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editorial

La batalla contra el cambio climático, desde la universidad Chile es considerada una de las diez naciones más afectadas por el cambio climático –según las condiciones de vulnerabilidad definidas por la ONU– y, por lo mismo, se convertirá en los próximos meses en el centro de las miradas en lo que a este fenómeno se refiere. Somos un país con realidades geográficas y climáticas diversas, y hemos sido testigos de los efectos de este fenómeno. Ejemplo de ello son los aluviones en el norte, que se han producido por la intensificación de las lluvias, y en la zona central y sur, el cambio en los patrones de precipitación que están provocando preocupantes períodos de sequía. Chile será sede de la cumbre del cambio climático, la vigésimo quinta Conferencia de las Partes, más conocida como COP25, cuyo objetivo será revisar los avances en la implementación de los acuerdos anteriores e impulsar políticas para cuidar y proteger a nuestro planeta. En este contexto de búsqueda de soluciones y de elaboración de fórmulas sustentables, las universidades tienen un papel clave, por ser creadoras de conocimiento. La investigación que en ellas se realiza debe permitirnos avanzar hacia un desarrollo humano sostenible. Como instituciones formadoras debemos dar el ejemplo e implementar soluciones innovadoras en nuestros propios campus, desde el ámbito de nuestra competencia –la docencia, la investigación y la creación–, disminuyendo nuestro propio impacto en el planeta e instaurando en nuestra comunidad una cultura de “ecología integral”. Una ecología que, como señalara el Papa Francisco, incluya no solo la En este contexto de búsqueda sustentabilidad en términos de nuestro entorno, sino que también considere la economía, las de soluciones y de elaboración condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, cuyo centro sea la persona. El Papa ha dicho: “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja de fórmulas sustentables, crisis socioambiental (LS, 139). las universidades tienen un En este marco, la UC está fuertemente comprometida con la acción climática. Desde distintos ámbitos de acción hemos asumido la responsabilidad del liderazgo y estamos trabajando para papel clave, al ser creadoras de que la cultura de la ecología integral sea un pilar transversal en nuestro quehacer. En esta tarea nuestros centros científicos de excelencia, la red de centros y estaciones regionales conocimiento. La investigación participan de la UC –desde Alto Patache a Puerto Williams–, la Cátedra de Sustentabilidad, la Dirección que en ellas se realiza debe de Artes y Cultura, la Dirección de Transferencia y Desarrollo, y la Oficina de Sustentabilidad, muchas otras entidades. permitirnos avanzar hacia un entre Además, acogiendo la invitación del Papa Francisco respecto del cuidado de nuestra casa común, desarrollo humano sostenible. y buscando la coherencia entre lo que pensamos, enseñamos y hacemos, hace algunas semanas anunciamos nuestra propuesta de avanzar hacia la “carbono-neutralidad”, poniéndonos como meta el año 2038. Es un desafío exigente, pero creemos que es preciso dar el primer paso. Así apoyamos también la iniciativa país de ser “carbono-neutral” el año 2050. Al interior de la universidad ya hemos tomado una serie de medidas orientadas a reducir el impacto de nuestra operación diaria –recambio en luminarias, sistemas de reciclaje e incentivo del uso de modos sustentables de transporte, entre otras acciones– y estamos trabajando en una estrategia de sustentabilidad que nos permita cumplir, por cierto, con este ambicioso reto. Este número de Revista Universitaria, especialmente dedicado al cambio climático, es uno más de los aportes que como Universidad Católica hacemos a la reflexión y al conocimiento en torno a esta temática, que afecta a nuestro planeta, y cuya solución concierne a toda la sociedad.

Ignacio Sánchez DÍAZ Rector


contenidos

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6 La apuesta por el planeta

42 Aprender a “habitar” el mundo: Vidas desechables

POR FRANCISCA REYES

Las COP o Conferencia de las Partes ya suman 25 con la chilena. Algunas hicieron historia por sus logros y otras dejaron frustrados a sus gestores. Entre unas y otras, los compromisos concretos han avanzado.

www.uc.cl/es/revista-universitaria

Comité editorial

12 Enfrentar el cambio climático: Miedo, no. Cooperación, sí

Vicerrectora de Comunicaciones Paulina Gómez Lorenzini

Los científicos han hecho su parte. Ahora son necesarias otras disciplinas, como el diseño, para identificar las narrativas que inspiren a las personas a cambiar.

48 Los desafíos de Chile POR Revista Universitaria

El país tiene siete de las nueve características que la Convención Marco de las Naciones Unidas establece para ser una nación vulnerable a los impactos del cambio climático.

POR ELIANA ROZAS

Como personalidad internacional relacionada con las estrategias económicas para abordar el cambio climático, la neozelandesa Suzi Kerr –invitada a la COP25–, detalla en esta entrevista una serie de medidas necesarias, a distinto nivel, para avanzar hacia un mundo de cero emisiones.

Directora de Comunicaciones Verónica Guarda Poblete

Director Revista Universitaria Miguel Laborde Duronea

Directora creativa Soledad Hola Jacob

60 ¿Vorágine legislativa ambiental? POR DANIELA RIVERA

En el escenario de la COP25, varias iniciativas legales de contenido ambiental se están discutiendo en el país. Aquí se revisan algunos proyectos que nos darán ciertas pistas del pulso legislativo en este campo.

Editora general

Daniela Farías Gontupil

Asesora de contenidos Carolina Loyola Estay

Periodistas

Ana Callejas Bustos Ana María Bolumburu Baile Maximiliano Monsalves Riquelme Carlos Oliva Vega Carlos Reyes Barría Antonieta Sánchez Squella Virginia Soto-Aguilar Cortínez Rafael Zanetta Benguria

Colaboración

Paula Brown Negre Paulina Valenzuela Gerlach

Diseño

Fernanda Ulloa Budinich María Inés Vargas de la Paz

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Es tiempo de decisiones: mis huellas en la Tierra POR SEBASTIÁN VICUÑA

El autor describe el escenario en que nos encontramos, todavía a tiempo para tomar medidas de mitigación y de adaptación ante la nueva realidad planetaria.

Redacción

Casa Central, Av. Libertador Bernardo O’Higgins 340, Piso 3 Santiago, Chile Teléfono: 22354 2777 Email: runiversitaria@uc.cl

Venta publicidad Teléfono: 22354 2777

Impresión A Impresores

Las opiniones vertidas en los artículos no representan forzosamente el pensamiento de la Pontificia Universidad Católica de Chile o de la Revista Universitaria y son responsabilidad exclusiva de sus autores / ISSN 0250-3670 / ©Pontificia Universidad Católica de Chile, 1996|Prohibida su reproducción / Revista Universitaria es citada: ULRICH, International Periodicals Directory /

En este proyecto se trabaja por motivar a las nuevas generaciones, a través de la formación, para construir una mentalidad ecológica y social.

24 El daño ambiental tiene su precio Por Juan Pablo Montero

En la batalla por detener la agresión humana contra el planeta Tierra, el instrumento de precios es una poderosa herramienta.

Magdalena Cobo Valdivieso

Luis Barriga Abarca César Cortés Dellepiane Karina Fuenzalida Barraza

Una educación transformadora LUIS MANUEL FLORES.

Gestión y producción Fotografía

64 Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima:

70 La generación del cambio está aquí Por Ana Callejas y Paulina Valenzuela

30 Relatos sustentables:

Una muestra de algunos jóvenes que cuentan aquí su perspectiva sobre el cambio climático y cómo lo enfrentan en sus comunidades.

“Lo que más puedo” POR PAULA BROWN

Científicos y visionarios, hace ya medio siglo, comenzaron a advertir la necesidad urgente de cambiar los sistemas de vida y de producción humanos.

36 Revertir el cambio climático: todavía es posible POR PABLO MARQUET

La evidencia científica es contundente: el calentamiento global ha sido provocado por el hombre y este tiene un enorme impacto sobre el funcionamiento del planeta.

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La Tierra de todos Por TOMÁS SCHERZ, PBRO.

La encíclica Laudato si’ del Papa Francisco, a cuatro años de su publicación. FOTOgrafía PORTADA

Oficina Salitrera Agua Santa (I región, Chile) Guy Wenborne AGRADECIMIENTOS

Guy Wenborne

fotografía GUY WENBORNE

María Elena Boisier Pons Alejandro Carrasco Rozas Luis Hernán Errázuriz Larraín Francisco Gallego Yáñez Ignacio Irarrázabal Llona Eliana Rozas Ortúzar

POR MARTÍN TIRONI


fotografĂ­a RAWPIXEL

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revista universitaria


Una

apuesta por el

planeta En las COP o Conferencia de las Partes la comunidad internacional, al alero de la ONU, se reúne a negociar y discutir acciones para enfrentar el cambio climático y alcanzar consensos que se plasmen en acuerdos. La evolución del sistema de gobernabilidad climática global requirió de años de preparación, de pequeños bloques que se fueron construyendo y que tuvieron su punto cúlmine en el Acuerdo de París. ¿Qué tanto se ha logrado y cuáles son las expectativas para la COP25? Por FRANCISCA rEYES

FRANCISCA REYES. Es académica del Instituto de Ciencia Política, de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política de la UC. Es cientista política de la UC y doctora en Relaciones Internacionales por la Fletcher School of Law and Diplomacy, Universidad de Tufts, Boston, Estados Unidos. También es máster en Derecho y Diplomacia de la misma universidad.

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an pasado 25 años desde la entrada en vigor de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC, por sus siglas en inglés), el 21 de marzo de 1994. La misma edad que tienen muchos de mis alumnos que egresarán de sus carreras este año, y parece un tiempo prudente para preguntarse sobre los avances reales de esta apuesta por la conservación del planeta. Lo primero que hay que reconocer es que la convención sigue estando al centro de los esfuerzos internacionales para abordar el riesgo que el fenómeno del cambio climático representa para las personas y las economías del mundo. Significa esto que, como cantaba Gardel, “¿25 años no es nada?” o, por el contrario, que como constataba Lampedusa, en El Gatopardo, “¿todo ha cambiado para que nada cambie en realidad?”.

El llamado régimen de cambio climático, es decir, el conjunto de principios, normas, reglas y procedimientos para la toma de decisiones de los Estados en esta área particular de política internacional, circunscrita al cambio climático, evolucionó sustantivamente con la firma, durante la COP21 (2015), del Acuerdo de París. Este reemplazó al histórico Protocolo de Kioto, firmado en 1997 (COP3) y cuya entrada en vigor esperó casi 10 años (COP11, 2007).

Si bien el Acuerdo de París, al igual que Kioto, establece de manera centralizada el objetivo general de limitar el aumento de la temperatura media global por debajo de los 2 ºC, hay tres cambios fundamentales entre ambos instrumentos que marcan una evolución notable del sistema de gobernabilidad climática y que vale la pena destacar. En primer lugar, el Acuerdo de París establece ciclos de 5 años, en los que cada una de las naciones firmantes se compromete a realizar un esfuerzo individual de reducción de emisiones, sin distinguir niveles de desarrollo, a través de una contribución nacional determinada de manera autónoma e independiente (INDC). Los miembros del Acuerdo de París (184 países a la fecha) acordaron así terminar con la histórica dicotomía entre los países desarrollados y los en vías de desarrollo, en términos de sus responsabilidades y roles en la problemática del cambio climático. Esto marcó una evolución notable en el concepto de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”, uno de los temas más complejos del acuerdo. En segundo lugar, para verificar los progresos de cada Estado y, por cierto, el cumplimiento de sus obligaciones libremente asumidas con los INDC, las partes establecieron un mecanismo de transparencia con la obligación de acordar y comunicar públicamente sus INDC. Así, el Acuerdo de París propone un enfoque bottom up, en términos de la fijación de la contribución que cada país hará a la problemática global, y un sistema de cumplimiento anclado en la transparencia y la evaluación de pares que, de funcionar, transformaría completamente el modo de operar del régimen internacional de cambio climático.

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Evolución y revolución

Una convención para conservar la vida en la Tierra Aquí un breve resumen de algunos de los hitos de la trayectoria de las COP. Por Revista Universitaria.

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Berlín Alemania

Ginebra Suiza

Kioto Japón

Buenos Aires Argentina

Bonn Alemania

La Haya Holanda

Conferencia del Cambio Climático, marzo, 1995

Conferencia del Cambio Climático, julio, 1996

Conferencia del Cambio Climático, diciembre, 1997

Conferencia del Cambio Climático, noviembre, 1998

Conferencia del Cambio Climático, octubre, 1999

Conferencia del Cambio Climático, noviembre, 2000

El resultado fue el “Mandato de Berlín”, que estableció una fase de análisis y evaluación de dos años. Esta se transformó en un catálogo de instrumentos que los países miembros podían elegir, de acuerdo a las iniciativas que se ajustaran a sus necesidades climáticas.

Se estableció que los países miembros no seguirían soluciones uniformes. Cada nación sería libre de emprender las acciones más relevantes para su situación concreta. Las partes también expresaron el deseo de establecer objetivos vinculantes a mediano plazo.

En esta conferencia se adoptó el Protocolo de Kioto. Por primera vez se introdujeron objetivos vinculantes para las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), en 37 países industrializados, de 2008 a 2012. Entró en vigor el 16 de febrero de 2005.

Se discutieron varios puntos que no habían sido clarificados en el Protocolo de Kioto. Por lo tanto, se programó un periodo de dos años para aclarar y desarrollar herramientas de aplicación de este documento.

Esta conferencia estuvo dominada por el debate técnico sobre los mecanismos del Protocolo de Kioto y su aplicación práctica en las partes.

Se hizo evidente la incertidumbre sobre las sanciones que se adoptarían para las naciones que no cumplieran sus obligaciones en la reducción de emisiones. La reunión se terminó cuando los países de la UE rechazaron una propuesta de compromiso y las negociaciones fracasaron.


Los miembros del Acuerdo de París (184 países a la fecha) acordaron terminar con la histórica dicotomía entre los países desarrollados y los en vías de desarrollo, en términos de sus responsabilidades y roles en la problemática del cambio climático. En tercer lugar, también marca una evolución notable respecto a su predecesor al proponer una visión más completa y compleja del vínculo que existe entre cambio climático y la seguridad humana, la seguridad alimentaria, la pobreza y el desarrollo sostenible, incluyendo en su preámbulo el concepto de derechos humanos (es el primer acuerdo ambiental multilateral en hacerlo). Lograr esta importante evolución del sistema de gobernabilidad climática global requirió de años de preparación, de pequeños bloques que se fueron construyendo en sucesivas COP, y que tuvieron su punto cúlmine en la capital francesa, pero fundamentalmente requirió de una revolución en términos de procedimientos de negociación multilateral, la que fue liderada por la Presidencia Francesa de la COP21 a cargo del ex Primer Ministro francés, Laurent Fabius. Él emplazó a las partes a desarrollar un proceso de negociación inclusivo y altamente transparente, que finalmente permitió retomar las confianzas y lograr un acuerdo que muchos dudaban que fuera posible.

La importancia de fracasar De cierta manera, el Acuerdo de París no puede entenderse sin el fracaso de la COP15 de Copenhague (2009). La experiencia de la primera COP que intentó formalmente la titánica tarea de diseñar y aprobar un nuevo acuerdo jurídicamente vinculante sobre el clima enseñó que las negociaciones de último minuto, entre unos pocos jefes de Estado, no tenían la legitimidad necesaria para lograr un convenio aceptado por todos. El rol de Estados Unidos y la Unión Europea en esa discusión (en la que participaron también India, Brasil, Sudáfrica y China a puerta cerrada) fue duramente cuestionado por el resto de los países miembros, especialmente los en vías de desarrollo, que habían sido excluidos de ella. Estas críticas explican que el acuerdo propuesto no fuera votado en la sesión plenaria y que las partes solo acordaran “tomar nota” de él. Copenhague (COP15, 2009) marcó así un duro momento para las negociaciones del clima: por un lado no pudieron ser resueltas las históricas diferencias en temas claves, como lograr compromisos de reducción de emisiones para todos, y cooperación para los países más pobres; y por otro, se profundizó un periodo creciente de cuestionamiento sobre quién y cómo se estaban tomando las decisiones, lo que no solo restó credibilidad al proceso, sino que también alejó visiblemente la posibilidad de lograr acuerdos sustantivos en los temas contingentes. Así, Copenhague marcó un punto de inflexión tras el cual lentamente las partes fueron introduciendo modificaciones al procedimiento de negociación que explican y permiten el logro de París. En la COP17 de Durban (2011), por ejemplo, fue

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Bonn Alemania

Marrakech Marruecos

Nueva Delhi India

Milán Italia

Buenos Aires Argentina

Montreal Canadá

Nairobi Kenia

Conferencia del Cambio Climático, julio, 2001

Conferencia del Cambio Climático, octubre, 2001

Conferencia del Cambio Climático, octubre, 2002

Conferencia del Cambio Climático, diciembre, 2003

Conferencia del Cambio Climático, diciembre, 2004

Conferencia del Cambio Climático, diciembre, 2005

Conferencia del Cambio Climático, noviembre, 2006

Conferencia extraordinaria que desarrolló los puntos sin acuerdos de la sesión anterior, sobre todo aquellos relacionados con las sanciones.

En esta sesión se completaron las negociaciones sobre el Protocolo de Kioto. Los resultados se recopilaron en los “Acuerdos de Marrakech”. El trato estableció que las actividades comerciales y económicas mundiales debían tender a elevar los niveles de vida, por medio de la utilización óptima de los recursos naturales.

En esta conferencia los países de la UE intentaron sin éxito que se aprobara una declaración, exigiendo más acciones de las partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Se adoptó la Declaración Ministerial de Delhi.

Esta asamblea se centró en clarificar los últimos detalles técnicos del Protocolo de Kioto, entre otros relevantes aspectos. Se llegó a acuerdo en definiciones y modalidades para la inclusión de actividades de forestación y reforestación. Milán es reconocida como la COP de los bosques.

En esta reunión, los países iniciaron debates sobre lo que sucedería cuando el Protocolo de Kioto terminara, en 2012.

Fue el primer encuentro tras la entrada en vigor del Protocolo de Kioto. La reunión anual entre las partes de la COP se complementó con la reunión anual del Protocolo de Kioto. Al igual que en Buenos Aires, ambas asambleas se centraron en lo que debería suceder tras la finalización del Protocolo de Kioto en 2012.

Se respondió a las últimas cuestiones técnicas sobre el Protocolo de Kioto. Continuaron los intentos de llegar a un acuerdo para el periodo posterior a este encuentro y se estableció una serie de hitos para dicho proceso.

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Cita clave. El Acuerdo de París marcó un hito en varios aspectos en la historia de las COP. Uno de ellos fue proponer una visión más completa y compleja del vínculo que existe entre el cambio climático y la seguridad humana, la seguridad alimentaria, la pobreza y el desarrollo sostenible. Además, incluyó en su preámbulo el tema de los derechos humanos.

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fotografía iisd / kiara worth

propuesto por primera vez el modelo INDABA de negociación, el que fue luego importado a la COP21. Este sistema de negociación está inspirado en un método de consulta tradicional de las tribus zulu y xhosa de Sudáfrica, y busca incorporar a la comunidad en un proceso inclusivo de participación para resolver temas claves. La particularidad del método es que, si bien las reuniones están abiertas a todos, el poder de decisión está limitado al grupo de líderes, quienes previamente han escuchado todos los puntos de vista de los miembros de la comunidad. Los franceses lideraron parte importante de esta revolu-

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ción procedimental. Durante la COP20 de Lima, Perú, trabajaron codo a codo con la presidencia peruana para involucrar a los ministros de cada país en el conocimiento y negociación misma del acuerdo, a través de reuniones ministeriales sucesivas. Así, se desechó para siempre el esquema de unos pocos jefes de Estado negociando acuerdos lejos del escrutinio y participación pública. A esto se sumó la innovación francesa de mantener la responsabilidad del texto final del acuerdo en los miembros de la COP, con los ministros teniendo que involucrarse en el arduo y a veces tedioso trabajo de revisar un texto lleno de “corche-

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Bali Indonesia

Poznan Polonia

Copenhague Dinamarca

Cancún México

Durban Sudáfrica

Doha Qatar

Varsovia Polonia

Conferencia del Cambio Climático, diciembre, 2007

Conferencia del Cambio Climático, diciembre, 2008

Conferencia del Cambio Climático, diciembre, 2009

Conferencia del Cambio Climático, noviembre, 2010

Conferencia del Cambio Climático, noviembre, 2011

Conferencia del Cambio Climático, noviembre, 2012

Conferencia del Cambio Climático, noviembre, 2013

Esta reunión es reconocida como la “hoja de ruta de Bali” y su importancia para permitir negociaciones sobre el futuro del régimen climático, incluido un acuerdo posterior en 2012. Aquí se reconoce el informe más reciente del IPCC y sus conclusiones de que los signos del calentamiento global son inequívocos.

Se propone un programa estratégico sobre transferencia de tecnología, como un paso para aumentar el nivel de las inversiones en la transferencia de esta índole, con el fin de ayudar a los países en desarrollo a atender a sus necesidades de tecnologías ecológicamente racionales.

Se produjo el Acuerdo de Copenhague. Este mantiene el objetivo de que la temperatura global no suba más de dos grados centígrados. Respecto del momento en que las emisiones deberán alcanzar su máximo, solo se dice que “lo antes posible” y no se establecen objetivos para 2050.

Se creó el Fondo Verde para el Clima, en el cual se estableció un monto de cien mil millones de dólares cada año, a partir de 2020, para que países con menores recursos puedan aplicar medidas contra el cambio climático.

Culminó con la aprobación de una hoja de ruta para un tratado mundial, como exigía la Unión Europea, que obliga a comprometerse a los grandes contaminadores: China, Estados Unidos y la India. El acuerdo también incluyó la puesta en marcha del Fondo Verde para el Clima.

En la conferencia se logró el acuerdo conocido como Puerta Climática de Doha, y que prorroga hasta 2020 el periodo de compromiso del Protocolo de Kioto, que expiraba aquel año. Este alargue tuvo obligaciones para muy pocos países (UE, Australia, Noruega y Croacia) y se ausentaron Rusia, Japón y Canadá.

La asamblea concluyó con una resolución para alargar el periodo de compromiso del Protocolo de Kioto hasta 2020; pero algunos de los países más contaminantes como Estados Unidos, China, Rusia, Japón o Canadá no se sumaron.

Fuentes: Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, 1992. / United Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCCC). / Cumbre 2019 Acción Climática, https://www.un.org/es/climatechange/. Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Colombia. / El Mercurio.

