Luis Gamero / Promperu
El dolor arguediano se entrama con la belleza del paisaje serrano de altura. Campesinas en la Laguna Pacucha, Andahuaylas.
Mariano tocaba (el arpa) recordando su valle, su pueblo nativo, adonde el sol se hundía, caldeando las piedras, mezclándose con el polvo, haciendo brillar las flores, las plumas de los pequeños patos del río, el vientre de los pejerreyes que cruzaban como agujas los remansos.” (Diamantes y pedernales). 3H WHSHIYH X\LJO\H puquio X\L KH UVTIYL H SH JHWP[HS de Lucanas ZPNUPÄJH ojo de agua manantial ,S KVTPUPV X\L [\]V (YN\LKHZ KLS X\LJO\H ` KLS JHZ[LSSHUV M\L [HS X\L JPLY[VZ LZ[\KPVZVZ LUJ\LU[YHU LS YP[TV KLS X\LJO\H KL[YmZ KL SH ZPU[H_PZ JHZ[LSSHUH LU YLHSPKHK \U T\UKV Z\WLYW\LZ[V HS V[YV V LU[YLTLaJSHKV JVU tS! “Desde las cumbres bajan cuatro ríos y pasan cerca del pueblo; en las cascadas, el agua blanca grita, pero los mistis no oyen. En las lomadas, en las pampas, en las cumbres, con el viento bajito, flores amarillas bailan, pero los mistis no ven. En el amanecer, sobre el cielo frío, tras el filo de las montañas aparece el sol; entonces, las tuyas y las torcazas cantan, sacudiendo sus alitas, las ovejas y los potros corretean en el pasto, mientras los mistis duermen, o miran, calculando, la carne de los novillos. Al atardecer el tayta Inti dora el 15