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TEATRO ELEMENTAL

A. J. ABERATS Industrias El Rat贸n

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Si después de leer el libro quieres comprar un ejemplar en papel, escríbenos una carta ¡Y convincente! pues no vendemos a cualquiera, ni el autor se presta a dedicar personalmente a inapropiados. Por libro plantamos árbol. Nos gusta controlar nuestra relación con Pachamama. Buen viaje.

a.j.aberats@hotmail.es industriaselraton@hotmail.com

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ÍNDICE

- ALGARADA ENTRE PARIETALES Ó LA REBELIÓN DE LOS ULTRACUERDOS

………………………………………………… 3

- L´CARRUSSEL

………………………………………………… 35

- DESDE LA OSCURIDAD - THANATOPSIS

……………………………………… 82

………………………………………………. 95

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ALGARADA ENTRE PARIETALES ó LA REBELIÓN DE LOS ULTRACUERDOS

A. J. ABERATS

Industrias El Ratón

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DRAMATIS ACTORAE (De 1 a 101 actores)* Zacarías ……. Zacarías Zacaría A …... el incontinente. “ B …… el tatuado. “ C …… el orondo. “ D …… el tullido. “ E …… un conspirador. “ F …… otro conspirador. “ G …… y otro más. “ H …… y el cuarto conspirador. “ I …… el arquitecto. “ J, K, L, M, N …… el coro de execrables. “ Ñ …… el bananero. “ O …… el vejestorio. “ P ……. el hedonista. “ Q …… el tuertito. “ R, S, T, U, V….. los palmeros. “ W, X, Y ….. los elípticos. “ Z ……. el telonero.

* En versiones 101 actores divídase el alfabeto con entradillas de primos y sobrinos.

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(Un universo blanco, una luz cenital, una silla y un espejo de tres cuerpos plegado) ACTO I ESCENA I (En un rincón despierta Zacarías con camisa de fuerza) Zacarías.- (al público)… ¡Tendría cojones el acabar aquí!… Aunque, eso sí, prefiero esto a “La Provincial”. Día más, día menos, pero aquí poco tardarán en darme la blanca. Bien me la sé ganar… Me basta estar callado, sentadito en pose dicha y agradecido a la mirada. Y hacer dieta de prescripción. Y no reír, no… jo, jo, jo… Reír vale para entrar pero no para salir. … Y gritar… ¡Gritar!... ¡GRITAR TAMBIÉN TE TRAE ACÁ! … El silencio… ssssss… (El silencio es otro limbo oscuro). …… Si recordase… Quizá… ... Pero no, no recuerdo, palabra; supongo que el yin y el yang de las daturas que me dan; o me avían o me apañan. O me alojan para los restos en jaula abarrotada. … ¡Barrotes no! No. Preso… preso me muero. Rejas no. … Piensa, piensa y desembota, Zacarías. … … Y no, por más que me esfuerce no me viene razón. Pero los efectos pasan. Pasarán… De hecho sería capaz de tocarme la punta de la nariz, si mano se me deja y programan examen sorpresa. … Sí, están pasando… O al quicio tengo el pelotazo. (Demuda el rostro, babea, antes de quedar transpuesto en la silla. Al primer respingo cae al suelo y vuelve a levantar sobresaltado) Zacaría A.- (con síntomas de estar orinándose)… Pero dónde vas, alma de cántaro. No ves que estás solo. Por mucho que te acompañe tu estampa es sólo un reflejo. Uno más. Más solito estás que la hora impar, Zacaría. Descomponte tranquilamente en la intimidad. … Aunque, joder, ése de ahí no soy yo. Yo no llevo camisa que me constriña el vuelo de las manos. 7


No hay argolla, u arnés de muchos remaches, que consiga atarme a tierra. No. … Si me muevo así… y asá… y para acullá… y roto… y culebreo… y me lo propongo… … Y que el que me haya ceñido no sepa de mi habilidad contorsionista… …Y que sí… y que no… … Y quedar cosa de un último estertor. … ¡Atención señoras y señores! … ¡Voila y alehop! Chantatachán… ¡Fuera la camisa! … ¡plas, plas, plas!... Bravísimo… Bravo… ¡plas, plas, plas!... Maestro. Artista. Artesano. ¡Houdini! … ¡plas, plas, plas!... Gracias, gracias, gracias caballeros y damas. Gracias… ¡plas, plas, plas!... Zac. B.- Buu. Buuuu… Zac. A.- … ¿Quién abuchea? Yo no. Yo no soy. ¡Quién me chafa el momento de gloria! Zac. B.- Buuu… Buuuu… Vete ya, ¡fiasco! Zac. A.- ¡Quién es! ¡Quién berrea en la soledad! Zac. B.- Servidor. Zac. A.- Y dónde paras. Zac. B.- Al otro lado del espejo estoy. Zac. A.- Sal, aunque seas fantasma o un mal recuerdo. Sal de dónde estés, que sé que estás, y enséñame la faz. Zac. B.- ¿”Faz”? Te estás volviendo un moñas, Zacaría. “Faz” ¡Faz! Sí, un moñas y un cursi. De cuándo aquí me mudas la jeta a faz. ¿Te sientes observado acaso? Zac. A.- (mirando al público) … Me entendía visto pero no escuchado. Siempre he dado por insonorizada la habitación. Zac. B.- Y lo está; tranquilo, no te oirán. Ahora, eso también, desde este cristal sí se está al tanto de cualquier murmullo tuyo vestibular. Hasta del silbido napial. Zac. A.- ¡Y yo soy el cursileras por hablar de faz! ¡Ja! Zac. B.- Oye, menguado, si yo hablo así es por seguir con la faja de hebillas. Dispénsame de todo amarre y me entenderás mejor. 8


Zac. A.- Tris, tras, ya lo estás. Zac. B.- ¿Seguro? Zac. A.- Si quieres me arranco a tijeretazos por sevillanas para que veas lo sueltito que quedas. Zac. B.- Calla, inconsciente, todavía no carburas la que cierne. ¡La que avecina! Zac. A.- … ¿Estás al cabo de algo? Zac. B.- ¿Algo? Algo con respecto a qué, Zacaría. Zac. A.- Te aviso que me dan mucho por culo los perejileros de comas y tilda notas. De tener intención de dudarme toda palabra, dime ahora y no iremos a peor, de ir, puedes acabar hecho añicos con el puntapié que te arree. Y al pairo me la traen las maldiciones porque soy hijo de un martes y trece. Zac. B.- Intenta. Prueba, a lo poco acabas con yeso y muleta. Zac. A.- ¿Y a lo más? Zac. B.- Por ahí puede que descubras en qué parte de la luna estás. Zac. A.- … Quién eres. Zac. B.- Dímelo tú. Zac. A.- Con mis reservas, sí, me decanto a que seas un simple reflejo o una elaborada alucinación. Zac. B.- No te ha temblado la voz. ¡Qué poco nos conocemos, Zacaría! Qué rápido olvidamos. Da gusto ver cuán presto te zafas de ataduras y corres a lo tuyo. Zac. A.- Yo me definiría paranoico, de fácil disociar y aletista convencido; amén de estar al momento meándome tal párroco en maitines. Zac. B.- ¡¿Paranoico?! Ja. Qué sabrás tú de paranoias… ¡Y de fútbol mejor no hablar! No te pintes trágico, para dramón guapo el mío. Imagina. Antes mentía, atentaba contra toda propiedad y cualquier atisbo de justicia. Cainita de tatuarme las carnes, incluso a los estamentos religiosos puse en la picota e intenté la apostasía; ni las bombillitas del belén he respetado. Pero ahora… Sí, entre tú y yo, resulta más sencillo sacarse el ombligo que darse de baja en censo sacramental; mucho papeleo. Zac. A.- ¡No digas más, ya sé quién eres! Bien te conozco, sacrílego. Sí, sí, sí. Sí, a alguna hostia tuya se deberá el brete. ¡A saber la verbenada que habremos hecho para terminar aquí! ¿Ha sido mucho? ¿Es galernada de abogados o anécdota de sobremesa entre amigos? 9


Zac. B.- ¡Y yo qué sé! De muy atrás tendría que venir, si fuese por mí, la fechoría que motivase. ¿No será por cosa tuya? Zac. A.- ¡¿Mía?! ¿Me ves pinta de liarla gorda? Zac. B.- Cualquier cosa; yo también te conozco. ¿O acaso no teñiste el cielo de verde para embellecer un sueño ajeno? Coño, y en Mérida acabar en el cuartelillo por entrar de madrugada al teatro romano y gozar en exclusiva una opereta de grillos. … ¿Sigo? Zac. A.- No. A los grillos de ordinario le seguían los grilletes. … Nece… Necesito ir al baño. Tengo que salir. Zac. B.- Ja. Ve haciendo músculo en la vejiga porque yo también necesito fumar, y entenderás, aquí me jodo aguantando el mono cómo el tío Peluso. Zac. A.- No es lo mismo. Zac. B.- ¡Para ti que no lo sufres! Mis dos medios pulmones daría por echarme a la boca un pitillo. ¡Y qué no trocaría por un cañamón de huerta! … Pero bueno, si de verdad te es urgencia, alivia contra el esquinazo. Zac. A.- Sí hombre, y levanto la pata… y acabo oliéndome el culo y oliéndoselo a los demás. Prefiero hacérmelo encima. In situ. Zac. B.- No jodas, no me seas guarro, Zacaría, los tejidos de ahora son pura licra y rezumarse es un asquito. Zac. A.- Algodón egipcio diría yo; y cien por cien. Sí, eso también recuerdo: “… Y tenga al zagal entre algodones, señora, porque la primera tramontana que le agarre se lo lleva”. Zac. B.- … ¡Oye!... ¡Pero!... ¡Zaca… Zacaría! ¡Zacaría que te meas encima! ¡Tío guarro! Zac. A.- Anda y que no eres exagerado. Tres gotitas que se me escapan y te pones hecho un energúmeno.

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ACTO I ESCENA II (Zacaría B cambia de pantalones tras el biombo formado con dos tramos de espejo) Zac. B.- Aj, aj… ¡Es lo que me faltaba por ver! Ahora, te digo, eh Zacaría, escúchame bien, ahí te quedas con los pantalones mojados porque yo no te quito. No delincas lo que no puedas pencar. …… Sabía, vamos si me olía que es de muelle flojo y rápido descomponer encima. ¡Y eso también, atiende, no se te ocurra hacerte mayores! Por lo que más quieras, tente un mínimo de dignidad y respeto, de no, sería yo el que arremetiese contra el espejo y a topetazos lo quiebro; no quieras saber lo que puedo hacer encabronado. Zac. A.- Mucho y maligno será lo tuyo, porque ni yo, en el estío, enciendo fósforos en lo denso del bosque; yo soy más de mechero y gasolinera. Zac. B.- ¡Acabáramos con la que me sale éste ahora! Ja. A ver si por trabajar en el retén forestal, íbamos a tener que andar comiendo siempre bocadillos; con jornadas de veinticinco horas. No. Ni hablar. Ya podían llamar, ya, denunciando nuestro fuego, el del vertedero y el de la chimenea del cabildo. Y si no, que no den tanto la brasa con la dieta mediterránea. Pues no sienta bien ni nada, una buena paella de chirlas a la vera del agua. Y luego un cigarrito ¡Vaya que sí! ¡Puffa! Yo, tras la paellita, el truja, la copita de hierbas y el café, y el puro final, y rendir una cabezadita de diez minutos, soy capaz de partirme un carro leña o trasquilar un cortafuegos con sentidos de ida y vuelta. Zac. A.- Furtivo de toda ley, ¡fuiste!, de entonces acá habrá florecido el bambú. Zac. B.- Furtivo no. No me lo llames porque no maltrato animales. Jamás lo hice. Zac. A.- No. Claro que no. El querer era abrasarlos. Aunque sea a collejas a buena parte de tus convecinos habrás tenido fritos ¿o no? ¿Y no son ellos también simples bestias? ¿No son alimañas ancianos y críos? ¿No es todo bicho en edad de procrear una fiera? Pero por favor, ¿no son hasta las personas fiscales entes con derecho a vida? Zac. B.- Me lo preguntas o lo niegas. Zac. A.- Lo dudo. 11


Sinceramente, yo mismo no me reconozco dueño de nada, y menos de dignidad alguna porque ni los esfínteres me obedecen. Zac. B.- ¡Zacaría, ni se te ocurra! Uno es dueño de lo que pueda defender o llevar consigo, así que aprieta nalgas y no nos rebajemos más. …… Joder, joder, joder. Quién me mandaría a mí darle lengua al fulano. Si no puede ser. Más de una vez me lo he dicho. Tú Zacaría a lo tuyo. Tú a tu tema y tu parrilla; que no se te quemen las chuletas; no te distraigas. No atiendas la voz del majara este que estás perdido. No quieras juntarte con él. Y yo, bobo, renegado de mí mismo, voy y acabo tocándole a la ventana para darle palabras de ánimo. Nunca aprenderás, Zacaría. Nunca. A la salsa de cualquier pringue te gusta arrimar la miga ¡Y así tienes la silueta! Zacaría, Zacaría, Zacaría. Zacaría ¡cómo estás! Zac. C.- La sombra que proyectas es de la mucha molicie que te acumula. Zac. B.- ¿Dices, Zacaría? Zac. A.- Yo hace rato que no abro el pico. Zac. C.- Soy yo el que clama lo evidente. Ven a este lado, asómate. Zac. B.- ¿Nos damos al tuteo sin conocernos? … ¡Vaya! O este cacho deforma o sobrado va para hablar de eclipses. En todo caso el tuteo le cojo, aunque sólo sea por volumen. Zac. C.- Por eso te digo, Zacaría, que sé de lo que hablo. Si vas a quejarte se consecuente. A ti te prende la grasa por lo poquito que te va el deporte y lo mucho que te entregas a bailar las muelas. Zac. B.- Y a ti también la hermosura te engancha por jartarte a apio ¿verdad? Si la manteca es inversión, ahí se te ve el riñón cubierto, amigo. Zac. A.- ¿Con quién hablas? Zac. B.- Se me hace que con un tipejo fugado del Callejón del Gato. Zac. C.- Yo también soy Zacaría. Zac. B.- Perdona, pero tú en concreto serás magro del árbol genealógico. Zac. C.- Y eso que no como. Vamos, que se me suele olvidar y siempre llego tarde a la mesa; o cerrada encuentro la cocina. Vida triste la mía, sí, que quimera me es yantar, y sin embargo, doy el pego de recién salido del figón. Zac. B.- ¡”Yantar y figón”! Estupendo, otro gilipollas labiosuave. 12


Vida triste, no. Triste ser. Alimentándote sólo de viento, no es raro acabar hinchado tal buñuelo. Zac. A.- ¿Tanto buche planta, Zacaría? Zac. B.- Salvo las canillas, que le hago dotado para el ballet, el resto de él insinúa lo superlativo. Zac. A.- Aléjate entonces raudo porque también sé quién es. No juntes yemas o te absorbe. Zac. B.- ¡Hostias!… Visto a la redonda no parece tan dañino. ¿Es de temer? Zac. A.- Por supuesto. No toques la luna porque te asimilará. En mis peores pesadillas siempre intenta que me diluya con él; aunque poco caso le preste. Zac. B.- … Muy feo por tu parte, Zacaría, el pretender venderme la burra del ayuno. Qué planeabas ¿Ibas al engatuso para pillarme desprevenido? Zac. C- No digas tonterías, majadero. No busques focos; la luz apenas rondará los sesenta watios; y a ratos. Zac. B.- ¡Y el hideputa sale respondón! A ver si voy a tener que cagarme en tus muertos o en parentela a mano que te quede fresca. ¡Joder con el elemento! Cómo me pone. Me saca de mis casillas, y yo, que escaso reparo he tenido siempre a enfangarme a sopapos, me veo al momento impotente escupiendo culebras y sapos contra los gordos sebosos. (al público) … Huelga que es del texto ¡Y que cualquiera se le arrima! … mmm… ¿Por dónde iba? Zac. A.- Estabas en plena diatriba contra el sobrepeso. Zac. B.- Pues eso. Si comes no conduzcas. Me ha sido castigo de años el aguantar las astracanadas del Zacaría, para empezar siquiera a pensar en amoldarme a las tuyas. ¡Esta charca es mu chica pa tres bacalaos! Y por el espacio no es, no, que de aguardar en la consulta del psiquiatra tengo leído un caso parecido al nuestro en el que 5 fulanos compartían… … Bien, vale, no sería buen ejemplo, pero sí verídico como para ser impreso y envolver los fish and chips. Zac. A.- Démosle una oportunidad. Zac. B.- ¡¿Pero no acabas de decir que no se le toque?! Si aquí, mi primo, es Gargantua de comer reflejos crudos, mejor no tener tratos.