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tes” que indicaban una innumerable lista de temas e incluso frases y palabras, pendientes de negociar. Este proceso fue lento y difícil, pero permitió que las partes asimilaran la responsabilidad colectiva del éxito o fracaso de la negociación, reestableciendo las confianzas y el sentimiento de pertenencia del proceso, lo que en parte importante permitió el Acuerdo de París.

COP25: Uniendo el pasado con el futuro Mucho ha cambiado en estos 25 años de negociaciones climáticas, lo suficiente como para no pensar en la novela de Lampedusa. La evolución del régimen internacional de cambio climático es sustantiva en términos de procesos y procedimientos. A ella se superpone una reconfiguración profunda en términos de actores. Por un lado, Estados Unidos ya no es el emisor número uno de gases de efecto invernadero (GEI) –en 2005 fue superado por China– lo que le da a otros miembros como la UE, India y Brasil (tercero, cuarto y quinto en emisiones mundiales, respectivamente) la posibilidad de transformarse en líderes. Por otro lado, la tecnología, precio y capacidad de las energías renovables han modificado dramáticamente las posibilidades para países y empresas, las que en muchos casos han redefinido radicalmente su perspectiva de lo que significa hacer negocios en el contexto del cambio climático y, por ende, su compromiso y participación con el proceso. Lo anterior, sumado a la creciente conciencia ciudadana de la relevancia y urgencia del fenómeno del cambio climático,

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La COP25 representa un “salto al futuro” al dar oficialmente por cerrada la era del histórico Protocolo de Kioto, para abrazar en gloria y majestad la era de París, cuyo destino depende ahora del esfuerzo y compromiso de todos y cada uno de nosotros. han detonado un nuevo escenario en el que, si bien los Estados siguen siendo parte fundamental del proceso de negociación e implementación de los acuerdos, están lejos de ser los únicos. Incluso en algunos casos no son los actores más importantes. Así, la agenda de la COP25 es, por un lado, un déjà vu: terminar las negociaciones de los temas pendientes. Particularmente relevante es el artículo 6 y la forma en que los países informarán sobre el uso de los Resultados de Mitigación Transferibles Internacionalmente. Ese artículo implica resolver –o al menos manejar– las históricas diferencias que nos han acompañado estos 25 años. Por otro lado, representa un “salto al futuro” al dar oficialmente por cerrada la era del histórico Protocolo de Kioto, para abrazar en gloria y majestad la era de París, cuyo destino depende ahora del esfuerzo (INDC suficientemente ambiciosas) y compromiso de todos y cada uno de nosotros. Ojalá podamos decir en diciembre las mismas palabras que dijo Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la CMNUCC, en la clausura de la COP21: we must, we can and we did. ¡Buena suerte!

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Lima Perú

París Francia

Marrakech Marruecos

Bonn Alemania

Katowice Polonia

Santiago Chile

Conferencia del Cambio Climático, diciembre, 2014

Conferencia del Cambio Climático, noviembre, 2015

Conferencia del Cambio Climático, noviembre, 2016

Conferencia del Cambio Climático, noviembre, 2017

Conferencia del Cambio Climático – diciembre, 2018

Conferencia del Cambio Climático – diciembre, 2019

El texto final de la conferencia invitó a los países a incluir un financiamiento, junto con los compromisos de reducción de emisiones que cada parte firmante de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático debía presentar a la ONU, antes de octubre de 2015.

Se materializó el Protocolo de Kioto que se propuso como meta lograr que el aumento de la temperatura media, a finales de siglo, se quede entre los 1,5 y 2 ºC. Nació el Acuerdo de París en el que se estableció que todos los países deberían alcanzar un techo en sus emisiones de gases de efecto invernadero lo antes posible.

Todos los países presentes firmaron la llamada “Declaración de Marrakech”, que los compromete a seguir trabajando en la línea del Acuerdo de París. La “Visión de Marrakech” involucró a los países con objetivos ambiciosos, como conseguir el 100% de su energía de fuentes renovables entre 2030 y 2050.

Se impulsó la Alianza de Marrakech para la Acción Climática Global (2016), con el fin de proporcionar una hoja de ruta que permita acelerar los esfuerzos realizados por la sociedad civil para afrontar el cambio climático en el período 20172020. Además, hubo acuerdos en el cuidado de los océanos, agricultura sustentable y apoyo a las comunidades indígenas.

Se acordó el “Paquete de Katowice”, especie de manual de procedimientos u hoja de ruta para la operatividad de la lucha contra el cambio climático, incluido en el Acuerdo de París. Se confirmó la falta de ambición requerida para afrontar el cambio climático.

Será la última parada hacia la entrada en vigor del Acuerdo de París en 2020. Se le ha nominado la “cumbre azul” por el especial énfasis en los océanos (áreas protegidas, basuras, biodiversidad). Otros temas que se debatirán son: la Antártida, las energías renovables, la economía circular, los ecosistemas y la biodiversidad.

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Fotografía CÉSAR CORTÉS


Enfrentar el cambio climático:

Cooperación, sí Suzi Kerr, economista jefe de Environmental Defense Fund, se refiere en esta entrevista a los cambios que, desde ya, deben impulsarse a nivel global, nacional y hasta personal, para alcanzar el objetivo de cero emisiones. “Esto no tiene por qué ser una tragedia”, afirma optimista. Por ELIANA ROZAS Fotografías KARINA FUENZALIDA

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ste año debió trasladarse desde su Nueva Zelanda natal a Nueva York, para asumir como economista jefe del Environmental Defense Fund (EDF), una organización sin fines de lucro que promueve soluciones eficaces a los problemas medioambientales. Durante mucho tiempo se desempeñó en Motu, un instituto dedicado a la investigación en políticas públicas de su país. Y desde 2018 es miembro de Interim Climate Change Committee, un consejo asesor del gobierno neozelandés para impulsar una economía cero emisiones, que es su foco de trabajo. Sus movimientos son una demostración palpable de que los desafíos del cambio climático no reconocen fronteras; y por eso, a fines de año Suzi Kerr se moverá una vez más: estará en Chile durante la COP 25. Con la experiencia que la transforma en un referente, antes de iniciar ese viaje, responde nuestras preguntas. —¿Cuáles son los principales desafíos, en términos económicos y políticos, que la lucha por la mitigación del calentamiento y el cambio climático trae consigo? —La tecnología ya no es el mayor obstáculo: podemos reducir las emisiones con la tecnología existente. Las innovaciones continuas bajarán los costos y ayudarán a llegar a emisiones bajas, nulas o negativas, pero, respecto de la escala global y el largo plazo del problema, los humanos no hemos evolucionado para pensar en esos términos, encontramos difícil imaginar soluciones, y eso puede llevar a una parálisis, a sentirnos impotentes. Lo cierto es que detener el cambio climático no tiene que involucrar grandes costos económicos, aunque es cierto que toda transformación significativa implica ganadores y perdedores, y que el miedo a perder de la gente es desproporcionado respecto de la realidad. Allí donde habrá pérdidas que afecten a grupos particulares, en especial si ya son vulnerables, necesitamos encontrar soluciones. Muy a menudo, aquellos que son más sensibles a las transformaciones son los más afectados por el cambio climático mismo, por lo que ellos quieren detenerlo. Por otra parte, algunos actores poderosos que se enfrentan a grandes pérdidas en el corto plazo pueden tener una influencia política desproporcionada, pero no se les puede permitir bloquear las soluciones. —¿El problema de las emisiones y sus efectos en el calentamiento es una manifestación de lo que Hardin describió

como “la tragedia de los comunes”, donde el interés individual y la actuación racional son capaces de afectar un recurso compartido, aunque a nadie conviene su destrucción? —Sí, esta es la naturaleza básica del problema. Sin embargo, esto no tiene que ser una “tragedia”. Nos enfrentamos al mismo desafío en muchos aspectos de nuestras vidas y nos las arreglamos para cooperar a través de lazos de confianza, de políticas y de instituciones. Por eso, es importante que entendamos por qué la gente rehúsa actuar. Situar el problema en la moralidad no siempre es útil, porque las buenas personas pueden tener toda la intención, pero aun así tener dificultades para marcar una diferencia. Suzi Kerr está convencida de que una institucionalidad robusta para lograr una correcta administración de los recursos comunes (la atmósfera en este caso), al modo en que lo concibe la premio Nobel de Economía Elinor Ostrom, puede contribuir a detener el avance del problema: “Las personas pueden cooperar y sabemos acerca de las situaciones en que facilitan y sostienen la cooperación. Estas son las condiciones que debemos crear a un nivel global, nacional y entre sectores e individuos. Necesitamos distinguir entre acciones buenas y malas, para premiarlas o castigarlas”.

Un liderazgo que mire más allá de las encuestas —¿Qué clase de “virtud” exige el desafío del cambio climático a los gobiernos y a los parlamentos? —Necesitamos que provean liderazgo y respondan a las demandas de los jóvenes y de otros en ese mismo sentido, lo cual requiere pensar más allá de las encuestas y de los ciclos electorales. También, que trabajen con aquellos del sector privado que están interesados y dispuestos a avanzar, para, en conjunto, encontrar soluciones, identificar barreras para la inversión en bajas emisiones que solo pueden ser eliminadas por el gobierno y apoyar políticas para mayores cambios. Es necesario que cuenten con una buena asesoría acerca de los reales efectos económicos de las políticas medioambientales y resistan a la presión de los intereses poderosos que se oponen al cambio por razones egoístas. —¿Y qué rol corresponde a los consumidores? —Los individuos pueden cambiar sus patrones de consumo. Viajar menos, caminar, andar en bicicleta o en transporte público, usar vehículos eléctricos; comer menos carne roja;

“Detener el cambio climático no tiene que involucrar grandes costos económicos, aunque es cierto que toda transformación significativa implica ganadores y perdedores, y que el miedo a perder de la gente es desproporcionado respecto de la realidad”. 14 revista universitaria


“Creo que la gente más pobre del mundo no debería cargar con la responsabilidad del cambio climático causado por otros, ni con el costo de detenerlo. Tampoco creo que necesiten hacerlo. Las oportunidades más significativas para mitigarlo entregan cobeneficios significativos, particularmente los relativos a la salud a consecuencia de un aire más limpio”. usar menos electricidad; instalar paneles solares en los techos. Elegir estilos de vida con menos consumo: ¡más música, arte, familia, comunidad y amistad; menos viajes y cosas! Para avanzar hay que enfocarse en visiones de un futuro positivo, donde la gente prospere en un clima estable, en lugar de motivar a través del miedo. —¿Pueden las tendencias nacionalistas que emergen en distintos países ser un obstáculo para abordar este problema? —Es difícil saberlo, pero ciertamente son una distracción. Debemos dejar de plantear la acción como enfocada en conservar modos de vivir. Hay que evitar pedirles a distintas personas que usen las mismas soluciones y hay que permitir la flexibilidad. Si la solución está presentada de forma positiva y no como un costo, sino con un foco en la búsqueda de un mejor futuro local, puede ser congruente con el nacionalismo. ¡Yo siempre soy optimista!

Descarbonizar rápido —¿Qué es posible esperar respecto del desafío climático sin el compromiso de actores como China y Estados Unidos? —Necesitamos que los gobiernos chino y norteamericano apoyen la descarbonización rápida, como todos los demás. Requerimos hacer progresos donde podamos, mientras paralelamente rechazamos acciones negativas y nos preparamos para futuras oportunidades. —¿Los distintos niveles de desarrollo obstaculizan el logro de las metas internacionalmente propuestas para evitar el incremento de las temperaturas, dado que se suele ver la demanda por la disminución de las emisiones como una imposición de los países desarrollados? —Personalmente creo que la gente más pobre del mundo no debería cargar con la responsabilidad del cambio climático causado por otros, ni con el costo de detenerlo. Tampoco creo que necesiten hacerlo. Las oportunidades más significativas para mitigarlo entregan cobeneficios significativos, particularmente los relativos a la salud a consecuencia de un aire más limpio. —A su juicio, ¿la limitación del crecimiento es un camino para la sostenibilidad y, sobre todo, para enfrentar el cambio climático?

fotografía MOTU ECONOMIC AND PUBLIC POLICY RESEARCH

—Limitar el crecimiento material entre aquellos que ya son ricos, sí, pero no limitando nuestra habilidad para cumplir con las necesidades de todos los seres humanos para vivir una vida digna y gratificante. La mayoría de la investigación actual muestra que la satisfacción humana está relacionada solo en parte con el crecimiento económico. Las relaciones y la conexión con el mundo natural aportan mucho a esa satisfacción. Los pueblos originarios tienen mucho que ofrecernos en encontrar maneras de pensar acerca de qué nos puede llevar a vivir vidas satisfactorias.

Nuevos líderes. “Necesitamos que provean liderazgo y respondan a las demandas de los jóvenes y de otros en ese mismo sentido, lo cual requiere pensar más allá de las encuestas y de los ciclos electorales”, opina Suzi Kerr.

—Su país aparece como un gran ejemplo en cuanto a políticas públicas indígenas. ¿Qué pueden aportar los pueblos originarios a la consideración del capital natural? —En Nueva Zelanda, la cultura maorí ha permeado la forma en que muchos neozelandeses piensan y en el modo en que funcionan nuestras instituciones. Sobre todo, desde 15


No queda tiempo. La experta afirma que el daño que ocurrirá durante nuestras vidas, como resultado del cambio climático, y que afectará a los niños, es suficiente justificación de los costos de acciones agresivas de corto plazo.

“Parte del daño no es reversible y el valor de lo que se ha perdido no es reemplazable. Si el daño es inevitable, o evitarlo es extremadamente caro, la “compensación” a través de restauración o protección de recursos similares ayuda, pero nunca es una sustitución perfecta en estos casos. Evitar los daños debería ser considerado en primer lugar”. la segunda mitad del siglo pasado, cuando el renacimiento maorí empezó y, especialmente, con la creación del tribunal Waitangi. En mi opinión, esto ha sido un aspecto crítico en guiar nuestros enfoques sobre la valoración del capital natural. Los maoríes han tenido roles cada vez más importantes en el gobierno de los bienes naturales y están aprendiendo gradualmente cómo usar esa creciente influencia de manera eficiente. Pero todavía tenemos mucho camino por recorrer. —El de la valoración económica del capital natural es un tema sobre el que usted ha escrito. ¿Qué paradigmas propios de la economía de libre mercado deben, a su juicio, ser revisados en el contexto de la cuestión medioambiental, respecto de la toma de decisiones? —No confiarse en las cuantificaciones; mirar varios indicadores; conseguir un equilibrio en la manera en que son considerados. La distribución importa, no se trata solo de sumar beneficios. El proceso también importa, por sí mismo 16

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y como una manera de lidiar con temas complejos que requieren un juicio balanceado. Deberíamos tomar en cuenta todas las consideraciones que sean relevantes al tomar decisiones: sociales, culturales, medioambientales y económicas. Queremos que la economía sea fuerte para sostener el bienestar de las personas, pero no tiene valor por sí misma. —¿Es suficiente la herramienta de la compensación, como se ha hecho tradicionalmente, respecto de los proyectos que afectan un patrimonio natural? —Parte del daño no es reversible y el valor de lo que se ha perdido no es reemplazable. Si el daño es inevitable, o evitarlo es extremadamente caro, la “compensación” a través de restauración o protección de recursos similares ayuda, pero nunca es un reemplazo perfecto en estos casos. Evitar los daños debería ser considerado en primer lugar. —Concretamente, desde un punto de vista económico, ¿cómo opera en la toma de decisiones presentes la consideración del valor del patrimonio natural respecto del futuro? —En mi opinión, el daño que ocurrirá durante nuestras vidas como resultado del cambio climático, y que afectará a los niños que amamos, es suficiente justificación de los costos de acciones agresivas de corto plazo. Mientras antes actuemos, más eficientes en cuanto al costo serán nuestras acciones. Llegar a cero emisiones (o a emisiones negativas) es difícil en la actualidad, pero probablemente se volverá más factible en las próximas décadas. Esto no debería detenernos para actuar ahora. Pero no creo que este sea el mayor obstáculo para la acción. De hecho, nuestra preocupación por nuestros descendientes es muy fuerte en relación con la preocupación por otros seres humanos que viven hoy, pero lejos de nosotros. Yo sí creo


“En Nueva Zelanda, la cultura maorí ha permeado la forma en que muchos neozelandeses piensan y en el modo en que funcionan nuestras instituciones. Sobre todo, desde la segunda mitad del siglo pasado, cuando el renacimiento maorí empezó y, especialmente, con la creación del tribunal Waitangi”. que no actuamos de manera racional como individuos y sociedades si enfrentamos los problemas que producen miedo o incluso aparecen como amenazas existenciales como si no estuviéramos obligados a responder.

Un modelo de cooperación climática: ¿también para Chile? Hace años Suzi Kerr trabaja en un modelo para la cooperación climática que ha sido bautizado como climate team y que surge de la conciencia de que las emisiones son acumulativas y de que para detener el calentamiento es necesario reducirlas globalmente a cero. Consiste en un acuerdo entre un pequeño grupo de gobiernos cooperativos. “Algunos países, los ‘anfitriones’ –explica–, tienen oportunidades significativas para reducir sus emisiones netas en el corto plazo, pero no los recursos para hacer esas reducciones rápidamente; otros, los ‘asociados’, tienen recursos, pero sus oportunidades a corto plazo son más limitadas. Si los unimos, podemos acelerar la disminución de emisiones”. Aunque reconoce que no es un sistema apto para todos los países, está segura de que puede funcionar para un número significativo de ellos. —Si un país con la capacidad de generar una disminución superior al NDC (Contribución Nacional Determinada, por sus siglas en inglés) puede “vender” a otros que son parte del grupo, a cambio de un pago garantizado contra entrega, ¿cómo evitar que el sistema no constituya un desincentivo a la mitigación de aquellos que “compran”? —Chile no debería vender su mitigación adicional a un precio bajo. Cuando negocie, debería asegurarse de que el acuerdo beneficie a Chile y saber cuánto está dispuesto a pagar el país comprador. Si el costo de financiar mitigación adicional en Chile está cotizado realistamente, no será atractivo para otros países comprar toda su mitigación en lugar de tomar acciones domésticas. Solo comprarán mitigación cuando esta se vuelva realmente cara internamente. Quienes pagan impuestos se preguntarán por qué el país está enviando todo el dinero hacia afuera, en lugar de invertirlo en el interior. Esto es así particularmente cuando los ciudadanos son conscientes de que cada país necesita descarbonizar su economía. —Colombia cuenta con un programa nacional para la transacción de cuotas de emisión de gases de efecto in-

fotografía PXHERE.COM

vernadero, y entiendo que usted ha trabajado con equipos de ese país para el desarrollo de un climate team, en el que teóricamente podría participar Chile. ¿Por qué Chile podría ser un actor? —Sí, hemos estado hablando con Colombia acerca de la idea de un climate team. En el corto plazo no creemos que Chile será parte de él. Cada team tiene solo un país anfitrión que vende mitigación adicional, pero también varios países asociados que trabajan con él y compran esta mitigación. En el corto plazo, estamos pensando que Chile podría ser un país anfitrión en su propio climate team y que Nueva Zelanda y otros tendrían que trabajar con Chile. Dentro de una década o algo así, mientras Chile continúe desarrollándose, podría estar en posición para apoyar la transición de Colombia de una manera más firme, siendo un socio en un team colombiano.

Conectarse con la naturaleza. “Los pueblos originarios tienen mucho que ofrecernos en encontrar maneras de pensar acerca de qué nos puede llevar a vivir vidas satisfactorias”, asegura Suzi Kerr.

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fotografía GUY WENBORNE

SEBASTIÁN VICUÑA. Es profesor de la Facultad de Ingeniería y director del Centro de Cambio Global, ambos de la UC. Es autor principal del quinto informe del IPCC, en el capítulo sobre Impactos del Cambio Climático en Centro y Sudamérica. Es ingeniero civil ambiental de la UC. Además, es magíster en Políticas Públicas, magíster en Ingeniería Civil Ambiental y doctor en Ingeniería Civil Ambiental, todos por la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos. 18

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Es tiempo de decisiones:

mis en la Tierra

Si ando en auto o en bicicleta. Si uso bolsas plásticas o reciclables. Si como carne o soy vegetariano. Si cuido el agua o la desperdicio. Son pequeñas elecciones que tienen grandes consecuencias. El momento global en el que nos encontramos, con el cambio climático en pleno desarrollo, nos obliga a enfrentarlo por dos vías: a través de medidas de mitigación y de adaptación. Chile no puede quedarse al margen y debe adecuar su infraestructura y comportamiento general de acuerdo a esta realidad. Por SEBASTIÁN VICUÑA

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Ícono de la sequía. En la imagen, la NASA muestra el antes (26 de febrero de 2014) y el después (12 de marzo de 2019) de la laguna Aculeo, ubicada en la RM. Esta se ha convertido en un triste símbolo de la escasez hídrica que afecta, especialmente, a la zona centro-sur del país.

ada vez que debo irme en auto al campus San Joaquín (ida y vuelta), donde trabajo como profesor de la Escuela de Ingeniería, emito aproximadamente 3,3 kg de dióxido de carbono (CO2) hacia la atmósfera (Cifuentes, L. y Pica-Téllez, A., 2019). Considerando que el promedio de generación de residuos sólidos (esos que van al relleno sanitario) es del orden de 2,2 kg por habitante al día (ese es el promedio para países OCDE; Valdés, J.M., Cabrera, C., 2019) pareciera que mi emisión de CO2 es, en términos de masa, la principal basura que le estoy dejando a este planeta. Cada uno de esos kilogramos de CO2 que produzco rápidamente, en menos de un año se van a distribuir en la atmósfera y llegarán a cualquier lugar del mundo. Es decir, aproximadamente en doce meses lo que emití la última vez que fui a San Joaquín en auto podría estar en Beijing o de vuelta en Santiago. Más o menos la mitad de lo que genero en este viaje será capturado por los océanos (produciendo el efecto de acidificación) y por la vegetación de la superficie terrestre (a través de un proceso llamado fertilización). El resto se va a juntar con las otras 3.300 gigatoneladas de CO2 que hoy están en la atmósfera (Vicuña S., 2019), que resultan de lo que emitimos nosotros cons-

tantemente y lo que han producido las últimas generaciones del planeta (especialmente en el mundo desarrollado) desde el inicio de la revolución industrial.

