CUSCO: LA FUNDACIÓN SENTIMENTAL-PRIMER CANTO Gustavo Pérez Ocampo Mi ciudad fue creada -fatalidad o designiode las primeras gredas y milagros del mundo: tal es la brujería de su cielo y la rumorosa teoría de su paisaje… Pero, mi ciudad, es también el pecado mortal de Dios, porque en lugar de crear un alero jubiloso de cristal y alas, creó una ciudad de piedra ychachacomo, de sueños y tempestades; como quien dice: un canto –jaylly o jarawiprendido del pico de un cóndor… Mi ciudad es suave en los atardeceres, violenta en el reclamo de las guitarras, sabia a la hora de decidirse el alba, triste en las alas y los pañuelos, cándida en el alfabeto de los niños, sangrante como los adioses, remota como las nubes de Machupicchu, y presente como la dura eternidad de Sacsayhuaman. Así es mi ciudad. Y yo la recorro Del alba Al Ángelus, tocando el perfume de su aire; pisando la delicada hierba de sus arcanos; Dialogando con los fantasmas de sus viejos amautas y WillacUmus. El pan de mi ciudad sabe a tierra, quinua y lluvia, sus flores tienen nombres como relámpagos: Ñujchus,
Kantus I chinchircomos, Su música se mide por siglos de ventura y desconsuelo, por eso comparte la tristeza y la alegría del universo; las mujeres de mi ciudad gobiernan el amor tal la humedad gobierna el corazón de las semillas; el sol retoza en las calles de mi ciudad ocasionando asambleas de gente libertaria; ¡oh, la arquitectura de mi ciudad nada tiene que hacer con la geometría euclidiana; sí con la indescriptible matemática del misterio. I Yo, Del Angelus al fresco orto serrano camino por mi ciudad, su puñado de estrellas, su regalo lunar y su exacta forma de árbol Entris te ci do. En mi ciudad si es posible amar y olvidar y torcerle el cuello a los desengaños. y es que mi ciudad es ella sola; como mi corazón, y la áurea palabra que la nombra: CUSCO. Ahora sé que en el recodo de sus entrañas, crepita este himno de sal y campanas: Con el amor de mi ciudad es posible ser libre; Unica forma de hacer heroísmo un ministerio humano, Sola manera de entregar el corazón al viento; Cada vez que pienso en mi ciudad me siento un inca redivivo Oteador de Horizontes: en un rincón de mi ciudad me espera la muerte ¡Bendita sea ella!
63