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APUNTES SOBRE LA MORAL CARTESIANA EN EL DISCURSO DEL MÉTODO La propuesta cartesiana de una moral provisional tal y como es presentada en el Discurso del l Método surge de la incompatibilidad entre la tarea de reconstruir sobre fundamentos verdaderos el edificio del conocimiento y la urgencia diaria del vivir, la necesidad de seguir siendo un ser moral y libre, que es la preocupación última y fundamental para Descartes, no en balde sitúa la ética en el punto más álgido de su proyecto científico. En este sentido nuestro filósofo afirma que “no se puede permanecer irresoluto en las acciones” (D.M., Parte III), que no es posible suspender la acción, como lo es suspender nuestro juicio en el ámbito teorético, porque no es posible detener la vida, permanecer inactivo a la espera de que la razón encuentre certezas, esto es, unos principios morales, que nos permitieran actuar con una corrección equivalente a la claridad y la distinción exigida por el método. Si éste hubiera sido el planteamiento cartesiano, hubiera conducido a una parálisis radical, típica del pirronismo, del que Descartes desea huir a toda costa. Así pues, nuestro autor no tiene otra alternativa que mantener un ámbito ajeno a su revisión crítica fundamentista, en el que no es posible aplicar de manera estricta el criterio de verdad presentado en la regla de la evidencia, esto es, en el que no cabe “aceptar como verdadero ninguna cosa que no fuera evidente” y, por tanto, es necesario buscar un alojamiento seguro mientras se renueva la propia vivienda. En definitiva, proveerse de una moral. 2 La finalidad o el sentido último de este conjunto de máximas o normas de comportamiento que constituye la moral cartesiana, es conseguir “vivir desde luego lo más felizmente que pudiese” (D.M., parte III). Descartes, así, propone una serie de recomendaciones, un arte de cómo vivir feliz, a pesar de las dudas que persisten en nuestro juicio sobre las cosas y las acciones humanas, cuya validez será temporal y que, por tanto, no pretende ser una moral sistemática fundamentada en certezas como lo podría haber sido aquélla que culmina su árbol de la ciencia. Por otra parte, se trata de una moral imperfecta, “de la que hemos de proveernos mientras no se llegue a conocer una mejor” (D.M., Parte III), esto es, no estamos delante de una moral definitiva, deducida desde los primeros principios que intuye la razón humana, una ética con el grado de certeza de las matemáticas, porque ésta nunca fue desarrollada por Descartes, aunque sí podamos encontrarla en otros racionalistas posteriores como Baruch Spinoza. Más bien, por el contrario, la moral provisional cartesiana acepta como válidas normas cuya validez es probable, verosímil; normas que son útiles para conducirnos en la vida y garantizar el máximo grado de felicidad y libertad. Este pragmatismo ha sido interpretado por algunos autores como una nueva moral propia de la ascendente clase burguesa, que irá poco a poco socavando los cimientos del Antiguo Régimen en Europa. No obstante, en cuanto a las propuestas éticas concretas realizadas por Descartes hay que reconocer que el filósofo no resulta muy original, puesto que, o bien retoma ciertas 3 teorías éticas clásicas como el estoicismo , o la doctrina del intelectualismo moral socrático o bien, 1 A partir de ahora se abreviará la obra Discurso del método por D.M. 2 No confudir una máxima con una regla metodológica o una ley. La máxima es una norma moral que no implica sanción por parte del Estado debida a su incumplimiento, mientras que una ley obviamente sl. Por otra parte, las máximas afectan al ámbito de la acción mientras que las reglas se usan exclusivamente en el ámbito teórico o especulativo, esto es, el de la ciencia y la filosofla. 3 Corriente filosófica del perlodo helenlstico cuyo nombre proviene del lugar en que su fundador (Zenón de Citio, 333-263 a.C.) ubicó la sede de la escuela, que estaba situada en un pórtico o stoa. La ética estoica se funda en su determinismo cósmico ya que, para los estoicos, la ley que rige el universo es el mismo fuego inteligente o logos divino que toca nuestra alma. Ante el determinismo cósmico, la actitud del sabio solamente puede ser la de aceptar el destino, ya que todo está regido por la providencia del logos. En este sentido, puesto que todo está sometido a la providencia, todo es racional y justo. La máxima moral de los estoicos se resume con la sentencia: 0vive de acuerdo con la naturale1a2 o, lo que es lo mismo, siguiendo el logos divino. El acatamiento de esta ley separa a los

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como mucho, se toma en serio el relativismo de Michel de Montaigne y desde el moderniza, adaptándola a los tiempos la doctrina aristotélica del término medio, presente en la primera máxima. En resumen, su doctrina moral es un compendio de respeto al orden establecido, tanto al Estado como a la religión (comprensible de todo punto teniendo en cuenta los conflictos político-religiosos que recorren Europa durante todo el siglo), moderación en las acciones y los deseos y firmeza en la toma de decisiones y por encima de todas ellas, como su justificación última, la búsqueda de la verdad, aquello a lo que Descartes ha dedicado más esfuerzos personales en su vida, de lo que se siente más orgulloso. La razón se convierte, así, en el fundamento último de esta moral cartesiana, en tanto que el entendimiento es quien concibe clara y distintamente la acción correcta y es la voluntad quien ha de someterse a estos límites. El error y el pecado, si cabe, procede de la voluntad no de la razón humana y consistiría en decidir una alternativa de conducta que no se corresponde con lo que el entendimiento propone con certeza. El ideal moral para Descartes es el perfecto ajuste entre la voluntad y el entendimiento: donde el pensamiento muestra el bien, la voluntad no puede aspirar más que a él. En esto consistiría la auténtica libertad, a saber, en la determinación racional de la voluntad, la sujeción de ésta a los dictados evidentes de la razón. La teoría cartesiana de la acción moral es así una continuación de la ética socrática y estoica. El supremo imperativo es el dominio, mediante el conocimiento intelectual, de la razón y la voluntad sobre los impulsos y las pasiones sensibles. Este sería, pues, el modelo de sabiduría que propone Descartes en contraste con las opiniones especulativas de la época.

Versión revisada febrero de 2010 © Ana Estela i Gallach Florida CES Catarrosa- València

estoicos de las concepciones hedonistas, como las defendidas por sus coetáneos los epicúreos, y crea las bases de una ética del deber entendida a la manera intelectualista, ya que el seguimiento de este deber sólo es posible por parte del sabio, que es quien conoce el logos. Pero, mediante la aceptación del destino, puede alcanzarse la tranquilidad de ánimo propia del sabio. La intranquilidad proviene de las pasiones que hacen errar a la razón, al desear que las cosas sean de un modo opuesto a los designios de la providencia-destino. La virtud, que consiste en la eliminación de todas las pasiones y en la aceptación del orden de la naturaleza, debe mantenerse incluso a costa de la propia vida. Por ello, los sabios estoicos aconsejaban (y varios practicaron tal consejo) el suicidio antes que verse forzados a actuar en contra del deber. En resumen, es una ética de la resignación, lo que no fue óbice para que defendieran tesis políticas opuestas a la tradición. Por ejemplo, propugnaron la abolición de la esclavitud.

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La moral cartesiana en el Discurs