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Documentos fundacionales A fines del siglo XIX, en medio de un agudo conflicto entre la Iglesia y el Estado y de la progresiva secularización de la sociedad, el empeño de un grupo de prominentes católicos consiguió convencer al entonces Arzobispo de Santiago, Monseñor Mariano Casanova, de la necesidad de crear una universidad de la Iglesia. A partir de extractos de los principales documentos* relacionados con su fundación, es posible entender el espíritu que animó los primeros pasos de la Universidad Católica, hace 120 años.

El decreto de fundación Aunque en rigor sólo nombra a Joaquín Larraín Gandarillas como presidente de la comisión promotora que debía preparar la fundación de la universidad, este decreto firmado por el Arzobispo Mariano Casanova el 21 de junio de 1888 ha sido considerado históricamente como el decreto de fundación de la universidad. «Santiago, Junio 21 de 1888. Considerando: 1º Que una de las instituciones más recomendadas en todos tiempos por los Romanos Pontífices y de que tanto la Iglesia como el Estado reparten gran provecho, son las Universidades Católicas, en las cuales se enseñan los múltiples ramos del humano saber con la debida armonía entre las luces de la fe y de la razón y en donde, junto con procurar la instrucción del alumno, se cuida de su sólida institución en la piedad, buenas maneras y costumbres. 2º Que las Universidades Católicas son ahora especialmente necesarias, por cuanto en los establecimientos no dependientes de la Iglesia se omiten o se miran en menos los estudios religiosos y a más, en la enseñanza de los ramos

profanos, suele hacerse propaganda hostil a la religión. 3º Que por derecho divino es llamada la Iglesia a enseñar la verdad y mantener las buenas costumbres, lo que a fuerza de grandes sacrificios ha hecho y continúa haciendo en todas partes. 4º Que las Universidades Católicas son especialmente necesarias al clero, para obtener los grados canónicos exigidos por derecho en la colación de importantes beneficios eclesiásticos. 5º Que hasta ahora poco se ha podido hacer entre nosotros para llenar los deseos de Nuestro Santísimo Padre el Papa León XIII restableciendo en todo su vigor la enseñanza teológica, filosófica y física según la mente de Santo Tomas de Aquino, lo que por cierto se realizará en la universidad que proyectamos.

6º Que esta institución puede tener también la ventaja de completar la instrucción pública, estableciendo en ella cursos de estudios apropiados para carreras comerciales e industriales, que pongan a los hijos de familias no acomodadas en condiciones de ganar fácilmente el sustento de la vida. 7º Que, si de pronto no es posible establecer las varias facultades que debe abrazar la Universidad Católica, el modo práctico de llegar un día a tenerlas todas es el dar principio desde luego a la obra e ir a medida que vayan colectándose fondos, instituyendo ya uno ya otro curso de estudios, según fuere o más necesario o mas expedito 8º Que desde no pocos años hace, viene manifestándose por el clero y fieles el vivo deseo de tener, como en otras

naciones prósperas, una Universidad Católica, por lo cual es de esperar que no faltaran los recursos indispensables para su fundación y sostenimiento. Invocando el nombre de Jesucristo Nuestro Señor y bajo la advocación del angélico doctor Santo Tomás de Aquino, hemos venido a nombrar el Itmo. Obispo de Martirópolis, Señor don Joaquín Larraín Gandarillas, promotor de tan importante obra, para que, con nuestro acuerdo, estudie y prepare la fundación legal y canónica de la Universidad Católica de Chile; eleve a efecto desde luego la parte que fuere posible y por ahora más conveniente, agregando para que le auxilien en sus trabajos a los presbíteros don Ramón Angel Jara y don Alberto Vial y a los señores don Abdón Cifuentes y don Domingo Fernández Concha».

Discursos inspiradores El 8 de septiembre de 1988, Joaquín Larraín Gandarillas, fundador y primer rector y Abdón Cifuentes, cofundador, pronunciaron cada uno un discurso ante la Asamblea General en el Salón del Círculo Católico.

