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Edición 505

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DOCUMENTO DICIEMBRE 2010

ASOCIACIÓN COLOMBIANA DE OFICIALES EN RETIRO DE LAS FUERZAS MILITARES

Fundado en 1961 ISSN 0123-2894 Circulación Nacional Bogotá, D.C.

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ue la Nueva Granada la que por conducto de uno de sus hijos, don Salvador Camacho Roldán, representante de la provincia del Socorro, hace la apología del Libertador y recuerda que, según Decreto del 8 de julio de 1823, se le había reconocido a Bolívar una pensión vitalicia de treinta mil pesos de oro anuales”.

La más intensa

amargura del Libertador Brigadier General GABRIEL PUYANA GARCÍA


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Preámbulo

ace un tiempo el mundo hispano, y en particular Colombia, se sorprendieron cuando se anunció que se iba a disponer un examen prolijo de los restos sagrados de Simón Bolívar (como recientemente se llevó a efecto en forma afrentosa) para detectar posibles pruebas de que el padre de la patria hubiese muerto por un envenenamiento sistemático que, como es obvio, llevaba la suspicacia inmediata de poner en tela de juicio a los granadinos. No intentamos revivir ningún debate político, ni de cualquier otra naturaleza, más cuando en buena hora los gobiernos de estos dos países realmente hermanos por razón de un mismo padre, buscan formas de acercamiento en pro de objetivos comunes que más estrechen nuestros lazos de sangre y de historia común. No obstante lo anterior y consecuentes con el principio esencial de nuestra Academia Colombiana de Historia, Veritas ante Omnia (de la que tenemos el honor de ser miembro de Número), nos ha parecido oportuno aprovechar el espacio que nos brinda ACORE, para que en alguna de sus publicaciones que con motivo de sus cincuenta años de fundación, saldrán a la luz pública, se vuelva sobre este tema, a fin de hacer algunas precisiones que se fundamentan en documentos que pueden ser consultados sin que sea difícil su acceso a las propias fuentes originales. Porque lo innegable y así ha sido comprobado, Bolívar nació a la vida en Caracas, pero a la historia en Cartagena (en 1812) y tuvo que ir a morir en Santa Marta porque en su Venezuela que tanto amara, una buena parte de sus coterráneos cegados por el resentimiento y por la ingratitud, no le permitieron volver a su tierra.

“… sus compatriotas venezolanos no solo lo proscriben de su territorio sino que se atreven a exigirle a la Nueva Granada que haga lo mismo, como condición para llegar al acuerdo que exige la disolución de la Gran Colombia”.

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La desmembración de Colombia

sta infausta dislocación empieza a formalizarse con el llamado Congreso Admirable que marca ese inicio doloroso con que el patricio, según la expresión del pensador uruguayo José Enrique Rodó, “iría a pagar la trágica expiación de su grandeza”. Con cuánta razón el general Posada Gutiérrez uno de sus más cercanos y leales confidentes, al escuchar las palabras de Bolívar le expresó aquella frase: “!Qué terrible cosa es ser grande hombre!”. Después de un ciclo de contradicciones y de dudas, Bolívar se decide al fin a dejar el mando y es, quizá, por primera vez que tiene que aceptar la derrota que jamás llegó a amilanarlo en los reveses de la guerra. Desde hace tiempo ha venido sufriendo no solo el olvido, sino el desprecio y el irrespeto de quienes liberó de la esclavitud. Es pertinente evocar que al término de aquel parlamento que se conoció como “El Congreso Admirable”, fue la Nueva Granada la que por conducto de uno de sus hijos, don Salvador Camacho Roldán representante de la provincia del Socorro, hace la apología del Libertador y recuerda que según Decreto del 8 de julio de 1823 se le había reconocido a Bolívar una pensión vitalicia de treinta mil pesos de oro anuales y, consecuente con esta actitud, mediante un nuevo Decreto del 9 de mayo de 1830, se deja fehaciente testimonio de la gratitud granadina, en contraste con lo que habrá de concertarse en el Congreso de sus coterráneos en la ciudad de Valencia, Venezuela. Repasemos, entonces, algunos párrafos del citado Decreto del Congreso Constituyente de mayo de 1830, promovido por Camacho Roldán: “El Congreso Constituyente, considerando: Que el Libertador Simón Bolívar no solo ha dado existencia y vida a Colombia por sus interesantes e in-

auditos esfuerzos, sino que ha excitado la admiración del universo por sus proezas y eminentes servicios a la causa americana; Que ha cesado de ser Presidente de la República, desde que, insistiendo en hacer dimisión del mando, el Congreso nombró su sucesor; Que el desinterés y la noble consagración de que ha dado las más distinguidas pruebas desde que comenzó su carrera pública, exigen una demostración de la gratitud nacional, que le ponga a cubierto de los efectos de un generoso y sin igual desprendimiento.

