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Diario Versión Final

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12 VERSIÓN FINAL EFEMÉRIDES Maracaibo, miércoles, 28 de octubre de 2009

Expertos afirman que el maestro de El Libertador se hubiese opuesto al sistema educativo actual

Simón Rodríguez: el polémico “Sócrates de Caracas” Su madre lo abandonó al nacer, pero las circunstancias le enseñaron a valorar la vida. Hace 238 años América recibió al más ilustre de los reformadores de la educación. Hiram Aguilar Espina (Unica 2001)haguilar@versionfinal.com.ve

“P

ensar un hombre en todo exactamente como otro es tan raro que puede negarse suceda. La naturaleza no hace esta especie de gemelos. Luego, el no convenir en una idea no es razón para declararse enemigo”. Así pensaba Simón Rodríguez, para quien, según sus estudiosos, la igualdad no era asunto de homogeneidad, sino de convivencia armónica y sinérgica entre seres disímiles. El “Maestro de América”, título que popularizó el historiador ecuatoriano Alfonso Rumazo González en su libro homónimo sobre la vida y obra de Rodríguez, tuvo a la desventura como su primera instructora. Si hay quienes piensan que la desgracia sirve para despertar una conciencia social en quienes la viven, podrían encontrar argumento en la vida del pequeño Simón Narciso. Apenas nació, el 28 de octubre de 1771, en una Caracas plagada por la desigualdad social, producto de la esclavitud de los negros, el vasallaje de los indígenas y el reclamo colonialista de “limpieza de sangre” por parte de España, Simón se vio condenado a la orfandad. Según los escritores venezolanos del siglo antepasado, Ramón de La Plaza y Arístides Rojas, él y su hermano Cayetano sufrieron la muerte de su padre, Alejandro Carreño, a muy temprana edad. Mientras que de su madre, Rosalía Rodríguez, se supo que los dejó; según la declaración del propio Rodríguez, cuando se denominó “expósito” al momento de su ceremonia matrimonial con María de los Santos Ronco, en el año 1793. Aquel término era la forma culta para definir a los recién nacidos que habían sido abandonados . Sin embargo, Simón Rodríguez “tenía un alma orgullosa”, tal como lo apuntan O’ Leary, secretario de Bolívar, y otros biógrafos del ilustre. Pero no todo fue malo: se levantó bajo la tutoría de su tío, el renombrado presbítero José Rafael Rodríguez, de quien obtuvo el

impulso necesario para emprender su carrera. La fuerza de su temperamento quedó evidenciada en su temprana decisión de usar el apellido de su madre. Más tarde, la influencia de la Ilustración alimentó su mente con las ideas de Rousseau, Voltaire y Montesquieu. Aquella corriente intelectual europea revolucionaba el paradigma de la pedagogía, y Rodríguez buscaba el modo de adaptarla al continente americano. El literato chileno Reinaldo Villegas Astudillo opina: “Es importante adentrarse en el pensamiento de un hombre, realmente transparente, que dio ejemplo de vida al no claudicar nunca ante las dádivas y corruptelas, manteniendo siempre un amor profundo por la patria americana y una preocupación constante por los abandonados de la fortuna, de los desposeídos”. La revolución de las aulas Para el historiador nicaragüense Jorge Eduardo Arellano, “en el fondo, Simón Rodríguez fue un ilustrado roussoniano que se anticipó a su tiempo. El mismo Orrego Lugo informa del encuentro en Valparaíso con el viajero francés Vendel-Hey, quien recogió estas palabras de Rodríguez: ‘Yo, deseando hacer de la tierra un paraíso para todos, la convierto en un infierno para mí”. Rodríguez continuó: “Pero, ¿qué quiere usted? La Libertad me es más querida que el bienestar. He encontrado, entre tanto, el medio de recobrar mi independencia y de continuar alumbrando a América. Voy a fabricar velas. En el siglo de las luces, ¿qué ocupación puede ser más honrosa que la de fabricarlas y venderlas?”, explicaba el catedrático, exhibiendo la oscuridad de su humor. Entre las “locuras” más célebres de Rodríguez se encuentra la polémica forma como dictaba clases de anatomía: “En 1839 lo hallamos en Valparaíso (Chile), en el barrio de La Rinconada (...). Un testigo presencial vio colocados a sus discípulos a ambos lados de la sala, y a Don Simón pasearse delante de ellos completamente desnudo para que se acostumbraran ver el

FRASES CÉLEBRES h“El deseo de enriquecerse ha hecho todos los medios legítimos y todos los procedimientos legales; no hay cálculo ni término (...), el egoísmo es el espíritu de los negocios y los negocios la causa de un desorden que todos creen natural y de que todos se quejan”. h“El tener miedo no es pecado: por mucha razón que tenga un pastor para vender sus ovejas al carnicero, ellas tendrán mucha más para escaparse, y harían muy bien en defenderse si pudieran”. h“No hay peor mal que el que se hace bajo las apariencias del bien”. h“Para reponer las cosas en su primer estado mejor habría sido dejarlas como estaban, y se habría ganado el tiempo y el trabajo que se han perdido en alterarlas”.