Una alteración energética La presencia del CO2 y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera han alterado el balance de energía en la Tierra, aumentando la temperatura del orden de 1° Celsius y generando una serie de cambios en el sistema climático del planeta (IPCC, 2018). La zona central de Chile es un buen ejemplo de estos cambios. Por una parte, tenemos una reducción en los niveles de precipitaciones, que nos llevan a estar en el undécimo año seguido en sequía, adelantándonos a los pronósticos más negativos, y generando impactos en ecosistemas, comunidades y actividades productivas que dependen de estos recursos (el nivel de precipitaciones en la Estación Quinta Normal, durante el periodo 2009-2019, nunca ha superado el valor de 320 mm que es el promedio histórico entre 1932 y 2008). Por otra parte, tenemos la ocurrencia de eventos extremos cuya frecuencia e intensidad pareciera modificarse en el tiempo, provocando impactos de distinta índole. Frente a este hecho, no tenemos claro cómo será el futuro, ni por ende cuáles son las decisiones que tenemos que tomar para prepararnos (decisiones de adaptación al cambio climático).

Tenemos la ocurrencia de eventos extremos cuya frecuencia e intensidad pareciera ir modificándose en el tiempo, provocando impactos de diversa índole. Frente a este hecho, no tenemos claro cómo será el futuro.

fotografía Global Climate Change, Nasa.

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fotografía JUAN CRISTÓBAL HURTADO

Un ejemplo de adaptación El caso de los aluviones y su efecto en el suministro de agua potable para Santiago es un buen ejemplo de la complejidad de decisiones que hay que tomar. El río Maipo es la principal fuente de abastecimiento de agua potable de la ciudad de Santiago. El agua proveniente de esta fuente es tratada en dos plantas potabilizadoras que opera la empresa Aguas Andinas: Complejo Las Vizcachas y La Florida. Estas plantas son incapaces de tratar agua que tenga altos niveles de turbiedad –presencia de partículas– (Vicuña S., et al., 2018). Posiblemente, producto del alza del nivel de la isoterma cero (asociada al aumento de temperatura que provoca que caiga agua en estado líquido) el número de eventos en que el umbral de operación de estas plantas se ve superado se ha incrementado en el tiempo (por arrastre de sedimentos desde los cerros, entre otros fenómenos). Analizando los registros existentes, se observa que en el período 1990-2007, es decir en 18 años, hubo seis eventos de los cuales solo uno significó un corte de suministro. En el período 2008-2012, vale decir en los 5 años siguientes, el número de episodios aumentó a ocho, uno de los cuales significó un corte de servicio. Finalmente, en el último período, entre los años 2013 y 2017, vale decir, los siguientes cinco años, se presentaron 29 eventos, que significaron cinco cortes de suministro. El último de estos cortes, ocurrido el 21 de abril de 2017, afectó a 733.488 clientes, aproximadamente tres millones de personas (Undurraga, R., et al., 2019). En reacción a los impactos de estos cortes, la infraestructura de suministro de agua potable ha tenido que adaptarse. Esto se ha hecho principalmente elevando la resiliencia de su sistema de producción, a través del aumento del número de horas que este puede operar de manera autónoma a las condiciones en el río Maipo. Con anterioridad al año 2008 (primer evento importante reciente), la autonomía del sistema era de cuatro horas. Después de la construcción de las obras conocidas como Fase I –conducción desde embalse El Yeso a acueducto Laguna Negra, estanques con capacidad de 225.000 m3 y pozos con capacidad de producción de 300 litros por segundo–, la autonomía se elevó a nueve horas, correspondiente al peor escenario registrado. Esta autonomía no fue suficiente

para hacer frente a cortes ocurridos el año 2013 (dos veces) lo que motivó la definición de nueva infraestructura que se ha denominado Fase II –es la construcción de 6 estanques de agua cruda con capacidad de 1,5 mm3–, con lo cual la autonomía en el suministro creció a 32 horas. Se espera la entrada en operación de estas obras a finales del año 2019. Por el momento, es improbable la existencia de eventos que requieran una mayor autonomía. Sin embargo, producto del cambio climático es posible que estos sucesos aumenten en intensidad en los próximos años y, por lo tanto, se deben contemplar nuevas construcciones. Ya existe, por ejemplo, una serie de obras que podrían lograr una autonomía total de 46 horas (Aguas Andinas, 2017). ¿Pero, incluso será esa infraestructura suficiente? ¿Serán los impactos del cambio climático muy superiores a lo que hemos observado en los últimos años? ¿O tal vez van a ser similares a los que ya han ocurrido? Responder estas dudas es clave para definir importantes decisiones, como, por ejemplo, los niveles de inversión en esta materia, que son pagados por todos los habitantes de la ciudad a través de nuestra cuenta del agua potable. Lamentablemente, siempre va a existir un nivel de incertidumbre que no vamos a poder reducir (conocida como la deep uncertainty). Y, por lo tanto, vamos a tener que plantearnos, en algún momento, la posibilidad de que no podremos resolver (a un costo razonable) cualquier nivel de amenaza. Tal vez vamos a preferir, en algunas circunstancias, tener algunos cortes de agua en vez de incurrir en los costos asociados a la construcción de este tipo de infraestructura.

Principal fuente de agua. El caso de los aluviones y su efecto en el suministro de agua potable para Santiago es un buen ejemplo de la complejidad de las decisiones que hay que tomar. La infraestructura ha tenido que adaptarse incrementando su resiliencia. En la imagen, el río Maipo, que es el recurso hídrico principal que alimenta a la RM.

Es importante que otros tomen algunas decisiones por nosotros. Por ejemplo, las determinaciones enfocadas hacia el desarrollo de proyectos de generación eléctrica, sobre la base de recursos renovables, y el uso de electricidad en el transporte (electromovilidad) ayudan a reducir nuestra huella de carbono. 21


Un ejemplo de mitigación

PARA LEER MÁS Castilla, J. C.; Meza, F.; Vicuña, S.; Marquet, P. A.; Montero, J.P. (editores). Cambio Climático en Chile: ciencia, mitigación y adaptación. Ediciones UC. Santiago, Chile, 2019. Ver más: ediciones.uc.cl Masson-Delmotte, V., Zhai, P., Pörtner, H.-O., Roberts, D., Skea, J., Shukla, P.R., Pirani, A., Moufouma-Okia, W., Péan, C., Pidcock, R., Connors, S., Matthews, J.B.R., Chen, Y., Zhou, X., Gomis, M.I., Lonnoy, E., Maycock, T., Tignor, M., and Waterfield, T., (eds.). “IPCC, 2018: Summary for Policymakers”, in: Global Warming of 1.5 °C. An IPCC special report on the impacts of global warming of 1.5 °C above preindustrial levels and related global greenhouse gas emission pathways, in the context of strengthening the global response to the threat of climate change, sustainable development, and efforts to eradicate poverty. In press. Vicuña, S., Gil, M., Melo, O., Donoso, G., & Merino, P. (2018). Water option contracts for climate change adaptation in Santiago, Chile. Water international, 43(2), 237-256. Undurraga, R. 2019. “Compensación por interrupciones del servicio de agua para el diseño de medidas de adaptación al cambio climático en Santiago, Chile”. Tesis Magíster en Ciencias de la Ingeniería, UC. Aguas Andinas S.A. (2017). Memoria Anual 2017. Visitado en junio 2019.

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Una de las razones por la que existe deep uncertainty es que no sabemos cuál va a ser el nivel de emisiones de gases de efecto invernadero en el futuro. El dilema es de tal magnitud, que podríamos terminar aumentando, en un futuro posible, solamente del orden de 800 gigatoneladas de CO2 la presencia de estos gases en la atmósfera, si aspiramos a que la temperatura no aumente de 1,5 °C. Pero, en el peor escenario, tenderíamos a incrementar del orden de las 6.000 gigatoneladas de CO2 la presencia de estos gases en la atmósfera, si continuamos con los mismos patrones de consumo y uso de energía y otros recursos en el planeta (Vicuña, S., et al., 2019). En este sentido, quisiera volver al ejemplo de las emisiones de CO2 que genero cada vez que voy en auto a San Joaquín. Afortunadamente vivo cerca de mi trabajo, por lo cual, puedo irme en bicicleta un par de días a la semana u optar por varias opciones de transporte público. No todos los habitantes de esta ciudad pueden tomar este tipo de decisiones (decisiones de mitigación del cambio climático) y están forzados a usar un solo tipo de medio de transporte. Independiente de lo anterior podemos encontrar muchas pequeñas decisiones y acciones que están al alcance de nuestras manos. Si apagamos la luz cuando salimos de la casa, el tipo de alimentos que consumimos, los lugares donde vamos de vacaciones, entre otras. Cada una de esas elecciones implica un patrón diferente de emisiones de CO2 o una distinta “huella de carbono”. Y, claramente, no tenemos interna-

lizado en nuestras decisiones el costo que tienen nuestras acciones (Montero, J.P., 2019). En parte no se es consciente de estos costos porque el impacto de estas acciones se diluye espacial y temporalmente. En otras palabras: cuando me subo a la bicicleta puedo estar ayudando de la misma manera a algún ciudadano que ahora esté viviendo en Santiago o a uno que aún no haya nacido en Beijing. Esta es una dificultad importante para promover la acción hacia una reducción en la emisión de estos gases. Distinto es el caso, por ejemplo, de las decisiones que hacemos para reducir los contaminantes locales (smog), que producen impactos en la salud de los mismos que emiten esos contaminantes. Por eso, es importante que otros tomen algunas decisiones por nosotros. Por ejemplo, los incentivos de políticas publicas enfocadas hacia el desarrollo de proyectos de generación eléctrica, sobre la base de recursos renovables o el uso de electricidad en el transporte público (electromovilidad) ayudan a reducir nuestra huella de carbono en casi todas las elecciones que tomamos. Estas políticas e innovaciones se nutren de desarrollo científico y tecnológico y acuerdos entre países que permiten generar las condiciones habilitantes para que estos existan. Pero no podemos confiar solo en que se lleven a cabo esas grandes decisiones y acuerdos a nivel internacional. Necesariamente son nuestras elecciones las que van a lograr los cambios necesarios. Especialmente cuando nos demos cuenta de que, independiente de lo que definan algunos, existe la posibilidad de que estemos sacrificando el futuro de nuestros hijos.

¿Cómo frenar el cambio climático? Estas son algunas de las simples acciones que se deben ejecutar ahora, para lograr una transformación real y evitar que el daño medioambiental siga avanzando.

Instalar focos led

Sembrar y cuidar los árboles

Consumir productos locales

Bajar el consumo de agua

Privilegiar transportes eléctricos híbridos

Evitar utensilios desechables

Usar productos de limpieza biodegradables

Reciclar lo que no se pudo rechazar

Utilizar pilas recargables

Usar bolsas reutilizables

Comprar menos ropa nueva

Comprar productos a granel Fuente: Project Drawdown


Presente climático: 12 miradas

/ Por Revista Universitaria

Netflix

National Geographic

AMAZON PRIME

Terra

Six degrees could change the world

Océanos: el misterio del plástico desaparecido

En busca del coral

Antes que sea tarde

Marca de agua (Vandmaerke)

Nuestro Planeta

One strange rock

Inhabit

hbo go

YouTube

Salvando mi mañana

Una verdad incómoda

Documental Dirigido por Yann Arthus-Bertrand, Michael Pitiot 2015

Documental Dirigido por Jeff Orlowski 2017

Serie documental Dirigida por Alastair Fothergill 2019

Documental Dirigido por Ron Bowman 2007

Serie documental Dirigida por Fisher Stevens 2016

Serie documental Producida por Darren Aronofsky; Nutropia 2018 (también disponible en Netflix)

Documental Dirigido por Vincent Perazio 2016

Documental Dirigido por Jennifer Baichwal; Edward Burtynsky 2013

Documental Dirigido por Costa Boutsikaris 2015

Mission Blue

Documental Dirigido por Robert Nixon, Fisher Stevens 2014

Serie documental Dirigida por Amy Schatz 2014

Documental Dirigido por Davis Guggenheim 2006

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fotografía REUTERS

Amazonas en llamas. El fuego que afectó a esta región de Sudamérica, en agosto pasado, alertó a los líderes mundiales, debido a la vulnerabilidad del llamado pulmón verde del mundo. Se culpó a la explotación ganadera como la responsable del daño ecológico y los incendios en esa zona triplicaron en cantidad a los ocurridos en 2018.

Juan Pablo Montero. Es profesor del Instituto de Economía e investigador del Centro del Cambio Global, ambos de la Universidad Católica. También es investigador del Instituto de Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI). Además, es doctor en Economía Industrial por el MIT, Estados Unidos.

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revista universitaria


El daño

ambiental tiene su

precio

En la batalla por detener la agresión humana contra el planeta Tierra, el instrumento de precios es una poderosa herramienta. Este puede recaudar recursos para financiar bienes públicos que contribuyan a la causa, o incentivar cambios de conducta que eviten o mitiguen daños. El tema se ha instalado e implementado en diversas naciones, con diferentes resultados. Por Juan Pablo Montero

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Costos políticos. El uso de la herramienta de precios tiene el problema de ser impopular en algunos segmentos de la ciudadanía, quienes ven afectado su bolsillo. Las protestas de los chalecos amarillos, que respondieron a los intentos del año pasado de Emmanuel Macron por subir el impuesto a la gasolina, con el objetivo de limitar las emisiones de CO2, son un buen ejemplo.

fotografía REUTERS

¿

Qué diría si a partir de este año, el costo de un viaje en auto ida y vuelta entre Antofagasta y Castro aumentara en 35.000 pesos o 50 dólares americanos? Ese sería el precio al CO2 que habría que aplicar en este caso, utilizando la estimación promedio del daño al planeta provocado por la tonelada de dióxido de carbono (CO2) emitida por un auto convencional a gasolina durante dicho traslado. Esto de acuerdo a la gran mayoría de los estudios disponibles sobre el costo social del carbono, incluyendo el de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés). Es evidente el daño climático provocado por estas emisiones. Basta ver el informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), del año 2018, constatando que la temperatura promedio de la Tierra ya ha aumentado en 1 °C y que es altamente probable, aún con medidas de mitigación, que el incremento futuro sea mayor a 1,5 ˚C, con las consecuencias que ello significa. Por ello, surge la pregunta de por qué estas señales de precio prácticamente no existen alrededor del mundo y, cuando las hay, son todavía muy débiles comparadas al daño que provocan. En el caso de Chile, existen solo sobre un sector de la economía, el de la generación eléctrica, y equivalen a apenas una décima parte del daño que causan.

El Club del Clima Según el último registro del Banco Mundial, solo el 20% de las emisiones de CO2 y otras equivalentes alrededor del mundo enfrentan señales de precio, ya sea directamente a través de impuestos o indirectamente en mercados de transacción de permisos de emisión. La mitad de estas señales son menores a 10 dólares, es decir, un quinto de la estimación promedio del costo social del carbono. Esta situación abre dos interrogantes. La primera es una de implementación global: ¿Qué hace que los países hayan avanzado tan lentamente en la introducción de estos costos y a los niveles requeridos? La respuesta pasa, en gran medida, por lo que se conoce en economía como el problema del comportamiento oportunista o free-riding. En el contexto del cambio climático, esto ocurre debido a que una nación se beneficia de los esfuerzos de mitigación de emisiones de todas las demás, sin tener una voluntad de mitigación similar. Anticipando este comportamiento oportunista, todas las naciones terminan con esfuerzos modestos e insuficientes para resolver el problema, conduciendo a la famosa “tragedia de los comunes”. Llevamos años tratando de resolver el free-riding en negociaciones internacionales, con pobres resultados. La razón principal es que hasta hoy dichas conversaciones no han considerado la posibilidad de establecer “castigos” a aquellas naciones que deciden no participar de esfuerzos de mitigación ambiciosos.

Según el último registro del Banco Mundial, solo el 20% de las emisiones de CO2 y otras equivalentes alrededor del mundo enfrentan señales de precio, ya sea directamente a través de impuestos o indirectamente en mercados de transacción de permisos de emisión. 26

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¿Impuestos para sancionar las conductas? Independiente de cómo se resuelvan estas negociaciones a nivel mundial, existe una segunda pregunta de implementación local. ¿Qué hace que los gobiernos se resistan a utilizar instrumentos de precio, como los impuestos, para corregir conductas que lleven, entre otras cosas, a reducir emisiones de CO2? Una explicación levantada por algunos cercanos a la economía conductual es que el uso de precios para corregir males, más que transformar conductas, puede servir para justificarlas, evitando cambios en normas sociales. En ese

¿Qué hace que los países hayan avanzado tan lentamente en la introducción de precios a la emisión de dióxido de carbono y a los niveles requeridos? La respuesta pasa, en gran medida, por lo que se conoce en economía como el problema del comportamiento oportunista o free-riding. sentido, podrían ser herramientas más efectivas las prohibiciones del tipo comando-y-control que se imponen mediante normas obligatorias, y fijan un nivel estándar de cumplimiento –o alternativamente el uso de subsidios–. Sin embargo, existe abundante evidencia que muestra lo contrario: que los individuos sí reaccionan a señales de precio, tal como predice la teoría económica. A modo de ilustración, y relacionado con el ejemplo del viaje en auto entre Antofagasta y Castro, un estudio reciente en el AER muestra con datos de Estados Unidos que, ante alzas en los precios de la gasolina, aumenta la demanda por autos usados de mejor rendimiento, resultando en incrementos muy en línea con el ahorro en combustible. Por el contrario, cuando la autoridad ha recurrido a subsidios para alterar la conducta de los individuos, por ejemplo, para incentivar la compra de vehículos eléctricos, muchas veces ha terminado pagando más de lo necesario. De hecho, investigadores asociados al National Bureau of Economic Research (NBER) de ese país mostraron, en un estudio de este año, que el 70% de los 750 millones de dólares en ayuda federal para la compra de vehículos eléctricos, en 2014, fueron a parar a hogares que hubiesen adquirido estos vehículos de todos modos, es decir, en ausencia del subsidio.

Consecuencias fatales. El daño climático provocado por las emisiones de CO2 es evidente. Basta ver el informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático del año 2018, constatando que la temperatura promedio de la Tierra ya ha aumentado en 1 °C. En la imagen una protesta en Alemania.

fotografía REUTERS

En un artículo reciente, en la prestigiosa revista American Economic Review (AER), el Nobel de Economía 2018, William Nordhaus, plantea una solución: la creación del Club del Clima. El Club del Clima consiste en un conjunto de países que, voluntariamente, acuerdan metas ambiciosas de mitigación y castigan a los que no integran ese grupo con alzas arancelarias a las importaciones desde dichas naciones. La posibilidad cierta de sancionar a quienes no participan, afectando su comercio internacional, permite una colaboración muy por encima de lo que predicen los modelos de formación de coaliciones y de lo que hemos visto hasta hoy en las negociaciones internacionales. Pero lo interesante de la propuesta de Nordhaus es que bastan alzas arancelarias pequeñas, de no más de 4%, para conformar un club con alta participación y metas de mitigación de emisiones ambiciosas. Como las necesarias para evitar que el alza en la temperatura promedio del planeta no sobrepase los 1,5˚C. La próxima cumbre del clima (COP25), a desarrollarse en nuestro país, abre una oportunidad interesante para explorar nuevas formas a acuerdos internacionales, incluyendo, por qué no, la formación de un Club del Clima en el espíritu de Nordhaus.

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Explotación irracional. El aceite de palma está presente en la elaboración de gran parte de los alimentos consumidos mundialmente. En la imagen, un sector de Malasia, donde cada año se produce la quema intencionada de hectáreas de bosque nativo para la producción de este artículo.

fotografía REUTERS

Estos resultados reflejan una asimetría importante entre el uso de impuestos y subsidios que las autoridades suelen olvidar, y que se agrega a la asimetría fiscal: los subsidios sufren de lo que en economía se conoce como un problema de selección adversa, de falta de información por parte de la autoridad para la correcta asignación de los mismos. A diferencia del impuesto que grava una conducta que se observa, por ejemplo, “el consumo de un litro de gasolina”, el subsidio busca premiar un cambio de comportamiento: “dejar de consumir un litro de gasolina”. Mientras la actuación actual es observable, su cambio no lo es, ya que requiere saber qué se hubiese hecho en caso de no existir el subsidio. Esto es algo que solo sabe el individuo y no la autoridad. Este problema de selección adversa es común a muchas políticas de subsidios de cambio climático alrededor del mundo, desde los incentivos a la instalación de paneles solares en hogares en California hasta los subsidios millonarios a tecnologías renovables de generación eléctrica en varios países en Europa. Al igual que es mucho más efectivo introducir un impuesto a la gasolina para incentivar la compra de vehículos de mayor rendimiento o eléctricos, es mucho más efectivo el uso de impuestos a la generación eléctrica en base a combustibles fósiles para reducir las emisiones de CO2, y acelerar la entrada de energías renovables, antes de subsidiar a estas últimas. Chile avanzó, aunque tímidamente, en esta dirección durante la administración de Michelle Bachelet, con un impuesto de cinco dólares por tonelada de CO2 sobre la generación eléctrica fósil. Lamentablemente, su implementación no fue la mejor. Tecnologías renovables igualmente terminaron pagando parte de este impuesto, en un intento por parte de la autoridad de no traspasar el alza de costo al mercado spot.

El Club del Clima consiste en un conjunto de países que, voluntariamente, acuerdan metas ambiciosas de mitigación y castigan a los que no integran ese grupo, con alzas arancelarias a las importaciones desde dichas naciones. 28

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Esto último alimenta una segunda explicación más convincente al bajo uso de los instrumentos de precio: los costos políticos de su implementación. El mejor ejemplo de esto son las demostraciones de los gilets jaunes –los chalecos amarillos–, respondiendo a los intentos del año pasado de Emmanuel Macron de subir el impuesto a la gasolina con el objetivo de limitar las emisiones de CO2. Otro referente son las grandes dificultades que las autoridades, de distintas ciudades del mundo, enfrentan al momento de implementar políticas de precio que corrijan la congestión vial, lo que indirectamente ayudaría a reducir las emisiones de CO2 y de otros contaminantes locales. Estos costos responden fundamentalmente a la regresividad de estas políticas, al concentrarse sus beneficios en los grupos de mayores ingresos, dejando a los de menores ingresos en peores condiciones. En un estudio publicado a comienzos de este año por el Centro de Políticas Públicas de la UC, analicé junto a otros investigadores la forma de resolver este costo político en la implementación de una política de restricción vehicular para Santiago. La propuesta es establecer restricciones con posibilidades de exención, según edad del vehículo y el pago de un pase diario. La idea es que la totalidad de estos pagos sean asignados al transporte público, para financiar rebajas tarifarias o mejoras en este servicio. El estudio muestra que, sin estos aportes, los grupos de bajos ingresos terminan peor, a pesar de los amplios beneficios a nivel global, producto de los menores tiempos de viaje y de una reducción de la contaminación. Canadá, por ejemplo, introdujo un impuesto al CO2 el año pasado, que se espera alcance los 50 dólares en 2022, e incorporó una cláusula estableciendo que el 90% de lo recaudado retorne directamente a los hogares. Esto es muy similar al modelo empujado este año por algunos miembros de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Tal como lo reconocieron The Economist, en su primer número de agosto, y el MIT Technology Review, en su edición de junio, los instrumentos de precio no solo son importantes para corregir conductas y resolver los problemas distributivos que generan, también probarán ser fundamentales para levantar fondos que permitan financiar las grandes inversiones en bienes públicos, que demandará la adaptación y el sufrimiento de vivir en un planeta más caluroso.


