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CAMBIA TU MUNDO CAMBIANDO TU VIDA

EL ARTE DE VOLAR Afรกn de superaciรณn

Dar fruto Cuando no se ven resultados

Muerte al dragรณn Cรณmo vencer nuestros temores


Año 17, número 11

A N U E S T RO S A M IG O S Las promesas de Dios

En el libro del Génesis, capítulo 12, dice que cuando Abraham tenía 75 años, Dios le prometió descendientes. En el capítulo 13 le repitió la promesa. «Tiempo después», en el capítulo 15, Dios le prometió una prole tan numerosa como las estrellas. En el capítulo 16, cuando Abraham contaba ya 86 años, engendró a Ismael; pero Dios le desveló que ese no era el hijo prometido. En el capítulo 17, teniendo Abraham 99 años de edad, Dios una vez más le prometió un hijo y «descendencia incontable». En el capítulo 18 se lo reiteró. Finalmente, en el capítulo 21, cuando ya tenía 100 años a cuestas, y Sara, su mujer, tenía 90, nació Isaac. Con el paso de los años y decenios, Abraham no cejó en su fe. Siguió creyendo en la palabra empeñada por Dios y a su tiempo cosechó la bendición. En el Éxodo, cuando el faraón concede por fin la libertad a los hebreos y Moisés se pone al frente de ellos para sacarlos de Egipto, Dios les dice que se «den la vuelta»1 y acampen junto al mar Rojo. Luego le anuncia a Moisés que hará que el faraón los persiga; y así sucedió, tal cual. Sin duda a los hebreos les habría gustado más emigrar de Egipto sin complicaciones, y Moisés —¡cómo no!— habría preferido evitarse todo el pánico y la ira del pueblo que se percibió acorralado. Los hebreos tenían por delante el mar; por detrás, los carros de guerra del faraón. Sin embargo, era lo que había dispuesto Dios. «Lo haré así para manifestar Mi gloria por medio del faraón y de todo su ejército»2. Dios permitió que las circunstancias de Abraham y Moisés se tornaran críticas, hasta el punto de que no les quedaba más alternativa que esperar un milagro. Pero para que este se produjera era necesario que ellos se aferraran a su fe, aunque no entendieran lo que Él se proponía. Reza el dicho que «cuanto más oscura es la noche, más cerca está el amanecer». Cuando parece que Dios se está demorando una eternidad en intervenir o responder, ¡tú aguanta! Él se luce más en las situaciones imposibles. Gabriel García V. Director 1. Éxodo 14:2 2. Éxodo 14:4 (ntv) 2

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Director Gabriel García V. Diseño Gentian Suçi Producción Samuel Keating © Activated, 2016 Es propiedad. Impreso en Taiwán por Ji Yi Co., Ltd. A menos que se indique otra cosa, los versículos citados provienen de la versión RV, revisión de 1960, © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizados con permiso.


No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús. Filipenses 4:6,7 (ntv)

Gabriela DeLorenzo

DE LA MANO DE DIOS En mi empeño por alcanzar algunas de mis metas y hacer realidad mis sueños, actualmente me encuentro en una situación en la que el futuro no se ve muy promisorio que digamos. Es poco lo que puedo hacer por avanzar por mi cuenta, y no logro ver adónde me conducirá el camino que he tomado. Recostada en mi cama, sopeso inquietamente mi situación y trato de orar mientras medito sobre lo que describe Minnie Louise Haskins en su poema Las puertas del año: «Pon tu mano en la de Dios, y Él será para ti más que una luz y mejor que un camino conocido». Intento visualizarme poniendo mi mano en la de Dios y dejándome guiar por Él. Le pido una y otra vez que me dé paz, hasta que al cabo

de un rato escucho Su voz serena entre la bulla de mis pensamientos confusos: «¿Cómo puedes poner tu mano en la Mía si la tienes llena?» Entonces caigo en la cuenta de que me aferro excesivamente a todos mis planes. Me he fijado plazos en los que quiero que se materialicen y albergo la expectativa de que todo resulte de cierta manera. Me he convencido de que solo así seré feliz. Sin embargo, ando constantemente exasperada, pues parece que todo son contratiempos. Naturalmente, ponerme metas y planificar no tiene nada de malo; pero los logros deben venir como fruto de mi colaboración con Dios, no solo de mi esfuerzo. Tratar de abrirme paso a pulso no me ha dado resultado. Debo confiar y creer que,

así como Dios me ha orientado al momento de fijarme metas, Él me ayudará a alcanzarlas cuando lo considere oportuno. O sea, que no me vendría mal tener un poco de paciencia. El camino que tengo por delante aún se ve incierto. Aunque no sepa con certeza lo que me deparará el futuro, sé que si pongo mi mano vacía en la de Dios, Él me conducirá en la dirección en que debo ir y me iluminará el camino. Me veo a mí misma rindiéndole mi voluntad, y al hacerlo me invade la paz. Me quedo dormida con la tranquilidad y seguridad de que Dios lo resolverá todo. Gabr iela DeLor enzo vive en A lemania, donde estudia puer icultur a. ■ 3


