unas cuantas falsetas mu gitanas! Llegaron los Pelaos, que tenían fama de buenos palmeros y con ellos, se aseguraba el ratito de cante y baile. Enseguida, percusión y cuerda, se cogieron el compás y se sorprendieron todos del progreso del rubio guitarrero. Curro el Pelao, el más gracioso y jaranero, le espetó al Diamante: —¿Primo, quién es ese gachó, que viene contigo? Tiene cara de boticario. Desde aquel día, al tocaor de la Gran Bretaña, se le quedó el mote y en todo el arrabal de Triana se le conocía por er Pite o Perico el Boticario. El tañedor únicamente pudo intercambiar un primer saludo con la joven y ella le correspondió con gracia y no sin cierta picardía, porque le sostenía la mirada con descaro, como si sólo con sus inmensos ojos, como abismos negros, pudiera apoderarse del sentido y la cordura de todo aquel que la mirase. No tenía porqué pensar el británico, lo decían todo las letras de los cantes que aquella noche se derramaban por las piedras del patio de vecinos. Aquella impresión fue como un cañonazo para el joven que estaba cegado por el misterio que para él suponían los vericuetos de hondura por los que se conducía. Ahíto de compás y vino, deslumbrado por la belleza telúrica de aquellas jóvenes mujeres que arrastraban dorados metales del lóbulo de sus orejas y por ese olor a romero y a flores recién regadas. Cautivo estaba de la belleza morena de Carlota. Pero la desbordante alegría que bullía en el británico aflamencado que arribó a las costas de Triana, se vio cortada de raíz, como el tajo de una afilada navaja, que secciona en dos el costado de un hombre. La honra de los Soto estaba en juego. Le contaron, que después de un trato en la Feria de Utrera, su padre prometió a la joven trianera a un gitano cincuentón que había contraído nupcias en no se sabe cuántas ocasiones. Diego Soto, padre de Juana, cuando llegó aquel día a su cuarto de la casa de vecinos, de regreso de la feria utrerana, bebido de manzanilla, no le dijo nada a La Perla su mujer, una gitana aseá y limpia como nadie, persona que sabía estinguí, que sabía dar a cada cosa su verdadera importancia y tenía bien amueblada la sesera. Los Perlos de Triana eran una familia muy apreciada. Se habían extendido por toda Andalucía y con ellos, su cordura y su laboriosidad. Perico acompañó al Diamante y a los Pelaos, hasta bien entrada la madrugá. Las morenas mocitas, todas juntas en la reunión familiar, en una esquina del patio repleto de malvas chinescas, sentadas en las sillas de eneas, bailando unas y haciendo compás otras, oficiaban ese ritual sagrado que para los calés supone el cante, una veces, el chuflero, como la bulería o los tangos, otras, los sentíos y profundos, las serranas, las seguiriyas y las livianas. Continuará...

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documentos


agenda XXXI FESTIVAL DE ARTISTAS NO CONSAGRADOS

VIII FESTIVAL DEL MELOCOTÓN VILLAVERDE DEL RÍO

XLIV GAZPACHO ANDALUZ DE MORÓN

Jueves 1 julio 23h. Auditorio Municipal de Montellano

Sábado 10 julio - 22h. Plaza de la Concordia

Sábado 31 julio - 22.30h. Plaza de Toros. Entradas 20€ /ant. 12€

Al cante Elena de Carmen, Toñi Fernández, Manuela Cordero y Juan Ramirez. Al toque Juan María Real y el Niño de Brenes. Al baile J. M. Viña y su grupo.

Manuel Vera El Quincalla, Lidia Montero, El Bornolero y el Choro al baile.

LIV POTAJE GITANO DE UTRERA

Viernes 16 julio - 22.30h. Recinto Ferial

Sábado 3 julio — 22.30h. Patio del Colegio Salesianos

Al cante Miguel de Tena, Manuel Cuevas, Raúl Montesinos, Vanessa González, Mª Ángeles Martínez, Vanesa Plata. Al toque Fernando Rodríguez y Manuel Herrera. Al baile Eli Parrilla y su grupo. Presenta Eduardo J. Pastor.

Dedicado a la Memoria de Joselero en el Centenario de su nacimiento. Al cante: Miguel Poveda y Alfonso Luna. Al baile Pepe Torres, con Moi de Morón, David Sánchez El Galli, Luis Torres y Miguel Lavi. Al toque Eugenio Iglesias y Paco Iglesias, Domi de Ángeles y Paco de Amparo. Presenta Juan Ortega Chacón.