Universidad de Concepciรณn


fotografĂ­a pexels.com

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Relatos sustentables:

“Lo que más

puedo”

Más de 40 años han pasado desde que científicos y visionarios comenzaron a advertir al mundo la necesidad urgente de cambiar el sistema económico industrial para evitar en un futuro, no muy lejano, una catástrofe ambiental. En un escenario incierto, algunos chilenos se aventuraron a tientas a recorrer un camino que hoy el país recién empieza a comprender. Por PAULA BROWN

a fábula del colibrí que con gran esfuerzo intentaba apagar un incendio en la selva inspiró “Lo que más puedo”, el blog de la ambientalista chilena y profesora de arte Francisca Amenábar, quien ya desde hace un año vive casi en modo zero waste (un concepto de sustentabilidad basado en la reutilización de residuos). Su cuenta en Instagram reúne a más de 20.000 seguidores interesados en conocer sus consejos y reflexiones sobre los cuidados del medio ambiente, desafío que asumió hace cinco años al participar en un curso de la Fundación Basura. “Es muy difícil ser cero, porque estamos insertos en una economía que nos motiva a consumir

productos cuyos desechos no podemos gestionar”, enfatiza. “El camino va por el cambio de hábitos. Porque aunque reciclemos todo, igual vamos a perjudicar al planeta. La apuesta está en dejar de consumir y en aplicar las erres previas a reciclar que son: rechazar, reducir y reparar. Reflexionar y respetar también son parte del esfuerzo en esta crisis socioambiental”, agrega pronunciando bien cada uno de estos verbos tan usados en estos días y que hace más de 30 años no habrían tenido ningún eco. Porque si bien en Chile la preocupación general por el cuidado del medioambiente se gestó en los años 90, a raíz de los altos índices de contaminación atmosférica que afectaban a la Región Metropolitana, instalándose permanentemente en la agenda gubernamental, fue solo después de 2006 cuando se empezó a escuchar hablar sobre reciclaje y sustentabilidad. Para ello, fue clave la publicación del cuarto informe del Panel Inter31


fotografía FUNDACIÓN CASA DE LA PAZ

Para un desarrollo sostenible. Ximena Abogabir cofundó en 1983 Casa de la Paz, organismo cuya primera sede se convirtió en un espacio de convivencia e intercambio para organizaciones sociales y medios de comunicación. En la imagen aparece Ximena en el centro, junto a Humberto Maturana y el expresidente Patricio Aylwin en uno de sus actos.

“Empezamos a reciclar. Pusimos una caja de cartón en el living donde los niños metían incluso los boletos de micro. Ahora veo que esa simple acción tuvo el impacto ambiental más importante de todos en mis propios hijos”, recuerda Ximena Abogabir. gubernamental en Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas, constatando que el calentamiento del sistema climático era inequívoco. Además, la emisión en salas de cine de Una verdad incómoda, documental centrado en la campaña del exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore para educar a los ciudadanos sobre los efectos de este fenómeno, permitió instalar el tema en la retina de la sociedad. Tanto el IPCC como Gore obtuvieron el Premio Nobel de la Paz en 2007 y la discusión sobre el cambio climático se asentó en los medios de comunicación masivos en el mundo y en el país.

ambientalistas Pioneros Casi 40 años antes que Francisca Amenábar creara su blog, la periodista Ximena Abogabir se acercó al ecologismo de la mano de su terapeuta Lola Hoffmann. “Recuerdo que un día encontré unas carpetas de colores en una mesita. Le pregunté qué eran y sin explicarme mucho me las pasó para que las leyera. Hacerlo fue una de las cosas más emocionantes que me ha pasado en la vida… un cambio de paradigma”, explica sobre lo que en realidad era el proyecto “Iniciativa Planetaria para el Mundo que Elegimos”, convocado en 1981 por un grupo de funcionarios de las Naciones Unidas para sensibilizar 32

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al mundo respecto del conflicto nuclear, del daño ambiental latente e impulsar la paz como una forma de vida. “No pude seguir haciendo la vista gorda. Renuncié a mi trabajo en publicidad, porque era imposible mantener un doble estándar, al trabajar por marcas en las que yo no creía. Fue necesario alinear la vocación con el trabajo”. Al poco tiempo, Ximena empezó a cambiar sus hábitos de alimentación. Disminuyó el consumo de carne en la casa, lo que al inicio no les gustó mucho a sus hijos –Juan Carlos, Gonzalo y Ximena Muñoz, todos vinculados en la actualidad al trabajo e investigación medioambiental desde distintas disciplinas–, y comenzó a preocuparse por apagar las luces y a privilegiar el sistema de transporte público. “Empezamos a reciclar. Pusimos una caja de cartón en el living donde los niños metían incluso los boletos de micro. Ahora veo que esa simple acción tuvo el impacto ambiental más importante de todos en mis propios hijos”, recuerda. Probablemente la empresa TriCiclos, cofundada en 2009 por Gonzalo, es fruto de esa simple caja de cartón. Lo que partió como un proyecto junto a dos amigos con el fin de equilibrar los ciclos ambientales, sociales y económicos en diferentes rubros mediante puntos de reciclaje, consultorías y productos amigables con el medio ambiente, se convirtió en la primera Empresa B certificada de Sudamérica y ganó el premio internacional The Circulars 2019. El emprendedor, quien hoy también es el Champion de la COP25 –principal asesor presidencial de la cumbre de la ONU por el cambio climático que se realizará en diciembre en Chile–, destaca: “Desde muy chico recibí ciertas máximas que siempre han estado presentes en mi vida. ‘Ten pasión en lo que hagas’; ‘trata de impactar positivamente a la mayor cantidad de personas y lugares’; ‘no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti’. Todos son mensajes para mí como el pan de cada día”.


Otro tipo de lucha ha llevado el ecólogo y activista Juan Pablo Orrego, rostro visible de conocidas campañas de oposición a proyectos hidroeléctricos en el sur del país, como el Grupo de Acción por el Biobío en los 90 y “Patagonia Sin Represas” en la última década. “Promuevo una cultura ambiental para la acción, positiva y pacífica, con la razón, no por la fuerza. No tengo verdades absolutas ni certezas. Trato de entregar una visión más sistémica, llamando a elevar la mirada a lo global”, explica quien se hizo conocido a fines de los años 60 al integrar la conocida banda musical Los Blops. Hoy es director de la ONG Ecosistemas, preocupada por temas críticos relacionados con el agua, la protección de los ríos e impactos ambientales y sociales. Desde julio de 2014 es director de International Rivers, organismo mundial concentrado en la lucha para proteger los ríos y los derechos de las comunidades que dependen de ellos. “Necesitamos ecología profunda, internalizada desde lo personal a lo social. Entender que somos seres interconectados, que requerimos de todas las formas de vida de este planeta. La ecología, de alguna manera, deberá convertirse en un tema normativo”, señala.

Intrépidos Una periodista le preguntó a Francisca Amenábar qué es ser intrépido. Ella le contestó que el término significa tomar un camino sin destino conocido ni retorno. “Cuando partí, no había dónde comprar alimentos a granel y detergentes amigables con el ambiente. Rallaba jabón Popeye para convertirlo en lavarropas o me hacía desodorantes naturales”, explica, dando a entender que no ha sido fácil. “Ahora ya están apareciendo empresas que ofrecen productos biodegradables, sin metales pesados,

“Necesitamos ecología profunda, internalizada desde lo personal a lo social. Entender que somos seres interconectados, que requerimos de todas las formas de vida de este planeta. La ecología, de alguna manera, deberá convertirse en un tema normativo”, señala Juan Pablo Orrego. que los venden a granel o en envases retornables. Ya existe un mercado, no es necesario hacerse todo uno mismo”, agrega. La bloguera recuerda también el entusiasmo inicial que la llevó a recoger rastrojos o restos de tallos y hojas de verduras en las ferias o el anillo de skate reutilizado que le regaló su marido cuando decidieron casarse, después de 11 años de relación. Su matrimonio fue sencillo y de bajo impacto. Se casó de verde, con un vestido que podrá volver a usar cuando quiera. “Como profesora he reafirmado mi motivación por ser un agente de cambio para inspirar a más personas a sentirse parte de este sistema”, escribió en uno de sus posteos iniciales en redes sociales. Y se lo ha tomado a pecho, porque reconoce que no todos tienen los mismos tiempos de reacción y que es necesario compartir lo que se va aprendiendo. “Por un tiempo mantuve una vermicompostera en el living de mi departamento para mostrar lo inocuas que son las lombrices. Muchos amigos se motivaron con el tema al verlas”. Tampoco fue fácil el camino que Ximena Abogabir tomó hace cuatro décadas cuando los chilenos jamás habían escu-

Sacrificio personal. “Pienso que nos adelantamos en la defensa medioambiental y el costo fue muy alto”, reflexiona Juan Pablo Orrego al recordar los inicios de su labor ambientalista, cuando lo trataban de talibán por su participación en campañas en oposición a proyectos hidroeléctricos.

fotografía GENTILEZA JUAN PABLO ORREGO

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chado hablar de cambio climático. “Al dejar la agencia Porta, el sentir general fue que yo me había vuelto loca. Nadie me entendió. Trabajé ahí durante 27 años. Menos comprendían cuando comentaba que ahora me iba a pasar al lado de los buenos”, recuerda entre risas. Ximena cofundó en 1983 Casa de la Paz, cuya primera sede se convirtió en un espacio de convivencia e intercambio para organizaciones sociales y medios de comunicación como el Comité Pro Defensa de la Flora y Fauna (CODEFF), CasAzul, la revista La Bicicleta, la Red Nacional de Acción Ecológica (RENACE), Greenpeace, Terram y el Movimiento Furiosos Ciclistas. Hoy, a los 71 años, se lanzó con Travesía 100, un nuevo proyecto que busca ser espacio de encuentro, generación de redes y educación para personas mayores. “Tengo la percepción de que se hace un gesto en el momento justo, que resuena en la mente y en el corazón de los demás, pasándoles la acción. Para mí ir al Punto Limpio es una fiesta, sobre todo al ver a papás y mamás que van a reciclar con sus hijos, y son los más chicos los que les enseñan a los grandes”, relata y agrega: “Cuando Gonzalo me contó hace años lo de

Tensión para transformar. El objetivo del Punto Limpio para TriCiclos no es simplemente el reciclaje, sino que evidenciar el problema que genera el disponer los residuos, “porque cada uno de esos empaques están mal diseñados o no fueron hechos para gestionarlos en forma simple. La tensión que se crea al reciclar servirá para que los cambios se produzcan”, opina Gonzalo Muñoz.

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TriCiclos, le dije que no le iba a resultar. Pensaba que la gente nunca se iba a dar el trabajo de separar las cosas. Hoy, que Gonzalo sea el asesor de la cumbre mediaombiental en Chile supera todas mis expectativas. Nunca imaginé que podría pasar algo así”. Antes de TriCiclos, el Champion de la COP25 trabajó 10 años en empresas del sector agropecuario, donde siempre lo frustró el hecho de poner en el mercado productos y servicios que generan un daño ambiental. “Ofrecíamos alimentos, pero al mismo tiempo entregábamos envases y desechos imposibles de reciclar”. Esto lo impulsó a dar el salto y jugársela por el emprendimiento que, en enero de 2018, incluso, lo llevó a comprometer a Chile en el Pacto por los Plásticos en la reunión del metaconsejo de Economía Circular del World Economic Forum en Davos, Suiza. Sin pensar en una vuelta atrás, Gonzalo firmó el documento en el nombre del Gobierno de Chile y ya, de regreso en el país, se lo presentó a la entonces ministra del Medio Ambiente, Marcela Cubillos, quien asumió el tema de inmediato. “Solo hay tres países en el mundo adheridos a este esfuerzo: Reino Unido, Francia y Chile, lo que es un tremendo orgullo para todos, un hito que pone rutas, métricas y plazos, forzando el cambio”, describe. Gonzalo Muñoz sabe que no hay tiempo que perder y por eso su agenda no descansa. “Salir del embrollo que ha producido nuestra ruta de desarrollo es muy difícil. Requerirá esfuerzos notables para generar cambios culturales, estructurales, legislativos. Muchos tendrán que abandonar su zona de confort, para que más personas accedan al desarrollo por una vía sustentable”, explica con seriedad. En esta línea, el objetivo del Punto Limpio para TriCiclos no es simplemente el reciclaje, sino que evidenciar el problema que genera el disponer los residuos, “porque cada uno de esos empaques están mal diseñados o no fueron hechos para gestionarlos en forma simple. La

fotografía TRICICLOS

“Salir del embrollo que ha producido nuestra ruta de desarrollo es muy difícil. Requerirá esfuerzos notables para generar cambios culturales, estructurales, legislativos. Muchos tendrán que abandonar su zona de confort, para que más personas accedan al desarrollo por una vía sustentable”, afirma Gonzalo Muñoz.


las erres. “La apuesta está en dejar de consumir y en aplicar las erres previas a reciclar que son: rechazar, reducir y reparar. Reflexionar y respetar también son parte del esfuerzo en esta crisis socioambiental”, explica Francisca Amenábar. En la imagen el día de su matrimonio, cuando en un gesto simbólico decidió casarse de verde. fotografía GENTILEZA FRANCISCA amenábar

tensión que se crea al reciclar servirá para que los cambios se produzcan ‘aguas arriba’, en los modelos de negocios y en los sistemas de diseño de consumo”. Juan Pablo Orrego tampoco pensó en volver atrás. A fines de los 60 abandonó sus estudios de Biología por la música, pero años más tarde, radicado en Canadá, retomó el camino con un magíster en Estudios del Medio Ambiente con mención en Ecología y Antropología en la Universidad de York. “Volví a Chile en los años 80 con una mirada más sistémica, cuando en el país ni se hablaba de estos temas. Y por esas cosas de la vida, a comienzos de los 90 me vi llamado a participar en la campaña de defensa del Biobío y de las comunidades pehuenches. Entré al tema en forma violenta. Se nos vino encima el sistema completo, con una mirada muy desarrollista, enfocada en la energía”, recuerda. “Pienso que nos adelantamos en la defensa medioambiental y el costo fue muy alto. El entonces Presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle me acusó de ser un talibán y el abogado Pablo Rodríguez Grez usó el término ‘ecoterroristas’ al referirse a nosotros en uno de los recursos de protección que presentamos contra Endesa. Fue duro, siempre he sido un pacifista”, dice. “A mí los medios no me pescan. Me tienen susto. Y el sector empresarial para qué decir. A Douglas Tompkins le pasó lo mismo. Todas las coaliciones que armamos actúan con la razón, con argumentos y de buena manera. Pero el karma sigue vigente. Me ven como un radical”, agrega. El activista vive en un edificio en la comuna de Nuñoa, full eléctrico –tal como describe– y le toca viajar en avión para asistir a reuniones ecológicas. “Es difícil ser consecuente, sobre todo en Chile. Tengo una camioneta del 2011 y una casita de pino radiata de 70 metros cuadrados en el Cajón del Maipo.

“Es muy difícil ser cero, porque estamos insertos en una economía que nos motiva a consumir productos cuyos desechos no podemos gestionar. El camino va por el cambio de hábitos, porque aunque reciclemos todo, igual vamos a perjudicar al planeta si no impulsamos un nueva mentalidad”, explica Francisca Amenábar. Pero qué voy a hacer. Al meterme en esta lucha, al defender los ecosistemas y los derechos de las poblaciones locales, lo menos que haces es plata. Si tuviera más recursos tendría paneles solares, aspas eólicas, un auto híbrido, pero todo eso cuesta mucho dinero. Es una paradoja”.

Hay futuro Casi 2.000 likes sacó la publicación de Francisca Amenábar en Instagram del 12 de mayo pasado. Ese día le contó a sus seguidores que viene en camino al mundo una pequeña niña, su hija. “Nacerá en octubre, pero yo creo que va a llegar antes”, comenta feliz, mientras su post, varias semanas después del aviso, sigue recibiendo todo tipo de saludos y consejos maternales. Como el de #lacarodelfuturo que asegura “debe haber una forma de traer hijos al mundo de forma sustentable, lo hacían nuestras abuelas, nosotras también podemos”. 35


fotografía GUY WENBORNE

Pablo Marquet. Es académico de la Facultad de Ciencias Biológicas, miembro del Centro del Cambio Global y del Laboratorio Internacional de Cambio Global (LINCGlobal), todos pertenecientes a la UC. Es licenciado en Biología de la Universidad de Concepción y doctorado en Biología por la Universidad de Nuevo México, Estados Unidos.

La esperanza en la naturaleza. La crisis climática es un problema en la naturaleza y puede ser resuelto por la naturaleza a través de la denominadas Soluciones Basadas en la Naturaleza. Una de estas soluciones es potenciar el rol de los bosques nativos en el secuestro de carbono. Otra alternativa se asocia a cambios en las prácticas silviculturales o a la manera en que se realizan las plantaciones de especies exóticas, transformando las grandes extensiones de monocultivos actuales en paisajes agroforestales heterogéneos con policultivos, donde se disminuya la probabilidad de incendios y su propagación. En la foto, una plantación en las cercanías de Cañete, enuniversitaria la región del Biobío. 36 revista


Revertir el cambio climático:

todavía es

posible

La evidencia científica es contundente: el calentamiento observado en el planeta es producto de la actividad humana y este tiene y tendrá un enorme impacto sobre el funcionamiento del sistema terrestre. Por ello, se debe propiciar un cambio radical en la forma en que se desarrollan las actividades agrícolas, ganaderas y forestales, y en cómo se genera energía para los procesos industriales. Hay que actuar ahora, con decisiones transformadoras. Por PABLO MARQUET

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Un planeta que se derrite. El hielo en el Mar de Beaufort, frente al Océano Ártico, sufrió fracturas y rupturas significativas a mediados de abril de 2016 y no a fines de mayo, cuando esto suele ocurrir. Los especialistas en hielo de la NASA atribuyen el cambio a temperaturas del aire inusualmente cálidas durante los primeros meses del año y a los fuertes vientos causados por un sistema de alta presión estancado en el área. La imagen de la izquierda es de abril de 2015 y la otra de un año después.

N

uestro planeta está vivo. Todos sus componentes son esenciales para posibilitar la existencia, tal como la conocemos. Tiene una historia de profundos cambios asociados a las modificaciones que han sufrido los distintos componentes del denominado sistema terrestre: hidrósfera, geósfera, biósfera, atmósfera y criósfera. La composición de la atmósfera, por ejemplo, ha cambiado repetidas veces a lo largo de sus más de 4.500 millones de años, desde una atmósfera reductora, con hidrógeno, helio, metano, amonio y agua, a una dominada por nitrógeno y oxígeno. Esta modificación en su composición es, en gran medida, producto de la vida y del surgimiento de grandes innovaciones biológicas como, por ejemplo, la fotosíntesis, que permite capturar la energía solar en compuestos ricos en carbono y transferir esta energía

para alimentar a una gran diversidad de organismos y procesos biológicos que sustentan nuestra vida y hacen posible la existencia humana, incluyendo nuestros sistemas sociales y económicos. Nuestra especie es producto de la evolución del planeta. Somos un fenómeno planetario y estamos insertos en la naturaleza. Este es un hecho de la causa que lleva consigo una serie de consecuencias. Entre otras, que todo aquello que hacemos en la Tierra tiene impactos sobre su funcionamiento y sobre nosotros. Qué más claro que la crisis climática que enfrentamos, que representa la consecuencia de nuestra manera de estar en el mundo. A partir de la revolución industrial, asociada a la invención de las máquinas y procesos que funcionan con combustibles fósiles y, en particular, a su escala planetaria a partir de 1950, se produce lo que se denomina la gran aceleración en nuestra transformación del planeta y, como consecuencia, una profunda transformación en el ciclo del carbono. Este se acumula en forma de CO2 en nuestra atmósfera, junto con otros gases de efecto invernadero, como el óxido nitroso y el metano, y genera

Somos parte de la naturaleza y, como cualquier otra especie, nuestro destino está unido al del planeta Tierra. Esperamos que este hito de la COP25, que ya se aproxima, sirva al propósito de comunicar el desafío global que el cambio climático significa para Chile. 38

revista universitaria


fotografíaS U.S.Geological Survey (USGS) Landsat Missions Gallery; “Beaufort Sea Ice Experiences unusually Early Breakup”; Departamento del Interior de EE. UU. / USGS y NASA.

un calentamiento global que hasta la fecha se estima en 1 ºC. De hecho, las actuales concentraciones de carbono atmosférico son comparables a las experimentadas por nuestro planeta hace 2,5 millones de años. Durante ese tiempo, el Ártico era apreciablemente más cálido, con temperaturas que se estiman sobre los 15 ºC, y el nivel del mar era 20 metros más alto que en el presente. De no revertir esta situación, podemos enfrentar serias consecuencias en nuestro modo de vida.

el efecto invernadero: Una verdad científica Lo que sabemos respecto del cambio climático es parte de nuestro acervo científico y representa casi doscientos años de investigación interdisciplinaria. Desde que Joseph Fourier, el gran matemático y físico francés, postulara en 1837 que el clima de la Tierra era determinado por el balance entre la energía solar que entra y la que se refleja. Esta idea, que fue elaborada en 1838 por Claude Pouillet, llevó a afirmar que la absorción del calor en la atmósfera hace posible que esta tenga una temperatura mucho mayor, que se estima en 15 ºC. Posteriormente, en 1856, la estadounidense Eunice Foot planteó que la atmósfera juega un rol relevante en el clima y que los gases que ella contiene son los que absorben el calor. La científica y activista demostró con sus experimentos que el vapor de agua y el CO2 son capaces de absorber el calor.

