RESUMEN EJECUTIVO
Riad (175 kilómetros, €17 mil millones) no se pueden improvisar. Hoy en día rara vez se dan todas las condiciones para el cumplimiento de dicha estrategia y, en todo caso, nunca de una manera ejemplar. Las regiones metropolitanas son organismos vivos y en constante cambio y, como tales, deben tener en cuenta contextos institucionales, ambientales, sociales y económicos que son complejos de controlar. Aunque el acceso a los servicios es más deficiente en los territorios de bajos ingresos (especialmente en África), no hay ninguna metrópolis que a la fecha posea la fórmula ideal para la financiación rentable de todos los servicios básicos en su territorio. Por otra parte, las normas de actuación y de eficiencia económica y financiera de las administraciones metropolitanas mejor organizadas apenas resisten cuando son transpuestas a otros horizontes donde las condiciones adversas son múltiples, como por ejemplo el incremento exponencial de la demanda de servicios, déficits de inversión y de mantenimiento, en especial si ello se combina con una limitada capacidad de pago de los hogares y de las empresas, una situación de endeudamiento de los Estados, o casos de corrupción generalizada (véase el caso de Antananarivo). Las consecuencias de la transición hacia la financiarización de la economía en detrimento de las economías locales reales y de la preservación del medio ambiente, generaron dos dinámicas particularmente importantes. En primer lugar, la hibridación del financiamiento (locales, nacionales, de la banca y de los mercados financieros, de donantes internacionales, instituciones financieras especializadas, etc.) tiende actualmente a ser mejor aprovechada por las metrópolis. Del mismo modo, un enfoque más endógeno, que privilegia el territorio y la economía local para contribuir al desarrollo, tiende a completar los sistemas tradicionales de financiamiento a través de la recuperación tributa-
ria, subvenciones estatales, partenariados público-privados (PPP) y otros recursos de los mercados de capitales. Los vehículos y prácticas financieras innovadoras permiten diversificar la movilización de recursos nacionales e internacionales, pero rara vez se utilizan. Con el apoyo de diversos donantes internacionales o del sector bancario y financiero, de redes de ciudades, del sector privado y de ONGs, las metrópolis pueden elevar su solvencia y calificación crediticia siguiendo criterios adaptados a los principios socio-eco-políticos que guían las políticas públicas. Entre estos vehículos encontramos la inversión de impacto/ ayuda basada en resultados (Output-Based Aid, OBA), los fondos para infraestructura, programas de reacondicionamiento, modernización y fondos de dotación, fondos locales de inversión de proximidad y fondos de carbono (mecanismo de desarrollo limpio, mercados de carbono locales), las remesas de los migrantes, los préstamos sub-soberanos de agencias bilaterales (con o sin la garantía del Estado) y el acceso (progresivo o acompañado) a la emisión de obligaciones, además del fortalecimiento de las responsabilidades, poderes y transparencia de la administración y de las autoridades electas (ver los ejemplos de Nueva York, Casablanca, Melbourne, Tokio, Sao Paulo, Bogotá, Medellín, Ahmedabad y Lima). En la actualidad, los impuestos sobre los bienes inmuebles y la propiedad se consideran como la principal herramienta fiscal para las metrópolis, cuando disponen del poder real de aplicarlos y definir las tasas de imposición, a saber: impuestos sobre el valor de la residencia o sobre la propiedad del suelo; así como herramientas de valorización del suelo: el cambio de uso del suelo, la compra anticipada de suelo, la valorización comercial e inmobiliaria de espacios nodales (estaciones de transporte) y el financiamiento del crecimiento de