LARRAÍN GANDARILLAS

«Una Universidad Católica es, en primer lugar, una vasta escuela en que se cultivan y enseñan los diferentes ramos del humano saber, en armonía con esas verdades fundamentales que ha puesto fuera de discusión la palabra infalible de Dios. Una Universidad Católica es, además, un hermoso taller en que se educa al corazón y se forma el carácter de los jóvenes, y se les prepara para las diversas

carreras y exigencias de la vida social. Una Universidad libre es, por fin, una corporación que no vive del aliento ni de la inspiración oficial. La nuestra aspira al honor de deberlo todo a su propio y abnegado trabajo y a las simpatías que logran inspirar sus doctrinas, sus profesores y sus métodos. Y espero que no se apasionará sino por un ideal: el de trabajar con desinteresado celo por la difusión de las verdaderas luces y por la sólida educación de la juventud. Estas

grandes cosas encierran estas tres palabras: Universidad Católica libre. Estamos íntimamente convencidos de que una Universidad libre hará un gran bien a la enseñanza en Chile, y aun a la enseñanza oficial». ABDÓN CIFUENTES

«Es preciso fundar en una vasta escala y de una manera científica la enseñanza social del pueblo; es preciso abrir nuevos y variados horizontes a sus vocaciones de

actividad y trabajo, es preciso multiplicar los medios de ganar la vida a esos millares de jóvenes que serían perversos literatos, pero que pueden ser verdaderos genios en la industria. Menos compendios de enciclopedias ambulantes y más trabajo, menos retórica y más industria, menos sofistas y más ingenieros, menos teorías y más ciencias aplicadas; eso es lo que este país nuevo y laborioso necesita para acrecentar su riqueza, su prosperidad, su bienestar.»

*Recogidos del libro Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. 1888-1988 de Ricardo Krebs, M. Angélica Muñoz y Patricio Valdivieso. Ediciones Universidad Católica de Chile y de la Dirección de Archivo UC.


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III

Discurso en el aniversario de los 120 años de la Pontificia Universidad Católica de Chile

Un homenaje a la comunidad UC de todas las épocas RECTOR

Señoras y señores: Nos hemos reunido en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, nuestro Patrono, para conmemorar y celebrar el 120° aniversario de la creación de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Como nos enseña el Santo Padre Benedicto XVI: «En el lenguaje bíblico el “corazón” indica el centro de la persona, la sede de sus sentimientos y de sus intenciones. En el corazón del Redentor adoramos el amor de Dios a la humanidad, su voluntad de salvación universal, su infinita misericordia». Nuestra universidad nació animada por ese Amor. Su misma fundación y muchos acontecimientos de su historia son una expresión de amor: amor a Dios, amor a la Patria y amor a la Verdad. A su vez, Dios ha manifestado de muchas maneras su amor a nuestra comunidad universitaria pero, de un modo especial, mediante la bondad y sabiduría de las personas que han estado dispuestas a servirla y a promover y defender lo que ella encarna. Por eso la

DE

LA

PEDRO PABLO ROSSO PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA

festividad del Sagrado Corazón es tan central en nuestra vida universitaria, porque nos recuerda el misterio del amor de Dios por cada uno de nosotros y por la humanidad entera. Al recorrer con la mirada del corazón la historia de nuestra universidad, destacan en sus inicios la figura de nuestros fundadores. A ellos deseamos rendir homenaje de admiración y gratitud en la figura de Monseñor Joaquín Larraín, su primer rector. Sacerdote piadoso, culto y visionario, concibió la Universidad Católica como «una vasta escuela en que se cultivan y enseñan los diferentes ramos del humano saber» y «un hermoso taller en que se educa el corazón, y se forma el carácter de los jóvenes». Pero, quería además, que la nueva institución universitaria estuviera al servicio de Chile, contribuyendo «eficazmente al acrecentamiento del capital intelectual, del que necesita nuestra Patria… para llegar pronto a la meta de sus altos destinos». También recordamos con afecto