El efecto invernadero, que se conoce hace 163 años, ha sido medido en la atmósfera y reproducido en el laboratorio, por lo que constituye una verdad científica indiscutible. Sin embargo, como sucede demasiado a menudo, este descubrimiento se le atribuyó al físico irlandés John Tyndall, quien en 1865 midió la absorción de calor de distintos gases, incluidos el CO2 y el vapor de agua, y señaló su importancia en la temperatura y en el clima de la Tierra. Así, Tyndall junto a Eunice Foot sentaron las bases de lo que ahora denominamos efecto invernadero: el calentamiento de nuestra atmósfera producto de la absorción de la energía solar reflejada por la tierra y el océano, en los gases que la componen, principalmente dióxido carbónico (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (NO2). El efecto invernadero, que se conoce hace 163 años, ha sido medido en la atmósfera y reproducido en el laboratorio, por lo que constituye una verdad científica indiscutible. En el mismo tiempo en que se sentaban las bases científicas del concepto anterior, Louis Agassiz sugirió (en 1840) que grandes extensiones de los continentes del hemisferio norte han estado cubiertas por masas de hielo o glaciares, cuyo movimiento ha quedado “registrado” en la forma de los valles y en las rocas. En Suecia, Gerhard De Geer realizó un gran descu39


El CO2 puede permanecer por más de cien años en la atmósfera, por lo que solo el 20% de sus emisiones, desde el comienzo de la revolución industrial hace más de 150 años, se han disuelto en el océano. En consecuencia, su acumulación podría llevarnos a un calentamiento progresivo. brimiento, la posibilidad de datar eventos geológicos a través del estudio de los sedimentos lacustres. Esto permitió darnos cuenta de que la última era glacial terminó hace 10.000 años y constatar que el clima cambió durante la historia de la Tierra. La hipótesis que prevalecía en estos tiempos le atribuía un rol dominante a las modificaciones en la elipticidad de la órbita terrestre. Sin embargo, el físico y meteorólogo sueco Svante Arrhenius se dio cuenta de la existencia de mecanismos de retroalimentación que podrían dar cuenta de cambios en el clima. En particular, señaló que el calentamiento de la atmósfera a causa de un incremento en CO2 generará que se eleve también el vapor de agua, producto de una mayor evaporación, lo cual, a su vez, causaría mayor calentamiento. Lo contrario, el enfriamiento, pasaría si decreciera la concentración de CO2. Para demostrar esto, Arrhenius tuvo que hacer mediciones precisas del efecto invernadero. Arrhenius realizó estos cálculos en el año 1896 y cuantificó por primera vez el cambio esperado en la temperatura para incrementos y decrecimientos de las concentraciones de CO2 en la atmósfera (desde 0,67 a 3 veces el nivel basal). Uno de sus descubrimientos fue que si doblamos la cantidad de CO2 en la atmósfera, la temperatura se incrementaría en 5,7 ºC. Además, exploró la posibilidad de que las emisones humanas de CO2 pudieran causar un calentamiento global, pero estimó que gran parte de las emisiones debieran ser removidas por disolución en el océano. Sin embargo, no contempló que las emisiones de CO2 se incrementarían rápidamente y que el CO2 puede permanecer por

más de cien años en la atmósfera, por lo que solo el 20% de las emisiones de CO2, desde el comienzo de la revolución industrial hace más de 150 años, se han disuelto en el océano. En consecuencia, su acumulación podría llevarnos a un calentamiento progresivo. Tuvieron que pasar más de 100 años hasta que los descubrimientos de Arrhenius fueran tomados seriamente. Esto se produjo una vez que fuimos capaces de medir la concentración y la acumulación del CO2 en la atmósfera. Esto sucedió en 1958, cuando Charles Keeling desarrolló un método para calcularla y demostró que este se incrementaba debido al uso de combustibles fósiles. Un mayor conocimiento del ciclo del carbono nos ha permitido realizar las primeras proyecciones de la acumulación de este en la atmósfera y, por lo tanto, del calentamiento del planeta. Así se ha comprendido, por ejemplo, la bomba biológica en el océano por medio de la cual los microorganismos fotosintetizadores capturan carbono, el cual luego es depositado en las profundidades del mar. También el rol de la deforestación en generar los grandes flujos del carbono, que estaba capturado en los árboles, hacia la atmósfera. Junto a estos avances científicos, hubo desarrollos tecnológicos claves, como el lanzamiento de los primeros satélites de observación metereológica en la década de los 60 y la elaboración de computadores que permitieron modelar el clima global. El surgimiento del movimiento ambiental en la década de los 70, asociado al reconocimiento de la disminución de la capa de ozono y la lluvia ácida, llevó a una evaluación de los problemas ambientales globales. En 1970 y 1971 se realizaron estudios en preparación de la conferencia de las Naciones Unidas de 1972, acerca de la humanidad y el ambiente, que pusieron el acento en el impacto del hombre sobre el clima y en el relevamiento de los problemas ambientales, entre los cuales figura la amenaza del calentamiento del planeta. La necesidad de contar con una evaluación exhaustiva y coordinada al respecto se materializó con la creación de distintos foros, informes y convenciones que desembocaron en la creación, en 1988, del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés),

El hito que marca el quiebre: revolución industrial

Nivel de CO2, unidades por millón

Este gráfico está basado en la comparación de muestras atmosféricas contenidas en núcleos de hielo y mediciones directas más recientes, y entrega una clara evidencia de que el CO2 atmosférico ha aumentado desde la Revolución Industrial. 480 460 440 420 400 380 360 340 320 300 280 260 240 220 200 180 160 800.000

nivel actual

Durante milenios, el CO2 nunca había estado por encima de esta línea

700.000

600.000

500.000

400.000

300.000

200.000

nivel en 1950

100.000

Años antes de hoy (0= 1950) Fuente: Luthi, D., et al. 2008; Etheridge, D.M., et al. 2010; Datos del núcleo de hielo Vostok / J.R. Petit et al.; registro de CO2 NOAA Mauna Loa. A través de Global Climate Change, NASA.

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Tiempo de cambio. Debemos modificar la forma en que generamos energía para nuestros procesos industriales. Es tiempo de reflexionar sobre la existencia humana, de constatar que somos parte de los ciclos naturales y que los cambios que generamos en ellos ya nos están afectando.

bajo el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (UNEP, por sus siglas en inglés) y de la Organización Metereológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés). El IPCC elabora evaluaciones periódicas sobre la evidencia científica respecto del cambio climático, sus bases físicas, sus implicancias y futuros riesgos, así como la identificación de opciones de mitigación y adaptación. El primer reporte del IPCC en 1990 fue discutido en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en esta se acordó generar una propuesta para la implementación de una Convención Marco para el Cambio Climático (FCCC, por sus siglas en inglés) para ser evaluada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Ambiente y el Desarrollo o Cumbre de la Tierra, que se realizó en Río de Janeiro (en 1992). La propuesta fue adoptada y entró en vigencia en 1994, estipulando que los países signatarios se reunirían anualmente (en asambleas conocidas como Conference of the Parties o COP) para evaluar los progresos en las medidas para lidiar con el cambio climático, la primera de las cuales tuvo lugar en Berlín en 1995. Desde esa fecha, se han implementado distintos mecanismos para fomentar la acción colectiva de los países con el fin de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Desde el fallido protocolo de Kioto en la COP3 hasta el Acuerdo de París en la COP21, cuyo objetivo es asegurar un calentamiento bajo los 2 ºC y hacer esfuerzos para que este sea, a lo más, de 1.5 ºC, las naciones han sido llamadas a tomar acciones antes del 2020. La COP25 que se llevará a cabo en Chile puede marcar un hito para tomar acciones concretas respecto del calentamiento del planeta y la crisis climática que enfrentamos. Es tiempo de actuar y de adoptar decisiones relevantes y transformadoras.

Un desafío mayúsculo El cambio climático es una de las mayores amenazas que enfrenta la sociedad moderna y es un enorme desafío social, científico, técnico, político, ético y filosófico. Es una oportunidad para pensar el fenómeno humano, de constatar que somos parte de los ciclos naturales y que los cambios que generamos en ellos ya nos están afectando, y que podrían impactar muy severamente los soportes que hacen posible nuestra calidad de vida en el planeta.

En 1865, el físico John Tyndall midió la absorción de calor de distintos gases, incluidos el CO2 y el vapor de agua, y señaló su importancia en la temperatura y en el clima de la Tierra. Así, junto a Eunice Foot, sentaron las bases de lo que ahora denominamos efecto invernadero. Es tiempo de reflexionar sobre las problemáticas que tiene la sociedad actual. De entender cabalmente el fenómeno del cambio climático. La crisis ambiental se puede revertir, pero para ello se requieren acciones a nivel individual, como modificar nuestros hábitos de consumo, a nivel de las empresas y los gobiernos; se requiere migrar hacia una matriz productiva neutral en carbono; fomentar una agricultura que minimice el uso de fertilizantes nitrogenados y limite así las emisiones de óxido nitroso; desarrollar una ganadería que reduzca las emisiones de metano y propiciar una empresa forestal que potencie la captura y secuestro de carbono, y minimice sus efectos sobre el ciclo del agua y los incendios forestales. Parte de la respuesta está en las llamadas soluciones basadas en la naturaleza. Estas implican un gran desafío tecnológico y, sobre todo, cultural. Tenemos que propiciar un cambio radical en la manera en que desarrollamos nuestras actividades agrícolas, ganaderas y forestales, y en cómo generamos energía para nuestros procesos industriales. Somos parte de la naturaleza y como cualquier otra especie, nuestro destino está unido al del planeta Tierra. Esperamos que este hito de la COP25, que ya se aproxima, sirva al propósito de comunicar el desafío global que el cambio climático significa para Chile y, en especial, de cómo podemos mitigar sus efectos, y adaptarnos a aquello que no podemos reducir. Eso implica conocer cuáles son los probables escenarios futuros e impactos del cambio climático sobre nuestra economía, infraestructura, seguridad alimentaria, acceso a recursos fundamentales como el agua, los recursos marinos y las contribuciones que los ecosistemas nos proveen, y que permiten que podamos seguir prosperando como sociedad. 41


fotografía PXHERE.COM

MARTÍN TIRONI. Sociólogo de la Universidad Católica y magíster en Sociología de la Universidad de ParísSorbonne, Francia V. Doctorado y posdoctorado por Centre de Sociologie de l’Innovation, École des Mines, de París, Francia. Visiting Fellow en el Centre for Invention and Social Process, Goldsmiths, University of London (2018). Actualmente, es investigador y profesor en la Escuela de Diseño de la UC.

La huella del hombre. Actualmente es imposible concebir el metabolismo de la Tierra sin tomar en consideración las trasformaciones e intervenciones producidas por el hombre sobre la vida del planeta. Nos encontramos en un punto crítico de insostenibilidad, lo que nos interpela a interrogar críticamente la cosmovisión antropocéntrica y productivista que ha sustentado nuestros modos de interactuar con las otras especies del planeta.

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Aprender a “habitar” el mundo

desechables

En este escenario de crisis, los modos de existencia humana se transforman en una amenaza para la perdurabilidad de los múltiples seres que pueblan el mundo. Urge identificar las narrativas y acciones capaces de hacernos proyectar y materializar futuros para la coexistencia. El presente artículo muestra cómo el ámbito del diseño puede constituir un importante catalizador de intervenciones que contribuyan a cocrear relaciones y espacios más sostenibles. Por MARTÍN TIRONI


a representación moderna de una naturaleza externa y reversible, que se encuentra allí afuera independiente e indiferente a las actividades humanas, ha empezado a desvanecerse con el advenimiento de la noción de Antropoceno (Bonneuil C. & Fressoz, J.B., 2013). Actualmente es imposible concebir el metabolismo de la Tierra sin tomar en consideración las trasformaciones e intervenciones producidas por el hombre sobre la vida del planeta, asociadas a un modelo civilizatorio y fuerzas geopolíticas, a modos de producción y estilos de vida determinados. El filósofo Bruno Latour se ha referido a esto como la irrupción de una era “posnatural”, donde la idea de naturaleza

salvaje, prístina y universal se vuelve indefendible, ante la constatación de la inexorable interpenetración de los sistemas humanos y los naturales, derrumbando con esto la dicotomía entre naturaleza y cultura (Latour, B., 2017). Si bien la influencia de la humanidad sobre el medioambiente y su entrelazamiento con este han existido siempre –y hay acalorados debates entre los científicos respecto de la periodización de estos procesos antropogénicos– son muchos los que apuntan a la modernidad capitalista como un acelerador de esta dinámica de transformación y destrucción de los ecosistemas. Debido a lo anterior, en estricto sentido correspondería hablar del capitaloceno (Haraway, D.J., 2016). Como sea, todo indica que el frágil ecosistema en el que vivimos se encuentra en un punto crítico de insostenibilidad. Esto nos interpela a interrogar críticamente la cosmovisión antropocéntrica y productivista que ha sustentado

En este escenario de crisis, de consecuencias imprevisibles para la Tierra, por primera vez los modos de vida humanos se transforman literalmente en una amenaza para la perdurabilidad de los múltiples seres que pueblan el mundo.

un mundo compartido. En la imagen, vemos un boceto de una intervención creada por la Escuela de Diseño de la UC (2016) e inspirada en la idea de diseño para la transición, (Hermansen, P., & Tironi, M., 2018) con animales del Zoológico Nacional de Chile. El propósito es repensar el tipo de relación que los humanos entablamos con los animales y crear las condiciones para un codiseño de reciprocidad interespecie. El desafío es lograr una ética del cuidado y la mutua interdependencia, a partir de prototipos especulativos de instrumentos musicales.

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nuestros modos de relacionarnos con las otras entidades que habitan la Tierra, basados en la idea de crecimiento ilimitado, la compulsión por lo nuevo y la explotación de los recursos naturales. En este escenario de crisis, de consecuencias imprevisibles para la Tierra, por primera vez los modos de vida humanos se transforman literalmente en una amenaza para la perdurabilidad de los múltiples seres que pueblan el mundo. Urge, entonces, identificar las narrativas y acciones capaces de hacernos proyectar y materializar futuros para la coexistencia. No se trata de volver a estilos de vida anteriores, ni restaurar una visión esencialista de la naturaleza, donde las huellas humanas desaparecen. Más bien, se hace necesario reflexionar sobre cómo podemos imaginar mundos más sustentables y, por lo mismo, éticos. Esta tarea no puede ser delegada únicamente a la ciencia ni menos al solucionismo tecnológico imperante. Ella debe ser abordada de manera transdisciplinaria, incorporando sensibilidades de diferentes dominios y procedencias. Dicho más directamente, la crisis actual demanda mucho más que un cambio en el mercado de las ideas o en las innovaciones tecnológicas. Como varios autores están abogando, requiere un giro sociocultural, una actualización de los saberes y prácticas que nos permitan “futurizar” alternativas en los modos de habitar y de hacer mundos (Escobar, A., 2018; Fry, T., 2015; Haraway, D.J., 2016; Latour, B., 2017). En lo que sigue, intentaré mostrar cómo el ámbito del diseño –entendido como proyecto sociocultural y modo de prototipar mundos (Tironi, M., 2017)– puede constituir un importante catalizador de intervenciones que contribuyan a codiseñar relaciones, espacios y mundos más sostenibles. Con tal fin desarrollaré ciertas dimensiones que van más allá de la concepción habitual del diseño, como disciplina enfocada únicamente a la generación de bienes o productos de consumo, para discutir cómo puede constituir un articulador de nuevos mundos, prácticas y colaboraciones.

La mantención: futuros perdurables Una de las claves del éxito del modelo capitalista reside en su capacidad para estimular, a partir de estrategias siempre nuevas y creativas, un circuito perfecto de producción y consumo basado en una marcada separación entre consumidor y productor. Esto se ve intensificado ante el universo de la obsolescencia programada, donde los ciclos de vida de los productos son cada vez más cortos, haciéndose más económico comprar uno nuevo que repararlo. Esto va consolidando lo que se ha denominado throwaway society o sociedad desechable (Dant, T., 2019), donde las cosas se usan para luego ser eliminadas como basura o residuos y los ciudadanos, al mismo tiempo, son relegados a un rol de “usuarios”, en una relación puramente clientelar con los objetos de consumo. Esto conduce a un culto maniático por la innovación y creación permanente, donde proliferan las estrellas de Silicon Valley, se celebra la figura del “sujeto-emprendedor” y se elaboran sofisticados discursos sobre la “clase creativa” y las innovaciones disruptivas. Esta expansión sin límites de los objetos desechables tiene consecuencias gigantescas sobre el planeta.

Todo indica que el frágil ecosistema en el que vivimos se encuentra en un punto crítico de insostenibilidad. Esto nos interpela a interrogar críticamente la cosmovisión antropocéntrica y productivista que ha sustentado nuestros modos de relacionarnos con las otras entidades que habitan la Tierra, basados en la idea de crecimiento ilimitado. En tal contexto, la práctica de la mantención, cuidado y reparación no goza de buena tribuna. Se trata de actividades poco reconocidas en nuestros modos de vida. Al contrario de la reputación que tiene la idea de innovación, la mantención es una suerte de mal necesario, una actividad casi denigrante que le quita tiempo a labores más enriquecedoras y elevadas. Por lo mismo, se trata de tareas que solemos hacer lo más rápido posible, o delegar a otros para poder consagrarse al trabajo “reflexivo”, “creativo”. No es coincidencia que la mayoría de las labores de mantención y cuidado sean ejercidas por personal “doméstico”, que se encuentra, generalmente, en el peldaño más bajo de la jerarquía social (Tironi, M., 2019). Pero este paradigma productivista va más allá de un modelo económico. De hecho, se conecta con formas culturalmente aprendidas de relación con el entorno. Así lo muestra el antropólogo Philippe Descola (2015) en su estudio sobre el pueblo de los achuares del Amazonas, donde la noción de producción no tiene sentido en el tipo de relación que despliegan con la naturaleza. Los achuares establecen más bien una relación de mutuo cuidado y mantención con ella, donde se dirigen a las plantas que cultivan bajo una ética relacional, de codependencia. Limpiar, ajustar, ensamblar, ordenar, apretar, regar, sacudir, ajustar y cuidar son todas operaciones que estamos realizando en nuestra relación con los objetos, personas y espacios que habitamos. La vida social se reproduce, en gran medida, en estos gestos y diálogos “reparadores” que constantemente realizamos. No hay mundo habitable sin conservación, sin objetos que persisten, sin una permanente reinstauración de sus propiedades históricas, materiales, estéticas, simbólicas, emocionales. Ahora bien, las cosas no permanecen naturalmente: si ellas duran y subsisten es porque son cuidadas, transmitidas, atendidas. Por ello, mantener es hacerle espacio al tiempo y a la memoria, lo cual es la posibilidad para toda creación. Habitar el mundo no es solo innovar y producir, sino también cuidar y mantener. O, pensando con Ingold (2013), habitar es entrar en “correspondencia” con el devenir de las cosas. La vida no está dada, ella se va haciendo en un continuo movimiento de mantenciones. Un mundo en crisis exige, por ende, un ethos del cuidado, entendido como “un hacer” que entreteje una malla de afectos, prácticas y relaciones que sostienen la vida. La mantención y el cuidado son el reconocimiento de una condición ineludible: somos seres en interdependencia, vulnerables y relacionales (De la Bellacasa, M.P., 2012). 45


Esto va consolidando lo que se ha denominado throwaway society (Dant, 2019), donde las cosas se usan para luego ser desechadas como basura o residuos, y los ciudadanos al mismo tiempo son relegados a un rol de “usuarios”, en una relación puramente clientelar con los objetos de consumo. No más cajas negras Aceptando por un momento que el mantenimiento puede tener más impacto en las ecologías y relaciones que habitamos que muchas de las innovaciones tecnológicas que se lanzan cada día al mercado, ¿qué explica la dificultad para desplegar y valorarla? Como se mencionó antes, uno de los principales obstáculos es cultural, en tanto estamos formados en una cultura que valora la producción por sobre el reparar y cuidar. Pero igualmente tiene que ver con cómo son diseñados los objetos que nos rodean. Solemos vincularnos con los bienes producidos como si fueran verdaderas “cajas negras”: sabemos lo que entregan, pero no cómo los hacen. Una forma de perpetuar el consumo es hacer que los usuarios se resignen a una posición pasiva de clientes, donde las habilidades necesarias para acceder al funcionamiento del objeto sean cada vez más herméticas, monopolizadas por los expertos (Dant, T., 2019; Tironi, M., 2019). Los objetos se hacen cada día más opacos, impidiendo la posibilidad de reparar, mantener e involucrarnos con ellos de otra manera que no sea el “modo usuario”. Hoy más que nunca la reparación y mantención aparece como un gesto de responsabilidad frente a la crisis ambiental que estamos experimentando. Tal como muchas agrupaciones de la sociedad civil lo están revindicando con el propósito de empujar hacia prácticas más ecológicas, la reparación y mantención son actividades que crean un conjunto de externalidades positivas. Es lo que ocurre con la cultura maker (creador) y do-it-yourself (hazlo tú mismo), los grupos de “Repair Café”, el auge de las huertas urbanas y proyectos de economía circular, entre otros. Todas son iniciativas que incitan a una apropiación creativa de parte de las personas, que disminuyen los desechos, que fomentan la colaboración e intercambio de saberes, que rompen la demarcación entre “saber profesional” y el “saber profano”. Hay que tener en cuenta, por lo demás, que muchas veces la creatividad e innovación más relevante es la que sucede después de lanzados los productos, ya fuera de los laboratorios de I+D; es decir, cuando estos se confrontan a las experiencias, contextos, improvisaciones y problemas que surgen desde la apropiación que hacen las personas. De ahí entonces que, cuando reparamos o mantenemos lo que hacemos dejamos de concebir los artefactos o entornos como un simple matter of fact (cuestión de hecho), hermético e invisible al debate público y pasan a ser concebidos como lugares de experimentación, involucramiento y aprendizaje, de reinvención de nuevas habilidades. Aprender a involucrarnos con los objetos con los que vivimos y adquirir habilidades para cuidarlos parece un movimiento necesario para la transición hacia un mundo más sustentable. Constituye un proceso de toma de conciencia respecto de

las relaciones que entablamos con nuestro entorno (Dant, T., 2018). No solamente estamos contribuyendo a que existan menos residuos en el planeta, sino también estamos involucrándonos en un plano ético, activando afectos, cuidados e interdependencias constitutivos de los procesos ambientales.