FESTIVAL FLAMENCO DE CASARICHE

V FESTIVAL FLAMENCO DE OSUNA Sábado 7 agosto - 22.30h. Corral Casa de la Cultura

Al cante Laura Vital, Manuel Cuevas y Gema Giménez. Al toque Eduardo Rebollar y Manuel Herrera. Al baile Yolanda Lorenzo y su grupo.

XXXVII FIESTA DE LA GUITARRA DE MARCHENA Sábado 31 julio - 22h. Plaza de San Juan

XLII REUNION DE CANTE JONDO DE LA PUEBLA DE CAZALLA Sábado 10 julio 23h. Hacienda de la Fuenloguilla

Al cante José Galán, Miguel de Tena, Virginia Gámez, Manuel Cuevas y Kiko Peña. Al toque Patrocinio hijo, Jesús Zarrías, Manuel Herrera y Antonio García. Al baile Rafael de Carmen y su grupo.

FLAMENCO ABIERTO Viernes 10 septiembre Peña C. F. Pies Plomo - SEVILLA

Marta Balparda y su cuadro. JUEVES FLAMENCOS DE CÁDIZ

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perfil flamenco Paco del Gastor La fiesta del toque Eduardo J. Pastor A Paco se le ve venir muy de lejos porque no existen dobleces en sus formas. Sus andares son pausados y a la vez resueltos. Vive sin prisas, que ya bastante corre la mano por los trastes de su guitarra cuando el alma le pide sonidos. Es más gitano que la leyenda morena de Manuel Torre. Más clásico que un busto romano. Más de verdad que el que algún día nos tenemos que morir todos. Las cosas de Paco del Gastor tienen un regusto más moronero que un verso de Fernando Villalón. Va andando por Morón mirando de continuo al cielo, como ensimismado, buscando tantas cosas que le faltan en su vida, porque con los que Paco fue más Paco que nunca ya se han ido para los restos de fiesta celestial. Mira a través de los cristales de sus gafas queriendo reconocerte sin conocerte, esculcándote el alma, escudriñando si vienes de veras o sólo para darle coba. Cuando le doy la mano y lo miro de frente le digo que soy de Paradas. Se le ilumina la cara y me pide que me siente a su lado. Y se te abre de capa en cuanto le sueltas una referencia a Utrera –siempre Utrera. Él te cuenta, y te habla, y te mira… El genio que toca por soleá junto a Fernanda, el que se rompe tocando por bulerías junto a Bernarda… las orquestas gitanas… ole la mejor del muuundo… Paco es claro, despejado, boyante, al contrario que los toques ocultos de su tío

Diego. Paco es cierto, punzante al decir las cosas, sin tapujos, sin esconder nada porque nada tiene que ocultar. A lo que se dedica ahora es a querer mucho a su gente y a dejar que la semilla del buen tocar germine en las guitarras de sus nietos. Cuando toca sueña y recuerda. Con seis cuerdas entre las manos las penas heredadas de los gitanos viejos se le retuercen en la sangre y crea la obra efímera del sonido que queda perpetuada en el que quiere y sabe escuchar. Paco Gómez Amaya, que así es como lo sacaron de pila allá por los años cuarenta, no se parece a ningún tocaor. Sus sonidos no son los de su tío Diego aunque rezuman Morón de la Frontera por todos lados. Su hermano Juan es distinto a él del todo y Diego… Dieguito es otro mundo. Paco no es ni Ricardo ni Montoya ni Diego ni Paco, el de Algeciras, ni Sabicas ni Sanlúcar ni naide… Paco del Gastor es Paco del Gastor. Ni más, ni menos. Un tocaor que anda pidiendo desde hace mucho tiempo estudiosos que lo estudien, porque desde primera hora tiene a manojitos aficionados que se han aficionado con él a este arte nuestro. Ha creado más con la guitarra que muchísimos tocaores que se la quieren dar y la ilusión por tocar no hay quien se la quite. Le da igual un escenario que una fiesta si él y su gente están a gusto. Directo, contundente… Amargo a veces. Siempre visceral. Apolíneo en las melodías. Rein-

