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Guatemala, viernes 2 de diciembre de 2016
En la anterior entrega de este artículo sobre la crisis financiera del Estado salvadoreño a principios del siglo pasado se consigna que el detonante lo constituyó la desvaloración de las monedas de plata en circulación. En esta última parte se pone de manifiesto la decisiva influencia en aquella coyuntura de una red de intereses regionales y extrarregionales que acentuaron el carácter periférico y subsidiario de su economía.
fueron favorables a los intereses de la compañía frutera. Esta vez no se dejó tiempo para mayores discusiones ni vacilaciones. La Asamblea Legislativa aprobó el documento el 12 de julio de 1922 y el Ejecutivo otorgó su sanción el día siguiente. El empréstito por 16.5 millones de dólares tenía dos objetivos: consolidar la deuda nacional, tanto interna como externa, y proporcionar fondos para gastos en infraestructura. Los principales componentes de la deuda del país eran: 1) la deuda histórica en libras esterlinas con la Gran Bretaña, que incluía la parte que le quedó a El Salvador de la deuda de la República Federal, además de créditos obtenidos entre 1889 y 1918 vinculados principalmente a la línea de ferrocarril que manejaba la Salvadorean Railway Company; 2) las deudas adquiridas durante la crisis; 3) la deuda interna incluyendo lo que se debía a los empleados del Gobierno, y 4) subsidios a IRCA .
Retrato hablado
Primer tranvía que salía del Hospital Rosales, 1922.
diciembre. La suspicacia era tal que opositores anónimos enviaron a la Asamblea una carta amenazando de muerte a los diputados que aceptaran un contrato de crédito. A pesar de la efervescencia política, el 22 de diciembre la Asamblea aprobó un decreto autorizando al Ejecutivo a añadir 1 millón de dólares a los 6 que había autorizado la Asamblea en 1919; es decir, al proyecto de crédito que se estaba negociando. El nuevo año comenzó con gran inestabilidad. El 8 de febrero, cadetes de la Escuela Politécnica (la escuela de oficiales) comenzaron un levantamiento para derrocar a Meléndez, pero no lograron el apoyo que esperaban de la caballería. La ley marcial decretada por el Gobierno no fue suficiente para frenar las conspiraciones. A mediados de febrero, Keilhauer regresó con un contrato que había firmado con The National City Bank of New York. El documento de Keilhauer pasó a consideración del Consejo de Ministros. El debate fue largo y acalorado, al grado de que el ministro de Hacienda renunció durante el período de discusiones (hubo rumores de que se negó a apoyar el contrato por considerarlo contrario a los intereses nacionales). En marzo se rumoró otro conato de revolución con el apoyo de Guatemala. A fin de cuentas, ese mismo mes el Consejo de Ministros rechazó
lo convenido por Keilhauer en Nueva York. El 22 de mayo hubo otro levantamiento de un sector del Ejército, esta vez 160 soldados del Cuartel Zapote.
Crispación crónica
Pero las negociaciones del préstamo continuaban a pesar de la crispación política crónica. El Consejo de Ministros había hecho una serie de observaciones sobre cómo modificar el contrato. En junio, el Gobierno tomó una decisión sorprendente. Según el informe del ministro de Hacienda: “Se propuso que el contrato de empréstito se celebrara con el señor Minor Cooper Keith, quien tenía seguridad, a juzgar por lo discutido ya con algunas instituciones bancarias, que con el contrato aprobado por la República, en debida forma, le sería relativamente fácil obtener, como agente intermediario, que la negociación fuera aceptada por algún grupo de banqueros en las condiciones en que se hallaba colocada”. “Así fue como se firmó dicho contrato entre el señor Keilhauer, en representación de la República, y el señor Keith, procediendo por sí, el 24 de junio de [1921] en la ciudad de Nueva York”. Es decir, al representante del Gobierno de El Salvador, un empleado de la United Fruit Company, se le había dado poder para que negociara un contrato con su propio jefe. Los resultados
Los aproximadamente 3.7 millones de dólares de la deuda británica eran menos que el endeudamiento adquirido por el Gobierno para salir de la crisis. La suma de los préstamos recibidos entre septiembre de 1921 y diciembre de 1922 llegó a 3 millones 939 mil 173 dólares. El Gobierno comprometió el 70 por ciento de los ingresos aduaneros al pago del empréstito de 1922 y aceptó la fiscalización de las aduanas de parte de un agente fiscal. Uno de los aspectos más extraordinarios del contrato era la forma de resolver disputas de interpretación. El Salvador abandonaba toda pretensión de soberanía y dejaba en manos de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos la resolución final de cualquier diferendo. Después de la aprobación del contrato por los poderes Legislativo y Ejecutivo, lo único que quedaba pendiente para poner en marcha el crédito era la firma de un “contrato de agente fiscal” para nombrar al susodicho agente. Las condiciones del préstamo causaron indignación. El 5 de agosto hubo noticias de otro movimiento revolucionario, esta vez con el apoyo de Honduras y Guatemala. Además, la aprobación del crédito en julio coincidió con los primeros pasos para la campaña presidencial para reemplazar al presidente Meléndez. El candidato oficial era el vicepresidente Dr. Alfonso Quiñónez, quien, además de ser cuñado de Meléndez, se decía que era el verdadero poder tras el trono. Todas las fuentes coinciden en que Quiñónez tenía enorme personalidad y ambición, al grado de que los líderes de otros países centroamericanos le temían. El retrato hablado que el ministro Schuyler envió al Departamento de Estado lo presentaba como un “político fuerte, sin escrúpulos y con visión de largo plazo”. A la generalizada oposición al empréstito, que incluía a muchos miembros de la élite política y económica, se unía el temor a Quiñónez. La oposición se aglutinó en noviembre alrededor del Partido Constitucional y nombró a Miguel Tomás Molina como candidato. Mientras tanto, Quiñónez se había acercado a la Legación de Estados Unidos y se había comprometido por escrito a apoyar los intereses de ese país. El apoyo a Molina era inesperadamente sólido y la campaña presidencial llegó a sus momentos más intensos cuando todavía no se había firmado
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