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CAMBIA TU MUNDO CAMBIANDO TU VIDA

BORRÓN Y CUENTA NUEVA Para empezar el año con buen pie

A través de la niebla Gestión de la incertidumbre

Todo ¿para qué? Cómo se mide el éxito


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Año 14, número 1

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A N U E S T RO S A M IG O S El año que comienza es más que un nuevo período de tiempo. Se le puede asignar un sentido más profundo. Para muchos de nosotros representa una oportunidad de volver a empezar en alguna faceta de nuestra vida. Quizá tenga algo que ver con el calendario sin estrenar, salpicado de fotos o imágenes inéditas, o con ese diario o agenda que acabamos de conseguir, cuyas páginas se nos presentan impecablemente blancas. O quizás el estímulo proviene de que millones de personas de todo el orbe —algunas estrechamente vinculadas a nosotros— se hacen nuevos propósitos y se trazan metas más elevadas para el año nuevo. Naturalmente, no queremos quedarnos atrás ni ser menos. Esa voz interior de alarma, ese sacudón que sufre nuestra conciencia colectiva, esa presión social a la que nos vemos sometidos, llámese como se quiera, lo cierto es que resulta eficaz… al menos por unos días. Claro que todos sabemos lo que suele suceder después. Este año, no obstante, puede ser diferente. En esta ocasión lo que te propongas para el año nuevo puede dar origen a magníficas transformaciones y avances, que no se diluyan a las pocas semanas. La clave está en que incluyas a Dios en tus planes y trabajes codo a codo con Él. Si lo que te motiva es el deseo de complacer a Dios por encima de todo, puedes tener la certeza de que Él está más que dispuesto a ayudarte a efectuar los cambios que hagan falta1. De paso, dado que te ama y quiere que seas feliz, también te concederá otras cosas buenas en respuesta a tus oraciones o a tus deseos íntimos. Lo ha prometido. «Deléitate asimismo en el Señor, y Él te concederá las peticiones de tu corazón»2. Pero que la cosa no termine ahí. Averigua qué cambios quieren efectuar también tus seres queridos y bríndales tu apoyo. ¡Eso sí que es gratificante! Todo el equipo de Conéctate te desea muchas bendiciones del Cielo este año entrante. Que sea el más feliz que hayas vivido. Gabriel En nombre de Conéctate 1. 1 Juan 5:14,15 2. Salmo 37:4 2

México, Centroamérica: Conéctate A.C. México E-mail: conectate@conectateac.com Tel: (01-800) 714 4790 (nº gratuito) +52 (81) 8123 0605 Chile: Casilla de Correos 14.702 Correo 21, Sucursal La Moneda Santiago Tel: (09) 469 7045 E-mail: conectateconosur@conectate.org Argentina, Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia: E-mail: conectateconosur@conectate.org Colombia, Venezuela, Ecuador, Antillas: Conéctate Colombia Apartado Aéreo # 85178 Bogotá Colombia Tel: (1) 7586200 E-mail: conectatecoven@conectate.org España: Conéctate Apdo.626 28080 Madrid (34) 658 64 09 48 Resto de Europa: Activated Bramingham Pk. Bus. Ctr. Enterprise Way Luton, Beds. LU3 4BU Inglaterra E-mail: activatedeurope@activated.org Tel: +44 (0) 845 838 1384 Estados Unidos: Activated Ministries PO Box 462805 Escondido, CA 92046–2805 E-mail: info@actmin.org Tel: 1-877-862-3228 (nº gratuito)

Director Gabriel García V. Diseño Gentian Suçi Producción Samuel Keating © Aurora Production AG, 2012 www.auroraproduction.com Es propiedad. Impreso en Taiwán por Ji Yi Co., Ltd. A menos que se indique otra cosa, los versículos citados provienen de la versión Reina-Valera, revisión de 1960, © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizados con permiso.


Ariana Andreassen

¡Feliz día nuevo!

En la mayoría de los países el Año Nuevo se celebra el primer día de enero. Sin

embargo, en Camboya, donde viví tres años, se celebra tres veces cada 365 días. Para empezar, el 1º de enero se celebra el Año Nuevo internacional, más conocido por las fiestas nocturnas y sus consiguientes resacas. Luego está el Año Nuevo chino, en enero o febrero. En el Año Nuevo chino se echan petardos, se visita a los parientes y se quema dinero falso en honor a los ancestros. No obstante, el Año Nuevo más importante es el camboyano. En las dos semanas previas, la mayoría de la gente vuelve a su lugar de origen para visitar a sus familiares y presentar sus respetos a los antepasados. Las celebraciones abarcan tres o cuatro días de mediados de abril según el calendario internacional. No solo es esta la principal festividad 1. V. Lamentaciones 3:22,23