CHILE

y profunda gratitud a los rectores que continuaron la obra iniciada por Monseñor Larraín. Todos ellos fueron personas de grandes condiciones intelectuales y morales y, sin excepción, tuvieron que enfrentar situaciones muy complejas, derivadas de las transformaciones políticas y económicas del país. No obstante, con capacidad de liderazgo y sapiencia cristiana, fueron capaces de sortear esos obstáculos y permitir que la universidad pudiera crecer y desarrollarse sin comprometer su identidad, su unidad o misión fundacional. Gracias a esta acertada conducción, durante el siglo pasado la Universidad Católica alcanzó un nivel académico que la situó en el exiguo grupo de «universidades de investigación y doctorado» con las que cuenta Latinoamérica. Nuestro homenaje a los numerosos benefactores que ha tenido nuestra universidad. En primer lugar recordamos a quienes colaboraron financieramente para su puesta en marcha. Años más tarde, la misma actitud generosa y

Los primeros años

Recordamos con afecto y profunda gratitud a los rectores que continuaron la obra iniciada por Monseñor Larraín. (...) Gracias a esta acertada conducción, durante el siglo pasado la Universidad Católica alcanzó un nivel académico que la situó en el exiguo grupo de «universidades de investigación y doctorado» con las que cuenta Latinoamérica.

La mujer entra a la UC

Se inician las clases con diez profesores y 50 alumnos, adscritos a la Facultad de Derecho y a un Propedéutico en Matemáticas que después daría origen a Ingeniería y Arquitectura. Luego vendría la primera biblioteca y una importante inversión en laboratorios. Más adelante se construiría el Palacio Universitario, actual Casa Central.

Una iniciativa del rector Carlos Casanueva, aprobada por el Arzobispo de Santiago, derivó que en 1922 –época en que la mujer no tenía derecho a voto– ingresaran las primeras alumnas a la UC. Actualmente, más de la mitad de la matrícula de pregrado corresponde a mujeres.

1889 - 1912 1888

DE

1922 1918

Nace la UC

Alberto Hurtado ingresa a Derecho

A la luz del pensamiento del Papa León XIII –que exhortaba a los católicos a fundar universidades– se firma el decreto fundacional y monseñor Joaquín Larraín Gandarillas es nombrado primer rector. La nueva universidad nace con la misión de ser vir a Chile en la creación de capital intelectual.

San Alberto Hurtado estuvo íntimamente ligado a la UC. Estudió en esta universidad, colaboró con la fundación de la Facultad de Teología y fue nombrado profesor en Psicología, Pedagogía y Derecho. Murió en el Hospital Clínico en agosto de 1952. En 1996 se implementó la Beca Padre Hurtado, beneficio que permite a jóvenes meritorios cursar su carrera gratis. A la fecha, ésta ha favorecido a más de mil estudiantes.

PONTIFICI A UNI V ER SIDA D C ATÓLIC A

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Hoy queremos recordar y homenajear también a la comunidad universitaria UC de todas las épocas. Los miles de académicos, estudiantes y funcionarios que durante estas doce décadas han querido y servido a la Universidad Católica o se han formado en sus aulas. Todos y cada uno de ellos son parte la fecunda historia de amor que hoy celebramos. Una comunidad fiel a los valores universitarios de respeto mutuo, idealismo y compromiso con el bien común.

comprometida permitió financiar la construcción del entonces llamado Palacio Universitario, hoy nuestra Casa Central. En el contexto de las realidades sociales, políticas y económicas del Chile de ese tiempo, esta obra era de una envergadura colosal. El apoyo generoso a nuestro proyecto universitario continuó por el resto del siglo y se mantiene en el presente. Mediante esta fuente, tan noble e indispensable, la universidad pudo financiar proyectos emblemáticos como la primera Biblioteca Central, el primer gimnasio, la antigua sede de la Facultad de Ingeniería, la creación de la Facultad de Medicina y, posteriormente, la construcción del Hospital Clínico. Donaciones más recientes, de cientos de ex alumnos y amigos de la universidad y de algunos importantes benefactores, han hecho posible crear la Fundación Juan Pablo II, habilitar el Centro de Extensión, financiar Becas Padre Hurtado, construir diversos edificios de la Facultad de Ingeniería y poner en marcha la Fundación Copec-UC. Hoy queremos recordar y homenajear también a la comunidad universitaria UC de todas las épocas. Los miles de académicos, estudiantes y funcionarios

