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EN PRIMERA PERSONA

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Dr. Cristóbal Roca. (1880/1933).

Dr. Rodolfo Reyna. (1886/1959).

Médico, profesor universitario. Profesor de Física en la Facultad de Farmacia y Obstetricia. En 1916 integró el Comité Definitivo Pro unl. Fue consejero por la Escuela de Farmacia y Obstetricia, y fue la voz comunicadora de los ideales del Comité. Entre 1916-1919 viajó en representación del comité a Entre Ríos y Buenos Aires para difundir la idea. En 1920 fue decano de la Facultad de Farmacia. Dedicó su trabajo al Hospital Iturraspe y sus estudios se abocaron a la lucha contra la tuberculosis, enfermedad de la cual murió.

Nació en Mercedes en 1886 y murió en 1959 en Santa Fe. Se recibió de maestro en la Escuela Normal de Mercedes. En 1909 llegó a Santa Fe y fue profesor de la Escuela Nacional. En 1915 se graduó de abogado en la Universidad Provincial y en 1916 obtuvo el doctorado. Fue profesor de Derecho de la uba y la unl. Fue electo consejero directivo de la fcjs. Fue diputado provincial por La Capital. Entre 1938-1943 fue diputado nacional. Entre 1947-1959 fue presidente de la Junta de Estudios Históricos. Publicó numerosos trabajos sobre historia.

MANIFIESTO CAMINO AL CENTENARIO DE LA REFORMA UNIVERSITARIA 1918-2018

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EN LA SANTA FE REFORMISTA

DISTRIBUCIÓN GRATUITA. FASCÍCULOS MENSUALES DE DIVULGACIÓN HISTÓRICA DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DEL LITORAL.

MAYO DE 2018.

VÍNCULOS ENTRE EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL Y EL OBRERO

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1. Proyecto de mejora de la vivienda: campaña de difusión de afiches.

Una universidad en la que el conocimiento estuviera al servicio de la sociedad, para dar respuestas a los problemas de la región, llevar capacitación y conocimiento a la comunidad fue una de las ideas iniciales de los estudiantes reformistas del Litoral.

EL UNIVERSO CULTURAL REFORMISTA TENDIÓ PUENTES Y entabló diálogos sobre los valores democráticos y de libre pensamiento con los movimientos sociales de principios de siglo. En este clima de época, se puede pensar en la construcción de vínculos entre los estudiantes y el movimiento obrero. Los reformistas «inscriben las críticas a la universidad, a la enseñanza tradicional considerada libresca, cerrada, a la enseñanza orientada hacia el profesionalismo; invocando quizás una universidad que mirara los problemas de la sociedad, una universidad que no sea una mera transmisión de conocimientos, sino que sea un laboratorio de creación de conocimientos, que se pueda constituir en el faro intelectual para pensar la transformación cultural y social», asegura Eliana Bertero, docente e investigadora de la unl. Desde sus primeros pasos, la Universidad reformista abrió sus puertas, dictó cursos, conferencias, invitó a personalidades del ámbito académico, científico y cultural de principios de siglo para abordar temas de interés para la comunidad de la región. Así nació en 1932 el Instituto Social de la unl, del contacto directo con los problemas de la sociedad. Su rol fundamental fue la capacitación técnica de adultos que no tenían acceso a la formación respecto de los oficios en los cuales estaban interesados. Uno de los proyectos más importantes y que marcó a las claras el concepto progresista que tenía la Universidad en ese entonces, fue el proyecto de mejora de la vivienda: una campa-

