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Tiempo de Cuidados: El pensamiento ético de Victoria Camps El pasado 24 de enero la filósofa Victoria Camps (Barcelona, 1941) presentaba su último libro, Tiempo de cuidados, en la Biblioteca del Real Jardín Botánico de Madrid; un evento en el que estuvieron presentes, entre otras personalidades, la presidenta del Consejo de Estado, Maria Teresa Fernández de la Vega, el presidente del Consejo Económico y Social, Antón Costas, los juristas Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Adela Asua Batarrita, y la presidenta de Unión Profesional, Victoria Ortega. La intervención de Camps y su sinergia con los asistentes sirvieron al propósito de compartir y enriquecer los debates que plantea en sus páginas Tiempo de cuidados, publicado por la editorial Arpa. Un libro en el que Camps aglutina muchas de las inquietudes que ya ha abordado a lo largo de su dilatada trayectoria como ensayista, que incluye La imaginación ética (1983), Virtudes públicas (1990), El siglo de las mujeres (1998), La voluntad de vivir (2005) y Elogio de la duda (2016). Camps ha articulado a lo largo de los títulos citados un pensamiento crítico en torno a la ética de lo cotidiano, el rol político de las mujeres en las sociedades contemporáneas y la reivindicación del papel de los cuidados físicos y emocionales como valores superiores del humanismo y la democracia. Como puso de manifiesto en la presentación, «un fenómeno global como la pandemia debería impulsarnos por fin a reflexionar, a tomar conciencia sobre la necesidad de un paradigma o marco mental diferente. Es hora quizá de que la idea del sujeto autónomo, racional y capaz de sobreponerse a cualquier situación adversa dé paso a otra más realista que nos haga comprendernos como seres interdependientes y relacionales, empáticos con nuestros semejantes y atentos a las demandas de una Tierra cuyo ecosistema deterioramos día a día». Otra forma de estar en el mundo En Tiempo de cuidados, que no por casualidad lleva como subtítulo «otra forma de estar en el mundo», Camps lleva esta agenda regeneracionista un paso más allá a lo largo de doce apartados programáticos que nos hablan sobre el cuidado de nuestros seres queridos y las personas enfermas o desamparadas y su relación con la (in)visibilidad, los espacios en que tiene lugar, su profesionalización y la importancia capital que adquiere en el trance crítico y común a todos de la muerte. La autora parte de la constatación de que hasta hace medio siglo apenas existía interés como concepto digno de análisis por los cuidados, semiocultos en los ámbitos del hogar y las instituciones hospitalarias y caritativas, siempre al cargo de las mujeres. A consecuencia de los esfuerzos de la filósofa y psicóloga Carol Gilligan (Nueva York, 1936) y otras pensadoras 8 g Profesiones

feministas citadas en la obra a modo de genealogía, la percepción sobre los cuidados cambia y, como nos explica Camps, empiezan a pensarse como un valor que no puede ignorarse por más tiempo. Los cuidados pasan a encarnar deberes que no son asignables a lo femenino sino que constituyen la esencia misma de lo que entendemos por humanidad. En palabras de Gilligan, «en un contexto patriarcal, el cuidado es una ética femenina; en un contexto democrático, el cuidado es una ética humana». En esa línea, los cuidados revelan una dimensión política evidente. A nivel político, la verdadera democracia obliga a garantizar la igualdad de todas las personas sin importar el grado de enfermedad o desamparo en que se hallen en un principio. Camps postula «un derecho a ser cuidado, y un deber de cuidar que no admite excepciones, que afecta a todo el mundo y cuya responsabilidad ha de ser asumida individual y colectivamente, sin distinción de ningún tipo por razón de clase, raza o género (...) Como individuos, como sujetos, formamos parte de una humanidad que nos precede y nos sobrevivirá si cuidamos de que así sea».

Victoria Camps: «Es hora quizá de que la idea del sujeto autónomo, racional y capaz de sobreponerse a cualquier situación adversa dé paso a otra más realista que nos haga comprendernos como seres interdependientes y relacionales, empáticos con nuestros semejantes y atentos a las demandas de una Tierra cuyo ecosistema deterioramos día a día» Compromisos vitales desde las profesiones Camps apunta a continuación a la importancia del Estado y los profesionales en la administración ética y eficaz de dichos cuidados. El Estado ha de contemplar entre sus obligaciones más inmediatas la de disponer instrumentos transversales para que los cuidados cubran nº 195 g enero-febrero 2022