zona urbana y cinco en comunidades; en todos hace falta espacio para llevar a los muertos, principalmente en el Panteón Norte y el de San Nicolás, donde ya sólo hay espacio para cuerpos de niños.
MORIR Y DAR VIDA Oliverio Fernández es el director general de Jardines Nueva Vida, una de las casas de servicios funerarios en San Miguel de Allende con más de 20 años en el municipio y quien asegura que la opción de incineración de los cuerpos es una práctica que crece año con año. Indicó que es en las grandes ciudades, donde ya no hay espacio en sus cementerios, donde se opta por cremar los cadáveres, porque además de pagar un solo servicio, las cenizas pueden depositarse o llevarse a otros lugares como los nichos en los templos, que tienen un costo entre los 8 y 10 mil pesos, dependiendo el templo y la disponibilidad, así como el pago de una cuota anual para que las cenizas no sean sacadas de su lugar. Asegura que con el tiempo y la tecnología, la muerte tiene una nueva cara y ahora los sepelios pueden ser transmitidos vía Skype o Facebook Live, para que todos aquellos familiares que están en otro país o estado, puedan participar del homenaje. “Los servicios dependen de la decisión de la familia y ellos son los que tienen la última palabra. Si ellos aceptan el servicio de cremación, tienen la opción de velar o no el cuerpo, sólo tienen que esperar las 12 horas que piden las leyes estatales y federales, para proceder a realizar la incineración del cuerpo”. El incremento de servicios en su crematorio los ha obligado a separar las urnas para cenizas, de los féretros que ofrecen a sus clientes. “No es lo mismo ver una pequeña urna tallada en madera o de talavera, que ver un gran cajón de madera o metal decorada con figuras católicas, por eso decidimos separarlos porque si el duelo ya es fuerte, ver los ataúdes resulta más pesado”, dice. 74 MIRADOR
Destacó que la ley no exige determinar cuál será el final de las cenizas que se entregan a la familia, por lo que es decisión de ellos determinar a dónde las llevarán. “Una vez que el médico legista dictamina la muerte, es entonces que se informa que la familia optó por la incineración y una vez realizado el proceso ante el Registro Civil, ellos son libres de guardarlas, llevarlas al bosque, al mar, a un jardín o depositarlas en pequeños relicarios que son repartidos entre sus parientes”. En su sala de exhibición hay de todo, desde una urna de mármol, de cerámica, de metal, de maderas finas y hasta cajas con pequeñas urnas que son repartidas a cada uno de los integrantes de la familia. “Lo cierto es que después de la muerte, las cenizas son vida porque están llenas de compuestos orgánicos que alimentan a la tierra. También es cierto que se pueden crear diamantes, porque una vez consumada la cremación, los familiares reciben 2.5 kilos de ceniza, más algunos trozos de hueso y pocos de carbón, que es de donde se pueden crear los diamantes, que es una de las críticas que hace la iglesia”. Pero al saber que lo que queda de un cuerpo es también alimento para la tierra, en su sala de exhibición también hay urnas ecológicas: una de sal para el mar, otra de arena para agua dulce y una más que viene con semillas de flores y un poco de tierra, la cual mezclan con las cenizas y pasado un determinado tiempo, ese ser querido da vida a una hermosa planta. “Los espacios para sepultar se están acabando y no hay más tierras para construir cementerios. La Iglesia dice que la sepultura es la mejor forma de superar el duelo, pero hay quienes son más felices sabiendo que ese ser que convirtieron en ceniza se mezclará en el mar, un mar que cubre las tres cuartas partes de la tierra, así que lo podrán sentir cerca en cualquier parte del mundo donde estén parados”.