ña de difusión de afiches entre la población urbana y la rural que mostraba modelos coloreados de mejoras posibles para los hogares. Se difundieron 12 mil afiches en las comisiones de fomento o entre el público asistente a las conferencias, con el objetivo de acercar a la comunidad la posibilidad de transformar sus viviendas a través de los conocimientos de oficios ofrecidos por la Universidad. Un ejemplo de la propuesta universitaria pensada para mejorar la calidad de vida de la población. Los reformistas expresaron «este compromiso para con la sociedad, con sectores sociales emergentes que empezaron a buscar en la educación nuevas capacitaciones, nuevas formaciones porque la nueva dinámica económica empezaba a exigir nuevos oficios», explica Gustavo Menéndez. «La misión social de la universidad interpela centralmente a la educación y a los procesos de enseñanza y aprendizaje, y también interpela a la creación de nuevos conocimientos y a su circulación, porque desde este lugar nos preguntamos cuál es el conocimiento que está necesitando nuestra sociedad, cuál es el nuevo conocimiento significativo para los procesos productivos, sociales, para el desarrollo, la calidad de vida y el bienestar de la población», asegura el ex secretario de Extensión de la unl. Y añade: «La mejor contribución de las universidades tiene que ver con poner al conocimiento científico en diálogo con el conocimiento popular, es un aporte significativo de las universidades a la sociedad, al Estado y a las políticas públicas».


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MANIFIESTO

En la Santa Fe Reformista...

LOS REFORMISTAS TENDIERON PUENTES CON LOS OBREROS

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La Reforma Universitaria que iba a estallar en la Córdoba de 1918 significó profundos debates en el mundo universitario de la época. Los estudiantes del Litoral fueron protagonistas de su tiempo y contribuyeron a signar las claves políticas y culturales que sentarían los cimientos de la Universidad reformista. Una institución de puertas abiertas, en contacto con la sociedad y llevando el conocimiento a vastos sectores sociales que se incorporaban a la vida regional de principios de siglo, fueron puntales de los hombres que lucharon por construir la Universidad que la unl es hoy.

• Hacia fines del Siglo XIX, una serie de transformaciones amplían la interacción social en una asombrosa diversidad de locales que surgieron con aquellos almacenes de alimentos, despachos de bebidas, cafés y confiterías. • Durante el espacio de entre siglo, el espacio público se renovó de manera extraordi-

naria. Cafés y confiterías abrieron sus puertas a la recepción de jóvenes, damas y caballeros concurrentes diarios y nocturnos. • En el espacio público, también funcionaba como regla general la división de los ambientes según el sexo. Ello daba lugar a prácticas diferenciadas entre varones y mujeres. Bajo el amparo de los preceptos de la doble moral, se vislumbraba una fuerte brecha entre el arquetipo de moralidad y las prácti-

EDUCACIÓN Y TRABAJO

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POR PRIMERA VEZ, LOS ESTUDIANTES UNIDOS en federación con los estudiantes de los demás establecimientos educativos de Santa Fe, unidos con el pueblo que trabaja y que produce, con los obreros y con los hombres del pensamiento, salen a la calle. Así daba cuenta el diario La Nación, en 1912, de los intensos movimientos políticos, sociales y culturales que signaban a la Santa Fe reformista y su objetivo de lograr educación de calidad y para vastos sectores sociales. En las primeras décadas del siglo XX, las corrientes inmigratorias ya se hacían sentir en el ritmo de las ciudades y el ámbito rural de nuestra región, y la sociedad se iba reacomodando a las nuevas demandas de los sectores económicos y productivos que estaban transformándose empujados por la revolución industrial. Los estudiantes reformistas debatían sus ideas y proyectaban el modelo de universidad para la región y el país: una institución democrática, autónoma y cogobernada, con libertad de cátedra y en estrecho contacto con la sociedad. Moldearon el concepto de universidad pública de puertas abiertas a todos los ciudadanos, sin distinción de clases, credos, género o creencias. Una universidad en la que el conocimiento estuviera al servicio de la sociedad, para dar respuestas a los problemas de la región. El universo cultural reformista tendió nuevos puentes, y entabló diálogos sobre los valores democráticos y de libre pensamiento con los movimientos sociales de principios de siglo. En este clima de época, se puede pensar en la construcción de vínculos entre los estudiantes y el movimiento obrero. «La Reforma entabla una necesidad de compromiso social entre estudiantes y obreros, y esto está muy vinculado al contexto histórico político. La gran impugnación que significó el 18 está marcada por la Primera Guerra Mundial, que pone un fin al optimismo hacia el progreso, la Revolución Rusa de 1917 y la Mexicana, que esperanzaban para lograr una nueva sociedad, hacen que esa impugnación esté impregnada de pensamientos e ideas muy heterogéneos que nutren y alimentan a la matriz liberal en la que en primera instancia se inscribe el reformismo. Un liberalismo que plantea un cambio más radicalizado de la sociedad y la cultura, por eso funcionó como un paraguas donde convergen un conjunto de ideas heterodoxas, desde positivismo, antipositivismo, marxismo, anarquismo, hasta incluso feminismo, y en ese contexto de ideas es posible entender la convergencia entre obreros y estudiantes», ilustra Eliana Bertero, docente e investigadora de la unl, miembro del Programa Historia y Memoria. Y reafirma que el universo cultural reformista tendió nuevos puentes con la sociedad al asegurar que «esas cuestiones son las que atraviesan los debates de la época y a partir de este prisma es que los jóvenes miran la universidad. En ese sentido, inscriben las críticas a la universidad, a la enseñanza tradicional considerada libresca, cerrada, a la enseñanza orientada hacia el profesionalismo; invocando quizás una universidad que mirara los problemas de la socie-

