Skip to main content

Diario Versión Final

Page 16

16 VERSIÓN FINAL EDICIÓN ANIVERSARIA Maracaibo, martes, 8 de septiembre de 2009

Alfinger menospreció a Maracaibo en su búsqueda de El Dorado. Fundó la aldea, tal como le era ordenado por los Welser, en su contrato con España.

Distante de Bogotá y Caracas, la ciudad creció independiente a través del comercio marítimo

La amada del sol cumple 480 años de autonomía

Hiram Aguilar Espina (Unica 2001) haguilar@versionfinal.com.ve

C

uando el alemán Ambrosius Ehinger, llamado por los españoles “Ambrosio Alfinger”, llegó a Maracaibo, el 8 de septiembre de 1529 proveniente de Coro, no dio mucho interés a las agrestes tierras que circundaban al Lago. En su mente, el pensamiento que dominaba era uno: “El Dorado”, un lugar mítico en el Virreinato de Nueva Granada, donde se decía que rebosaba el oro. “¿Cómo se llama este lugar?”, preguntó. “Maracaibo”, le respondieron; “entonces que se llame Villa de Maracaibo”, replicó. Sólo era una parada, un requisito de la Corona Española, porque los Welser, firma bancaria para la cual trabajaba Alfinger, habían invertido mucho para que el rey de España, Carlos I, ascendiera al trono como emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico. Alfinger, como el resto de los expedicionarios, venía con orden de obtener el máximo provecho de la travesía. La contratación con la monarquía española obligaba a fundar ciudades y fortalezas, e inculcar a los indígenas la doctrina católica, con libertad para tomar por esclavos a los indios rebeldes. Pero la ciudad nacía entre la violencia y la ambición de los conquistadores. Tal como relata el historiador Ernesto García Macgregor, el colonizador germano, así como muchos otros que persiguieron el áureo sueño de El Dorado, perdieron la vida en el intento. No se percataron de que el oro estaba en las entrañas de la tierra que menospreciaron: no brillaba, pero manchaba de negro. “Maracaibo nunca dependió de nadie, siempre estuvo lejos de cualquier capital, y le tocó sostenerse por sí misma”, afirma García Macgregor. El cronista y presidente de la Academia de Historia zuliana detalla cómo la marginada provincia, que pasó luego por dos fundaciones más –la de Alonso Pacheco en 1569, y la de Diego Mazariegos en 1574– formó parte del Virreinato de Nueva Granada, que tenía a Santa Fé (Bogotá) por capital; y luego perteneció a la Capitanía General de Venezuela, con Caracas como sede. Más tarde, las condiciones geográficas bendecirían a sus pobladores.

En 1883 se colocó la primera piedra de la estatua del ilustre Rafael María Baralt, que le daría nombre a la plaza aledaña al Convento de San Francisco de Asís.

AVANCE

La semilla del progreso germinó en cálida tierra En opinión del académico, García Macgregor, “a Maracaibo le tocó abrirse paso porque siempre estuvo lejos de las capitales. Era más fácil viajar por mar a Nueva York que a Caracas, porque había que ir a Curazao y esperar que zarpara algún barco a la capital venezolana”, cuenta. “Pertenecimos cien años a la Nueva Granada, antes de formar parte de la Capitanía General de

Venezuela, pero siempre hubo un severo aislamiento”, comenta. Sin embargo, la comunicación a través del Lago trajo la tecnología y el conocimiento rápidamente. La ciudad-puerto tuvo electricidad en 1888, la noche del 23 de octubre, en la víspera del natalicio de Rafael Urdaneta, y fue la segunda en Latinoamérica que disfrutó de este adelanto, después de Buenos

Aires. Maracaibo tuvo tranvía por tracción animal desde 1884, y el 19 de septiembre de 1891 fue inaugurado el ferrocarril a vapor de Bella Vista. Además, en 1940 se instalaron los primeros teléfonos; todos estos avances antes que cualquier otra ciudad del país. Tal parece que el calor maracaibero hacía germinar la semilla del progreso. En su primera fundación tuvo 30

aldeanos; en 1810 eran 43 mil, esencialmente españoles, en 1936 la población ascendió a 110 mil, creció a 218 mil 682 habitantes en 1949, pasó a más de un millón en el año 2000, y llegó a dos millones 835 mil 494 en el año 2007. Hoy se calcula que sobrepasan los tres millones, repartidos en un área urbana de 176 kilómetros cuadrados y un área rural de más de 200, aproximadamente.

ACADEMIA

Una ciudad baluarte de la medicina venezolana

La Casa de la Beneficencia se convertiría en el Hospital Central Dr. Urquinaona.

El cronista Orlando Arrieta recuerda que Maracaibo fue la primera ciudad con equipo de rayos X, en una casa de la calle Venezuela, esquina con Vargas. “Allí el doctor el doctor José Otilio Mármol realizó las primeras radiografías en el año 1900” según narra. Cuenta jocosamente que en aquellos días, “las mujeres no pasaban frente a esa casa porque había un aparato que veía a la gente por dentro”.

Arrieta trae a memoria también a los llamados “doce apóstoles”; la primera docena de médicos maracaiberos graduados en la Universidad del Zulia que presentaron las primeras tesis doctorales en toda Venezuela. Asimismo, señala que la primera cirugía abdominal de Latinoamérica la hizo Francisco Eugenio Bustamante, el 31 de agosto de 1874, en una casa de la calle Registro, para retirar un tumor de ovario.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Diario Versión Final by Diario Versión Final - Issuu