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producción descentralizada de servicios por parte de individuos o pequeñas empresas, que se denomina “fuera de la red” o “post-red” (como paneles solares, turbinas de viento en miniatura, pequeñas plantas de tratamiento de aguas residuales, etc.). Esta tendencia supone una ruptura con el modelo económico de infraestructuras en red de carácter universal, lo que implica la transformación de la relación proveedor/ usuario, dando lugar a la figura del usuario-co-productor que, como tal, lo convierte en un proveedor para la red. Este cambio en el estatus del usuario supone un reto para la “autoridad organizadora” y para los modelos de producción tradicionales, así como para los fundamentos económicos, financieros, técnicos e institucionales de los servicios básicos. Al igual que en el caso de las alianzas con pequeños operadores privados, con organizaciones comunitarias y con ONG, esta tendencia obliga a revisar la gobernabilidad de la gestión del acceso local, multiplicando el número de interlocutores y desdibujando los límites entre estatus y funciones (ver ejemplos de Londres y Estocolmo). Los avances técnicos y tecnológicos Se han puesto en marcha numerosas iniciativas para explorar las posibilidades de los sistemas energéticos de bajo nivel de carbono y la incorporación de innovaciones tecnológicas a los servicios básicos tales como la valorización energética de la basura, los contadores inteligentes y las redes inteligentes. Estas innovaciones integran controles informáticos, desarrollan aplicaciones móviles, promueven el consumo eficiente (coste adaptado al usuario, posibilidad de elección del proveedor) y regulan las pérdidas de la red. Además de generar ganancias en productividad y ahorro en recursos, atribuyen un rol de “nuevo productor de riqueza” al usuario, a través del subministro de datos a los nuevos contratistas urbanos y a empresas multinacio-
nales que ofrecen soluciones inmediatas a las metrópolis y que actúan como integradores de gran alcance. Estos avances establecen factores de producción de servicios más precisos, mejor monitoreados y de alto rendimiento para las áreas metropolitanas. Sin embargo, una vez más, es necesario garantizar su control y una mayor vigilancia para evitar una pérdida de control par parte del sector público y para preservar la solidaridad con las poblaciones aisladas. La práctica de marketing local es cada vez más común. Las campañas de comunicación que abordan los desafíos de la urbanización y de los servicios básicos buscan que la ciudadanía sea partícipe de los procesos urbanos y favorecen la apropiación y la preservación de los recursos comunes (educación ambiental y responsabilidad cívica, ver los ejemplos de Vancouver y Medellín). La destacable campaña de comunicación desarrollada para el nuevo sistema Metro Bus en la ciudad de Curitiba inspiró a muchas otras metrópolis y es un buen ejemplo de marketing eficaz para fortalecer la acción local. Acceso a los servicios y financiación sostenible La planificación del territorio y de las inversiones, la definición de estrategias globales de financiación, la “hibridación” de los recursos y el fortalecimiento de las economías locales permiten generan los ingresos que deben garantizar el acceso universal a los servicios básicos gestionados por la metrópolis. El reto consiste en anticipar las necesidades de servicios básicos a largo plazo y realizar inversiones que a menudo son considerables. Proyectos como la puesta en marcha de cinco o seis nuevas líneas de metro en la región de Île de France para el año 2030 (200 kilómetros, 72 estaciones, €27 mil millones) o el proyecto de