ES ASÍ PORQUE lo dice

Dios Adaptación de una charla de Virginia Brandt Berg

Bien sabemos que la gente no siempre es capaz de cumplir sus promesas; pero Dios siempre lo hace. La Palabra de Dios dice que Él «es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos»1. Él mismo avala Sus promesas. Por eso, tómale la palabra en tu hora de necesidad, y Él no te defraudará. ¿Alguna vez has tenido un amigo en el que podías confiar plenamente, que te era absolutamente fiel aun cuando todo marchara mal? Los amigos de esa talla son escasos, pero ¡cómo los valoramos! Alguien dijo en cierta ocasión: «Existe un vínculo misterioso que nos une a quien hemos hallado confiable y fiel, un 1. Efesios 3:20 2. V. 2 Pedro 1:4 4

fuerte lazo que nos ata a la persona en quien podemos confiar en tiempos tormentosos». De igual modo, quienes hemos puesto a prueba las promesas de la Biblia y hemos depositado en ellas nuestra confianza cuando no teníamos otro recurso, cuando no nos quedaba ninguna esperanza ni nada en que apoyarnos, hemos descubierto que son absolutamente confiables. Sabemos por experiencia que podemos encomendarnos enteramente a cada palabra que contienen. Dios no nos pide otra cosa que una fe sencilla. Nos pide que demos crédito a Su Palabra y nos fiemos de Sus promesas sin más. Mucha gente hoy en día considera totalmente ridículo e imposible tomarse las promesas de Dios en serio y al pie de la letra y canjearlas en el Banco del

Este es el secreto de la alegría: dejar de insistir en hacer las cosas a nuestra manera y más bien comprometernos, fácil y sencillamente, a hacerlas como Dios quiere, aceptar Su voluntad y, de esta forma, hallar paz. Evelyn Underhill (1875–1941) No hay un solo momento en que Dios no sea dueño de la situación. ¡Relájate! Él te cubre las espaldas. Mandy Hale

Cielo por aquello que hemos pedido. Sin embargo, eso es precisamente lo que Dios quiere que hagamos. Todos los días hay gente que, armada de fe y confianza, logra cosas que los escépticos consideran imposibles. Los que tienen fe se atreven a creer las promesas de Dios, se apropian de ellas y actúan en consecuencia. Por ende, obtienen increíbles respuestas a sus oraciones, soluciones para sus problemas y recursos para sus necesidades. Esas grandísimas y preciosas promesas están a tu entera disposición2. Dios te las hizo a ti en particular, y Él no incumple Su Palabra. Virginia Brandt Berg (1886–1968) fue una escritora y evangelizadora estadounidense. ■


¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? En todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Romanos 8:35,37 (nvi)

MÁS QUE VENCEDORES Adaptación de un artículo de María Fontaine

¿Alguna vez te has detenido a preguntarte: «¿Qué

hago aquí en este mundo? ¿Qué significa todo esto para mí en particular?» Son preguntas frecuentes, sobre todo cuando atravesamos momentos difíciles. Naturalmente, sabemos que Dios nos ha puesto aquí para que lo amemos y para que amemos a los demás1. No obstante, cuando nos enfrentamos a las experiencias singulares que nos toca vivir en nuestro tránsito por este mundo, a ratos puede resultarnos difícil encontrarle sentido a todo lo que nos sobreviene. Así, de tanto en tanto nos topamos con muros de piedra infranqueables. Necesitamos ayuda de Alguien capaz de ver el 1. V. Mateo 22:36–40

panorama global que a nosotros se nos escapa. Opino que en nuestra vida una de las cosas más importantes es adquirir experiencia a partir de todo lo que nos sucede. Esa experiencia, sumada a los consejos de Dios, es fuente de conocimientos, comprensión y sabiduría en el Espíritu Santo. Cuando de crecer y madurar se trata, no hay atajos. Contamos con un Solucionador que nos guía por buenos caminos si lo seguimos; pero si Él cortocircuitara toda experiencia difícil y nos librara de esos trances solo porque podrían resultarnos dolorosos o traumáticos, nos privaría de la oportunidad de beneficiarnos al máximo de las enseñanzas de la vida. Estoy convencida de que Él, por el amor que nos profesa, sabe exactamente cuáles son las experiencias

que necesitamos para aprender y madurar, no solo en el momento, sino también en el contexto de la eternidad. Yo le creo cuando dice que no permitirá que nos sobrevenga ninguna tentación que no podamos soportar. Es el Dios del universo. Si hay alguien que sabe lo que más nos conviene y es capaz de moldear nuestra vida de manera que saquemos el máximo provecho de nuestras experiencias, es Él. Sin lugar a dudas sabe lo que nos hace falta mucho mejor que nosotros mismos, que tenemos una perspectiva limitada y finita. M ar ía Fontaine dir ige juntamente con su esposo, Peter A mster dam, el movimiento cr istiano La Familia Inter nacional. ■ 5