dad, una universidad que no sea una mera transmisión de conocimientos, sino que sea un laboratorio de creación de conocimientos, que se pueda constituir en el faro intelectual para pensar la transformación cultural y social». Nuevos desafíos Pensar la Universidad, para los reformistas, es un legado no conservador, un proyecto de futuro, inspirado en la libertad de pensamiento y ejercicio crítico como una institución social que debe contribuir a las políticas públicas, definiendo las líneas de investigación, qué carreras ofrecer en el contexto de nuevos desafíos para la región y frente a los nuevos rasgos de la producción y circulación del conocimiento y la información. La unl es la primera universidad pública creada en el país luego de la Reforma Universitaria de 1918, y sus cimientos se asientan y, hoy se proyectan a futuro, sobre los principios reformistas. Por eso, para esta casa de estudios, abrir las puertas a la sociedad y poner el conocimiento al servicio de la comunidad está en su adn. En 1920, sólo a un año de su origen, se crea en la unl el primer laboratorio y museo tecnológico; y en el lapso que va desde 1928 a 1931 ya estaban en marcha el Instituto Social, el Instituto de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, la imprenta y la radio universitaria, lt10, que realizó sus primeras transmisiones desde la Facultad de Química Industrial y Agrícola, hoy fiq. Esto significó materializar el ideal reformista de que la investigación y el conocimiento científico y tecnológico deben estar a disposición de la sociedad y la Universidad debe ocuparse de difundirlos y darlos a conocer, y es uno de los fundamentos de la universidad pública como la entendemos hoy. ¿Cómo se plasmó esa convergencia entre el movimiento estudiantil y el obrero? Bertero indica que «en primera instancia, porque para muchos de los reformistas, la formación integral del estudiante, que no se lo otorgaba la enseñanza profesional, no podía hacerse a las sombras de la clase trabajadora. Entonces esa convergencia se verifica no sólo en las conferencias que organizan los estudiantes en las federaciones obreras, sino que también se plasmó en el apoyo entre ambos, por un lado los obreros apoyaron y de manera explícita las movilizaciones estudiantiles pro reformistas y en el caso del Litoral las marchas y los mitin por la creación de la unl, lo que también se ve en otras universidades en el contexto de la Reforma. Y por otro lado, también los estudiantes apoyaron las huelgas obreras». «Si bien el movimiento reformista tiene una matriz liberal, es un liberalismo que se impregnó de las ideas propias de la década del 10, vinculadas al contexto del fin de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución Rusa», recuerda la investigadora para dar cuenta del clima de época de progreso, extensión de derechos políticos y sociales que se vivía en la Argentina que acababa de celebrar su centenario y se abría al mundo. Abrir las aulas a la comunidad Desde su nacimiento, la Universidad reformista comenzó a dictar conferencias, cursos y talleres de


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• En realidad, el café atrajo a diversos sectores sociales pero fue central para los trabajadores. Cerca del lugar de ocupación, panaderos, herreros, carpinteros, comerciantes, fueron sus figuras recurrentes. • Estos recintos deben haber abrigado la circulación de ideas y de propósitos transformadores del mundo laboral, social y político. Los boliches sirvieron como reducto de intereses colectivos y amparo de problemas íntimos.

cas de lo vivido, no siendo ello privativo de los sectores más encumbrados socialmente. • La sociabilidad del café era básicamente masculina. Bares y cafés aparecían como lugares de confluencia de la bebida, del juego, del quiebre del orden público, de la peligrosidad de los pobres y de la enfermedad. En los cafés, tanto de la ciudad como del campo, tras vueltas de bebida, los varones compartían un copioso inventario temático.