del año, sino también, para algunas personas, la única ocasión en que se ausentan del trabajo: todo el mundo se toma un asueto. Según la tradición, el primer día del Año Nuevo camboyano es el de la investidura de los ángeles que vienen a velar por el mundo durante un año. La gente limpia y decora su vivienda, y prepara frutas y bebidas para dar la bienvenida a los ángeles en cada hogar. Los ancianos meditan y oran, los niños participan en juegos tradicionales, y los solteros buscan al amor de su vida, una persona con la que desposarse. El segundo día se destina a hacer regalos a los mayores. Muchos patrones también hacen obsequios a sus empleados, y se acostumbra donar dinero y ropa a los pobres. En la noche, la gente va a los templos para pedir a los monjes una bendición de paz y felicidad. Un baño ceremonial pone fin al festival de Año Nuevo en la noche del tercer día.

Algo que tienen en común las tres celebraciones es que son buenos momentos para hacer un balance de la propia vida, fijarse nuevos objetivos y decidirse a hacer mejor las cosas. Es más, cada día puede ser un nuevo comenzar, pues se nos presenta la oportunidad de mejorar en algún aspecto. Aunque tengamos cuentas pendientes con el pasado, podemos cobrar ánimo con esta promesa de la Biblia: El amor y la misericordia divinos se renuevan cada mañana1. Por eso, en vez de desear a todos un feliz Año Nuevo una o incluso tres veces al año, a diario deberíamos desearnos unos a otros un feliz día nuevo, toda vez que cada jornada se nos ofrece la oportunidad de superarnos. A r iana A ndr eassen es docente. Vive en Tailandia y tiene dos hijos. ■ 3


Mi diario Iris Richard

Cuando se me ocurrió inicialmente, como propósito de Año Nuevo, la idea de llevar un diario de vida, la

descarté de plano. Demasiados propósitos anteriores habían quedado en el tintero y presentí que terminaría el año con un diario de puras páginas en blanco. Además me dije a mí misma que no tenía tiempo para una tarea más. Sin embargo, acababa de terminar un curso de asesoramiento en el que llevar un diario era un requisito. El instructor había insistido en que cultiváramos el hábito de anotar nuestros pensamientos, ideas, planes, experiencias, preocupaciones, miedos y triunfos. Constituía un paso importante para llegar al autoconocimiento —nos explicó—, y añadió que era esencial para poder ayudar a otros a resolver sus problemas. Decidí, pues, hacer el intento sin poner peros y me alegro de haberlo hecho. Elegí una agenda que tenía una frase profunda y un versículo de la Biblia en la parte inferior de cada página y me comprometí a pasar 15 minutos diarios escribiendo en ella. Estos son algunos de los beneficios que me ha reportado: $ Llevar un diario me ayuda a conocer mejor mis puntos fuertes y a identificar los esquemas mentales y hábitos que son contraproducentes o negativos. $ Me ayuda a descubrir discrepancias entre lo que pienso y lo que hago; por 4

ejemplo, quiero bajar de peso, pero pongo pretextos para no hacer ejercicio. $ El escribir las experiencias difíciles o tristes que tengo me ayuda a entender y aceptar lo que pasó, elemento fundamental del proceso de sanación. $ El hecho de anotar lo que he pedido en mis oraciones cada día y llevar un registro de las respuestas que obtengo fortalece mi fe. $ El dejar constancia de los conflictos que surgen con personas con las que me cuesta llevarme bien me ha ayudado a descubrir y evitar las reacciones que conducen a malentendidos y malos sentimientos. Al final de cada mes repaso y resumo lo más destacado, lo que me da una mejor idea de cómo van las cosas, qué exigencias u obstáculos se me presentaron, cómo se resolvieron, qué oraciones fueron respondidas, cuánto avancé en la consecución de mis metas, qué decisiones tomé, qué planes llevé a término, etc. En retrospectiva puedo decir de todo corazón que mi diario de vida ha valido la pena. Las páginas que escribí el año pasado son ahora un tesoro de ideas, reflexiones, experiencias, revelaciones, logros y oraciones respondidas. Iris Richard es consejera. Vive en Kenia, donde ha participado activamente en labores comunitarias y voluntarias desde 1994. Está afiliada a La Familia Internacional. ■


ESPERANZA ETERNA Olivia Bauer

«Nos regocijamos […] también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el

sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado Su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado» (Romanos 5:3–5, NVI). Aunque el pasaje anterior es uno de mis preferidos de la Biblia, durante largo tiempo me costó comprender cómo era posible que la entereza de carácter produjera esperanza. Lo entendía hasta donde dice que la perseverancia produce entereza de carácter; pero ¿cómo era posible que las experiencias difíciles que forjan el carácter nos infundieran esperanza? Mi desconfianza innata me decía que era más probable que fuera al revés. Era consciente de que la vida me iba a poner en situaciones complicadas; no esperaba que todo