Diseño para las transiciones: construcción de escenarios y coexistencia Para el filósofo Tony Fry (2015), una de las principales propiedades del diseño es su capacidad de pensar proyectualmente el tipo de vínculo que establecemos con el mundo. Su reto es crear futuros abiertos a múltiples posibilidades y devenires; es decir, crear las condiciones para la “futurización”. Sostiene, en este sentido, que el diseño debe ser pensando como una acción ontológica (Escobar, A., 2018; Fry, T., 2015), como una actividad que tiene el potencial de crear modos de hacer y ser en el mundo, lo cual implica que puede contribuir al desarrollo de una sensibilidad ecológica. Actualmente, sin embargo, estaríamos experimentando una “desfuturización”: una derrota de nuestras herramientas especulativas para desapegarnos del statu quo, producto de un omnipresente imaginario productivista que restringe los futuros y la capacidad de proyectar escenarios alternativos. En esta

PARA LEER MÁS Binder, T., Brandt, E., Ehn, P., & Halse, J. (2015). “Democratic design experiments: between parliament and laboratory”. CoDesign, 11(3-4), 152-165. Dant, T. (2019). “Inside the bicycle: repair knowledge for all”. In I. Strebel, A. Bovet & P. Sormani (Eds.), Repair Work Ethnographies (pp. 283-312). Singapore: Palgrave Macmillan. De la Bellacasa, M. P., (2012). “Nothing comes without its world: thinking with care”. The Sociological Review, 60(2), 197-216. Descola, P. (2015). Par-delà nature et culture. Paris: Gallimard. Dunne, A., & Raby, F. (2013). Speculative everything: design, fiction, and social dreaming. Cambridge, MA: MIT Press. Escobar, A., (2018). Designs for the pluriverse: Radical interdependence, autonomy, and the making of worlds. Durham, NC: Duke University Press. Fry, T., (2009). Design futuring: Sustainability, ethics and new practice. Oxford / New York: Berg. Haraway, D. J., (2016). Staying with the trouble: Making kin in the Chthulucene. Durham, NC: Duke University Press. Hermansen, P., & Tironi, M., (2018). “Impugnaciones pedagógicas: prototipado interespecies y encuentros cosmopolíticos”. Diseña, 12, 197-227. Ingold, T., (2013). Making: Anthropology, archaeology, art and architecture. London / New York: Routledge. Irwin, T., (2015). “Transition design: A proposal for a new area of design practice, study, and research”. Design and Culture, 7(2), 229-246. Latour, B., (2017). Facing Gaia: Eight lectures on the new climatic regime. John Wiley & Sons. Smith, R. C., Vangkilde, K. T., Kjærsgaard, M. G., Otto, T., Halse, J., & Binder, T. (Eds.). (2016). Design anthropological futures. London: Bloomsbury Publishing. Tironi, M., (2017). “Repensando la política desde el diseño (y el diseño desde la política)”. Diseña, 11, 37-45. Tironi, M., (2019). “Inquiring and experimenting with urban ecology: pragmatist lessons from public bicycle repair”. In Repair Work Ethnographies (pp. 187-219). Singapore: Palgrave Macmillan. Tironi, M., & Hermansen, P. (2018). “Cosmopolitical encounters: Prototyping at the National Zoo in Santiago, Chile”. Journal of Cultural Economy, 11(4), 330-347. Tsing, A. L., (2015). The mushroom at the end of the world: On the possibility of life in capitalist ruins. Princeton, NJ: Princeton University Press.


fotografía GREEN GLASS

dirección, Fry hace un llamado a los profesionales del diseño a producir “futuros que tengan futuros”, a detener el proceso de “desfuturización” que tiene al planeta en una situación crítica. Es una interpelación a tomarse en serio el trabajo de formulación de narraciones y fabulaciones que permitan transitar hacia otros mundos posibles. Bajo términos como “diseño para la transición” (Irwin, T., 2015), “diseño para la innovación social” (Manzini, E., 2015) o “diseño especulativo” (Dunne, A., & Raby, F., 2013), el campo de esta disciplina está adoptando un rol determinante en la creación de futuros, con diferentes iniciativas que están probando las condiciones para un modelo social más sostenible. El objetivo de muchos de los proyectos que se inscriben en estas perspectivas no es producir un objeto o producto delimitado, sino hacernos reflexionar sobre los sesgos culturales dominantes y proporcionar escenarios que permitan rediseñar los modos de coexistencia. Surge un interés por desarrollar proyectos –basados en estrategias de codiseño “con” las comunidades, creación y visualización de escenarios, prototipos, etcétera– que se despliegan a partir de la idea de diseños-con-sentido, esto es, que favorezcan y potencien las condiciones para colaboraciones y vidas más sostenibles en entornos crecientemente individualizados y robotizados. Por ejemplo, uno de los principales promotores de esta perspectiva, Ezio Manzini, ha buscado conceptualizar e implementar la idea de diseño colaborativo para la sustentabilidad, por medio de intervenciones locales accesibles para diversos públicos. La idea es reconocer las capacidades de las propias personas involucradas, con el fin de “activar, mantener y orientar los procesos de cambio social que llevan a la sostenibilidad” (Manzini, E., 2015). Se trata de diseños menos interesados en la resolución de problemas puntuales que en la activación y creación de capacidades para futuros más conscientes y colaborativos.

Diseño para la coexistencia Uno de los ámbitos más provocativos en el diseño para las transiciones es el vinculado a proyectos que buscan sacarlo de un enfoque excesivamente antropocéntrico. Estos intentan proyectar diseños que permitan incluir entidades másque-humanas y fomentar nuevas formas de relación humanidad-medioambiente. Estos trabajos hacen una invitación a reconocer los límites de los modelos del diseño, centrados en los humanos, para explorar formas de descentramiento a través de operaciones de codiseño para la inclusión de otras entidades invisibilizadas en la construcción de lo común, como pueden ser animales, plantas, ríos, tecnologías, etcétera (Binder, T., et al., 2015; Smith, R.C., et al., 2016). Al buscar darle voz a esos “otros” generalmente excluidos, el objetivo de estos proyectos es generar conexiones todavía inimaginables con esos seres, reconociendo la capacidad de hacer mundos (worldmaking) habitables que despliegan esos agentes no humanos, como, por ejemplo, los hongos (Tsing, A.L., 2015). Repensar esta relación ha implicado salirse de la zona de confort de diseños informados con destinatarios humanos, para indagar en las condiciones para componer mundos en sus máximas potencialidades, donde todos los seres, sean humanos o más-que-humanos, tengan la posibilidad de habitar y cuidar un mundo en común.

Vidrios eternos. Aprender a involucrarnos con los objetos con los que vivimos y adquirir habilidades para cuidarlos. Hoy más que nunca la reparación y mantención aparece como un gesto de responsabilidad frente a la crisis ambiental que estamos experimentando. Es lo que ocurre con iniciativas como Green Glass, quienes trabajan con los recolectores de botellas de vidrio, las cuales transforman en vasos que son comercializados para su reutilización.

(Se) requiere un giro sociocultural, una actualización de los saberes y prácticas que nos permitan “futurizar” alternativas en los modos de habitar y de hacer mundos. 47


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Los

desafíos de

Chile

La sequía ya provoca estragos. El 76% de la superficie está afectada por la crisis hídrica, desertificación o suelo degradado, con un uso diario de 3.200 litros de agua por cada chileno. Aunque este panorama de emergencia climática adquiere hoy protagonismo, son varios los frentes en los que este territorio presenta debilidades, al poseer siete de las nueve características que la Convención Marco de las Naciones Unidas establece para que un país sea vulnerable a los impactos del cambio climático. Sin embargo, a partir del año 2019 surgen señales positivas en la balanza, tanto desde lo público –energías renovables y transporte urbano electrificado– como desde el sector privado. Por Revista Universitaria

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a vulnerabilidad ante el cambio climático puede ser definida como la predisposición de un sistema, humano o natural, a ser afectado negativamente por algún fenómeno de origen climático al cual se encuentra expuesto, generando el riesgo de ocurrencia de desastres o daños asociados. La definición de vulnerabilidad del Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) indica que esta incluye la sensibilidad o susceptibilidad al daño y la incapacidad para adaptarse y enfrentarlo. Chile es un país con una gran diversidad de climas y ecosistemas asociados. El cambio climático, que la ciencia considera una realidad, tendrá impactos importantes en estos sistemas naturales, artificiales y las comunidades que los ocupan y habitan. Esta diversidad es una de las principales razones por la que Chile es considerado como un país altamente vulnerable y expuesto a los impactos que tendrán estas transformaciones en el régimen de temperaturas y precipitaciones. Posee grandes extensiones de borde costero 50

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de baja altura; áreas áridas y semiáridas; muchos bosques; áreas susceptibles a desastres naturales; áreas propensas a sequía y desertificación; zonas urbanas con problemas de contaminación atmosférica y ecosistemas montañosos como las cordilleras de la Costa y de los Andes; cumple así con siete de las nueve características que la Convención Marco de las Naciones Unidas establece para que un país sea vulnerable a los impactos del cambio climático. La dependencia de nuestro país a la producción y exportación de materias primas también contribuye a su vulnerabilidad. Esta problemática se ha manifestado en los grandes incendios de la zona centro-sur en las temporadas 2016-2017 y 2018-2019 o en las inundaciones que

Horacio Gilabert. Es académico de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal de la UC e ingeniero forestal de la Universidad de Chile y doctorado en Recursos Forestales por Pennsylvania State University, Estados Unidos. Además, es MSc en manejo de recursos naturales de la Universidad de Edimburgo, Escocia. han afectado al norte del país en los años 2015, 2017 y 2019. En esos casos, eventos extremos de temperaturas o de precipitaciones, en conjunto con factores adicionales, gatillaron desastres naturales que afectaron severamente ecosistemas naturales y comunidades.

Esta diversidad es una de las principales razones por la que Chile es considerado como un país altamente vulnerable y expuesto a los impactos que tendrán estas transformaciones en el régimen de temperaturas y precipitaciones.

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Un país vulnerable


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umerosos son los ejemplos que podemos citar en los que Chile aparece con iniciativas interesantes, especialmente si se considera el tamaño de su economía. La discusión de una Ley de Cambio Climático, el rol de su sector agrícola y forestal en la mitigación, y el acento en energías renovables son imágenes que muestran que se camina en la dirección correcta. Por otra parte, y al igual que muchos países, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés), que reflejan el aporte concreto en la lucha contra el cambio climático, son todavía insuficientes. Es por ello que, más allá de contentarnos con los primeros avances y los aportes que se han hecho en una gama de temas, se requiere apurar el paso. La magnitud del desafío que tenemos es enorme. Muchas veces se ha debatido sobre el rol que tiene Chile en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, argumentando que la pequeña cifra que aporta el país al cúmulo de las emisiones no es significativa, y que son los actores de mayor tamaño los que deben tomar la iniciativa. Lamentablemente, esa idea desconoce que la única forma para que logremos cambiar la trayectoria de las emisiones es teniendo el compromiso de todos los países, ya que el incentivo al incumplimiento se minimiza, en la medida en que se evidencia que todos

están haciendo esfuerzos y participando de una fiscalización recíproca. Chile puede construir una posición de liderazgo potenciando sus esfuerzos de mitigación, incorporándolos como una nueva realidad de su estrategia de desarrollo. Esto contribuirá a que pueda, por ejemplo, explotar ventajas competitivas como las que ofrece la energía solar para muchas actividades o la protección de su patrimonio ambiental para recuperar un mayor número de tierras y bosques degradados, así capturando carbono y protegiendo su patrimonio ambiental. Un segundo aspecto sobre el cual se debe avanzar es el desarrollo de una agenda más decidida en materia de adaptación. En los últimos años, hemos tenido ejemplos muy ilustrativos del futuro que podría esperarnos. Los incendios forestales, sequías y olas de calor, entre otros, son en sí mismos casos de estudio que son ricos en información, la que debiera ser utilizada para el desarrollo de planes de adaptación concretos, con medidas que sean susceptibles de evaluar. Tercero, y no menos importante: necesitamos invertir en ciencia y tecnología. Una vez más, topamos con el principal escollo para el desarrollo que tiene nuestro país: su incapacidad de entender que el conocimiento es un motor y no un elemento suntuario del cual se prescinde en momentos de escasez. Necesitamos más

fotografía FACULTAD DE AGRONOMÍA DE LA UC

No podemos descansar

Francisco Meza. Es profesor de la Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal e investigador del Centro del Cambio Global, ambos de la UC. Doctor en Ciencias Atmosféricas por Cornell University, Estados Unidos; es ingeniero agrónomo y magíster en Ciencias de la Ingeniería Mención Hidráulica y Ambiental, ambos de la UC. y mejores centros de investigación de excelencia (por ejemplo, Fondap) que aborden este tipo de desafíos. No podemos contentarnos con tener una o, peor aún, ¡ninguna iniciativa que desarrolle investigación con financiamiento de mediano plazo! Menos aún, considerando que el umbral de 1,5 °C, que ha sido definido por Naciones Unidas como tolerable, se encuentra solo unas décadas más adelante.

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fotografía PEXELS

Una vez más, topamos con el principal escollo para el desarrollo que tiene nuestro país: su incapacidad de entender que el conocimiento es un motor y no un elemento suntuario.


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l factor más importante que explica el aumento reciente en el nivel medio del mar (NMM) es su expansión térmica, responsable del 80% de la variación en los últimos 110 años. Entre 1870 y 1971, el océano se calentó entre la superficie y los 700 metros de profundidad del orden de 0,11 °C por década. Aunque se han identificado ciudades costeras amenazadas en los Países Bajos y Bangladesh, entre otros, es muy diferente la realidad en el litoral del Pacífico Sur Oriental –el que incluye a Colombia, Ecuador, Perú y Chile– porque aquí los procesos tectónicos generan cambios más importantes y rápidos de deformación vertical de la corteza que los asociados al aumento en el nivel del mar debido al cambio climático, los que exigen investigación propia, de ambos fenómenos en forma simultánea. El fenómeno, en todo caso, nos incluye. Uno de los escenarios conservadores de cambio climático para el año 2100 predice aumentos del NMM de entre 20 y 3o cm para distintas latitudes del país; otros modelos predicen aumentos de hasta 74 cm. Debido al cambio climático, en la zona central de Chile también existe una tendencia al aumento en la frecuencia e intensidad de las marejadas, además de un giro al sur del oleaje cuyas consecuencias en la morfología de las costas tampoco ha sido suficientemente estudiado. Por otra parte, la información científica confirma una tendencia a la disminución de la concentración de O2 para todos los océanos entre 1960 y 2010, mayoritariamente por el aumento de la temperatura del agua. Es otra realidad relevante, porque el O2 juega un rol esencial en la vida de todos los organismos marinos que respiran, precisamente, dentro del agua. Esto se relaciona con una gradual acidificación de las aguas océanicas, en especial costeras. Se estima que entre 1750 y 2011, las emisiones de CO2 de origen antropogénico a la atmósfera se incrementaron en aproximadamente un 40%; la mitad de este se produjo en los pasados 40 a 50 años; un 30% fue absorbido por el océano. También parecen ser importantes las influencias del cambio climático en los desembarques de recursos marinos y en la acuicultura en Chile, pero faltan estadísticas para hacer estudios confiables; la pesca ilegal, por ejemplo, dificulta hacer cálculos demostrables. Lo mismo sucede 52

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con las mareas rojas, cuya relación con el cambio climático tampoco ha podido ser evaluada científicamente. Durante 2016, en Chile se desarrolló una Estrategia Nacional de Investigación, Desarrollo e Innovación para un Chile resiliente frente a desastres de origen natural (del CNID), que pone particular énfasis en las medidas de adaptación al cambio climático. En la Tercera Comunicación Nacional de Chile ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático se identificaron algunos aspectos sobre la vulnerabilidad del país y su adaptación; ambos documentos constituyen una buena ventana de entrada a comprender las medidas de adaptación, pero no abordan de manera detallada las medidas concretas que se requieren: • Una estadística de calidad: Chile cuenta solo con 40 mareógrafos y ni una sola boya mayor permanente de oleaje, lo que nos deja algo ciegos; se debe contar con un monitoreo continuo e integrado, nuevas capacidades satelitales de observación continua del territorio, redes masivas de sensores de bajo costo y la conexión del conjunto de redes internacionales desplegadas en el país. • Necesitamos mapas de amenaza, vulnerabilidad y riesgo de inundación, que incorporen los posibles efectos del cambio climático; un esfuerzo incipiente se hizo en Arica. • Faltan opciones “verdes” en el diseño de infraestructura costera: restauración de humedales, rehabilitación y reconstrucción de dunas y playas, uso de arrecifes artificiales de coral o de cinturones verdes de protección contra inundaciones. • Aplicar estrategias encaminadas a adaptarse al eventual retroceso de la costa, para combatir la erosión. • Controlar el excesivo desarrollo inmobiliario de zonas costeras altamente vulnerables. Sin embargo, todas estas acciones solo serán posibles en la medida que haya me-

fotografía KARINA FUENZALIDA

El océano sustentable

Juan Carlos Castilla. Es profesor emérito de la Facultad de Ciencias Biológicas y del Centro de Cambio Global de la UC. Recibió el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas en 2010. Además, es doctor en Biología Marina y doctor en Ciencias, ambos por la Universidad de Bangor, Gran Bretaña. joras en el acceso a estadística oceanográfica de calidad y con cobertura espacial y temporal adecuada; se validen los escasos modelos de predicción de oleaje disponibles para lugares puntuales en nuestras costas; se desarrollen modelos de predicción de marea meteorológica y se conforme una masa crítica de profesionales con formación en el ámbito de la ingeniería marítima y disciplinas afines. Una de las estrategias más prácticas y efectivas es la de la creación de Áreas Marinas Protegidas; naciones costeras se habían comprometido a resguardar un 10% de sus aguas al 2020, pero al 2015 solo el 3,5% de los océanos tenía alguna protección; recientes estudios indican la conveniencia de subir la meta al 30%. Sin embargo, algunos científicos afirman que ello sería un distractivo ante la sobreexplotación, pero pareciera que es un camino útil; no el único, pero sí como parte de una estrategia integral. En esto, Chile sí presenta avances notorios que han merecido reconocimiento internacional.

Una de las estrategias más prácticas y efectivas es la de la creación de Áreas Marinas Protegidas; naciones costeras se habían comprometido a resguardar un 10% de sus aguas al 2020, pero al 2015 solo el 3,5% de los océanos tenía alguna protección.


fotografía PXHERE

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a cercanía de Chile al continente blanco ha generado una relación de varios años, la que comenzó a ser relevante cuando la ciencia dimensionó algunos impactos ambientales en ese lugar. Aunque el país carece de los equipos y grandes taladros de Estados Unidos, Europa y China, que bajan hasta tres y cuatro kilómetros de hielo, sus observaciones del pasado recién son valiosas para el entendimiento del cambio climático moderno. En algunos casos, los científicos chilenos trabajan asociados con centros de Europa, Estados Unidos y Japón, haciendo uso de sus equipos. Esto robustece estudios como el de la capa de ozono o los cambios meteorológicos y en las aguas antárticas. Punta Arenas, como base, es importante en la logística de muchos países. Hoy es más posible preguntarse cómo va a impactar el cambio climático en esa zona. Se pensaba que no había situaciones como la de Groenlandia, donde las temperaturas del aire se elevaron muy rápido, pero se descubrió que, más lento, en la Antártica también sube, especial-

mente por debajo del hielo y por el calentamiento del océano. La zona de más cambios es la costera. Aunque todavía hay un cierto equilibrio, ya que el hielo crece en el interior mientras decrece en la costa, la Antártica del oeste y la península antártica se derriten rápidamente. La desintegración de toda la capa de hielo en la zona oeste es un escenario posible, ya que se piensa que esto podría haber ocurrido en el último interglacial, hace unos 120.000 mil años, cuando la temperatura era unos 4 °C más alta que ahora. Esto podría subir el nivel del mar hasta 5 m en los próximos centenares. Los informes científicos se concentran en el calentamiento global, la pér-

Fabrice Lambert. Es académico del Instituto de Geografía de la UC e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia. Es Msc en Física y doctorado en Física del Clima, ambos por la Universidad de Berna, Suiza.

fotografía CÉSAR CORTÉS

Los hielos ya no son eternos

dida de biodiversidad y otros impactos, pero lo más difícil para enfrentarse al cambio climático es la transformación económica y sociológica necesaria para que el ser humano modifique sus hábitos. Lo que sí es claro es que mientras antes se tomen medidas, la adaptación será más gradual.

Hoy es más posible preguntarse cómo va a impactar el cambio climático en la Antártica. Se pensaba que no había situaciones como la de Groenlandia, donde las temperaturas del aire se elevaron muy rápido, pero se descubrió que, más lento, aquí también sube. 53


fotografía ANTOFAGASTA MINERALS

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n las encuestas y en los medios estamos viendo una sociedad que cada vez está más consciente de la necesidad de un consumo y una producción sostenibles. El Acuerdo de París busca cambiar la estructura de la economía global a nivel mundial y tiene entre sus objetivos alinear los flujos financieros públicos y privados con la acción climática. Los países ya están realizando los arreglos legales e institucionales para ello. Frente a esto, uno se pregunta ¿qué está haciendo el sector privado chileno para estar a la altura de estos desafíos? En algunos casos, como el del área forestal, la reputación que se construyó en los años 80 y los 90 no deja ver aún con claridad a una industria que, actualmente, cumple con los más altos estándares internacionales de manejo de plantaciones forestales y relación con las comunidades, avalada por la certificación Forest Stewardship Council (FSC) para toda producción de celulosa y papel, y una gran parte de la madera que se produce en el país. Algo similar ocurre con la industria salmonera, cuya producción está alineándose con los exigentes estándares de Marine Stewardship Council (MSC), pero sigue siendo vista por amplios sectores como poco sostenible. En el ámbito minero son cada día más las empresas que han optado por requerir a sus proveedores el suministro de energías renovables y sus estándares de seguridad y salud ocupacional son de los mejores del mundo.

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Más evidente es el esfuerzo realizado por el sector de generación de energía, donde no solo existe un acuerdo entre las autoridades y los privados de realizar la salida total del carbón al 2040, sino que el auge de las energías renovables no convencionales de 2% a 20%, en menos de 15 años es el reflejo de un sector con nuevos actores, dinámico e innovador. Por su parte, el trabajo que están realizando las empresas que producen bienes de consumo masivo, para modificar envases y desarrollar productos con menos huella ambiental, está dando paso, poco a poco, a una economía más circular. Los avances del sector privado productivo contrastan con la situación del sector financiero chileno. Salvo notables excepciones, como es el caso del BancoEstado y la Bolsa de Santiago, la gran mayoría de la banca, así como los fondos de inversión y de pensiones, se han quedado atrás. Aún no han incorporado la sustentabilidad –y mucho menos la acción climática– en el corazón del negocio y, por lo tanto, no han sido capaces de jugar el estratégico

Marina Hermosilla. Es ingeniero agrónomo de la Universidad de Chile y miembro del Consejo Asesor de la ONG internacional World Wildlife Fund for Nature, WWF-Chile, y miembro del Consejo Consultivo de Expertos del proyecto Partnership for Market Readiness del Banco Mundial en Chile. Es directora ejecutiva del Grupo de Líderes Empresariales por la Acción Climática, CLG-Chile. rol que les cabe de facilitar el financiamiento para la transformación hacia una economía más sostenible, menos intensiva en carbono y más resiliente al clima. Modificar la estructura productiva del país a una baja en carbono es, sin duda, un gran desafío, pero Chile tiene las condiciones para ello: riqueza en múltiples energías renovables, estabilidad económica y política, un sector privado dispuesto a innovar y un sector financiero que, aunque requiere proactividad, opera con los estándares de los países más desarrollados.