que durante estas doce décadas han querido y servido a la Universidad Católica o se han formado en sus aulas. Todos y cada uno de ellos son parte la fecunda historia de amor que hoy celebramos. Una comunidad fiel a los valores universitarios de respeto mutuo, idealismo y compromiso con el bien común. Ella tiene como su más excelso representante a San Alberto Hurtado, un santo que estudió y enseñó en nuestros claustros y promovió la idea de que la Universidad Católica debía ser: «El cerebro del país, el centro donde se investiga, se planea, se discute cuanto dice relación al bien común de la nación y de la humanidad». Este concepto inspirador mantiene para nosotros plena vigencia. Queremos reconocer y agradecer también el gran aporte que han hecho a la universidad todas sus instituciones afiliadas y las miles de personas vinculadas a ellas. En su conjunto, representan una oferta educativa singular por su calidad, diversidad y proyecciones sociales. A todas ellas nuestro más cordial saludo. Juan de Dios Vial Correa, mi querido e ilustre antecesor, decía que es imposible escribir la historia de Chile en el siglo XX sin mencionar a la Uni-

versidad Católica. Nadie puede discutir la validez de esa afirmación. Desde sus mismos inicios nuestro ateneo ha sido un factor gravitante de progreso y bienestar para la sociedad chilena, tanto por las personalidades, acontecimientos y corrientes de pensamiento vinculadas a ella, como por su labor educativa y sus aportes a las artes, al conocimiento y a las políticas públicas. Pero, sin lugar a dudas, la mayor contribución al progreso y bienestar de Chile que ha hecho y continúa haciendo la Universidad Católica es el trabajo de sus ex alumnos. Suman decenas de miles y están presentes en todas las fibras de nuestro tejido social, en todos los ámbitos y latitudes de la Patria: en las escuelas, en el parlamento, en las organizaciones gremiales, en grandes y pequeñas empresas, en equipos de salud ubicados en zonas remotas, en los municipios, en las iniciativas solidarias, en la vida consagrada... Ellos están construyendo un país mejor. En su gran mayoría de manera silenciosa, entregando algo tan virtuoso y esencial para el progreso y el bien común como es un trabajo honesto y bien realizado. Todos son hijos de esta Alma Mater que encuentra en ellos su razón

Vínculo pontificio

Se inaugura el Hospital Clínico UC

Tras intensas gestiones del rector y del arzobispo de Santiago, un rescripto del Papa Pío XI erigió canónicamente a la UC. Esta acción reconoció la importancia de la universidad para la sociedad y la Iglesia, y estableció un vínculo jurídico con la Santa Sede, que le concedió los privilegios que gozan este tipo de instituciones.

Esta obra marcó el inicio de un decisivo proceso de desarrollo y expansión de la Facultad de Medicina. En la actualidad, este hospital universitario se ha convertido en un centro de alta complejidad y en el núcleo de la facultad, la que a su vez cuenta con la principal red de salud universitaria del país. Profundamente comprometida con Chile, es la primera institución médica privada en cuanto a prestaciones catastróficas y a cobertura a pacientes por Fonasa.

1930 1923

Inauguración de la capilla de Casa Central Monseñor Casanueva aprovechó esta ocasión para consagrar la universidad al Sagrado Corazón de Jesús. Respondiendo a las oraciones del rector, ese año la UC recibe la primera subvención fiscal por acuerdo del congreso.

1939 1937

1940

Se funda el Club Deportivo

La primera FEUC

Una veintena de estudiantes, apoyados por el rector Casanueva, funda el Club Deportivo. Las disciplinas oficiales fueron: atletismo, básquetbol, voleibol, fútbol, tiro al blanco y natación. El primer clásico universitario fue en junio, cuando el equipo de fútbol debutó profesionalmente en un partido de segunda división ante la Universidad de Chile.

La federación asumió tareas de bienestar estudiantil, festividades, publicaciones, debates y, más tarde, la reforma universitaria. El primer presidente fue José Piñera Car vallo, militante de la Falange Nacional.