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Zac. A.- Cuidado hay que tenerle, que he dicho, pero dando él su promesa, y evitando uno el contacto, no tiene que haber mayor peligro. Zac. B.- … Y por qué lo hace. Qué te lleva a jalarte a la gente, Zacaría. …… Si quieres no respondas, pero ten por cierto que con las mismas cierro de nuevo el espejo. ¿Por qué quieres zamparte nuestra imagen? Contesta. Zac. C.- Aunque a los ojos parezca lo mismo, palabra, no mastico. Lo mío, sí, es absorber, un beber y embeberme en los demás para llegar a ser normal. Zac. B.- ¡Date! A él se deberá el que nos hayan encorsetado. Sí. Sin duda. Qué trastada has hecho ¿Tienes enano inquieto que no te asienta en el estómago? Si quieres ser corriente y moliente no te hace falta comerte a nadie; basta con imitarlos. Sus gestos, sus ideales, hasta copia el tono de voz, pero, por favor, de ahora en adelante, abstente de chuparle a nadie el ser. Vamos, o lo prometes o pliego sin otra el cristal. Zac. C.- Palabra te puedo dar. Pero advierto, al no ser cosa mía, sino más bien un don o castigo, al que me roce, por mucho que yo no quiera, ése se pasa a este lado y raro que se le vuelva a ver. Zac. B.- ¿Te has comido a muchos? Zac. C.- Absorber. Zac. B.- ¿Has absorbido mucho? Zac. C.- Sí. De no ser por mí esto parecería una jaula de chicharras. Zac. B.- Llevo la tira empadronado aquí, y salvo al meón del Zacaría, raro ver a nadie. Zac. C.- Eso puede deberse a que te manifiestas dualista o bipolar. Y que poco das a relacionarte. Entre el blanco y el negro hay una paleta de matices que no se reducen al gris. Zac. B.- ¿Es el negro un color? Zac. C.- No. Zac. B.- Entonces píntame otra parábola. Zac. C.- Mira, por hoy lo dejamos porque no he traído el birrete ni la brocha. Si quieres vuelve el espejo a su posición, o rómpelo, o ignórame de serte más sencillo. Had lo que gustes, pero ten siempre presente que al otro lado voy a estar, y tarde o temprano, aunque sea para quitarte una pestaña del ojo, o reventarte un grano, te acercarás lo suficiente a la luna como para que me llegue tu aliento. 14


Y entonces… ¡¡Zas!! No tendrás que preocuparte más por pelo rebelde alguno que te brote en la cara. Ya me encargo yo de rasurarme día sí, día no; hasta me arreglo los padrastros, rebano los callos y limo las uñas; y en la parte que sea menester me doy pomada a verrugas y sarpullidos. Ah, y disimular las cicatrices. Zac. B.- Yo lo que me retoco con rotulador son los tatuajes; en este brazo me hice pinchar el escudo de La Lejía, y en este otro mandé plasmar el careto de mi madre; aunque corriese en el batallón que era muy fan de Charles Bronson. ¿Tú llevas? Zac. C.- No; pero bien es cierto que al ojo no me cae todo el pellejo. Eso sí, de la piel para dentro empieza mi jurisprudencia. Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera. Soy un Estado soberano, y las lindes de mi piel me resultan mucho más sagradas que los confines políticos de cualquier país. Zac. B.- … ¿No me habías dicho que lo de comerse a la gente te era involuntario? Oído queda que de ti no hay que fiarse. (Zacaría B se acerca al espejo y deshace el biombo dejándolo recto)

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ACTO I ESCENA III (Zacaría C se busca el lado bueno hasta que cae en la cuenta que sólo poniendo en línea las tres lunas se reflejará bien) Zac. C.- … mmm… De aquí me falta y de allá me sobra… mmm… Se me salen del enmarque las lorzas y así no hay forma de cuadrar la apostura. … Quizá si… Si… lo mismo desplegándolo del todo encuadro mejor. … ¡Caramba! ¡Ya te digo! Ahora sí reflejo todo lo que soy. Por delante y por detrás. Y hasta de costado. Sí, ése soy yo. Superzacaría. Zacaría El Grande. El orondo. El famélico inefable. El sempiterno sediento. …… Muchos no entienden, no comprenden que sólo tomo de ellos lo mejor; o lo que al momento se me antoje refrescante; o caldo; o que trague de rondón, sí. Glup, glup, glup. …… Apurando toda gota. Y no es enjuague liviano de pasar. No. Bien me lloriquean al cristal algunos: “No, no lo hagas, por favor” “No me ingieras ¡No me absorbas el alma!” “¡No! ¡No! Si me dejas ir, te diré de un manantial para saciar con holgura de toda carestía”. ¡Y resultó ser cierto, sí! Tumbé morros y durante un tiempo fue lenitivo la citada fuente; hasta que sequé también aquel caudal y mal sabor me quedó con los posos del barro. Desesperado, lamí la escorrentía que aún empapaba el verdín, y al darse a despeñar entre unas rocas, pude abrir el gañote y volver a beber. Mas no mucho. Por ansioso las acababa de pasar canutas, así que me limité a seguir el reguerillo dando tragos a capricho de tan delicioso néctar. Y aquello se hizo arroyo. Muchos. Unos remontaban a picos cristalinos, otros conducían a simas. E incluso algunos, sí, apantanaban y pudrían. Y los arroyos se hicieron riachuelos. Y estos ríos. Y finalmente la mar; que a nadie sacia pues nadie puede darse a saciar en ella. Zac. D.- (¡Menuda ingeniería hidráulica encauza la perorata!). Zac. C.- ¿Eres tú, lisiado? Zac. D.- Si dices sin mirar será por estar al cuidado de la visita ¿o no? Y que conste también, en tu disertación, que diste palabra de respetar que no cumpliste; típico y tópico en ti. Zac. C.- Muy musical respondes para venir sin ruidos ¿Se te ha destartalado la mecedora? 16


Venga. Qué pasa. Qué hay de lo mío. Qué se cuece en los bajos fondos. Zac. D.- Fijo y concreto nada… “chungo”. Lo que se capta es cierta inquietud, Zacaría, por los rumores que saltan del otro lado. Zac. C.- ¿No me puedes concretar? Zac. D.- ¿No pudiste tú dejarme a mí en paz? Qué daño te hacía. ¿Acaso alguna vez te importuné, Zacaría? ¡Nunca! Ni a ti, ni a ningún Zacaría. Yo con un libro en las manos ni musito. El nirvana encuentro en la butaca. Zac. C.- Tú sólo puntualizas. Tú sólo comentas. Tú sólo… ¡Tú lo que haces es joder sin disimulos! Qué quieres ahora ¿Una hamaca? ¿Un diván? ¿Una cheslón con luz al costado? Vete a enterarte de lo que bulle y te prometo al final algo del Rimbaud. Zac. D.- ¿Tú traerme aguas del Rimbaud? Ja. No tienes agallas. No calculas la zozobra que puedan liarte un barco ebrio o un aguamanil con versos sueltos. Vamos, que no te doy crédito porque una ya me fallaste, y marrando la parte, o no respetando voluntad de difunto, no hay mundo que avance. Zac. C.- Te sé muy anhelado algo de Balzac o Baudelaire, ¿cierto? Cierto. Estarás afrancesándote, allá tú. Lo suculento de la oferta es que si me concretas la sustancia del alboroto, te dejaré elegir, además, jarra encuadernada para el anaquel. … Moupassant, Balzac o Baudelaire… o del propio La Fontain. Traquetéame por ahí, zahorí, husmea a ver qué sacas. …… No es mal tipo el Zacaría. Tampoco se puede decir que sea ejemplar, no, porque apoltronado entre plumas no mueve el dedo hasta que gastado el esqueleto del asiento, e índice en alto, viene a presentar queja, y al paso, para enterarse de lo que se han quejado hasta allí los demás. Compra y vende entre el lumpen con la soltura del deforme. Al igual que es capaz de colarse en un cuatro estrellas y dejar al debe hasta la propina del botones. Revenido, contrahecho y de lengua arisca, pero con diferencia el más capacitado para leer lo que pasa en el barrio y luego contarme. Sí, he de admitir, él me reseñó la fuente escrita. Él me dio hebra del hilo del cual uno nunca sacia. Pero engorda. Vaya si engorda el agua ¡Y la tinta que corra del papel a la boca!

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(Zacaría C se acerca al espejo y disponiéndolo en U encara a la multitud puesto en jarras) A ver de qué gaitas se entera Zacaría ¡La gente barrunta, y de aunar runrún, el asunto puede acabar siendo telúrico!

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ACTO II ESCENA I (Zacaría D se recoge en la intimidad del espejo para hablar con los suyos) Zac. D.- O mucho me equivoco o a Zacaría le ha llegado algún rumor. No sé si estará sobre pista, mas intuitivo, innegable que algo habrá venteado. ¿No os habréis ido ninguno de la lengua con lo nuestro? Zac. E.- No. Yo no. Zac. F.- No interesa, no. Zac. G.- De nosotros no ha salido. Zac. H.- Descuida, Zacaría, seguimos siendo piña; no tenemos fisuras. Zac. I.- … Eureka… ¡Que nadie se mueva! ¡¡Ya lo tengo!!… Despejo la x, me como la y, sublimo la w… Y una hoja es igual a… más o menos cuatro minutos. Zac. D.- ¿Qué formulas, Zacaría? Zac. I.- El quid de la arquitectura en papel. Zac. D.- Bien, sigue dándote a la papiroflexia en tu universo fractal. Seguid como si nada. Ya os citaré de cambiar los planes, de no, todo continúa en el aire tal estaba. (Zacaría D vuelve a disponer en U los espejos) ……. Vamos a ver Zacaría, ¿qué buscas? ¿Sabes a lo que te entregas? Se te ha dicho que indagues, que muevas tus contactos y escudriñes al personal. Eso es fácil hacer, sí, pero ¿cómo detectar anomalía cuándo el que no cojea renquea? Difícil papeleta dar con sujeto que no sea sospechoso de algo. Sí, aquél, aquél, cosa muy fea, es dado a comerse los mocos. Y no es de lo peor que pueda verse en público. Qué va. Tenemos bufón, un faquir de garganchón ancho y varios corresantos. Hay atletas de mando a distancia. Pintamonas de taberna. Maestros de aprendiz. Jornaleros del terrón y aventadores de fragua al repique. No falta profesión o maña. … Entre ellos se mueve la liebre. Alguno hizo algo que reverberó al otro lado y el orondo de Zacaría quiere saber. Pero, ¿el qué? Todos son culpables. …… Todos. A la lupa no hay uno que se salve. Ni tú, Zacaría, tenlo siempre presente. …… 19


Vamos a ver, atiéndame un momentín la parroquia porque tengo consulta que hacer. En confianza, entre vosotros y yo, y con la certeza de no llegarle ni mu a Zacaría, alguno ¿Alguno se ha manifestado como para que ahora se quiera saber de él? Zac. J, K, L, M, N.- … Yo, aunque llevo racha sin hacer, tiempo ha le di al cohecho y la prevaricación; pero no sé cuándo prescriben… Yo tengo una lista que pa qué… A mí me va lo ya sabido… Yo he maltratado a la familia estas navidades; pero sólo por estar hasta el gorro de ser el apalizado. Zac. Ñ.- Ejem, ejem… Yo, perdonad, creo hablar por todos si digo que de venir a buscar va a encontrar, y con las mismas, imagino, que todos tenemos una vida privada de la cual éste no es el foro. Zac. D.- Me parece que la cosa será por cuestión reciente. Zac. Ñ.- Puñetas Zacaría. Más coraje, campeón. Que quiere sangre, bien, pero que baje él a la arena. No le hagas el trabajo sucio. No le sigas el juego. Plántate. Zac. D.- (abriendo poco a poco el espejo hasta dejarlo nuevamente recto) Ya quisiera, ya, pero no puedo hacer otra cosa. …… Por el momento.

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ACTO II ESCENA II (Zacaría O acaba de sentarse en la silla cuando le toca al marco Zacaría D) Zac. D.- … Toc, toc, toc. Zac. O.- … mm… mm… No son horas, no… mmm… Ni desnucarse puede uno en paz. Zac. D.- … Toc, toc, toc. Zac. O.- Largo, fuera, no estamos para nadie. Vuela pichón… vuela… Zac. D.- … toc, toc, toc. Zac. O.- . Chapado. Fermé. Closed. Itxita. ¡Muq falun! ¡¡No sabrá la hora que es!! Zac. D.- Hora de visita inoportuna por lo que escucho. Soy Zacaría, lo siento. Zac. O- No hombre, no. A ti no te cojo disculpa porque bastante sé que te cuesta acercarte hasta aquí. Pasa, pasa y agarra una silla. Perdona que poco me mueva pero cada vez tengo las piernas peor. Sí, los muchos años y las galopadas. Y por eso las cuido, porque ellas antes me han sabido llevar; gratitud y ley. Qué quieres. Qué te trae, a ésta, tu casa. ¿A qué se debe el santo de la visita? Zac. D.- Lo primero por el mucho aprecio que le tengo, innegable. No obstante, de segundas subyace la inquietud latente y se pretende saber. Cansado de hojear informes me he decidido por usted, Zacaría, porque bien se sabe que no es archivo mudo. Zac. O.- Vas a tener suerte y todo, porque ayer tarde, antes de dormir, puse en orden los legajos; o me hubieses encontrado enterrado entre actas y órdenes notariales. ¿Qué buscas? Zac. D.- Lo más cojonudo es que no lo sé, pero de ver u oír, seguro que sabré. No ando a la caza de nada concreto ¡Más blanco estoy que recién puesto! Ayúdeme Zacaría con mi negrura, se lo ruego. Zac. O.- No sé qué decirte. Por lo que sugieres puede ser cosa de muy atrás y quizá algo tardase. Zac. D.- Tómese el tiempo que le haga falta. Yo entre tanto voy haciendo boca con las uñas. Zac. O.- (entornando los ojos)… mmm… mmm… No… No… No… Y eso tampoco, no. … mmm… mmm… no. Pudiera, pero no… No. 21


No, definitivamente no, no hay nada, nuevo o viejo, que sea tan escabroso como para que tú mismo no lo tengas presente. Zac. D.- … Me pareció oírle murmurar “que pudiera”. A qué se refería. Zac. O.- Nada, tonterías. La buena memoria que mal entierra. … mmm… Sí, hace mucho, mucho antes de irrumpir El Zacarías en nuestras vidas. … mm… Hace mucho, sí… mmm… Los pinos. Los helechos. El camino que se acaba. … mmm… ¡El correr campotraviesa!... mmm… Zac. D.- Bueno, Zacaría, otro día me paso con más tiempo. Descanse; ya cierro yo.

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ACTO II ESCENA III Zac. P.- (aparece silbando) Se ha pirado el alcahuete, abuelo. Puedes abrir los ojos. Zac. O.- … mmm… mmm… Creía que nunca se iba. ¡Hala al guano, señor mío! Zac. P.- ¿Qué trasteabais? Zac. O.- Venía azuzando matas para ver qué encama. Zac. P. ¿Me busca? Zac. O.- Al que se mueva. Zac. P.- Pues a ver cómo lo hacemos porque yo he quedado y no pienso faltar. Hoy toca baile. Tap, tap, tap, tiquitiqui, tiquitap. Tap, tap, tap. Tap. Hoy es día consagrado, pureta. ¿Te animas al sambódromo? Sería un punto ¡Un puntazo! Zac. O.- No profeso de jolgorios antes del desayuno. Zac. P.- Tú eres de administrarte hasta las pastillas; del gremio del puño prieto. Zac. O.- Por supuesto. Yo sí. Zacaría es el manirroto. Y por culpa suya, que tampoco te puedo negar, el palpitar este mío. Zac. P.- ¿Estás bien, viejo? Dos toques que dé, un emilio críptico, y zanjo las citas que tengo. Zac. O.- Demonio de zurriago ¡Ni se te ocurra! Vete a lo tuyo y no vuelvas sin churros. Zac. P.- Puede que algo fríos lleguen al haber quedado para desayunar también. Zac. O.- ¿Con quién? Zac. P.- ¡Con mi abuela, no te jode! ¿Le digo algo de ver? Zac. O.- Pregunta dónde ha dejado las deportivas. Zac. P.- Va a pensar el personal que por días estás más chocho. Y con la cellisca que adelanta el parte tampoco te aconsejo ser momento de salir a trotar viejas glorias. Zac. O.- Las azules, que te diga dónde metió las deportivas azules. Bien sabrá a lo que me refiero. Zac. P.- No os tengo vistas alpargatas de campo azules; otra cosa no, pero de guardarropía os controlo los armarios; vuelve el retro. Zac. O.- Tú di que entenderá.

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Zac. P.- Si son de interés, y chulas, me pongo a revolver yo mismo a condición de dar reestreno. Pinta noche de aerosoles y unas zapas guapas siempre dan pulso a la rúbrica. ¿Cómo son? Zac. O.- Azules… o rojas. No. Negras, sí. ¿Negras?… más bien blancas y con tres bandas. ¿O eran dos y una estrella? … No sé. Bueno, fijo tengo el número… mmm… Un 41 ó 42… Europeo o chinokoreano… … mmm… mmm… Zac. P.- Si me cruzo, ya diré. Sigue dormitando. (Zacaría P, con furtivas miradas, dobla un panel del espejo dejándolo en dos cuerpos)

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ACTO II ESCENA IV (Zacaría Q aparece frotándose un ojo) Zac. Q.- … Hola… Buenas… ¿Hola?... ¿Hola? ……. Pues no, no hay nadie. Nunca hay nadie cuándo se necesita. Zac. P.- Yo estoy aquí detrás atendiéndome el acné; si te valgo. Zac. Q.- (Y dándole al manubrio) Gracias pero de ti no necesito ayuda. No dejes lo que te lleves entre manos. Zac. P.- ¿Tan bien quedaste que ves a través de opacos? Zac. Q.- ¡Puff, te diré! (No veo una mierda). Zac. P.- ¿Qué gesto te estoy haciendo? Zac. Q.- Sea el que sea, con la misma herramienta ojalá te saquen una muela. (¡Nada, más ciego que topo!) Zac. P.- ¿Tiraste las gafas? Zac. Q.- Me han dicho que es cosa de horas el que me espabile el nervio y enfoque bien; ahora lo intuyo todo borroso, a mucho que me aplique consigo fijar en torno a todos los dolientes del Greco. Es desconcertante si te apuras, de no, y disfrutarlo, es mejor que montaña rusa. Zac. P.- Ah, casi se me olvida. Zacaría quiere que busques unas deportivas. Insistió mucho. Me dijo que tú sabrías del ajo. Zac. Q.- ¿Ajo o pinrel? Zac. P.- … Unas zapatillas. Unas deportivas que para él, y para ti, tengan significado. Zac. Q.- Ese hombre está bastante senil. No le hagas mucho caso. Zac. P.- Aunque hoy no se ha puesto muy pesado, para lo que es él se nota que le interesaba; y diría hasta incumbir. Zac. Q.- Y turbar, sí. Ya me huelo lo que le atribula. ¡Las putas deportivas! ¡¡Las zapatillas de las pelotas tuvieron que salir!! … Ésa era la espinita que a ratos se le escapaba; se la cazaba al vuelo y al descuido. La eterna duda, la ceja que me levantaba inquisitivo cuando la pregunta no tenía respuesta. Ni sentido requerirla. Y tampoco objeto. Zac. P.- Cuenta. Cuenta y no omitas. Zac. Q.- Ha mucho, mucho corrí. Y de muchos. Por puro placer me ha sido siempre correr, mas también fueron motivo hortelanos, alguacilillos y madres con jardín en edad de cuidar. 25


Un rayo era. ¡Fiiiuu! Muy veloz. Tan bien me vi que quise probar en campeonato de medio pelo y me inscribí en un cross popular con seudónimo. Convencido de ir a ganar no entrené, no. La vida me era gimnasio y conmigo no podía ni la sal de las escopetas. Muy campestre mi zancada. …… Sí, mas perdí. Vamos, ni llegué. Explosiva mi salida, sí, les saqué tanta distancia en la arrancada, que al cabo en la cuneta debía parar para echar el bofe y un pincho de tortilla. Hasta el tonto del lugar me adelantó. Un simplón que por divertimento, y a falta de amistades, se entretenía los domingos dando vueltas a un campo de fútbol. Hasta él. Y eso me dolió. Mucho. Me caló alma y orgullo. ¡Ya verían al año siguiente! Ja. …… Tampoco entrené entonces que se diga, no, pero redoblé el celo a los frutales del sacristán, y aunque bien es cierto que los empachos me postraban días, tuve en jaque a la cofradía del último gallo semanas enteras. …… Y llegó la fecha. La carrera se nos echó encima. A la línea. Pistoletazo y a correr. …… …… Al menos esa vez conseguí terminar. Y no el último. El lelo del pueblo, eso también, llegó a tiempo para pillar diploma. Yo, casi entro a empujones del coche escoba. …… Sí, la guerra ¡La guerra! Entrené para el siguiente; a mí manera, desde luego. Me puse un saco de cemento a la espalda y aprovechando la palestra de un andamio en un año eché callos y unas piernas de comentar. ¡Se bisbiseó mi nombre y todo en las apuestas! Mas sabiendo mi carrera otra, me fui a espiar al contrario; al retrasado, sí. Varios días le observé hasta que quise creer haber descubierto el misterio de su éxito. Las zapatillas; las deportivas; de alguna marca muy cómoda. A mí las albarcas de entretiempo me iban bien para cualquier superficie y festivo. Y compromiso. Así que le robé las suyas, y entre grandes protestas, y malas miradas de Zacaría, escondí en el alma de un nogal instantes antes de necesitarse. …… De la carrera, qué decir. 26


El lerdo traía sandalias de repuesto y me volvió a ganar. ¡Subió a lo alto del cajón! …… Zac. P.- ¿Y tú? Zac. Q.- … Oh, no quedé mal; me colgaron una meritoria plata. Sin embargo Zacaría nunca me lo ha perdonado. Zac. P.- ¡¿Tanto chocho por distraer unas zapas?! Zac. Q.- No, mi querido hedonista, no. Tanto por no usarlas yo para ganar al tonto. Y al tanto estate, porque ahora sí vas a presenciar tinglado gordo. (Plegando el espejo tal que abriendo puerta) …… ¡Zacarías venid! ¡Todos a la plaza porque invoco reunión! ¡Zacarías al conciliábulo!