Modificar la estructura productiva del país a una baja en carbono es, sin duda, un gran desafío, pero Chile tiene las condiciones para ello: riqueza en múltiples energías renovables, estabilidad económica y política, un sector privado dispuesto a innovar y un sector financiero que, aunque requiere proactividad, opera con los estándares de los países más desarrollados.

fotografía GENTILEZA MARINA HERMOSILLA

Un sector privado comprometido


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l principal compromiso de Chile, ante los riesgos relacionados con el cambio climático, implica alcanzar la carbono-neutralidad hacia el año 2050, con lo que seríamos el primer país en vías de desarrollo en lograr ese objetivo. Aunque es una meta que parece ambiciosa, la emergencia climática nos ha obligado a revisar ese calendario. La transformación de la matriz energética hacia energías renovables es un proceso decisivo en esa dirección, tendencia mundial que, al año 2017, ya significó una inversión que superó los 33.000 millones de dólares. Afortunadamente, las fuentes de energías renovables –que corresponden a aquellos recursos considerados inagotables– tienen un alto potencial de desarrollo en Chile, especialmente en relación con lo hídrico, lo solar y lo eólico.

Para incentivarlas ya se han promulgado leyes –20.257 y 20.698–, orientadas a lograr una generación renovable del 10% al año 2024, para los contratos anteriores a julio de 2013 (y posteriores a 2007), y del 20% a los posteriores. Hay avances interesantes, como el proyecto Cerro Dominador de concentración solar, que permitirá evitar 870.000 toneladas de CO2 al año. Por supuesto, ello no es suficiente para ser carbono neutral; se requieren otras inversiones, en especial, si se busca adelantar los compromisos que se pensaron al 2050 y ahora se intenta lograr antes, ojalá al 2030. Para que el proceso se acelere, falta incorporar una correcta valoración, tanto de los beneficios que se alcanzarían como de los daños ambientales que podrían ser evitados, mediante esta transformación de la matriz energética.

fotografía CÉSAR CORTÉS

Un país de energías inagotables

Enzo Sauma. Es profesor de la Facultad de Ingeniería de la UC. Es ingeniero civil industrial y magíster en Ciencias de la Ingeniería, ambos de la UC. Además, es magíster en Ingeniería Industrial e Investigación y Operaciones, y doctor, todos por la Universidad de California, Berkeley, Estados Unidos.

fotografía ROSARIO NIETO

Las fuentes de energías renovables –que corresponden a aquellos recursos considerados inagotables– tienen un alto potencial de desarrollo en Chile, especialmente en relación con lo hídrico, lo solar y lo eólico.

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fotografía PRESSLATAM

n Chile, las emisiones de gases de efecto invernadero que provienen del transporte son una fuente muy importante y se proyecta que seguirán creciendo. En las ciudades, la perspectiva es crítica; pero una rápida adopción de la electromovilidad permitiría reducir sus emisiones en la medida que la fuente de la electricidad sea limpia de carbono. La prioridad debe ponerse en un transporte público eléctrico de calidad (buses y metro), que comience en las grandes ciudades y luego se expanda hacia las demás; el avance tecnológico lo debiera permitir. El bajo costo de baterías y energía permite proyectar a Bloomberg (NEF, 2018) que, al 2030, el 84% del total de ventas de buses será eléctrico, a nivel mundial. Santiago ya inició este proceso; solo en China se encuentran ciudades con más buses de este tipo y se programa, además, seguir fortaleciendo la extensa red de Metro. Un proceso similar debiera ocurrir con los automóviles y camiones eléctricos. Sin embargo, la movilidad en las ciudades enfrenta otra crisis similar: los largos desplazamientos acentuados por la pobre planificación urbana y la congestión vehicular; ellos causan pérdidas de productividad importantes y exigen unos espacios urbanos que impiden que emerja una ciudad más amable. Por eso, el foco también debe estar puesto en

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planificar el crecimiento urbano, desincentivar el uso del automóvil y fortalecer el transporte colectivo y no motorizado, mediante esquemas tarifarios y de priorización del espacio vial. Si los buses eléctricos circulan en medio de la congestión, pocos se bajarán del auto para escogerlos. Así, es importante entregar pistas segregadas al transporte colectivo de superficie, de buen diseño urbano, que le permitan ofrecer rapidez y confiabilidad. La electrificación del transporte privará al fisco del impuesto a los combustibles que suma un 5% de sus ingresos. En este contexto, se debe pensar en un esquema de tarificación de la movilidad que acelere el cambio tecnológico y fomente el transporte colectivo con perspectivas de contar, finalmente, con una conectividad urbana completamente electrificada al año 2040.

fotografía KARINA FUENZALIDA

Hacia un transporte urbano electrificado

Juan Carlos Muñoz. Es académico del Departamento de Ingeniería de Transporte y Logística de la UC, director del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus) y director de la Cátedra de Sustentabilidad. Es ingeniero civil y magíster en Ciencias de la Ingeniería, ambos de la UC. Además, es doctor por la Universidad de California, Berkeley, Estados Unidos.

La prioridad debe ponerse en un transporte público eléctrico de calidad (buses y metro), que comience en las grandes ciudades y luego se expanda hacia las demás; el avance tecnológico lo debiera permitir. El bajo costo de baterías y energía permite proyectar a Bloomberg –NEF 2018– que, al 2030, el 84% del total de ventas de buses será eléctrico, a nivel mundial.


fotografía PIXABAY fotografía GENTILEZA LUIS OTERO

La estrategia forestal

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os habitantes de Chile producen cerca de 90 millones de toneladas (t) de CO2 anuales. Cifra importante, pero que con una gestión sostenible de nuestros recursos forestales, basada en un mayor uso de la madera de las plantaciones para generar productos de larga duración (viviendas), en la experiencia acumulada en silvicultura y un manejo sustentable de nuestros bosques nativos, sería posible compensar para lograr ser carbono-neutrales en un futuro cercano. Para lograr esto, en primer lugar debemos considerar que el país cuenta con cerca de tres millones de hectáreas (ha) de plantaciones que, en promedio, capturan un total de 36 millones de t de CO2 por año. De esa cifra, un 70% se devuelve rápidamente a la atmósfera por descomposición de productos como papel, pañales, etcétera. Pero el resto –10,8 millones de toneladas– es muy relevante, por el CO2 que es retenido en la madera para la construcción de casas y muebles (según el Instituto Forestal de Chile, 2019), los que tienen una duración mayor a 30 años. Con una mejor política y mayor uso y construcción de vivienda en madera podríamos llegar al 50% de empleo de nuestras retenciones en las plantaciones, es decir a 18 millones de t de CO2. En segundo lugar, consideremos que la actual superficie de bosques nativos es

de 14 millones de hectáreas, de las cuales cerca del 40% es susceptible de manejo sostenible, es decir, unos cinco millones de hectáreas. Hoy sus bosques tienen un bajo crecimiento y captura de dióxido de carbono, ya que están degradados y poseen un tercio de la densidad o biomasa que podrían tener, fundamentalmente por la explotación y uso ganadero de los bosques. Con estos cinco millones de hectáreas manejadas, en promedio en los próximos 30 años lograríamos una captura de 40 millones de toneladas (manejo bosque nativo) y 35 millones de toneladas (en plantaciones de especies nativas). En tercer lugar, si se reforestan 3,5 millones de hectáreas con especies nativas –por ejemplo, en suelos que están disponibles entre Coquimbo y Aysén–, con especies adaptadas a la sequía en el norte como el algarrobo, el pimiento, el maitén y el quillay, entre otros; y más al sur, algunas como la araucaria, el roble, el raulí, el coihue y el ulmo, tendríamos la captura de unos 35 millones de toneladas de CO2 anuales, a partir del año 2020. Es decir, con el manejo sostenible de nuestros bosques llegaríamos en 30 años a fijar cerca de 93 millones de toneladas de CO2 anuales, poco más de las t que actualmente enviamos a la atmósfera. Por lo tanto, si esta situación se mantiene constante desde ahora, a partir del año 2030 podríamos ser un país con un ba-

Luis Otero. Es ingeniero forestal de la Universidad de Chile, con estudios de postgrado en la UC e investigador de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Austral de Chile; es consultor internacional en distintos países y autor de cuatro libros sobre temas ambientales y forestales. lance igual a cero en emisiones de CO2. Una vez que los bosques y las plantaciones nativas estén totalmente colmados de dióxido de carbono, será necesario iniciar nuevas estrategias: cosechar solo el crecimiento anual y convertirlo en productos de madera o que contengan CO2 de larga duración como casas, muebles, textiles o en biomasa para reemplazar la energía fósil. De esta forma, podremos seguir siendo un país carbono-neutral de forma indefinida.

Solo con el manejo sostenible de nuestros bosques, llegaríamos en 30 años a fijar cerca de 93 millones de toneladas de CO2 anuales, poco más de las toneladas que actualmente enviamos a la atmósfera. 57


fotografía PEXELS

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a sequía comienza a producirse normalmente por una condición meteorológica anómala durante un período prolongado, dando lugar a un déficit en las precipitaciones o a un aumento en la evapotranspiración. Esto puede causar una disminución de las reservas de humedad del suelo y, en consecuencia, afectar al flujo y almacenamiento hídrico superficial. Estos fenómenos pueden verse afectados, además, por el consumo humano de agua que modifica los patrones espaciotemporales de disponibilidad hídrica, alterando las características de las sequías e incluso desencadenando nuevos eventos. De este modo, estos fenómenos pueden estar provocados tanto por factores climáticos como humanos. Las variaciones climáticas probablemente condicionan la aparición de sequías de la misma forma que la influencia humana puede mitigarlas o intensificarlas, y sus consecuencias pueden reflejarse en distintos niveles. Por ejemplo, la escasez hídrica actualmente puede causar impactos significativos en los sistemas agua-energía-alimentos. Desviar agua de canales o embalses en las zonas aguas arriba podría beneficiar la seguridad alimentaria, pero conducir a una reducción del caudal de los ríos aguas abajo poniendo en peligro la seguridad hídrica y energética. Del mismo modo, el incremento 58

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de zonas demandantes de agua puede desencadenar déficits en zonas abastecedoras. Los estudios revelan que en el territorio central de Chile, la anomalía pluviométrica se prolonga casi diez años, con déficits de lluvia anual oscilando entre un 25% y un 45%. Esta zona acoge a más de 10 millones de personas que demandan agua para desarrollar prácticamente cualquier actividad. El descenso de los recursos hídricos podría comprometer el funcionamiento ambiental y económico de la zona central de Chile, influyendo profundamente en los componentes sociales y políticos del país. La evolución y las características de las futuras sequías no solo dependerán de los fenómenos climáticos, sino también de las actividades humanas. Por ello, es recomendable, por un lado, disponer de estrategias de gestión hídrica que permitan abordar y mitigar sus futuros efectos

Javier Lozano. Es profesor del Instituto de Geografía de la UC. Además, es doctor en Geografía Física por la Universidad de Extremadura (España) y máster en Sistemas de Información Geográfica y Teledetección por la Universidad de Gerona (España). y, por otro, reducir las emisiones actuales de gases de efecto invernadero, con el fin de evitar una modificación permanente de los patrones climáticos globales. Un ciclo de retroalimentación que, según nuestras próximas decisiones políticas y sociales, puede ser positivo o negativo. El futuro de este planeta es responsabilidad de las sociedades actuales.

Los estudios revelan que en el territorio central de Chile la anomalía pluviométrica se prolonga casi diez años, con déficits de lluvia anual oscilando entre un 25% y un 45%. Esta zona acoge a más de 10 millones de personas que demandan agua para desarrollar prácticamente cualquier actividad.

fotografía CÉSAR CORTÉS

Una década de sequía


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¿Vorágine legislativa

ambiental? En el escenario de la COP25, varias iniciativas legales de contenido ambiental se están discutiendo en nuestro país. A continuación, se muestran algunos proyectos que entregan algunas pistas de la situación actual en este ámbito. Si bien estos temas requieren una regulación jurídica clara y certera, se debe evitar caer en el impulso de producir leyes de una manera irreflexiva, motivadas por circunstancias puntuales (legislación a la carta) o por la errónea creencia de que una norma lo puede solucionar todo. Por dANIELA RIVERA

DANIELA RIVERA. Es directora del Centro de Derecho y Gestión de Aguas de la UC y profesora asistente adjunta de la Facultad de Derecho de la UC. Es doctorada en Derecho y magíster en Ciencia Jurídica, ambas de la UC, y licenciada en Ciencias Jurídicas de la Universidad de Talca.

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n este breve recuento queremos revisar la política legislativa ambiental y climática del país, que resulta ser muy diversa, y en la que suelen transcurrir extensos períodos para aprobar leyes. Sin embargo, durante este año, en que se desarrollará en Chile la COP25, pareciera agilizarse el ritmo y aumentar la necesidad de contar con más normativa. Ante ello, debe precisarse que, si bien estos temas requieren una regulación jurídica clara y certera, no debe caerse en el impulso de producir leyes de una manera irreflexiva, motivadas por circunstancias puntuales (legislación a la carta) o por la errónea creencia de que una norma lo puede solucionar todo. Se requieren buenas leyes, no hay duda de ello, pero no se trata de cualquier prescripción: deben diseñarse reglas adaptativas, flexibles y resilientes, que sean, a su vez, robustas. Para ello, no hay panaceas o un traje hecho a la medida. Aunque cada país puede extraer lecciones de modelos extranjeros, tiene el gran desafío de construir su propio marco regulatorio. Y en esta tarea debe comprenderse que hace falta mucho más que una ley para

Aguas (Boletín 7543-12)

Su objeto es introducir cambios sustanciales al Código de Aguas, vigente desde 1981. Este proyecto, que incluye múltiples modificaciones al régimen de aprovechamiento del agua (siendo una de las más discutidas el establecimiento de un plazo de duración a los nuevos derechos de aprovechamiento que se constituyan, los cuales, hasta ahora, son indefinidos) ingresó a tramitación en marzo de 2011; fue aprobado por la Cámara de Diputados y hoy se encuentra en el Senado, en la Comisión de Agricultura. Tiene asociada una urgencia simple para su tramitación, lo que significa que el proyecto debe ser conocido y despachado por la respectiva cámara en 30 días. No obstante, en este sector hay precedentes de plazos muy amplios en la aprobación de leyes (por ejemplo, la reforma al Código de Aguas publicada en 2005 tuvo 13 años de tramitación parlamentaria).

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No hay panaceas o un traje hecho a la medida. Aunque cada país puede extraer lecciones de modelos extranjeros, tiene el gran desafío de construir su propio marco regulatorio. Y en esta tarea debe comprenderse que hace falta mucho más que una ley para enfrentar exitosamente los retos ambientales y del cambio climático. enfrentar exitosamente los retos ambientales y del cambio climático; es fundamental contar con una ciudadanía informada, consciente y responsable, y con una institucionalidad (pública y privada) con capacidades suficientes para actuar con eficacia y cumplir las reglas establecidas.

Biodiversidad y áreas protegidas

Humedales

(Boletín 9404-12)

No es el único proyecto de ley sobre humedales que conoce el Congreso, pero es el que ha tenido movimientos más destacables últimamente. Pretende incluir el concepto de humedal urbano, disponiendo diversas medidas para su protección y gestión sustentable. Ingresó a tramitación en junio de 2017; fue aprobado por ambas Cámaras (diputados y senadores), y el Senado, en el tercer trámite constitucional, rechazó algunas de las enmiendas propuestas por la Cámara de Diputados, por lo que en esta última se ha constituido una comisión mixta para verificar este tema. Tiene urgencia simple de tramitación, y es el proyecto más avanzado de los enunciados en este análisis.

Su propósito es conservar la diversidad biológica del país, mediante la preservación, restauración y uso sustentable de las especies y ecosistemas. Para ello se contempla, entre otras figuras, la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, como un organismo público descentralizado. Este proyecto comenzó su tramitación en junio de 2014, fue aprobado el 24 de julio de 2019 en el Senado y enviado para revisión a la Cámara de Diputados. Tiene asignada urgencia simple para su tramitación.

(Boletín 11256-12)


PAISAJE AFECTADO. Chile es un pequeño emisor de gases contaminantes, pero será uno de los países más dañados. La ley de Cambio Climático debiera ayudar a afrontar los graves escenarios que se podrían aproximar, entre ellos, la desertificación y las largas sequías. fotografía NASA

PARA LEER MÁS

Glaciares (Boletín 11876-12)

Tampoco es el único proyecto de ley que busca generar un estatuto jurídico para los glaciares, pero es el que ha suscitado más atención en el último tiempo. Establece que estos cuerpos de agua no pueden ser objeto de apropiación y quedan excluidos del uso industrial, consignando una serie de actividades prohibidas, tanto en los glaciares como en el ambiente periglacial. Este proyecto ingresó a tramitación en julio de 2018 y fue aprobado en general en su primer trámite, ante el Senado. Hoy está a la espera del pronunciamiento de la Comisión de Minería y Energía del Senado, y no tiene urgencia de tramitación.

Delitos y daños ambientales

Germen legislativo: cambio climático

(Boletín 12398-12)

No hay todavía ningún proyecto de ley en tramitación en esta línea. Solo existe un anteproyecto, que estuvo en proceso de consulta pública hasta el 31 de julio de 2019, pero aún no se conoce el texto del proyecto de ley propiamente tal que ingresará al Congreso. Dicho texto declara cuatro objetos centrales, que, a su vez, son los supuestos que motivan el surgimiento de esta iniciativa: enfrentar los desafíos del cambio climático, avanzar hacia un desarrollo bajo en emisiones de gases de efecto invernadero (proponiéndose alcanzar la neutralidad al año 2050), aumentar la resiliencia y cumplir los compromisos internacionales de Chile en esta materia.

Es el más nuevo de los proyectos revisados, pues su tramitación comenzó el 22 de enero de 2019. Su objetivo es triple: sancionar los principales supuestos de daño ambiental; fortalecer el rol de la Superintendencia del Medio Ambiente en la persecución penal e incorporar la figura de los delitos ambientales en la responsabilidad penal de las personas jurídicas. Está en su primer trámite constitucional ante el Senado. Hoy tiene asociada urgencia simple para su tramitación.

• Proyectos de ley en el Congreso: https:// www.senado. cl/appsenado/ templates/ tramitacion/ index.php (al que hay que acceder con el número de boletín de cada proyecto que se menciona en la columna). • Elaboración Ley Marco de Cambio Climático: https://mma.gob. cl/proceso-deconsulta-publicadel-anteproyectode-ley-marco-decambio-climatico/

*Información actualizada al 4 de septiembre de 2019.

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fotografĂ­a REUTERS

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Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima

Una educación

transformadora El cambio climático es un problema ético y político global. Esto compromete a la propia emergencia de la vida y al mundo en que habitamos. Bajo muchos aspectos han sido los jóvenes quienes han tomado el protagonismo y la crítica al modo de producción y tipo de vida que han desarrollado las generaciones anteriores. Ellos, sus profesores, académicos e investigadores tienen la gran oportunidad de colaborar mancomunadamente en un proyecto que siente las bases de un mundo más humano y sostenible. Por Luis Manuel Flores

Luis M. Flores. Es doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, y profesor de Filosofía de la Educación en la Facultad de Educación de la UC.

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PARA LEER MÁS Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima es un proyecto que nació hace tres años como una actividad paralela a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, COP21, en París. Con el apoyo de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, Centro Edgar Morin. Müller M., “Percepción de estudiantes de pedagogía en relación a las oportunidades para el desarrollo de prácticas generativas en su formación”. Estudios Pedagógicos, 2016, XLII, N° 4: 145-163. Condeza A. y Flores L.M., “Configurations and Meanings of Environmental Knowledge: Transitions from the Subjective Experience of Students towards the Intersubjective Experience of Us”. Sustainability, MDPI, Open Access Journal, vol. 11, pages 1-17, may, 2019. Ehrenfeld, J.R., Sustainability by design. A subversive strategy for transforming our consumer culture. 2008. Marquet P., Flores L.M., Castilla J.C. “Educación y ambiente, a la luz de la Encíclica Laudato si’”. En: Sánchez I., editor. Ideas en educación, reflexiones y propuestas desde la UC. Santiago, Chile: Ediciones UC; 2016. p. 605-622. Morin E. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Editorial Paidós Ibérica, 2011.

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ás de 20 países de los cinco continentes integran el Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima, un proyecto internacional que se inició en la COP21. Este cuenta con el patrocinio de la Universidad Católica, a través de la Facultad de Educación, y es apoyado por Conicyt (representada por su programa Explora) y el Ministerio de Educación. Durante la primera fase del proyecto (2015-2017), el objetivo central fue la participación de los jóvenes en la discusión del futuro del planeta. Esto con el objetivo de fortalecer el ejercicio de una ciudadanía responsable, en términos de desarrollar una reflexión conjunta y generar propuestas de trabajo desde los propios liceos y comunidades escolares. La tarea fue responder a la formulación de nuestro primer objetivo, que consiste en contribuir al desarrollo de un espíritu ciudadano en los escolares participantes, a través de la elaboración de iniciativas que aporten en la toma de decisiones en las conferencias sobre el clima realizadas hasta ahora. En un segundo momento, 2018 a la fecha, se trabajó por crear conciencia sobre esta problemática, motivando a las nuevas generaciones a construir una mentalidad ecológica y social y que, al mismo tiempo, sea capaz de exponer sus puntos de vista sobre la urgencia de los aspectos relacionados con el cambio climático y, en general, con el medioambiente. La misión consiste en desarrollar con las comunidades educativas cuerpos de conocimiento contextualizado, a través de experiencias pedagógicas significativas en esta materia (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales; Centro Edgar Morin).