Dar

FRUTo Andrew Mateyak

En mi trabajo como misionero

voluntario, para mí es importante dar fruto y alcanzar mi objetivo de difundir el evangelio. Pero de la misma manera que un peral, después que lo plantas, tarda de cuatro a seis años en producir fruto1, suele pasar que no tengo oportunidad de ver enseguida los frutos de mi labor. Esa espera puede resultar desalentadora. Cuando tenía entre veinte y treinta años solía ir con mi hermano al parque de mi ciudad para hablarle a la gente de Jesús. La mayoría eran estudiantes, aunque conocimos a personas de toda condición social. Hablábamos con ellas y les entregábamos algo para leer, y ellas en general nos escuchaban, sonreían y oraban con nosotros; pero nunca las 1. V. http://www.starkbros.com /growing-guide/article/how-many-years 2. Mateo 13:23 (ntv) 3. V. Isaías 55:11 6

volvíamos a ver. A veces me preguntaba: «¿De veras estoy dando fruto?» Tenía que confiar en que Dios obraría en la vida de esas personas. Avancemos unos cuantos años. Hace poco me dirigí con mi esposa e hijos a visitar a uno de nuestros amigos y entregarle la nueva revista Conéctate. Él administra un restaurante y generalmente nos invita a comer mientras leemos y conversamos. No obstante, al llegar al establecimiento descubrimos que era su día libre. La administradora auxiliar era una muchacha de unos treinta años. Me miró y me dijo: —Tú eres Andrew, el misionero, ¿verdad? Cuando estudiaba la secundaria tú y tu hermano me dieron un folleto en el parque y rezaron conmigo para que aceptara a Jesús. Estaba pasando por una temporada difícil, pero aquel mensaje me dio ánimos para continuar.

Fue muy reconfortante. Mis esfuerzos habían dado fruto en la vida de una persona. Me acordé de un versículo de una parábola de Jesús: «Las semillas que cayeron en la buena tierra representan a los que de verdad oyen y entienden la palabra de Dios, y producen una cosecha treinta, sesenta y hasta cien veces más numerosa de lo que se había sembrado»2. Si bien no siempre vemos de inmediato el fruto de nuestra labor y buenas acciones, la Biblia asegura que la Palabra de Dios nunca vuelve a Él vacía 3. Si le obedecemos y seguimos Sus indicaciones, podemos estar seguros de que daremos fruto. A ndr ew M ateyak es integr ante de La Familia Inter nacional. Vive en las Filipinas. Sus últimas actividades apar ecen en su per fil de Facebook, ­A ctivated CDO. ■


EL ARTE de VOLAR

Uday Paul

par

Estoy leyendo un libro sobre los hermanos Wright,

a quienes se les atribuye el haber inventado y construido el primer avión funcional y haber realizado el primer vuelo controlado. El ser humano siempre ha soñado con volar como las aves. Aunque en su época los globos aerostáticos ya existían desde hacía algún tiempo, se daba por sentado universalmente que el vuelo humano mecánico era imposible. Sin embargo, Wilbur y Orville Wright hicieron caso omiso del coro de voces escépticas que se alzaban por todas partes. Observando detenidamente el vuelo de los pájaros fueron descubriendo secretos de la aerodinámica. Construyeron y probaron sus propias máquinas voladoras. Algunas fallaron. Pero con cada fracaso adquirieron conocimientos prácticos y experiencia. Wilbur y Orville perseveraron y a la larga diseñaron y construyeron el Flyer, el primer avión de la Historia, inaugurando así la nueva era de la aviación, la cual alteró radicalmente el mundo. En la Biblia también he hallado personas que fueron magníficos modelos de fe, determinación y perseverancia. En el Antiguo Testamento, el profeta Elías oró para que lloviera en un tiempo en que Israel era azotado por una sequía que duraba ya tres años y medio. Se puso de 1. V. 1 Reyes 18:42–45