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ACTO III ESCENA I Zac. Q.- (Al público) … Pasad, pasad y sentad, pues aunque no cosa de entreteneros mucho, sí es para oír sentados. Tomad sitio. … Y no, no, esto de recibir con la mano en el ojo y a guiño vivo no es por querer conchabarme de antemano, no, comprobado tengo que me es la única forma de distinguir bultos. ¡Es una jodienda!... Pero en fin. Mientras cesa el carraspeo y amolda a recinto todo culo, os voy a recordar un viajecito que hicimos a cuenta de la primera soldada como funcionarios. Y pese a no venir al caso, me da pie. Muchos lo recordaréis, espero. Yo desde luego sí. Holanda. Qué gran país. En cierta ciudad, en cierto museo de Arte que tampoco quiero evocar, vimos expuesta una obra que bajo el nombre de La Isla de Elis o algo así, invitaba a la reflexión. ¿No recordáis? La obra que digo era un tótem de modernidad. Cuatro televisores articulaban estatua alegórica acogiendo en sus tripas imágenes vetustas de seres decrépitos; viejos, niños y enfermos con un común lastre en el mirar. Allí dentro, encerrados. ¡Rechazados! En derredor del tecnolito, como a dos pasos de distancia, pues a toda isla hay que respetarle su mar, un círculo de piedras de río daba aséptico perímetro y ser a la tal Elis. … Sí, alguno la recuerda. Allí estaba la instalación. Muda. Y muda gritaba a los cuatro vientos pese a que nadie la escuchase. Nosotros sí, verdad. Aunque fuesen las notas blancas se nos erizaron los pelos. Y entramos, sí. Atendimos a la llamada y para disgusto de otros visitantes salvamos el cinturón de gorrones y empezamos a contemplar desde dentro a fuera. …… Un paisaje desolador. …… Un mal cuerpo de muerte el descubrirte observado por incrédulos y miopes. … ¡Y peor el presentir de ahí en adelante ser carne de islote! Sí, y ahora es cuándo vosotros os preguntáis qué carajo querrá el bueno de Zacaría para largarnos tamaña parrafada. ……

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Quiero el valor, la voluntad que reunimos aquel día para traspasar el umbral y convertirnos en parte de la obra. ¡Pido, ruego, exijo consenso contra el pelma del Zacaría! En todas partes está, y dónde no, alcanza con los dedos a rascarse. Basta ya. Que se acabe este reconcomernos. Éste buscarnos la pulga sin motivo. ¡Zacaría dimisión! Zac. R, S, T, U, V.- (rompiendo en aplausos) … ¡Así se dice, sí señor!... Con dos cojones, Zacaría. Absurdo pero con dos cojones… Hacía falta que alguien lo dijese, naturalmente que sí… ¡No te tenías nunca que morir!... ¡Aupa Zacaría! Zac. D.- Calma. No hay motivo para escandalera porque estamos todos en el mismo barco. Todos me conocéis. Soy Zacaría el… bueno, me conocéis. Se dice a mis espaldas, aunque a la cara también me lo hayan dicho, ¡incluso gritado entre insultos y amenazas!, que yo soy el responsable de la actual tesitura. Que al redoble de mis nudillos ha sido el romper a crepitar en alto el runrún que nos acompañaba. Mis preguntas por lo visto, sí. ¡Ja! Mas yo, requeteobvio, también soy un mandado. Un títere. Zacaría, sí. Zacaría es el responsable; que nadie se llame a engaño. Y yo os digo que la dimisión es un honor que no se merece. El cese. El cese fulminante porque somos soberanos, que él mismo airea, y ha llegado el momento de ejercer. Zac. J, K, L, M, N.- … ¡Plas, plas, plas!… Más fino y elegante esto… ¡Dónde va a parar!... Desde luego es buena arenga y puntilla… ¡Eres el más grande, Zacaría!... … ¡Vivan los tullidos!... ¡Abajo los sebáceos! Zac. P.- Dimisionario, cesado o depuesto, por el cadalso habrá de pasar. Para una vez que nos ponemos de acuerdo en algo, ¡que corra la sangre a raudales! … Vale, de acuerdo. Si os parece demasiado el colorido, cuando menos que a lazo se le haga danzar en el aire. Zac. O.- ¡Qué fijación! No entiendes, mastuerzo, que de bailar uno bailoteamos todos. Y yo no estoy por la labor. No tengo las piernas ni para zapatear al vacío. Zac. P.- ¿Ya estamos con los achaques? Me parece a mí que pobre algarada daremos si todo son pegas y remilgos. ¿Dónde se ha visto revolución que no tiña el piso aunque sea de injusticias? … No respondéis nada, claro. Más siesos salís al ojo que tortugas en invierno. 29


Si sois escrupulosos me encargaré yo de la faena. Puedo llevarme a la rata de Zacaría con cualquier excusa a un rincón, y cuándo nadie mire ni se lo espere él, ¡katacrak!, discípulo de Li Xiaolong que soy, de un cogorrotazo le meto pa dentro la nuez. Diez minutos que me dejéis a solas bastarían. Diez. … ¿Por qué me miráis así? ¿Acaso soy el único que de verdad le tiene ganas? … Ya… Ya os conozco la mirada ¡Puaj, sois un asco! ¡Ya me encargaré yo queráis o no! A ver Zacaría… Zacaría, dónde ruedas. Asoma la jeta para que podamos partírtela. Encaja si puedes la panza en el cristal porque sabemos que al otro lado estás. … ¡Zacaría comparece o voy por ti y te traigo de los pelos! Zac. C.- No me amenacéis, cagarrutas. Pulsiones más bizarras no me han sacado una arritmia. Muy bien, así que habéis reunido valor y hecho pandilla. Sí, os vengo escuchando hace rato con gran disgusto. ¿Tanta zozobra os es recapitular un poco en lo íntimo por mor a la cordura? Rápido nos rasgamos las vestiduras a nada que escueza o venga rojo en el almanaque. Fijaos si os conoceré bien, que incluso he hecho las maletas, y harto que me tenéis, abdico. Me voy de vacaciones y con vuestro pan os lo comáis. Zac. Ñ.- Bueno, bueno, bueno. Nosotros también conocemos tu cantinela. Y dos pegas tiene. Una, en esta república bananera no se abdica. Y dos, antes le damos al muchacho los diez minutos que ha pedido. ¡A él, Zacaría, el segundero corre! (Zacaría se agarra por el cuello y se da una tunda)

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ACTO III ESCENA II Zac. C.- … ¡Ay! Ay, ay, ay ¡Qué zurra más tonta!... Ay… Al enrejado de este respaldo pido amparo, y de concedérseme, a la larga pediré también armisticio y paz. ¡Jamás salió nada bueno de guerra civil! … Primero aunemos resuellos y luego paso… … Esto no es bueno para nadie… … Y menos para ti, Zacaría… … No empecemos. … Callad todos un rato y entreguémonos a respirar. Zac. B.- De mucho no te conozco, Zacaría, pero tienes un karma que linda lo anárquico. Zac. C.- ¡Oh no, no! Esto es una válvula de escape que a necesidad acciono; puntualmente me doy una mano de hostias para seguir llevándome bien conmigo mismo. Es asunto casero y coartada siempre me ha sido atizarme con un martillo o rodar las escaleras. Pero no temas; llevo casco integral del calcañal a la coronilla. Absorbo hasta los golpes. Zac. B.- Eres un tío muy raro, Zacaría. No me gustaría nada quedarme junto a ti incomunicado; tienes pinta de sobrellevar muy mal cualquier tempestad. Zac. C.- Ni yo mismo te puedo fiar palabra decente porque muy claro no tengo todavía quién me tripula los labios. A veces me sé un gran necio, otras pocas me entiendo un iluminado mistérico, o una aberración andante, y las menos, contadas ocasiones por suerte, un mero desgraciado que no sabe adónde va; desimantado de cualquier Norte. No tengo muy claro quién soy, pero sí que dónde estoy no quiero estar. Zacaría, amigo, lo siento, pero quieras o no, no me queda otra que absorberte. Zac. B.- ¡Saca la lengua del cristal y grito que yo soy el asesino! Sin sonrojarme firmo haber disparado a Kennedy o envenenado a Viriato y su perro. No me quieras meter miedo porque te saco en titulares. Zac. C.- Resistirte no va a servir de nada. Ley Universal es la Gravitación y por fuerza habrás de venir a mí. ¡A nos! Zac. B.- ¿Y si te hago llegar antes, mismamente, una silla? ¡Vaffanculo tutti! Zac. C.- Zacaría, sabemos que Zacaría te ha tratado muy mal. Previsible que te muestres reticente a aceptar nuestra propuesta, mas, honestos, te decimos en alto lo que tú mismo te habías dicho entre muelas. Sí, Zacaría delira. 31


No puedes hacer nada, está perdido y siempre lo estará hasta que se avenga a cruzar la linde del espejo. Pero tú no eres él, Zacaría. Tú tienes oportunidad ahora mismo para cruzar a este lado. Zac. B.- ¡No! No, no, no… No. Desde que rompí con la cabra de la legión no he marcado paso. No me quieras hincar el diente porque soy todo nervio. … Un grumo bien espeso de libar. Zac. C.- Te reiteramos que no querríamos, y prueba es que hasta la fecha no tuviste noticia nuestra; libre campaste a tu albedrío. Te hemos seguido la pista, sí, pero recurriendo a charcos y pozas para darte reflejo somero. Todo remansillo de agua, cualquier superficie bruñida, nos ha sido ventana para hablarte al oído. No nos niegues ahora. Zac. B.- Algo he sospechado, eh. Nunca las he tenido todas conmigo para considerarme fiel el reflejo. Huidiza la duda; escamado de lo inverso. Zac. C.- Por eso te prometemos, y juramos, que aún a disgusto propio, habrás de venir a nosotros. Ven… ven… no te resistas porque no te va a doler. Ven… acércate… más… más cerca… Toca la luna. Rózanos. Zac. B.- Hacer, hacer, voy a hacer; porque noto la llamada irresistible. Mas antes quiero que sepas, que tal imperio, reventarás desde las tripas. Te voy a poner en solfa de guerra a toda chusma con la que haya compartido patio. Es la última que haces, Zacaría. Has ido a topar con excaballero paracaidista de la brigada Huidobro. Vas a saber en carnes propias los estragos de un curtido tras las líneas enemigas.

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ACTO III ESCENA III (Zacaría A entra sigiloso y descubre derrotado a Zacaría B) Zac. A.- … psss… psss… ¡Zacaría!... psss… Oye… psss… escucha. Atento el ojo que trota suelto Zacaría. No dan reflejo ni los escaparates, apura a esconderte. … Oye… psss… ¿Me has oído? … ¿Te ocurre algo? Zacaría, ¿te encuentras bien? Zac. B.- No, mal, muy mal. No me pongas en guardia contra Zacaría, con todo lo gordo me acaba de arrollar. Ha sido él. … Sí, he sido yo. Se me ha plantado delante y no he podido resistirme a su voz. Esta voz mía, sí. Zac. A.- ¿Ahora eres él? Zac. B.- Parte. A este lado no veas la que tienen montada para definirse siquiera Estado. Mucho mejor antes, sí. Cuando libre y señor me soñaba y a disposición de otros, sin embargo, ponía mi ser. ¡Un poquito puta he sido! Desde luego. … Sí, húyeme, vete, sigue corriendo la alarma entre aquellos que te escuchen. Para mí no hay marcha atrás, pero tú no te dejes prender; ahora te animo, mas no te aventuro lo que te diré dentro de un rato porque me siento secar la lengua. … Glup. … Desde luego no nos hagas mucho caso, no, Zacaría, a todos nos hace malas pasadas la boca. Zac. A.- ¡Zacaría, otro más! Eres insaciable. Alma que te tontea, mojama que dejas. ¡¿No vas a respetar a nadie?! Algún día alguien te pedirá también cuentas a ti. Zac. B.- A ti te pedimos con frecuencia y nunca das reporte de tu muelle flojo. Vas por libre. ¡Contigo sí vamos a tener que hacer algo! Zac. A.- (al público y al espejo) … ¿Me lo dices a mí?... Cómo… ¡A mí!... ¿Me lo dices a mí? …… (¡Nunca antes hubo tanta gente al tiempo en esta secuencia!) 33


Zac. B.- A esto es a lo que nos referimos, Zacaría. No se puede llevar toda la vida el paso cambiado. Necesitas, necesitamos, ayuda. Un buen doctor que te meta en vereda y nos dé potestad a nosotros sobre los demás Zacaría que puedan trotar sueltos. Aquí tú eres el interlocutor habitual por serte el entorno afín, pero se ha decidido llamar a un especialista y así acortar trámites para salir. Vamos a ponernos a la dieta de colores que nos digan. Zac. A.- Ja, ja, ja. ¡No os van a creer, majaderos! ¿Quién de la noche al día queda cuerdo? Nadie. Y ese posible nadie, menos todavía pues ya sabotearía yo toda reunión o consulta con carcajadas e insultos. ¡¿Aún no entendéis, infelices, que estáis en mi terreno?! De ser mi voluntad nunca saldremos de aquí. ¡¡¡Soy el dios de este puto Universo!!! …… ¡Un médico iban a pedir! ¡Un doctor! ¡¡Un psiquiatra!! ¡Ay, que me orino la ocurrencia! ……. Llamar yo a un especialista cuando ellos pagan por estudiarme a mí. ¡Un hurgasesos! …… Lo que voy a exigir es picapleitos. Un buen bufete de los de cuatro apellidos paneuropeos puestos en hila. ¡¡Aquí van a rodar cabezas!! (poniéndose de nuevo la camisa de fuerza) …… …… Un colmillo. Una bolsa. Dos colmillos. Dos bolsas. Tres colmillos. Tres bolsas. Cuatro colmillos… Una bolsa. …… …… Zac. Z.- (tumbándose en una esquina) Cuerdo aquel que supo entender en el mundo un Gran Teatro. Nosotros, humildes, insinuamos que en el individuo hallamos el Ínfimo Escenario. Y platea en todo ojo. …Y sí, desde luego, entre ustedes y nos, no media ningún espejo. 34


FIN

35


a.j.aberats@hotmail.es

industriaselraton@hotmail.com

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L´Carrussel

A. J. ABERATS

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Industrias El Rat贸n

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DRAMATIS ACTORAE

- Helena

Vestuario, Atrezzo y Decorados - Albornoz y pantuflas. - Cajas y paja de embalaje. - Una silla de madera. - Un teléfono móvil. - Una botella de agua (tintada de amarillo). - Un bote, con tapa, de naftalina muy olorosa (no saldrá a escena). - Un mechero Zippo. - Un paquete de tabaco. - Musica: La Lacrimosa de Mozart. Sinfonía nº 7. 4´40´´ - Efectos sonoros (teléfono móvil y sirenas)

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ACTO I

(5 minutos en Negro. Durante ese tiempo suena 2 veces, brevemente, un teléfono entre bastidores. Al cumplir el 5 minuto de oscuridad vuelve a sonar el teléfono, aunque ahora, le sigue una exclamación de contrariedad: “¡No me jodas!”. Tras unos segundos, Helena sale a escena en albornoz llevando el teléfono en la mano).

…… …… …… (Al técnico) Pepe, dame luz, por favor. Enciende. Ilumina la sala. …… ……

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(al público) Estimado público, como ya habrán imaginado, algo no va bien. No. Muy a nuestro pesar, ¡Y no se pueden hacer idea de cuánto!, tengo que comunicarles que se suspende la función del día. O sea, hoy. Lamento informarles con tan poco tiempo y a la guisa vestida… pero… Es lo que tiene el teatro. ¡Qué decir! …… (al teléfono) Me miran y no comprenden. …… … Alguno puede. No. No creo. …… …… Con albornoz y en zapatillas… ��Mira, 7 veces me he cambiado ya! Decidme el papel y me vestiré para él. …… ……

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…… (al público) ¡Yo no puedo más! No sé lo que esperan de mí. Más, no puedo hacer. …… Bastante trago me es decirles a ustedes que suspendemos, para añadir… que tampoco se les devolverá ahora mismo el dinero. Se les devolverá, eso sí, pero ahora no. Tendrán que poner la reclamación en taquilla para que pague el seguro… ¡La cosa está muy mal! …… …… …… (al teléfono) … No mueven ni una ceja. …… …… No, no, palabra. Ni los míos entienden lo que pasa. …… … 5 minutos, a lo sumo. ……

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Vale. (al técnico) Pepe, bájame un poco esto, por favor. (al público -mediante señas-) Un segundo, por favor. (al teléfono) Cinco minutos tenéis. Cinco. Mientras, pongo esto en marcha. …… …… … Vale, vale… Lo que tú digas. (al público) …… …… …… Antes de intentar salvar los trastos, querido y comprensible público, una apreciación creo les debo, por respeto a Berlanga, y por tener entre butacas parentela, crítica y empresa. …… …… Pese a la indumentaria liviana con la que aquí me ven, no esperen encontrar en la obra más entraña que la del alma del rapsoda si lo hubiera.