2. Almacén Monte Líbano. 3. Localidades en las que el Instituto Social organizó eventos entre 1928 y 1932. 4. Cartel de propaganda de actividades para la población rural.

bibliografía consultada: • lux indeficiens. crónica para la historia de la universidad nacional del litoral, jorge conti, ediciones unl. • extensión universitaria. desde sus orígenes en la universidad del litoral, unl. • acta de nacimiento. camino la reforma universitaria en el litoral – 1916-2016, unl, museo histórico unl, ful. • nueva historia de santa fe: identidad y vida cotidiana (1860-1930), la capital, rosario. • lo íntimo y lo público. sociabilidad y familia, comp. analía garcía. la sociabilidad en los parques, las plazas y las calles. nueva historia de santa fe tomo 7.

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capacitación para sectores sociales que de otra forma no tomaban contacto con la Educación Superior. En 1929, en la unl se retoman los cursos para obreros y en la resolución que lo dispone, se argumenta: «…con los cursos de perfeccionamiento obrero, la Universidad por sus diversos departamentos, manifiesta en una de las formas más significativas y simpáticas, sus obligaciones sociales y la necesidad del vínculo popular para mejor cumplirlas». Se expresa que la cantidad de inscriptos corrobora el interés público por estos cursos y se asegura que la experiencia indica que son convenientes dos tipos de cursos: «los generales que complementan y nivelan la preparación comúnmente deficiente y dispar de los aspirantes, y por otro lado, cursos optativos de especialidades, destinados a perfeccionar técnicas o manualidades ya adquiridas o a suministrarlas por vez primera orientando a los que no poseyeran oficio alguno». Desde 1929 a 1930, en la Santa Fe reformista, los cursos aumentaron de 8 a 26, la cantidad de inscriptos pasó de 186 a 780, y podían inscribirse todas las personas mayores de 16 años, teniendo en cuenta que eran del interés de aprendices y obreros fundamentalmente. Abarcaban una variedad de disciplinas: Castellano y normas comerciales, Aritmética y geometría elemental, Fenómenos físicos y químicos, Matemática especial, Dibujo Industrial y espacial, Matemática Superior, Electricidad y Albañilería. En 1933 la inscripción alcanzó 753 alumnos y se dictaban 20 cursos de acuerdo al presupuesto disponible. Los cursos de Matemática y Electricidad tuvieron un exceso de alumnos, lo que se «subsanó con la cooperación de los profesores», según consta en

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la documentación oficial. «El movimiento reformista no sólo fue un espacio de construcción que miraba la educación hacia adentro de la propia universidad, sino que fue un movimiento social y político, con una concepción regional muy importante y también una visión latinoamericana. Pero el motor de la reforma fueron los jóvenes que significaban el cambio y la transformación, y pensaban una universidad en diálogo con la sociedad», analiza Gustavo Menéndez, docente investigador y ex secretario de Extensión de la unl. Jóvenes disconformes Menéndez profundiza sobre el imaginario reformista de cambios y transformación social y añade: «Se dice que los jóvenes reformistas eran esencialmente disconformes y ese era uno de los slogans de época, los jóvenes tenían esta característica de que estaban siempre insatisfechos, ese era su impulso». Explica que «varios autores hacen referencia a que el movimiento reformista fue esencialmente contra modelo, con un planteo muy crítico al concepto de universidad vigente en la época, pero no sólo se marcaba esta disconformidad, sino que trajo consigo la instalación de un nuevo modelo de Universidad que tiene un corpus conceptual asentado en los principios fundamentales», alude en referencia a la autonomía, al cogobierno, a la libertad de cátedra, a la vocación regional y a la importancia del vínculo con la sociedad y la transferencia de conocimientos. «A estos principios debemos sumar la misión social de la Universidad, que ya en los primeros manifiestos estudiantiles se expresaba y refiere a la preocupación de esta nueva Universidad que