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de ser y se alegra cuando dan testimonio de servicio abnegado, integridad y espíritu emprendedor. El proyecto que en 1888 parecía una quimera, hoy es una apasionante realidad. La Universidad Católica ha logrado la fortaleza académica propia de un gran centro universitario, es ampliamente reconocida y respetada internacionalmente y sus aportes al conocimiento la sitúan entre las instituciones líderes de Iberoamérica. Sobre la base de este auspicioso presente, nos hemos propuesto nuevas metas de excelencia y desarrollo académico. Deseamos continuar enriqueciendo nuestra oferta educativa, fortalecer la capacidad de investigar y de formar doctores, como también de expandir nuestras vinculaciones con la sociedad, particularmente con el sector productivo y en el ámbito de las políticas públicas. Demandó más de un siglo de esfuerzo continuo alcanzar el perfil de una institución académicamente desarrollada. Pero esa tarea no ha concluido y no concluirá nunca, porque el conocimiento se expande constantemente y transforma al mundo. Soy un convencido que el sello de las universidades líderes radica en gran medida en la capacidad

Esta Universidad puede aportar significativamente a la construcción de un país más próspero, pero también más justo y solidario. Queremos que en Chile florezca una sociedad fundada en el respeto a la dignidad de las personas y sus derechos inalienables. Un país que crezca armónicamente en su ser y en su tener.

de innovar, de generar cambios o de asimilarlos precozmente. Nuestro destino, por lo tanto, está definitivamente ligado a convivir siempre en la tensión creativa que demanda el tránsito entre la realidad actual y aquella que nos hemos propuesto alcanzar. Esa actitud de vigías y pioneros, siempre atentos al cambio y dispuestos a emprender nuevos caminos, es una virtud que debemos cultivar, porque constituye nuestro mejor seguro para un futuro que se presenta cambiante y complejo. La historia nos enseña que cuando las universidades se cierran al cambio, ya sea por desorientación, intereses mezquinos o autocomplacencia, se condenan a la languidez de un academicismo estéril, que las hace socialmente irrelevantes. En un país como el nuestro, joven y aún inseguro con respecto a la senda hacia un futuro mejor, nuestra universidad tiene la oportunidad y, por lo mismo, la responsabilidad de asumir asertivamente un liderazgo intelectual, poniendo al servicio de la causa superior de transformar a Chile en una nación auténticamente desarrollada, todos los conocimientos que cultiva y su capacidad de investigar en un amplio

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rango de disciplinas. Nuestro país necesita resolver múltiples problemas en el ámbito del desarrollo social, incluyendo la situación de las familias, la salud, la vivienda, la educación, la planificación urbana y territorial, la marginación social… En cada uno de estos desafíos nuestra universidad tiene mucho que entregar. Al mismo tiempo, Chile debe cambiar las bases de sustentación de su economía, lo que implica poner en marcha un dinámico sistema nacional de innovación. Esto involucra incrementar la capacidad de generar conocimientos para innovar y agregar valor a los productos. En otras palabras, tenemos el gran desafío de transformarnos en una economía del conocimiento. Esta universidad puede aportar significativamente a la construcción de un país más próspero, pero también más justo y solidario. Queremos que en Chile florezca una sociedad fundada en el respeto a la dignidad de las personas y sus derechos inalienables. Un país que crezca armónicamente en su ser y en su tener. Por lo tanto, la «tercera misión» que nos hemos propuesto, debe constituir el próximo gran capítulo en la historia de nuestra universidad. Hago esta

El Papa visita la UC «¡Viva el Papa. Viva el Papa!», se escuchaba en la Alameda ese 3 de abril. Ante unas mil personas, Juan Pablo II llamó ‘benemérita’ a esta universidad y exhor tó a los presentes a «ensanchar y consolidar una corriente de solidaridad que contribuya a asegurar el bien común». Ese mismo día se creó la Fundación Juan Pablo II que a la fecha ha financiado los estudios de 400 jóvenes.

Inauguran el campus San Joaquín Experimentos con la televisión Un aparato de 50 watts permitió realizar las primeras transmisiones. En agosto de 1959, el canal de la universidad inició oficialmente sus operaciones desde los estudios de calle Lira 40. En 1962 afrontó con éxito las transmisiones del Mundial de Fútbol. Había nacido Canal 13. 1954

Los primeros edificios fueron los de Ingeniería. Con los años, el grueso de las facultades se mudaría al nuevo campus, que hoy ha llegado a convertirse en una verdadera ciudad universitaria con 506.000 metros cuadrados de terreno y 141.488 metros cuadrados construidos.