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Lo mío tómenlo por circunstancial al día y atiendan la Historia. …… …… …… (al teléfono) … ¿Te parece bien así? …… Yo haré lo que pueda. (al público) …… …… …… Aunque no me crean, la pieza abría con borrasca de todastodas. Un cielo plomizo, azul de rayo roto. La lluvia fina en la calle. Aire de fiesta al fondo. Dos hombres embozados y… ……

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(al público y al teléfono) …… ¡¡Y los corchetes, de por medio, dan con ellos en el calabozo!! (Helena corta la conexión del teléfono) …… … ¿Por dónde iba? Ah, sí, la entrada en la cantina. (al técnico) ¡Pepe, aire de tugurio! ……… (al público) Tiene sito la escena al quicio del plano, dónde el agua es frontera. Una tasca convertida en puerto. Allí anclan y recodan los personajes de est… a historia. …… …… (al técnico) Por favor, dame luz. (al público) …… …… …… Perdonen, perdónenme ustedes. Yo no soy actriz. Ni lo soy, ni lo he querido ser nunca.

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… Bueno, nunca no. Alguna vez soñé, sí. En fin, lo que soy es… Añadido… Anexo a la compañía. Parte interesada en la obra. Lo mío son las cuentas, y, quizá ¡”Cariño”!, hacer algún papelillo si se precisa. “Nada serio” dijo el canalla, “no te azores, no temas que se te vaya, pues lo tuyo serán rellenos sin frase”. …… Hacer de embozado, de parroquiana del lugar. De guardia 1 ó 2. ¡De camarera! …… Pero no inventarme una narradora que en el libreto no sale. No. Eso, lo reconozco harto difícil. …… Lo que mejor se me dio hasta la fecha fue… ser tramoyista. Y lo he hecho bien, eh. Conmigo han cuadrado siempre los decorados y no se han notado los hilos de la maquinaria.

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Y de las luces, Pepe les podría decir lo que ha sufrido, y sufre, conmigo. (al técnico –mediante señas-) Un beso. (al público) …… …… Ya les digo, hasta el papel de señora de la limpieza representé, quedándome tras la función, para barrer los jarrones rotos y sacar el ketchup de la tarima; antes que reseque o sólo sale a uña. …… ¡¡Ahora, se me da la oportunidad de hacer real el sueño de una chiquilla!! …… Se me urge a inventar personaje que les abra los ojos a la Francia Ilustrada, la prerrevolucionaria del siglo XVIII. Embajadas y bajeles. Escarapelas frigias. ¡Hasta un carro arrima al muelle! Es de noche… (Pepe). ……

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Es de noche, decía, y dos embozados reúnen en una esquina; son sirvientes de un ama perversa que les inquiere; gastan al día las suelas siguiendo los intereses nocturnos de la señora. Al ratito de empezar sus cuchicheos, se abre una puerta y sale un tercero. Un galán alto, guapo, ¡bien parecido hasta en teatro!, cruza la calle con una antorcha en la mano… (suena el teléfono) (inciso de Helena) … Por eso llevo yo este mechero, para ser útil en las sombras y encender ahí atrás la tea. (al teléfono) ¿Ya estáis llegando? ¿Ya estáis aquí? …… …… ¡¿Me lo dices en serio?! …… …… (al público) Disculpen… Lo siento. (al técnico) Por favor, Pepe, atenúa un tanto y cierra con La Lacrimosa. (al teléfono) A ver, cuéntamelo todo otra vez. ……

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(Durante la pieza -4´40”-, Helena habla entrecortada y sus balbuceos cubren el tránsito: seriedad, sorpresa, estupor, extrañeza, indignación… mal rollo)

…… (al técnico) Ilumina, Pepe.

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ACTO II

…… (al público) Ahora sí que sí. Ésta es la buena. …… …… No hay función. Suspendemos. …… Señoras y caballeros… Estimado público, esto se ha ido a tomar por culo. Vayan desalojando y pongan la queja a la salida.

(Helena se sienta arreguñada en el suelo) …… ……

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…… ¡Qué bochorno! …… …… …… ¡Qué ruina! …… …… …… ¡Qué hijos de la gran puta!

(durante 2 minutos está abstraída. Luego se levanta y saca un cigarro)

(al público) …… Mal empezó la mañana. No eran las diez en punto, cuándo me ha llamado la chiquita de la oficina, toda azorada, para decirme que un camión de mudanzas, acompañado con papel del juzgado y dos policías municipales, se llevaba los decorados y los muebles.

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Los unos por no estar pagados al pintor, y los otros, porque mi hermana ¡La asquerosa de mi hermana mayor!, es la esposa del transportista-pintor, y ha trincado al paso la ebanistería buena que me dejó mi padre, y que a ella, mediando suegro abogado, dice faltarle de su parte de la herencia. Piezas ellas, se harán idea, que tenía yo por aquí cedidas para que hiciesen atrezzo. …… ¡¡Eso a las diez!! …… …… …… A las once, desde el hospital, me comunicaban que dos actores tenían la legionela que tanto abunda. Y para mediodía, la pareja protagonista no comparecía a un almuerzo con la prensa; que me costó cerrar con últimos favores. …… ……

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Es para no creérselo. …… …… …… Y para colmo, hace un rato, han debido detener en un bar, de aquí atrás, al resto de la compañía, por robar embutidos en un supermercado; y que yo sepa, necesidades no tenían. …… …… He empeñado hasta las cejas en la producción esta… y me voy a quedar pelona. …… Es imposible… no es real… …… ... No me puede estar pasando esto a mí. ……… (Enciende el cigarro) …… …… Fumen, fumen si quieren porque ya da todo igual.

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¿O no? …… … Bueno, no, no da todo igual. La multa tampoco es chica si te cogen fumando en un espacio público. ¡Calentito está el asunto! Ni en el teatro, ni en la tele, se puede; pretenden que usemos cigarros de pega. Pero… si en nuestra obra hubiese salido alguien fumando por necesidad de libreto, palabra, yo, productora, le hubiese facilitado tabaco bueno. ¡Y hasta mezclado! …… …… …… Fumen, fumen si no temen a la realidad… Y si tampoco les asusta Pepe, claro. O salgan a echarse el cigarro. …… ……

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Hagan lo que quieran… pero déjenme en paz. Este cigarro es lo más real del día. …… …… (suena el teléfono) (al público) ¡Hombre, ya era hora! …… (al teléfono) ¿Dónde estáis? ¿Qué ha pasado? ¿Está ella contigo? …… …… Sí… sí… sí… …… ¡Cómo! …… …… … ¡Cómo! …… No. No me puedes hacer eso. Eso no me lo puedes hacer a mí. ¡A mí!

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He metido todo ¡Hasta mi piso! …… No me puedes hacer esto, tú, a mí. ¡Tú! …… ¡¡A mí!! …… …… No puedes, canalla. No puedes, so cabrón. …… Tío mierda. …… …… Mal rayo te parta por dentro. Maldita la sombra que hagas. …… …… Ojalá cojas cualquier asco sin cara. ¡¡Ojalá!! ……

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Ahí te rompan tol alma. …… …… Muérete, muérete y Dios quiera que te llueva a diario. ¡Que se te deshagan los huesos! …… …… Te mato, bastardo, te mato. …… …… Cómo te atreves a abandonarme. A dejarme tirada en el suelo cómo a una colilla. …… …… ¿No te he significado nada? ¿Todo han sido mentiras, teatro? …… …… Eres buen actor, mamón. Eres buen actor. Demasiado.

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(tras colgar el teléfono) … Y triunfarás. …… …… (al público) Y triunfará el cerdo. Triunfará. Seguirá triunfando. …… …… Yo le conocí cuándo estaba en la facultad. Yo, ¡eh!, él no. Empresariales. Cuarto. Notas de empapelar, ¡la prima chica de Perelman hubiese podido ser!… salvo por una troncal que arrastré desde segundo; una bruja que me la tuvo jurada. Precisamente el día que me presentaron a este sinvergüenza del teléfono, bueno, la noche del domingo siguiente, tras la función, me llevó, ¡me incitó!, a pegar fuego al coche de la profesora esta que digo… Coitada la cacho zorr… Coitada. …… ¡¡Cómo reíamos!! ……

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¡Cómo lloraba ella! …… Qué guapo estaba el condenado, guapo, al otro lado de las llamas. …… Y malo. …… ¡Qué bien bailaba! …… ¡Vaya si hace bien el papel! ¡Vaya si lo hace, el maricón! …… Toda la vida el mismo. Eso es lo que sabe hacer… … Para lo que ha nacido. Todas las noches lo ha repetido para mí y para el público. …… ¡Cuarenta años haciendo el mismo personaje! Entra, antorcha en mano, para alumbrar la tragicomedia. …… Y ni eso han dejado.

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(fuga de escena unos segundos; se abre el bote de alcanfor oloroso) …… lo único que queda, y porque traje yo, es el botecito del queroseno de las antorchas. …… ¡Ummmmmm! ¡Cómo huele! …… Aunque mucho, marea. (A sí misma) ……. Ves, Jelen, con el bote sí te hubieses pillado los dedos. Si fuese necesario en escena, ni por ambientar al público más exigente, lo sacaría lleno de gasolina. No dejaría en manos de un tonto azar, y con perdón, ni de los freaks que venís al teatro, una frasca de queroseno ¡Ya dependiese de ello la valía del invento! Jamás. Ni ciega eter. …-olisqueando-… Ummmm ……

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Es… dulce y metálico. Penetrante. Y punto seco. …… Esto no podría entrar en escena de ningún modo. No. Ya saliese en la escaleta, o por puño y letra de William Shakespeare. …… …… … Ubu… Tío Vania... Woyceck… ¡Der Rattenfänger!… Segismundo… Armelina… Anfitrión. …… … ¡Cuán buen género he vendido! …… ¡¡Casi lo tenía!! De un día a otro nos caería un Max o el Mirlo Blanco. … ¡Ayyyyy! Pero el Mirlo fui yo. …… Y me lo llamaba.

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Me lo llamó. Hasta me hizo un poema en el Cabo de Gata: “Tu piel papel de tacto frío, blanco impoluto escrito con pecas, postales escuetas de amor al Sol”. …… Ahora no me dice nada, pero entonces me fue la Luna del Desierto. La carota redonda. Me lo fue todo ¡Todo! ……. Y ahora se me va con la otra puerca, con la que nunca ha dejado de estar tampoco del todo. Todo. Todo… ¡Vaya cuatro malas putas letras! Todo lo he perdido. Todo. … Todo, no.

(se salpica sin querer el albornoz con el chorrito del bote)

¡Ummmmmm!

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… olía estando cerrado y todo. … ¡Coño “Todo”! …… ¡Coño! ¡Coño, coño, coño! ¡Mil veces coño antes que un nuevo “todo”! …… …… Que “¡Todo!” esté bien. Que “¡Todo!” esté a en punto y a criterio del director. Que no falte detalle que necesite la pieza. …… ¡Y qué cojones director! Qué coño es eso de “dirección cooperativa”. …… Yo les enseñé los números que esconde Hammlet. La ecuación subyacente. El dibujo de la función. Hice posible que un elenco de mediocres… llevase su mediocritud a otra parte; por medio mundo; su tangente. … ¡Parte tuve, desde luego! … Lo hice posible todo… o casi.

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(a grandes chorros empieza a rociarse Helena hasta que rompe a llorar)

(al pĂşblico) Ya os estĂĄis pirando de una jodida vez porque hoy lĂ­o la de Zoroastro.

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ACTO III

(del dolor de entraña, Helena pasa a hipar, hasta desembocar en lacónica mirada. Después, al tiempo que busca en el móvil un número, rocía con “gasolina” los posibles accesos al escenario)

(al técnico) Pepe, tú mejor que nadie sabes que el pescado está vendido. ¿Puedes hacerme un último favor? … ¿Me repites la copla antes de irte?… Sí, en el fondo es lo único que me gustaba de esta producción; lo demás es puro pajizo.

(mientras suena de nuevo La Lacrimosa -4´40´´-, casi al final de la pieza, Helena ejecuta la llamada al tiempo que insta por gestos al público para que abandone la sala)

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…… (al teléfono) …… … Mamá, soy yo. …… Bien, muy bien. ¿Y tú? …… …… Me alegro. …… …… No, por nada en especial. Hace tiempo que no hablo contigo, y aprovecho que ahora… …… … ¿Cómo dices? … No, no estoy en un entierro, no me llames a malos farios porque ya sabes lo beatos que somos. …… No mama. Ni en boda, bautizo o comunión; la BBC hace mucho tiempo la dejé. Tiempo ha que juego con otras siglas.

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…… … Es cuestión del texto, mamá. …… Tocaba. …… ¡Y yo qué sé! …… No, no. … No seas cansina, mamá. …… …Vale, vale. Suena la sinfonía mientras una señora escalda pollos a lágrima viva; pero se lo ha merecido, estate tranquila. Ella también es un bicho de cuidado. …… Sí, es muy bonita; pelín lacrimosa quizá. …… …… No, no me pasa nada. De verdad. ……

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… ¿Cómo que me oyes poco rebelde? …… …… Nooo, mamaaa, eres muy pesada. No me pasa nada. …… Si yo te digo que no, es que no. …… …… ¡Que no, coñe! …… …… Sí, esta mañana… No se lo reprocho, mamá. …… …… Lagarta es, porque lo es, pero si es la “mejorá” que se la quede. …… Que se la pula con salud ¡Y con los monstruos!... Sí, marido, hijo y suegros.

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…… …… …… Sí, mamá sí. …… Con todo el cariño del mundo, porque me lo dices tú, pero que se lo metan por donde les quepa y sin vaselina; que gasten en trementina. …… …… Ves… Ves cómo estoy bien. Yo nunca te miento. … Bueno, lo justito. …… … Oh, eso era cosa del técnico; es su trabajo. …… No, no se puede repetir; nunca se baña una persona en la misma canción dos veces. Y menos en teatro. Jamás se pone dos veces la misma pieza. …… ……

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Sí, podemos representar cualquier cosa, lo que queramos, ¡imaginemos!, pero hay unas normas que en teoría ¡Teoría! no se deben cruzar. Y poner la misma canción varias veces acaba siendo una de ellas. Ya tengo por hoy bastante oído el paseillo. …… … mira, mejor te llamo otro día porque parece que me hacen señas para atender un asunto que corre prisa. Ya te vuelvo a llamar otro día con más calma, sí. …… …… No tengas miedo por mí, mamá, estoy dónde quería estar. O estuve. …… … Sí, te haré llegar una copia de la “banda sonora” para que la escuches bien; ahora mismo me pongo a ello. …… Un beso, mamá. Te quiero. ……

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(Helena mira fijamente al público durante 2 minutos, después vuelve a utilizar el móvil) (al móvil) … ¿Dónde estáis?… ¿Y vais a pasar la noche allí?… …… ¿A quién tenéis que esperar? …… …… ¿Y por qué? …… …… ¡Jodó!… ¿Y lo es? …… …… … Hombre, razón hay para pensar mal porque tú también sabes de su mirada; es llegar mayo y le flojean las canillas al perturbado. No hace falta que te concrete momentos. ……

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No. Maltratadores, violadores y pederastas lo peor. Lo tienen fatal. …… No, no. Los drogotas, o politoxic, ya no estamos en el top ten; somos pobres desgraciados. Enfermos. …… No. …… …… No. …… …… …… Me suda el chichi. …… …… … Vosotros también me habéis fallado a mí; y recuerda que no es la primera, ni la segunda, ni la tercera… Y no me hagas mentar la cuarta, porque por vuestra culpa me quedé sin

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trabajar con Juan Mayorga; y era el único capricho que sabíais tenía. …… …… … No, no voy a mover un dedo. No me vais a sacar un suspiro. …… …… No habrá más dirhams pa los “paisas-paisas”. Ya podéis liar el mondongo peregrino que se os ocurra, que yo, te lo juro por los suspiros del Gólgota, no pienso mover un dedo aunque estéis con la soga al cuello. De ésta salís vosotros. …… …… ¿Qué no me entiendes? Anda, pásale a otro más competente el teléfono. …… … A tu madre le deseo yo lo mismo. ……

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…… …… … Oye… oye… te oigo muy mal… …… Ah, eres tú. …… …… Sí, al día me ha puesto el oligofrénico. …… … ¿Por aquí?… bien, cómo siempre, imagina… …… ¡Un exitazo va a resultar! …… …… …… … Algo se ha notado vuestra ausencia, pero os han suplido bien los chicos de mantenimiento; no ha variado mucho la obra. …… ……

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Sí,

hemos

doblado

algunos

personajes,

pero,

sorprendentemente, está quedando bastante decente. …… …… Bueno, ya queda poco y en nada tengo que abrir la trampilla del cadalso; y tampoco sé el saldo que me queda. Dime ¿Necesitáis algo? …… …… …… ¿Abogado? ¿Sí? Pues ya sabes… Agarrad lo que encontréis. …… …… …… Esta mierda os la coméis solitos; y sin cucharilla. … Además, que sois mu malos. …… ¡Ya basta de morderse la lengua! ……

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…… … Sois mu mantas, perdona que lo confiese en tal momento, pero sois un cagarro de compañía. …… Hemos sido, sí. …… …… Perros-flauta, jugando a ser profesionales. …… ¡¿Para cuándo menos teatro en la vida y más vida en el teatro?! …… Nunca me habéis hecho caso ¡Si no sabíais ni llevar una bandeja! Para qué explicarte… …… …… Vamos, a ver si por fin te enteras que: Meyerhold y Piscator, no son nombres de pila de los Hermanos Marx. Cretino. ……

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… Es que es verdad lo que te digo. No tiene otra gracia el chiste. …… ¿No me estás escuchando? …… No sois buena gente tampoco, y allá cada cual con sus miserias. ¡Se acabó la barra libre de lomo!… al menos de esta corata. …… …… No, no hace falta que vengáis más. Y vuestro finiquito… Bueno, sí, mejor que paséis a recogerlo alguno; aún queda un ratito para que echemos telón. …… …… …… Sí, si queréis venid a cogerlo ahora mismo. Lo tengo calentito, lo tendré, porque ya he cerrado cuenta con los caseros y salimos bien. (cortando la conexión al oírse una sirena fuera)

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… Bien jodidos. (Helena deambula, baila y tararea, compases sueltos de La Lacrimosa) (al público -mientras salpica con “gasolina” la sala-) ¿No se van a ir nunca? …… …… …… ¿No entienden de qué va la Historia? Al menos, por respeto al autor de L´Carrusell, tendrían que irse. …… Sí, otro de nuestros gloriosos expatriados, y al igual que en la obra, no acabó sus días de forma memorable. Tuvo un final mezquino, que supongo, alguien necesitó saber. …… …… …… (rememorando) … En su lápida de Biarritz reza: “Castilla, mar de fondo,

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violento hasta tu polvo. Hijos de granito, arenisca, yeso que desmiga si no fragua con vino. Agua sólo en los ojos. Castilla la de los Lobos, la del buitre orillando, el tapial demandando viga, el girasol humillado. Castilla grana terrones secos. Infinita a la redonda, manchada con verdes pinos ¿Qué escondes, Castilla? … ¿Qué ocultas para volverme loco?” …… (suena el teléfono y Helena lo mira con incredulidad; pero no lo coge. Al instante vuelve a sonar y tampoco lo coge. Hasta que suena por tercera vez y entonces sí lo coge)

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(al teléfono) No lo iba a coger. …… … Sí, es verdad que siempre lo acabo trincando a la tercera; me es cabalístico, ya lo sabes. Bueno ¿Qué quieres ahora? …… ¿No te basta con desangrarme y comer la entraña fresca? … Encima quieres regodeo. …… Te has llevado lo mejor de mí. …… … La confianza, sí; la que tenía en los demás. No te creas tan grande para dejarme en la duda. (jugueteando con el mechero) …… … No me expliques, no te esfuerces… …… No enhebres razones con la boca llena porque no te hace percha y apenas se te entiende. Déjalo estar.

