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debían darle parte de ellos a la Santísima Virgen, y cómo consagrar ellos mismos cuando les hubiese enviado el Divino Consuelo. Después les habló del sacerdocio, de la sagrada unción, de la preparación del Crisma y de los Santos Óleos. Había tres recipientes: dos de ellos contenían una mezcla de aceite y de bálsamo. Les enseñó a hacer esta mezcla, a qué partes del cuerpo se debía aplicar, y en qué ocasiones. Recuerdo, entre otras cosas, que citó un caso en que la Sagrada Eucaristía no debía ser administrada; puede que fuera en la Extremaunción, mis recuerdos no están claros en este punto. Habló de diferentes tipos de unción, sobre todo de las de los reyes, y dijo que incluso los reyes inicuos, al ser ungidos, recibían de la unción especiales poderes. Puso un poco de ungüento y de aceite en un recipiente vacío y los mezcló, no puedo decir con total seguridad si fue entonces o al consagrar el pan cuando bendijo el aceite. Después vi cómo Jesús ungía a Pedro y a Juan, en cuyas manos Él había vertido el agua que había corrido por sus manos y a los cuales había dado de beber de su mismo cáliz. A continuación, les impuso las manos sobre la cabeza y sobre los hombros. Ellos unieron sus manos cruzando los pulgares y se inclinaron profundamente ante Nuestro Señor hasta ponerse casi de rodillas. Jesús les ungió el dedo pulgar y el índice de cada mano y trazó una cruz sobre sus cabezas con el Crisma. Les dijo que también aquello permanecería hasta el fin del mundo. Santiago el Menor, Andrés, Santiago el Mayor y Bartolomé fueron asimismo consagrados. Vi cómo cruzaba sobre el pecho de Pedro una especie de estola que éste llevaba colgada al cuello. A los otros simplemente se la cruzó desde el hombro derecho hasta el izquierdo. No me acuerdo bien si esto lo hizo durante la institución del Santísimo Sacramento o sólo durante la unción. Comprendí que, con esta unción, Jesús les comunicaba algo esencial y sobrenatural que soy incapaz de describir. Les dijo que, en cuanto recibieran el Espíritu Santo, podrían consagrar el pan y el vino y ungir a los demás apóstoles. Me fue mostrado aquí cómo el día de Pentecostés, Pedro y Juan impusieron las manos a los otros apóstoles y una semana después a los demás discípulos. Tras la Resurrección, Juan administró por primera vez el Santísimo Sacramento a la Santísima Virgen. Este hecho fue celebrado durante un tiempo por la Iglesia triunfante, aunque la Iglesia terrenal no lo haya celebrado desde hace mucho. Los primeros días después de Pentecostés, sólo Pedro y Juan consagraban la Sagrada Eucaristía, pero más tarde vi que los otros consagraban también. Nuestro Señor bendijo asimismo fuego en una vasija de hierro, y después de eso se procuró no dejarlo apagar jamás. Fue conservado junto al lugar donde fue depositado el Santísimo Sacramento, del corazón del antiguo horno pascual, y de allí lo sacaban siempre para los usos espirituales. 19

La amarga pasion de cristo (ana catalina)  
La amarga pasion de cristo (ana catalina)  

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