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ENERO
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2010
cultura unomásuno
El Porfiriato marcó estándar en higiene y salud En 1901 un baño de cuerpo entero en establecimientos de tercera o cuarta categoría llegaba a costar entre 18 y 31 centavos; de estos lugares había 48 a finales del siglo XIX GUILLERMO GARCÍA ESTRADA REPORTERO
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urante el Porfiriato se establece una serie de medidas para evitar la propagación de enfermedades contagiosas y con la premisa de seguir al pie de la letra ciertas prácticas y hábitos de higiene, que eran una garantía para "preservar la salud y el vigor" de la población en constante bienestar. De 1876 a 1910, la Ciudad de México creció en espacio y población a un ritmo inusitado, al pasar de 200 mil habitantes en 1870, a 471 mil en 1910, y lo que ahora llamamos área metropolitana creció 4.7 veces en menos de 50 años, según el artículo "Higiene y Salud en tiempos de don Porfirio", aparecido en la revista Algarabía de este mes. La ciudad se desplegó y de abarcar 8.5 kilómetros cuadrados en 1858, pasó a 40.5 en 1910, asentándose de esta forma en el Valle de México con más del doble de la población. Fue la época en la que se crearon fraccionamientos y colonias, cuyo trazo no siempre fue planeado, lo que provocó muchas desigualdades muy profundas entre ricos y pobres. Desde la construcción de la Nueva España, la Ciudad de México no sufrió tantos cambios como los que ocurrieron durante las presidencias de Porfirio Díaz, pues su manejo de recursos permitió actualizar una red de drenaje que llevaba más de tres siglos sin mantenimiento. Resulta interesante recordar que en 1530, en una de las crónicas de la época de la Colonia, rezaba que cuando los primeros franciscanos se instalaron en Tlatelolco no comprendían e incluso reprobaban el hecho de que sus alumnos indígenas insistieran en bañarse a diario. Para estos religiosos el exceso de lim-
Fachada de una pulquería del siglo pasado en el pueblo de Tacubaya, Ciudad de México. pieza era algo fuera de la naturaleza de los hombres e incluso lo calificaban como demoniaco. Tres siglos después, estas prácticas de limpieza habitual y cotidiana de los pobladores de Tenochtitlán eran ignoradas por gobernantes y aristocracia en general. Uno de los doctores de mayor prestigio en esa época fue Luis E. Ruiz (18571914), quien comentaba que la higiene era el arte científico de conservar la salud y aumentar el bienestar, afirmó también que toda nación bien constituida debe tener como principal interés la salud
pública. Todo individuo tiene como deber fundamental su limpieza personal, así como la del hogar correspondía a los integrantes de la familia. De igual forma, el presidente del Consejo Superior de Salubridad, el reconocido doctor Eduardo Liceaga, afirmaba que las medidas para evitar caer preso de alguna enfermedad podían reducirse al aseo personal y a la higiene. Un baño de cuerpo entero en establecimientos de tercera o cuarta categoría llegaba a costar entre 18 y 31 centavos, de éstos lugares había 48 a finales del siglo
XIX. Cabe hacer mención el hecho de que al mismo tiempo que se realizaban las obras públicas como el sistema de desagüe de la Ciudad de México, las construcciones que se hicieron de 1886 a 1900 dejaron para después las del drenaje que se realizaron de 1897 a 1905. Muchas casas y vecindades carecían de cuartos y baños como lo estipulaban los médicos. Las habitaciones debían de contar con un mínimo de 30 metros cúbicos por persona y la altura de los techos no podía ser inferior a 3.75 metros.
Vargas Llosa apoya legalizar las drogas El escritor peruano considera que quitar el carácter criminal al consumo de sustancias acabaría con narcos en América Latina
Mario Vargas Llosa.
Lima, Perú.- El escritor peruano, Mario Vargas Llosa, sugirió retirar el carácter criminal al consumo de drogas mediante un acuerdo de países consumidores y países productores para acabar con el narcotráfico. Afirmó en su artículo dominical publicado en el diario El Comercio, que el tráfico de estupefacientes es “la mayor amenaza para la democracia en América Latina”. Para el escritor, la legalización del consumo de drogas “debe ser acompañada de un redireccionamiento de las enormes sumas que... se invierten en represión”
para destinarlas a campañas educativas, de rehabilitación e información, al igual que se hizo en la lucha contra el tabaco. Opinó que “es absurdo” declarar una guerra a los “cárteles de la droga” pues estos “ya ganaron”, y sostuvo que “esta verdad vale no sólo para México, sino para buena parte de los países latinoamericanos”. “En algunos países como Colombia, Bolivia y Perú (el narcotráfico) avanza a ojos vista y en otros como Chile y Uruguay de manera más lenta”, precisó. Vargas Llosa afirmó que el problema de
fondo “no es policial sino económico”, pues el mercado para las drogas crece en todos los países, afecta a todas las clases sociales y “los efectos son tan dañinos en la salud como en las instituciones. Y a las democracias del Tercer Mundo, como un cáncer, las va minando”. Citando al Premio Nobel de Economía, Milton Friedman, identificó a “intereses poderosos” como los principales opositores a la legalización del consumo de las drogas que influyen para que los gobiernos permanezcan en la actual actitud represiva contra las drogas.