Decreta:

Artículo 1º.- El Congreso Constituyente a nombre de la nación colombiana, presenta al Libertador Simón Bolívar, el tributo de gratitud y admiración, a que tan justamente le han hecho acreedor sus relevantes méritos y sus heroicos servicios a la causa de la emancipación americana. Artículo 2º.- En cualquier lugar de la República que habite el Libertador Simón Bolívar será tratado siempre con el respeto y la consideración de-

bidos al primer y mejor ciudadano de Colombia. Artículo 3º.- El poder ejecutivo dará el más puntual y exacto cumplimiento al Decreto del Congreso, de 8 de julio de 1823, por el cual se concedió al Libertador Simón Bolívar la pensión de treinta mil pesos anuales durante su vida, desde el día en que terminasen sus funciones de Presidente de la República y ésta disposición, deberá tener efecto cualquiera que sea el lugar de su residencia. Dado en Bogotá a 9 de mayo de 1830”. Así la Nueva Granada rindió a Bolívar uno de los más fervorosos homenajes que hubiera recibido en su vida, al mismo tiempo que en Venezuela se incrementaba la campaña de difamación en su contra. El 8 de mayo al abandonar a Santafe de Bogotá en dirección a Cartagena bajo el grito de improperios y epítetos degradantes como el de ‘Longanizo’, lo cual deshonró a algunos granadinos desagradecidos de aquellos infaustos días, se vislumbra el crepúsculo de su final amargo. Sin duda, muchas fueron las decepciones y aflicciones que le causaron también en la Nueva Granada y en otros pueblos creados por su genio. Pasa Pág. 3 > l


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Es entonces cuando el general Páez señala y critica acerbamente los proyectos monárquicos del partido bolivariano que desde el año 25 el propio Páez se había mostrado como decidido partidario. Y además es también un hito de insondable amargura en ese calvario de martirio, el pronunciamiento popular de la ciudad de Valencia desde el 23 de noviembre de 1823 cuando por conducto del Capitán Austria enviado por Páez, el Libertador se entera de que el caudillo de Apure no se opondría a la consolidación de la Gran Colombia si el próximo Congreso Constituyente lo elegía a él (a Páez) como Presidente de la República. Bien lo registra el historiador colombiano Liévano Aguirre en estas palabras: “Bolívar no quiso dar origen con su respuesta a ningún equívoco en instrucciones

escritas para el Capitán Austria, le ordenó que manifestará al General Páez, que él (Bolívar) no podía ni deseaba adelantar las gestiones que Páez esperaba”. “Simultáneamente en carta personal a Páez, le recordaba que su deber era respetar las decisiones de los representantes del pueblo tanto si le investían de la calidad de Presidente como si designaban para ese cargo a persona diferente.” Textualmente expresa Bolívar a Páez: “Digo a usted bajo mi palabra de honor que serviré con el mayor gusto a sus órdenes si usted es el Jefe del Estado; y deseo que usted me haga la misma protesta de su parte en el caso de que sea otro el que mande…”. Esta franca actitud de Bolívar que frenaba las ambiciones de Páez, indujo a este último a promover la convocatoria de la junta popular de Valencia, la cual bajo la instigación del jefe venezolano produce la siguiente declaración: “Que se desconozca la autoridad de Bolívar, la de su Consejo de Gobierno y la del Congreso Constituyente; que Venezuela se separe de la Unión y que no se permita de ningún modo que vuelva el General Bolívar al territorio de Venezuela”. Pero mejor sigamos al historiador venezolano J. A. Cova al relatar el desenlace del Congreso que, convocado por Páez en Valencia, decretara la disolución de la Gran Colombia. Dice así el historiador venezolano: “En el seno del Congreso no se debate sino la gloria de Bolívar. Una fobia hacia el grande hombre hace presa de todos los diputados entre los que constituyen una honrada excepción la augusta ecuanimidad del sabio y probo José María Vargas. Entre los más exaltados se cuentan Ángel Quintero, Ramón Ayala, Mi-

