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Ser o no Ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Carlos PalmĂŠs, SJ


CARLOS PALMÉS, SJ

Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI SEGUNDA EDICIÓN ACTUALIZADA Desde el Congreso de Roma, Aparecida, CLAR 50 años, Bogotá

Editorial Verbo Divino


COLECCIÓN: VIDA RELIGIOSA Nº 1: La vida religiosa en América Latina, Proceso - consagración, lo fundamental - los votos. Carlos Palmés, SJ Nº 2: Ser o no Ser, la Vida Religiosa del Siglo XXI. Carlos Palmés, SJ

Es propiedad de la Editorial Verbo Divino – Bolivia SRL. Av. Juan de la Rosa O-2216, Cochabamba. Casilla 191; tel/fax: (591) 4-4420733; 4286297; 4115214. E-mail: ventas@verbodivino-bo.com

www.verbodivino-bo.com Segunda edición, Didiembre 2009 © Carlos Palmés, SJ, 2009 - © By Editorial Verbo Divino-Bolivia SRL, 2009. Printed in Bolivia. Impreso en Bolivia. Depósito Legal: 2-1-598-08 ISBN: 978-99905-1-269-4


Contenido PRESENTACIÓN

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INTRODUCCIÓN

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CAPÍTULO I: VIVENCIA DE LA FE Y SEGUIMIENTO DE CRISTO

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CAPÍTULO II: LOS TRES PILARES DE LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA

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CAPÍTULO III: LA EXPERIENCIA FUNDANTE

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CAPÍTULO IV: LA VIDA COMUNITARIA

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CAPÍTULO V: MISIÓN EVANGELIZADORA

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CAPÍTULO VI: 50 AñOS DE LA CLAR Y TEOLOGÍA Y VIDA CONSAGRADA

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CAPÍTULO VII: URGEN ACOMPAñANTES ESPIRITUALES

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CAPÍTULO VIII: EL ENEMIGO LA MEDIOCRIDAD

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CAPÍTULO IX: SENCILLEZ Y POBREZA

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CAPÍTULO X: LA FORMACIÓN DEL RELIGIOSO/A

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CAPÍTULO XI: INTEGRACIÓN

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CAPÍTULO XII: DE LA TEORÍA A LA PRAXIS

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Presentación Hay libros que atraen por el solo carisma de sus autores, autores que provocan el entusiasmo de los lectores con solo publicar sus obras, por lo decantado de su sabiduría, la coherencia de sus planteamientos y la actualiGabriel Naranjo dad de sus puntos de vista. Este es el Salazar, CM Secretario General caso de Carlos Palmés de Genover y de la CLAR su escrito Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI que, a los pocos meses de haber sido editado en Colombia por la CLAR y Ediciones Paulinas, vuelve a la imprenta en Bolivia para otra impresón, por parte de Editorial Verbo Divino. El autor es uno de los "grandes" de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos, hasta el punto de confundirse con su historia, ya de 50 años, y de haber llegado a ser uno de los que han ido señalando el camino a los demás. Estuvo vinculado a sus instancias institucionales todo el tiempo que lo permitieron las normas estatutarias, en el Secretariado General, la Presidencia y el Equipo de Teólogas y Teólogos Asesoras/es de la Presidencia, ETAP. Pero hay algo que explica aún más el que haya podido escribir una obra como ésta: su pasión por la Vida Consagrada, expresión del doble amor que ha atravesado su vida, Jesucristo y los pobres. El tejido de estas páginas está cruzado por estos hilos que, además, le han permitido unirse con

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

entusiasmo a la aplicación del Vaticano II en este continente de la esperanza, conservar la frescura de su "amor primero", observar con ojo crítico los procesos sociocuturales y eclesiales y mantenerse abierto a los signos de los tiempos. Todo esto lo encontramos conjugado en éste, el más reciente de sus libros pero no el último. Gracias a su maciza formación intelectual, a su incontrolable sensibilidad por las cosas que pasan, a lo metodológico de su genio investigativo y a lo castizo de su pluma, redacta unos capítulos al mismo tiempo profundos y fluidos, precisos y sencillos, realistas e interpelantes. Gracias a las fuentes en que se inspira, la realidad y el evangelio, y a los paradigmas que ha vivido y trasmitido, una Iglesia en función del Reino y una Vida Religiosa al servico de los pobres como los primeros ciudadanos de ese Reino, logra una lectura del presente y del futuro de las religiosas y los religiosos que recoge la percepción discipular y misionera de la Conferencia de Aparecida y la dinámica mística y profética de la CLAR. Este libro, por estos motivos, continuará el derrotero que ya se ha ganado y que ya está trazando: obra de consulta para quienes se sienten inquietos con la actual problemática y siguen creeyendo en el futuro de la Vida Consagrada, referencia iluminadora para los procesos formativos y para las nuevas generaciones que, sin desconocer el pasado, viven el presente con la responsabilidad de anticipar el futuro. Gabriel Naranjo Salazar, CM Secretario General de la CLAR

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Introducción Ya han pasado más de 40 años desde el gran acontecimiento eclesial del s. XX, el Concilio Vaticano II. Fue el inicio de grandes cambios muy esperanzadores en el campo religioso, social, litúrgico, ecuménico... En Europa se Carlos derrumbaron tradiciones que se Palmés, SJ arrastraban de siglos y que trababan la Vida Consagrada (VC) a menudencias disciplinares, para dar paso al Espíritu. En América Latina (AL) aquellos ímpetus renovadores se recogieron y se aplicaron a nuestra situación, especialmente en las cuatro Conferencias episcopales de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. Fue un momento primaveral de la Iglesia. Cayeron muchas estructuras y tradiciones obsoletas, se abrieron nuevos frentes apostólicos que dieron un nuevo enfoque a toda la Vida Consagrada. Hoy hay muchos Institutos religiosos que siguen fieles a la primera intuición y a los nuevos caminos emprendidos. Y gozan de vitalidad y de pleno sentido. Tienen una vida espiritual sólida y encarnada en la realidad. Es admirable su sensibilidad y su respuesta generosa. Esta revitalización se ha dado especialmente a partir del Vaticano II y mediante la organización de las Con-

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ferencias Nacionales y Regionales de Religiosos/as, que generalmente han gozado de dinamismo y vitalidad, han sido fieles a las orientaciones del Concilio y han dado respuestas nuevas a las situaciones nuevas desde los propios carismas de educación, pastoral, atención a enfermos, etc. Muchos siguen fieles en los puestos de frontera y atienden con gran abnegación a los desechos de la humanidad; así mismo muchos se han abierto a las nuevas pobrezas y a las situaciones más extremas: los migrantes en muchas regiones del mundo, los enfermos de SIDA, especialmente en África, las víctimas de las guerras o de fenómenos naturales... Sería injusto no reconocerlo y celebrarlo. Pero también da la impresión de que otros no han llegado a las honduras de una “refundación”1, o, si la habían iniciado, han vuelto la vista atrás. Hay mucha mediocridad. A veces, junto con una excelencia profesional y organizativa, se da una vivencia espiritual muy pobre. En muchas partes, la imagen que presentamos los religiosos/as es de poder, de riqueza, de grandes obras y de tradiciones obsoletas. Y en lo personal, parece que muchos no han conseguido la síntesis de ser “contemplativos en la acción”. Lo de “contemplativo” parece más un título honorífico que una realidad. No se logra ser contemplativo en la acción sin ser antes y durante, contemplativo en la contemplación. Así como tampoco es aceptable vivir una contemplación que no se exprese en la vida y la acción2. Junto con estos, surgieron, dentro de Institutos que emprendieron seriamente la refundación o revitalización, grupos que querían volver a “la letra” de las Constituciones escritas por fundadores del siglo XVI o

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Introducción

XIX, queriendo “recuperar” el espíritu. Así mismo –como suele suceder en tiempos de decadencia– han surgido Institutos nuevos, que podrían clasificarse como “fundamentalistas”, que se aferran a normas rígidas de austeridad y disciplina, a tradiciones sobrepasadas, pero descuidan la formación de la libertad, de la afectividad, del hombre interior. Suelen tener éxito en conseguir vocaciones. Lo cual puede indicar que hay como una necesidad de volver a la radicalidad evangélica. Estos movimientos intraeclesiales han sido apoyados y fomentados por los sectores más conservadores de la Iglesia, como viendo en ellos la salvación. Dentro de toda esta variedad de actitudes y realizaciones, creo que cada vez se pueden distinguir más de dos clases de VC postconciliar: la de aquellos que han tenido la audacia de traducir su carisma a las nuevas situaciones de tiempo y lugar, intensificando al mismo tiempo los elementos esenciales de la intuición inicial, y aquellos que siguen arrastrando obras y tradiciones que tuvieron su razón de ser en cierto momento de la historia, pero que no se han adaptado a la situación actual y hoy ya no responden a las necesidades más clamorosas y urgentes3. O aquellos que se han dejado absorber por el activismo o que han resaltado aspectos importantes, pero no han sabido integrarlos con lo esencial. O han confundido el peso de las tradiciones con la fidelidad al carisma4. En estas personas parece que hay una gran dosis de buena voluntad, pero lo que más resalta no es precisamente el “ser testigos del Evangelio”5. En algunas naciones de Europa se ve la VC con menos optimismo que en otras partes debido a la escasez y casi

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extinción de vocaciones y a la edad avanzada de la gran mayoría. Muchas obras en marcha y poco personal para llevarlas, casas grandes –antes repletas de juventud– y ahora casi vacías. Y lo más preocupante es que en un gran número de gente del pueblo cristiano ha ido disminuyendo la fe y aun tal vez extinguiéndose. Esto puede llevar al desaliento. Creo que mas bien deberíamos leerlo a la luz de la fe como una interpelación que nos exige calidad. “Los que sembraban con lágrimas, cosecharán entre cantares”. El autor del Salmo 126 dice esto a la vuelta del destierro y al encontrarse con la ciudad de Jerusalén destruida y el templo profanado. Y sabe que de esas ruinas brotará una nueva vida.

NUESTRO ENFOQUE Frente a toda esta realidad desconcertante y desde una visión mundial de la VC, queremos presentar los temas fundamentales de la (VR) que queremos vivir. La única respuesta convincente es la de una VC de radicalidad evangélica, que sea como Jesús “bandera de combate” (Lc 2, 35), con ideas claras sobre qué somos y qué queremos, con una vida que hable por sí misma y que arrastre a jóvenes desprendidos y generosos a soñar con que “otra Vida Consagrada es posible”. Nos jugamos el SER O NO SER de la VR. Parafraseando a Rahner, podríamos decir que el religioso/a del siglo XXI o será místico o no será religioso/a. Prescindimos de las particularidades de los diversos carismas o de las diferencias culturales. Y esto se ha de vivir en cualquier lugar del mundo y por parte de todos/as los que pretenden seguir a Cristo en una VC activa. Y tra-

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Introducción

ducida y encarnada en la realidad de nuestro mundo actual. Y aquí tienen un papel importante los religiosos/as de vida contemplativa. Después de todas las experiencias realizadas y de todos los errores cometidos y aciertos alcanzados, desembocamos en lo esencial. Hay que volver a la intuición inicial, que podemos concretar en estos cuatro elementos: (1) La centralidad de la Persona de Cristo como la Rocafundamento. En ella se apoyan las tres columnas constitutivas de la VR: (2) La experiencia de Dios como experiencia fundante; (3) la nueva vida comunitaria fundamentada en las relaciones personales; (4) la misión evangelizadora comprometida e integrada. Todo ello convertido en vivencia gozosa y profunda. Tres grandes acontecimientos han marcado últimamente la VC y la vida de la Iglesia. El primero fue a fines del 2004, el Congreso de VC en Roma, el segundo, en mayo de 2007, la Conferencia episcopal en Aparecida, el tercero fue el Congreso de los 50 años de la CLAR tenido en Bogotá en junio del 2009. Aunque Aparecida se orienta principalmente a AL y afecta directamente a la Iglesia de ese continente, sin embargo enfrenta los aspectos fundamentales que se aplican a toda la Iglesia en cualquier parte del mundo. La globalización no afecta solamente al aspecto económico o cultural; también al religioso y eclesial. Y en Aparecida los temas que se tratan casi en su totalidad fueron de dimensión universal. Y esto es lo que produjo en todos la satisfacción de la unanimidad de vivir una misma fe y unas mismas convicciones. Lo que creó posiciones encontradas fueron algunos temas pastorales específicos de América. Sólo tocaremos algunos temas más actuales.

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Los dos acontecimientos han pretendido tomar conciencia de la nueva situación del mundo y de la Iglesia actual para producir una “fuerte conmoción en la Iglesia” (Aparecida, 362) y para suscitar una profunda “pasión por Cristo y pasión por la humanidad” (Lema del Congreso de Roma). Lo que querría presentar en este libro es el religioso/a del siglo XXI que intenta responder a las expectativas suscitadas. Lo sintetizaría en once rasgos fundamentales, en los que se ha desembocado después de las experiencias realizadas, de los errores y exageraciones cometidos y de las nuevas líneas-fuerza que han brotado. Para una visión más completa y profunda de toda la VR se pueden consultar mis libros “La Vida Religiosa en América Latina” (Ed. Verbo Divino – Cochabamba) y “Nueva espiritualidad de la Vida Religiosa en América Latina” (Ed. CLAR - Bogotá). Quiero dejar bien asentado que personalmente siento gran aprecio y afecto por la VC, a la que he dedicado toda mi vida. La descripción crítica que hago de algunos aspectos es con el deseo de ayudar a que aprovechemos esta coyuntura histórica y las experiencias postconciliares para dar un impulso decisivo a su revitalización. Desde hace muchos años me dedico a dar Ejercicios Espirituales, sobre todo a personas consagradas, y cada vez descubro y admiro más la inmensa sed de Dios que traen y el deseo de asentar su vida sobre una base sólida de oración y de entregarla al servicio del hermano. No pretendo ser exhaustivo ni decir la última palabra, sino más bien resaltar los aspectos más importantes y urgentes hoy. Son las conclusiones a las que se ha llegado tras el largo proceso postconciliar y resaltadas repetidamente, especialmente en el Congreso de Roma. Son once rasgos que a mi

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Introducción

parecer constituyen el SER O NO SER del religioso/a del siglo XXI. 1. Para ponernos en la perspectiva adecuada hay que dar el salto de una visión puramente humana a la visión de fe, pero siempre teniendo presente la realidad en que vivimos. Una VR que no parta de la fe y no se apoye y no se realice en la fe no tiene sentido ni consistencia. La VC es esencialmente seguimiento de Cristo y no basta la motivación sociológica o cultural o pedagógica o antropológica... Lo que todos han de poder ver en el religioso/a, sin necesidad de muchas explicaciones, es a un “testigo del Evangelio”, muy humano y muy cristiano. 2. Los tres pilares de la espiritualidad cristiana. La espiritualidad cristiana es un modo de seguimiento de Cristo hoy y aquí bajo la acción del Espíritu. Las diversas espiritualidades resaltan algún o algunos aspectos del seguimiento, pero todos ellos se apoyan sobre la experiencia de Dios, la comunidad y la misión. 3. El primer rasgo, la experiencia de Dios, resalta la oración. Ya desde el principio, hay que sumergirse en una vida de oración transformante personal, habitual, prolongada, hecha con un corazón limpio. Es la experiencia fundante que constituye el corazón de nuestra vida espiritual. Oración en un tiempo determinado, pero que ha de llenar todo el día viviendo como “contemplativos en la acción”. 4. Vida de comunidad y no simplemente “en común”. El nuevo estilo de vida comunitaria –todavía no asimila-

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

do por muchas familias religiosas–, que está centrado no en la observancia regular ni en los rezos, sino en “las relaciones personales de amistad en el Señor” y orientada a la misión. No se busca una simple convivencia respetuosa, sino llegar a vivir el precepto del Señor de “amarnos de verdad unos a otros” de modo que haga exclamar a quienes nos vean “miren cómo se aman”. 5. Apostolado testimonial y comprometido. En la historia de la VR, durante 15 siglos prevaleció la vida contemplativa, e incluso, el contemplativismo porque se reprimió drásticamente todo brote de vocaciones apostólicas. Sólo en 1900 fueron aceptados oficialmente los Institutos dedicados al apostolado, con el nombre de Congregaciones religiosas. Han hecho y siguen haciendo un bien inmenso. Pero ahora tal vez hemos caído en el activismo. Por eso hoy cobra mucha fuerza la necesidad de unir contemplación y acción, ser “contemplativos en la acción”. 6. Cincuenta años de la CLAR han sido un instrumento providencial para ayudar a la V.R. de A.L. y el Caribe a realizar los cambios y la transformación promovidos por el Concilio para mantener lo esencial y dar vitalidad y nuevo impulso a la VC. 7. Acompañamiento espiritual. Un ministerio apostólico que está tomando mucho relieve, especialmente para religiosos/as jóvenes y seminaristas durante la formación y también después. La mujer está especialmente llamada a esta “pastoral de profundidad”.

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Introducción

8. El enemigo principal: la mediocridad. Si la propuesta es ser o no ser, la nota más característica de la VC tiene que ser vivir con radicalidad el Evangelio. Y por lo tanto, el principal enemigo es vivirlo a medias con una vida “incolora e insípida”, llena de ambigüedades y con un bajo nivel de fe y amor. 9. Nueva imagen de VR El sector más visible de VR –que con frecuencia presenta una imagen de poder, de grandes obras, de eficiencia– ha de dar paso a una vida más sencilla y testimonial, de mayor cercanía al pueblo, en actitud de servicio. Y al mismo tiempo, una vida de pobrezaausteridad y de pobreza-solidaridad. La sociedad consumista en que estamos sumergidos y los medios apostólicos que usan algunos, han infligido profundas heridas a nuestra pobreza evangélica. En el Congreso de Roma levantaron la voz de inconformidad, especialmente los religiosos/as de África, Asia y América Latina. 10. Formación profunda y encarnada. Todavía hay muchos Institutos que dan una formación superficial y apresurada. Algunos tienen como criterio principal cubrir los puestos de trabajo o las urgencias apostólicas inmediatas con las/los jóvenes al terminar el Noviciado y no atienden debidamente a la formación de las personas. Aquí las palabras clave son continuidad y seriedad. 11. Integración vital. En fin, los tres elementos fundamentales de la VR –experiencia de Dios, vida comunitaria y misión– han de integrarse vitalmente de modo que a cada cosa se dé su valor y su tiempo. Esta integración se ha de dar a nivel personal: cabeza, corazón y

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manos, lo mismo que a nivel comunitario –una mínima estructura– y a nivel Provincia e Instituto. La inflación o absolutización de un aspecto sobre los otros produce un “monstruo espiritual” que desbarata la vida. La vida del religioso/a del siglo XXI debe regirse por los valores evangélicos encarnados y hechos visibles en quienes pretenden seguir a Cristo “a dondequiera que vaya”. 12. Coherencia entre teoría y praxis. Se han escrito infinidad de libros y artículos acerca de cómo debe ser la VR, se han reelaborado cuidadosamente las Constituciones de cada Instituto después del Concilio. En todas partes se formulan bellas declaraciones de principios, pero en la práctica muchos viven en una mediocridad lamentable. Y hoy lo único que convence, especialmente a los jóvenes, es el testimonio de vida personal y comunitario.

Notas 1

La palabra re-fundación es ambigua y por eso algunos recomiendan no usarla. La partícula RE puede significar “sustituir” y entonces no se podría aceptar (sustituir los fundamentos por otros) o “reafirmar” los fundamentos, que es el sentido en que la usamos, y entonces parece la palabra más apropiada.

2

En el Congreso mundial de VC de Roma (nov. 2004), se recogieron en un documento complemetario las opiniones de religiosos de los cinco continentes: “Nos ven más como profesionales que como una misión profética (Eur., As., USA). Dedicados a la administración eficacia, productividad, consumismo (AL). Tensión entre vocación y profesión (Afr.). La VR ya no es visible (Eur.) Los proyectos nos hacen menos contemplativos (As). Burocracia exagerada (Eur.). Espiritualidad desencarnada, a veces fomentada por sectores oficiales de la Iglesia (Eur., AL). Miedo a responder a los desafíos (AL).

3

Sé que es una clasificación simplista y por tanto injusta la de dos clases de religiosos, pero sí se da el hecho de esta doble tendencia cada vez más pronunciada.

4

Cfr. GARCÍA-ZAMORANO, Ángel, MSC. “La VR hoy. Anotaciones a los 40 años del Decreto PC”. Rev. Vida Religiosa. Mayo-junio 2005, p. 24-29.

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El P. Severino Mª Alonso afirma: “La VR no es simplemente estar en la frontera de atención a los enfermos o demás tareas benéficas, asistenciales o apostólicas. La justificación última de la VR es ser testigo vivo del Evangelio, del seguimiento de Cristo.” (Vida Nueva, 2 dic. 2006, p. 50).25

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CAPÍTULO I

Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo En la vida real es muy fácil distinguir quiénes son los que en el fondo se mueven por criterios de fe y amor y quiénes no logran salir del nivel de la prudencia humana. Sobre todo aparece cuando nos sorprendemos en medio de nuestras actividades y descubrimos cuáles son las verdaderas intenciones que nos mueven y nuestra reacción cuando nos sobrevienen contrariedades inesperadas. Estos casos nos obligan a tocar fondo y muestran la escala de valores y los esquemas mentales que orientan nuestra vida. Cuando se pretende reducir la VR a eficiencia apostólica o a competencia profesional o a honradez impecable, se empobrece mucho el sentido de una VC que esencialmente es seguimiento e identificación con Cristo. “La norma última de la VC es el seguimiento de Cristo” (PC, 2). En el Congreso de Roma podemos hablar de un clamor universal, el más fuerte y repetido en todos los documentos, intervenciones,

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ponencias, grupos de trabajo..., reclamando la centralidad de Cristo en nuestra VC. Es tal la avalancha de textos que parece una obsesión, un vendaval del Espíritu. El mismo título: “Pasión por Cristo, pasión por la humanidad”, quiere decir que Cristo ha de ocupar el primer lugar no sólo en nuestras constituciones y documentos, sino en nuestro corazón y en nuestra vida real, que el amor a la persona de Cristo ha de ser ardiente y apasionado como el de los enamorados que estrenan el amor, nacido de lo más hondo de las entrañas. El Presidente de la USG, en el discurso final titulado: “El encanto de la VC”, nombra como el primer elemento el frescor de la centralidad de Jesús, y dice “el elemento fundante de la VC ha sido y sigue siendo la persona de Jesucristo y su mensaje... Uno de los fenómenos actuales más relevantes es la sed de Dios que manifiesta el mundo... Todo ser humano tiene sed apasionada del agua viva, del encuentro con Jesús”1. En los documentos de la Iglesia se dice:  “No se puede anteponer nada al amor personal por Cristo y por los pobres en que Él vive”(...).“La verdadera profecía nace de Dios, de la amistad con Él” (VC 84).  “Sin una vida interior que atrae a sí al Verbo, al Padre, al Espíritu, no puede haber mirada de fe; en consecuencia la propia vida pierde gradualmente el sentido” (CdC, 25). Lo mismo se quiso expresar en la Asamblea de la CLAR del 2003 con el lema “Mística y profecía”. Mística que no significa experimentar fenómenos extraordinarios, sino vivir un amor apasionado por Cristo, una profunda experiencia de Dios, de donde brota el sentido del apostolado y de todas las cosas.

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CAPÍTULO I • Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo

En el aporte de la CLAR a la V Conferencia General del Episcopado latinoamericano y caribeño, se dice:  Se reconoce que “en la VR se comienza a percibir algo que falla y que no acaba de funcionar. Hay una insatisfacción y perplejidad” (I, p. 2).  Los nuevos desafíos e interpelaciones han llevado a iniciar un proceso de renovación, profundización, conversión, vuelta a la experiencia fundante, al Evangelio..., a la llamada refundación (III, p. 4). En la asamblea episcopal de Aparecida se traen las palabras del Papa en su encíclica Deus caritas est: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”2.

1. EL SUJETO DE LA FE: LA TOTALIDAD DE LA PERSONA Se ha manejado con frecuencia una noción de fe muy parcial y restrictiva como si consistiera sólo en “creer verdades”. La fe más bien es un acto totalizante que abarca a toda la persona. En la fe entra no sólo la inteligencia, sino también la voluntad libre, que actúan en un solo acto bajo la influencia de la gracia. Joseph Ratzinger insiste también en la totalidad: “La religión existe precisamente para integrar al hombre en la totalidad de su ser, para vincular entre sí el sentimiento, el entendimiento y la voluntad; para que estas facultades se comuniquen unas con otras y para dar una respuesta al desafío planteado por el todo...”3. San Pablo lo dice sintéticamente: “la fe es una donación de todo su ser al amor divino que sobrepasa toda ley” (Cfr. Rm 4-5 y 7-8 con Ga 3)4. 15


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Lo que se acentúa, pues, es la donación libre y total de la persona a Cristo, movida por el amor. Desde ese momento la persona pasa a ser pertenencia total de Cristo. Ya no vive para sí, vive para Cristo y para la causa de su Reino. En la revelación la fe se presenta como la aceptación libre por parte del hombre de la voluntad salvífica de Dios en Cristo: en tal sentido la fe aparece como “diálogo personal” en el que la Trinidad llama por amor al hombre a la salvación sobrenatural y el hombre responde libremente: cuando Dios revela hay que prestarle la “obediencia de la fe” (Cfr. Rm 16, 26; Rm 1, 5; 2 Co 10, 5-6) por la que el hombre se entrega libre y totalmente a Dios, prestando a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por Él (DV 5). La fe es una decisión personal libre por Jesucristo. Frente a Jesús hay que tomar una postura, hacer una elección fundamental. La fe incluye un triple aspecto: abrirse a Cristo-Dios para conocer la verdad de su persona; aceptación y adhesión total por amor; y entregarse incondicionalmente a Él en un compromiso definitivo.5

2. EL OBJETO DE LA FE: LA PERSONA DE CRISTO En la fe se toma como centro la persona de Cristo y esto no se puede suplir ni suplantar por nada, ni siquiera por los valores evangélicos ni por el sentido. “Dios para la fe cristiana es mucho más que un sentido: es una persona libre que entra en relación conmigo, relación a partir de la cual brota vida verdadera”6. Desde la relación con un Cristo vivo, se reconocen y se viven una serie de valores y se descubre un profundo sentido que lo penetra todo. Dentro del seguimiento de Cristo entran evidentemente el senti-

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CAPÍTULO I • Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo

do de la existencia y los valores evangélicos: la justicia, la fraternidad, el perdón, la acogida de los pecadores y marginados, el servicio desinteresado... Pero ni el sentido ni los valores son la fuente, la motivación última, el objeto de la evangelización. Como lo dice Schillebeeckx bellamente: “Todo comenzó con un encuentro. Unos hombres judíos entraron en contacto con Jesús de Nazaret y se quedaron con él. Aquel encuentro y todo lo sucedido en la vida y en torno a la muerte de Jesús hizo que su vida adquiriera un sentido nuevo y un nuevo significado”7. Es la persona de Jesucristo resucitado, vivo, presente, Salvador y Señor, el Cristo Hijo de Dios vivo, el Cristo que nos ha fascinado desde el primer encuentro, el que conquistó nuestro corazón y tomó posesión de nuestra vida y del que ya nunca hemos podido prescindir. Este Cristo que hemos conocido vivencialmente en la contemplación sosegada de cada día y que se ha adueñado de nuestra afectividad profunda hasta conducirnos a la entrega incondicional y para siempre. Bonhoefer lo expresa magistralmente ya en 1937: “Una idea sobre Cristo, un sistema de doctrina, un conocimiento religioso general de la gracia o del perdón de los pecados, no hacen necesario el seguimiento8. Al ponernos en contacto con una idea nos situamos en una relación de conocimiento, de entusiasmo, quizás de realización; pero nunca de seguimiento personal. Un cristianismo sin Jesucristo sigue siendo necesariamente un cristianismo sin seguimiento; y un cristianismo sin seguimiento es siempre un cristianismo sin Jesucristo; es idea, es mito”9. No creemos cosas o noticias, sino en alguien y a alguien, que nos dice cosas o que nos transmite noticias (Rev. Vida Religiosa, mayojunio 2005, p. 11). En la formación, esto es lo primero y principal que hay que inculcar. 17


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

En la asamblea episcopal de APARECIDA, n. 29, se afirma: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede percibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo”. Hay religiosos/as que parece que nunca se han enamorado de Cristo. Son tan prudentes, tan fríos, que como decía Santa Teresa a sus monjas: “no está el amor como para sacarlas de razón”. Y una VC que es sólo lucha por la justicia, o educación de los pobres e ignorantes o atención a los enfermos o a los migrantes o a los niños de la calle, pero que no tiene como fuente y motivación última y explícita el amor y seguimiento de Cristo, no es VR cristiana. Puede ser una labor muy meritoria y admirable, pero no precisamente la realización apostólica propia de la VC. “El término de la acción evangelizadora de la Iglesia no puede ser otro que la confesión de Jesucristo como Señor. No hay para el ser humano verdadero nacimiento como cristiano si no ha tenido la experiencia original del encuentro con Jesucristo como el Señor”10. Y como Religioso/a no hay “nacimiento” del Religioso sin este encuentro. En el Documento de APARECIDA, n. 132, se traen unas palabras llenas de unción: “Jesús quiere que su discípulo se vincule a Él como amigo y como hermano. El amigo ingresa a su vida haciéndola propia. El amigo escucha a Jesús, conoce al Padre y hace fluir su vida (Jesucristo) en su propia existencia” (Cf. Jn 15, 14). Benedicto XVI ha recordado a los Superiores/as Generales en el Consejo ejecutivo (20-02-2008) que “Juan Pablo II ha invitado a toda la comunidad a partir de Cristo. También los Institutos de Vida Consagrada, si quieren mantener o reencontrar su vitalidad y eficacia apostólicas, deben continuamente volver a partir de

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CAPÍTULO I • Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo

Cristo. Él es la sólida Roca sobre la que tienen que construir sus comunidades”. En los Ejercicios ignacianos, que durante cuatro siglos y medio han ayudado tanto a la renovación de la Iglesia, se centra todo en la persona de Cristo. Se presenta un Cristo fascinante, capaz de encender el entusiasmo y la generosidad del ejercitante y que le lleva a una entrega incondicional, a seguirle gozosamente en todo, en los momentos de transfiguración, en los de misión e incluso en la persecución y el martirio, si ésta es su voluntad.

3. ¿ES LA IMAGEN QUE PRESENTAMOS AL MUNDO? De todo lo dicho se desprende que desde el primer encuentro con el religioso/a debería resaltar que es “un hombre o mujer de Dios”, una persona que vive “la pasión por Cristo y la pasión por la humanidad”, que une “la mística y la profecía”. Es muy consolador encontrar personas consagradas –y son muchas– que viven la pasión por Dios y por el hermano. Cuando se encuentran, se crea una sintonía afectiva y se habla el mismo lenguaje, aunque sean de distinta lengua; se forma una corriente magnética que descubre la presencia del Espíritu. Es lo que se experimentó en el Congreso mundial de Roma (2004) y lo que continuamente se repite en los encuentros en que se busca ser fieles a la vocación. Pero en la práctica hay muchos que presentan otra imagen.

3.1 Los profesionales honrados y los religiosos “ejecutivos” En ciertos casos, por ejemplo, entre los dedicados a la educación, salud, obras sociales, medios de comunicación, etc., el trabajo

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

profesional es tan absorbente que el religioso si no tiene cuidado, va quedando en un segundo lugar. Y al cabo de un tiempo tenemos un profesor o una enfermera excelente, pero un religioso/a mediocre. Se ha ido configurando un estilo de VC preocupado por responder al mundo de hoy en que la competencia profesional se roba casi todas las energías. Han conseguido tener el mejor colegio de la ciudad o tienen una clínica con los aparatos más modernos. Y así se han ido multiplicando las obras apostólicas de tal manera que ésta es la imagen más llamativa y frecuente que presentamos al exterior. Pertenecen a la clase de los mejores ejecutivos, y el que sean religiosos/as da a la gente una garantía de la calidad que ofrecen y de que no les van a engañar. A algunos se les podría calificar de “empresarios apostólicos”. Llevan una organización impecable, una administración exitosa11. Durante los estudios –que son necesarios- son tales las exigencias de los profesores, que no queda un minuto para respirar ni para una vida de oración sosegada ni para la convivencia fraterna. Y, cuando al fin termina la carrera, queda la persona tan ocupada en el colegio, o el hospital o la oficina o la administración que no le queda tiempo para ser religiosa/o. Pregunto: ¿el problema es de falta de tiempo o es que falla la escala de valores? ¿Cómo es que en muchas Congregaciones se logra integrar trabajo y vida consagrada? Mª Dolores Aleixandre, RSCJ, afirma: “Para esa misión es mejor que se retiren las individualidades-realizadas-profesionalmente y ocupadas-en-compromisos-espiritualmente-inofensivos”12. Y el P. Libânio, S.I. advierte: “No confundir vocación con profesión. Profesión significa competencia, eficiencia, productividad, reconocimiento social. Exige y se preocupa de la preparación para

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CAPÍTULO I • Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo

poder ejercer. La vocación, por el contrario, pasea la gratuidad por el mundo. La motivación viene del interior. Tiene carácter de perennidad, propia de la entrega a Dios”13. Los que ponen el mayor empeño en lograr títulos académicos, tendrían que revisar su escala de valores. No es raro encontrar algunos/as que parece tienen como la mayor aspiración de su vida llegar a ser profesional, profesora o psicólogo. Y el aceptar el régimen de rezos, de convivencia y de votos, es el medio necesario para alcanzarlo. La VR es antes que cualquier otra cosa, seguimiento de Cristo, un seguimiento peculiar que tiene sus raíces en la consagración bautismal y que se quiere vivir en plenitud.

3.2 Los estudios absorbentes Desde el principio de la formación hay que tener muy claros los objetivos y poner en ello todo el empeño: seguir a Cristo por amor. Todo lo demás se ha de subordinar a lo esencial. Que al fin de la formación podamos decir que son “hombres o mujeres de Dios”, bien preparados en los diversos campos en que van a trabajar y capaces de anunciar que “el Reino de Dios está cerca” (Mc 1, 15). En la VR, en el postulantado y noviciado, generalmente se ha dado mucha importancia al contacto con Dios, pero al iniciar los estudios empiezan las interferencias con la vida de oración y la de comunidad. Algunos Institutos ponen mucho empeño en salvar lo esencial. Pero son también muchos/as los/as jóvenes que están tan absorbidos/as por los estudios, que dejan en un segundo lugar todo lo demás. Con el tiempo empieza el enfriamiento espiritual, va descendiendo el nivel de la fe y del amor. Casi todos pasan su crisis. Algunos la superan y se fortalecen en su vocación. Otros abandonan 21


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

su camino o se quedan en una “áurea mediocridad” para toda la vida. Y se suele justificar el abandono de la contemplación con una serie de eslogans como éstos: “el estudio es oración”, “no tenemos que repetir el noviciado”, “lo importante es la rectitud de intención”, “después de los estudios ya ordenaré mi vida”... Más bien habría que tomar como lema el de San Juan de la Cruz: “religioso y estudiante, religioso por delante”. También tiene mucha importancia incluir entre los estudios la teología o ciencias religiosas y mejor antes que otras materias. Así será una religiosa psicóloga y no una psicóloga religiosa. La VR es vida y por tanto está en crecimiento. Y en tiempo de crecimiento ha de estar bien alimentada. Si se disminuye o interrumpe la alimentación, fácilmente se cae en la “anemia espiritual” de la que es difícil reponerse. Entre todas las prácticas, actos piadosos, formas de oración, rezos litúrgicos, hay una que es insustituible y decisiva: la oración personal contemplativa. “Estar largamente con el Señor”. Desde el principio del cristianismo hasta hoy, ha sido el corazón de la VC, lo mismo que en otras religiones. Es la que lleva al conocimiento de la persona, del mensaje y de la misión de Cristo y va haciendo crecer en la fe y en el amor. Entre los alimentos, los hay que tienen muchas vitaminas y son insustituibles, y otros tal vez están mejor presentados, pero son menos sustanciosos.

3.3 Las obras sociales Muchos Religiosos/as están dedicando sus talentos y su tiempo a obras sociales, especialmente a favor de los pobres, de los migrantes, de los enfermos de SIDA, del campesinado, de los desocupados... Es una gloria para la Iglesia que manifiesta la sensi22


CAPÍTULO I • Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo

bilidad y el amor hacia el hermano necesitado u oprimido. Las situaciones son muy diversas y la acción social tendrá que tener expresiones pluriformes, pero todas son realización de la vocación apostólica de la persona consagrada y deberá saber integrar la proclamación de la fe con la promoción de la justicia, fe y obras. Ni fe sin obras, ni sólo obras sin fe. Fe y justicia son dos aspectos esenciales de la evangelización. El servicio de la fe consiste en anunciar que Dios es nuestro Padre, que todos somos hermanos y que en Cristo está la salvación (Cfr. EN 27, 22; Puebla 351; SD 27). Pero este anuncio incluye intrínsecamente la promoción humana en sus aspectos de desarrollo, de promoción de la justicia y de liberación. (Cfr. EN 31; P 355, 1254, SD 13; Congr. Gen. Jesuitas 32, D.4, Fe y Justicia). Ahora bien, creo que ciertas obras y actividades sociales de muchos/as religiosos/as no explicitan la fe ni anuncian a Cristo, aunque tal vez esto esté en el fondo de sus intenciones. Sus obras sociales no se diferencian mucho de las del gobierno o de un partido político. Una persona consagrada que vive un “amor apasionado a Cristo”, ¿puede entregar su vida a sus hermanos sin anunciar a Cristo, sin evangelizar? (no me refiero a los casos en que por una u otra razón no se ve conveniente hacerlo explícitamente). No se trata de hacer proselitismo o de “comprar la fe” a cambio de beneficios sociales, como hacen algunas sectas. Esto es inmoral. Se trata de que la obra social aparezca como una exigencia de la fe. En algunos religiosos/as hay tanta competencia técnica y tanta sensatez y tanta frialdad religiosa que no se siente la necesidad de anunciar el Evangelio. “¡Pobre de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Co 9, 16).

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

3.4 Los “peones” apostólicos Otro capítulo es el de los que son enviados al trabajo apostólico inmediatamente después del noviciado con personas mayores que “cuidarán” de ellos o ellas, sin compañeras con las cuales trabar amistad, sin acompañamiento espiritual, a veces sin Eucaristía... Lo único importante es cubrir los puestos de trabajo para que sigan las obras iniciadas; la formación de las personas, ya se verá. En estos casos Cristo va perdiendo la centralidad afectiva y se condena a los jóvenes a una soledad muy peligrosa. En la formación hay que atacar muchos frentes y no es fácil acertar, pero tal vez el mayor fallo es no tener ideas claras sobre qué es lo fundamental y cómo hay que lograrlo. Se pone mucho empeño en la formación de la personalidad, en los estudios, en los rezos vocales, liturgia, experiencias apostólicas, conocimiento de las Constituciones, historia del Instituto; pero no siempre se da el primer lugar a la “experiencia fundante”, que ha de dar sentido a todo lo demás. Es la experiencia de la fe y del amor a Cristo como “el gran Amor de mi vida”. Esto supone tiempo, continuidad, empeño, una vivencia profunda y limpieza de corazón. Y esto no se suple con nada ni es negociable con nada. La fe y el amor a Cristo es la roca en que se apoya todo el edificio de la VC. Son las raíces que dan vida al tronco y a las ramas del árbol. “Nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, Cristo Jesús” (1 Co 3, 11). Por otra parte, no se puede pedir que todo fundador/a acierte en los contenidos y los métodos mejores para la formación de sus jóvenes. O tal vez fue lo mejor en su tiempo y en su cultura, pero hoy hay que revisarlo seriamente y traducirlo. Sería ingenuo pensar que todo lo que hizo el fundador fue inspiración del Espíritu Santo.

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CAPÍTULO I • Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo

Es notable el número de vocaciones que se pierden por no dar la prioridad a la formación, por no dedicar a ella a las personas más valiosas y por no consagrarle el tiempo y los gastos necesarios.

3.5 El espiritualismo Tampoco es aceptable el ir al otro extremo: fomentar la pasión por Cristo y excluir la pasión por la humanidad, pretender una mística sin profetismo, una fe sin justicia. No faltan en la Iglesia movimientos “fundamentalistas” que no enfatizan suficientemente la dimensión social de la evangelización, el compromiso con la justicia y la liberación. Y hay religiosos/as muy piadosos que dejan alegremente que el mundo ruede hacia el abismo porque lo contrario sería meterse en “política”14.

4. FE Y CONSAGRACIÓN BAUTISMAL Y RELIGIOSA 4.1 Fe y bautismo En los Sinópticos fe y bautismo unidos aparecen como el hecho salvífico decisivo del que depende la vida presente y futura: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará. El que no crea se condenará” (Mc 16, 15-16). Es un don universal (Mt 28, 19). Y que conduce dinámicamente a la identificación con Cristo (Rm 10, 9-10).

Respuesta personal de fe El bautismo resalta el ofrecimiento divino de salvación; la fe pone el acento en la actitud subjetiva de aceptación y compromiso. De esta respuesta depende el efecto del bautismo en mayor o menor 25


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grado y autenticidad en nuestra vida. En los primeros siglos, el bautismo era sólo de adultos y en el mismo acto ellos daban la respuesta de entrega a la Trinidad. En el bautismo de niños no se da de inmediato la respuesta de la fe. Se ha de ir respondiendo a lo largo de toda la vida. El bautismo ha de ir asumiéndose día a día. “Hagan discípulos” (mazetéusate) implica una respuesta de adhesión vital a la persona y a la palabra del Maestro y la búsqueda de identificación con Él y con su misión. En el bautismo pasamos a ser pertenencia de la Trinidad: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Significa: “yo te bautizo consagrándote al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”, para ser posesión total de cada una de las divinas personas. Es una nueva relación interpersonal, relación de hijos/as que hemos de reproducir los rasgos de familia del rostro del Padre. Relación de comunión íntima, esponsal, con el Espíritu que nos conduce a vivir la comunión con nuestros hermanos en la comunidad Iglesia. Y relación con el Hijo, el apóstol del Padre, engendrado y enviado para la salvación del mundo. La consagración bautismal, al mismo tiempo que nos hace hijos en pertenencia y dependencia del Padre, nos vincula con nuestros hermanos y nos introduce a vivir en comunidad de fe y de amor con ellos y nos envía a la misión salvífica iniciada por Jesucristo... De esta triple relación, surgen los tres aspectos fundamentales de la vida cristiana: vivir la filiación, vivir la fraternidad, vivir la misión. Veamos cada una de estas tres dimensiones.

Consagración al Padre El bautismo engendra en nosotros una vida nueva. Los Padres comparan la piscina bautismal con el seno materno donde se engendra la “nueva criatura”. Y esta vida está en continuo creci26


CAPÍTULO I • Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo

miento. Vivir es crecer, no crecer es ir hacia la muerte. Es “vida nueva que se ha de renovar todos los días” (Rahner). Y esto lleva a hablar conjuntamente de bautismo y confirmación que nos introducen en el dinamismo de la salvación. Para expresar esta vida nueva en crecimiento, la Escritura utiliza diversas imágenes, como la levadura que deberá ir transformando la masa hasta que esté fermentado todo (Mt 13, 33), la nueva criatura (2 Co 5, 7) que deberá ir creciendo hasta llegar al “estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo” (Ef 4, 13), es la peregrinación emprendida por el pueblo de Dios hasta llegar a la tierra prometida. Pero entre todas las imágenes, la más expresiva es la de San Juan que habla del germen, de la semilla. Al bautizado le llama “nacido de lo alto”, “nacido de Dios” y, sobre todo, “nacido del esperma de Dios” (1 Jn 3, 9; Jn 3, 3-8; 1 Jn 4, 7). El ser engendrado de la semilla, del esperma de Dios, es lo que nos da derecho a llamar a Dios Papá. Ya no sólo nos llamamos, sino que de verdad somos hijos de Dios (1 Jn 3,1). En el orden humano, el engendrado del esperma del padre y del óvulo de la madre, le da al hijo el derecho de llamarles “papá”, “mamá”. También el haber sido engendrados por Él, nos hace miembros de la familia divina. Ya éramos hijos de Dios biológicamente por la creación y ahora lo somos por haber sido elegidos por adopción. Dios ha hecho con nosotros una alianza por la que se compromete a cuidarnos y acompañarnos toda la vida con especial predilección: “tú eres mi hijo muy amado en quien he puesto mis complacencias”. Y nosotros nos comprometemos a vivir como hijos que quieren “en todo agradar al Padre” Llegaremos a vivir como verdaderos hijos de Dios si reproducimos los rasgos de familia del rostro del Padre que son la bondad y la misericordia (Mt 5,48; Lc 6,36; Mt 5,45; Lc 6,35)

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Cuando los discípulos le piden a Jesús que les enseñe a orar, Jesús dice: Cuando oren digan “Padre”, lo cual no es una simple invocación, sino que ha de brotar del corazón de quien ha experimentado la ternura y se siente hijo/a muy amado/a. Con todo, la imagen de la semilla todavía resulta insuficiente porque lo que ha nacido en nosotros es de un orden muy superior, es la vida de la gracia, la relación personal con Dios. En un acto libre de su amor invita al hombre a la participación en la propia vida divina. Y suscita en él una inclinación interior hacia la comunión personal con Dios que termina en la autodonación.

