EL VOCERO / viernes, 27 de julio de 2012
La patria de Barbosa Mario Ramos Méndez Historiador
En el Alcorán no hay camellos. Mahoma como árabe estaba tranquilo: sabía que podía ser árabe sin camellos. — Jorge Luis Borges.
EL VOCERO / Archivo
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osé Celso Barbosa es considerado como el padre de la Estadidad. Por estudiar medicina en Michigan y conocer el sistema federalista, y, por otro lado, haber conocido el autonomismo español, tuvo la oportunidad de comparar ambos sistemas y ver en ellos similitudes, no contradicciones. Sin embargo, debemos significar, que los “cimientos del ideal estadista puertorriqueño se encuentran en el republicanismo español de la segunda mitad del siglo XIX cuyo principal ideólogo fue el federalista catalán Francisco Pi y Margal.” (Véase Gonzalo F. Córdova, El ideal estadista en Barbosa y Martínez Nadal). Por el parecido que veían en la estadidad con el autonomismo fue que líderes como Barbosa pasaron “sin esfuerzo del autonomismo español al autonomismo americano siguiendo en línea recta los principios que siempre había defendido”. (Véase Antonio S. Pedreira, Un hombre del pueblo: José Celso Barbosa). Lo sucedido en Puerto Rico también sucedió en Cuba. La patria podía llegar a puerto seguro a través de la Estadidad. El autonomismo español y sus características orgánicas guardan empatía política con el estado federado americano. Por el dominio interno de sus asuntos medulares en ambos sistemas puede afirmarse la voz lejana de nuestros antepasados que se manifiestan vitalmente en nuestro inconsciente colectivo. El historiador Rafael Rojas se pregunta: “¿Es posible hablar de un patriotismo e incluso de un nacionalismo autonomista o anexionista?” Mi respuesta es que sí, que la autonomía dentro de España al igual que la anexión a los Estados Unidos fueron salidas de las élites criollas al dilema del status de la soberanía que aspiraban, por medios legales, pacíficos, evolutivos y, en algunos casos, revolucionarios, a un fin no tan distinto que el del separatismo: construir en Cuba un estado nacional, legitimado por una cultura jurídica y política liberal, republicana y democrática.” (Véase su libro, Motivos de Anteo: patria y nación en la historia intelectual de Cuba). Revolucionarios, según Rojas, porque la Estadidad es una lucha titánica contra los caprichos de la metrópolis. La Estadidad, como claramente lo ha dicho Ramón Grosfoguel, “es la alternativa subversiva y no la Independencia. Ser estadista de ese modo es revolucionario, y esa lucha tiene que ser amplia e ir unida a las
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José Celso Barbosa fue un visionario. Tuvo la habilidad de extender la patria más allá de sus límites culturales y ubicarla, con personalidad propia, en el campo de los derechos civiles.
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luchas de los movimientos de derechos civiles en Estados Unidos.” (Véase su libro Colonial Subjects: Puerto Ricans in a Global Perspective). Barbosa planteó, consecuentemente, que su aspiración política es “la autonomía del Estado, no la autonomía de la colonia.” (Véase Pilar Barbosa del Rosario, El ensayo de la autonomía). Y vio en la Estadidad una manera de Independencia por la soberanía que disfrutan los estados federados de la Unión americana. La soberanía es gradual en los Estados Unidos; desde el gobierno federal, el estado federado, mediante los poderes que le otorga la Décima Enmienda, y las tribus indias. En los territorios la soberanía radica en el Congreso. Los principios establecidos por José Celso Barbosa en 1899 –cuando comienza de manera partidista su ideario– han seguido su curso histórico hasta el día de hoy. A Barbosa lo acompañó un grupo de puertorriqueños ilustres como José Gómez Brioso, José Gordils, Federico Degetau, Roberto H. Todd y Manuel F. Rossy, entre otros. Todos plantearon la Estadidad de una manera puertorriqueña. La interpretación que hicieron del sistema federal americano fue desde la óptica cultural puertorriqueña; por eso su nacionalísimo cultural en su discurso político al abogar por dicho ideal. Tenían la confianza, y el tiempo les dio la razón, que en el estado federado la nación cultural puertorriqueña podía ser reafirmada de manera libre y sin cortapisas por la soberanía política que disfrutan estos cuerpos políticos y por la soberanía cultural de la que pueden ser poseedores. Barbosa fue enfático “que ni el neoyorquino, ni el marilandés, ni el texano, tienen que sacrificar un ápice de su patriotismo local por el hecho de formar parte de la Nación americana, sin perjuicio de pensar y de sentir como neoyorquinos, marilandeses, y texanos en los que a Nueva York, Maryland y Texas interesa”. (Véase José Celso Barbosa, Orientando al pueblo). Lo que plantea Barbosa nos es otra cosa que la nación cultural dentro de la nación política. Además, veía en la cultura algo cambiante; como el río, que al pasar permanece en su perpetuo cambio. José Celso Barbosa fue un visionario. Tuvo la habilidad de extender la patria más allá de sus límites culturales y ubicarla, con personalidad propia, en el campo de los derechos civiles: “No solo es patria la tierra donde se nace. Nuestras libertades y derechos son patria también”. Sus ideas siguen siendo de actualidad. Y lo que dijo hace más de un siglo tiene plena vigencia hoy.