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Recuperación del arbolado tras el paso de Filomena José González Granados Decano-Presidente Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural Filomena ha devastado una gran parte del arbolado urbano de numerosas ciudades de nuestro país, así como asolado amplias zonas forestales del centro de España, lo que ha supuesto una catástrofe arbórea sin precedentes recientes en todo el entramado e infraestructura arbórea en general. A la hora de plantear soluciones a lo sucedido, es importante hacer una evaluación profesional minuciosa del estado de situación del arbolado afectado, valorar la viabilidad de cada ejemplar de cara a su posible conservación. Los ingenieros forestales trabajan en una estrategia de nuevas plantaciones teniendo en cuenta los nuevos escenarios a los que nos venimos enfrentando, como es el cambio climático. El número de árboles a plantar deberá ser al menos la suma de árboles perdidos (por muerte o eliminación). Antes de recuperar el patrimonio arbóreo perdido hemos tenido que eliminar cualquier tipo de riesgo provocado por la gran nevada. Son centenares de miles los árboles con daños leves, graves y muy graves a los que se ha tenido que realizar una valoración técnica por algún técnico competente como son los Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal, del mismo modo que los Arquitectos e Ingenieros de diversas ramas supervisan los edificios e infraestructuras después de un terremoto. Es lo que denominamos gestión del riesgo.

En un entorno urbano, todo árbol, y más si es de grandes dimensiones, tras un evento meteorológico como el ocurrido supone un riesgo. La realidad es que tenemos en nuestras ciudades un arbolado urbano mal elegido y peor conservado. Cabe destacar que buena parte de los problemas que se observan en el arbolado urbano tienen su origen en una mala elección de especie. Una selección incorrecta para un determinado emplazamiento urbano será la causa de que se produzca un mantenimiento inadecuado que lleve a lesiones y daños en el arbolado que vive en las ciudades. De ahí la gran importancia que tiene seleccionar bien la especie arbórea a plantar que debe garantizar su adecuación al medio urbano, y al espacio vital que tiene asignado que evite drásticas intervenciones futuras y molestias a los vecinos. Acertar a la primera con la especie más adecuada en cada situación es la nº 190 g marzo-abril 2021

mejor medida preventiva para obtener que el patrimonio arbóreo de las ciudades se mantenga en un óptimo estado fitosanitario, estructural y ornamental. Y para ello es imprescindible meter en la ecuación el escenario de cambio climático en el que nos encontramos a la hora de elegir esas especies. El calentamiento global tiene como consecuencia fenómenos meteorológicos cada vez más intensos y frecuentes (se cortan los periodos de retorno), no sólo sequías y olas de calor (2020 ha sido el año más cálido que se conoce) sino también borrascas extremas como la sufrida. En el plano estrictamente forestal, los daños en las masas arbóreas como en pinares (más del 80% de los árboles han sufrido daños), encinares, tarayales, etc., han sido todavía más cuantiosos, por ello solicitamos en su día a las administraciones públicas que los montes y terrenos forestales afectados por la borrasca Filomena fuesen declarados Zona de Actuación Urgente. Hay que evitar que se produzcan grandes incendios forestales futuros y para ello hay que iniciar y, poner en práctica, actuaciones urgentes que lo impidan. Los árboles abatidos y la gran cantidad de ramas caídas por la nevada y posteriores heladas, es combustible que quedará en breve totalmente seco y que pueden convertir extensas zonas forestales en un polvorín. Urge retirar la madera acumulada para no alimentar el riesgo de incendios y proliferación de plagas en las masas forestales (insectos perforadores que pueden afectar ya no sólo al arbolado muerto sino al resto de la masa forestal que ha quedado en pie). Filomena debe suponer una oportunidad para que todas las administraciones públicas que gestionan tanto el arbolado urbano como las masas forestales y bosques en las zonas más afectadas aprovechen la ocasión para acometer una renovación ordenada del arbolado mirando al futuro y las posibles efectos y consecuencias que trae consigo el cambio climático, que puede poner en serias dificultades a numerosas especies arbóreas de aquí a menos de cincuenta años.

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