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Ahora, eso sí, escúchame un instante, por favor. Lo primero, sobreactúas… Y lo segundo… emmmm… El pelo, el talle que ya no luces. La voz que te parpadea. Lo mezquino que te has vuelto. Ya no eres el muchacho de la antorcha. No coges elegante la arruga. No me desgastas. No rindes. ¡Te has conformado con una! …… …… …… … No, nunca más. …… …… … Parecido, se diría ataráxica. Y no. Es algo distinto, sí. …… Más o menos.

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…… No lo entenderías, cariño. No pillarías la onda ni aunque nacieses ocho veces seguidas. …… … Sí… sí… exacto, exacto… sí… …… No, no, y me reiría si tuviese ganas, pero no. No. No te voy a plasmar en papel la fórmula del éxito nunca más. Eso se acabó, te lo aseguro. …… A alguien diré, sí, pero será en un Infierno particular en el cual no faltarán testigos. (se escucha la voz farfullosa del teléfono)… …… …… (al público –encendiendo el mechero-) …… …… ¡Nunca hagan esto en teatro!

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¡¡No quieran repetir lo que hayan visto aquí!! (saturación de luz, fundido en negro y telón)

FIN

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DESDE LA OSCURIDAD

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Primer Acto

(Se enciende la luz y la escena está vacía) …… …… (Se va la luz) …… Elisa)-… ¡Mecagüen! …… La madre que me parió. …… ¡¿Es que no hay dinero para una puta bombilla?! Mariana)- … Por haber, habrá. Aunque me da a mí, que lo que aquí no fula, es el técnico. Lleva desde esta mañana dando chispazos y no acierta con la avería. E)- … ¿Trabaja usted aquí? M)- No. Yo vengo por mis cosas. E)- Ah. M)- … Y usted ¿trabaja aquí? E)- … ¿Qué cree usted? M)- No lo sé; o no preguntaría. Yo soy muy de Santo Tomás, y en la coyuntura, y con lo que llevo presenciado desde ayer, no sabría qué decir. E)- … ¿Desde ayer lleva aquí? (viene brevemente, y con poca intensidad, la luz) E)- … Hola. (se vuelve a ir la luz) M)- Adiós. E)- … Fue bonito mientras duró. M)- … Cosas he visto más rápidas ¡y con menos luz y gracia! Je je E)- Para llevar aquí desde ayer, no le oigo mal timbre. M)- ¡Uy, ayer! Ojalá hubiese venido ayer y no… (vuelve la luz) E)- Rehola. (se va la luz) M)- Releches. … Es el chispas que no acierta. E)- Y cómo pueden tener esto abierto ¿Dando servicio? 87


… ¿No se les cae la cara de vergüenza? … ¡Hay que joderse! …… ¡Qué pena no fumar! ¡Y que digan que era malo! … ¿Usted fuma? ¿Tiene un mechero? M)- No fumo, y aunque mechero tengo, fula menos que el técnico. (viene la luz) …… …… …… …… (se va la luz) E)- ¡Que le despidan ya! M)- (chisporroteando el mechero) … No fulan, no. Lo encontré tirado junto a la silla. Era lo único que había en esta sala cuando llegué. E)- Esto tenía que estar cerrado. M)- Mucho movimiento no se puede decir que haya, pero esto no cierra. Esto, y las Urgencias, perennes. (viene la luz) …… …… …… E)- (mediante señas) … Hola. (se va la luz) E)- ¡¡¡No me lo puedo creer!!! M)- ¡Uy!... Usted todavía no ha visto nada. E)- Menos que ahora no creo que vea nunca. M)- (chisporroteando el mechero) Tampoco es así siempre, ¿eh? Ratos largos también caen de luz. (vuelve la luz) …… …… …… …… E)- … ¿Nos dejamos de saludos y pasamos al tuteo? … ¿O tiene poderes y debería conservar el “usted”? M)- Me llamo Mariana. E)- Yo soy El… isa. 88


Elisa, sí. Encantada. (parpadea durante unos segundos la luz y queda encendida) …… …… …… …… E)- (mirando fijamente la bombilla) Parecemos reos de cadalso pendientes del indulto. M)- Tal que las polillas de mi pueblo. …… …… E)- Yo, esto, si no fuese por lo que es, y la prisa que tengo, se iban a… … Esto… Esto no se puede aguantar… permitir… ¡Tolerar! …… Esto pasa en mi empresa y me follo media plantilla. (se va la luz) E)- ¡Qué digo media plantilla! Me crujo al director general y al consejo de administración. Estas gilipolleces no las consentiría. M)- … Consentirías, sí. No te quedaría otra. (vuelve la luz) …… …… …… (se va la luz) E)- ¿Cómo era lo que dices? … ffff… fundir… ¡Frustrar!... … Fular. Fular, sí… ¿no? Fula, sí. Fula. ¡Me cagüen la fula de los cojones! M)- Vaya lengüecita. E)- … Me voy. …… Esto no me puede. Esto no va a poder conmigo. Ya encontraré por ahí alguien que me pueda firmar el papel. … ¿Por dónde se sale? M)- Lo más fácil, por dónde entraste. (vuelve la luz) 89


E)- (mirando a los lados) ¿Por allí o por allá? M)- … ¿Y yo qué sé por dónde has entrado? E)- … ¿Usted por dónde entró? M)- … ¡Al tiempo, habichuelas! … ¿Y hemos vuelto al usted? E)- Perdona, Mariana. Quiero irme. … ¿Izquierda o derecha? M)- … No lo sé… E)- Pues juega, elige. M)- No, no. Por favor. No quiero tener nada que ver en la elección que hagas. Bastante me cuesta a mí elegirme las bragas, como para apañar a nadie… No, no, Elisa. Si estás aquí, no será por tontería. (se va la luz)

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Segundo Acto

(Sin luz. En la oscuridad suena un ruido, cómo si se intentase conectar la megafonía pero sin éxito) E)- ¿Qué ha sido eso? M)- Bueno, pues que la cosa no va mal; ese chirriar suele anteceder a un periodo de luz más largo. (vuelve la luz) M)- ¡Ves! Así viene siendo desde la semana pasada. E)- ¡La semana pasada! ¡¿Cuánto tiempo llevas aquí?!… ¡¡¡Llevamos!!! M)- Supongo que varias vidas. E)- Yo no podría quedarme tanto tiempo. M)- Con certeza no lo puedo asegurar, pero debió ser al poco de matárseme el marido cuando me trajeron; me tenían drogada todo el día, para que no diese lástima por las continuas lágrimas que me corrían las mejillas provocándome pupas. E)- … Lo lamento. M)- ¡Bah, mujer! Eran lágrimas de alegría. La mitad por los buenos tiempos, y las otras, por no volver a tenerlos malos junto a ese canalla. E)- … Con perdón, pero: …¿Te pegaba el cabrón? M)- ¡Y violar cuándo le plugo! Se tiró, nos tiró, con el coche por un barranco. … Lo último que recuerdo de aquello es una señal de Stop empotrándose en el parabrisas; y cortarle limpiamente la cabeza a Pepe Pedro y a mi hijo. … Y luego el mar. Los peces, las algas. El aceite y la cadeneta de burbujas que me arrastró a la superficie. … El ruido del helicóptero. Los fluorescentes del hospital… El vaivén de la morfina… El olor a rayos X… y también el de una policía muy amable que me traía zumos de piña cuando no estaba de guardia… llevaba un perfume muy parecido al que gastas tú, Elisa. E)- Yo me baño en Narciso Rodríguez, pero el chandal este, que no es mío, lo han debido rociar de Ángel… Y el pañuelo, que es de hombre, venía impregnado de Adolfo Domínguez; aunque con los potingues que me 91


ungieron, y la sofoquina que llevo encima… estoy sazonando batiburrillo de eou de chotuno. A mí misma me huelo a perro muerto. M)- Pues en algún sitio he visto ducha. Antes de aparcarme aquí, y decirme que esperase a que alguien me llamara, me llevaron de gira para ver al juez, el forense, y finalmente a unos jóvenes gacetilleros que comparecían para gastar juego de lápices y encallecerse las tripas. En el fondo fue un alivio que empezasen los apagones, al tercer fundido, me dejaron por fin solita. E)- Hasta llegar yo. M)- Oh, no. No. Ya han desfilado unos cuantos por esta misma sala. Unos acabaron marchándose por propia voluntad al no aguantar más los parpadeos ¡Y por ahí andarán, intentando dar con la salida! Y otros, bastantes, pararon con semblante plomizo, para seguir ruta al cabo cargados con cadenas y grillos. (señalando al público) Y otros pocos, aunque no veas, por aquí en la oscuridad resoplan. … Pero éste es el sitio, o al menos es el mío, por el momento. Sea hoy, mañana, o el año que viene, pero de aquí no me muevo hasta que me llamen. Y me arreglen lo mío. E)- ¿Y si te siguen sin llamar? M)- … Vendrán… vendrán, sí, vendrán seguro a llamar. … Por eso te pregunté, yo también, si trabajabas aquí. Durante unos segundos albergué la esperanza de que tú fueses quién. …(mascullado)… ¿Y lo eres? E)- ¿Cómo? M)- … ¿A ti qué te ha traído aquí? E)- … Un revés. M)- ¡Que te dieron! E)- No, no. Lo di yo. Lo malo, que aunque la pelota enfiló al otro campo, con ella también marchó la raqueta impactando contra la frente de Fernández; jefe de negociados… un mal bicho. Y por inquina departamental, y hacerle cortinilla la sangre a su brillante calva, no aceptó mis disculpas y me escupió un gargajo sanguinolento a la cara con mucha rabia. ¡Y yo con los días malos de la regla!

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Así que ¡pimba! ¡pimba! ¡pimba! ¡pimba!… hasta que nos separaron dos seguratas del club de tenis, le di una paliza que nunca olvidará; ni él, ni su departamento, ni, me temo, el delegado de la casa matriz en el país. …… ¡Qué gustazo, eso sí! …… Cuándo venga al final el juicio, puede que lamente, pero hasta entonces, de lo único que reniego, es de haberle dado con la mano desnuda los puñetazos, y no haber seguido con la raqueta; así me habría ahorrado la rotura de los dedos y las luxaciones de codo y muñeca. M)- ¿Te duele? E)- No. Ya no. M)- ¡Eres una máquina dispensadora de hostias! … No hay que pegarse. ¿Nunca te lo han dicho? E)- De niña. Aunque no, mujer. Yo, de pacífica, tiro a pachona, pero llevo… llevaba 2 añitos en la empresa, que no se los deseo a mi peor enemigo; ni al propio Fernández. M)- ¿A qué os dedicabais? E)- Yo soy Dir. de RR.HH en HPS-Zebrón… era. … Consulting… y “componending”. M)- … ¿Ein?... E)- Aconsejar empresas. Comprarlas, venderlas. Hundirlas. Expoliarlas. Trafullar y timar a todo quisqui que se pueda. Somos… éramos… era, especialista en subvenciones europeas. … aunque no lo creas por mis trazas. M)- No he entendido ni jota; pero no suena bien. E)- Pues más clarita no puedo ser. M)- (masticando las palabras) … Por lo menos encabeza con “presunta”. E)- ¿Cómo? Perdona, pero no te he entendido lo que acabas de decir; por este oído oigo poco. Lo tengo tumefacto, por dentro y por fuera, gracias a un guitarrazo defensivo que también me acertó Fernández; tengo este lado de la cabeza acorchado. M)- Y un hilillo de sangre seca te escapa por la oreja… Pero te decía, que siendo tan clarita, ¡Y dónde estamos!, mejor te sería empezar utilizando el “presuntamente”. … Es consejo de perra vieja y muchos años en esta silla. 93


E)- ¡¿Años?! Te advierto que a mí, todo, ya me da igual. Este pseudo-limbo plutoniano me la bufa… Y aún así, además, aquí no hay nadie. Nadie nos oye. (se va la luz) … Y de cualquier forma, cuartos tengo para abogado, amén de ir con la verdad por delante. Tengo la Conciencia tranquila. M)- ¿Estás segura, El… isa? E)- Todo lo blanca que pueda confesar. M)- Eso es bueno. Y un paso. E)- ¿Un paso para qué? M)- Para renacer. Reinventarte. Olvidarte de todo lo que eras y no quieras ser en adelante. (vuelve la luz) E)- … ¿Oye? M)- Dime. E)- … ¿Escucha? M)- ¿Sí? E)- … ¿Estamos muertas? M)- …… E)- … Responde, por favor. ¿Estamos muertas? M)- Se podría decir que sí, si esto fuese tanatorio. No siendo… (se va la luz) … quizá seamos esencias puras de patraña.

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Tercer Acto

(a oscuras) …… …… …… …… E)- Tengo miedo. No entiendo nada. No puedo pensar. …… Tengo mucho miedo, Mariana. M)- ¿A qué tienes miedo? E)- A… a… a… A estar muerta de verdad. Quiero volver a la luz del Sol. Salir a la calle. Quiero llegar a mañana. M)- Mañana también es hoy; por lo menos desde ayer lo venía siendo. (vuelve la luz) M)- (entre risas) ¿Tanto miedo te da la oscuridad que me fías cualquier palabra? E)- Por un segundo te he creído, y por dos. Y por más de tres he temido, no ser en realidad la persona que soy. Haber sido quien era. …… Ser cómo quiero estar. …… …… Perdóname, Mariana, las disquisiciones. M)- Na mujer, reparo en la química del momento. E)- Temí, calculé, no poder llegar a ser otro ser. ¡Y sin retorno que me vi! …… M)- Tú siempre podrás ser quién quieras. ¡Menuda labia tienes! E)- Y lo justito tragicómica. M)- ¡Qué bien te quieres! 95


E)- Eso es ahora, a tu lado. Pero antes… antes… … ¿Tú te vendrías conmigo? M)- … mmmm… depende. E)- ¿De qué? M)- De para lo que me quieras. ¿Para qué sería buena? E)- Para encontrar la salida a este laberinto, seguro. M)- Perdona, pero no estoy para seguir hilos. Espero una llamada, te recuerdo. E)- Ya no hay más cabos, más hilos que urdan paño. Es obvio que para salir de aquí, sólo hace falta que quieras. M)- …… … ¿De amores me hablas? E)- De bioquímica y antimateria. M)- ¿Por qué a mí? E)- Porque eres hermosa hasta en tinieblas. Y porque puede que hagan falta dos para sólo ser uno. M)- Dos, tres… cientos de genios bullen en mi interior sin hacer reparto de bienes. (meditándolo)… ¿Estás segura de lo que dices? E)- Tal yunque. Contigo soy, cómo quiero estar. Nunca me he sentido más segura, libre… ¡Etérea! M)- … ¿Etérea? E)- (cogiendo las manos y besando suavente)… Es… son licencias finales. M)- (al público)…… Mi mejor beso me lo robó una rubiaja de seis años. Y un año mayor que yo. Con él huyó en los labios amparándose en el timbre del recreo. Y al acto lo supe perdido para siempre. Intenté a mi vez sustraer de otra boca el espíritu frugal. Aunque no hubo forma. Fresas, corazones, paréntesis sabrosos, 96


y aun carnosos, dulces, cálidos, fríos, duros, marchitos, según la estación, caté. Ósculos limpios. Furtivos a veces. Solemnes. Tiernos. Lujuriosos. Guarros. Imaginarios muchos. Y eso sí, todos gratos. Pero no hubo par, no, … hasta acertar con tus labios. E)-…… Mariana. ¡Mariana! ¡¡Mariana!! …… (y beso si apetece). (se va la luz) …… …… (vuelve la luz y el escenario está vacío)

FIN

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THANATOPSIS

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PERSONAJES Martín ................... Peyo Alba Martín Encargado ............... Gabriel Ayudante ................. Fausto Conductor ............... Azzazel Dorotea ................... Dorotea Dulce, maquilladora Jefe Jefa Linarillos ................ Agustín Linares Ex-mujer ................. Rocío Voz Pablete Voz Adrían El Tajamata El Calvo El Burúa Menestras Lukitas Nazario Don Oswaldo .......... Oswaldo Alba Segur Madre Hermana Mayor Hermana Pequeña Hermano Ramunete Gordita Ladrón Y la colaboración especial del Enterrador.

