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tarde, para después de un libro, para después de un idilio, para después de la guerra... Al fin y al cabo, una ciudad tiene siempre tiempo de esperar a un hijo pródigo.” Enrique Gómez Carrillo en El Despertar del Alma. Diario de Centro América
Gómez Carrillo,
E
nrique Gómez Carrillo (Guatemala, 1873–París, 1927) es como el Honorato de Balzac (escritor francés, quien publicó no menos de 150 títulos) nacional. Su vasta y genial producción literaria suma casi un centenar de títulos, que van de la novela al cuento y de la crónica al ensayo, de la ficción a lo autobiográfico. Genio controversial
Desde pequeño, Enrique Gómez Carrillo mostró ser un enfant terrible. Según relata en El Despertar del Alma, novela autobiográfica, intentó fugarse hacia El Salvador, cuando no había cumplido los 15 años, en busca de mejores posibilidades económicas. Sus apellidos eran Gómez Tible y sus compañeros de clases le llamaban Comestible. Su rebeldía lo hizo cambiar el apellido materno y decidió utilizar Carrillo, segundo apellido de su padre. Abandonó sus estudios de primaria y se dedicó a trabajar en El Bazar Internacional, como despachador. Fue autodidacta y su formación de lector voraz lo llevó a aprender distintos idiomas. En 1889 pasó a ser redactor de La Opinión Nacional por órdenes del presidente Lisan-
Hoy se cumplen 90 años de la muerte de un gigante de las letras.
dro Barillas. Ese mismo año publicó en El Imparcial un ensayo acerca de la obra de José Milla, que lo convirtió en un ensayista colmilludo y sesudo. Laboró en otros diarios de esa época, como El Guatemalteco y El Correo de la Tarde, que dirigía Rubén Darío. Debido a su falta de estudios, pero su capacidad intelectual, Barillas le otorgó una beca para formarse en Madrid. Aunque el joven Enrique se embarcó hacia Europa, prefirió viajar a Francia y perdió automáticamente la beca. Ilustre intelectual
Su primera llegada a París fue corta, ya que por órdenes presidenciales se dirigió hacia España. Allí publicó su primer libro en 1892, Esquisses. Entonces continuó durante el resto de su vida con una carrera prolífica como escritor laureado, periodista, intelectual respetado, que viajó por muchas partes del mundo para dar testimonio de lo que sus ojos veían e interpretaba su alma. Viajero incansable, recorrió Grecia, Rusia, India, China, Japón, Egipto, entre otros.
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a sus pies postrado París Francisco Alejandro Méndez fmendez@dca.gob.gt
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“ Ven, ven pronto’, decíame esa voz. Yo lo dejaba para más
ENRIQUE GÓMEZ CARRILLO viajó por el mundo para dar testimonio de lo que sus ojos veían e interpretaba su alma.
Escribió crónicas de sus viajes e impresionantes y premiados ensayos, como El Japón heroico y galante. Durante la Primera Guerra Mundial, su pluma redactó momentos determinantes, especialmente para Francia y su defensa por la democracia. Asimismo, fue presidente de la Asociación de Corresponsales de Guerra y secretario general de la Asociación Internacional de la Prensa. Para Carlos Wyld Ospina, Gómez Carrillo: “Fue el escritor más independiente, más personal y sincero de su tiempo en las letras hispanoamericanas. Su valentía de juicio era igual que su valentía de hombre; y corrieron paralelas su honradez artística y sus veleidades efectivas”. Corazón enamorado
Era un apasionado amante. Esto lo llevó a conocer a cuatro mujeres que marcaron su vida. Una de ellas, la escritora peruana Zoila Aurora Cáceres, de quien se enamoró a primera vista. Edelberto Torres Espinoza en Enrique Gómez, el cronista errante, narra el momento en que ella
se encandiló por el autor: “...recibió una impresión avasalladora al verlo ante sí: al poner sus ojos en los negros, luminosos y acariciadores de su admirado visitante, sintió la flecha del pequeñuelo divino hundirse dulcemente en su noble entraña”. Su nombre salió a relucir junto al de Mata Hari, la reconocida bailarina y espía internacional, que fue fusilada en Francia. La cortesana fue señalada de obtener información a cambio de favores, y alguien expresó que Gómez Carrillo sostuvo relaciones con ella y fue el responsable de su captura. Sin embargo, el autor escribió El misterio de la vida y de la muerte de Mata Hari, un texto en el que negó su participación en la captura, pero describió puntualmente la gallardía y garbo de esta bella femme: “Alta, esbelta, yergue en su cuello maravilloso, mórbido y ambarino, un rostro fascinador, de óvalo perfecto, en el cual cierta expresión sibilina y tentadora resalta”. Sus otras dos esposas fueron Raquel Meller, famosa cupletista española; y la salvadoreña Con-
suelo Suncín Sandoval, quien luego se casó con Antoine de Saint-Exupéry. Siempre despierto
Luego de una vida intensa, prolífica y de reconocimientos internacionales, a sus 54 años el escritor enfermó. Padeció quebrantos del sistema nervioso y ataques convulsivos. Murió en París el 29 de noviembre de 1927. Sus últimas palabras fueron “Laissez moi tranquelle” (Déjenme morir tranquilo). Torres señala que la importancia de la figura del intelectual se esparció rápidamente por el mundo. Hubo consternación y hasta desmayos entre sus seres queridos: “la noticia se difundió por cafés, los teatros, a lo largo de los bulevares, por la prensa y el cable trasmitió al mundo entero. En todas las capitales la prensa dio a conocer la triste nueva de uno de los grandes periodistas de la época”. Inhumado en el cementerio Père Lachaise (París), su epitafio reza: “Toujours en éveil parmi tant de choses endormies” (Siempre despierto tras dormir mucho).