emerge frente a los problemas sociales, en relación con la sociedad y en relación con el Estado», asegura Menéndez para añadir que «esto es muy importante porque la Reforma trae consigo el concepto de misión social, este compromiso para con la sociedad y para con el Estado. A partir de allí se instala un modelo de Universidad que forma parte de las políticas públicas. Tal vez una de las fortalezas más importantes de la Reforma es cuando este modelo de Universidad se transforma en política pública», opina. Plantea además que los principios reformistas son indisolubles, «si alguno falta o no se cumple estamos hablando de otro modelo de Universidad». «En todos estos años se ha discutido mucho sobre la Reforma, incluso hubo voces que propusieron pensar en una nueva Reforma Universitaria. Lo cierto es que la reforma es un modelo inconcluso, es un modelo en construcción y que lamentablemente ha tenido discontinuidad en estos cien años de forma marcada. Pero estas discontinuidades no son casuales, son producto de los procesos políticos y sociales que ocurrieron en nuestros países. Porque también decimos, categóricamente, que el modelo reformista no tiene cabida en dictaduras y totalitarismos, porque obviamente hablamos de universidades que tienen que ver con políticas públicas y que son democráticas. Cada vez que hubo dictaduras y totalitarismos en nuestros países, lo que desaparece es la Universidad reformista». En la sociedad del conocimiento Sin lugar a dudas los principios fundamentales de la reforma están tan vigentes como en sus

orígenes y esto es lo que le da la fortaleza al modelo universitario reformista. Pero a cien años de la Reforma Universitaria el mundo ha cambiado drásticamente, y bien cabe el interrogante ¿cómo resignificar estos principios reformistas en el vertiginoso y complejo mundo actual? «Los cambios en el mundo tienen que ver con la concepción, con la valoración del conocimiento. Vivimos hoy en estas sociedades del conocimiento en las que la educación adquiere un valor central como elemento fundamentalpara todo cambio y transformación», opina Gustavo Menéndez. «Esta resignificación implica pensar en nuevas formas de transmitir, construir conocimiento, innovación en los procesos de enseñanza y aprendizaje, en el uso de nuevas tecnologías. Esto ha llevado a que la Universidad reformista empiece a pensar de qué manera impulsa políticas e impulsa instrumentos de gestión para llevar a cabo eso que hace a diario en cada una de las funciones sustantivas, teniendo en cuenta lo acelerado y vertiginoso de la evolución y el desarrollo del conocimiento en el mundo de hoy». Para Menéndez, «esto resignifica la misión social de la Universidad que no es sólo la preocupación por devolverle a la sociedad lo que invierte en la propia universidad, como decían nuestros jóvenes reformistas, sino que hoy cuando hablamos de misión social nos preguntamos cuál es el profesional que la universidad está formando, esto interpela centralmente a la formación de profesionales, a la formación de cada uno de nuestros graduados universitarios, de qué manera formamos ciudadanos críticos y comprometidos socialmente».


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Los Principios

OPINIÓN

REFORMISTAS Los protagonistas del movimiento reformista plantearon lazos de solidaridad con el movimiento obrero, compartían sus preocupaciones y su visión se basaba en la idea de una universidad de puertas abiertas a la sociedad, y a todos los ciudadanos. La Reforma Universitaria no fue sólo un movimiento impulsado por un conjunto de demandas de carácter académico. El movimiento estudiantil significó también profundos cuestionamientos de la sociedad de la época y, en esta sintonía, los estudiantes escucharon los reclamos de la clase obrera y los trabajadores apoyaron las demandas estudiantiles por un cambio de las instituciones de Educación Superior. En el contexto internacional, procesos como el de la Revolución Mexicana de 1910, la triunfante Revolución Rusa de 1917 y el enfrentamiento entre las potencias imperialistas en la Primera Guerra Mundial, reflejaban las convulsiones que producía el sistema capitalista. Mientras, en el país, las sucesivas huelgas

Universidad hoy: ventanas abiertas a futuros posibles por Sergio Morresi (unl-conicet).