cidente en la nota del pellizco. Golpe tras golpe, compás a discreción. Sonidos que quedan en el aire mucho tiempo después de haber dejado de tocar la cuerda. En su caso, la guitarra no es una ampliación de su cuerpo, es su cuerpo mismo que se enreda con el aire y el son gitano. Sus intenciones se hacen plenas cuando nos dice que para el toque, Morón, y para el cante, Utrera. Luego mira a Lebrija, a Jerez, a Triana y si hace falta llega gateando hasta Cádiz. Pero entre Morón y Utrera se puede explicar más de la mitad de la sangre gitana que corre por las venas del flamenco, del cante gitano. Profesionalidad a fuerza de bombas. Todo fibra, nervio y vigor. Tras más de cinco décadas con una guitarra entre las manos acompañando cantes a las claras del día, los nervios afloran sí o sí antes de subir al escenario. El tener que seguir justificándose cada día, el seguir ganándose el respeto del aficionado, el tirar la moneda todas las noches al aire. O el triunfo o el ole. Siempre el ole. Paco es de los poquitos que nos van quedando que reivindican la fiesta gitana, que hacen de nuestro arte una conmemoración más que un espectáculo. El flamenco, con él por medio, es siempre una reunión y no un pasatiempo. Una forma de entender la vida, una manera de pasearse por Morón. Ahora que los años van pasando tan deprisa tiene bajo el brazo a sus nietos Antonio y Paquito. Miradas inquietas. Nervios derritiéndose con la guitarra entre las manos. Siempre la fiesta por bulerías. — Venga, canta. — Vamos, una pataíta… Paco del Gastor tiene la capacidad de inspirarse sobre las tablas y en el tabanco, cosa de la que muy pocos pueden presumir. Tan lejos como está de las cosas antiguas del flamenco pasado, Paco es feliz con su gente. Y su gente es feliz a su lado.

Paco del Gastor y Gaspar Fernández Fernández. Morón y Utrera


Foto_ M. Gilortiz


in memoriam Carlos Arbelos La fotografía flamenca ha perdido a su negativo favorito. Se marchó CARLOS ARBELOS. Aquel gaucho al que le cautivó el mundo de los flamencos hasta tal punto que le hizo cambiar el rumbo de su vida. Cuando más disfrutaba, la muerte nos lo arrebató. La puerta del cante está de luto también. Descansa en paz amigo Carlos.

Foto_ Paco Sánchez Fotos_ Paco Sánchez

Terremoto Siempre la muerte en el flamenco. La pena y la queja. El artista joven que se va sin haberlo dicho todo. El dolor y la sangre. Tarde de máscaras y Fernando muriéndose a cuerpo limpio. En Jerez fue un Febrero de muerte y de luto. Recuerdos de su padre. Memorias del que se va joven y una sevillana vieja que tomó sentido nuevo y triste en la voz del genio de la calle Adana. Relincharon los caballos, silencio en el volapié, callaron eco y guitarra y floreció otro lazo negro en el capote del Paula.

Fernando Fernández Monje, Terremoto


Foto_ Paco Sánchez

Emilia Jandra El pasado 7 de abril fallecía EMILIA JANDRA. Era una mujer dulce, encantadora, con la gracia especial de la mujer sevillana. Virtudes a las que unía las dotes de la bondad, la alegría, la inteligencia y la humildad. Tenía unas cualidades para el cante excepcionales, y no solamente para el flamenco, donde bordaba los cantes de ida y vuelta, sino que sus boleros eran deliciosos y en el terreno de la copla era portentosa.

Antonio Estévez El pasado mes de febrero nos dejó, repentinamente, el gran aficionado nazareno ANTONIO ESTÉVEZ ALFONSÍN. Un hombre muy conocido en el mundo peñístico, pues no en vano fue miembro de la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla durante la última etapa de su vida, en los mandatos de José María Segovia Salvador y en el de Juan Iglesias Hernández. Siempre estuvo ligado a su peña Juan Talega, de Dos Hermanas. Desde estas páginas lo recordamos con cariño y enviamos a su familia el abrazo más sentido y sincero.

Rafael El Negro Se despidió de nosotros un flamenco de tronío. Trianero de lujo, gitano y bailaor; Rafael García Rodríguez, RAFAEL EL NEGRO para el arte flamenco. La elegancia personificada en el baile; maestría y majestuosidad. La bulería elegante, para la posteridad … Triana está de luto y el cante por soleá: ha muerto Rafael El Negro que bailaba de verdad.


Mi hermana canta como mi madre la parió. Bernarda Jiménez Peña


Sevilla Flamenca nº112