Consagración al Hijo El bautismo exige responder al ofrecimiento de salvación que Dios hace al hombre y pasar a ser pertenencia de Cristo y comprometerse en su seguimiento. Cristo es el apóstol, el enviado del Padre: “Yo no vengo por cuenta propia, sino enviado por Él”. (Jn 8, 42). El envío, la misión es la que define quién es Jesús (Mt 15, 24; Jn 3, 17; Jn 3, 34). “Como el Padre me envió así los envío a ustedes”. Y el envío que Él hace de los Apóstoles es para que “hagan discípulos” (mazetéusate) que implica una respuesta personal de adhesión vital a la persona y a la palabra del Maestro, y la búsqueda de identificarse con Él y con su misión. Es identificación interior que lleva a asimilar sus criterios, actitudes, sentimientos, “revestirse del hombre nuevo con sentimientos de tierna compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Col 3, 10-12). Y es identificación dinámica y vital “que se va siempre renovando” (Col 3, 10) con la muerte al pecado, al hombre viejo y a las prácticas de la carne (Rm 6, 1-14; Col 3, 5-15). 28


CAPÍTULO I • Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo

Para vivir la Resurrección con espíritu de sencillez, como niños recién nacidos (1 P 2, 1-2), con libertad de espíritu (Rm 8, 21), con alegría cristiana (1 Co 15, 20) y bajo la conducción del Espíritu. Sólo con la renovación interior, con la identificación personal con Cristo, el discípulo puede ser enviado a anunciar el Evangelio. “Lo que hemos visto y oído, lo que hemos tocado con nuestras propias manos…, es lo que anunciamos” (1 Jn 1, 1-3).

Consagración al Espíritu Santo En las relaciones intratrinitarias la persona del Espíritu Santo es la corriente de amor infinito entre el Padre y el Hijo. Él es la relación subsistente. Es totalmente para el Padre y para el Hijo porque procede de ambos. Su personalidad es ser relación. Es el abrazo del Padre y del Hijo. Es el placer de la unión. Es la comunión, es la bondad que une al Padre y al Hijo en la plenitud de la Trinidad. Es la expresión de la naturaleza divina que es amor... Con todas estas denominaciones intentamos expresar lo inefable; pero lo que mejor resume todo tal vez es decir que el Espíritu Santo es la comunión y el amor. Y en relación con el mundo el Espíritu le transmite también la comunión y el amor. Como Jesús fue concebido por el Espíritu Santo en el momento de la Encarnación, la Iglesia lo fue en el día de “Pentecostés”. “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 4). Se trata del amor de Dios que fue derramado sobre los apóstoles como “baño de caridad”15. Este amor recibido se convierte en capacidad de amar y de construir comunidad. Es la nueva ley escrita en los corazones que sustituye a la ley de la obligación por la del amor y desemboca en la

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

fraternidad y la solidaridad. Un único amor, una sola lengua y una sola comunidad. Al recibir el bautismo, el cristiano es introducido en la comunidad-Iglesia: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre”

4.2 La respuesta de fe del religioso/a Es la consagración de los votos por la que se entrega al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en una donación total. Es una entrega que se hace como expresión de la fe y del amor por la que se compromete a vivir el bautismo en plenitud. “Por la profesión de los consejos evangélicos entregaron su vida entera al servicio de Dios, lo cual constituye ciertamente una peculiar consagración, que radica íntimamente en la consagración del bautismo y la expresa más plenamente” (PC, 5). La VR sólo puede explicarse apoyándose en la fe y a proporción de la fe. Y esta fe es tan intensa que conduce al religioso a desprenderse de una serie de ventajas muy apreciables, como es el matrimonio, los bienes materiales, el uso irrestricto de la libertad, y le lleva a testimoniar la primacía de los valores evangélicos. Denuncia la caducidad y el uso desordenado de los bienes terrenos y anuncia la primacía de Dios y de los valores evangélicos (Cfr. VC 84,85). Denuncia el gran pecado de nuestra sociedad, la pobreza injusta e institucionalizada de la gran mayoría de la humanidad. Y se ofrece un modelo diferente de convivencia fraterna en que se comparten los bienes materiales, en que todos tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones, en una vida de austeridad personal y comunitaria, y en compromiso y solidaridad con los pobres. Se denuncia el neoliberalismo económico como una fábrica de pobres, los excesos sexuales que embrutecen al hombre, el libertinaje de la anarquía que le esclavizan a su egoísmo.

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CAPÍTULO I • Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo

Y frente a un mundo roto y sangrante por los enfrentamientos y las guerras, ofrecemos una vida fraterna en la que queremos “amarnos de verdad unos a otros”, como sinceros amigos que caminamos hacia un mismo ideal. Y frente a las dictaduras militares que hemos sufrido en algunos países y frente a las democracias tambaleantes que vivimos hoy, en que sólo se buscan ventajas personales o grupales, ofrecemos un modelo de sociedad en que todos queremos sujetarnos amorosamente a la voluntad salvífica del Padre mediante la obediencia. Todo esto supone renunciar en muchas ocasiones a cosas muy queridas y apreciables. Esto sería una locura si no se diera una motivación que lo convierte en fácil y gozoso. Es el amor a Cristo, conocido y amado en la fe. La renuncia a una serie de bienes humanos no es lo más importante. No es sino un toque de atención que invita a levantar la vista hacia el término del camino, que es el Señor Jesús. Es Él quien fascina y arrastra irresistiblemente y hace sentir la necesidad de entregarse por completo al Amado, llevado por un dinamismo desbordante que no puede detener ninguna resistencia.

4.3 Seguimiento “peculiar” de Cristo Esta identificación con Cristo a la que se invita a todo bautizado, para el religioso/a se concreta en tomar a Cristo como el Absoluto de su vida, poniendo todas sus cualidades personales, sus energías, su tiempo, su vida entera en manos de Cristo y de su obra salvífica. Y en entregarse a Él en un seguimiento “peculiar”. La entrega de toda la persona a Cristo, el religioso/a la realiza con unos medios peculiares que le ayudan a vivir la caridad, es decir la filiación y la fraternidad. Dejando el estilo de vida de la mayoría de los cristianos (que se casan, viven en familia, tienen pro-

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

piedad de bienes materiales, hacen sus negocios...), el religioso/a quiere dedicarse incondicionalmente y de por vida “a las cosas del Padre”. Lo cual tiene unas expresiones concretas:

Celibato Como Jesús, el religioso aprecia mucho la dignidad del matrimonio, pero como Jesús quiere entregarse en cuerpo y alma al servicio de Dios y de los hermanos y quiere vivir la comunión afectiva inmediata con el mismo Dios y darse en amor fraterno a cada persona. Es también un anuncio del amor desinteresado y oblativo y una denuncia contra los abusos del sexo y la explotación de la mujer.

Comunidad Como Jesús que provocó una ruptura con la vida de familia en la que había vivido 30 años, para iniciar un nuevo estilo de convivencia apostólica, también la comunidad religiosa quiere vivir la fraternidad y dedicarse a la misión evangelizadora, formando un grupo de “amigos/as en el Señor”. Así anuncia la comunidad universal y denuncia el abuso de poder, la desunión, el partidismo, el individualismo.

Oración Para Jesús, la comunicación con el Padre en la oración era su gozo más profundo e invadía toda su actividad y su vida. Todo cristiano ha de dar a la oración un puesto privilegiado, pero el religioso/a ha de vivir en un diálogo ininterrumpido de amor con Dios, desde el interior de las personas. Un diálogo directo sin las mediaciones corporales del amor humano.

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CAPÍTULO I • Vivencia de la fe y seguimiento de Cristo

Pobreza-austeridad y pobreza-solidaridad El Religioso renuncia a la propiedad privada y se compromete a compartirlo todo y a ponerse al lado de los pobres. Así anuncia que Dios es el único tesoro en el que vale la pena poner el corazón y denuncia los abusos del capitalismo liberal y del comunismo inhumano.

Obediencia El Religioso, como Jesús, quiere hacer de la voluntad de Dios, el eje de su vida. Renuncia a veces a regirse por su propio criterio y voluntad cuando se le manifiesta la voluntad de Dios en un clima de discernimiento y obediencia; y denuncia el abuso de las dictaduras que imponen la voluntad de un caudillo o dejan la conducta a merced de las pasiones y de la anarquía irresponsable.

Misión El Religioso/a –liberado de cualquier otro compromiso– se dedica a la misión evangelizadora a tiempo completo y a corazón completo. En este seguimiento peculiar de Cristo, no pretende otra cosa que vivir en plenitud la consagración bautismal, propia de todo cristiano. La única misión auténtica es la del que en la identificación con Cristo ha llegado a una profunda compenetración con Él y puede transmitir su experiencia de Dios a los demás (Cfr. 1 Jn 1, 1-3).

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Notas 1 Congreso Internacional de la VC. Roma (2004). Publicaciones Claretianas, Madrid. 2005. pp. 369-378. En la síntesis final hecha por un grupo de teólogos (redactado siete veces), bajo el título “nacer de nuevo” afirma: la fascinación de la figura de Jesús, la oración, la lectio divina” (Congreso, p. 356). La humanidad necesita encontrar hombres y mujeres que se muevan con pasión en la dimensión mística de la vida, personas llenas de entusiasmo que asumen en lo cotidiano los sentimientos de Jesús (p. 86). Está en juego la mística cristiana de adhesión apasionada a la persona de Jesús y a su estilo de vida y como experiencia fundante de la VC (Libanio. Congreso, p. 188). 2 Documento Aparecida, n. 243 y DCE, 1. En lo referente a la formación de los discípulos misioneros el capítulo 6 insiste acertadamente en la necesidad de una formación sólida centrada en la experiencia de Dios. 3 RATZINGER, Joseph. Fe, Verdad y tolerancia. Ed. Sígueme, 3ª ed. Salamanca 2005. p. 126. 4 BOUYER, L. Diccionario de Teología. Herder. 5 Cfr. Nuevo Diccionario de Espiritualidad. Ed. Paulinas, 3ª ed. Creyente. p. 275. 6 Cfr. El excelente artículo de Gabino Urríbari, S.I. en Rev. Vida Religiosa mayo-junio 2005. pp. 54-67. 7 BONHOEFER, D. Cristo y los cristianos. Gracia y liberación. Cristiandad. Madrid, 1982 (or.1977), 13. 8 El Card. Giacomo Biffi presentó al Papa (28 feb. 2007) la advertencia profética de Vladimir Soloviev (1853-1900) sobre el anticristo. Dice: “Llegarán días en que en la cristiandad se tratará de resolver el hecho salvífico en una mera serie de valores”. Dice Biffi: “Hoy de hecho creemos el riesgo de tener un cristianismo que pone entre paréntesis a Jesús con su Cruz y Resurrección” (Zenit). 9 Texto traído por J.I. González Faus, S.I. en la Humanidad Nueva, 8ª ed. Sal Terrae, p. 42. 10 TORAÑO FERNÁNDEZ, Abel, S.I. Rev. Sal Terrae. Sept. 2005. p. 713. 11 En un Documento Complementario del Congreso de Roma se recoge el parecer de Religiosos/as de diversos continentes (pueden verse en “VR en AL” Carlos Palmés, pp. 152-153). Resaltan algunos aspectos negativos: -Nos ven más como profesionales que con una misión profética (Eur., As., USA). Dedicados a la administración, eficacia, productividad, consumismo (AL). Tensión entre vocación y profesión (Afr.). La V.R. ya no es visible (Eur.). Los proyectos nos hacen menos contemplativos (As.). Burocracia exagerada (Eur.). Estructuras versus Espíritu (As.). Tenemos seguridad económica (As., Oc.). Nos identifican con los ricos (As.). Falta reflexión sobre V.R. Descubrir el modo propio de seguir a Cristo (Afr.). Falta de vida comunitaria (As.). Factores sociológicos han disminuido la pasión por la vida comunitaria, aislamiento, agresividad (USA). 12 Congreso Internacional de la Vida Consagrada. Roma (2004). Publicaciones Claretianas. Madrid, 2005. p. 122. 13 Idem, p. 163. 14 En el Documento complementario del Congreso de Roma, dicen algunos Religiosos de distintos continentes: Se da una Espiritualidad desencarnada (Eur.), Miedo a responder a los desafíos (AL), falta auténtica inculturación (As.), Espiritualidad desencarnada, a veces fomentada por sectores oficiales de la Iglesia (AL). 15 Dom Dadeus Grings. Creo en la Sma. Trinidad. Paulinas, 2000, p. 51.

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CAPÍTULO II

Los tres pilares de la espiritualidad cristiana 1. ACLARANDO CONCEPTOS Después de reafirmar la centralidad de la Persona de Jesucristo, la Roca en que se apoya toda nuestra vida cristiana, es preciso resaltar los tres pilares que sostienen toda la vida y toda la espiritualidad cristiana y, por tanto, toda la espiritualidad de la VC. Las diversas espiritualidades, propias de un grupo, de un Instituto o de una persona suponen ya los trazos propios de toda espiritualidad cristiana. ¿Qué relación hay entre la “teología” y la “espiritualidad”? Si caracterizamos la teología como la iluminación de la fe, hemos de decir que la espiritualidad resalta la vivencia de la fe. Naturalmente que no pueden separarse: una teología sin espiritualidad sería una abstracción ociosa; una espiritualidad sin teología sería una vivencia etérea y superficial sin consistencia. Ambas se necesitan y se complementan la una a la otra; han de ser una misma cosa. 35


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Describiendo muy simplemente lo que es la espiritualidad cristiana podríamos decir que es un modo de seguimiento de Cristo hoy y aquí bajo la acción del Espíritu. Es la vivencia de la consagración bautismal y tiene unos elementos esenciales que están en la base de todas las espiritualidades cristianas: la relación con Dios y la vivencia de la filiación; la relación con el prójimo y la vivencia de la fraternidad; y la relación con toda la humanidad a la que estoy llamado/a a anunciar el Evangelio. La relación con Dios se expresa y se intensifica de un modo muy especial en la oración personal, a solas con el Señor. La relación de fraternidad se realiza principalmente en la comunidad-Iglesia en diversas formas de comunidad. La relación con todo el mundo se da en el anuncio de la Buena Nueva a las personas que encontramos en la vida.

2. ESPIRITUALIDAD VS. ESPIRITUALIDADES Sobre estos tres rasgos esenciales de toda espiritualidad cristiana, hay otros que son los que dan lugar a espiritualidades diversas. Nacen de acentuar ciertos aspectos del seguimiento de Cristo sobre otros. Por ejemplo, la pobreza, la atención a los enfermos, la predicación. La diversidad puede provenir de acentuar un misterio cristiano: y entonces será espiritualidad trinitaria, o pasionista o resurreccionista o encarnacionista… O por razón del fundador/a: franciscana, teresiana, dominicana, ignaciana. O por el lugar o la cultura: espiritualidad oriental o francesa del s. XVII, etc. También según el estado de vida: laical, religiosa, sacerdotal. Toda espiritualidad supone un modo de proceder habitual, no simplemente transitorio, como puede ser una consolación espiritual. Ahora bien, ninguna espiritualidad específica puede prescindir de los rasgos esenciales de toda espiritualidad cristiana. Así podemos 36


CAPÍTULO II • Los tres pilares de la espiritualidad cristiana

afirmar que la Espiritualidad de la Vida Religiosa se apoya sobre la Roca que es Cristo, origen y motivo último, fundamento de nuestra vida cristiana y de nuestra VC. “No se puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, Cristo Jesús” (1 Co, 3, 11). En el Congreso mundial de Roma, el Presidente de la USG afirmaba: “El elemento fundante de la VC ha sido y sigue siendo la persona de Jesucristo y su mensaje… Todo ser humano tiene sed apasionada del agua viva, del encuentro con Jesús” (Discurso final).

3. LOS TRES PILARES DE LA VIDA CONSAGRADA

D IN DA MU CO

CIA N E I ER DIOS P EX DE

ÓN IM SI

CRISTO JESÚS “NO SE PUEDE PONER OTRO FUNDAMENTO QUE EL QUE YA ESTÁ PUESTO. Cristo Jesús” (1Cor 3, 11)

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Sobre la Roca que es Cristo, se apoyan los tres pilares de la Vida Consagrada, que no son otra cosa que los mismos pilares de la vida cristiana, reforzados y embellecidos por la consagración religiosa. La consagración religiosa es la reafirmación y profundización de la misma consagración bautismal que se quiere vivir en plenitud. Los monjes que fueron al desierto en el siglo III y IV, no pretendían ser distintos del resto de los cristianos; se consideraban un “laico piadoso”. Sólo más tarde se distinguió entre los cristianos que andaban por la llanura de una vida corriente y los que escalaban las cumbres de la perfección, los religiosos. Durante siglos estuvo vigente esta ideología que contradice la vivencia y la doctrina de los Padres de la Iglesia. El Vaticano II terminó con esas distinciones al decir que todos los cristianos “de cualquier estado o régimen de vida son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40). Ahora bien, sobre esta Roca que es Cristo, se apoyan las tres columnas que soportan todo el edificio de la Vida Consagrada: experiencia de Dios, vida comunitaria y misión evangelizadora. Estos tres aspectos, armónicamente integrados y vividos en profundidad, es lo que constituye la VC que todos anhelamos. Entre los grupos de reflexión que se formaron en el Congreso de Roma, el grupo 9 con 150 participantes, pretendió llegar al fondo de la cuestión en el tema: “La sed de Dios y búsqueda de sentido”. Y afirma: “La VC está construida sobre tres columnas, experiencia de Dios, vida comunitaria y misión. En la base de estos tres elementos está Cristo como nuestra Roca”. La persona de Jesús, el Cristo, es el centro de nuestra vida. Somos, pues, llamados/as a una vuelta a la radicalidad de nuestra vida espiritual. Desde la formación que ofrecemos para preparar hombres y mujeres de oración, de forma que la vida de oración acompañe todas las etapas de la vida y 38


CAPÍTULO II • Los tres pilares de la espiritualidad cristiana

aprendamos a mirar la vida y el mundo con una dimensión de fe. Quisiéramos crear comunidades donde las estructuras ayuden a la animación y al discernimiento del grupo, donde exista la costumbre de buscar juntos la voluntad de Dios. Estamos convencidos de la importancia de la vida comunitaria como lugar teológico del encuentro con Dios y con los demás. Nos gustarían casas y estructuras que nos permitan estar cercanos a aquellos a los que hemos sido enviados. Entregarnos a los demás sin caer en el activismo1. Este es el sentido que el Vaticano II da a la consagración religiosa: no es sino una expresión más plena de la misma consagración bautismal. La VR es antes que cualquier otra cosa, seguimiento de Cristo, un seguimiento peculiar que tiene sus raíces en la consagración bautismal y que se quiere vivir en plenitud: “Los miembros de cualquier Instituto (…) por la profesión de los consejos evangélicos (…) entregaron su vida entera al servicio de Dios, lo cual constituye ciertamente una peculiar consagración, que radica íntimamente en la consagración del bautismo y la expresa más plenamente” (PC 5). En la VR, al hacer la consagración de los votos, se pretende hacer una donación total al Señor, ratificando la consagración que se hizo en el bautismo y comprometiéndose a vivirlo en plenitud. La “refundación” o revitalización de la VR no está en encontrar novedades sorprendentes o en asumir formas de adaptación o inculturación que difuminen el carisma de la VC. Está más bien en la reafirmación de los fundamentos, en la calidad evangélica de la vida y en la encarnación del carisma en la realidad del hoy y aquí. Podríamos representarnos estas ideas en la imagen de una palmera que tiene un tronco esbelto y cantidad de ramas de palma. En las raíces estaría la Persona de Cristo. Y parafraseando a San Pablo podríamos decir “Nadie puede poner otras raíces que las que ya

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

están puestas, Cristo Jesús”. En el tronco colocaríamos los tres aspectos fundamentales de la Espiritualidad cristiana: Experiencia de Dios sobre todo en la oración, vida comunitaria en la Iglesia, misión evangelizadora. En las palmas o ramas que están en la copa colocaríamos las diversas Espiritualidades: trinitaria, pasionista, oriental, franciscana, sacerdotal, religiosa, etc. Una espiritualidad pasionista o sacerdotal sólo se da como una especificación de la espiritualidad cristiana, es una acentuación de uno o varios rasgos del seguimiento de Cristo, pero que ya supone los aspectos fundamentales de las raíces y del tronco, pues no es sino una explicitación más concreta de los mismos.

4. LA ESPIRITUALIDAD SACERDOTAL Un caso concreto es el de los sacerdotes diocesanos. Algunos tienen la inquietud de delinear con claridad una espiritualidad propia, distinta de la de los religiosos y centrada en lo que es específicamente sacerdotal. Está muy bien que se acentúen estos rasgos; pero creo que el camino de la especificidad no está en poner elementos exclusivos que no tengan otros grupos cristianos, como sería rechazar la oración personal contemplativa porque otros la consideran esencial. Con lo cual se empobrece enormemente la espiritualidad sacerdotal. La oración personal no es la característica del religioso, sino del cristiano. La experiencia bautismal es el punto de inicio de toda espiritualidad cristiana que se funda en la Trinidad. “Es Dios Padre quien nos atrae(…) Y porque ya somos sus hijos, Dios mandó al Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, y el Espíritu clama ‘Abba, Padre’ (Ga 4, 4-5)2. En toda Espiritualidad cristiana es esencial la relación personal Padre-hijo/a, lo cual se realiza sobre todo mediante la oración personal que es un diálogo

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CAPÍTULO II • Los tres pilares de la espiritualidad cristiana

de amor entre Dios y sus hijos/as. No basta saberlo por la teología, es necesario saborearlo como espiritualidad. Sobre esta relación esencial, el Espíritu moviliza y transfigura todas las dimensiones de la existencia. “Así se forma y desarrolla la espiritualidad propia del presbítero, de religiosos y religiosas, de padres de familia, de empresarios, de catequistas, etc. Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y distintivo de vivir la espiritualidad, que da profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus tareas”3. Más aún, de cualquier ser humano –también de los no cristianos– es propia la oración personal, ya que Dios nos ha creado con una sed inmensa de lo Trascendente que sólo puede saciarse en Él: “Nos has hecho, Señor para Ti y nuestro corazón está desasosegado hasta que descanse en Ti” (S. Agustín). Se pone empeño en distinguir la espiritualidad sacerdotal de la de los religiosos, pero las razones que se dan no tienen mucho fundamento teológico4. Y por la falta de esa oración personal, se cometen con frecuencia desviaciones lamentables5. Pero, por otra parte, hay sacerdotes que dan tiempo a esta oración personal y se nota en su vida y en su apostolado una profundidad y un fervor que los distingue entre todos. Y es curioso que en estos últimos años, hay grupos de sacerdotes diocesanos que buscan dar más sentido a su vida, asociándose a algunas Congregaciones femeninas de espiritualidad eucarística o contemplativa.

5. UN PASO MUY ESPERANZADOR Porque en el Documento de Aparecida se toma conciencia de que hay que introducir cambios cualitativos en la formación de los seminaristas y de muchas Congregaciones religiosas6, así como en 41


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

la comprensión de la identidad y de la misión de los presbíteros (nn. 191-200). En medio de tantos aspectos en los que se está gastando las energías, se ha descubierto que hay tres elementos esenciales que es preciso asegurar por encima de todo: la experiencia de Dios, la comunidad y la misión. Como punto de partida hay que tener en cuenta el número de presbíteros que abandonan el ministerio (DA n. 200). El estudio que hizo el CELAM sobre el porcentaje de abandonos es preocupante. Y una de las causas principales es, sin duda, la falta de una sólida formación espiritual, especialmente en la oración personal. Y otra, la soledad, sobre todo en los primeros años de ministerio sacerdotal. En la experiencia de Dios:  “Es fundamental que los seminaristas sean auténticos discípulos llegando a realizar un verdadero encuentro personal con Jesucristo en la oración con la Palabra para que establezcan con Él relaciones de amistad y de amor” (DA n. 319).  “Que tengan una profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que se nutra de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración” (DA n. 199).  “Sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia (DA n. 201). Esta experiencia, hará posible:  Alcanzar la madurez de la afectividad y la sexualidad, del celibato consagrado (DA n. 321).  Una entrega a Dios y a los demás con corazón pleno e indiviso (DA n. 321).

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CAPÍTULO II • Los tres pilares de la espiritualidad cristiana

 Crear un clima de sana libertad y de responsabilidad personal (DA n. 322).  Podrán ser “presbíteros-misioneros, movidos por la caridad pastoral, que busquen a los más alejados, a los más pobres y a los más débiles” (DA n.199). Estas afirmaciones y propuestas exigen repensar y reestructurar a fondo la formación que se está dando en los seminarios. Si se cumple lo propuesto, se formarán “hombres de oración” y no “simples rezadores”. Será una oración que transformará la vida por dentro y pondrá una sólida base a la vida espiritual. Lo que se dice de los seminaristas se aplica también a los Religiosos/as, aunque demasiado escuetamente y sin mucho interés (DA n. 327)7.

6. DE UNA ESPIRITUALIDAD “SACRIFICIAL” A LA PLENITUD DE VIDA Toda la Espiritualidad cristiana de una época o de un lugar o de una cultura puede quedar “teñida” por la mentalidad vigente o por el color de la teología o filosofía subyacente que enfatiza ciertos rasgos del seguimiento de Cristo que han entrado profundamente en la concepción de la vida cristiana8. Esto ha sucedido con lo que podríamos llamar el acento “dolorosista” o sacrificial de la espiritualidad. Durante más de quince siglos “la teología cristiana se ha preocupado más del sufrimiento que de la alegría, ha interesado más la muerte que la vida”9. La espiritualidad abarca todas las dimensiones de la vida humana porque es la vida según el Espíritu, porque tiene un dinamismo interior que conduce a la identificación con Cristo y especialmente en su muerte y resurrección.

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Lo que se ha acentuado principalmente es el sacrificio, la austeridad, la mortificación del cuerpo, la represión de las pasiones. La predicación de los oradores sagrados era casi exclusivamente sobre la muerte, el juicio, el infierno y la gloria. Es cierto, que en ciertas ocasiones hay que reprimir las pasiones desbordadas, dominar los deseos malsanos, los brotes egoístas; pero, mientras nuestras tendencias se mantengan dentro de los caminos señalados por Dios, es bueno, le agrada a Él, que gocemos de todos los placeres inherentes al uso de nuestras facultades, sentidos y tendencias. Es Él quien ha puesto el placer en nuestra naturaleza para facilitar las acciones más importantes y necesarias de la vida: alimentarse, descansar, reproducirse, adquirir conocimientos y habilidades. Hemos heredado en la Iglesia una mentalidad ascética deprimente como si estuviera prohibido gozar de la vida que Dios nos ha dado para que seamos felices, como si Dios disfrutara viéndonos sufrir o como si fuera necesario derramar sangre para que Él se sienta aplacado. Se nos ha enseñado a mortificarnos para expresar el dolor por nuestros pecados, pero también para rezar por las misiones o para pedir vocaciones o por la salud de un enfermo. Las privaciones o sacrificios agradan a Dios cuando son necesarios para expresar el amor o cuando después de haber hecho lo posible por evitar el dolor, lo aceptamos como limitación nuestra dentro del plan salvífico de Dios. Pero el amor también se expresa gozando de todas las cosas buenas inherentes a la vida que Dios nos regala. Como un papá que disfruta viendo que su hijito se come un helado con fruición. También Dios se siente feliz cuando ve que gozamos con una buena comida de cumpleaños, o cuando nos bañamos en el mar un día de calor o cuando disfrutamos de buena salud o cuando una

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CAPÍTULO II • Los tres pilares de la espiritualidad cristiana

pareja hacen el amor soñando con el hijo que ha de venir. Pero no hay ningún goce comparable con el que se experimenta en la intimidad con Dios en la oración. Cuando te inunda el corazón de amor en una consolación espiritual que llena el alma de una felicidad que no es capaz de producir ninguna cosa creada. Y también cuando se experimenta la felicidad de hacer felices a los demás, cuando se entrega la vida para hacer el bien. La palabra “gracias” no debería caer de nuestros labios a lo largo del día reconociendo el amor y ternura infinita del Padre con nosotros sus hijos/as. Abundan las personas que se han entregado con generosidad al seguimiento de Cristo y al servicio de sus hermanos. Y cuando se les pregunta cómo se sienten, pueden responder con toda sinceridad que se sienten plenamente realizadas y felices. A continuación iremos exponiendo los temas de las tres columnas fundamentales, completados por los que han ido aflorando los últimos años al querer llevarlos a su realización.

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Notas 1 Congreso internacional de la Vida Consagrada. Publicaciones Claretianas. Madrid 2005. pp. 327-330. 2 Asamblea DA, nn. 240, 241. 3 Asamblea DA, nn. 284, 285. 4 ANCILLI, Ermanno. Diccionario de Espiritualidad, III, pp. 32-34. 5 B Häring dice que los seminarios deberían tener como misión primordial la de ser una escuela de oración de modo que los sacerdotes pudieran ser hermanos y testigos visibles de su misión solidaria de promover el espíritu y la práctica de la oración. Y luego lamenta que “es fácil encontrar sacerdotes muy escrupulosos en la observancia de las rúbricas más minuciosas, mientras que se olvidan de la misión principal: la adoración de Dios en espíritu y en verdad. Esta desviación tiene como consecuencia el reducir la oración a una recitación sin contacto con las alegrías, las esperanzas, las angustias y los sufrimientos de los seres humanos. De esta forma viene a faltar una de las notas esenciales, cual es la integración entre fe y vida”. Nuevo Diccionario de Espiritualidad. Ed. Paulinas, 3ª ed. pp. 1022-1023. 6 DA, nn. 314-327. 7 El tema de la Vida Consagrada en el Documento de Aparecida y las alusiones que en distintos momentos se hace a ella es acertado, pero muy breve y sin ningún relieve. No se tiene en cuenta la fuerza carismática y apostólica que representan los 150.000 Religiosos/as de AL y el Caribe dedicados por completo a vivir y trabajar por el Reino de Dios, bien organizados en centenares de Institutos. 8 La vida cristiana ha estado inficionada por la filosofía griega que contraponía el cuerpo “soma” y el alma “psiké”. El cuerpo como cárcel del alma y como fuente del placer y del mal. A partir del s. V a.C. Pitágoras y Empédocles difundieron ideas sobre el dualismo entre cuerpo y alma. Luego los estoicos (Zenón de Citio) influyeron en el cristianismo y sus ideas fueron “bautizadas” por autores cristianos. “Dios detesta el placer y el cuerpo”. Y con esto va el desprecio a la mujer que engendra los malos deseos. (José Mª Castillo. Espiritualidad para insatisfechos. Trotta 2007, p. 207). De ahí la necesidad de mortificar al cuerpo. 9 CASTILLO, José Mª. Espiritualidad para insatisfechos. Ed. Trotta, 2007, p. 41.

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CAPÍTULO III

La experiencia fundante Ser o no ser “persona de oración”. Esta es la cuestión clave. En nuestras comunidades es fácil distinguir si somos o no somos hombres o mujeres de oración. O lo que es equivalente, si se ha dado en mí la “conversión afectiva” o segunda conversión1. Hay personas que después de años, siguen funcionando con criterios puramente humanos o tal vez mundanos (el dinero, el poder, la soberbia). En los momentos en que hay que tomar decisiones importantes o en las contrariedades de la vida, no son capaces de “subirse al piso de arriba”, al nivel de la fe, que nos hace descubrir la presencia amorosa de Dios en todas las cosas y me hace leer mi vida como historia de salvación. Todo se juzga según los intereses personales o grupales, que no son precisamente los del Reino. Y esto suele manifestarse en una gran sensibilidad en lo que toca a la propia imagen y al propio bienestar material, en una desgana para la oración a solas con Él solo, en el horror a la abnegación 47


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

que es la otra cara del amor, en la susceptibilidad e individualismo en la relación con los demás. Tal vez hay una actividad “apostólica” febril, pero sin tiempo para una oración sosegada ni para la vida de comunidad y sin tener muy claras las motivaciones. En fin, es el egoísmo más o menos al descubierto o agazapado que domina la situación. Muy diferente es la postura del que está escalando la montaña y tiene una vida espiritual sólida y progresiva. Él sabe relativizar muchas cosas que no son lo esencial. En lo referente a la propia estima, sabe aceptar las contrariedades de la vida con espíritu de fe, tiene una práctica habitual y gozosa de la oración personal que le gratifica interiormente y le hace descubrir la presencia amorosa de Dios en todas las cosas, ama a las personas con las que convive y con las que trata en la pastoral. Su trabajo apostólico está integrado dentro del conjunto de su vida consagrada. Es una persona que se lo ha jugado todo por el Reino de Dios. Naturalmente que estas manifestaciones no siempre son tan limpias e impecables porque muchas veces están mediatizadas por los estados de ánimo, por las heridas afectivas de la infancia, por el temperamento de cada uno/a. Pero nos damos cuenta muy bien en qué grado cada uno/a ha sido conquistado/a por el Señor.

1. CUANDO LA VIDA DE ORACIÓN SE HA REDUCIDO A ESTRUCTURAS Esto sucede con frecuencia con las oraciones vocales cuando se las pone como el modo privilegiado y casi único de oración de la Iglesia, como sucede con las oraciones tradicionales de un Instituto y aun con las horas canónicas. Hay religiosos/as y Congregaciones enteras que por razón de las urgencias “apostólicas” casi han re-

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CAPÍTULO III • La experiencia fundante

ducido su oración a rezar Laudes y Vísperas. Y hasta se ha podido llegar a extremos caricaturescos como cuando se rezaba el breviario por imposición canónica y algunos sacerdotes, emprendían “la carrera contra el pecado mortal” y en un cuarto de hora rezaban todos los salmos antes de que dieran las 12 de la noche. La verdad es que lo que se puede ver y tocar, lo que se puede contabilizar va tomando el puesto central como el comprobante que me permite afirmar “ya he rezado”. Estos rezos se convierten a veces en palabras ociosas que no tocan la vida si no van acompañados de una oración personal, prolongada, a solas con Él solo. La oración válida no es la que se hace por cumplir lo que está prescrito, sino aquella que brota del corazón y me hace crecer en la fe y el amor.

1.1 Primacía y exclusividad de las horas canónicas Creo que no es ofender a nadie afirmar que el rezo de algunas horas canónicas como única oración oficial y suficiente, ha sido pernicioso para la Iglesia y para la Vida Consagrada activa. Cuando las horas canónicas están alimentadas por la contemplación alcanzan la calidad de una fecunda experiencia de Dios. Pero hoy son muchos los sacerdotes diocesanos y los/as religiosos/as de vida activa que casi no tienen otro alimento espiritual que el rezo de Laudes y Vísperas y que se quedan en una vivencia espiritual mediocre, con una gran fragilidad vocacional, con problemas afectivos y de relaciones de todo orden. Lo más doloroso es que experimentan un vacío afectivo que les hace sentirse infecundos. Al principio tal vez la actividad apostólica produce satisfacciones gratificantes. Pero, si la acción apostólica no viene acompañada de una profunda vida de oración, a la larga se va perdiendo la motivación y el fervor y se tienen que buscar compensaciones en otras partes. El único apostolado auténtico 49


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es el que brota de la experiencia de Dios: “lo que hemos visto y oído, lo que hemos tocado con nuestras propias manos, el Verbo de la vida, esto es lo que anunciamos” (1 Jn 1, 1-3).

1.2 Lo que nos muestra la historia Desde el inicio de la VR tomó un puesto central la oración. Los monjes solitarios tendían a la contemplación mediante la lectura y meditación de la Palabra de Dios. Y también practicaban la “oración continua”. Había que asimilar de tal modo las palabras de los salmos que salieran de la intimidad del alma de modo espontáneo. Se quedaban en ciertas palabras o frases de mayor densidad espiritual. Casiano evita las oraciones largas o rutinarias, quiere que se reciten los salmos pausadamente y que se mediten en silencio. No es la cantidad, sino el conocimiento gustoso lo que se busca. La oración personal desborda las horas. Hay un vínculo necesario y esencial entre las dos. Esto es lo que dará lugar después a las horas canónicas. San Agustín subraya la dimensión interior “la petición ha de venir no de los labios, sino del corazón”. San Benito pone tiempos de silencio después de Completas y entre Maitines y Laudes. Así mismo, en el siglo XIII se hacía silencio “para dedicarse a la oración y contemplación”. “El deseo del corazón importa más que el murmullo de la voz”. Las celebraciones litúrgicas no fueron una prerrogativa de los benedictinos, que eran monjes, sino más bien de los Canónigos Regulares, que eran sacerdotes. Esta es propiamente la liturgia de la Iglesia. Ahora bien, la Regla benedictina que monopolizó la vida monástica de occidente desde el s. IX, puso como centro el Opus Dei, es decir, el Oficio Divino al que se le dedicaba inicialmente unas cuatro horas diarias, que fueron luego incrementándose en reformas 50


CAPÍTULO III • La experiencia fundante

sucesivas hasta siete horas en Cluny (s. X). Al mismo tiempo la “Lectio divina” u oración personal ocupaba de tres a cinco horas2. En la vida contemplativa antigua y actual se dedica mucho tiempo al canto de las horas canónicas, pero también a la “lectio divina”: lectura, meditación, oración, contemplación. Es un proceso que desemboca en la contemplación en la que se permanece al llegar al “descanso de la cumbre”, después de la subida al monte. Las Órdenes contemplativas suelen dedicar de dos a tres horas diarias a esta oración personal. Muchas Órdenes antiguas e Institutos religiosos actuales comenzaron con un fervor admirable, movidos por el fuego del Espíritu. Las que después de un determinado tiempo fueron decayendo o se extinguieron, dieron lugar a reformas o nuevas creaciones que fue como una nueva vuelta al Evangelio y a la inspiración primera. Cuando se va perdiendo el primer impulso –tanto en las instituciones de la Iglesia como de la sociedad–, generalmente se refuerzan las estructuras como tabla de salvación, como para convencerse de que todo funciona a la perfección. Es agarrarse de lo concreto, de lo contabilizable que se puede comprobar. Hay que ser realista. Los buenos deseos que no llegan a la categoría de un acto humano pleno por no expresarse en acciones concretas, comprobables, nos deja decepcionados. Un deseo de oración que no se manifiesta estando tanto tiempo en la capilla o realizando tales rezos; un deseo de fraternidad que no se concreta en estar presente en los actos comunes o en estar disponible para servir..., no es verdad. Pero es peor si los actos concretos pierden su motivación o su sentido. Y es lo que nos pasa cuando a fuerza de dar sólo importan-

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

cia a las estructuras, perdemos el espíritu. A base de repetir actos externos que no están acompañados por la limpieza de corazón y por la oración personal que les pone el alma, se quedan en un esqueleto sin carne, en un cuerpo sin alma. Obras apostólicas o sociales o pedagógicas o de salud o parroquiales que nacieron de un apasionado amor a Cristo y a los hermanos, fueron perdiendo la motivación y ahora no se distinguen de cualquier otra institución del estado o de un sindicato o de un partido político. Los que nos ven actuar, pueden preguntarnos: ¿Eres Tú el que ha de venir o esperamos a otro?

1.3 Diversas costumbres y manifestaciones insatisfactorias Laudes y Vísperas como única oración. Si se hacen otras plegarias, están en segundo lugar y condicionadas al trabajo. Dedican tiempos breves a la oración personal en que no es posible llegar a un contacto profundo con el Señor. Así interpretan lo que dicen sus Constituciones. Ahora bien, si la oración se reduce a recitar unos salmos sin haberlos gustado antes en la oración personal, puede quedar todo en un acto intrascendente que no afecta la vida. Es muy diferente decirle a Dios “mi alma tiene sed de Ti” recitándolo como una frase más del Salmo, o decírselo después de haberlo saboreado, de haberlo gozado y sufrido en la oración personal. Entonces brota del fondo del alma.

1.4 Costumbres que impiden la oración contemplativa Es frecuente entre religiosos/as comenzar la mañana con el rezo de Laudes y dejar luego un rato para la oración personal, mientras esperan que llegue el sacerdote para la Misa. En ese espacio 52


CAPÍTULO III • La experiencia fundante

ni hay tiempo ni ambiente para entrar en una oración sosegada para saborear la Palabra de Dios. Todo queda en la superficie. Después ya empieza la vorágine de la actividad en el Colegio o la oficina o en la clínica que absorbe todas las horas del día. El pecado no está en rezar Laudes, sino en que no se da tiempo para la oración personal, que es el alma de los rezos y de la vida toda. Lo que no se puede aceptar es que los Laudes y Vísperas se consideren “la” oración de la Iglesia, la única válida y que se le dé como un valor sacramental de modo que baste recitar materialmente los salmos para ser persona de oración. Hay muchos religiosos/as y sacerdotes que se contentan con esto. Cuando las horas canónicas se rezan o cantan con devoción son una hermosa y profunda experiencia religiosa. Sin embargo, recordemos lo que nos dice el Concilio: “la liturgia no abarca toda la vida espiritual. En efecto, el cristiano llamado a orar en común, debe no obstante, entrar también en su cuarto para orar al Padre en secreto, más aún, debe orar sin tregua según enseña el Apóstol” (Vat. II, SC, 12). Muchos no dan la primacía a la oración personal y más bien la sacrifican fácilmente para dar paso a otras oraciones o devociones que no transforman la vida. Al iniciar la formación se pone todo el empeño en enseñar a manejar el breviario, en aprender cantos apropiados... Está bien; pero está mal que no se ponga más empeño en introducir al joven en la oración personal, especialmente contemplativa, que le lleve a un conocimiento “sabroso” de Cristo, a una fascinación que capte su afectividad profunda y conduzca a la entrega de la persona al amor y seguimiento de Cristo. La oración canónica es de “derecho eclesiástico”; la oración personal es “de derecho divino” (Riquelme, O.P.).

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1.5 El paso de la vida contemplativa a la activa Parece que muchos aún no han encontrado la fórmula adecuada al dar este paso en lo tocante a la oración. Durante siglos no hubo otra clase de VR que la contemplativa y fue excluido drásticamente todo brote de apostolado. Entonces lo ordinario era pasar largo tiempo en el canto de las horas canónicas. Al irrumpir la VR activa, se dio un nuevo desafío, el de integrar el apostolado en una VC que tiene como origen y centro la experiencia de Dios. No fue fácil encontrar la medida exacta. Al principio se creyó que el dedicar la mayor parte del tiempo a la acción era destruir la VR y se quería exigir largas horas de oración. Iniciaron ya esta “activización” de la VC las Ordenes Mendicantes, sobre todo al encontrarse con las enormes necesidades de evangelización en América. Pero en el s. XVI, al nacer los Clérigos Regulares y especialmente por influencia de Ignacio de Loyola, se fue reduciendo el tiempo de la contemplación y aumentando el de la acción. Después de muchas dudas y tanteos e incomprensiones, se llegó a un término aceptable de alrededor de una hora de oración personal, además de los rezos y del examen de conciencia. 450 años de experiencia parece puede tomarse como confirmación de una práctica satisfactoria. Muchos Institutos de vida activa han incluido en sus costumbres y Constituciones al menos una hora seguida de oración personal. Esto da solidez y autenticidad a una vida espiritual. Y ¡cómo se nota quiénes son los que han entrado en este estilo de oración transformante! Son muchos los/as religiosos/as que han “saboreado” el encanto y la fascinación del Señor y sienten la necesidad de prolongar el tiempo de estar con Él y de ahondar en el silencio interior. Estas personas entienden y hablan el mismo lenguaje y sienten una profunda empatía con quienes viven lo mismo en cualquier parte del 54


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mundo y en cualquier confesión religiosa, lo mismo que en cualquier tiempo de la historia.