de la clase obrera trastocaban el régimen político oligárquico-conservador el que, entonces, daba lugar a la primera apertura electoral a través de la Ley de Roque Sáenz Peña. Esto derivó en la elección de Hipólito Yrigoyen en 1916. Cuando en junio de 1918, en la Universidad Nacional de Córdoba los estudiantes declaran la huelga general en contra del régimen conservador, no se hace esperar la adhesión de los estudiantes de todas las universidades del país. Inmediatamente marcharon por las calles y obtuvieron la adhesión de la Federación Obrera de Córdoba a la lucha estudiantil, forjando una embrionaria unidad entre obreros y estudiantes. Desde entonces, el modelo de Universidad reformista siempre tuvo presente que debía abrir sus puertas a la sociedad y poner el conocimiento al servicio de vastos sectores sociales, fundamentalmente la capacitación a las clases trabajadoras que estaban conformando la clase media argentina a principios del siglo XX.

OBREROS ESTUDIANTES Y

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5. Taller de Máquinas de la Escuela Industrial Superior, durante una clase del curso sexto año, 1943. 6. Taller de soldadura, Cursos de Formación y Capacitación Laboral.

En tiempos de aniversarios parece tornarse imperativo releer una y otra vez documentos sabidos de memoria para exprimirlos a conciencia. En el centenario de la Reforma, el retorno al Manifiesto Liminar es un paso necesario, no por afán de acercarse al oficio del anticuario o cumplir con los formalismos, sino porque el texto sigue resonando. Y si sigue resonando es porqueeso que viene a impulsar —una reforma que es una revolución— es un trabajo por hacer, una obra de libertad que inicia. Al caminoaún por andar cada uno lo entiende a su modo y no es extraño que aun discrepemosrespecto al legado y el horizonte reformista, al punto que aún hoy seguimos discutiendo acerca de la función de la Universidad. A modo de aporte a esa discusión me gustaría decir algo breve a partir de un pasaje del Manifiesto. Luego de denunciar a la Universidad como refugio secular de ignorantes y tiranos, afirman los jóvenes reformistas: Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Tomada en un sentido literal, la frase parece afirmar que las Universidades no pueden sino ser un espejo de la sociedad, de modo tal que si nos disgusta la Universidad que vemos nuestra tarea es la de confrontar a la situación de la que ella no es más que una expresión.Si percibimos a la universidad todavía hoy como una institución elitista es porque vivimos en un país elitista; es a ese país más que a las universidades al que deberíamos cambiar.El problema de esta lectura —que parece tener un potencial de transformación radical— es que es reversible. Porque si resulta que nos gusta la sociedad en la que vivimos (porque es formalmente democrática, porque nos identificamos con el gobierno de turno, porque tenemos reservas frente a los cambios o por cualesquiera otras razones)resulta entonces que la universidad debería limitarse a ser imagen de eso que está. La potencia subversiva se transforma en conservadurismo rancio. Pero hay otra manera de entender la cita, según la cual los reformistas no constatan sino que denuncian a la Universidad-espejo. La inmovilidad senil a la que se refiere el Manifiesto no es un atributo casual de las sociedades decadentes. Más bien sucede que la quietud es la que torna decadentes a las sociedades. Es por ese peligro siempre presente de ausencia de movimiento que, aún en tiempos de democracia, las universidades no tienen que limitarse a reflejar a la sociedad, ni atender a sus demandas de forma acríticacomo si fueran una simple repartición pública. En tanto espacios plurales de conocimiento y acción, las universidades deben criticar; más que espejos del presente deben ser ventanas abiertas a futuros posibles que invitan a ser construidos. Es esa la obra de libertad que se inició en 1918 y es esa la tarea que tenemos siempre por delante.

FASCÍCULOS MENSUALES DE DIVULGACIÓN HISTÓRICA DE LA UNL. REALIZACIÓN DIRECCIÓN DE COMUNICACIÓN INSTITUCIONAL. REDACCIÓN ANDREA VITTORI. DISEÑO FRANCO SCARAFIA. ASESORA DE CONTENIDOS STELLA SCARCIÓFOLO, ARCHIVO HISTÓRICO “MARTA SAMATÁN”

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