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Diario Versión Final

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Maracaibo, domingo, 20 de septiembre de 2009 PERFIL VERSIÓN FINAL 5

A ocho años de la muerte del dictador Marcos Evangelista Pérez Jiménez

La “mano dura” que gobernó Venezuela bajo el rótulo del “Nuevo Ideal Nacional” Carolina Valbuena (Unica 1998) cvalbuena@versionfinal.com.ve

“M

ejor vámonos: el pescuezo no retoña”. De acuerdo con múltiples testimonios, esta fue la frase que dejó escapar Marcos Pérez Jiménez, la madrugada de enero del 58, patentizando así que sus compatriotas no le permitirían permanecer ni un minuto más en el poder; lo cual le obligó a huir, junto con su familia, a Santo Domingo a bordo del avión presidencial “La Vaca Sagrada”. El último dictador del siglo pasado, Marcos Pérez Jiménez, víctima de un paro cardíaco, murió el sábado 20 de septiembre de 2001 en Madrid, España, donde estuvo refugiado hacía 33 años. Tenía 87 años y su figura formó parte de la historia moderna de Venezuela; país al que “gobernó con mano dura” desde 1952 hasta su derrocamiento, en 1958. En rigor, Pérez Jiménez fue un típico representante de los dictadores latinoamericanos que se sucedieron en las décadas del 50 y del 60. Sus seguidores lo llamaban “Mige”, una reducción de “mi general” y ostentó siempre un carácter paternalista, que no se compadecía con el trato férreo y distante con políticos y militares. La mirada al mandato de este político y militar encuentra que la corrupción y las actitudes tiránicas se contraponen, con el hecho cierto, de que la mayoría de las obras de infraestructura importantes de Venezuela se realizaron en aquellos años. Acerca de la personalidad de Pérez Jiménez, el analista Tulio Hernández expresa: “como todo militar narciso en el poder, experimentaba orgasmos patrios cuando tenía ante sus ojos centenares de alfombras rojas, los toques del Himno Nacional al momento de su llegada y el uniforme de gala coronado de medallas le producían un goce profundo”.

Gobierno de cemento El presidente número 40 de Venezuela nació en una aldea cercana a San Cristóbal, estado Táchira, el 25 de abril de 1914, en el seno de una familia adinerada dedicada al cultivo de café. Tras egresar con honores de la academia militar, se distinguió rápidamente entre sus pares, cautivados por el buen ma-

Odiado y respetado en parecidas proporciones, Pérez Jiménez falleció sin cumplir uno de sus sueños, el retorno a Venezuela por el simbólico portal reservado a los grandes.

Pérez Jiménez gobernó hasta 1958 entre el pragmatismo que identificaba su personalidad y el militarismo más represivo.

Pérez Jiménez vs. Chávez en “la escala de caudillismo criollo” Ì Víctor Gruber, investigador de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV, hizo alusión a una escala sobre varios aspectos para caracterizar (o evaluar) al caudillo tradicional venezolano. 1.- Personalismo: El poder se ejerce por encima de toda norma o principio. La Constitución o los estatutos del partido se acatan, pero no se cumplen. 2.- Protección por las fuerzas invisibles: El hombre del pueblo cree en un orden inmanente del mundo. Ese orden legitima a sus favoritos confiriéndoles buena suerte o poderes sobrenaturales. 3.- Resistencia física: Las fuerzas invisibles legitiman biológicamente a su favorito, confiriéndole lo que es, para el hombre del pueblo, la manifestación más visible del poder: la resistencia física. 4.- Machismo: Favorito de las fuerzas invisibles, el caudillo ha de serlo también de las mujeres. 5.- Astucia: las fuerzas invisibles legitiman intelectualmente a su favorito confiriéndole la “viveza”. Para ser “vivo” no hay que saber leer. El “vivo” enreda a los “doctores”. Ser culto perjudica.

nejo del lenguaje del joven oficial y su tenacidad en la conducción. A la edad de 34 años (1948) participó en una conspiración militar que derrocó al presidente Rómulo Gallegos. Finalmente en 1952 asumió el poder de facto tras unos fraudulentos comicios en los que

6.- Origen modesto: Todo caudillo forja una leyenda sobre su origen “pobre”. Pues si un indigente llega al poder, es como si el pueblo estuviera mandando. 7.- Patriarcalismo: Manda con los tuyos, pero no dejes que ellos te manden. 8.- Particularismo: El caudillo es compadre de sus compadres, compañero de sus compañeros, amigo de sus amigos, coterráneo de sus coterráneos. En señal de amplitud, el número de estas amistades va rotando: en la clandestinidad, el pueblo y en campaña. 9.- Retiro: Indispensable sacrificio para garantizar la adhesión de los allegados, el ofrecer que se les dará chance mediante oportunos y consecutivos retiros. 10.- Imposición del sucesor: La continuidad de la causa requiere dejar un compañero de confianza que cuide el coroto.

se desconoció el triunfo del partido Unión Republicana Democrática y se proclamó Presidente, consolidando su régimen a través de la Seguridad Nacional, un cuerpo autónomo dirigido por Pedro Estrada, hombre de entera confianza de Pérez Jiménez, quien se encar-

gó de controlar y silenciar a los dirigentes de la oposición, procurándoles cárcel y las más despiadadas torturas. Aunque se caracterizó por haber realizado modernísimas obras de infraestructura, e incluso arquitectónicas, por su política represi-

va Pérez Jiménez no logró calar en todo el pueblo. En lo visible, promovió planes para la edificación de grandes obras públicas: expansión en el área de las telecomunicaciones, construcción de nuevas autopistas y renovación del paisaje urbano. Además de dichas obras, se le considera padre de una corriente nacionalista plasmada en su “Nuevo Ideal Nacional”, doctrina forjada que le otorgaba a las Fuerzas Armadas el papel rector de la sociedad. A juicio de Guillermo García Ponce “la mentalidad de Marcos Pérez Jiménez era prusiana” y la construcción de las obras era para justificarse ante la historia porque le tenía terror a la crítica política. Por otra parte, Ponce califica su conducta como napoleónica bonapartista, con una personalidad parca, muy sobrio, aparentemente, y que se rodeó de un “aparataje de terror”. Lo anterior explica por qué las denuncias internacionales de monstruosas torturas, en el marco de un régimen de persecuciones, socavaron su popularidad. Paralelamente, Marcos Pérez Jiménez habría ganado un nuevo período de cinco años (1958-1963), en otras elecciones fraudulentas, pero su régimen había perdido poder en la cúpula militar y un golpe cívico-castrense lo derrocó en 1958. Circula una anécdota que precisamente no lo decora: en el aeropuerto desde donde inició su huida dejó olvidada una valija con 8 millones de dólares. En 1959, el gobierno venezolano inició la larga batalla judicial para conseguir la extradición del ex dictador inculpándolo de peculado, pues el modesto oficial que, en 1949 declaraba bienes por 127.000 bolívares era, nueve años después, dueño de una inmensa fortuna. Tan grande resultó el grueso de las pruebas que los Estados Unidos lo entregaron a las autoridades venezolanas. Fue juzgado, condenado y cumplió pena de 5 años alojado en una cárcel con desmedidas comodidades. Cultivó un perfil bajo y mantuvo su deseo de retornar al país, pero sus abogados le recordaron que quedaba pendiente la causa abierta por el asesinato del teniente León Blanco (1954). Cuando prescribió ya era demasiado tarde para el regreso a Venezuela, su sueño dorado.


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