1987

1966 1956

1968

Se firma el convenio con la Universidad de Chicago

La reforma universitaria

En 1955, profesores de la Universidad de Chicago llegaron hasta la UC para dar los primeros pasos de una alianza con la Escuela de Economía y Administración. Este convenio permitió a unos 50 chilenos –más tarde conocidos como los ‘Chicago boys’– realizar sus postgrados en la prestigiosa escuela estadounidense, lo que no sólo tendría consecuencias en la enseñanza de la disciplina, sino que también sería decisivo en la modernización económica chilena.

En medio de un clima de agitación estudiantil, el Consejo Superior aprueba el proceso de cambio iniciado al interior de la UC. En lo académico, se mejora la relación de alumnos por profesor. También surgen 14 institutos vinculados a disciplinas básicas o científicas, las escuelas se concentran en su función profesional y se organizan centros interdisciplinarios.

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afirmación convencido, además, que en las décadas venideras, la vitalidad de una institución universitaria dependerá en gran medida de su capacidad de interactuar con todas las instancias de la sociedad organizada. Debemos avanzar hacia ese desafiante objetivo fortaleciendo todo lo que nos otorga identidad y especificidad. En primer lugar, los vínculos de cariño y respeto que sustentan a nuestra comunidad universitaria. Para aportar al desarrollo de una sociedad más humana, debemos comenzar por nosotros mismos. Todos quienes trabajan o estudian en la universidad necesitan vivir una experiencia enriquecedora de vida comunitaria, la que nace en un encuentro de hermanos, que sienten amor y responsabilidad hacia el otro y hacia los demás. Debemos cultivar un espíritu de comunión que, en último término, es un encuentro con Dios, que actúa a través de cada uno de nosotros. Avanzar por esta senda e infundir ese espíritu en nuestro proyecto educativo puede ser una de nuestras contribuciones más significativas a la tarea de evangelizar la cultura. También, es necesario fortalecer nuestra capacidad de estudiar el fenóme-

no humano, lo que involucra una mejor comprensión de la historia, de la cultura y, en general, de todas las realidades y dinámicas sociales de nuestra nación y de la humanidad. Esos conocimientos son necesarios para interpretar nuestro pasado, comprender el presente y colaborar en el diseño de una sociedad más sensible a las necesidades y derechos de las personas. Debemos aproximarnos a esta tarea desde una perspectiva interdisciplinaria, evitando miradas reduccionistas a la persona humana. Finalmente, en nuestra institución la búsqueda de la verdad debe adquirir una mayor centralidad. La diaconía de la verdad, que nos ha encargado tan encarecidamente la Iglesia, involucra una búsqueda sin límites de nuestra realidad física y espiritual. «El bien de la persona consiste en estar en la verdad y en realizar la verdad», nos enseñaba Juan Pablo II. La cultura de las últimas décadas ha perdido claridad con respecto al vínculo esencial entre verdad, bien y libertad. Por lo tanto, ayudar a la sociedad chilena a redescubrir ese vínculo es prestarle el mayor de los servicios. Quisiera finalizar diciéndoles que la clave de nuestro futuro radica en nosotros mismos y en el acervo de nuestras

Se abren las licenciaturas generales

Llegan los primeros alumnos de intercambio

Similar al sistema nor teamericano, este modelo ofrece un plan de estudios integral, con currículos abier tos y flexibles que permite combinar ramos de distintas facultades. A la fecha existen tres programas, los cuales abrieron 165 vacantes en marzo de 2007.

Con 37 extranjeros se inició el programa de intercambio, que actualmente recibe a más de 1.200 alumnos y envía a más de 400 estudiantes UC por semestre a los cinco continentes. Los destinos preferidos son Estados Unidos, España, Italia y Alemania.