Desde este mismo lugar se dirige al Ministro de Hacienda, don José Ignacio Márquez, para agradecerle y le expresa en uno de sus apartes: “Tanta generosidad y benevolencia hacia mí de los poderes supremos por servicios que todo ciudadano debe a su patria y que por mi desgracia han quedado imperfectos, me confunde y humilla sin que pueda ofrecer a la República más que mi lealtad y mi gratitud eterna”. La petición decía: Sin duda alguna este reconoci“Que siendo el General Bolívar un miento de la Nueva Granada le es traidor a la patria, un ambicioso que muy significativo, por cuanto en ha tratado de destruir la libertad, el esos mismos momentos sus coterráCongreso lo declare neos se ensañan en proscrito de Veney ha recibiCuánto hubiera difamarle zuela y el diputado do la fatídica noticia Luis Cabrera, propodeseado el Pa- del asesinato del Mane que el pacto con dre de la Patria, riscal Sucre. la Nueva Granada no Con carta de fecha puede tener efecto en su ocaso nos14 de julio, suscrita mientras permanezpor el doctor Vicente tálgico, refugiarse ca en el territorio de Azuero, redactada en Colombia el General bajo las sombras términos respetuosos Bolívar”. de los árboles de y corteses pero que Es decir, que sus destilan perversión y compatriotas vene- su suelo materno, sevicia (fue un anti zolanos no solo lo en esa su ciudad de bolivariano apasioproscriben de su tenado) porque bien se rritorio sino que se Caracas”. comprende la comatreven a exigirle a placencia que para el la Nueva Granada que haga lo mis- remitente habría de significar el caumo, como condición para llegar al sar esta nueva e intensa aflicción a acuerdo que exige la disolución de Bolívar, Azuero le envía al Libertador la Gran Colombia. desde Bogotá copia de la nota oficial Así, mientras los venezolanos lo de fecha 2 de junio de 1830 suscrita rechazan, le prohíben llegar a su por el Presidente del Congreso revopaís y lo señalan como el causante lucionario venezolano de Valencia, de todos sus males, el prócer llega a Francisco Javier Yáñez, y dirigida al Turbaco. El 26 de mayo de 1830 re- Presidente del Congreso Constitucibe en esta población, de don Juan yente de Colombia, por medio de la de Dios Amador, el valor de ocho cual se le informa de la instalación mil pesos oro por cuenta de la pen- de dicho Congreso revolucionario y sión que le ha otorgado el Gobierno Pasa Pág. 4 > l Granadino. guel Peña, Juan José Osio quien elogia a los conspiradores de septiembre y en su exaltación llega al colmo cuando dice: ‘el 25 de septiembre fue un movimiento nacional y toda la República desde el año 27 está conspirando contra Bolívar’. En una de las sesiones sin ningún escrúpulo se manda leer una petición infame y luego se ordena su publicación en El Venezolano”.


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del desconocimiento que hace de la autoridad del General Simón Bolívar y de la separación que Venezuela (ya como Estado autónomo) ha hecho de Colombia, pero reconociendo al mismo tiempo que “es necesario que uno y otro cuerpo se entiendan porque hay diferencias que transigir e intereses que arreglar”.

