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DCA Dominical 09042017

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cenciatura, Chaulón anota que tanto Laugerud como su esposa, Helen Lossi, se convirtieron en referentes del cortejo. En ese mismo documento, algunos feligreses los describen como la pareja elegante, e incluso llegan a comparar su estilo con el de los estadounidenses John y Jacqueline Kennedy. El historiador destaca que la devoción del matrimonio presidencial alteraba la tradición, pues desde el comienzo de la Semana Santa en los alrededores del templo de Santo Domingo se apersonaban soldados y la guardia de seguridad del gobernante. El Jueves Santo, los francotiradores se instalaban en el campanario y en los edificios cercanos, mientras que el Viernes las túnicas negras servían a los guardaespaldas para cubrir sus armas.

Cambio de discurso El Jueves Santo de 1955 celebró el derrocamiento de Árbenz.

En 1952, los cortejos reflejaban una lucha contra el supuesto avance del comunismo. dejaron de lado las capuchas cónicas (cucuruchos), tradicionales de la usanza española, y se adoptaron los capirotes que se utilizan en la actualidad.

El decorado como mensajero

Portada de El Gráfico, del 4 de abril de 1983.

Entre 1920 y 1944, los Gobiernos, incluido el de Jorge Ubico, trataron de mantener relaciones cordiales con la Iglesia católica. Por tanto, la identidad de la Semana Santa se mantuvo viva y prácticamente intacta en los barrios capitalinos. Sin embargo, el 20 de octubre marcó un cambio de era. Aunque en el período revolucionario, primero con Juan José Arévalo y después con Jacobo Árbenz, la administración decretó la cientificidad de los fenómenos sociales, nunca persiguió el catolicismo. No obstante, esta institución se dedicó a usar sus andas y decorados para reforzar la fe de la comunidad en contra de lo que veía como un avance del materialismo y el ateísmo. El investigador Fernando Urquizú, en su texto Crónicas y Recuerdos de Jesús Nazareno de Candelaria, se refiere específicamente al cortejo de ese templo en 1952: “Ramiro Araujo Arroyo fue relevado en la ornamentación de las andas por el artista Carlos Rigalt, quien encontró motivos más sutiles y profundos de reflexión para impactar a los devotos y público en general con temas contemporáneos”. Ese año pudo verse a un Jesús que vencía a Satanás, con quien se asociaba el co-

munismo, y lo colocaba en el infierno. En 1953, Jesús fue el Salvador en medio de los 4 jinetes del Apocalipsis, y en 1954, el Nazareno se presenta en la Última Cena con conocimiento de la traición de Judas. Llegó la época de la contrarrevolución, y esta, nunca mejor dicho, se hizo presente en la Semana Mayor de 1955. Chaulón matiza que en su adorno el cortejo procesional de Jesús de Candelaria hace una apología al derrocamiento de Árbenz, obviamente celebrándolo. Unos quetzales, ave símbolo, rodearon el anda, pues la fe no puede ser cautiva, y unas calaveras sirvieron para representar el comunismo.

El hermano no reconocido

Entre 1958 y 1963, el turno de dirigir la nación fue para José Miguel Ydígoras Fuentes. Aunque era católico conocido, fue en 1959 cuando comenzó a cargar al Señor Sepultado de Santo Domingo, como una forma de limpiar su cuestionada figura y mostrarse como un ciudadano piadoso. Si bien fue incluido en la Comisión de Honor, diversos documentos y testimonios dejan patente que los integrantes de esa hermandad nunca lo aceptaron como uno de ellos.

Entre la fe, el glamur y la seguridad

Por esa misma asociación, conocida como La hermandad de los ricos, transitó Kjell Eugenio Laugerud García, presidente de la República de 1974 a 1978, como directivo honorario. En su tesis de li-

A FONDO

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Guatemala, 9 de abril de 2017

Llegó la década de los 80, y con ella una de las páginas más oscuras en la historia del país: el recrudecimiento del conflicto armado interno. El terror se apoderó de la zona urbana con bombas incendiarias que destruyeron diversos comercios. Fernando Urquizú explica que aunque estaba claro que existían dos bandos (comunistas y anticomunistas), los cortejos no siguieron el mismo discurso de la Revolución: “Las procesiones tuvieron un mensaje que buscaba acercar a las personas, más allá de su ideología. Si existía un entierro, era de todos, pues todos eran víctimas. La unidad mediante el dolor hizo que se fortalecieran estos desfiles”. Chaulón recuerda que durante el gobierno de facto de Efraín Ríos Montt, seguidor de la doctrina evangélica, corrieron rumores acerca de que este buscaba prohibir las procesiones, mas nunca se concretó. En su libro, Urquizú apunta, sin embargo, un hecho de 1983 que no deja de resultar curioso: la portada del diario El Gráfico del 4 de abril destaca la captura de una mujer que durante el Viernes Santo intentó quemar la imagen de Jesús de Candelaria. Chaulón explica que al ser detenida la fémina confesó que su acción fue influenciada por el discurso del entonces mandatario.

Identidad

Se iniciaron los 90, y el 29 de diciembre de 1996 se firmaron los Acuerdos de Paz. Según Urquizú, a partir de ese momento la Semana Santa se convirtió en la práctica que actualmente vemos transitar por la ciudad. Por tanto, más allá de las escenas o mensajes evangelizadores que cada hermandad o cofradía busquen transmitir cada año, las procesiones son, de alguna manera, conmemoraciones de la identidad nacional.


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