La reforma del pensamiento La teoría de la acción pedagógica del proyecto Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima no es “simple”. Antes que los conceptos y las definiciones de algunos modelos de “buenas prácticas”, está la decisión de transformar el conocimiento que se aprende en una acción comunitaria de saber. A fines de los años 80 y, a propósito de una reforma educacional en Francia, la Unesco le pidió al filósofo y sociólogo de esa nación Edgar Morin directrices para un cambio. Morin plasmó en el texto Los siete saberes necesarios para la educación del futuro los lineamientos metaprogramáticos de la estructura de una “reforma del pensamiento”, requerida en el tiempo presente. La idea de poner esto en marcha significa relevar los saberes vinculados a la experiencia de los estudiantes, de los profesores y también de la comunidad, como elementos de juicio (discernimiento) para la construcción de significado de aquello que se enseña y, sobre todo, de lo que se aprende. A diferencia del ejercicio de “integración” entre teoría y praxis que hacen, por ejemplo, las llamadas “prácticas generativas” (Müller M., 2016), el punto de partida es producir una experiencia de saber. Desde la perspectiva de las “teorías generativas” no hay una distinción real entre teoría y práctica. Esto supone afirmar que enseñar y aprender son parte de una misma configuración de conocimiento y, por tanto, de una

La idea de poner en marcha una “reforma del pensamiento” significa relevar los saberes vinculados a la experiencia de los estudiantes, de los profesores y también de la comunidad, como elementos de juicio para la construcción de significado de aquello que se enseña y, sobre todo, de lo que se aprende. red compleja de saberes que no son necesariamente disciplinares (Condeza A., & Flores L.M, 2019). La “reforma del pensamiento” no es, por ende, una modificación de la malla curricular, sino que se refiere a la posición que cada cual juega e interpreta en la red de significados de un conocimiento determinado. Las preguntas y los problemas siempre son más importantes que las respuestas. Además, como lo decisivo no es obtener un solo resultado “simple”, en este caso, sino más bien acompañar el proceso global de la “resolución de un problema”, incluir el error es parte fundamental de la estrategia para el aprendizaje.

Nuestros “olvidos civilizatorios” El modelo de la complejidad no se resuelve desde un único marco teórico y, por esta razón, no es un “ismo” del tipo pragmatismo, constructivismo u otro. En la apertura a otras fuentes a la estrictamente epistemológica es relevante destacar los trabajos de John R. Ehrenfeld y la encíclica Laudato si’, del Papa Francisco. En ambos casos encontramos una reformulación paradigmática a nuestro “modo humano de ser en el mundo” y a la forma de habitar en la “casa común”: el planeta Tierra. En estas fuentes se destaca que el tratamiento del problema del medioambiente y el cambio climático no solo es algo técnico, sino especialmente, un problema humano, social y político. John R. Ehrenfeld, un biólogo que representa la cultura científica, reformula la noción de sostenibilidad en los siguientes términos: “Comienzo con una nueva y distintiva definición de sostenibilidad. La posibilidad de que la vida humana y de otra índole florezca en el planeta para siempre. Florecer es la clave para una visión de un futuro sostenible” (Ehrenfeld, J.R., 2008). Es relevante la noción de florecimiento, que en el idioma francés es más explícita. En el caso de la vida humana, esta supone, además de una campaña de reciclaje y de sellos en los productos alimenticios, una toma de conciencia de nuestros “olvidos civilizatorios” que, como decía Heidegger, corresponde a un olvido profundo del ser. Este “olvido”, sostiene Ehrenfeld, tiene tres niveles: lo huma-


fotografía ATA/CRISTINO

no, que surge de nuestro sentido (perdido) de lo que es ser un “ser humano” y corresponde a lo que algunos filósofos (Ricoeur, Levinas) formularon como el “olvido del otro”. En segundo lugar, se encuentra el dominio de “lo natural”, que surge de la pérdida de sentido de nuestro lugar en el mundo original. Esta categoría es concordante con la falsa postura racionalista de oponer al hombre y a la naturaleza, o de tratar a la naturaleza como un objeto separado. Finalmente, está la dimensión ética que, evidentemente, incluye a los peldaños precedentes y que “surge de nuestro sentido (perdido) de responsabilidad por nuestras acciones y nuestras relaciones con los demás” (Ehrenfeld, J.R., 2008). Ahora bien, en términos análogos, el Papa Francisco reformula la comprensión de nosotros desde el sentido del habitar (ser) en el mundo, llamando a un cambio de modelo en la formación: “La educación será ineficaz y sus esfuerzos estériles si no procura también difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza” (Papa Francisco, encíclica Laudato si’). Este nuevo paradigma supone una reformulación de la idea habitual de naturaleza, de planeta, de ciencia y, evidentemente, de ser humano. La casa común es el llamado y la exigencia de un imperativo ético. Es así entonces que la ética, más que un conjunto de normas a cumplir, desde un punto de vista heterónomo, es una dimensión propiamente humana. Esta se estructura desde, al menos, dos principios fundamentales: la afirmación de sentido y, por otra parte, la enunciación como seres humanos de reconocimiento hacia la vida misma y al “otro” como un legítimo “otro” (Marquet P., Flores L.M., Castilla J.C, 2016). Este es el tenor desde donde situamos el proyecto pedagógico del pacto mundial de jóvenes, que significa la elaboración de una praxis transformadora de la educación en sus engranajes, sobre la base del aprendizaje, la enseñanza, el conocimiento, y los saberes vinculados al sentido de la propia experiencia vital y comunitaria de los estudiantes.

El método: el camino y el recorrido son lo mismo Descartes concebía al método como un discurso que, sin embargo, tenía momentos “analíticos” y fases en la acción del conocimiento. En nuestro caso, el método es una acción en donde el principio y el fin son lo mismo. Sin embargo, lo que es lo mismo no es igual, ya que no es la identidad de un proceso cerrado lo que lo define. Es necesario, cada vez, enfrentar la incertidumbre de un camino que literalmente “se hace al andar”. No es, por lo tanto, la metodología la que rige al problema, sino que es este el que estructura al método, y es el que recíprocamente organiza su condición de posibilidad. En rigor, no hay una metodología, sino una estrategia que comprende varias acciones, que pueden ser desde los focus group, hasta los seminarios realizados en conjunto entre los científicos que apoyan el proyecto, pero también con los propios estudiantes, quienes presentan sus estados de avance y sus propuestas. Los alumnos también vienen a los laboratorios de la universidad, y los científicos conocen los liceos regionales y se hace un trabajo conjunto de “divulgación”, que pretende generar en la comunidad una “conciencia ciudadana”. Este trabajo excede a los liceos participantes del proyecto y abarca a todos los actores de la comunidad educativa, in-

Una pedagogía virtuosa. El Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima en Chile está formado por 30 establecimiento municipales, de seis regiones del país. En la imagen vemos a los alumnos del colegio Aldea Educativa, de Rapa Nui, quienes viajaron el año pasado a la COP24 (Polonia) a presentar su proyecto para mejorar el cultivo de plantas, sobre la base de una ingeniería ancestral llamada Pu Oka (un sistema hecho de piedras).

Nuestro primer objetivo consiste en contribuir al desarrollo de un espíritu ciudadano en los escolares participantes, a través de la elaboración de propuestas que aporten en la toma de decisiones en las conferencias sobre el clima. 67


fotografía REUTERS/Yves Herman

Activistas belgas traen su mensaje de cambio

Impulsores mundiales. El Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima es un proyecto internacional que agrupa a 28 países, de los cinco continentes. En la foto, Greta Thunberg, acompañada a la izquierda por la activista belga Anuna De Wever en una protesta en febrero de 2019, en Bélgica.

cluidas también las autoridades regionales y políticas de los gobiernos en cada país. Se trabajó originalmente en cuatro regiones. El criterio de selección fue: liceos municipales, periféricos en su región, ciudad o localidad. La mayoría de ellos presentan un bajo nivel en las pruebas estandarizadas como Simce y PSU. La excelencia descansa en otros indicadores del sistema, tales como un buen clima escolar y altos estándares de inclusión social (generalmente abiertos a la comunidad). Hay liceos técnicos, otros agrícolas y polivalentes. Aunque la recepción mayor es en los establecimientos regionales, en la RM las comunas de Peñalolén, Lo Prado y Santiago se han destacado en su participación y compromiso.

Una pedagogía virtuosa Las actividades, que insistimos en denominar acciones, se realizan desde hace cuatro años. Los liceos participantes, además de los logros específicos relativos al proyecto, han conseguido “exportar” el método del mismo a sus habituales prácticas pedagógicas. Las consecuencias de esta “pedagogía virtuosa” son varias. La más relevante es que el conjunto de los estudiantes logra

La teoría de la acción pedagógica del proyecto Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima no es “simple”. Antes que los conceptos y las definiciones de algunos modelos de “buenas prácticas”, está la decisión de transformar el conocimiento que se aprende en una acción comunitaria de saber. 68

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Tal como la reconocida Greta Thunberg e inspiradas en su mensaje, en diciembre también visitarán el país las jóvenes activistas belgas Anuna De Wever (18) y Adélaïde Charlier (18). Ellas son líderes del movimiento Youth for Climate y han sido fundamentales en la relevancia mundial que esta iniciativa ha adquirido. Ambas decidieron viajar en barco a la COP25, para exigir medidas concretas contra el cambio climático. El Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima las invitó a actividades del proyecto, por lo que visitarán también el campus San Joaquín de la UC.

expresar sus ideas en público y son capaces de formular y resolver problemas de forma estratégica con sus pares, con sus profesores (no todos del área de ciencias) y con el apoyo permanente de los científicos de la UC. El Pacto Mundial de Jóvenes por el Clima ya se ha instalado y avanza en la construcción de un programa nacional de educación ambiental para los estudiantes de enseñanza básica y media del país. No hay duda de que el método de trabajo y, sobre todo, el de aprendizaje, es transferible a situaciones y regiones extremas, y no es por azar que hemos elegido liceos y localidades que atraviesan hoy por serias dificultades ambientales provocadas por el cambio climático, como es el caso de Putre, Chincolco y Chiloé. Este año, Chile recibe la COP25 y este proyecto será el anfitrión de la participación de los jóvenes en el lanzamiento de la “Primera Conferencia Mundial de Jóvenes por las Negociaciones del Cambio Climático” en la UC, con la colaboración del Congreso Futuro del Senado de Chile. El Papa Francisco nos llama a una conversión ecológica, pues este no es asunto de una sola religión, sino un problema ético y político global. Los jóvenes y los académicos de la universidad tenemos la gran oportunidad de colaborar mancomunadamente, en un proyecto concreto de desarrollo ético, nutriendo como hasta ahora las bases para un mundo más humano y sostenible.


La del cambio está

aquí

Los jóvenes que aquí se presentan saben que ellos serán los afectados con el cambio climático y también sus hijos. Aquí una muestra de su mirada frente a esta temática y las acciones que están desarrollando en sus comunidades para enfrentarlo. Por ANA CALLEJAS Y PAULINA VALENZUELA Fotografías karina fuenzalida, luis barriga y césar cortés

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“Esto llegó al límite” Martín Sáez, 20 años, Fundación Basura

“Crecí con la oportunidad de conocer la naturaleza de cerca. A mi familia le gustaba ir al sur y viví un tiempo en la comunidad ecológica de Peñalolén. Me sentía muy pleno en bosques, en la playa, al subir un cerro, eso era una fuente de paz para mí. Con el tiempo fui notando la contaminación y cómo esta se concentraba en la cuenca de Santiago. Era raro tener cinco años y tratar de entender el tema, ¿cómo es eso de que el aire está muy contaminado? Cuando ya tenía nueve empezó a masificarse la problemática de Hydroaysén. Eso me hizo pensar que había más factores que los autos y el smog. Fue doloroso de aceptar que todos somos parte del problema. En ese tiempo, no veía que a mucha más gente le importara el tema. A los 13 años decidí que iba a ser vegano, gradualmente, para no imponerle algo a mi familia. No quería causar problemas, pero sentía que no era algo de pura rebeldía, sino que tenía argumentos. Mientras más me informaba, más solo me sentía, porque antes nadie hablaba mucho de esta causa. A los mayores, como tienen más tiempo viviendo de esta forma, les cuesta entender que esto ya llegó a su límite. En tercero medio empecé a reciclar en mi casa y después escogí el camino de acercarme a fundaciones que trabajen en este tema. Busqué sitios que tuvieran redes de acción, como Alquímica, Panal y Fundación Basura, desempeñándome como voluntario y luego monitor, educándome en gestión de residuos, organizando campañas de limpieza y reciclaje en sitios como el Mapocho. He podido conocer equipos de apoyo ahí, ahora tengo claro que necesitamos de la cooperación de todos, nadie sobra”. 71


fotografía Gastón Céspedes @gazfel, Liceo Cordillera, Chincolco

“Mi pueblo se está secando” Martina Castro, 17 años, Liceo Cordillera, Chincolco

“El cambio climático no es algo lejano. Eso lo tengo cada vez más claro viviendo aquí. El año pasado viajé a Polonia para la COP24 con un equipo de mi liceo. Allí mostramos nuestro proyecto de una huerta hidropónica que permite ahorrar un 90% más de agua que las normales. La idea nació por la situación en Chincolco (V región): el pueblo se está secando. Las personas que siempre han vivido de la agricultura, como mi papá, reconocen que esto es muy extremo. Es impresionante ver ese deterioro, me afecta mucho ser testigo de cómo está cambiando la vida aquí. Hace poco se suicidó un vecino deprimido porque se morían sus animales y siento que puedo ayudar a buscar soluciones. Los que están en el poder no le dan a esto la importancia que debería tener. Se piensa que ser sustentable es una moda, ¡ojalá que fuera una moda que se vuelva cada vez más popular! He intentado tener una vida más sustentable. En mi casa reciclamos residuos y nos preocupamos del manejo del agua, y ahora que saldré de cuarto medio quiero estudiar Ingeniería Ambiental para ayudar a mi zona. Me asusta mucho lo que pueda pasar en el futuro”. 72

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“Rapa Nui es el paraíso” Bruno Lema Nahoe, 17 años, alumno de 3º medio, Colegio Aldea EducaTIVA, Rapa Nui

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fotografía ATA/CRISTINO

“La naturaleza es muy importante para nosotros, los habitantes de Rapa Nui. Desde que nacemos nos inculcan el amor por ella. Esta es una isla pequeña y debemos protegerla, porque si no lo hacemos, se nos van a acabar los recursos. Para mí, Rapa Nui es el paraíso. Acá podemos ver las estrellas, porque tenemos un cielo limpio, sin contaminación, con los mejores atardeceres. En el colegio desarrollamos un proyecto para mejorar el cultivo de plantas sobre la base de una ingeniería ancestral llamada Pu Oka, que es un sistema hecho de piedras. Además de contribuir al bienestar de las plantas, el Pu Oka es un aporte desde la perspectiva estética. Embellece el ambiente y, a la vez, favorece el desarrollo de las plantas al protegerlas y permitirles crecer en lugares en los que les resultaría difícil hacerlo, con factores como humedad y nutrientes. Las piedras pueden ser de distintos tipos: volcánicas, basalto o laja, y cada una tiene sus particularidades, en términos de los beneficios que provee a las plantas. Para realizar este proyecto investigamos lo que había publicado sobre el tema y también recogimos lo que la tradición oral de la cultura Rapa Nui ha transmitido de una generación a otra. En Rapa Nui hemos sido muy afectados por el cambio climático. Se han alterado mucho el clima, el mar, los vientos, la flora y la fauna. Yo estaría dispuesto a renunciar a todas las comodidades que tengo con tal de preservar el lugar donde hoy vivo, donde vivirán mis hijos, y los hijos de mis hijos”.


“Me preocupa el futuro” Camila Sepúlveda Alonso, 18 años, alumna de 4º medio del Liceo 1

“Me impactaron los resultados de un proyecto que hicimos en el colegio, en el que medimos la huella de carbono del Liceo 1. Claramente no somos conscientes de las emisiones de CO2 que generamos cada día. El proyecto surgió de la idea del profesor de Historia Juan Jauré, que invitó a inscribirse a quienes estuvieran interesadas en trabajar temas medioambientales. La meta era crear propuestas para mejorar la situación del liceo en ese aspecto. Después de investigar se nos ocurrió medir la huella de carbono que produce nuestro colegio para después, en otra etapa, buscar formas de mitigar esas emisiones. Trabajamos con profesores de la Universidad Católica para que el proyecto tuviera base científica. Fuimos a la municipalidad y obtuvimos los datos sobre el consumo de agua y electricidad. También hicimos encuestas a las alumnas para saber qué tipo de transporte usan para llegar al colegio y cuánto demoran en el traslado. Todavía no llegamos a la etapa de mitigación de proyectos. Para eso podríamos haber considerado opciones como usar energías renovables o reciclar. Pero es difícil por los costos económicos. Hay personas que consideran la preocupación por estos temas como una exageración. Incluso hay líderes, como el Presidente de Estados Unidos, que han planteado que el calentamiento global no es consecuencia de la acción del hombre. A mí me preocupa el futuro. A los adultos les diría que traten de apoyar a los jóvenes que están haciendo algo por cuidar el planeta”.

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Movilizada por el medioambiente María Carvajal, 18 años, colegio Craighouse, Lo Barnechea

“Empecé a ver más noticias y a mi propio entorno. A Santiago cada vez más seco y de a poco me sensibilicé con el tema. Mi papá es de Chiloé y en mi casa siempre se habló de la deforestación de la isla, de cómo la intervención humana dañó el lugar. Por eso, en mi colegio me interesó tomar un ramo de bachillerato, donde se incluye el tema ecológico. Ahí aprendí la importancia de los ecosistemas en la estabilidad del planeta y decidí que tenía que movilizarme. El año pasado empecé a seguir a Zero Hour, una organización estadounidense creada por Jamie Margolin a los 16 años. Ella fue una de las primeras jóvenes activistas en el ámbito global. Fui buscando redes locales, hasta que apareció Greta Thunberg. Un día le hice un comentario en Instagram. Ella me respondió y con eso me contactaron otros jóvenes chilenos que estaban organizando Fridays For Future (FFF), en Santiago. Luego, participé en la “ecomesa” de esa entidad y me encargué de la difusión en colegios y en contactos internacionales. Veía que mi colegio era bastante burbuja, que cuando se hablaba de marchar se asociaba a algo politizado. Quiero estudiar Derecho y especializarme en la temática ambiental. Mi generación se ha tenido que poner más existencialista, porque las anteriores se han tomado este tema muy a la ligera”.

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Escuchar al planeta Vanessa Muñoz, 15 años, Liceo Antonio Hermida Fabres, Peñalolén

“Mi interés partió de a poco. Desde ver anuncios en redes sociales o noticias sobre la acumulación de basura y los daños provocados por el hombre a la naturaleza. Eso me motivó a entrar al taller de ciencias de mi colegio, donde uno de los proyectos era crear soluciones energéticas sustentables. Me pareció lo más lógico: si el ser humano es la plaga del planeta, entonces el cambio tiene que partir por nosotros. Con el equipo del taller creamos Bacttery, un modelo de dos contenedores que usa las bacterias de desechos orgánicos para generar electricidad. Además, permite cargar un celular, reduciendo con eso la huella de carbono de cada persona. A fines de año voy a participar de la COP25 para exponer nuestra investigación. Siempre me ha llamado la atención el área de la ciencia, mi esperanza es lograr un impacto desde algo tan común como la carga de un celular, y que ojalá eso genere un cambio global. Hay que escuchar todas estas advertencias que está dando el planeta, porque él está reaccionando a nuestro desgaste. En mi generación veo que hay diferencias, cada uno tiene sus propios intereses, pero todos nos cuadramos con este tema. la humanidad ha tomado malas decisiones”.

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Impulsor de cambios Ignacio Cabrera Rex, 22 años, alumno de 4º año de Ingeniería Ambiental UC

“En algún momento el rumbo que llevamos ahora va a tomar otra dirección. Soy optimista, pero pienso que serán necesarias transformaciones radicales en nuestra forma de vivir. Cuando estaba en segundo medio, vi el documental Home y me di cuenta de la magnitud de la crisis climática. Supe que había que actuar ahora, que no quedaba mucho tiempo. Por eso, escogí una carrera que me permitiera contribuir lo máximo posible a la solución. Además, soy miembro de la ONG Cverde (que promueve y practica la sustentabilidad) y en los proyectos en que he participado he visto lo mucho que pueden lograr personas con energía y convicción. Por ejemplo, hicimos una campaña de concientización a los vendedores de comida que se instalan afuera del campus San Joaquín y logramos que suprimieran el uso de bolsas plásticas. Ahora estoy a cargo de la coordinación del alojamiento y la alimentación de la COY15, la conferencia de los jóvenes que se realiza en el mismo lugar donde se efectúa la COP. Vendrán a Chile dos mil representantes a aprender y prepararse, porque serán los líderes que negociarán a futuro los acuerdos para cuidar el planeta. Y queremos que esta instancia sea sustentable y con bajo impacto en el medioambiente. La alimentación que daremos será ciento por ciento vegana y ocuparemos como insumos alimentos recuperados que no se venden, porque no cumplen con estándares de tamaño o aspecto. Antes se decía que las futuras generaciones se verán afectadas por el cambio climático. Bueno, esas futuras generaciones somos nosotros”.

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La Tierra de todos En 2015, cuando el Papa Francisco dio a conocer su segunda encíclica Laudato si’, el tema sorprendió a muchos. Hoy, a solo cuatro años, se comprende la oportunidad de sus frases que apuntan a una ecología que, junto con pensar en las hermanas criaturas inorgánicas, vegetales y animales, también lo hace en el ser humano. Lo dice el propio Francisco en este documento, invitándonos a pensar en la totalidad de la Creación: “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social”. A continuación, “Es otras frases del mismo texto. importante Por Tomás Scherz, Pbro. Vice Gran Canciller de la UC

“San Francisco nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad”.

incorporar una vieja enseñanza, presente en diversas tradiciones religiosas y también en la Biblia. Se trata de la convicción de que ‘menos es más’”.

“Sin embargo, no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan”.

“El cambio es algo deseable, pero se vuelve preocupante cuando se convierte en deterioro del mundo y de la calidad de vida de gran parte de la humanidad”. 78

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“Necesitamos una solidaridad universal nueva. Como dijeron los obispos de Sudáfrica, ‘se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios’”.

“El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza”.

“Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos”.

“Tomé su nombre (San Francisco de Asís) como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y naturalidad”.

“Después de un tiempo de confianza irracional en el progreso y en la capacidad humana, una parte de la sociedad está entrando en una etapa de mayor conciencia”.

“Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”.


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Revista Universitaria nº156  

Revista para el alumni UC.

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