rodillas y rogó fervientemente una y otra vez hasta que vio la respuesta a sus oraciones1. Cuando Dios llamó a Moisés para que liberara a su pueblo de la esclavitud en Egipto, él al principio trató de eludir la misión contestando que no estaba capacitado para una tarea tan monumental. Con todo, al final obedeció a Dios y se enfrentó al imperio más grande y poderoso de su época, gracias a lo cual obtuvo la libertad de su pueblo. Otro ejemplo de perseverancia en circunstancias extremadamente adversas fue el del apóstol Pablo. Persiguió a los seguidores de Cristo hasta que Jesús le dio un vuelco a su vida y lo llamó a ser Su apóstol ante el mundo no judío. A los demás creyentes les tomó un tiempo reconocer el ungimiento que le había dado Dios y aceptar que había sido llamado a ser apóstol. El resto de su vida Pablo soportó persecución de parte de las autoridades religiosas y civiles. Pese a ello, persistió en su tarea hasta que hubo evangelizado a la mayor parte del Imperio romano de aquella época y transformado la faz de la civilización. Todos esos —y muchos otros— fueron hombres de fe que abrazaron un ideal y tuvieron la fe, iniciativa y valentía para hacerlo realidad. Así cambiaron el mundo. Uday Paul vive en Bangalor e (India). Imparte cursos de inglés y de desar rollo personal. ■ 7


Adaptación de un artículo de Peter Amsterdam

MUERTE AL DRAGÓN

En distintos momentos de la vida nos topamos con oportunidades y situaciones que tienen la posibilidad de abrirnos caminos de cara al futuro. A veces está muy claro que Dios nos está abriendo una puerta; otras, no tenemos más que un presentimiento. A menudo eso viene con una emoción y una expectativa que nos anima a adentrarnos en territorio desconocido. Luego de prepararnos y ponderar un plan, quizá nos encontramos a punto de tomar una decisión y actuar. Todo está preparado; estamos listos para empezar. Pero ¿qué pasa entonces? ¿Por qué a 1. 1 Juan 4:18 (dhh) 8

veces postergamos la decisión o evitamos dar los primeros pasos indispensables? En muchos casos la culpa es del temor, que nos inmoviliza. En mi propia vida, el temor se manifiesta de diversas maneras. Reconozco que a veces tengo miedo de fracasar o de cometer un error, o de lo que algo pueda costarme en términos de trabajo arduo y sacrificio. Esos no son los únicos temores que nos frenan. A veces dar el siguiente paso significa pedir asesoramiento, ayuda económica o permiso. En esos casos aflora el temor al rechazo. Aunque no nos molestemos en analizar e identificar nuestras emociones y verbalizar

nuestros temores, están ahí y nos reprimen. Entonces, ¿cómo podemos contrarrestarlos? La Palabra de Dios dice: «Donde hay amor no hay miedo. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el miedo, pues el miedo supone el castigo. Por eso, si alguien tiene miedo, es que no ha llegado a amar perfectamente»1. La fe en la bondad divina y la convicción de que Él nos quiere bendecir nos ayudan a superar el miedo. En todo caso, esa victoria sobre el temor no puede quedar restringida a la esfera de nuestros pensamientos; no es una cuestión meramente filosófica o espiritual. El Señor en muchos casos espera que encaremos


nuestros temores, que actuemos y comencemos a movernos en la buena dirección. Debemos afrontar nuestros temores y vencerlos, a fin de tener libertad para realizarnos en la vida y llegar a disfrutar plenamente de las experiencias que Dios quiere que tengamos. Digamos que has escrito un libro y buscas una editorial. Entretanto, decides comercializar personalmente tu libro y visitar librerías y bibliotecas de tu localidad. Total que tomas varios ejemplares impresos y sales a presentar tu idea a los administradores de las tiendas y a los que tienen autoridad para ayudarte. Sin embargo, resulta que no es tan fácil como pensabas pedirles que promocionen tu libro. Es más, termina siendo tan difícil que no recibes ni un solo pedido, y te planteas si no deberías abandonar. El caso es que lo dejas para otro momento. Vas a las librerías, pero sales diciendo para tus adentros: «No es el momento oportuno; hoy están muy ocupados». Al final sacas los libros del maletero del auto pensando que tal vez cuando acabe el año escolar —o las

vacaciones, el verano o lo que sea— tendrás más posibilidades. Ese mismo guion de dejar las cosas para después, que conduce a la inactividad, puede repetirse en diversas situaciones y circunstancias. Por ejemplo, cuando quieres solicitar un aumento de sueldo, conseguir una beca para la universidad, pedir a alguien que salga contigo, dar a una relación un mayor grado de intimidad, aspirar a funciones más importantes en tu trabajo, etc. Si tenemos un sueño, el hecho de esperar no nos ayudará a materializarlo. Decirnos que mañana será mejor por X razón generalmente no pasa de ser un pretexto. Tenemos miedo; y en vez de reconocerlo y arriesgarnos a dar un paso en pos de ese sueño, nos convencemos de que no vale la pena y encima justificamos nuestra inacción. Tenemos que dar el primer paso. A menudo, cuanto más esperamos, más nerviosos nos ponemos. Nos acostumbramos a las cosas tal como son y se nos hace difícil cambiar. Nos da miedo, nos incomoda.

Todo crecimiento y desarrollo va acompañado de cierto grado de incomodidad. Eso me señaló mi instructor de esquí: «Si quieres llegar a esquiar bien, tienes que sentirte cómodo estando incómodo». Un aspecto importante de salir de tu zona de confort es este: tienes que ponerte en marcha antes de sentirte preparado. Si esperas hasta que te parezca que estás listo… ya sabemos cuál es el resultado: indecisión, distracciones, perfeccionismo y con frecuencia, lamentablemente, una inactividad total. Seamos realistas: tal vez nunca llegará el día en que te consideres preparado. No obstante, si te armas de valor para empezar, por poco preparado que creas estar, habrás dado un tremendo paso hacia adelante. Mientras más pronto arranques y des los incomodísimos primeros pasos, antes superarás esa etapa que te asusta, y empezarás a tener mucho más éxito. Es un ciclo previsible: decide lo que quieres hacer, ten confianza en la bendición de Dios sobre lo que te has propuesto, elabora un plan, comprométete a seguirlo, 9


empieza, hazlo repetidamente, ¡y con el tiempo adquirirás práctica y te saldrá cada vez mejor! Cuando te enfrentes a algo que te resulte difícil, pregúntate: «¿Qué es lo peor que puede pasar?» Cuando hayas respondido a esa pregunta y determinado que serías capaz de soportar el peor desenlace posible, te sentirás aliviado y te será más fácil encarar tus temores. Asimismo, si te estás embarcando en una nueva empresa o actividad que presenta dificultades y te causa incomodidad y miedo, conviene que te des permiso para sentirte raro, para tropezar y no hacerlo todo perfecto. Entiende y acepta que al principio no te saldrá de maravilla. Es más, hasta es posible que de entrada fracases; pero no pasa nada. No tiene nada de malo que te sientas incómodo cuando apenas le estás tomando la mano a algo. Por eso, plántale cara al desafío y di para tus adentros: «Es lo más normal del mundo que todavía no me salga muy bien. Ya iré mejorando. Estoy avanzando paso a paso por la senda de la excelencia». Cuando uno reduce sus expectativas y no se ilusiona con un éxito 2. To Reach the Top, Do What Others Won’t, CNN, 12 de marzo de 2012 10

inmediato, resulta más fácil dar el primer paso. Con esa actitud, los pasos iniciales que tanto nos asustan pueden convertirse en trampolines para lograr extraordinarios progresos. A continuación reproduzco un relato de Rory Vaden con el que tal vez todos nos identificamos: Una vez me contaron el caso de una señora que quedó atrapada en un edificio en llamas. Se hallaba en el piso 80. Le daban pánico las alturas y los espacios cerrados. Cuando sonó la alarma contra incendios, se negó a seguir a sus colegas por las escaleras para evacuar el lugar y ponerse a salvo. Los bomberos registraron el edificio y la encontraron escondida debajo de su escritorio, resignada a morir. Cuando le insistieron para que bajara por la escalera, ella se puso a gritar: —¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo! Finalmente uno de ellos le dijo: —Está bien. Baje con miedo. El bombero le repitió esa frase una y otra vez mientras bajaban los ochenta pisos para ponerse a salvo. En nuestra carrera profesional, todos nos enfrentamos a momentos en que sabemos lo que hay que

hacer, pero el miedo nos impide avanzar. Para sobresalir, debemos cultivar la costumbre de actuar frente al temor. Está bien tener miedo; hazlo con miedo. Está bien sentirse inseguro; hazlo con inseguridad. Está bien sentirse incómodo; hazlo con incomodidad. Simplemente haz algo2. Yo diría que la parte más difícil es dar ese aterrador primer paso. La siguiente prueba difícil es persistir. Cuando no has adquirido práctica en algo te da la impresión de que cometes muchos fallos. Mas si lo repites una y otra vez y aprendes de los comentarios que te hacen, enseguida te irás desenvolviendo mejor y poco a poco alcanzarás la excelencia. Al principio, un nuevo desafío puede resultarnos muy incómodo y hasta asustarnos. No obstante, si nos ponemos de forma deliberada en una situación de vulnerabilidad y hacemos eso que nos da miedo, se va volviendo más fácil y cada vez lo hacemos mejor. A la larga el miedo desaparece. ¡Eso es vencer nuestros temores! Peter A mster dam dir ige juntamente con su esposa, M ar ía Fontaine, el movimiento cr istiano La Familia Inter nacional. ■