1. Hebreos 6:19 (NBLH)

fuera a ser de color de rosa. Tampoco veía eso como algo malo, pero no esperaba que me fuera a infundir esperanza. Hace poco me di cuenta de que a menudo me conformo con el sentido superfluo de esa palabra: «Espero que haga buen tiempo mañana»; «Espero que todo te resulte bien». El sentido que se le ha dado al término esperanza le confiere un tono casi fatalista. Lo que esperamos puede producirse o no. De ahí que cuando tenemos poco o ningún control sobre el desenlace más nos vale esperar, pues es prácticamente lo único que podemos hacer. Pero en ese pasaje el apóstol Pablo no habla de una esperanza que es poco más que uno deseo ilusionado. Se refiere a la esperanza del Evangelio, una esperanza que se funda en la fe en el amor de Dios y en Su amoroso plan para nosotros, tanto a nivel individual como para la humanidad en su conjunto. En su epístola a los hebreos, Pablo escribe:

«Tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme»1. Es precisamente en las dificultades y en los momentos tristes y vacíos de la vida cuando la esperanza brilla en su sentido más profundo y genuino. Es así como la profundización y el fortalecimiento de nuestro carácter producen esperanza. Si tenemos esperanza, no rehuiremos las pruebas de la vida ni nos volveremos aprensivos en tiempos de incertidumbre. Y la esperanza «no nos defrauda». ¿Por qué? Porque nos llega a través del amor de Dios, que Él «ha derramado en nuestro corazón». De ese amor brotan la fe, la esperanza y todavía más amor. Es un ciclo perfecto y hermoso, un intercambio continuo de esperanza y confianza que Dios nos ha dado para sustentarnos a lo largo de la vida y acercarnos a Él. Olivia Bauer es asesor a de comunicaciones. Vive en Winnipeg (Canadá). ■ 5


? É U Q A R TODO ¿PA Ph il li p Ly nch

Cuando cumplí 60 el año pasado hice un examen introspectivo. Estaba claro

que no había logrado todo lo que podía o debería haber logrado hasta ese momento. ¿Significaba eso que yo era un fracasado? Un poco más adelante respondo a esa pregunta. Habían cambiado varias cosas en mi vida, y me encontraba en un punto, tanto geográfica como profesionalmente, que distaba mucho de las aspiraciones que había abrigado. Aunque no estaba descontento, tampoco me sentía del todo satisfecho con las circunstancias. Tenía la impresión de estar en medio de un mar en calma, sin viento que inflara las velas, rodeado de monótonas extensiones de océano por los cuatro costados. Aunque divisaba el horizonte, no me servía de mucho. No era capaz de decidir hacia dónde dirigirme. Y aunque hubiera podido, no tenía medios para impulsarme. ¿Cuál era mi misión en la vida? ¿Cómo podía averiguarlo?

1. 1 Corintios 15:19 (RVC) 2. Eclesiastés 12:13 (BJ) 6

Durante toda mi vida adulta me había dedicado, en mayor o menor grado, a lo que consideraba que era el designio de Dios para mí. Había estado bastante convencido de cuál era ese designio; sin embargo, ahora me encontraba con que la situación había cambiado radicalmente. Me había preparado para grandes cosas, que a esas alturas parecían un sueño imposible. Al reflexionar sobre mi propia vida y la de otros, me di cuenta de que hay personas que la mayoría consideramos grandes, no necesariamente porque aprobemos todo lo que dijeron o hicieron, sino por el impacto que tuvieron. En algún aspecto, es innegable que su vida y sus logros fueron grandes. En vista de eso, ¿cabe afirmar que esas personas —relativamente pocas— fueron las únicas que cumplieron su destino? Y para el caso, ¿existe el destino? ¿Debe la vida de por sí hacer que nos sintamos realizados? ¿Es imperioso que al final nos sintamos satisfechos? ¿Es esa la finalidad? ¿O hay otros factores que entran en juego? San Pablo escribió: «Si nuestra esperanza en Cristo fuera

únicamente para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los hombres»1. Yo antes, cuando meditaba en ese versículo, lo hacía desde la perspectiva de Pablo en el siglo i. Todos sabemos que  grandes olas de persecución azotaron a los primeros cristianos, a quienes Pablo se dirigía en sus epístolas. Su intención era hacerles ver que su breve vida aquí no era la última palabra ni todo lo que cabía esperar. Con frecuencia se compara la vida con una escuela. Recuerdo que, como muchos de mis compañeros de clase, yo me quejaba de estar encerrado en el colegio cuando lo que más quería era lanzarme a la vida. Nos parecía que íbamos a quedarnos atascados ahí siempre, mientras los profesores se empeñaban en atiborrarnos de lecciones. Sin embargo, el colegio no debía entenderse como la culminación de nuestra vida. Ese no era nuestro destino. Se trataba simplemente de un centro de preparación, una oportunidad de obtener conocimientos y aptitudes que emplearíamos más tarde. Ahora creo que no hemos de alcanzar nuestro cénit en esta escuela