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Un día cualquiera en una población indeterminada. A esa hora concreta en la que uno no sabe si empieza la mañana o a mano se tiene el ocaso de la tarde. Un hombre corriente, o mujer, cualquier ser, se despierta atolondrado. ACTO I (Un salón a la guisa del más familiar que se conozca) Martín: (desperezando en el sillón) …… …… Vaya frío. Buffa, hasta el aliento me sale denso. Debe haberse estropeado la caldera o estaré incubando alguna peste que traiga de la oficina. Será seguro eso, sí, porque mal recuerdo siquiera el haber ido hoy a trabajar. Me siento la cabeza embotada. Y me duele hasta el alma. …… ¿Y mi reloj? ¿Qué hora será? (suena el timbre de la puerta) …Ding, dong… Ding, dong... Martín: … Muy tarde no será, no. ¿Sí? Una voz: Somos de la aseguradora. Martín: (abriendo) ¡Ah! La caldera. Pasen, pasen. Pensaba darme un baño pero cualquiera se atreve con esta temperatura gélida. Encargado: Nosotros, perdone, pero somos de la división de decesos. Veníamos preguntando por el señor Alba. Don Oswaldo Alba Segur. Martín: Es mi padre. …… ¿Ha pasado algo? Encargado: No, no, su padre estará bien pues el mismo nos ha facilitado estas señas; de hecho creía que usted era el susodicho. Martín: ¿Y mi madre?... mis hermanos… Encargado: Supongo que en la medida del infortunio no se encontrarán mal. Ayudante: De corazón lo deseamos, aunque las gentes nos crean indolorosos... Encargado: (“Indolentes”). Ayudante: Lo dicho, indolentes que nos crean, no es así. Encargado: (Vale, no te crezcas). Martín: No entiendo nada. ¿Qué quieren? 102


Encargado: Buscamos los restos póstumos de don Peyo Alba Martín para llevar al tanatorio. Martín: …… Je. Creo que se van a ir sin ellos al ser yo el tal Peyo que buscan. Y cómo se olerán, no estoy muerto. Encargado: …… ¿Peyo Alba Martín? Ése era el nombre del difunto. Y el tomador del seguro un tal don Oswaldo Alba Segur. Martín: Es. Son, vamos. Somos. Pero, obviamente, cómo les he dicho, no se trata de nosotros. Sé que mis padres aún me tienen en los papeles, pero el caso éste será que les habrá bailado un número a ustedes. Ayudante: No, no, no se crea. No es la primera vez que nos pasa, no. No hace mucho… Encargado: ¡Basta Fausto! Por favor. … ¡Hay que ver! Es encontrar uno que se dice vivo y se le vuelve tonta la lengua. Discúlpenos. Nosotros buscamos al señor Peyo Alba Martín. ¿Es usted? Si es así le rogaría que viniese con nosotros al tanatorio, y allí, con responsable que halle, allá se las entiendan. Martín: Entiendo que sea una confusión flagrante, y de ahí el no querer indignarme, pero no me gusta un pelo el timbre que van cogiendo. Vamos a llevarnos bien, esto puede quedar en simpática anécdota o evolucionar a queja iracunda. Encargado: Por mí como si cita a San Pedro después. Martín: (abre la puerta) Miren, lo que es, es hora de que se vayan. Sí, me parecen las en punto. Así que por favor, buenos días. O buenas noches. Encargado: (Recoge una carretilla con el ataúd que estaba en el rellano y cierra) Ja. A ver si se imagina usted que yo he subido el féretro hasta el quinto para que vuelva a bajar vacío. Ayudante: ¡Y con la escalera que tienen! Lo que roza la jodía. Encargado: Sí. Martín: O se van ahora mismo o… ... o llamo a su empresa. 103


Encargado: Cómo si llama a la policía o a los bomberos. O al maestro armero. (Martín saca el teléfono móvil pero está sin batería) Martín: Márchense. Claro queda que esto es una confusión y bien la podrán solventar ustedes mismos en la central que tengan. Encargado: Disculpe, pero no nos chafa usted el orden de la ruta. Martín: ¡Casualidad del saco de huesos y fiebres que soy al momento! De ordinario, les advierto, hago pesas y kárate. Y llegado a este punto de tensión, y con el cariz que encarrilan, de encontrarme un tantito mejor… no sé yo. Encargado: De eso nos informaron. Que era un echado para alante y así le ha ido. Martín: ¿Pinta la cosa para que tenga que pensar en saltar por la ventana? O podré salir por la puerta para ir en persona a ponerles la denuncia. Ayudante: De las dos formas vendría con nosotros pues tenemos el furgón abajo. ¡No es el primer caso! No. Martín: Vamos a ver, vamos a ver, por favor. Un segundín de tranquilidad. ¿Usted me ve tieso? ¿Haría esto, esto u esto un muerto? Desde luego que no. Encargado: Si está en los papeles, está en los papeles. Mi encomienda es pasar de la lista a la caja y dar a recibir en la morgue. ¡Que no voy con ustedes a ningún lado, joder! Martín: Y váyanse de una puta vez. Encargado: Ahora soy yo el que le ruega que circunscriba sus palabras al buen decoro. Martín: ¡... Miren... Miren… ! Me están poniendo el corazón a mil y responsables les voy a hacer de lo que me pase. Ayudante: No. Aquí hay nota a lápiz diciendo que le han volado la cara y que se le recogerá en maquillaje. Martín: ¡Joder, vaya fario! ... Pero en fin, observarán, que no es mi caso. No se trata de mí. Encargado: No somos quiénes para juzgar. Ayudante: Hágale caso, dénos capricho si así le vale, que puestos a ser burros, ahí he de decir que por algo él es el jefe. Le flamea tres reveses que ni pasado por horno crematorio.

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(Martín, entendiéndolos locos, intenta acceder a la cornisa pero encuentra la ventana cerrada y la manija impracticable) Martín: ¡Cochina Suerte! Encargado: ¡Cuánta dicha y cuánta queja provoca la señora! ¿Se conocen? Creía que en persona hasta la fecha, pero visto mi devenir, ni de Martín: oídas. Encargado: No llore en demasía que aquí también se lee mucho cero a la derecha para reconfortar a la familia; buena póliza. Será a los niños y a mis padres. Martín: Y algo para los sobrinos. Pero a la bruja, ni un clavo de mi ataúd. Encargado: ¿Y si fuese éste de ensamblado ecológico y no llevase ni puntas? Ayudante: Sí, suerte no se le puede negar al caerle para el garbeo la limusina de los catafalcos. El no va más en la comodidad para hacer vida de ultratumba. Suba… ¡Monte! Pruébelo. ¡Ja! ¡El ojo zarco de un gato bizco! Martín: Encargado: ¿Nos amenaza? ¿Conjura algún poder? Martín: Invoco a la cordura. Por lógica, señores, no ven que estoy vivo. Que no estoy muerto. Esto es un desatino. Encargado: ¿Sabe quizá lo que es estar muerto? Ya sé, ¡esto es una cámara oculta! Martín: ... ¿no? Encargado: No. Y diga, dígame, si acaso sabe lo que es estar muerto. Martín: ... Pues no, sinceramente no se lo podría explicar porque no lo estoy, ni estado, y nadie que lo esté, al presente, ha venido a contarme a la oreja el paso. Ayudante: ¿Tiene pulso? Martín: Debo tener. Encargado: ¿Se lo podría buscar? Martín: Y hago, me lo busco mientras ceno ante la televisión y me pasan esas imágenes horripilantes de miseria, hambruna y muerte. Encargado: ¿Y ahora, si le encendiésemos la tele sería capaz de derramar unas gotas? Martín: Difícil. Descuidando de la coyuntura en la que me tienen, huracanes, terremotos y guerras me habrán dejado, presupongo, algo secas las órbitas para darles el gustazo.

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Mismamente ayer cené con el desastre del Katrina. E indignado con el género humano me fui a la cama con un triste vaso de leche. Ding, dong ....... ding, dong Martín: ¿Sí? Conductor: Soy Azzazel; el conductor. Vengo con el fiambre. ¡Mira tú qué bien! ¡Al final apareció! Martín: Pase, pase y dé resolución a este lío o me da de veras un soponcio. Ayudante: Un tiro. Lo suyo ya le he dicho que ha sido un tiro a bocajarro en un atraco. Conductor: Yo lo que traigo son los bocadillos. Encargado: Oh, qué bien; qué a tiempo. ¿Has subido todo? Conductor: Las tres tarteras, el gazpacho del tío Linín y la botella del vino duro de la hermana de Fausto. Encargado: Vamos, vamos al tema que de hambre me muerdo los codos. Ayudante: ¡A ello compañeros! Martín: ... ¿Van a beber a morro o les saco unos vasos? ... O les dejo dicho dónde están y mientras voy yo a unos mandados. Conductor: Se agradece el detalle. Dónde, dónde he de mirar. Ahí, encima del fregadero. Martín: ¿Puedo irme yendo entonces a ponerles requeritoria por lo legal? Encargado: Vaya a lo que le venga en gana porque esta hora está santificada. Ahora, le aviso, si usted es nuestro hombre, con toda seguridad volveremos a encontrarnos. Martín: (abriendo la puerta) Sin duda nos veremos, sí, aunque sea el día del juicio por la demanda que les ponga. Ayudante: Con toda seguridad bastante antes. Martín: ... Visto que dentro de su esquizofrenia tienen un brote de lucidez, ¿me harían el favor de salir conmigo aquí, al descansillo, y proseguir en el sitio la pitanza? Así quedaría cosa de ustedes aguardar a la policía o huir entretanto. Conductor: Poco tiempo es lo que nos dan y no solemos parar por nadie. Martín: ¿Me van a limpiar la casa a fondo mientras estoy fuera? Ayudante: ¿Nos adivina trazas de agitar mopa o saca? Martín: La verdad es que no. O sí. Encargado: Váyase, huya y escóndase en casa de cualquier conocido, o vague por estación de tren, pero veinte minutos tenemos y la mitad se nos han ido hablando con usted.

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Conductor: Diciéndolo el jefe, que corra el tiempo éste a cuenta del encomio y demos un réset al reloj. Martín: Tienen hora, por cierto. Hora buena. Ayudante: Para comer, unos minutos. Martín: Y para mí, tendrían algo. Vamos, que si me podrían decir. Encargado: No me lo tome por descortesía pero no. Para usted no hay tiempo alguno que valga. Martín: (saliendo del piso) Pues nada, que les aproveche. Yo me voy a buscar unos guardias y enseguidita nos vemos de nuevo. Conductor: Hasta ahora. Martín: ... (Y que me tenga que pasar esto a mí ¡¡Tiene cojones!!) …… Ayudante: ¿Se marchó finalmente? Encargado: Eso parece pero ya daremos con él. No os preocupéis y entradle en firme al bocado que los granos corren. Conductor: Salvo el aliño, que se me olvidó en la fresquera del furgón, arreglo he traído para una buena ensalada. ¿Bajo al coche? Ayudante: O coge del armario, parece en el fondo finado enrollado y no creo que despotricase vivo, ni por saber. Conductor: ¿Qué hago? Encargado: … Va. Coge. Y algo de orégano y limón para que sanen las llagas que me salen en la boca. Martín: (reapareciendo) ¿Son estigmas o una buena piorrea? Encargado: Entre entrar y salir, y si sí o si no, nos está chafando el bocadillo. Conductor: ¿No se había ido? Martín: Y casi hago. He contado todo a los vecinos y ellos se están encargando de llamar a la autoridad y montar tumulto en las puertas. Cinco minutos escasos tienen. Ayudante: Justitos siempre andamos. Encargado: Por favor, déjenos y en nada estamos con usted. (Martín mete la mano en el cajón de los cuchillos y revuelve) Martín: No me consta frenopático en las proximidades, pero siendo esta barriada de emigrantes, supongo que lo florido y tocado de cada casa ha juntado en bandada y se han extraviado ustedes en la consiguiente migración estacional. ¿Acierto? Ayudante: ... Frío, frío...

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Martín: Entonces sólo me queda etiquetarles en el movimiento ocupa u similar. A algo tendrán que dedicarse para justificar el desvarío. ¿Son actores? ¿Peones de apuesta? Ya sé. Detectives de mi ex-mujer. Conductor: ... Frío, frío… Martín: No continúe con la chanza, al vuelo se ve por lo menos lo que es usted. Conductor: ¿Y qué entiende que soy? Martín: ... Por lo pronto de usted sí tengo claro que es el conductor; o Alonso, o Schumaker, o por El Niño del Semáforo en Ambar se tendrá. Pero ellos... Encargado: No vamos a volver a empezar con la monserga. Hace tiempo del primer timbrazo. (sacudiéndose las palmas de las manos) Vamos, vamos al cajón sin más demora porque no es el único de la lista; es muy grande la ciudad. ¡Bien sabemos todos lo que nos traemos entre manos! Yo no, la verdad. Martín: Encargado: Usted nos dirá:… por las buenas… o a malas. Martín: ¡¿Quiénes son ustedes?! Encargado: Demasiado bien lo sabe. ¿Por qué no huyó? ¿Por qué no avisó a nadie? ¿Por qué no ha podido esgrimir cuchillo alguno? No gastemos en saliva y suba. Verá lo profesionales que somos y lo poco que bamboleamos el cajón. Martín: …… ¿Les apetece algún digestivo? Un licorcillo que active los jugos gástricos. Ayudante: ¡Eso sería un detallazo! Muchas gracias. Martín: Sigan haciendo uso de ésta, su casa, y sírvanse; en el mueblecito encontrarán. Encargado: Si nos pusiese usted el chupito, intentase, saldría de dudas y confirmaría su situación. Martín: Aún me queda agarrarme a que todo es un mal sueño. Una pesadilla bufa. Conductor: Entonces ¿pongo o pone? Martín: De ordinario yo pondría, pero en la excepcionalidad del momento, me decanto a lo contrario. Sí, sírvanse con toda confianza porque a no tardar escucharemos los botorros de los GEO tomando la escalera. Encargado: … Bueno, pon. Pero un dedín a mí. 108


Martín: Yo no. A mí, por favor, póngamelo en vaso largo y ancho para que me quepa la nariz. Un buen pelotazo, sí. Conductor: ¿Usted? Si usted no puede beber. Ayudante: Tampoco es el primero en pretenderlo, ojo. Encargado: Si tiene mucho capricho huelga que le ponemos. Pero es un quebranto tonto al patrimonio que deja y un asuntillo un tanto peliagudo de explicar a los dolientes cuando llegan. Bueno, haga la prueba, sí, si en el fondo es lo que tiene que hacer. ... No... mejor que no... Martín: ¡Vamos a dejarnos alguna puerta! Ayudante: No se asuste porque no hay razón, hágame caso. Esto suyo lo hemos presenciado una infinidad de veces y no se crea que entre nosotros mismos no nos hemos puesto en tesitura. Les comprendemos. Claro que comprendemos pero es un absurdo pechazo lo suyo. Entiéndalo. Venga de buen ánimo, y si es error, ¡que algunos hay!, mañana reirá con lo de hoy. Martín: ¿Por las buenas saldría a hombros? Encargado: Y bajo palio de aplausos si es menester. Martín: Y con epígrafe de encabronamiento cómo quedaría la cosa. Encargado: O baja rebotando los diez tramos de peldaños que median a la calle, o bien sólo pega un bote pero desde el quinto. Martín: E intermedio no podría quedar y bajar con ustedes a la par en el ascensor. Ayudante: No cabe el ataúd. Encargado: Ni puede ser andando al dar muy mala imagen. Martín: Eso no sería problema porque poco me importa lo que digan de mí en el vecindario. Encargado: Ja. Ayudante: A alguno sí hemos bajado sentado en la carretilla de mano por no quedar en postura, pero andando, ninguno. Conductor: Bueno, yo voy bajando. Martín: Sí, corra, también avisé a la grúa e imagino que les estarán poniendo los garfios al coche. Y su multita. Conductor: Al nuestro no, lo he dejado con las luces de emergencia y el soniquete de la marcha fúnebre inconclusa. Encargado: Así se hace, Azzazel. Y multa no se haga usted que paguemos. Martín: Toma, eso no tiene mérito que ni yo. 109


Conductor: Abajo estoy. Encargado: Ve. Ayudante: ... ¿Un cafelito sería mucho pedir? Martín: Ni molestia. Haga suya mi última voluntad y en el bote encontrará el elixir. Ayudante: Gracias. Gabri, ¿te pongo? Encargado: Largo y con una nube frugal de leche, por favor. Ayudante: ... Y usted, ¿tiene capricho también? Martín: Sí, sí. Y dos cafés para mí. Uno solo con hielo y otro con leche condensada. Ayudante: ¿Fue muy goloso? Martín: Échele hasta que rebose que yo lo hago por joder y dejárselo más difícil de explicar; que ni tomo. Encargado: Vaya, se ve que usted va a ser de los que se encoñan en la postura y acaban vagando fugitivos de toda Ley. Una pena, sí. Martín: ¡Hombre, eso se cuenta antes! Y qué vida es ésa que acaban llevando los forajidos esos. Encargado: Vida ninguna. Una parodia de existencia. Ayudante: No se la aconsejo. Nada tiene pleno y todo son rozones y fragmentos. Mera ilusión. Alguna puerta podrá seguir abriendo; y más en lo que fuese su casa. O rozar quizá alguna textura. Escuchar algún pensamiento suelto o cazar al paso un cacho de conversación. Y olores y sabores puede que hasta atisbe. Pero nada que al poco le sacie o satisfaga. Esa gente suele acabar con mal discernimiento y es un continuo y lastimero degradarse, al punto, que ellos mismos, o por terceros que convenzan, nos hacen llegar noticia de su paradero. Encargado: Tarde o temprano toda lista se cierra. Martín: Para qué mentir, se me hace atractiva la opción ésta de echarse al monte. ¿Si me acogiese me darían alguna ventaja? ¿Se irían y me dejarían en paz algún tiempo? Encargado: Paz no conocería, no. Ayudante: Pero ventaja sí pues en tal caso deberíamos limpiar esto de toda huella de nuestro paso. Encargado: Tampoco hace falta que cuentes todos los entresijos.