Se cuenta que Simón Rodríguez daba clases de anatomía desnudo. La amplitud de su mente parecía desencajar con el momento histórico.

cuerpo humano”, narró José Victorino Lastarria, escritor, político y revolucionario chileno. Bolívar, su alumno por apenas cuatro años, pero compañero de ideales por el resto de su vida, admiró a Rodríguez de tal manera que lo calificó como “el hombre más extraordinario del mundo” y “el Sócrates de Caracas”. Samuel Robinson, como se hizo llamar Simón Rodríguez durante su estadía en Europa, volvió a América para terminar de dar forma a su propuesta educativa, la que había iniciado estando en Venezuela, con el texto llamado “Reflexiones sobre los defectos que vician la escuela de primeras letras de Caracas y medio de lograr su reforma por un nuevo establecimiento”. Pero, tal como fue menospreciado su proyecto por el Cabildo caraqueño en aquellos días de 1795, sus nuevas ideas, que planteaban un modelo educativo integrador de las actividades intelectuales y las labores artesanales –como la labranza de la tierra, la carpintería y la herrería– además de la inclusión de negros e indígenas en las aulas, junto con los blancos, no hallaron cabida en la América colonialista. Contra corriente Su plan de Educación Popular fracasó en Bogotá (Colombia) y

Chuquisaca (Bolivia) por la animadversión surgida entre las familias pudientes. Siglo y medio después, el educador chileno Félix Adam intentó consolidar el proyecto en la población rural venezolana de Canoabo, estado Carabobo. Pero, al cabo de cinco años, cuando la Universidad Simón Rodríguez alcanzaba su máximo auge, sus fundadores fueron señalados como “peligrosos guerrilleros y extremistas” por voceros gubernamentales de la época. De la propuesta agrícola y de integración comunitaria, sólo quedó la parte académica y el nombre del maestro de Bolívar. Hoy, el ex magistrado y catedrático venezolano Juan Carlos Apitz asegura que poco queda del verdadero espíritu robinsoniano. Explica, por ejemplo, que la nueva Ley Orgánica de Educación (LOE) vulnera el ejercicio de la docencia, por el cual Rodríguez batalló en sus Reflexiones (apartado tercero: “Todos se consideran capaces de desempeñarla”, en referencia a la profesión de educador). “Esta nueva ley comunista de educación es totalmente regresiva y nugatoria de conquistas académicas y laborales de los docentes, empeñando todo su destino personal y profesional en una normativa futura e incierta. No me imagino a

h“¡Militares! Acordáos que un filósofo los llamó Perros de la Nación, por vuestra fidelidad, vigilancia, docilidad, valor y sobre todo por su vuestra devoción al que os cuida; de todas estas cualidades habéis dado pruebas. No morder al Amo, aunque rabiéis, es lo solo que os recomienda un compatriota, que siente no poder ser Militar”. Simón Rodríguez leyendo de su pupilo y tocayo, el Libertador Simón Bolívar, su carta de agradecimiento por los servicios prestados, del siguiente tenor: “¡Oh, mi maestro! ¡Oh, mi amigo! ¡Oh, mi Robinson! Te nombro docente interino hasta nuevo aviso”, sentencia Apitz. Por su parte, Arellano afirma que “su pensamiento ha sido distorsionado por la historia oficial del continente. Para unos, esta distorsión del contemporáneo de Miranda, Bolívar y Bello –los tres caraqueños, como él– tiene su origen en el ‘juego de intereses’ de las élites gobernantes, a las que Rodríguez impugnaba en su plan político-educativo, destinado a formar al ciudadano republicano. Porque, para el autodidacta e hijo de presbítero que fue Rodríguez, nuestras repúblicas estaban establecidas, pero realmente no se habían fundado”. En su época, encontró gran oposición, incluso entre los paladines de la gesta de independencia, como Sucre. Un funcionario contó a Bolívar que el maestro de maestros invitó a Sucre y sus ministros a un banquete, en el que hizo servir la comida en bacinillas. Tal Parece que el “Sócrates de Caracas” hacía alarde de su creatividad hasta para increpar a sus oponentes.


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