Phillip Ly nch es novelista y comentar ista de temas espir ituales y escatológicos. Vive en Canadá. ■

?

que llamamos vida. Esta vida es apenas una etapa. Naturalmente, debemos sacarle todo el provecho posible; pero si no tenemos nada que podamos lucir salvo unas cuantas cicatrices y algo de sabiduría ganada con gran esfuerzo, no debemos pensar que de algún modo hemos dejado de alcanzar nuestro destino. A la luz de todo esto, ¿qué se espera, entonces, que logremos aquí? ¿Qué quiere o qué espera Dios de nosotros en esta vida? ¿Cuál es nuestra razón de ser? Salomón lo expresó de la siguiente manera: «Basta de palabras. Todo está dicho: Teme a Dios y guarda Sus mandamientos, que eso es ser hombre cabal»2. Aunque seamos todavía una obra inacabada, si somos capaces de mirarnos en el espejo y afirmar con sinceridad que procuramos vivir de esa manera, estamos haciendo lo que se espera de nosotros. Nuestro destino es hacer de eso una realidad. Esa es la finalidad.

Fracaso?

r e fle x i o n e s

He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. En 26 ocasiones me confiaron el tiro decisivo… y lo fallé. He fallado infinidad de veces. Y por eso mismo tengo éxito. Michael Jordan (1963– ), jugador de baloncesto estadounidense El fracaso no es más que la oportunidad de recomenzar de una manera más inteligente. Henry Ford (1863–1947), fundador de la empresa Ford Motor Company El fracaso es éxito si nos sirve para aprender. Malcolm Forbes (1919–1990), editor de la revista «Forbes» Cuando llega la derrota, acéptala como una señal de que tus planes no eran buenos; a continuación rehaz tus planes y embárcate otra vez hacia la meta que ambicionas. Napoleon Hill (1883–1970), escritor estadounidense, uno de los primeros autores de libros de superación personal El fracaso es el fundamento del éxito y el medio para lograrlo. Lao-Tsé (siglo vi a. C.), filósofo chino Me he convencido de que todos mis fracasos y frustraciones sentaron las bases de las percepciones que han creado el nuevo nivel de existencia de que ahora disfruto. Tony Robbins (1960– ), autor y orador estadounidense ■ 7


BORRÓN Y CUENTA NUEVA

pROPUESTA PARA eL AÑO QUE COMIENZA Virginia Brandt Berg

Comienza un nuevo año, y no sabemos lo que nos aguarda. Lo que sí tenemos claro

es que podemos dejar atrás el pasado con todas sus preocupaciones, inquietudes, dolores, pesares y equivocaciones. No hay una sola acción que podamos deshacer ni una sola palabra que podamos retractar; pero si dejamos nuestras penas y cargas en manos de Dios, Él puede hacer borrón y cuenta nueva. Todos los días del año que pasó están fuera de nuestro alcance, y debemos dejarlos donde están. Dios guarda el pasado en Sus manos, y no debemos revivirlo ni atormentarnos con remordimientos. Es lamentable que algunas personas afirmen 1. V. Isaías 43:25 2. Romanos 8:1 (NTV) 3. Isaías 1:18 4. Filipenses 3:13,14 (NTV) 5. 1 Juan 1:9 8

confiar en Dios y, sin embargo, se preocupen por las manchas y borrones de las páginas del ayer. Una vez que hemos acudido a Dios para confesar nuestros errores y faltas y le hemos pedido perdón, no debemos seguir hurgando en el pasado y volver a sacarlos a la luz. De nuestros pecados pasados, Él dice: «Borraré tus pecados, y nunca más pensaré en ellos»1. Si Dios no se acuerda de ellos, ¿por qué los vamos a evocar nosotros? La Biblia dice: «Ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús»2. En lugar de estar constantemente rememorando el pasado y sintiendo pesar por haber hecho esto y aquello, lamentándonos de cosas que no tienen arreglo, debemos tener presentes estas alentadoras palabras del Señor: «Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el

carmesí, vendrán a ser como blanca lana»3. Leí una vez unos versos de un poema que decían algo así: «Si lograra encontrar el camino del pasado, borraría los ayeres y con nueva pluma escribiría». La verdad es que yo no quiero encontrar ese camino, porque no puedo borrar nada. Dios es el único capaz de enterrar los errores del pasado. Felizmente no es Su deseo que nos dediquemos a revivirlo. ¿Quién va a querer evocar el pasado si el futuro es tan halagüeño como las espléndidas promesas de Dios? Cuando pienso en el año que tenemos por delante me vienen a la cabeza todas las promesas de la Palabra de Dios que podemos invocar y las maravillas que pueden suceder. Esas promesas no fallan, permanecen inalterables y se aplican a cada uno de nosotros. Teniendo todas esas promesas a nuestra