Reflexiones

Encarar los temores Sean fuertes y valientes. No teman ni se asusten […], pues el Señor su Dios siempre los acompañará; nunca los dejará ni los abandonará. Deuteronomio 31:6 (nvi) 2 Cuando hacemos frente a nuestros temores, dejan de tener poder sobre nosotros. Mark Burnett (n. 1960) 2 Esperar hasta sentirnos valientes es otra forma de dar largas a un asunto. ¡Las personas más exitosas actúan mientras tienen miedo! Anónimo 2 El miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente. Alonso de Ercilla y Zúñiga (1533–1594) 2 No esperes. Jamás llegará el momento idóneo. Napoleon Hill (1883–1970)

El agricultor que espera el clima perfecto nunca siembra; si contempla cada nube, nunca cosecha. Eclesiastés 11:4 (ntv) 2 La inactividad genera duda y temor. La acción engendra confianza y valor. Si quieres vencer el temor, no te quedes sentado en casa pensando en el tema. Sal y ponte a trabajar. Dale Carnegie (1888–1955) 2 Fallas el 100% de los tiros que no haces. Wayne Gretzky (n. 1961) 2 [Lo que debemos hacer para alcanzar nuestros objetivos] puede resultarnos incómodo al principio. ¡Y qué! ¡Hazlo de todos modos! Una forma de superar la incomodidad es simplemente hacer lo que te incomoda. Jack Canfield y Mark Victor Hansen, El Factor Aladino (Barcelona: Punto de lectura, 2000)

Cada experiencia en que plantamos cara a nuestros temores nos infunde fuerzas, valor y seguridad. […] Debemos hacer lo que nos sentimos incapaces de hacer. Eleanor Roosevelt (1884–1962) 2 Haz lo que te da miedo y sigue haciéndolo […]: esa es la forma más rápida y segura que se ha descubierto de vencer el temor. Dale Carnegie 2 Todos debemos encarar nuestros temores, atacarlos de frente. Nuestra actitud ante ellos determinará nuestro rumbo el resto de nuestra vida, si vamos a disfrutar de aventuras o estar coartados por el temor que nos producen. Judy Blume (n. 1938) 2 Solo una cosa torna imposible un sueño: el miedo a fracasar. Paulo Coelho (n. 1947) ■ 11


ENFOCADO eN El

OBJETIVO Steve Hearts

Una cosa es soñar con alcanzar una meta o lograr algo. Ese es un primer paso importante. Para algunos puede ser emprender una nueva actividad. Para otros, adquirir una habilidad. Para otros más puede implicar un cambio de hábitos o de estilo de vida. Cualquiera que sea el caso, para cristalizar nuestros sueños hace falta esfuerzo, perseverancia y, en muchas ocasiones, sacrificios. Una vez que tomamos conciencia de eso, todo depende de lo resueltos que estemos a alcanzar esa preciada meta, cualquiera que sea, y de cuánto estemos dispuestos a esforzarnos por ver cumplidas nuestras aspiraciones. Ahí es cuando entra a tallar la motivación. Mi madre se empeñó mucho en enseñarme a leer braille a pesar de mi falta inicial de motivación y deseo; eso hasta que me enteré de que otros niños ciegos de mi edad que se habían propuesto aprenderlo ya eran capaces de leer por su cuenta sus libros y 1. www.just1thing.com 12

cuentos preferidos. A partir de ese momento me apliqué diligentemente al aprendizaje del braille, lo que me tomó algo más de tres meses. No obstante, como estaba tan centrado en mi objetivo, esos tres meses me parecieron apenas semanas. Una vez que aprendí a leer braille, aprender a escribirlo fue más rápido aún. Cuando tenía unos seis años y escuchaba a mis dos hermanos mayores tocar la guitarra, me ilusionaba con poder hacerlo yo también algún día. Pero cuando uno de ellos me puso una en las manos y trató de darme la primera lección, me exasperé y me di por vencido. No solo me dolían las yemas de presionar las cuerdas, sino que me parecía imposible recordar tantas posiciones de los dedos para formar todos los acordes. No fue sino cuando cumplí 12 años que me decidí firmemente

a aprender a tocar la guitarra, por mucho que me costara en un principio.