2. LA ORACIÓN TRANSFORMANTE La contemplación no se detiene en ideas bellas o en profundidades teológicas, sino que busca saciar el alma con el gozo de la mutua comunicación por amor, se busca –como dice San Ignacio– “sentir y gustar de las cosas internamente”, es decir, que los conocimientos han de bajar al corazón. Contemplar significa mirar, pero también amar, es la “oración de corazón”. El término de la oración es crecer en la fe y el amor, y en el proceso se ha de pasar por la “conversión afectiva” para llegar a vivir en un “estado de amor” en relación con Dios y los hermanos. El Señor ha de llegar a ser “el gran Amor de mi vida”, centro y motivación de todos los otros amores. Un amor totalizante que ocupa toda la persona y lleva a vivir: la “orto-doxia” (regirse por criterios evangélicos), la orto-patía (tener la afectividad-amor ordenada), la “orto-praxis” (actividad apostólica testimonial). Cuando los Apóstoles le piden a Jesús que les enseñe a orar, Jesús les dice: cuando oren digan “Padre”. No es decir una palabra “mágica”, sino expresar la vivencia de una relación y confianza filial con Dios que llena la vida. Entonces la persona goza de una gran paz y alegría interior, proveniente de la armonía y unificación del corazón. La oración personal lleva a la transformación de la persona, a la conquista de la afectividad profunda y conduce hasta los secretos del corazón de la Trinidad. Confronta a la persona con el Evangelio y la fuerza del Espíritu le lleva hacia la identificación con Cristo. El amor va haciéndole salir de sí misma para vivir ya sólo para Dios y para los demás. Va cambiando los criterios y valores mundanos (aprecio del dinero, del placer, del poder, de la

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autosuficiencia como valores supremos), en valores evangélicos (el desprendimiento de todo y de sí mismo, la sumisión activa a la voluntad de Dios y sobre todo el amor). Esta oración es “cuestión de vida o muerte”3. Un religioso/a que no sea “hombre o mujer de oración” me parece una contradicción ambulante. Se han hecho toda clase de estudios y clasificaciones de la oración: contemplación adquirida e infusa, diversidad de estilos y métodos según infinidad de espiritualidades, oración para incipientes, proficientes, perfectos, místicos... En realidad –a mi parecer– no hay más que una clase de oración personal, tanto para los de vida activa como de la contemplativa, para laicos, sacerdotes o religiosos/as, para los proficientes y para los místicos... Son diversas formas, pero todas siguen el dinamismo del amor. Claro está que quienes se inician en la oración pueden usar con provecho ciertos métodos para ponerse en la presencia de Dios, para relajarse, para centrar la atención, para dar prevalencia al entendimiento o a la afectividad..., pero siempre se da un proceso de simplificación que desemboca en un diálogo de amor que lleva a la identificación con Cristo y a la entrega incondicional. Y cada vez con menos palabras, imágenes, textos, escenas, para reducirse a un diálogo interior o a una atención amorosa.

2.1 El proceso habitual El proceso es el mismo en todos los casos:

1. Previamente se requiere la purificación de todos los afectos o amores desordenados que me apartan del camino de Dios. Sólo así queda la vía expedita para el seguimiento de Cristo.

2. Por la contemplación se entra en el conocimiento sapiencial del Señor. No es meramente especulativo o científico. No es 56


CAPÍTULO III • La experiencia fundante

saber, sino saborear. Es un conocimiento afectuoso, vibrante, fascinante que se da bajo la acción del Espíritu.

3. Del conocimiento brota el amor. Cuanto más profundo y totalizante sea el conocimiento, el amor será más apasionado y absorbente.

4. El amor pone en marcha un dinamismo que conduce a la identificación con el Amado, “atraídos por la gustada suavidad” (S. Bernardo). No tanto en los actos externos, la identificación es en los criterios, actitudes, sentimientos hasta llegar a tener una misma vida, un mismo amor. Hasta poder decir como Pablo de verdad “vivo yo, ya no yo, es Cristo quien vive en mí”.

5. Y del amor e identificación se pasa a la entrega de toda la persona al Señor: “Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, entendimiento, capacidad afectiva, todo lo que soy y tengo. Dispón de mí según tu voluntad”. Este itinerario se da en la vida activa lo mismo que en la contemplativa, en el religioso/a lo mismo que en el sacerdote diocesano y en el laico. No hay otro camino. Ahora bien, en la vida activa, la identificación con Cristo incluye asumir su misión evangelizadora al servicio de los hermanos. Pero el punto de partida ha de ser la experiencia de Dios en la oración personal. De allí brotará la necesidad de comunicar a los demás la Buena Nueva. Muchos autores, especialmente en la Edad Media, han expresado este proceso y describen minuciosamente los grados de oración o de amor que se dan en la vida espiritual. Así San Agustín en el s. V o S. Bernardo en el s. XII4.

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2. 2 La oración que hace crecer en la fe y el amor Todos tenemos la experiencia de encontrarnos con personas que llaman la atención por su total disponibilidad para el bien, por su sensibilidad hacia las necesidades de los otros, especialmente de los pobres, por su mirada simpatizante y acogedora, por sus palabras amigables y transparentes, por su abnegado compromiso apostólico. Es decir, se descubre a una persona que ama, que vive en un “estado de amor”, que ya no vive para sí, sino para Dios y para los demás. Hoy hay un innegable renacer espiritual en diferentes Institutos. Son muchos los Religiosos, muchísimas las Religiosas, algunos sacerdotes y laicos que han adquirido la costumbre de dar una hora seguida a la oración personal en soledad. A veces porque ya lo tienen en las Constituciones, a veces porque han descubierto la riqueza y necesidad por experiencia personal. Y esto garantiza una vida espiritual sólida. Para ellos esta hora es innegociable y se considera como lo más importante que hay que hacer en la jornada. Es la persona que ha dado paso al Espíritu, que ha ido purificándose de malos hábitos y tendencias y que en la oración continuada ha ido robusteciéndose en la fe y creciendo en el amor. Es el efecto de la oración personal transformante. Y éste es el termómetro para medir la autenticidad de la oración, no las consolaciones espirituales o la devoción, no la duración de los rezos, no las disposiciones eclesiásticas.

3. EXPERIENCIA DE DIOS EN LA ORACIÓN PERSONAL En la vida espiritual es decisivo el momento en que Dios concede el paso de una vida espiritual de rezos y actos piadosos a tener una experiencia de Dios transformante que capta la atención y la 58


CAPÍTULO III • La experiencia fundante

afectividad profunda, que hace experimentar el amor con una suavidad y serenidad y gozo diferente de toda experiencia humana. No me refiero a fenómenos místicos extraordinarios, sino más bien a toques interiores del Espíritu que no son producidos por ninguna criatura. No se da una causa inmediata u “objeto” controlable, sino que es una experiencia directa del Amor de Dios que me acapara interiormente y me hace gozar de su Presencia. Y la respuesta inmediata es un SÍ total, una entrega sin condiciones y con una inmensa alegría. A veces ya en la infancia o adolescencia hubo alguna experiencia que marcó a la persona para toda la vida. Pero lo más frecuente es tener estas experiencia de un modo más habitual, pero menos intenso cuando ya se ha entrado en una relación de intimidad con Dios. Cuando se pregunta a la persona si va “a gusto” a la oración, son muchos los/las que responden sinceramente que sí. Es muy buena señal porque manifiesta que el amor está encendido. Han descubierto vivencialmente que la oración no es “saber”, sino “saborear”, “sentir y gustar de las cosas internamente” (S. Ignacio EE,n.2). Orar es “amar mucho” (Sta. Teresa).

La experiencia de Dios Aunque estamos en el campo afectivo y vivencial y no es fácil expresarlo en conceptos intentaré describir lo que muchos experimentan habitualmente cuando se hace la oración personal sin prisas ni tensiones y con un corazón limpio: 1. Lo primero que se descubre es una PRESENCIA que no se puede ver ni tocar, pero que es real. Es una presencia sentida que afecta al corazón. Como es real una amistad con una persona aunque no encuentre argumentos para demostrarlo. Es la presencia de Alguien que no soy yo, pero que está dentro de mí. “Dios es más íntimo a mí mismo que mi misma intimidad” 59


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(S. Agustín) Y puedo experimentarlo en la soledad, pero también en la calle o en la conversación. 2. Es una Presencia gratuita que no puedo provocar ni señalarle tiempo. Generalmente es repentina y sorpresiva. No es un mero fenómeno del inconsciente como sería el recuerdo de una palabra que me dijo mi mamá cuando yo tenía nueve años y que nunca más había recordado. Y ahora aflora a mi conciencia. Es más bien esa modalidad o calidadde la presencia de Alguien que está más allá de todo lo creado. 3. Elefectoque produce en mí es luz (la gracia más grande que recibió San Ignacio fue “la Ilustración del Cardoner” que le dio a conocer el Sentido de la vida), lapaz (nacida de la armonía interior), laalegríayelgozo (paz y alegría son las expresiones más claras de la voz de Dios). Y, sobre todo, el amor (como la motivación última de todas las cosas). Esto es lo que llamamos los dones del Espíritu Santo. Yo no percibo directamente la Persona del Espíritu Santo, pero sí las huellas que su paso deja en mi alma. No son siete los dones del Espíritu, sino setenta veces siete. 4. Esta Presencia es unavozdistinta de las voces de las criaturas. Es la voz del Absoluto, de lo trascendente, es el Sentido de la vida, Principio y Fin, Alfa y Omega de todas las cosas. Por eso, frente a El, todas las cosas se relativizan. Y ésta es una señal para conocer a la persona de oración en contraposición a la que dramatiza todas las contrariedades de la vida, especialmente las que se refieren a la propia imagen o al propio bienestar material. Las mejores vivencias humanas, como la del amor, sólo alcanzan su plenitud cuando se trascienden a sí mismas y desembocan en Dios.

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5. Por eso mismo, Dios tiene un estilo propio que podemos sintetizar en lasencillez. A Dios no se le percibe en la trompetería, el estruendo del poder y de la violencia. No está en el trueno ni en el vendaval que hendía las rocas, sino en la brisa suave (1Rey, 19, 11…). O, como lo dice Ignacio, está en la pobreza, la humildad y el amor [EE. n. 146]. Hasta aquí todas las manifestaciones son “ad intra” en el interior de la persona, pero hay otras dos “ad extra” que son las más decisivas: 6. Es una Presencia dinámica que trae consigo una fuerza transformadora. No queda todo en un sentimiento interior, sino que se experimenta la necesidad de cambiar este mundo “mal hecho” por el egoísmo humano, entregando su vida a favor de sus hermanos. Y esto viene acompañado de un ansia de amar más, de ya no vivir para sí y entregarlo todo para dar vida a los demás. Y entonces se da como una ruptura interior y una liberación de todas las ataduras para sumergirse en una “conciencia oceánica” de plena libertad interior. No es efecto de una pérdida de conciencia, como cuando uno siente los efectos de la droga o del alcohol, sino que proviene de la fuerza del amor que rompe toda esclavitud. 7. Y, finalmente al llegar al término del dinamismo del amor, se siente la necesidad de entregarlo todo y de entregarse a sí mismo a la Persona de Cristo y a la Causa del Reino, arrastrado por la fuerza incontenible que conduce a un compromiso real con el Señor y con los hermanos Sin duda que algunas de estas manifestaciones yo las he experimentado, pero ahora la pregunta que me hago es ésta: ¿Cómo conocer si lo que vivo es una auténticaexperienciadeDios o si es pura imaginación o sensiblería?

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Creo que podemos tener una seguridad moral de que nuestra experiencia es auténtica cuando se dan simultáneamente y de modo integrado las tres señales siguientes: 1. Sentir el gozoylapaz que produce la Presencia amorosa de Dios. Un Dios cercano que me acoge con bondad y ternura infinita y que me hace sentir su hijo/a muy amado en quien ha puesto su complacencia. 2. Al mismo tiempo, experimentar mi pobreza personal, mi impotencia en orden a la salvación y, sobre todo, tener conciencia de estar envuelto en el misterio de iniquidad y en el fango de mi egoísmo. Y sentir al mismo tiempo que todo lo que soy y tengo es gratuito. 3. Un deseo sincero de conversión y un dinamismo de cambio que conduce a entregar la vida por los demás y a trabajar por hacer un mundo mejor. No es necesario que las tres señales se sientan con la misma intensidad, pero sí que las tres de alguna manera estén presentes. Y todo se puede resumir diciendo que, como efecto de la oración, haya un verdadero crecimiento comprobable, en la FE y en el AMOR. Este creciemiento es el término en el que desemboca el proceso de la vida de oración y el que distingue a la “persona de oración” del que no lo es.

4. MAR ADENTRO: A LA CONQUISTA DE LA FECTIVIDAD PROFUNDA El dinamismo del amor llega hasta la conquista de la afectividad profunda de la persona en todas sus dimensiones. La dimensión sensorial, de la sensibilidad. Es la impresión que deja todo lo que se toca, se ve, se gusta, se oye, se huele con los 62


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sentidos. Aquí entra la sed, el hambre, el sueño, la emotividad. Es el nivel animal. Lo que afecta a la persona tiene repercusiones fisiológicas: lágrimas, sudor. En un primer momento la reacción es instintiva, pero en un segundo momento puede entrar la libertad para aceptar o rechazar tal sensación. En la dimensión psíquica, tanto en el nivel personal como en el de las relaciones con otros, también se da un primer momento dominado por los impulsos de los instintos y tendencias, pero tiene ya mayor intervención la voluntad libre. Pero el campo decisivo es el amor espiritual (racional-volitivo). En un matrimonio, después de unos años ha ido disminuyendo el atractivo sexual y el de la belleza física y, en cambio, ha ido ahondándose la amistad y el amor espiritual que se dirige a la persona como única e irrepetible. Se la ama por lo que es y no sólo por lo que tiene. Es un amor profundo y perdurable, el mismo en salud o enfermedad, en la prosperidad y en la pobreza, porque la otra persona ya ha entrado en mi vida como otro yo, como parte intrínseca de mi propio ser. También en la vida espiritual cuando se llega a una cumbre, se inicia un proceso de transformación de la persona. Se han ido relativizando muchas cosas, se ha ido comprobando el valor de aquello en que se puso el corazón. Y se inicia desde allí como un regreso hacia las etapas anteriores. Y el amor totalizante a Cristo y la entrega incondicional a los hermanos hace que los afectos en el campo psíquico queden integrados en el espiritual. Ha ido cambiando el modo de pensar y de actuar. Sus pensamientos son los de Cristo, sus actitudes se van asimilando a las de Cristo y hasta los sentimientos más profundos han ido tomando las vibraciones de los sentimientos de Cristo. El mundo se ve con otros ojos y se sienten las cosas con otro corazón. 63


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5. CONFIRMACIÓN DE LOS GRANDES MAESTROS Entre los muchos que se podrían citar, traeré sólo el testimonio de dos de ellos, Santa Teresa y San Ignacio de Loyola.

5.1 Santa Teresa “La sustancia de la oración: amar mucho”. Así resume todo el tema de la oración en Sta. Teresa el P. Maximiliano Herráiz5. Como sabemos, para Teresa la oración se centra en la relación de amistad. “Oración es tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8,5). Los efectos de la oración se buscan en la vida decididamente orientada hacia el Amigo con quien se trata o se realiza la amistad (V 11,14; 4 M 1,7). Y “la mejor oración es la que deja mejores dejos”, o la que hace crecer las virtudes (Cta. A Gracián), la que irrumpe en obras de caridad y de asistencia al prójimo (5 M 3,11). Para Teresa el diálogo de amor con el Amigo se inicia cuando tenemos la experiencia y la certeza de “saberse amado”. El trato personal con Dios le va develando al hombre la verdad de que Dios “sabemos nos ama”. Y la actitud fundamental de respuesta ha de ser la atención a la Persona del Amigo: “mirar que nos mira”. Nada hay que tanto dinamice al hombre para la donación de sí mismo como el saberse amado6. Este es el don de la oración, el don de la amistad que Dios ofrece a todos. “No todas las personas son hábiles para pensar, pero todas lo son para amar” (F 5,2). Por eso donde se da el amor, florece la oración. Y podemos añadir: donde se da la oración, florece el amor. Y el amor de amistad es totalizante, compromete a toda la persona. Por eso, el fracaso o éxito en la oración, es éxito o fracaso de la persona en su vida cristiana. 64


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Otra consecuencia es que la oración sólo es transformante cuando abarca a toda la persona y llega al corazón. Sólo el razonamiento no basta. La oración vivida como amistad afecta a toda la persona, pero no sucede lo mismo cuando es sólo “razonar” o “discurrir” (y menos el sólo recitar salmos u oraciones vocales) (V 13,22). Razonando y discurriendo el hombre no sale de sí, se queda consigo mismo, se mueve entre ideas, por más “espirituales” que sean. Se queda en un ejercicio mental que distancia cada vez más a la persona, del amigo.

5. 2 San Ignacio de Loyola Los famosos ejercicios espirituales de S. Ignacio están todos ellos centrados en la oración personal y orientados a la conquista del corazón. La intuición de Ignacio fue haber comprendido que conquistando el corazón se conquista a toda la persona. Si se logra que el amor a Jesucristo penetre en la afectividad profunda del ejercitante, está asegurado que esta persona se entregará sin condiciones a la búsqueda de la voluntad de Dios y al servicio de sus hermanos. No hay en el hombre ninguna fuerza tan grande como la de la afectividad-amor capaz de transformar a la persona por dentro y de lanzarla con una generosidad total a la entrega de sí mismo a Dios y a su causa. Y esto es lo que se busca sobre todo mediante la oración personal, especialmente de tipo contemplativo. En el proceso de transformación afectiva hay un paso previo necesario que consiste en quitar los afectos o amores que me frenan o apartan del camino de Dios para sustituirlos por el amor de Jesucristo que de un modo gradual va conquistando la afectividad de la persona hasta llegar a la entrega total por amor.

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6. ENCUENTRO CON EL DIOS-AMOR Los Ejercicios nos van llevando al descubrimiento y a la vivencia del Dios-Amor. En el Principio y Fundamento descubrimos al Dios Amor-Creador. Él me amó primero y porque me amó, me creó. En medio del inmenso universo, Dios se me hizo cercano y estableció conmigo una relación Yo-Tú, de Padre a hijo/a con infinita ternura. También se me descubre como Dios Amor-Salvador haciendo de mi vida una historia de salvación, historia de amor. El hombre viene de Dios por la creación y va a Dios por la salvación realizada por Cristo. Y ésta es la mayor muestra de amor que Dios nos ha dado. “¡Tanto amó Dios al mundo!”. En las meditaciones del pecado no se pretende que el ejercitante se quede con un sentimiento de culpa, sino que descubra que Dios es Amor-Misericordioso. Es una nueva faceta que puede experimentar quien se ha sentido pecador y ha encontrado el calor y la acogida de los brazos del Padre que le esperaba. Pasada la primera etapa de purificación, en la Segunda Semana, se entra en la contemplación de la figura fascinante de Jesucristo como imagen visible del Dios invisible, encarnación humana del amor incondicional del Padre. A medida que se va adentrando en el conocimiento de Cristo se descubre en Él al Dios Amor-Encarnado. Y en sus actuaciones en las diversas situaciones de la vida se le va descubriendo como Maestro que me hace su discípulo, como mi Señor que va tomando posesión de mí por el amor, como Médico que cura todas mis enfermedades..., pero sobre todo, como Dios Amor-Amigo. Es el Dios humano que me invita a la intimidad con Él y me lleva mar adentro, que se me hace encontradizo y derriba distancias, que me habla al corazón de Tú a tú y que al fin me da la máxima muestra del amor entregando su vida por mí. Cuando ya nos hemos adentrado en la amistad, Jesús me descubre el fuego 66


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que arde en su corazón que le lleva a dedicar todo su tiempo e ilusión a procurar la salvación del mundo. Es el Dios Amor-Apóstol, el enviado del Padre. Y me invita a colaborar en su causa, que es instaurar el Reino de Dios ya ahora en el mundo. En la Tercera Semana ese amor se vuelve doloroso, es el Dios Amor-Paciente, el Dios crucificado, que me invita a una contemplación silenciosa y agradecida. Y al recorrer cada una de las escenas y de las palabras, voy descubriendo que todo ha sido por mi amor. Y en la última etapa, la Cuarta Semana se me invita a identificarme con el Cristo glorioso que me llena de “tanta gloria y gozo de Cristo Nuestro Señor”. Es el Dios Amor-Glorioso. Finalmente en la contemplación para alcanzar amor, se hace la síntesis de los Ejercicios y de toda la espiritualidad de la vida activa al presentar al Dios-Amor trascendente e inmanente, que entrega al hombre todos los beneficios de la creación y salvación, los beneficios particulares que descienden “de arriba”, así como las aguas del río descienden de la fuente. Esto provoca en el ejercitante la entrega agradecida de toda su persona al Señor y se compromete a seguirle para “en todo amar y servir”.

7. LA ORACIÓN EN LA VIDA Sería muy pobre una oración que se redujera a una hora al día. “Oren sin intermisión” nos dice San Pablo, y esto es lo que brota espontáneamente del corazón cuando el amor está encendido, cuando se vive en un “estado de amor”. Como una mamá que no está pensando continuamente en su hijito, pero tiene una profunda vinculación afectiva con él que hace que cualquier cosa que le sucede a su hijo provoque en ella una respuesta de amor.

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La oración continua consiste en “encontrar a Dios en todas las cosas” o, lo que es equivalente, en ser “contemplativo también en la acción”7. Dios está en todas las cosas: en la naturaleza, en las personas, en la Eucaristía, en los pobres y en los ricos, en el propio corazón. Y también está en las adversidades, en el odio y la maldad; pero en estos casos, su presencia es una protesta contra un mundo mal hecho por el egoísmo humano y una exhortación a trabajar por hacer un mundo mejor. La oración continua no se consigue a base de técnicas o de trucos psicológicos sino con la limpieza de corazón. Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos “verán a Dios”. Lo verán en la tierra, en todas las cosas. Tener limpio el corazón significa tener una sola intención, buscar sólo el Reino de Dios. No es fácil reconocer a la primera a Dios en las personas, en los acontecimientos. María Magdalena lo confundió con el hortelano, los de Emaús con un caminante cualquiera, los Apóstoles con un fantasma o con un impertinente en la playa. Al Señor sólo se le reconoce en la vida cuando antes se le ha conocido en la intimidad de la contemplación. María le reconoció cuando pronunció su nombre porque antes le había llamado docenas de veces con el mismo tono de voz. Y los de Emaús le reconocieron al partir el pan porque se lo habían visto partir en otras ocasiones. Y los Apóstoles, cuando les dijo “echen la red a la derecha” porque en otra ocasión se lo dijo y se dio la pesca milagrosa. Es decir, que para ser contemplativo en la acción, antes hay que ser contemplativo en la contemplación.

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CAPÍTULO III • La experiencia fundante

CONCLUSIÓN La experiencia fundante, la vida de oración transformante, es la que más puede llevar a la persona consagrada a una entrega total por amor... Una oración basada fundamentalmente en rezos y actos devocionales puede ser un “entretenimiento piadoso”, pero generalmente no cambia las actitudes profundas ni lleva a la conversión afectiva. Es hora de aclarar ideas y de no quedarnos en esloganes abstractos ni en justificaciones “teológicas” para seguir en un activismo desbordante o en una VR instalada y superficial. Es preciso dedicar a la oración contemplativa la mejor hora del día, al mismo tiempo que se lleva una vida apostólica intensa y comprometida y una vida comunitaria gratificante y de veras fraterna.

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Notas 1 La primera conversión es del pecado a la gracia, es como una historia en blanco y negro y suele ser más dramática. La segunda conversión es de la mediocridad al fervor, a la vivencia radical del Evangelio. Suele ser más gradual y menos violenta, pero no menos profunda. 2 ÁLVAREZ GÓMEZ, Jesús, CMF. Historia de la Vida Religiosa, 2ª ed. 1996, t. I, p. 206; t. II, pp. 54-55; t. I, p. 547. 3 Benedicto XVI en el rezo del Ángelus (4 de marzo de 2007) afirmaba: “La oración no es algo accesorio u opcional, sino una cuestión de vida o muerte. Sólo quien ora, es decir, quien se encomienda a Dios con amor filial, puede entrar en la vida eterna, que es Dios mismo”. 4 San Agustín: El progreso en la perfección es el progreso en el amor: 1. Pasar de una vida tibia y negligente a una vida fervorosa centrada en la caridad. 2. Perseverancia en el bien y crecimiento en la caridad. La Presencia de Dios se hace presente. 3. La medida del amor a Dios es amarle sin medida. El alma se sumerge en el seno de Dios como en un océano de amor divino. 4. La unión mística, unión íntima y habitual con Dios hasta hacerse uno con el Amado. San Bernardo: 1. Del conocimiento de sí mismo, se pasa al de los demás y de Dios. El amor comienza a ser caridad cuando pasa de ser carnal a espiritual. 2. A medida que va conociendo la bondad de Dios, el amor va pasando de ser mercenario a ser filial y a entregarse a Dios por devoción. 3. Se ama a Dios por sí mismo. Se inclina a sujetarse a la voluntad divina por amor. 4. Amor místico. Dios arrebata el alma para hacerla esposa e introducirla en el mismo amor con que Dios se ama. 5 HERRÁIZ, Maximiliano. A zaga de tu huella. Ed. Monte Carmelo. Burgos, 2004, p. 149. 6 O.c. HERRÁIZ, p. 161. 7 La primera expresión es de San Ignacio en su Autobiografía (n. 99), y la segunda, del P. Jerónimo Nadal refiriéndose a S. Ignacio al que llamaba también “místico de la acción”.

CAPÍTULO I 70


CAPÍTULO IV

La vida comunitaria INTRODUCCIÓN Ningún sector de la VC ha sufrido cambios tan radicales como el de la vida comunitaria. Después del Concilio todos los Institutos han dado algunos pasos para renovarse; pero parece que muchos no han atacado a fondo los temas decisivos. Se han quedado en reformas externas, pero siempre dentro del mismo modelo preconciliar sin cambiar el objetivo ni la orientación ni las motivaciones. Se han contentado con pintar fachadas. Algunos no han hecho otra cosa que insistir en que todos estén presentes en las preces comunes, que sean puntuales, que pidan permisos... Pero no han dado el paso al nuevo modelo de vida comunitaria fundamentado en las relaciones personales de amistad. Todavía hay comunidades en que no se ha logrado un ambiente de confianza, los superiores/as siguen haciendo notar su autoridad y distan71


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cia, insisten en minuciosidades disciplinarias, persiguen las murmuraciones, las envidias y celos, pero no ponen los medios indispensables para vivir el precepto del amor. Entre los diversos modelos que se han ido presentando, los hay que apenas se diferencian del preconciliar; otros han dado algunos pasos significativos. Algunos incluso han logrado un ambiente de cordialidad que hace agradable la convivencia; pero en el fondo no se pasa más allá de una relación superficial ni se ha llegado a cambiar el modelo en lo sustancial. Hago otra vez la observación de que, a Dios gracias, hay muchas Congregaciones que sí han entrado en el modelo de las relaciones personales y la comunicación –especialmente en comunidades de jóvenes– y que en ellas la vida de comunidad es muy gratificante y satisfactoria. Todos, pero de un modo especial los jóvenes, son muy sensibles al talante de la vida comunitaria. Les fascina la comunidad en que se da un clima de confianza, de alegría y de cordialidad, y les decepciona y desanima la frialdad y el formalismo. Dos casos. El primero es de unas Hermanas que viven en un lugar pobre y apartado donde no hay sacerdote ni tienen las comodidades básicas. Ellas tienen que ser las maestras, las enfermeras y las que acompañan a la gente en sus tribulaciones y fiestas. Son muy apreciadas por todos. Pero lo que más impresiona a todos es ver que están siempre alegres y que entre ellas se tienen un cariño desbordante. Muchas jóvenes se les han acercado a preguntar ¿qué podríamos hacer para ser tan felices como ustedes? Y en el otro extremo está el descontento de muchos/as cuando no se logra el ideal al que aspiran. En el Congreso mundial de VC de Roma (Nov. 2004) fueron invitados/as 60 jóvenes Religiosos/as de 72


CAPÍTULO IV • La vida comunitaria

los cinco Continentes, que eran como un soplo de aire fresco en medio de los 885 participantes: Superiores/as Generales, teólogos, expertos en VR. A todos nos impactó la opinión que expresaron sobre vida comunitaria todos los que consiguieron hablar en la asamblea o en los grupos de reflexión. Dijeron que no están satisfechos con la vida de comunidad que les ofrecemos los mayores. Quieren que se haga verdad que nos amamos los unos a los otros. No es sólo el deseo de los jóvenes. Creo que todos los Religiosos/as de todas las edades, de todas las razas y latitudes, lo anhelamos ardientemente. Y no queremos quedarnos sólo en deseos. Hay muchas comunidades que viven el nuevo estilo postconciliar en que los superiores/as son compañeros y amigos, sin distancias jerárquicas, con una fluida comunicación entre todos/as, en un ambiente de cordialidad y confianza y teniendo a Cristo como centro y motivación. Pero me atrevo a afirmar que también son muchas las comunidades que no alcanzan la medida. Y lo peor es que muchos ya no aspiran a más. ¿A qué se debe? Son muchas las causas, pero creo que la más profunda es que no se han cambiado “los registros mentales”, es decir, los criterios que orientan el estilo de convivencia fraterna. Creo que hace falta tener claros los objetivos que se pretenden, saber los aspectos fundamentales que se han de acentuar y, sobre todo, falta integrar proporcionalmente cada uno de ellos en el conjunto armónico de la VC.

Nuestros mejores enemigos Son los demonios que se presentan como demonios. En lo referente a la comunidad: los que se llevan la palma son el individualismo, la ausencia habitual de la casa, los caracteres irreductibles, el egoísmo descarado, la búsqueda del poder. Son los mejores 73


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enemigos porque son fácilmente detectables como tales y nos obligan a tomar posturas radicales para enfrentarlos y para proclamar los valores del Evangelio.

Nuestros peores “amigos” Son el demonio “como ángel de luz”, el lobo con piel de oveja. Son los falsos amigos, son enemigos que se presentan con apariencia de bien. En lo referente a la vida comunitaria, en un primer momento nos la presentan como la mejor o como la única posible o como la más adecuada. Es una vida en común en que hay orden y disciplina, responsabilidad en el trabajo. Se ha llegado a una convivencia respetuosa y cordial, en que cada uno se siente “en casa” y tiene con los compañeros/as unas relaciones más o menos gratificantes. También entra aquí el uso desmesurado de los medios de comunicación social: TV, Internet, teléfonos celulares, necesarios para estar al día y para relacionarse con otros, pero que impiden la comunicación en la comunidad. Todo lo dicho parece que favorece la vida comunitaria, pero más tarde se descubre su mediocridad. Las relaciones son superficiales, no hay una comunicación profunda ni una mutua aceptación sincera ni una verdadera amistad. Por eso me propongo presentar primero, estilos de comunidad vigentes y que no dan la talla, para luego señalar el camino para la comunidad nueva.

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CAPÍTULO IV • La vida comunitaria

1. COMUNIDADES INSATISFACTORIAS

Gráfica2:Comunidad de observancia regular Todos hacen las mismas cosas, a las mismas horas, de la misma manera. Hay orden y disciplina como en un cuartel. Las normas y leyes expresan la voluntad de Dios. Es la Espiritualidad del deber.

1.1 Modelo pre-conciliar Es un modelo vivido durante siglos que ha dejado una profunda huella, especialmente en personas mayores y de media edad. Esto muestra cómo cuesta dejar tradiciones que se han arrastrado durante tanto tiempo. La comunidad estaba centrada en la observancia regular: hacer todos las mismas cosas, de la misma manera y a las mismas horas, pues así se cumplía la voluntad de Dios. No creo que existan hoy comunidades netamente centradas en la observancia regular como factor determinante, pero sí hay muchas que conservan muchos elementos y costumbres del estilo preconciliar y que no han dado el paso a la comunidad basada en las relaciones personales. Lo que sí han hecho es adoptar elementos propios de una sociedad democrática y liberal.

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Son comunidades en que generalmente se salva la relación con Dios y sobre todo la seriedad y dedicación al trabajo. En cierta comunidad masculina, cada individuo es admirable en la fidelidad a la oración y a la Eucaristía diaria. Y más admirable en la responsabilidad y eficiencia en la labor que le han encomendado. Pero las relaciones fraternas son muy superficiales. Más que comunidad es “vida en común”, y sólo a ciertas horas, puesto que se encuentran sólo en la capilla y en el comedor y algunos en la TV. Cada uno tiene su cuarto confortable donde se refugia en su soledad. Entre ellos se tratan con educación y cordialidad. Pero no se conocen unos a otros por dentro. Algunos llevan años juntos, pero no sabrían decir qué piensa el hermano, qué ideales tiene, cómo se siente en la comunidad, qué problemas tiene su familia, cómo es su vida de oración, quién es Cristo para él, si se siente o no feliz... Tampoco el superior les conoce a fondo. Su papel es muy deficiente, se limita a velar por el bienestar material de todos, y a que haya cierto orden en lo esencial. Yo definiría esta comunidad como “un archipiélago de islas solitarias”. Hay un individualismo feroz. En este estilo de convivencia, no importa el número, sean muchos o pocos, lo que importa es que se atengan al mínimo de actos comunes y que tengan eficiencia en el trabajo. La espiritualidad es la del deber. Se trata de cumplir la voluntad de Dios expresada en las Reglas y Constituciones, interpretadas según la propia conciencia. El Superior es el único que tiene que pensar y decidir. En este modelo, los superiores autoritarios y dominantes campaban a sus anchas1.

1.2 Modelo tranquilizante Aunque no abundan los que viven ese modelo anterior tan descarnado, pero sí son muchos los que han llegado a una “mezcla satis76


CAPÍTULO IV • La vida comunitaria

factoria” entre lo antiguo y lo nuevo. Este modelo ha tenido mucha fortuna y es el culpable de que muchas comunidades no hayan dado el salto al nuevo estilo basado en las relaciones personales y en la comunicación. Tienen ciertos actos comunes como el rezo de Laudes y Vísperas, la eucaristía diaria, las comidas principales en que se encuentran. Incluso tienen tiempos de recreo y algunas reuniones comunitarias en que se tratan temas de organización de la vida doméstica o se hace una reflexión espiritual. Todo esto se hace en un ambiente distendido y hasta cordial. Todos pueden hablar con libertad y sentirse en casa. Tienen una comunidad de “buen vecindario” en un clima que deja al ánimo suficientemente satisfecho. Pero todo queda en la superficie. No se conoce a las personas por dentro. En la conversación no se pueden tocar ciertos temas en que pensamos distinto, nadie se mete en la vida del otro; respeto sí, cordialidad también, pero con cierta indiferencia en el trato. No se puede afirmar que se haya llegado a una verdadera amistad con todos los compañeros/as. Tal vez sólo con alguno/a. Las mejores amistades las tienen fuera.

1.3 Comunidad de empresarios apostólicos Es uno de los estilos más frecuente. En esa comunidad todos tienen empresas importantes que realizar: dirección o administración de un Colegio, secretariado de un departamento de la Conferencia episcopal, encargado/a de la pastoral de la parroquia, profesor/a de la universidad... Lo único importante es el trabajo “apostólico”. Todo orientado a la calidad y la eficiencia. La vida de oración se limita a leer un rato la Biblia o a alguna visita al Santísimo o se suple trabajando

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con rectitud de intención por el Reino de Dios. En ese ambiente importa mucho el prestigio de la institución y la competencia con quienes trabajan en el mismo campo. Pero puede darse al mismo tiempo un profundo vacío afectivo, si no hay un íntimo y prolongado contacto con el Señor y una vida comunitaria gratificante. La actividad no sólo absorbe todas las horas del día, sino que también ocupa la mente y el corazón. Lo que más se cotiza es ser un “ejecutivo” o un profesor brillante. Se pone en ello todo el esfuerzo y entusiasmo, mientras que el horizonte de la vida se va reduciendo al campo del trabajo. A los hermanos/as se les aprecia por su eficiencia y capacidad de trabajo, como piezas imprescindibles de una máquina. Si se manda una persona joven a estos ambientes, una de dos: o se somete a esta valoración de la vida y entonces puede subsistir, o se acompleja y entra en una soledad muy peligrosa. En la cumbre de la escala de valores de este grupo está el profesionalismo. Lo que cuenta es tener títulos universitarios y la meta, conseguir que nuestro colegio o nuestra clínica sea la mejor de la ciudad, que los jóvenes estén bien preparados en esos campos, aunque no tengan una buena base teológica ni un acompañamiento espiritual2. En este enfoque, lo que se aprecia en el Superior es la capacidad organizativa y empresarial. No se considera tan importante que sea hombre o mujer de Dios y que acompañe a cada hermano/a en la vida según el Espíritu. Suelen ser personas muy entregadas que no cuentan los esfuerzos ni las horas de trabajo. No es infrecuente encontrar en ellos profesionales o administradores eminentes y al mismo tiempo, anémicos en la vida espiritual e individualistas en la vida comunitaria.

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CAPÍTULO IV • La vida comunitaria

Mientras estaba escribiendo este artículo, recibí una carta desde un país latinoamericano, en que una Hermana me comunica que ha decidido dejar su Congregación porque “el trabajo que realizaba, las continuas críticas, la soledad, el darme cuenta de que no valgo sino por lo que hago y esto si estaba bien hecho y si cubría las expectativas de las Hermanas, me empujaron a decidir por la salida. Me lastimaron mucho, no creyeron en el malestar que rondaba mi vida y menos en la necesidad de que otra Hermana me ayudase... Intenté ser fiel y coherente con mi vocación, pero al fin no pude más y escribí mi carta”. Lamentablemente este caso se repite con demasiada frecuencia. Sólo la eficiencia en el trabajo no llena la vida.

1.4 Comunidad sociológica El gran problema de AL y de gran parte del mundo es la injusticia social, las grandes mayorías empobrecidas y un abismo entre ricos y pobres que nunca ha dejado de crecer “hasta llegar a intolerables extremos de pobreza” (SD 179). Un buen sector de religiosas/os sintieron un llamado a comprometerse con los pobres no sólo dedicándose a obras de beneficencia, sino abordando los problemas sociales en el campo ideológico y en el de la promoción social. Han ido creando organizaciones poderosas, oficinas, equipos de acción que están ofreciendo servicios muy encomiables a favor de campesinos y marginados de la sociedad. Dentro de este capítulo hay que incluir una de las realizaciones más convincentes: la inserción entre los pobres. Después de Medellín se inició un verdadero “éxodo” de religiosos, y sobre todo de religiosas, hacia los barrios populares y el campo. Muchos siguen fieles a la primera opción, pero otros se cansaron y en la mayoría de los Institutos ha ido descendiendo el número y el entusiasmo de los que trabajan en este campo3. 79


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Por otra parte, en esas comunidades y obras sociales, la evangelización es indirecta, primero se entregan desde una existencia solidaria y luego, cuando llega el caso, anuncian en nombre de quién lo hacen. Es innegable el valor evangélico y la fuerza significativa de esta clase de comunidades; pero suelen hallar dificultades para encontrar espacios para la oración, la reflexión personal y el estudio. En muchos casos, no se ha conseguido convertir la obra social en evangelización. Muchos se han propuesto unir fe y justicia: el servicio de la fe y la promoción de la justicia. Pero de hecho todo el empeño se ha puesto en la promoción de la justicia, y el servicio de la fe ha ido quedando en buenos deseos. Si se acentúan estos desequilibrios, terminan pagando una fuerte factura de identidad y de cohesión comunitaria4. El resultado final muchas veces es el enfriamiento en la fe y la confianza sólo en la eficiencia política. Algunos son más sociólogos que sacerdotes; más activistas políticos que religiosos. Son frecuentes los casos de éxito social y de fracaso en la VC. Entre los muchos casos, consigno dos de los más dolorosos que he podido experimentar. Un joven era líder del partido comunista en la universidad. Le impactó mucho el asesinato del P. Luís Espinal. Se hizo presente en el entierro al que asistieron 70.000 personas y se decidió a seguir su camino. Pidió la entrada en la Compañía de Jesús. Después de un año de espera y de preparación, entró en el noviciado con mucho empeño, aunque con la falta de una base de vivencia cristiana. Al iniciar el trabajo apostólico, después de los primeros votos, se lanzó al campo social con toda el alma. Lo que más le entusiasmaba era el compromiso con los pobres, la lucha por la justicia, organizar sindicatos... Todo lo demás fue pasando a un segundo plano. No había conseguido sumergirse en una profunda


CAPÍTULO IV • La vida comunitaria

experiencia de amor y de seguimiento de Cristo. Se sintió decepcionado y al fin volvió a la política y a la soledad. Un sacerdote religioso, muy comprometido en el trabajo social, creó una organización muy eficiente a favor de un barrio pobre, ayudó a realizar un número de emigraciones con trabajo asegurado. Pero su sacerdocio fue perdiendo sentido al mismo tiempo que crecían sus compromisos políticos. Al fin perdió su “primer amor”.

1.5 Comunidad de “activistas” Son muchos los religiosos/as que reconocen que viven muy acelerados por la actividad apostólica, pero son pocos los que ponen remedio. El trabajo les absorbe todo el tiempo y casi todas las energías. Y no les queda espacio ni ganas para la oración y para la convivencia comunitaria. A muchos les parece que dedicar espacios a encuentros comunitarios o a conversar de temas trascendentes, es una pérdida de tiempo, mientras el mundo está ardiendo allá afuera. Y nosotros nos quedamos mirándonos las caras y tratando de asuntos abstractos. El activismo es el causante principal de la superficialidad y mediocridad no sólo en la convivencia fraterna y en la oración, sino también en el mismo apostolado. Hay mucho movimiento, muchas reuniones, mucho despliegue organizativo..., pero va bajando la calidad de la VC y el nivel de la fe y el amor. De un modo especial es lamentable la mentalidad de algunos/as Superiores/as mayores y de quienes tienen la responsabilidad de las obras, de pensar que lo más importante de un Instituto o de una Provincia es atender a las necesidades apostólicas inmediatas. Hay muchas obras en marcha y poco personal y hay que echar mano de los y las jóvenes al terminar el noviciado para darles res81


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ponsabilidades importantes sin tener la preparación suficiente ni la consistencia vocacional necesaria. No hay tiempo para dar una buena formación ni para estar con el Señor ni para amarse de verdad unos a otros. Muchos jóvenes se decepcionan por esa mentalidad empresarial y activista porque esperaban algo más. Además del deterioro en la vida espiritual, se condena a los jóvenes a la soledad –el terreno más abonado para cualquier clase de crisis– y se les impide continuar su formación espiritual y vivir la satisfacción afectiva de la amistad profunda con compañeros/as de la misma edad y mentalidad. Otra consecuencia es la de las mini-comunidades. Las necesidades apostólicas van creciendo y el personal es cada vez más reducido. Hay Provincias enteras en que lo normal son comunidades de tres y hasta sólo de dos miembros. Hay Congregaciones que tienen la costumbre de enviar a una joven, recién hechos los primeros votos, a una comunidad apostólica de dos o tres Hermanas mayores que andan disparadas en sus tareas absorbentes y que no tienen sosiego para vivir juntas en alguna hora del día. Un caso admirable es el de una Provincia franciscana de AL que quiso iniciar un modo nuevo de vivir su “minoridad”. Se ofrecieron a varios Obispos para asumir las parroquias más abandonadas de sus diócesis, pero con la condición de vivir en comunidades de cinco miembros para atender desde allí a las parroquias. Tienen buenas vocaciones. El problema no es de falta de personal ni de tiempo ni de urgencias apostólicas; es más bien de escala de valores, de no valorar justamente el sentido de la VC y no dar el debido tiempo e importancia a otros elementos esenciales que tienen tanto o más valor que la acción apostólica. ¿Acaso, en los Institutos en que se da una buena formación y en que están bien integrados todos los 82


CAPÍTULO IV • La vida comunitaria

aspectos fundamentales, no hay escasez de personal, no tienen entre manos obras importantes, no tienen muchas solicitudes para que tomen otros compromisos?

1.6 La comunidad “invernadero” En el otro extremo se da la comunidad aislada y protegida. Se da especialmente en casas de formación y en Institutos que creen que la salvación está en volver a “la gran disciplina”, grupos de tendencia “fundamentalista” que tienen miedo de enfrentarse con un mundo paganizado y perverso. Se controla mucho el trato con personas del otro sexo, hay un régimen de permisos para todo y una estrecha vigilancia de las superioras. No asisten a centros de formación mixtos ni a la universidad. Suelen poner mayor empeño en cuidar las protecciones externas que en formar la libertad, la afectividad, las convicciones interiores. Generalmente mientras están en el encierro, hay menos defecciones que en otras Congregaciones más abiertas, pero cuando inician su apostolado, se muestra más su fragilidad y son más abundantes los abandonos. Esta actitud protectora suele estar inspirada por el miedo y acompañada de una deficiente formación, especialmente en el campo afectivo5. Se da más importancia a la disciplina externa que a la formación de la persona por dentro mediante un acompañamiento espiritual cercano y amigable. El apostolado se practica a horas fijas y no se permite que nadie perturbe la paz fuera de los tiempos señalados. La comunidad se convierte en un “nido”, donde se está muy calentito y donde se quieren mucho, pero se olvidan de lo que pasa allá afuera. En los Institutos de vida activa, no es la misión para la comunidad, sino la comunidad para la misión.

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En conclusión, creo que de los tres elementos esenciales de la VR –experiencia de Dios, vida comunitaria y misión evangelizadora– el más frágil y descuidado es el de la vida comunitaria porque es el que más ha cambiado y porque, a pesar de las deficiencias, las cosas siguen adelante. Así es, las cosas siguen adelante pero con mucha mediocridad y pagando el precio de la pérdida de muchas vocaciones, especialmente de jóvenes.