disposición, ¿por qué habríamos de volver sobre lo que ya dejó de ser y transitar por «el camino del pasado»? En vista de que Jesús ya expió todas nuestras malas acciones, podemos afirmar, al igual que el apóstol Pablo: «Me concentro solo en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús»4. Olvidemos lo que queda atrás. Sigamos adelante y hacia arriba con los ojos puestos en la meta y en el premio. ¡Qué lástima que llevemos a cuestas el pasado cuando el Señor sufrió tanto para liberarnos de esa carga! Una vez, después de hablar sobre este tema frente a un numeroso grupo de personas, se me acercó un joven. Había sido delincuente,

acababa de salir de la cárcel y le costaba creer que fuera tan fácil, que Dios pudiera limpiar su pasado con solo pedirle a Jesús que entrara en su corazón y reconocerlo como su Salvador. Le costaba una barbaridad creer que Dios pudiera perdonar un pasado tan horrendo; pero aquella noche entregó su corazón a Jesús. Y Jesús levantó aquella carga, lo perdonó y le dio una libertad que en su vida había conocido. Después de aquello no dejaba de hablar de la misericordia de Dios, que lo había librado del tormento del pasado. Con frecuencia repetía una frase de un himno que le había encantado: «Mi ayer lleno de culpa y de vergüenza, mi ayer se disipó en Su presencia». No sé si hay algo más maravilloso que el milagro del perdón, la garantía de que se nos perdona todo mal cometido. Ese magnánimo perdón está a la disposición de todos. Jesús

murió por todos nosotros. Basta con que aceptemos Su perdón y lo recibamos como nuestro Salvador. «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad»5. Esa es una promesa inquebrantable e incondicional. Si aún no conoces bien a Aquel que puede aliviarte las cargas del pasado y darte un futuro brillante en la Tierra además de vida eterna en el mundo venidero, acércate hoy mismo a Jesús. Está a la puerta de tu corazón y aguarda humildemente a que lo invites a entrar. No tienes más que orar: «Jesús, te ruego que entres en mí, que me perdones mis pecados, me llenes de Tu amor y me concedas vida eterna». Virginia Br andt Berg (1886 –1968) fue una evangelizador a estadounidense. ■ 9


PA S O A PA S O

SA E P A A S E P Joe Johnston

Un día Joe se fracturó un brazo. Era de esperarse, pues

Pero la barra descansaba sobre madera podrida. Joe era traceur o practicante de La madera cedió, y Joe cayó para parkour. Para él el mundo era una atrás. gran pista de obstáculos. Todo era Algo pasó cuando golpeó el suelo escalar y saltar, escaparse y estirarse, polvoriento. Joe se puso en pie con sobrepasar y rodar por el abarrotado dificultad, agarrándose el brazo paisaje urbano. Joe se exigía al correr, izquierdo. Tenía la muñeca doblada pasando unas veces sobre autos o hacia abajo y luego bruscamente muros, y otras por encima de tejados. hacia arriba. Alguien llamó a los Había ocasiones en que se excedía. paramédicos. El destino lo observaba de lejos, Despertó en el hospital. Sentía los pendiente de su frágil brazo, a la párpados pesados por efecto de los espera de su oportunidad. sedantes. Tenía el brazo enfundado La mañana en que se fracturó el en yeso blanco desde la muñeca brazo, Joe había salido con dos amigos hasta el codo, para proteger sus dos a ensayar un recorrido que querían fracturas en el radio y su muñeca filmar para un video casero. Unos dislocada. cuantos ejercicios de calentamiento le Durante cuatro semanas Joe bregó dieron al destino su oportunidad. con su discapacidad. Aprendió a Joe tomó carrerilla para subirse a mecanografiar con una mano, a vivir sin un pequeño muro. Tras unos instan- su ducha diaria, a dejar que otros le abotes encima, saltó al vacío. Sus dedos tonaran la camisa, le ataran los cordones se agarraron a una barra metálica de los zapatos y le lavaran el plato. horizontal que tenía delante y que Al cabo de un mes, le quitaron debía detener su caída. el yeso. Por fin se sintió libre. Pasó

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diez minutos rascándose y una hora y media en la bañera. Pero no todo había vuelto a la normalidad. Después de 29 días de desuso, los músculos de su brazo izquierdo se habían encogido y atrofiado. El brazo se le había reducido a la mitad de su grosor, y la piel le colgaba como si fuera una envoltura de plástico sobre el hueso recién soldado. El menor intento de girar o enderezar ese miembro le causaba un dolor agudo que le recorría todo el cuerpo. La terapia de calor contribuyó a soltar los músculos acartonados. Cada día lograba mover la muñeca un poco más. Por fin llegó el momento de empezar la terapia de fortalecimiento. Luego de pasar un mes debajo de la cama acumulando telarañas en las sombras, la mancuerna de 16 kilos ocupó de nuevo el centro del cuarto, casi deslumbrada por la luz. Joe agarró entusiastamente la barra con la mano izquierda y trató de levantarla. Nada. Se esforzó. Sudó. Apretó los dientes y se mordió la lengua.


Bufó amenazante contra la obcecada masa de hierro. La pesa ni se inmutó. Tendría que recurrir a otra táctica. Joe pidió a su hermana que le prestara una mancuerna pequeña ajustable —le dijo que la necesitaba como pisapapeles—. Era minúscula y estaba forrada en plástico verde. Joe se percató de que nadie lo viera y entró a hurtadillas en su cuarto. Mientras se esforzaba por levantar aquel pequeño pisapapeles verde, se imaginaba a sus amigos resoplando bajo unas pesas gigantescas, bregando hasta el agotamiento por elevarlas; pero no hizo caso de aquellas imágenes de hombría. Al principio le costaba mucho, a pesar de ser un juguete ridículamente pequeño; cada vez que levantaba la mancuerna, era un suplicio. Sin embargo, procuró no pensar en el dolor de la muñeca, y con el transcurso de los días este empezó a disminuir. Al poco tiempo, Joe ya dominaba el juguetito verde. Se sintió orgulloso cuando añadió dos disquitos verdes. Todavía no tenía

fuerza, pero estaba mejorando. La cosa era no desanimarse con expectativas poco realistas, sino empezar con algo fácil e ir progresando. A los pocos días ya había añadido todos los disquitos verdes que cabían en la mancuerna y la manejaba con total destreza. A la postre la mancuerna de hierro que tenía debajo de la cama también se dejó vencer, subyugada por su determinación y los pequeños avances que iba haciendo paso a paso. Todavía falta un largo trecho para que el brazo le vuelva a la normalidad, pero Joe sabe que no gana nada con lloriqueos y lamentos sobre lo diestro que era antes con ese brazo. Más bien piensa en los progresos realizados hasta el momento y en el día en que recobrará plenamente su agilidad. Cuando llegue ese día, creo que saldré a correr otra vez.

El parkour, también conocido como el arte del desplazamiento, es una disciplina que consiste en desplazarse lo más fluidamente posible, usando las habilidades del cuerpo humano. Esto significa superar los obstáculos que se presenten en el recorrido, en ambientes urbanos e incluso en ambientes rurales. Los practicantes del parkour son denominados traceurs1. 1. Tomado de Wikipedia, la enciclopedia libre; http://es.wikipedia.org/wiki/Parkour

Joe Johnston es escr itor. Vive en México. ■ 11


A TRAVÉS de la

Los cambios me inquietan terriblemente. Me gusta

tener mi nidito cómodo, donde todo es tal y como yo lo dispongo y nada me agita demasiado. Me gusta lo habitual, lo mecánico, los horarios, la tranquilidad de saber lo que va a pasar, tanto enseguida como en el futuro. Los cambios a veces son emocionantes, pero casi siempre trabajosos. Me cuesta dejar atrás lo que conozco y me encanta y no tener ni idea de lo que vendrá. No hace mucho, mi esposo y yo nos mudamos lejos de familiares y amigos. Teníamos buenos motivos para hacerlo y sabíamos a dónde nos dirigíamos; pero aparte eso, el futuro era un gran interrogante. Eso me daba susto. Durante el viaje recorrimos de noche una ruta montañosa. En 1. V. Éxodo, capítulos 12–40 2. RVR 95 3. NVI 12

Marie Story

NIEBLA

un sector nos envolvió una espesa niebla. No había luces ni casas a la vera del camino. Para colmo, parecía que nos habíamos equivocado de carretera. «Fantástico», pensé. Agucé la vista y me incliné hacia adelante sin quitarme el cinturón de seguridad para tratar de ver, a pesar de la niebla, a dónde nos dirigíamos. No se observaba ningún letrero, y cada vez me preocupaba más que estuviéramos extraviados. Como digo, no me gusta la incertidumbre. Se me desbocó la imaginación. Me hice una película de toda suerte de situaciones espantosas: que nos perdíamos en la montaña, que caíamos rodando por un precipicio… Cada imagen era peor que la anterior. Por fin desistí de perforar la niebla con los ojos y me recliné en mi asiento. Observé a mi esposo, que conducía confiado, sin preocuparse por la neblina. Simplemente