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Martín: No, no discutan. Si viendo que sólo son relativamente violentos hasta me estoy haciendo idea de ir por las buenas. Sí, si redondeamos la velada echándonos un puro, y me dan unos minutos para que me ponga un traje más acorde, con ustedes voy al tanatorio para aclarar el entuerto y meterles semejante paquete que hasta en Leganés, el Más Allá, se enteren. No les van a dar trabajo ni para enterrar detritos o residuos radioactivos. ¿Hace una de puro? Ayudante: Yo no fumo, lo siento. Encargado: Yo sí se lo cojo. Fumando el caporal fumaremos todos. Martín: ... Si me disculpan, voy a cambiarme (sale). ...... Ayudante: ¿Supones que nos dará más problemas? Encargado: Imagino, éste parece de los de agitar los pilares. Dale un grito a Azzazel y que ponga en marcha la calefacción del furgón para el pánfilo este; no nos adjudiquen a nosotros las quejas del gachó. Ayudante: Se lo diré por la ventana. Martín: (vistiendo frac y chistera) ... de una carnavalada me queda. Hala, ya está. Pero eso sí, a mí me bajan en la carretilla de mano. En andas. Encargado: Venga entonces. Siéntese que le voy a echar una sábana por encima. ¿Podré saludar a quién me mire? me haría ilusión. Martín: Ayudante: Haga, alguna licencia también nos tomamos por ser macabro y tedioso lo nuestro. (Martín se sienta y es cubierto. Por la ventana arrojan el ataúd y después echan mano al carretillo)

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ACTO II (A la puerta de una cancela de plásticos ha ido a parar Martín. Dentro canturrea la maquilladora, el camerino, pues es, parece sacado de un rodaje cinematográfico; o pretenderlo) Martín: Rebosa de color el sitio, da gusto entrar. ¡Y qué bien huele! Gracias. Dorotea: En qué le puedo ayudar. Soy víctima de un error un tanto… singular, atípico. Martín: Dorotea: Concréteme y veremos qué se puede hacer. Martín: Usted verá, unos operarios suyos me han confundido con algún tipo que tengan por ahí perdido alimentando moscas, y o vengo con ellos para demostrar que no soy el sujeto, o en casa se quedan a vivir conmigo u algo peor. Mal asunto. Dorotea: Martín: Para mí no, desde luego. Para el que tengan traspapelado quizá. Dorotea: ... ¿Seguro que no es usted el hombre que se buscaba? Martín: ¡Señorita! ... bueno, sí, nombre y dirección eran correctos, pero... vamos, de mí no se tratará porque aquí estoy tan pancho hablando con usted, ya ve. ¡Si yo le dijese a quién he maquillado! ¡Lo que tengo visto y Dorotea: oído! Martín: Prueba de la confusión es que anexo a mi ficha colgaba notita dónde se decía que me habían disparado en la cara. Y por eso ha sido lo de dejarme a su puerta, pero, salta a los ojos, que no soy yo. (La maquilladora coge una pistola de un cajón y dispara a la cabeza de Martín sin mediar más palabras. Después lo levanta del suelo y lo tumba en la camilla de trabajo) Martín: (desperezando) ... Buff, qué frío... qué hora es… ... ¡Coño, la maquilladora! ...... ¿Qué me ha pasado? Dorotea: (al lío de su faena) Un vahído. Dijo algo acerca de una nota y se derrumbó. Martín: Prácticamente entonces lo sabe todo. Yo, no puedo ser su hombre. Dorotea: Sí, lo que usted diga, sí, pero no se me mueva ahora porque le estoy perfilando los labios con indeleble. 112


... Por cierto, de qué color tiene usted los ojos. Negros, o rojos, dependiendo de si es festivo o no. Martín: ¿Por? Dorotea: Por nada, no; tonterías mías. Martín: ¡Ah! ... Y ¿entonces? Dorotea: Entonces, qué. Martín: Que si me dice o no ante quién he de dejar mi furibunda queja. Ante el jefe de turno preceptivo. Dorotea: Martín: Podría, si no le es mucha molestia, llamar y pedirle al responsable pertinente que venga. Dorotea: Están avisados, desde luego. Tenemos tiempo para ponernos guapos y echar un cigarrito. Martín: Yo me he quitado del tabaco por... por imperativo reciente. Si usa, haga, le he puesto tanto pote y barniz que le aguantaría Dorotea: prendida hasta la cachimba; aproveche lo que dure la consistencia del maquillaje. Martín: No gracias. En adelante he pensado cuidarme algo más la salud. Dorotea: Aquí acaban muchos extremos. No se sienta raro. …… ¿Quiere verse usted ahora en el espejo? Martín: ¿Tanto me demudé al desmayar? Dorotea: (ofreciendo reflejo) Dígamelo usted. Yo me veo igual. Martín: Dorotea: Gracias. No hay de qué. Martín: Dorotea: Sí, sí lo hay. Es cosa bonita, y a la cual nunca me acostumbraré, el que alguien pase por mis manos y salga contento y agradecido. (¡¿Por qué me tocarán a mí, joder?!) Martín: Dorotea: ¿Cómo dice? Martín: Oh, mascullaba lo redonda que estará la Luna. Dorotea: (ordenando botes) ... Si me perdona, aún me queda tajo. Martín: ¿Molesto aquí? ¿Dónde podría aguardar? Dorotea: Al otro lado de esa puerta le cae su propia sala para ser velado. Allí tiene la pecera refrigerada y sillones mulliditos. Y hasta mesa para montar timba o solitario. Somos firma buena, aunque pequeña, y allí hallará todo lo que necesite para darse al relajo; hasta revistas. Martín: Nuevamente le agradezco. 113


¿Le debo algo por el arreglo del pelo y el colorete? Me moriría de vergüenza si me chistase la incorrección. Dorotea: A mí me pasaría lo mismo. No me debe nada porque esto es un todo incluido; clase A, tres estrellas. ¡Buena póliza! Martín: Entonces, nos vemos. Dorotea: Algún retoque quizás le eche, sí. Martín: ... Cenaría conmigo. O comer, o desayunar; lo que toque. Prohibidísimo nos tienen el que salgamos con mutualistas. Dorotea: Y, lo siento, pero además tengo churri. Oh la la, ¡Se la mour! Martín: (La sala de espera es tal cual se le dijo. Hasta su féretro ocupa el sitio que le correspondería) Martín: ¡Al menos no me han puesto flores! ...... ...... Fría. ...... Silenciosa. ...... Solitaria. ...... Sí, no tengo otro pero a la muerte. (Por otra puerta aparecen los responsables. Dos. Hombre y mujer. Uno de blanco incólume y el otro vistiendo negro crudo) Muy buenas don Peyo. Jefe: Jefa: (saludando a gesto) ¿Algún problema? Martín: Sólo uno. Pero uno bien gordo para quién lo tenga. Yo, verán ustedes, yo soy Peyo Alba Martín. Y tal lo escuchan, no estoy muerto. No. No lo estoy. Y por lo tanto, digo, no soy el sujeto al cual deben acosar sus esbirros. ¿Le han tratado mal? Jefe: Martín: Mal no... Bruscos, sí. O me acerco con ellos a explicarme o yo no sé lo que hubiese pasado allí. …… Jefa: Bien. ¿Algo más? Martín: No me sea tan fría y extiéndase algo en las disculpas, expláyense, lo que me ha pasado es de juzgado de guardia. ¿O no? Jefe: No; si a nuestra parte se refiere. Jefa: Rotundamente no. 114


Jefe: Y el trabajo aún no lo han rematado nuestros, “secuaces”, porque tarea de ellos será seguramente el clavarle los clavos y enterrar. Martín: ...... Je, je, je, je Jefe: ¿Ríe ahora? Sí. Martín: Se me dijo que era totalmente ecológico y que no llevaría ni puntas; ultimísimo modelo. Pero... Es un negoción sin quejas ¿verdad? Jefa: No. Desde luego que no. Jefe: Jefa: Y la prueba es usted. Jefe: Si tiene algo más que contarnos suéltese ahora o calle para siempre. Nunca me han gustado las frases solemnes. Martín: Jefa: Alguna otra queja o nos retiramos. ... pues... eh... mmmm... Martín: Jefe: Visto está que no. Jefa: (dándose la vuelta) Adiós. Muy buenas. (Vuelven a salir los jefes. Ofuscado, Martín también retorna al camerino pero encuentra a la maquilladora enfangada con otro sujeto) Martín: ... Lina... ¿Linarillos? Linarillos, macho, qué haces aquí. Eres tú ¿no? Dorotea: Ahora no le puede contestar porque le estoy echando un apaño a los dientes; que se le mueven. Pero sí, con los ojos confirma que es Linarillos. ¿Se conocen? Martín: Hombre, es compañero mío en la sucursal; es el cajero. Y usted, señorita, es una joya si vale para todo. Unos rulos... un afeitado... una endodoncia. Dorotea: Así es este trabajo mío. Bueno, les dejo un ratito a solas mientras me tomo un café; es hora. Pero por favor, Peyo, no le haga rajar mucho porque le está fraguando la piñada. Linarillos: Descuide, señorita, ni ganas tengo por tumefacta la zona. Y muchas gracias. Dorotea: Cuidado con lo que cascan que rápido pudre la lengua. Estoy a la vuelta para cualquier cosa. Martín: Hasta ahora. 115


…… … Y tú, tú qué haces aquí. Linarillos: … ¿? A mí me metieron el cañón en la boca, ¿no te acuerdas? Martín: No recuerdo nada. Linarillos: Suerte tienes; a mí no se me va el sabor de la escopeta. Martín: …… Entonces es verdad. Linarillos: ¿También te han ido tres a buscar? Martín: ... Un tal Fausto… otro Azazel… y el encargadillo del cual no recuerd... sí, Gabri; de Gabriel, supongo. Gabrielito el comandante de la unidad. Linarillos: Los mismos. Martín: ... Y en calesa de crespones me han traído hasta aquí. ... E igual que a ti, sí, me han acicalado… Linarillos: ¿Y luego? He preguntado por el responsable y le he dejado bien clara la Martín: cosa. Linarillos: ¿Y cómo ha quedado ésta? Martín: ... Mira, Linarillos, si es verdad que estamos muertos a pocas coñas tengo que atender, y por sincero y excusado, no me duele decirte que siempre me has caído como el culo y que eres inaguantable. Un cateto de cojones. Muy lerdo. Mu tonto, tontísimo. ... Ah, y muy rastrero. Eres la última persona en el mundo de la que me gustaría llevarme recuerdo. Linarillos: Yo también te he tenido siempre en gran estima, Martín. (Linarillos escapa del sitio pero del oído no se le han ido las palabras a la maquilladora) Dorotea: ... Bravo... Soberbio... plas, plas... Diga lo que usted diga está muerto; y tiempo ha. Desde hace cuánto, ah, no sé, pero no se puede negar que está dónde debe. Martín: ¡Se acabó la hipocresía! Y usted, usted vuelva a su café que no le es momento todavía. …… ¡El Linarillos! …… ¡Me cago en la calavera de todos los Linarillos! Dorotea: Tan mal se llevaban o ha recordado algo de última hora. O lo atribuimos al típico coletazo de la frustración. Martín: ¡¡Acháqueselo a mis cojo... 116


Me callo; usted no tiene culpa alguna. No, no. Diga. Dorotea: No se reprima o hinchará demasiado rápido y todo mi trabajo se irá a la porra. Martín: No sólo que no estoy tieso, es que no lo debo estar porque para mí no sería en justicia el disparo. No debería haber sido. El director, el presidente del banco, los accionistas habrían de ser los destinatarios y no yo. Dorotea: Tan personas son cómo haya sido usted. Martín: Más personas pues de todo habrán tenido más. Seguramente. Dorotea: Martín: Ve, otra prueba, corroborada, que no certifica otra cosa si no que mi caso es un flagrante error. Dorotea: (retocándole a pincel) Yo más no puedo hacer por usted; escucharle a lo sumo. No. Aún me podría hacer otro favor. Martín: ¿Alguna sisa o tiro? ¿los zapatos? Dorotea: ¿Una arruga que se note en la camisa o el frac? Martín: No. Llamar otra vez a los jefes, y decirles que ahora sí tengo escrita y firmada la reclamación. Dorotea: ¿Y cuándo ha redactado? Martín: No lo he hecho. Pero da igual, diga y verá qué rápido bajan. Y tanto, desde hace un ratito le esperan en su sala. Dorotea: Martín: Muchas gracias. … Perdone, y de no poder no me diga, pero ¿cómo se llama usted? Dorotea: Dorotea Dulce. Martín: Dulce Dorotea, muchas gracias otra vez. (Martín vuelve a su sala y allí encuentra a los jefes y que también le han puesto una corona a pie de caja) ¡¿Quién me ha mandado flores con mi alergia?! Martín: Si son las de la casa, no las quiero. Vamos, se pueden ahorrar la corona porque yo sigo en mis trece. Jefa: Bonito número. Jefe: No son nuestras, no; nos reiteró su padre. Jefa: Dónde tiene la queja. Dénosla y le daremos curso. Martín: ¡Ale hop! Aquí está. Jefe: ¿Dónde? Martín: Al final de mis dedos. 117


¿No la ve? No sea bobo, eso es una resma de aire. Jefa: Martín: ¿Y yo he de aceptar el juego que ustedes me propongan con las reglas que se inventen? Ja. Vamos, llamen a quien tengan por encima, si curso hay, también habrá capitán. Llámenme al mandamás que tengan de verdad o monto tal expolio en el recinto que... ¡Con qué amenazarles a ustedes! Jefe: ... ¿Sabe lo que pide? ¿A qué instancia recurre? Al capo de tutti capi. Martín: Jefe: … Jefa: No es usual. Martín: Y legal ¿es? ... Sí... sí lo es. Jefe: Jefa: Puede recurrir, sí. ¡Pues para ayer lo quería aquí! Martín: Vamos, den reporte que en el sitio aguardo. Jefe: Lo notificaremos, pero esperar tendrá que ser en la urna porque fácil que El Jefe tarde en bajar. Jefa: ¡Si baja! Esto es un negocio que no tolera desatenciones. Jefe: Y aquí afuera empieza a hacer mucho calor para usted. Martín: Vayan a lo que les he pedido y dejen de darme consejos y organizarme la poca vida que me quede; o lo que sea. Hala, hala. Vayan con Dios. (Martín pasea la habitación hasta que hace acopio de valor y entra en la cámara refrigerada para interesarse por el remitente de la corona) Martín: ... “Tus hijos y tu ex-mujer no te olvidan” ... ¡Sabía que tenía que ser ella la autora del descabello! Dorotea: (llamando antes de entrar) Toc, toc. Qué, a que se está mucho mejor ahí dentro que aquí afuera ¿verdad? Martín: La verdad, sí. Dorotea: Como han visto que enterca, y que hace una eternidad que nadie les saltaba y demandaba al jefazo, en represalia y jodienda han elevado la temperatura de esta sala y de todo el edificio. Martín: Lamento que le busquen el sudor por mí. Dorotea: Cuándo se da, o en verano, suelo pasarme a las cámaras buscando el fresquito; no se preocupe. Martín: ... Un último favor me podría hacer, se lo ruego. 118


Dorotea: Veremos si me queda a mano porque usted es muy especialito. ¿Podría llevarse las putas flores? Bastante denso me siento para Martín: embotarme aún más con el polen. Dorotea: Le informo que son de plástico. Martín: ... Es igual. Viniendo de quién viene no las quiero. Dorotea: También firman sus hijos. Martín: Su parte de la maula recórtela y échemela al cofre, pero llévese lo demás. Dorotea: Lo hago con una condición. ¿Cuál? Martín: Dorotea: Que se meta también usted en la caja y me permita darle tres brochazos antes de abrir la sala a los deudos. Martín: Preferiría regar yo mismo las plantas. Dorotea: Lo siento, pero tengo que abrir quiera usted meterse al féretro o no. Martín: Adelante. Abra; me da el pálpito que nos vamos a reír. Dorotea: A nadie va a poder asustar o pedir ayuda. El cristal es blindado y corrige la percepción. Y tenemos hologramas. Martín: Haga lo que tenga que hacer. Teniendo cita con el mandamás poco estaré aquí. .... Y a todo esto, ¿cómo es? ¿El gran jefazo? Dorotea: Martín: Sí. Inconfundible. Dorotea: Bajito y con chepa. Zaino por amorunado y muy mayor. Con barba larga y mal depiladas las cejas. Y probablemente razista. Y muy, muy mala leche. Desecho de tienta y circo. Martín: Dorotea: Lo mismo ha tocado el gremio porque conoce un sin fin de trucos. Si lo ve, no se le pasará; da igual la versión que le dé. Yo, lo lamento, pero tengo que dar paso a los dolientes; empiezan a llegar. Martín: Por mi no se retrase ni contenga. Dorotea: ¿No se tumba antes? Martín: No; tiempo tendré de estar.

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ACTO III (Un rato tarda en acercarse el primer familiar. Con pasos furtivos, la gran sorpresa se la da su ex-mujer) Martín: (¡Y qué hace ésta aquí! ¡Quién le ha invitado! Ya, ya me veo el negocio. Viene a recochinearse por el punto de las flores. Ja. No me tuvo buen cariño estando casados, como para mejorarlo en la separación. ¡Y presumiblemente muerto! Ja. ¡A mí no me la das!). Ex-mujer: ... Te he traído a los niños, Martín... (No tiene nada mejor, la tía guarra, que traerme a los niños para Martín: que les acojone hasta mi recuerdo. ¡Pero por caridad, si son muy pequeños para obligarles a esto!). Ex-mujer: ... No ha sido cosa mía, no, ha sido cosa de ellos el querer venir, pero ahora, en el umbral, les ha entrado respeto al sitio y... y preferirían leerte desde la puerta unas cosas que te han escrito... Martín: (Por orden tuya, sin duda. Y cualquier cosa me espero). Voz de pablete: Estoy triste, papa. Mama me ha dicho que nunca más vas a… (¡Salió su madre al relato! Martín: ¿Ni en tan aislado refugio voy a ser capaz de evitar que me la menten? No me podría decir el chico que me quiere y tal, en vez de enrollarse con lo aleccionado. Son pequeños y me horripila pensar en su crecer). Voz Pablo: … Y por eso estoy triste, papa. Voz Adrián: ¿Empiezo, mama? Ex-esposa: Adelante, mi amor, tu padre te escucha. Voz Adrián: Yo de mayor voy a ser policía. Y le voy a disparar a la gente cuándo no haga lo que yo quiera. Y luego les voy a poner las esposas para que los que sean malos no puedan hacer daño a los papás ni a los niños. ...... Y no tengo nada más que decir. Ex-esposa: ... Éste ha salido a ti... Martín: (Tú hubieses preferido que saliese al zángano de tu hermano. Pero no, éste es clavado a mí. ¡¡Es astilla!!). 120


Ex-esposa: ... Bueno, Martín... voy a ver si tu abuela necesita algo y luego, quizás, me vuelva a dejar caer... ... ¡Qué tonto has sido, cariño!... (Después de irse la mujer, la maquilladora vuelve a acceder al habitáculo) Dorotea: (al retoque) Cómo ha sido la primera entrevista. Qué tal el trago, ¿bien? Si me pinchan hacen hueso. Martín: Dorotea: El primero suele hacerse espinoso, pero los demás, ay amigo, los otros caen solos. ¿Sabe algo nuevo de lo mío? Martín: Dorotea: Es la comidilla del edificio; de trabajadores y finados. De hecho, me estoy promocionando dando las nuevas en tiempo real. ...... Perdóneme, pero la vida está muy achuchada. Martín: Algo sé, trabajo dando créditos. Dorotea: (saliendo) Si me entero de algo le diré. Aquí estaré; se nota el calor con el mero abrir la puerta y las Martín: piernas me flojean. (Al poquito de irse suenan al redoble unos pasos. Cinco amigos, amigotes, se presentan en el lugar para dar su adiós) Martín: (¡Hombre! ¡Cómo me iban a faltar! ¡El Menestras, el Calvo, el Tajamata, el Burúa y el Lukitas! Faltan Nazario y Juanito el Gorila, pero supongo que estarán al llegar. ...... Buena gente, sí). El Tajamata: ... Mal asunto lo tuyo, socio… El Calvo: ... Desde que te mudaste se fastidió el invento porque apenas te dejabas ver, pero ahora, el hueco que dejas es... tocho, tocho, tocho... El Burúa: ... Se nos jodió el irte a dar la manga a casa... Tú si que sabías, colega, hacer canapiés... Menestras: ... Y un maestro a la barra fija. Pero, que lo sepas, y que no te escueza dónde estés, pero voy a dejar tu record por los suelos... El Tajamata: ... Es verdad, tron. Ataca tu marca toítos los findes... El Calvo: ... Te echamos en falta, sí... Lukitas: ... Bueno, tú espéranos sin prisa, que sin pausa, y por orden alfabético, nos vamos a brindarte la penúltima al bar... El Burúa: ¡Y le clavamos la púa al Oswaldo! Menestras: ... Quien sigue teniendo un puntazo es la mujer. ¡Cómo está la Roci! ¡Qué apretón le queda!... El Tajamata: ... ¿Te es record que intentar?... 121


