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Rompiendo el Silencio

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Editorial

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POR WILIANE S. MARRONI

Necesitamos romper el silencio impuesto por los que abusan de los niños, las mujeres y los ancianos.

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doméstica. El número surge de una encuesta realizada a 138 mil mujeres de 54 naciones. Entre los países estudiados, la Rep. del Brasil encabeza la lista de problemas de violencia doméstica. Como un grito de advertencia contra el abuso y la violencia, y ante este cuadro de dolor y sufrimiento, la Iglesia Adventista del Séptimo Día desarrolla anualmente la campaña educativa “Rompiendo el Silencio”, a fin de orientar a las víctimas en la búsqueda de ayuda ante las autoridades competentes, quebrando así el círculo vicioso de la violencia. Todos necesitamos abrir los ojos ante cualquier señal de violencia familiar. Los padres no deberían subestimar los cambios de comportamiento de sus hijos pequeños. Ellos podrían estar clamando por auxilio a su manera. Los hijos deberían prestar atención a cualquier cambio de actitud de sus padres ancianos, porque podrían estar recibiendo maltrato de alguien de su entorno. Las mujeres deberían hablar y, si es necesario, gritar, pero no deberían permitir la violencia hacia su persona. Rompamos el silencio: denunciemos; es un acto de amor hacia nosotros mismos y hacia nuestros semejantes. Las víctimas de la violencia merecen ser felices. La reacción ante este problema que destruye a los hogares y a la sociedad debe partir de cada ciudadano. Que cada lector de esta revista, preparada con seriedad y cariño, pueda involucrarse activamente en esta campaña. El grito de socorro proviene de lo íntimo de miles de víctimas: ¡Terminemos con esto ahora! ◾ Wiliane steiner marroni es directora del proyecto “rompiendo el silencio” para sudamérica.

Foto: Shutterstock

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T

odos los días, los medios de comunicación exhiben un terrible cuadro de violencia, que se desarrolla amenazante alrededor del mundo. Los titulares señalan: “Mantuvo cautiva a su pareja en una cárcel improvisada, por temor a la separación”; “Marido celoso asesina a su mujer de un disparo”; “Padres irresponsables abandonan a sus hijos encerrados en el domicilio y salen a emborracharse”; “Hijo inescrupuloso abandona a su madre y la deja sin alimentos ni medicinas porque le roba su dinero”. La violencia se ha instalado en el seno de las familias y está dejando sus profundas huellas en las generaciones que serán el futuro de una nación. Los niños, las mujeres y los ancianos son las principales víctimas de una sociedad enferma, sin principios y sin amor. La mayoría no se anima a denunciar al agresor, por temor a las represalias o por miedo a agravar la situación. ¿Qué podemos hacer? Algunos países han sancionado leyes que intentan proteger a los miembros más vulnerables de la sociedad. Necesitamos disminuir el impacto de este terrible flagelo social. Es el deber moral de cada ciudadano. Según la Organización Mundial de la Salud, la violencia es la causa de casi el 7% de todas las muertes de mujeres entre 15 y 44 años, alrededor del mundo. En algunos países, hasta el 69% de las mujeres confiesan haber sido agredidas físicamente y hasta el 47% declara que su primera relación sexual fue contra su voluntad. El alcoholismo, el estrés en la familia, el desempleo y los problemas económicos son generalmente el disparador de la violencia y el maltrato infantil. Una investigación realizada por la Sociedad Mundial de Victimología constató que el 23% de las mujeres en la Rep. del Brasil ha sido víctima de algún tipo de violencia


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