2. ¿QUÉ COMUNIDAD QUEREMOS? La tranquilidad o satisfacción de los religiosos/as respecto a la vida comunitaria depende de la idea u objetivo que tienen de ella y si se ponen o no los medios adecuados para ello. La cuestión no está en si la vida que llevamos nos deja tranquilos y satisfechos, sino en si el objetivo que pretendemos es el correcto y si los medios que ponemos son los adecuados. Los fariseos eran una especie de cofradía de laicos piadosos que ponían la santidad en cumplir leyes y tradiciones a la perfección: ayunaban dos veces por semana, pagaban diezmos a favor del Templo, edificaban sinagogas, y sobre todo cumplían infinidad de prescripciones legales hasta las últimas minuciosidades. Y se creían “justos” porque eso es lo que respondía a sus esquemas mentales. Sin embargo, Jesús rechazó con furia esta actitud porque, es verdad, cumplían todas las leyes, pero se habían olvidado de amar. (Cfr. Mt 23, 23). Puede suceder algo semejante en la VC. Aquellos que aspiran solamente a cumplir con lo mínimo indispensable para llevar “vida en común” o para ser “profesionales honrados”, o aquellos que no tienen otro fin que “luchar por la justicia y los pobres”, o los que ponen la salvación del mundo en “un activismo desenfrenado”, o los que se preocupan tanto de cumplir con los rezos y horarios de la comunidad que se olvidan del resto del mundo. 84


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Pero la Vida Religiosa es algo más que todo esto, es seguimiento de Cristo desde la fe,un seguimiento “peculiar” que incluye como elementos esenciales una profunda experiencia de Dios, una vida comunitaria, expresión del ideal cristiano de amarse de verdad los unos a los otros y una misión evangelizadora que exige dar la vida por los demás poniéndose a su servicio en orden a la salvación. Y esto ratificado por unos votos que son expresión de una actitud interior de entrega incondicional por amor. Si falta alguno de estos elementos, como es el que ahora nos ocupa, –una auténtica vida comunitaria– no se da verdadera VR. Así lo expresa el adagio latino “bonum ex integra causa, malum ex quocumque deffectu” (el bien es resultado de que todos los elementos son buenos; para que se dé el mal, basta que esté malogrado uno de ellos). Sería como un puente de cuatro arcos. Basta que uno de ellos se rompa para que el puente sea inservible. Y de los cuatro arcos el más vulnerable es el de la vida comunitaria. “Esto significa que una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano, es la pertenencia a una comunidad concreta, en la que podamos vivir una experiencia permanente de discipulado y de comunión con los sucesores de los Apóstoles y con el Papa”6. La cuestión de fondo es que si no se lograr vivir notoriamente el precepto del amor en la comunidad, todo queda en pura apariencia y organización externa. Los miembros de la comunidad no encuentran en casa la satisfacción afectiva que esperaban y buscan amistades fuera, en la universidad o en el equipo pastoral y se sienten inseguros y frágiles en su vocación. ¡Cuántas vocaciones se pierden –especialmente de jóvenes– por falta de amistades profundas con los compañeros/as y por falta de un ambiente cálido y de confianza en la comunidad!

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Todos los modelos expuestos destacan algún rasgo importante de la vida consagrada, que de ningún modo se puede omitir. El error está en absolutizarlo y ponerlo como lo único importante. Nadie puede dudar de la necesidad de tener una sólida vida espiritual y eficiencia en el trabajo, de tener conciencia de la realidad social y de estar comprometido con los pobres, de tener seriedad y responsabilidad en el trato con personas del otro sexo, de entregarse en cuerpo y alma a la misión evangelizadora. Pero, por encima de todo, se requiere tener claro el objetivo que se pretende e integrar todos los elementos esenciales a su alrededor. Es decir, hay que dar a cada cosa su tiempo y la importancia que requiere y no es lícito enfatizar tanto un aspecto que los otros queden olvidados o disminuidos. Si el elemento integrador se absolutiza o desorbita, entonces se convierte en desintegrante.

2.1 Objetivo de la vida comunitaria

Gráfica3:Amarse como hermanos/as y como amigos/as en el Señor. Está claro que el objetivo es llegar a amarse de verdad los unos a los otros. Es poner como base las relaciones personales de amistad en el Señor, orientadas a la misión. 86


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Lo que más cuesta es “cambiar la cabeza”, los esquemas mentales, los hábitos adquiridos de las personas mayores y, sobre todo, de media edad. En su tiempo no había comunicación de los sentimientos ni de la vida interior. Incluso consideraban una virtud el silencio acerca de sí mismo y el hablar de lo interior como un peligro de vanidad. Hoy, en cambio, vemos que “sin relaciones de calidad, la existencia se frustra irreparablemente” y “si no hay ‘encuentro’, la comunidad puede quedar reducida a un agregado de personas solitarias, tanto más trabajadoras cuanto más solitarias”7. La comunicación se revela el punto neurálgico del paso de lo comunitario institucional a lo comunitario intersubjetivo8. Los jóvenes que aspiran hoy a la VC son muy sensibles a la forma de la vida comunitaria. Vienen a nuestros Institutos con la esperanza de encontrar algo diferente de un mundo individualista y triste en que sólo se busca satisfacer el propio egoísmo El punto de partida de toda comunidad cristiana es la persona de Cristo. A lo largo de la historia de la VC, desde el s. IV hasta el XXI, Cristo ha sido el centro y la motivación última. El ideal de los primeros cenobitas del s. IV se cifra en seguir a Cristo, el único Camino que conduce a la vida9. Es decir, “Dios hace que la comunidad sea un acontecimiento de la fe. Sin ella, la comunidad sería una locura”10. Y sobre esta base, la característica más típica es el amor fraterno. Del amor centrado en el seguimiento de Cristo brota el amor en su doble vertiente: amor a Dios y a los hermanos. Dice el Documento de Aparecida (154): “Jesús, al inicio de su ministerio elige a los doce para vivir en comunión con Él (Cfr. Mc 3, 14)... El encuentro a solas indica que Jesús quiere hablarles al corazón (Cfr. Os 2, 14). Hoy también, el encuentro de los discípulos con Jesús en la intimidad es indispensable para alimentar la vida comunitaria y la actividad misionera”. 87


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Ahora bien, entre todos los aspectos, el del amor fraterno, es el que ha sufrido mayores cambios. El amor es el mismo, pero las expresiones cambian según los tiempos, las culturas, las costumbres, etc. “La fraternidad es posible porque es posible el amor”11. Hoy se requiere expresar el amor en un lenguaje inteligible para nuestra sociedad.

2.2 No sólo hermanos/as, sino amigos/as Somos hermanos/as porque tenemos un mismo Padre y porque hemos sido llamados a una misma vocación. Ser amigos es más que ser hermanos/as12. El ideal es ser amigos de nuestros hermanos/as. Jesús a los Apóstoles no les llama hermanos, sino amigos. Llama hermanos a todos los que cumplen la voluntad del Padre (Mt 12, 50; Lc 8, 20). En cambio, les llama amigos porque a ellos les ha comunicado todo lo que ha oído del Padre (Jn 15, 1416). Es un amor de intimidad y confianza en el que ya no hay secretos ni reservas. Y ésta es la diferencia entre el servidor o empleado y el amigo. El primero no conoce la vida privada de su amo, ni le importa; en cambio el amigo conoce lo que su amigo piensa y vive (Jn 15, 15). Naturalmente que la amistad no se consigue con la simple convivencia; supone tiempo y una comunicación profunda, hay que trabajarla y conquistarla13. Hoy la comunicación es esencial en el proyecto de vida comunitario, una comunicación implicativa que crea reciprocidad, con nuevas mediaciones: discernimiento comunitario, reuniones semanales, etc.14

3. LOS DOCUMENTOS DE LA IGLESIA En Vita Consecrata se dicen cosas muy bellas sobre la vida comunitaria, pero no desciende a los medios concretos que hay que poner para vivirlo. Sólo hay indicaciones: “poner todo en

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común: bienes materiales y experiencias espirituales” (42), “la atención recíproca ayuda a superar la soledad, y la comunicación contribuye a que todos se sientan corresponsables” (45). En Caminar desde Cristo (2002), a los cinco años de Vita Consecrata, dice algo un poco más concreto: “compartir las alegrías y sufrimientos del hermano, intuir sus deseos y atender sus necesidades, ofrecerles una verdadera y profunda amistad (29). Pero el documento que aborda directamente el tema, y con mucha claridad y realismo, es “La vida fraterna en comunidad”, que salió poco antes del Sínodo sobre VC. Dice que la vida de fraternidad se construye más sobre la calidad de las relaciones interpersonales que sobre la observancia regular. Afirma también que es necesaria la comunicación entre los miembros de la comunidad. Es necesario conocerse unos a otros y para ello es muy importante comunicarse cada vez de forma más amplia y profunda. Se hace ya con encuentros, cartas, visitas. Esto crea relaciones más estrechas que alimentan el espíritu de familia y la participación. También a nivel comunitario, tratando problemas de la comunidad, del Instituto, de la Iglesia. La vida fraterna necesita estos momentos para crecer. Pero esto no es todo. Se necesita una comunicación más intensa entre los miembros de la misma comunidad. De lo contrario, el desconocimiento de la vida del otro convierte al hermano en un extraño, se cae en el individualismo, la autogestión, la insensibilidad y se buscan relaciones significativas fuera de la comunidad. (CIVCSVA, 1994, nn. 29-32). La autoridad es siempre evangélicamente un servicio al progreso espiritual de cada uno y a la edificación de la vida fraterna en la comunidad (nn. 47-53).

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El superior hoy tiene un papel mucho más evangélico y profundo: es guía espiritual para cada uno de los hermanos/as; es animador de la comunidad, le pone alma; es orientador del apostolado de acuerdo con el propio carisma, partiendo siempre del discernimiento de la voluntad de Dios. “Toda la fecundidad de la VR depende de la calidad de la vida fraterna en común” (Juan Pablo II). Por otra parte, la comunidad no puede quedarse encerrada en sí misma, ha de estar unida y orientada a la misión: “En el pueblo de Dios la comunión y la misión están profundamente unidas entre sí... La comunión es misionera y la misión es para la comunión.” En las iglesias particulares, todos los miembros del pueblo de Dios, según sus vocaciones específicas, estamos convocados a la santidad en la comunión y la misión”15.

4. PASAR DE LOS PRINCIPIOS A LA REALIZACIÓN Sobre ningún otro tema hay frases tan bellas y profundas como sobre la vida comunitaria. En todas las Constituciones y documentos oficiales hay “verdaderos poemas teológicos” sobre la fraternidad. Y, ¿por qué será que en grandes sectores de la VC la vida de comunidad es tan pobre y mediocre? Parece que es porque no se ponen los nuevos medios necesarios hoy. La vida comunitaria hoy es más exigente –y gratificante– que en otros tiempos en que el empeño se ponía en la observancia regular. Hoy hay que empezar con una promoción vocacional seria, una selección esmerada de los candidatos que, además de otras cualidades, han de tener la capacidad de relaciones personales y de comunicación. En las primeras etapas de la formación hay que iniciar a todos/as en estas relaciones en un clima de confianza y cercanía. No hay que 90


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poner como formadores/as a quienes tal vez conocen muy bien al Instituto, pero no se ganan la confianza de los jóvenes. Hay que conseguir que se vaya creando entre todos un ambiente que desemboque en verdadera “amistad en el Señor”. Y esto continuarlo luego, de un modo especial después de los primeros votos.

4.1 Los pasos que hay que dar Vivir una auténtica comunidad cristiana no es difícil si se tienen claras las ideas sobre lo que se pretende y si se es capaz de dejar modelos y tradiciones que han estado vigentes durante siglos, y si se ponen los medios indispensables. Ser o no ser. El punto de partida sigue siendo la experiencia espiritual de la comunidad. Se nutre de la correlación entre el amor de Dios y el amor del prójimo16. Hoy la comunidad se forma mediante la relación personal profunda, y consiguientemente, mediante la comunicación. Más concretamente, los pasos indispensables son: conocerse unos a otros por dentro, aceptarse en las coincidencias y en las diferencias, para llegar a amarse unos a otros como “amigos en el Señor”. Ser o no ser. Si no se está dispuesto a seguir este itinerario, todos los parches que se pongan y las lamentaciones que se profieran son palabras ociosas. El primer requisito es tener ideas claras sobre lo que se pretende en la vida comunitaria. Aquí entra el estilo o modo de proceder tradicional en un Instituto que tal vez nunca se ha revisado a fondo. Por eso hay que estar dispuestos a dejar costumbres que no conducen directamente a vivir el precepto del amor. Hay que revisar los esquemas mentales que han orientado nuestra vida y sustituirlos por los nuevos. Tal vez aquí está la mayor dificultad para el cambio. Los pasos necesarios para el cambio son tres: 91


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Comunicarse para conocerse Se trata de conocerse unos a otros por dentro, no sólo en lo externo, que para eso no se necesita mucha comunicación, sino en profundidad, de un modo personal. Es lamentable que religiosos/as que han convivido años bajo un mismo techo no conozcan uno de otro lo que constituye la vivencia fundamental de su vida y de su vocación. En mi trabajo de dar Ejercicios y de acompañamiento espiritual quedo muchas veces admirado al contemplar los bellos paisajes interiores que el Espíritu Santo plasma en el corazón de cada uno. Y pienso a veces “¡Qué lástima que no conozcan estas maravillas sus compañeros/as y sus superiores/as! Cómo cambiarían las relaciones mutuas. Allí donde se da esta comunicación, se crea en seguida un ambiente de confianza, de espontaneidad y transparencia que hace muy agradable la convivencia. Recordemos el adagio latino “nihil volitum quin praecognitum” (no es posible amar lo que no se conoce). Y también, lo contrario: “imposible conocerte y no amarte, imposible amarte y no seguirte”. Imposible conocer por dentro a una persona buena y no amarla17. En la Síntesis final del Congreso de Roma (p. 356), una de las condiciones que se señala para “nacer de nuevo” es “la búsqueda de una comunión y comunidad basada en relaciones profundas, inclusivas”. Esto implica dedicar tiempo a esta comunicación o diálogo aprovechando especialmente las reuniones comunitarias.

Aceptarse Del conocerse brota fácilmente el aceptarse. No hay problema en aceptarnos mutuamente en las coincidencias; ya cuesta un poco más en las diferencias. Y mucho más con los enemigos, que es lo 92


CAPÍTULO IV • La vida comunitaria

que Jesús nos exige. Aquí entra el respeto a la libertad del otro y no exigirle que se someta a mi “deuteronomio”. “Amar a los que nos aman y saludar a los que nos saludan, esto también lo hacen los publicanos y gentiles” (Mt 5, 46-47). Solemos aceptar el ecumenismo con personas que están lejos física o mentalmente porque no nos trae ninguna molestia. Pero nos cuesta más aceptar a aquellos con los que convivimos y con quienes coincidimos en un 95% de cosas, porque el 5% restante me exige renunciar a mis intransigencias. Hay tres campos en que se da con frecuencia la diversidad y aun oposición de mentalidades:

 Conservadoresyprogresistas.No es posible que todos pensemos lo mismo después de un Concilio y dados los cambios acelerados de la sociedad. Siempre hay quienes se inclinan a conservar los valores esenciales del pasado (aunque entre ellos fácilmente incluyen costumbres o tradiciones que hace tiempo debían haber sido olvidados). Y los progresistas que quieren dar respuestas nuevas a las situaciones nuevas. No es que no haya que tomar posturas de verdadera “refundación”. El peligro está en que, al rechazar la ideología o postura del otro, se rechace también a la persona y se la clasifique como “de los otros”. Y esto se da a nivel comunidad local, Provincia, Instituto, Iglesia, sociedad. El arte está en aceptar y amar a la persona, aunque no se esté de acuerdo con sus ideas o su comportamiento.

 Jóvenesymayores.Hay Congregaciones en que la relación entre ambas generaciones es muy cordial. La diversidad de mentalidades y experiencias no suele impedir un verdadero cariño entre las personas. Mayor dificultad suele darse entre los jóvenes y las personas de media edad. Pero en otras comunidades se da una verdadera ignorancia y prescindencia de los 93


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de otra generación. Lo cual condena las relaciones a la frialdad y al formalismo.

 Nativos y extranjeros. En algunos países, como Bolivia, muchos Institutos han venido de fuera y en los primeros años los extranjeros han estado detentando los cargos principales. No hay mala voluntad de parte de nadie, pero hay una cultura subyacente que lleva a vivir el carisma de un modo diferente. En el primer mundo se aprecia mucho la eficiencia, la organización, el aprovechamiento del tiempo, cumplimiento de compromisos, guardar la palabra, decir la verdad, etc. Y esto es lo que ha hecho progresar al primer mundo. En AL lo que está en primer lugar en la escala de valores es la persona y con ella, la amistad, saber perder tiempo con la gente, la solidaridad, la fiesta, el aprecio de la vida, etc. En los diversos Institutos suele llegar un tiempo en que los nativos/as empiezan a ser mayoría y aspiran a orientar la marcha del Instituto y a vivir el carisma de acuerdo con su modo de ser. Entonces puede darse el choque de la escala de valores y cada grupo cree tener la genuina interpretación del espíritu del Instituto. Es el momento de mostrar generosamente el amor a la vocación y a las personas que la comparten. En un Capítulo General, en el que participaban Hermanas europeas y latinoamericanas, las cosas habían ido muy finas hasta el momento en que se trató de elegir a la Madre General. La General había sido siempre europea y sus compatriotas tenían la convicción de que ellas eran las que poseían el verdadero espíritu de la fundadora. En el ambiente se percibía que esta vez quizás iba a caer el cargo en una latinoamericana. Las europeas propusieron –tal vez sin pensarlo suficientemente– que se hiciera primero una votación “vinculante” sobre si la General tenía 94


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que ser europea o latinoamericana. El resultado fue a favor de la latinoamericana. En ese momento se perdió el ambiente de paz y de cordialidad. Pasaron unos minutos tensos. Al fin se propuso que se tuviera en cuenta la votación realizada, pero que no fuera vinculante, sino que cada una según su conciencia, votara por la persona que considerase más capaz, prescindiendo de su nacionalidad. Volvió la paz y fue elegida la latinoamericana con satisfacción de ambas partes. En muchos Institutos se da este momento en que hay que aceptar gozosamente que los nativos/as vayan asumiendo las responsabilidades que antes tenían los extranjeros. Supone haber asumido vivencialmente el espíritu de la Congregación y conocer a fondo la propia cultura para “traducir” el carisma a la nueva realidad y al modo de ser de las personas que lo han de vivir.

Amarse Es el aspecto decisivo, el que hacía exclamar a los paganos que descubrían la comunidad de Jerusalén: “miren cómo se aman”. Y es lo que los religiosos/as estamos llamados a vivir, después de conocernos y aceptarnos. Si nuestras comunidades no son diferentes del resto de la sociedad y reproducen en pequeño sus mismas mezquindades y egoísmo, ¿en qué nos distinguimos de los paganos y de una sociedad de consumo en que cada uno busca su propio placer y bienestar? En este punto tenemos que ser muy exigentes y orientar la formación desde el principio hacia la solidaridad y la misericordia para que broten del corazón. Lo cual está íntimamente ligado a una profunda experiencia de Dios y a un apostolado comprometido, y es expresión de un alto nivel de fe y de amor. No es tanto resultado de técnicas o dinámicas de grupo –que es bueno usar–, sino de poner a Cristo como el gran Amor de mi vida y de ya no vivir para 95


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mí, sino para los demás. La abnegación que antes se ponía en mortificar el cuerpo, hoy se ha de poner en dejar los propios intereses para amar y servir a los hermanos. La abnegación es la otra cara del amor. La clave de la convivencia en la vida comunitaria está en distinguir a la persona de sus ideas y de su comportamiento. Hay que amar a la persona porque es mi hermana/o, aunque no ame sus ideas y su modo de proceder. Si espero que el otro sea a mi gusto para amarle, esto nunca se dará. La motivación última es Cristo que nos ha llamado a vivir la misma vocación.

5. SE CONFIRMA LO DICHO CON ALGUNOS EJEMPLOS Este es el título al final de cada tema en el famoso libro del P. Rodríguez que durante varios siglos alimentó la lectura espiritual de muchas comunidades religiosas. Son ejemplos vividos por mí y que me han impactado y me han confirmado en todo lo dicho. Los 17 Provinciales jesuitas de AL estaban preocupados por no tener un centro de formación permanente en nuestro continente. Nos invitaron a tres jesuitas para que viéramos cómo organizarlo. Vimos que tenía que cubrir tres campos: el académico, el espiritual y el comunitario. El que a mí más me preocupaba era el comunitario, por tratarse de personas mayores que tal vez tendrían dificultad en la comunicación profunda. Se nos ocurrió dedicar los ocho primeros días del curso de tres meses, a que cada uno contara “su vida y milagros”, pero no quedándose sólo en los hechos, sino descubriendo sus sentimientos personales. Era impresionante, al escuchar la vida de los compañeros, había como para sacarse el sombrero. Lo interesante es que después de esos días se

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forma en el curso un ambiente de confianza, de alegría, de “amigos en el Señor”, que hacen muy gratificante la convivencia. El curso lleva ya más de 22 años y se siguen contando la vida y milagros. Otra experiencia es la del Curso de formadores de Cochabamba por el que han pasado cerca de 1.000 religiosos/as de toda AL en sus 22 años de existencia. Se desarrollan los mismos tres capítulos del curso anterior. Se dedica una tarde a la semana a la comunicación en grupos de ocho o nueve personas. El resultado es que al término del curso de cuatro meses y medio, se han formado amistades profundas y al despedirse hay que llevar sábanas para secar las lágrimas. Personalmente he experimentado toda clase de comunidades y no siempre ideales, pero las más gratificantes han sido las que he compartido con jóvenes jesuitas durante 23 años. La confianza, la alegría, la comunicación, producen una profunda satisfacción afectiva y espiritual.

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Notas 1 ILARDUIA, Juan M. . El proyecto comunitario. Col. Frontera, n. 14, p. 19. 2 Así mismo el P. Joâo B. Libanio, S.I. afirma en su ponencia: “Vocación y profesión no son dos cosas separadas, sino dos dimensiones diferentes de la actividad humana, con distintivos específicos. La identidad del religioso/a implica una relación propia entre las dos y se siente amenazada cuando la profesión se sitúa por encima de la vocación”. o.c. Congreso de Roma, pp. 163-164. 3 El mismo P. Libanio trae el testimonio del General de una gran Orden Religiosa que afirma que sólo un 9% de sus miembros trabaja directamente en el campo social, aunque muchos de los ministerios están impregnados de la opción por los pobres. Congreso, p. 161. 4 ILARDUIA, Juan M. . El proyecto comunitario. Col. Frontera, 14, p. 25. 5 Cfr. ILARDUIA, Juan M. “La comunidad estufa” en El proyecto comunitario. Col. Frontera, 14, p. 23. 6 DA, n. 156. 7 ILARDUIA, Juan M. . El proyecto comunitario. Ed. Frontera,14, p.p. 12 y 14. 8 GARRIDO, Javier . Comunidad y personalización. Col. Frontera, n. 7, p. 27. 9 GARCÍA M. Colombás. El monacato primitivo, BAC p. 187. 10 TILLARD, O.P. Instituto teológico de V.R. Madrid, pp. 263-265; 226. 11 GUERRERO José Mª , S.I. La utopía de la comunidad. Ed. San Pablo. Santiago 1990, p. 9. 12 MELENDO, Maite . La comunicación. Ed. Frontera, 11, p. 32. 13 Voillaume René , General de los HH. de Foucauld insta a los Hermanitos para que en sus comunidades lleguen a ser amigos. “Hermanos de todos”. Narcea S.A. de Ediciones. Madrid, 1982, p.153. Sta. Teresa quiere que sus comunidades sean “comunidades orantes de amigas”.Los HH. Maristas en su Capítulo General (17) proponen “pasar de una vida común a una vida de comunidad”. San Ignacio llamaba a sus compañeros “nueve amigos míos en el Señor” (Carta a Juan de Verdolay, 24 julio 1537). 14 GARRIDO, o.c., p. 17. 15 DA, n. 163 y ChL 32. 16 GARRIDO, o.c., p. 41. 17 Entre la infinidad de textos con los que se podría confirmar, escojo algunos del P. Ilardua: la comunicación profunda genera la amistad (p. 33); la comunicación es para las relaciones interpersonales como la respiración para la vida (17); sin amor no hay comunidad y sin comunicación no hay amor ni comunidad (32).

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CAPÍTULO V

Misión Evangelizadora 1. EN QUÉ CONSISTE EL APOSTOLADO El apostolado no consiste en hacer cronogramas ni en organizar encuentros juveniles ni en repetir lo que dicen los libros. Estas son cosas complementarias muy útiles, pero no tocan lo esencial, lo que constituye el meollo del asunto. Jesús, el apóstol, (Hb 3, 1) el enviado del Padre, nos dice en qué consiste: “Lo que hablo al mundo es lo que oí de Él” (Jn 8, 26). Jesús actúa como el que simplemente proclama la Palabra que escucha. Por eso no es propia, sino del Padre: “La Palabra que escuchan no es mía, sino del Padre que me ha enviado” (Jn 14, 24). Es más, Cristo es la Palabra del Padre, no sólo cuando habla, sino en todo cuanto vive: “Él dice las palabras de Dios que le comunica el Espíritu sin medida... El que cree al Hijo vive de vida eterna; el que no cree en el Hijo no puede experimentar la vida” (Jn 3, 34-36).

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Juan lo aprendió muy bien y es el que nos da la mejor descripción de lo que es el apostolado: “Lo que hemos visto y oído, lo que hemos tocado con nuestras propias manos, el Verbo de la vida..., esto es lo que anunciamos” (1Jn 1, 1-3). Esto es lo que llamamos “evangelización” o anuncio de la Buena Nueva que no se realiza sólo de palabra, sino con el testimonio de vida del apóstol que comunica a los demás la vivencia de su experiencia de Dios.

Sin dicotomías Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. En Cristo se da una perfecta unidad entre consagración y misión, son una sola cosa. Cristo es todo “existencia-para-Dios”. ¿Qué es la consagración de una persona? Es la total disponibilidad para Dios, es la plena entrega a su voluntad salvífica mediante la obediencia. Ahora bien, esta voluntad del Padre es la salvación de los hombres. La voluntad del Padre es que Cristo sea “existencia-para-losdemás”. En Jesús, consagración y misión se identifican. Jesús vive su consagración al Padre en la medida en que se entrega a cumplir su voluntad, que es la salvación de los/as hermanos/as... Pero nosotros, los llamados a anunciar la salvación, somos especialistas en hacer dicotomías, en separar lo que Dios ha unido. Y entonces nuestro apostolado resulta superficial, descolorido, tal vez de palabras ociosas. La misión evangelizadora para el religioso/a de vida activa, es intrínseca, pertenece al ser mismo de su vocación, lo mismo que al ser del cristiano1. Aparecida, [146], trayendo un texto del Papa, afirma: “Discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discipulado está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva” (Cfr. Hch 4,12).107 100


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La vocación apostólica no la da el Obispo ni el Superior. Ellos determinan la tarea, es decir, dónde y cómo la han de realizar, pero la misión proviene del bautismo que nos hace al mismo tiempo cristianos y apóstoles. La misión da plenitud a la vida cristiana y a la vocación religiosa. También los religiosos/as contemplativos evangelizan con su oración y su vida. Los de vida activa, además evangelizan con su acción apostólica que ocupa la mayor parte de su tiempo y de sus energías. Cuando consagración y misión se armonizan y se da a cada cosa la debida proporción, la persona alcanza la plenitud de su madurez y fecundidad. Lamentablemente con frecuencia se cae en uno de los dos extremos: la falta de compromiso especialmente con los pobres o el activismo absorbente y descontrolado.

2. LA FALTA DE COMPROMISO Por supuesto se da en los casos en que se ha caído en un estilo de vida fácil o aburguesada en que se procura que nada perturbe mi bienestar, pero también cuando se convierte uno en un “funcionario eclesiástico” que llena el tiempo con un trabajo intrascendente o rutinario que poca relación tiene con el anuncio del Evangelio. Un modo de vida que no impacta a nadie, que no deja huella, que pasa por el mundo sin pena ni gloria. Ninguna semejanza tiene con esto, una vida oculta o contemplativa en que las obras que se realizan son pequeñas y desconocidas, pero están claramente orientadas al Reino de Dios y están movidas por el amor.

3. EL ACTIVISMO. En el otro extremo está el activismo que es el “pecado” más frecuente entre los religiosos/as de vida activa. Muchos lo reconocen, pero la mayoría no lo corrigen, lo cual indica que no están 101


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convencidos de que es un mal bajo apariencia de bien. El activismo es una especie de tumor canceroso de la vida activa. Un caso claro de un mal bajo apariencia de bien. Un cuerpo humano, en el que cada miembro mantiene su proporción y cada órgano cumple su función, es un cuerpo sano, perfecto. Pero si un tumor crece, por la multiplicación desmesurada de sus células y destruye los tejidos próximos, se arruina el organismo. Esto es el activismo que tiende a desarrollar desmesuradamente la actividad exterior en detrimento de la vida interior, tanto en el campo de la santificación personal como en el del apostolado2. Si los brazos del cuerpo crecen hasta la pared de enfrente, mientras la cabeza y el corazón se quedan raquíticos, lo que tenemos es un monstruo. Y esto es lo que sucede con quienes han proclamado con hechos que lo único importante es la actividad apostólica y no tienen tiempo para estar largamente con el Señor ni menos para conversar con sus hermanos/as de temas “intrascendentes”. En su trabajo son personas entregadas que no miden el tiempo ni el cansancio. Pero poco a poco van cayendo en una anemia y desgana espiritual y en un individualismo y a veces un vacío afectivo muy peligrosos. El activismo desintegra la VC y hace degenerar la calidad también del apostolado. Debilita la identidad carismática de la VR, lleva a valorar al religioso por su capacidad laboral y su rentabilidad económica3.

4. CONTENIDOS El contenido de la “Nueva Evangelización” proclamada por Juan Pablo II en Haití (1983) y en Santo Domingo (1992) ha sido objeto de reflexión y acción durante años. El corazón de la evangelización es el anuncio de que en Cristo Jesús está la salvación, “que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia 102


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y de la misericordia de Dios” (EN 27), y se ha repetido insistentemente en los documentos episcopales de Medellín, Puebla (n. 351), Santo Domingo (nn. 27, 33). Ahora bien, este anuncio incluye intrínsecamente la promoción humana (EN 31) en sus aspectos de desarrollo, liberación y promoción de la justicia4.

5. LOS NUEVOS MINISTERIOS Dentro de la panorámica de la evangelización, los dos capítulos más importantes y urgentes del apostolado en AL después del Concilio, han sido señalados por las Asambleas episcopales de Puebla y Santo Domingo. Lo más novedoso de Puebla es la opción por los pobres5 y lo más original de Santo Domingo, la inculturación del Evangelio (SD 230, 229).

5.1 La opción preferencial por los pobres La realidad de la pobreza institucionalizada en AL sigue siendo la interpelación más dramática para los religiosos/as y para la Iglesia, y el origen de casi todos los males. En AL la Iglesia ha ido tomando conciencia de la obligación de dar una respuesta pastoral comprometida. En Medellín, II Conferencia episcopal (1968), la Iglesia “descubrió América”, la América de los empobrecidos y marginados. Y quiso dar una respuesta pastoral inédita. Puebla (1979) constató que desde la Asamblea anterior, había aumentado la brecha entre ricos y pobres de un modo dramático (n. 47). Y asumió como propia, en nombre de toda la Iglesia, la causa de los pobres (Mensaje a los pueblos de AL, n. 4). En Santo Domingo (1992) se lamenta “el creciente empobrecimiento..., hasta llegar a intolerables extremos de miseria” (n. 179). Hoy aún se ha hecho más intolerable para muchos que se ven obligados a emigrar al primer mundo para sobrevivir. Mucho peor para quienes no tienen

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ni para salir de su aldea. Al mismo tiempo en varias naciones comienzan a estallar las estructuras neoliberales que impiden una distribución más justa de los bienes de la tierra. La opción preferencial por los pobres resaltada en las Asambleas anteriores, se retoma ahora en Aparecida con mayor fuerza y realismo: “La tarea esencial de la evangelización incluye la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana (146). Los obispos asumen una postura clara y valiente ante el gran problema de la pobreza institucionalizada e injusta. Insisten en que “la misericordia siempre será necesaria”, pero hay que buscar una verdadera justicia social: “si bien el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política, pero la Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia” (385). Y asume con nuevo vigor la opción preferencial por los pobres y excluidos:  Ante las “intolerables desigualdades sociales y económicas que claman al cielo” (de Puebla y TMA), urge a los profesionales católicos responsables de las finanzas de las naciones a crear condiciones para el desarrollo y para su distribución justa. Así mismo recuerda explícitamente en varios textos a los que han sacrificado su vida a favor de los pobres como testigos del evangelio, que esta opción no puede quedarse en un plan teórico, sino que ha de incidir en nuestros comportamientos y decisiones (391-398). Y como consecuencia, la Iglesia ha de promover una pastoral social estructurada, orgánica e integral (399,401).  En un ámbito mayor, la Iglesia ha de apoyar la participación de la sociedad civil para rehabilitar la ética de la política, para la vigencia de la democracia, para una economía solidaria, para la lucha contra la corrupción, para la vigencia de los derechos laborales y sindicales, etc. (406). 104


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 Y ampliando todavía más los horizontes, en el c. 8 de Aparecida6 se destacan “algunos grandes ámbitos, prioridades y tareas para la misión”. Quiere hacer frente a los problemas endémicos que amenazan la convivencia humana y las nuevas expresiones de estos problemas que han emergido con fuerza en los últimos años.  La justicia social y la caridad cristiana (382-386). El problema de la injusticia social es tan amplio y urgente que nos sobrepasa y debemos asociarnos con otras instituciones. La Iglesia puede contribuir en una labor de profundidad promoviendo los valores cristianos y expresándolos en obras y estructuras que hablan más que las palabras. El tema de la dignidad humana (387-390), la promoción humana integral, la globalización de la solidaridad. En el orden político y social, los esfuerzos que se están haciendo en el orden internacional, resultan puramente simbólicos. En las reuniones de los “Ocho Grandes” y las promesas que sin falta hacen los candidatos en la propaganda electoral de acabar con la pobreza, se quedan en declaraciones de principios o en repartir limosnas que acallen las voces de los marginados. Por eso, frente a esta situación, la opción por los pobres y la justicia, debe seguir siendo la primera opción apostólica –firme e irrevocable–, no solamente con un trabajo más intenso y comprometido con los pobres, sino también imbuyendo todas las otras obras y actividades de este espíritu. Los sectores más sensibles de la VR siguen firmes en la primera fila con una coherencia y constancia admirables al servicio de los pobres. Pero un gran contingente de religiosos/as siguen anclados en sus obras tradicionales sin grandes inquietudes sociales. Hay que reconocer que no es fácil encontrar la “fórmula” adecuada en cada caso, pero muchos la han encontrado por el único medio posible: la contemplación del Cristo pobre y el contacto real 105


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–habitual o esporádico– con los pobres. Cuando uno entra en una comunidad en la que se respira este aire de austeridad, de sencillez y pobreza, se siente un gozo espiritual y una cierta nostalgia, como quien se ha encontrado con la verdadera alegría de San Francisco. Ha aumentado mucho el número de religiosos y sobre todo de religiosas, que viven de un sueldo apretado que les obliga a un nivel de vida sencillo. Pero mirando al conjunto de la VR es evidente que la opción por los pobres no ha tocado de modo efectivo a una gran contingente de los religiosos/as. Sin olvidar que a otros muchos sí les afecta profundamente. La pobreza-austeridad y el compromiso con los pobres es una asignatura pendiente que a muchos nos hace vivir con un cierto sentimiento de culpa. Las comunidades eclesiales de base brotaron con una fuerza extraordinaria después de Medellín y pretendieron unir, en la vida real, evangelización y justicia social. La revitalización y fortalecimiento de estas comunidades sería una de las mejores expresiones de la opción de la Iglesia latinoamericana por los pobres. La mayoría de los obispos reunidos en Aparecida manifestaron su apoyo y entusiasmo por dar un nuevo impulso a estas comunidades. En la última redacción aprobada por la Asamblea se decía: “Queremos decididamente reafirmar y dar nuevo impulso a la vida y misión profética y santificadora de las CEB en el seguimiento misionero de Jesús. Ellas han sido una de las grandes manifestaciones del Espíritu en las Iglesias de AL y el Caribe después del Vaticano II... Despliegan su compromiso evangelizador y misionero entre los más sencillos y alejados y son expresión visible de la opción preferencial por los pobres” (194). Todo este párrafo ha sido suprimido en la redacción aprobada por Roma (178-179)7.

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5.2 La inculturación Es el otro capítulo que ha pasado a ser uno de los temas centrales de la evangelización. No se manifiesta de un modo convulsivo; es más bien un problema de fondo, de mentalidad, pero muy decisivo, que no se puede resolver en pocos años. La Iglesia, especialmente en AL ha tomado hoy una postura muy clara y muy evangélica al rechazar la mentalidad medieval –que ha durado siglos– y asumir una postura contraria. Fue una actitud prepotente, paternalista, que venía a imponer la verdad a pecadores e ignorantes. Hoy la Iglesia, frente a las culturas, asume una postura respetuosa y modesta. Quiere “ofrecer el Evangelio de Jesús con el testimonio de una actitud humilde, comprensiva y profética, valorando su palabra a través de un diálogo respetuoso, franco y fraterno y esforzándose por conocer sus propias lenguas” (SD 248). Esto se aplica especialmente al tema de los valores culturales y al de la liturgia. “Promover en los pueblos indígenas sus valores culturales autóctonos mediante una inculturación de la Iglesia para lograr una mayor realización del Reino” (SD 248). Y respecto de la liturgia: “Promover una inculturación de la liturgia, acogiendo con aprecio sus símbolos, ritos y expresiones religiosas compatibles con el claro sentido de la fe” (SD 248). Aunque haya la mejor voluntad, no resulta fácil comprender desde otro contexto cultural, como es el de Europa, las expresiones concretas de esas culturas, y se puede caer en la tentación de ahogar al Espíritu, condenando cualquier novedad diferente de lo tradicional en la cultura occidental. Parece que quienes tienen claros los dos elementos que se han de conjugar –“el conocimiento de los valores culturales” y “el claro sentido de la fe”– son los Obispos y los agentes pastorales del lugar, ya que están sumergidos en esa realidad.

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Hoy, una de las realidades más ricas y esperanzadoras de la Iglesia latinoamericana es la evangelización de los indígenas y campesinos mediante los catequistas y diáconos del propio pueblo. En la mayor parte de las naciones latinoamericanas hay muchas parroquias en el campo que tienen su centro en un pueblo y tienen que atender a 20 ó 40 y hasta a 60 comunidades. El sacerdote puede pasar por esas comunidades quizás una vez al año o nunca. Y de ahí la ignorancia del pueblo y la facilidad con que entran otras confesiones cristianas y sectas que les hablan de Dios. Por eso los obispos en Aparecida, en la 4ª y última edición aprobada por la Asamblea general, afirman: “La V Conferencia anima a los obispos de AL y el Caribe a impulsar el diaconado permanente en las distintas diócesis y para grupos humanos específicos y pastorales ambientales y espera de los diáconos un testimonio evangélico y un impulso misionero para que sean apóstoles en sus familias, en sus trabajos, en sus comunidades y en las nuevas fronteras de la misión”8. El medio providencial para atender espiritualmente a estos pueblos católicos ha sido la formación de catequistas y diáconos del lugar que en varias regiones ha tenido como efecto un gran florecimiento de la vida cristiana. Sería una desgracia para la Iglesia latinoamericana que por miedos poco justificados se reprimieran estos brotes de inculturación del Evangelio.

5.3 Nuevas interpelaciones El sentido profético de nuestro carisma nos exige estar atentos/as a las necesidades más importantes, más urgentes, menos atendidas. Esto supone una actitud habitual de discernimiento y disponibilidad. Esta es su primera misión: transmitir la experiencia de Dios y ser una “terapia de shock” para la gran Iglesia, no caer en 108


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la rutina institucional ni acomodarse a instituciones ni actividades que navegan en la mediocridad9. Uno de los pesos muertos que afectan a la VR y le impiden tener la movilidad apostólica necesaria es el de las grandes obras. Con ocasión del Congreso mundial de VC en Roma, se constató que en todas partes las obras que llevamos nos sobrepasan y frenan la dimensión profética y simbólica de nuestra vocación10. Obras que fueron las más adecuadas 50 años atrás o en el lugar y tiempo de la fundación, hoy frenan o impiden “lo mejor”. El discernimiento profético no se contenta con escoger entre lo bueno y lo malo –para esto basta la moral– sino entre lo bueno y lo mejor, para elegir siempre lo mejor en orden a la salvación que es donde se manifiesta la voluntad de Dios. Por supuesto que muchas de las obras tradicionales hacen mucho bien, se han actualizado y deben conservarse; pero tal vez deberíamos tener mayor disponibilidad y generosidad para suprimir o para iniciar otras más urgentes. El criterio debería ser: si ahora tuviéramos que empezar, ¿qué haríamos? En los últimos años han ido tomando el primer puesto en la preocupación pastoral:  Las migraciones. Provocadas por motivos políticos, religiosos, bélicos y sobre todo por razón de la pobreza. Se calculan ahora en cerca de 200 millones de desplazados. Los últimos años hay una continua hemorragia de los países pobres como Ecuador, Bolivia, Centro América, Haití, varios países de África. Salen cada día miles de emigrantes de estos países que van a “hacer la Europa”, así como en el siglo XIX venían de Europa a “hacer la América”. Se lanzan a esa aventura para sobrevivir. Un buen número de religiosos/as se dedican a ellos, pero se necesitan muchos más. Es una preocupación de la Iglesia,

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expresada en Aparecida, (411-416) que siente el llamado a cooperar con los que salen y los que llegan para que tengan una asistencia humanitaria y pastoral.  Enfermosdesida.Con frecuencia se les asocia a la promiscuidad y a la degradación moral, se les excluye del trabajo, de la escuela. Sólo en África hay unos 30 millones de enfermos y se va extendiendo el virus por todo el mundo. Lo más doloroso para ellos es la exclusión de la sociedad y la muerte inevitable. Necesitan el cariño y la mano amiga de las personas consagradas. Hay algunas parroquias e instituciones que les acogen, pero sufren la indiferencia de la mayoría de la población. Desde Aparecida los obispos dicen: “pedimos a los gobiernos el acceso gratuito y universal de los medicamentos para el SIDA y las dosis oportunas” (421).  Los adictos dependientes. “La Iglesia debe promover una lucha frontal contra el consumo y tráfico de drogas, insistiendo en el valor de la acción preventiva y reeducativa así como apoyando a los gobiernos y entidades civiles, urgiendo al Estado”. Son muchos los afectados por las drogas, especialmente jóvenes y niños, para calmar el hambre o para huir de su realidad cruel. La Iglesia –especialmente los religiosas/os– tienen obras a favor de ellos; pero no son suficientes (DA, 422-426).  Losniñosdelacalle.Es un fruto de la pobreza y de padres irresponsables. En AL se habla de unos 20 millones. Muchos religiosas/os y también sacerdotes y laicos están dedicando su vida a atenderles y educarlos. Sin embargo, es un problema que nunca acaba de superarse. En Cochabamba (Bolivia) ha muerto hace poco la Hna. Estefanía, vicentina norteamericana, que ha dejado un ejemplo admirable de caridad. Durante muchos años, todas las noches pasaba en su camioneta a reco110


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ger a los niños/as que querían acogerse a alguno de sus hogares y en invierno ofrecía a todos una taza de api caliente. Se requiere atacar a las causas de ese mal endémico. No sólo niños, también personas mayores viven en la calle. “Queremos llamar la atención de los gobiernos locales y nacionales para que diseñen políticas que favorezcan la atención de estos seres humanos” (DA, 426-429).  Detenidosenlascárceles.También son objeto de especial atención de la Asamblea de Aparecida. “Muchos tienen que cumplir penas en recintos penitenciarios inhumanos, caracterizados por el comercio de armas, drogas, por el hacinamiento, torturas, crimen organizado... La Iglesia tiene su pastoral penitenciaria, pero siente una especial preocupación por tantos problemas no atendidos...” (427-430).  Acogida a católicos separados y vueltos a casar. Excluidos de los sacramentos, muchos sienten la nostalgia de la Iglesia e incluso colaboran activamente en la parroquia. Aunque la Iglesia en muchos casos ha hecho declaraciones de comprensión y de deseo de acompañarles, las normas todavía siguen siendo rígidas. Algunos se han pasado a otras confesiones religiosas. Es otro campo en que los religiosos/as pueden manifestar las entrañas maternales de la Iglesia.

6. FALTA DE SACERDOTES Y CELIBATO Los obispos del Brasil propusieron en Aparecida un problema que preocupa en el mundo entero: la escasez de ministros de la eucaristía y la necesidad de enfrentar el tema del celibato sacerdotal. El 80% de los católicos del Brasil está impedido de participar el domingo en la eucaristía por esta causa. Y propusieron reconsiderar 111


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la posibilidad de la ordenación de mujeres o de que los sacerdotes casados puedan retomar el ministerio sacerdotal. Dicen: “El acceso de las mujeres al ministerio ordenado es una deuda pendiente”. “Los carismas que el Espíritu concede en abundancia también a laicos y laicas, a mujeres..., esos carismas pueden tornarse ministerios”. “Se impone a la Iglesia repensar con urgencia la ministerialidad en el seno de las comunidades eclesiales... Además de la necesidad de la creación de nuevos ministerios laicales, sobre todo de las mujeres, que son mayoría en nuestras comunidades, no es un despropósito pensar en la posibilidad de reinserción en la vida pastoral de los sacerdotes que dejaron el ministerio”. En el documento de Aparecida no se aborda el problema ni se da ninguna solución11.

7. EL APOSTOLADO DEL DIALOGO 7.1 Diálogo ecuménico e interreligioso Es otra dimensión del apostolado. Ya nos hemos convencido de que no tenemos el monopolio de la verdad y de que la santidad no se da exclusivamente entre los católicos. También en otras confesiones hay hombres y mujeres de buena voluntad y de corazón limpio que tal vez están más cerca de Dios que nosotros. No se trata de renunciar a nuestra fe o de mezclarla con otras creencias, sino de amar y comprender a las personas que buscan sinceramente a Dios. Se impone un diálogo cordial para evangelizar y dejarse evangelizar. Al término el Señor a todos nos espera.

7.2 Diálogo cordial y crítico con la Nueva Era Es la nueva “religión” emparentada con el postmodernismo y con el hombre “light” y el neoliberalismo. Aunque estos movimientos 112


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nacieron en el primer mundo, están inficionando rápidamente a la juventud latinoamericana. Ante todo, debemos dejarnos “evangelizar” porque el New Age resalta valores que son muy humanos y cristianos y que por mucho tiempo habían estado olvidados y rechazados, como es el amor a la vida, el cuerpo humano, la convivencia respetuosa, el valor del placer... Los cristianos hemos estado arrastrando durante siglos una religión oscurantista y legalista, que esclavizaba al cuerpo y servía a un Dios castigador al que hay que reparar con el sacrificio de todos los deseos. Como si Dios disfrutara viéndonos sufrir. El New Age nos invita a disfrutar de la vida. Dios ha puesto en nosotros las tendencias y pasiones no para reprimirlas, sino para que seamos felices al satisfacerlas y para que nos ayuden a realizar acciones necesarias que a veces exigen asumir responsabilidades costosas. Pero aquí está la diferencia, que el cristiano goza de la vida de acuerdo con el plan salvífico de Dios y en actitud de continua acción de gracias. La Iglesia católica actual rechaza a ese “Dios que aparece para muchos como enemigo de la vida humana”12, pues –como dice Feuerbach– “para enriquecer a Dios, debe empobrecerse el hombre, para que Dios sea todo, el hombre debe ser nada”. Más bien hay que recuperar la humanidad de la religión. “El Dios cristiano es un Dios entregado por amor, que no tiene otros intereses que los nuestros; que no sabe comerciar con nosotros porque ya nos lo ha dado todo; que no niega nuestro ser, sino que lo afirma y promueve su libertad”13. La Nueva Era, en cambio, es una “religión a la carta” en que cada uno elige lo que le gusta. Es un modo de pensar y actuar centrado en el “yo”. Dios no es un ser personal, trascendente, sino un flujo, una estructura de energía. Es un dios que no es Dios. No hay pecado, no hay moral exigente, no hay juicio final. Lo único que 113


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busca esa “religión” es el placer sin límites. Es un poema que reviste de colores y de poesía el más repugnante egoísmo.

7.3 Acompañamiento espiritual Un campo poco explotado y que ha pasado al primer plano de los ministerios apostólicos es el acompañamiento espiritual. Hablando de la formación de los religiosos/as se dice en Vita Consecrata (66): “El principal instrumento de formación es el coloquio personal que ha de tenerse con regularidad y cierta frecuencia, y que constituye una práctica de comprobada e insustituible eficacia”. Es un apostolado de profundidad –no de extensión– y tal vez el más fecundo. Hay muchos sacerdotes, laicos/as y sobre todo mujeres consagradas que podrían hacer un bien inmenso a jóvenes religiosos/as, sacerdotes, laicos/as... Pero la falta de tradición, el haber sido marginadas en este campo durante siglos, hace que se entierren alegremente sus talentos. El tema del acompañamiento espiritual ha ido tomando tanta importancia y actualidad, que vale la pena dedicarle el próximo capítulo.

CONCLUSIÓN Al terminar esta lista interminable de apostolados urgentes y necesarios, podemos acabar agobiados al sentir la incapacidad de atender ni a una mínima parte de ellos. No se trata de atormentar la conciencia con cargas intolerables. Se trata más bien de revisar las obras y actividades que acaparan todas nuestras energías para ver si realmente estamos atendiendo a lo más adecuado hoy de acuerdo con nuestro Carisma. O si tal vez vamos siguiendo la tradición a la que confundimos con la fidelidad. Se requiere mucha flexibilidad y audacia para dar respuestas nuevas a las nuevas situaciones. 114


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Integración. Esta es la palabra clave que ha de llevarnos a encontrar la verdadera proporción que se ha de dar a todos los elementos esenciales y a todos los aspectos importantes de la vida consagrada. Parece que tardamos mucho tiempo en encontrar la respuesta adecuada a las interpelaciones del Espíritu. Actividad apostólica intensa, sí. Actividad que responda a las necesidades más importantes y urgentes que van surgiendo en la sociedad y la Iglesia, sí. Pero actividad desbordada y absorbente que desbarate los otros aspectos esenciales de la VR, ¡NO! Durante unos 14 siglos la Iglesia se opuso drásticamente a todo brote de vida apostólica dentro de la VC14. Pero el Espíritu Santo fue suscitando cada vez con más fuerza la vocación apostólica entre las personas consagradas y al fin, en 1900 León XIII aprobó oficialmente a los Institutos religiosos de vida apostólica con el nombre de Congregaciones religiosas. Desde ese momento brotaron las vocaciones religiosas y las fundaciones de Congregaciones femeninas y masculinas con una vitalidad y un número impresionantes. Por todas partes surgieron obras de educación y de salud, y tomaron gran impulso las obras misioneras ad gentes. En un siglo ha cambiado totalmente el panorama de la VR en el mundo. La vida activa ha tomado el primer puesto. Y no es sólo cuestión de números. Hoy cuando se habla de VR, se entiende sobre todo la VR activa. El bien que han hecho en el mundo con su apostolado casi un millón de personas consagradas en la Iglesia católica es inconmensurable. Pero –como suele suceder– en ese siglo de plena expansión de la vida apostólica, no pocos han pasado de un extremo al otro. La actividad apostólica se ha desbordado y del contemplativismo excluyente de tantos siglos, en un siglo se ha pasado al activismo incontrolado que ha hecho descender en muchos

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sectores la calidad de la vida consagrada y del mismo apostolado. Es el momento salvífico de llegar a la síntesis deseada.

Notas 1 No me parece acertada la distinción que a veces se hace entre “el ser” del religioso, refiriéndose a su consagración a Dios y “el hacer”, refiriéndose a la misión. La misión es intrínseca al ser mismo del Religioso, a su vocación de consagración-misión. Otra cosa es la “tarea” o trabajo concreto que lo señala el Obispo o el Superior mayor. “A veces se habla de identidad y misión contraponiendo identidad como aquello que define el ser, mientras la misión sería aquello que define el quehacer. Tanto la identidad como la misión atañen al ser y al quehacer: sin identidad no hay misión y sin misión no hay identidad”. (Juan Mari Mtz. De Ilarduia. PERIJÓRESIS, p. 80. Ed. Frontera, 30). 2 ANCILLI, Ermanno . Diccionario de Espiritualidad. Activismo. 3 MARTÍNEZ, Felicísimo O.P. Ed. Frontera, n. 44, p. 30. 4 En el Sínodo de 1972 sobre la justicia se llama a ésta “un elemento constitutivo de la predicación del Evangelio”. En n. 31, se afirma que existen lazos muy fuertes entre promoción humana y evangelización. En Puebla se dice que la promoción de la justicia es parte integrante de la evangelización (355, 1254). Juan Pablo II da un paso más al afirmar –en el discurso inaugural de SD, n. 13– que la promoción auténticamente humana, la preocupación por lo social es parte esencial del mensaje cristiano. 5 Mensaje a los pueblos de AL, n. 3: “Invitamos a todos a aceptar y asumir la causa de los pobres como si estuviesen aceptando y asumiendo su propia causa, la causa misma de Cristo”. 6 Todo el capítulo 8 [394-449] expresa con fuerza y claridad la inconformidad de la Iglesia con la injusticia creciente de la pobreza de muchos millones de hermanos nuestros y quiere contribuir desde su puesto a suprimir tanto sufrimiento. Es un capítulo interpelante y esperanzador. 7 Según el Card. Bergoglio “el Pontífice se resistió muchísimo” a modificar el texto. En las Noticias de la agencia ZENIT (3 sep. 2007) se dice: “El arzobispo de Buenos Aires. Cardenal Jorge Bergoglio, presentó ante unas 150 personas el Documento conclusivo de Aparecida, fruto de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, acontecimiento continental al que definió como de ´severa y constructiva comunión eclesial`... Tras explicar que en la redacción del Documento –cuyo comité de redacción él mismo presidió– hubo que integrar 2.240 modos... El Cardenal Bergoglio aclaró que el pontífice se ´resistió muchísimo` a retocar el Documento en Roma para que no perdiera su impronta latinoamericana...” Sin embargo, tanto en el texto de las comunidades de base como en el de los diáconos permanentes (208), el texto aprobado en Roma tiene notables diferencias respecto del aprobado por los obispos de Aparecida. Se ha creado una confusión que dificulta conocer la verdad. Han ido saliendo artículos que lo confirman: - El P. Camilo Maccise, ex General de los Carmelitas Descalzos y ex Presidente de la USG, afirma: “Los responsables de los retoques redaccionales del texto final, aprobado por 127 votos a favor y 2 en contra, aprovecharon para hacer arbitrariamente modificaciones antes de enviarlo al Papa” (Rev. Vida Nueva, 7 sep. 2007, p. 37). - El P. José Ignacio López en Vida Nueva (1 sep. 2007, p. 37) afirma: “El capítulo referido a las CEB fue muy discutido y la redacción transmitía una lectura favorable y espe-

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CAPÍTULO V • Misión Evangelizadora ranzadora de esa experiencia. Misteriosamente entre la 2ª y 3ª votación en plenario, el texto fue eliminado, por lo que sus defensores debieron obtener la firma de al menos siete episcopados para reintroducirlo; el texto volvió a lograr mayoría (72 votos contra algo más de 50), pero no los 79 exigidos. Pese a ello el Card. Bergoglio, presidente de la comisión de redacción, permitió su inclusión”. Ante las protestas de varios sectores de la Iglesia por el cambio, el actual Presidente del CELAM, Mons. Damasceno, afirma: “Una mención especial debe hacerse de los párrafos acerca de las Comunidades de Base. Ya en el aula surgió una duda acerca de su aprobación, cuando se quiso reponer el texto de la redacción anterior. Según los peritos consultados en Roma, el número de los votos obtenidos no alcanzó para su aprobación. En efecto, el artículo 7,2 del Reglamento de la Conferencia General estipula que ´para aprobar los textos conclusivos, se requieren las dos terceras partes de los votos válidos de los votantes presentes`, cantidad que los mencionados párrafos no obtuvieron”. (Agencia ZENIT, 18 sep. 2007). En fin, el resultado después de la última redacción, fue que no se aceptó la opinión de la mayoría porque no llegaba a los dos tercios, y, en cambio se aceptó la opinión de la minoría que ni siquiera llega a la mitad. 8 En la edición oficial, aprobada por Roma, en vez de estas palabras alentadoras, se resalta el temor de crear en los candidatos al diaconado “expectativas que superen la naturaleza propia que corresponde al grado del diaconado” (208). 9 Cfr. MARTÍNEZ, Felicísimo , o.c. p. 41. 10 PALMÉS, Carlos , S.I. La VR en AL Ed. Verbo Divino, 2005, p. 78. 11 ARNÁIZ, José Mª , SM, “¿Qué estaba en juego en Aparecida?” Rev. Testimonio, Sept.oct. 2007, p. 23. Rev. Perspectiva teológica (Brasil), n. 106, Sept.-Diciembre 2006, pp. 413 y 411-412. 12 TORRES QUEIRUGA, Andrés. Recuperar la creación. Sal Terrae, 3ª ed. p. 33 y 37. 13 TORRES QUEIRUGA, Andrés. o.c. p. 39. 14 En 1298, Bonifacio VIII con la Constitución “Periculosa” impone la clausura papal a todas las monjas sin excepción. En el s. XVI el Concilio de Trento impone restricciones y luego Pío V (1566) con la Constitución “Circa Pastoralis” exige a todas las religiosas votos solemnes y clausura. Y a las que seguían haciendo apostolado, les prohíbe recibir novicias. A los jesuitas, después de aprobar a la Compañía sin Coro para poder dedicarse al apostolado en 1540, dos veces, en 1556 y en 1568, se les obligó a dejar los ministerios apostólicos para volver al Coro. Y otros muchos casos. (Cfr. Carlos Palmés, S.I. La VR en AL Ed. Verbo Divino, Cochabamba, 2005, pp. 27 a 32).

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CAPÍTULO VI

50 años de la CLAR y Teología y Vida Consagrada Después de exponer los temas fundamentales de la VC, creo muy clarificador presentar algunos puntos sobresalientes del Congreso de los 50 años de la CLAR donde se muestra la riqueza de la VC actual en al que la CLAR ha tenido no poca influencia. Como sucede siempre que se presenta alguna novedad en la Iglesia, hubo desde el principio una reacción de rechazo de la Teología de la Liberación por parte de quienes no la veían en coherencia con la teología tradicional. Por otro lado también hubo algunos teólogos -siempre sucede cuando se abren caminos nuevos- que tuvieron expresiones que resaltaban más lo social que lo teológico.Y se prestaba a pensar que la TL estaba contaminada de marxismo.Y por ambos lados se unían a las ideas, cargas afectivas que deformaban la objetividad de los hechos. Al celebrar los 50 años de la CLAR (Confederación latinoamericana de Religiosos/as) del 20 al 22 de junio de 2009, se ha reflexio-

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

nado especialmente sobre el aporte que ha hecho la CLAR a la Teología Latinoamericana. Se han presentado en total 28 trabajos que se han publicado en MEMORIAS DEL CONGRESO DE LA CLAR EN SUS 50 AÑOS (Ed. Paulinas. CLAR. Bogotá). La gran mayoría han abordado directamente el tema de la Teología de la Liberación. Al leer el conjunto de los aportes, llama mucho la atención la unanimidad, la claridad y la seguridad con que todos los autores tratan este tema de la TL como algo que está ya fuera de discusión y que es una adquisición indiscutible. Comenzando por la primera ponencia de Gustavo Gutiérrez, O.P., (( NOTA. Esta primera ponencia no está en el libro publicado. Lo saco de las notas tomadas por mí al vivo)), se señalan dos temas como los más sobresalientes: 1. El método utilizado: VER-JUZGAR-ACTUAR que se repite en muchas de las ponencias. Por ejemplo: “Nos mantenemos en la lectura de la realidad con el ver, juzgar, actuar para no quedarnos cerrados en recetas o ideas que pasan” (Meira, p. 245). Este método es el camino necesario para la TL y se puede considerar como el “oficial” de la Iglesia en A.L. Es el usado por los obispos en las Conferencias de Medellín y Puebla. En Santo Domingo se dejó de lado por el temor de algunos obispos de que se interpretara como un apoyo a la TL. Pero en Aparecida se retomó sin mayor problema. 2. La irrupción del pobre desde mediados del siglo XX. Esto nos ha hecho caer en la cuenta del desprecio hacia ellos que nos hace preguntarnos: “¿cómo decir de verdad a los pobres que Dios les ama?”. La pobreza en el mundo es el fracaso de la creación.

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CAPÍTULO VI • 50 años de la CLAR y Teología y Vida Consagrada

Las dudas que surgieron por los años 70 de si la TL era más sociología que teología, ya han quedado superadas:”La falta de experiencia llevó a algunas comunidades a comprometerse más con lo social que con la evangelización” (Josefina Castillo, p.220). Hoy todos hablan de una visióndelarealidaddesdelafe.: ❖ “La debatida opción preferencial por los pobres de los años 70, ha sido asumida por la Iglesia universal, como quedó claro por la enseñanza de Benedicto XVI en la reciente Conferencia episcopal latinoamericana celebrada en Aparecida”. (Oliveros, p.,462). ❖ “Hacer teología es un pensar la experiencia de Dios desde la historia concreta en que estamos” (Meira, p. 245). ❖ “No podemos reflexionar sobre la teología de la CLAR como pueden hacerlo los sociólogos o incluso los fenomenólogos de la religión. Es necesario, como en toda teología abordar el tema de la V.R. desde una óptica creyente, espiritual, religiosa, bíblica ,con una actitud no meramente especulativa, sino contemplativa, en silencio, de rodillas, pues estamos ante la presencia del Espíritu que trabaja en la historia y en el seno de la Iglesia….No basta un mero estudio histórico sobre la vida de la CLAR en estos 50 años, es preciso leer esta historia desde la fe” (Codina, pp.72,73). ❖ La Espiritualidad es el método de la TL (Pedro Trigo, pp.532, 533, 549). ❖ A la base de la TL está la vida espiritual de los cristianos comprometidos con el proceso de liberación. Esta fue una opción desde la fe y el amor cristianos, a partir de una experiencia de Dios en la historia” (Camilo Maccise, p.426).

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Por otra parte larealidaddeunapobrezainjusta e institucionalizada que afecta a un alto porcentaje de la población, exige una respuesta y un compromiso: ❖ “La Iglesia no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia! (DCE. 28). ❖ “El encuentro con Jesucristo en los pobres es una dimensión constitutiva de nuestra fe en Jesucristo.” (DA 257, 393.) (Cecilio de Lora, p.239). ❖ “Me atrevería a decir que primero está el amor al pobre que lo lleva a Dios” (Libanio, p.99). ❖ “La Religiosa va ocupando posiciones que eran exclusivas de los varones… es la primera en acudir a zonas de alto riesgo; e introducirse en las selvas del trópico o en desiertos de las zonas subtropicales… Contamos con mártires de la fe y con mártires vitalicios en el servicio de los pobres” (Coscia, p.222). ❖ A algunos les preocupaba que el compromiso con los pobres y el análisis de la realidad fuera exagerado y que estuviera contaminado de marxismo. (Libanio, p.100). ❖ La CLAR insistió en la dimensión de la justicia, pero nunca separada de la fe. Ahora, desde la perspectiva de los años, se ve que los temores de dejarse inficionar por el marxismo –que tanto preocupaban a ciertos sectores de la Iglesia- no parece que tuvieran mucho fundamento. (cfr. Pedro Trigo: ¿Ha muerto la Teología de la Liberación?, Ed. Mensajero 2006, pp. 14, 40, 68, 79, 83, etc.)

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La CLAR y la totalidad de la vida consagrada. En la historia de la CLAR tuvo mucha importancia la reflexión teológica en la línea de la TL, pero no es lo único importante. La teología es la iluminación de la fe. La espiritualidad es la vivencia de la fe. Ambas tienen que caminar juntas. La vivencia alcanza profundidad y consistencia con la teología, y la teología se convierte en vida con la Espiritualidad. Hay que ampliar horizontes y contemplar la totalidad de la VC iluminada por la fe y realizada en la consagración religiosa. Y esto comprende las tres columnas que hemos puesto como punto de partida. “La Vida Consagrada se entiende como una vida estructurada a partir de la experienciafundantedeDios, aprehendida a la luz de la fe, para ser vividaenlaoración,enlavidacomunitariay en la misión apostólica, según el carisma propio del fundador” (Libanio, p.88). La CLAR en estos 50 años de existencia ha sido el instrumento providencial para la transformación de la Vida Consagrada en el continente en los aspectos fundamentales propuestos por el Concilio. La CLAR por una parte, asumió decididamente el movimiento de la Teología de la Liberación no nacido de ideologías marxistas, sino de la entraña misma del Evangelio, de la propia conciencia y del clamor de los obispos de A.L. Jesús se conmovía al ver sufrir a alguien agobiado por la miseria, oprimido por los poderosos. De ahí nació en la CLAR la decisión de poner a los pobres como los privilegiados de su apostolado. En A.L. surgió una multitud de hombres y mujeres de gran talla, y especialmente obispos de tres generaciones, que protagonizaron este movimiento con espíritu genuinamente evangélico. Entre ellos los mártires se cuentan no por docenas, sino por centenares: obis-

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pos, religiosos/as, sacerdotes diocesanos, laicos comprometidos, catequistas. La CLAR no pretendió seguir una política partidista, aunque sí la “alta política” (Arrupe), que es la lucha por la justicia, por los derechos humanos, por la fraternidad universal. Fue querer instaurar el Reino de Dios, que es vivir la filiación y la fraternidad sin exclusiones, es poner en el centro de todo la persona. Esta opción preferencial por los pobres le ha traído a la VC la persecución de parte de los poderosos de este mundo. Muchos Religiosos/as que han testificado con su sangre el compromiso de la Iglesia con los sin voz, con los sin tierra, con los sin derechos, con los sin trabajo… con los pobres de la tierra. Pero aun dentro de la Iglesia no han faltado quienes tacharon a los religiosos insertos y más comprometidos con los pobres, de entrometidos en política o les acusaron de olvidar las motivaciones de fe y el testimonio de lo trascendente. Creo que es más verdad decir lo que los obispos afirman en el Documento “Promoción humana y vida religiosa”, n. 4. “los religiosos/as se encuentran frecuentemente en condiciones de vivir más de cerca los dramas que atormentan a las poblaciones a cuyo servicio evangélico se han consagrado. El carácter profético de la vida religiosa les impele a encarnar la Iglesia deseosa de entregarse al radicalismo de las bienaventuranzas”.

Los resultados obtenidos Al término de los 50 años de historia, la CLAR puede contemplar complacida a un gran sector de la VR de A.L. que está viviendo aquella renovación o “refundación” (reafirmación de los fundamentos) propuesta por el Concilio. Con un doble objetivo: volver alasfuentes, es decir, al Evangelio y a la intuición inicial del fundador, y la adaptación a la realidad del mundo de hoy (PC, 2). 124


CAPÍTULO VI • 50 años de la CLAR y Teología y Vida Consagrada

Entre los 150.000 Religiosas/os de A.L. son miles y miles los religiosos/as que viven este nuevo estilo de VC con una vida espiritual sólida, basada en un profunda experiencia de Dios, con un apostolado comprometido, especialmente con los pobres, con el que hacen un bien inmenso a lo largo y ancho del continente. Y con una vida comunitaria que irradia fraternidad y alegría. Son una multitud incontable las religiosas y religiosas que han recibido la inspiración, el apoyo, el influjo de la CLAR para vivir con entrega generosa y gozosa su vocación al servicio de Dios y de los hermanos. Estoeslomásimportantequequedadelaportedela reflexiónteológico-espiritualdelaCLARydeldinamismoyvivenciadesus50añosdehistoria. (Palmés, pp. 491, 492, 495, 499)

LA IMAGEN DE LA VIDA RELIGIOSA DETERIORADA Después de recorrer los temas fundamentales de la Vida Cosagrada pienso que no podemos cerrar los ojos a un fenómeno que se percibe en todo el mundo en los últimos decenios y que en algunas partes ha tomado tonos dramáticos: el deterioro de la imagen de la VC ante una parte de la jerarquía, el silenciamiento y el control de las Conferencias nacionales e internacionales de VR. Esto ha sucedido de un modo más visible en AL. No hace mucho, el Presidente de la CONFER de ESPAÑA, P. Alejandro Fernández Barrajón, mostraba algo que está pasando también en otras partes. Afirmaba: “a la VR española se la quiere relegar en muchos ámbitos sociales y eclesiales a la celda del silencio”. Estos tiempos de “tensión y crispación permanente que vivimos en

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la sociedad y en la Iglesia” nos mueven a optar por el estilo de las bienaventuranzas (Rev. Vida Nueva 22 sep. 2007, p. 12). Así mismo, el Presidente de la USG, P. Pascual Chávez y en representación también de la UISG, en su intervención en Aparecida, terminaba diciendo: “Nuestra presencia en esta magna Asamblea Episcopal de AL y el Caribe representa para nosotros la oportunidad… de exponer nuestras expectativas que se reducen a dos: (1) Ser más apreciados y tomados en cuenta; (2) ser valorados no sólo por lo que hacemos, sino por lo que somos”. Puede iluminar esta misma realidad lo sucedido en los últimos 40 años con ocasión de las Conferencias generales del episcopado latinoamericano en Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007). Todas ellas se han orientado a la Pastoral de la Iglesia en el continente. Desde Medellín hasta Aparecida ha habido un notable deterioro en el aprecio de la Vida Religiosa y en la solicitud de su colaboración en la misión. En la convocatoria para la Conferencia de Puebla, ya se intentó excluir a los Religiosos/as, aunque esto suscitó la airada protesta del Presidente del CELAM, Card. Lorscheider y del Prefecto de la Congregación de Religiosos, Card. Pironio. Pero en Puebla se inició una acusación que aún perdura. Un pequeño grupo de obispos propuso que en el capítulo referente a los religiosos, se dijera que éstos tenían “el peligro de hacer un magisterio paralelo al de los obispos”. La inmensa mayoría de los obispos lo rechazaron, pero la bola de nieve fue rodando. En el Congreso Mundial de Roma (2004), con 885 religiosas/os participantes representando a casi un millón de personas consagradas, el Papa Juan Pablo II no nos recibió, a pesar de haber pedido la audiencia con un año y medio de anticipación.

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CAPÍTULO VI • 50 años de la CLAR y Teología y Vida Consagrada

El Papa Benedicto XVI, en su primer encuentro oficial con la Vida Consagrada, el 22 de mayo del 2006, dijo que... por anunciar el evangelio a la modernidad y al mundo contemporáneo, la VC se deja hoy atrapar en la mediocridad, en el aburguesamiento y en la mentalidad consumista...” Hoy en día, el clero y el laicado fundan la Iglesia, de la que la VC forma parte no como indispensable –dice el P. Kolvenbach–, sino como un don gratuito de parte del Espíritu. Todos y todas están llamados a la santidad”. “Ya no es posible, como lo ha sido en el pasado, caracterizarla por sus actividades caritativas y pastorales, educativas y misioneras, porque actualmente están asumidas por el clero y por el laicado”. “Justamente por no encerrarse en una torre de marfil, aislada y extraña, sino que, al contrario por anunciar el evangelio a la modernidad y al mundo contemporáneo, la VC se deja hoy atrapar en la mediocridad, en el aburguesamiento y en la mentalidad consumista”, pero añade “nosonenabsolutomediocresoburguesas las familias religiosas que se atreven a entregar sus vidas, lo que son y no únicamente lo que tienen, como tiempo y cualidades, para encarnar el corazón de Cristo entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo”1. Una de las religiosas que participaron en Aparecida, escribe: “¿Cómo valoran nuestros obispos, nuestros carismas, nuestra misión? En ocasiones simplemente constatamos el desconocimiento, la no valoración, la molestia, la indiferencia, las etiquetas o la ignorancia ante lo que somos y queremos vivir. Es bueno decir también que sí encontramos en algunos obispos, sacerdotes y en varios laicos/as aprecio, cercanía, cariño por la VR y agradecimiento por su testimonio2” El Presidente de la USG, invitado a la Conferencia de Aparecida dice: “Definir la VR como ´samaritana` implica… también asumir y hacer propia la condición social de un grupo, como lo eran los 127


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samaritanos en los tiempos de Jesús, que vive ´a los márgenes` de la sociedad y de la Iglesia”3. El Card. Rodé, Prefecto de la CIVCSVA, en su intervención en Aparecida advirtió al hablar de la Vida Consagrada: “se ve el riesgo de crear un magisterio paralelo, un magisterio desconectado de la tradición de la fe y de la Iglesia, y que debemos potenciar el magisterio auténtico en plena sintonía eclesial y en obediencia a las directrices de los pastores”. Y lo más grave fue el decir que “la secularización es un problema que afecta hoy a la Vida Consagrada y que amenaza con volver irrelevante la fe”. Estas expresiones también las ratificaron algunos obispos, sobre todo, la frase: “lamentamos no pocas recaídas secularizantes en la VC” pues reaccionaron con un aplauso cerrado.

Reacción de los Religiosos/as Frente a esta minusvaloración de la VR, el Presidente de la CONFER de ESPAÑA dice que la VC “no está lejos de la experiencia martirial”. El que según las estadísticas, “la Iglesia en España es una de las instituciones menos valorada”, dice: ”tiene que dolernos y convocarnos a la humildad, al servicio y al diálogo con todos” y hacernos optar por “el espíritu de las bienaventuranzas”. Dice que la VR ha de tomar un nuevo estilo “que nos convierta en testigos del diálogo, del encuentro, de la participación, del perdón, y que nos aleje cada día más de las posiciones frentistas, descalificadoras y agresivas que tanta crispación producen y afean la imagen de la Iglesia entre los ciudadanos”. También los Religiosos de AL son conscientes de la diferencia entre unos religiosos y otros. En el aporte de la CLAR a la Conferencia de

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Aparecida se reconoce que hay diversas actitudes: Aunque no se puede negar que en grandes sectores hay signos evidentes de vitalidad y muchos religiosos/as llevan una vida auténticamente mística y profética, también hay que reconocer que se da un cierto cansancio, aburguesamiento, debilitamiento del entusiasmo por la utopía del Reino y por la opción por los pobres (Doc. cit., p. 3, C). Y a esto se añade también “un sentimiento de marginación y desconocimiento de la VR dentro de la Iglesia” en un momento de “invierno eclesial” en que “no se deja oír su voz como si esto fuera un atentado a la comunión eclesial o un magisterio paralelo”. Las reacciones de los representantes de la VC en diversos lugares saben a autenticidad y Evangelio. Personalmente creo que no se pueden desestimar las reflexiones que nos hacen los obispos y el Prefecto de la Congregación de Religiosos, pues quieren ayudarnos a vivir con mayor fidelidad y radicalidad nuestro seguimiento de Cristo. ¿Qué actitud tomar? Pienso que nos irá bien este “olvido y silenciamiento” para enfatizar el espíritu “nazareno” de nuestra vocación, para buscar con rectitud y limpieza de corazón el Reino de Dios y sin pretensiones de protagonismo. Hemos de colaborar con todo el pueblo de Dios, con los sacerdotes, los laicos y con la guía de los pastores. Sin embargo, creo modestamente que no se puede afirmar esto del conjunto de la Vida Religiosa, pues muchos Religiosas/os viven a fondo su vocación. Me atrevería a afirmar que la mayoría, aunque hay que reconocer que no faltan sectores en que predomina la mediocridad.

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Por otra parte, esto no nos exime de asumir nuestro papel en la Iglesia (LG, 44) y la responsabilidad de estar atentos a la voz del Espíritu y de dar respuesta a las nuevas necesidades del mundo desde nuestro Carisma de VC apostólica. Lo contrario sería un pecado de omisión y falta de compromiso ante lo que los mismos pastores y el pueblo de Dios esperan de nosotros.

Notas 1

KOLVENBACH, Peter Hans S.I. Conferencia del 3 de febrero 2007 en el Capítulo General de las Esclavas del Sdo. Corazón, pp. 76-79.

2.

Rev. Testimonio, Sept.-Octubre 2007, p.30. Mª Dolores Palencia, Presidenta de la Conferencia de Superiores Mayores de México.

3.

Relación de los Superiores Generales para la V Conferencia episcopal. P. Pascual Chávez, SDB. Testimonio, o.c. p. 32.

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CAPÍTULO VII

Urgen acompañantes espirituales LOS TALENTOS DE LA MUJER ENTERRADOS Uno de los ministerios apostólicos que ha pasado a primera fila en el momento actual y que responde a una de las necesidades más urgentes es el acompañamiento espiritual, sobre todo para laicos que quieren vivir a fondo su vida cristiana y para religiosas/os especialmente jóvenes. En la vida cristiana tal vez el problema más grave es la superficialidad con que se vive la fe, la ignorancia religiosa, la falta de convicciones hondas. Hay católicos excelentes, pero cada vez van siendo menos en número. La mayoría casi no practican ni conocen a Jesucristo ni saben de la Iglesia sino por los periódicos. Por otra parte vivimos en un mundo pagano y materializado en que ser cristiano supone remar contra corriente y vivir con radicalidad el Evangelio. Y crece el número de personas que sienten la necesidad de saciar su sed de Dios y de dar solidez y vigor a su seguimiento de Cristo. Esto es lo que ofrece el acompañamiento espiritual. 131


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

“El que había recibido un solo talento fue, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su Señor”. “Tuve miedo y escondí tu talento en tierra” (Mt 25, 18. 26). Es lo que sucede en muchas religiosas… y hermanos... y sacerdotes... y laicos referente a dar a otros acompañamiento espiritual. Personas que podrían hacer un bien inmenso sobre todo a jóvenes, no lo hacen porque: no lo han hecho nunca, porque no han caído en la cuenta de su importancia, porque no están preparados, porque les atrae más un apostolado más movido y gratificante. Dios les ha dado unos talentos preciosos que en este momento están alcanzando la máxima cotización. Pero sin ningún dolor de corazón los entierran. Tienen la luz en sus manos para iluminar la vida de muchos/as, pero la ocultan debajo de la cama. Jesús se lo reprocharía: “Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija o la oculta debajo de la cama” (Mt 8, 16). Creo que en la lista de aquellos por los que Cristo reclamará en el juicio están los que decían: “estaba solo y desamparado y tú no me acompañaste” y por eso perdí el camino y abandoné la vocación a la que Dios me había llamado. O bien: por no tener alguien con quien compartir mis inquietudes y preocupaciones, con quien me abriera horizontes y me animase, me quedé toda la vida estancado en una mediocridad espantosa. Hay religiosas que tienen una gran capacidad de escucha, de acogida, de intuición, de ternura, de vibración afectiva. Y al mismo tiempo una profunda experiencia de Dios, discreción y sabiduría, solidez y realismo. Todas estas dotes son un tesoro escondido que a veces las mismas interesadas no han descubierto. Y hoy estamos en un momento de la historia en que se necesita poner en funcionamiento estos talentos para dar un impulso refundacional a la Vida Religiosa, especialmente en la etapa de la formación. 132


CAPÍTULO VII • Urgen acompañantes espirituales

1. SON UNA EXCEPCIÓN Conozco algunas religiosas que acompañan con gran fruto a jóvenes religiosos de ambos sexos que están en formación, lo mismo que a seminaristas y sacerdotes. Pero lamentablemente son una excepción en comparación con las que lo podrían y deberían hacer. Podrían entrar en esta “pastoral de profundidad”, mucho más efectiva y sólida que la “pastoral de extensión”. En ésta consideramos un éxito que hayan venido 40 jóvenes a la reunión y luego a lo mejor la vida de esos jóvenes sigue tan superficial como antes. En cambio, en el acompañamiento se toca fondo en cada persona, se le confronta con el Evangelio y se le anima para una entrega incondicional.

2. MONOPOLIO MACHISTA ¡Cuánto cuesta salir de una tradición que se va transmitiendo de generación en generación, por más absurda y desfasada que sea! Es la tradición de haber dejado el acompañamiento espiritual sólo en manos de algunos sacerdotes que decían tener el carisma para ello. Ellos hicieron mucho bien, pero tal vez impidieron que se hiciera mucho más. Tomaron el monopolio de este ministerio, posiblemente por un falso concepto del ministerio sacerdotal mezclado con una buena dosis de machismo. Pero tal vez las principales causantes de este pecado de omisión son las mismas mujeres, por un complejo cultural que les hacía sentirse incapaces o por no tener costumbre de incursionar en ese campo.

3. EL PASADO FUE MEJOR En el principio no fue así. Cuando nació la vida cenobítica en el s. IV, el acompañamiento espiritual se consideraba indispensable, también en los monasterios femeninos. Lo realizaban las 133


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

“Ammas” o madres espirituales que muchas veces eran las mismas Abadesas. Estas conversaban cada día con cada una de las monjas sobre su proceso espiritual. Y ésta es la razón por que los monasterios no podían ser demasiado grandes. Lo más importante que tenía que hacer la Abadesa o Madre espiritual era cultivar la vida interior de cada una de sus hijas. Y esto es lo que deberían hacer hoy las Superioras y mucho más las acompañantes espirituales. Uno de los abusos en que hemos incurrido con el famoso “activismo”, es el de no haber dejado tiempo para el cultivo de la vida según el Espíritu. En los Institutos que tienen una mejor formación espiritual y un más alto nivel humano, va entrando cada vez más el “gobierno espiritual”, lo mismo que el acompañamiento femenino a personas del propia Instituto o de otros –hombres o mujeres-, y también el ministerio de dar Ejercicios. Y, ¿cómo se perdió la costumbre de los inicios? Parece que la causa principal fue el bajo nivel cultural de la mujer religiosa durante siglos. Y esto mismo explica que también por mucho tiempo los sacerdotes diocesanos y muchos religiosos estuvieran ausentes en este campo. Hoy, después del Vaticano II y de los cambios descontrolados de la sociedad y de la Iglesia, se hace indispensable el acompañamiento espiritual, especialmente para los/las jóvenes en formación.

4. EL INSTRUMENTO MÁS IMPORTANTE Por otra parte, muchos jóvenes están experimentando una orfandad espiritual por falta de acompañamiento. En muchos Institutos, al terminar el noviciado, los jóvenes que habían sentido la cercanía de un hermano/a mayor que seguía muy de cerca su crecimiento en la vida espiritual, se sienten abandonados en la soledad, cuando tení134


CAPÍTULO VII • Urgen acompañantes espirituales

an mayor necesidad de ser acompañados en la integración de la vida espiritual con el estudio y el apostolado y la vida comunitaria. El joven se enfrenta tal vez con el ambiente universitario con una inseguridad afectiva, con una vida de fe frágil, con un conocimiento superficial del propio carisma y con una vivencia de la vocación poco solidificada. O tiene que asumir responsabilidades apostólicas o administrativas para las que no se siente preparado/a, o se encuentra con una comunidad en la que lo que cuenta es la eficiencia en el trabajo, sin posibilidad de entablar amistad profunda con nadie. Dar este paso en solitario es una aventura peligrosa de la que muchos/as salen mal parados. Aun en el caso de los que tienen un juniorado institucionalizado, con compañeros/as de la misma edad, el acompañamiento espiritual se hace imprescindible para enfrentar la novedades provenientes del nuevo ambiente, de las nuevas relaciones, del nuevo estilo de vida. La necesidad del acompañamiento espiritual ha pasado al primer plano de la formación (Y aquí quedan incluidos también los que recién han hecho votos perpetuos o han sido ordenados sacerdotes). Hoy la formación ha de ser personalizada, no se puede formar religiosos/as “en serie”, y ha de ser continuada. Al pasar a una nueva etapa –como es el post-noviciado- no debe haber una ruptura o bache en lo esencial. Se ha de continuar fortaleciendo las tres columnas fundamentales del edificio: experiencia de Dios, vida comunitaria y misión. Y entre todos los medios, el instrumento más importante para la formación es la conversación personal, el acompañamiento espiritual (VC,66). Y al hablar del papel de la mujer religiosa, la misma Exhortación Vita Consecrata (n.58) pone como una de sus labores específicas el acompañamiento espiritual. He dado recientemente un mes de ejercicios espirituales a un grupo de 25 jóvenes religiosas que tienen ya ocho años de juniorado y 135


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

se preparan para votos perpetuos. Llevan una vida apostólica admirable, heroica, con las personas más marginadas de la sociedad. Al hacer la evaluación de los logros y carencias de su largo juniorado, lo que más lamentaban todas sin excepción, es no haber tenido un acompañamiento espiritual serio. Algunas de sus compañeras, muy valiosas, no resistieron tanta soledad y dejaron la Congregación. Y otras han pasado crisis peligrosas que se hubieran podido evitar. Al terminar el noviciado el/la joven se encuentra en una encrucijada: ha de integrar la vida espiritual que ha vivido intensamente con la vida real, con los estudios tal vez en la universidad, con el apostolado en un ambiente nuevo, con nuevas relaciones personales, en una comunidad nueva, probablemente de personas mayores. El/la joven se siente sola/o y desorientada/o. La relación superficial con los miembros de la comunidad no es suficiente para acompañarle por tantos caminos desconocidos. Y lo más frecuente es dejarse absorber por el estudio o por el activismo mientras se va perdiendo altura en otros aspectos esenciales.

5. NECESIDAD DE PREPARACIÓN Hay que lamentar que a estas alturas haya tan pocas religiosas bien preparadas para ser acompañantes espirituales. ¿Cuántas serán? Siendo optimistas, tal vez un 5% en algunas Congregaciones. Y en otras, ni siquiera eso. Cuando lo que se requeriría, bien podría llegar a un 30% o 40%. En la mayoría de los casos no exigiría dedicación a tiempo completo, sino que sería compatible con otro trabajo pastoral o educativo. La mujer tiene generalmente una mejor predisposición que el varón para este ministerio. Ella es más sensible para captar los problemas y situaciones de las personas, tiene mayor empatía para sumergirse en el mundo subjetivo del otro, es más asequible, 136


CAPÍTULO VII • Urgen acompañantes espirituales

suele invitar más a la confidencia, es persona más cercana y sabe encontrar tiempo más fácilmente que el varón. Pero no por el simple hecho de ser mujer ya sirve. Se requiere una preparación que tendría que ser mayor o menor según la base remota que ya tenga. Si ya estudió teología o ciencias religiosas o espiritualidad, Biblia... Si ya tuviera la experiencia de ser acompañada, si ha dado Ejercicios a otros, etc., bastaría un cursillo especializado, o asistir a uno de los cursos para formadores que hay en diversos países de AL. Esto le daría seguridad y le ofrecería una pedagogía. Si faltase la preparación remota, habría que facilitársela.

6. CONFERENCIAS NACIONALES E INSTITUTOS RELIGIOSOS Creo que ha llegado el momento de lanzar una campaña de formación de acompañantes espirituales a gran escala. Nos hemos dormido durante siglos y ahora nos encontramos con que no hay costumbre y ni siquiera se nos ocurre pensar en buscar soluciones. No podemos seguir lamentando que tantos/as jóvenes se nos vayan por falta de imaginación y por negligencia nuestra. Siempre habrá jóvenes –y no tan jóvenes– que entrarán en crisis por no soportar la soledad o porque se decepcionaron de la vida comunitaria o porque cayeron en una anemia espiritual por abandonar la oración o en fin, porque la Vida Religiosa supone ir contra corriente y algunos “se cansan de ser santos”. Y también contribuye, el que en bastantes Institutos (y seminarios) no se hace la debida selección. Pero lo que no es normal ni explicable es el número desorbitado de defecciones que hay en muchos Institutos, especialmente en el tiempo del post-noviciado. Esto manifiesta claramente que hay algún fallo institucional. A veces son las prisas por atender a las

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urgencias apostólicas y se manda a los jóvenes y sobre todo a las jóvenes a las comunidades de trabajo pastoral con una formación muy barata, prendida con alfileres, sin la debida preparación y sin consistencia humana ni espiritual. A veces se les entrena en un estilo de oración a base de rezos y actos piadosos y no se les introduce en una vida de oración que capte la afectividad profunda y les lleve a un verdadero enamoramiento de Cristo. Pero lo más frecuente es la falta de un acompañamiento espiritual cercano, periódico, serio, de una persona preparada y asequible con quien se pueda compartir todo el proceso que se va siguiendo y en quien se encuentre un amigo/a o hermana mayor que dé seguridad y estímulo en el seguimiento de Cristo. Conozco algunos casos masculinos y femeninos en que, después de varias tentativas y tal vez también de comprobar los efectos de la falta de acompañamiento, se ha tomado con todo empeño este ministerio y ha mejorado notablemente el panorama de la formación. En los Institutos donde se da este acompañamiento, el índice de perseverancia es mayor. ¡Cuántas vocaciones se han salvado en esas conversaciones personales, amistosas en que se confronta la propia vida con el Evangelio y en que se toman decisiones y se ponen los medios para seguir a Jesús sin volver la vista atrás! Pero la finalidad del acompañamiento no es sólo salvar vocaciones, sino sobre todo ayudar al crecimiento hacia una vida centrada en el amor a Dios y al hermano, que esto es la santidad.

7. ¿ACASO YO SIRVO? Sería falso afirmar que todas las religiosas, por el hecho de serlo, pueden ser acompañantes espirituales; pero podemos afirmar con la misma seguridad que son muchas las religiosas que podrían 138


CAPÍTULO VII • Urgen acompañantes espirituales

desempeñar este ministerio con gran fruto y que han enterrado alegremente estos talentos

8. ¿DE QUÉ SE TRATA? Ante todo hemos de aclarar qué es el acompañamiento espiritual. Exponiéndolo de un modo sencillo y descriptivo, diría: es una ayuda que se da a una persona mediante el diálogo en lo tocante al seguimiento de Cristo. Una ayuda directa –no sólo mediante el testimonio personal o mediante la liturgia– sino por medio de la comunicación interpersonal en orden a su crecimiento bajo la acción del Espíritu. Mirando al interior de la persona, se busca ayudarle en su identificación con Cristo en los criterios, las actitudes, sentimiento, obras. Y mirando afuera de la persona, es estar atento a la Palabra de Dios que le habla a través de las personas y acontecimientos para responder a su voluntad. Hablando más concretamente, hay como cuatro tareas a realizar:  Clarificación. El acompañado ha de procurar aclararse verbalizando su vida interior. Hay personas que, sobre todo al principio, “aún no han descubierto América”, quiero decir que desconocen por completo su mundo interior. Al verbalizar lo que experimentan, irán comprendiéndose mejor a sí mismos. Y el acompañante ayuda a clarificar y objetivizar la imagen del joven, a jerarquizar los problemas, a controlar la emotividad.  Discernimiento. Es el aspecto más importante, descubrir juntos la voluntad de Dios y favorecer la docilidad al Espíritu para cumplirla. Esto exige en el acompañante mucha rectitud

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

y experiencia de discernimiento. Y en el acompañado, mucha transparencia y decisión  Conversión y crecimiento. Convertirse es abandonar la vida de pecado o de tibieza o mediocridad para entrar en una etapa de fervor y de radicalidad evangélica. Y el crecimiento continuo es indicio de que se avanza en la vida según el Espíritu. El ayudar a otros, le invita también al acompañante a ser coherente y generoso/a.  Compromiso.Ayudar al joven a pasar de la teoría a la praxis. La unión con Dios ha de afectar a las relaciones con los hermanos. Es un papel importante del acompañante aconsejar al acompañado a encarnar en la vida práctica los buenos deseos y propósitos.

9. CUALIDADES, ACTITUDES Y DISPOSICIONES REQUERIDAS 9.1 En el orden humano  Empatía.Una cualidad natural indispensable es la capacidad de sumergirse en el mundo subjetivo del otro y participar en su experiencia. Como lo decimos vulgarmente, es ser capaz de meterse en la piel del otro. Hay personas que tienen mucho talento, mucha cultura, que son buenos organizadores..., pero no logran entrar en el punto de vista del otro ni consiguen ganarse su confianza. Estos/as no son llamados a este ministerio. En el fondo el secreto del éxito es querer mucho a las personas. Entonces se establece una corriente de aceptación mutua que facilita mucho la confidencia (EN 79; 1 Ts 2, 8).  Autenticidad. Es otra cualidad indispensable. Presentarse como uno es. No ocultarse tras una máscara que deshumani-

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CAPÍTULO VII • Urgen acompañantes espirituales

za, no pretender presentar una imagen de impecable. Pronto se descubre la verdad. Ser honesto/a y coherente. Hoy los las jóvenes son capaces de perdonar muchas cosas, pero no la falta de autenticidad.  Equilibrio personal y madurez, resultado de la integración personal en el orden psicológico y espiritual. El acompañante influye más por lo que es que por lo que dice o hace. Ha de ser capaz de convivir y de crear relaciones humanas. Así mismo, es esencial la discreción y el saber guardar secreto de lo que escucha, hasta con exageración. Si el acompañante ve que es necesario que algo lo sepa el superior mayor, debe invitarle al interesado a que se lo diga directamente. Si él no se atreve, puede decírselo el acompañante con el permiso explícito del acompañado/a.

9.2 En el orden espiritual Ha de ser hombre o mujer con una profunda experiencia de Dios, enamorado/a de Cristo, dócil a la acción del Espíritu. Persona que se distingue por la bondad y humildad. Entre las virtudes no ha de faltar mucha bondad que hará al acompañante, comprensivo y benigno. Y la humildad hará que no se crea mejor que sus acompañados porque conoce también las propias debilidades e incoherencias. Al mismo tiempo ha de estar abierto/a a la realidad social y eclesial para dar respuestas adecuadas al mundo de hoy.

10. PREPARACIÓN ESPECÍFICA Tratándose de una religiosa o de un Hermano, se requiere una buena base teológica, bíblica, espiritual, de vida religiosa y cier141


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

tos conocimientos de psicología (sin necesidad de ser un especialista), por la implicación que muchas veces tienen los problemas espirituales con los psicológicos. Finalmente algunas técnicas de diálogo pastoral convenientes para la entrevista personal y para las relaciones humanas en general. Si se tiene ya la preparación remota, sería recomendable un cursillo de varias semanas antes de lanzarse a la práctica del acompañamiento.

11. CONTRAINDICACIONES EN EL ACOMPAÑANTE Aun gozando de todas las cualidades dichas, hay que tener presente que ciertas actitudes pueden impedir el ejercicio correcto del acompañamiento:  Autoritarismo.Se da sobre todo en personalidades frágiles o también en religiosos/as educados en la rigidez o en una obediencia de sumisión pasiva. Hoy es el defecto más rechazado en quien tiene alguna autoridad. Es una actitud que se quiere justificar a favor de la eficacia o de la disciplina, pero que no respeta el protagonismo, el discernimiento ni la libre decisión del sujeto.  Paternalismoomaternalismo.Busca más proteger que ayudar a crecer en libertad para hacer lo que Dios realmente quiere. Fomenta posturas de pasividad muy cómodas. Es un modo de dominio con guante blanco, con apariencia de bondad.  Relaciónmaestro-alumno. En la que se enfatiza la transmisión de conocimientos. No se trata de comunicar los propios criterios o valores, ni siquiera la propia Espiritualidad, sino 142


CAPÍTULO VII • Urgen acompañantes espirituales

más bien ha de ayudar al acompañado a descubrir el propio camino de acuerdo con la voluntad de Dios.

12. LAS ACTITUDES DEL ACOMPAÑADO Por parte del acompañado se requieren también dos actitudes importantes:  Transparencia. Comprometerse a abrir su conciencia al acompañante sin pretender ocultar la verdad o “dorar la píldora”, o decir sólo lo positivo guardando los pecados para el confesor, o diciendo medias verdades. Decir medias verdades es peor que decir mentiras o guardar silencio. Porque entonces el acompañante se queda tranquilo porque ya lo ha dicho; pero al mismo tiempo sabe que el otro/a no lo ha entendido. Otra cosa es cuando el joven tiene dificultad de expresarse por no conocer suficientemente su mundo interior o por la dificultad de discernir ciertos sentimientos o estados de ánimo.  Voluntaddecambio.Ha de estar dispuesto a poner los medios concretos para mejorar o para salir de una vida mediocre. Esto se muestra también en la periodicidad para acudir a la entrevista y en la actitud de “discípulo” del que tiene conciencia de que necesita ser ayudado.

EN CONCLUSIÓN Es urgente descubrir este campo del acompañamiento espiritual como uno de los ministerios más urgentes y efectivos en la pastoral actual de la Iglesia y muy especialmente en la formación de los religiosos/as jóvenes y seminaristas si se quieren tener personas consagradas con una vocación consistente, abierta al Espíritu y al

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mundo de hoy y, sobre todo, centradas en la vida y felices de haberse decidido al seguimiento radical de Cristo.

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CAPÍTULO VIII

El enemigo: la mediocridad 1. INCOHERENCIA DE LA MEDIOCRIDAD Después de tratar los temas más fundamentales de la VC, es hora de enfrentar al enemigo principal de ella, enemigo muchas veces agazapado, que puede mantener a algunos/as atascados/as en el camino del seguimiento de Cristo. Es la mediocridad espiritual. Hoy, en un ambiente de hedonismo y de neoliberalismo, de increencia, de ausencia de profetismo, no hay otro modo convincente de vivir nuestra consagración, sino la radicalidad. Ya las palabras, la organización, los medios electrónicos, el profesionalismo..., no convencen. La mediocridad se convierte en el mayor enemigo. San Ignacio, en un momento de decadencia de la Iglesia, decía a sus compañeros que tenían que ser “las trompetas de Jerusalén” que la sacudieran del letargo. Es lo que hoy necesitamos para salir de una 145


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mediocridad que nos paraliza. Por eso vamos a abordar directamente este tema. La vida espiritual es vida y la vida no se detiene; detenerse es morir. Debe haber un continuo progreso en todas y cada una de las dimensiones. En la VC de hoy se descubre una fuerte corriente, promovida por el Espíritu, de un deseo de interiorización y de radicalidad en el seguimiento de Cristo. Un gran sector de la VR busca hoy una mayor autenticidad en la entrega de la vida al Señor y a los hermanos/as. Y ha crecido también en ciertos sectores, la fuerza contaminadora de una vida fácil, instalada e incolora, fomentada principalmente por nuestros “falsos amigos” que nos presentan con apariencia de bien lo que nos paraliza o destruye. ¿Es ésta la voluntad de Dios en una situación tan dramática para la mayor parte de la humanidad y de las personas que nos rodean? Nuestra vocación profética como religiosos, ¿puede considerarse cumplida si nuestra vida discurre sin pena ni gloria, si no dejamos una huella profunda en las personas con las que tratamos, si no logramos transformar al menos un pedazo de este mundo mal hecho por el egoísmo humano? El P. Arrupe “refundador” de la Compañía de Jesús postconciliar, decía: “No me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido”. Me propongo desenmascarar la malicia e incoherencia de una VC anclada en la mediocridad. Pero antes quiero aclarar que son muchos los religiosos/as, a veces Provincias y aun Institutos enteros que llevan una vida admirable, profética, fervorosa, que hacen un bien inmenso y que dan una nueva imagen de Iglesia. Pero ¿no hay también entre nosotros individuos y grupos que no interpelan a nadie con su vida “incolora, inodora e insípida”?

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CAPÍTULO VIII • El enemigo: la mediocridad

2. LA MEDIOCRIDAD Para enfocar con precisión el tema, tenemos que distinguir la mediocridad de otras situaciones con las que está emparentada. No es lo mismo que la tibieza.

2.1 Tibieza Es un problema mucho más grave. Es un estado de infidelidad habitual, plenamente deliberado. Un estado de decadencia, de relajamiento, de decrepitud, una VR en ruinas. Es llevar una doble vida, es como querer subirse al tren y al mismo tiempo quedarse en el andén. Por ejemplo: dentro del convento cumplir correctamente con los actos comunes, pero al mismo tiempo fomentar allá afuera un amor incompatible con el celibato, o disponer de un capital a escondidas de la Congregación para satisfacer los propios intereses y asegurar su futuro. El estado de tibieza repercute fuertemente en la vida espiritual: sequedad o desolación permanente en la oración, las consolaciones desaparecen por completo, superficialidad en la vida comunitaria, pérdida de atractivo en el apostolado. Más bien se buscan en él compensaciones personales. Concepción egoísta de la vida, propia de “solterones frustrados”. Y por otra parte, se siente un fuerte atractivo por las satisfacciones sensoriales o psíquicas. Hoy no se suele aguantar mucho tiempo este estado de cosas; o se da un cambio radical, o mejor se busca la felicidad en otra parte.

2.2 Mediocridad No lo tomamos en un sentido peyorativo, que es el más corriente en nuestro lenguaje. Cuando decimos de una persona que es me-

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

diocre queremos decir que es “inferior”: un cantante mediocre, un estudiante mediocre, un cristiano mediocre… El sentido en que lo tomamos es el del original latino “mediocris”, que significa: mediano, pasable, que no llama la atención: un profesor que no es muy cotizado, pero que logró un puesto de trabajo, un mecánico que no tiene especial habilidad, un estudiante que a base de tiempo y esfuerzo ha conseguido terminar una carrera. Traduciéndolo esto al lenguaje de nuestra VC, sería una religiosa/o que tiene una vida de fe seria, vida de oración, es buen profesor o enfermera. Ha ido liberándose de malos hábitos pasados y si tiene alguna caída, lo lamenta sinceramente. Entonces se podría decir: si esto es la mediocridad, ya me gustaría ser mediocre. ¿Dónde está el problema? El problema está en que hay todavía algún defecto notable que nos impide avanzar. Un defecto que, después de unos años, ya lo tenemos perfectamente justificado e incluso tal vez lo cultivamos como si fuera una virtud. Y así no hay manera de extirparlo. Es el mal bajo apariencia de bien. El resultado es el estancamiento espiritual. Todas estas manifestaciones no son sino expresión de una enfermedad más honda. En el fondo es no haber comprendido de un modo personal, vivencial que nuestra VC estriba en la adhesión incondicional por la fe a la persona y misión de Cristo y en la exigencia evangélica de la abnegación, que es la otra cara del amor. La mediocridad es vivir una fe de baja intensidad y un amor cubierto de cenizas.

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CAPÍTULO VIII • El enemigo: la mediocridad

3. DIVERSAS EXPRESIONES DE LA MEDIOCRIDAD 3.1 Carro con llanta pinchada La expresión más visible es la de una persona que tiene muchas cualidades y dones espirituales, pero con algún defecto notable que la tiene estancada. Es como un carro con buen motor, buen chasis, asientos cómodos, hasta con aire acondicionado…, pero con una llanta pinchada. Por más que tiene todo lo que necesita, no puede andar. En los estudios sería el caso de una joven, en el último año de bachillerato, que tiene un talento brillante y podría labrarse un buen porvenir, pero pasa los exámenes rozando porque todo el día lo pasa pensando en las fiestas del fin de semana: qué vestido va a estrenar, a qué amigos va a invitar, qué platos va a preparar. Así un religioso/a que lleva una vida decente, pero con un defecto que le tiene estancado: tal vez es individualista o engreído, o afectivamente inmaduro, flojo, vanidoso… Basta un defecto no superado para que el carro no camine. Más aún si el defecto se considera como un valor que no hay que perder: un superior impositivo que aplasta a sus hermanos y acapara todos los cargos porque “nadie en la comunidad es capaz de hacerlo bien” y así todavía cree que hace un acto de caridad. O el que es intransigente y dice las verdades a los demás porque le gusta ser sincero. O el que maneja bastante plata sin dar cuenta a nadie porque es el único que sabe de cuentas. O la que niega la palabra a la compañera para que aprenda a ser más humilde. O el que no se esfuerza por inculturarse porque en este país no son eficientes en el trabajo. O el que se estancó en una mentalidad conservadora porque los jóvenes de hoy son muy

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ligeros. Tener un carácter explosivo se confunde con tener personalidad; al ser apático y flojo se le llama “buen carácter”.

3.2 Defecto colectivo Estos defectos pueden darse también en el plano colectivo, en una comunidad o en una Provincia. Y fácilmente se lo contagian unos a otros. Puede darse una comunidad en que se pierde mucho tiempo en la T.V. Se conocen los argumentos de todas las telenovelas. El mundo está ardiendo allá afuera, pero no hay tiempo para dedicar al apostolado. O la absorción del trabajo individualista ha ido convirtiendo la comunidad en una “archipiélago de islas solitarias”. O el nivel de vida de la comunidad ha ido subiendo insensiblemente y ahora es el propio de una familia rica.

3.3 Cuando se cuartean las columnas fundamentales Si los defectos personales o colectivos se dan en algunos de los pilares fundamentales de la VR, puede producirse la ruina de todo el edificio. En la vida espiritual, la falta de una vida interior sólida y profunda, o la falta de una visión de fe con el mordiente necesario, o una incoherencia de vida que admite el primado del amor a Cristo, pero en la práctica prevalecen otros amores. Falta la integración entre fe y vida. En la vida comunitaria, no tomarse a los demás en serio, no saber ponerse en la situación del otro, no saber perdonar que los otros no se atengan a mi “deuteronomio”, cerrarse al diálogo, a la oración comunitaria; en la diversidad de mentalidades (conservadores y progresistas, nativos y extranjeros, jóvenes y mayores), rechazar a “los otros”. 150


CAPÍTULO VIII • El enemigo: la mediocridad

En el apostolado, falta de compromiso. Se atiende a la gente como desde fuera, sin embarrarse, por ejemplo en el campo de la fe-justicia o el de la fe-cultura. O por el contrario, puede haber mucho compromiso, pero en el campo meramente social o antropológico sin la motivación de la fe y del amor. O se puede seguir viviendo en el pasado y estar ausente del mundo de hoy. Hay personas de 50 años en perfecta forma física, pero disminuidas por no renovarse. O miedo a revisar obras y métodos para no tener que cambiarlos.

3.4 Desintegración personal o desorganización institucional La desintegración puede darse en el mismo sujeto cuando no hay armonía entre la cabeza, el corazón y las manos, es decir, entre los criterios o principios que rigen la vida, la afectividad en las relaciones con Dios, con los demás y consigo mismo, y la actividad sobre todo en el trabajo apostólico. Cuando estos tres elementos están armonizados y se da a cada uno la debida proporción, la persona es equilibrada y goza de una gran riqueza humana. Pero es frecuente encontrar religiosos/as que tienen muy claros los principios y conocen muy bien las Constituciones, pero no hay coherencia con su vida práctica. Es un “cabezudo”, con manos cortas y corazón estrecho. O el caso del que tiene muy buenas relaciones con todos, pero no tiene nada que comunicar porque le falta una profunda experiencia de Dios. Es un “cardíaco” infecundo. O es el que dedica muchas energías y tiempo a la acción apostólica, pero su vida en común se reduce a hacer acto de presencia en algunos rezos que no cambian la vida y sus hermanos/as se convierten en simples vecinos con los que se ha llegado a una convivencia pacífica. Es el de las manos largas hasta la pared de enfrente, la caricatura del activismo. Son tres modelos de “monstruos espirituales”. 151


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Y mirando más bien a la organización de la comunidad y a la distribución personal del tiempo, se advierte a veces una gran desproporción entre la dedicación al trabajo apostólico y el dedicado a la oración y a la comunidad. ¿Cómo van a ser “contemplativos” en la acción si no dedican tiempo prolongado a la contemplación? Se les encuentra siempre “en la acción” y no saben “perder tiempo” a solas con El Señor. Y no es verdad que todo sea oración si no hay actos interiores explícitos de comunicación con Él en medio de la acción. ¿Y cómo van a ser “amigos en el Señor” con sus hermanos/as si no se dedica tiempo e interés a conocerse por dentro unos a otros y a aceptarse y amarse de verdad? Si no se da la debida integración, se puede ser eminentes profesionales y al mismo tiempo religiosos/as mediocres, tener un “sindicato de empresarios apostólicos” que nunca han experimentado la fascinación del misterio de Cristo. O también se puede ser persona “espiritual” y caer en un individualismo eremítico, o refugiarse en una actividad rutinaria e intrascendente, o se puede ser un elemento que no causa problemas en la comunidad, pero que tiene una pálida vivencia de fe y ningún compromiso con los pobres y la justicia. Cuando en una comunidad o en una Provincia se da lugar a un ambiente que fomenta y defiende este modo de proceder, se puede hablar de una “mediocridad estructural”. En la práctica hay que llegar a hacer el proyecto personal y comunitario, con actividades y horarios, para asegurar cada día las cosas esenciales que constituyen la columna vertebral de nuestra vocación. La integración de toda la VC basada en el amor y unificada por el amor es lo que llamamos santidad.

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CAPÍTULO VIII • El enemigo: la mediocridad

3.5 Oración de “pajarito” y oración de “vaca” La nota más característica de una vida mediocre es la de tener un hábito de oración superficial y rutinaria. Es una oración de “pajarito” que va picoteando aquí y allá, pero que no toca la vida. Los rezos y los actos piadosos o el acordarse de Dios algunas veces al día no son suficientes para cambiar los criterios, las actitudes, los sentimientos de la persona. Es como una alimentación insuficiente que acaba en una anemia espiritual, incapaz de enfrentar un ambiente impregnado de materialismo, de erotismo, de “sin sentido”. Somos seguidores de Jesús. Lo que más sobresalía en su personalidad era su relación con Dios, el ser “hombre de Dios”, acaparado totalmente por la voluntad del Padre; y en la relación con los demás, la misericordia. Se conmovía (splagnízomai), le dolían físicamente las entrañas cuando veía a alguien sufriendo o esclavizado por el pecado y ponía todo su tiempo y su poder al servicio del hermano necesitado. En Jesús estaban perfectamente armonizadas la dimensión vertical y horizontal, la relación con el Padre y la entrega a los hermanos. Esto es lo que la gente quiere ver en nosotros: hombres y mujeres de Dios que ya no viven para sí, sino para los demás. La palabra clave en la vida de oración es “transformante”, una oración que transforma la vida. No deja las cosas como estaban, va cambiando al hombre por dentro: su manera de pensar se va limpiando de los principios egoístas para ir asimilando los criterios evangélicos; la afectividad se va empapando de los sentimientos del corazón de Cristo, y las actitudes van siendo cada vez más altruistas y generosas como las de Jesús que dio su vida por nosotros. Esto supone muchas horas de oración personal. Es la oración “de vaca”, que pasa mucho tiempo “ramoneando” y comiendo yerba 153


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

por el campo, pero luego se tumba en el suelo y comienza a rumiar y digerir y produce una carne sabrosa, una vida espiritual sólida. En el apostolado se comienza con gran ilusión y entusiasmo. Va pasando el tiempo y si uno no se alimenta con la oración, se cae en la rutina y el cansancio.

3.6 La pérdida gradual de radicalidad La naturaleza humana ha optado por la ley del menor esfuerzo y si el espíritu está poco vigilante se encuentran medios para “mejorar” el nivel de vida y para rodearnos de toda clase de comodidades. También en la VR se da frecuentemente este proceso descendente en que se pasa de una vida de fervor a un ritmo de vida fácil y rutinaria. Especialmente en el campo de la pobreza. El proceso es el mismo que se puede emplear para cocer una rana sin que salte del puchero destapado. Al principio está bien rempantingada en su temperatura ideal. Luego se le aumenta sólo un grado de calor y la rana fácilmente se acomoda. Luego se le aumenta otro y así sucesivamente. Llega un momento en que le entran dudas: ¿no será que me están cociendo? Y advierte que lo que al principio consideraba una ventaja se va convirtiendo en una amenaza. Y cuando siente que el calor es inaguantable, ya es tarde, ya sus miembros está entumecidos y no puede saltar. Poco después se aumenta rápidamente la temperatura y la rana queda cocida y patas arriba. En la VR que comenzó con tanta simplicidad y pobreza, se ha ido dando paso a la abundancia de bienes materiales innecesarios, a las relaciones sociales insulsas, a la ambición disimulada de poder y de fama. Ha ido entrando el espíritu mundano, postmodernista, pagano…, y se ha ido perdiendo “el primer amor”. 154


CAPÍTULO VIII • El enemigo: la mediocridad

Es la triste historia de muchas personas consagradas y de Órdenes enteras, como la de Cluny en el s. X y la de los Templarios en el s. XII, que por la abundancia de bienes materiales, murieron o tuvieron que ser suprimidas porque eran un escándalo para la cristiandad. Puede ser también el caso de ir dejando poco a poco la oración para atender a las urgencias apostólicas y al cabo de unos meses o años constatar que ha ido desapareciendo la motivación del seguimiento de Cristo. O ir aficionándose a la bebida y lo que comenzó siendo inculturación y participación en las fiestas del pueblo acabó en alcoholismo. También hoy parece que hay religiosos/as y Congregaciones enteras que llevan una vida lánguida y sin color y se están preparando para una buena muerte.

3.7 Conversión efímera Se puede comparar con una lancha que va contra corriente. La lancha es bella y recién estrenada, pero tiene un motor débil que no consigue avanzar. Va por uno de esos grandes ríos de la zona tropical y haciendo un esfuerzo logra mantenerse más o menos en el mismo lugar. El religioso/a hace un retiro anual y avanza 400 m., luego le arrastra la corriente y retrocede 300. Reflexiona y vuelve a cumplir los propósitos tomados y avanza 200 m.; retrocede 100, avanza otros 100…, y más o menos queda siempre en el mismo lugar. Pasas por su comunidad después de 5 ó de 10 años y la persona sigue tan egoísta como al principio. Tenemos buena voluntad y una y otra vez nos proponemos cambiar, pero la corriente de la vida y las urgencias inmediatas nos arrastran para abajo.

3.8 Apostolado “descafeinado” o desbordante Son los dos extremos: o un trabajo apostólico rutinario, sin motivaciones y sin garra, propio de un simple funcionario, o tan febril y absorbente que va devorando todo el tiempo y las energías y se 155


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

va quedando en movimiento, reuniones, organización..., pero con un contenido superficial y sin el respaldo del testimonio personal.

4. CAUSAS Y EFECTOS Para superar la mediocridad no basta con reconocerla y lamentarla. Hay que extirpar las raíces. Si no se llega a tocar fondo, no se enfrentan los verdaderos problemas. Y mientras no se ataque a las causas, se producirán siempre los mismos efectos; podemos estar mucho tiempo dando manotazos al aire. Si en mi escala de valores lo único importante son las urgencias apostólicas, las clases, el hospital…, nunca encontraré tiempo para llevar un alto nivel de vida espiritual ni para una vida comunitaria gratificante. Las causas concretas pueden ser muchas, por ejemplo: la sobrecarga de trabajo, una especie de cansancio general que me ha hecho perder la ilusión y me hace creer que es humildad decir que “yo no he nacido para santo”; la falta de sensibilidad hacia la situación de los pobres, los estudios desabridos que secan el espíritu. Y una causa que se está dando en muchos Institutos es el paso de tener obras propias al de ser empleados del Estado que les obliga a tener un ritmo de vida y unos horarios propios de cualquier funcionario de una institución. Y entre los jóvenes, el tener unos estudios universitarios absorbentes que no permiten tener ninguna otra ocupación seria. La solución no está en hacer propósitos de levantarnos antes o en esperar que lleguen las vacaciones, sino en adaptar las estructuras a las exigencias de nuestra vocación. Hay que encontrar el modo de atender a lo que constituye el nervio de nuestra vida satisfactoriamente y sin angustias. Parece que muchos/as no han encontrado todavía la fórmula para ser “contemplativos/as también en la acción”. 156


CAPÍTULO VIII • El enemigo: la mediocridad

5. CÓMO SE DISTINGUE EL FERVOROSO DEL MEDIOCRE Hay un test clarificante y decisivo que es la vida y sobre todo las contrariedades inesperadas porque ellas te obligan a tocar fondo y entonces aparecen los verdaderos resortes interiores que mueven nuestro modo de proceder. Algunos ejemplos para clarificarlo. Así, frente a un contratiempo en la comunidad, una incomprensión de los Superiores, una humillación inmerecida, un fracaso apostólico, una marginación en el trabajo…, el fervoroso tendrá un momento de rebeldía, pero luego lo acepta serenamente. El mediocre, aun reflexionando no puede aceptar que se cometa con él esa injusticia. Después de una discusión, el fervoroso es el que da el primer paso para la reconciliación y pide disculpas, y piensa que también el otro tiene parte de razón. El mediocre espera que el otro venga a disculparse y reconozca que está equivocado. En un apostolado difícil o poco gratificante el fervoroso lo hace con generosidad y alegría. El mediocre lo hace arrastrando los pies y procurando liberarse de él cuanto antes. Con el tiempo se acentúan los defectos (y también las virtudes): la mayor parte de los viejitos/as que tenemos en nuestras casas son maravillosos; pero también hay otros que han ido haciendo colección de manías. Y cuando se va perdiendo el control de sí mismo, se va manifestando lo que la persona ha sido. En lo tocante a los votos. En la pobreza el fervoroso piensa: de qué cosas puedo prescindir. El mediocre: cuántas cosas puedo tener sin faltar gravemente a la pobreza. Y mucha libertad y poca claridad en el manejo de las cuentas.

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

En la castidad el fervoroso tiene delicadeza (sin escrúpulos ni ñoñerías). El mediocre no sabe aguantar la soledad de corazón y juega con el fuego hasta el límite prohibido. En la obediencia el mediocre ve sólo el proceso humano y aprovecha todos los recursos para lograr lo que quiere. Le llama el Superior y le pide ir a un lugar poco atractivo; el mediocre le dice que sabe perfectamente que antes ha llamado a otro y se ha negado. ¿Qué se ha creído, siempre tengo que ser yo el que cargue con lo que los otros no quieren? ¡No voy! El fervoroso, sin dejar de ver lo humano (sabe que ni el primero ni el segundo han querido ir), sabe descubrir la Providencia de Dios que le conduce, y acepta. En todos los casos aparece claro cuáles son los valores que orientan nuestra vida. En el religioso/a fervoroso es una visión de fe que le hace colocar su vida en manos de Dios que conduce nuestro camino. Sabe leer todos los acontecimientos –positivos o desagradablescomo Historia de salvación. El mediocre no es capaz de subirse al “piso de arriba” y lo interpreta todo con criterios puramente humanos o tal vez mundanos, procede por el inmediatismo de sus reacciones sensoriales o psíquicas que tienen como última motivación los atractivos y las repugnancias. En el fondo todo está en que nuestra vida consagrada esté motivada por los criterios de la fe y el amor, o más bien por un egoísmo más o menos agazapado.

CAPÍTULO VIII

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CAPÍTULO IX

Sencillez y pobreza 1. LA IMAGEN DE LA VIDA RELIGIOSA Al encontrarnos por primera vez con una persona, en seguida la clasificamos según la imagen que presenta: un intelectual, una empleada doméstica, un pordiosero, una señora de alta sociedad, un obrero, persona de carácter impositivo o suave, amigable o repelente... Y desde esta primera impresión juzgamos todo su modo de ser y actuar. ¿Qué imagen presenta hoy la VR? ¿Cómo debería ser, cómo desearíamos que fuera? Seguro que la respuesta de todos sería: “que sepa a Evangelio”, que la VR sea un lugar en que se transparente la fe, la sencillez, la pobreza, la confianza, la fraternidad, la humildad, el amor. Jesús continuamente hace referencia a estos valores como los más típicos del Evangelio, los que podríamos llamar de “la infancia espiritual” y que se sintetizan en el Sermón de la montaña y en las Bienaventuranzas. Y tiene mucho interés 159


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

en mostrar que quienes viven este espíritu son los sencillos, los excluidos, un ciego, un centurión, una cananea. Esto no quiere decir que nuestra vida y apostolado se reduzca a obras de beneficencia con los más abandonados. Hemos de asumir también el trabajo con intelectuales, jóvenes universitarios, organizaciones pastorales o sociales con el mismo interés y generosidad que con los pobres y marginados. Pero en cualquier situación o misión, lo que ha de resaltar en el religioso/a es “el hombre o mujer de Dios”, testigo de lo trascendente, desprendido de todo, que no vive para sí, sino para los demás. Hay muchos/as que viven así, pero lamentablemente hay muchos/as también en quienes lo que resalta es el hombre o mujer profesional, el funcionario eclesiástico, el empresario, el activista, el patrón. Y lo que forma la opinión popular son las grandes obras educativas, sociales, parroquias famosas, viviendas cómodas, que superan el nivel de las mayorías. En el Congreso mundial de VC en Roma (nov. 2004), se levantaron voces de todos los Continentes lamentando la imagen de poder y superioridad que presentamos1. Mientras que la sencillez, la austeridad, el amor..., quedan más escondidos. Hay muchos, muchísimos testimonios admirables, pero en el conjunto de la VC llama más la atención la imagen de poder. En el conjunto de esta situación, en el corazón del espíritu de las bienaventuranzas, la palabra pobreza tiene un papel definitivo: tanto la pobreza-austeridad personal y comunitaria, como la pobreza-solidaridad y la opción por los pobres.

2. SENCILLEZ Y POBREZA El tema de la pobreza es uno de los que producen mayor insatisfacción a una gran parte de los religiosos/as de hoy y de 160


CAPÍTULO IX • Sencillez y pobreza

todos los tiempos, tanto en el orden teórico como sobre todo en el de la praxis. Lo cual indica que no es fácil encontrar “la fórmula” exacta en cada caso. Y es que se han de combinar una serie de elementos distintos y a veces antinómicos que cambian según las circunstancias. Por esta falta de claridad siempre se ha presentado la tentación de ir al extremo de la radicalidad absoluta: “no tener nada”. Pero esto resulta inhumano e imposible de vivirlo por mucho tiempo. Con más gusto se ha buscado la solución en el otro extremo de “tenerlo todo” y entonces se ha caído en el aburguesamiento y la relajación. Y es interesante constatar que estas dudas y fluctuaciones se han dado a lo largo de la historia y siguen dándose también hoy. Ya en el s. IV al iniciarse la VR, a pesar de vivir todos en una austeridad espantosa, les parecía a algunos de los monjes más influyentes que la única forma auténtica de pobreza era la de los eremitas que no tenían nada: “Aquello debe poseer el monje que no puede perder al morir” (Asterio). “El monje debe contentarse con lo estrictamente necesario para alimentarse y vestirse” (S. Jerónimo). “Los que han alcanzado la verdadera libertad de espíritu no necesitan armarios donde guardar sus cosas ni tienen por qué temer a los ladrones” (S. Juan Crisóstomo). Sin embargo la vida fue mostrando que no son los extremos, sino la “pobreza media” la más conveniente, es decir, la de aquellos monjes que vivían de su trabajo y dedicaban el resto del tiempo a las ocupaciones espirituales propias del monje (A. Nilo). Lo que sí todos rechazaban era que, so pretexto de alimentación, se tuvieran extensas propiedades y numerosos rebaños2. A lo largo de la Edad Media se puede afirmar que cuando la VR vivió con radicalidad la pobreza, estuvo floreciente y cuando comenzó a acumular bienes materiales, vino la relajación y la ruina. Entre los 161


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

muchos casos se da el de la Orden de Cluny que nació en el s. X con gran fervor y austeridad. En el s. XII llegaron a tener dos mil monasterios repletos de monjes, pero la abundancia de riquezas hizo que cada monje pudiera tener un criado personal a su servicio. Al poco tiempo la Orden murió de muerte natural. Y en el s. XII brotó la Orden militar de los Templarios, pero más adelante cada monje “vivía como un rey”. El Papa los extinguió porque eran un escándalo para la cristiandad. San Bernardo, en el s. XII, clamaba contra los monjes que construían templos suntuosos: “Pobres de Jesucristo, díganme, si de todos modos son pobres, ¿para qué sirve el oro en sus iglesias?... La Iglesia reluce en sus muros, pero está necesitada en sus pobres; revestida de oro en sus piedras, pero sus hijos están abandonados en la desnudez. Se satisface a los ojos de los ricos a costa de los pobres”. En el s. XIII se fundaron las Ordenes Mendicantes con el carisma de la pobreza evangélica radical, dentro de todo un movimiento pauperista de la Iglesia. Entre ellos los franciscanos y los dominicos iniciaron una nueva época de florecimiento eclesial.

3. NUESTRA SITUACIÓN HOY Hoy la mayor parte de los Institutos religiosos se sienten incómodos al revisar su nivel de vida porque han entrado dos elementos que dificultan vivir en la sencillez y austeridad deseada: La prosperidad material de pueblos enteros o de una parte de la sociedad, aun en los países pobres. Y el estilo de obras apostólicas en que muchos están empeñados/as y que suponen tener instrumentos costosos y medios económicos abundantes. El progreso material es un gran bien para la humanidad, pero también es un gran incentivo de la ambición desmedida. Los religio162


CAPÍTULO IX • Sencillez y pobreza

sos/as son partícipes también de los progresos de la sociedad. La mayor parte se podrían clasificar como de “clase media baja” y algunos de “alta”. Generalmente tienen un nivel de vida modesto y confortable. En parte se debe – en esto ofrecen un modelo y un estímulo a la sociedad– a la renuncia a la propiedad privada para ponerlo todo en común, y en parte a la austeridad y buena administración que llevan. Pero por más sencilla que sea, su vida contrasta con la pobreza y miseria de muchos que viven a su alrededor. Por eso algunos se preguntan: ¿Tendríamos que vivir con las mismas carencias “indignas de personas humanas” de nuestros vecinos o más bien hemos de luchar y acompañarles para que también ellos alcancen un nivel de vida mejor? “No se trata de experimentar sentimientos de culpa (aunque sentirlos no va mal de vez en cuando), sino de caer vitalmente en la cuenta de que nuestro estilo de vida, no está en camino de Evangelio. Da la impresión de que queremos ‘estar en la procesión y repicando las campanas’”3. Pero la causa de mayores dudas proviene de las obras “apostólicas” que llevan algunos/as, por ejemplo, colegios, hospitales, organizaciones sociales, parroquias en centros urbanos. También de la dedicación a la clase media y alta, a los intelectuales, profesionales o comerciantes, etc., y del correspondiente estilo de vida comunitaria. Dudas sobre los medios que se utilizan: movilidades, aparatos electrónicos, viajes... En todos estos casos, ¿aparece clara la opción por los pobres? Que hemos de tener los instrumentos necesarios para un apostolado eficiente, es indudable, pero ¿no se podría evitar que aparezcamos como los ricos y los poderosos? Habrá que mantener siempre una tensión “entre la eficacia del apostolado y el testimonio de la pobreza evangélica”. Es un problema particularmente difícil que exige discernimiento comunitario (Kolvenbach). No podemos huir de un mundo tan complicado y globalizado en lo económico, pero nos es lícito soñar con nostalgia con lo que fue 163


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

el primer momento en la fundación de buena parte de los Institutos religiosos. Cuando pienso que Ignacio de Loyola y sus compañeros, fundadores de la Compañía de Jesús, el día en que hicieron sus votos en Montmartre (1544) lo celebraron con gran alegría con una merienda de pan y agua. Y que se alojaban en los hospitales con los pobres y pedían limosna para sustentarse. Claro que luego, cuando comenzaron a aumentar las vocaciones y tuvieron que organizarse en casas y Provincias ya no pudieron vivir una pobreza tan idílica. Pero para Ignacio la pobreza nunca dejó de ser una de las principales preocupaciones. Hoy ha sido tan convulsivo el cambio estructural que nos ha dejado desconcertados en lo referente a pobreza religiosa: el progreso material desorbitado de sectores de la sociedad y de naciones enteras. El hecho de tener obras apostólicas que requieren manejar mucho dinero, ha hecho más difícil encontrar el justo medio entre la abundancia y la carencia, entre la competencia profesional y la austeridad y sencillez. Por otra parte, el crecimiento escandaloso de la pobreza y la miseria en el mundo entero en los últimos años, –al mismo tiempo que crecía la riqueza de los ricos–, muestra que las políticas económicas impuestas por los poderosos (FMI, BM...) han sido catastróficas. Y esto es una dramática interpelación para quienes profesamos la opción por los pobres. ¿Qué hacer? Primero tener ideas claras sobre la pobreza que podemos y debemos vivir, y segundo asumir las actitudes correspondientes.

4. TENER IDEAS CLARAS Los autores difieren en el concepto de pobreza, de acuerdo con el criterio del que parten: No es fácil tener ideas claras sobre el modo como hemos de vivir la pobreza hoy en nuestro contexto de pobre-

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CAPÍTULO IX • Sencillez y pobreza

za injusta e institucionalizada. No se pueden simplificar las cosas, pero tampoco puede quedar todo medio difuminado de modo que justifique cualquier manera de proceder. Intentaré abordar esta tarea de la pobreza en su doble dimensión personal y social.

Gráfica 4: El sentido de la pobreza hoy en América Latina

4.1 Antinomia de la pobreza Al entrar en el tema de la pobreza nos hallamos con una aparente contradicción: por una parte decimos que hay que ayudar al hombre a liberarse de la pobreza por ser una situación indigna de la persona humana. Es decir, consideramos la pobreza como un 165


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

mal. Por otra parte, Jesús invita a sus seguidores a desprenderse de sus bienes y a vivir en pobreza. Es decir, que se considera la pobreza como un bien. El Documento de Puebla (Cfr. 1148-1152) también hace distinción entre una pobreza que “es expresión de privación y marginación de la que debemos liberarnos”, y la “pobreza evangélica” que Jesús proclama como bienaventuranza. Esta segunda consiste en usar de los bienes de este mundo sin absolutizarlos. Es una actitud de apertura confiada en Dios junto con una vida sencilla, sobria y austera y con comunicación y participación de los bienes materiales y espirituales. La pregunta obvia es: La pobreza, ¿es un bien que hay que procurar o es un mal del que hay que liberarse? Santo Tomás nos da la respuesta (S. Th. 1ª 2ae q. 64). Él distingue entre las virtudes teologales y las morales. Las teologales se refieren al fin que es Dios. Todos hemos de tender al último fin y cuanto más lo hagamos, mejor. Nunca vamos a creer excesivamente ni a esperar ni a amarle más de lo debido. En cambio, las virtudes morales se refieren a los medios y regulan el uso de los medios para alcanzar el fin. Y, por tanto, han de usarse según las circunstancias que cambian. Por eso ha de intervenir la razón para el debido uso de los medios en tales circunstancias: “el bien de la virtud moral consiste en la adecuación a la medida de la razón y, por lo mismo, consiste en el medio (q.16, a.1). Apliquémoslo a la pobreza. La pobreza, como virtud moral, consistirá en usar moderadamente, rectamente, de los bienes de la tierra. Entonces, la pobreza será un mal cuando se carece de los bienes indispensables para la vida humana. Es la miseria. Y hay que liberarse de este mal para llegar al medio que es el uso mode-

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CAPÍTULO IX • Sencillez y pobreza

rado de los bienes. Y a quienes tienen más bienes de los necesarios, el Señor les invita a desprenderse del exceso y a repartirlo entre los que no tienen. Para que la pobreza sea “evangélica” se requiere además del uso moderado, que la motivación de desprenderse sea el amor y seguimiento de Cristo pobre.165 Este “justo medio” de Santo Tomás es el que nos crea todas las dudas de conciencia. No es fácil encontrarlo porque depende de muchos factores que se han de integrar y combinar proporcionalmente. Los mismos que intentan aclarar el concepto de pobreza ofrecen distintas descripciones de acuerdo con los distintos criterios de los que parten: “Pobres son los que carecen de los bienes que se consideran necesarios para la satisfacción de las necesidades más elementales de la vida humana: comida, vivienda, vestido, salud, instrucción o educación” (Julio Lois). “Se entiende que la expresión pobre se refiere a aquellas personas, familiares y grupos de personas, cuyos recursos materiales, culturales y sociales son tan limitados que les excluyen del mínimo nivel de vida aceptable en los Estados miembros en que viven” (Consejo de Ministros de la Comunidad Económica Europea). “Pobres son las personas de un determinado país cuya renta es inferior a la mitad de la media por habitante existente en ese mismo país” (Caritas española). Otros distinguen entre pobreza “severa” (que incluye a la “extrema” y a la “grave”) y la pobreza “moderada” o “precariedad social” (Fundación Foessa y Caritas de Madrid). En la Escritura se designa al pobre como “indigente, débil, encorvado, miserable”. Son términos que reflejan una situación huma167


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

na degradada que produce indignación y está causada por la injusticia de los opresores (Gustavo Gutiérrez en su Teología de la liberación, pp. 326-327)4. En todas estas descripciones aparece la dificultad de tener una definición clara y uniforme.

4.2 Dificultad de soluciones prácticas Este “justo medio” de Sto. Tomás es el que nos crea todas las dudas de conciencia. No es fácil encontrarlo porque depende de muchos factores que se han de integrar y combinar proporcionalmente. Sería más fácil optar por un radicalismo extremo como lo hicieron los Padres del desierto o San Francisco de Asís. Pero aun entre ellos había discrepancias. San Antonio Abad tenía dos túnicas y a San Basilio le parecía demasiado y prescribió a sus monjes tener una sola túnica. San Francisco y los primeros mendicantes quisieron vivir sin propiedad comunitaria y vivir de limosna, pero cuando fueron un grupo grande ya no pudieron seguir este modelo5. Cuando queremos aplicar en la práctica los principios enunciados, con frecuencia nos encontramos en una nebulosa de la que nos cuesta salir. Y es que el concepto de pobreza es escurridizo y no es posible llegar a una fórmula definitiva. Tampoco podemos refugiarnos en vivir la pobreza exactamente como la vivió el/la Fundador/a porque si él/ella viviera ahora, lo haría de distinta manera. La razón de la dificultad es que la pobreza depende de una serie de elementos que cambian. De ahí que –como dice K. Rahner– no podemos esperar “ninguna respuesta que sea teológicamente de veras satisfactoria sobre su sentido religioso, su esencia teológica, su motivación religiosa, pues el concepto de pobreza ni es

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CAPÍTULO IX • Sencillez y pobreza

claro ni es fácil que lo sea porque no abarcamos la realidad concreta de la economía de hoy en su esencia y en las tendencias de su desarrollo”. En efecto, entran en la pobreza una serie de elementos cambiantes:  La situación económica y el nivel de vida de un país: no es el mismo nivel de vida de los religiosos/as en Alemania o EE.UU. que en Haití o en Bolivia.  Las necesidades de la persona: biológicas (comida, medicinas); psicológicas (limpieza, descanso); culturales (libros, cursos).  Las exigencias de la vocación apostólica para un apostolado eficiente. Es claro que hay que evitar los dos extremos, como sería no tener ningún medio por dar un testimonio evangélico, o al contrario, tener tantos recursos y llevar un estilo de vida que escandalice a los pobres. Con esto ya se ve que es imposible encontrar una fórmula universal para vivir la pobreza. Si nos quedamos en esta etapa del proceso, siempre nos sentiremos inseguros y caeremos en la casuística: si podemos o no tener un jeep, o dos, si hemos de gastar o no en nuevas construcciones... En la historia postconciliar, siempre que se ha inventado algo nuevo, los religiosos/as hemos tenido dudas y discusiones entre dos posturas: los que decían que había que adquirirlo de inmediato y los que no. Generalmente la solución ha sido esperar a que ese objeto se hiciera de uso común y entonces el usarlo ya no nos colocaba entre los ricos. Tal sucedió con el cambio del reloj de bolsillo por el de muñeca, el paso del tintero y plumón al uso de la pluma estilográfica, de la pluma estilográfica al bolígrafo, de la escritura a mano a la máquina de escribir, de la palangana al lavabo, de la ducha y baño común a

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tenerlos en el cuarto. Y sobre todo, la adquisición de aparatos electrónicos, TV, computadoras... Necesitamos ir al fondo de la cuestión y tener criterios de acción. Aquí aparece la necesidad de hacer un discernimiento para encontrar en cada caso lo más conforme al querer de Dios. Esto no es posible hacerlo apoyándose en criterios puramente humanos; es preciso mirar desde la perspectiva del Evangelio y de nuestra vocación religiosa. El discernimiento no se hace entre lo bueno y lo malo. Es claro que siempre hemos de elegir lo bueno. Para esto basta la moral. El discernimiento se da sólo entre lo bueno y lo mejor para elegir siempre lo mejor, que es donde está la voluntad de Dios.