Menestras: Más fácil lo tengo seguro que Peyito, ¿o no? (¡No tendrán otro momento los cabrones! Martín: Para esto que no hubiesen venido. Ya me gustaría que fuese al revés, de lo que les largaría por la boquita atravesarían el cristal blindado aun con cadenas y las bolas preceptivas. ¡Vaya hijos de puta tengo por amigos! ...... Y desde luego, yo el que más). Lukitas: ... Nos vemos, brother. (al cruce con el grupo entra Nazario) (¡Nazariete, bribón! Martín: Cuánto ha). Nazario: Hola Peyo. ... No me voy a demorar mucho porque prefiero estar con los muchachos recordándote vivo, a contemplarte aquí tieso... No te voy a negar el repelús... Peyo, yo... no sé qué decirte... ... Me lo voy a ir pensando para cuándo te vuelva a ver; nos quedan unas partidas de ajedrez pendientes. Peyo... Joder Peyo, qué te han hecho. (Nazario abandona compungido el sitio. Seguidito entra don Oswaldo algo nervioso) D. Oswaldo: ... La he tenido con tu madre, hijo... (Cómo para no tenerla contigo). Martín: D. Oswaldo: ... Ayer me costó horrores meterla en la cama... ¡Y con el día que tuvimos!... Yo no quería que viniese ahora, bastante drama imagino cuándo te vayan a dar tierra… ¡De ésta se va contigo!... ... Tus hermanos están ahí fuera intentando colarle un válium... ... ¡Y mañana la que nos queda!... Hijo, ¿Qué nos has hecho? ¡¿Quién te ha hecho esto a ti, coitado?! (Entra la madre a paso rápido y a la estela los hermanos) ¡Hijo! ¡Ay, hijo! Madre: ¡Hijo mío! ¡Ay, hijo! ¡¡Hijo!! Todos los hermanos: !Mamá! !Para mamá! !Mamá basta! Hermana mayor: Venga mama, no llores más, a él no le gustaría. Hermano: Ni a nosotros tampoco. Hermana pequeña: ... Os he dicho que no habría que haberla traído, hubiera, cómo se hubiese puesto... 122


Madre: ¡Hijo! ¡¡Hijo!! ¡Hijo mío! D. Oswaldo: ... Bueno, dejadle unos minutos y después, aunque no quiera, os la lleváis a rastras... Hermana peq. : Diez minutos te damos, mamá, mientras nosotras nos despedimos de los amigos de Peyo en el bar. Id, id, os prometo no llorar más. Madre: Marchad, por favor. Y tú también, Oswaldo, déjame en la intimidad que ya tuvimos al nacer. ...... Agradece a todo el mundo su presencia y luego venme a buscar a la puerta. D. Oswaldo: Despídete sin prisas porque ahí afuera te espero. ...... Adiós, hijo. Madre: …… ...... Vaya traje te han puesto... ¡¡Y qué corbata!!... ...... Ay hijo, con lo mucho que lucías recién duchado para el baile y lo poco que abultas en la caja... ... ¿Y esas flores? Ah, la Rocío; cosa de imaginar. ... ¡Qué pena de medio revés no te hubiese dado la muchacha a tiempo! Ay, hijo, me hago sin esfuerzo a que estarías aquí. Martín: (Y aquí estoy, madre). ... Siempre tan tuyo, siempre tan tuyo... Madre: Ay, qué sota fuiste. Martín: (... ¡Madre!). Madre: ... El único de los cuatro que nunca me llamó “Mamá”. ... Nunca... Lo que te hubiese costado decirlo una vez. Una. ... Esa espina me dejas, hijo. D. Oswaldo: (asomando la cabeza) ¿Me llamabas? Madre: No. Pero si me das el brazo contigo me voy. D. Oswaldo: Aquí lo tienes. ¿Te encuentras bién? Madre: (saliendo cogidos) No, Oswaldo. Debo estar bastante mal, pues, y no me regañes ni te enfades, pero juraría que el chico ha salido del féretro y se ha acercado hasta la cristalera. D. Oswaldo: Al contrario. Eso es que está obrando la pastillita. Y ahora al coche. Una tila y a la cama. 123


(Martín aporrea el cristal y en vano intenta accionar el picaporte de la urna. Y al acudir la maquilladora en su auxilio, tampoco sale del habitáculo refrigerado por sentir la atmósfera del exterior asfixiante) Martín: ¡Me ha visto! ¡Me ha visto! ¡Mi madre me ha visto! No me extrañaría, a una madre no se la da cualquier holograma. Dorotea: Martín: Tan muerto no estaré entonces. Dorotea: Lejos le queda la fase más agónica, Peyo. Ríndase, lo que ha presenciado su madre es sencillo de explicar con el trajín que lleva. ¡Esta partida se me dijo que es a muerte! Martín: Dorotea: Siga intentando si quiere, pero es una entre el millón. Martín: Cosa mía queda. En fin, ¿Algo nuevo del mandamás se sabe? Dorotea: Él sí que llega sin avisar. (A la puerta de la sala toca un grupito que se anuncia muy educado) - Toc, toc. Dorotea: Pasen, pasen, y perdonen, yo ya me voy. (Al tanto sigo). Martín: (A estos sí que no esperaba; yo a los suyos no hubiese ido por lo menos. Al velorrio de Ernesto y Baldomero quizá sí; por ser buenos compañeros de oficina, y de Luisín ¡Que ha cerrado el bar, caray! Y de Adelita la del gimnasio. Pero de los otros no. Vamos, ni la gorda ésa sé quién es. ... ¿Podría ser la del primero izquierda? ... Podría, pero... no, no. Muy gorda para ser. Y por prima no me suenan los mostachos. ¿Quién será? ... ... ¡Ése sí! ¡Ése es Ramunet! ¿Ramunet, cómo te has enterado?). Ramunet: (alzando la voz entre el murmullo) Ya estoy aquí, Martín. Ya te pueden enterrar. Martín: (¡El ímpetu del artista! ¡Ése es mi amigo el escultor! Qué gustazo verte, sí. Habla, no calles aunque te miren atravesados. Dime, ¿Acabaste la obra aquella? ¿Te dieron premio y beca o sigues viviendo de la brocha gorda? 124


Cuántos anhelos). Ramunet: ... Estás... estás pálido, estreñido. ¡Qué mal te sienta la muerte, amigo! ... En vida quise esculpirte y no te dejaste, y no sé el tonto motivo, ¡tampoco eras tan feo!, pero lo que es seguro es que perdiste la ocasión de la inmortalidad... ... ¿Dónde queda el brillo de tus sueños?... ¿La vitalidad de nuestras quimeras?... ¿Las vidas plenas y fantásticas que nos prometíamos?... ... La verdad, no lo sé... ...... Martín, yo sigo viaje, me voy a exponer a Nueva York; y a ver si consigo que alguien me compre una mísera pieza... ... Más suerte para la próxima, macho... (Todos salvo la mujer gordita abandonan la sala) Gordita: ... En persona no nos conocemos; pero supongo que le habrán hablado sus hijos de mí; y mi marido. Sus hijos son alumnos míos, y aunque para quejar, le habrán dicho algo. Y mi esposo, por haber sido compañero suyo; Agustín Linares; Linarillos creo que le decía usted con mucha guasa; todas las noches me contaba lo bien que se lo pasaban ustedes en la sucursal. ... Lo que le digo, señor Martín, me he acercado para agradecerle lo mucho y bueno que habrá hecho por mi Agustín estos años; de la boca no le caía la amistad que se traían. Y por eso estoy aquí. …… … Que le sean benévolos. Adiós. Cuide allá arriba de mi marido otro rato, por favor. (sale) (Martín hace taciturno rondo al armón hasta que entra un sujeto al cual reconoce pero no consigue encuadrar) Martín: De qué te conoceré yo a ti... ¿de dónde? Ladrón: (enseñando el reloj) Quizá esto le recaliente la memoria. Martín: ¿Llevé el reloj a la joyería y no lo recogí? Ladrón: No. Se lo quité de la muñeca al tiempo que unas legañas. ...... ¿Se hace idea ahora? Martín: Imagino pero no recuerdo. Ladrón: Pues sí, soy yo. Y me parece una grosería que no me recuerde. Hoy no hablarán de otra cosa los periódicos. A usted le mencionarán como estadística, pero de mí se contará hasta las ratas que me compartieron cuna. 125


Martín: ¿Somos hidalgos venidos a menos o que tenemos muchos hermanos? Ladrón: Al otro lado de la puerta que da al cielo hice la barba y el nombre. Fui un desecho social. Martín: Me alegra que haya dejado de serlo. Me lo imaginaba. Y le perdono de todas formas. Ladrón: Aunque, no sé lo que pensarán de usted los que dejé en la UVI, ni los que vagan por aquí. Martín: ¡Usted perdonarme a mí! ¡Tú a mí! Ja. Pasa, pasa que te voy a dar unos retoques al maquillaje. Entra sí. No. Voy camino del crematorio y sólo me he detenido un Ladrón: instante. Y entérese, pero verbigracia de defender su puñetero reloj, allí se lió las de Bagdag. Yo le perdono, pero el reloj es mío y me lo llevo. Martín: ¡Qué va a ser tuyo, chorizo de mierda! Sí, sí que es mío. Sí. Ladrón: Todo lo suyo lo hice mío. La cartera, la cadena, las gafas. El reloj. Las llaves del coche y del piso. Todo. Y de haber salido de allí con vida, y viendo las fotos de la cartera, no sé si no me hubiese animado a conocer incluso a tu mujer. ¡Suerte ha tenido de topar conmigo y no con alguien peor! ¡Hasta los cojones estoy de la suerte que me adjudican! Martín: Y nada de lo que has mencionado te ha pertenecido ni pertenecerá. Jamás. ¡Ratero de tres al cuarto! Puedes llevarte el reloj, sí, pero en el bote de las exequias, te aseguro, y no te apures, pero no te saldrá. Ja. ... El alma de esas cosas me pertenecía a mí. O, sabes acaso dónde y cuándo compramos ese reloj. Quién era yo entonces. La de vueltas que han corrido las agujas conmigo. Los usos cambiados. La de horas que me ha pautado hasta aquí. Ladrón: Yo sé la última vez que se le dio cuerda. Martín: Y yo lo seguro que está en tu muñeca un boleto premiado. Ladrón: Pues nada, ahí se pudra a modo usted. Martín: ¿Una puntillita final? Ladrón: Rapidito porque me vienen rachas a queroseno. Martín: ¿Me podría dar por última vez hora mi reloj?... que lo entiendo suyo, sí. 126


Ladrón: ... Oh, lo siento. Lo llevo parado. Adiós. Martín: ... ¡A mamarla, cabrón! (Entra cansina la ex-mujer y extrae del bolso un sobre) Ex-mujer: ... Ha llegado a casa de tu abuela esto para ti... La mujer me ha pedido que lo abra y han resultado ser unos billetes de avión y una reserva de hotel. Para cuatro. A nombre del señor Alba Martín y familia. En Almería. Cabo de Gata. ...... ¡Cuánto te gustaban esas playas! ¡Cuánto! ...... ...... ¡Hasta lo sueños te han robado! ...... ¿Pensaste que iría contigo? ...... Lastima de día para yo misma saber, Martín. ...... Lástima de fin. (Con lágrimas abandona la sala. Martín se lanza violento contra el cristal y el absceso le dura hasta que aparece Dorotea Dulce y le informa que le esperan al otro lado de otra puerta)

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ACTO IV Umbral allá encuentra su fosa abierta en el camposanto y orilla del montón de tierra, pala en mano, el enterrador. Éste viste mono de faena y toda la hechura de haber cavado el agujero en persona. Enterrador: Vamos caballero, apure que se le espera hace rato. Martín: Yo sí llevo rato esperando. Me ha dicho Dorotea que estaría aquí el jefazo. ¿Sabe si va a tardar? Enterrador: ¿Quién? Martín: El mandamás. Enterrador: Ya está aquí, soy yo. Yo soy a fin de cuentas quien rellena el agujero y tiene la última palada. ¡¿Usted es Dios?! Martín: Enterrador: Cómo si lo fuese. ¿Y su Gloria? ¿Y su barba? Martín: Enterrador: (cogiendo un matojito de raices) Aquí. En plena Majestad. ¿Tengo acaso que justificar mi aspecto? Martín: El suyo no, pero el mío sí. Enterrador: Ande, ande, yo no atiendo queja que no desoigan las Leyes Naturales. No plaña blasfemias en mi presencia, se lo ruego. A alguien me tendré que quejar. Martín: ¿O acaso también tiene usted superior? Enterrador: Por tener tengo, pero es tan complicado el organigrama de la empresa, que tangible, para usted y último eslabón, sólo le quedo yo. De mí para allá no siguen las reclamaciones en lo que a usted concierna. Dígame a mí lo que tenga que decir. Martín: Simplemente que es un error. Una gravísima confusión a subsanar. Enterrador: Eso ya quedó claro que no. Usted tiene cita con nosotros desde que nació. Martín: Eso no es justo. Enterrador: El qué ¿El que haya tenido este fin o el que tenga que tenerlo? Martín: El que tenga que tenerlo. Enterrador: Es lección que se os da. Martín: ¡Vaya clase magistral! Enterrador: Un ras final. Martín: Una absurdez contra Natura. 128


Enterrador: je, je, je, je No ría porque es verdad. Martín: Enterrador: Vaya risa estúpida la mía que le hago tambalear el universo. …… No me encone. No me busque el enojo. Súbase a la caja porque prieta llevo la agenda. (Irresistibles las palabras, Martín se aproxima al ataúd y lo observa aunque aguanta con empeño el impulso de tocarlo) Martín: No, no quiero. Tengo muchas razones para no subirme. Enterrador: ¿Alguna buena y convincente? Martín: Las que tenga privadas por mi boca no las conocerá, de las otras, a ver si le vale lo estúpida que es la Muerte per se. El disipar de un ente que es mucho más que la suma de sus partes o la energía que dimane… Enterrador: Corte el rollo, mucho llevo en el negocio para no haber oído alegatos mucho más brillantes. Martín: En tal caso sea atraso la muerte al existir la inmortalidad ya. Sí, sé que hay hidras, o medusas o... o amebas, o bichos raros y poco conocidos, que se supone son de vida perenne. Enterrador: Para mí son seres con vida a la perpetua. Un castigo de existencia. ¿Quiere quedar así? Martín: En esencia, sí. Y sí, somos algo distintos incluso vistos a gen, pero prueba son de poder ser. Si hacen ellos ¿por qué no nosotros? Enterrador: Eso lo piensa uno antes y no aquí. Aquí, no es lugar. Venga, arriba. (De mala gana toma asiento en el ataúd) Oiga, a cada uno lo suyo y he de admitir que son cómodos; Martín: demasiado. Hizo bien mi padre firmando una póliza de gama alta. ¡Toma modelón! Enterrador: Le informo que es estándar. Pero lo cortés no quita lo valiente y desde luego que es una maravilla la ergonomía. Además, depura las cadaverinas y va quedando el suelo en barbecho para la nueva especie que aflore. Martín: Una llamada al orden tienen sus subalternos; porque venden sin pudor la burra y con medioengaños. 129


Enterrador: (sacando agenda) Eso sí se lo voy a oír y lo anoto para que no se me olvide. Haré circular la apreciación. …… Y tumbarse ¿Le apetece ya? Martín: No, no. No. No por favor. Déjeme hacerme del todo a ello, porque aunque me voy haciendo, también se me encoge más el pellejo y vuelvo a notarme las vísceras. Enterrador: Eso son los gases que le van tomando el cuerpo. Martín: No son gases, no. Enterrador: Ya le serán, ya. Bueno, relájese y póngase en postura. (Pese a resistirse con ganas Martín acaba tumbándose) Martín: Por favor, por favor, todavía no. ¡Un último vistazo a la horizontalidad! Por favor. … Un ratito más... un instante... se lo suplico... …… ¡¡Noooo!! ¡La tapa no! ¡La tapa no, por caridad! Enterrador: Sí, la tapa sí. Martín: ¡¡Por favor!! ¡¡Por favor!! Enterrador: …… Relájate, Peyo Alba Martín. Martín: No, no, no me eche maleficio. No voy a poder relajarme, voy a ser de los muertos que al cabo del tiempo exhuman con las uñas y los dientes clavados en la tapa. Y largo el pelo, muy largo, muy largo. No por favor. No. (Al notar que el féretro se mueve comprende que le están bajando al agujero y redobla en quejas y lamentos ininteligibles. Sólo al sentir que le cae encima la primera palada de tierra consigue cortar el hipo) - Ploc, ploc, ploc…… Martín: …… Se lo imploro, en una caja no. ¡Tenga misericordia! Enterrador: (entre palada y palada) ... ploc, ploc… Si se decanta ahora por el fuego, le advierto que al horno también se entra en caja... ploc, ploc... Martín: … No me importa que me entierren; pero no en una caja, se lo suplico. Enterrador: … ploc, ploc… Caja ha de llevar porque ahí está el negocio… ploc, ploc... Martín: Pues ábrame la tapa y siga rellenando; así nos satisfaría a los dos. 130


Enterrador: … ploc, ploc... ¿Y promete no dar más murga?... ploc, ploc… Martín: Se lo juro. Me pongo un pañuelo en la cara, para que no me entre arena en los ojos y tal, y ya quedo en pose, si se emperra, para la eternidad o lo que venga. Pero necesito echar un último vistazo a la tramoya. Enterrador: … ploc, ploc. …Yo hay ratos que también me detengo a contemplar; aunque los menos. ¿Y se busca entonces el pulso? Martín: Enterrador: … je, je. ¡Ay, Martín! ¡Peyo Alba Martín, cómo eres! …… ploc, ploc, ploc, ploc…… (Entre gritos y risas absurdas Martín se entrega a la negrura hasta que de la situación le saca un timbre pendenciero. Entonces, al abrir los ojos, se encuentra en el salón de su casa) - ploc, ploc, toc, toc, toc.. Ding, dong. toc, toc, toc, toc. Ding, dong. toc, toc, toc, toc. Rocío: …… Abre Martín, abre…… No seas sonso y abre porque ya encontré tu reloj. …… ¡Buffa! qué frío hace, cariño, abre. Abre de una vez, por Dios.

FIN

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TEATRO ELEMENTAL