Tratamiento oprobioso

Veamos algunos de sus apartes más trascendentales en los cuales al referirse a la conveniencia de las mutuas relaciones, se pretende en forma arrogante exigir que Colombia de al Libertador el mismo tratamiento oprobioso que Venezuela le ha dado al mantenerlo proscrito. Dice así la comunicación: “Benéficas serán sin duda para uno y otro estado semejantes relaciones. No es fácil prever hasta dónde se extenderían sus útiles resultados; pero Venezuela, a quien una serie de males de todo género ha enseñado a ser prudente que ve en el General Simón Bolívar el origen de ellos, y que tiembla, todavía al considerar el riesgo que ha corrido de ser para siempre su patrimonio, protestas que no tendrán aquellas lugar, mientras éste (el General Bolívar) permanezca en el territorio de Colombia, declarándolo así el soberano. ‘Congreso en sesión del día 28”. Estas palabras que el Libertador conoce ya cuando se avecina su atormentado final, ¡sí son más que veneno asesino!, son puñaladas que se clavan en su alma. Todos los documentos, fueron además publicados en la Gaceta Oficial Número 474 así como las actas y discusiones del Congreso de Venezuela en las que se trataba al Libertador en forma inicua. (Allí pueden consultarse). Estas duras pruebas, acrecientan su quebranto moral que con el peso de sus decepciones, junto con su decaimiento físico causado por los estragos de la enfermedad lo aproximan a su momento final. Cuánto hubiera deseado el Padre de la Patria, en su ocaso nostálgico, refugiarse bajo las sombras de los árboles de su suelo materno, en esa su ciudad de Caracas, que como bien lo expresara él mismo en su proclama del 10 de enero de 1827, cuando, en busca del entendimien-

to con Páez, declaraba: “Que todos sus esfuerzos en la guerra de emancipación de las colonias españolas fueron realizados tan solo para obtener la libertad de su tierra nativa, Caracas, y que si se vio obligado a combatir por la libertad de otros países, así lo forzó la necesidad ineludiblemente para asegurar la emancipación de su suelo natal”. Pero lo doloroso es que jamás hubiera podido morir tranquilamente en su patria (o quizá sí una muerte violenta causada por sus propios enemigos, como ‘Carujo’, su paisano, el más apasionado de los conspiradores septembrinos quien a su regreso a Venezuela además de la amnistía recibió todo el apoyo del gobierno de Páez y se le volvió a dar mando de tropas) pero no había podido encontrar el sosiego que le ofrecieron los tamarindos de la hacienda de San Pedro Alejandrino ¡Oh, terrible ironía! mientras sus hermanos de sangre lo repudian, es un caballero español quien le ofrece su último albergue con la tradicional hospitalidad de la hidalguía hispana, en esa tierra de Santa Marta que para orgullo de Colombia, recoge con amor su último suspiro.

Regreso a Caracas

Pero la gallardía y la nobleza del héroe y el acatamiento a su voluntad, hace que Nueva Granada entregue a Venezuela su despojos mortales doce años después de su muerte. Tienen que pasar más de dos lustros para que, en 1842, Venezuela, seguramente arrepentida y a la vez avergonzada, repare la gran injusticia que cometiera con el más preclaro de todos sus hijos. Una comisión venezolana recibe los restos exhumados y los lleva a Caracas para conservarlos en sitio de honor…Ya no es el ‘traidor’, ni el ‘ambicioso General’ que “durante tanto tiempo fue el origen de sus males”: es el Libertador! el más grande de todos los americanos, el héroe que no obstante sus debilidades afectivas hacia su tierra, consideró que su pa-

w BIBLIOGRAFIA

tria era ¡América! Es ese mismo grande hombre a quien rechazó miserablemente y cuyo ideario con frecuencia, trata de tergiversarse para satisfacer apetencias fácilmente comprensibles. Es el paradigma que dará nombre y fama a su país y a su ciudad natal, y quien al recibir el rechazo de los suyos “sufrió la mayor intensidad de todas sus amarguras para así expiar con su dolor, “el precio de su gloria y su grandeza”. ¡Qué infortunado es para la América que frecuentemente se pretenda desconocer la verdadera e indiscutible historia de su Libertador que tenemos la obligación moral de defender debidamente sustentada pues debemos rechazar que impunemente se intente oscurecer la claridad que emana de la propia verdad como un sol que no podrá ocultarse jamás!.

Memorias Históricas Políticas. Tomo II., General J. Posada Gutiérrez. El Libertador Presidente. Roberto Saldarriaga. Bolívar. Indalecio Liévano Aguirre. Diario Político de José Manuel Restrepo. Autobiografía. Tomo II. General José Antonio Páez. Bravo Historia de Venezuela. Antonio Aureliano Moreno. Historia de Colombia. Henao y Arrubla. El pensamiento político del Libertador. L. Pabón Núñez. La trágica expresión de su grandeza. (BHA Academia COL. Historia). Brigadier General Gabriel Puyana. 1980


DOCUMENTO DIC. 2010