4.3 Criterios de acción Hay que bajar de los principios abstractos a la experiencia vital. Para salir de un modo insatisfactorio de vivir la pobreza o para salir de nuestras continuas dudas, necesitamos una doble experiencia transformadora: Por una parte, la contemplación del Cristo pobre. Esta es la clave para conseguir la actitud interior de “pobreza espiritual” que nos hará vivir desprendidos de todo y de nosotros mismos. Lo que puede inspirar nuestro modo de proceder evangélico no son los cálculos o los propósitos de austeridad, sino la contemplación de Jesús en la cueva de Belén, haber “gustado” la sencillez de su anonadamiento, haberle acompañado en el trabajo rudo y silencioso de Nazaret, haberle mirado largamente en la desnudez de la cruz. Entonces va creciendo el amor a Él y se va sintiendo la necesidad imperiosa de identificarse con Él. Hay muchos que como Jesús, pudiendo tener una serie de ventajas, se han despo170


CAPÍTULO IX • Sencillez y pobreza

jado de todo para seguirle (Flp 2, 6-8). Pero más que partir de lo que tenemos, proponiéndonos no poseer nada, se trata sobre todo de partir de nuestro corazón (Kolvenbach, S.I.). La preocupación por vivir pobremente con Cristo pobre no podrá jamás reducirse a un reglamento que nos satisfaga, sino que nos empujará a dejarnos prender e inspirar cada vez más por Cristo pobre. Nuestra pobreza no tiene sentido fuera de un profundo amor personal a Jesucristo”. Y este amor implica el amor al “Cristo pobre”. Exige un esfuerzo continuo... que incluye la contemplación de los misterios de Cristo, Dios de los pobres, Dios pobre”6. Por otra parte, es necesario ponerse en contacto real con los pobres. O de un modo habitual viviendo en medio de ellos en un medio popular. O al menos esporádicamente yendo a su encuentro los fines de semana o en otras ocasiones. Ellos sin hablar nos interpelan y nos impiden llevar un tren de vida ofensivo para los pobres. Y entonces sentimos vergüenza de hacer problema de ciertas privaciones o de cosas intrascendentes, cuando ellos están luchando por la sobrevivencia. Vale la pena desarrollar estos dos aspectos clave sin los cuales todas las otras consideraciones pierden consistencia.

5. LOS DOS ASPECTOS CLAVE DE LA POBREZA EVANGÉLICA 5.1 Contemplación del Cristo pobre La pobreza evangélica brota de una profunda experiencia de Dios, no de un propósito voluntarista ni de un simple sentimiento de culpa. Ella procede de una experiencia transformante que toca a la persona en lo más profundo de su ser. No quisiera dejar este punto solamente indicado, pues considero que estamos llegando a 171


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la explicación última de la pobreza evangélica. Vale la pena detenernos porque la vivencia habitual de esta experiencia es la que distingue al “hombre o mujer de oración”. Cuando se busca el sentido de la VR y la explicación de esa “locura” de entregar la vida gratuitamente a Dios y a los hermanos, se descubre, como la motivación última y definitiva, un amor apasionado surgido del íntimo contacto con Dios. No son suficientes las motivaciones sociológicas o antropológicas; se requiere haber experimentado el amor gratuito de Dios que ha encendido un fuego interior que exige dejarlo todo y seguir a Cristo sin condiciones. Sólo desde el punto de vista de la fe y del amor a la persona de Cristo, tiene explicación el voto de pobreza. Se deja un bien visible por otro invisible, un bien presente por otro futuro, conocido a la luz de la fe. Y sobre todo, es el amor a Jesucristo el que me mueve a seguirle despojado de todo y con alegría. Este es el resultado de una vida de oración contemplativa capaz de conquistar el corazón y la vida toda. La oración personal conduce a una relación de intimidad con el Señor y a un compromiso real con el hermano. Es transformante. Al contemplar la persona y la misión de Cristo, siento la necesidad de confrontar mi vida con la suya, mis criterios, mis actitudes, mis sentimientos más profundos. Y poco a poco voy pensando y actuando como Él. No por un mimetismo externo, sino porque va creciendo en mí una fuerza interior que me lleva a la identificación con Él. Y experimento que se va haciendo verdad en mi vida lo mismo que en Pablo: “Vivo yo, ya no yo, sino que Cristo vive en mí”. Esto no se consigue por unas consignas que vienen de la Casa Generalicia ni por un esfuerzo voluntarista, sino que nacen de una necesidad del corazón que quiere expresar la adhesión a la persona de Cristo identificándose con Él por el amor. 172


CAPÍTULO IX • Sencillez y pobreza

Esta es la pobreza evangélica, la que nace de la necesidad de interiorizar el Evangelio vivido y predicado por Jesús y de identificarse con el Cristo pobre y humilde.

5.2 Contacto real con los pobres Es el que me lleva a la solidaridad. La pobreza-solidaridad brota como una necesidad cuando se está en contacto real con los pobres. Su sola presencia es una interpelación continua que no nos permite llevar un nivel de vida ofensivo para ellos ni reservarnos ciertas cosas para nosotros cuando hay tanta gente que las necesita para sobrevivir. Abundan las estadísticas sobre la realidad de la pobreza en AL y en el mundo. La estadística posterior tiene que afirmar que, a pesar de los esfuerzos de los poderosos (?), ha crecido el número y la situación dramática de los pobres. Frente a esta situación, los religiosos/as no podemos quedarnos neutrales. Los pobres nos invitan a asumir como propia su causa. A muchas personas consagradas les ha llevado a dar la vida. Hoy en AL los mártires de la fe y de la justicia se cuentan por docenas y centenares. Ellos han firmado con su sangre la autenticidad y radicalidad de su compromiso. Una experiencia que tuve siendo Maestro de novicios, me hizo comprender que el contacto con los pobres no se puede sustituir con nada. Un novicio, a la hora del almuerzo, no comía y estaba con la cara muy seria. Le pregunté: ¿Por qué no comes? ¿Estás enfermo? Él me respondió casi llorando: es que no puedo comer. Acabo de pasar por el puente de Quillacollo donde unos campesinos intentan vender paja brava y he visto a sus niños famélicos y vestidos de harapos..., se me pasaron las ganas de comer. Se hizo un largo silencio. Había 14 novicios. Yo les dije: a mí también me impresiona ver continuamente estas escenas a nuestro alrededor. 173


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

¿Qué podríamos hacer? Un novicio propuso: ¿por qué no llamamos a estos niños para que vengan a comer con nosotros? A todos les entusiasmó la idea. Pero un Padre que estaba conmigo dijo que esto iba a durar muy poco. ¿Por qué no fundamos un comedor popular para los niños aquí en nuestra casa? Yo buscaré la financiación. Comenzamos al día siguiente. Pensábamos que serían 15 o 20; al cabo de un mes eran 150. Pero lo más interesante es que los novicios tenían que visitar a las familias, organizar a las mamás para que vinieran a cocinar..., y se ponían en contacto con la realidad de la gente. Yo nunca tuve que exhortarles a vivir la pobreza. Partiendo de estos dos principios, la experiencia de Dios y el contacto con los pobres, llegaremos a encontrar el modo concreto como tenemos que vivir hoy la pobreza y el uso y administración de los bienes más adecuado. La pobreza-solidaridad no sólo hay que vivirla a nivel personal y comunitario, sino también a nivel Instituto. Nadie constata tan claramente la dificultad como los Superiores/as Generales que sufren por ese “Vulnus” (herida) de la VC. Dándose cuenta que buena parte de la dificultad está en estar envueltos por un mundo neoliberal y globalizado. El año 2002 propusieron una “economía alternativa” que sea “una buena respuesta a las necesidades de los Institutos religiosos, al servicio de los pobres”. Al principio del Tercer Milenio no podemos –dicen– quedar indiferentes ante el problema de la pobreza que se propaga y deriva en miseria, hambre, falta de recursos para curar tantas enfermedades. Y proponen administrar los bienes movidos por una fuerte espiritualidad; sostener los organismos que promueven cambios sociales y económicos, que defienden los derechos humanos y la ecología, ejerciendo a veces presión sobre los gobiernos y las multinacionales, invirtiendo en organizaciones sin fines de lucro y en sistemas financieros éticos. 174


CAPÍTULO IX • Sencillez y pobreza

No son sólo las Congregaciones, es toda la Iglesia la que ha de vivir la pobreza: “La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, en el estancamiento y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del Continente” (DA, 362)... Obispos, sacerdotes, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a sumir una actitud de permanente conversión pastoral” (DA, 366). “Hay que subrayar la inseparable relación entre amor a Dios y amor al prójimo, que invita a todos a suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes” (DA, 358).

6. LA ACTITUD QUE HAY QUE ASUMIR Uno ve que el secreto, lo único que puede mostrar el camino acertado es la actitud interior de “pobreza de espíritu”, de desprendimiento de todas las cosas y de sí mismo con una total disponibilidad y confianza en Dios. Es el sentido de pobreza que nos ofrece la Biblia: en el nivel socioeconómico es la carencia no elegida de bienes necesarios para satisfacer las necesidades elementales de la persona humana. Y en el nivel religioso es la humildad radical ante Dios o “infancia espiritual” que designa a los pobres de Yaveh, es decir, a los que están vitalmente referidos a Dios, dispuestos a aceptar de forma incondicional su voluntad. Y en el NT es la invitación a dejarlo todo, bienes materiales incluidos, para seguirle y servir al Reino de Dios7. Cuando se entra en una comunidad en que se vive la sencillez y la pobreza, como que se respira una atmósfera de evangelio que nos hace sentir el deseo de desprendernos de tantas cosas que nos esclavizan. El Papa Benedicto XVI ha dicho a los Superiores Generales: “Los hombres de hoy advierten un fuerte reclamo religioso y espiritual, 175


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pero están dispuestos a escuchar y seguir sólo a los que viven coherentemente su adhesión a Cristo. Y es interesante notar que tienen abundantes vocaciones más bien aquellos Institutos que han conservado y han elegido un tenor de vida muy austero y fiel al Evangelio vivido ‘sin glosa’” (Discurso al consejo ejecutivo de los/las Superiores Generales, 20-02-2008). Si se asume esta actitud de sencillez y pobreza, sabremos encontrar en cada nueva situación la respuesta adecuada personal, comunitaria e institucionalmente. Y sin ella, nos autor-enredaremos en casuística infructuosa. Pero aun teniendo una actitud evangélica y la mejor voluntad, tendremos dudas y encontraremos no pocas dificultades teóricas y prácticas. Y ésta es a veces la mayor pobreza.

Notas 1 Cfr. PALMÉS, Carlos. La Vida Religiosa en AL, S.I. Ed. Verbo Divino 2005, p. 78. Así algunos representantes de la India, Europa, Filipinas, América Latina, África. 2 COLOMBÁS, García M. El monacato primitivo. Bac, 2ª ed. 1998. 3 CATALÁ, Toni, S.I. Col. Frontera, n. 18, p. 47. 4 SKY LOIS, Julio. Los pobres, un desafío para la VR. Col. Frontera, n. 17, pp. 42-50. 5 GÓMEZ ÁLVAREZ, Jesús. Historia de la VR, vol. II, p. 324. 6 KOLVENBACH, S.I. Carta sobre pobreza, 2005. 7 Ibid., pp. 49-50.175

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CAPÍTULO X

La formación del religioso/a* En un centro intercongregacional y en un Curso de Formadores por el que han pasado más de 1.000 participantes de 30 naciones, es muy fácil distinguir cuáles son los Institutos que dan una formación sólida y profunda a los jóvenes y quiénes se contentan con el mínimo indispensable, quiénes tienen buenos formadores y quiénes tienen el cargo de formadores entre muchas otras actividades y quiénes son improvisados, quiénes tienen superiores que sólo dan importancia a las labores apostólicas inmediatas y quiénes dan una formación completa y no apresurada. Hay Institutos que han asumido la formación como la “primera prioridad” y destinan a ella el personal más cualificado, que trabajan en equipo, que dedican años a las diversas etapas, que se reúnen para dar continuidad y concatenación al proceso, que acompañan personalmente a cada uno de los formandos/as. El resultado es que los jóvenes adquieren una formación sólida y encarnada que les prepara para el ministerio y para la vida comu177


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

nitaria. En estos, el índice de perseverancia es mayor. También ellos pierden vocaciones, pero no por falta de dedicación y esfuerzo, sino sobre todo por razones personales: algunos provienen de familias destrozadas, o les falta una base humana y cristiana, o no se hace la debida selección, o no se ponen los medios indispensables para enfrentar un mundo “contracultural”. Otros Institutos, en cambio, siguen obsesionados por el trabajo que les espera y dan una formación superficial y apresurada, basada en exigencias disciplinares y en rezos y actos piadosos. Estos reservan al personal mejor preparado profesionalmente para ponerlos al frente de las obras apostólicas y calculan fríamente el porcentaje de los que van a abandonar el Instituto y de los que van a quedar al fin de la formación para alimentar las obras. Se da mayor importancia a las obras que a las personas. Lo que es causa de mucho dolor es ver que se pierden muchas –y a veces, excelentes– vocaciones por el descuido o también por causas institucionales, es decir, por no tener una organización adecuada de las distintas etapas de formación, especialmente del juniorado, por falta de seguimiento personal, por el bajo nivel espiritual y cultural de la Provincia, por seguir las tradiciones y no traducir a la situación actual lo que estableció el Fundador/a en su tiempo. Esto sobre todo ocurre en Congregaciones pequeñas que carecen de personal capacitado, o en aquellas que no han tenido la audacia de realizar la “re-fundación” post-conciliar, o en las que mandan a los jóvenes al campo de batalla sin la debida preparación.

1. QUÉ HACER Creo que en la formación, lo primero que hay que analizar es la escala de valores y preguntarnos “qué queremos”. Si ponemos como el valor principal y casi único el cubrir los puestos de traba178


CAPÍTULO X • La formación del religioso/a

jo de las obras que tenemos en marcha o insertarse entre los pobres o adquirir un título universitario..., entonces lo importante será preparar buenos profesores o enfermeras o preocuparse por atender a las necesidades básicas de los vecinos. Todo esto es importante, pero más importante es todavía ser un buen religioso/a: adquirir una vida espiritual sólida y profunda con criterios de fe inconmovibles, con un hábito de oración constante, con una vida fraterna sincera y gratificante, eso sí, orientados a la misión. En el Documento de Aparecida, al tratar del itinerario de los discípulos misioneros, se proponen con mucha fuerza, ciertos aspectos fundamentales para la formación que se aplican muy especialmente a los seminaristas y religiosos/as: el punto de arranque imprescindible es el encuentro personal con Jesucristo (246, 248, 289...), la lectura y meditación de la Palabra (248), es decir, un acercamiento a la Sagrada Escritura, no sólo intelectual e instrumental, sino con “un corazón hambriento de oír la Palabra del Señor” (Am. 8, 11). Un modo de hacerlo es la Lectio divina (249) con sus cuatro momentos de lectura orante (lectura, meditación, oración, contemplación). También la oración personal y comunitaria (255), formarles en la oración personal (319), dar y recibir acompañamiento espiritual y, “por tanto capacitar a quienes puedan acompañar espiritual y pastoralmente a otros” (282). Sea cual sea la situación de la persona, siempre deberán prevalecer en la formación, los elementos señalados al principio y que se sintetizan en el seguimiento de Cristo:  La Roca en que todo se apoya es Cristo.  La experiencia de Dios centrada principalmente en la oración personal.  La vida comunitaria basada en las relaciones personales. 179


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

 La misión evangelizadora comprometida e integrada en la formación.  El estudio, que durante la formación, suele ocupar la mayor parte del tiempo.

2. EL FORMANDO/A Un buen número de candidatos vienen hoy con serias lagunas en el campo humano, cultural, psicológico, lo mismo que en el campo espiritual. Sin embargo, cuando entran en la VR lo más general es la ilusión y el entusiasmo por empezar una vida nueva que les fascina y están dispuestos/as a entregarse con generosidad. No hay que permitir que se apague este fuego sagrado con exigencias de minuciosidades que no responden a sus ideales. Si no se les da una formación de “calidad”, al poco tiempo empiezan a experimentar decepción y cansancio. Cuando sucede esto, los formadores deben investigar seriamente si el Instituto responde a las legítimas expectativas de los jóvenes.

2.1 Dos omisiones imperdonables No son las únicas, pero sí las más notables en muchos Institutos porque aún no han entrado en su “campo de conciencia”: la falta de continuidad en la formación después del Noviciado y la falta de acompañamiento espiritual durante toda la formación inicial.

2.2 Falta de continuidad “El pecado” más grave en esas Congregaciones sigue siendo el de mandar a las junioras/es inmediatamente después de los prime-

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CAPÍTULO X • La formación del religioso/a

ros votos a las obras apostólicas sin continuar la formación religiosa, sobrecargadas de trabajo y con responsabilidades para las que no están preparadas, o con unos estudios absorbentes que no les permiten vivir con la debida intensidad su relación con Dios y su vida de comunidad. Casi todas ellas pasan temporadas de dudas y frustración. En algunos Institutos, ser juniora es estar en crisis. La “ruptura” del proceso emprendido en el noviciado en lo tocante al hábito de oración, en la vida comunitaria con relaciones cercanas y fraternas, en el acompañamiento espiritual, es condenar a los/as jóvenes a la desorientación y a la soledad. La General de una Congregación muy meritoria, me invitó a participar en su Capítulo general. Le respondí que me daba miedo porque sabía que muchas Hermanas no iban a acoger mis propuestas. Acepté luego con la condición de que antes hicieran una encuesta sobre el índice de perseverancia durante el juniorado en los últimos años. La realizaron y resultó que en los últimos seis años habían hecho los primeros votos cien jóvenes y de ellas en ese mismo tiempo se retiraron 40, además de 11 profesas. Les pregunté si les parecían aceptables esas cifras. Todas las capitulares quedaron impresionadas y se propusieron organizar en cada Provincia un juniorado institucionalizado, de dos años de duración, inmediatamente después del noviciado. Y lo han hecho. Se han realizado toda clase de experiencias y al fin se ha visto que después del noviciado tiene que haber un seguimiento muy cercano de cada joven para ayudarle a hacer la integración de todos los aspectos de la formación para conseguir la unidad en la pluralidad y la pluralidad en la unidad, armónicamente integradas.

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2.3 Falta de acompañamiento espiritual No es simplemente una práctica que se ha puesto de moda en los últimos años. Es una necesidad insustituible. La Exhortación Apostólica Vita Consecrata (66) dice que “el instrumento más importante para la formación es la conversión personal”. Hoy la formación ha de ser “personalizada” y en el diálogo personal se requiere que alguien ayude a objetivizar las cosas y a confrontarlas con el Evangelio. Durante el noviciado, en la mayoría de los Institutos, los novicios/as suelen estar bien atendidos en su proceso espiritual. Al terminar el noviciado el/la joven se encuentra en una encrucijada: ha de integrar la vida espiritual que ha vivido intensamente, con la vida real, con los estudios tal vez en la universidad, con el apostolado en un ambiente nuevo, con nuevas relaciones personales, en una comunidad nueva, probablemente de personas mayores. El/la joven se siente solo y desorientado. La relación superficial con los miembros de la comunidad no es suficiente para acompañarle por tantos vericuetos desconocidos. Tampoco basta, en la mayoría de los casos, tener el cargo de superior/a para realizar con acierto ese acompañamiento. Y lo más frecuente es dejarse absorber por el estudio o por el activismo mientras se va perdiendo altura en otros aspectos esenciales y se llega a caer en una verdadera anemia espiritual. Al terminar un mes de ejercicios a 25 junioras que se preparaban para votos perpetuos después de ocho años de juniorado, les pregunté cuál era la mayor deficiencia que habían encontrado en su juniorado. Las 25, unánimemente, dijeron que era la falta de acompañamiento espiritual. Las habían dejado abandonadas –suponiendo que las superioras respectivas cuidarían de ellas– y esto fue origen de muchos problemas afectivos y de crisis vocacionales. 182


CAPÍTULO X • La formación del religioso/a

El acompañamiento espiritual exige caminar juntos, encuentros periódicos relativamente frecuentes. Acudir al acompañante sólo cuando uno está en crisis, esto puede ser una “cura de emergencia”, pero no un acompañamiento que supone seguir un proceso y tener una comunicación profunda.

3. LOS FORMADORES/AS Es enorme el esfuerzo que se ha hecho en AL para ayudar a la formación de formadores. La CLAR en los años 80 organizó una serie de cursos para formadores que se iban repitiendo por diversas regiones con equipos móviles de profesores. Luego se vio conveniente tener cursos fijos en diversos países. Ya existía el CETESP en Brasil, de cuatro meses de duración. Se creó luego el de Bolivia (1986), de cuatro meses y medio; pocos años después el de Chile y el de Perú, de ocho o diez meses de duración; después el de Colombia, de México, de Nicaragua...Y hoy se puede decir que de una u otra forma estos centros están presentes en casi todos los países de AL y el Caribe. Lo cual indica que se ha ido sintiendo cada vez más la necesidad de preparar formadores/as y que ya son muchos/as los que dan un buen nivel a la formación. Los centros intercongregacionales, que se dan en todos los países latinoamericanos y caribeños, también han contribuido grandemente a mejorar el nivel de la formación. En la formación de formadores se ha ido incrementando el número de los/as que en la propia Congregación llevan normalmente el acompañamiento espiritual de los/as jóvenes. Se han ido preparando y con la experiencia han llegado a ser acompañantes de calidad. Esta es la verdadera solución. No hay por qué buscar exclusivamente sacerdotes, si una Hermana puede tener más conocimiento del propio carisma y del talante femenino de las jóvenes. 183


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Algunas religiosas, cuando descubren la riqueza y profundidad de este ministerio, se lanzan con entusiasmo a acompañar a jóvenes de ambos sexos con gran provecho espiritual. Es lamentable que durante siglos hayan estado enterrados estos talentos por prejuicios canónicos o por una mentalidad machista. Y aun hoy son muchos los Institutos –también masculinos– que no han descubierto la necesidad del acompañamiento. ¿Quiénes pueden realizarlo? Sería falso decir que basta ser sacerdote o religiosa. Pero también podemos afirmar que son muchos los sacerdotes y religiosas/os que podrían desarrollar con gran fruto este ministerio y que han enterrado alegremente estos talentos, tal vez porque nunca lo han hecho o porque durante siglos han tenido el monopolio en este campo sólo algunos religiosos o sacerdotes. Hay mujeres, especialmente religiosas, que tienen una especial capacidad y predisposición. Son más sensibles para captar los sentimientos y las situaciones de las personas, tienen mayor empatía para sumergirse en el mundo subjetivo del otro, son más asequibles, invitan a la confidencia, son más cercanas, saben encontrar más fácilmente tiempo que el varón. Pero necesitan una preparación remota: estudio de teología o ciencias religiosas o espiritualidad, Biblia, haber hecho la experiencia de ser acompañada, tal vez haber hecho los Ejercicios y haberlos dado a otras personas. Pero también se requeriría una preparación próxima con un cursillo breve sobre el modo de realizarlo.

4. PROCESO DE FORMACIÓN 4.1 Prenoviciado o Postulantado Creo que en esta etapa hay que conseguir sobre todo tres cosas: fortalecer la base humana, introducir en la vida espiritual y hacer un 184


CAPÍTULO X • La formación del religioso/a

discernimiento serio sobre la vocación religiosa, de modo que antes de entrar en el noviciado, ya quede claro que éste es su camino.

La base humana Un buen contingente de vocaciones hoy proviene de sectores populares o del campo. Es tal vez la parte más sana y receptiva de la sociedad. Pero también es la menos preparada y requiere mayor cultivo previo a la formación religiosa. En la mayor parte de las Congregaciones se atiende con interés a este campo, aunque algunos siguen toda la vida cometiendo faltas de ortografía y arrastrando graves lagunas culturales, después de un bachillerato bastante deficiente. Así mismo, son muy frecuentes las heridas afectivas que arrastran desde la infancia y que tienen repercusiones, especialmente en las relaciones con los demás y en la vida comunitaria. Hoy la vida comunitaria –basada en las relaciones personales– es mucho más exigente que antes del Concilio en que el empeño se ponía en la “observancia regular”. Generalmente se exige hoy el bachillerato para entrar en la VR y esto ha elevado la calidad. Pero todavía quedan conventos en que no hay un buen nivel cultural y entonces no se llegan a captar valores profundos de la VC y son más frecuentes e infantiles las “faltas de caridad”. Hay que dedicar el tiempo necesario a reparar estas deficiencias. Otros sí traen una base suficiente para captar los valores de la vida consagrada. Algunos han sido universitarios y ya tienen un hábito de estudio. Unos y otros vienen también inficionados por una vida “light” del ambiente y necesitan una buena dosis de “abnegación evangélica” y un empeño generoso que les haga aprovechar al máximo todas sus capacidades y energías al servicio de Dios y de sus hermanos.

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La base cristiana Hay que reforzar también la base cristiana. En algunos lugares la mayor parte traen hábitos de algunas prácticas religiosas populares y algunos rezos. Bastantes han sido catequistas en sus parroquias, algunos han llevado vida de oración y acompañamiento espiritual. En otros lugares el ambiente general de increencia y hedonismo impide una vida cristiana sólida. En general, el nivel espiritual es bajo. Incluso los que han estudiado en la universidad, o han entrado con un ideal social o cultural, suelen tener poca base de formación cristiana. Hay Congregaciones en que las defecciones siguen a un ritmo alarmante. Y la causa está a veces en los mismos jóvenes por las causas indicadas y por falta de selección, pero más frecuentemente está en los Superiores/as que ponen todo el empeño en exigir orden externo o minuciosidades litúrgicas, respeto y obediencia a los mayores, etc., pero no tienen nada que comunicar y quieren esconder con exigencias caprichosas, la falta de objetivos y de contenido. Donde se da una buena formación, los jóvenes responden muy bien y llegan a ser excelentes religiosos. Es el momento de introducir en la vida espiritual y de discernir la vocación religiosa, de modo que, antes de entrar en el noviciado ya quede claro que éste es el camino al que Dios me llama. No dejar esta elección para el noviciado porque la indecisión le quitaría muchas energías y profundidad en el seguimiento de Cristo. En este capítulo habría que introducir a los jóvenes ya en los dos aspectos señalados: la vida de oración y el acompañamiento espiritual. No confundir la oración con las oraciones o rezos como si fueran el principal alimento espiritual. Estos sin la oración personal no tocan la vida. Se trata de introducir al joven en el cono186


CAPÍTULO X • La formación del religioso/a

cimiento y amistad de Jesús de modo que vaya sintiendo el gusto y la necesidad del encuentro frecuente con el Señor. Hay postulantados en que ya se da mucha importancia y continuidad a la oración personal y ésta me parece la mejor preparación para el noviciado. Otros, en cambio, dan prioridad a otras cosas con detrimento de la formación y vivencia espiritual. Es más, algunos ni siquiera en el noviciado le dan la prioridad a la oración ni la ponen como “el pan nuestro de cada día” y sólo la reservan para días de retiro más o menos frecuentes. Dudo de que así se consiga la solidez indispensable. Así mismo, el Pre-noviciado es el momento de fomentar las relaciones personales de cercanía y compañerismo entre los/as jóvenes y de confianza con los formadores/as. Es frecuente que en esta etapa surjan brotes de celos y envidias, especialmente entre las mujeres, y de individualismo entre los varones. Se requiere entonces la cercanía del formador/a y la creación de un ambiente de confianza y de mucha comunicación entre todos/as. Los silencios de timidez o de disimulo perjudican mucho las relaciones futuras y crean en algunos, problemas de aislamiento y desánimo. En la dimensión apostólica es conveniente poner a los jóvenes en contacto con la realidad de los pobres y de los sectores más abandonados de la sociedad. Si los primeros pasos se dan con gente de clase media o alta, luego cuesta más ir a los pobres.

4.2 Noviciado Es el momento privilegiado para poner cimientos sólidos a la VC. Y lo primero y la fuente de todo lo demás es la oración personal. La pregunta más importante a la que se ha de poder responder al término del noviciado es si el novicio/a es hombre o mujer de oración. En algunos noviciados todavía se atiborra a los novicios/as 187


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

con retahílas de rezos y con montones de tradiciones asfixiantes. La oración de la que se trata es sobre todo de tipo contemplativo en que se establece una “diálogo de amor con Quien sabemos nos ama”. El novicio/a tiene que llegar, mediante la contemplación, a un verdadero “enamoramiento” de Cristo, semejante al que se da entre novio-novia, pero menos sensorial y más profundo. En las relaciones con los demás, en el noviciado se suele conseguir un ambiente de confianza con el maestro/a y con los compañeros/as, y hasta una verdadera amistad. Y en este ambiente, el acompañamiento espiritual se realiza con fluidez y gozo. Es típico del novicio/a vivir con fervor y entusiasmo este primer encuentro con el Señor y con sus hermanos. Así mismo en el apostolado se experimenta una verdadera satisfacción, semejante a la de los discípulos de Jesús que descubrieron la felicidad de “pasar haciendo el bien”. Hay que procurar que desde el primer momento el apostolado se realice entre los pobres o habitualmente viviendo en un barrio popular, o esporádicamente los fines de semana. En este campo los jóvenes tienen la mejor disposición y no les asusta la austeridad.

4.3 Juniorado La palabra “clave” es integración, y el peligro la discontinuidad. Integración de los cuatro aspectos fundamentales: experiencia de Dios, comunidad, misión y estudios. La discontinuidad se da cuando se produce una ruptura entre noviciado y juniorado porque no se logra llevar de frente y de un modo equilibrado los cuatro aspectos indicados. El inconveniente más frecuente es la sobrecarga de trabajo y de responsabilidades que no permiten dar a cada cosa su tiempo y

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CAPÍTULO X • La formación del religioso/a

lugar. A veces los estudios absorben todo el tiempo y energías; otras, es la obra apostólica que no deja un minuto libre. Otras, son todas a la vez: trabajo en el colegio, estudio en la universidad, actos de la vida comunitaria. Esto exige una vida inhumana en que ni hay tiempo para dormir lo suficiente y desbarata la VR. Además no se encuentra a nadie que pueda acompañar espiritualmente a los jóvenes con periodicidad. Con lo cual, se les condena a la soledad... Y lo primero que cae es la oración personal y luego la vida de comunidad. Unos meses más tarde se produce una “depresión espiritual” muy peligrosa. Todavía son muchos los Institutos que esperan el milagro de que la persona se conserve sana y robusta sin alimentarse espiritualmente. En esos ambientes vienen con más frecuencia las crisis vocacionales de jóvenes y se crean psicosis colectivas de deserción. En cuanto a los estudios, el juniorado es el tiempo más apropiado para los estudios necesarios para ejercer una profesión, a veces indispensable para ciertas vocaciones. Pero es bueno constatar el resultado de muchas experiencias. En primer lugar hay muchos que dan la primacía y la exclusividad a los estudios académicos. Y así alcanzan el título de maestros o de enfermeras, de psicólogas, de secretarias, etc. Sí, están preparadas para ejercer una profesión. Pero en su vocación religiosa se han quedado con conocimientos elementales que no están a la altura de los conocimientos técnicos de la profesión. Se requiere una base espiritual sólida no sólo para ejercer el apostolado, sino también para la vivencia de la propia vocación. Frente a un mundo cada vez más hedonista, paganizado e incrédulo, la religiosa/o no tiene como hacer frente de un modo satisfactorio. Su fe se ha quedado en el nivel de un adolescente piadoso. Y sobre todo, para poder vivir una VC, hoy se requiere tener una profunda vivencia del misterio de Cristo que ayude a integrar 189


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lo humano y lo divino en la búsqueda gozosa de un único propósito, el Reino de Dios. Los estudios profesionales no deberían hacerse sin poner antes o al mismo tiempo una base teológica. Estudio de varios años de teología convertida en espiritualidad, es decir, no sólo iluminación de la fe, sino vivencia de la fe. La dificultad principal: los estudios que exigen toda la persona y a veces no dejan tiempo para “ser religioso/a”. Hay que encontrar alguna solución para integrar y dar tiempo a cada cosa. Esperar a terminar los estudios para hacer oración, o quitar horas al sueño necesario, no es solución. Hay Congregaciones que se han ingeniado para armonizarlo todo. No es lícito sacrificar a la persona y su vocación para obtener rápidamente un título. Sería injusto no reconocer que también son muchos los Institutos –y cada vez más– que han institucionalizado el juniorado donde conviven los/las jóvenes por varios años con un/a encargado/a que tiene cuidado cercano de cada persona. O bien, los/as jóvenes viven en lugares cercanos y la encargada las visita periódicamente. Y en cuanto al encargado/a cada vez ha ido mostrándose con más claridad la necesidad de que sea una persona cercana y amigable, que cree un clima de confianza. Es más importante esto que el tener conocimientos del Carisma o de la historia del Instituto. Si los tiene, vale la pena aprovecharla para que dé clases o cursillos sobre el Instituto. Es más importante la dedicación y la cercanía amigable que el ser una persona de prestigio que está sobrecargada de trabajo y no puede atender a los/as jóvenes debidamente. Y ¡cómo se nota la diferencia entre quienes tienen este acompañamiento personal y los que no lo tienen! En todo el proceso de formación, más que insistir en la adquisición de hábitos disciplinares y de orden externo, hay que formar 190


CAPÍTULO X • La formación del religioso/a

a la persona por dentro, en sus convicciones, en el uso de la libertad, en su afectividad…

5. FORMACIÓN PERMANENTE Se ha convertido cada vez más en una necesidad para quienes ya terminaron hace tiempo la formación inicial. El ritmo acelerado de los cambios sociales, culturales, pedagógicos, teológicos..., hace sentir la necesidad de ponerse al día. Y más todavía si se da la aceleración del activismo y la superficialidad de la vivencia espiritual, exigen detenerse y llenar depósitos, renovarse en conocimientos y en experiencia religiosa. Va aumentando el número de Congregaciones que han tomado muy en serio la formación permanente y han hecho esfuerzos para que puedan ir pasando grupos de hermanas/os en determinados momentos de la vida... Además de la renovación constante, es conveniente tener cursos especiales en que se acentúan ciertos temas más adecuados. Entre las experiencias conocidas, me parecen muy buenas aquellas en que se resaltan cuatro capítulos:  La experiencia de Dios. La formación permanente es un espacio apto para detenerse y dedicar tiempo a una relación prolongada y constante con Dios en la oración, rompiendo el ritmo acelerado de una actividad absorbente.  Lavidacomunitaria. Favoreciendo unas relaciones de verdadera “amistad en el Señor” con los compañeros/as. Que la vida comunitaria llegue a ser gratificante y un lugar de descanso y estímulo para el servicio a los demás. Necesitamos revisar nuestro estilo de vida comunitaria para que no quede en una simple convivencia pacífica, sino que llame la atención

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porque allí se vive el precepto del amor que hace exclamar a quienes lo ven, “miren cómo se aman”.  Temasacadémicos. Puesta al día en temas básicos de teología, Biblia, espiritualidad, algo de psicología, conocimiento de la realidad social y eclesial, etc. Es el campo en el que se hace más perceptible la necesidad de renovarse.  El apostolado. Se encauce hacia los más necesitados. Que sea a la vez comprometido y controlado. Es de suma importancia integrar los tres aspectos fundamentales de la VC, –oración, comunidad, apostolado– de modo que en el futuro se dé a cada cosa su lugar y su tiempo, y no se caiga en un “activismo desenfrenado”. El ideal para la formación permanente es poder organizarla con los recursos de personal y de medios materiales del propio Instituto, pero no todos pueden. Y entonces se pueden aprovechar las oportunidades que ofrecen las Conferencias nacionales de religiosos/as, completándolo con los temas propios del Instituto.

EN SÍNTESIS La formación deber ser en todos los Institutos la “primera prioridad”. Si se da una formación excelente se tendrá una Provincia, un Instituto excelente. Si se da una formación mediocre, el Instituto será mediocre.

Notas * Para ver con mayor profundidad todo el tema de la formación puede consultarse mi folleto LAS CINCO LLAGAS DE LA FORMACIÓN. Ed. Claret, Barcelona y ed. CLAR, Bogotá.

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CAPÍTULO XI

Integración Íntegro es aquello a lo que no le falta ninguna parte y en lo que a ninguna parte le falta nada. Cada parte está unida a las otras, y forma un todo con ellas. Cada una al unirse al conjunto, mantiene su identidad y la debida proporción en el conjunto. Un cuerpo humano no sería íntegro si le faltaran las piernas ni lo sería si la cabeza no estuviera unida al resto del cuerpo ni tampoco si un brazo fuera más corto que el otro. Cada parte tiene que tener su función. Si falla alguno de estos aspectos o si no guarda la debida proporción, se produce un “monstruo”. Así se puede dar en “el individuo”: una persona que ha desarrollado mucho los conocimientos, que tal vez conoce muy bien las Constituciones y el carisma, que ha estudiado la historia del Instituto..., pero es deficiente en las relaciones personales y en el trabajo apostólico; o una persona de gran corazón con muy buenas relaciones, simpático, comunicativo, chistoso, pero no tiene nada que comunicar por que no tiene conocimientos profundos ni una experiencia espiritual fecunda; o uno que pasa el día en actividades febriles y 193


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

ruidosas, pero que no tiene tiempo para orar ni para vivir relaciones fraternas en la comunidad. También se da la desintegración en “la comunidad” si se cae en el individualismo en que cada uno anda por su cuenta sin comunicación profunda con sus compañeros/as, o se convierte la convivencia en una empresa apostólica en que cada uno tiene labores importantes que realizar allá afuera, pero dentro de casa sólo se aprecia el profesionalismo y la eficiencia; y las personas pasan a un segundo plano. Así mismo la comunidad sociológica en que lo que más se cotiza es el trabajo social y el compromiso con los pobres, pero se descuida la evangelización y la fraternidad. El activismo que consume todas las energías y todas las horas del día y no permite perder un minuto en la comunicación y convivencia con los de casa ni estar largamente a solas con el Señor. También en el orden “provincial o de instituto” se da a veces la desintegración cuando los religiosos/as aparecen en un país o en un continente como el grupo más poderoso de la Iglesia, cuando el único interés es rellenar las grandes obras heredadas de sus antecesores y pierden su dimensión profética y simbólica. Cuando apenas un grupo insignificante se dedica a los pobres, etc. En el campo de la “acción apostólica” la desintegración viene cuando se cae en uno de los dos extremos: o una falta de compromiso apostólico por no tener estímulo ni ilusión o por haber caído en una vida aburguesada y mediocre, dedicada a “sus cosas”. O en el otro extremo, dejarse absorber por el famoso activismo que considera una pérdida de tiempo estar mirándose la cara con los compañeros cuando hay tanto que hacer. En todos estos casos se da un desajuste existencial y una sensación de vacío afectivo, por falta de integración de los elementos fundamentales. 194


CAPÍTULO XI • Integración

En la VC parece que hay muchas “personas desintegradas” que ni siquiera se dan cuenta de sus deformaciones estructurales porque ya se han convertido en hábitos adquiridos intocables e indiscutibles. Y lo que pasa en individuos, sucede también en las comunidades y Provincias y en el Instituto entero. Por eso la palabra INTEGRACIÓN ha pasado a ser de urgente necesidad.

1. LOS ELEMENTOS ESENCIALES DE LA VIDA CONSAGRADA Son los que resaltan los últimos documentos y reflexiones sobre la VC. Se repiten con tanta frecuencia y decisión que se parece a un “vendaval del Espíritu”. El mensaje fundamental del Congreso mundial de VC de Roma (nov. 2004) es que hemos de ir a lo esencial. Hemos de ser “memoria de algo que va más allá de los servicios. La tarea de ser memoria y presencia del misterio de Dios y reforzar la dimensión específicamente religiosa de la existencia”1. “Es la invitación a volver más decididamente a nuestra verdadera identidad: a Cristo Jesús y al Evangelio, como única razón de vida y de servicio apostólico” (p. 223). Se resume todo en aquellos cuatro elementos esenciales que nos propone el mismo Congreso y que sintetizábamos en el primer capítulo: la roca en que todo se apoya, Cristo Jesús; la experiencia de Dios como experiencia fundante; la comunidad como lugar de comunión y amistad en vistas al apostolado; y la misión evangelizadora a la que hemos de entregar la vida2. Pero esos elementos han de estar perfectamente integrados, esto es, a cada uno hay que dar la importancia que merece de ser parte integrante y ha de tener la debida proporción y calidad y ha de funcionar de acuerdo con el papel que le corresponde.

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El P. José Mª Arnáiz, que tuvo mucha parte en la organización y desarrollo del congreso, tiene valiosos comentarios sobre estos temas en su libro “Es domingo para la Vida Consagrada”3. Hay que volver a las raíces, al origen carismático, a la Palabra, a los pobres, a la lucha por la justicia, a la reconciliación y sanación de las personas (p. 159). Resume así los elementos esenciales de la VC: “la experiencia de Dios, la dimensión contemplativa de la vida, la experiencia y la práctica comunitaria, la práctica de los consejos evangélicos y la misión” (pp. 145-146). Todo queda centralizado en Jesús: “La fascinación que ejerce Jesús sobre la VC... aparece apasionante y manifiesta una belleza especial y la expresión de un amor humilde y generoso” (p. 150). “Veo que lo nuevo tiene que ver con lo esencial y lo exigente con lo indispensable y lo fecundo con lo distinto y lo original” (p.115). “Frente al ahogo que produce vivir en un mundo sin sentido y sin trascendencia, reforzar el alma cristiana con una ofensiva de creatividad, bondad, gratuidad, contemplación y misericordia” (p. 116). “La VC vive un tiempo para ahondar y purificar, para prestar atención a lo fundamental y esencial”. En la síntesis final: hemos de ser “memoria y presencia del misterio de Dios y reforzar la dimensión específicamente religiosa de la existencia. Sólo así se da una prioridad manifiesta en Dios en la vida. Esto pasa por la vuelta a las raíces, a lo religioso de lo religioso, es la invitación a volver más decididamente a nuestra verdadera identidad, a Cristo Jesús y al Evangelio, como única razón de vida y de servicio apostólico” (p. 223). “El verdadero problema de la VC de hoy es esencialmente espiritual, es un empeño por la fe” (p. 224), “es hacer de Jesucristo el centro afectivo de la propia vida”. Así mismo la CLAR afirma repetidamente estas mismas ideas:

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CAPÍTULO XI • Integración

 En el Congreso de 2003 fue el lema “mística y profecía”, mística como profunda experiencia de Dios y profecía como proclamación de la Buena Nueva al mundo.  En el Seminario ampliado de los Teólogos de la CLAR (8 a 12 de agosto 2005)4, se repite continuamente lo mismo en las diversas ponencias: Dina Mª Orellana, Secretaria de la CLAR: “Sentimos la necesidad de volver a nuestras raíces como Vida Religiosa e ir a sus fundamentos, renovar nuestro amor primero” (p. 25). Y expresiones equivalentes (pp. 24, 32, 38, 43, etc).  P. Víctor Martínez, S.I.: “Fidelidad de vuelta a las fuentes que va más allá del retorno a las raíces..., asumir con audacia y creatividad la respuesta que hemos de dar a los signos de los tiempos” (p. 50), 51, 53, 56, 58, 59, 60).  Carmen Margarita Fagot, RSCJ: “Hay un gran esfuerzo por ir a los fundamentos de la VR” (pp. 190, 189, el cantus firmus 193, 194, 195, 197, 200, etc.,).  P. Ignacio Madera, SDS, Presidente de la CLAR: “creyentes que han resuelto vivir la totalidad de sus vidas a partir de la búsqueda de una fascinación por Jesucristo y su causa”. “Remar hacia el centro es continuar desarrollando una profunda experiencia mística como contemplación de la realidad en Dios y desde Dios” (pp. 236, 240). “La VR será minoritaria, radical y testimonio de alegría” (p. 243). “Lo esencial es invisible a los ojos... la relatividad de lo visible y lo fundamental de lo invisible” (p. 248).

