DOMINGO 21 DE ABRIL DE 2013 LINO CALDERÓN as historias negras y tristes no son sólo exclusivas de Europa y el Norte de Africa, que se han contado por miles de las injusticias y los asesinatos. México, Centroamérica es una zona del planeta que ha heredado toda esa tradición mediaval y espectral que recibió de los españoles el manejo e incluso administración de hechos insólitos y espantosos que se han recogido durante décadas. Ahora toca el turno de un hecho insólito que ha tomado nuevamente fuerza entre los habitantes de Tuxtla Gutiérrez. Es personaje central ha causado el respeto y veneración de los habitantes de la región. Incluso Guatemala. Esto desde hace unos años que la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, vivió uno de las más terribles tormentas que provocaron el deslave y destrucción de las colonias aledañas al río Tuxtla. Los habitantes de la ciudad aseguran que muchos de los jóvenes borrachos que se reunenen los fines de semana han tenido que sortear la aparición de un blanco carruaje antiguo. que se para por instantes en varias de las casas del centro de la ciudad. Esto a pesar de lo iluminado de las calles. Familias que regresan a casa de fiestas o jóvenes enamorados aseguran que han visto el espactral espectáculo sin dar crédito. Una constante sí es cierta coinciden los testimonios que el carrueje se ve de lejos en las calles menos iluminadas en lo que fueron las antiguas calles empedradas. A pesar de la modernidad, los celulares, las fotografias digitales y la electricidad, ni incluso el calor han sido, obstáculo para estas apariciones. Las del carruaje de San Pascualito. Esta es la historia: La leyenda La leyenda inicia más o menos por el 1800, por las calles empedradas de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Entre los pobladores zoques. Cuando rompiendo el eco nocturno. Se escuchó una vieja carreta acercándose por las angostas calles raspando las paredes. Los cascos de los caballos sonaban contra el empedrado, y las gastadas ruedas en el bote del desplace, hacían crujir la madera del carretón. Pasaba tan cerca que se escuchaban las cadenas moviéndose al paso de las bestias. Trayendo consigo un
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Vuelven las apariciones del Carruaje de San Pascualito en Tuxtla Gutiérrez. El mensajero de la muerte viento frio y sepulcral, que invadía las casas al pasar. Se creía de procedencia maligna, por eso nadie se atrevía a mirar, pues los más viejos decían desde siempre, que al maligno jamás se le debe ver. Seguidamente se le vinculó con San Pascualito Rey, al descubrir
que la carreta, se detiene en la casa de algún moribundo, que a los pocos minutos fallece y el carretón se retira luego llevando a aquellas personas que han de partir a la otra vida. La carreta de San Pascual, parte del lugar donde se encuentra su imagen de madera, camina por las oscuras calles, rechinando; torturando a los familiares de algún enfermo, que oran para que el Santo, no se detenga en su casa. Los curiosos se asoman por las ventanas, a pesar de que basta sólo una mirada del monje esquelético, para llevar a los espíritus sobre la carreta, dejando atrás un cuerpo inmóvil. Ese es el peregrinar de aquella entidad, llevándose a los desahuciados por una muerte tranquila, hasta regresar al lugar de donde partió. En Tuxtla existe un templo ortodoxo dedicado a la veneración de San Pascual, conocido como “El templo de San Pascualito”, cuyos restos se
encuentran en un ataúd, colocado atrás del altar y al que conduce una escalera doble. Algunos de sus ritos consisten en barrer el cuerpo con albahaca y veladoras.
Los enfermos zoques acuden a esta mágica terapia ¡San Pacual, quita el mal o da la muerte!… Hay muchos relatos acerca del origen de San Pascualito Rey. La mayoría coincide en la ‘malinterpretación’ que los indígenas del sureste de México y de Guatemala tenían de San Pascual Bailón, santo patrono contra algunas enfermedades. La llegada de pestes que traían la muerte llevó a relacionar a San Pascual Bailón con la muerte, pero como un ente positivo, convirtiéndose así en San Pascualito Rey, santo de la buena muerte. Se le rezaba a San Pascual Bailón para que curara a los enfermos, pero si se trataba de una persona que ya estaba más allá de poderse curar se le rezaba a San Pascualito Rey, para que al menos tuviera una ‘buena muerte’.
Un informe de 1601 denunció la práctica de la idolatría de varios zoques de Tuxtla: ''Un grupo de indios adoró como dios y elevó cánticos públicamente a un esqueleto de indio, cuyos huesos lavados adornan y pintan...''. En 1872 se formó una hermandad para edificar una ermita dedi-
cada al culto y veneración de San Pascual Rey, representado por un esqueleto de madera en su carretón-ataúd, del cual se sabe que 1902 se guardaba en San Marcos y que fue trasladado en 1908 a la iglesia del Calvario. Durante la quema de Santos de 1934 permaneció en varias casas particulares hasta llegar a la iglesia actual, aunque hay quienes aseguran que el esqueleto que hoy vemos fue mandado hacer con posterioridad. La devoción creció entre los comerciantes del mercado, curanderos y espiritistas y se convirtió en pocos años en el santo más popular del centro de Chiapas, por lo que hubo necesidad de levantarle su templo en los años cincuenta. Muy conocida es la leyenda del carretón sobre el que San Pascualito pasa recogiendo muertos. Se dice que cuando se escucha su chirrido, una agonía culmina. A este santo también se le venera en Guatemala como el
Rey San Pascual, representado de pie y con corona. La Iglesia Católica nunca lo reconoció como santo por ser una imagen pagana. El esqueleto de San Pascualito es sacado de su carretón y expuesto cada 14 de mayo, en medio de gran gozo popular. En nuestra representación, San Pascualito Rey está en un motel, decepcionado, ensimismado, destronado, hasta su madre… diciéndose una y otra vez: ‘Sufro, sufro, sufro…’ LO QUE CUENTAN LAS PERSONAS Una de las historias que se cuentan es de don Chente, quien ya tenía sufriendo alrededor de dos años de fuertes calenturas, según sus familiares era un gran espanto que tenía, ya que contaba doña Tomasa que su viejito un día que andaba en la milpa, le salió un coralillo, esas culebras venenosas, de pura suerte no lo mordió pero eso sí se llevó un gran susto y desde ahí empezó con fríos y calenturas. Y así pasó mucho tiempo, fue a ver a doña Quirina, a doña Cholona, a don Mariano Cervantes para que lo curaran de espanto, de azar, de empacho y quién sabe de cuántas cosas más, miles de remedios y seguía igual, y el pobre hombre cada día más delgado, era puro hueso. No había remedio que no hiciera, desde lavados de agua de nixtamal hasta una sangría, tantas eran sus ganas de vivir y llegar como decía él a la fiesta de San Andrés de las Gallardo, que aceptaba, pero así también se le iba la poca vida que tenía. Un día que estaba tomando su pinol, a la hora de la oración, se oyó el ruido de la Carretilla de San Pascual, ese rechinar que pone a las familias que lo escuchan con tremendo miedo. Al poco rato va llegando Simonita, rezadora de oficio, que siempre estaba pendiente de los enfermos graves para ayudarlos a bien morir.