Prestaba mucha atención a lo que me enseñaban y practicaba lo que aprendía. Huelga decir que tuve mis momentos de impotencia y decepción. Además, de vez en cuando me cansaba de hacer tanto esfuerzo. Pero no dejaba de pensar en el objetivo que quería alcanzar. Eso me incentivaba y me inspiraba. Al cabo de poco más de un año ya tocaba música con mis hermanos. Hoy sigo aprendiendo cosas nuevas en la guitarra y, en retrospectiva, me alegro mucho de que cuando tenía 12 años me fijara esa meta y


No nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos. Gálatas 6:9 (ntv)

me esmerara por alcanzarla. Me dirás que eso está muy bien, pero que hay objetivos en los que el esfuerzo que uno hace se disfruta más. Eso es muy cierto. En mi caso, aprender a tocar instrumentos musicales fue mucho más placentero que tratar de bajar de peso. Cuando tenía 20 años mi madre murió de cáncer. Mi recurso para paliar el dolor fue comer en exceso y hacer poco o casi nada de ejercicio. Me justifiqué aduciendo estrés emocional. Pero gradualmente fui engordando. Mi médico de cabecera me dijo que, aunque no era obeso, corría el riesgo de llegar a serlo pronto a menos que dejara de comer tanto e hiciera más actividad física.

Inicialmente seguir las instrucciones del médico fue una píldora amarga. Pero me puse a pensar en mi futuro y tomé conciencia de que conocía —al menos de oídas— los efectos de la obesidad en la salud, y no quería pasar por eso. También sabía que si seguía las recomendaciones del médico, podía evitarme tener que hacer cambios bien rigurosos en mi dieta más adelante. Me propuse comer menos y hacer más ejercicio. Al cabo de más o menos un mes, no solo había logrado bajar de peso y situarme en un nivel más saludable, sino que además mi estado emocional había experimentado una mejora sustancial. Hoy disfruto del ejercicio y ya no tengo que estar pendiente de mi peso. Poner la mira en el objetivo y visualizarme habiéndolo ya alcanzado es una excelente forma de mantenerme motivado. En Hebreos 12:1,2 el apóstol Pablo nos exhorta a aprender de Jesús: «Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los

ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios». Jesús mantuvo los ojos fijos en el objetivo —cumplir Su misión en la Tierra— y no dejó que todos los malos tratos de los que fue objeto —incluida la muerte misma— lo desviaran de ese rumbo. Gracias a eso hoy tenemos salvación y vida eterna en Él. ¿Cuál es, entonces, la clave para alcanzar los objetivos que uno se propone? En mi opinión, es mirar más allá del tedio, del trabajo y de los sacrificios y concentrarse en cruzar la línea de llegada. Steve Hearts es ciego de nacimiento. Es escritor y músico y vive en Norteamérica. Está afiliado a La Familia Internacional. Este artículo es una adaptación de un podcast publicado en Just1Thing1, portal cristiano destinado a la formación de la juventud. ■ 13


LA

AYUDA VIENE DEL SEÑOR

Dios ofrece Su asistencia a todos. Más aún, Él desea ayudarte. Basta con que se lo pidas: Jesús, confío en Ti y quiero tenerte siempre a mi lado. Te ruego que entres en mi corazón y me ayudes a capear las tempestades de la vida. Sé que con Tu ayuda puedo sortear todo obstáculo que se presente. Amén.

Rosane Pereira

El marido de una misionera murió a los 37 años. Ella quedó viuda con siete hijos, que tenían entre 7 meses y 14 años. Su marido se hallaba en el proceso de emigrar de Argentina a Brasil; de ahí que ella no recibiera pensión por viudez de ninguno de los dos países. Vivía en Foz do Iguaçu, una ciudad en la zona fronteriza entre Argentina, Paraguay y Brasil. Sus hermanas se ofrecieron a criar a algunos de los hijos, pero ella decidió conservar unida a la familia. Con la ayuda de una amiga mantuvo vivo el pequeño negocio de serigrafía de su esposo y, al igual que muchas personas de la ciudad, estableció un negocio de importación-exportación a pequeña escala. Camisetas de Brasil a Argentina, 1. Isaías 54:13 (rvc) 14

papas y ajo de Argentina a Brasil, y productos electrónicos de Paraguay a Brasil. En una época de estrecheces, cuando estaba llevando de Paraguay a Brasil una máquina de fax, vio a una anciana y una pareja con un bebé caminando bajo el sol agobiante. El niño lloraba. Decidió recogerlos en su automóvil. Resultó que el hombre era del mismo barrio de Río de Janeiro donde ella se había criado y necesitaba un aparato de fax como el que ella llevaba. Se ofreció a comprárselo, y la pequeña ganancia que ella obtuvo resultó ser el monto exacto que necesitaba para pagar las cuentas vencidas. A lo largo de aquellos años difíciles se aferró a esta promesa de Dios: «Yo, el Señor, enseñaré a todos tus hijos, y su paz se verá multiplicada»1. Leía la Biblia con ellos cada

mañana y oraba por cada necesidad que tenían. Cuando murió su madre, consiguió una beca para sus hijos, aunque el trámite le tomó tres años. Entonces se mudó a Río para estar cerca de sus hermanas. Hoy en día todos sus hijos se han convertido en personas de bien. Algunos ya tienen hijos propios. En todo ese tiempo se aferró a esta promesa del Salmo 121:1,2: «Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra». ¿Que cómo sé todo eso? Es que yo soy esa mujer. Rosane Pereira es profesora de inglés y escritora. Vive en Río de Janeiro (Brasil) y está afiliada a La Familia Internacional. ■


Anna Perlini

CONSERVAR LA CHISPA De niña recuerdo que rompía a llorar cada vez que pensaba que mis padres envejecerían. Los quería tanto que la sola idea de que algún día perdieran el cabello y se les arrugara la piel me resultaba muy difícil de aceptar. Ahora que lo pienso, algo dentro de mí repudiaba el proceso de envejecimiento. Estaba convencidísima de que todo lo que fuera bello nunca debía terminar o perder su chispa. Con el paso del tiempo ese miedo fue desapareciendo. No puedo decir con franqueza que me entusiasme la idea de envejecer físicamente; pero además de sentirme más fuerte ahora que cuando era joven —gracias a que hago más actividad física y me alimento mejor—, estoy tomando conciencia de que en realidad lo que más me asusta es envejecer por dentro, perder el entusiasmo, mis ideales y el deseo de seguir aprendiendo y progresando. Por eso me alegro cada vez que se me presenta la oportunidad de exigirme un poco más, de 1. http://www.perunmondomigliore.org

empezar de nuevo y mantenerme joven. No hay caso, soy una idealista sin remedio. Hace unos años asistí a una reunión de exalumnos de mi colegio y me encontré con muchos amigos a los que no veía desde hacía más de 30 años. De joven era muy buena estudiante y lideré causas políticas y sociales. Después decidí dedicar mi vida a misionar y a causas humanitarias, labor que he realizado durante 38 años, muchas veces en circunstancias muy difíciles. Nunca he acumulado muchos bienes materiales. En cambio, bastantes de mis antiguos compañeros son actualmente profesionales hechos y derechos, médicos, abogados y empresarios. En determinado momento alguien se atrevió a plantearme la pregunta embarazosa: «Y ¿no te arrepientes? Eras una alumna brillante. Todos te admirábamos y pensábamos que llegarías a ser una gran doctora o escritora». Simplemente contesté que no, que no me arrepentía de nada de

eso. Sabía que había encontrado y seguido el llamamiento de Dios en mi vida, y esa es la mejor recompensa a la que se pueda aspirar. Todos suspiraron aliviados y exclamaron casi al unísono: «Nos alegramos mucho de oírte decir eso y de saber que todavía defiendes los ideales por los que renunciaste a tantas cosas. Sigues siendo un modelo de conducta para nosotros». Me di cuenta en ese momento de que no soy la única que detesta tirar la toalla. No es cuestión de aparentar siempre fortaleza y no cometer errores. Eso de todos modos es imposible. A lo largo del camino es inevitable sufrir muchas caídas. Hasta hay momentos en que uno se ve obligado a tomarse un descanso. Pero aun así uno no tiene que darse por vencido, sino continuar creyendo, ofreciendo, avanzando y cambiando. A nna Per lini es cofundador a de Per un Mondo Miglior e 1 , organización humanitar ia que desde 1995 lleva a cabo labor es en los Balcanes. ■ 15


De Jesús, con cariño

Aférrate

¡No te rindas! ¡No abandones! Aférrate a Mí, pues Yo te amo. Aférrate a Mi Palabra, que te infunde valor, fuerzas, fe, esperanza, vida y poder aun cuando no te quede nada de todo eso. Ni te imaginas cuánto tengo aún para darte, enseñarte y obrar en tu vida, todo lo que tienes por delante. No vayas a perderte todo lo que te tengo preparado solo porque todavía no lo ves. Esto no es el final del camino; lo que pasa es que has llegado a un recodo. Es cierto que la senda parece bastante oscura, y que el panorama se presenta sombrío y desalentador; pero a la vuelta de la esquina te espera un sol radiante, felicidad y grandes satisfacciones. Pon tu mano en la Mía, tal como lo haría una niña que, porque confía de todo corazón en el amor de su padre, se atreve —tomada desesperadamente de su mano— a atravesar una violenta tempestad que se le hace gigantesca y terrible. Al agarrar la mano de su papá y adentrarse en la noche oscura y tormentosa, se da cuenta de que él es capaz de conducirla a salvo a través del temporal, y poco a poco, pasito a pasito, su miedo se transforma en fe.

Conéctate, número de noviembre de 2016: Visión de futuro y perseverancia  

Las pruebas y batallas son parte integral de la vida cristiana; pero la ayuda, motivación y perseverancia que nos concede Dios constituyen e...

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