2. LA ACENTUACIÓN NO SUPONE LA EXCLUSIÓN Hay autores que entre los elementos esenciales, acentúan uno sobre otros. Unos dicen que la misión es la clave de todo: que “ejer197


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

ce una función central y clave”, que “la misión es la clave para entender la Iglesia y todo lo que acontece en ella”. “La misión, como clave que explica todo, que afecta a la espiritualidad, a la vida comunitaria e incluso a las estructuras”5. Otros enfatizan el contenido que hay que comunicar y entonces ponen como punto clave y punto de partida la experiencia de Dios. Conciben que el envío es para comunicar la vivencia espiritual que he experimentado, según lo que afirma Juan (1 Jn 1,1-3) “Lo que hemos visto y oído, lo que hemos experimentado con nuestras propias manos, el Verbo de la vida, esto es lo que anunciamos”. Afirma el P. Pérez Cotapos, SSCC: “El conocimiento del amor de Dios y la confianza en Él... constituye la experiencia más fundamental de nuestra existencia”. “Si la misión no surge de esta experiencia personal, está muy amenazada de transformarse en simple proselitismo, e incluso de llegar a usar armas de presión para mover a una confesión de fe”6. El apostolado de Jesús consistía en comunicar a los demás lo que había oído de su Padre: “La palabra que escuchan no es mía, sino del Padre que me ha enviado” (Jn 14, 24) “Él (Jesús) puede testificar lo que ha visto y oído” (Jn 3, 12). Este es el único apostolado auténtico. Otros enfatizan la comunidad, especialmente la comunidadIglesia como el elemento indispensable para la misión: “la Iglesia existe para evangelizar” (EN, 14). El envío se hace a través de la comunidad. Carlos Mesters afirma: El punto en el que Jesús insiste más es el de la reconstrucción de la vida comunitaria. El objetivo del anuncio del Reino es rehacer el tejido de las relaciones humanas, reconstruir la comunidad”7. La misión, la experiencia de Dios, la comunidad. ¿Cuál de estos elementos es el más importante? Yo diría que los tres, pero ín198


CAPÍTULO XI • Integración

timamente unidos e integrados. Al enfatizar un aspecto, ya se incluyen los otros dos. El anuncio del Evangelio supone como algo previo, que el evangelizador haya experimentado el misterio de Dios y haya convertido en vida el mensaje que va a anunciar. Si no, la predicación serían palabras ociosas. Y también supone la vivencia comunitaria de la Iglesia que es la encargada de transmitir el mensaje: “Vayan por todo el mundo y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28, 19). No es posible enviar a evangelizar si no hay una experiencia que comunicar. Ni es posible ser enviado si no hay una comunidad-Iglesia que envíe. Ni la comunidad puede omitir la evangelización porque ésta es su razón de existir. Ni el enviado puede dejar de anunciar el evangelio porque para esto es enviado. Es decir, que los tres aspectos son inclusivos y no es posible concebir uno sin el otro. Son como tres dedos de una mano, que crecen juntos. Es algo semejante a lo que ocurre con los tres votos de la VC. Hay autores que afirman que el voto más importante es el de castidad puesto que la virginidad es el único consejo evangélico que da origen a la VR. Se entrega por él toda la capacidad de amar y cuando se ha entregado esto, ¿qué más se puede entregar?8. Otros presentan la vida de Jesús centrada en el cumplimiento de la voluntad del Padre y así toda imitación del Señor se ha de integrar en esta obediencia amorosa9. Y otros, al hablar de la pobreza insisten tanto en que es desprendimiento total de sí mismo y de todas las cosas, que no se ve que los otros puedan añadir algo más10. Creo que ninguno de los votos ni los tres en sí mismos considerados como un todo, son suficientes para explicar el sentido de la VC. Los votos son sólo indicadores de una corriente profunda que 199


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

es la actitud de una entrega incondicional por amor. Es toda la persona que se entrega sin condiciones y para siempre. Así, pues, ¿qué ha de tener la primacía en la VC? Todo. Experiencia de Dios, comunidad y misión han de estar perfectamente integrados y no es posible prescindir ni disminuir ninguno de los aspectos: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Esto tiene consecuencias muy prácticas. En la vida cristiana hay una serie de antinomias o aparentes contradicciones que sólo se solucionan integrándolas: muerte y resurrección, pecado y gracia, contemplación y acción, etc. Veamos primero cómo se ha de integrar en sí cada uno de los elementos. Y luego abordaremos el más difícil y urgente para la VC activa, el de integrar contemplación y acción.

3. UNA VIDA COMUNITARIA INTEGRADA La vida comunitaria es lo que está más frecuentemente desintegrado. Es donde se ha dado un cambio más brusco, un choque de mentalidades y de costumbres. De una comunidad centrada en la “observancia regular” se ha pasado a otra centrada en “las relaciones personales”, que supone un trastorno de estructuras y un cambio de mentalidad. Para la primera lo importante era el silencio, la puntualidad, la uniformidad, estar presente en los actos comunes, las Reglas, las normas, el mandato del superior, la espiritualidad del deber. Ahora, en cambio, lo que importa es la comunicación, el ambiente de confianza, el trato cercano e igualitario, las relaciones de fraternidad y de amistad. No es fácil pasar de un estilo a otro, sobre todo para quienes por muchos años han vivido el primero. En él la vida estaba muy estructurada, había un tiempo para cada cosa y todo se hacía a toque de campana. Vivir en comunidad era “ser observante”. Las relaciones entre los miembros tenían sus momentos privilegiados 200


CAPÍTULO XI • Integración

en los tiempos de “recreo” en que se reían, cantaban, se contaban chistes y se pasaba bien. Muchas/os añoran esos momentos felices. Sin embargo, esas relaciones eran superficiales y hoy no satisfacen a quienes pretenden que se haga realidad “amarse de verdad unos a otros”. Lo que se busca es conocerse unos a otros por dentro, descubrir los tesoros ocultos en el corazón del otro; aceptarse como personas, aunque no se esté de acuerdo con algunas de sus ideas y comportamientos; hasta llegar ser “amigos en el Señor”. Son frecuentes las quejas cuando se quieren mantener “estructuras rígidas, uniformes y llenas de inercia y en las que el diálogo y el respeto a cada persona no tienen en ellas el peso deseable”11. Esto se debe a grupos conservadores que no permiten cambios y esto bloquea a las personas y a la vida comunitaria12. Por otra parte, hay muchos religiosos/as que han experimentado con gran gozo el nuevo estilo de convivencia fraterna y encuentran en ella una verdadera satisfacción afectiva. Pero muchos –en la transición de un estilo a otro– se han quedado en el camino y han hecho una mezcla de lo antiguo y lo nuevo sin llegar a una verdadera integración. Esta se da cuando se entra en relaciones profundas de fraternidad y amistad, incluso en el caso en que se arrastren vestigios del estilo preconciliar.

4. INTEGRACIÓN DE APOSTOLADO Y VIDA COMUNITARIA Si no se tiene una figura clara de lo que ha de ser ni se logra una realización gratificante de la vida comunitaria, es muy difícil que ambas cosas se integren satisfactoriamente. Si, por una parte, uno se siente realizado en la actividad apostólica y, por otra, no se siente atraído por la convivencia con los hermanos/as, se refugiará en la acción o en la soledad de su cuarto o se buscarán las 201


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amistades fuera de casa. En la comunidad no realizada, lo más que se logra es una convivencia de “buen vecindario” y hasta de sincera cordialidad, pero esto no llega a captar la afectividad profunda, como cuando se llega a la amistad. En cambio –como lo he podido comprobar viviendo sobre todo con jóvenes– cuando uno va a la comunidad con ilusión de encontrarse con sus compañeros/as y puede comentar sin protocolos todo lo ocurrido, sentir su resonancia e interés por conocer cómo me ha ido, gozarme de estar “en casa” y poder ser yo mismo, en un clima de confianza y acogida, entonces se puede hablar de auténtica comunidad. Y se siente la necesidad de tener momentos de comunicación profunda y de oración compartida, lo mismo que de expansión y de conversación relajante. Y se saben encontrar los tiempos adecuados. Pero si no hay relación de amistad, el pensamiento y la ilusión se ponen en las personas que me esperan allá afuera y en el trabajo cada vez más absorbente que no me deja tiempo para otras cosas. La integración se da cuando se vive a fondo la comunidad y al mismo tiempo se vive en serio el compromiso apostólico. Si falla uno de los dos, queda desajustada la vida y los remedios que se ponen sólo son parches y cataplasmas.

5. UNA VIDA APOSTÓLICA INTEGRADA No suele ser el problema la actividad apostólica. La gran mayoría de los religiosos/as se sienten realizados en el trabajo apostólico. Su vida es fecunda, se sienten acogidos/as por la gente, trabajan a gusto y hacen mucho bien. Aunque tampoco faltan quienes se han instalado en la vida y caen en la mediocridad. Pero lo más ordinario es encontrar personas llenas de vigor y entusiasmo que ponen sus vidas al servicio de los demás. Más bien el problema surge cuando la acción se vuelve absorbente y desbordante. Si la 202


CAPÍTULO XI • Integración

vida de oración se ha enfriado y la comunidad ha perdido todo atractivo, la actividad va invadiendo todos los espacios y se produce el desequilibrio y desintegración de la persona y de la comunidad. Y aun el mismo apostolado va perdiendo garra y calidad, se apaga la motivación y a veces se busca en la acción la compensación de un vacío existencial. “Tres en uno”, ahí está la fórmula, en la integración entre oración-comunidad-apostolado. Cada uno de estos aspectos exige darle tiempo y ponerle corazón. ¡Lo que nos perdemos cuando por falta de convicción o de interés, nos dejamos arrastrar por el inmediatismo de los gustos y repugnancias! ¡Y la felicidad que proporciona la vivencia de los elementos esenciales, vitalmente integrados! Es lo que da sentido y hondura a nuestra vocación.

6. INTEGRAR CONTEMPLACIÓN Y ACCIÓN Entre todas las tareas que exige la integración, la más ardua y la más gratificante es la contemplación y la acción. Ni contemplativismo ni activismo, sino ser “contemplativo en la acción” Una frase feliz del s. XVI que ha hecho fortuna después del Vaticano II como la mejor expresión de la VR activa, es “ser contemplativo en la acción”, y con más precisión: “ser contemplativo también en la acción”. Es la frase con que el P. Jerónimo Nadal calificaba a San Ignacio de Loyola en su nuevo estilo de oración. Y también lo llamaba un “místico de la acción”. Ignacio por su parte expresaba lo mismo diciendo que se trataba de “hallar a Dios en todas las cosas” (Autobiografía, 99). La VR que durante 15 siglos fue exclusivamente contemplativa, dio un giro copernicano cuando se colocó en el centro de ella la misión evangelizadora13. Esto no solamente cambió el enfoque de 203


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la VR, sino que desestabilizó la misma estructura monacal. Por esto la Iglesia se resistió durante siglos a este cambio y sólo el año 1900 León XIII aceptó oficialmente los Institutos de vida activa, con el nombre de Congregaciones religiosas. Ahora bien, la VR activa tenía que encajar en unos moldes y una concepción que había estado en vigencia 19 siglos y que respondía a un ritmo solar y agrario. La oración –que en todos los tiempos se ha considerado como fundamental– se adaptó al ritmo solar: maitines, laudes, prima, tertia, sexta, nona, vísperas y completas. Todas las horas del día quedaban santificadas por la oración litúrgica. Y el monje tenía todo el tiempo disponible para rezar, y los tiempos intermedios los llenaba con el trabajo manual: “ora et labora”. Toni Catalá, S.I. afirma con toda razón que “hay muchos agobios y malestares, sobre todo entre gente joven, por los estilos de vida. Si la espacio-temporalidad que rige es monacal y antigua, no es posible vivir con fluidez la VR y la misión apostólica en una cultura configurada por otros parámetros de espacio y tiempo”. “En la VR apostólica nuestro reloj se supone que tiene que estar en función de la gente y del trabajo”14. Aquí hay que enfrentar el tema del rezo de las horas canónicas en la VR activa. Al ponerlo casi como “lo único necesario”, en muchos casos ha desplazado a la oración personal que es la más importante y la que toca fondo y transforma a la persona por dentro. En la mayoría de las Congregaciones se ha conseguido introducir en sus Constituciones el rezo de Laudes y Vísperas como la oración de la Iglesia. Me parece necesario distinguir dos cosas: la necesidad de la oración y el que esta oración tenga que ser la liturgia de las horas rezada en común. La oración personal es indispensable a todo cristiano y a toda persona que cree en Dios. 204


CAPÍTULO XI • Integración

Es de “derecho divino”. Mientras que las horas canónicas son una tradición venerable en la Iglesia, pero son de “derecho eclesiástico”. Es una relación Yo-Tú con el Señor que me confronta con el Evangelio y transforma mi vida. Es aún más tradicional que las Horas en la Iglesia bajo diversas formas como la “Lectio divina” o la de los ejercicios espirituales. Ella es el alma de los rezos vocales o litúrgicos. En la renovación postconciliar de las Constituciones de los diversos Institutos se ha puesto mucho empeño en conservar la tradición monástica de las horas canónicas, tal vez con la intención de asegurar de un modo concreto el tiempo de oración. Después de más de un siglo de experiencia, ¿no es la hora de preguntarnos si ha sido una determinación acertada? Mi experiencia personal de conocer a muchas personas por dentro –especialmente religiosas/os y seminaristas–, me dice que aquellas personas que ponen las horas canónicas como principal o única oración suelen quedarse con una espiritualidad superficial y una fragilidad vocacional; mientras que quienes tienen hábito de oración personal diaria, suficientemente prolongada, suelen alcanzar una espiritualidad sólida, un equilibrio afectivo y estabilidad en la vocación. La razón es que la oración personal, hecha con seriedad y constancia, toca la persona y la transforma por dentro. Van cambiando sus criterios, sentimientos, actitudes; van moldeando su libertad, van conquistando su afectividad profunda. La contemplación de la persona de Cristo, hecha con corazón limpio, hace crecer en la fe y en el amor. Mientras que la simple oración vocal puede producir un momento de devoción, pero si no va acompañada de contemplación, no afecta mayormente a la persona. Por otra parte, el ritmo de vida actual no es el de los horarios solares. Con ciertas personas, el trabajo apostólico hay que reali205


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

zarlo en la noche, después del trabajo. El trabajo profesional de educación, de enfermería, hay que acoplarlo a los tiempos señalados por el Estado. A veces las horas en que habría que rezar Laudes o Vísperas coinciden con las clases en la universidad. Y dentro de la vida comunitaria, por asegurar el rezo de Laudes se impide tener una hora seguida de oración personal y esto a la larga tiene serias consecuencias. Muchos/as andan angustiados y duermen poco porque no alcanza el tiempo para todo. Pero se entra en un estado de tensión que a la larga se hace insoportable. Dios no quiere que vivamos angustiados ni desintegrados. ¿Qué hacer? “Primero es vivir, después filosofar”. Ante todo hay que tener muy clara la escala de valores y organizar nuestro tiempo de acuerdo con ella. Y no ceder ante las presiones sociales ni las urgencias imprevistas. En la VC hay que salvar las tres columnas fundamentales que son innegociables: experiencia de Dios, misión y comunidad. Y en tiempo de formación, además los estudios. Ninguno de estos elementos puede ser suprimido ni disminuido por acentuar a otro. Hay que revisar serenamente los horarios y dar a cada cosa su tiempo, de acuerdo con una planificación sin que haya que trasnochar cada día ni suprimir la oración ni la convivencia. Y aquí hay que descender a cosas muy prácticas, de lo contrario nos quedamos en declaraciones de principios en que todos estamos de acuerdo, pero no se modifica la praxis de la vida ni se resuelven los problemas. Si la oración personal es más importante y no queda tiempo para los Laudes, estos se suprimen sin dolor de corazón. Si el apostolado se ha de hacer de noche, se acomodan los horarios de la comunidad. Si no puedo asumir nuevos compromisos sin desbaratarlo todo, no los asumo. Si los estudios me absorben totalmente durante varios años y no me dejan tiempo para ser religioso, tal

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CAPÍTULO XI • Integración

vez tendré que tomar menos materias para cada año. De hecho hay Congregaciones en que se ha encontrado una fórmula adecuada sin tener que sacrificar nada esencial. Es cuestión de planificar con realismo. Hay que llegar a la síntesis final del Congreso de Roma: La samaritana y el samaritano son los “mistagogos” de una contemplación comprometida y de una misericordia contemplativa (Arnáiz, p..208). Decía San Juan de la Cruz: “religioso y estudiante, religioso por delante”. Y podemos parafrasear: ”religiosa y enfermera, religiosa la primera”, “religioso y profesional, religioso lo principal”. La falta de integración es en muchos casos la causa principal de las defecciones vocacionales. Y en algunos casos son las mismas Hermanas/os las que agudizan el problema... Es frecuente –especialmente en el juniorado– que los/las jóvenes estén sobrecargados y agobiados con tantas obligaciones. Y todavía algunas personas mayores les dicen: “En nuestro tiempo trabajábamos más y nos quejábamos menos”. Claro que hay casos en que se pierde mucho tiempo en la TV o en el Internet o los teléfonos celulares. En el Congreso de Roma hubo una lamentación universal del uso exagerado de los medios de comunicación. Pero es más frecuente –con una mentalidad empresarial– recargar a los/as jóvenes de responsabilidades y trabajo. Aguantan, aguantan y al fin estalla todo.

CONCLUSIÓN: LA ARMONÍA DEL ARCOIRIS Los colores del arcoiris nos iluminan el ideal de la integración de la diversidad en la unidad. Los colores son uno de los tantos misterios de la naturaleza que embellecen la vida. Todos los cuerpos absorben parte de las longitudes de onda del rayo luminoso, mientras que reflejan la coloración de este último. Una amapola es roja por-

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

que la sustancia contenida en sus pétalos absorbe todas las longitudes de onda, menos la roja y la proyecta. Y el ojo percibe sólo esta parte de las radiaciones originales. Un cuerpo es blanco cuando refleja todas las longitudes de onda sin absorber ninguna y, al contrario es negro cuando las absorbe todas. Es un proceso selectivo natural de los cuerpos bajo la luz blanca del sol. El blanco es la suma y la integración de todos los colores, es el color de la luz. Podemos aplicar este fenómeno a muchas realidades compuestas de distintos elementos, como una comparación:  Integración de la persona. Podemos suponer que el rojo representa la capacidad de amar apasionadamente, el amarillo, la serenidad y la prudencia, el morado, la capacidad de aguante en el sufrimiento, el verde la actitud de esperanza, euforia, optimismo, el azul, la capacidad de servicio y de relaciones, etc. La persona perfecta y cabal sería la que ha conseguido el dominio y utilización de todas sus capacidades en la debida proporción e interrelación, la armonización de todas ellas sin que ninguna absorba a las demás y todas brillen en una sola luz blanca. En el orden de la fe la luz blanca sería la santidad, el elemento integrante sería el amor a Dios y al prójimo. Y como desde ese puesto de mando, la persona utiliza todas sus fuerzas sensoriales, psíquicas y espirituales para someterse activamente a la voluntad de Dios buscando en todo agradar al Padre. Parece un milagro que de un rojo apasionado y un amarillo pálido y un azul intenso y un verde vital y un morado dolorido…pueda llegarse a la síntesis del blanco que comprende todos los colores, en el que todos puedan reconocerse como parte integrante de un todo después de haber desapare-

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CAPÍTULO XI • Integración

cido en sus características excluyentes para fusionarse con los demás en el blanco de la luz y la verdad total.  Integración de la comunidad. Los colores pueden representar la diversidad de caracteres, de culturas, de edades, de razas, de cualidades, etc. Cada uno ocupa el lugar que le corresponde y realiza las funciones adecuadas sin que nadie pretenda imponerse sobre los demás ni inhibirse de las cargas comunes y todos como un solo cuerpo, queden vinculados por el amor fraterno.  Integracióndelasociedad,en la que hay diversidad de instituciones, de partidos políticos, de mentalidades, edades, sexos, ideales, culturas, nivel de vida, religiones, banderas de todos los colores que expresan diversidad de pertenencias… pero todos buscan que se respeten sus derechos respetando los de los demás en una convivencia que trabaja por la unidad en la diversidad. En fin, aplicándolo a la VC, todos los elementos tienen que tener en la vida práctica la debida importancia y lugar. Está muy bien acentuar que cada uno de los tres elementos es muy importante, pero no de tal manera que al enfatizar uno se excluyan o disminuyan los otros. Los tres son insustituibles, y no como independientes, sino integrado cada uno con los otros dos, ensamblados, compenetrados, formando una sola cosa. Sólo así podemos hablar de una VC completa y madura que responda al ideal de un cercano y gozoso seguimiento de Cristo.

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Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

Notas 1 Congreso, pp. 222-223. 2 Congreso, Grupos, pp. 327-330. Publ. Claret, Madrid, 2005. 3 ARNAÍZ, José Ma. Es domingo para la Vida Consagrada. Ed. Paulinas, 2005. 4 Horizontes de la VC en América Latina y el Caribe. Ed. Paulinas, 2006. 5 GARCÍA PAREDES, CFM, José Cristo Rey. La misión, la clave para entender la VC hoy. Boletín UISG, n. 131. 2006. Rev. Enfoque, n. 134, Jul.-Sept. 2006, p. 5 y p. 12. 6 PÉREZ-COTAPOS, SSCC, Eduardo. “Ser discípulo hoy”. Rev. TESTIMONIO, n. 216, julio-agosto 2006, pp. 73 y 72. 7 MESTERS, Carlos. Rev. TESTIMONIO, n.216, julio-agosto 2006, p.64. 8 SCHILLEBEECKX. El celibato y la comunidad, pp. 95-96; Matura. Celibato y comunidad. Ed. Paulinas, pp. 55-56. 9 VON BALTHASAR, Hans Urs . Une vie livrée à Dieu, 43, 1971, pp. 14-15. 10 TILLARD, J.M., O.P. Vocación religiosa, vocación de Iglesia, Desclée, pp.73-74. 11 ARNÁIZ, o.c. p. 128. 12 ARNÁIZ, pp. 130, 131, 135. 13 Este tema puede verse expuesto en el libro del mismo autor, La Vida Religiosa en AL Carlos Palmés, S.I. Ed. Verbo Divino, 7ª ed. Cochabamba 2005, pp. 27-32 y 112-123). 14 CATALÁ, Toni. Vida Religiosa “a la apostólica”. Sal Terrae, 2004, pp. 37 y 38.

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CAPÍTULO XII

De la teoría a la praxis Hay muchas vidas frustradas o semifrustradas por la falta de coherencia. Son los incapaces de vivir lo que predican o en lo que creen. Hay un salto grande de la cabeza y el corazón hasta las manos. Si esto se da en el campo de las cosas trascendentales, entonces el seguimiento de Cristo se vuelve un desencanto y una frustración. Y también se da en las cosas pequeñas que es donde se manifiesta la finura de espíritu de las almas grandes en quienes la fuerza del amor lleva a salir de sí mismas para buscar en todo cómo agradar al Padre. Y esto es lo que llamamos santidad. Pero también en las cosas grandes y pequeñas se da la infidelidad y la incoherencia que desembocan en la mediocridad. Esta atmósfera nos envuelve a todos y también inficiona a la VR.

1. LA DISTANCIA ENTRE LOS DICHOS Y LOS HECHOS Todos estamos cansados de tanta palabrería. En el campo social y político no hay Presidente que no prometa acabar con la pobreza en 211


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

su país, pero al terminar el período no ha habido grandes progresos. Cuando se reúnen los “Grandes” ofrecen entregar generosamente cantidades de ayuda al Tercer mundo. Y, no obstante, el número de pobres va cada día en aumento y el abismo entre ricos y pobres es cada vez mayor. En el discurso de inauguración de la cumbre de Presidentes de América del Sur, el Presidente del Brasil, José Ignacio Lula, lamentó que los documentos que se han hecho en las cumbres anteriores apenas han tenido ningún resultado. En el campo socioreligioso, el número de matrimonios que se deshacen va creciendo en la medida en que el mundo va “progresando” ¿Dónde están las promesas de fidelidad hasta la muerte que se prometieron al casarse? “Del dicho al hecho hay gran trecho”. En todas partes se respira una atmósfera de desconfianza en la convivencia humana. La coherencia entre palabra y obras es decisiva para tener fe y confianza en una persona, en un gobierno, en un Instituto religioso. En la verdad o mentira de su vida es donde se juega la autenticidad y el prestigio moral. Un gobierno que promete favorecer a los excluidos y luego actúa favoreciendo a los ricos y cayendo en las redes del neoliberalismo, es una gran decepción para el pueblo. O si se compromete a gobernar para el bien de toda la nación y luego se parcializa con la ideología de un partidismo extremista, crea división y enfrentamientos. Si una ONG comienza con hermosas proclamas sociales y luego se descubre que ha sido un buen negocio para los dirigentes, pierde su finalidad y confiabilidad. Un conjunto de leyes que es la admiración de los legisladores y del pueblo, pero que luego no se cumplen, producen una gran frustración. Incluso al ir a comprar al mercado o al tomar un taxi, uno sabe que intentarán cobrarte más de lo justo.

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CAPÍTULO XI • De la teoría a la praxis

Estamos muy acostumbrados a la frustración y nos hemos vuelto muy cautos y precavidos frente a las promesas de cualquier institución o persona. Estamos cansados de tanta retórica hueca y decepcionante.

2. EL PAPEL DE LA VIDA RELIGIOSA Aquí es donde la VC tiene espacio para pronunciar una palabra profética diferente: otra “verdad” es posible sin mezcla de mentira, otra vida auténtica y confiable. La VR quiere ser una contestación evangélica, una garantía de la verdad. Jesús exige que el lenguaje del cristiano sea “sí, sí; no, no” (Mt 5, 37) y “debe brillar su luz ante los hombres” como una ciudad edificada sobre un cerro “para que vean sus buenas obras” (Mt 5, 14-16). “El que oye estas palabras sin ponerlas en práctica, es como el que no piensa y construye su casa sobre la arena” (Mt 7, 26). El religioso/a se compromete a vivir en plenitud el bautismo (PC, 5 y VC 31-33) y aspira a ser un testigo del evangelio. Tendrá que ser coherente con lo que predica y tendrá que defender la verdad contra la mentira, contra las “medias verdades”, contra los silencios agresivos. En la síntesis final del Congreso de VC de Roma se concluye: “En la samaritana y el samaritano se integran armoniosamente contemplación y acción: la samaritana experimenta a Jesús y va a anunciarlo; el samaritano descubre en el prójimo que sufre, el rostro de Dios y lo socorre” (Congreso, p. 358). Son muchos los religiosos/as que viven con mucha sinceridad y coherencia su vocación y son un ejemplo admirable y estimulante para todos los cristianos, pero también abundan los que dan un ejemplo que mucho se tiene que explicar. Mons. Rodé, Prefecto de la Congregación de Religiosos, en su intervención en el Congreso de Roma decía: “No se llega a realizar una síntesis satisfactoria en-

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tre vida espiritual y acción apostólica”. “La Vida Consagrada corre el peligro de incapacitarse para proclamar las sólidas bases o razones de fe y de esperanza que la inspiran y que deben animarla”1. ¿Qué importa que sea un profesional brillante o un organizador impresionante si no se ha realizado en él una conversión profunda, si el religioso/a no han salido de “su propio amor, querer e interés” (EE 189), no ha salido de un amor centrado en sí mismo, de su voluntad egoísta, de sus intereses personales, y no los ha sustituido por un amor a Dios visible y contagiante y por un amor al prójimo, comprometido y generoso, gastando todas sus ilusiones y energías en trabajar por los intereses del Reino? ¿Y en la Vida Religiosa se vive esto? En la mayoría de los Institutos el número de defecciones es desorbitado. ¿Es que los votos perpetuos eran sólo para cinco años? ¿Es que la raza humana ha degenerado y no es capaz de compromisos definitivos? No se pueden dar respuestas simplistas, pero sin duda que en ciertas regiones ha influido mucho el descenso de la fe y el hábito de una vida fácil y sin renuncias, de un ambiente “light” y medio paganizado, que forma voluntades frágiles y convicciones deleznables. Además, hoy muchas vocaciones vienen de familias destrozadas, con profundas carencias afectivas, con pobreza a veces inhumana que dificultan el equilibrio y la madurez indispensables. Pero el seguimiento de Cristo en la VC exige ir hoy “contra corriente” en muchos aspectos. Desde el primer momento de la formación hay que formar en los valores humanos y cristianos, como la verdad, la justicia, la solidaridad, la abnegación evangélica, la fidelidad, la convivencia fraterna...

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CAPÍTULO XI • De la teoría a la praxis

3. LA COHERENCIA EN JESÚS Esta es una de las facetas más fascinantes de la personalidad de Jesús, la perfecta coherencia entre sus palabras y sus obras. Este hecho no se ha repetido en ningún otro personaje de la historia. En todo hombre –por más santo que sea– siempre hay alguna rendija por donde se cuela el egoísmo, alguna “agenda oculta” que no se puede presentar en público. Cuando Jesús nos exhorta a perdonar, a ser pobres y misericordiosos, a amar a los enemigos, a dejar el padre y la madre por el Reino, a presentar la otra mejilla, a no poner el corazón en las cosas de la tierra, a amarnos de verdad unos a otros, a ser buen samaritano, a dar la vida por los amigos..., es porque Él ya lo vive. En ese fuego del amor incondicional es donde más se muestra el misterio de su divinidad, más que en las mismas curaciones y milagros. Es lo que más impresionaba a la gente: “lo que más había impresionado a la gente era su modo de enseñar porque hablaba con autoridad y no como los maestros de la Ley que tenían ellos” (Mt 7, 29). Es lo que descubrió Pedro y le sostuvo en un momento en que muchos vacilaban: “Sólo Tú tienes palabras de vida eterna”.

4. EL AMOR SE HA DE PONER EN LAS OBRAS San Ignacio en la famosa contemplación para alcanzar amor pone esta nota de realismo: “el amor se debe poner más en las obras que en las palabras” (230). No es que las palabras no puedan ser expresión del amor, pero lo que da garantía de autenticidad son las obras: “Obras son amores, que no buenas razones”. O como nos lo dice Juan: “Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios afuera, sino verdaderamente y con obras” (1 Jn 3, 18). Y Santiago nos advierte que no se le resuelve el problema al hambriento recomendándole que coma ni al desnudo diciéndole que se abrigue (St 2, 15-16). 215


Ser o no ser: la Vida Religiosa del siglo XXI

En los Institutos religiosos tenemos principios preciosos, expresados con profundidad teológica y con bellas palabras. Después del Concilio se han revisado todas las Constituciones y se ha cuidado mucho que describan de modo esmerado el Carisma. Pero no siempre los que tienen mejores Constituciones son los que se distinguen como mejores religiosos/as. Y dentro de un mismo Instituto se dan santos, sabios y mediocres. Lo que convence es la vida. En las Constituciones de los diversos Institutos lo que se propone es el ideal hacia el que hay que tender. Tienen frases profundas y estimulantes sobre la identificación y el seguimiento de Cristo, sobre el amor y la convivencia fraterna, sobre la entrega a los más necesitados. Sin embargo, un buen porcentaje de los miembros de algunos Institutos viven aburguesadamente y no se rigen en la práctica diaria por los criterios evangélicos. Esta conducta tiene relación directa con el grado de fe y de amor que vive la persona.

5. LOS TRES CAMPOS MÁS AMBIGUOS Hay algunos campos en que es más notable y escandaloso el desfase entre los principios y la praxis.

5.1 La fe y la vida El tema primero y fundamental es la coherencia entre la fe y la vida. Nuestra vida tiene sentido a partir de la fe y en proporción de la fe. Si no, es absurda. Pero esta fe no se queda en creer verdades, sino que abarca a toda la persona, “Es la donación de todo su ser al amor divino, que sobrepasa toda ley” (Rm 4-5 y 7-8; Ga 3). La fe conduce a desprenderse de una serie de bienes terrenos muy cotizables: familia, dinero, poder. Y lo curioso es que se hace con alegría. Esto sólo puede entenderse desde una profunda fe y de un amor apasionado a Cristo. Así anunciamos la primacía de 216


CAPÍTULO XI • De la teoría a la praxis

Dios y de los valores evangélicos y denunciamos lo que contradice la voluntad de Dios... para la construcción del Reino (VC 84, 85). En la práctica, especialmente en momentos críticos, se hace patente si nuestra vida práctica se apoya en la fe y seguimiento de Cristo y si buscamos exclusivamente el Reino, la opción por los pobres, la obediencia a la voluntad de Dios, la sencillez, la pobreza, la fraternidad; o más bien nos guiamos por ideales terrenos: éxito, realización personal, títulos, poder, alto nivel de vida... Hay grandes sectores de la VC que se rigen por los criterios de la fe; pero también hay grandes sectores cuya vida no se distingue mucho de la de aquellos que viven encorvados sobre la tierra, y no parece que lo que orienta su vida sea la perspectiva del más allá ni que vivan tan fascinados por la persona y el mensaje de Jesús. Claro que tienen fe, pero esta fe no tiene el mordiente necesario para impregnar todos los momentos de la vida. Y ahí es donde tiene lugar la incoherencia: por una parte nos comprometemos a un estilo de vida que supone un alto grado de fe (seguimiento de Cristo, votos, oración, comunidad) y por otra, estamos tan inmersos en nuestros quehaceres terrenos que nos olvidamos del sentido y del motivo por el que trabajamos. Ahora bien, la fe incluye también la justicia: fe y obras, fe y justicia, fe y obras de justicia. El servicio de la fe incluye como algo intrínseco la promoción de la justicia. No hay verdadero amor a Dios que no se exprese en el amor al hermano. La evangelización incluye el anuncio de que en Cristo está la salvación y también la promoción humana que comprende el progreso integral y la liberación de todas las esclavitudes. Todos los documentos de la Iglesia sobre VR insisten en la centralidad de Cristo y éste es el anhelo más profundo y universal

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manifestado en el Congreso de Roma: el de volver a las raíces y los cimientos, el de apoyar nuestra vida sobre la Roca que es Cristo. La mejor expresión de esta actitud es la unión de contemplación y acción. Pero no parece que se haya alcanzado de un modo general esta síntesis vivencial. Así nos lo dijo Mons. Rodé, Prefecto de la Congregación de Religiosos/as: “No se llega a realizar una síntesis satisfactoria entre vida espiritual y acción apostólica”. “La VC corre el peligro de incapacitarse para proclamar las sólidas bases o razones de fe y de esperanza que la inspiran y que deben animarla”2 (Congreso p. 277). No es preciso traer aquí textos de los diversos Institutos porque todos comienzan sus Constituciones declarando que es el amor y el seguimiento de Cristo lo que da sentido a la vocación de todos sus miembros. Y en todos aquellos que tienen vocación de vida activa el seguimiento de Cristo no es sólo identificación con su Persona, sino también acompañarle en su misión salvífica.

5.2 La pobreza Si hay algún principio recalcado en el Evangelio y recordado a lo largo de la historia es el de la pobreza. Los anacoretas y cenobitas del siglo IV pusieron el desprendimiento de los bienes temporales como el signo más característico del seguimiento de Cristo. Antonio Abad, Pacomio, Basilio vivieron con una austeridad espantosa y la exigieron a sus hermanos. Y al mismo tiempo tuvieron actos emocionantes de solidaridad con los pobres “heridos por el hambre”. Ha sido una constante de la Iglesia. La expansión rápida del cristianismo tuvo como razón la solicitud de la Iglesia por el hermano desdichado. Más de diez Concilios legislaron exigiendo ocuparse de los pobres. Y a los obispos se les 218


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exhorta a que reciban en su mesa a los pobres. En la Edad Media las grandes Órdenes religiosas como Cluny, el Cister, los Templarios estuvieron florecientes cuando eran pobres y comenzaron a relajarse cuando entró en ellas la abundancia de bienes. San Francisco de Asís –en un momento de decadencia de la Iglesia por razón de las riquezas y de un movimiento de “pauperismo” revolucionario–, quiere ir a los “minores” y vivir colgado de la Providencia del Padre. Vicente de Paúl organiza cofradías de caridad orientadas por “servidoras de los pobres”. En el s. XX cuesta pasar de la caridad a la justicia, la Iglesia estará al lado de los pobres, pero se alejará del mundo obrero3. La VR ha querido siempre vivir la pobreza-austeridad y hoy, de un modo especial, la pobreza-solidaridad. Hoy no se comprende el voto de pobreza sin esa dimensión social. En su historia ha habido vaivenes, momentos de mayor exigencia, otros de relajación, otros de renovación..., pero mirando al conjunto se puede afirmar que al principio la VC fue más austera y, al correr de los tiempos, se fue acomodando de acuerdo con el progreso material de la sociedad y la mayor facilidad de adquirir los bienes. Hoy ya no es ofensivo afirmar que en general los religiosos/as gozan de un buen nivel de vida. De muchos se puede decir que viven con austeridad y sencillez, pero de otros ciertamente, no. Y frente a la situación de pobreza de las grandes mayorías, su vida llama la atención por la seguridad, por la apariencia de sus obras institucionales4, su protagonismo, su poder, sus recursos del exterior. Encontrar comunidades en que se respira un aire de sencillez y austeridad, de semejanza con la vida de los vecinos pobres, cada vez abundan menos. Se dan grandes diferencias en el estilo de vida entre unos y otros: “Hay religiosas/os de todas las edades... profundamente insertadas/os en el pueblo; cuando otros se van, ellos se quedan arriesgando sus vidas, en muchos casos hasta el 219


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martirio, como signo de solidaridad radical con los excluidos”5. “Debemos promover una inserción real de nuestras comunidades entre el pueblo y dar espacio en ellas a los pobres”6. No es fácil encontrar la medida exacta porque en la vida entran varios elementos cambiantes como el nivel de vida de un país, la necesidad de formación y estudios, la salud, los medios apostólicos necesarios... Pero hay quienes han encontrado el camino. La medida exacta de cómo vivir hoy la pobreza, sólo se puede encontrar en la contemplación del Cristo pobre y en el contacto real con los pobres.

Lo que dicen las Constituciones En todas las Constituciones de todos los Institutos se dan principios y normas preciosas sobre la pobreza. Tomemos al azar algunos ejemplos:  “Amen todos la pobreza como madre”. “La pobreza, como firme muro de la religión, se ame y conserve en su puridad, cuanto con la divina gracia posible fuere”.  “Un estilo de vida sencillo que nos permita situarnos preferentemente entre los pobres, escuchar sus voces y dejarnos evangelizar por ellos”.  “Deseamos participar de la pobreza de Jesús..., signo de nuestra esperanza en los bienes eternos”. “Nuestra opción por los pobres nos exige que entremos en estrecha comunión con los pobres y los sirvamos como a Jesús”.  “Demos testimonio de pobreza colectiva en lo referente a edificios, instalaciones y mobiliario, atendiendo únicamente a lo que exige el fiel cumplimiento de la misión”. “Seamos auste220


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ras y sobrias en la comida, vestido, viajes, vivienda, expansiones y regalos”.  “Trabajemos con diligencia y cuidado para ganarnos el pan de cada día y compartirlo con los pobres”.  “Por el voto de pobreza nos obligamos a un estilo de vida sencillo y modesto, y renunciamos al uso independiente y libre disposición de los bienes temporales”. Se podrían traer otros muchos ejemplos. Pero hemos de reconocer que en muchos casos la vida real va por otros derroteros. Y ¿por qué hay tantas diferencias entre los religiosos/as en la vida de pobreza? En este campo tenemos una excelente ocasión de mostrar la coherencia entre la teoría y la praxis. Se nos invita a vivir la pobreza de espíritu o desprendimiento interior de todas las cosas y de nosotros mismos; la pobreza-austeridad personal y comunitaria en el uso de las cosas necesarias; y la pobreza-solidaridad o compromiso con los pobres.

5.3 Vida comunitaria Tal vez el capítulo en que es mayor el contraste entre los principios y la praxis se da en la vida comunitaria. El Congreso de Roma ha sido un lugar excepcional para recoger las experiencias mundiales de los últimos años, lo mismo que las inquietudes y los bloqueos que se dan en la vida comunitaria. Hay un clamor universal por vivir una auténtica vida de comunidad que surge de todos los continentes, de todos los religiosos/as, pero de un modo muy especial, de los jóvenes. Y, en contraste, una constatación dolorosa de que en muchos casos no se ha conseguido el ideal deseado. A veces ha sido por no

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tener ideas claras sobre qué clase de comunidad queremos, y muchos han hecho una mezcla entre lo antiguo y lo nuevo que no satisface a nadie. Y la consecuencia es que no se ponen los medios necesarios para un nuevo estilo basado en las relaciones personales. Otras veces es porque el trabajo es tan absorbente que no deja tiempo ni ganas para una convivencia gratificante. Sin desconocer los muchos casos en que se ha conseguido una comunidad de verdaderos hermanos/as y amigos/as en el Señor, parece que en la mayoría de las comunidades se contentan con llegar a una convivencia pacífica y a unas relaciones cordiales. Pero si no hay un conocimiento profundo de los compañeros/as y una comunicación fluida entre ellos que conduzca a una verdadera amistad, no se supera la soledad ni la indiferencia hacia el otro. Y entonces “la experiencia espiritual adquiere insensiblemente connotaciones individualistas. Se favorece, además, la mentalidad de autogestión unida a la insensibilidad por el otro, mientras lentamente se van buscando relaciones significativas fuera de la comunidad”7.

Lo que dicen las Constituciones Si leemos los documentos, se describe una vida ideal de fraternidad que suscita un sincero deseo de vivirla. Pero aquí es donde se da la mayor frustración. Recojamos algunas expresiones de diversas Constituciones:  “Deben ser capaces de una comunicación confiada y amistosa y de la discreción espiritual y apostólica en común”. “Las relaciones mutuas deben caracterizarse por la sencillez y la sinceridad..., el trato amistoso entre los compañeros..., la comunicación espiritual”.

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 “Crear en la comunidad un ambiente de paz y de libertad, de mutua comprensión y diálogo abierto”. “La comunicación sincera y abierta y la amistad leal, refuerzan nuestra unión”.  “Recrear el clima del cenáculo, de la Iglesia naciente..., para revivir con María, Madre de Jesús, una vida de oración y de comunión fraternal”.  “Nuestro estilo de vida quiere imitar el de los primeros cristianos que alrededor de María eran ‘un solo corazón y una sola alma’. “Buscamos la caridad por encima de todo otro carisma, ya que es el vínculo de la perfección”.  “Hemos de procurar, día tras día, realizar entre nosotras la concordia y la paz para tratar de imitar la unión suma y sustancial entre Jesús y su Padre”. “Que el mandamiento del Señor ‘que os améis los unos a los otros como yo os he amado’ se convierta en regla suprema de nuestra vida fraterna”.  “La comunidad trinitaria es el modelo que Jesús nos propone imitar en nuestras relaciones interpersonales”. “El diálogo comunitario... tiene como finalidad buscar el bien común, fomentar el intercambio y el conocimiento mutuos, favorecer las relaciones fraternas, discernir comunitariamente la voluntad de Dios y ayudarnos a crecer en caridad”.  “Somos una comunidad fundada en la fe, que vive en la esperanza y tiende a alcanzar la caridad perfecta”. “Queremos estar íntimamente unidas en el amor. Así damos testimonio del amor de Dios a nosotros/as los hombres y las mujeres”. No se puede negar que el ideal está muy alto y es muy hermoso. ¿Quién no se siente atraído por una vida tan maravillosa? Sin embargo, en el Congreso de VC de Roma fue unánime la voz de los 223


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jóvenes al decirnos que la vida comunitaria que les ofrecemos no les satisface. En el mismo Congreso se señalaron una serie de bloqueos que ponemos:  “Existe una tendencia a acentuar los ministerios individuales.”  “Urge la necesidad de promover los medios que favorecen la comunicación y que pueden capacitarnos para ir más allá de las diferencias”.  “Algunos viven solos, otros como si estuvieran en un hotel, no convencidos de la vida comunitaria”.  “La falta de madurez psicológica lleva a muchos a una incapacidad para vivir la corresponsabilidad y animar la vida comunitaria.”  “Uso exagerado de los medios tecnológicos actuales (TV, Internet, teléfonos móviles); estos llevan a aislar a las personas y a dañar la vida comunitaria”. “No quieren invertir el tiempo y asumir el proceso necesario para construir la comunidad”8.  “Cierta falta de compromiso comunitario, con escaso sentido de responsabilidad fraterna”.  “La excesiva cantidad de trabajo que aleja de lo esencial, que hace menos significativas las relaciones y desorienta”.  “A veces hay algunas dificultades a causa de la diferencia generacional9”. La teoría es muy clara y bella, pero la práctica tiene deficiencias notables que la ensombrecen. ¿No habrá posibilidad de romper con el pasado de una vida centrada en la “observancia regular”

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para entrar decididamente en el nuevo estilo de “relaciones personales de amistad en el Señor”?

Notas 1 Congreso de Roma. Pasión por Cristo, pasión por la humanidad, p. 277. Roma nov. 2004. Public. Claretianas. 2 Congreso de Roma, o.c., p. 277. 3 Cfr. RODRÍGUEZ S.I, Gabriel Ignacio. Historia de la opción por los pobres. Rev. CLAR, marzo-abril 2002. 4 Cfr. PALMÉS S.I, Carlos, La vida religiosa en AL p. 78. Ed. Verbo Divino 2005. 5 Congreso, o.c., p. 315. 6 Congreso, o.c., p. 318. 7 La vida fraterna en comunidad, n. 32 CIVCSVA. Roma 1994. 8 Congreso, o.c., p. 340. 9 Congreso, o.c., p. 333.

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