Skip to main content

Zen Trading Magazine - Ed 11

Page 12

Además, no solo deberá pagar una multa millonaria, sino devolver las acciones que tenía en la empresa y, por supuesto, renunciar a su control. Tampoco podrá dirigir una compañía pública en la próxima década ni obtener ganancias derivadas de la liquidación o venta de Theranos porque estas deberán ir a los inversionistas.

¿Qué pasó con Holmes?

Resuelto este tema, que es el que más inquieta a quienes invirtieron dinero en la compañía, la pregunta que todos nos hacemos es ¿en qué momento Holmes se convirtió en la protagonista de semejante tragedia cuando, incluso, llegó a ser nombrada por algunos como la próxima “Steve Jobs”? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Lo que sí está claro es que asistimos ante la caída de una “estrella”, porque eso era lo que Holmes, aparentemente, podía llegar a ser. Estudió química en la prestigiosa Universidad de Stanford y realizó una práctica en el Instituto de Genoma de Singapur. Fue ahí donde decidió crear un dispositivo de telemedicina que permitiera hacer mediciones de sangre y, además, controlarla a través de dispositivos móviles. Registró la patente en Estados Unidos y luego decidió crear su propia empresa que terminaría por llamarse Theranos. Como ha ocurrido con las startups más reconocidas de Silicon Valley, la empresa inició sus actividades en el sótano de una casa hasta que su fundadora, que se retiró de la universidad sin graduarse para dedicarse a la empresa, empezó a participar en rondas de financiación que le die-

12

ron el capital necesario para que, ahora sí, su compañía funcionara por lo alto. Las cifras hablan por sí solas. Solo un año después de creada, Theranos podía operar en Estados Unidos con su promesa de valor: sacar sangre sin usar jeringas y, además, dar resultados complejos en pocas horas. En 2015, cuando comenzó su ascenso, Holmes fue reconocida por la revista Forbes como la mujer multimillonaria más joven del mundo, con una fortuna valorada en US$4.500 millones. Hoy, cuenta otra historia: “su fortuna” se ha esfumado. Su imperio no estaba construido sobre bases sólidas y ahora ella debe asumir las consecuencias. Pero esta, como todas las historias de fracaso, también tiene un lado positivo y nos deja una gran lección tanto a los emprendedores como a los inversionistas. Si prometemos algo, debe ser la verdad. Y si vamos a creer en algo, debemos estar lo más seguros dentro de lo posible de que nos están diciendo la verdad. Esa es nuestra responsabilidad y nuestro derecho.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook