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Diario Versión Final

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4 VERSIÓN FINAL OPINIÓN Maracaibo, viernes, 23 de enero de 2009

Opinión

opinion@versionfinal.com.ve

Innegable participación de Maracaibo en los acontecimientos del 23 de enero de 1958

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do Vinicio Nava Urribarrí, quien decidió actuar por su cuenta ante circunstancias tan apremiantes. Había que reunir al pueblo disperso, para formar una multitud coherente y marchar al Cuartel de Policía donde se hallaban presos algunos estudiantes, entre ellos, José Ignacio Socorro, Amenodoro Bracho, Miguel Isea y Juan Verde. El itinerario trazado sería: calle Ciencias o Derecha, calle Colón (plaza Baralt), calle Comercio, (Mercado Principal) y calle Urdaneta. En la esquina Este del mercado, Urribarrí tomó la palabra: “Vamos al Cuartel de Policía para liberar los presos políticos, cruzaremos por la calle Urdaneta”, y la muchedumbre lo respaldó gritando: ¡Vamos, sí, vamos, vamos! Avanzaban por la calle Urdaneta, cuando surgió un episodio inesperado, desde el balcón de la casa Nº 97-57, un grupo de personas exigía detener la marcha, y así se hizo, para escuchar sus intervenciones en las que uno tras otro afirmaban: “idea descabellada e imprudente querer tomar la policía, pues serán masacrados, ya que los perezjimenistas están atrincherados”. Fue como lluvia helada sobre los manifestantes frenados en su avance. En esta circunstancia, el bachiller Nava se dirigió a la multitud así: “Maracaiberos, no podemos permitir que la historia nos juzgue indiferentes, y menos cobardes. No debemos invocar la falsa prudencia para demorar por más tiempo la libertad de los que yacen presos en las mazmorras de la Policía, vamos allá, yo los conduzco y si tiene que haber muertos yo seré el primero ¡Vamos bravos maracaiberos, vamos adelante!”. El pueblo se encendió de nuevo

ANTONIO URDANETA AGUIRRE

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MARÍA CRISTINA SOLAECHE l 23 de enero de 1958, amanece Venezuela bajo una nueva conciencia política y civil; sacude sus miembros entumecidos por la dictadura perezjimenista. Regresa la libertad para el preso político, el terruño para el exilado y la libre expresión. De un extremo a otro, Venezuela es un ágora de reencuentros, esperanzas y visiones futuras, y un pueblo se agrupa en torno a una palabra: “libertad”. A los que indilgan al Zulia, haber estado jugando béisbol, mientras en Caracas luchaban la víspera del 23 de enero de 1958, es honroso aclarar lo sucedido. Sí se celebraba un evento deportivo, pero el público no alcanzaba los 200 aficionados, y las tres tribunas del estadio Olímpico o Alejandro Borges, se hallaban desiertas, tal lo confirmaron Arturo Celestino Álvarez y Néstor López, locutores en la transmisión de este juego. Aclarado esto, me motiva recordar un hecho que puede calificarse de osado y decidido por parte del pueblo maracaibero y bajo la conducción del joven educador Vinicio Nava Urribarrí, el mismo 23 de enero. A las 9:30 de la mañana de aquel memorable día, varios ciudadanos se concentraron en la plaza Bolívar de Maracaibo, donde intervinieron José Ignacio Beltrán, Ricardo González y Enrique Heredia. Varios estudiantes, discutían sobre cuáles acciones deberían emprender para lograr la libertad de los presos políticos. Se planteaban ir a la Seguridad Nacional, la Cárcel Pública y el Cuartel de Policía, lo cual debía decidirse en asamblea a convocarse a las 11:00 am, en la Universidad del Zulia. Con esta reunión no estuvo de acuer-

Acompañar al Presidente

gritando: ¡Sí, vamos, vamos! Se organizó un comando de consignas; dos liceístas desplegando la bandera nacional, siguiéndolas diez jóvenes gritando las consignas acordadas, y delante, encabezando la muchedumbre, el estudiante de derecho Nava Urribarrí. Al pasar por el Teatro Baralt, transmitían la consigna: ¡Viva la democracia!, ¡Viva la libertad!, ¡Viva Venezuela! ¡Vamos a la cárcel de la calle Obispo Lasso!, mientras los demás, la coreaban como un solo hombre. Así se desplazaban hasta llegar a la esquina de la calle Carabobo, donde Nava gritó: “¡A la derecha!”. Así, la oficialidad de dicho Cuartel, se engañaba sobre la meta propuesta. Cuando la multitud había avanzado unos 20 metros, Nava se devolvió, subió a un poste y gritó: “!Alto!”, quedando de esta manera la policía cercada por las calles Urdaneta y Carabobo. y de inmediato dijo: “Venimos en forma responsable y pacífica, pero decidida a exigir la libertad de los compañeros estudiantes y demás ciudadanos presos políticos aquí, por el sólo hecho de querer una patria libre y democrática”, a lo que el oficial Marcos Chacín, respondió: “los presos políticos no pueden salir porque los procesados por delitos comunes no lo permiten, están alzados y quieren aprovecharse de la situación para fugarse”. Entonces, Nava Urribarrí le exigió lo dejara entrar para hacer contacto personal con los privados de libertad y establecer la verdad. Lo cual fue aceptado, y éste entró y pudo cerciorarse de que era cierto, que los presos comunes estaban rebelados en el rastrillo y tumbando violentamente el tabique que se-

paraba el pasillo del patio central. La situación era crítica, policías y militares apuntaban con sus armas las dos entradas, y una algarabía terrible surgía del cuartel y de las vías adyacentes. En tal caos, los militares encerraron a Nava en el despacho del Segundo Jefe de la Policía, pero unos minutos después, se empezaron a oír gritos desde la calle Carabobo, exigiendo su libertad. Ante estas circunstancias, el Capitán Marcos Chacín, entró al recinto y se dirigió a aquél en estos términos: “Chico ven, vas a provocar una tragedia, ven para que le hables al pueblo”, y lo condujo a la puerta principal en la calle Urdaneta. Había un ruido ensordecedor indicando el fin de la retórica. Este era el cuadro reinante, cuando el Teniente Ángel Darío Rosillón se abrió paso con un piquete de soldados, y poco después el Coronel Bracho Urdaneta con varios oficiales. De este modo, el Cuartel de Policía de la calle Carabobo había sido rodeado por la multitud. Entre las personas que aún viven y dan testimonio de lo aquí narrado, por haber estado presentes en dichos hechos, se hallan: el profesor Nicolás Chirinos; coronel (r) Ángel Darío Rosillón; el licenciado Walfredo Cardozo, Américo Monnot el ingeniero Gilberto Urdaneta Bessón, además, de las notas que me dejó mi padre el profesor Carlos Solaeche (†). Este triunfo del pueblo maracaibero bajo la dirección del joven educador Vinicio Nava Urribarrí, sobre el Cuartel de Policía, determinó que se ordenara la libertad de los presos políticos de allí y de la Cárcel Pública. Mgs. María Cristina Solaeche Profesora Emérita Titular de la Universidad del Zulia

l Presidente pidió la reforma de la quinta parte de la Constitución nacional, hace dos años. Ocho ó diez meses después, en diciembre de 2007, el pueblo la rechazó contundentemente. A los seis meses el primer mandatario promulgó más de 20 leyes por habilitación, en las cuales incorporó –¿de contrabando?– buena parte de contenidos específicos de la reforma rechazada. Ahora, como experto reincidente, el Presidente pretende lograr, mediante Enmienda Constitucional, la reelección inmediata, sin límites. Dentro del Título IX de la Carta Magna, luce poco probable encontrar argumentos para impedir el curso de la Enmienda. Sólo podría hacerlo la Sala Constitucional del TSJ, si procede analógicamente y aplica la restricción pautada en el 345 constitucional. Esta sala fue muy diligente en el año 2004, para agregar – es lo que se dice – un requisito inexistente en el artículo 72 de la Constitución. Esto hizo posible que el Presidente, horas después de ser revocado constitucionalmente, sin explicación alguna, el CNE lo ratificó en el cargo. ¡Pero el pueblo lo revocó! Puede ser que el TSJ haya aplicado un recurso analógico. Lo que sí es cierto es que en este momento la analogía está de anteojito. Pero además, si la Sala Constitucional quiere ser consecuente con la decisión soberana del pueblo, al rechazar éste la reelección sin límites, en el 2007, puede apoyarse, sólidamente, en la protección que le corresponde hacer del Derecho Fundamental de la Alternabilidad gubernamental. El planteamiento anterior, unido a la evidente frustración que siente y experimenta el pueblo, por el rotundo fracaso de la gestión del Mandatario en diez años de gobierno y de poder absoluto, es lo que impide que acompañemos al Presidente. ¡Nosotros sí respetamos la soberanía y la dignidad del pueblo! ¿Recapacitará el Presidente?

“La ingratitud es el crimen más grande que pueden los hombres atreverse a cometer”

Educador - escritor

Simón Bolívar Presidente Nepson Villalobos Directores Tobías Carrero

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