avanzaba despacito por la parte de la carretera que alcanzaba a ver. Me apoltroné e hice un esfuerzo por relajarme, y al cabo de un rato salimos de aquel trecho de niebla. A partir de ahí la visibilidad en la vía fue normal, y llegamos a nuestro destino sanos y salvos. Mi vida en aquel entonces era como una carretera brumosa y oscura. No veía más allá de lo que teníamos justo delante, del mismo modo que las luces del auto solo iluminan una pequeña extensión a la vez. Pero Dios es mi piloto, y en Él puedo confiar. Tiene un currículum perfecto y siempre me ha llevado a salvo a mi destino. Aunque a veces he llegado a pensar que estábamos perdidos, Él siempre conocía nuestra ubicación exacta. Cuando Dios guió a los hebreos por el desierto1 no tenían mapa, ni brújula, ni un teléfono inteligente con GPS integrado que les indicara dónde virar. No sabían adónde se


dirigían. Su única certeza era que debían abandonar Egipto. Si bien no debía de ser nada agradable ser esclavos en la tierra de los faraones, es muy posible que a algunos israelitas les costara dejar la única vida que conocían hasta entonces. Quizás algunos tenían amigos en Gosén, donde habitaban. Por lo menos no les faltaba comida y vivienda. Sin embargo, como obedecieron y siguieron a Dios, Él los amparó. Cuando se toparon con el mar Rojo y no se vislumbraba una salida, Él les abrió camino a través de las aguas. Cuando tuvieron hambre, hizo llover comida del cielo. Cuando tuvieron sed, hizo brotar agua de una peña. Cuando no sabían qué dirección tomar, puso delante de ellos una nube que les señalara el camino. Con todo y con eso, todavía dudaron de Dios. Nunca me entraba en la cabeza cómo era

eso posible, si resultaba evidente que Dios siempre los había acompañado. ¿Por qué dudaban de Su abundante provisión y Sus cuidados siendo que una y otra vez les había demostrado los portentos de que era capaz? Pero reconozco que yo peco de lo mismo. Dios nunca ha dejado de proveer para mis necesidades; sin embargo, me afano cuando no tengo el futuro planeado al detalle. Proverbios 3:5,62 dice: «Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y Él hará derechas tus veredas». Aunque delante de ti el camino esté como boca de lobo, y te dé la impresión de que andas desorientado, como si estuvieras rodeado por una densa niebla, si reconoces al Señor, si acudes a Él, Él te dirigirá. Te mantendrá bien encaminado y te conducirá a tu tierra prometida.

Cuando me preparaba para esta gran mudanza, encontré un versículo que no recordaba haber leído nunca. Jeremías 29:11 dice: «Yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza»3. ¡Menuda promesa! Dios tiene planes para cada uno de nosotros. Nos dará bienestar, una esperanza y un futuro. Reconfortante, ¿verdad? El futuro para mí aún no está del todo claro, y tal vez nunca lo esté. No sé cómo terminará todo; pero está bien. Sé quién es dueño de la situación, y no dudo que Sus designios son perfectos. M ar ie Story vive en EE .UU., donde tr abaja como ilustr ador a independiente y diseñador a. Está afiliada a La Familia Inter nacional. ■ 13


APUNTA ALTO, ACABA CON GARRA David Bolick

Leí un artículo en una revista de corredores en el que se explicaba que la cafeína puede mejorar el rendimiento de un atleta por cuanto disminuye la percepción de fatiga. Lo

probé en una maratón, y efectivamente no solo logré mi mejor marca personal, sino que lo hice a pesar de que gasté valiosas energías conversando con otro corredor durante toda la primera mitad de la carrera. Si hubiera entendido que me estimularía la lengua tanto como las piernas y me hubiera concentrado más en la carrera, estoy seguro de que podría haber logrado un resultado aún mejor. En aquella ocasión y en otras posteriores, la cafeína me proporcionó un estímulo que se tradujo en una diferencia de varios minutos en mi crono. No tomo ningún suplemento de cafeína en mis entrenamientos normales. Si lo hiciera, no tendría el mismo efecto durante una carrera. Además, sin un buen estado físico de base la cafeína no sirve para 14

batir marcas, por mucha cantidad que se tome. Para beneficiarme del estímulo que proporciona, tengo que hacer muchos kilómetros de entrenamiento a la semana, llevar una vida saludable día tras día y disfrutar de correr. Mi afición a correr no ha sido siempre tan intensa. Inicialmente, lo que me motivaba era un objetivo muy a corto plazo. Me había recuperado poco antes de una tos muy fuerte, y no quería volver a enfermarme. Con el tiempo descubrí los siguientes principios, que son el pan de cada día de los expertos en motivación, ya que se pueden aplicar a casi cualquier aspecto de la vida: 1. Fijarse metas pequeñas y accesibles de corto plazo. Cuando empecé a correr, mi objetivo era ponerme las zapatillas de deporte, salir a la calle y correr un poco cada día.