2006

1990 1988

tradiciones y valores más que en la gestión de los recursos que podamos obtener. Me refiero a nuestra vocación de servicio, unida a una actitud genuinamente universitaria: que valora la vida intelectual, que aprecia la originalidad, abierta a toda la verdad, que respeta la dignidad de las personas y desea anteponer el bien común a los intereses individuales. Si queremos lograr grandes metas para nuestra universidad es necesario que nos propongamos grandes sueños, como lo hicieron nuestros predecesores, pero, por sobre todo, debemos anhelar que la centralidad del amor de Cristo y su fuerza transformadora animen siempre a nuestra comunidad universitaria. Sólo con esa ayuda desde lo más alto, ella podrá cumplir plenamente su misión de educar mentes y corazones, ser un lugar de encuentro de fe y razón e infundir vida y esperanza en la sociedad chilena. Que el Señor Jesús y su Santa Madre nos mantengan con paso firme por esa senda y sostengan nuestros espíritus cuando las fuerzas flaqueen. Deseamos caminar in Christi lumine, en la luz de Cristo, para iluminar con ella a todo Chile. Muchas gracias.

2003

El cardenal Ratzinger en el centenario de la UC

Se crea el programa UC - Empresa

A instancias del rector Juan de Dios Vial, la UC desarrolló un amplio programa de actividades para celebrar su centenario. En ese contexto nos visitó el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, hoy el Papa Benedicto XVI.

Esta iniciativa, que busca transferir los conocimientos y la tecnología desarrollada al interior de la universidad hacia el sector empresarial, se inicia con la puesta en marcha de la Fundación Copec-UC. Esto marcaría el inicio de un decisivo vínculo de la UC con el sector productivo.

La clave de nuestro futuro radica en nosotros mismos y en el acervo de nuestras tradiciones y valores más que en la gestión de los recursos que podamos obtener. Me refiero a nuestra vocación de servicio, unida a una actitud genuinamente universitaria.


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VII

Conmemoración de los 120 años de la Pontificia Universidad Católica de Chile Como parte de las celebraciones de estas 12 décadas, se realizó un concierto de gala donde se estrenó la obra In Christi lumine, de Alejandro Guarello, compuesta especialmente para la ocasión. Junto con el acto conmemorativo, donde el rector se refirió al aporte de la comunidad UC al país a lo largo de su historia, se inauguró una muestra que exhibe obras que son parte del patrimonio artístico de la universidad.

DECANOS:

CULTURA: Alejandro Guarello y la

Francisco Rosende, de Ciencias Económicas y Administrativas, junto a Erika Himmel, de Educación.

ministra de Cultura, Paulina Urrutia.

PATRIMONIO ARTÍSTICO:

Samuel Fernández, decano de Teología; Luz María Williamson; monseñor Andrés Arteaga, vice gran canciller, y el rector Pedro Pablo Rosso.

CONVERSACIÓN:

Francisco Rosende; Juan Emilio Cheyre, director del Centro de Estudios Internacionales, e Ignacio Irarrázaval, Director de Asuntos Públicos.

MUNDO POLÍTICO:

José Pablo Arellano y Hernán Larraín.

PROFESORES: Patricio Bernedo, director del Instituto

de Historia, Beltrán Mena y Angélica Bulnes. RECTORES EMÉRITOS: Fernando Castillo, Jorge

Swett y Juan de Dios Vial Correa.

EX ALUMNO: Jorge Matetic; Francisca Alessandri,

vicerrectora de Comunicaciones y Asuntos Públicos, y Paulina Volz, subdirectora del Programa de Bachillerato.

FAMILIA: Gloria Montenegro y Claudio

Barros, junto a dos de sus nietos.

ENCUENTRO: El nuncio apostólico, monseñor

Giuseppe Pinto; Pedro Pablo Rosso; Mary Rose Streeter y Fernando Castillo.

EN EL CONCIERTO: Pilar Risopatrón y

DESTACADOS: Francisco Claro, Rafael Guilisasti y Juan de Dios Vial Correa.

Francisco Matte, director general de Desarrollo Institucional.

PONTIFICI A UNI V ER SIDA D C ATÓLIC A

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CHILE


1888 2008 Pontificia Universidad Católica de Chile 120 años en el corazón de Chile

Edición especial: 120 años UC  

120 años UC Discurso del rector Línea de tiempo Documentos fundacionales

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