2. No autocriticarse muy duramente cuando no se cumplen las metas. Tendrás días flojos y malas rachas. A todo el mundo le pasa. Recriminarte a ti mismo por un desempeño decepcionante es más perjudicial que el fracaso mismo. 3. Ser flexible. Adáptate a las circunstancias. Hazte a la idea de que surgirán cosas inesperadas, que hay que saber tomarse bien. 4. Apuntar alto. Si bien las metas pequeñas de corto plazo son necesarias, también lo son las de largo plazo. Atrévete a soñar con algo imposible. 5. Alentar los sueños. ¿Por qué te resulta importante determinada meta? ¿Por qué la consideras alcanzable? ¿Por qué estás convencido de que eres el indicado para lograrlo? Escribe tus respuestas, recoge frases o refranes inspirativos y motivadores, anécdotas y testimonios que den sustento a esas respuestas, y relee todo eso en momentos de crisis y de desconfianza en ti mismo. 6. Tener paciencia. Cuando registres tus progresos, fíjate en la aguja que marca las horas, no en el segundero. David Bolick r eside en Guadalajar a (México). Es facilitador de tur ismo médico y cofundador de MediTr avel Solutions. ■


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Has confiado en Dios con relación a unas cuantas cosas, y Él no te ha defraudado. Encomiéndaselo todo. No te resulta difícil poner en Sus manos el manejo del universo y de toda la creación externa. ¿Puede ser tu caso mucho más complejo y difícil como para que amerite preocuparte e inquietarte por el manejo que Dios hará de él? Hannah Whitall Smith (1832–1911)

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Ejercicio espiritual Abi May

DÍA A DÍA La vida suele describirse como un viaje. Paso a paso,

día a día, recorremos un camino que es exclusivamente nuestro. Aunque a veces compartimos nuestras alegrías y pesares con personas con las que nos encontramos, no hay dos derroteros exactamente iguales. Lo que sí tenemos en común, sin embargo, es la posibilidad de contar con un compañero y consejero que esté constantemente a nuestro lado. Dios dice: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces»; y: «Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar»1. Si repasas el camino que recorriste el año pasado, sobre todo los trechos 1. Jeremías 33:3; Salmo 32:8 2. Proverbios 18:24

difíciles, seguramente te darás cuenta de que hubo situaciones que podrían haber tenido un mejor desenlace si le hubieras pedido orientación a Dios y hubieras seguido lo que Él te indicara. Pero no te preocupes. Tienes otro año por delante, que te ofrece nuevas posibilidades. Tómate unos minutos para reflexionar sobre tus tareas y actividades cotidianas. Tal vez podrías empezar a llevar un diario de oraciones. Podrías también proponerte leer todo el libro de los Salmos o los Evangelios. Quizá quieras tomarte cinco minutos al despertarte o antes de irte a dormir para pensar en todo lo bueno de que disfrutas y agradecérselo a Dios. Lo que sea que decidas, hazte el propósito de cumplirlo y persevera en ello. Recuerda que siempre te acompaña ese gran Amigo que está «más unido que un hermano»2. Hallo a diario, en mil situaciones, las fuerzas para encarar las pruebas. Sé que todo el Padre bien dispone. No hay ningún temor que me conmueva. Él asigna, con bondad infinita, a cada día lo que es mejor. Prescribe las dichas y las cuitas, mezcla solaz con labor. Lina Sandell (1832–1907) A bi M ay es docente y escr itor a. Vive en el R eino Unido y es columnista de Conéctate. ■ 15


De Jesús, con cariño

Tú y Yo juntos Me necesitas. Necesitas lo que tengo para ti. Te hacen falta Mis fuerzas, Mi amor, Mi provisión, Mi protección. Tengo todo eso para ti y más aún. Soy tu fuente de vida, y dado que lo soy, tu vida puede ser espléndida, hermosa, plena y abundante en lo que sé que a la larga terminará teniendo más importancia. Nunca te abandonaré ni te dejaré sin consuelo. Nunca te dejaré sin guía y orientación. Nunca permitiré que te falten la gracia y las fuerzas para librar las batallas de la vida. Nunca te dejaré sin respiro y sin posibilidad de reponerte

después de ellas. No tienes por qué tener miedo ni caer en la ansiedad, pues Yo, que te amo como nadie, tengo un designio muy particular para ti. Sigue la senda en la que te ponga. Te llevará a la vida más auspiciosa que podrías tener. No hay mayor seguridad que la que se obtiene cuando me invitas a acompañarte día a día y me dejas participar en todas tus decisiones. Juntos podemos forjar un futuro más brillante del que podrías labrar por tu cuenta. Observa cómo despliego el bello y misterioso lienzo de tu vida.


Enero de 2013: Volver a empezar